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Reflexiones sobre el hogar y la soledad

El documento presenta una serie de poemas de diversos autores que exploran temas como la soledad, el viaje, la nostalgia y la vida en la ciudad. Cada poema ofrece una perspectiva única sobre la experiencia humana, desde la reflexión sobre el hogar hasta la búsqueda de significado en momentos de incertidumbre. La diversidad de voces y estilos enriquece el contenido, creando un mosaico de emociones y pensamientos.
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Reflexiones sobre el hogar y la soledad

El documento presenta una serie de poemas de diversos autores que exploran temas como la soledad, el viaje, la nostalgia y la vida en la ciudad. Cada poema ofrece una perspectiva única sobre la experiencia humana, desde la reflexión sobre el hogar hasta la búsqueda de significado en momentos de incertidumbre. La diversidad de voces y estilos enriquece el contenido, creando un mosaico de emociones y pensamientos.
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Álvaro Valverde [3] Raquel Lanseros [4] Francisco Ruiz

Noguera [5] Ángel Guinda [6] Juan José Espinosa Vargas [7]
Mónica Doña [8] Sol Ceh Moo [9] Ángel Ortuño [10] José
Luis Piquero [11] Julio Espíritu [12] Azahara Palomeque [14]
Pilar Alcalá [15] Jesús Tortajada [16] Joaquín Moreno
Pedrosa [17] Liyanis González Padrón [18] F. J. Hernández
Baruque [19] Valeria Correa Fiz [20] María Gómez Lara [22]
Alberto Santamaría [25] Eusebio Sánchez [26] Jorge Ortiz
Robla [28] Dalia Alonso [30] José Julio Cabanillas [31] Reina
María Rodríguez [32] Juan Alcaide Rubio [33] Jorge Pérez
Cebrián [34] Aitor Francos [37] Luis Muñoz [38] Constantino
Molina [39] Daniel Vázquez Calvo [41] Juan Carlos de Lara [42]
Azahara Alonso [43] Tirso Priscilo Vallecillos [44] Víctor
Jiménez [46] Antonio Barragán González [47] Gabriel Barrios
Fedriani [48] Inmaculada Caro Rodríguez [49] Alejandro Duque
Amusco [50] José Luis Torrego [51] Juan Álvarez [52] Beatriz
Hernanz [53] Ada Aurora Sánchez [54] Toni Montesinos [55]
José Luis Abraham López [64] José Carlos Rosales [56 y 65]
Ignacio Izquierdo del Valle [59] Emilio Aparicio Díaz y
Beatriz Pérez Sánchez [67]
Álvaro Valverde
QUESTIONS OF TRAVEL

Desde que lo leí por vez primera


me obsesiona el poema “Cuestiones de viaje”,
de la bostoniana Elizabeth Bishop.
Nunca ha dejado de estar en mi memoria,
ni de interpelarme sus preguntas.
No hay viaje que no me lo recuerde.
Tras descubrir Brasil,
nuestra poeta inquiere, por ejemplo,
si hubiese sido mejor quedarse en casa
e imaginar ese lugar.
De ser así, tampoco
estaríamos nosotros aquí.
Nos acomete la misma inmadurez:
la de mirar el sol desde esta orilla,
por más que brille ahora por su ausencia.
No nos basta con soñar nuestros sueños:
debemos vivirlos también.
Ella evoca a Pascal, esas desgracias
que derivan del hecho de ser incapaces
de no quedarnos solos y tranquilos
en nuestro propio cuarto. Se interroga:
¿Es falta de imaginación lo que nos obliga a venir
a lugares imaginados, en vez de quedarnos en casa?
Estamos en Sofía, pero podría ser
en cualquier parte.
Con ella, por fin, nos cuestionamos:
¿Deberíamos habernos quedado en casa,
dondequiera que eso quede?
Y en su formulación retórica,
no encontramos al cabo la respuesta.

[3]
Raquel Lanseros
MI VIDA ES UN VUELO DE REGRESO A MADRID

Madrid es no tener nada y tenerlo todo


Ramón Gómez de La Serna

Hay ciudades que son un puñal por la espalda.


Hay ciudades que son la vida por venir.
Hay ciudades enfermas y ciudades inéditas.
Ciudades cuyo asfalto sabe a respiración.

Madrid es un amante inolvidable.


Un ejército dentro de la piel.
Madrid la libre y Madrid la cautiva.
La oscura. La espontánea.
La despótica.
El destino que nunca pregunta procedencia.

Madrid amordazada
Madrid superviviente
Madrid el rompeolas
Madrid ¡no pasarán!

Tan armoniosa y tan desafinada.


La ciudad donde siempre me espera algún motivo.
La ciudad donde nunca me olvido de volver.

[4]
Francisco Ruiz Noguera
ALFA & OMEGA

El tedio de los días, su negrura,


el líquido viscoso de las horas,
sus caminos cegados.

Y de pronto el encuentro con la imagen


que, oculta entre las páginas de un libro,
abre un hueco en la nada.

Una brecha de luz para la vida


estampada en la foto que atesora
recuerdos del pasado.

Buscar en la memoria de otro tiempo


y encontrarte de nuevo con los ojos
que descubren el mundo.

Y yo, entonces, el ángel victorioso,


el principio y el fin: la vida toda
pendiente de mis manos.

Pasos, luego, en la niebla, y el destino


con un timón sin rumbo navegando
el azar de los mapas.

Y yo, ahora –fusión de alfa y omega–,


en el círculo quieto de las sombras
donde se cierra todo.

[5]
Ángel Guinda

Rememora tu llegada a esta casa.


Dejabas atrás muchas vidas y te
disponías a tener todavía otra
vida.
¡Esta casa que te sobrevivirá!
Mira el techo, los ventanales, las paredes, el suelo, cada rincón
y esquina de ese cuarto más tuyo que tú mismo.
Localiza las impregnaciones de tu voz, las manchas que
conservan tus fluidos corporales, la densidad del aire cargado
de presencias.
¡Pronto aquí otros mundos
suplantarán tu mundo!

[6]
Juan José Espinosa Vargas
EL HOMBRE SE ESTÁ QUEDANDO SOLO

Hay, cuando he llegado, un vientecillo fresco que acaricia


bondadoso el manto negro que cubrió la tierra. Y ahí me
estuve solo velando la muerte del monte. Un airecillo que es
lo único que, a veces, se oye como el lagarto o el vuelo de la
libélula o la mirada de un novillo diciéndome eso que me está
diciendo el zorro quemado como la encina o la colmena y los
matorrales o millones de insectos de todos los colores. Eso
que me está diciendo el canto de la cigarra muerta o el silencio
de las aves. Yo no sé qué soy si soy quien anidó la chispa en
la rama del árbol y, en el árbol, le crecieron, de repente, alas.
¿O, acaso, soy precisamente, por eso, un hombre? Yo he
sentido, aquí, una piedad remota. Una soledad… Porque hay
un silencio así. Porque hay una música callada, así, también. Y
ahí me estuve desolado, como el monte, velando la muerte del
hombre. El hombre se está quedando solo.

(En el verano de 2016, el fuego alcanzó los 10 kilómetros de


longitud en el municipio de El Castillo de las Guardas, Sevilla.)

[7]
Mónica Doña
INSTANTE

Me resulta imposible
describir el instante.
Cuando no sé si estoy,
ni dónde, ni en qué brazos.
Desconozco si grito,
si vivo, si habré muerto,
si me voy deshaciendo,
si soy yo, si soy tú.
Sólo sé que ese instante
de no saber, no importa.
Si he cerrado los ojos,
no hace falta más luz.

[8]
Sol Ceh Moo
LEELEMBALIL REFLEJO

¡Ba’ax in k’ajti’ ¡Y qué importa


wa kuxtal mix ba’al u bilal, que la vida no valga nada,
wa uitzilo’ob que las montañas
ku suuto’ob ta’am se vuelvan ceniza
bey xan wa yaabilaje’ y que el amor
chen jun p’èel ba’al ku leembal sólo sea un espejismo
tu tuuk’il mina’an kuxtal yook’ol kaab! en el desierto del mundo!
¡Ba’ax in k’ajti’ ¡Y qué importa
wa ùuje’ ku yuk’ìk si la luna bebe
ti’ to’on de nosotros
u maasil eek’il ma’ jum; su más oscuro mutismo;
bey xan wa ka’anal tùukule’ y si la filosofía
chen jun tùul x òotsilil es una pordiosera
yaanal u jolnaj aayik’al bajo el pórtico del rico
wa mek’a’ab tumeen jun tùul kala’an! y en los brazos del beodo!
¡mix ba’al najmal! ¡Nada importa!
chen jun p’èel chan peek Salvo el primer paso
Kex tu ts’ò’oke’ que a la vez
u ts’ò’ok es el último
tu p’ateen que me ha abandonado
nats’ ti’ tèech. cerca de ti.

Traducción de la autora

[9]
Ángel Ortuño
COMIENZO A TEMER QUE EL INFIERNO ME TRAGUE Y LA MUER-
TE ME VENZA Y ME ASESINE ETERNAMENTE LA FURIA DE DIOS

Por lo demás, estoy


en calma. Incluso
continúo volanteando: Si necesita
usted
que su odiado enemigo
no conozca otra cosa sino
oprobio
y deshonor, que se hunda
en un fracaso espeso y ardiente,
no espere más:
contrate mis servicios. No soy
el mejor del mercado ni tampoco
el más barato y también
es probable
que haga poemitas con lo que usted me diga
en conversaciones estrictamente confidenciales.
Ay,
el exhibicionismo barato
ha arruinado mi vida. No lo voy
a negar. Pero usted, benefactor malévolo, puede
aprovecharse de eso. ¿Verdad?

