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Efectos de la Radiación en Biología Celular

El documento aborda la interacción de la radiación ionizante con el medio biológico, destacando sus efectos a nivel molecular y celular, así como los factores que influyen en la respuesta celular. Se clasifican los efectos biológicos en deterministas y estocásticos, y se discute la estimación del riesgo asociado a la exposición a radiación. Finalmente, se analizan los efectos biológicos no convencionales y la importancia de los límites de dosis para la protección de la salud.

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Efectos de la Radiación en Biología Celular

El documento aborda la interacción de la radiación ionizante con el medio biológico, destacando sus efectos a nivel molecular y celular, así como los factores que influyen en la respuesta celular. Se clasifican los efectos biológicos en deterministas y estocásticos, y se discute la estimación del riesgo asociado a la exposición a radiación. Finalmente, se analizan los efectos biológicos no convencionales y la importancia de los límites de dosis para la protección de la salud.

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TEMA 5

ASPECTOS GENERALES DE LA INTERACCIÓN DE LA RADIACIÓN


CON EL MEDIO BIOLÓGICO

ÍNDICE:

1. INTRODUCCIÓN

2. INTERACCIÓN DE LA RADIACIÓN CON LA CÉLULA Y SUS


COMPONENTES: RESPUESTA A NIVEL MOLECULAR Y CELULAR.
2.1. Factores físicos que influyen la respuesta celular frente a radiación
2.2. Factores biológicos que influyen la respuesta celular frente a radiación
2.3. Factores químicos que influyen la respuesta celular frente a radiación

3. CLASIFICACIÓN DE LOS EFECTOS BIOLÓGICOS RADIOINDUCIDOS


3.1. Efectos deterministas
3.2. Efectos estocásticos
3.2.1. Efectos estocásticos somáticos: Desarrollo de cáncer
3.2.2. Efectos estocásticos hereditarios
3.2.3. Magnitudes utilizadas para cuantificar los efectos estocásticos

4. ESTIMACIÓN DEL RIESGO DE EFECTOS ESTOCÁSTICOS DERIVADOS DE


LA EXPOSICIÓN A RADIACIÓN IONIZANTE

5. ESTABLECIMIENTO DE LOS LÍMITES DE DOSIS

6. EFECTOS BIOLÓGICOS NO CONVENCIONALES DE LA RADIACIÓN


IONIZANTE.
6.1. Respuesta adaptativa.
6.2. Efectos de la radiación no dirigidos al ADN.

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1. INTRODUCCIÓN.

Todos los seres vivos en la Tierra estamos expuestos a la radiación ionizante de forma natural,
procedente bien de la radiación terrestre (radionucleidos naturales presentes en todos los
componentes del medio ambiente acuático y terrestre) o de la radiación cósmica. Adicionalmente,
las personas también estamos expuestas a radiación antropogénica, es decir, originada por el
hombre. Entre las principales fuentes de radiación antropogénica se encuentran los ensayos
realizados en el pasado de bombas nucleares, las actividades que aumentan la exposición a
radiación natural como puede ser la minería, los materiales nucleares utilizados con fines
militares, los residuos radioactivos generados en instalaciones nucleares y ciertas actividades
ocupacionales (trabajadores de la industria nuclear o miembros de tripulaciones aéreas). En los
países desarrollados, la mayor causa de exposición a radiación son las aplicaciones médicas
(radiología diagnóstica, radioterapia, medicina nuclear y radiología intervencionista).

Desde su descubrimiento, la radiación ionizante ha mostrado tener diversas aplicaciones


beneficiosas para el hombre, pero también puede producir efectos dañinos tanto en la salud de las
personas como en el medio ambiente. Para poder proteger al hombre de los posibles efectos
nocivos de la radiación ionizante, es imprescindible conocer tan en detalle como sea posible los
efectos producidos por ésta, sus características y los factores físicos, químicos y biológicos que
influyen en dichos efectos. Ese es precisamente el objetivo de este tema, describir el estado actual
del conocimiento sobre los efectos biológicos que puede producir la radiación ionizante, con
especial énfasis en aquellos efectos que se producen tras exposición a dosis bajas.

2. INTERACCIÓN DE LA RADIACIÓN CON LA CÉLULA Y SUS COMPONENTES:


RESPUESTA A NIVEL MOLECULAR Y CELULAR.

Como es bien sabido, la unidad básica del organismo vivo es la célula. Los efectos biológicos de
las radiaciones ionizantes derivan del daño que éstas producen en la estructura química de las
células, fundamentalmente en la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico). El ADN contiene
toda la información necesaria para el control de funciones celulares como el crecimiento, la
proliferación y la diferenciación. Además, la información contenida en el ADN se transmite a las
células de la descendencia.

Las trayectorias de radiación pueden depositar energía directamente en el ADN (efecto directo) o
pueden ionizar otras moléculas de la célula, principalmente moléculas de agua, para formar
radicales libres los cuales pueden dañar al ADN (efecto indirecto). Dentro de la célula los
efectos indirectos ocurren en distancias muy cortas, del orden de pocos nanómetros, ya que la
distancia de difusión de los radicales está limitada por su reactividad. Aunque es difícil determinar
de forma precisa la contribución de los efectos directos y los indirectos en el daño del ADN
causado por radiación, evidencias obtenidas introduciendo en las células captadores de radicales
libres sugieren que para radiaciones de baja transferencia lineal de energía (tipo rayos-X o rayos-
gamma), cerca del 35% del daño es exclusivamente directo y el 65% tiene un componente
indirecto.

Las lesiones que la radiación puede inducir en el ADN son muy diversas y entre ellas se pueden
mencionar las roturas de una o de las dos cadenas (roturas sencillas o dobles), recombinaciones,
sustituciones de bases, deleciones, etc. En la Tabla 1 se muestran los principales productos del
daño en el ADN que pueden medirse tras exposición a radiación de tipo rayos-X o rayos-gamma.

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En algunos casos, estos cambios en la estructura del ADN se traducen en aberraciones
cromosómicas, lesiones que pueden ser utilizadas como parámetros para la medida de la dosis
absorbida (dosimetría biológica).

Tabla 1. Frecuencia estimada de daño en el ADN en células de mamíferos, causado por exposición a
radiación de tipo rayos-X o rayos-gamma.

Frecuencia
Tipo de daño
(número de defectos por células por Gy)

Roturas de cadena sencilla 1000


Daño en bases 500 40
Roturas de doble cadena 150
EntrecruzamientosADN-proteína

Hélice hija

Antes de comentar los efectos que la radiación puede tener a nivel celular es importante explicar
el concepto de radiosensibilidad. Poco después del descubrimiento de los rayos X, se observó
que éstos parecían tener una eficacia selectiva para destruir células cancerosas sin afectar a los
tejidos normales. De aquí nació el concepto de radiosensibilidad, basado en características
inherentes a la célula y no a la radiación. Poco tiempo después se demostró la existencia de una
relación entre la radiosensibilidad de una célula y su nivel de diferenciación, entendiendo como
célula diferenciada aquella que está especializada funcional o morfológicamente, y como célula
no diferenciada aquella que tiene pocas características morfológicas y funcionales especializadas.
La misión fundamental de este tipo de células indiferenciadas es la división, para proporcionar
así, las células necesarias para mantener el tamaño de su propia población y para reemplazar a
aquellas células diferenciadas que se van perdiendo.

