Amor y conflictos en la playa
Amor y conflictos en la playa
El sol irradiaba luz fuerte por todas partes, ese día era especialmente esplendoroso.
Quería hacer muchas cosas como ir a la playa, nadar o tomar un buen baño de sol. Luna
era una chica de 18 años que simplemente quería vivir la vida al máximo.
Bajó las escaleras de la casa, a toda prisa. Tomó una manzana del frutero arriba de la
mesa y se despidió de su papá de un beso en la mejilla, haciéndolo sonreír por la
sorpresa.
—¡Hey señorita! —La madre de Luna la llamó al notar que saldría sin pedir permiso. Luna
se paró en seco, resopló y puso buena cara antes de dar media vuelta y sonreírle.
—Déjala ir mujer, estamos de vacaciones. —La mujer soltó un mohín, nada contenta.
Se suponía que las vacaciones eran para despejarse un poco y alejarse de la gentuza en
la ciudad.
Vaya sorpresa se encontró cuando se dio cuenta de que en realidad las vacaciones
familiares que había dicho su esposo era una convención para los CEO’s importantes de
Nueva York y que el hermano de su esposo iría junto a su familia, la cual detestaba
enormemente.
Y no era diferencias de ideas o algo por el estilo, Camil siempre había visto mal que su
familia se rodeara con personas de menos estatus que ellos. Aunque fuera el hermano de
su esposo, aun así no tenían la misma distinción.
Para Luna eso le daba igual, Paolo era su primo, se llevaba bien y era lo único que le
interesaba. Camil tenía que lidiar con eso todo el tiempo, su esposo e hija no entendían la
importancia de la diferencia de clases.
Camil no dijo nada más y desvió la mirada hacia su desayuno, era imposible contradecirlo
a los dos. Luna sonrió y le mandó un beso volado a su padre para luego salir de su casa
directo a la playa.
Y es que no solo era el hecho de despejarse o divertirse, la razón de que actuara tan
entusiasmada, sino era porque lo vería a él, si, a él, a David, su primer y gran amor.
Aún podía recordar la primera vez que se vieron en el colegio, la primera palabra dicha, el
primer roce entre ambos, fue como amor a primera vista, sin imaginar que David era
becado en la preparatoria.
Ella no tenía problema alguno, pero cuando se enteró su mamá de ello fue como si le
hubiera dado un mini infarto. La obligó a alejarse de él e incluso la cambió de colegio,
alegando que ella no podía mezclarse con gente como esa.
Su amor fue más fuerte, porque a pesar de las circunstancias, meses después su amor
era cada vez más fuerte.
Paolo era mejor amigo de David, por lo que todo se había planeado con anterioridad. Su
primo había ayudado a su novio a ir al viaje para que pudieran verse ahí. Así que cuando
lo divisó a la distancia sobre la playa corrió hacia él para abrazarlo fuertemente.
David la tomó entre sus brazos y la levantó sobre el aire para darle una vuelta y besarla.
Estaba emocionado de verla ahí, su corazón se agitó de sobremanera al tenerla en ese
momento.
—Nena, estás aquí —dijo sonriente mientras le depositaba más besos sobre la boca.
Ambos se miraron y sonrieron. Sería bueno pasar el rato con otros chicos más, y así
empezaron el juego de vóleibol en la playa. Otros más se unieron y fue así que empezó
todo.
Tiempo después, Luna decidió descansar un poco, tomar algo refrescante, sin imaginar
que no muy lejos de ahí se encontraba quien se convertiría en su esposo.
Farit Montalvo, era un joven de 23 años, a su corta edad había sido casi obligado a
hacerse cargo de la compañía de su papá, el cual en ese momento se encontraba muy
enfermo.
La invitación de la convención le había llegado hace unas semanas, lo primero que pensó
fue en lo aburrido que sería, sin embargo, no le quedaba de otra que acatar órdenes.
Estaba un poco estresado ese día, tendría que dar el discurso de inicio y no tenía idea de
lo que iba a decir.
Decidió ir a la playa, tal vez eso lo podría distraer un poco de todo lo que estaba pasando.
Sentía una gran responsabilidad sobre él, la empresa de la familia era todo lo que tenía y
si algo salía mal podría perderlo todo y eso ocasionaría la muerte prematura de su padre.
Bufó, al encontrarse sentado sobre una piedra, en la orilla del mar, poco a poco el sol se
iba metiendo dejando ver el hermoso atardecer que se avecinaba.
El viento en su rostro y el sonido de las olas chocando sobre las piedras era relajante,
aunque esa relajación no duró lo suficiente. Su celular empezó a sonar dentro de su
bolsillo, era Carlos, el abogado de su familia.
—Pero. ¿Cuándo? —Era irrelevante, solo quería que le dijera que no era cierto.
—Fue hace un momento, necesitas volver a casa para leer las cláusulas del testamento.
—Farit frunció el ceño, ¿porque le urgía de leer el testamento de su padre?
—No es como deberías de saberlo, pero tu padre pidió que antes de hacerte cargo de la
empresa debes contraer matrimonio...
—Es mejor que regreses Farit, aquí te daré los detalles. —El chico cerró los ojos,
apretando sus labios fuertemente.
Hace meses que la idea de que esto pasara estaba en su mente, pero no creyó que sería
tan pronto. Se paró de la roca y miró al horizonte limpiando sus lágrimas, era la primera
vez que se permitía llorar.
Volvió a guardar su celular, iría a de vuelta al hotel, pero antes de hacerlo sintió como
unos brazos rodearon su espalda de forma necesitada.
—Aquí estás, amor. —La voz de una chica lo hizo sobresaltarse. Al darse media vuelta se
encontró con los dulces ojos de una rubia—. Oh Dios, tú no eres... —La chica se sonrojó
ante el vergonzoso acto—. Discúlpame yo...
Farit se quedó sin palabras, sus ojos no pudieron dejar de contemplar tan bello rostro,
podía decir sin miedo a equivocarse que no había visto a una mujer más hermosa que
ella.
Luna sonrió ante su mirada, tenía que admitir que el chico frente a ella era muy atractivo.
Unos ojos enigmáticos, una nariz respingada, unos labios carnosos y su mandíbula
marcada era un conjunto de cosas que resaltaban totalmente en él.
Solo había un problema, él no era su David así que se sacudió su cabeza para dejar de
pensar así de otro hombre.
—Amm, sí... yo ya me tenía que ir. —Señaló otra dirección para despedirse de la chica
que lo había cautivado y de la cual no tenía idea de su nombre. Farit se alejó dejándola
sola en la orilla del mar.
Luna se quedó mirando su espalda, aún seguía pensando lo mismo de él. Pero cuando
unas manos la atrajeron toda su mente se inundó de una sola persona y esa era David.
Sonrió ante el contacto.
—Perdóname Nena, se me hizo tarde. —Ella negó, no importaba, lo bueno era que
estaba ahí, aunque no tuvieran mucho tiempo, ya que su madre estaba sospechando de
sus salidas.
El señor Sandoval se tocó el puente de la nariz después de quitar sus anteojos. Cerró por
un momento los ojos, tratando de pensar en otra manera de salir de ese problema.
En ese momento Camil entró a su despacho con un té que ella le había preparado. Era
momento de decirle a su esposa lo que estaba pasando.
—¿Pasa algo? —Ella preguntó al verlo tan pensativo. El señor Sandoval se puso de pie y
le entregó unos documentos, exactamente eran las finanzas de ese mes. Camil las revisó,
abrió sus ojos, negando—. Esto...
—Esto es el final de la empresa Sandoval Camil. Estos son los estados de cuenta del
último mes y como podrás ver le debemos al banco mucho más de lo que creíamos,
estamos en...
—¡No lo digas! —respondió rápidamente—. Esto no puede ser, esto... debe ser, debe
haber algo que podamos hacer.
—Al menos que otra empresa se haga cargo de esta deuda, esto no podía ser posible —
Arturo se sentó de nuevo en su silla. Sentía que sería el fin.
—Él no puede sustentar esa cantidad, sería un suicidio para su empresa. —Camil se
mordió el labio. No podían ser pobres, no podían. Se negaba a aceptarlo.
Unos golpes sobre la puerta los hizo reaccionar, soltaron una delante, dejando entrar a
uno de los trabajadores de la empresa. Era el asistente del Arturo.
—Lo siento, señor, pero... me acaban de notificar que llegaron a embargar los inmuebles
de la empresa y se llevaron todo. —El semblante de Arturo cambió una y mil veces,
parándose estrepitosamente de su asiento.
—¡¿Qué estás diciendo?! Eso no puede ser posible... eso... —De pronto un fuerte dolor
en su pecho lo hizo frenar, se llevó la mano hasta esa zona, sentía como la respiración se
entrecortaba.
—Arturo. ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? —Camil se acercó a él con alarma, estaba
teniendo un infarto—. Rápido pide una ambulancia. —Le pidió al chico parado frente a
ella. Esto podía ser el final.
Capítulo 2: De nuevo contigo
Los fuertes brazos rodearon su cuerpo con una necesidad palpable, Luna percibió la
desesperación al verlo, a él, su único y más grande amor, el hombre de su vida.
David le dedicó una sincera, pero ahora triste sonrisa cuadrada, nada lo llenaba más de
dicha que ver a su pequeña, aun sabiendo que tal vez ese día sería el último.
Camil estaba siendo la culpable de su desdicha, la mujer que le dio la vida se convertiría
en su verdugo, la obligaría a casarse con un hombre que no ama para salvar la empresa
familiar.
En cuanto se enteró de los planes de su madre, Luna corrió a los brazos de David
esperando que él pudiera consolarla. Que le dijera que todo iba a estar bien porque ella
no quería casarse con un desconocido.
Sus labios se unieron en un fuerte frenesí, añoraba cada día para sentirse casi al final del
día. En ese pequeño cuarto de 4 paredes, aquel que era el único testigo de su amor.
Ambos cuerpos temblaron por la necesidad de sentirse mucho más.
Luna soltó un gemido, sorprendida y alejó a David de su cuerpo hasta que deshizo el
beso fogoso, lo miró a los ojos, asustada mientras se tocaba sus labios hinchados y
trataba de calmar su agitado corazón.
David la miró apenado, era un tonto, no debió dejarse llevar por su instinto, Luna aún no
estaba lista y tenía que comprenderla.
Estaba segura de lo que sentía por él, lo amaba como a nadie y claro que quería
entregarse en cuerpo y alma, no obstante, también esperaba que la entendiera. Quería
algo especial, no solo un tonto impulso.
David besó su cien y asintió comprensible, esperaría lo que fuera necesario, pero ahora
que se casaría con otro lo que menos tenían era tiempo.
El solo hecho de imaginar a su chica con otro hombre le quemaba por dentro las
entrañas, tenía que hacer algo para evitarlo y no le costó mucho llegar a una sola
conclusión.
Miró a su novia y pegó su frente con la suya y respiró profundamente, solo esperaba que
ella aceptara su propuesta, porque era lo único que tenía para ofrecerle.
—Escápate conmigo —susurró sin despegar sus frentes—. Te llevaré a donde sea, te
pondré a salvo y podremos estar juntos como siempre hemos querido.
Luna sonrió al escucharlo, tenía que admitir que también pensó en esa posibilidad, le dio
muchas vueltas a la idea, pero no se atrevía a decir sus pensamientos.
No sabía, hasta dónde sería capaz de llegar David por su amor y no se equivocó cuando
supuso que él sería capaz de todo.
—Iremos a Riverside, ahí podemos empezar de nuevo, yo buscaré un trabajo y... —La
azabache lo besó sin permitir que terminara de hablar, no le importaba donde la llevara,
siempre y cuando estuvieran juntos y muy lejos del hombre con quien trataban de cazarla.
Todo estaba planeado, en tres días escaparían a Riverside donde por fin serían libres y
muy felices. Donde empezarían una vida nueva, solo ellos dos.
A Camil no le importaron sus súplicas, ni lágrimas, ni lo mucho que su pobre hija estaba
sufriendo. No le importaba en absoluto, ya que solo pensaban en el bien de la familia y
que se casara con el importante empresario, era la única solución para sus problemas.
—Por favor, no me hagas esto —suplicó una última vez mientras estaba en el suelo,
vestida de blanco.
Camil desvió la mirada, nada de lo que dijera iba a cambiar el hecho de que ese día se
casaría, tuvo mucha suerte al escuchar lo que su hija y David estaban planeando mientras
hablaban por teléfono. Ese mismo día huirían y no lo podía permitir.
Sobre su cadáver permitiría que su única hija echara a perder su vida por un hombre así.
Ahora todo estaba perdido, Luna estaba condenada a permanecer con un hombre que no
amaba y que ni siquiera conocía.
—Vamos niña, arruinarás tu maquillaje. —La jaló de la mano para que se pusiera de pie y
la miró fría, parecía como si ella no fuera su madre. No podía creer que su sufrimiento no
le causará nada.
—¿Crees que iba a permitir que te escaparas con ese don nadie? Hija, eres muy
estúpida. —A ella solo le importaba el dinero, la distinción que podría ofrecerle y lo que
los demás pensaran de ello.
Después de maquillarla de nuevo, fue guiada hasta el jardín donde sus padres, el juez y
su futuro esposo esperaban por ella. Había llegado la hora.
Al final del altar divisó al hombre que se convertiría en la persona que más odiara en el
mundo, ese que le había arrebatado todo junto a su madre.
Caminó firme, pero temerosa hasta él, lo miró por primera vez y pasó por alto su atractivo
porque realmente eso no le interesaba.
Ahora estaría atada a una persona sin escrúpulos que solo le importaba sus deseos y su
sola satisfacción, no creía que hubiera otro motivo por el cual la obligara a casarse con él.
¿Amor? Ni siquiera se conocían.
—¿Por qué está llorando? —Farit la miró preocupado. Luna era hermosa, no había duda,
pero su semblante triste lo descolocó, se suponía que sabía del trato, pero no respondió y
ni siquiera lo miró.
—Está sensible por la boda —Camila mintió y tomó del brazo a su hija, sonriendo
fingidamente para que Farit no sospechara nada antes de la boda.
Luna siguió sin decir nada, ¿tenía algún caso hacerlo? Sabía que no. Tampoco era como
si creyera que al hombre le importara como se sentía. No debía importarle nadie, estaba
casi segura.
Le dolía en el alma haber roto su promesa, romperle el corazón a la persona que menos
culpa tenía de todo esto. Al chico bueno que le ofreció todo de sí. No había nada que
deseara más que estar a su lado y eso jamás iba a pasar.
Cuando escuchó dictar al Juez "Los declaro marido y mujer" en ese momento supo que
su tortura ni siquiera había empezado. Farit la tomó con decisión de la cintura y la besó,
pero se separó apenas sintió el rechazo de su ahora esposa.
—¿Qué pasa Luna? —le preguntó intrigado, pero antes de que pudiera responder, Camil
llegó a ellos interrumpiendo la plática. No le convenía que Farit supiera la verdad. Aún no.
El banquete no fue mucho mejor, Luna seguía cabizbaja, contemplando la clase de vida
que tendría desde ahora y solo se vio envuelta en un destino miserable y con desdicha,
sin amor.
Luna miró la gran residencia de la que su esposo era dueño. No había querido hablar en
el auto y ahora que estaban en la recámara, menos.
Farit lo atribuía al nerviosismo, casarse sin conocerse era complicado, pero si los dos se
gustaban como se lo hicieron creer todo iría bien. Se alistó para la noche de bodas.
Mentiría si dijera que no estaba impaciente, su sueño hecho realidad estaba ahí, frente a
él.
Sus expectativas eran altas y esperaba que las de ella también, pero cuando Luna se
exaltó apenas tocó su hombro y lo miró con sus ojos aterrados, se descolocó.
Ella no quería esto, no quería entregarse a un hombre sin amor, entonces Farit lo
entendió, demasiado tarde para su suerte.
—¿Te obligaron a casarte conmigo? —Luna mordió su labio, soltó unas lágrimas y asintió.
No pensaba que él no supiera del engaño, pero su rostro decepcionado le expresaba que
así era.
Al llegar, Camil miró molesta a su hija por arruinar todo, Farit les expresó lo que había
ocurrido exigiendo una explicación.
—Si deshace el matrimonio, la ayuda que nos prometió... —Farit la miró con desprecio al
darse cuenta de que ese era el verdadero objetivo de todo esto y que solo había usado a
Luna.
Desvió la mirada hacia el señor Sandoval, quien se mantuvo en silencio por la vergüenza
que sentía, y no con él o su esposa, sino con su propia hija. Ella no se merecía cargar con
sus problemas, no era justo.
—El trato está roto. —El señor Sandoval se mantuvo firme, sabía que conllevaría esa
decisión, terminarían de embargar la casa y todos sus bienes. Se quedarían en la calle,
literalmente y Luna estaba muy consciente de eso.
Su papá podría recaer de nuevo por su enfermedad, el doctor les había advertido que no
podía tener más preocupaciones. No quería verlo de nuevo postrado sobre una cama.
—Espera... Farit...
Todas las miradas se posaron en ella. Aún con lágrimas en los ojos se paró firme y se
dirigió a su hora esposo.
No podía permitir que su padre perdiera todo. Había tomado una decisión que cambiaría
su vida para siempre, pero no le importaba porque si ella se podía sacrificar, lo haría por
su familia.
—Siempre estuve de acuerdo con la boda, solo me asusté cuando usted... ya sabe... no lo
conozco y preferiría que avanzáramos más despacio.
Farit estaba seguro de que mentía, Luna quería salvar la empresa de su padre y aunque,
no fuera el tipo de hombre que tomara algo a la fuerza, tenía que admitir que aquella
chica lo tenía enamorado.
Desde la primera vez que la conoció en una reunión de sociedad quedó encantado con
ella y es que sus ojos color azul, sus labios carnosos y esa anatomía que a cualquier
hombre volvería loco lo había cautivado duramente.
Capítulo 3: No me toques
Tenía la esperanza de que Luna llegaría amarlo, con dedicación y amor lo conseguiría,
así que aceptó el trato de nuevo.
Farit estaba vestido de negro junto a su hermana. El abogado de la familia estaba dando
a conocer las cláusulas del testamento de su padre después de que este falleciera.
Había dejado la reunión de los CEOs atrás. Ahora lo más importante era saber que
pasaría con ellos, ya que su mamá había muerto hace algunos años y ahora su papá. Se
habían quedado prácticamente solos.
—Como primer punto, para mis hijos Farit y Sol, ellos serán mis herederos universales. —
Citó el abogado—. Tanto mis propiedades como mi cuantiosa suma en los bancos serán
repartidos por partes iguales entre ambos. —Era de esperarse, eran su única familia—. La
empresa Montalvo será manejada por Farit, quien a su corta edad ha demostrado que
tiene la capacidad de manejarla apropiadamente, solo tengo un último mandato, para que
él tome título como el nuevo CEO de la empresa tendrá que contraer matrimonio en
menos de medio año. —Tanto Farit como Sol se miraron entre sí.
—Tu padre estaba preocupado por ustedes, más por ti Farit, sintió que era necesario
ponerte alguna cierta motivación para el puesto. —El chico alzó una ceja, incrédulo.
—Y supuso que obligándome a contraer nupcias con alguien sería la respuesta a todo —
dijo sarcástico.
—Ambos sabemos que la mente de tu padre podría razonar de diferentes formas. Él solo
sabría su razón de ser. —Farit resopló.
Sí, su padre era un gran hombre de negocios, su mente era brillante y valiente a la hora
de arriesgarse, pero lo que nunca había sido era un buen padre, y no podía creer que aun
después de muerto siguiera con su obsesión enfermiza de controlar sus vidas.
—¿Y qué pasa si no lo hago? —El hombre apretó sus labios con tensión y leyó lo
siguiente.
—De no hacer válido mi mandato, ya que sé muy bien que Farit estará renegando ahora
mismo. Tendré que retirar todo mi apoyo anteriormente mencionado y la empresa tanto
los bienes pasaran a manos de Luis Sandoval, mi hermano. —¿Qué? Esto era inaudito.
—Esto no puede ser verdad. —Exclamó Sol parándose en jarra. Mirando como su
hermano, poco a poco se desanimaba ante la noticia.
—Pero aún hay más. Sol, tú no estás expensas a los mandatos de tu padre y también te
da una prologa de 2 años para contraer matrimonio. —La mencionada resopló.
—Eso es una mierda. —Farit la tomó de la mano, tratando de controlar su enojo, aunque
él estuviera igual.
Tenían que pensar con la cabeza, saber qué harían en ese momento, no podía
simplemente negarse a la posibilidad. Podrían hacer otra cosa, imputar el testamento, no
sabía, en ese momento no tenía cabeza para pensar.
—Yo sé que esto es un poco difícil de asimilar, pero si comprendes que es mejor para ti y
tu hermana entenderás que lo que pide tu padre no es tan descabellado. —Carlos tomó
sus cosas y salió de la casa, dejando al par de aludidos con muchas cosas que pensar en
ese momento.
Luna tenía miedo, estaba temerosa de que su papá la dejara y más sabiendo con quién la
dejaría.
Camil no se había presentado durante la mañana. Mucha gente del círculo del trabajo de
Arturo lo había ido a visitar al hospital, él era un hombre honorable y respetable que todo
mundo quería.
Unos más que nada lo hacían por mero compromiso, y eso fue lo que les paso a Farit y
Sol. Sabían la hermandad que tenía el señor Sandoval con su padre y había sido por eso
que habían acudido al hospital esa mañana con un enorme ramo de rosas.
Para todos era un secreto la causa del suceso. Para Camil era algo vergonzoso decir que
no contaban con la solvencia para los gastos médicos.
Fue algo curioso que el abogado de los Montalvo y los Sandoval fuera el mismo, y que sin
querer hubiera mencionado algo de su situación actual.
Farit había visto solo una vez a Arturo, recordó la vez que su padre le prometió que
siempre lo ayudaría y fue otra más de las malditas cláusulas en el testamento de su
padre.
Como fuera ahora se encontraban ahí, a simple vista podía apreciar a Camil, como una
esposa preocupada por la salud de su esposo.
—Gracias por venir, sé lo que pasó con tu padre. —Camil tomó un pedazo de papel
limpiando sus lágrimas.
—¿Conocía a mi padre? Pensé que solo su esposo lo conocía. —Ella asintió aparentando
tristeza. La verdad era que no le importaba en lo absoluto.
—Fue un buen hombre. —Farit se mofó despacio, todo mundo decía lo mismo, estaba
claro que nadie lo había conocido en verdad.
—Espero que su esposo se encuentre mejor. —Ella asintió. Farit prefirió cambiar de tema
—. Me alegro, sé que no me conoce, pero de verdad siento mucho por lo que está
pasando, lamento decirle que tal vez las próximas visitas las hará mi tío Luis, así que fue
un gusto conocernos. —Camil frunció el ceño.
—Por qué mi padre puso sus malditas cláusulas antes de morir. —Sol no se pudo quedar
callada.
—Sol, por favor. No tienes por qué ventilar nuestra situación. —Esta se cruzó de brazos y
soltó un mohín.
Entiendo y supongo que quien sea tu esposa será acreedora a la fortuna Montalvo
también. —Sol asintió.
Camil se quedó pensativa, tal vez estaba ante ella la solución para todos sus problemas.
Y sonrió ante ello.
TIEMPO ACTUAL*
Era difícil y le estaba costando trabajo, pero tenía que ser paciente con Luna, aunque se
muriera de las ganas por tocarla y besarla tenía que ir lento si quería ganarse su
confianza y más adelante su amor.
Porque de algo estaba seguro y era de que no descansaría hasta que su ahora esposa, lo
amara como él lo hacía con ella.
Era absurdo decir que la amaba a pesar de que no se conocían, solo le había bastado
verla una vez, fue amor a primera vista.
Luna era una belleza, su rostro y cuerpo eran un sueño hecho realidad, sin mencionar que
el solo hecho de haber aceptado este trato para ayudar a su padre hablaba del noble
corazón que poseía.
Las cosas estaban yendo lentas, aceptó todas y cada una de sus condiciones. El dormir
en cuartos separado, en no tratar de tocarla o incluso besarla, podía intuir como se
volvería loco al tenerla cerca y no poder hacer nada, sin embargo, cedió a todo para su
comodidad.
Ese día irían a Riverside, había insistido de todas las formas posibles para llevarla de luna
de miel, jurando que no la tocaría, pero fue un "No tengo ganas" lo que recibió como
respuesta.
Ahora tenía que ocuparse de algunos asuntos en la ciudad y mientras él trabajaba, Luna
se quedaría en la residencia que tenía allí.
Creía que si estaban tiempo a solas podía conocerse mejor y con suerte avanzar un poco
en su relación.
Por otro lado, Luna trató de mantener la calma y aparentar que todo estaba bien cuando
en realidad la tristeza la consumía por dentro. Más cuando se enteró a donde viajarían.
Ella debió de ir a Riverside, pero no casada con alguien más, sino a lado de David. No
sabía nada de él después de no haberse presentado en la estación de tren, no sabía si se
había ido o si incluso la odiaba por haber roto su promesa. Deseaba tanto volver a verlo,
pedirle perdón y besarlo.
Lo único que quería era estar junto al hombre que amaba, pero sabía que pedía
demasiado para su cruda realidad.
A pesar de que Farit se estaba comportando como un caballero tarde o temprano iba a
querer consumar su matrimonio. Esa idea la ponía muy nerviosa, ya que no imaginaba a
otro hombre que no fuera David tocando su cuerpo. Suspiró ante su inevitable futuro y
salió de su habitación.
Necesitaba distraerse, respirar aire fresco, el lugar donde estaba era asfixiante, no hacía
nada que solo estar encerrada esperando hasta que Farit regresara.
Era tan desgastante mantenerse así todo el tiempo, no tenía a nadie conocido. Solo
estaba la empleada.
Su nombre era Yuri, la cual se encargaba de cocinar y limpiar, siempre estaba demasiado
ocupada para platicar con ella.
Agradeció cuando Farit le sugirió que fuera de compras al centro comercial. No era la
clase de chica que le gustara ir de tienda en tienda todos los días, despilfarrando el
dinero, lo sentía innecesario, pero no veía otra opción ante su aburrimiento.
Si estuviera en Los ángeles, al menos iría a ver a Jessi, su amiga, para pasar el rato, pero
no, parecía una presa, porque incluso si le había permitido salir siempre sería
acompañada... Farit le asignó un guardaespaldas quien la seguía como perro sabueso a
todos lados, alegando que no le gustaba que estuviera sola.
Capítulo 4: Te atrapé
Caminó por el centro comercial, al menos se distraería viendo las tiendas. La verdad no le
apetecía comprar nada, solo le gustaba observar.
Estuvo a punto de entrar a una tienda cuando su celular empezó a sonar. Un número
desconocido se veía en la pantalla, aun así contestó. Podía ser algo importante.
—¿Luna? —La voz profunda de David sonó del otro lado del parlante provocando que
detuviera sus pies al igual que su corazón.
Por la sorpresa, una enorme sonrisa apareció en su rostro y su corazón comenzó a latir
de manera más acelerada.
—David, mi amor —susurró y escuchó un suspiró al otro lado de la línea. No podía creer
que él estuviera llamándole.
—Pensé que cambiarías tu número de celular. —El chico estaba con un nudo en la
garganta después de enterarse de todo. Quería ir por ella, estuviera donde estuviera y
rescatarla de las garras de aquel idiota.
—David... —Quería decirle tantas cosas. Pero no podía, se sentía sucia, avergonzada por
no luchar por su amor.
—Pequeña, te ves hermosa como siempre. —Luna frunció el ceño y volteó para todas
partes para saber desde donde la estaba observando. La emoción que sintió al pensar
que David pudiera estar ahí la hizo olvidarse de un pequeño detalle—. No voltees, el
hombre a tu lado te ve raro... —La rubia paró acción y miró de soslayo a Kang—. ¿Él
es...? —Sus palabras se quedaron en el aire.
—Yo igual, nena... tengo muchas ganas de besarte y abrazarte, pero con tu
guardaespaldas no creo que eso sea posible. —La voz de David se escuchó decaída.
Luna se mordió el labio, mantenía distancia prudente para que Kang no pudiera escuchar
nada. Lo pensó por unos minutos y asintió con un semblante expectante. Se le había
ocurrido un plan y esperaba que funcionara.
Caminó con prisa hacia la tienda de ropa más cercana y tomó varias prendas dirigiéndose
hasta los vestidores. Kang iba detrás de ella como mosca. Antes de entrar en uno de los
cubículos se giró y lo miró seria.
—¿Al menos puedo probarme la ropa sin que me vigiles? —dijo molesta. El hombre la
miró con ojos cansados y asintió caminando hacia otra parte de la tienda. Odiaba su
trabajo.
Luna sonrió cuando su plan funcionó, ser bajita y menuda le ayudó a camuflarse por los
estárteres y salir de la tienda sin ver vista e ir directo a donde David la esperaba.
A pesar de que nada había salido como planearon, Luna necesitaba saber que aún podía
contar con él. Ella lo amaba mucho más de lo que él realmente imaginaba y estar en ese
momento, ahí, infraganti para que no los vieran juntos, le dolía en el alma.
—Necesito que tú sepas que... —David cerró los labios de Luna con su dedo y asintió. Él
sabía todo, la razón de porque lo había dejado plantado en la estación de tren—. Mi
mamá nos descubrió y me obligó a casarme antes. —Luna debía decirle, quería que
supiera la verdad. David pegó su frente con la suya, cerró los ojos, al menos quería sentir
ese efímero pero hermoso momento suyo. Porque sabía que no duraría lo suficiente.
—Ahora le perteneces a él. —Sus palabras salieron dolidas. Le pesaba tanto no haber
podido luchar por su amor. Ahora nada le quedaba, solo él recuerdo de lo que habían
sido.
—¿Ahora te agrada? —El castaño se alejó de ella mirándola receloso. No podía creer lo
que le decía, más bien le dolía pensar que ella podría ver algo bueno en él hombre que la
obligó a casarse a la fuerza.
—Claro que no, yo solo te amo a ti, ¿me crees? —Luna no quería que David creyera que
le gustaba Farit. Aunque él fuera decente y atractivo, no lo amaba como lo amaba a él. Y
sabía que jamás lo haría.
—Si es así, entonces escápate conmigo. —Colin la miró decidido. Esperando que
aceptara en ese momento, sin ninguna duda.
No había nada que deseara más en la vida que estar con él, pero Luna comprendía que
no era prudente y menos en la situación en la que se encontraba.
En el primer momento, después de que huyera, Farit retiraría cualquier ayuda hacia su
padre. No podía permitir que eso pasara.
—No puedo, no ahora. Mi padre necesita la ayuda de Farit, yo... —le dijo suplicante—.
¿Puedes esperarme? —Esperaba que aceptara, no lo quería perder. Pero tampoco podía
a obligarlo a esperar por ella.
David tomó a Luna por la cintura y juntó sus cuerpos besándola de nuevo, no podía
decirle que no, cuando su vida no era nada si no estaba junto a ella.
Aceptó aun sabiendo que sus encuentros serían limitados y efímeros, solo con la ilusión
de que algún día podrían estar juntos.
Esa tarde regresó a casa un poco más feliz que cuando se casó, y la única persona que la
hacía sentir así era David, se prometió a sí misma que aguantaría.
Que soportaría todo para algún día no muy lejano pudieran estar juntos. Ayudaría a su
padre a levantar la empresa, se posicionaría de nuevo entre las mejores y cuando al fin lo
lograra, dejaría a Farit para ser feliz a lado de su amado David.
No había querido comer, no tenía apetito, y menos al saber que tenía que compartir la
mesa con su esposo tirano.
Aunque la llenara de regalos y obsequios, ella jamás lo vería como algo más que no fuera
el hombre que la alejó del amor de su vida.
