Efectos de la Radiación en Biología Celular
Efectos de la Radiación en Biología Celular
ÍNDICE:
1. INTRODUCCIÓN
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1. INTRODUCCIÓN.
Todos los seres vivos en la Tierra estamos expuestos a la radiación ionizante de forma natural,
procedente bien de la radiación terrestre (radionucleidos naturales presentes en todos los
componentes del medio ambiente acuático y terrestre) o de la radiación cósmica. Adicionalmente,
las personas también estamos expuestas a radiación antropogénica, es decir, originada por el
hombre. Entre las principales fuentes de radiación antropogénica se encuentran los ensayos
realizados en el pasado de bombas nucleares, las actividades que aumentan la exposición a
radiación natural como puede ser la minería, los materiales nucleares utilizados con fines
militares, los residuos radioactivos generados en instalaciones nucleares y ciertas actividades
ocupacionales (trabajadores de la industria nuclear o miembros de tripulaciones aéreas). En los
países desarrollados, la mayor causa de exposición a radiación son las aplicaciones médicas
(radiología diagnóstica, radioterapia, medicina nuclear y radiología intervencionista).
Como es bien sabido, la unidad básica del organismo vivo es la célula. Los efectos biológicos de
las radiaciones ionizantes derivan del daño que éstas producen en la estructura química de las
células, fundamentalmente en la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico). El ADN contiene
toda la información necesaria para el control de funciones celulares como el crecimiento, la
proliferación y la diferenciación. Además, la información contenida en el ADN se transmite a las
células de la descendencia.
Las trayectorias de radiación pueden depositar energía directamente en el ADN (efecto directo) o
pueden ionizar otras moléculas de la célula, principalmente moléculas de agua, para formar
radicales libres los cuales pueden dañar al ADN (efecto indirecto). Dentro de la célula los
efectos indirectos ocurren en distancias muy cortas, del orden de pocos nanómetros, ya que la
distancia de difusión de los radicales está limitada por su reactividad. Aunque es difícil determinar
de forma precisa la contribución de los efectos directos y los indirectos en el daño del ADN
causado por radiación, evidencias obtenidas introduciendo en las células captadores de radicales
libres sugieren que para radiaciones de baja transferencia lineal de energía (tipo rayos-X o rayos-
gamma), cerca del 35% del daño es exclusivamente directo y el 65% tiene un componente
indirecto.
Las lesiones que la radiación puede inducir en el ADN son muy diversas y entre ellas se pueden
mencionar las roturas de una o de las dos cadenas (roturas sencillas o dobles), recombinaciones,
sustituciones de bases, deleciones, etc. En la Tabla 1 se muestran los principales productos del
daño en el ADN que pueden medirse tras exposición a radiación de tipo rayos-X o rayos-gamma.
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En algunos casos, estos cambios en la estructura del ADN se traducen en aberraciones
cromosómicas, lesiones que pueden ser utilizadas como parámetros para la medida de la dosis
absorbida (dosimetría biológica).
Tabla 1. Frecuencia estimada de daño en el ADN en células de mamíferos, causado por exposición a
radiación de tipo rayos-X o rayos-gamma.
Frecuencia
Tipo de daño
(número de defectos por células por Gy)
Hélice hija
Antes de comentar los efectos que la radiación puede tener a nivel celular es importante explicar
el concepto de radiosensibilidad. Poco después del descubrimiento de los rayos X, se observó
que éstos parecían tener una eficacia selectiva para destruir células cancerosas sin afectar a los
tejidos normales. De aquí nació el concepto de radiosensibilidad, basado en características
inherentes a la célula y no a la radiación. Poco tiempo después se demostró la existencia de una
relación entre la radiosensibilidad de una célula y su nivel de diferenciación, entendiendo como
célula diferenciada aquella que está especializada funcional o morfológicamente, y como célula
no diferenciada aquella que tiene pocas características morfológicas y funcionales especializadas.
La misión fundamental de este tipo de células indiferenciadas es la división, para proporcionar
así, las células necesarias para mantener el tamaño de su propia población y para reemplazar a
aquellas células diferenciadas que se van perdiendo.