La exposición a radiación puede producir daño severo en las células que les conducirá a la muerte,
o bien daños menos severos, subletales, que si bien no provocan la muerte de la célula sí alteran
su composición genética (ADN). La respuesta de las células frente a la exposición a radiación está
influida por un gran número de factores físicos, químicos y biológicos. Entre los factores físicos
se incluyen la dosis, la tasa de dosis y la calidad de la radiación (transferencia lineal de energía).
Los factores químicos son sustancias que bien aumentan o disminuyen la radiosensibilidad
celular. Dentro de los múltiples factores biológicos que intervienen en la respuesta celular a la
radiación cabe destacar la fase del ciclo celular en el que se encuentre la célula en el momento de
la irradiación (si está activamente proliferando o está en reposo) o la eficacia de los mecanismos
de reparación para reparar las lesiones en la molécula de ADN.

2.1. Factores físicos que influyen la respuesta celular frente a radiación.

- Calidad de la radiación. Una determinada dosis de radiación va a producir un daño


biológico diferente dependiendo de la transferencia lineal de energía (LET) de la radiación
incidente. Así, a medida que aumenta el valor de la LET de la radiación, se producen
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lesiones cada vez más complejas en la estructura del ADN y por tanto más difíciles de ser
reparadas. Es por ello, por lo que para radiaciones de alta LET, una misma dosis de
radiación produce mayor muerte reproductiva en la población de células irradiadas que la
misma dosis de radiación de baja LET (Figura 1).

- Tasa de dosis. Para radiación de baja LET, las tasas de dosis altas son más eficaces que las
tasas de dosis bajas en cuanto a la producción de lesiones. Esto es debido a que las tasas de
dosis bajas permiten que se produzca la reparación de las lesiones, evitando la acumulación
del daño necesario para que tenga lugar la muerte de la célula (Figura 1).

Figura 1. Influencia de la dosis y tasa de dosis en la respuesta celular (supervivencia) frente a


la radiación.

2.2. Factores biológicos que influyen la respuesta celular frente a radiación.

- Ciclo celular. Las células muestran distinta sensibilidad dependiendo de la etapa del ciclo
de división celular en la que se encuentren en el momento de la irradiación. En general, se
ha observado que las fases más radiosensibles son G 1 y M (mitosis). Por el contrario, la
fase S (síntesis del ADN) se comporta como una fase más radiorresistente

- Mecanismos de reparación. Uno de los factores biológicos más interesantes a considerar


para comprender la respuesta de una célula a las radiaciones es su capacidad de reparar el
daño producido en la molécula de ADN. Como consecuencia de la irradiación de una
célula, ésta puede sufrir un daño cuya severidad depende de diversos factores, como ya se
ha comentado anteriormente. Cuando se produce un daño potencialmente letal, únicamente
si la célula es capaz de repararlo podrá sobrevivir. Dicha reparación es especialmente eficaz
cuando las células se encuentran en estado de reposo proliferativo. Así, si a una célula
irradiada se la estimula proliferativamente, resulta poco probable que pueda reparar el daño
potencialmente letal inducido. Pero, como consecuencia de la irradiación, también pueden
inducirse daños menos severos, los conocidos genéricamente como daños subletales, los
cuales pueden acumularse en las células y se reparan eficazmente con más frecuencia que
los daños letales. Aunque se repare la mayor parte del daño producido por radiación
ionizante, lo que tiene consecuencias para la célula y su descendencia es el daño remanente

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no reparado o mal reparado, siendo el resultado en estos casos una célula viable pero
modificada genéticamente o la muerte celular

2.3. Factores químicos que influyen la respuesta celular frente a radiación.

Entre los factores químicos hay que diferenciar entre:

- Radiosensibilizadores. Factores que aumentan la sensibilidad de las células a la radiación.


Entre estos productos, uno de los más eficaces es el oxígeno molecular.

- Radioprotectores.- Al contrario de los productos descritos anteriormente, otras sustancias


actúan secuestrando radicales libres, con lo que reducen la acción indirecta de la radiación.
Los compuestos sulfidrilos o los sulfuros que contienen grupos tioles, son los mejor
conocidos.

3. CLASIFICACIÓN DE LOS EFECTOS BIOLÓGICOS RADIOINDUCIDOS.

Los efectos biológicos de la radiación se clasifican de acuerdo con su transmisión y a su


naturaleza (Tabla 2).

Tabla 2. Clasificación de los efectos biológicos de la radiación.

EFECTO

CRITERIO
Hereditarios Somáticos
Transmisión
Deterministas
Naturaleza Estocásticos

En la Tabla 3 se muestran las principales características que diferencian a los efectos


deterministas de los efectos estocásticos inducidos por exposición a radiación.

Tabla 3. Principales características de los efectos estocásticos y deterministas.

Efectos estocásticos Efectos deterministas


Mecanismo Lesión subletal (una Lesión letal (muchas
o pocas células) células)
Naturaleza Somática o hereditaria Somática
Gravedad Independiente de dosis Dependiente de dosis
Dosis umbral No Sí
Relación Dosis-Efecto Lineal-cuadrática; Lineal Lineal
Aparición Tardía Inmediata o a corto plazo

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Si como consecuencia de la irradiación, se produce la muerte de un número de células
suficientemente elevado de un órgano o tejido, habrá una pérdida de función del órgano, efecto
que se conoce como determinista (Figura 2). La gravedad de los efectos deterministas es
proporcional a la dosis de radiación recibida, siempre y cuando ésta sea mayor que la dosis
umbral, dosis que establece el límite entre la aparición o no del efecto. Estos efectos ocurren tras
exposición a dosis relativamente altas, poniéndose de manifiesto a medio-corto plazo.

Radiación
ionizante Radicales
libres
Acción indirecta
Accción directa

Daño al ADN

Daño letal Daño subletal

Mecanismos de reparación

Muerte celular Daño letal Célula Célula


transformada normal

Efecto determinista Efecto estocástico

Figura 2. Esquema de las consecuencias de la interacción de la radiación ionizante con


las células.

Como consecuencia de la exposición a radiación la célula puede no morir, sino verse modificada
(mutada), hablándose en estos casos de efectos estocásticos (Figura 2). Estos efectos ocurren tras
exposición a dosis moderadas y bajas de radiación y se ponen de manifiesto a medio-largo plazo.
La gravedad de los efectos estocásticos no es proporcional a la dosis recibida, pero sí la
probabilidad de que tenga lugar el efecto. Aunque siguen existiendo discrepancias al respecto,
para la estimación de riesgos de efectos estocásticos se considera que no existe dosis umbral para
su aparición

3.1. Efectos deterministas.

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Para que tenga lugar un efecto determinista tiene que producirse la muerte de un número
sustancial de células, lo que lleva a que existe una dosis umbral de radiación por debajo de la
cual el número de células afectadas es insignificante para que se ponga de manifiesto efecto
alguno. El número de células afectadas se relaciona con la dosis, por lo que en este tipo de efectos
la gravedad resulta proporcional a la dosis recibida. Por tanto, esta propiedad y la existencia de
una dosis umbral son las características más notables de los efectos deterministas.