[ 10 ]
José Luis Piquero
NOCHES BLANCAS

A Bárbara Grande

“Cuando me imagino a mí mismo como amante


e l Amor está otra vez aquí”.
Robert Duncan

Nastenka, piedrecitas
contra el cristal de mi ventana.
En mi copa de vino un ligero temblor
(como de algo que viene).
Así son los milagros: tan sencillos.

Ojos para decir, para eso sirven. Y muy pocas palabras.


Y el amor. Del amor
podría enumerar algunos gestos,
la bienaventuranza.
Me sé la teoría y el uso del amor.

Manos y lenguas que se posan,


pájaros ávidos,
y allí donde se posan esa es la piel del mundo.
¿Y la gente pasea como siempre? ¿Y sigue amaneciendo?
¿Y las cosas son útiles? ¿En serio?

Noches blancas. Y tú qué loco estás, corazón mío.

Ahora ve a querer.
Vete a hacer tu trabajo, y hazlo bien.

[ 11 ]
Julio Espíritu
¡DIOS!

¡Qué mujeres
qué hambre
qué miseria la nuestra
Dios!

Esperar en medio su encanto


entre los descuartizados
y los charcos de cerveza
con las cabezas de tus hijos
Patria

tus niños moreteados
tus niñas manoseadas en la vía pública
con doña Veracruz y el país lleno de cadáveres

¡Qué miseria
Dios!
Sé que lo comprendes
porque ríes
abres tus manos
como diciendo:
anda loco
maldíceme
vete
pero aquí estaré para volver a hundirnos
pudrirnos juntos
loco

[ 12 ]
justo en donde versas o ladras
o haces como viento
que vuelve en medio de la calle
vuelves con un gramo de verdad
loco
sólo un gramo
ya sin pálpito
vuelves

¡Qué miseria!
Quedarnos tembeleques
ebrios
marihuanos
con el hocico ensangrentado
en medio de la podredumbre

¡Dios!
Sé cuándo me miras
como diciendo:
haz lo tuyo
loco
haz lo tuyo
aquí nadie dice nada
hazlo
reviéntales la panza
corta sus deditos de un hachazo
anda
déjalas que sufran
que recen
¡Dios!
¡Qué mujeres
qué hambre
qué miseria!

[ 13 ]
Azahara Palomeque

convertir
estos restos en mi alimento, almorzar
la lozanía de los ceniceros creados en la obligación
de construir
cada día a nuestros muertos,
el gesto malabar del detrito entre la manos
con que se irgue el pan,
la luz vacía
en el canal del estómago.

Nunca pensé que el hambre fuese la historia de pintar muñecas


en las hendijas y hendijas
en las muñecas.

sus cabellos blancos, la infancia prometida


a desfallecer.

[ 14 ]
Pilar Alcalá

La tarde hoy no es tarde, sino toda la vida.


Onofre Rojano

Habré de cambiar las tardes


que ya no me pertenecen.
Serán un arrullo en los instantes elegidos,
desorden en la lluvia que te trajo,
como la siega trae a los pájaros.
Me sabré raíz bajo las horas
que apoyadas quedaron en tu espalda,
sin quebrantar el orden de tus dedos.
Si es preciso desgajar mi sombra,
lo haré por toda la vida esta tarde.
La pondré en el alféizar de tu mirada
inalcanzable, inventaré su abandono
y me pondré labios de tormenta
para nombrarte frente al espejo.
Cada instante de esta tarde
sería el hallazgo de tu desamparada
ausencia, un capricho de mi latido.

Si se demorase tu recuerdo…
Me rompería la sangre
esta tarde
en el tiempo que duran las violetas.

[ 15 ]
Jesús Tortajada
VIVIR, NI MÁS NI MENOS

… quiero volver a descansar en mi cabeza,


en mis propias manos.
Álvaro Cunqueiro

Yo rompí el mueble del salón con mis


propias manos. Echándole la fuerza
que no sabes que tienes –la interior-
conseguí separar esos enormes
paneles que lo ahormaban. Destrocé
la cajonera y la vitrina sin
más miramientos ni contemplaciones.
Salvé los libros de arte y los de historia,
también los candelabros, las monedas
romanas y los álbumes de sellos
aún contenían la mirada limpia
y el tacto fino y leve de mis padres.

La verdad, no lo supe desmontar,


después de horas quitándole tornillos
opté por la tremenda. Todo se ha
consumado, los plazos siempre mandan
y había que entregar la casa. Así es
vivir, ni más ni menos.
                                    Esta vida
me ha destrozado con sus propias manos.

[ 16 ]
Joaquín Moreno Pedrosa
BALANCE

Te has sentado en tu casa. Y un momento


miras lo que has logrado y te rodea.
Libros escritos (pocos), y leídos
(algunos más). La fila de carpetas
donde engorda y se aburre tu currículum.
Colecciones inútiles y bellas.
La charla en el salón de los que amas.
Y ya está. Eso eres. Más pequeña
se ha ido haciendo tu vida cada vez.
Pero cada camino que se cierra
te mete más y más en lo que eres,
te hace más tú mismo, te concentra.
Y te sigue faltando casi todo.

[ 17 ]
Liyanis González Padrón
NOSTALGIAS

A Raisa Leonor

Mi madre vuelve el rostro


hacia el sitio más simple de la casa
alumbra sus flores detrás de la vitrina
detiene la escarcha
en mi vaso de crecerme

En cada cuarto donde la música


regresa al tiempo aquel
de boleros y fábulas
lleva mi paisaje del país
oculto entre las sienes

Imagino sus ojos perdidos


contemplando el mundo
en el desorden de su patio

Afuera otra ciudad engaña


al cielo como copas

La eternidad de mis nostalgias


es su mantel de hilos
donde aún guarda mi infancia
de miedos
sin preguntas

Mi madre deja atrás la casa


y trata de salvarme

Yo sigo extrañando su terneza


bajo el tibio doblez de mi vestido

[ 18 ]
F. J. Hernández Baruque
CARTA DESDE LA LLUVIA

Los días que se fueron


dejaron su piel seca sobre el agua,
muebles desabrigados
en las habitaciones en penumbra
y el beso de la lluvia en las paredes.

(He recibido carta de una nube


que me traía versos, viejos versos
de alcohol evaporado
que aún guardan el azúcar de la rima)

Ay lluvia, novia antigua, siempre escribes


como una adolescente enamorada,
con la nostalgia verde de los musgos
en la caligrafía.
Le das intimidad a los rincones
mientras pegas los sellos y solapas
de sobres que remites al olvido:
mi nombre y apellido en letra clara,
un poquito escorada hacia la izquierda
que es como llueve siempre sobre el campo.

[ 19 ]
Valeria Correa Fiz
CONJUROS

No quiero más que estar sobre tu cuerpo


como lagarto al sol los días de tristeza.
José Ángel Valente

Norte y lejos,
centro y sur,
o muy cerca
son solo categorías
para pensar el mundo en sus distancias.

Tú y yo (mano y espera)
seremos como el trébol:
salvajes, al ras del suelo
buscando la extensión y la espesura
de lo que vive muchas vidas apretadas
en el espacio de una única noche.

Así te aguardo: con la alegría


que multiplica lo querido aun cuando ausente,
a pesar de las leyes matemáticas que exigen
que al multiplicar por cero
resulte siempre cero.

Te espero aquí,
muy al centro de tu norte,
muy lejos de tu cerca,
donde cae la quinta noche:
aún faltan dos días para tu llegada
y mis pensamientos te buscan.

[ 20 ]
Ni la borra del café,
ni el vuelo de los pájaros,
ni los números,
ni los viejos dioses arbitrarios en su Olimpo,
ni un sutil golpe de dados dispusieron este encuentro.

He sido yo quien lo ha provocado:


La ebriedad del error me obliga a cerrar los ojos.