La exposición a radiación puede producir daño severo en las células que les conducirá a la muerte,
o bien daños menos severos, subletales, que si bien no provocan la muerte de la célula sí alteran
su composición genética (ADN). La respuesta de las células frente a la exposición a radiación está
influida por un gran número de factores físicos, químicos y biológicos. Entre los factores físicos
se incluyen la dosis, la tasa de dosis y la calidad de la radiación (transferencia lineal de energía).
Los factores químicos son sustancias que bien aumentan o disminuyen la radiosensibilidad
celular. Dentro de los múltiples factores biológicos que intervienen en la respuesta celular a la
radiación cabe destacar la fase del ciclo celular en el que se encuentre la célula en el momento de
la irradiación (si está activamente proliferando o está en reposo) o la eficacia de los mecanismos
de reparación para reparar las lesiones en la molécula de ADN.
- Tasa de dosis. Para radiación de baja LET, las tasas de dosis altas son más eficaces que las
tasas de dosis bajas en cuanto a la producción de lesiones. Esto es debido a que las tasas de
dosis bajas permiten que se produzca la reparación de las lesiones, evitando la acumulación
del daño necesario para que tenga lugar la muerte de la célula (Figura 1).
- Ciclo celular. Las células muestran distinta sensibilidad dependiendo de la etapa del ciclo
de división celular en la que se encuentren en el momento de la irradiación. En general, se
ha observado que las fases más radiosensibles son G 1 y M (mitosis). Por el contrario, la
fase S (síntesis del ADN) se comporta como una fase más radiorresistente
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no reparado o mal reparado, siendo el resultado en estos casos una célula viable pero
modificada genéticamente o la muerte celular
EFECTO
CRITERIO
Hereditarios Somáticos
Transmisión
Deterministas
Naturaleza Estocásticos
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Si como consecuencia de la irradiación, se produce la muerte de un número de células
suficientemente elevado de un órgano o tejido, habrá una pérdida de función del órgano, efecto
que se conoce como determinista (Figura 2). La gravedad de los efectos deterministas es
proporcional a la dosis de radiación recibida, siempre y cuando ésta sea mayor que la dosis
umbral, dosis que establece el límite entre la aparición o no del efecto. Estos efectos ocurren tras
exposición a dosis relativamente altas, poniéndose de manifiesto a medio-corto plazo.
Radiación
ionizante Radicales
libres
Acción indirecta
Accción directa
Daño al ADN
Mecanismos de reparación
Como consecuencia de la exposición a radiación la célula puede no morir, sino verse modificada
(mutada), hablándose en estos casos de efectos estocásticos (Figura 2). Estos efectos ocurren tras
exposición a dosis moderadas y bajas de radiación y se ponen de manifiesto a medio-largo plazo.
La gravedad de los efectos estocásticos no es proporcional a la dosis recibida, pero sí la
probabilidad de que tenga lugar el efecto. Aunque siguen existiendo discrepancias al respecto,
para la estimación de riesgos de efectos estocásticos se considera que no existe dosis umbral para
su aparición
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Para que tenga lugar un efecto determinista tiene que producirse la muerte de un número
sustancial de células, lo que lleva a que existe una dosis umbral de radiación por debajo de la
cual el número de células afectadas es insignificante para que se ponga de manifiesto efecto
alguno. El número de células afectadas se relaciona con la dosis, por lo que en este tipo de efectos
la gravedad resulta proporcional a la dosis recibida. Por tanto, esta propiedad y la existencia de
una dosis umbral son las características más notables de los efectos deterministas.
Los efectos deterministas ocurren tras exposición a dosis relativamente altas de radiación, y su
aparición suele ser inmediata o tras un corto periodo desde la irradiación. Para describir los
efectos deterministas se utiliza la magnitud dosimétrica dosis absorbida (D), que es la energía
absorbida por unidad de masa. Su unidad es el julio por kilogramo que recibe el nombre especial
de Gray (Gy).
