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Ejecuciones extrajudiciales en Perú: análisis

Las ejecuciones extrajudiciales en Perú, especialmente las cometidas por el Grupo Colina durante el gobierno de Alberto Fujimori, vulneraron derechos humanos y socavaron el Estado de derecho. Estos actos, como las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, fueron sistemáticos y promovidos por el Estado, dejando un legado de impunidad y desconfianza en las instituciones. En conclusión, estas prácticas no son justificables como estrategias de seguridad y representan un grave retroceso democrático.

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Ejecuciones extrajudiciales en Perú: análisis

Las ejecuciones extrajudiciales en Perú, especialmente las cometidas por el Grupo Colina durante el gobierno de Alberto Fujimori, vulneraron derechos humanos y socavaron el Estado de derecho. Estos actos, como las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, fueron sistemáticos y promovidos por el Estado, dejando un legado de impunidad y desconfianza en las instituciones. En conclusión, estas prácticas no son justificables como estrategias de seguridad y representan un grave retroceso democrático.

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Las ejecuciones extrajudiciales generan un impacto negativo al vulnerar

derechos humanos y debilitar las bases del Estado de derecho. Se entiende


como ejecución extrajudicial al asesinato de personas por parte del Estado
sin un juicio previo ni garantías legales. Un ejemplo claro de ello ocurrió
durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), con la formación del
Grupo Colina, un escuadrón militar clandestino que eliminó a personas
sospechosas de tener vínculos con el terrorismo. Este grupo cometió actos
como las matanzas de Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), que se
dieron fuera del marco legal y fueron justificadas como parte de la lucha
contra Sendero Luminoso. Estas prácticas, lejos de fortalecer la seguridad,
promovieron el miedo, la impunidad y la pérdida de confianza en las
instituciones. Por ello surge la siguiente interrogante: ¿Las ejecuciones
extrajudiciales fueron un mecanismo legítimo para combatir el terrorismo en
el Perú? En nuestra opinión, estas prácticas no son justificables, pues
atentan contra la justicia y la dignidad humana. A continuación,
presentaremos nuestros argumentos.

Estamos en desacuerdo con que las ejecuciones extrajudiciales del Grupo


Colina hayan sido una herramienta legítima para combatir el terrorismo,
porque estas violaciones a los derechos humanos fueron actos sistemáticos y
encubiertos por el Estado. En primer lugar, el accionar del Grupo Colina fue
una estrategia ilegal promovida desde el más alto nivel del gobierno de
Alberto Fujimori. Un ejemplo evidente es la masacre de Barrios Altos,
ocurrida en 1991, donde agentes del grupo asesinaron a quince personas —
incluyendo a un niño— durante una reunión social, sin pruebas reales que los
vincularan con Sendero Luminoso (CVR, 2003). A esto se suma la matanza
de La Cantuta en 1992, donde se secuestró, asesinó y desapareció a nueve
estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta, bajo la sospecha de
actividad subversiva. Ambos casos fueron ejecutados sin orden judicial,
ocultados por el Estado y posteriormente reconocidos como crímenes de lesa
humanidad por instancias nacionales e internacionales (Sentencia de la
Corte Suprema, 2009). En segundo lugar, este tipo de violencia institucional
debilitó el respeto por el Estado de derecho y dejó un mensaje de impunidad.
El uso de escuadrones clandestinos, lejos de fortalecer la lucha contra el
terrorismo, generó desconfianza en las fuerzas del orden. Como señala
Salazar (2001), “la justificación del exterminio como política de seguridad
interna marcó un retroceso democrático y un quiebre moral en el país”.
Además, permitió que se justificara cualquier atropello como parte de una
guerra sucia, afectando a personas inocentes y promoviendo el miedo. En
lugar de fortalecer las instituciones, se recurrió al abuso del poder, lo cual
impidió una victoria legítima frente al terrorismo. Estos hechos no deben ser
vistos como actos heroicos, sino como retrocesos graves para la democracia.

En conclusión, podemos llegar a entender que las ejecuciones extrajudiciales


cometidas por el Grupo Colina, como las matanzas de Barrios Altos y La
Cantuta, fueron crímenes graves impulsados desde el poder político durante
el régimen de Alberto Fujimori, lo que demuestra que estas prácticas no
pueden ser justificadas como simples estrategias de seguridad. Por otro lado,
estos actos reflejan una profunda ruptura con los principios del Estado de
derecho, ya que se actuó al margen de la ley y se atentó contra la vida de
ciudadanos sin el más mínimo respeto por el debido proceso. Estas
condiciones generaron una cultura de impunidad y miedo, donde muchos
peruanos dejaron de confiar en las instituciones del Estado. Por ello, los
jóvenes y ciudadanos en general crecieron en un entorno en el que se
relativizaban los derechos fundamentales y se justificaba la violencia desde
el poder, dificultando así la construcción de una sociedad democrática y
justa. Si no se reconoce el daño que estas acciones causaron, se corre el
riesgo de repetir los mismos errores en el futuro.

Bibliografía sugerida para las citas:

 Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). (2003). Informe Final.


Lima: CVR. [Link]

 Corte Suprema de Justicia del Perú. (2009). Sentencia en el caso


Alberto Fujimori Fujimori. Expediente N.º AV 19-2001.

 Salazar, M. (2001). La Cantuta: El crimen y la impunidad. Editorial La


República.

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