[ 21 ]
María Gómez Lara
SACÚDETE Y ESCRIBE

“Fool,” said my Muse to me, “look in thy heart, and write”


Sir Philip Sidney

que las palabras lleguen solas o

que las empujes cuando no te encuentres


que las jales de algún lado como puedas cuando casi te quiebres

sacúdete y escribe
para
dar contigo

para no desvanecerte en el trajín


de cada día levantarte hacer café cumplir con lo de hoy

sino hablar hablar usar la voz


tocar el mundo con la voz

hablar
para nadie hablar sola
hablar sobre todo cuando te falte el habla
cuando
te fallen las palabras de repente cuando se te rompan más que siempre y quieras
seguir viviendo como si no fueras tú sino y quieras seguir viviendo sin
preguntarte tanto

sacúdete sacúdete y escribe


para no perderte ahora

porque vas olvidando de pronto entre el ruido que es silencio

[ 22 ]
dónde estaba tu ruido cómo retumbaba
esa pura duda que te forma el registro exacto de tu voz quebrada tus huellas digitales

sacúdete y escribe mánchate las manos toca la tinta con los dedos

porque vas olvidando sin notarlo


que estás hecha de las pocas palabras que logres decir las que te atrevas a gritar
y más aún
las que se te atraganten
la que pierdas para siempre en el intento
estás
en las palabras atravesadas que no van a ser nunca eres
justamente las que no puedes tocar las que no alcanzas

las que cómo articular


el grito mudo

por eso sacúdete y escribe

no te ahogues debajo
de tanto silencio ajeno

respira el silencio
que acarrean tus palabras las tuyas las débiles las torpes las caídas

nómbrate con las letras que no traigan su reverso


nómbrate con la forma de las letras que te faltan

esas que existen sólo


al no estar en tus palabras
en la silueta de su hueco

esa ausencia tan tuya que sólo puedes conjurarla así con tinta derramada con
tinta que no
va
a ninguna parte con tinta que se agota

[ 23 ]
por eso sacúdete y escribe
aunque no tengas nada
que decir

sólo dolor sin nombre

y se te escape el ritmo de ese


verso que buscabas
aunque no logres que cante
sigue dándole forma como puedas

con el balbuceo con el murmullo con las manos


con el estruendo que chilla y se revienta

moldéalo con el aire encerrado que no sale al buscar la palabra justa la que no llega
nunca
y quedas muda en el intento

moldéalo con el grito

sacúdete y escribe
para volver a ser

para otra vez callar a tu manera

[ 24 ]
Alberto Santamaría
TEORÍA DE LO SUPERFLUO

I II

En la tarde todo se vuelve débil, La raíz no es el principio


sin color. y sin embargo
Si participamos de la ceremonia del miedo a su alrededor
es por algún estrecho margen pequeños roedores
que la derrota amasan la tierra
nos regala. Y así felicidad
cumplimos el ciego mandato es lo que buscan
de la mano que nos escribe. entre la maleza
Yo, tú, aquél son formas ¿o somos nosotros?
de lo superfluo. Sí, es cierto:
Tiempo, esa es la piel hábiles domesticadores
que nos ofreces: la venganza de lo superfluo
de lo fugitivo que creemos eso somos
eterno. o animales
Tiempo, volver a leer lo predecible que se inclinan
y sentir el confort sin deseo.
de la nada frente a la nada. Para eso existes
En la tarde, ciegos pájaros o tal vez no, y lo recuerdas:
atraviesan el cielo de Monfragüe, algún día este amor
mientras aquí que producimos
abajo nada será
mis manos palpan y eso
felices me aterra
la piel de un mundo
sin nosotros.

[ 25 ]
Eusebio Sánchez
EL MOISÉS DE LA DIOSA.

Préndete en las zarzas


que hasta ahora siempre me han dado de comer.
Hazme una señal,
déjame beber de la certeza de tu existencia.

No olvides que de tu mano nació el mimbre.


Tú tejiste la cesta que me permitió vivir
en la orilla del río, pasados ya miles de años.
Tu mano tejió y, pasando la muerte de largo,
nací yo, en la cesta que tejiste para mí.

Préndete en las zarzas


que hasta ahora siempre me han dado de comer.
Déjame verte y muéstrame
que soy yo el profeta único, acuérdate,
como siempre, desde la vez primera.

Yo liberé a tu pueblo,
lo guie por tus huellas a través de las tierras
muertas de sed y yermas hacia campo santo.
Le prometí lo prometido, ahora corre y ven
y dime antes de dejar que muera marchito, sin fe,
por qué ya no ardes, zarza incombustible...

Cuarenta años a tu lado cargando solo,


maldito, con el trabajo más pesado.
Jorobado y abatido, ahora que se ve lejos la guerra,

[ 26 ]
me culpas de todo: de los pasos cansados
que abrieron caminos, diosa única de mi tierra,
para ver cómo, sin saber por qué, el pasado los borra.

Se ve cerca el final a mis ciento veinte años,


se ve cerca a mi sucesor, joven guerrero que forjé
en luchas contra los tiranos, meros
paganos cuyos corazones que no te respetaron yo clavé.

Me muero viejo, habiendo peregrinado el camino más difícil,


durante todos estos años bajo el sudor
de tu desdén. Te vas con el más nuevo, que se cumpla
el destino:
sea él tu Josué,
sea yo tu Moisés.

Préndete en las zarzas


que me han dado de comer hasta ahora siempre.
Préndete una última vez
y apágate... y recuerda siempre, diosa,
al profeta profeso de tu piel.

[ 27 ]
Jorge Ortiz Robla
CREO

Creo en la unidad armónica del cuerpo,


en las falanges diseñadas para conformar el puño,
en el sexo que acoge a otro sexo,
en la boca que se adapta a la mejilla,
en la concavidad del pie de Filípides,
en el tendón de Aquiles,
y la proporción áurea.

Creo en la domesticación del hombre,


en el amansamiento de su alma airada,
salvaje.

Creo en el frío y su voluntad de nieve,


en el color carmín del sobresalto,
en la estructura parda y cavernosa
de los tobillos, los muslos y los ganglios.

Creo en el racionalismo arquitectónico,


en su criterio geométrico simple,
en la alineación del ruido
como un caudal,
un torrente.

Creo en la flor del almendro,


en su silencioso milagro,
en la drupa que esconde
el corazón de la rosácea,

[ 28 ]
en la pared ovárica que en mesocarpio
envuelve la semilla
y se hace carne.

Creo en ti,
como creo en la libertad como doctrina,
como creo en la veracidad del tiempo,
como creo en el regusto del tacto,
como creo en la rotundidad
de la última palabra.

[ 29 ]
Dalia Alonso
FEDRA SUPLICA A HIPÓLITO

Yo seré la granada jugosa


que muerdas al regresar
de la caza,
y tu sábana,
seré perfume, perfume,
seré las hojas que apartes
para abrirte camino
y el paño que enjuague
los ardores de tu frente.

Yo seré la vieja tina


en la que laves tus pies
y la ventana cerrada,
seré silencio, silencio,
seré el lecho
en el que al fin te venzas y
cuando necesites agua,
¡seré yo tu agua y
nadie, nadie más!

[ 30 ]
José Julio Cabanillas
SEÑORA DE LAS VIÑAS

A mi padre, in memoriam

Señora de las viñas, señora de los montes,


señora de la niebla, señora de los gallos,
acoge a quien tú sabes en tu casa más honda.
Que el sol de un sombrerazo lo lleve hasta tu puerta.
Y a los que vamos por la cañada oscura,
que tus ojos no dejen de alumbrarnos
y nos guíen junto a ti, señora de la luna
que consuela a los muertos
haciéndoles creer que aún es de día,
señora del lucero
que cuchichea el camino con sus guiños de agua.
Señora de los montes y rompientes,
la de los faros altos en donde brama el mar
y se rompe y babea impotente, furioso
de no alcanzarte nunca.
Señora de los vientos, abre el zurrón de piel
y déjalos salir uno a uno, despacio,
para que al fin nos lleven a tu orilla de plata.
Señora de los gallos que con agudos picos
rompen el lazo fuerte de las noches
y desatan el día que se irisa y sonríe
en sus plumas de oro.
Señora de la viña donde el ciervo reposa
sanado de su herida, míranos.
Cúranos, por piedad.
No nos niegues tu rostro.

[ 31 ]
Reina María Rodríguez
EL PESO DEL HUMO

La chimenea suelta humo prieto:


petróleo sólido que no hallan
ni sirve para nada sobre el puente
reparado ayer
y tu casa
junto al arrabal.
Te recuerdo
con la luz que baja
por las casitas de colores
brillantes
como si hubiera felicidad,
y la enfermera mira
el edificio donde estudió azul
mohoso ya.
¡Qué tiempos! – murmura
y vuelve la cabeza de reojo
recostada en sí misma.
El buick sigue empapelado
con manzanitas negras
por donde veo:
aquel humo lejano
atravesar Matanzas,
la brevedad de esta vida
con su traqueteo de caballo veloz
que un día fue tuyo tal vez.

[ 32 ]
Juan Alcaide Rubio
RECESO

Busco el descanso, como busca


el mar el agua del guerrero
Aquilino Duque

No es estar solo aunque parezca ser


lo que se busca; sólo es el descanso.
Abandonarse un poco al mediodía
y no mirar sino de vez en cuando
al cielo azul y al alto cataviento.
Dejar que caiga libre el sudor tardo
de gustosas labores.
Comer sin más del árbol con las manos
y recibir al aire confidente
que en la piel atestigua si es la hora
del banco en la pared de siles tibios
o de entrar en la estancia recogida
y ver llegar la noche por encima
de releídos surcos desgranados.
No es más que el leve pulso de la víspera,
un revivir palabras con aromas
a vino madurando entre los versos
mientras se espera acorde con el Hombre
la llegada veraz de una mañana
de luz definitiva.

[ 33 ]
Jorge Pérez Cebrián
ΟΥΤΙΣ

Pero la tierra a nuestra espalda no nos ha enterrado.


Alguien dijo
que irse es regresar a ese lugar
en que no había un lugar que no fuera ya nuestro.
Que abril removerá las hojas muertas
y atronará la paz como lluvia en las ventanas.
Y que una calma, una afilada calma,
nos arrebatará las últimas tempestades:
Que volverá la paz
cuando volvamos.

Pero las mareas de la memoria sostienen


mejor que la esperanza la mañana.