Teniendo en cuenta que el mecanismo por el que se producen los efectos deterministas es la
muerte celular, es importante definir lo que se entiende como muerte celular ya que ésta va a
depender del tipo de célula que se esté considerando. Así, para células diferenciadas, que no
proliferan, la muerte significa la pérdida de la función para la que se han especializado; sin
embargo, para células que se dividen, una definición adecuada puede ser la de pérdida de la
capacidad de proliferar, pérdida de su capacidad reproductiva o bien muerte mitótica. Así, tras la
irradiación una célula indiferenciada puede estar físicamente presente, aparentemente intacta, pero
haber perdido su capacidad para llevar a cabo divisiones sucesivas. Esta definición de letalidad se
utiliza generalmente en radiobiología y tiene particular interés en radioterapia de tumores, porque
para su curación es necesaria la muerte de las células, en el sentido que éstas pierdan su capacidad
de división, impidiéndose así el crecimiento del tumor.
Pero la sensibilidad de los distintos tejidos del organismo no sólo depende de la sensibilidad
inherente de las células que lo componen, sino que también varía en función de la cinética de la
población, considerando al conjunto de células. Así, existen diversos tejidos que aún conteniendo
todos ellos células en división, difieren mucho en el tiempo que tardan en expresar la lesión
radioinducida. La evolución de la respuesta frente a la radiación depende fundamentalmente de la
velocidad con que las células de un tejido se reemplazan y de su dinámica de producción,
diferenciación, envejecimiento y pérdida celular.
La mayoría de los tejidos radiosensibles están formados por poblaciones de proliferación rápida,
que contienen células cepa capaces de proliferar indefinidamente. A partir de esta población de
células cepa se forma un compartimiento de amplificación y tránsito, que tiene por objeto
aumentar la producción de células, que finalmente maduran dando lugar a células post-mitóticas
diferenciadas (Figura 3). Una agresión, como la producida por radiaciones ionizantes, puede
producir la muerte de las células cepa, paralizándose con ello la formación de células maduras,
radiorresistentes en su mayoría. El periodo de latencia con que se manifiesta el efecto en las
células funcionales depende esencialmente de la tasa normal de desaparición de estas células; es
decir, de la cinética de renovación celular. Ejemplos de tejidos con organización jerárquica, son la
epidermis, la mucosa intestinal y el sistema hematopoyético, todos ellos de elevada
radiosensibilidad.
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Organización jerárquica
RADIOSENSIBILIDA
DIFERENCIACIÓN
Células diferenciadas
con potencial
Proliferación Diferenciación
Una vez descritos los principales efectos deterministas que pueden tener lugar a nivel de tejidos u
órganos, vamos a conocer qué efectos se producen a nivel del organismos completo. Cuando se
consideran los efectos deterministas a nivel de individuo, hay que diferenciar entre adultos y
organismos en desarrollo, ya que la respuesta va a ser diferente entre ellos.
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Tabla 4. Resumen de las consecuencias, dosis y causas de los principales efectos deterministas (radiación de baja LET y exposición aguda)
Muerte interfásica
Ovario Esterilidad < 1 mes 0,5 3,0
del oocito
Fallos en la barrera
Pulmón Neumonía 3 meses 8,0 10,0
alveolar
Fallos en la
Cristalino Cataratas > 1 año 0,2 5,0
maduración
Deficiencias
Tiroides metabólicas < 1 año 5,0 10,0 Hipotiroidismo
Muy variable Demielinización y
Sistema nervioso central 15,0 30,0
según dosis daño vascular
Encefalopatías y
mielopatías
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La respuesta de un organismo adulto a una exposición aguda (en un tiempo corto, del orden
de minutos o inferior), que provenga de una fuente externa y que afecte a todo el organismo,
produce un conjunto de signos, síntomas y un cuadro clínico variable que se conoce con el
nombre de síndrome de irradiación.
Con objeto de poder comparar los efectos letales producidos por diferentes niveles de dosis,
se suele utilizar el concepto de dosis letal porcentual en función del tiempo, con una
notación de la forma DL 50/30 o DL50/60 que significa la dosis necesaria para producir la
muerte al 50% de la población expuesta al cabo de 30 ó 60 días, respectivamente. La
DL50/60 está en el orden de los 3-5 Gy para el hombre (irradiación de cuerpo entero), en
ausencia de cuidados médicos especiales.