Esa noche Farit había entrado a su habitación. Luna se había hecho la dormida, no tenía
ánimo de hablar con él. Casi todas las noches iba y la veía dormir y con la misma salía de
nuevo de su habitación. Ese día creyó que así sería, pero no fue así.
Farit se acercó a ella y la miró directo contemplando su rostro, el cual para él era el más
angelical que había visto jamás.
Quiso acariciarla, pero se detuvo, temeroso a que se despertara y que Luna pudiera
malinterpretar la situación. Tomó la sabana para taparla un poco mejor y salir de ahí.
Luna abrió sus ojos, expectante de lo que había pasado en ese momento. Farit actuaba
raro en ocasiones, pero no creía que pudiera tener consideración de nadie ni menos que
pudiera sentir algo por ella.
En su mente solo se decía una cosa, una cosa que David le hizo entender. Farit actuaba
dulce y compresivo porque quería ganarse su confianza y después abusar de ella.
Eso no lo iba a permitir. Rápidamente salió de la cama y fue hasta la puerta donde cerró
con seguro, para asegurarse de que no volviera a entrar por el resto de la noche.
Los días fueron pasando mientras Luna se veía a escondidas con David cada vez que iba
al centro comercial y se escapaba de Kang.
Después de cada encuentro regresaba como si nada, esperando que su esposo llegara.
Farit siempre llegaba con algún obsequio, como joyas o flores para ella después de un
largo día de trabajo.
Era atento, amable y la trataba como reina, sin un atisbo de querer más que solo verla
sonreír.
Luna seguía pensando que no era tan bueno como le quería hacer creer, a pesar de todo
no tenía queja alguna ante eso. Incluso seguían durmiendo en habitaciones separadas
hasta que Luna estuviera lista para dar el gran paso.
Ella lo sentía como una tortura lenta, algo que le causaba escalofríos, pero que sabía que
eventualmente pasaría y no sabía cómo le diría a David que se entregaría a otro hombre
que no era él. Ni siquiera podía conciliar la idea.
Farit empezó a percibir a Luna más decaída. Ella tuvo que empezar actuar para que no se
diera cuenta de que ver a David la mantenía de buen humor y feliz.
Farit creía que esa felicidad era creada porque al fin lo estaba aceptando como pareja. No
podía estar más fuera de la realidad.
Farit tenía alguna idea de por qué tal vez Luna había pasado de estar feliz a un poco
triste.
La monotonía, el quedarse encerrada todo el día sin que nadie conocido la acompañara,
estaba formando aquella tristeza en sus ojos.
De verdad quería pensar que era ese el motivo y no el hecho de estar casada con él,
porque quería creer que Luna podía amarlo tarde o temprano, y no sé iba a dar por
vencido.
Jamás le pasó por la cabeza que su querida esposa estuviera viéndose a escondidas con
otro hombre y menos que este se tratara de su antiguo novio. Farit no sabía nada de
David, el chico era totalmente indiferente e invisible ante Montalvo.
Actuando de buena fe se le ocurrió una maravillosa idea y a así llamó a Camil, la enemiga
más grande de Luna. Su propia progenitora.
Ella miró a su madre cuando Farit le dio la noticia. No podía verla sin recordar lo que le
había hecho, como le causó el dolor más grande en su vida. Como la había obligado a
casarse con alguien que no quería.
Camil le dedicó una sonrisa hipócrita, tenía que aparentar frente a su yerno o pensaría
mal de ella.
Estaba maravillada con la casa, la arquitectura, los acabados, el lujoso diseño, bueno en
realidad estaba entusiasmada de sacarle mucho provecho al viaje. Pronto se instaló en
una de las recámaras de huéspedes, la cual estaba igual de linda que el resto de la casa.
Parecía no tener un límite con ella misma, no le costaba gastar siempre y cuando pagara
con la tarjeta de crédito de Farit. Estaba maravillada, se pagaba así misma por ser niñera
de su tonta hija.
No se pudo negar aún que le fastidiara ver a Luna con su cara de, “soy la más desdichada
del mundo”, siempre haciéndose la mártir, la que merecía la luna y las estrellas sin
esfuerzo alguno.
Ahora le daba una lección, para que se diera cuenta de que todas las buenas cosas
tenían un precio, pero algo curioso noto a su llegada, algo que llamó en seguida si
atención.
Luna había estado actuando de manera extraña y su curiosidad floreció. Esa niña de por
sí era extraña, pero le habían bastado dieciocho años para poder saber que algo no
andaba bien ahí.
Kang aceptó, ya que le daba menos trabajo y porque las últimas semanas siempre había
actuado así y no había pasado ningún incidente. Se quedó acompañando a la señora
Sandoval.
Lo que Luna no sabía era que su madre estaba sospechando de ella, desde su llegada.
Camil no podía creer lo tonta que era su hija para no darse cuenta de que ella no le creía
nada de lo que decía.
Dejó que se fuera sin problemas, esperó por unos minutos y después la siguió
encontrando a su hija de nuevo con ese tipo bueno para nada.
Capítulo 5: Escapar
La sangre se le subió a la cabeza, furiosa, ¿Qué no pensaba acaso? Se preguntó. Luna
no se daba cuenta de que si seguía con sus estúpidos encuentro arruinaría sus planes.
Si Farit se enteraba de su aventura no sabía qué cosas sería capaz de hacer, pero no era
difícil imaginar lo que un hombre herido haría.
No sintió culpa alguna cuando su imaginación despertó de como Farit podría hacerla
pagar por esto. Entonces una idea pasó por su mente malévola y sonrió.
Todo podría salir a su favor si lo planeaba muy bien, así que no enfrentó a Luna ni al
muerto de hambre de David en ese momento.
Regresó a su mesa como si nada hubiera pasado y esperó pacientemente a que su hija
regresara. Actuó totalmente normal hasta que regresaron a casa para la cena.
La cena había pasado entre charlas banales, Farit era muy ocurrente. Luna lo observó por
un momento pensando en que tal vez lo estaba juzgando mal desde un principio.
Aceptando que cualquier mujer caería perdidamente enamorada de él con solo verlo,
menos ella, claro estaba.
Tenía la idea de que él merecía alguien que de verdad pudiera corresponder su amor.
Luna subió a su habitación donde se dio una ducha y se puso ropa cómoda, en realidad
hacía calor, era un verano caluroso, lo cual ponía en duda la reacción que tuvo hace un
momento por el beso de Farit, no quiso pensar mucho en ese insignificante detalle.
Esa noche solo llevaba puesto unos shorts y una pequeña blusa de tirantes de una suave
tela de seda, estaba a punto de irse a la cama cuando abrieron de manera estrepitosa la
puerta de la habitación.
Luna se sintió asustada y cohibida ante su mirada, estaba vestida de una forma nada
apropiada, pero eso no le importó cuando Farit se acercó a ella y la tomó de las muñecas
de manera brusca. No entendía qué estaba pasando.
—¿Dime quien jodidos es David Colin? —Luna abrió los ojos, petrificada. ¿Cómo lo
sabía? ¿Quién se lo dijo? ¿Kang se había podido dar cuenta de algo?—. ¡Contesta! —
gritó exigiendo una respuesta, mientras la tomó de los hombros y la sacudió con
brusquedad.
—Yo...
—Sé perfectamente que este matrimonio es arreglado, pero no voy a permitir que me
veas la cara de idiota y me engañes con otro hombre. —Jamás había visto a Farit tan
furioso, con sus ojos inyectados de rabia.
Era como si fuera otro hombre. Fue tanta la sorpresa que no supo qué decir, se había
quedado muda.
—Farit yo te juro...
El azabache la soltó y giró sobre sus talones, de verdad quería calmar ese fuego interno
que lo consumía por culpa de los celos, pero no pudo al imaginar que alguien pudiera
gozar de lo que Luna le negaba.
Montalvo hizo oídos sordos quitándose la camisa, ni el mismo entendía que estaba
haciendo. La rubia se tensó sintiendo el miedo recorrer su cuerpo.
Temerosa a su respuesta y dio un paso hacia atrás. Farit la tomó con fuerza y la empujó a
la cama sin delicadeza.
Los ojos de Luna se llenaron de lágrimas tratando de huir, pero su esposo fue más veloz,
aprisionando su cuerpo contra el colchón.
Ella sabía que iba a hacer y negó, suplicante. No podía tomarla y menos de esa forma.
—Espero que tu amante no te haya dejado cansada porque ahora tomaré lo que por
derecho es mío...
La pobre chica se hizo un ovillo sobre su cama mientras sus lágrimas seguían saliendo
sin parar y se mordía el labio con desesperación.
No había podido dormir en toda la noche después de que casi Farit la tomara a la fuerza.
Todo su cuerpo se estremeció sin entender de qué manera lo hacía.
Había sido una noche horrenda, sin embargo, algo más sentía al recordarlo, algo que no
podía estar sintiendo.
Se sentía sucia y enojada con él por tratar de violarla, por violentada de esa forma tan
ruda, sin embargo, también se sentía extraña por como su cuerpo había reaccionado a
cada estímulo que le dio sin que ella hubiera querido.
¿Estaba bien? No lo sabía, lo único que si sabía era que estaba confundida porque jamás
sintió nada igual, ni siquiera con David y no sabía qué pensar al respecto. El encierro la
estaba volviendo loca.
—¡Hazlo! —Recordó lo que le dijo ese momento. Gritó con lágrimas en los ojos, estaba
asustada, sin embargo, aún le quedaba valor. El poco que tenía—. Solo estaré pensando
en David cuando me estés tocando y besando, solo en él. —le dijo con enojo mientras
Farit se encontraba sobre ella, mirándola con sus ojos furiosos.
Jamás lo había visto así, pero le alegraba estar viendo su verdadera cara, su verdadero
yo y no uno que solo pretendía ser.
El azabache paró toda acción apretando las muñecas de Luna sobre la cama, arriba de su
cabeza, mientras tomaba fuertemente su mandíbula con la otra mano.
La deseaba con toda el alma y tenerla así, tan expuesta debajo de él, semidesnuda lo
ponía como nada en el mundo, pero cuando escuchó sus palabras todo eso se esfumó.
No podía tomarla cuando ella solo pensaría en ese imbécil, cuando no quería y menos lo
amaba.
¿Qué estaba haciendo? Se fijó en sus ojos, enmendaban puro temor. Estaba haciendo
mal, estaba actuando mal, así no era la forma de tratar los problemas. Sacudió su cabeza
entrando en razón o al menos eso se obligó a hacer.
Se levantó de la cama y liberó el cuerpo de Luna mirándola con frustración y culpa, se dio
media vuelta sin decir nada y salió de la habitación dando zancadas.
La había cargado. Ahora lo único que quería ella, era no volverlo a verlo nunca en su vida.
Qué equivocada estuvo cuando pensó que él podía llegar hacer un hombre honorable. No
soportaría más estar en ese lugar, no quería ser más la esposa de Farit Montalvo.
Después del terror al cual fue sometida, se la pasó despierta el resto de la noche, aun con
el temor de que volviera y le hiciera algo. Ahora no solo lo odiaba sino que también le
temía. ¿Qué haría?
Quería tranquilizarse, quería olvidar, pero lo que le había dicho Camil aparecía una y otra
vez en su mente como un disco rayado.
En cómo le había enseñado las fotos que ella misma tomó en aquel centro comercial,
mientras Luna se veía a escondidas con aquel bastardo.
No pudo más y en un arranque aún más furioso tiró al suelo todo lo que estaba sobre él.
No le importó nada, solo quería olvidarse de todo lo que estaba sucediendo. No quería
odiarse a sí mismo por actuar de una manera tan irracional.
¿Cómo había tratado de tomarla a la fuerza? Se desconoció. Era un desastre, y ahora
sabía que Luna lo odiaría aún más que antes, simplemente no sabía cómo solucionar su
error.
Se sentó en la orilla de la cama y tomó su cabeza entre sus manos, pensando en que
podría hacer para que Luna fuera solo de él. Que ella lo amara por decisión propia, a él y
a nadie más. Estaba perdido, no sabía qué hacer.
Al otro día la madre de Luna la miró de forma curiosa, casi burlesca cuando bajó al
comedor, tratando de no levantar demasiado la comisura de sus labios y formar la gran
sonrisa que tenía escondida.
Tal vez a la mala, su hija podría aprender que no debía desobedecer sus órdenes.
Actuó como si nada hubiera pasado. Para ella no existía la empatía. Si su hija había
sufrido era por que en verdad se lo merecía.
Luna ni siquiera tenía idea de que Camil había sido la persona que le dijo a Farit de su
engaño.
Desde hace mucho tiempo atrás, ella le había prohibido a su hija mantener alguna
relación con ese hombre que no poseía dinero ni distinción social.
Un muerto de hambre que no le podía ofrecer nada a Luna, ni a su familia. Hasta ese
momento se enteraba de todas las cosas que había hecho para verlo a escondidas.
Incluso lo había llevado a las vacaciones de familia con ayuda de su sobrino. Su hija era
caprichosa, aun estuviera casada se empecinaba a verlo infraganti, eso no estaba bien.
Ante los ojos de Dios, eso era un gran pecado. Por eso no le importó lo que Demian le
hubiera hecho, pues para ella era algo que tenía bien merecido.
Ya no podía más, era una desesperación que cada vez la ahogaba en un pozo negro.
Necesitaba ver a David, que la abrazara, que la consolara diciéndole que todo iba a estar
bien, que la sacaría de ese lugar.
Sentía que en cualquier momento iba a explotar de impotencia, entonces una idea surgió
en su mente. No sabía si era la precisión del momento, solo sabía que no podía estar más
ahí o se volvería loca.
—¿Cómo dormiste Cariño? —Camil preguntó como si nada hubiera pasado y Luna solo
pudo dedicarle una mirada desolada sin responder.
Sabía perfectamente que su mamá estaba enterada de lo que había sucedido a noche.
Sus gritos fueron lo bastante fuertes para que ella los escuchara, pero no hizo nada al
respecto.
No le importó que su hija fuera casi violada por Farit y se preguntó ¿por qué? Por qué su
propia madre le tenía tanto odio, no lo entendía.
Le dolía demasiado la indiferencia que presentaba ante su dolor, era su madre, pero no lo
parecía.
—Disculpa...
Pensó en las posibilidades, en los pros y contras, entendía que estaba poniendo todo en
riesgo, pero no veía otra salida. Tomó el teléfono y marcó un número, era ahora o nunca.
—David, no puedo más. Quiero escapar contigo. —Su voz sonó suplicante, no podía estar
un minuto más en ese lugar junto a ese hombre que odiaba y despreciaba con toda su
alma.
Desafortunadamente, lo que Luna no sabía era quién estaba escuchando todo, del otro
lado de la línea, y tal vez sus planes se verían frustrados nuevamente.
Capítulo 6: La muerte
Farit estaba sentado en su escritorio, mirando la computadora perdidamente. Llevaba así
por lo menos unos veinte minutos, o la mañana entera.
Aún tratara de concentrarse en su trabajo le era imposible. Las palabras y los sollozos de
Luna los tenía incrustados en su mente.
Ese día ni siquiera se había esperado al desayuno, estaba tan avergonzado que no sabía
cómo debía pedir perdón.
Lo poco que había avanzado en la lucha por ganarse su amor se había ido por la borda,
estaba seguro. Todo era culpa del el hombre que su esposa amaba, ese tal David que se
estaba interfiriendo en sus asuntos.
A veces sus celos podían sacar lo peor de él y lo que había ocurrido anoche era un gran y
catastrófico ejemplo de eso.
Pero estaba arrepentido, de verdad lo estaba y si pudiera regresar el tiempo lo haría, sin
embargo, ya era tarde. Ahora tenía que hacer algo para que Luna lo perdonara porque a
pesar de todo no la quería perder.
La amaba demasiado para perderla por un error así. Pensaría en algo, tal vez más joyas,
ropa, dinero, obsequios, lo que fuera necesario para que lo perdonara. Había solo un
pequeño detalle en su plan.
Luna no era esa clase de chica, a ella no le interesaban los lujos o casas caras. Ella
mantenía un buen corazón, uno dulce y sincero.
Se había casado con él para ayudar a su padre. Sabía que sería muy difícil que lo
aceptara y después de lo que había pasado tal vez jamás lo llegaría hacer.
Eran pasadas las 3:00 p.m. cuando Luna había preparado una maleta pequeña sobre la
cama. Se llevaría lo esencial, lo que quería en ese momento era escapar ya.
Esperaría a que su mamá saliera como todos los días al centro comercial y ella le diría
que se sentía mal para poder acompañarla.
Así saldría hacia el departamento de David donde él la estaría esperando. El plan parecía
no tener ninguna falla. Estaba nerviosa, pero nada ni nadie la haría retroceder, estaba
más que decidida a no volver a ese lugar.
El momento llegó, Camil se fue junto con Kang y ella no perdió tiempo saliendo a
hurtadillas de la casa, sin nadie, ni siquiera la domestica se daría cuenta de su huida.
Luna sacó las llaves que le había dado su amante unos días antes por si alguna situación
como esa se llegara a presentar.
Jamás imaginó que esa situación se presentaría tan rápido. Al hacerlo se llenó de
incertidumbre al no en centrarlo en el lugar.
Frunció el ceño, extraña, mirando sobre la mesa una nota que decía que no se
preocupara que regresaría pronto.
En ese instante una gran opresión se hizo presente en su pecho. No le gustó para nada lo
que estaba sintiendo en ese momento. Quería que su David regresara lo más pronto
posible.
Pero por desgracia él nunca llegó. Pasaron las horas, horas donde Luna lo llamó un sin fin
de veces y le mandó una tonelada de mensajes sin responder. Se sentía desesperada por
no saber de él. La incertidumbre la estaba matando.
En su cabeza solo pensaba lo peor, lo cual no la tranquilizaba. No podía quedarse ahí sin
hacer nada, necesitaba hacer algo, así que decidió ir a buscarlo.
No sabía dónde, simplemente lo haría. Sin embargo, el destino le tenía deparada otra
cosa en ese momento, ya que, cuando abrió la puerta se encontró con el rostro furioso de
Farit y entonces todos sus miedos se hicieron realidad.
Sus ojos se abrieron como plato al ver el semblante de su esposo, ese semblante furioso
y arrogante, era el mismo de la noche anterior y no pudo evitar que su cuerpo se helara
de miedo.
—F-Farit ¿Qué haces aquí? —Luna preguntó con la guardia en alto. No podía creer que
estuviera ahí. ¿Cómo se había enterado de su huida? No tenía sentido para ella.
—Es lo mismo que te pregunto a ti. —Ladeó su cabeza tratando de tranquilizarse. Dios
sabía cuánto estaba luchando con sus impulsos de querer hacer algo que sabía que
después se arrepentiría—. ¿Esperando a tu amante? —Pero fue imposible, sus palabras
salieron venenosas y se acercó un poco más a ella—. Eres una...
—¡No te atrevas a tocarme! —le exigió asustada, pero Farit hizo caso omiso a sus
palabras y la tomó de los brazos con brusquedad. ¿A caso lo creía un maldito chiste?
¿Eso era para ella?
—Te llevaré de regreso y no hay nada que puedas hacer al respecto. —Luna forcejeo.
No quería irse con él. Montalvo era más fuerte y la tomó de los pies, cargándola como un
saco de papas mientras ella gritaba.
Pataleaba y lo golpeó en la espalda con sus pequeños puños que no le hacían más que
cosquillas.
Sin importar sus súplicas y llantos. Ella quería verlo como el villano, pues le daría el gusto
y lo sería al fin.
No quería que le hiciera daño, por un momento pensó en suplicar, pero eso sería perder
demasiado la dignidad ante él. Cuando lo vio tan decidió, al menos trató de mirarlo
suplicante con sus ojos acuosos.
—Tenía que imaginar que algo así pasaría, eres una cualquiera que se acuesta con su
amante y ahora... me quieres dejar —Farit le reclamó mientras la mantenía entre sus
brazos.
Luna era demasiado orgullosa para quedarse callada y dejar que le hablara de esa forma,
sin importar el miedo que le tuviera no iba a permitir que la tratara como una cualquiera.
Se estaba aferrando a la poca valentía que pensaba que tenía, era eso, o derrumbarse
por completo ante sus pies y eso jamás pasaría.
—¡Si! —exclamó con fuerza, con su rostro a centímetros de el de Farit y con su cuerpo
tembloroso. Lo miró con una mezcla de valentía y miedo—. Lo hice porque no te amo, a
quien amo es a David, él es el amor de mi vida, con quien quiero estar y tú... —Lo miró
con desprecio, no quería ser tan dura, pero al verlo era lo único que le provocaba—. Solo
me das asco.
Farit no pudo más, fue víctima de sus impulsos y la besó con brusquedad mordiendo sus
labios para que abriera la boca y pudiera meter su lengua.
No le importaron los golpes que le estaba dando, la tomó fuerte de las muñecas mientras
la seguía besando a la fuerza y sin compasión alguna.
—Eres un maldito... —dijo Luna empujándolo con rabia cuando pudo separarse solo un
poco de su cuerpo, pero Farit hizo más fuerte el agarre, soportando como ella lo miraba
con recelo y ¿asco? No quería admitir que le dolía, pero así lo era.
—Déjame decirte algo, mientras yo viva tú jamás podrás dejarme, eso te lo juro. —La
soltó limpiando el beso. Lo había sentido tan amargo, sin nada más que solo desprecio de
su parte. Ella pensaba que no tenía corazón sin saber, qué actuaba de esa forma porque
le dolía lo que le había hecho—. Dile adiós a tu amante, en este momento debe estar de
camino a la morgue.
La miró serio, tarde o temprano se enteraría de lo que había pasado, era mejor que se
hiciera a la idea desde ese momento.
La temperatura del cuerpo de Luna empezó a descender cuando las palabras de Farit
llegaron sus oídos.
Abrió sus ojos en demasía, y lo miró escéptica, eso no podía ser posible. Nuevas lágrimas
empezaron a formarse y negó, eso no podía ser verdad, no su David.
Endureció su semblante, no quería admitir que le afectaba verla dolida por ese hombre.
¿Cómo podía amarlo como lo hacía? Entonces Luna supo que era verdad, no vio una sola
duda en su mirada, así que no mentía.
Para su desgracia no lo hacía. Así que se derrumbó sobre el suelo, no tenía más fuerzas
para sostenerse después de saber aquella noticia.
¿Qué le había pasado a su David? ¿Cómo había podido terminar de esa manera?
Quería preguntar, pero también sabía que al hacerlo se tomaría con una gran pared, fría y
desinteresada por su sufrimiento, así que se ahorró sus palabras.
Capítulo 7: Después de ti
Unas horas antes*
David aún no podía creer que su hermosa chica hubiera decidido por fin escaparse con él.
Cuando le dio la noticia no pudo contener su alegría, era lo que tanto había esperado.
La amaba con toda su alma, con cada célula de su cuerpo, con cada suspiro de su amor,
que haría cualquier cosa por ella.
No podía ver su futuro sin Luna a su lado, ni siquiera podía ver su día sin el efímero
momento que compartían todos los días, pero por fin eso había llegado a su fin porque se
tendrían el uno al otro sin tener que esconderse de nadie.
Le emocionó tanto el panorama que veía a la distancia. Los dos juntos para toda la vida,
sin más obstáculos. Soltó un suspiro de añoranza. Pensando en lo feliz que haría a su
bella Luna.
Estaba todo arreglado, se irían a un pueblo cerca de la costa y con los ahorros que tenía
podían sobrevivir mientras él encontrara trabajo.
No le importaba que tendría que hacer para que ella estuviera bien. Se esforzaría para
que nada le faltara a su pequeña.
Esperaba impaciente en su apartamento a que ella llegara cuando una llamada entró a su
celular, era Marina, su amiga de la infancia.
La consideraba como una hermana, desde pequeño habían compartido muchas cosas y
ahora que había regresado a la ciudad volvieron a reencontrarse, recordando cuando
David la defendía de los bravucones de la escuela.
Fue por eso que al responderle lo hizo feliz, quería contarle lo que estaba pasando con él
y Luna, de la cual le había hablado en muchas ocasiones, pero al escucharla a ella se
preocupó.
—¡Lo maté David! ¡Lo maté...! —David busco rápidamente sus llaves y salió de su
apartamento.
—David, él... Él quiso violarme —dijo entre sollozos y el castaño movió rápidamente sus
ojos, para divisar sobre su hombro el cuerpo de un hombre con una gran herida en su
pecho.
En seguida lo reconoció como Mino, el exnovio de Marina. Joder, todo se veía muy mal.
Se separó de ella y la miró atento. Su amiga se veía des consolable y más que eso
aterrada, estaba totalmente en shock con sus manos llenas de sangre.
Se acercó a él revisándole el pulso del chico, de verdad quería tener la esperanza de que
pudiera estar vivo, pero no fue así y cerró sus ojos cuando no hubo ninguno signo vital.
Efectivamente, estaba muerto.
—¡Lo maté, carajo! —Marina tomó su cabello con desesperación y empezó a llorar sin
control—. David no quiero ir a la cárcel, ¿quién cuidará de Nina? Ayúdame amigo, te lo
suplico. —David no quería que le pasara nada a su amiga, la apreciaba demasiado para
permitirlo, además de que tenía una niña pequeña que necesitaba a su madre.
El castaño sopesó un poco la situación. La verdad lo pensó mucho antes de tomarla entre
sus brazos y abrazarla como consuelo.
—Escúchame, no voy a permitir que nada te pase, ¿entiendes? —La miró atento—. Vete.
—La peli-roja frunció el ceño y negó. ¿Qué estaba diciendo?—. Toma tus cosas y yo me
quedaré aquí a solucionar este problema.
Marina negó de nuevo. No podía irse y dejarlo con su problema. No era justo, David no
tenía que cargar con todo.
—Nada me pasará, te lo prometo. Por favor vete ya. —La tomó de la mano y la miró
seguro para que no dudará en irse.
No quería, pero hizo lo que le pidió. Nada convencida de dejarlo solo, sin embargo, solo
una cosa la motivó a hacerlo.
Tenía que pensar en su hija y no tuvo otra opción. David se incoó a un lado del cuerpo de
Mino después de ver como Miranda se marchó y tomó entre sus manos el cuchillo que
estaba incrustado en su pecho.
Estaba pensando rápidamente en algo para que su amiga no saliera perjudicada de todo
esto. No sabía que iba a hacer, tenía que actuar ya.
Tal vez podía alegar defensa propia, algo tenía que hacer. No obstante en ese momento
una mujer, vecina de Mino entró a la casa mirando con horror la escena frente a ella.
Soltó un grito aterrador y salió corriendo de allí al mirar al supuesto asesino. David trató
de explicarle, sin embargo, ya era tarde, la mujer llamó a unos policías que casualmente
transitaban por el lugar.
Colin entró en pánico cuando toda esa situación se le estaba saliendo de las manos. Él no
había hecho nada, pero todo lo inculpaba, hasta el punto de sentirse en un callejón sin
salida.
Soltó el arma y trató de huir por la parte trasera de la casa, no podía ir a prisión. Luna lo
esperaba en su departamento para irse juntos, para ser felices al fin, pero nada de eso
fue posible cuando sintió algo caliente explotar en su interior.
Sus pasos poco a poco se detuvieron y no lo supo hasta que tocó su pecho, viendo la
sangre que salía de ese lugar. No sintió absolutamente nada, ni siquiera dolor solo un
desvanecimiento incontrolable.
Cayó sobre el asfalto estrepitosamente y miró al cielo. Sabía que estaba pasando, estaba
muriendo, lo habían herido. Pero en su mente solo tenía la imagen de la única persona
que le hubiera gustado ver antes de morir.
—Luna... —musitó el nombre de su amada siendo arrasado por una total oscuridad.
Luna pasó los siguientes días sumergida en depresión, nada la consolaba, nada podía
regresarle a su amado, y eso le dolía más que mil dagas clavadas en su pecho.
No salía de su habitación y apenas comía, era como si estuviera muerta en vida. Una
pena que sabía jamás iba a superar.
Todos los días recordaba a David, la última vez que se vieron, que se hablaron, que se
besaron y al hacerlo era cada vez más tortuosa.
Al principio aún tenía la duda de si Farit le había dicho la verdad, aunque todo parecía que
sí. Hubiera preferido mil veces que todo hubiese sido mentira.
Rezó cada noche por un milagro, incluso juró renunciar a él si así lo traían de vuelta, pero
nada paso. Su madre se lo dijo con la menor delicadeza posible, le confirmó el deceso de
David.
En ese momento ya todo estaba perdido, inclusos sus esperanzas. No volvería a ver al
amor de su vida nunca más y le dolía en el alma.
Más que eso era como una tortura perpetua, se culpaba incluso por haberlo perdido de
una manera tan trágica. David no era malo, solo se había enamorado de la persona
equivocada, en el momento equivocado.
Luna no quería saber de nadie, nada le importaba, ya que David no estaba, solo quería
permanecer allí hasta que muriera de tanto llorar, o tal vez de inanición, le daba igual.
No comprendía como había sido capaz de matar a alguien. Escuchó a su mamá decir que
lo habían matado al escapar de la escena de un crimen, lo cual no le parecía lógico.
¿Con qué fin? Si se supone que iban a escapar, porque ir hasta ese lugar. Algo no
cuadraba bien, algo le decía que David había sido víctima de algo o alguien.
Ella estaba convencida de que él era el hombre más puro sobre la faz de la tierra, a
diferencia de Farit, por quien no podía sentir más que desprecio.
Él era un hombre malo ante sus ojos, solo quería verla sufrir, y ahora que estaba
destrozada e infeliz esperaba que Farit estuviera satisfecho.
Montalvo trató se disculparse de mil formas posibles, pero nada sirvió, entendía muy bien
que no tenía justificación ante sus actos y su forma de actuar al saber que Luna se iba a ir
con ese hombre. Aún lo recordaba y se ponía furioso.
La realidad era que no sabía que había pasado exactamente con David, todo había sido
tan confuso.
Él solo fue por Luna con la dirección que le dio Camil cuando le dijo que su hija huirá con
otro hombre, lo demás ocurrió de una forma extraña, como si el destino hubiera actuado a
su favor, pero Luna no quería volver a verlo, de eso no había duda.
Aunque sabía que eso sería imposible de lograr, Farit no le daría el divorcio y tampoco
dejarían de vivir juntos, al menos lucharía por mantenerse alejada de él.
Si quería conservarla como un simple trofeo, con la seguridad de que no sería de nadie, ni
siquiera de él, estaba dispuesta a aceptarlo hasta que su padre pudiera progresar
nuevamente. Sería fuerte porque ahora era lo único que le quedaba.
Unas semanas después regresaron a Los Ángeles, Farit había terminado con los
negocios que le impedían volver, tenía la idea que tal vez con los nuevos aires, algo
cambiaría o al menos tenía un poco de esperanza.
La amiga de la rubia le hacía mucha compañía en días de depresión, era la única que le
subía el ánimo y la única que Farit permitía que viera.
Eventualmente volvió a sonreír un poco, no era fácil olvidarse de David, y del todo el amor
que se tenían. Ella seguía tan enamorada como la primera vez que lo vio.
Siempre lo llevaría en su corazón, pero tenía que seguir con su vida o al menos tratar de
hacerlo aunque le doliera con cada día que pasaba, con cada recuerdo que guardaba en
su memoria y sobre todo en su corazón.
Más semanas fueron transcurriendo, agradeció que su madre regresara con su papá
dejándola en paz, ya no la soportaba y más cuando lo único que hacía era reprocharle
todo lo que había tratado de hacer.
En cómo pudo haber puesto en peligro el bienestar de la empresa familiar y que era una
suerte que David tuviera su merecido al final de todo. Su madre jamás había sabido el
significado de empatía.
Camil solo le recordaba a cada momento lo afortunada que había sido al ser perdonada
por su esposo, en como Farit fue lo suficientemente indulgente para olvidar su falta y
querer seguir casada con ella.