Los efectos deterministas ocurren tras exposición a dosis relativamente altas de radiación, y su
aparición suele ser inmediata o tras un corto periodo desde la irradiación. Para describir los
efectos deterministas se utiliza la magnitud dosimétrica dosis absorbida (D), que es la energía
absorbida por unidad de masa. Su unidad es el julio por kilogramo que recibe el nombre especial
de Gray (Gy).

Teniendo en cuenta que el mecanismo por el que se producen los efectos deterministas es la
muerte celular, es importante definir lo que se entiende como muerte celular ya que ésta va a
depender del tipo de célula que se esté considerando. Así, para células diferenciadas, que no
proliferan, la muerte significa la pérdida de la función para la que se han especializado; sin
embargo, para células que se dividen, una definición adecuada puede ser la de pérdida de la
capacidad de proliferar, pérdida de su capacidad reproductiva o bien muerte mitótica. Así, tras la
irradiación una célula indiferenciada puede estar físicamente presente, aparentemente intacta, pero
haber perdido su capacidad para llevar a cabo divisiones sucesivas. Esta definición de letalidad se
utiliza generalmente en radiobiología y tiene particular interés en radioterapia de tumores, porque
para su curación es necesaria la muerte de las células, en el sentido que éstas pierdan su capacidad
de división, impidiéndose así el crecimiento del tumor.

Pero la sensibilidad de los distintos tejidos del organismo no sólo depende de la sensibilidad
inherente de las células que lo componen, sino que también varía en función de la cinética de la
población, considerando al conjunto de células. Así, existen diversos tejidos que aún conteniendo
todos ellos células en división, difieren mucho en el tiempo que tardan en expresar la lesión
radioinducida. La evolución de la respuesta frente a la radiación depende fundamentalmente de la
velocidad con que las células de un tejido se reemplazan y de su dinámica de producción,
diferenciación, envejecimiento y pérdida celular.

La mayoría de los tejidos radiosensibles están formados por poblaciones de proliferación rápida,
que contienen células cepa capaces de proliferar indefinidamente. A partir de esta población de
células cepa se forma un compartimiento de amplificación y tránsito, que tiene por objeto
aumentar la producción de células, que finalmente maduran dando lugar a células post-mitóticas
diferenciadas (Figura 3). Una agresión, como la producida por radiaciones ionizantes, puede
producir la muerte de las células cepa, paralizándose con ello la formación de células maduras,
radiorresistentes en su mayoría. El periodo de latencia con que se manifiesta el efecto en las
células funcionales depende esencialmente de la tasa normal de desaparición de estas células; es
decir, de la cinética de renovación celular. Ejemplos de tejidos con organización jerárquica, son la
epidermis, la mucosa intestinal y el sistema hematopoyético, todos ellos de elevada
radiosensibilidad.

Este esquema no es universal y algunos tejidos tienen la capacidad de responder a la muerte


celular con una proliferación masiva de todas sus células, que previamente estaban en estado
quiescente (Figura 3). Ejemplos de este tipo de organización flexible son el parénquima de riñón
e hígado.

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Organización jerárquica

Células Células en Células


proliferación y funcionales
cepa maduración maduras

RADIOSENSIBILIDA
DIFERENCIACIÓN

Células diferenciadas
con potencial

Proliferación Diferenciación

Figura 3. Distintos tipos de organización en los tejidos del organismo.


En la Tabla 4, se muestra un resumen de los principales efectos deterministas producidos en
diferentes órganos y tejidos del organismo tras exposición aguda a radiación de baja LET. Se
indican así mismo las principales causas de los efectos, las dosis umbral y las dosis que dan lugar
a efectos deterministas severos.

Una vez descritos los principales efectos deterministas que pueden tener lugar a nivel de tejidos u
órganos, vamos a conocer qué efectos se producen a nivel del organismos completo. Cuando se
consideran los efectos deterministas a nivel de individuo, hay que diferenciar entre adultos y
organismos en desarrollo, ya que la respuesta va a ser diferente entre ellos.

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Tabla 4. Resumen de las consecuencias, dosis y causas de los principales efectos deterministas (radiación de baja LET y exposición aguda)

Periodo de latencia Umbral Dosis que producen


Tejido Efecto Causa
aproximado aproximado (Gy) efectos severos
Infecciones 2 semanas Leucopenia
Sistema hematopoyético 0,5 2,0
Hemorragias Plaquetopenia
Sistema Inmune Inmunosupresión Algunas horas 0,1 1,0 Linfopenia
Infección sistémica
Deshidratación Lesión del epitelio
Sistema gastrointestinal 1 semana 2,0 5,0
Desnutrición intestinal

Piel Escamación 3 semanas 3,0 10,0 Daño en la capa


basal
Testículo Esterilidad 2 meses 0,2 3,0 Aspermia celular

Muerte interfásica
Ovario Esterilidad < 1 mes 0,5 3,0
del oocito

Fallos en la barrera
Pulmón Neumonía 3 meses 8,0 10,0
alveolar

Fallos en la
Cristalino Cataratas > 1 año 0,2 5,0
maduración
Deficiencias
Tiroides metabólicas < 1 año 5,0 10,0 Hipotiroidismo
Muy variable Demielinización y
Sistema nervioso central 15,0 30,0
según dosis daño vascular
Encefalopatías y
mielopatías
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La respuesta de un organismo adulto a una exposición aguda (en un tiempo corto, del orden
de minutos o inferior), que provenga de una fuente externa y que afecte a todo el organismo,
produce un conjunto de signos, síntomas y un cuadro clínico variable que se conoce con el
nombre de síndrome de irradiación.

Con objeto de poder comparar los efectos letales producidos por diferentes niveles de dosis,
se suele utilizar el concepto de dosis letal porcentual en función del tiempo, con una
notación de la forma DL 50/30 o DL50/60 que significa la dosis necesaria para producir la
muerte al 50% de la población expuesta al cabo de 30 ó 60 días, respectivamente. La
DL50/60 está en el orden de los 3-5 Gy para el hombre (irradiación de cuerpo entero), en
ausencia de cuidados médicos especiales.

Los efectos que se observan en un individuo adulto después de una irradiación global aguda
se pueden diferenciar en tres etapas:

- Prodrómica: Comprende los signos y síntomas que aparecen en las primeras 48


horas tras la irradiación y es consecuencia de la reacción del sistema nervioso
autónomo. Se caracteriza por náuseas, vómitos, diarreas, cefaleas, vértigo,
alteraciones de los órganos de los sentidos, taquicardia, irritabilidad, insomnio, etc.
Puede durar desde algunos minutos, hasta varios días.

- Latente: Este periodo se caracteriza por la ausencia de síntomas y varía desde


minutos hasta semanas, dependiendo de la dosis recibida.