Los efectos que se observan en un individuo adulto después de una irradiación global aguda
se pueden diferenciar en tres etapas:
Cuando se produce la fertilización del óvulo comienza una etapa muy activa de división
celular. Antes de que el cigoto se implante en la mucosa del útero (etapa de
preimplantación) puede producirse una elevada mortalidad, si bien, la irradiación en ese
momento del desarrollo no origina una alta incidencia de anomalías congénitas. Una vez
que haya tenido lugar la implantación y se inicie la diferenciación celular característica de la
fase de la organogénesis, deja de ser probable que se produzca la muerte del embrión, pero
sí puede producir anomalías estructurales y deformidades. La irradiación a 3-8 semanas de
gestación puede producir anomalías graves en muchos órganos, especialmente en el sistema
nervioso central y esqueleto.
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Preimplantación Organogénesis Feto
Porcentaje
100 Anomalías innatas
Muerte prenatal
80
Muerte neonatal
60
40
20
0
10 41
Semanas post-concepción
Semana 26
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Si como consecuencia de la irradiación la célula no muere sino que sufre una modificación
en la molécula de ADN, podrán producirse los denominados efectos estocásticos. Estos
efectos tienen lugar tras exposiciones a dosis o tasas de dosis bajas de radiación y la
probabilidad de que ocurran, pero no su gravedad, aumenta al aumentar la dosis de
radiación recibida. La gravedad de estos efectos depende de factores como el tipo de célula
afectado y el mecanismo de acción del agente agresor que interviene.
Existe cierta controversia sobre la existencia o no de dosis umbral para los efectos
estocásticos. Las organizaciones nacionales e internacionales responsables de dictar las
recomendaciones de protección radiológica aceptan que no existe una dosis umbral para el
caso de efectos estocásticos, ya que opinan que no se puede descartar, con la información de
la que se dispone en la actualidad, que incluso a dosis muy bajas de radiación exista una
probabilidad, aunque sea muy pequeña, de que la célula sea modificada.
Los efectos estocásticos pueden ser hereditarios y somáticos. Si la célula que ha sido
modificada tras la irradiación es una célula somática, el efecto se pondrá de manifiesto en el
individuo que ha sido expuesto a la radiación, hablándose en este caso de efectos
estocásticos somáticos. Si por el contrario la célula que se ha visto modificada tras la
irradiación es una célula germinal, el efecto biológico no se pondrá de manifiesto en el
individuo expuesto sino en su descendencia, hablándose en este caso de efectos estocásticos
hereditarios.
Hoy día se sabe que el efecto estocástico somático de mayor relevancia tras exposición a
dosis bajas de radiación es el desarrollo de cáncer. La transición desde una célula normal a
una célula maligna es un proceso complejo que implica diversos cambios cuya naturaleza
exacta dependerá del tipo de célula, del mecanismo de acción del carcinógeno implicado y
del tipo de cáncer que se origine. En medicina se emplea la palabra cáncer para referirse
genéricamente a un conjunto de enfermedades con más de cien formas clínicas
diferenciables, de comportamiento biológico y manifestaciones clínicas muy distintas, y que
abarcan a su vez más de un millar de variedades histopatológicas.
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Se han desarrollado diversos modelos generales para describir el proceso
carcinogénico, siendo el más aceptado actualmente el modelo multietapa. Dicho
modelo predice que un cáncer aparece como consecuencia de una serie de sucesos que
pueden ser totalmente independientes, pero que con frecuencia están ligados,
pudiendo incluso estar mediados por el mismo agente. El modelo multietapa considera
que el desarrollo de cáncer tiene lugar en cuatro etapas: iniciación, conversión, promoción
y progresión.
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Hasta el momento no se ha demostrado la inducción por radiación de enfermedades
genéticas (hereditarias) en poblaciones humanas expuestas a radiación ionizante. Sin
embrago, la radiación ionizante es un mutágeno universal y estudios experimentales
realizados en plantas y animales demuestran claramente que la radiación puede inducir
efectos genéticos; por tanto parece poco probable que los humanos sean una excepción.
En la actualidad existen evidencias sólidas de que aquellas deleciones grandes del genoma
que afecten a múltiples locus constituyen la clase predominante de mutaciones inducidas
por radiación. Se considera que solamente una parte de estos eventos de pérdida multigénica
será compatible con el desarrollo embrionario/fetal y el nacimiento de un ser vivo. Por
tanto, es de esperar, que el principal efecto genético adverso en humanos es probable que
consista en anomalías multisistema durante el desarrollo, en lugar de enfermedades de genes
únicos.