Luna no creía lo mismo, estaba en una cárcel, en un verdadero infierno y a nadie parecía
importarle, ni siquiera a su propia madre.
Capítulo 8: Cena
La vida con Farit no había cambiado en absoluto. Se la pasaban en total silencio durante
la cena, no comentaban nada, no se preguntaban nada, prácticamente eran dos
desconocidos que vivían juntos, es más, ni siquiera se atrevían a mirarse a los ojos.
Al contrario de ella, Farit si quería conversar, quería saber de su esposa, saber lo que
pensaba, lo que sentía y quería. No quería ser más duro, pero no sabía cómo acercarse a
ella. Parecía que se encontraba con un muro enorme y frío.
Por más que trataba de acercársele no lograba nada. Era muy orgullosa e incluso estaba
casi seguro de que lo culpaba por la muerte de su amante. Y no estaba tan alejado de la
realidad.
Ese día, mientras Luna estaba en su habitación, el azabache entró sin tocar, era su casa,
así que pensó que no necesitaba permiso alguno para transitar por donde se le diera la
regalada gana. Acto que enfureció a Luna y con mucha razón, no tenía derecho con ella.
Farit iba en plan neutral, realmente no lo había hecho para molestarla o algo parecido.
Solo quería conversar después de mucho tiempo de no hacerlo.
Aunque ese día no estaba de humor para soportar sus desplantes. Estaba claro que una
sola grosería de su parte haría que sacara lo peor de él y eso era un arma de doble filo.
—Ponte esto. —Colocó un hermoso vestido de color rojo sobre la cama—. Vendrán a
cenar personas importantes y te quiero presentable —dijo con simpleza.
Luna frunció el ceño y miró la prenda. Era hermosa, tenía que admitirlo e incluso se
percató que era de su talla. Sin embargo, no dio a conocer sus pensamientos con ninguna
reacción, no tenía por qué darle el gusto.
Sin importar lo que dijera no lo aceptaría si ese vestido venía de él y mucho menos haría
lo que le pedía. Estaba más que decidida.
—Ni creas que seré tu adorno personal, me niego a bajar a cenar para que tú te levantes
el cuello diciendo que somos una pareja muy feliz y envidiable—. Se cruzó de brazos
mirándolo retante.
Dios sabía cuánto soportaba todo lo que Luna le decía, pero ese día no se sentía muy
complaciente que digamos. Con un movimiento rápido tomó a su esposa entre sus
brazos, apretando un poco su cintura.
Luna se quedó sin palabras ante el movimiento, incluso dejó de respirar al sentir tan cerca
a su esposo.
A pesar de cuánto lo odiaba o decía hacerlo, ella no era ciega y a Farit le encantaba
observar cómo su cuerpo reaccionaba a su cercanía.
No le era indiferente después de todo y eso hizo que una sonrisa pequeña apareciera en
sus labios.
Farit era un hombre atractivo, no podía negarlo. Muchas veces estando en esa misma
posición, Luna se preguntó cómo sería sentir de nuevo esos labios sobre su cuerpo, sobre
sus propios labios.
Las veces en que Farit casi la tomó a la fuerza había sido una experiencia aterradora, se
sintió tan vulnerable.
Pero en realidad no lo recordaba así, era algo que la llegaba a confundir mucho. Por qué
sus pensamientos eran muy diferentes a los que quería pensar.
Su esposo la aprisionó más entre sus brazos y ella se obligó a desviar la mirada. Era
demasiado, no podía seguir sintiéndose de esa manera cada vez que a Farit le diera la
gana de ponerla en esa misma situación.
No era su juego, no era su burla. Bastante tenía con lidiarlo cada día sin que lo quisiera,
como para que también la obligara a ser cosas que no quería.
—Si quieres sentirte como un jodido objeto es tu problema. —Farit le dijo directo y sin
rodeos. Incluso su cálido aliento la hacía estremecerse, tanto que se quedó callada—.
Solo te recuerdo que eres mi esposa y si sabes lo que te conviene aceptaras.
Luna soltó un ligero gemido sobre sus labios cuando el agarre en su cintura se hizo un
poco más fuerte. Había sido más el tacto lo que la hizo reaccionar, en como la estaba
tomando tan posesivo y dominante.
Estaba loca en verdad, como podía gustarle que la tratara de esa forma, entonces
observó con atención a Farit y sus ojos se oscurecieron de una forma que no pudo
descifrar.
No fue realmente consciente de lo que había hecho con él, pero que la soltara era lo que
buscaba y así fue.
Hasta ese punto había llegado su soberbia. Era un hijo de puta, eso ya lo tenía claro. Se
forcejeó con más fuerza soltándose por completo, ya que las manos de Farit aún
sostenían sus muñecas.
Luna no dijo nada al respecto, no creía que pudiera dialogar con una persona como él. Se
hacia lo que él quería y no había más.
Era mejor ignorarlo. Era su mejor arma ante él, fue así que Farit apretó su mandíbula
conteniendo su enojo.
¿Por qué tenía que ser tan complicada? Se preguntaba una y otra vez. El azabache dio
media vuelta y decidió dejar a Luna sola, esperando que hubiera entendido la importancia
de la cena.
La rubia maldijo, se quedó unos minutos sentada sobre la cama. Pensando en la petición
de Farit, mirando de reojo el vestido hermoso que estaba sobre su cama, junto a esas
zapatillas de satín que le continuaban a la perfección y soltó un suspiro.
Al final hizo lo que le pidió, tenía que pensar con la cabeza fría, y sobre todo tenía que
pensar en la empresa de su padre.
Imaginaba que cuidaría algún socio o cliente de Farit, pero realmente le daba
exactamente lo mismo.
Un par de horas después ya se encontraba bajando las escaleras. Se veía hermosa con
el vestido que acentuaba cada una de sus curvas, tenía que admitir que su esposo tenía
buen gusto.
La luz tenue de la sala y su majestuosa presencia la hacían destacar más que cualquiera
en ese lugar. Sonrió con amabilidad al encontrarse con la mirada atenta de dos
desconocidos, pero esa misma sonrisa se desvaneció cuando su mirada recayó en los
ojos penetrantes de Farit.
Él también estaba vestido para la ocasión, un esmoquin de color azul rey que resaltaba
muy bien sus facciones. “Elegante”, gritaba todo en él. Farit la tomó de la mano y la
abrazó de la cintura guiándola hasta la pareja presente.
Luna frunció el ceño cuando no vio a nadie más en la sala, solo la pareja mayor que le
estaba sonriendo.
¿Había hecho que se pusiera un hermoso vestido de noche para que solo dos personas
la miraran? Era mucho más que extraño, a no ser que el aludido fuera una persona muy
importante para Farit.
—Sonríe, estas personas esperan que estés locamente enamorada de mí —Farit le
susurró con una gran sonrisa falsa. Lo sabía, solo era un bonito arreglo para su colección.
Luna trató de objetar, esto era el colmo, pero Farit la calló tomándola con más fuerza para
que no hiciera nada que pudiera echar a perder sus planes. Esperaba que por una vez en
su vida le hiciera caso y le siguiera la corriente.
—¡Señora Montalvo! —La saludó un hombre mayor con anteojos, mientras le sonreía
reluciente. Luna sonrió, no sabía que otra cosa hacer—. No sabes lo mucho que tu
esposo nos ha hablado de ti. —Luna miró desconcertada a Farit, curiosa de lo que esa
frase significaba. ¿A caso hablaba de ella con alguien más? ¿Qué cosas había dicho de
ella?
—No lo mires así. —Rio el Señor Pride al ver el rostro expectante de Luna hacia su
marido—. Solo maravillas han salido de su boca, ¿verdad corazón? —dijo tomando la
mano de su esposa, quien también sonreía complacida por la pareja. Luna decidió seguir
el juego, tenía curiosidad hasta donde podría llegar.
Todos tomaron asiento y mientras Montalvo hablaba con el Señor Pride de la bolsa de
valores. Algo realmente irrelevante y aburrido.
Luna solo quería que todo este show terminara para irse a su habitación y encerrarse en
ella. Estaba nerviosa, ya que no sabía que más hacer, jamás fue buena para aparentar
algo que no era.
Capítulo 9: Un solo beso
—Farit nos habló de sus planes, debes estar entusiasmada, aun teniendo muy poco de
casados se notan tan enamorados y es lógico que ya quiera tener su propia familia. —
Luna escuchó atenta sin saber nada de lo que estaba hablando.
Casi se atragantó con él vaso de agua, que estaba tomando al escuchar a la mujer. Pero
apenas sintió el ligero apretón en su muslo, reaccionó.
¿Qué cosas estaba diciendo? Miró de reojo a Farit tratando de obtener alguna
explicación, aunque claramente sabía que en ese momento no iba a poder dársela como
ella quería. Tal vez se las hubiera podido dar si no hubiesen pasado toda la tarde
peleando.
En un principio Luna pensó mandar todo a la mierda. Al final de todo el problema era de
él, pero sus amenazas siempre le provocaban escalofrío. Sabiendo que las cumpliría si
hacia algo que no le gustara.
—¡Oh claro! La familia es lo más importante, ¿verdad AMOR? —Luna le regresó el gesto
de tocarlo en la pierna por debajo de la mesa, pero al sentir la firme y musculosa pierna
de su esposo se tensó.
Sus pensamientos volaron a otro lugar sin quitar su mano del mismo sitio, pero la señora
Pride la llamó, atrayendo su atención de forma estrepitosa.
—Cuéntanos más, por favor. —La rubia reaccionó de nuevo y puso una gran sonrisa de
póker face mirando a Montalvo. Estaba aterrada, pues no tenía ni puta idea de que
trataba la conversación.
Maldijo. Si tan solo él le hubiese dicho que le harían preguntas se hubiera preparado. Lo
peor de todo es que no era nada buena para mentir, así que iba a tener que hacer lo
mejor que podía.
—Como se los comentaba, nuestro objetivo es que nuestros hijos puedan tener un
entorno seguro... —Farit empezó a hablar. Sabía que había sido un error no haberle dicho
nada de lo que tenía planeado. Solo esperaba que todo saliera bien.
—Si lo sabemos, pero estamos interesados en lo que pueda decir Luna de eso. —Le
interrumpió Pride. Estaba más que claro que la pareja estaba más interesada en lo que
podía decir la rubia.
Los presentes la miraron expectantes mientras ella tragaba grueso antes de empezar a
hablar.
Obligó a su mente a pensar en algo rápido, pero era terriblemente frustrante que cuando
tratara de hacerlo, menos ideas se le venían a la mente. Era como si se quedara en
blanco.
—Bueno... Farit y yo tenemos muy poco tiempo de conocernos, pero cuando amas a la
persona correcta no hay tiempo exacto para saber que quieres pasar toda la vida con ella.
Fue así que me pasó con él. —Luna dijo seria, optando por la idea de que ella y Farit
tuvieran una relación en verdad.
Cría que eso serviría más. Siguió diciendo sabiendo de ante mano como Montalvo la
miraba expectante, tal vez no se esperaba su respuesta.
—Lo ves George, eso es el verdadero amor. —Sonrió la señora Pride, encantada con sus
palabras. Luna pudo suspirar al pasar esa prueba, al menos había salido bien—. ¿Cómo
ha sido tu relación con Montalvo?, él debe ser todo un caballero contigo. Lindo que te
cuida y ama como a nadie, ¿cierto? —Luna río irónica y asintió enseguida.
"¡Oh, sí, claro!" Pensó la rubia. No tenía ni idea, de lo mucho que su amado esposo la
cuidaba y amaba haciéndola feliz. En ese momento quería vomitar de tanta blasfemia que
estaba saliendo de su propia boca.
Empezando por decir que lo amaba cuando lo único que sentía por él era un rencor
inigualable. Sin embargo, hizo el esfuerzo de seguir con su papel de esposa abnegada y
siguió.
—A veces es un poco enojón y me mira con sus ojos furiosos pensando que me asusta y
que es por eso que sedo en todo. Pero en realidad solo lo hago para que no siga
frunciendo el ceño. Se ve muy feo cuando lo hace. —Luna miró a su esposo de soslayo,
lo que acababa de decir no era del todo mentira. Muchas de las veces así se
comportaban y no le llegaba a admitir en su momento—. Como ahora, ¿lo ven? —Lo
señaló.
Los tres rieron ante la escena y es que no era que Farit se viera mal como decía, sino
todo lo contrario. En realidad se veía muy tierno cuando un pequeño surco se formaba en
su frente.
Entonces Luna pensó en lo atractivo que era Farit aun tratando de verse mal, era algo
curioso, pero en seguida sacudió su cabeza para no seguir pensando más en eso.
Y así volvieron a reír mientras comían y bebían muy a gusto. Se encontraba tranquilo, al
menos podía decir que el peligro había pasado.
Solo tenía que ver cómo Luna tenía a los Pride en la palma de su mano. Era un maldito
don que no llegaba a entender, porque él estaba igual que ellos.
—No, en serio, Farit me cuida muy bien y estoy segura de que no pude casarme con un
mejor hombre que él. —Luna se quedó callada al darse cuenta de lo que había dicho. En
realidad no tenía planeado decir eso, simplemente había salido como vomito verbal.
—Ya bésense por favor —El señor Pride aclamó emocionado haciendo que ambos
reaccionarán negando enseguida. Un beso era llegar a los extremos, definitivamente era
un no de parte de Luna.
Jamás se dejaría llevar por el momento, estaba más que segura. —Por favor, no saben lo
mucho que nos gusta conocer a parejas tan enamoradas como ustedes, que se miran
mutuamente como si no existiera nadie más en su universo. —¿Así se miraban? Se
preguntó Luna.
No podía ser posible, si lo único que enmendaban sus ojos era odio y rencor hacia Farit.
Debían estar equivocados, si, eso debía ser, entonces… ¿Qué estaba haciendo?
Solo sabía que necesitaba hacer esto, por el plan, por ella. Qué más daba, simplemente
lo necesitaba y quería. Sentirlo tan cerca la puso nerviosa, sin embargo, no se detuvo,
siguió.
Farit no perdió el tiempo en titubeos, era su oportunidad, la primera vez que podía estar
tan cerca de Luna como quería. Muy suavemente acunó su rostro entre sus manos,
sintiendo la aterciopelada piel de su esposa.
Acercó sus labios cuidadosamente a los de ella, sin dejar de mirarla ni por un segundo. Le
alegró ver que no dudo ni por un momento.
Ambos se habían perdido en la inmensidad del otro, era como si no existiera nadie más,
solo ellos, como lo había dicho la Señora Pride.
La rubia parpadeó un par de veces, preguntándose que acababa de pasar y porque aquel
beso le había dejado tan dulce sabor de boca.
Se tocó el pecho al sentir su corazón palpitar tan rápidamente que podía jurar que en
cualquier momento podría salirse, tenía que tranquilizarse, había sido un beso, sin
importancia, solo para seguir en el papel de esposa que se había interpuesto.
—Es mejor que nos retiremos, ustedes deben tener mucho de qué hablar —exclamó
Pride de forma sugerente con una gran sonrisa y totalmente satisfecho. No tenía que decir
a qué se estaba refiriendo exactamente, porque solo le había bastado con ver el
apasionado beso que se dieron para entender que él y su esposa sobraban en ese
momento—. Farit, te espero mañana con los papeles para cerrar el trato, no puedo
esperar más para trabajar con los Sandoval.
—Nos vemos linda. —La Señora Pride se despidió de Luna con una gran sonrisa y un
beso en la mejilla—. Eres muy afortunada. —Le susurró sobre el oído.
Capítulo 10: Nueva visita
Luna no dijo nada al respecto, y solo siguió sonriendo, aún estaba en shock por lo que
acaba de hacer.
—Arturo estará muy emocionado de tener un socio como usted. —Montalvo asintió
satisfecho, se puso de pie y los acompaño a la salida después de despedirse con un
apretón de manos, dejándolos a solas.
Entonces ahora no le costó trabajo entender lo que Farit había tratado de hacer. Lo cual
era ayudar a su padre. No sabía cómo sentirse exactamente. ¿Agradecida? O ¿Molesta
por no habérselo dicho antes?
—¿Por qué no me dijiste que esto le daría un contrato a la empresa de mi papá? ¿El
señor Pride es un inversionista? —preguntó aturdida y lo miró directamente.
—Te lo dije, ¿qué no lo entendiste? Prime estaba buscando una compañía en donde
invertir, que mejor que en la de tu padre. —respondió encogiéndose de hombros, se
acercó a la mesa y tomó su copa bebiendo el último trago de ella, su mirada había
regresado a ser la misma, tan perdida y triste que antes.
—Yo pensé algo diferente… —Farit había elegido perder un socio más para ayudar a la
empresa de su padre. ¿Cómo podía llamarle a eso?
—Como fuera, ya está hecho. No cambia nada. — le dedico una última mirada, se dio
media vuelta y empezó a subir las escaleras con lentitud. Ahora Luna comprendió sus
palabras y se sintió una tonta. Farit se detuvo sobre los escalones mirándola desde allí al
escucharla.
—Claro que lo haría, tal vez cambiaría la imagen que tengo de ti. —Silencio, solo miradas
entre ambos, no había más—. Gracias por ayudar a mi padre. —dijo al final. No le
gustaba ser amable con él, pero esta vez se lo merecía. ¿Cómo no serlo después de
eso?
—Mi dinero no haría que la empresa de tu padre recupere el prestigio que perdió, los
Pride son unos grandes inversionistas, además de tener muchas influencias.
»El problema con ellos es que siempre buscan algo a que apegarse, algo que los
motivará a aceptar y que mejor que una pareja de recién casados que se aman tanto
como nosotros. —exclamó irónico, ya que ellos eran todo menos un matrimonio que se
amara y eso era lo más triste y desespérate del mundo.
—Por cierto, te felicito por tu gran actuación, casi me la creo yo también. —Farit entendió
todo lo que había pasado, se obligó a sí misma a no hacerse falsas ilusiones, sabía cuál
era el lugar que ocupaba en el corazón de Luna.
Ella no dijo nada porque no sabía que tanto de lo que hizo o dijo lo había actuado. Aún
seguía en ese dilema.
Farit se dio media vuelta y siguió subiendo otro escalón antes de parar de nuevo cuando
Luna lo interrumpió otra vez.
—Espero no malinterpretes nuestro beso. Yo solo quería terminar con esto y fue la única
forma que encontré para qué… —Farit río con amargura y negó sin voltear, apretó el
barandal de las escaleras, como lo había pensado, ella solo estaba actuando.
Luna se lo ponía tan difícil, ¿cómo no amarla después del maravilloso beso que le había
regalado? Joder.
Al día siguiente todo era monótonamente normal, la rubia bajó a desayunar como cada
mañana, con la diferencia de no encontrar a su esposo en el comedor, lo cual era
sumamente extraño, quería creer que no le interesaba saber dónde, ni porque, no estaba
ahí como siempre, pero le fue imposible.
Algo en su mente no podía estar tranquila. Toda la noche no pudo dormir creyendo en la
cena y en las palabras dichas, ¿qué estaba pasado con ella? Se estaba volviendo loca.
Picó su comida ansiosa hasta que vio a Yuri entrar al comedor.
—El señor Montalvo se fue muy temprano al aeropuerto, hoy regresa su hermana del
extranjero. —Luna parpadeo unas cuantas veces y le agradeció la información.
¿Hermana? Fue lo primero que se preguntó, ni siquiera sabía que tenía una, se supone
que tendría que saberlo ¿no?
Se dispuso a seguir con lo suyo, subió a su recámara, he hizo algunas cosas para pasar
el rato esperando a que Farit llegara y le presentará a su hermana.
—¿No has sabido nada de Farit? —preguntó, Yuri le informó que tenía más de una hora
que había llegado, Luna se descolocó al saber que su esposo ni siquiera se había
dignado a presentarle a su hermana, estaba molesta, mucho al decir verdad.
—Perdón, el señor dijo que no lo molestara —se escudó Yuri. Pero Luna no le importó.
Luna no escuchó más y se dirigió hacia allá con paso firme, al entrar sin avisar se
encontró a su esposo con una mujer sentada en su regazo mientras reían gustosos.
Sus ojos chispearon, pues no creía que ella fuera su hermana cuando los veía muy
acaramelados, entonces lo peor pasó por su mente.
.
.
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Sintió cómo su sangre hirvió en su interior al ver a esa mujer desconocida, plácidamente
sentada sobre el regazo de su esposo, esto era casi inaudito, no podía creer el descaro
de Farit.
Entró al lugar aparentando desde, ni siquiera sabía por qué se sentía celosa cuando ella
no lo quería, pero no pudo detener la escena en su mente, una donde tomaba el cabello
de zanahoria de esa tipa y la ponía en su lugar. A pesar de todo, no entendía cómo
siquiera podía ser tan sin vergüenza.
Farit se puso de pie, alejando a Eliza de su regazo, apenas vio a Luna entrar a su
despacho con un pequeño surco en su frente, observándolos, sería.
—Luna. —Farit Sonrió. La azabache no demostró nada, aunque por dentro estaba
querido decirle muchas cosas que pensaba, tuvo que morderse la lengua para no hacerlo
—. Creí que estabas descansando —dijo mientras Eliza no se despegaba de su lado ni un
centímetro y miraba a la rubia de forma curiosa.
Luna miró a la aludida de arriba a abajo, de forma penetrante, la chica llevaba un vestido
corto floreado que mantenía un escote lo suficiente prominente para dejar embobado a
cualquier hombre, era como si hubiera usado esa prenda al propósito y como no, solo
tenía que ver a Farit y la atención que percibía que le daba. No sabía quién era, pero
tampoco le importaba saber.
No le importo en ese momento, Farit la decepcionaba cada vez que veía algo bueno en él,
cada vez que creía que podía al menos tratar de convivir como dos personas civilizadas,
siempre lo terminaba arruinando con una u otra cosa.
Por ejemplo, lo que hacía ahora. ¿Cómo le decía que la amaba cuando claramente si lo
hiciera no estaría con una mujer sobre su regazo? Alzó una ceja cuando puso atención a
su esposo, él se vio algo inquieto, incluso nervioso.
¿A caso tenía algo que ocultar? No quería admitir que estaba enojada y no era porque se
sintiera celosa, claro que no, en verdad quería creer en Farit, quería creer que era el
hombre que decía ser, pero se daba cuenta de que no era así.
—Su esposa —la rubia agregó enseguida observando cómo se desformó el rostro de la
chica al saber que su querido Farit ya no era tan libre como ella creía.
Eliza trató de esconder su desilusión. Farit no le había dicho nada al respecto y no sabía
cómo actuar, ahora entendía por qué la mujer frente a ellos se veía un poco molesta.
Al final sonrió cuando se dio cuenta de un detalle, que Luna los haya visto como lo hizo,
solo haría que se molestaran entre sí, no podían culparla, ella siempre había sido así con
su conejito, sí, para la peli naranja Farit siempre sería su conejito y sonrió ampliamente
cuando supuso que eso tampoco sería del agrado de Luna.
—¡Oh! ¿Te casaste, conejito? —dijo cabizbaja con un tono de voz particularmente chillón,
el cual era muy desagradable para los oídos. Se encontraba incrédula aun viéndolo con
sus propios ojos lo que acaba de decir. Soltó un puchero y miró a Farit.
—¿No lo comente? —El azabache soltó con una risita nerviosa que a nadie le dio gracia y
menos a su esposa, quien estaba esperando una maldita explicación, sabiendo que esta
no llegaría porque jamás se la exigiría, no le daría el gusto—. Debí haberlo omitido.
—Como muchas cosas más —dijo Luna irónica y se cruzó de brazos viendo cómo Eliza
no soltaba a su esposo aun sabiendo que era un hombre casado.
Igual de descarada que él, no había duda que eran tal para cual, no conocían el
significado de respeto. Sí que era una desvergonzada.
Pero ¿qué le importaba si Montalvo tenía una amante? O dos, él podía hacer lo que se le
diera en gana, es más, si se olvidaba de una vez por todas de ella, podría obtener la
oportunidad de que le diera el divorcio y así, por fin, ser libre.
El enojo no le había dejado ver la oportunidad que tendría si tan solo Farit se llegara a
interesar en otra mujer, tenía que ver esas oportunidades y tomarlas.
—Pero bueno, no se detengan por mí, continúen con lo suyo que yo me voy.
Se dio media vuelta dispuesta a salir de ahí, quería implementar en ese momento el plan
que le había surgido en la mente, la peli naranja estaba interesada en Farit, eso lo podía
ver a kilómetros de disfasia.
Aún no le quedaba muy claro si él lo hacía con ella, tendría que darle la oportunidad, eso
iba a hacer, pero Farit la detuvo tomándola del brazo, eso solo la hizo enfurecer más.
¿Por qué lo hacía?
¿Por qué, a pesar en todas las posibilidades buenas para ella, la presencia de esa mujer
la ponía irritable? ¿Qué quería Farit? ¿Qué viera cómo se follaba a esa mujer? Eso sería
llegará a los extremos, no sentiría nada, pero sería muy desagradable.
—No te he presentado bien a Eliza, es una amiga de la infancia y también amiga de Sol,
mi hermana. —Luna tuvo ganas de reír, solo a él se le ocurría que le iba a creer, ¿era
demasiado tonto para no ver que la chica se moría por él? O ¿era demasiado desgraciado
para pretender que ella no se daría cuenta de eso?—. Estudiaban juntas en Londres, esta
semana al fin se graduaron y fue por eso que se regresaron a Los Ángeles.
A Luna le interesaban sus explicaciones y aunque así fuera, como siquiera podía pensar
que le iba a creer una insensatez como esa cuando vio a esa mujer sentada en sus
piernas. Luna sacudió su cabeza negando, ella misma se contradecía con sus propios
pensamientos.
Por un lado, saber que Farit la estuviera engañando o que alguna otra mujer pudiera
interesarle la hizo reflexionar en las posibilidades de ser libre, pero también no podía
reprimir el enojo inmenso que sentía al creer que eso podría ser verdad y eso la llegaba a
confundir demasiado.
No sabía qué clase de amistad tendrían entre ellos, pero ella jamás haría eso con alguien
que fuera solo su amigo.
—Me voy a mi recámara, mucho gusto Eliza —musitó de dientes para afuera, lo cierto es
que ya la detestaba y no la llegaría a soportar, de eso estaba más que segura.
Se soltó del agarre de Farit, mirándolo sería y totalmente en desaprobación mientras salía
del despacho, directo a su recámara.
Se había arrepentido de haber entrado a ese lugar, en ese momento no estaría con el
amargo sabor de boca que le había dejado esa situación.
—Señora… —Yuri la nombró cuando la vio salir. No la vio bien, y se preocupó por ella.
Capítulo 11: Celosa
—Ahora no Yuri. —No quiso escucharse grosera, pero en serio, necesitaba estar sola o
no se aguantaría las ganas de decirle todo lo que pensaba.
Farit trató de ir tras ella, sabía que la situación en la que lo había encontrado con Eliza se
malinterpretaba de mala manera y solo quería explicarle.
No podía permitir que Luna se hiciera una idea errónea de ellos dos, quería dejarle en
claro que entre Eliza y él no había nada más que una amistad, incluso solo la consideraba
su hermanita, estuvo a punto, pero la peli naranja lo detuvo antes.
—¿No me vas a llevar a comer, conejito? —Eliza meneó sus pestañas, coqueta y miró al
azabache con ojos tiernos, no quería que la dejara sola ahí.
A Farit ni siquiera le gustaba ese apodo, pero no quería ser grosero con ella y dañar sus
sentimientos.
Eliza reflexionó en la sorpresa que le causo saber que Farit estaba casado, ¿aun así, eso
cuando la había detenido de su objetivo? Sonrió cuando su mente se llenó de muchas
más posibilidades.
—Sí, después de que hable con Luna —Montalvo caminó hacia la salida, dejando a solas
a Eliza, aun con sus súplicas.
La peli naranja soltó un mohín, después sonrió y se mordió el labio al verlo salir. Sería
difícil, estaba segura, Farit nunca había sido alguien fácil de conquistar, sin embargo, no
se daría por vencida.
Si ya había esperado mucho tiempo que importaba esperar un poco más, además, algo le
decía que ese matrimonio no duraría mucho y de eso se iba a encargar ella. Casi se lo
podía jurar, ya que Farit sería solo y exclusivamente de ella.
Luna entró a su habitación con el humor por los suelos, de verdad que se había contenido
enfrente de ellos, se sentía patética al estar enojada cuando ella misma había rechazado
a Farit en múltiples ocasiones. ¿Qué quería entonces?
Eso iba a hacer cuando Farit entró a la habitación sin tocar, como ya era su costumbre.
Ambos se miraron y detuvieron sus movimientos, como si se hubieran encontrado
infraganti.
—¿A dónde vas? —preguntó al verla con su bolso en mano, de forma expectante.
—Saldré con Jessy mientras tú atiendes a tu visita. —No pudo controlar el tono molesto
de su voz y se volvió a maldecir por no poder razonar con ella misma, se odió por eso, no
le importaba con quien estuviera, “Basta Luna” se gritó internamente. Tenía que parar
ahora.
Luna lo ignoró dándole la espalda, respiró profundo, sabía cómo terminaría esto si le
seguía el juego y de verdad no quería seguir discutiendo.
—¿Me escuchaste? —Farit la tomó del brazo. Ella siempre había actuado así, pero ese
día estaba más insoportable.
¿Por qué? ¿Tanto le había dolido verlo con otra? Él tampoco quería pelear, lo juraba,
pero no era fácil lidiar con su humor cuando simplemente buscaba hablar como personas
civilizadas.
—Lo hago —contestó cuando lo encaró, sus ojos eran como dos filosas cuchillas que no
dejaban ver más allá que su enojo indiferente—. Pero no deberías de preocuparte, David
ya no está aquí para que pueda escaparme.
»Sus propias palabras dolieron y ni siquiera comprendió por qué las había dicho. Había
estado fuera de lugar, no tenía por qué meter la memoria de su amado en esta estúpida
pelea sin sentido. No se lo merecía. —Como sea, me da igual.
—Luna… —Farit aflojó el agarre en el brazo de la chica cuando se dio cuenta de que
mencionar a David la había lastimado, a pesar de su humor, de su mal genio y sus
malditos desplantes, no quería que estuviera triste al recordarlo, se preocupó al contrario
de enojarse.
—¿Es todo o quiere algo más, señor Montalvo? —Lo miró retante. Después de aquel
momento de melancolía, volvió su estado de enojo que solo concentraba en Farit.
El azabache tenía la necesidad de explicarle lo ocurrido respecto a Eliza y él, que Luna no
creyera cosas que no eran. Que pensara mal de él.
No quería suponer que esa era la razón de su actitud porque si así lo era, eso solo podía
significar una cosa y no quería ilusionarse con una idea que podría no ser verdad.
Porque a pesar de que ella siempre le haya recalcado lo mucho que lo despreciaba, con
su actitud le hacía entender una cosa totalmente distinta y sí, era un maldito masoquista
porque estaba ahí, aguantado todas sus groserías para averiguar si sus sospechas eran
cierto.
Algo que le hiciera saber que Luna estaba molesta por la posibilidad que había de que
otra mujer le interesará.
—Eliza, ella…
—No me interesa saber nada de ti o de ella. —Le dio la espalda de nuevo y cerró sus ojos
respirando profundamente, solo quería que se fuera y la dejara sola, no quería decirle lo
que en verdad creía.
No quería decirle que sabía que mentía cuando decía que la amaba después de lo que
había visto y tampoco se tragaba el cuento de que entre ella y él no hubiera más que solo
una simple amistad.
Ya que unos verdaderos amigos no se comportaría de esa forma y sí, estaba actuando
irracional porque estaba malditamente celosa, pero no se lo diría, se juraba a sí misma
que no lo haría.
—No me interesa.