Y ahora, que la ida es un destino consumado,


y el dónde ha sido un riesgo irrevocable,
que ya las manos y las ventanas se nos abren
como gritos,
y las copas se llenan,
y las liras se templan como sogas,
y se esconde en el cielo cada rayo,
y se oxida en la tez de una pared aquella espada
como un reguero de pasado y ruido para probar su sangre.
Su polvorienta sangre,
que nunca se blandió
para esta guerra.

[ 34 ]
Después de tanto otoño hemos llegado.
Y la costa no fue nunca tan vasta,
tan mía y tan cercana,
como cuando la vi derramarse al horizonte;
abrir sus alas.

Y habrá que caminar entre la gente.


Vestirse el nombre que fui dejando en los senderos
para aliviar mis labios;
quemar las naves.
Porque ya no habrá mar.
Ni habrá una estela.
Ni un puerto que se meza entre sus labios.
Porque ya nadie teje
ni desteje
ni me espera.

Alguien dijo
que serán del laurel, de sal, de lluvia
las flores que trae el viento a los que han muerto
y nunca les pisó la blanda arena.
Que nada a salvo se fundó en el mar
salvo acaso el horizonte y el ocaso,
y esas cosas
que se parecen demasiado a un todavía.
Que acaso aún queda tanto —todavía.

Tantas auroras y memorias, tanto tiempo


y un triste olor a lluvia en los espejos.
La proa que se vuelve a la mañana
y siempre vuelve.
Los mismos astros truncos.
Los mismos horizontes en la orilla.
Las mismas ruinas sobre el mismo llano.
Y la calma.
Y tanta paz y calma entre las manos.

[ 35 ]
Y todo eso que queda
—y todo lo que queda es demasiado.

Mi nombre sobre el mármol no es mi nombre.


La patria de mis huellas no es mi patria.
Me entierran las poltronas y los lechos,
la carne, el claro orbe y la vigilia.

Quise ser otro.


Pero hay algo que vuelve y que ha pasado.
Esta tierra que soy,
la tierra que me deja tras su espalda,
la tierra que dejé y no me ha enterrado.

[ 36 ]
Aitor Francos
EL PERFUMISTA

Después de coger cualquier libro


siempre me huelo las manos.
Un ritual que de pequeño
hacía con la plastilina y con las cáscaras peladas
de naranja, y que ahora llevo a cabo
con esmero en los poemas
de Kerouac o los ensayos de Borges.
El libro como una fiera dormida
a la que fue fácil acariciar
por un tiempo escaso.
Distingo tonalidades de polvo y grados
de humedad, y una inmensa
satisfacción se apodera de mis sentidos.
Cualquier detalle, por nimio que sea, puede
afianzar una lectura
por encima de las otras.
Noto como restos de fragancias
que me vienen del más allá.

Lo que leo está en mis manos.


Y no puede quedarse para siempre.

[ 37 ]
Luis Muñoz
CIRCULACIÓN

El almuerzo de hoy.
Volaban las razones de la infancia.
El cacareo del sol
se filtraba en la sombra
del cañizo.
Ligados a las bocas, los ojos,
los pies que reían.
Estar donde meses, años antes
sin habernos ido.
La arena de cada uno
volcándose.
Cada uno siguiente
y aquí.
La lejanía, evaporada,
solo como un raro gusto
a hierro en la lengua.

[ 38 ]
Constantino Molina
SOLILOQUIO DE NAVEGANTE

José Tomás, Aguas Calientes

No cabe en esta tarde,


24 de abril de 2010,
la doble geometría
que debe conjugarse en tiempo y número
para que así el peligro
obedezca a la belleza.

Es mi asta en esta tarde


un perfil que difiere de tu suerte
y sin embargo insistes, pobre loco,
en querer reafirmar
la luz de tu existencia en su amenaza.

No ignoras que la muerte, aunque discreta,


siempre queda invitada a nuestro baile
e insistes en crear
la sola arquitectura de un volumen
donde nuestros dos cuerpos
deberían andarse en la distancia
para abrazar la lógica del cuerdo.

Has hecho de mi espacio


el hueco de tu entraña
y ya tu sangre corre,
desobedece el linde de la vida,
y es barro con la arena de mi sombra.

[ 39 ]
Así has querido, pobre loco,
que mi nombre y el tuyo
queden por siempre unidos.
Y así será también
que la sangre extranjera
será tu misma sangre desde ahora.
Que de mi estoque vuelvas
prendado de mi envite
y que en la brava herencia de mi casta
tu libertad encuentres.

[ 40 ]
Daniel Vázquez Calvo
INFANCIA Y HOLOCAUSTO

Sangra la rueca en ciénagas de arcilla,


donde el relincho insano de los vientos
lanza alfileres de nieve a la madre
sin vientre ni ojos.

Entre la asfixia del cañaveral,


todos los huérfanos, con sus heridas
de fuego negro, agitan en sus cuencas
náufragas balsas.

Junto a gruñidos de ceniza y sal,


los niños mascan plumas de Azrael
mientras tiritan sus venas al ritmo
de nanas mudas.

[ 41 ]
Juan Carlos de Lara
LAS TRAMPAS DEL OTOÑO

Sosteniendo las trampas del otoño


por el domingo gris de una calle desierta,
mientras un perro ladra
desde un balcón remoto sepultado en el tiempo,
ocurre de repente, el autobús
atraviesa una tarde como tantas
de los años sesenta todavía
y, sentada en el sitio donde la siento ahora,
va mi madre de espaldas
y con ella hay un niño que pudiera ser yo.

Es sólo un resplandor, apenas el destello


de un cristal que se aleja hacia otra vida,
una triste instantánea velada por los años,
un reflejo en el agua del olvido más hondo.

Ha pasado el momento, los recuerdos ocupan


su lugar impreciso
y es fácil que me acabe preguntando
de dónde acude aquello a mi memoria,
si la luz de esa imagen
la viví o la soñé o la fui inventando.
Pero después de todo supongo que da igual
porque somos también lo que jamás llegó
a suceder realmente,
y porque sé muy bien que mientras viva
perdurará ese instante
y que estará viniendo
y pasando de largo para siempre.

[ 42 ]
Azahara Alonso

El enemigo del optimista es un escéptico. Urbanidad de lazo rojo en superficies


superpuestas, las columnas –dórica, jónica, corintia, dórica, jónica, corintia– del
conocimiento inútil y la incapacidad abotonada de la detención en un solo objeto:
no hay meditación sin metafísica, desde el siglo diecisiete lo sabemos.

El gesto ante la cámara es la más clara autobiografía y los claroscuros del lenguaje
funcionan como lianas. ¿Dónde están los cocodrilos?

Esto es: esto es. Aquí alegremente se nombran cosas. Pero circulen, ya no hay nada
que ser. Atémonos a mástiles o metáforas mientras sigan sonando sirenas sin páni-
co en su estigma de homonimia, prado definitivamente verde donde pasta el don
de la ubicuidad. Nada que ver aquí, nos dicen, decimos desde lo mayestático y se-
guimos, elegantes, nombrando cosas en este tour por el casco antiguo del lenguaje.
Aún quedan trozos de muralla.

[ 43 ]
Tirso Priscilo Vallecillos
TRANSFORMERS

No entiendes la violencia del mundo


(en ninguna de sus manifestaciones)
a no ser provenga de esas imágenes que estallan en tu mente
—y que han hecho que frenes con brusquedad—
al ver las piernas y el culo de ese corredor en mallas:
esa violencia sí la entiendes
esa violencia te golpea sonoro y fresco
esa violencia te deja maltrecho en la escarpada carretera del
deseo.

Tampoco entiendes los juguetes violentos


como el Transformer que le acabas de comprar a tu sobrino
un juguete de esos que es como la poesía: algo que se expande
un coche que se convierte en un todopoderoso robot
capaz de aplastar a otros coches.

No entiendes la violencia del mundo


suena a lengua asiática en boca del hombre
que conduce a tu izquierda:
creías que cantaba —incluso le has sonreído—
hasta que abres la ventanilla
y descubres su enfado —posiblemente por el frenazo
que acabas de dar al ver al ciclista—.
Te disculpas con un gesto
él te adelanta y reduce bruscamente la velocidad
y es cuestión de centímetros que no colisionéis.
No contestas, no miras, no escuchas, no paras...

[ 44 ]
Si lo hicieras, rebosaríais palabras
llegaríais a las manos
abrazaríais la brutalidad
(probablemente él lo hiciese antes, con más fuerza
y mejor que tú).

No, no entiendes la violencia de este mundo


no vas a cometer el error de seguirle el juego.
ni siquiera cuando se te aproxima por la izquierda
y te saca de la carretera: ¡No respondas!
¡Permanece fuertemente agarrado al volante!
¡Respira como una parturienta con la mirada perdida!

Has ganado,
eres una persona pacífica
un hombre consecuente
un niño soñador
y enfadado
al que, en este momento,
le encantaría que su coche
fuera el mejor de los transformers.

[ 45 ]
Víctor Jiménez
PACTO DE SILENCIO

Después de todo, ¿qué me queda? Nada


más que el recuerdo tuyo entre mis cosas.
Las mañanas aquellas luminosas,
el hondo cielo aquel de tu mirada,

la piedra aquella por el mar tallada


y una canción entre las más hermosas…
También, las frías noches como losas
y el gran vacío de la madrugada.