- De enfermedad manifiesta: Se caracteriza porque aparecen los síntomas concretos


de los órganos y tejidos más afectados por la radiación.

En función del órgano que contribuye mayoritariamente a la muerte del individuo, se


diferencian tres síndromes post-irradiación:

- Síndrome de la médula ósea. Se produce tras exposición aguda a dosis de entre 3 y 5


Gy. La fase prodrómica aparece a las pocas horas y consiste en vómitos, náuseas y
diarreas. La fase latente puede durar entre algunos días y 3 semanas, según la dosis.
En la 3ª semana se inicia la enfermedad hematopoyética, con leucopenia y
trombopenia muy marcadas. La inmunidad está deprimida, por lo que aparecen
infecciones graves. Habrá hemorragias, por trastornos en la coagulación sanguínea,
que acentuarán más la anemia debida a la lesión medular. A partir de la 5ª semana se
inicia la recuperación si la dosis ha sido inferior a 3 Gy; dosis más altas pueden
provocar la muerte en 30-60 días.

- Síndrome gastrointestinal. Se presenta a dosis entre 5 y 15 Gy. La DL100 para el


hombre se sitúa entre los 6-10 Gy. La fase prodrómica se produce a las pocas horas
de la exposición y se caracteriza por náuseas, vómitos y diarreas muy intensas. La
fase latente dura desde el 2º al 5º día después de la irradiación. En la enfermedad
manifiesta vuelven a aparecer náuseas, vómitos y diarreas con fiebre. La muerte se
puede producir en 10-20 días tras la irradiación. Los síntomas se deben a la lesión
del tracto gastrointestinal, y en parte a la lesión de la médula ósea. El intestino
delgado pierde su mucosa; existe un cuadro de malabsorción, con pérdida de
líquidos, proteínas y electrolitos por vía digestiva, aparece deshidratación y
hemorragias intestinales. Se favorece además la infección generalizada producida
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por los gérmenes habituales del intestino, sobre todo si existe leucopenia por
afectación de la médula ósea y depresión inmunitaria.

- Síndrome del sistema nervioso central. Se produce a dosis superiores a 15 Gy. La


fase prodrómica aparece rápidamente y su duración es a veces de minutos. Hay
náuseas, vómitos y síntomas psíquicos (confusión, irritabilidad, etc.) y neurológicos
(disminución de consciencia, quemazón en la piel, etc.). La fase latente dura escasas
horas. A las 4-6 horas de la irradiación aparece la fase final con síntomas
neurológicos, convulsiones, ataxia, grados progresivos de coma, etc., sobreviniendo
la muerte a los 1-5 días después de la irradiación. La causa es un cuadro de
hipertensión endocraneal fuerte, con edema cerebral, hemorragias y meningitis
aséptica por afectación vascular principalmente.

Como se ha comentado anteriormente, la respuesta tras la exposición a radiación de un


organismo en desarrollo no es la misma que en el individuo adulto. Los tipos de efectos que
puede producir la radiación en embriones y/o fetos son:

- Muerte del organismo en desarrollo.


- Anomalías congénitas que se manifiestan en el nacimiento y que son producidas por
efecto de la exposición a radiación en útero.
- Anomalías congénitas que no se manifiestan en el momento del nacimiento sino a
edades más avanzadas.

La mortalidad e inducción de anomalías producidas por la exposición a radiación del


embrión o feto dependen entre otros factores del momento de la gestación en el que tenga
lugar la irradiación. (Figura 4).

Cuando se produce la fertilización del óvulo comienza una etapa muy activa de división
celular. Antes de que el cigoto se implante en la mucosa del útero (etapa de
preimplantación) puede producirse una elevada mortalidad, si bien, la irradiación en ese
momento del desarrollo no origina una alta incidencia de anomalías congénitas. Una vez
que haya tenido lugar la implantación y se inicie la diferenciación celular característica de la
fase de la organogénesis, deja de ser probable que se produzca la muerte del embrión, pero
sí puede producir anomalías estructurales y deformidades. La irradiación a 3-8 semanas de
gestación puede producir anomalías graves en muchos órganos, especialmente en el sistema
nervioso central y esqueleto.

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Preimplantación Organogénesis Feto
Porcentaje
100 Anomalías innatas

Muerte prenatal
80
Muerte neonatal
60

40

20

0
10 41
Semanas post-concepción

Figura 4. Incidencia de anomalías y muerte prenatal o neonatal en función de la etapa de


gestación en la que tiene lugar la irradiación del feto (una dosis de 2 Gy).

Entre las semanas 8 y 15 de gestación es menos frecuente la aparición de anomalías


aparentes y muerte prenatal, pudiendose producir retraso mental y disminución en el
cociente de inteligencia (QI). La exposición entre las semanas 15 y 26 también puede
provocar disminución en el cociente de inteligencia, aunque ya menos severa.
La radiorresistencia del feto aumenta durante la última fase del desarrollo al incrementarse
el número de células diferenciadas y disminuir la actividad mitótica. Como consecuencia, la
irradiación del feto a partir de la semana 26 conlleva mucho menor riesgo (Tabla 5).

Tabla 5. Efectos de la radiación recibida durante el periodo de gestación.

Periodo de gestación Riesgo más importante Dosis

Inicio del embarazo


Aborto espontáneo 1,0 Gy
Semana 2
Malformaciones en el feto 0,5 Gy
Semana 8
Retraso mental 0,4 Gy
Semana 15

Semana 26

Final del embarazo Poco riesgo

3.2. Efectos estocásticos.

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Si como consecuencia de la irradiación la célula no muere sino que sufre una modificación
en la molécula de ADN, podrán producirse los denominados efectos estocásticos. Estos
efectos tienen lugar tras exposiciones a dosis o tasas de dosis bajas de radiación y la
probabilidad de que ocurran, pero no su gravedad, aumenta al aumentar la dosis de
radiación recibida. La gravedad de estos efectos depende de factores como el tipo de célula
afectado y el mecanismo de acción del agente agresor que interviene.

Existe cierta controversia sobre la existencia o no de dosis umbral para los efectos
estocásticos. Las organizaciones nacionales e internacionales responsables de dictar las
recomendaciones de protección radiológica aceptan que no existe una dosis umbral para el
caso de efectos estocásticos, ya que opinan que no se puede descartar, con la información de
la que se dispone en la actualidad, que incluso a dosis muy bajas de radiación exista una
probabilidad, aunque sea muy pequeña, de que la célula sea modificada.

Los efectos estocásticos pueden ser hereditarios y somáticos. Si la célula que ha sido
modificada tras la irradiación es una célula somática, el efecto se pondrá de manifiesto en el
individuo que ha sido expuesto a la radiación, hablándose en este caso de efectos
estocásticos somáticos. Si por el contrario la célula que se ha visto modificada tras la
irradiación es una célula germinal, el efecto biológico no se pondrá de manifiesto en el
individuo expuesto sino en su descendencia, hablándose en este caso de efectos estocásticos
hereditarios.