—Solo no quiero que malinterpretes todo, ella es así conmigo, desde pequeña tiene la
costumbre de sentarse en mi regazo, pero te juro que solo la veo como una hermana. —
Luna se mofó, no entendía por qué se empecinaba a hacerle creer otra cosa que
claramente no creí.
Farit estaba equivocado si suponía que iba a aceptar una explicación tan absurda como
aquella. Ya lo había pensado antes, pero esta vez era la idea más factible.
Era demasiado ingenuo para no darse cuenta de lo interesada que estaba Eliza por él, o
de verdad ella era una mujer astuta que lo envolvía en cuentos de amistad para
mantenerlo cerca y que él no sospechara nada. Suponía que era un poco de ambas y no
sabía si abrirle los ojos sería lo mejor.
—Si tan solo tú me dieras una oportunidad te demostraría que no miento cuando te digo
que te amo de verdad. —Farit demostró de nuevo sus verdaderos sentimientos, a pesar
de que Luna le despreciaba.
Había algo que no dejaba que se rindiera, algo que le decía que tarde o temprano su
insistencia daría frutos.
Se acercó un poco más hasta que su pecho choco contra la espalda de la rubia, Dios
sabía cuánto se estaba deteniendo por abrazarla, aunque sea por un instante.
Luna se tensó sintiendo la calidad del aliento de Farit sobre su nuca, haciendo erizar su
cuerpo por completo. Eso fue incorrecto, pero fue aún peor que ella no se moviera ni un
centímetro al sentirlo.
Farit deseaba tocarla, sin ser brusco, como lo había hecho antes, y se arrepentía de todas
ellas.
Quería tratarla con tanta delicadeza como le fuera posible, y adorarla tantas veces como
le fuera posible. Necesitaba alguna señal que le dijera que podía hacerlo.
—Tal vez tú no la veas así, pero ten por seguro que ella si te ve de esa manera. —Luna
tragó saliva nerviosamente, había dicho lo que pensaba y dio media vuelta cuando lo
sintió muy cerca para poderse controlar—. Como te repito, no me interesa en absoluto,
incluso si me pidieras el divorcio para casarte con ella estaría más que complacida —
Luna habló dolida, aunque no lo admitiera.
Claro que le importaría y mucho. Y lo peor de todo es que ni siquiera sabía cuál era la
verdadera razón.
Farit cerró sus ojos, reprimiendo sus impulsos, parecía que no se conocía a sí mismo, que
se le olvidó que una vez que empezaba era imposible retroceder.
Ya era tarde y como era de esperarse perdió la paciencia cuando Luna trató de salir de la
habitación, huyendo de la situación.
—Si no te importa que te engañe por no darme lo que por derecho es mío… —Escudriño
su cuerpo—. Entonces no entiendo por qué te mueres de celos.
Luna soltó una risita para esconder lo que en verdad sentía y se forcejeó para soltarse,
sus ojos brillaron de rabia, jamás le daría la satisfacción de decirle que era verdad lo que
decía, primero muerta.
Farit aumento su fuerza aprisionando su cuerpo con el suyo de forma dominante, mirando
desesperado aquellos ojos azules que trataban de engañarlo.
Luna apretó el puño, pues entre más se esforzaba por soltarlo, más se rozaban sus
cuerpos, lo que la hacía sentir aún más abrumada.
—Crees que de verdad estoy celosa. —Apretó sus labios, formando una fina línea, incluso
se estaba mordiendo el interior de su mejilla con ansiedad—. ¿Por qué no puedes aceptar
que jamás me tendrás como deseas? Mi corazón solo le ha pertenecido a él y siempre
será así.
»Acuéstate con quien se te plazca o espera lo que de ningún modo pasara, es tu puto
problema. —Luna fue tan dura con sus palabras. Esto le provocó en Farit una frustración
palpable que le hizo besarla a la fuerza.
Mordió el labio de la rubia para que esta abriera su boca soltando un gemido de dolor y
placer al mismo tiempo.
Era una sensación de guerra, de poderes y lujuria que le encantaba, pero que se reprimía
en aceptar que lo hacía.
Así Farit pudo meter su lengua a su antojo, como hace mucho había deseado. Esta vez la
sensación fue muy distinta, algo había cambiado.
Luna trató de zafarse por segunda vez, pero la mano en su nuca se lo hizo imposible.
Fue tanta la insistencia que al final cedió, no supo ni que pasó en ese momento, se dio
por vencida, fue eso o tal vez el dulce sabor del beso de su esposo la había convencido,
admitiendo para sí misma que era un buen besador.
Apretó sus puños con frustración sobre el pecho duro de Farit, lo odiaba y se odiaba por
estar disfrutando el contacto.
Pero apenas el rostro de David se hizo visible en su mente, trató de terminar el beso de
nueva cuenta y así separarse, dándole una fuerte bofetada por su atrevimiento.
Su respiración era errática, casi excitante, sin embargo, no podía, no podía serle infiel a
David cuando aún lo amaba.
A pesar de estar muerto, él estaba impregnado en su alma para siempre, y nadie iba a
poder sacarlo de ahí, aún Farit besará tan bien como lo hacía.
Le había prometido que nadie ocuparía su lugar y aunque él ya no estuviera aquí, debía
respetar su memoria, ella quería respetarlo para siempre.
—¿Conejito? —la voz chillona de Eliza sonó al otro lado de la puerta, lo estaba buscando.
—Aquí estoy Eliza —dijo Farit sin desviar la mirada de su esposa. Aún había asuntos
pendientes entre ambos.
La peli naranja entró a la habitación, observado la extraña escena, una donde los dos
aludidos tenía los labios hinchados y se veía agitados.
Tal vez había interrumpido algo, pero no le importó, ella quería estar con Farit a toda
costa y nadie, ni siquiera Luna, se lo impediría.
—¿Me vas a llevar a comer como me prometiste, conejo? —Luna entornó los ojos ante el
sobre nombre ridículo que tenía para él y la voz chillona que usaba para hablar.
No podía creer que Farit le comprará su actuación barata, era tan insoportable como su
cabello de zanahoria, toda ella solo desprendía desprecio.
Eliza se moría por él, únicamente tenía que ver cómo le hablaba, lo miraba o incluso lo
tocaba, pero a Montalvo no parecía importarle y tampoco debía importarle a ella.
El azabache asintió sin verla, seguía con la mirada clavada en Luna, preguntándose hasta
cuando dejaría de sentirse así, tan poca cosa para su ella.
Debido a que, a pesar de hacer todo lo posible para conquistarla, ella lo rechazaba de una
forma tan despiadada, no tenía idea de cuánto tiempo más podría soportar su desdén.
Tal vez se lo había ganado a pulso, pero también creía que ambos habían cometido
errores, que si ambos quisieran podrían remediar, pero no cuando solo él era el único
interesado. Ya se estaba cansado de eso.
—¿Y lo dejaste solo, con ella? —Jessy dijo desconcertada, sin entender a su amiga—. Tú
sí que eres tonta, Luna.
—¿No lo entiendes? El que esté con ella no debería de afectarme en absoluto. —La rubia
se cruzó de piernas tomando de su copa de vino y miró agobiada a su amiga.
Se supone que estaba ahí para que la apoyara, no para qué la hundirá más en la
incertidumbre.
Jessy río por lo bajo al presenciar el absurdo dilema en que se encontraba su amiga. No
se daba cuenta de un detalle particularmente curioso.
—Si no te gusta, ¿por qué le correspondiste el beso? —La miró ladina y sonrió.
—Fui condescendiente. —Se escudó desviando la mirada. Eso quería hacerle creer.
—Por favor amiga, Farit es un buen hombre, ayudo a tu familia, además de tener mucha
paciencia contigo, aun después de que casi escaparas con David, ¿por qué no le das una
oportunidad? Es tu esposo al fin de cuestas.
—Yo sigo amando a David, ceder con Farit sería como… traicionarlo —Jessy entornó los
ojos.
Comprendía a Luna, pero le parecía absurda la escusa que ella misma se había creado
para no amar a su esposo. Debía olvidarse del pasado y empezar a vivir.
—¡¿Perdón?! Como puedes pensar que le serás infiel a una persona muerta. Ya pasaron
cuatro meses, no puedes seguir así, David ya no está para ti y aunque lo niegues.
»Sé que sientes algo por Farit, digo, no eres ciega, además de que no sentirías celos por
alguien a quien odias. —Tomó la mano de Luna apretándola ligeramente, quería que su
amiga entrara en razón—. Piénsalo cariño, mereces ser feliz.
Luna asintió pensativa. Jessy podría tener razón, pero, aun así, no debía, su corazón no
estaba preparado para amar de nuevo y menos a Farit.
Aunque no había tenido nada que ver en todo lo que pasó con David, una parte de ella lo
culpaba por lo sucedido. Tal vez si ellos hubieran escapado a tiempo nada de esto
estuviera pasado, él seguiría vivo y juntos como siempre habían querido.
.
.
.
Ya habían pasado los días desde que Sol había regresado del extranjero.
Después de que el testamento de su padre había sido liberado, ella decidió que era mejor
terminar sus estudios en el extranjero, donde su amiga Eliza estaba desde hace algunos
años. Sol y ella eran amigas de la infancia.
La peli rosa siempre había sabido del ligero interés que tenía su amiga por su hermano,
Sol creyó que solo era un capricho como muchos más que había tenido.
Sin embargo, Farit jamás la había visto como algo más que la amiga de su hermana o
incluso una conocida, Eliza no se dio por vencida en ese entonces, sin obtener resultados
y en este momento tampoco tenía pensado ceder.
Farit había decidido por los dos que él se quedaría a cargo de la empresa como ya lo
había hecho antes y como tal él se sacrificaría casándose primero.
Teniendo la idea de que tal vez Sol si pudiera tener tiempo para encontrar a alguien que
en verdad la quisiera y no tuviera que pasar lo que él estaba pasando en ese momento.
La peli rosa estaba en la cocina comiendo cuando Luna entró y ambas se miraron. Sol
sabía quién era, ya que su hermanito le había mandado muchas fotos de su boda.
Farit le estaba haciendo creer que el matrimonio fue consentido, que ambos se
enamoraron y que eran muy felices, solo para ocultarle la verdad de la situación y no se
sintiera culpable de su desgracia a ser el quién se sacrificó por ambos.
Esa fue la razón por la que no las había presentado, no quería que Luna hiciera algo que
derrumbara toda su fachada.
Él pensó que para ese entonces ya habría podido enamorar a Luna con sus encantos y
forma de ser, así todo lo que le había dicho a su hermana sería cierto, pero como ya
podía ver, nada había salió como él hubiese querido.
Sol dio un grito de emoción y corrió hacia Luna, dándole un gran abrazó. Era una persona
muy alegre además de divertida.
Ahora, después de días de su llegada aún recordaba con gracia como apenas supo que
ella era la esposa de su hermano, actuó de una de forma muy entusiasta, era más que
claro que la aceptaba totalmente. Sol no podía creer que alguien pudiera soportar a Farit.
Luna pudo notar que Farit no le había contado nada del acuerdo de su matrimonio cuando
Sol les hizo prometer a ambos que pronto la harían tía en una de las cenas que
compartieron.
La rubia casi se atragantó en esa ocasiones, pero no hizo nada para sacarla de su error.
También se dio cuenta de que Farit era un poco más seco con ella, actuaba más como su
padre y no como su hermano, de forma estricta.
Ese día, Luna había amanecido más irritante que de costumbre, pero dejando todo lo
anterior de lado, eso no era lo que la tenía de mal humor esa mañana, sino un pequeño
detalle que ya empezaba a hacérsele costumbre y que no sabía cómo ponerle fin.
Se había vuelto difícil vivir en su propia casa, cada vez que bajaba a desayunar estaba
ella, Eliza, cada vez que quería tomar el sol en la piscina, ella estaba también o
simplemente cuando tenía que hablar con Farit.
Era una persona odiosa que siempre la miraba retante, e incluso con desprecio, aunque
tenía que admitir que ella no era una blanca paloma porque la miraba de igual o de peor
forma.
En resumen, ambas se odiaban. La situación con el azabache no había cambiado mucho,
y no habían vuelto a hablar solos desde el beso que le dio a la fuerza.
Luna quería al menos sobrellevar la relación por Sol, ella no merecía presenciar las
peleas interminables que ambos tenían.
Luna había decidido calmar su humor, pero ese día había llegado a su límite y no por
Farit.
Ella necesitaba su espacio, su privacidad, podía tolerar a Sol porque era su cuñada y le
agradaba, pero Eliza la sacaba de sus cabales, aunque cada vez que la mirara solo le
expresara una sonrisa hipócrita, sabía que pensaba igual que ella, asesinarse
mutuamente.
Tenía más que confirmado que la peli naranja estaba de tras Farit con la tonta excusa de
que eran amigos de la infancia.
Luna se río irónicamente con amargura. Claro que no se tragaba ese cuento, únicamente
tenía que ver cómo trataba de seducirlo con su ropa ajustada y demasiada reveladora,
sus escurridizas manos que tocaban donde no debían y lo peor de todo era que no le
importaba si ella estaba presente.
No tenía vergüenza alguna y sí, estaba molesta también con su esposo porque, a pesar
de todo, no era capaz de ponerle un alto, no era capaz de darle a ella su lugar como su
esposa, solo por simple educación.
Pero la gota que derramó el vaso llegó en ese momento cuando Farit dijo como si nada
que la peli naranja se quedaría a vivir indefinidamente en su casa. Eso sí que había
colmado toda su paciencia.
Luna apretó fuertemente el cubierto en sus manos, aguantando las ganas de gritarle que
lo que Eliza estaba buscando era tenerlo entre sus piernas, y que él debía estar más que
encantado por eso.
Sin embargo, reprimió su enojo, respiró profundo y se quedó callada, mirando de soslayo
como la muy descarada sonreír burlesca, como si supiera que ella había ganado esa
batalla.
A pesar de todo estaba consciente de que no tenía derecho a reclamar nada, Farit era
prácticamente libre y podía hacer lo que él quisiera, pero entonces pensó, ambos
deberían tener el mismo derecho.
Tal vez era una idea tonta o precipitada, actuando desde su lado irracional que causaban
los celos, no lo sabía y tampoco lo quiso meditar. Sin decir nada y con la mirada recelosa
se paró de su asiento y subió a su habitación.
Sol miró a su hermano, interrogante, preguntándole que había pasado con Luna, mientras
este suspiraba cansino, sin que ambos notarán como Eliza seguía sonriendo triunfante.
Podía ver con alegría cómo Farit se alejaba cada vez más de Luna, mientras ella siempre
estaba ahí, preparando su hombro para cuando quisiera llorar a gusto.
Farit era un poco ingenuo, de verdad que se había tragado el cuento de que no quería
vivir sola por miedo, fue así que lo convenció de que la dejara que se quedara por unas
semanas ahí, mientras encontraba un roommate.
Después de mucha investigación, por fin estaba enterada de la verdadera relación entre
ellos dos, de su matrimonio forzado, de que la familia de Luna estaba en la ruina y de
cómo Farit había prometió ayudarlos a pesar de que la rubia trató de escapar con su
antiguo novio, terminando con la muerte del último.
Para ella era una relación que no tenía ni principio ni fin, no tenían nada. Claramente, no
podía dejar pasar la oportunidad, incluso pensaba que Luna debía darle las gracias si es
que no quería a Farit como tantas veces lo dejaba notar.
Cuando decidió dejar Inglaterra y regresar a Los Ángeles fue solo con un fin mayor y ese
era enamorar a Farit, convirtiéndose en su esposa.
—Discúlpenme, debo hablar con Luna. —Montalvo se puso de pie después de algunos
minutos, donde trató de reprimir las ganas que tenía de ir tras ella.
Sabía que era uno más de sus berrinches, no le daría el gusto, pero la necesidad que
tenía por ver que le pasaba, lo sobrepasaba, no resistió, no podía dejar las cosas así,
tenían que saber la razón de su molestia.
La rubia iba saliendo de su habitación cuando vio a Farit caminar hacia ella, un gran surco
se formó en su frente al verla arreglada, saldría y lo sabía por el bolso en su mano.
—Luna, tenemos que hablar. —La chica entornó los ojos, fastidiada y lo miró aún con
molestia sin responder nada. Si pensaba que la detendría de salir estaba muy equivocado
—. ¿Qué pasa? Por qué tiene esa actitud tan irreverente…
Capítulo 13: Mal sabor de boca
—No te entiendo, de verdad que no lo hago, me dices que te deje en paz, que este
matrimonio es como una cárcel para ti y te doy tu espacio porque quiero que te sientas
mejor pero tú… —Se peinó el cabello buscado las palabras en su cabeza, unas que no
hicieran que esto se complicaran más—. Sigues comportándote así. —La señaló.
—¿Cómo quieres que este cuando permites que cualquiera se quede a vivir en nuestra
casa? Sin consultarme, estamos casados, joder. —Farit se mofó irónico. De verdad que
no la entendía.
Ahora salía con el argumento de que eran un matrimonio cuando ella solo se dedicaba a
ignorarlo y despreciarlo.
—Vaya, para algunas cosas si estamos casados. —Puso sus manos en su cintura,
mirando de mala manera a su esposa.
—¿Sabes qué? No me importa, haz lo que quieras, sigue perdiendo el tiempo con Eliza,
mientras ella solo busca que la lleves a la cama. —Farit abrió la boca, no podía creer que
ella pensara eso.
Luna trató de pasar por su costado, pero Montalvo la detuvo del brazo tratando de
entender sus palabras. Había abierto la caja de pandora, ahora no había vuelta atrás.
—¿Eso piensas? —preguntó latente—. ¿Por eso estás molesta? Porque supones que
Eliza y yo… —Sonrió. No lo pudo evitar. No quería hacerse falsas ilusiones, pero es que
Luna actuaba como si estuviera… —¿Estás celosa? —La idea simplemente salió de su
boca.
Ella apretó su mandíbula, tratando reprimir sus propios pensamientos, las palabras de
Jessy las escuchó de nuevo en su mente, se negó a que pudiera sentir algo por Farit, no,
no podía y punto.
—En tus sueños —Soltó irritada y totalmente indiferente, viendo cómo la sonrisa de su
esposo desaparecía, por extraño que pareciera, su reacción le incomodo, como si no le
hubiera gustado mucho herir sus sentimientos—. ¿Puedes soltarme? —dijo tranquila
señalando su brazo, el cual aún estaba afianzado por la mano grande de Farit—. Me
tengo que ir.
El azabache se quedó unos segundos más sin moverse, se obligó a sí mismo a dejar ir
todo, así que la soltó y Luna se dio media vuelta siguiendo su camino.
Farit no podía más, su rechazo era algo que le dolía desde el interior de su corazón, no
sabía que más podía hacer para que le diera una mísera oportunidad y lo peor era que ya
se estaba cansando de mendigar su amor.
—¡Espera, Luna! —Ella se estuvo, estaba a punto de irse cuando Sol la detuvo a media
huida.
La rubia se detuvo, mirando sobre su hombro solo para cerciorarse de que Farit no la
estaba siguiendo y eso, en lugar de satisfacerla, la decepcionó.
Su cuñada le sonrió con amplitud, estaba claro que las diferencias entre ella y su hermano
eran ajenas para su persona, a simple vista solo parecía una diferencia de ideas, no tenía
noción de nada en lo absoluto.
—Bueno, no sé si mi hermano te haya comentado algo, pero daré una fiesta por mi
regreso. —Luna alzó una ceja, curiosa, era obvio que su esposo no le había comentado
nada, vamos, no podían decirse ni dos palabras sin que empezarán a discutir.
—Eso es fantástico. —Aparento emoción, por dentro no tenía el ánimo para nada de eso,
pero Sol no merecía pagar por sus problemas, le alegraba que pudiera festejar, aunque
no pareciera.
—Verdad que sí. —Sonrió con más entusiasmo mientras le brillaban los ojos—. Sabía que
te ibas a emocionar como yo y es por eso que quería que me ayudaras a organizarla.
No sabía nada de fiesta, ni mucho menos tenía el ánimo para preparar una, sin embargo,
no quería ser grosera y negarse. Sol había sido muy amable con ella, además de que le
caía muy bien.
—Yo hubiera pensado que Eliza sería la indicada para esto. —Trató de zafarse del
compromiso. Además de que sería una ventaja si la peli naranja se encontrara ocupada
con eso, estaría menos en casa.
—Ella no puede, Farit la contrató como su nueva secretaria. —Sol soltó un puchero y el
rostro de Luna se descompuso más, si se podía más. Eso sí, no lo había visto venir, y
sintió cómo su corazón se estrujó.
—¿Entonces, aparte de vivir aquí, también trabajará con tu hermano? —La castaña
asintió sin notar la molestia en su voz. Sol no parecía percibir los estados de ánimo de las
personas.
Luna se quedó parada ahí, en el mismo lugar sin poder realmente conectar pensamientos,
después de unos minutos se despabiló dejando de lado cualquier pensamiento, o al
menos se obligó a eso y se dispuso a salir como tenía previsto. No podía permitir que lo
sucedido le arruinará el día, no más.
La tarde con Jessy fue agradable, ayudo a su amiga con su trabajo, era una excelente
decoradora de interiores. Ambas había estudiado la misma carrera, pero al casarse, ya no
pudo seguir con sus trabajos.
Farit no sintió que tuviera la necesidad de trabajar, como era de esperarse, Luna no
estaba de acuerdo con esa decisión, pero habían pasado muchas cosas que hicieron que
le pusiera una pausa a su carrera.
Sin embargo, no era el momento para decírselo y no sabía cuándo sería el momento
adecuado si solamente eran peleas entre los dos.
Después de terminar, Jessy la invitó a un bar del centro de la ciudad y no puso objeción,
necesitaba unos tragos, aun la discusión con Farit la tenía con un mal sabor de boca que
quería olvidar.
Luna se veía distraída, por un momento estaba aquí y luego ya no lo estaba, no sabía lo
que le pasaba, se encontraba sumergida en sus propios pensamientos y algo le decía que
esos pensamientos tenían cara y nombre, aun así, no dijo más, Luna aún estaba renuente
y no se daría cuenta de lo obvio. Parecía que ponía una gran barrera entre ella y sus
sentimientos.
Ambas chocaron sus copas y bebieron mientras charlaban sobre banalidades, nada que
tocara temas delicados, aún. Jessy le comentó que quería salir de viaje y Luna la alentó a
que lo hiciera, se merecía unas buenas vacaciones después de trabajar tanto.
Pero entonces lo inevitable salió a flote, la rubia no supo si fue el alcohol lo que le dio el
valor para contarle a su amiga todo lo que había pasado esa mañana. Había querido
ignorarlo, pero estar intoxicada la hizo imposible.
—Sabes lo que pienso —exclamó Jessy, también con unas copas de más. No quería
volver a sermonearla.
—No, eso no —dijo tomando otra copa. —Farit hace todo eso porque cree que me pondrá
celosa, lo sé —exclamó molesta recordando todo lo sucedido.
—Y por lo que veo lo está logrando. —Jessy tomó también de su copa, sin embargo, ella
estaba mucho más consciente que su amiga—. Vale, ya deja eso. —Le arrebató la copa
cuando notó que pediría otra ronda, ella negó tomándola de regreso, solo quería tomar
hasta perderse—. Deberíamos irnos, no me gusta para nada que tomes por ese
problema.
»Yo puedo hacer lo mismo ¿Qué no?. —Jessy negó y la miró atenta cuando se paró de
su asiento y miró a su alrededor—. Por ejemplo él. —Señaló a un hombre a su espalda,
estaba siendo irracional—. Es lindo ¡mmm! Iré y le diré si no quiere llevarme a otro lugar.
—Estás loca, Luna por favor, vamos te llevaré a casa. —A Jessy no le gustó para nada
como se empezaba a comportar.
Luna hizo oídos sordos y caminó seductoramente hasta el hombre que le sonrió a la
distancia.
Era una total locura, su amiga parecía una despechada queriendo vengarse por algo que
Farit ni siquiera había hecho y no la entendía, hacía todo esto, negaba lo que sentía
cuando ella misma despreciaba el amor que le ofrecía.
Lo peor de todo es que estaba renuente a darle una oportunidad a su propio esposo por
respetar la memoria de David, lo cual le parecía absurdo, pero lo peor es que Luna estaba
dispuesta a irse con un desconocido sin importarle nada, definitivamente estaba borracha
y no pensaba con sensatez. Jessy tenía que hacer algo para detenerla.
Ella se lo perdía.
—Eres muy divertido, Robert. —Sonrió tomando otra copa más, sin importar nada, ni
siquiera lo mareada que ya se sentía.
El castaño notó que no estaba nada bien, tal vez eso explicaba por qué se le había
acercado como si nada, empezando una conversación.
Quería ayudarla, pero no sabía exactamente qué hacer, miró hacia todos lados, no vio
que fuera con alguien.
Luna se paró en un movimiento rápido para buscar a su amiga, decía no importarle, pero
si lo hacía, sin embargo, un fuerte mareo la atacó, Robert la tomó rápidamente de la
cintura antes de que pudiera caer al piso y ambos volvieron a reír ante su torpeza, sin
embargo, sus risas fueron interrumpidas cuando alguien más la alejó de él.
—¿Qué carajo haces tocando a mi esposa? —Farit exclamó con furia, sin embargo, se
quedó mudo cuando vio a su amigo y mano derecha, Robert Pet.
—¿Farit? —El castaño estaba igual que él de sorprendido y su mirada viajó hacia la chica
rubia—. ¿Ella es tú…?
—Ella es Luna. —Robert golpeó su frente, como no lo supuso antes, bueno, ¿cómo lo
haría?
Su amigo le había contado como eran más o menos las cosas en su matrimonio pero no
creyó la situación estuviera tan mal.
—Hermano, yo te aseguro que no paso nada. —Alzó sus manos, inocente—. Solo se la
paso hablando de ti.
Farit miró a Luna, la cual estaba entre sus brazos, se encontraba completamente ebria y
sonreía sin sentido, abrazando su cuello con fuerza mientras respiraba fuertemente sobre
su cuello.
Se preguntó por qué había tomado hasta perderse, pero tenía claro que en ese estado no
tendría respuesta.
La sacó de ese lugar, Jessy los esperaba afuera y su rostro se relajó cuando vio a Luna a
salvo. No vio otra salida que llamara a Farit, solo esperaba que Luna no se molestara con
ella al otro día.
—Soy su amiga más no su madre —objetó la castaña—. Ya tenía demasiado con los
sermones que le doy, Luna es más cabezota y testaruda que nada. Te dejo el regaño a ti,
por eso te llamé.
—¿A qué te refieres con sermones?… —Tenía curiosidad de saber que era lo que Luna
platicaba con su amiga. Pero Jessy claramente no le diría nada.
—Es mejor que te la lleves. —El azabache asintió dándole las gracias y la subió al auto.
Eran las dos de la mañana cuando llegaron a su casa, todos dormían, cargó a Luna sobre
sus brazos y la subió hasta su habitación donde la recostó sobre la cama.
Capítulo 14: Resaca
La rubia se sentó sobre esta soltando un ligero jadeo mientras se empezaba a despojarse
de su ropa.
Farit no pudo desviar la mirada cuando sus ojos vieron por primera vez los preciosos
senos de su esposa, cubiertos por el sostén de encaje de color negro traslúcido que
llevaba puesto, junto a la lechosa y suave piel de su abdomen plano.
Era demasiada tentación para alguien tan débil como el, pero todo quedó ahí, Luna se dio
media vuelta y se acurrucó sobre su costado.
Farit cerró los ojos y se acercó sigilosamente tapando su cuerpo con la sabana, tenía que
tranquilizarse. Se detuvo un momento para contemplar su rostro, tenía más que claro que
jamás iba a dejar de amarla.
Así lo despreciara como lo hacía, así le dijera que lo odiaba. Nadie más que él entendía lo
que eso significaba, solo viviendo una vida miserable y no lo quería, para ninguno de los
dos.
Era por eso que había decidido dejarla ir, aún le doliera en el alma, aún sintiera morirse
cuando ella se fuera sabía que era lo mejor.
Cuando Luna susurró entre sueños el nombre de ese hombre, su corazón se rompió
anhelando con su último palpitar que al menos él hubiera ocupado una sola vez el
pensamiento de su esposa.
La besó en la frente bajando a sus labios por unos segundos y acompañado de una
pequeña lágrima le susurró suavemente un TE AMO por última vez.
Al otro día Luna se despertó con un gran dolor de cabeza, la resaca la estaba matando,
se tocó su torso semidesnudo mientras se inclinaba sobre la cama, preguntándose que
había pasado anoche, cerró sus ojos al ser fuertemente golpeada por una oleada de
recuerdos y de pronto se preocupó.
—Joder —maldijo saliendo de la cama mientras se seguía tocando la cabeza, esta dolía
mucho.
Le gustaba tomar, pero no al grado de perderse, le hacía comportarse como otra persona
cuando estaba bajo los efectos del alcohol y claramente eso no le gustaba, ahora tenía la
cara llena de vergüenza, ¿qué había hecho?
La empleada la miró con preocupación mientras dejaba sobre la mesita una bandeja con
jugo de naranja, fruta y le sonreía amablemente. Esperaba que se sintiera bien.
—El señor Farit me pidió que le trajera esto. —Luna miró pensativa la comida. Él la había
sacado del Bar, eso podía recordarlo y luego la trajo a casa… después de eso, su mente
estaba en blanco.
—Gracias, Yuri —Le dio las gracias y se sentó de nuevo sobre la cama, pero ahora en la
orilla de esta para tomar los alimentos que dejó en la bandeja.
—Le traje esta pastilla para el dolor, se veía muy mal anoche. —La rubia levantó su
mirada, con sus mejillas rojas, no tenía dónde guardar su vergüenza, solo podía imaginar
el bochornoso show que hizo—. Ande tómela, se sentirá mejor. —Yuri le entregó la
pequeña pastilla y luego el jugo de naranja para que pudiera tomársela. Necesitaba una
que le diera amnesia para olvidar todo.
—¿Dónde está Farit? —Luna preguntó al recordar que siempre la obligaba a desayunar
con él, ahora estaba desayunando en su recámara, aun así, ella le debía una explicación
sobre su comportamiento de anoche.
Debía decirle que no había sido su intención hacer lo que hizo. No había actuado en sus
cinco sentidos, aunque realmente no sabía qué le iba a decir, ni ella misma entendía por
qué había hecho lo que hizo, su mente era una tormenta de pensamientos y recuerdos.
—El señor Farit se fue muy temprano a la oficina y la señorita Eliza se fue con él. —Luna
se quedó estática al escucharla.
Algo dentro de ella le dolió, de nuevo empezaba a sentir esa maldita molestia en su pecho
al escuchar el nombre de esa tipa. Farit ni siquiera se había esperado para que pudieran
arreglar, esté malentendido.
¿A caso no le importaba? ¿No quería saber que tenía que decir? Había sido una maldita
molestia, seguramente o es que estaba molesto con ella y ahora la ignoraría para
castigarla.
Yuri no dijo nada más y solo salió de la habitación, ya que pudo percibir la molestia al
escuchar el nombre de Eliza.
Luna se paró de mala gana y se metió al baño sin tocar su desayuno, su apetito era
inexistente gracias a las náuseas.
Sumándole lo molesta que estaba en ese momento. Se dio una ducha extensa, se cambió
y arregló para salir, no se quedaría postrada en la cama por una tonta resaca, como si
antes no las hubiera tenido.
Cuando se estaba observando sobre el espejo, eligiendo qué aretes usar, la puerta volvió
a sonar, Sol se asomó por esta con una gran sonrisa y Luna le regresó el gesto,
mencionándole que pasara con un pequeño susurro.
—Pero qué sexi —Sol dijo alegre escudriñando a su querida cuñada con una mirada
pícara y la ceja alzada.
La rubia se observó con más atención sobre el espejo meditado, sus palabras, soltó un
mohín cuando se dio cuenta de que era verdad, se había vestido de una manera
provocativa.