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La relación entre la probabilidad de aparición de efectos estocásticos y la dosis equivalente
también depende del órgano o tejido irradiado. Resulta por tanto apropiado definir otra
magnitud, derivada de la dosis equivalente, para expresar la combinación de diferentes dosis
equivalentes en distintos tejidos de forma tal que se pueda correlacionar razonablemente con
el efecto estocástico total. El factor utilizado para ponderar la dosis equivalente en un tejido
u órgano se denomina factor de ponderación del tejido, wT, y representa la contribución
relativa de ese órgano o tejido al detrimento total debido a los efectos estocásticos
resultantes de la irradiación uniforme de todo el cuerpo. La dosis equivalente ponderada se
denomina dosis efectiva (E) y su unidad es el julio por kilogramo y recibe el nombre de
Sievert (Sv).
Los valores de los factores de ponderación de la radiación y del tejido dependen de nuestro
conocimiento actual de la radiobiología, y podrían cambiar en el futuro.
Para poder proteger a las personas de los efectos perjudiciales derivados de la exposición a
radiación ionizante, es imprescindible conocer, hasta donde la información disponible lo
permita, todos los riesgos que supondrían para la salud dichas exposiciones. Todas las
actividades humanas acarrean riesgos, aunque algunos de ellos puedan considerarse muy
bajos. En otras ocasiones, se aceptan actividades aun sabiendo que implican un riesgo
elevado. Lo que sí parece una actitud general es que estamos dispuestos a aceptar un riesgo
a cambio de disfrutar de los beneficios de una sociedad moderna, siempre que los riesgos no
sean innecesarios o fácilmente evitables. Sin embargo, es difícil establecer qué niveles de
riesgo estaría dispuesta a aceptar la sociedad.
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motivos médicos u ocupacionales. Estos estudios aportan información cuantitativa sobre el
riesgo de cáncer a dosis intermedias y altas. Existen igualmente estudios epidemiológicos en
poblaciones expuestas a dosis bajas de radiación. Sin embargo, con frecuencia estos
estudios no permiten obtener resultados concluyentes debido a los factores de confusión que
intervienen en dichos estudios.
Las estimaciones actuales del riesgo de cáncer asociado con exposición externa a radiación
ionizante se realizan en base a los datos obtenidos en el estudio de los supervivientes de las
bombas atómicas, al considerarse la muestra más completa. Dicha muestra está compuesta
por un número elevado de personas, de ambos sexos y de todas las edades y que fueron
expuestas a un rango de dosis muy amplio, distribuidas de manera bastante uniforme en el
organismo expuesto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que todas las dosis recibidas por
el grupo de estudio japonés se produjeron a muy altas tasas de dosis.
Si bien para la estimación cuantitativa del riesgo de efectos estocásticos, hasta el momento
se han utilizado exclusivamente los datos obtenidos de los supervivientes japoneses, los
estudios realizados con pacientes sometidos a irradiación por motivos médicos suponen una
valiosa fuente de información y son objeto de estudios continuos.
Además de los resultados de estudios epidemiológicos, son muy numerosos los estudios
realizados sobre la inducción de cáncer por radiación en animales de laboratorio. Los
resultados de estudios en animales contribuyen a la base de datos de información
disponible para estimar los efectos biológicos de dosis bajas de radiación ionizante y la
relación dosis-respuesta. Debido a las diferencias de radiosensibilidad existentes entre
los animales de experimentación y los humanos, los resultados obtenidos para animales
no pueden usarse directamente para obtener estimaciones cuantitativas del riesgo de
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cáncer en las poblaciones humanas. Sin embargo, los estudios en animales son muy
valiosos para determinar la forma de la curva dosis respuesta, así como para examinar
los factores biológicos y físicos que pueden influir en la respuesta a la radiación.
También son útiles para estudiar como la edad en el momento de la irradiación, la
calidad de la radiación o el fraccionamiento pueden influir en el desarrollo del tumor.
Los animales de laboratorio tienen la ventaja de que son una población homogénea con
variabilidad biológica mínima, pudiéndose eliminar la influencia de factores de
confusión. Aunque los estudios con animales de experimentación normalmente utilizan
un menor número de individuos que en el caso de estudios epidemiológicos, tienen la
ventaja de que se realizan bajo condiciones controladas, con buenas estimaciones de la
dosis de radiación y con una tasa de cáncer espontáneo conocida.
