FACULTAD DE DERECHO
Asignatura:
Derecho Penal l
Actividad / Tema:
Actividad N. 7 Legitima defensa y estado de inocencia.
Catedrático:
Abogado. Alexander Díaz Alfaro
Presentado por:
Marcela Sarahi López Díaz
Cuenta estudiantil:
1240108
San Pedro Sula Cortes, 19 de julio del 2025
ENSAYO: Legitima defensa y estado de inocencia.
Ciertamente, la legítima defensa ha sido, entre las muchas causas de justificación o
eximentes de responsabilidad por conductas antijurídicas, una de las más antiguas y
arraigadas en la historia del derecho penal. Su presencia en las legislaciones, desde el
derecho romano hasta los modernos códigos penales, refleja su importancia como
instrumento de protección frente a agresiones injustas. Esta figura ha sido objeto
constante de debate doctrinal, especialmente en lo que respecta a los requisitos que la
delimitan y condicionan su aplicación. Por otro lado, el estado de inocencia,
consagrado constitucionalmente en Honduras, constituye un principio estructural del
proceso penal, garantizando que ninguna persona sea considerada culpable sin una
sentencia firme, conforme lo establece el artículo 89 de la Constitución de la República
y el artículo 2 del Código Procesal Penal de Honduras.
Ambos conceptos, aunque distintos en naturaleza, convergen en su función de limitar el
poder punitivo del Estado y salvaguardar los derechos fundamentales del individuo.
Este ensayo se propone analizar la regulación, interpretación y aplicación de la legítima
defensa y del estado de inocencia en Honduras, integrando doctrina y jurisprudencia
relevante, así como reflexionando sobre los desafíos que enfrentan en la práctica
judicial.
La legítima defensa, tal como ha sido desarrollada por la doctrina penal, se entiende
como una causa de justificación que excluye la antijuridicidad del acto cuando una
persona, de forma inmediata y razonable, reacciona ante una agresión ilegítima. Es
decir, se permite que el ciudadano actúe por cuenta propia para salvaguardar su vida,
su integridad o la de un tercero cuando no hay tiempo para acudir a la autoridad. Esto
ocurre, por ejemplo, cuando alguien es atacado repentinamente con un arma blanca en
plena vía pública y, en su reacción, utiliza una piedra u otro objeto contundente para
repeler el ataque y proteger su vida. En este caso, aunque el resultado haya sido la
lesión o incluso la muerte del agresor, si se demuestra que la víctima actuó de manera
proporcional y sin haber provocado el hecho, podría considerarse que actuó en legítima
defensa. En estos contextos, el derecho penal reconoce que no es razonable exigir
pasividad o espera, y por eso se exonera de responsabilidad cuando el acto defensivo
cumple ciertos requisitos establecidos en el artículo 24 numeral 3 del Código Penal de
Honduras.
De acuerdo con la investigación doctrinal extraída de la Universidad Nacional de
Chimborazo (Bustamante Valdivieso, 2019), la legítima defensa requiere tres
condiciones indispensables: una agresión ilegítima, la necesidad racional del medio
empleado y la falta de provocación suficiente. Sin estos elementos, no se puede
justificar la conducta. Esta interpretación también es sostenida por la doctrina española
revisada (Serrano-Piedecasas, 2017), que refuerza que la defensa debe ser “necesaria
y proporcionada”, y que no puede transformarse en venganza o desquite. Uno de los
puntos más complejos es la evaluación del medio empleado para la defensa. Por
ejemplo, si una persona es amenazada verbalmente sin arma y responde con un
disparo de arma de fuego, esa reacción sería desproporcionada. La defensa debe ser
medida, lógica y ajustada al daño que se pretende evitar. No se espera que la víctima
calcule su reacción con exactitud quirúrgica en un momento de peligro, pero sí que su
conducta esté dentro de lo que una persona razonable haría en esas circunstancias.
Además, en muchos sistemas jurídicos —incluido el hondureño— se han ido
reconociendo situaciones especiales en las que se presume legítima defensa. Un caso
común es el de quien repele a un intruso armado dentro de su domicilio. Este tipo de
situaciones han dado lugar a lo que se conoce como “legítima defensa privilegiada”. Sin
embargo, como también se advierte en los artículos consultados, estas presunciones
deben aplicarse con cuidado para evitar abusos, como cuando se alega legítima
defensa frente a un hecho que en realidad fue una ejecución extrajudicial. Por eso, la
jurisprudencia debe ser rigurosa en la valoración de la prueba, pero también sensible al
contexto. En Honduras, aún se requiere mayor desarrollo jurisprudencial sobre estos
temas, especialmente en relación con el análisis del peligro inminente, la
proporcionalidad y la reacción espontánea. Se necesita una doctrina penal más sólida
que oriente a los jueces en la correcta aplicación de esta figura.