Llevaba un vestido corto, con un escote en la espalda, se sentía y se veía muy bien,
bastante para una salida casual, como si quisiera impresionar a alguien. Algo que no
hacía hace mucho, pero la pregunta era ¿A quién quería impresionar?
No quería decirle donde iría, se sentía tonta al querer arreglar las cosas con Farit, era una
necesidad que no había sentido antes, pero que ahora le fue surgiendo, algo muy extraño
para ella. No entendía por qué.
—¿Iras con Jessy? —agregó con su voz curiosa y dulce, mirándola de reojo, no quería
ser tan evidente.
Luna frunció el ceño al notar como se refería a su amiga de forma cariñosa, quería
preguntarle, pero supuso que Sol así hablaba de todos y se encogió de hombros.
—Sí. ¿Se te ofrecía algo? —preguntó mirándola sobre el reflejo del espejo, aún no
terminaba de arreglarse, tal vez un poco de rubor y labial rojo intenso se verían muy bien
con el tipo de ropa que estaba usando.
—Nada, solo quería que me acompañaras a ver los preparativos para la fiesta. —Soltó un
mohín, tímida.
No quería interferir en lo que Luna fuera hacer, sabía que había dicho que la ayudaría con
eso, pero tampoco quería ser una molestia para ella, solo que en verdad necesitaba su
ayuda. Quería que todo saliera bien.
La rubia se giró y le sonrió. No podía negarse cuando había aceptado, sería muy grosero
de su parte, así que asintió.
—Claro que te acompaño, solo iré con Jessy, necesito hablar con ella y regresaré en un
par de horas e iremos a donde tú quieras. —Luna sonrió mientras palpó su hombro. El
rostro de Sol se iluminó y sonrió de nuevo.
Esa era una buena idea, le encantaba saber que tendría su ayuda, así que le dio un
pequeño y rápido abrazo, agradeciéndole que hiciera tiempo para ella.
—Vale, te lo agradezco mucho. Me siento muy sola en esta casa, con Farit trabajando y
Eliza también… —Sus palabras se pasaron cuando notó lo que acababa de hacer.
Luna se alejó de ella y se giró de nuevo para que no notara la mueca en su rostro, pero
falló en el intento, Sol la pudo ver desde el espejo, se acercó un poco y la miró, extraña.
Había algo que Luna no le había dicho y tenía curiosidad de saber que era, aunque tenía
una cierta idea de lo que podía estar pasando en su cabeza.
La rubia se roció otro poco de su perfume, disimulando lo obvio, no era tan fácil admitirlo
cuando se supone que no debía importarle, pero no podía esconder más el odio que le
tenía a la peli-naranja y tampoco tuvo que responder, era más que obvio y Sol lo sabía.
—Creo saber por qué. Eliza siempre ha tenido un amor platónico con Farit, desde que
éramos pequeñas, pero mi hermano siempre le ha puesto sus límites.
»Además de que solo tengo que ver cómo te mira para darme cuenta de que está loco por
ti. —Sol continuó. Suspiró cansina, ahora fue ella quien palpó el hombro de Luna, quería
transmitirle tranquilidad y esperaba hacerlo—. Farit nunca podría hacer algo para dañarte.
Soltó una pequeña sonrisa. Mientras Luna la miraba de soslayo, ella no se veía tan
convencida, tal vez era porque Sol no conocía toda la historia de ellos.
Aunque no podía dejar de pensar que tanto de lo que decía Sol podría ser verdad. Eliza
parecía no importarle los límites que le ponía Farit y él la dejaba ser por la amistad que los
atesoraba.
La cual era una blasfemia, eso de tener dobles intenciones en una relación de fraternidad
se le hacía tan desagradable, tanto como se le hacía la peli naranja.
Siempre estaba pegada a él como si no tuviera nada más que hacer que solo acecharlo y
eso la hacía sentir… no podía describirlo.
Apretó sus puños y respiró profundamente, tenía que reprimir ese sentir, no le servía de
nada, ni la ayudaba a algo.
¿A ella que le importaba lo que hiciera o dejara de hacer con Eliza? Sacudió su cabeza y
asintió ante las palabras de Sol, escondiendo sus pensamientos. Decidió a no darle más
importancia, y seguir con su vida, sí, eso haría.
—Bueno, será mejor que me dé prisa para regresar lo antes posible. —Dejó atrás la
conversación, ya no quería hablar más de eso y tomó su bolso con velocidad mirando la
hora en su móvil, era tardísimo—. Te veré a mi regreso —Luna le informó y salió de su
habitación dejando a Sol dentro de esta.
La castaña la miró pensativa, había notado la extraña relación entre ella y su hermano,
era un matrimonio nada convencional, aún más cuando ni siquiera dormían juntos,
cualquiera dirían que no se amaban, cualquiera que no los conociera.
Esa idea la desechó en cuanto notó por primera vez como se contemplaban mutuamente,
no era solo Farit quien miraba a Luna como si no hubiera nadie más, como si solo
existiera ella en el cosmos, era tan romántico, pero como decía, no solo era él, si no, Luna
también lo hacía.
Únicamente que ella trataba de esconder el brillo en sus ojos cada vez que admiraba a su
hermano y le dio curiosidad saber el porqué. Por qué tratar de esconder que amas a tu
propio esposo.
Apenas llegó a la constructora, a Luna le pareció extraño que no hubiera nadie quien la
recibiera fuera de la oficina de su esposo, nunca se había atrevido a ir al lugar al trabajo
de Farit, jamás tuvo motivo para hacerlo.
Estaba segura de que en ese pequeño escritorio, a fuera de su oficina, tendría que estar
Eliza para recibirla y avisarle a él, que ella estaba allí, sin embargo, al poner un poco más
de atención pudo ser capaz de escuchar ligeros murmullos provenientes de detrás de la
puerta.
Estaba de alguna forma feliz y de nuevo esa maldita incomodidad que sentía en su pecho.
Que ella recordara, él nunca le había sonreído de esa forma, aunque Luna jamás le dio
motivo para hacerlo, lo cual la hizo sentirse recelosa.
Capítulo 15: Acercamiento peligroso
Se sentía culpable de que ahora Farit estuviera más cerca de Eliza, ella y solo ella tenía la
culpa.
Tenía que admitir que se veía feliz cuando estaba con ella, ¿por qué no dejar que lo
fuera? ¿Por qué no simplemente retroceder y dejar que ellos dos se acercara más de lo
debido y dejarlo pasar?
Pero esa idea fue desechada, apenas observó como Eliza tomó su mano mientras se
acercaba un poco más hacia él y con la otra mano palpaba su pecho de madera
descarada.
Mientras subía su mirada falsamente inocente, para qué quedará a centímetros del rostro
de Farit.
Haciendo parecer como todo había pasado espontáneamente natural, pero eran más
naturales los implantes de senos de Eliza que esa escena y para el colmo él no hizo nada,
únicamente se quedó estático mientras la miraba confundido. ¿Por qué no la alejaba?
Luna estaba reteniendo las ganas que tenía de entrar y alejarla de su esposo, mientras la
arrastraba por todo el edificio de los cabellos, sin embargo, quería poner a prueba las
palabras de Sol, que tanto amor y fidelidad le podía guardar cuando tenía una descarada
invitación delante de él. Quería saber que tanto Farit la amaba en verdad.
Todo parecía estar en contra él cuándo no hizo nada para detener sus movimientos, pero
al desviar sus ojos por un segundo, su mirada se conectó con la de Luna, quien se
reflejaba detrás del cristal, haciendo que él mismo se alejara de la peli-naranja al notar su
presencia.
Había sido como si hubiera reaccionado en aquel momento. Su intención jamás fue
besarla o algo parecido, solo se quedó en Shock cuando Eliza hizo ese acercamiento tan
precipitado. Sin embargo, entendía que no se estaba viendo bien ante los ojos de Luna.
El semblante de la rubia no cambió en absoluto, incluso ella misma se sintió una idiota al
ir a verlo para explicarle lo que había pasado a noche, estaba segura de que de no ser
por qué la había visto detrás del cristal, él hubiera dejado que Eliza lo besara y eso la
estaba decepcionando muchísimo.
Se sentía mucho más que decepcionada, se sentía engañada una vez más, su corazón
dolía, maldita sea, no podía negarlo más.
Se sentía furiosamente celosa, por fin lo estaba admitiendo. Ya no podía callarlo más,
pero al mismo tiempo se sentía sin el derecho a reclamar nada y eso era mucho peor.
Farit era su esposo, pero no era suyo y eso ponía una gran barrera entre ambos.
—Luna —musitó Farit y Eliza se despabiló dando media vuelta para mirarla. No
esperaban su visita, ninguno de los dos aludidos.
Cuando Eliza vio en ese momento a Luna, no pudo esconder su molestia, pues arruinó
todo lo que tenía planeado desde hace mucho.
Había estado tan cerca, el azabache le permitió acercarse un poco más de lo debido.
Era extraño si se lo preguntaba, no sabía qué había pasado entre Farit y ella, que el
azabache bajó la guardia de manera sorpresiva.
Cada vez que ella le hacía algo, él iba casi corriendo a sus brazos en busca de consuelo y
no podía estar más feliz por eso.
Aunque solo la buscara como amiga, sabía que muy pronto caería ante sus encantos y
ese día que había estado tan cerca, todo se arruinó.
—Eliza, nos permites un momento —Farit exclamó cuando Luna abrió la puerta y pasó a
su oficina con su rostro serio.
—Claro que sí, Farit —Eliza dijo de forma dulce y fingiendo que no estaba molesta por la
interrupción—. Si necesitas algo no dudes en llamarme.
Su mano viajó hasta él ante brazo de su jefe, acariciando la zona con parsimonia, acto
que no pasó desapercibida para Luna, haciendo que su enojo fuera en aumento.
Eliza solo lo había hecho para hacer enfurecer más a la rubia, al menos obtendría eso de
ese momento.
La peli naranja salió de la oficina sin dirigirle ningún saludo o alguna mirada, ignorando
por completo la presencia de Luna.
Cuando la rubia por fin escuchó la puerta cerrarse. Soltó el aire en su pecho y empezó a
respirar, no sabía hasta qué grado, Eliza podía sacarla de sus cabales y estaba
reteniendo las ganas de decirlo lo trepadora que era.
Farit no había dicho ninguna palabra, solo se limitó a esperar a que ella fuera la primera
en hablar.
Aunque Luna se estuviera muriendo por dentro, era demasiado buena en ocultarlo, por
eso el castaño aún estaba dudando si en verdad le había molestado lo que había visto.
—Tienes mucho tiempo libre y lo ocupas muy bien —Luna se puso al descubierto, no
quería que sonara a reclamo, pero maldita sea había errado con creces—. No te quedaste
a desayunar.
Trató de remediar su expresión anterior, sin embargo, de inmediato se arrepintió cuando
vio la charola con dos platos sobre su escritorio.
Habían desayunado juntos y eso la hizo sentir aún más patética e idiota.
—¿Para qué? Parecemos dos desconocidos en la mesa —Farit le reprochó, era verdad y
Luna no tenía argumento ante sus palabras, ahora se preguntaba si había sido buena
idea ir a verlo.
—Quería explicarte lo que pasó ayer. —Trató de ser una persona razonable y hablar
como se debía por una vez, no pediría disculpas, no era su estilo, pero al menos las
pediría como ella creía oportuno—. Yo no suelo hacer ese tipo de cosas, sabes, hablarle
a extraños y tomar con ellos es algo que no haría nunca.
Por suerte no había hecho nada más que molestar al hombre, del cual no recordaba su
nombre.
De pronto el silencio se prolongó, supuso que lo que tenía que decir lo había dicho. Ya no
había más. ¿O sí?
—Será mejor que te deje, se ve que tienes mucho trabajo —dijo irónica recordando cómo
lo había encontrado, a punto de besar a Eliza.
Apretó sus labios, miró a Farit y luego se dio media vuelta dispuesta a salir de ahí, pero
este la llamó de nuevo.
—¿Por qué perdiste el control de esa manera? —pidió una explicación de sus acciones,
no le bastó con la explicación que le dio, algo debió orillarla, hacer lo que hizo y quería
saber que era—. ¿Por qué tomaste tanto y porque te acercaste a un desconocido?
Porque, de no haber sido Robert, te hubieras podido topar con algún depredador.
Su voz sonó con reclamo. Era evidente que no le había gustado lo que pasó esa noche.
La forma en la que se puso en peligro.
Luna no se giró sobre sus talones, estaba buscando en su cabeza una explicación
sensata a sus acciones y lo único que encontró no le gustó. Sabía exactamente por qué lo
hizo, más bien no quería admitirlo y solo soltó un “porque quise”
Farit resopló cansino. Sentía que era un caso perdido. De verdad quería entenderla, saber
lo que pensaba, lo que buscaba.
—Está bien Luna, te veo en la casa —Farit musitó tomando asiento en su silla.
No insistiría más, ya no más, estaba derrotado, malherido, pero no la culpaba, ella era la
menos culpable de este desastroso suceso.
Todo esto había sido su culpa, cegado con la ilusión de que algún día ella pudiera amarlo.
Sin embargo, no era así, jamás iba a poder lograr que Luna lo quisiera ni un poco y ahora
lo veía claramente. Él no era David.
El teléfono de la oficina empezó a sonar y Farit respondió sin quitar el alta voz.
—¿Sí?
Montalvo alzó la mirada en el instante en el que Luna se dio media vuelta y lo contempló
expectante. Eso definitivamente no se lo estaba esperando.
—¿Cuándo ibas a decírmelo? —No sabía cómo sentirse, debería estar feliz, pero ¿por
qué no era así? Por qué sentía como si le hubieran clavado un puñal en el pecho.
—Cuando los papeles estuvieran listos. —Era una fácil respuesta, pero Luna no se refería
exactamente a eso.
Farit se puso de pie de nuevo, frunciendo el ceño. No quería pensar que Luna estuviera
molesta con esto, ese no era su propósito.
No era para que terminaran peleando de nuevo, en verdad era lo último que quería hacer
más.
Quería verla feliz, plena eso era lo único que buscaba y era claro que a su lado no lo era,
sin embargo, ella se veía… ¿Triste? ¿Devastada? Con la noticia y no lo entendía. ¿Qué
había hecho mal ahora?
—Solo quiero que seas feliz. —Farit se sinceró y Luna no lo vio así.
Claro que no y menos después de verlo con Eliza en una situación tan comprometedora
que en su cabeza se formó una idea diferente. Él estaba buscando escapar de su
compromiso para irse con ella.
—¿Lo haces por mí o es porque te diste cuenta de que en verdad te gusta Eliza? —
reclamó enojada.
—Por favor Farit, los vi y sé que tú sabes que lo hice, estuvieron a punto de besarse, no
soy estúpida. —Todo su autocontrol y el aparentar que no le importaba se fue al
mismísimo carajo.
—¡No! Ya te dije que Eliza no me atrae, únicamente es una amiga. A la única que amo,
deseo y añoro con todas mis fuerzas es a ti. —Montalvo se acercó un poco más hacia
ella.
Quería demostrárselo, todo el tiempo quería, pero ella jamás lo miraba, era como si no
fuera nadie para ella y ya estaba cansado de eso.
—¡Porque te amo! —El azabache alzó la voz—. Por eso lo hago. Quiero que seas feliz y
es claro que no lo eres conmigo, tu misma no te cansas de recordarme lo infeliz que eres
en este matrimonio.
»No puedo ser egoísta cuando se trata de ti y es por eso que te doy tu libertad, esa que
tantas veces suplicaste que te diera.
Dolía, dolía tanto que no sabía cómo se mantenía de pie en ese momento. Dejaría ir al
amor de su vida y no haría nada para recuperarla, vaya, el mismo la estaba orillando a
irse. Tomar lo que ella quería.
Capítulo 16: Besar tus labios
—Por favor no me hagas quedar como el malo de nuevo, porque dejarte ir es lo más
doloroso que he hecho en mi vida.
No supo en qué momento se acercaron tanto, tal vez fue el calor del momento, cada uno
de sus impulsos, los sentimientos y sensaciones que sentía. No supieron cómo sus
cuerpos terminaron así de cerca.
En qué momento la idea de estar lejos de Farit le pareció aterradora. No supo en qué
momento su corazón empezó a latir sobremanera al sentir sus grandes manos, tomando
su cuerpo de una forma posesiva que la dejó sin aliento.
No supo en qué momento tuvo la desesperación de sentir sus labios sobre los suyos
cuando su aliento empezó a rozar con su nariz, realmente no supo en qué momento había
empezado a amar a Farit Montalvo…
De pronto Luna dejó de respirar cuando sintió el rostro de Farit demasiado cerca del suyo.
Sus ojos se conectaron como si fuera la primera vez, como si apenas se conocieran y se
conectaran, hundiéndose profundamente en ellos.
Todo era silencio, un silencio casi palpable, sin embargo, el fuerte palpitar de su corazón
dejaba al descubierto sus sentimientos, los cuales había hecho hasta lo imposible por
reprimir, por no sentirlos más.
Su nerviosismo la hizo divagar entre su mirada y sus labios, esos labios que hace mucho
quería besar y que era más que evidente que no había logrado hacer.
Eran mucho más evidentes los sentimientos de Farit, Luna solo tenía que verlo de frente
para saberlo. Sus ojos enmendaban amor y veneración hacia ella, no había más que eso.
Eso la hizo sentirse segura, con su pecho ar regocijado, pero no reaccionó de ninguna
manera, estaba esperando sus propias acciones.
Algo que le dijera a sí misma que era lo que estaba buscando en verdad, su mente no le
decía nada exactamente, y eso la estaba frustrando.
Quería tomar una decisión en ese momento ¿Qué sentía al estar así con Farit? Se
preguntó.
Solo sabía que no quería que se alejaran de ella, no quería que se alejara y menos quería
divorciarse de él, entonces así fue como sintió cómo Farit subía poco a poco su mano
hasta su espalda media para poder sostenerla como más fuerza.
Él seguía en la misma posición, esperando a que ella le correspondiera, era claro que él
tampoco quería dejarla ir, aunque le alegraba que Luna no hubiera reaccionado como las
demás veces, donde lo alejaba o trataba de rechazarlo, estaba vez era diferente y no
entendía por qué.
Luna dio un pequeño paso hacia él, esperaba con ansias el contacto de sus labios, le
estaba brindado la oportunidad, se dejaría llevar.
Eso era lo que hacía, así que cerró sus ojos, esperando el contacto, lo necesitaba, pero
por desgracia eso no pasó.
—Farit, te busca tú... —Eliza entró sin tocar, se quedó estática, soltando una expresión
mucho más que sorprendida.
Callando apenas miró la escena delante de sus ojos y apretó sus puños de pura rabia.
Estaba más que claro que había interrumpido algo entre ellos dos y al verlos tan cerca, en
aquella posición, donde Farit prácticamente la tenía acorralada entre la pared y él, lo
supo. No había más. Entonces apretó sus puños.
Luna hizo el ademán de alejarse al escuchar la puerta, abrirse, era como si hubiera caído
en cuenta de todo lo que estaba pasando y lo que estuvo a punto de pasar, pero Farit no
se lo permitió haciendo más fuerte el agarre en su cintura.
Ahora se sintió incómoda y más por la fuerte y austera mirada de la peli naranja.
—Hermanito, ¿Luna? —Sol miró sorprendida a su cuñada cuando entró a la oficina detrás
de Eliza y la encontró ahí, con su hermano—. Pensé que estarías con Jessy. —Frunció el
ceño, ya que no dijo nada de venir a ver a su hermano.
Quería explicarle cómo su amiga le había cancelado el desayuno porque le surgió una
cita importante de trabajo, o eso era lo que estaba inventando en su mente.
Sin embargo, no salió nada de su boca y es que tener a Farit tan cerca, abrazado su
cuerpo la distraía mucho y el hecho de que tanto como Sol y Eliza los estuvieran viendo
no hacía que Farit se alejara ni un centímetro, parecía no importarle.
—Oh, ya entendí, querías darle una sorpresa a Farit. —Sol sonrió sugerente y un poco
entusiasmada, observando a ambos aludidos.
Ella aceptaba lo que suponía que estaba pasando y le alegraba mucho que Luna haya
tenido la iniciativa, ahora que lo meditaba era la primera vez que los veía tan juntos y
empalagosos que en ese momento se sintió mal por haberlos interrumpido.
—Me lo hubieras dicho, yo sé guardar muy bien los secretos—. Sol le guiñó un ojo,
cómplice.
Luna sonrió fingidamente. Sol estaba teniendo una idea errónea de lo que estaba
pasando, pero no la iba a sacar de su error.
Se quería ahorrar las explicaciones y decirle que en realidad había acudido a la oficina de
Farit por diferentes razones, era más fácil.
Además de que Eliza estaba presente y tampoco le daría otro gusto, haciéndole saber de
su enojo.
—¿Me puedes soltar? —Luna aprovechó el momento y sin deshacer la sonrisa, justo en
el instante en que Sol se distraía con Eliza comentándole algo sobre la fiesta para hablar
con Farit.
Este la miró con unos ojos impacientes, aunque su sonrisa fuera auténtica y casi
bromista.
—No hasta que me digas que fue lo que pasó hace un momento. —Farit dijo sin soltarla,
mirando de sus ojos a sus labios, como si no existiera nadie más que ellos en la oficina.
Como deseaba besarla y si no fuera porque no estaban solos ya lo hubiera hecho—. Y no
te atrevas a decirme que nada porque sé que lo sentiste como yo, no te atrevas a
mentirme. —habló muy cerca de su boca.
Casi provocativo y seductor. Luna se puso nerviosa mientras sus mejillas se ponían
coloradas. Con esa reacción era más que claro que no podía mentirle. Ya no más.
—Basta, Sol y tu amiga están aquí. ¿Podemos hablar de esto después? —Luna nombro a
la peli naranja con más recelo.
Farit entornó los ojos, pero accedió soltándola al fin. Tenía razón, tenía que admitir que no
era momento y menos si las dos aludidas no los dejaban de ver expectantes.
Aunque Eliza estuviera hablando con Sol y ella estuviera diciendo cosas a cerca de los
preparativos de su fiesta, no había podido escuchar ninguna de sus palabras, pues toda
su atención estaba puesta en la pareja detrás de la peli rosa.
No le agradó en absoluto cómo los encontró a la hora de entrar a la oficina y aún peor, no
habían hecho el ademán de quererse separar cuando los descubrió.
Era como si ambos estuvieran cómodos, como si no tuvieran ningún problema que los
separara y entonces se preguntó ¿Qué significaba esto?
Apretó fuerte sus puños. No podía permitir que sus planes se fueran por la borda porque
ahora de pronto a la tonta de Luna le hubiera nacido el amor por Farit, no, eso no podía
ser.
Ella y él no podían estar juntos. La rubia lo odiaba y Eliza solo hacia algo más para que
ese odio siguiera ahí, separándolos por siempre.
—¿Entonces, como vez? —Sol terminó de decir y Eliza parpadeó sin saber que
responder, no tenía idea de lo que había dicho, pero solo se le ocurrió asentir.
Así Sol aplaudió con entusiasmo. Eliza no supo qué dijo que su hasta que su amiga habló
de nuevo y entonces entendió que la había cagado.
—Solo falta preguntarle a Farit. Oye hermanito. —Sol continuó. Los ojos negros del
azabache se posaron en ella, expectante, preguntándose a qué había ido su hermana
menor a la empresa—. ¿Dejarías que Eliza me acompañe a traer las invitaciones para mi
fiesta?
No, ella no quería irse, ella quería quedarse con Farit y tal vez arreglar lo que Luna había
arruinado con su visita. Si se iba, nada más les daría la oportunidad de reconciliarse, no le
iba a permitir que le arruinara sus planes con su Farit. De eso estaba casi segura, a
menos que...
—Claro —dijo Farit con simpleza, no tenía ningún problema con eso. El trabajo era
escaso a esas horas de la mañana. Eliza cerró los ojos, derrotada, pues era claro que
Farit la dejaría ir. Luna se saldría con la suya —. No hay mucho trabajo este día, además,
hay algo que tengo que hacer.
—Estupendo, vámonos Eliza —La peli rosa dijo entusiasta tomando a su amiga del brazo,
para jalarla e irse de ahí.
—Pero...
Ni siquiera la dejó que hablara, Sol tomó por sí misma la bolsa de su amiga y a
regañadientes se la llevó consigo, no sin antes guiñarle un ojo a Luna de forma cómplice y
sonreír ante su hazaña. Entonces la rubia lo entendido a la perfección.
Su cuñada se había llevado a Eliza al propósito y no sabía por qué lo hacía, ni porque eso
le agrado mucho. Le dio las gracias a Sol por eso.
Cuando al fin se quedaron solos, de nuevo como al principio, Luna trató de irse también,
no le vio caso a seguir ahí, sin embargo, Farit la detuvo de la mano.
La realidad era que quería huir, ya que no sabía qué decirle cuando le preguntara que
había pasado entre ellos hace un momento y era porque ni ella misma sabia la respuesta.
Tal vez si la sabia, pero le era difícil aceptarla. No quería verlo a los ojos y dejar al
descubierto todo lo que estaba pensando, estaba en un verdadero dilema.
—Hay una plática pendiente —exclamó el azabache sin soltarla, estaba decidido a no
dejarla ir. Era su última oportunidad, daría todo o nada en ese momento.
—No la hay. —Luna había recapacitado pronto, o eso creyó. Aunque no de la manera
correcta—. En cuento tengas los documentos del divorcio, los firmaré —dijo de forma
indiferente, casi hiriente.
No tenía por qué afectarle nada de lo que estaba pasando, al contrario, debía sentirse
feliz, por fin sería libre.
Sí, debía pensar de esa manera y no de la forma en la que mandaba todo al carajo y se
arrojaba entre sus brazos... pero luego se dio cuenta de que al hacerlo dañaba a Farit y
esa idea tampoco le agradó. Maldijo por dentro al no saber qué hacer.
Farit volvió a perder la paciencia, tenía que aceptar que Luna podía ser un poco mal
criada a veces y eso lo sacaba de sus casillas. Pareciera que todo lo que hacía no era
para ella y eso en cierta forma le dolía.
¿Por qué no veía todo lo que hacía por ella? Lo mucho que la amaba, ¿qué acaso no
había sentido lo que tuvieron hace un momento? Porque él lo sintió hasta la última capa
de su piel y sabía que ella también lo sintió, aunque lo negara y se empecinaba a sentirlo,
lo sabía.
A sí que sin aviso alguno detuvo sus movimientos. La acorraló sobre la pared de nuevo,
mientras la miraba penetrante y respiraba muy cerca de su rostro, tratando de controlar
sus sin fin de emociones que sentía por ella.
No podía dejarla ir. Algo le decía que no lo hiciera y gozó con todas sus fuerzas como su
pequeña y adorable esposa se derretía entre sus brazos.
Capítulo 17: También te quiero
Podía sentir su cuerpo temblar, su respiración entre cortada y todos sus sentidos sobre él.
—¿Por qué eres tan malditamente terca y no reconoces lo que yo te hago sentir? —Farit
exclamó de forma desesperada, ya que a pesar de saber que él podía sentir todo lo que
estaba experimentando, se seguía negando a lo obvio.
Sus palabras las dijo de una manera tan sensual que hizo que Luna flaquear por un
instante.
Sentía su poder sobre su mirada y eso la hizo derretirse a un más, sintiendo cómo el roce
de su piel la ponía cada vez más expectante.
—A-Aléjate —Luna dijo entre cortada. Desvió su rostro y claramente su mirada, pensaba
que así podría resistir, pero solo estaba haciendo más difícil el proceso.
—Creería lo que dices si no estuvieras devorando mis labios, deseando que te bese como
yo deseo hacerlo. —Farit musitó sobre su cuello. Aprisionó su cuerpo un poco más si eso
era posible.
Luna lo miró de nuevo, rozando tentativamente los labios contrarios de una forma
tortuosa.
La rubia sintió cómo perdía fuerzas y razón con cada caricia, con cada palabra suya, con
cada centímetro de distancia acortada, sus grandes manos tomando su cuerpo, porque
tenía que reconocer que tenía razón, ya no podía negarlo más, ya no podía, aunque
quisiera.
Farit le atraía mucho más de lo que era realmente consciente y mientras se mordió el
labio y se dejaba llevar se repitió mil veces en su cabeza que David no estaba más en su
vida y que lo que estaba haciendo no lo lastimaría.
Claro que no, porque si él en verdad la amaba, estaría feliz por ella y Farit era eso que
ella necesitaba, aunque no lo quisiera, lo sentía.
Fue así que deshizo cualquier distancia y por fin sus labios se juntaron en un ardiente
contacto.
El beso fue paulatinamente fogoso, Farit se sintió en la gloria, probar los dulces labios de
su esposa era una experiencia que quería disfrutar por siempre y a cada instante, ya lo
había hecho antes, pero esa ocasión estaba siendo única.
Luna le estaba correspondiendo como nunca imaginó, así que se tomó su debido tiempo
mientras por dentro se regocijaba de dicha al ser aceptado tan gratamente por su la rubia.
Ella no podía mentir más, ya no tenía el suficiente autocontrol para hacerlo, lo quería, lo
deseaba tanto y lo demostró subiendo lentamente sus manos hasta enredar sus dedos en
las sedosas hebras del cabello de su esposo, y así fue comí intensificó mucho más el
beso.
Como las caricias de Farit se hacían más firmes y excitantes recorriendo toda la extensión
de su espalda hasta para en sus inicios.
Haciendo hincapié en que no iría más haya sin su consentimiento y eso le encantó a
Luna, saber que podía estar segura con él.
—Te amo, Luna —Montalvo musitó sin parar sus acciones, sin dejar de besar, lamer y
morder los apetitosos labios de Luna, mientras la acariciaba sutilmente.
No sabía que más hacer para demostrar que la amaba. Quería que no le quedara duda
alguna.
La rubia sintió cómo esas simples palabras llenaron su pecho con un sentimiento etéreo
que la hizo sonreír. Le gustó escucharlo, y eso a su vez la hizo sentir dichosa.
Farit se estaba volviendo loco, era como si hubiera pasado días sin comer y ahora ante él
se presentara un gran banquete, uno que se quería devorar de un solo bocado.
No podía saciarse de los besos de su esposa y poco a poco empezó a descender por su
cuello mordisqueando el lóbulo de su oreja mientras unos gloriosos gemidos se hicieron
oír por toda la oficina.
Sí, sabía que iría lento, pero algo dentro de él explotó por completo, aun así, iría con
cuidado, si sentía que Luna quería parar, pararía, para su sorpresa, la rubia parecía
disfrutarlo igual o más que él.
Pegó aún más su cuerpo sucumbiendo ante el calor corporal que iba tomando posesión
de ella. Esto era lo máximo.
—¡Farit! —Luna gimió de nuevo al sentir algo duro clavarse en su estómago, no tenía que
preguntar que era cuando claramente lo sabía y entonces eso la hizo recapacitar un poco
—. Espera…
No quería parar, pero era necesario, aunque le hubiera gustado seguir, sabía que estaban
yendo muy rápido, tenía que ser más objetiva al respecto.
Su cuerpo pedía por Farit y ella lo hacía igual y estaba segura de que si no paraban no
sabía hasta dónde sería capaz de llegar. No era la manera, fue por eso que tenía que
frenar el momento.
No era así como planeaba tener su primera vez. Farit se mordió el labio y sin salir de la
curvatura de su cuello besó paulatinamente está zona de forma lenta.
Entendía, joder claro que lo hacía, tenía que ser razonable, así que trató de pensar en
algo más para que bajara su erección mientras trataban de controlar su respiración, solo
disfrutaba de la exquisitez de su aroma.
Era como un sueño hecho realidad y tenía miedo de que cuando se alejara de ella y la
volviera a ver a los ojos le dijera que todo había sido un error que él mismo causó.