La ICRP asume que la relación dosis efecto es lineal para dosis bajas y que no existe
dosis umbral para la aparición de efectos estocásticos.
El concepto fue introducido por la ICRP en sus recomendaciones de 1977 como medida del
perjuicio total que experimentaría con el tiempo un grupo expuesto y su descendencia como
consecuencia de la exposición de dicho grupo a una fuente de radiación.
En relación con los cánceres inducidos por exposición prenatal, éstos van a depender del
momento de la gestación en el que se produzca la exposición. Así, durante el periodo
comprendido entre las tres semanas de la concepción hasta finales de la gestación, es
probable que la exposición a la radiación pueda provocar efectos estocásticos que den como
resultado un aumento en la probabilidad de cáncer en el nacido vivo. Los datos disponibles
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no son consistentes y existe un alto grado de incertidumbre. No obstante, la ICRP supone
que el riesgo será, como mucho, unas pocas veces superior al de la población en general.
En la última década, se han descrito diversos procesos biológicos que ocurren tras
exposiciones a dosis bajas de radiación ionizante y que por lo tanto podrían tener una gran
relevancia en el ámbito de la protección radiológica. Entre estos procesos cabe destacar, la
respuesta adaptativa y los efectos de la radiación no dirigidos al ADN.
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ratón (linfocitos, fibroblastos, médula ósea y esperma). Los mecanismos de respuesta
adaptativa parecen ser similares a los que se activan después de una exposición a otros
agentes genotóxicos, incluyendo cantidades trazadoras de radicales oxidantes. Por lo tanto,
la respuesta adaptativa a la radiación podría ser el resultado de un mecanismo general de
respuesta celular frente al daño. Sin embargo, es necesario obtener evidencias más
concluyentes sobre el papel de la respuesta adaptativa en los procesos carcinogénicos. La
confirmación de este proceso sería de especial relevancia en protección radiológica, ya que
implicaría que las estimaciones del riesgo de efectos estocásticos debidos a dosis de
radiación bajas han sido sobrevaloradas, al no haber tenido en cuenta el proceso de
respuesta adaptativa (Wolff 1998).
Por tanto, está bien establecido que la radiación por sí misma puede inducir un tipo de
inestabilidad transmisible en células que conlleva una aumentada probabilidad de que en las
células supervivientes tengan lugar múltiples eventos genéticos, tras muchas generaciones
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de replicación. Sin embargo, el mecanismo preciso asociado con este fenómeno aún está
por elucidar. Esto incluye cómo es iniciado y cómo se mantiene.
A pesar de que son necesarios más estudios para poder sacar conclusiones, los resultados
mencionados anteriormente son muy provocadores en cuanto a que sugieren que la
irradiación directa del núcleo no es necesaria para que se produzcan efectos genéticos
importantes.
Los efectos circunstantes ("bystander") en poblaciones celulares irradiadas implican que las
alteraciones genéticas pueden ocurrir en células que no reciben una exposición directa a
radiación. Más bien las señales de daño son transmitidas a estas células desde células
vecinas de la población que han sufrido irradiación. Efectivamente cada vez existen más
evidencias que apoyan la hipótesis de que pueden ocurrir efectos biológicos importantes en
células que no reciben exposición directa a radiación. Si este fenómeno ocurriera in vivo,
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podría ser de considerable importancia en lo que respecta a efectos carcinogénicos de dosis
muy bajas de radiación de alta LET, tales como las partículas alfa del radón.
Si bien los tres fenómenos descritos han sido observados en cultivos celulares in vitro, no
hay razón para pensar que no puedan también ocurrir en poblaciones celulares in vivo. De
hecho, se han presentado evidencias preliminares sobre la transmisión de la inestabilidad
genética inducida por radiación en animales de experimentación in vivo. A pesar de que aún
no está clara la importancia de estos fenómenos en la carcinogénesis radioinducida, podrían
cambiar nuestra manera de pensar sobre los eventos tempranos de este proceso, y en
particular sobre los blancos críticos para el daño genético y carcinogénico producido por la
radiación.
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