Antes de describir los principales efectos estocásticos producidos por la radiación, es


importante definir qué se entiende por dosis y tasas de dosis bajas, ya que este concepto se
utilizará con frecuencia en este apartado. En protección radiológica se consideran dosis
bajas aquellas que son inferiores a 0,2 Gy y tasas de dosis bajas cuando su valor es inferior
a 0,1 mGy min-1.

En el contexto de la radiobiología, una dosis o tasa de dosis baja se refiere a situaciones en


las que resulta muy improbable que ocurra más de un evento de absorción de energía
de la radiación en las partes críticas de una célula, antes de que puedan actuar en ella
los mecanismos de reparación.

3.2.1. Efectos estocásticos somáticos: Desarrollo de cáncer.

El potencial carcinogénico de la radiación ionizante fue reconocido poco tiempo después de


que Roentgen descubriera los rayos-X en 1895. En 1902, se describió el primer cáncer
inducido por radiación, el cual se caracterizó por un área ulcerada en la piel. En pocos años,
se observaron un elevado número de tumores de piel, y la primera leucemia se describió en
1911 en cinco trabajadores expuestos a radiación. Marie Curie y su hija se piensa que
murieron por complicaciones de una leucemia inducida por la radiación.

Hoy día se sabe que el efecto estocástico somático de mayor relevancia tras exposición a
dosis bajas de radiación es el desarrollo de cáncer. La transición desde una célula normal a
una célula maligna es un proceso complejo que implica diversos cambios cuya naturaleza
exacta dependerá del tipo de célula, del mecanismo de acción del carcinógeno implicado y
del tipo de cáncer que se origine. En medicina se emplea la palabra cáncer para referirse
genéricamente a un conjunto de enfermedades con más de cien formas clínicas
diferenciables, de comportamiento biológico y manifestaciones clínicas muy distintas, y que
abarcan a su vez más de un millar de variedades histopatológicas.
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Se han desarrollado diversos modelos generales para describir el proceso
carcinogénico, siendo el más aceptado actualmente el modelo multietapa. Dicho
modelo predice que un cáncer aparece como consecuencia de una serie de sucesos que
pueden ser totalmente independientes, pero que con frecuencia están ligados,
pudiendo incluso estar mediados por el mismo agente. El modelo multietapa considera
que el desarrollo de cáncer tiene lugar en cuatro etapas: iniciación, conversión, promoción
y progresión.

-Iniciación. Esta etapa implica la inducción de cambios estables o mutaciones en uno o


más genes importantes para el control de la división y la diferenciación celular, de tal
modo que se favorece la proliferación de la célula iniciada o bien se dificulta o impide su
diferenciación.
No existe umbral para que tenga lugar la etapa de iniciación, la cual puede ocurrir en
respuesta a una exposición única al agente iniciador, volviéndose permanente tras una
ronda de división, después de la cual es irreversible transmitiéndose a las células hijas. En
la actualidad se acepta que el cáncer tiene un origen clonal, es decir, que se origina a
partir de una única célula cepa de los tejidos.

-Conversión. En esta etapa las células se comprometen más en el desarrollo maligno,


mediante la acumulación de mutaciones génicas adicionales.

-Promoción. La promoción es un proceso que requiere exposición prolongada o repetida


al agente promotor y es normalmente reversible si el daño es eliminado. Existe una dosis
umbral del agente por debajo de la cual no tiene lugar la promoción tumoral. Los agentes
promotores (factores de crecimiento, hormonas, factores de la dieta, etc…) estimulan la
proliferación de las células iniciadas y convertidas.

-Progresión. Etapa compleja y multifacética, en la cual el clon de células pre-neoplásicas


acumula cambios celulares que le comprometen hacia la malignidad con adquisición de
capacidad invasiva y metastásica.

El desarrollo de cáncer es un proceso complejo en el que pueden intervenir multitud de


factores celulares y ambientales. Aunque en la actualidad los mecanismos implicados en
cada una de las etapas del proceso carcinogénico no se conocen en su totalidad, se
presupone que, si bien la radiación podría actuar en cualquiera de estas etapas, es en la
iniciación donde su papel carcinogénico es más relevante.

3.2.2. Efectos estocásticos hereditarios.

Además de inducir cambios neoplásicos en tejidos somáticos, la radiación ionizante puede


producir efectos transmisibles (hereditarios) en poblaciones irradiadas, a través de la
inducción de mutaciones en el ADN de las células germinales masculinas o femeninas.
Estas mutaciones, aunque no tienen consecuencias directas en el individuo expuesto, pueden
expresarse en generaciones posteriores como desórdenes genéticos de muy diverso tipo y
severidad.

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Hasta el momento no se ha demostrado la inducción por radiación de enfermedades
genéticas (hereditarias) en poblaciones humanas expuestas a radiación ionizante. Sin
embrago, la radiación ionizante es un mutágeno universal y estudios experimentales
realizados en plantas y animales demuestran claramente que la radiación puede inducir
efectos genéticos; por tanto parece poco probable que los humanos sean una excepción.

La estimación del riesgo de efectos hereditarios en humanos como consecuencia de la


exposición a radiación se basa en el marco general de las enfermedades genéticas que
ocurren de forma natural y en su clasificación en:

- Mendelianas. Debidas a la mutación en un único gen. Dependiendo de la


localización del gen mutado (en autosomas o en el cromosoma X) y de sus
efectos en el fenotipo, las enfermedades Mendelianas se clasifican en:
- autosómicas dominantes
- autosómicas recesivas
- ligadas al cromosoma X, dominantes o recesivas.

- Cromosómicas. Debidas a alteraciones en los cromosomas.

- Multifactoriales, debidas a complejas interacciones entre diversos factores


genéticos y ambientales. Incluyen las anomalías congénitas comunes que
están presentes en el momento del nacimiento y enfermedades crónicas en
adultos.

En la actualidad existen evidencias sólidas de que aquellas deleciones grandes del genoma
que afecten a múltiples locus constituyen la clase predominante de mutaciones inducidas
por radiación. Se considera que solamente una parte de estos eventos de pérdida multigénica
será compatible con el desarrollo embrionario/fetal y el nacimiento de un ser vivo. Por
tanto, es de esperar, que el principal efecto genético adverso en humanos es probable que
consista en anomalías multisistema durante el desarrollo, en lugar de enfermedades de genes
únicos.

3.2.3. Magnitudes utilizadas para cuantificar los efectos estocásticos.

La magnitud dosimétrica fundamental utilizada en protección radiológica es la dosis


absorbida (D), que es la energía absorbida por unidad de masa, siendo su unidad el julio
por kilogramo, que recibe el nombre especial de Gray (Gy).

Se ha observado que la probabilidad de que se produzcan efectos estocásticos depende, no


sólo de la dosis absorbida, sino también del tipo y energía de la radiación que ha dado lugar
a dicha dosis. Esto se tiene en cuenta ponderando la dosis absorbida por un factor
relacionado con la calidad de la radiación. Este factor de ponderación se conoce con el
nombre de factor de ponderación de la radiación (wR) y se selecciona en función del tipo
y energía de la radiación incidente sobre el cuerpo o, para fuentes internas, en función del
tipo y energía de la radiación emitida por la fuente. La dosis ponderada se conoce como
dosis equivalente (HT), cuya unidad es el julio por kilogramo y recibe el nombre de Sievert
(Sv).