Ese era su más grande temor y no deseaba que se hiciera realidad cuando había puesto
el último suspiro de su corazón en ese beso.
—Yo… —la dulce voz de su esposa lo sacudió de sus pensamientos, respiró hondo y se
inclinó hacia atrás para verla, era la hora de la verdad—. Creo que también te quiero.
Farit no pudo aguantar su felicidad al escuchar sus palabras y transmitirla en una grande
y reluciente sonrisa, ¿había escuchado bien?
Es que no daba merito alguna de lo que le estaba pasando en ese momento, se sentía
como en un sueño.
Luna correspondía sus sentimientos después de tanto tiempo mendigando por él, ella por
fin había aceptado sus sentimientos, era como un logro
¿Podía ser más feliz en ese momento? Su corazón no aguantaba más dicha, quería
besarla de nuevo, pero antes de eso se detuvo, ya que la duda lo invadió, no tenía por
qué pero así era y se sintió tan mal por eso...
—Dime que no es mentira, que no estás jugando conmigo, Luna, porque te juro que no
podré soportarlo —dijo Farit aún con la duda del miedo creciendo en su interior.
No era duda, más bien era miedo, un miedo que tenía muchos fundamentos. El rostro
serio de su esposa le hacía creer mil cosas, pero liberó un gran suspiro cuando la vio
asentir y sonreír a la vez.
El azabache tomó sus manos con ansias y la abrazó tan fuerte como pudo, no quería
desprenderse de ella jamás.
Luna no dejó de sonreír y correspondió el abrazo sin evitar sentirse extraña, pero no de
una mala forma, si no una de muy buena forma y eso la asustó un poco
¿Así se sentía el amor? Se preguntó a sí misma, ¿Por qué jamás se había sentido así
cuando estaba con David?
Era extraño ¿Por qué nunca sintió su corazón expandirse tanto que podía dejarla sin aire,
cuando estaba a su lado? Nunca lo sintió, si no ahora, con Farit y no logró entender por
qué.
Cada vez las ganas de hablar se iban, se sentirán bien así solo mirándose entre sí. Era
algo nuevo.
Después de las confesiones y los candentes besos era difícil decir algo congruente,
supuso que lo más importante ya estaba dicho o más o menos eso pensó.
Y era algo que les gustaba a sentir de todo, era como algo inocente, pero pervertido a la
vez, tenía que reconocer que Farit besaba muy bien y no podía dejar de mirar sus labios
queriendo más de eso.
El mesero del lugar hizo una aparición oportuna llevándoles su orden, un capuchino para
Luna y un americano para Farit.
—No sé cómo empezar esta conversación —confesó él con toda honestidad, no esperó
que llegaran a eso—. Estoy confundido por ti, por lo que dijiste, por lo que hicimos o
estuvimos a punto de hacer, porque mi corazón no quiere hacerse ilusiones... —Se
detuvo al verse demasiado evidente del miedo que aún conservaba.
Se calló cuando Luna tomó su mano para tranquilizarlo y sintió como el mismo causante
de todos sus sentimientos, se sobresaltaba con ese solo simple toque, no tenía remedio.
Estaba locamente enamorado de esa mujer, haría todo por ella y ese pensamiento lo
asustó, porque no sabía hasta donde podría llegar por ella.
—No mentí Farit, y te confieso yo estoy igual de confundida, pero no por lo que empiezo a
sentir sino por como lo hice. —Suspiró y trató de quitar su mano, Montalvo la sostuvo
firme, no quería que la quitara de ahí—. Juré que nunca iba a sentir nada por ti y ahora...
—Bajó la mirada hasta sus manos entrelazadas. Esto parecía correcto, lo sentía así...
—Te juro que no te arrepentirás de lo que sientes por mí, te haré feliz, cada día, a cada
momento... Luna no quiero dejarte ir, te lo ruego. —La rubia sonrió. Ella tampoco quería
dejarlo ir, ya que lo amaba, a pesar de todo lo que había pasado lo hacía.
Aunque ahora se había abierto con Farit y admitió que estaba muy lejos de odiarlo
realmente, que al contrario de eso, también sentía algo por él, algo que sintió desde
mucho antes.
Pero que apenas estaba empezado a admitir, pero también tenía que admitir que no se
conocían, después de casi 6 meses de casados eran extraños el uno del otro y tal vez
tenían que empezar desde el principio y de la manera adecuada. ...
—Por el poder que se me otorga, hago válido la absolución de su matrimonio. —El juez
cerró el documento dentro de la carpeta después de que ambos aludidos firmaran
correctamente y asintió mirando a todos los presentes.
Farit miró a Luna mientras se tomaron de las manos y sonrieron. Una escena demasiado
extraña para un divorcio.
Sol estaba detrás de ellos, con su cara sorprendida, le había pedido que los acompañara,
jamás pensó que harían esa locura y seguía aún sin poder creer lo que habían hecho.
Todo era tan confuso, no lo entendía, pero si lo que acababan de hacer los hacía felices
no tenía nada que objetar ante eso.
Solo ellos sabía lo que era bueno para ambos, al menos se veían bien, aunque la misma
pregunta se apareció en su mente una y otra vez.
¿Por qué si se amaban, se estaban divorciando? Solo ellos lo sabían y claro que lo
sabían bien, ya que no podían pensar en mejor decisión que esa.
Luna besó a su ex esposo de una forma dulce y amorosa mientras siguió sonriendo.
Empezar de nuevo, de una forma correcta era lo que ambos querían, sin el amargo
pasado que los rodeaba, así que decidieron divorciarse para volver atrás, olvidando los
malos ratos y las palabras hirientes que ambos se dijeron, ya no había nada más que solo
el futuro para ambos.
Sí, era loco y un poco tonto divorciarse cuando ambos se amaban locamente, sin
embargo, cuando Luna y Farit recordaran su boda con la persona que ahora estaban, no
querían admirar aquel día como uno lleno de sufrimiento y tantas mentiras.
Luna querían recordar su boda llena de dicha y felicidad, junto a Farit, el hombre que
amaba y del cual no quería alejarse nunca. Era increíble las vueltas que daba la vida.
Luna soltó una pequeña risa cuando Farit la tomó de la cintura y le dio un beso profundo,
uno de esos que le quitaban hasta la respiración, su corazón se sentía extasiado por todo
lo que estaba pasando, tenía que admitir que no había sido fácil divorciarse, por la simple
razón de que ahora solo quería ser de Farit, pero solo quería una cosa y era ser feliz con
él.
De verdad lo deseaba y un papel no les diría que hacer o que no, quería darse una
segunda oportunidad porque lo amaba como jamás imaginó hacerlo.
Y era una locura después de las tantas veces que lo despreció y se arrepentía de eso.
Los días fueron pasando, por su puesto la noticia del divorcio pronto se esparció por los
medios, ya que Farit pertenecía al grupo de CEOs más importantes de la ciudad.
Capítulo 18: Deseo
El gran empresario Farit Montalvo, que era mayor conocido como la revelación del año, ya
que con su corta experiencia había podido sustentar su empresa después de la muerte de
su padre.
Ahora la incógnita de los medios era ¿estaba soltero de nuevo? Y no solo era una
pregunta, sino que podía convertirse en un gran problema para Farit.
El testamento de su padre había sido claro, sin matrimonio no habría herencia, sin
embargo, había hablado con su abogado, quien le dio una prologa de cuatro meses para
casarse de nuevo.
Como supusieron, la noticia fue esparcida por todos lados, creyendo al final que el
matrimonio de ambos había concluido como algo trágico. No podían estar más lejos de la
realidad, cuando la verdad era distinta.
Luna estaba mucho más cerca de él de lo que estuvo antes. Ahora podía sentir que su
amor era casi indestructible.
Por otro lado, y para la mala suerte de Luna, su madre no reaccionó muy bien a la noticia
del divorcio, fue como un suceso desagradable, algo que por supuesto no estaba en los
planes de Camil y que de haber sido por ella, no hubiera permitido que pasara.
No estaba de acuerdo en que su hija perdiera los beneficios de estar casada legalmente
con Montalvo, ahora su relación no tenía validez para ella.
Cualquier cosa podría pasar, y según sus ideas, su hija estaría desamparada, sin un título
y peor aún, sin dinero de por medio. Solo pensaba en el dinero como siempre, eso era lo
único que la motivaba en realidad.
Pero no todo era malo con su familia. El señor Sandoval era el único feliz por su pequeña
Luna, a él no le importaba si estaba casada o no. Siempre le interesaría y le preocuparía
su bienestar y felicidad.
Donde ella se sintiera feliz, estaría bien para él. Para su suerte así era, esa felicidad era a
lado de Farit y con eso le bastaba.
No tenía que darle más explicaciones que esa, aunque a veces Camil le quisiera llenar la
cabeza con tantas cosas. Él sabía la clase de hija que tenía y con eso estaba más que
tranquilo.
La relación entre Luna y Farit era mucho más intensa, nadie podía estar en una habitación
junto a ellos y no pudiera notar el amor en el aire. Esa aura de complicidad, amor y deseo
que se desprendía de sus cuerpos al mirarse.
Aún eran tímidos cuando se trataba de ser más demostrativos en públicos con su amor,
los dos apenas se estaban conociendo, pero era como si sus almas se atrajeran como
imanes opuestos.
Sus mentes ponían un freno a sus deseos. Las cosas eran muy diferentes cuando se
encontraban a solas, eran como dos personas atrayéndose, que lo único que buscaban
era fundirse en la piel del otro y lo hacían, claro que lo hacían y mucho.
Sol estaba encantada de ver a su hermano feliz junto a Luna, a pesar de que ahora sabía
la verdad.
En cómo Farit le había mentido, que todo el matrimonio inicial había sido forzado para que
él no perdiera la herencia familiar y Luna ayudara a su padre de la banca rota.
Al principio se sintió mal, ya que ella también tenía responsabilidad con el testamento que
su padre había interpuesto.
Farit decidió ser la persona que se sacrificaría por los dos, y estaba triste por no poder
hacer nada. Eso había cambiado.
Ahora que veía que eran una hermosa pareja, su conciencia le pesaba menos, aunque
claro estaba, no todos estaban felices por ellos, había alguien que no soportaba verlos
juntos y haría lo que fuera para separarlos.
A Eliza no le quedó de otra que aguantarse, tragarse su orgullo y ahora ser cruelmente
despreciada por Farit. Solo por el momento, se decía a sí misma.
Debía pensar en otro plan para poder separarlos de una buena vez por todas, algo que
hiciera que jamás volvieran a estar juntos y así Farit la volteara a ver, pero ¿Cómo podía
hacer que pasara tiempo con ella, si todo el día estaba con Luna?
Todo era Luna para él desde el divorcio. Incluso comían juntos en la oficina, le parecía tan
repulsivo su amor, que la furia solo se fue intensificando, odiando aún más a la perfecta
Luna Sandoval.
La odiaba por completo. El simple hecho de ser la mujer que Farit amaba, la convertía en
su mayor enemiga.
Solo de algo estaba segura y era de que no iba a permitir que fueran felices. Sobre su
cadáver lo iba a permitir....♡
Luna se miró sobre el espejo y sonrió al ver su rostro mucho más reluciente que otros
días, era increíble lo que el amor le podía hacer a alguien.
El brillo de sus ojos era inigualable, la sedosidad de su cabello era magnífica y la plenitud
de su piel era irrefutable.
Se sentía flotando en una burbuja cuando estaba con Farit, era un hombre maravilloso. A
veces pensaba en el tiempo que dejó pasar y que si no hubiera sido tan terca, hubiese
pasado a su lado.
Ese día le dijo su novio que se arreglara para que la llevara a cenar, era habitual que eso
pasara casi todos los días, cenas, comidas, salidas divertidas, solo ellos dos, pero
después de semanas de convivencia y conocerse mejor, sintió que no podía esperar más.
Se sentía lista para dar el siguiente paso. Por supuesto que sí, estaba decidida a darle su
virginidad a Farit.
Se mordió el labio cuando recordó las múltiples ocasiones donde el azabache la besaba
tan apasionadamente que su cuerpo ardía ante la expectativa. Quería más, mucho más y
lo deseaba con locura.
Siempre era él, quien frenaba todo, estaba tan impaciente incluso o mucho más que ella
misma. No era ciega para no notar el gran bulto que se le formaba debajo de los
pantalones cada vez que algo así pasaba entre ambos.
No sabía que pasaría esa noche, pero si las cosas se llegaban a poner algo candentes,
no permitiría que se detuviera esta vez. Quería llegar hasta las últimas consecuencias con
su sexi novio.
Y por fin culminar su amor, amarlo hasta que no quedara nada en sus bocas o en sus
cuerpos y luego volver a hacerlo sin descanso. Eso sería algo que en verdad estaba
esperando.
Luna se dio un último vistazo sobre el espejo y sonrió cuando se sintió lo suficientemente
atractiva para salir de la recámara. Yuri se encontraba limpiando la sala cuando la rubia le
preguntó por Farit.
La empleada le sonrió al ver su espectacular aspecto, no cabía duda que era un agujero
muy hermosa y su jefe tenía mucha suerte de tenerla. Luna siempre vestía muy bien,
destacando su belleza sobre otras mujeres.
Ese día en particular se veía distinta, tal vez era el brillo de sus ojos que con el paso del
tiempo se iba intensificando cada vez más, haciéndola ver más enamorada. Si eso era
posible.
Todo iba tan bien. Supuso desde mucho atrás que Eliza no se quedaría tan tranquila con
su reconciliación y trataría de acercarse a Farit de nueva cuenta. Esta vez no le dejaría el
camino libre para que pudiera hacer lo que quisiera, esta vez le pondría un alto y lo haría
en ese instante.
No era secreto para nadie que ambas no se caían bien. Yuri se preguntó, ¿por qué sí le
desagradaba tanto, no le había pedido al señor Farit que la corriera de su casa?
Solo le bastaba tener que verlas juntas en una misma habitación para saber que de no ser
por Farit, ya hubieran empezado una pelea.
La rubia era un poco más tolerante de lo que realmente quería ser y a pesar de todo lo
que sus instintos le gritaban, ella confiaba en su novio.
En seguida una gran sonrisa se asomó por los labios del azabache al ver a Luna tan
atractiva como siempre, sin embargo, ese día se había superado por mucho a sí misma.
Se quedo pasmado y casi con la boca abierta. Él se irguió en su asiento y se puso de pie.
La rubia soltó media sonrisa mientras se tenían sus mejillas de rojo por la mirada lasciva
de la cual, ella era la protagonista.
Se sintió bien al saber que su aspecto era del agrado de su novio, incluso podía sentir
como sus ojos, la recorrían de pies a cabeza de forma seductora.
Eliza enarcó una ceja, molesta al mirar la escena, era incómodo estar en medio de algo
así y más cuando actuaban como si ella no existiera en ese momento.
Le dio tanta repulsión la forma tan amorosa en la que se veían, que no le quedó más que
aclarar su garganta para parar aquella interacción.
Tenían que tener un poco de vergüenza y al menos pensar en que ella estaba ahí.
Miró a Luna con sus ojos austeros como de costumbre y ella la miró igual, deshaciendo la
mirada amorosa para su novio, pero no tardó mucho, no quería darle importancia y la
ignoró.
Farit ni siquiera se percató de las miradas entre ellas dos, estaba embobado en la belleza
de Luna. De verdad sentía que era el hombre más afortunado del mundo al tenerla.
—Te ves... —Farit parecía no haberse dado cuenta del intercambio de miradas recelosas
entre las dos chicas y prefirió seguir escudriñando el cuerpo de su novia—. Hermosa —
musitó con su voz aterciopelada.
La sonrisa de Luna se ensanchó más y caminó hacia él, rodeando con sus manos el
cuello del azabache.
Sintió como las grandes manos de Farit tomaban con posesión su cintura, algo que le
encantaba.
Poco a poco sus rostros se acercaron uniéndose en un exquisito beso. Se sintió tan bien y
más al saber que Eliza estaba mirando todo desde primera fila. Esta vez había triunfado.
—Farit debemos terminar con esto —Eliza dijo apretando con algo de fuerza los papeles
en sus manos, viendo con furia la escena frente a ella.
Podía sentir su bilis al verlos, y estaba furiosa. Trató de hacer que se separaran, pero
todo fue en vano. Parecía que no escuchaban sonido alguno.
Montalvo la miró deshaciendo el beso, sin embargo, Luna no lo dejó y antes de que girará
su rostro por completo, lo tomó entre sus manos, viéndolo descaradamente a los ojos
para besarlo de nuevo y recorrer con su lenguas su boca, de una forma posesiva.
Eliza bufó fuerte para que pudiera ser escuchada. Su último intento de que ambos
pararan, o que al menos Farit lo hiciera por respeto.
No obstante, nada hizo que alejaran sus manos uno del otro y no tuvo más remedio que
salir de ahí, totalmente ofendida cuando el mismo Farit le hizo un ademán con la mano
para que los dejara solos.
Eliza abrió su boca furiosa, no dijo nada, sabía que no la escucharían. Luna río ante su
hazaña y pegó su frente con la de su novio. Todo había salido conforme a su plan.
—Eres mala, Luna Sandoval —Farit dijo gracioso. Le encantaba, tenía que admitirlo.
La rubia tomó su mano y soltó un inocente puchero, de inocente no tenía nada. Sólo
estaba jugando.
—¿A dónde me va llevar ahora Señor Montalvo? —Luna dijo coqueta, meneando sus
pestañas.
—¿Ya te he dicho que me encanta lo descarada que eres? —Farit la atrajo de nuevo a su
cuerpo y escondió su rostro en su cuello lechoso. Olía delicioso y eso hizo que no quisiera
desprenderse de ella jamás.
Capítulo 19: Virgen
Un escalofrío recorrió toda la espalda de la rubia cuando sintió los pequeños, pero
húmedos besos que su novio le estaba regalando, de los hombros a su cuello.
No podía creer que ese simple gesto la hiciera temblar de deseo, haciéndola soltar un
jadeo.
Encantado de cómo el pequeño cuerpo de Luna respondía ante sus besos y caricias, era
totalmente estimulante.
Ella se sostuvo con firmeza de los brazos fuerte del azabache, inclinando un poco más la
cabeza para que pudiera tener más acceso a su cuello.
Cuando sintió cómo empezó a succionar con un poco más de ímpetu, mientras recorría su
cuerpo con sus manos, no pudo reprimir sus gemidos más fuertes y necesitados.
—¡Farit! —Mordió su labio, manteniendo sus ojos cerrados, disfrutando de todo lo que le
hacía sentir, era una delicia totalmente.
Pero de pronto el azabache paró, aun sintiendo el gran bulto que rozaba con su abdomen,
se detuvo suspirando fuertemente.
Luna no quería eso, quería más, sentirlo mucho más y que no parara, que la empotrara
ahí mismo, tal vez sobre su escritorio. Que la hiciera suya de una buena vez por todas.
—Perdón, no quiero que tú creas que… —La rubia tomó su rostro entre sus manos y él la
miró atento. Estaba preocupado de lo que pudiera pensar de él.
—Te prometí darte tiempo y aunque ya pasaron semanas desde que tomamos la decisión
de comenzar de nuevo, ten por seguro que yo estoy bien con eso. Te lo aseguro. No
tengo prisa, te esperaré. —Farit continuó.
Luna no pudo evitar sonreír ante su dulzura. No podía imaginar que hubiera hombre más
honesto y decente que él.
Eso era una cosa más, de todas las que ya lo hacían, que le encantaba de Farit, era un
caballero en toda la extensión de la palabra.
—No quiero esperar más. —Luna le confesó y los ojos de Montalvo se abrieron en
demasía cuando ella decidió tomar su mano y llevarla hasta sus bragas húmedas—.
Estoy tan caliente como tú y solo quiero una cosa y espero que sea la misma que tú
quieres, porque no creo poder aguantar más.
—Espera ¿De verdad quieres esto? —Luna asintió con una gran sonrisa. Jamás había
estado tan segura de algo como en ese momento.
El calor de la emoción no podía caber en su pecho, pero debía ser prudente, aun con
todas las ganas que tenía de hacerla suya.
Tenía que aceptar que ese no era el lugar adecuado para su primera vez, aunque claro,
sabía que ninguno de los dos era virgen, al menos lo sentía así. Sería su primera vez
juntos y eso debía ser memorable.
Sin embargo, Farit tenía que saber un pequeño detalle. Ese que no le había dicho jamás y
que debía decirle antes de que siguieran adelante.
—Quería decirte que yo… yo jamás he estado con nadie. —Luna miró la reacción de su
novio, no supo cómo interpretarlo cuando se quedó callado y totalmente inexpresivo.
—¿Tú y ese hombre?… —Farit tenía que preguntar. El recuerdo de Luna y David juntos le
llegó de golpe.
—Él jamás me tocó. —Luna no pudo evitar sentir un extraño dolor cuando lo recordó. Aún
le pesaba el recuerdo de David, pero enseguida trató de reprimirlo.
—Luna… —Farit no sabía cómo sentirse. Las veces que la imaginaba con ese hombre
siempre lo hacía en la cama mientras se burlaban de él. Estaba equivocado, ahora lo
sabía y se sintió un idiota—. Tranquila yo te cuidaré, te lo juro. —La abrazó fuertemente.
Esto tenía otro significado diferente.
—Será mejor que vayamos a cenar y después de ahí… —Sus palabras se quedaron
cortas.
Quería olvidar el inesperado recuerdo de David y seguir con su vida. No quería admitir
que aún podía sentir algo por él, aunque ya no estuviera ahí.
—Vamos hermano, no lo digo con mala vibra, solo es que no comprendo por qué te
lastimas de esa manera, ella se casó, se olvidó de ti, mientras tú te pudrías en este
lugar…
—Dime loco o como tú quieras. Por alguna razón, algo me dice que ella no sabe la verdad
de todo esto, no sabe lo que hizo Farit y cómo fue que nos separó —exclamó con rabia
apretando sus puños—. No veo el día en que salga de aquí y pueda recuperar lo que es
mío. ¿Entiendes Dante?
—Para eso no te falta mucho. La suerte que tuviste para que se descubriera la verdad de
lo que realmente pasó.
»Tú no mataste a Mino, esa suerte no la tiene nadie, y si no fuera porque el viejo Parisi te
dejo toda su herencia, saldrías de aquí como entraste, siendo nadie.
»Pero ahora todo eso lo puedes dejar atrás, ahora la madre de Luna no podrá ponerte
peros si cuentas con tanto dinero como ella siempre quiso.
David sonrió ante la expectativa, tenía que admitir que tenía expectativas muy grandes.
Quería recuperar a Luna haciendo lo imposible para que estuvieran juntos esta vez.
Para que nadie pudiera separarlos. Pero lo primero que tenía que hacer era salir de ese
maldito hoyo.
No podía pensar que hubiera un hombre más perfecto de lo que ya lo era Farit. Tal vez
era porque estaba muy emocionada o por la sorpresa del momento. De verdad lo amaba
y sabía que él la amaba a ella tanto como decía.
Se lo demostraba cada vez que se comportaba de esa manera tan dulce y no podía
sentirse más afortunada.
Sentir que alguien puede hacer hasta lo imposible por verte feliz, era lo mejor que podía
experimentar.
Luna abrió sus ojos un poco más cuando contempló los fuegos artificiales de colores
explotar en el cielo formando un corazón con su nombre.
Sonrió como niña pequeña cuando llegaba Navidad y veía todos los regalos que le había
dejado santa debajo del árbol.
Estaba emocionada por el momento y el espectáculo que se presenciaba ante ella. Farit
podía traer consigo muchas sorpresas, siempre era así. Cuando sus fuertes brazos la
rodearon por detrás, se sintió tranquila y muy a gusto.
Era como estar en casa, no cabía duda de que Luna empezaba a verlo con otros ojos,
unos que solo tenían amor para él.
Aún no sabía a qué punto, pero su corazón latía desbocado cada vez que estaba a su
lado, lo escuchaba o lo sentía. Era amor, de verdad lo era. Y no quería que eso acabara
jamás.
—Feliz aniversario, amor. —Farit musitó sobre su oído y Luna lo miró expectante y
extraña. ¿A caso se había olvidado de su aniversario? O Dios, se sintió tan mal, porque
era verdad, lo había olvidado —. Hoy cumplimos dos meses desde que decidimos
empezar de nuevo.
Luna no supo qué decir, estaba un poco aturdida, no había sentido que pasara tanto
tiempo, pero al parecer así lo era. Lo peor de todo era que se le había olvidado. Ahora se
sentía culpable.
Farit si contaba los días desde que Luna le había confesado lo que realmente sentía por
él. Ella lo miró avergonzada por no recordarlo y cerró sus ojos cuando su novio la besó
apasionadamente.
Por suerte la terraza donde se encontraban era privada y nadie podía ver el sonrojo de su
rostro, cuando con cada segundo transcurrido, aquel beso se volvía más intenso.
Farit la acorraló prácticamente sobre el barandal de una forma casi voraz y empezó a
acariciar su cuerpo de una forma sutil. Luna sabía perfectamente lo que buscaba y para
su suerte, era lo mismo que ambos buscaban.
—¿Quieres que regresemos a casa? —Farit preguntó y Luna asintió mordiendo su labio,
pues sabía el doble sentido de esa pregunta.
Ambos sonrieron gustosos cuando salieron del restaurante y se dirigieron al auto. Farit
empezó a conducir. Luna bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas, estaba nerviosa.
Esa noche se entregaría a él y no tenía idea de que tenía que hacer o que iba a sentir
cuando pasara.
Sería una experiencia totalmente nueva para ella, y no podía dejar de pensar en que tal
vez algo podría salir mal o que haría algo sin querer para arruinarlo.
Quería que su novio disfrutara como ella misma quería disfrutar y no le gustaba no saber
nada al respecto del tema. Entendía que era, pero quería al menos saber cómo actuar o
que hacer en ese momento.
—¿Estás bien? —El azabache preguntó curioso al notar su actitud pensativa. Su novia
estaba un poco callada, mirando sus manos desde que se subió al auto.
—Lo estoy —Luna dijo enseguida. Estaba segura de lo que haría. Mucho más que eso,
quería entregarse a Farit, no existía nada que deseara más en este mundo—. Solo…
estoy nerviosa… y sí… hago algo mal o sí… ¿No te gusto?
La rubia desvió la mirada hacia la ventanilla, avergonzada. Incluso le daba pena decirle
sus miedos. Debía pensar que era una niña tonta.
Farit rio alto y apretó su mano un poco más sin lastimarla. El temor radicaba en que
estaba insegura consigo misma y no con Farit y él lo sabía. El azabache quería que
entendiera que sus miedos eran infundados.
—Eres hermosa y no tengo ninguna duda de que me encantará verte, desnuda y toda
rojita cuando yo te esté… —Vale, había sido más explícito de lo que hubiera querido. Ella
tenía la culpa al hacerlo imaginar cosas que no debía en ese momento.
—¡Ya! —Luna lo calló enseguida. Totalmente sonrojada llevó sus manos hacia su rostro
para cubrirlo. Ya lo empezaba a imaginar y se puso caliente solo con eso. No tenía
remedio.
—Yo debería sentirme nervioso. —Farit musitó, calmando sus pensamientos. Luna no
entendió sus palabras—. ¡Oh bebé! ¿Sabes hace cuanto no estoy con alguien?
La rubia abrió sus ojos, sorprendida. Eso sí, no se lo esperaba, realmente pensaba que
Farit era un hombre muy sexual, era hombre después de todo.
—¿Qué, que tengo a muchas mujeres detrás de mí? —Luna ladeó su cabeza y asintió.
Eso no la hizo sentir muy bien. Farit río de nuevo—. No me interesan, desde que te
conocí, te soy fiel.
No había negado que tenía a muchas mujeres detrás de él, pero al menos decía que
había sido fiel.
No sabía por qué, pero le creía. Esas palabras la hicieron sentirse orgullosa y mucho más
tranquila, ya que sabía que Farit también se había guardado para este momento.
Ahora más que antes, sabía que no había ningún hombre al que le podría entregar lo más
preciado de su vida que no fuera a Farit Montalvo, el hombre del cual estaba locamente
enamorada.
Capítulo 20: Recaída
Iba a hacer un comentario sobre lo que acababa de decir, como por ejemplo, lo orgullosa
que estaba de él y agradecerle por toda la paciencia que le había brindado, además de
que era un hombre que amaba mucho, pero en ese momento su celular empezó a sonar
haciendo que sus pensamientos se quedaran en su cabeza.
Luna vio el número de la casa de sus padres sobre la pantalla del celular, por lo que
respondió enseguida.
Su mamá empezó a hablar sonando un poco alterada, Luna se puso alerta y claramente
preocupada.
—Pero… mamá, cálmate, que no te entiendo… —Luna escuchó atenta y luego se puso
mucho más intranquila—. ¿Papá está bien? —La rubia miró a Farit angustiada y este se
estacionó enseguida poniendo atención a la conversación—. Está bien. Sí, estaré allí en
10 minutos, háblale a su doctor y que vaya enseguida. —Luna colgó y no necesitó darle
una explicación a su novio.
Al llegar, Luna no esperó a que su novio le abriera la puerta, no había tiempo que perder,
quería saber cómo estaba su padre, así que salió enseguida del vehículo y se adentró a
su casa.
En la sala se encontró con su madre junto con su tía, la hermana de su papá, realmente
no le gustó el semblante de ninguna de ellas, no tenían buena pinta.
—¿Mamá, donde está mi papá? —preguntó apenas Camil la miró preocupada. Sus ojos
estaban llorosos, una mala señal, ya que su madre era una mujer que no le gustaba
expresar ninguna emoción.
—Lo está revisando el doctor. —Limpió su nariz con el pañuelo en sus manos. Se veía
realmente desconsolada.
—¿Qué pasó con Arturo? —Farit intervino, también estaba preocupado por la situación
que estaba pasando. Él apreciaba mucho a su suegro.
—Que va a pasar. —Camil respondió cambiando su tono de voz a uno más frío y mirando
a su yerno de forma molesta. Tanto Farit como Luna se descolocaron ya que la rubia
mayor, jamás le había hablado de esa forma—. Se enteró de que se habían divorciado. —
Confesó.
—Pero yo le expliqué lo que pasó, él estuvo de acuerdo. —Luna se escudó. Jamás haría
algo a las espaldas de su padre y menos si sabía que esto lo podría perjudicar, fue por
eso que ella habló antes de tomar cualquier decisión.
—Por favor, él dijo que estaba bien porque eres una niña consentida. —Camil la miró
enfadada, prácticamente le estaba echando toda la culpa de lo que estaba pasando y
Luna no quería, pero estaba creyendo que así era.
La rubia miró de soslayo a su novio, nunca había sido su intención que esto pasara, se
sentía culpable, aunque no supieran la verdadera razón de su malestar.
Todo podía ser y a la vez nada y era horrible no saber qué estaba pasando. El doctor no
salía.
—Tranquila sobrina. —De nuevo habló Kima—. Mi hermano es fuerte, y ya que este más
tranquilo podrás verlo y preguntarle. —Ella tomó la mano de Luna como signo de apoyo y
esta asintió agradeciendo sus palabras, mientras veía como su madre la miraba recelosa
y se quedaba callada.
—¿Doctor, como está mi papá? —Luna preguntó con urgencia y se acercó a él. Este alzó
las manos para que todos se calmaran, pues veía a la familia muy alterada.
—Tuvo una recaída, pero lo está superando, no hay nada de qué preocuparse, solo pido
que no tenga ninguna emoción fuerte y que esté en cama por lo menos una semana. —El
de bata explicó.
Camil bufó irónica, ya podía escuchar a su esposo maldecir por las indicaciones del
doctor.
—Tendré que amarrarlo a la cama para que pase eso —dijo aún molesta, pero tranquila
de que haya pasado el peligro.