¿Y a ti, después de todo, qué te queda?


¿Quizás aquel abrazo en la alameda,
el deseo y la herida de aquel beso,

la soledad tan gris de tantas tardes…?


No tuvimos valor. Fuimos cobardes.
Y ahora tenemos que vivir con eso.

[ 46 ]
Antonio Barragán González
LUZ QUE SE EXTINGUE
Sobre el cuento “In Béthune”, de Lord Dunsany (1919)

Había pocas velas repartidas


por el sombrío cuarto.
Podía oírse aún muy suave charla,
susurros en la noche.
Cada vez menos velas,
más suaves cada vez.
Flotaban grandes sombras en los muros.
Cesó la charla y todo movimiento,
salvo las sombras.
Alguien murmuró en sueños
y calló entre el rumor de las granadas
lejanas detonando.
Las sombras caprichosas se movían
tras algo por el cuarto, escabulléndose.
Y aún no lo encontraban.
Se apagaba la vela
gota a gota, la última,
y en la persecución esquina a esquina
no cejaban las sombras.
Perdido, y no lo hallaban.
Desesperadas en el último instante,
precipitáronse al rincón oculto
en pos de lo perdido, tan pequeño.
Murió entonces la última candela,
del cabo solo el humo ya brotaba,
y se desdibujaron tristemente
todas y cada una de las sombras.

[ 47 ]
Gabriel Barrios Fedriani
DE NINGÚN MODO

Despide tú, recoge los escombros.


Yo apagaré cualquier brasa olvidada.
Su mano en tu cintura y en tus hombros,
tus brazos en su afán, recordar nada…

Un frío tren, piafando lastimero,


no escuchará mi grito desbocado.
Saldrá sin mí; no sé si, impacientado,
reirá al oír decirte que aún te quiero.

Me sobrarán los tres segundos esos


bastantes para recordarlo todo,
nos bastará con recordar excesos.

Nada de echar la culpa al acomodo;


en un amor que no ha sembrado besos,
nada de hablar de amor: de ningún modo.

[ 48 ]
Inmaculada Caro Rodríguez
CADALSO

La vida acabó en la corte.


Ya no está la algarabía
que hace llevadero el día,
que hace que el dolor se acorte
y así la vida soporte
tu inevitable destino
que ya viene de camino.
El tiempo pasa despacio;
eso es tan solo un prefacio
con un tinte mortecino.

[ 49 ]
Alejandro Duque Amusco
CARRUSEL

Bajo el toldo de lona, el cochecito de bomberos gira con


alocada urgencia escandalosa.
Gira el caballo con sus crines inmóviles al viento.

Todo un zoo de cartón gira y gira con la docilidad de la


ternura: el león, la tortuga, la jirafa, la cebra.
Nada aquí es espontáneo. El relincho y la alarma responden a
unos dedos que, a su capricho, pulsan el botón inocente.

Las guirnaldas, las luces de colores dan vueltas en lo alto.


Los niños, aturdidos, ríen y lloran con luminosas lágrimas.

El altavoz emite su música estridente. Vértigo y miedo.


En este loco carrusel dejamos unas manos diciéndonos adiós y
el pobre corazón hecho jirones.

[ 50 ]
José Luis Torrego

Nos amábamos

tú y yo—amapola y memoria—como dejaban los tiempos


oro y ceniza—nos amábamos—guiaban exterminios

las noches ardían—nos amábamos— dentro y fuera consumiendo


cuerpos jóvenes viejas herencias

inflamadas potencias–nos amábamos—estrella y cruz


manos entrelazadas puños violentos

en otra ciudad—nos amábamos—vírgenes y calaveras


adormideras—para sobrevivir—y travesías

la leche blanca del alba se agriaba negra


el jinete azul moría en la enredadera de un obús

nos amábamos
como nos dejaron los tiempos

sin una tregua

[ 51 ]
Juan Álvarez
PASEO DE LOS TRISTES
(Nocturno)

Al paso tardo de la madrugada,


gira la rueca,
hondo rumor de arena y rama seca,
bajo los puentes rotos de Granada.

¡Ay, mi triste solapa deshojada!

Por los cañaverales,


un doble de campanas saturnales,
desalentado,
dice la muerte mínima y secreta
del emplazado.

¡Ay, mis pobres zapatos de poeta!

Noche abajo, las tres viejas nodrizas


dejan caer el tiempo malogrado
sobre un cesto de espinas y cenizas.

¡Ay, mi voz hecha trizas!

La luna de teatro, repintada


y hueca,
ensaya su sonrisa desdentada
sobre los puentes rotos de Granada.

Gira la rueca
al paso tardo de la madrugada.

[ 52 ]
Beatriz Hernanz

Hablarán esas piedras,


crecerá su semilla dormida.
Los mapas se desprenden de su sombra.
¿Dónde están los vestidos de la nada?

Amaso un tiempo en suspenso,


un no lugar que cierre los huecos
interiores; las bacterias del tiempo
toman posesión de los huesos:
por la herida entrará la luz.

El sol se intuye tras este largo invierno.


Los dioses han quebrado el movimiento.
El azul sereno de un mar antiguo
lame las piedras blancas de los otros.

Sueño con un comienzo bañado de luz


que apacigüe las cicatrices que crecen,
reptando por la escalera de mis pasos.

[ 53 ]
Ada Aurora Sánchez
ACLARACIÓN

Un día, al terminar mi segundo año de primaria,


mi padre, el maestro, dijo: “En septiembre, vas a quinto”.
Pronto me vi entre niñas de diez y once.
Niñas terribles que ya espiaban los amores.
Por más que me paraba de puntitas,
que estiraba el cuello, no lograba ver
lo que ellas miraban, entre risas.
Aquel desaliento de niña huérfana de amores
no me importa perderlo.
Es más, si por algún lado comienza el olvido,
que sea por la hora del recreo:
Noveno mes, 1980, patio de los tamarindos.

[ 54 ]
Toni Montesinos
DOS MIL AÑOS ATRÁS, HOY EN EL CARIBE

No había fuego candente con que aliviar escalofríos,


ni llamaradas de viento acuchillado en la acera.
La nieve no caía lentamente sobre los vivos y los muertos,
no había un temprano derroche de oscuridad,
ni abrigos ocupando sombras danzarinas.
Era otro lugar, pero más navideño que el propio, ese que ya conocéis:
ciudades de luces de colores con formas de estrellas,
centros comerciales sin metafísica ni melancolía,
tarjetas de crédito haciendo su sinfonía de violín solista.
Era otro lugar, diferente y lejano, cálido y marítimo, musical y piadoso.
No había culpa allí, ni temor a Dios, ni arrepentimientos.
Se diría que cada ser era esencial, sencillamente divino.
Se diría que las risas y las guitarras y la fe en la familia
eran una lección para el foráneo, una caricia del destino,
un punto y aparte en el tiempo. Así la Navidad
poseyó a las gentes caribeñas aquella vez en San Juan.
El último bebé encarnaba al primero dos mil años atrás.
Y había disfraces, un narrador con voz de fábula, un músico
que rasgaba las cuerdas de la esperanza. Era un teatro casero,
pero más verdadero que el alma de todos los sacerdotes.
Y entonces entraron tres reyes altos y lentos,
con barbas postizas y serios, primos o hermanos de alguien,
hijos de Adán y Eva, padres de las Navidades venideras,
y así acabó la función en la noche calurosa
de coquíes y canciones de antaño, con ritmo de plena,
con palabras de jíbaros, con percusión isleña.
Allí estaba yo. Sin fuego ni nieve, sin guantes ni fríos,
con un bebé cualquiera que nadie podría decirme que no era,
allí en el Caribe, el que nació dos milenios atrás.

[ 55 ]
El estupor pensativo de Antonio Cabrera1
JOSÉ CARLOS ROSALES

El personaje poético que nos habla en los poemas de Antonio Cabrera es alguien
que anda observando las cosas que se encuentra, alguien que recorre senderos o
atraviesa colinas, alguien que mira la superficie de un estanque, alguien que sigue
con sus ojos las peripecias más difíciles de un halcón perseguido. La voz que nos
habla en las páginas de Piedras al agua, el último libro de Antonio Cabrera, es una
voz que, antes de alzarse, ha decidido pensar detenidamente en lo que va a decirnos,
en lo que quiere decirnos o decirse. Esa voz está hablando consigo misma, es un
flujo continuo o desvelado, la atención sosegada del que quiere saber lo que hay más
allá, lo que alguna vez hubo, aquello que, sin ocultarse, está oculto en los ojos de
esos tres caballos que pasan asustados, una nube que avanza o se prolonga, el tañido
de las gotas de lluvia.
Andar para mirar lo que el camino nos ofrece. Mirar para saber que siempre hay
algo más de lo que vemos. Saber un poco más para después alzar la voz y contar
aquello que se supo:

[…] La nube cambia


fuera de ti,
al modo en que el tiempo
se prolonga y se encoge,
se encoge y se prolonga,
mientras tú lo analizas
con pupila devota, equivocada,
que al mirar esa nube
no quisiera perderla.