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La relación entre la probabilidad de aparición de efectos estocásticos y la dosis equivalente
también depende del órgano o tejido irradiado. Resulta por tanto apropiado definir otra
magnitud, derivada de la dosis equivalente, para expresar la combinación de diferentes dosis
equivalentes en distintos tejidos de forma tal que se pueda correlacionar razonablemente con
el efecto estocástico total. El factor utilizado para ponderar la dosis equivalente en un tejido
u órgano se denomina factor de ponderación del tejido, wT, y representa la contribución
relativa de ese órgano o tejido al detrimento total debido a los efectos estocásticos
resultantes de la irradiación uniforme de todo el cuerpo. La dosis equivalente ponderada se
denomina dosis efectiva (E) y su unidad es el julio por kilogramo y recibe el nombre de
Sievert (Sv).

Los valores de los factores de ponderación de la radiación y del tejido dependen de nuestro
conocimiento actual de la radiobiología, y podrían cambiar en el futuro.

En el caso de los efectos deterministas, los factores de ponderación de la radiación y del


tejido son generalmente inferiores a los estimados para los efectos estocásticos, por lo que
su aplicación conduciría a una sobreestimación del efecto determinista a ocurrir. Por ello
como ya se ha comentado anteriormente, la magnitud empleada en el caso de efectos
deterministas es la dosis absorbida y no la dosis efectiva.

4. ESTIMACIÓN DEL RIESGO DE EFECTOS ESTOCÁSTICOS DERIVADOS DE


LA EXPOSICIÓN A RADIACIÓN IONIZANTE.

Para poder proteger a las personas de los efectos perjudiciales derivados de la exposición a
radiación ionizante, es imprescindible conocer, hasta donde la información disponible lo
permita, todos los riesgos que supondrían para la salud dichas exposiciones. Todas las
actividades humanas acarrean riesgos, aunque algunos de ellos puedan considerarse muy
bajos. En otras ocasiones, se aceptan actividades aun sabiendo que implican un riesgo
elevado. Lo que sí parece una actitud general es que estamos dispuestos a aceptar un riesgo
a cambio de disfrutar de los beneficios de una sociedad moderna, siempre que los riesgos no
sean innecesarios o fácilmente evitables. Sin embargo, es difícil establecer qué niveles de
riesgo estaría dispuesta a aceptar la sociedad.

Para poder desarrollar un sistema de protección radiológica es necesario un conocimiento


cuantitativo de cómo la probabilidad de los efectos estocásticos y la gravedad de los efectos
deterministas varían con la dosis. La información más adecuada es la que se obtiene
directamente de estudios epidemiológicos sobre los efectos de la radiación en el hombre.
También se puede obtener información de interés sobre los mecanismos de daño y sobre las
curvas dosis-respuesta, de estudios experimentales realizados con sistemas in vitro
(microorganismos, cultivos celulares) e in vivo (animales de laboratorio). Sin embargo,
desafortunadamente, la parte de la información experimental que puede aplicarse
directamente a la protección radiológica es muy escasa o incluso nula, y en cualquier caso
requiere una interpretación muy cuidadosa. Fundamentalmente, la información obtenida en
estudios experimentales sirve de apoyo a los datos obtenidos en estudios epidemiológicos.

En lo que respecta al riesgo de desarrollar cáncer tras exposición a radiación ionizante, se


dispone de información directa procedente de estudios epidemiológicos realizados en
diversas poblaciones entre las que se incluyen los supervivientes de las bombas atómicas de
Hiroshima y Nagasaki y personas expuestas a radiación externa o a radionucleidos por

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motivos médicos u ocupacionales. Estos estudios aportan información cuantitativa sobre el
riesgo de cáncer a dosis intermedias y altas. Existen igualmente estudios epidemiológicos en
poblaciones expuestas a dosis bajas de radiación. Sin embargo, con frecuencia estos
estudios no permiten obtener resultados concluyentes debido a los factores de confusión que
intervienen en dichos estudios.

Las estimaciones actuales del riesgo de cáncer asociado con exposición externa a radiación
ionizante se realizan en base a los datos obtenidos en el estudio de los supervivientes de las
bombas atómicas, al considerarse la muestra más completa. Dicha muestra está compuesta
por un número elevado de personas, de ambos sexos y de todas las edades y que fueron
expuestas a un rango de dosis muy amplio, distribuidas de manera bastante uniforme en el
organismo expuesto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que todas las dosis recibidas por
el grupo de estudio japonés se produjeron a muy altas tasas de dosis.

El estudio de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki ha mostrado un aumento


significativo en el número de tumores sólidos en personas expuestas a 200-500 mSv de
radiación. La forma de la curva dosis respuesta para los tumores sólidos considerados en su
conjunto, se ajusta a una función lineal para dosis de hasta 3 Sv. En el caso de las leucemias,
los datos se ajustan mejor a una función lineal-cuadrática.

Si bien para la estimación cuantitativa del riesgo de efectos estocásticos, hasta el momento
se han utilizado exclusivamente los datos obtenidos de los supervivientes japoneses, los
estudios realizados con pacientes sometidos a irradiación por motivos médicos suponen una
valiosa fuente de información y son objeto de estudios continuos.

En relación con estudios epidemiológicos realizados en poblaciones expuestas a dosis bajas


de radiación ionizante, en julio de 2005 se publicó en el British Medical Journal los
resultados del mayor estudio epidemiológico realizado hasta el momento sobre riesgos en
trabajadores profesionalmente expuestos a dosis muy bajas de radiación (Cardis y col.
2005). El objetivo del estudio era realizar estimaciones directas del riesgo de cáncer tras
exposiciones crónicas a dosis bajas de radiación ionizante y con ello fortalecer las bases
científicas de los estándares de protección radiológica. Se trataba de un estudio
retrospectivo de mortalidad por cáncer en cohortes de trabajadores de la industria nuclear de
15 países (407.391 trabajadores monitorizados para radiación externa; seguimiento 5,2
millones personas).. Los autores concluían que las estimaciones de riesgo realizadas en este
estudio son mayores, aunque estadísticamente compatibles, que las estimaciones de riesgo
usadas para los actuales estándares de protección radiológica.
En el año 2009 el Registro Nacional para los trabajadores expuestos a radiación de UK
examina el riesgo de cáncer en un grupo muy grande de trabajadores expuestos a bajas dosis
de radiación ionizante durante varios años (Muirhead et al., 2009). Los resultados motraron
una relación dosis-respuesta claramente consistente con la extrapolación de los factores de
riesgo de la bomba A para dosis bajas.