—Pues haga lo que tenga que hacer si no quiere que se complique la situación. —El
doctor exclamó mientras escribía una receta médica y se la extendía a Camil, quien la
miró con desagrado mirando a su hija, no quería hacerse cargo de eso, si la había
llamado era para que por lo menos tuviera que lidiar con algo.
Luna la tomó mirando mal a su madre, odiaba cuando se comportaba de una forma tan
molesta.
—Solo que cubran mis honorarios. —La rubia mayor se hizo la occisa escudándose con el
pretexto de que prepararía un té para el señor Sandoval.
Luna miró a su novio, así que Farit tuvo que hablar ante la incómoda escena.
Carraspeando su garganta.
—Yo me encargo. —El azabache miró a Luna mientras esta le dedicaba una mirada
apenada, disculpándose por lo sucedido. Farit le sonrió para que no se preocupara.
Luna lo pudo ver, aunque no habían hablado mucho, estaba demasiado cansado.
Estaba un poco más tranquila al saber que ella no había causado ninguna de sus
recaídas, su corazón tenía secuelas de su primer infarto, era por eso que necesitaba
mucho descanso, al contrario de lo que pudiera pensar, él estaba muy feliz por ella
aunque sabía perfectamente quien no lo estaba.
Arturo le gustaba verla dichosa a lado del hombre que amaba y de verdad le quitaba un
gran peso de conciencia por eso. Ya que aún se sentía culpable por lo que había pasado
en el pasado.
Apenas salió, Luna buscó a Farit por la sala. Tenía una gran sonrisa en el rostro, se
sentía bien por las palabras de su padre, aún fueran pocas.
Sin embargo, esa sonrisa desapareció lentamente cuando vio a su novio y a su madre
platicar misteriosamente dentro de la cocina, como si no quisieran que nadie los
escuchara.
Algo sumamente extraño para ella. Un surco se formó en su frente y se aclaró la garganta
para que la notaran, ya que, parecían muy inertes en su conversación.
Quería que Luna pasara por alto lo que acababa de ver y no hiciera preguntas, pero, aun
así, en verdad quería saber cómo estaba Arturo.
No dijo nada más y mejor decidió salir de la casa junto a Farit, olvidando la escena
anterior.
Era un poco más de media noche cuando llegaron a casa, estaba muy agotada y solo
quería dormir.
No tenía que decir que lo que había planeado pasaría a segundo término, por el momento
era ponerlo en pausa, ya tendrían tiempo para hacer todo lo que quisieran.
—No te preocupes amor. Descansa. —Farit sonrió dándole un casto beso en los labios y
se despidieron, cada uno yendo a sus respectivas habitaciones.
Luna dio un suspiro y después de eso se dio una ducha mientras pensaba en sí hacer o
no hacer lo que estaba pensando.
Era una locura, ya que le acababa de decir a Farit que lo dejaran para después, sin
embargo, no podía dejar de pensar en lo mismo una y otra vez preguntándose ¿Estaba
bien si lo hacía?
La idea surgió sin precedencia y no se iba, por más que trataba se quedaba ahí como
recordatorio de lo que tenía pendiente, así que secó bien su cuerpo y se vistió con unos
shorts cortos y una de sus blusas de seda, era una de sus pijamas favoritas para el calor
de esa época de año, además de ser una de sus mejores prendas.
Miró su cama por unos segundos eternos, mordió su labio, aún indecisa, pero al final no lo
siguió pensando más, se puso una bata y salió de su habitación directo a la de Farit, en
su mente solo había una frase, que pase lo que tenga que pasar.
Cuando Luna llegó hasta la puerta de Farit, se detuvo de repente, la duda surgió de nuevo
y titubeó en sí tocar o no tocar la puerta, se estaba arrepintiendo.
Tal vez ya estaba durmiendo y solo lo molestaría, sí, eso fue lo que creyó, así que se dio
media vuelta en el preciso momento en que la puerta se abría a su espalda.
Se quedó pasmada y cerró sus ojos girando su cuerpo, tapando más su cuerpo por una
extraña sensación.
Tal vez por la vergüenza de decirle por qué había ido a verlo. Cuando volvió a abrir sus
ojos se quedó anonadada viendo cómo su novio solo traía puesto un pantalón de chándal
con su torso descubierto, y entonces sus pensamientos se transformaron en otros.
Nunca imaginó que debajo de toda esa ropa y trajes finos escondiera ese cuerpo que la
estaban haciendo babear por un segundo, trató de retomar la compostura de inmediato,
pero se le estaba siendo demasiado difícil.
—Yo… —Se había quedado sin palabras. Joder, no podía desprender la mirada de su
torso.
—¿Quieres pasar? —Farit dijo y rio bajito ante su mirada inquisitiva, no tenía que ser un
adivino para saber qué le pasaba a su novia.
—¿A dónde ibas? —Luna Señaló la puerta, caminando detrás de él con lentitud.
—Escuche pasos, solo revisaba quien era y vaya sorpresa. —Montalvo se giró y
escudriñó a la rubia de arriba abajo y sonrió ladino—. ¿Pasa algo?.
—No, solo es que… —No sabía cómo decirlo, era lógico que lo había ido a buscar ¿no?
Maldición, ¿Dónde había quedado la Luna rezongona que le hacía frente a Farit?
Ahora sentía sus piernas temblar mientras su miraba vagaba por todos lados menos al
cuerpo perfectamente atlético y musculoso que tenía enfrente.
Cada vez se sentía un poco más caliente y la forma en la que la miraba Farit no la
ayudaba.
—Vamos bebé. Dime que quieres. —La voz del azabache sonó una octava más abajo y
Luna sintió cómo todo su maldito cuerpo se erizó.
Farit alzó una ceja, curioso y levantó un poco la comisura de sus labios, no quería ser tan
obvio, pero su corazón estaba saltando de felicidad.
—¿Dormir o solo dormir? —preguntó Farit un poco gracioso y es que Luna se veía tan
adorable con sus mejillas sonrojadas al decirle a lo que había ido, le pasaba cada vez que
tenía pena de algo.
—Solo dormir. —Ella bajó la mirada y observó sus manos, era tan patética, lo sabía, se
sintió una burla en ese momento y la vergüenza aumentó, ¿cómo le pedía eso?
Capítulo 21: Ámame de otra forma
De seguro era algo tan aburrido que Farit se negaría, tal vez no debió de ir ahí en primer
lugar, eso estaba pensando cuando su novio se acercó a ella y desamarró su bata con
mucha cautela haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo.
—Mierda bebé. —Farit se quedó pasmado—. ¿Cómo me pides que solo duerma contigo
cuando vienes vestida a si? —Se mordió el labio delineando con la yema de sus dedos el
muslo de la rubia. Sonrió cuando su suave piel se erizó ante su diminuto tacto.
Ese pequeño Short no dejaba mucho a la imaginación y menos esa blusa sin sostén.
Sería muy depredador de su parte si solo quería arrojarse a ella y tomarla ahí mismo.
Sabía que lo era, así que deshizo sus pensamientos y después se tranquilizó o trató de
hacerlo.
Luna soltó una pequeña risita, estaba feliz de que por primera vez dormiría con su novio y
caminó hacia la cama, miró a Farit quien se había quedado atrás y notó como no dejaba
de verla embobado.
—¿De qué lado duermes? —Luna preguntó tratando de ignorar su mirada lasciva y solo
concentrarse en dormir, como ella había dicho.
Luna subió a la cama, gateando sobre esta de manera lenta, se acomodó en uno de los
lados y se tapó con las sábanas.
Farit no perdió el tiempo y la siguió acomodando el menudo cuerpo de su novia entre sus
brazos, olía tan dulce que lo primero que se le ocurrió fue como sabría su piel si le pasaba
su lengua por todos lados, de nuevo sacudió su cabeza y se acomodó mejor.
La espalda de Luna quedó pegada a su pecho y mientras ella buscaba la mejor posición
para dormir, él sentía una gran tortura, pues no dejaba de menear su trasero que se
rozaba despreocupadamente sobre su pene.
Apretó su mandíbula cuando sintió cómo estaba siendo estimulado sin querer, no quería
tener una erección, no quería que Luna pensara que era un pervertido, que solo quería
follarla, pero tampoco era de piedra y menos con esos movimientos.
—Basta por favor —dijo Farit entre dientes, poniendo una mano en la cintura de su novia
para que parara de una vez—. Si solo quieres dormir no te muevas más o te juro que no
responderé.
Luna paró en seco y tragó grueso cuando sintió algo duro clavarse en su trasero.
Entonces lo entendió y no se movió más.
—Perdón.
—No te disculpes, bebé, te prometo cobrarme todas y cada una de tus impertinencias —
rio sobre su oído y besó su cuello degustándose con su delicioso olor a rosas. —
Descansa. —Pasó su mano por su cintura, atrayéndola más hacia su cuerpo.
—¿Qué pasará con… eso? —Luna estaba preocupada por dejarlo en tan mal estado. Esa
no había sido su intención.
Ambos sonrieron y cerraron sus ojos, de verdad estaban agotados porque no tardaron en
quedarse profundamente dormidos. ...
Jessy siguió hablando como si no hubiera un mañana mientras Luna había dejado de
escucharla después de que ella dijera que Laura; su ex, le pidiera una segunda
oportunidad.
Esa historia ya se la sabía desde hace mucho, siempre era un constante va y viene entre
las dos chicas.
Lo realmente claro era que Laura jamás iba a cambiar y la seguiría engañando las veces
que fueran necesarias para que su amiga Jessy siguiera cayendo en sus mentiras.
Pero estaba un poco cansada de repetírselo siempre, así que se guardaba su opinión y
simplemente la escuchaba, esta vez había sido distinto, pues estaba poniéndole menos
atención de lo normal.
La rubia negó, en realidad su padre estaba mucho mejor, el tratamiento había hecho
efecto y estaba fuera de peligro, claro con su respectivo cuidado pudo salir adelante, pero
esa no era la razón de que estuviera tan pensativa.
Había algo más que agobiaba su mente y no sabía si podía decirlo y no porque no tuviera
confianza con ella, sino porque era algo muy vergonzoso de decir.
—En realidad estoy pensando en Farit. —Luna soltó un mohín y miró a su amiga
mordiendo su labio.
Jessy frunció el ceño interrogante y se acomodó mejor en su asiento, para ponerle más
atención. ¿Ahora qué pasaba?
Ella los veía muy bien como pareja. Podía jurar que no había personas más enamoradas
que ellos —continuó.
—Hace más de dos meses que se divorciaron para empezar de nuevo y él solo te ha
complacido en todo.
Luna ladeó su cabeza no tan convencida de eso. Entonces la azabache alzó una ceja
curiosa, esperando que le dijera que pasaba, sin embargo, Luna parecía muda.
—Pero habla mujer, que si no, no te entiendo. —Jessy dijo un poco exasperada.
—Oh vaya… —La azabache pausó cuando creyó comprender y se topó con una gran
sorpresa, al parecer—. No me digas que tú y él aún no…
—Él me trata como si fuera de cristal, como si me fuera hacer daño, hace días habíamos
hablado sobre nuestra primera vez juntos y todo estaba de maravilla.
»Incluso ya dormimos en la misma cama, me pongo mi ropa más atrevida y nada, él solo
me abraza y se duerme. Dice que me ama, pero parece que no entiende que quiero que
me ame de otra forma…
Luna parecía realmente afligida, estaba frustrada de tratar de seducir a Farit y este no le
hiciera caso, incluso estaba creyendo que tal vez no le gustaba físicamente, haciéndola
sentir muy mal.
Jessy alzó ambas cejas, curiosa. Eso sí, no se lo esperaba, pero tratándose de hombres
tal vez no era tan sorpresivo.
Al sexo opuesto a veces se les dificultaba entender indirectas, lo cual era muy frustrante,
por suerte ella no tenía que lidiar con eso.
—Quisiera que él tuviera la iniciativa, sin embargo, solo me dice cosas calientes y
juguetonas, dejándome sumamente dispuesta ante la expectativa y nada…
»No hace nada. —Luna dijo de forma frustrante, mientras se cruzaba de brazos sobre su
asiento—. ¿Crees que ya no le guste? —La rubia mordió su labio mirando a Jessy de
forma preocupada. Ese era su más grande miedo.
—No, claro que no. —La azabache dijo enseguida, eso ni de chiste—. Mira, pueda que
Farit te esté dando tu tiempo.
»Tal vez piense que aún estás afectada por lo que pasó con tu papá y que no piensas en
eso en estos momentos, además, es hombre Luna. —Jessy La tomó de la mano, quería
que entendiera la situación, estaba casi segura que de eso se trataba—. Ellos son muy
torpes para comprender indirectas. —La rubia soltó un puchero y asintió, su amiga tenía
razón, en realidad no podía encontrarle otra explicación.
—¿Y qué tengo que hacer? ¿Esperarlo desnuda en la cama para que esta vez sí entienda
lo que quiero de él? —Luna preguntó irónicamente.
No lo creía así, pero entonces Jessy se calló encogiéndose de hombros, entonces Luna lo
entendió, eso era lo que tenía que hacer. Joder....
Eran alrededor de las 8 de la noche. Ese día había sido especialmente agotador para
Farit, tuvo algunas juntas con inversionistas, que para su suerte habían salido bien y con
muchos proyectos en puerta, sin embargo, en ese momento solo quería ver a Luna y
besarla hasta que sus labios quedaran secos.
La había extrañado mucho durante el día. Estaba tan enamorado de ella, que sentía que
no podría vivir sin su presencia.
No podía creer lo que ambos habían pasado para estar juntos al fin, Luna era su vida
entera y no quería que eso cambiara nunca.
Mientras subía las escaleras, una tonta sonrisa apareció en su rostro, se encontraba tan
ansioso de encontrarla, y saber que ahora podía encontrarla en su habitación lo puso aún
más feliz.
—¿Luna? —Farit la llamó mirando al rededor del lugar, parecía que no había nadie, lo
cual le pareció raro y frunció el ceño, pero enseguida desapareció cuando la escuchó.
—Hola, amor. —Farit dijo risueño cuando su novia le respondió—. Tomaré una ducha
mientras sales de ahí, ¿sí?
—Está bien, bebé. —La voz de Luna sonó un poco más suave. Ella esperó a que su novio
se alejara para salir.
Farit se dispuso a entrar al baño, necesitaba una ducha para refrescarse, así que abrió la
regadera mientras se desvestía por completo, soltó un pequeño gemido cuando el chorro
caliente de agua mojó su piel y empezó a enjabonarse la cabeza, era casi una rutina de
cada día.
Después de unos minutos sintió cómo unas manos rodearon sus pectorales haciendo que
se sobresaltara un momento antes de saber quién era, enseguida se giró percatándose
sorpresivamente que su novia estaba ahí, totalmente desnuda y sonriente.
Eso sí que era una sorpresa, una muy agradable sorpresa.
—¡Luna! —El asombro de Farit no desapareció, pues era la primera vez que la veía como
Dios la trajo al mundo y no podía perderse de semejante panorama.
Era toda una Diosa, su cuerpo estaba esculpido perfectamente y su piel blanca era
hermosa. Estaba babeando definitivamente.
La rubia subió las manos hasta el cuello de Farit, pasando primero por sus pectorales,
haciendo estremecer el cuerpo atlético de su novio, ambas miradas se empezaron a llenar
de un brillo inigualable.
—Hola, amor. —Luna lo jaló hacia ella juntando sus labios de una forma posesiva,
mientras el agua de la regadera mojaba sus cuerpos.
Hace mucho que imaginaba tener a Luna de esa forma, pero con todo lo que estaba
pasando con su padre no quería ser exigente con ella, pero ya que su novia había dado el
primer paso, lo aprovecharía.
El azabache la tomó de la cintura y juntó ambos cuerpos, ahora totalmente mojados por el
agua. Se sentía bien, sus pieles juntas, sentirse así, tan uno del otro era lo mejor.
—Llévame a la cama. —Luna susurró y sonrió cuando Farit la cargó sobre sus brazos
después de cerrar la regadera y salir con ella del baño.
Pero se detuvo a penas, vio la habitación iluminada por varias velas aromáticas y un
corazón de pétalos de rosa sobre la cama. ¿Pero…? Se quedó sin palabras.
La culpa fue una forma drástica de acabar con su deseo, bueno, no tanto como eso, sin
embargo, no podía aceptar lo que Luna había hecho, cuando se supone que eso le
correspondía a él. Él tenía que tratarla como una reina…
—Perdóname. —El azabache se disculpó—. Yo debí de haber hecho todo esto para ti, no
tú…
Se calló cuando el dedo de Luna palpó sus labios para que no dijera nada, no buscaba
hacerlo sentir mal, solo quería que la tomara como su mujer.
Estaba maravillado, no existía mujer más perfecta que ella y ahora después de mucha
espera sería solo de él.
Capítulo 22: Dudas
Ambos se entregarían por completo, sin ataduras, sus labios se unieron de nuevo, quería
contemplarla y adorarla, que ese momento durara para siempre.
—Te amo Farit. —Luna dijo y como si esas palabras fueran mágicas, hicieron extender
una gran felicidad sobre el pecho del aludido. ¿Podía ser más feliz en ese momento?
—Yo también te amo Luna. —Acarició su rostro con tanta ternura mientras iba meneando
sus caderas, enterrándose lentamente en su interior, recordando que esa sería su primera
vez.
Luna cerró sus ojos al sentirse extraña, pero no pidió que se detuviera, tomó fuerte los
brazos de Farit, clavando un poco sus uñas por el poco dolor que sintió. Nada que no
pudiera soportar.
Farit no dejaba de besar su rostro mientras reprimía sus fuerzas, no quería lastimarla,
quería ser lo más cuidadoso posible y cuando se adentró por completo la miró.
Luna soltó una pequeña lágrima de felicidad, al fin, al fin era totalmente de él y no podía
pensar en otra cosa que no fuera en lo dichosa que se sentía.
—¿Te lastimé? —Farit preguntó preocupado, pero Luna negó sonriente. Claro que no lo
había hecho.
—Solo es que había esperado mucho por esto. —Luna musitó—. Ahora por favor no me
trates como si me fuera a romper, podré soportar tu tamaño señor Montalvo. —La rubia
sonrió.
—¿A si lo crees? —Farit exclamó juguetón y un poco ofendido, empezó a moverse y Luna
soltó un gemido. Claro que podría aguantarlo, pensó irónico.
—¡Ahh! Era un cumplido. —Luna soltó con otro gemido, al sentir cómo se empezaba a
mover dentro de ella de una forma deliciosa.
—Eso creí, bebé. —Farit Sonrió engreído, descendiendo a su cuello, saboreando el dulce
sabor de la piel de su novia, ese que tantas veces lo volvió loco.
—¡Ohh Farit! —La chica exclamó cuando su novio empezó a moverse de manera más
rápida.
—Eres perfecta, jodidamente perfecta, amor. —El azabache movió sus caderas de forma
rápida, cada estocada era un gemido por ambas partes, se sentía en un sueño hecho
realidad—. Y eres mía, únicamente mía.
—Solo… tuya. ¡Dios! Se siente increíble. —Luna gimió cada una de sus palabras, no
pensó que tener sexo fuera tan placentero, pero jodidos infiernos, lo era y mucho.
Farit delineó con la yema de sus dedos toda la extensión del muslo de su novia, sintiendo
cómo su piel se erizaba a su paso.
Tomó su pierna con fuerza subiéndola hasta su hombro. La rubia mordió su labio e inclinó
su cabeza hacia atrás al sentirlo mucho más adentro. Sentía que en cualquier momento
podría morir de placer.
—Me vuelves loca. —Luna dijo al sentir cómo el pene de Farit rozaba su interior—.
Estoy… —No pudo terminar la frase.
Se quedó sin palabras cuando el abismo del orgasmo la sorprendió soltando un gutural
gemido, era su primera vez sintiendo cómo todo su cuerpo se tensaba de una forma tan
maravillosa, que cerró sus ojos siendo arrastrada por una sensación tan deliciosa que se
sintió mareada.
En ese preciso momento sintió también como algo tibio se vertió en su interior,
entendiendo que Farit también se había corrido con ella.
Este la besó de nuevo, sin salir aún de su interior, quería que todo de él se quedara
dentro de ella. Era una forma de marcar su territorio.
—Fue maravilloso —musitó la rubia acariciando el cabello del azabache de manera dulce
—. Y tú estuviste fantástico.
—Solo es que pensé que jamás me llegarías a amar como yo te amo a ti, y ahora que
estamos aquí, después de hacerte el amor…
»Simplemente no lo puedo creer y tengo miedo de que todo esto termine y tú me dejes. —
Realmente tenía miedo de que Luna descubriera lo que había hecho y lo dejara.
Había sido mala idea confiar en la madre de la rubia, era su mayor error y tenía miedo de
que Luna lo llegara a saber.
—No, nunca lo pienses, yo te amo Farit y jamás te abandonaría, ¿por qué lo haría? Si
nunca me has fallado y mucho menos mentido. —El azabache desvió la mirada.
En ese momento se preguntó que tanto se merecía su amor y si lo que estaba pasando
era un juego del destino o solo algo que el mismo había causado.
Todo en su vida estaba tomando un curso que jamás imaginó, pero que estaba más que
dichosa con él.
No podía decir que era feliz cuando era más que eso, junto a Farit no creía que podría
llegar a ser infeliz.
Él era el hombre perfecto y a veces eso la asustaba un poco, quería demostrarle lo mucho
que ella lo amaba, tanto como él lo hacía y tal vez las caricias y las noches de
interminable sexo ya no eran suficientes para hacer lo que quería.
Aunque siempre había un, pero, Eliza era esa espina en el trasero que no había podido
quitarse.
Había días donde Farit llegaba a altas horas de la noche por culpa del trabajo, eso solo la
ponía intranquila y más al saber que pasaba todo ese tiempo con ella.
Era una locura dudar de su novio cuando le había demostrado con creces que solamente
la quería a ella y que no sería capaz de fijarse en alguien más y menos en Eliza, pero por
más que se repetía eso no podía dejar de pensar en ellos dos estando juntos.
Confiaba en él, pero no en ella y sabía que en cualquier momento haría algo para volver a
seducirlo.
Miró su reloj, eran las 12 de la mañana. Farit no respondía sus mensajes y el último que
había recibido solo decía que llegaría tarde, los celos eran un mal aliado en ese momento.
—Cálmate Luna, él debe estar trabajando… mientras Eliza trata de seducirlo con el corto
vestido que se puso esa mañana. —Apretó sus puños al recordar la clase de ropa
provocativa que usaba la peli naranja.
Se paró sobresaltada y tomó su bolso decidida, no haría nada malo, solo iría hasta la
oficina de Farit con la excusa de querer darle una sorpresa.
Suspiró decaída, a la 12 de la mañana, no sonaba nada creíble, pero tenía que hacerlo o
se volvería loca.
Con prisa tomó su auto y condujo hasta su destino, el tráfico era casi inexistente a esas
horas, por lo que en tiempo récord llegó al lugar, bajó del vehículo y se adentró al edificio
donde únicamente se encontró con un guardia de seguridad.
Le mostró su credencial, además de saber quién era con solo verla. No se le hizo difícil
que la dejara pasar.
Mentiría si dijera que no estaba nerviosa, sus manos sudaban como si tuviera el
presentimiento de que se encontraría con algo desagradable.
Al llegar al piso, caminó hasta la oficina de su novio mirando por la parte trasparente de la
puerta.
Farit estaba parado junto a su escritorio mirando unos documentos, Luna sonrió al verlo y
su corazón descansó por un momento hasta que vio cómo Eliza se acercó a él y lo besó.
El azabache abrió grandes sus ojos percatándose de la presencia de su novia al otro lado
de la puerta.
La rubia sintió cómo su corazón se quebró en ese momento y una lágrima recorrió su
rostro.
Ni siquiera se detuvo a esperar una explicación, Luna se dio media vuelta y se alejó con
prisa de allí.
Aunque Farit la llamó mil veces, ella siguió hasta que entró al ascensor y las puertas se
cerraron antes de que pudiera alcanzarla, mirando desde lejos el rostro del azabache con
un semblante preocupado.
Eliza no era una buena perdedora y trataría de separarlos, pero por más que se lo había
advertido a Farit, él jamás quiso escucharla y ahora veía la consecuencia de sus actos.
Fue por eso que a pesar de que Farit suplicó porque le abriera para poder hablar y
explicarle lo sucedido, Luna no cedió.
—Si te atreves a abrir esta puerta Farit Montalvo, te juro que tomaré mis cosas y me iré
de tu casa. —Le advirtió y el azabache se detuvo.
—Buenas noches, Farit… —dijo con sus ojos llorosos y no volvió a hablar. ...
Farit suspiró profundo, dio vuelta a la llave y entró a la habitación, una que no era la de él.
Sí, recordaba cómo Luna lo había amenazado con irse si se atrevía a entrar, pero no
podía más, necesitaban hablar, explicarle cómo todo surgió y solo rogaba para que le
creyera o al menos lo perdonara.
No había podido dormir en toda la noche pensando en cómo arreglar las cosas con Luna.
Ella no podía creer que él sería capaz de fallarle de esa manera. Nunca en su vida algo
como eso se había atravesado por su mente, ni por coincidencia.
Él solo tenía ojos para su amada novia y que pensara lo peor de él, en ese momento lo
ponía muy mal.
Tenía la esperanza de que al dejarla tranquila por toda la noche, le hubiera dado el tiempo
y el espacio prudente para reflexionar las cosas y tal vez ya no estuviera tan molesta con
él.
Quería que pensara mejor las cosas y pusiera en perspectiva la situación y pudiera ver
que las cosas no habían pasado como ella pensaba, pero al entrar a la habitación se
quedó estático al no verla en la cama, por un momento entró en pánico, pensando que en
realidad si se había ido.
Se acercó al baño y suspiró de nuevo cuando escuchó la regadera abierta, Luna debía
estar tomando una ducha.
Se sentó sobre la cama un poco más tranquila, notando sobre ella la bata de su novia. La
acarició lentamente y lleno de frustración al no poder estar bien en su relación por un
tonto malentendido.
La había extrañado tanto, ya estaba acostumbrado a dormir con ella, mientras sus brazos
rodeaban su cuerpo, escuchando su leve ronquido que le parecía tan tierno y luego
despertar a su lado.
Joder, era la mejor sensación que había podido experimentar, que mejor forma de
despertar que viendo a la persona que más amaba en el mundo a su lado, un momento
antes de hacerle el amor como todos los días.
La amaba tanto que no sabía qué sería capaz de hacer si no lo perdonaba en ese
momento. Estaba seguro de que haría lo impensable para que lo perdonara.
Levantó lentamente la mirada cuando escuchó la puerta del baño abrirse. Se sintió
nervioso, sabía del temperamento del cual era dueña su novia y tenía miedo de como
todo saliera.
Farit se quedó sin pensamiento alguno cuando vio a Luna salir del baño con una pequeña
toalla cubriendo su menudo cuerpo, aún mojado por la reciente ducha.
No pudo evitar escudriñarla de arriba abajo, se veía tan caliente, aunque no quisiera
pensarlo en ese momento.
Era algo que no podía evitar, no después de haber probado muchas veces su cuerpo.
En como a ella le gustaba que la tomara y a todas las cosas sucias que en ese momento
se estaba imaginando.
Capítulo 23:Perdoname
Sin embargo, el rostro de la rubia no era el mismo, apenas Farit la miró, Luna desvió la
mirada tratando de ocultar sus ojos hinchados, por tanto llorar.
Ella no esperaba la presencia de su novio en ese momento y menos estaba feliz de que lo
hiciera.
—Amor. —Farit se paró enseguida viendo ese terrible detalle en sus ojos, él no quería
que sufriera por una estupidez.
El mismo se sentía culpable de todo. Debió de detener esa situación cuando pudo, pero
ahora era demasiado tarde y no sabía cómo remediarlo.
Luna le dio la espalda, no quería saber nada de él, pero tampoco quería dirigirle la
palabra para pedirle que saliera de su habitación, así que simplemente lo ignoró,
pensando que se cansaría.
Luna se acercó a su tocador para mirarse sobre el espejo mientras esperaba que él se
fuera.
—Te juro por mi vida que te amo, lo que viste solo fue un accidente. —Farit empezó
hablar, no quería perder tiempo y trató de escudarse de todo lo que había pasado.
Luna cerró los ojos, no quería llorar más, pero ver a Farit no se lo ponía fácil. Tenía ganas
de decir tantas cosas, pero no creía que valiera la pena, así que solo se limitaría a decirle
lo necesario.
—Te dije que si abrías esa puerta me iría de tu casa, Farit. —Luna se inclinó sobre el
mueble sintiendo una sensación extraña dentro de su estómago.
Todo su interior se revolvió, supuso que el hecho de no haber comido nada durante el día
anterior le estaba ocasionando esa molestia, pero lo ignoró por completo, eso era algo
que no le importaba y se dispuso a terminar con su rutina habitual.
Que estuviera Farit allí no era impedimento para que ella dejara de hacer sus cosas. Y sí,
tal vez no se iría de su casa como le había mencionado anoche, sabía que si tomaba esa
decisión era porque de verdad creía que no iba a haber marcha atrás, de eso estaba
segura.
Se sentía una tonta porque lo que había hecho Farit junto con Eliza era razón suficiente
para no perdonarlo e irse de ahí, sin embargo, no podía. Por más que lo pensó, llegó a la
misma conclusión, amaba tanto a Farit para dejarlo.
Lo que más le dolía era ver que Luna no parecía tomarle importancia. Al contrario, se
empezó a despojar de su toalla y empezó a untarse crema en su cuerpo, de los brazos a
sus senos, bajando por su abdomen hasta sus muslos de una forma suave y lenta.
Farit no era de piedra, claro que no, y se quedó observando como su pequeña novia
acariciaba su propio cuerpo con sumo cuidado, como si supiera lo que sus acciones
estaban provocando en él.
Las manos de Farit empezaron a picar, quería tocarla, deseaba tanto hacerlo, pero no lo
hizo y solo se quedó viendo como ella lo torturaba.
Tenía que admitir que Luna era vengativa al hacer eso con él, al saber que estaba
odiando la situación en la que se encontraba y maldijo.
—Debes irte. —Luna musitó de manera suave cuando sacó una de sus bragas y se las
puso como si no existiera pudor entre ambos, y no lo había, no después de todo lo vivido
juntos y todas las experiencias.
Farit la estaba pasando mal porque en otras circunstancias, Luna ya hubiera estado
gimiendo su nombre, mientras le hacía el amor sobre ese mueble y en esa misma
posición.
Luna no era de piedra, pero quería darle una lección, que sintiera un poco del dolor que
ella estaba sintiendo, sin embargo, también sufría al no poder estar con él.
También lo extrañaba, extrañaba sus besos, sus caricias, como ella quería que nada de
esto estuviera pasando por que también se moría de ganas de que la tocara.
Por suerte, Luna aún tenía algunas pertenencias allí, aunque la mayoría estaban en la
recámara de Farit, no podía caer tan rápido, no se lo iba a permitir.
Tenía que darle una lección, se seguía repitiendo en su cabeza para que no diera su
brazo a torcer, no podía ser tan indulgente con Farit.
—No lo hago, solo quiero que al menos medites lo que pasó anoche y me digas que eso
nunca va a volver a pasar. —Luna no pudo más, se estaba tragando sus propias palabras
al decir que no lo perdonaría tan rápido, tenía un corazón inocente.
Así que lo encaró al final, quería declararle lo que sentía sin tanto rodeo. Que el supiera
su pensar, su dolor, la había lastimado y quería que lo supiera y lo sintiera.
—Jamás volverá a pasar, te lo juro. —Farit exclamó tan seguro como pudo, era casi un
hecho.
Luna rio irónica. Al parecer su novio seguía sin entender nada de lo que estaba pasando y
eso la decepcionó un poco más.
La rubia no quería pensar que él le estuviera mintiendo, le parecía casi impensable, y tal
vez no le creería si ella misma no hubiera visto como Eliza había sido la que lo besó a él.