(De “Avance de nube”, en Piedras al agua, 2010)

La poesía de Antonio Cabrera se construye con el apoyo de la observación


reflexiva, observar para saber sería la divisa de su escudo de armas, las señas de
identidad de un sólido proyecto poético que nació maduro y coherente ya con su
primer libro, En la estación perpetua (2000), Premio Fundación Loewe y Premio
de la Crítica. Mirada y reflexión, el propósito de pensar unido al deseo de saber, la
pulsión de mirar combinada con afán de conocimiento. No olvidándose nunca de
que observar para saber no es lo mismo que observar para confirmar o confirmarse,
si queremos saber no es conveniente mover los ojos en busca de aquello que nos

1 Estas palabras se escribieron y pronunciaron con motivo de la primera lectura (o una de las primeras) de Antonio
Cabrera en Granada, en febrero de 2011. Sirvan ahora de homenaje a este gran poeta enorme.

[ 56 ]
confirmaría en lo que ya sabemos o creemos saber. Observar para descubrir no
es lo mismo que observar para reconocer o reconocerse, buscar nuestras huellas o
nuestros rasgos en lo que nos rodea nunca nos descubriría nada nuevo. No toda la
poesía que indaga es poesía indagatoria, depende de qué se indague, de para qué (o
para quién) se indague. Algo de este noble propósito –indagar para descubrir– se
percibe en el poema “Piedras al agua”, el poema que da título al último de libro de
Antonio Cabrera:

[…]

ahora que está vacío el cofre


del afuera, que junco y árbol
ignoran su raíz;

ahora, justamente ahora,


voy a tirar piedras al agua

con las que remover


este limo contrario,

este cieno exterior


de las cosas visibles.

(de “Piedras al agua”, en Piedras al agua, 2010)

En una poética de 2001, Antonio Cabrera nos decía, en consonancia con


Fernando Pessoa, que

el arte en general y la literatura o la poesía en particular existen porque la vida no


basta. A mí me resulta extraño que la vida no baste. A mí esta idea me produce
estupor, un estupor pensativo. No basta con la vivencia de los afectos, del
pensamiento o del lenguaje mismo; no basta con la memoria, la identidad, el dolor
o el deseo; no es suficiente con sentir el paso del tiempo, la presencia de las cosas
o la claridad de estar vivos; no basta, tampoco, con el hecho inimaginable de la
muerte. Para que la vida cobre relieve, mayor relieve, es preciso añadirle el arte, la
poesía en este caso.

(Una promesa, Valencia, 2001)

Hay un sintagma clave en estas palabras de Antonio Cabrera: estupor pensativo,


es decir, emoción reflexiva, reflexión emocionada o, aún mejor, asombrada. Con
esas palabras se podrían resumir las líneas centrales de la poética de Cabrera. La
realidad del mundo o de la vida nos producen asombro o estupor, extrañeza; pero
no debiéramos quedarnos ahí, eso nunca nos bastaría, hace falta pensar. La poesía de
Antonio Cabrera es un homenaje al pensamiento, a la razón, una defensa confiada
del conocimiento. Pero no sólo eso: la emoción es el otro ingrediente; como él

[ 57 ]
mismo dice (en la poética ya aludida), “en la poesía encontramos un camino de
acceso seguro al conocimiento emocionado de la vida que así se intensifica”. Por
eso en los poemas de Con el aire (2004; Premio Ciudad de Melilla) o de Piedras al
agua encontramos una voz que se mueve, alguien que anda, alguien que recorre los
espacios del mundo observando, pensando, sintiendo. Y ese espacio generalmente
es la naturaleza, los bosques, un sendero, un espigón; pero también es la casa, el
espacio familiar o doméstico, un espacio que nunca se enfrenta u opone al otro, al
espacio del mundo, porque en la casa también está el mundo, hay un jarrón con
flores recién cortadas, el barniz de algún mueble, las monedas de níquel olvidadas
encima de una mesa:

[…]
Ahí se quedaron
y conservan aún en su metal,
pasados tantos días,
el ángulo de luz que les dejaste.
Piensa en el níquel.
Que tu mirada fija
perfore su dureza.
No podrá.
Sus brillos son tan yertos, sentirías
tan áspera su entraña.

(de “Monedas sobre la mesa”, en Piedras al agua, 2010)

Dice Antonio Cabrera que un poema es la promesa de una emoción. Y añade:

si el poema está logrado entonces la promesa permanecerá incumplida sin que por
ello pierda intensidad ni capacidad de atracción; antes al contrario, hay pocas cosas
más agradables que ser receptores de promesas. La vida no basta, así que la promesa
intelectual y emotiva de la poesía busca recrearla, matizarla, iluminarla, complicarla,
hacerla, en definitiva objeto de conciencia, que es lo que propiamente le falta a la
vida. Esta entrada de la vida en la conciencia en forma de poesía nos hace esperar su
comprensión, algo emocionante que, sin embargo, nunca acabará de ocurrir. […]
Un poema, si es un buen poema, contiene una forma de promesa que nos mantiene
despiertos y expectantes ante la vida al obligarnos a sentirla y pensarla.

Los poemas de Antonio Cabrera son así: promesas que nos acompañarán esta
tarde y mañana, promesas emotivas que nos harán más conscientes esta noche y
pasado mañana, promesas intelectuales que nos harán más sensibles ahora y más
tarde. Para eso sirve la buena poesía, para ampliar los límites de nuestra conciencia,
los límites de nuestra emoción. Con la de Antonio Cabrera, el estupor pensativo está
garantizado.

[ 58 ]
Cien años de Borges en Sevilla. Otoño de 19191
IGNACIO IZQUIERDO DEL VALLE

La presencia de la familia Borges en España se enmarca en su primer viaje a Europa.


El joven Jorge vino con sus padres, su abuela materna y también su hermana, la
joven Norah Borges que pasado el tiempo se casaría con Guillermo de Torre. Este
periplo hispano se muestra en un libro fundamental que creo es la única monografía
sobre este periodo y que precisamente se titula El Primer Borges, de Carlos Meneses2.
Hay además, otros trabajos que hacen referencia a esta estancia, particularmente
en Sevilla, como el de Fernando Iwasaki, que en su artículo “Borges y las Ventanas
de Luis Montoto”3 recoge una de las correrías de los poetas ultraístas de la revista
Grecia reseñada por el argentino Manuel Forcada Cabanellas, en su volumen De la
Vida Literaria. Testimonio de una época4. El propio Jorge Luis Borges en su Ensayo
autobiográfico de 1970 recuerda que fue precisamente en la revista Grecia donde
publicó su primer poema “Himno del Mar”, dedicado a su amigo Adriano del
Valle, principal interlocutor suyo en Sevilla como cofundador de la ya centenaria
revista junto con Isaac del Vando Villar y Luis Mosquera. El poema apareció el
31 de diciembre de 1919 en el número 37, tras la habitual colaboración en prosa
de Cansinos, y su dedicatoria fue correspondida por el sevillano en el número
siguiente con “Tarde en el Litoral”: “A Jorge Luis Borges que ha venido del Norte
para contemplar el Sol del Mediodía”.
También hay alusiones en el epistolario Cartas del Fervor editado en 1999 con la
correspondencia con Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda entre 1919 y 1928, sin
olvidar las reseñas de Cansinos Assens a Borges en La novela de un literato.
Pero es sobre todo del libro de Meneses de donde podemos sacar más información
sobre este viaje por Europa que comienza, al parecer, en marzo de 1914, llegando
a Londres con destino a Ginebra, pasando por París y Milán. Al estallar la Primera
Guerra Mundial pasan casi cuatro años en la ciudad helvética y allí comienza su
amistad con Abramowicz, con quien más tarde mantendría la correspondencia ya
citada. Al fallecer la abuela materna, abandonan Suiza, y se dirigen a España pasando
por el norte de Italia y el sur de Francia, y llegan a Barcelona por tierra. En febrero de
1919 abandonan la península y se trasladan a Palma de Mallorca, hospedándose en el
Hotel Continental. Esta sería su primera estancia en Mallorca hasta que pasan a Ibiza,
1 Estas líneas tienen su raíz en las notas para mi intervención en la mesa redonda “Cien Años de Borges en Sevilla”
a la que fui invitado por el director de esta revista, Antonio Rivero Taravillo, y moderada por Eva Díaz Pérez con la
participación de Rogelio Reyes y Fernando Iwasaki, organizada por la Feria del Libro de Sevilla el 29 de mayo de este
año cuando se cumplían precisamente 25 años del fallecimiento de mi querida madre, a cuya memoria van dedicadas
Y las dedico también a la de mi abuelo materno a quien no llegué a conocer sino “póstumamente”, leyendo su poesía
y tratando de acompañarle con la imaginación en su interesante vida y figura clave, como ha resaltado Juan Manuel
Bonet en el mapa poético español del siglo XX.
2 Editorial Fundamentos. Colección Espiral Hispano Americana. Madrid, 1999.
3 Publicado en ABC el 13 octubre de 2007.
4 Editorial Ciencia, Rosario, 1941.