Además de los resultados de estudios epidemiológicos, son muy numerosos los estudios
realizados sobre la inducción de cáncer por radiación en animales de laboratorio. Los
resultados de estudios en animales contribuyen a la base de datos de información
disponible para estimar los efectos biológicos de dosis bajas de radiación ionizante y la
relación dosis-respuesta. Debido a las diferencias de radiosensibilidad existentes entre
los animales de experimentación y los humanos, los resultados obtenidos para animales
no pueden usarse directamente para obtener estimaciones cuantitativas del riesgo de
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cáncer en las poblaciones humanas. Sin embargo, los estudios en animales son muy
valiosos para determinar la forma de la curva dosis respuesta, así como para examinar
los factores biológicos y físicos que pueden influir en la respuesta a la radiación.
También son útiles para estudiar como la edad en el momento de la irradiación, la
calidad de la radiación o el fraccionamiento pueden influir en el desarrollo del tumor.
Los animales de laboratorio tienen la ventaja de que son una población homogénea con
variabilidad biológica mínima, pudiéndose eliminar la influencia de factores de
confusión. Aunque los estudios con animales de experimentación normalmente utilizan
un menor número de individuos que en el caso de estudios epidemiológicos, tienen la
ventaja de que se realizan bajo condiciones controladas, con buenas estimaciones de la
dosis de radiación y con una tasa de cáncer espontáneo conocida.

La ICRP asume que la relación dosis efecto es lineal para dosis bajas y que no existe
dosis umbral para la aparición de efectos estocásticos.

Otra dificultad importante en la interpretación de los datos epidemiológicos es la


estimación del número de efectos estocásticos todavía por aparecer en la población
japonesa. Para el caso de las leucemias esta dificultad no existe porque la tasa de
aparición de nuevos casos en esta población se ha reducido hasta alcanzar, o situarse
próxima, a la tasa esperada en la población control. Para el total de los otros cánceres, la
tasa sigue estando incrementada y, en el estudio japonés, todavía crece en gran parte
debido al aumento de mortalidad en los individuos expuestos cuando eran niños. Por
tanto, para poder determinar el riesgo durante toda la vida de una población expuesta, es
necesario proyectar la frecuencia de inducción del exceso de cánceres detectados en el
período de observación, a lo largo de toda la vida de la población, para lo que se utilizan
modelos matemáticos conocidos como modelos de proyección del riesgo.
Adicionalmente, ha sido necesario transferir los datos obtenidos en la población
japonesa de la posguerra a otras poblaciones del mundo, aplicando modelos de
transferencia del riesgo.

Todo lo comentado anteriormente pone de manifiesto que en la estimación del riesgo de


cáncer derivado de la exposición a radiación se introducen un gran número de
incertidumbres al no existir suficientes datos epidemiológicos. Por este motivo, y
también porque la ICRP estima el riesgo para poblaciones representativas con patrones
de exposición definidos, utiliza el término detrimento o coeficiente nominal de
probabilidad de efectos estocásticos, que es la forma cuantitativa de expresar la
combinación de probabilidad de que ocurra un efecto contra la salud y la gravedad de tal
efecto. (Tabla 6).

El concepto fue introducido por la ICRP en sus recomendaciones de 1977 como medida del
perjuicio total que experimentaría con el tiempo un grupo expuesto y su descendencia como
consecuencia de la exposición de dicho grupo a una fuente de radiación.

En relación con los cánceres inducidos por exposición prenatal, éstos van a depender del
momento de la gestación en el que se produzca la exposición. Así, durante el periodo
comprendido entre las tres semanas de la concepción hasta finales de la gestación, es
probable que la exposición a la radiación pueda provocar efectos estocásticos que den como
resultado un aumento en la probabilidad de cáncer en el nacido vivo. Los datos disponibles

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no son consistentes y existe un alto grado de incertidumbre. No obstante, la ICRP supone
que el riesgo será, como mucho, unas pocas veces superior al de la población en general.

Tabla 6. Comparación de los valores de 1990 (Publicación ICRP60) y de los de 2007 de


los coeficientes nominales de riesgo para efectos estocásticos, expresados en % por Sv.

Ploblación Cánceres Efectos hereditarios Total


Expuesta
2007 1990 2007 1990 2007 1990
Global 5,5 6,0 0,2 1,3 5,7 ≈ 6,0 7,3

Adulta 4,1 4,8 0,1 0,8 4,2 ≈ 4,0 5,6

5. ESTABLECIMIENTO DE LOS LÍMITES DE DOSIS

El objetivo es establecer, para un conjunto de prácticas definido, un nivel de dosis por


encima del cual las consecuencias para el individuo serían ampliamente consideradas
como inaceptables. Para este fin, la dosis limitativa se puede expresar como una dosis
recibida uniformemente a lo largo de toda la vida laboral, o como una dosis anual
recibida cada año de trabajo.

Para el establecimiento de los límites de dosis, el procedimiento que se sigue es el de


seleccionar unas determinadas dosis efectivas, calculándose el detrimento que éstas
producirían (considerándose todos los atributos que contribuyen al detrimento), para
posteriormente evaluar si los niveles de detrimento obtenidos son "aceptables" o
"inaceptables" según la filosofía de protección radiológica.

6. EFECTOS BIOLÓGICOS NO CONVENCIONALES DE LA RADIACIÓN


IONIZANTE.

En la última década, se han descrito diversos procesos biológicos que ocurren tras
exposiciones a dosis bajas de radiación ionizante y que por lo tanto podrían tener una gran
relevancia en el ámbito de la protección radiológica. Entre estos procesos cabe destacar, la
respuesta adaptativa y los efectos de la radiación no dirigidos al ADN.

6.1. Respuesta adaptativa.

Existen en la actualidad diversas evidencias experimentales que apoyan la existencia de una


respuesta adaptativa de la célula tras su exposición a radiación. Dicha respuesta se produce
como consecuencia de la activación de los mecanismos de reparación celulares tras la
exposición a una dosis muy baja de radiación (dosis condicionante). Como resultado de ello,
se producen menos lesiones en el ADN. Con este proceso se reduciría tanto la incidencia
natural de cáncer como la probabilidad de que una dosis de radiación adicional
(generalmente llamada dosis provocadora) causara un desarrollo carcinogénico. Este
proceso ha sido demostrado en distintos tipos celulares tanto de origen humano como de

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ratón (linfocitos, fibroblastos, médula ósea y esperma). Los mecanismos de respuesta
adaptativa parecen ser similares a los que se activan después de una exposición a otros
agentes genotóxicos, incluyendo cantidades trazadoras de radicales oxidantes. Por lo tanto,
la respuesta adaptativa a la radiación podría ser el resultado de un mecanismo general de
respuesta celular frente al daño. Sin embargo, es necesario obtener evidencias más
concluyentes sobre el papel de la respuesta adaptativa en los procesos carcinogénicos. La
confirmación de este proceso sería de especial relevancia en protección radiológica, ya que
implicaría que las estimaciones del riesgo de efectos estocásticos debidos a dosis de
radiación bajas han sido sobrevaloradas, al no haber tenido en cuenta el proceso de
respuesta adaptativa (Wolff 1998).

6.2. Efectos de la radiación no dirigidos al ADN.

Como se ha podido comprobar a lo largo de este tema, desde el punto de vista


radiobiológico se asume ampliamente que los eventos genéticos inducidos por radiación en
células de mamíferos ocurren como resultado directo de daño en el ADN que no es reparado
de forma correcta por los mecanismos celulares de reparación. Sin embargo, cada vez hay
más evidencias de que la exposición de poblaciones celulares a radiación ionizante también
puede producir efectos no-dirigidos, es decir, pueden aparecer consecuencias genéticas
importantes en células cuyo núcleo no ha sufrido irradiación directa. Son tres,
principalmente, las líneas de investigación sobre efectos no dirigidos.