\
Pero, y si Farit no la hubiera visto allí. ¿Cómo él le habría respondido a Eliza? Esa idea no
podía salir de su mente, la torturaba una y otra vez pensando en la respuesta y negó.
No, su novio no podía hacerle eso estaba segura, pero ¿lo estaba? Joder, sentía que
jamás podría confiar de nuevo en él, y eso era un verdadero problema.
Maldición, odiaba a Eliza. Ella estaba haciendo que dudara de Farit y no quería. Tal vez
ese había sido su principal objetivo y al parecer lo estaba logrando
Montalvo conocía la razón de su molestia, simplemente se le hacía más fácil evadirlo con
Luna, pues pensaba que Eliza simplemente estaba jugando y quería darle una
oportunidad de redimirse.
Había hecho lo imposible para solucionarlo, sin embargo, cada vez que hablaba con la
peli naranja sobre su actitud, ella parecía entender, pero luego olvidarlo, haciendo lo
mismo de siempre y ahora todo eso le estaba pesando.
—Hablaré con ella, de nuevo... —Farit musitó suplicante, pidiendo que le diera una
segunda oportunidad, creía que si esta vez lo decía más seriamente entendería.
La rubia bufó y entornó los ojos. Ella no lo creía así, estaba segura que eso no pasaría.
Eliza no entendería un carajo porque no le importaba hacerlo.
—No quería llegar a este extremo. No quiero… más bien, no puedo seguir soportando
esta situación, así que escoge Farit ¿ella o yo? —Luna exclamó demasiado seria.
El azabache se paralizó y a Luna le dolió ver, como él no pudo contestar que la escogía a
ella al instante. Aun lo estaba considerando y eso la hizo dudar del amor que decía
tenerle.
Luna se puso con prisa y con mucha molestia el vestido blanco que había sacado de su
closet hace un momento, esto era el colmo.
No hablaría más con él, no tenía caso, le había respondido sin ni siquiera decir una
palabra.
—Espera, es claro que te escojo a ti, siempre te escogeré a ti, pero entiéndeme... ella es
como mi hermana, nos criamos des... —Farit habló pero Luna estaba perdiendo la
paciencia.
—¡Tu puta hermana te quiere follar! ¿Qué no lo ves? —La rubia se arrepintió en seguida
de sus palabras, había ido demasiado lejos.
No aguantó más, las palabras las tenía atoradas en la garganta que sintió que iba a
vomitar si no las sacaba. Farit se quedó pasmado con los ojos bien abiertos.
Meditó cada palabra, no quería creer que Luna tuviera razón, pero la tenía y no dijo nada
más cuando la observó tomar su bolso y luego acicalar su cabello. No tenía con qué
defenderse.
—¿A dónde vas? —El azabache peguntó con alarma al ver que se marchaba.
—Con mi papá, hoy tiene su cita con el cardiólogo —Las palabras de Luna sonaron frías y
distantes—. No me esperes para cenar.
Sin mirar atrás, salió de la habitación. Quería olvidarse por un momento de esta horrible
situación, aunque estaba claro que no iba a poder. Y no sabía cuándo iba a poder
olvidarlo.
Las voces se escuchaban, pero Farit no las entendía por completo. Había estado distraído
toda la mañana.
Ni siquiera sabía por qué había asistido a la oficina, si no tenía cabeza en ese momento.
La conversación con Luna lo tenía al borde de la locura.
Cómo podía hacerle entender que ella era la única mujer a quien amaba, estaba en una
verdadera encrucijada. Apretó el bolígrafo sobre sus manos cuando tocaron la puerta de
la sala de juntas, entonces Farit regresó al mundo real.
La observó por un momento, actuaba como si nada, como si lo que había hecho no
estuviera acabando con su relación. Era su culpa por haberlo besado, sin embargo, ella
tenía una sonrisa reluciente y coqueta como cada día, él no le había interpuesto ninguna
sanción
Era importante, por esa razón no había faltado al trabajo, tenía que poner su atención si
quería que sus negocios dieran frutos exitosos.
Algo cotidiano, sin embargo, algo extraño, ya que el pequeño saludo duró unos segundos
más de lo debido, al observarse detenidamente y de manera expectante.
—Farit Montalvo. —El aludido soltó casi severo—. Un gusto conocerte... —Sonrió ladino.
—Cariño, dijo el doctor que ya estoy bien. —Arturo musitó por milésima vez. Luna torció el
gesto—. No es necesario que te quedes esta noche para cuidarme.
Luna estaba bien con eso. Su padre se veía mejor, pero había dos motivos para querer
quedarse esa noche con sus padres, uno de ellos era buscar algún pretexto para no
regresar por esa noche a la casa de Farit y discutir por lo mismo otra vez.
Y menos cuando Eliza seguía viviendo en la misma casa que ellos. Prefería dormir en su
antigua cama y despejar su mente. Ya no quería pensar más en lo mismo.
—Mejor dime que te pasó hoy en la mañana, apenas terminaste de desayunar te fuiste
corriendo al baño. —Arturo acarició el rostro de su hija y la miró preocupado—. ¿Te
encuentras bien?
Luna asintió y sonrió por las caricias de su padre. La hacían sentir tranquila y relajada.
Más que eso la hacían sentir segura.
—Extrañaba mucho la comida de mi tía y comí de más, al menos valió la pena. —La rubia
sonrió sin darle importancia.
No era habitual en ella sentirse tan preocupada por el estado de salud de su esposo,
jamás lo hacía y no creía que de pronto lo empezara a hacer. Acaso ¿Algo estaba
tramando?
—Luna, debes dejar descansar a tu padre. Mañana podrás verlo de nuevo y platicar con
él todas esas cosas que platican. Además... —Miró su reloj y abrió sus ojos en demasía,
Luna hizo lo mismo, observando el horario, ella creyó que no era tan tarde. Lo realmente
cierto es que su mamá estaba actuando extraño—. Es tardísimo, no vas a regresar a casa
con Farit.
La chica asintió, no le quedaba de otra, no quería que sospecharan que había problemas
en su relación, que casi todo se estaba desmoronando en pedazos y menos que su padre
se preocupara por su culpa, o que su mamá estuviera metiéndose en su vida.
La conocía muy bien, apenas se enterara de sus problemas, Camil le diría muchas veces
que se lo dijo.
Sabía lo que le diría si se enteraba que Farit prácticamente le fue infiel, no quería
escuchar su sermón, así que se despidió de su padre dándole un gran beso en la frente.
Le había gustado mucho pasar la tarde con él, los recuerdos volvieron a ella de como
solían pasar tiempo juntos. Ambos leían un buen libro y luego comentaban sobre ello.
—Te vendré a ver mañana, y leeremos esa enciclopedia de la que tanto me platicas. —
Luna dijo tierna mientras le pellizcaba los cachetes a su padre.
Hace mucho que no escuchaba ese apodo, ese que hoy en día ni siquiera recordaba, no
de parte de su padre si no de parte de alguien más.
La última persona que le dijo de esa manera había sido... un sentimiento llegó a ella como
si un dolor intenso se tratara.
Negó con la cabeza y reprimió el nombre en sus pensamientos, luego asintió y sonrió
fingidamente, saliendo de la habitación de su padre junto a su madre.
Luna negó. Era extraño como ese día en particular, su madre estaba preguntando mucho
por su novio.
Tal vez podía sospechar algo, no lo sabía, pero tampoco quería averiguarlo, se sentía un
poco cansada y solo quería darse un baño y dormir.
—Debería irme. —Luna tomó su bolso para marcharse, no creía que pudiera hacer más
ahí, tenía que enfrentar su realidad.
—Espera... —Su madre la detuvo con un poco de urgencia, lo cual era aún más raro para
la rubia—. Porque no sales un momento al jardín, hay alguien que quiere saludarte.
—¿Al jardín? —Megan preguntó expectante—. Si es alguno de los tíos es mejor que tú
hables con... —No tenía ánimos de hablar con nadie más.
Nada bueno, estaba segura, incluso le daba miedo cada vez que le decía algo, pero fuera
lo que fuera solo le daba más tiempo para no llegar a casa y eso era fantástico, así que
aceptó, solo haría una excepción.
Se dirigió al jardín, una de las cosas que tenía que reconocer, era que Camil era muy
devota a ese lugar y cuidaba muy bien de sus flores.
Era hermoso como lucía todo, los colores diversos y los arbustos podados de diferente
forma le daba un toque mágico al jardín, sumándole la época del año, primavera era la
mejor estación para que pudiera ver su belleza en todo su esplendor.
Era curioso como Camil cuidaba más de ese lugar que de su propia hija. Luna se
preguntó quién estaría esperándola allí, era algo extraño. Llegó hasta el final del jardín sin
ver a nadie.
Su primera impresión fue que tal vez su madre le había jugado una broma, pero cuando
sintió como sus ojos eran cegados por unas manos, se sobre saltó un poco y su corazón
empezó a latir por la sorpresa, ya que reconocía ese perfume donde fuera.
Por un momento quiso alejarse y ver de quien se trataba, porque no creía que fuera la
persona que pensaba si él ya no estaba vivo.
Sin embargo, cuando la persona detrás de ella habló, se quedó helada, sin pensamiento
alguno, ni siquiera su cuerpo le respondió en ese momento cuando creyó que jamás
volvería oír su voz.
—Hola pequeña...
Luna palpó su rostro con parsimonia mientras trataba de comprender como era posible
que él estuviera allí, era irreal...
¿A caso estaba en un sueño? Así se sentía, ya que no creía que eso fuera verdad, no
podía ser verdad.
—Oh por Dios, se supone que tú... ¿Cómo es esto posible...? —Luna musitó sin seguir
creyendo.
David sonrió tomando las pequeñas manos de la rubia entre las suyas y sonrió
ampliamente.
No podía contener su felicidad al verla. Tanto tiempo había pasado, pero aún seguía
siendo tan bella como la recordaba.
Seguía siendo su Luna, esa que iluminaba sus noches más oscuras y ahora podía verla y
tocarla...
—Estoy aquí amor. —David musitó acercándose a ella de manera tentativa, quería
sentirla, abrazarla, besarla como todo este tiempo rogaba por hacer—. Regresé.
Todo era tan extraño, se supone que él estaba muerto y ahora se aparecía ante ella como
si hubiera resucitado del mundo de los muertos, no sabía que pensar ni que decir, su
mente estaba dando vueltas en ese momento.
El rostro de David se endureció al recordar como todo había pasado. Cómo por culpa de
una injusticia y por culpa de una persona, él había pasado casi dos años en la cárcel.
Un infierno que no había merecido, pero que pagó con su propia libertad. Ese día marcó
su vida por completo, destruyó sus esperanzas y lo sumergió en una depresión sin
precedencia.
—De la muerte... —David así lo sentía y miró a Luna, atento para ver su reacción a su
respuesta.
—David, por favor no juegues conmigo y dime que fue lo que pasó contigo, te esperé y tú
jamás regresaste... y luego... —Luna musitó.
La angustia de aquel día regresó. El dolor de haberlo perdido de esa manera, mientras
ella sentía tanto amor por él, y ahora estaba ahí como si nada. Había tantas preguntas sin
respuesta.
—Me dijeron que tú... habías muerto. —La chica continuó y bajó la mirada.
David soltó un suspiro cansino, entendía lo que Luna sabía de ese desafortunado suceso,
una verdad a medias, pero esta vez podía contarle lo que realmente pasó.
—Pasé los últimos dos años en la cárcel por un asesinato que no cometí. —David dijo y
levantó suavemente el mentón de Luna.
No quería dejar de contemplar su rostro, había pasado muchos momentos anhelando que
ese día llegara, el día en que la volviera a ver, solo eso hacía sus días menos
desesperantes.
—Me creyeron muerto o al menos eso era lo conveniente para la persona que te contó lo
que pasó. —El castaño continuó y apretó su mandíbula con rabia. Sabía quién era esa
persona, la única que se beneficiaría con su muerte.
—¿Farit? —Luna lo miró incrédula al recordar quien le había contado sobre el suceso y
luego negó. Eso no podía creerlo en absoluto, su novio no sería capaz de mentirle así, o
¿sí?—. Él no pudo haberme ocultado que tú estabas vivo, eso no...
Se alejó de David negando. Farit no sería capaz de hacer algo como eso, se siguió
repitiendo en su mente.
David frunció el ceño al ver como a Luna le costaba trabajo creer que Farit fuera capaz de
hacer algo como eso, algo que claramente él si creía y demasiado.
¿Por qué lo dudaba? ¿Desde cuándo le tenía tanta consideración? Eso definitivamente no
le había gustado en lo absoluto.
Así que trató de convencerla un poco más. Tenía que hacerlo si quería que ella volviera a
su lado.
»Tú quedarías libre y él estaría ahí para ti, para consolarte, para ganar tu confianza, para
engatusarte, para que le creyeras todo porque eso era lo que él quería... —David dijo.
Incluso David escuchó sus propias palabras, cayendo en cuenta en lo que ahora estaba
diciendo y lo juntó con el hecho de que Luna no creyera mucho en su palabra, ella no era
la de antes.
Era como si la hubiera perdido, pero eso no podía ser posible, llegando a una sola
conclusión revelando la verdad.
Sus miedos se habían hecho realidad, más que eso, Farit se había ganado a Luna, pero
aún no sabía de qué forma. Las mentiras tenían una fuerte participación aunque no lo
quisiera admitir.
Sí Farit se había ganado la confianza de la rubia, David haría que abriera los ojos y viera
que tipo de hombre era y que claramente no le convenía, para que así pudiera regresar a
sus brazos.
El castaño estaba más que seguro que todo había sido planeado por ese hombre que le
arrebató al amor de su vida, pero Luna no estaba tan convencida de lo que decía.
Ella juraba conocer a Farit, era un hombre bueno, de buen corazón y buenos principios
que la amaba y ella ¿lo amaba también? Claro que lo hacía. ¿Por qué ahora se lo
cuestionaba?
No tenía que haber dudas, pero apenas miraba a David lo hacía. Él hacía que recordara
todo lo que un día fueron, su amor y todos los obstáculos que tuvieron.
Claro que lo amaba, el azabache era el hombre de su vida y no podía concebir una vida
sin él. A su lado había soñado tantas cosas y quería estar para siempre en su vida, pero...
miró de nuevo a David y recordó el amor que sintió por él.
Ese amor tan puro, uno igual al que ahora sentía por Farit. Ambos eran personas
importantes para ella, no tenía que compararlos, pero no podía evitarlo, ya que los dos
formaban parte de su pasado y futuro.
Se preguntó ¿qué había de él, de David? Su rencuentro la hizo sopesar en todo lo vivido,
en el amor de ambos, su único amor, o al menos eso creyó hasta que Farit entró en su
corazón.
Farit se la ganó con creces. En ese momento estaba tan confundida, todo parecía una
ilusión, un sueño o tal vez una pesadilla.
No lo sabía, la verdad es que necesitaba tiempo para procesar la noticia. David no podía
venir de repente, decirle todo eso y esperar que ella corriera a sus brazos como si nada.
—Sé que es difícil de procesar lo que te estoy diciendo pero solo piensa, si fue capaz de
comprarte con su dinero, ¿dime de qué otra cosa no podía ser capaz de hacer? —David
dijo sincero.
Eso era lo que sabía y Luna debía saber la verdad, no merecía vivir en la mentira. La
rubia subió su mirada aún más aturdida al escuchar sus palabras.
La cabeza le dolía mucho por tener tantas cosas que procesar. David notó como estaba
totalmente cegada y no quería pensar que tal vez el culpable de todo fuera el amor que
ahora sentía por él.
No lo quería pensar porque eso le partiría el corazón. Aunque Luna no podía engañarse a
sí misma. Le quemaba por dentro la idea de que así fuera, de que David tuviera la razón
de todo.
Ahora era la realidad de David. No pudo ver más que solo duda en el rostro de Luna, pero
eso a su vez le daba una esperanza, haciéndole saber que no sería tan fácil convencerla
de lo que le estaba diciendo.
—¿A qué te refieres, David? —Luna se acercó más a él, preguntándole expectante.
En ese momento supo que su regreso no sería tan grato como hubiera querido, ambos
eran otras personas, ella era otra y ahora estaba con Farit.
El castaño bajó la mirada, su mayor miedo estaba ahí, lo veía en sus ojos, el mismo brillo
que tenía cuando se trataba de él.
¿El mismo amor? No. estaba equivocado, porque podía ver un poco más de amor ahora y
eso solo le partió el corazón. Ese amor que a él tenía que pertenecerle ¿la había perdido
para siempre? ¿Luna ya lo había olvidado?
¿No había nada del amor que sentía por él? Tal vez si ella observaba todo el panorama,
si veía como era en realidad Farit podría abrirle los ojos y hacerlo ver tal cual era, un
mentiroso y manipulador que solo la había envuelto en sus redes para obtener lo que él
quería.
Claramente solo era el placer de tenerla porque ni siquiera creía que la amara en verdad,
no como él lo hacía.
—Farit le pagó a tu madre para que se casara contigo. —David lo dijo con toda la
intención de recuperar a su pequeña, esto era la guerra, una que no iba a perder antes de
luchar.
—Te compró como un objeto, sin importarle tus sentimientos simplemente te quería para
él, fuera como fuera. ¿Qué no lo ves? —David la tomó de los hombros para que pudiera
reaccionar.
Luna negó. No podía ser verdad, debía haber un error en la información que tenía David.
Una lágrima recorrió su rostro, no podía creerle y menos quería hacerlo. Aun así la duda
surgió, Luna se estaba llenando de desesperación, necesitaba una explicación en ese
momento.
Quería ver a Farit y que le dijera de frente lo que en ese momento le estaba diciendo
David. Se soltó del agarre del castaño y caminó rumbo a la salida pero este la detuvo. No
creyó que su primera reacción sería salir corriendo.
—¿Qué vas a hacer? —El castaño le preguntó expectante al admirarla tan impaciente.
Tenía que tranquilizarla no podía salir en ese estado.
—Voy a exigir una explicación. —Luna lo miró disfórica, expresando enojo mientras su
rostro se llenaba de más lágrimas.
Necesitaba respuesta, quería una explicación, no podía venir y decirle esto y esperar que
no hiciera nada. Quería saber si el amor que le tenía había sido comprado también.
—Lo negará todo, te dará mil pretextos y tú vas a creerle porque es un buen mentiroso.
Te hizo cree que es un buen hombre y le creíste. —David la tomó de nuevo entre sus
brazos y la abrazó, acariciando su cabello, tenía que tranquilizarla, aunque esta tratara de
zafarse.
—Pequeña, ya estoy aquí, espera un poco y todo saldrá a la luz. —El castaño dijo cuando
escuchó como Luna se rompía ahí mismo y paró sus movimientos, dejándose abrazar por
completo—. Juntos vamos a desenmascararlo.
No, su Farit no, porque aunque no le creyera por completo, necesitaba escucharlo de su
propia boca, necesitaba que le dijera que no había hecho nada de eso mientras la miraba
a los ojos, eso necesitaba.
Entonces abrazó fuertemente a David, más de lo que ya lo hacía, no sabía por qué razón
lo hizo, solo quería que la consolara en ese momento.
Él era el único ahí, junto a ella y recordó cómo era estar a su lado, podía confiar en él, el
calor que le regalaba y esa tranquilidad que le transmitía, se sentía bien.
Una paz que no había experimentado con nadie y eso era lo que quería, aunque muy
dentro de ella sabía que estaba actuando mal porque todo se podría malinterpretar.
Estaba feliz de tener a Luna de nuevo entre sus brazos, aunque de una manera diferente.
No la soltaría, estaría para ella en cada cosa que quisiera, no la volvería a dejar, eso lo
podía jurar.
El castaño sonrió besando su cabellera rubia. No quería que ese instante terminara
nunca. Luna no dijo nada, solo estaba en silencio.
Ella siguió en esa misma posición mientras seguía sintiendo la presencia de David, que a
pesar de todo, de lo que era y no verdad, o quien había engañado a quien, lo importante
es que ahí estaba él, vivo y eso ya era un milagro.
—Te amo, Luna. —Las palabras de David calaron fuerte en el corazón de la chica porque
no las había esperado.
Como si le hubieran dado una fuerte cachetada hacia la realidad y reaccionó. La rubia se
alejó un poco alzando su rostro, aún estaba ahí, su David, aquel chico sencillo del que se
enamoró, con el cual imaginó su vida entera, una vida llena de felicidad y amor.
Estaba vivo y era más que evidente que había regresado por ella y lo quería. Entonces no
supo en qué momento sus labios se unieron, ni siquiera supo que fue lo que la impulsó a
dar el paso y no podía culparlo porque ella había sido la de la iniciativa.
Fue un beso lento, de reencuentro donde sus recuerdos la opacaron como una avalancha
de hielo.
David sonrió cuando aún sus labios no habían olvidado su amor, pero así como apareció
se esfumó y Luna recapacitó al respecto.
Abrió grandes sus ojos ya que la imagen de Farit apareció en su mente. ¿Qué estaba
haciendo?
No podía besarlo como si nada, porque a pesar de todo lo que pudiera haber, ella ya no
estaba sola, tenía un compromiso, y sintiera lo que sintiera no era correcto hacer lo que
estaba haciendo, además de que el castaño no se merecía algo como esto.
—Yo... —Luna lo miró culpable y muy arrepentida—. Perdóname estoy tan confundida, tu
y Farit... todo lo que me dices que hizo —Se sintió mal por todo, pero más por ella misma,
porque en ese momento no sabía que creer o a quien creerle, necesitaba tiempo y
espacio.
David cerró sus ojos resignado, algo le decía que esto acabaría así. Había sido un error
para ella el beso que se habían dado, lo sabía y de nuevo sintió como su corazón se
rompía en más pedazos, no podía soportarlo más.
—Sé que te divorciaste, que ahora eres libre, pero aun así decidiste quedarte con él y eso
solo indica una cosa... —David tenía que saber la verdad de la cual tenía respuesta, solo
para que no le quedara duda alguna.
Se sentía un masoquista porque a pesar de que todo le gritaba una verdad absoluta, él
quería seguir contra corriente luchando por algo que parecía perdido.
—Farit se ganó mi corazón. —Luna le confesó. No podía mentirle u ocultarle lo que ella
sentía por él.
—A base de mentiras... —David refutó de manera exigente, no podía quitar el dedo del
renglón. Él había actuado de la peor manera para ganarse a Luna—. Déjame demostrarte
que clase de hombre es, únicamente dame una oportunidad. —Pidió casi suplicante y
Luna dudó.
Se sentía mareada en ese momento. David la tomó de los brazos, no quería que se
alejara de él.
—Sé que aún me amas, lo sentí cuando me besaste, aunque lo niegues en este
momento.
Luna se quedó sin palabras, porque de eso no había duda, sentía algo por David, pero
tenía que resolver todo esto por ella misma, tenía que preguntarle de frente a Farit todo lo
que David le había dicho.
Estaba tan confundida que no sabía que era correcto y que no, simplemente quería
respuestas.
David era alguien persistente, no quería que le dijera nada a Farit por ahora, y la verdad
no sabía porque Luna estaba aceptando su petición.
Tal vez era porque sentía que le debía algo a David. Podía ser culpa por no haberlo
esperado, no lo sabía exactamente, o tal vez dentro de ella solamente quería retrasar lo
inevitable.
—Está bien, no le diré nada sobre ti, pero no prometo no decirle nada sobre mí. —Luna
endureció su mirada y limpió sus lágrimas, no quería estar más ahí—. Merezco una
explicación.
—¿Y tú crees que yo no?... no sabes que es estar en prisión, es un infierno y más al
saber que tú me creías muerto y que estabas en los brazos de ese imbécil... que no me
esperaste... —Las palabras de David sonaron dolidas.
Luna mordió su labio y empezó a llorar de nuevo. Todo era tan abrumador.
—Tú no sabes lo mucho que te lloré, sufrí al saber de tu supuesta muerte, no creas que
fue tan simple como piensas...
—Tú me dejaste. —Lo miró duramente, si quería encontrar culpables primero que se
mirara así mismo—. Si tu hubieras pensado mejor las cosas, no habría pasado nada ¿qué
querías, que te llorara por siempre? No podía dejarme hundir en el abismo del dolor, ¿eso
hubieras querido para mí? —Luna preguntó expectante.
David bajó la mirada y negó, en parte también tenía culpa, había hecho las cosas mal en
las circunstancias menos favorables.
Quería salvar a su amiga pero jamás lo quiso a costa de su propia libertad, y que Luna
hubiera podido salir adelante después de todo lo sucedido, solo le hacía ver la mujer
fuerte en la que se había convertido, aún que no de la mejor forma.
—Perdón por hacerte sufrir, lo menos que quería era que esto pasara y todo esté tiempo
lo único que me mantuvo a flote en ese infierno fue la esperanza de algún día volver a
verte y estar juntos de nuevo... —David paró de hablar cuando la duda se alojó en el
rostro de Luna, haciendo realidad su mayor miedo, confirmando lo que ya sabía—. Yo sé
que me amas, pero... también lo amas a él y no sabes cómo eso me hiere.
—Perdóname David, lo amo, y si todo lo que dices que hizo termina siendo verdad me
odiaría mucho por sentir lo que siento por él, por dejarme engañar.
»Aunque sé que no podría cambiar mis sentimientos, no al instante —Luna musitó con
una opresión en su pecho. No quería que nada de lo que había dicho David fuera verdad.
—Todo lo que te digo es verdad, te juro que lo es, únicamente déjame demostrarte que no
miento y lo podrás comprobar por ti misma. —David la miró serio.
Quería que le creyera y que le dejara demostrarle que no mentía, Luna asintió
rápidamente sacudiendo su cabeza al escuchar su celular sonar, sacándola de su
ensimismada mente.
No sabía que creer o que pensar, se sentía atrapada y confundida con todo. Vio la
pantalla y su corazón se estrujó más al ver el remitente, era Farit, no quería contestarle,
no ahora que estaba con David.
No era muy buena disimulando y él podría saber que algo más pasaba, así que volvió a
guardar el móvil, no podía hablar con él en ese momento y menos en las condiciones en
las que se encontraba.
Tenía que tranquilizarse y pensar en cómo abordaría el tema, tenía que tratar esto lo más
objetiva posible .
—Debo irme. —Luna dio un paso hacia atrás y se alejó de David, necesitaba espacio,
mucho al decir verdad—. Te veré luego.
—Luna... —Trató de detenerla, no se podía ir así sin más, no sabía que haría en este
momento. todo era tan incierto.
—Lo sé David, solo dame tiempo para poder meditar todo esto, tu regreso... es difícil. —
La rubia se tocó la cabeza, tenía tanto que pensar.
Miró por última vez al castaño, no era un adiós, pero si un hasta luego. Salió del jardín
encontrándose a su madre quien al parecer había escuchado la plática, nada nuevo en
ella.
Lo que no entendía era por qué después de hacerle la vida tan miserable por querer estar
con David, ahora de la nada le nacía la bondad de ayudarlo. Algo no cuadraba para Luna.
Incluso había aceptado para que ella lo viera en su jardín.
Luna frunció el ceño y la miró igual de interrogante, algo había oculto en todo esto, así
que decidió ser más directa con ella.
Luna respiró profundamente, empezó con los apodos amorosos, eso ya era muy mala
señal. ¿Por qué se empeñaba a fingir cuando no había nadie con quien hacerlo?
Ella la conocía muy bien. No tenía por qué hacer esto a menos que algo obtuviera, su
ambición era mucho más que su bondad, incluso creía que no existía esa palabra para
ella.
—Eso mismo me pregunto, se supone que tú odiabas que estuviera con David, me
casaste con un hombre que no amaba y ahora que estoy feliz con Farit ¿lo ayudas a él
para que pueda verme? —Luna preguntó dudosa, señalando el jardín donde aún estaba
David.
No creía capaz que solo fuera miel y flores en la relación de su hija, tenía que haber algo,
siempre lo había.
Luna dudó, su madre tenía razón, nada estaba bien, todo lo que estaba pasando con
Eliza los había distanciado.
No sabía en qué página estaba ahora con su novio, le daba miedo que todo lo que ambos
sentían se esfumara y más con lo que estaba pasando, porque a pesar de todo ella
confiaba en Farit.
—Lo ves. —Señaló su madre, ella vio la duda en la rubia—. Algo me dice que aun amas a
David y tal vez después de todo esto ustedes puedan ser felices por fin.
»Sé por qué hice lo que hice, pero ahora todo es perfecto. Tu padre está bien, la empresa
igual y ahora David es un hombre que está a nuestra altura, que... —Luna la interrumpió.
—Para, para —Alzó las manos, confundida—. ¿De qué hablas? —No estaba
comprendiendo de que hablaba su madre.
—Oh creo que no te ha contado esa pequeña parte. —Camil se mordió el labio,
avergonzada.
Luna bufó y entonces lo entendió todo. No sabía cómo, ni tampoco le interesaba saber,
pero su madre se lo dijo todo con una sola mirada.
David la había comprado prácticamente, creyendo que con eso podía tener algo de nuevo
con ella.
Camil era su madre pero parecía como si no le importara en absoluto su opinión y mucho
menos su felicidad.
Y le dolió que para ella solo fuera un pedazo de carne que podía vender al mejor postor.
—Por eso lo hiciste. —Luna no preguntó, lo sabía—. Eres increíble, de verdad que no creí
que podrías sorprenderme más a estas alturas de la vida, pero no puedo contigo.
—¿Qué tiene David que Farit no? —La rubia quería saber.
—Más dinero. —Camil respondió enseguida, casi como si fuera cualquier cosa. Luna se
arrepintió de preguntar—. Sabes la distinción que nos dará, es mejor que solo ser la novia
de Farit Montalvo, ni siquiera eres su esposa ¿Qué ganas con eso? Nada.
En ese momento David entró a la sala observando la plática animada de ambas. Luna
quería responderle como era debido pero se tranquilizó, era su madre después de todo.
—Luna, pensé que ya te habías ido. —David dijo al verla aún ahí.
La rubia negó sin dejar de ver a su madre con algo de rencor, no podía decir que la
desconocía por qué era totalmente lo contrario.
Esa era su madre, la mujer que le había dado la vida, pero entonces un fuerte mareo la
atacó junto a una punzada en la cabeza.
Trató de sostenerse sobre el sofá, pero David corrió hacia ella tomándola por la cintura.
Luna asintió cuando la molestia pasó y se alejó de David. Su malestar debía ser causado
por tanto estrés al que estaba siendo sometida. No le dio importancia.
El celular de Luna empezó a sonar de nuevo, era Farit, pero esta vez sí respondió, sabía
lo que haría si no lo hacía.
—Luna, estoy afuera de la casa de tus padres, he venido por ti, tenemos que hablar... por
favor. —la voz de su novio sonó tranquila.
Ella no lo estaba tanto. Se quedó estática cuando el timbre de la puerta empezó a sonar y
su mirada recayó en el castaño, no podían verse, no de esa manera.
—Farit vino por mí. —Les informó mirando a ambos aludidos—. Más vale que salga y no
te vea, no ahora. —Señaló a David y este asintió.
Tenía otras razones más para no permitir que Farit lo viera, no hasta que no fuera
necesario, así que dejó que Luna saliera de la casa.
Al ver al azabache a lado de su auto, el corazón de la rubia se sintió como una jodida
gelatina, había tanto que procesar, tanto que quería saber y deseaba exigir, sin embargo,
guardó silencio, ese no era el lugar apropiado y se acercó a su propio auto.
—Sube, yo te llevó. —Farit le ordenó abriendo la puerta de su Audi negro, pero Luna hizo
oídos sordos.
—Me iré en el mío. —Respondió su novia y sin esperar respuesta subió y encendió el
vehículo. Luna se sobre saltó cuando la puerta del copiloto se abrió dejando entrar a su
novio.