En cuanto al estado de inocencia, su reconocimiento como principio estructural del
proceso penal tiene una importancia decisiva para la protección de los derechos
humanos. Toda persona, sin importar el delito del que se le acuse, debe ser tratada
como inocente mientras no exista una sentencia firme que declare lo contrario, tal como
lo establece expresamente el artículo 89 de la Constitución. En la práctica, esto
significa que el imputado no debe ser estigmatizado, ni privado arbitrariamente de su
libertad, ni sometido a medidas que impliquen una sanción anticipada. La carga de la
prueba recae en el Estado, no en el acusado, y en caso de duda razonable, debe
dictarse sentencia absolutoria, conforme al principio in dubio pro reo (Ziffer, 2021). Este
principio no es solo una regla de interpretación, sino una manifestación del respeto a la
dignidad humana y del deber del Estado de no castigar sin prueba concluyente.
Un ejemplo claro del principio de inocencia es cuando una persona es detenida bajo
sospecha de haber participado en un robo, pero durante el juicio la fiscalía no logra
demostrar su responsabilidad con pruebas contundentes. En estos casos, el juez debe
absolver al imputado, aunque existan sospechas o indicios. Sin embargo, en la práctica
judicial hondureña, este principio muchas veces se ve debilitado. Es común ver cómo
los imputados son expuestos públicamente como culpables desde el inicio del proceso,
sin que exista aún sentencia. Los medios de comunicación, en muchas ocasiones,
contribuyen a esta situación, publicando nombres, fotos y calificativos sin tener en
cuenta el respeto al proceso penal. Esta exposición anticipada produce una afectación
no solo legal, sino también social, familiar y laboral, que va en contra de lo que debe
ser un juicio justo.
Otro problema es el uso excesivo de la prisión preventiva. Aunque legalmente se
establece como una medida excepcional según el Código Procesal Penal hondureño,
en la práctica se aplica de forma automática en muchos casos, sin evaluar
adecuadamente si hay riesgo de fuga o peligro procesal. Esto contradice el principio de
inocencia, porque coloca al imputado en una situación similar a la del condenado, sin
que haya un fallo firme. En los documentos consultados, se hace énfasis en que el
respeto al estado de inocencia debe traducirse en un trato digno, en el respeto a las
garantías procesales y en la necesidad de que el sistema judicial funcione bajo criterios
de legalidad, proporcionalidad y racionalidad. En otras palabras, no basta con que el
principio esté escrito en la Constitución: debe cumplirse efectivamente en los
tribunales, en las fiscalías y en todas las instituciones que forman parte del sistema de
justicia.
Tanto la legítima defensa como el estado de inocencia, aunque son figuras distintas en
cuanto a su estructura, comparten una misma finalidad: limitar el uso del poder penal
del Estado y garantizar la protección de los derechos fundamentales. En el caso de la
legítima defensa, se autoriza al ciudadano a proteger su vida o sus bienes cuando no
hay tiempo para acudir a la autoridad. En el caso del estado de inocencia, se protege a
la persona acusada de ser tratada como culpable sin sentencia firme. Ambas
instituciones se encuentran en el corazón del derecho penal garantista, ese que pone al
ser humano en el centro de las decisiones judiciales y que exige que el poder punitivo
se ejerza con límites claros. Por eso es tan importante que estos principios se apliquen
correctamente, con criterios objetivos y con sensibilidad social, para que el derecho
penal no se convierta en una herramienta de opresión, sino en un medio racional para
resolver conflictos y proteger a las personas.
CONCLUSIONES
La legítima defensa, como figura jurídica antigua pero vigente, permite al ciudadano
hondureño el actuar cuando el Estado no puede protegerlo de manera inmediata,
siempre que se cumplan condiciones esenciales como la agresión ilegítima, la
necesidad racional del medio empleado y la ausencia de provocación suficiente. Su
correcto análisis exige una visión objetiva y contextual del hecho, no basada en
rigideces formales. En Honduras, aunque está regulada, su aplicación práctica aún
presenta desafíos interpretativos que deben ser abordados mediante una mayor
capacitación de los operadores del sistema de justicia penal y una incorporación más
activa de la doctrina en las resoluciones judiciales.
El estado de inocencia, por su parte, constituye una garantía esencial del debido
proceso y un límite claro al poder punitivo del Estado. Su vigencia real en Honduras
requiere no solo su consagración en normas, sino su cumplimiento en la práctica
judicial diaria. Es indispensable que se respete la presunción de inocencia desde el
inicio del proceso, evitando detenciones arbitrarias, juicios mediáticos y decisiones que
afecten derechos sin sentencia firme. Fortalecer esta garantía es indispensable para
asegurar un sistema penal verdaderamente justo y democrático.
BIBLIOGRAFIA
Bustamante Valdivieso, L. E. (2019). La legítima defensa como causa de justificación de antijuridicidad.
Obtenido de [Link]
%20DEFENSA%20COMO%20CAUSA%20DE%20JUSTIFICACI%C3%93N%20DE
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Serrano-Piedecasas, J. (2017). Sobre la legítima defensa, el principio de necesidad y la prohibición de
exceso. Revista Jurídica de la Universidad Autónoma de Madrid, 43–70.
Ziffer, P. (2021). El estado de inocencia y su incidencia en el proceso penal. Obtenido de
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Congreso Nacional de la República de Honduras. (1982). Constitución de la República de Honduras.
Diario Oficial La Gaceta, No. 23,612. Recuperado de
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Tribunal Superior de Cuentas. (2016). Código Procesal Penal de Honduras. Decreto No. 9-99-E.
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