Inestabilidad genética inducida por radiación.

En 1980, unos experimentos diseñados para examinar en detalle la cinética de


transformación en células de ratón 10T1/2 como consecuencia de la exposición a radiación,
dieron un resultado algo sorprendente. Parecía que para que tuviera lugar la transformación
celular eran necesarios dos eventos distintos. El primero era un evento frecuente, que
ocurría en una gran parte de la población celular irradiada (20-30%), y aumentaba la
probabilidad de que tuviera lugar el segundo evento. El segundo es un evento muy poco
frecuente (frecuencia aproximada de 10-6) e implica la transformación de una o más células
de la progenie de la célula inicialmente irradiada después de muchos ciclos de división
celular. El segundo evento ocurría con una frecuencia constante por célula por generación
durante el crecimiento de la población irradiada hasta alcanzar la confluencia, y tiene las
características de un evento mutagénico. Basándose en estos resultados, se postuló la
hipótesis de que la radiación inducía un tipo de inestabilidad genética transmisible en una
gran fracción de células de la población; esta inestabilidad tenía el efecto de aumentar la
frecuencia con la que aparecían transformantes de forma espontánea en la progenie. Se
presentaron evidencias de que este fenotipo inestable persistía al menos durante 12 y quizás
hasta 25 rondas de división celular después de la exposición a radiación. Resultados de
estudios realizados en sistemas experimentales estaban de acuerdo con esta hipótesis.

La hipótesis en la actualidad ha sido confirmada en diversos sistemas experimentales para


distintos efectos biológicos incluyendo mutagénesis, aberraciones cromosómicas y retraso
en la muerte celular.

Por tanto, está bien establecido que la radiación por sí misma puede inducir un tipo de
inestabilidad transmisible en células que conlleva una aumentada probabilidad de que en las
células supervivientes tengan lugar múltiples eventos genéticos, tras muchas generaciones

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de replicación. Sin embargo, el mecanismo preciso asociado con este fenómeno aún está
por elucidar. Esto incluye cómo es iniciado y cómo se mantiene.

A pesar de que sigue sin conocerse la importancia de la inducción de inestabilidad en los


eventos iniciales de la carcinogénesis radioinducida in vivo, el fenómeno está ahora bien
documentado en una amplia variedad de sistemas in vitro, y ciertamente cambiará la manera
en la que pensamos sobre los eventos tempranos en la iniciación de la carcinogénesis. Es
tentador especular, por ejemplo, que dicha inestabilidad podría aumentar la probabilidad de
que ocurrieran múltiples eventos genéticos en un único linaje celular que fuera necesario
para desarrollar cáncer. Es interesante el hecho de que el concepto de inestabilidad inducida
como un paso inicial en la carcinogénesis es consistente con hallazgos que van apareciendo
en estudios epidemiológicos en poblaciones humanas, que sugieren que algunos tipos de
cáncer inducidos por radiación pueden seguir un modelo de riesgo relativo; es decir, una
dosis determinada de radiación aumenta la tasa a la que se desarrolla el cáncer normalmente
a todos los tiempos post-irradiación, en lugar de inducir una cohorte específica de nuevos
tumores.

Inducción de mutaciones por irradiación del citoplasma.

Durante mucho tiempo se ha considerado que el núcleo es el blanco de los efectos


biológicos relevantes inducidos por radiación, y que las alteraciones genéticas resultantes se
producen como consecuencia del daño inducido por la radiación en el ADN. Efectivamente,
un número de estudios realizados inicialmente en diversos sistemas biológicos indicaron
que la irradiación nuclear era crítica para sus efectos citotóxicos. El desarrollo de
irradiadores precisos con microhaces ha permitido ahora el estudio de los efectos de la
irradiación localizada en partes específicas de la célula.

Utilizando irradiadores con microhaces se ha observado que la irradiación citoplasmática


con flujos bajos de partículas alfa puede inducir una frecuencia significativa de mutaciones
en células de mamíferos. Según se esperaba en base a trabajos anteriores, la irradiación del
citoplasma tenía un efecto relativamente pequeño en la supervivencia celular. Sin embargo,
el paso de una única partícula alfa aproximadamente duplicaba la frecuencia de mutación
espontánea, mientras que se observaba un aumento de 2-3 veces en la frecuencia de
mutación cuando una célula era atravesada hasta con 4 partículas. No se observó aumento
en la frecuencia de mutación con mayores flujos de partículas.

A pesar de que son necesarios más estudios para poder sacar conclusiones, los resultados
mencionados anteriormente son muy provocadores en cuanto a que sugieren que la
irradiación directa del núcleo no es necesaria para que se produzcan efectos genéticos
importantes.

Efectos circunstantes (“bystander”) en poblaciones irradiadas.

Los efectos circunstantes ("bystander") en poblaciones celulares irradiadas implican que las
alteraciones genéticas pueden ocurrir en células que no reciben una exposición directa a
radiación. Más bien las señales de daño son transmitidas a estas células desde células
vecinas de la población que han sufrido irradiación. Efectivamente cada vez existen más
evidencias que apoyan la hipótesis de que pueden ocurrir efectos biológicos importantes en
células que no reciben exposición directa a radiación. Si este fenómeno ocurriera in vivo,

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podría ser de considerable importancia en lo que respecta a efectos carcinogénicos de dosis
muy bajas de radiación de alta LET, tales como las partículas alfa del radón.

El modelo experimental utilizado para estudiar efectos circunstantes generalmente ha


implicado la exposición de cultivos celulares a flujos muy bajos de radiación alfa, de tal
manera que sólo una fracción muy pequeña de la población celular fuera atravesada por una
partícula. En el informe inicial de este fenómeno, se observó un aumento en la frecuencia de
intercambio de cromátidas hermanas (SCE) en el 30-50% de las células expuestas a flujos
con los que sólo un 0,1-1% de las células eran atravesadas por una partícula alfa. Estos
resultados indicaban que el blanco para el daño genético producido por partículas alfa es
mucho mayor que el núcleo o incluso que la propia célula.

Posteriormente, se han descrito efectos circunstantes para parámetros como inducción de


mutaciones génicas, micronúcleos, apoptosis o alteración en los patrones de expresión de
determinados genes.

Si bien los tres fenómenos descritos han sido observados en cultivos celulares in vitro, no
hay razón para pensar que no puedan también ocurrir en poblaciones celulares in vivo. De
hecho, se han presentado evidencias preliminares sobre la transmisión de la inestabilidad
genética inducida por radiación en animales de experimentación in vivo. A pesar de que aún
no está clara la importancia de estos fenómenos en la carcinogénesis radioinducida, podrían
cambiar nuestra manera de pensar sobre los eventos tempranos de este proceso, y en
particular sobre los blancos críticos para el daño genético y carcinogénico producido por la
radiación.

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