Un jardín en el campo, al atardecer. Hay varias plantas alrededor.
Una banca de madera
al fondo. El sol se está ocultando lentamente, y la luna comienza a asomarse. Se escucha
el canto lejano de pájaros. SOFÍA está regando las plantas. Entra JAVIER con una mochila,
cansado pero sonriente al verla.)
JAVIER
(Dejando la mochila)
Cada vez que vengo, el campo me sorprende.
(Suspira)
Es como si el sol aquí abrazara más fuerte.
SOFÍA
(Sonríe sin mirarlo)
Y la luna también escucha más despacio.
(Termina de regar y se limpia las manos en un pañuelo)
Aquí el tiempo tiene otra forma. No corre… respira.
JAVIER
(Sentándose en la banca)
En la ciudad, uno no respira. Solo corre.
Entre el ruido, los edificios, el trabajo…
El amor se vuelve una meta, no un regalo.
SOFÍA
(Se sienta a su lado, suave)
El amor no debería ser una meta.
Es como las plantas, Javier. Si no las cuidas cada día, se secan.
JAVIER
(Sonríe, pero triste)
Tú y tus plantas. Siempre tan poética.
¿No te cansas de estar lejos de todo?
SOFÍA
(Lo mira)
¿Lejos de qué? ¿Del tráfico? ¿Del estrés?
Aquí tengo una reserva de paz.
El sol para calentarme, la luna para escuchar mis pensamientos…
Y a veces, un hermano que se acuerda de visitar.
JAVIER
(Ríe)
Tienes razón. Vengo poco.
Pero cuando llego, me siento… más humano.
SOFÍA
Eso es el campo.
No te exige nada, pero te devuelve lo que das.
Igual que el amor.
JAVIER
(Mirando las plantas)
¿Y no te da miedo quedarte sola?
Todas tus amigas están en la ciudad… algunas ya tienen pareja, una hasta tuvo un bebé.
SOFÍA
(Mira el cielo)
No. No me da miedo.
Porque no estoy sola. Estoy conmigo.
Y ser mujer no significa seguir una sola ruta.
No necesito un bebé para sentir que tengo amor en mi vida.
JAVIER
(Asiente)
Eso me cuesta entender.
Allá, todo se mide: cuántos hijos tienes, cuánto ganas, con quién estás…
SOFÍA
Aquí las cosas no se miden. Se sienten.
Cada planta que crece, cada mañana que despierto con el sol en la cara…
Es amor. Pequeño, sí. Pero real.
JAVIER
(Pensativo)
Hoy caminé por un parque en la ciudad.
Había una mujer sentada con un bebé.
Los dos se miraban como si el mundo no existiera.
Fue el momento más silencioso del día.
SOFÍA
¿Ves? No importa dónde estés.
El amor aparece cuando bajás el volumen del mundo.
(Pausa. Ambos se quedan en silencio un momento, contemplando el atardecer.)
JAVIER
(Señalando el cielo)
Ahí viene la luna…
SOFÍA
Y el sol se despide.
Cada uno hace su parte sin pelear.
Ese equilibrio… también es amor.
JAVIER
(Susurrando)
¿Crees que pueda tener eso algún día?
SOFÍA
(Sonríe con ternura)
Claro. Pero no lo busques como si fuera una meta.
Deja que te encuentre, como la luna encuentra la noche