[ 59 ]
Valencia, y por fin llegan a Andalucía. Se instalan en Sevilla posiblemente a finales de
agosto de ese año de 1919, pero con estancias en las ciudades de Córdoba y Granada.
Se hospedan en el Cecil Hotel situado en la plaza Nueva, establecimiento que
desaparecería en 1929 (sus dueños continúan con el negocio con el Hotel Preciados
de Madrid, para volver más tarde a Sevilla al adquirir el traspaso del Hotel Oriente,
que estaba situado en el edificio número 8 de aquélla misma plaza, y que a partir de
entonces pasa a llamarse Cecil-Oriente). Pero insistimos: el hotel donde se alojó la
familia Borges durante su estancia sevillana fue el originario Cecil Hotel; decimos esto
porque los testimonios gráficos que se han venido utilizando normalmente para evocar
el lugar de residencia de los Borges corresponden al Hotel Cecil-Oriente y no al Cecil
Hotel donde realmente se alojaron y que estaba ubicado en los números 14 y 15 de la
emblemática plaza sevillana, numeración antigua que no se corresponde con la actual5.
Adriano del Valle evocaría su primer encuentro con la familia Borges en las
páginas del Noticiero Sevillano a raíz de la publicación de Rompecabezas, obra
conjunta de Isaac del Vando y Luis Mosquera, recordando la ocasión en la que dio
una conferencia literaria en el Centro de Estudios Teosóficos el 18 de diciembre de
1919 sobre las nuevas tendencias líricas del Ultraísmo y los posteriores encuentros
al finalizar aquel otoño ahora del que ahora se cumple un siglo:

Nos reuníamos todas las noches en el hotel en que se hospedaba aquella familia
de artistas. Un hotel en la plaza Nueva, el que –según afirma su dueño en los
reclamos–tiene más balcones a la clara luz del mediodía.
Leíamos versos. Yo era el lector de cámara. ¿Te acuerdas, Luis? Yo leía bajo una
imaginaria urna de cristal que creía formar para Norah y para mí, con mi palabra
vibrante y recortada. Leía las prosas de Cansinos Assens; los motivos primaverales de
José María Romero; El poema de las calles triunfales de Isaac del Vando, que luego
tradujera Jorge Luis al francés; las prosas de Luis Mosquera; Satyrión de Rogelio
Buendía –la Fábula del Hermafrodito como la llamaba yo; ese incomparable poema
helénico que tiene mucho de oro y de las montañas de Lugones– el Himno del mar,
de Jorge Luis Borges (…) De aquellas reuniones nacieron bellas prosas y perdurables
versos. Unas prosas murieron en embrión, como La Misa del silencio, de Isaac.
Otras, llegaron a formar nebulosa, como mi “Poema Sideral” que no es más que
una evocación de aquellas tertulias literarias. En nuestras paseatas nocturnas, Isaac,
Mosquera, Jorge Luis y yo, éramos como los cuatro jinetes apocalípticos. A veces
también nos acompañaba Norah, como un camarada más, una blanca frente más
para soñar bajo las estrellas”6.

La escritora argentina Patricia María Artundo, partiendo de una fotografía de


Adriano vestido de militar sosteniendo un libro y dedicada a los hermanos Borges,

5 El Hotel Cecil y un Crimen. Estampas de Sevilla. Julio Domínguez Arjona.


[Link]
6 Esta evocación es recogida en gran parte por el profesor José María Barrera López en su magnífico estudio La Revista
Grecia y las primeras Vanguardias, Ediciones Alfar, 1997. Los cincuenta números de la citada revista se pueden consultar
gracias a la edición facsimilar en dos volúmenes editados por el Centro Cultural de la Generación del 27 y el Área de
Cultura de la Diputación de Málaga,1998, con prólogo del mismo profesor e índice onomástico de María Cristina
Guijarro Hernáiz.

[ 60 ]
recuerda esta particular amistad unida a los últimos números sevillanos de la revista
Grecia, y recoge los recuerdos de Norah, que rememoraba esas veladas y la gallardía
del poeta a quien la propietaria del hotel llamaba “el sordao”, de quien la pintora
conservó en un álbum hasta el final de sus días el recorte del poema “Norah en el
mar”, publicado en el número 46, el 15 de julio de 1920, como último eslabón de
su amistad con “aquella perla intelectual”7 cuyo descubrimiento el sevillano reclamó
para sí como recuerda su hijo Adriano del Valle Hernández en la monografía sobre
su padre8.
Posiblemente en enero de 1920 los Borges abandonan Sevilla y se dirigen a
Madrid, tal como recuerda Jorge Luis en la primera de las cuatro cartas que dirige
a Adriano, publicadas y estudiadas junto con una tarjeta postal por Javier Herrera
Navarro9 y base de un artículo de Rosa Pellicer10:

Garfias me llevó al cenáculo de Cansinos en el Colonial, que es un café lleno de


luces y de espejos que lo ensanchan, que lo hacen infinito, que multiplican las
panojas de luces de oro, que fructifican los racimos de los rostros, que le dan algo
de Laberinto, algo de estar en el centro del universo, de partir de las neblinas de la
prehistoria y marchar hacia las venideras auroras.

Y le encarga saludos para Isaac (del Vando), Luis (Mosquera), Juan G (González
Olmedilla), Manolo y Miguel, dando idea así del grupo sevillano más cercano y
querido por Borges. Se despide así: “Te abraza, whitmánico Adriano”.
Poco después, el 28 de marzo de 1920, Borges le remite a su amigo una postal
de Toledo con el cuadro del Greco “La Pascua de Pentecostés”, en un contexto muy
especial porque Adriano les había mandado su “Poema Sideral” publicado el 20 en
Grecia dedicado a: “Norah Borges Acevedo, que cabalgó junto a mi corazón durante
tantas noches inolvidables. Y lo dedico también a mis amigos Isaac del Vando Villar,
magnífico como el Solimán Otómano y Luis Mosquera el fastuoso, que lee relatos
de crímenes sacrílegos en el alto campanario de una estrella”. El argentino elogia
sus versos: “Laus Deo himaláyico Adriano! Tu poesía es enorme. Quisiera tener
hojas amplias como horizontes para dignamente abrazarte. ¿Qué dicen Forcada y
los amigos? Tu affmo. Jorge Luis Borges Vale!”. Y en el reverso, unas deliciosas líneas
de Norah: “En esta mañana de sol en Toledo después de… en el paisaje que mira
al río y en la casa blanca de El Greco hemos pensado con Jorge en su magnífico

7 “Adriano del Valle y una amistad singular: Norah y Jorge Luis Borges”. Reproducido en Adriano del Valle (1895-1957).
Antología, editado por la Fundación el Monte y la Comunidad de Madrid, con motivo de la exposición en el centenario
del nacimiento del poeta comisariada por su hijo Adriano del Valle Hernández. Madrid y Sevilla, 1995. La propietaria
del hotel, que utilizaba este gracioso calificativo para Adriano de “el sordao” o quizás “er sordao” debería ser doña
Amadora Fonseca según el artículo antes citado. Otras dedicatorias además de las que aquí se mencionan fueron los
poemas “Novilunio de amor” en el número 37 de Grecia: “A Norah Borges dominadora Vésper divina que imprime la
huella de su sandalia estelar sobre el Mediterráneo que hay en mi corazón”; en el 40, “Alba Tarde y Nocturno”: “A No-
rah Borges reiteradamente y sin Palabras”. También en la revista Gran Guignol, “Amanecer” y “Salutación sin palabras”
además de “Ha nacido el Rabbí publicado el día de Reyes de 1920 en La Unión.
8 Adriano del Valle, mi padre. Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006.
9 De Jorge Luis Borges a Adriano del Valle, epistolario inédito (1919-1922). Diario 16, Suplemento de Cultura, 23 de
julio de 1991. Manuscritos 22279- 9 al 13 del archivo personal de Adriano del Valle, Biblioteca Nacional de España.
10 Cartas de Jorge Luis Borges a Adriano del Valle. Voz y Letra: Revista de Literatura. Vol. 1 nº 2, 1990.

[ 61 ]
poema! Se lo agradezco en infinito. Es lindísimo!. Es un derroche de estrellas. A Ud.
mis recuerdos”11.
A finales de abril de 1920 Los Borges vuelven a Mallorca y prolongan su segunda
estancia hasta su regreso definitivo el 4 de marzo de 1921; desde la isla le dirige una
segunda carta “en vísperas de abandonar Mallorca” y le anuncia que embarcarán
ese día desde Barcelona hacia Buenos Aires y que “a todos incluso a Norah nos
desagrada eso de volver a América. Espero estar de vuelta en España antes de un año
de destierro.” En esta carta le dice: “Aplaudo tus últimos poemas creacionistas”. Y se
despide: “No te fijes en las cosas que he ido hilvanando en estos renglones, pero sí en
el calor cordial que hay debajo. Ya sabes que te quiere y te admira Jorge Luis Borges.”
Las otras dos cartas conservadas serán ya a su regreso, desde Buenos Aires. Una
escrita probablemente en el verano de 1921 hace mención al segundo (que sería
el último) número de Prisma, la revista mural dirigida por Borges; le anuncia que
le mandará el ejemplar en cuanto salga, con su “Poema Pastoral”, le felicita por su
casamiento próximo y le pregunta si vio el primer Prisma donde copiaron el poema
“Naufragio” que ya había salido en el número 3 de la revista Ultra.
Con alegría (“Entrañable amigo: me despertaron una mañana llena de sol y
tus cartas”), comienza la cuarta carta conservada de Borges, ya de 1922; felicita al
sevillano por sus poemas, especialmente por “Claridad”, “tan límpido, tan sonoro y
tan diamantino” y anuncia su publicación en el segundo número de Proa, que “con
un formato semejante al de Ultra, reemplaza hoy en los quioscos y escaparates a la
durmiente o fenecida revista mural”. Le dice que le mandará las revistas solicitadas,
pide que haga lo posible por remitirle los números de Ultra donde aparezcan sus
colaboraciones y le agradece la dedicatoria de “Poema Pastoral” aparecido en Prisma,
sin la dedicatoria: “resulta un tanto enfático y vanidoso que en mi propia revista
salgan poemas dedicados a mí”.
Aquella amistad de Norah, Jorge y Adriano, iniciada en Sevilla, de una manera
casual, cuando aquel otoño, ya centenario, regalaba los últimos suspiros, y que fue
presencial apenas un mes, resultó ser muy fecunda para las letras y el arte hispanos.
Hizo posible desde aquel primer poema una nutrida colaboración escrita y dibujada
de Jorge y Norah; primero en Grecia, pasando por Ultra y Tableros, así como la del
sevillano en las argentinas Prisma y en la primera edición de Proa, con intercambiadas
dedicatorias. Sin olvidar la participación de los tres amigos en él único número que
salió de Reflector. Ni aquel bello poema dedicado por el “whitmánico Adriano” a la
joven musa titulado con la primera palabra y que comienza así: “Silencio / nido de
orugas en las ramas del tiempo…”.

11 En la exposición “Otras miradas” esta postal fue la pieza de la Biblioteca Nacional que se exhibió junto, y exclusi-
vamente, con un fresco de Norah Borges de la colección Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporari de Palma.
9 de octubre a 9 de diciembre 2012.

[ 62 ]
La sombra de Eurídice Desde el desengaño reposado y sin remor-
dimiento, Antonio Aguilar traza las líneas de
una alentadora esperanza desde la introspec-
JOSÉ LUIS ABRAHAM LÓPEZ
ción de un interior oceánico que busca estoi-
camente una reconciliación personal. Senti-
Antonio Aguilar Rodríguez mientos, pensamientos y sensaciones activan
Canciones para el día de después el recuerdo y la memoria como camino de
Huerga & Fierro, 2018. aprehensión de sí mismo, por el cual lo preté-
rito dota de sentido relevante al presente.
Claridad y pureza verbales emanan a lo largo de Lejos de ser el pasado oscuro tiempo ani-
Canciones para el día de después, último poemario quilado, el poeta transmuta su pesar en una
del poeta murciano Antonio Aguilar. El libro voluntad de ser.
está formado por un total de veintisiete poe- En este sentido, el árbol, la habitación, el
mas dividido en tres partes, de diez, siete y diez círculo adquiere un relieve esencial. La litera-
poemas respectivamente que en su conjunto tura en general, y la poesía en particular, cons-
vienen a constituir un espejo del dolor que nos tituye toda una dialéctica, y aunque asistimos
asalta inesperado y para el que el poeta tiene a la cristalización de la voz autorial con su yo
sus nombres paradigmáticos. Entre la Eurídice más íntimo, también da lugar a un diálogo
inicial y el Orfeo reanimado del final del libro, que fácilmente el lector puede tener consigo
Antonio Aguilar sitúa la vida con sus claroscu- mismo, merced a la experiencia universal que
ros hasta la salida del infierno, en un sugerente centra el libro: el desarraigo que el hombre
viaje en busca de la identidad personal. siente por un desengaño amoroso. El poe-
Este poemario perfila un camino también mario avanza desde una luz inesperadamente
ético como se deduce cuando el poeta mani- quebrada a un punto de inicio y no retorno.
fiesta su parecer de cómo el tiempo aplica so- De la proverbial capacidad de auscultación
bre las vivencias un color distinto al que reco- del autor derivan unos versos cálidos y reflexi-
nocimos en el momento de vivirlas («Año de vos (lejos de especulaciones subjetivas) que
nieves»). Así, busca una nueva cartografía que retratan al hombre en su tránsito y salida de
no solo recuerde lugares ya conocidos sino la penumbra, de esos recuerdos que aguardan
que igualmente le permita marcar en su super- para acecharnos con sus cautivas garras pero
ficie un punto de orientación para el presente, que nos conducen a la identidad primitiva y
una vez que ha pisado las escaleras del abismo esencial.
y asciende vertiginosamente hacia una luz, si Poesía honda y transparente, limpia de re-
no radiante sí reveladora. tórica banal y adscrita en ocasiones al adjetivo.
En la primera parte titulada «Canciones», En momentos puntuales toma el pulso a la na-
el poeta permanece en ese ingrato sentir que rración (léase la primera estrofa de «Canción
nos sitúa de pronto en el centro del abandono de la muchacha de provincias») frente a otras
(«Canción del miedo»), en el terreno yermo composiciones más estáticas donde el primer
del desarraigo vital. Pero desde este estado de plano lo ocupa uno de los filones fundamenta-
sitio y a solas con la aflicción se instala el sen- les del libro: la esperanza «nace como una flor,
timiento de la esperanza (aunque consciente- / como una flor se pudre».
mente fugaz) y del parpadeo incesante de nue- A nivel estilístico son frecuentes las para-
vos días por venir. Ahí se fragua el itinerario dojas sostenidas en binomios recurrentes: «su
del renacer entre pérdidas y ausencias. En la verdad se desgrana / como una gran mentira»,
instantánea de una foto el poeta pone nombre «nada de aquello es más verdad que el pasmo
a los sentimientos desde una sentida paradoja: / de su mentira». También la repetición léxica
«Hermanos el deseo y su gemelo la angustia, como el empleo de estructuras paralelísticas
/ diez años son un valle pronunciado, / los conquistan el efecto sonoro y semántico si-
extremos están tan cerca / y sin embargo los multáneamente. El poeta encuentra en el símil
separa un insondable / abismo». el recurso idóneo para dar forma, a partir de

[ 64 ]
la semejanza, a sensaciones profundas. Ahí Dicho así parece algo sencillo, una tarea sin
tenemos la visión moderna de la alegoría del demasiadas complicaciones. Pero me parece
tejido que desentraña la urdimbre de la vida: que no es así. O que no ha sido así. Veamos:
«y sabes que si tiras de este hilván / no volve- escribir es ordenar, poner orden en las pro-
rán los días que se fueron, / que ya nadie dirá pias palabras y en las propias ideas, teniendo
que estabas / al otro lado, / que este ovillo de en cuenta que muchas veces algunas de las
sombras / fue el suéter de tu vida». palabras que escribimos no son exactamente
También ocupan un lugar importante las las que habíamos pensado. También hablar es
estructuras trimembres muy variadas y de ordenar, sólo que mientras hablamos pode-
gran eficacia expresiva. En unos casos con mos cambiar de opinión o de tono y volver
construcciones verbales («que tuvo que esta- sobre lo dicho para decir lo contrario o insis-
llar, / que tuvo que romperse, / que hacer- tir en lo ya dijimos, pero con otras palabras
se mil pedazos»); en otros con enumeración o, tal vez, con las mismas. Con la escritura las
de adjetivos calificativos («de estas canciones cosas funcionan de otro modo, entre otras ra-
huertas, / inanes, desnutridas»). Llaman más zones porque la escritura tiene una voluntad
la atención los casos que tienen como marca de permanencia que va más allá de nuestras
simétrica triádica el símil: «Como un rayo de intenciones. Y más si estamos hablando de la
luz quebrándose, / igual que un remo que se escritura de un poema: hay que ordenar las
dobla / mientras avanza por el agua, / como ideas y las palabras, no desatender acentos y
una hebra de luz». Construcciones ternarias sonidos, considerar la disposición versal de
estas que alcanzan su máxima condensación nuestras frases, pensar los límites de cada
en el poema «Principio y fin del miedo» al ha- estrofa, en fin, escribir poemas es un trabajo
llarlas en cada una de las cuatro estrofas de bastante complicado.
la composición. En «Canción del otro» queda Pero ordenar los poemas escritos, o en
rubricada esta inclinación hacia el paradigma trance de escribirse, para conformar con
trimembre a través de la anáfora. ellos un libro puede volverse una tarea más
Antonio Aguilar alude a un «allí» y un «en- ardua de lo que alguien pudiera imaginarse.
tonces» que va paulatinamente actualizándose De modo que, si de lo que estamos hablando
hasta un «aquí» y «ahora», una evolución y ma- es de armar un nuevo libro con poemas que
durez en el ser y estar del poeta, constituyendo ya tenían un sitio propio en otros libros an-
casi una épica de la deconstrucción. De esta teriores, ese trabajo puede convertirse en un
forma reconocemos en Canciones para el día de auténtico laberinto. Y más cuando los poemas
después una estética de la fragmentación del ser escogidos para conformar Caras B no lo han
por el dolor y, por otra, una estética de la to- sido por razones temáticas o escuetamente
talidad, que tiene su correlato en la estructura cronológicas. Álvaro, si no recuerdo mal, ya
circular del conjunto. había publicado otra selección de sus poemas,
me refiero a Suena una música (Sevilla, 2008).
Dejando a un lado que, desde esa, fecha Álva-
ro ha publicado, al menos, cuatro libros más
de poesía (La canción del outsider, en 2009; la pe-
Las dos caras son una culiar recopilación o antología de POPoemas,
en 2014; Fumando con mis muertos, en 2015; y
JOSÉ CARLOS ROSALES la reunificación de un ciclo huérfano, el que
podríamos llamar ciclo de Florencia, en Diario
Álvaro Salvador de Firenze, de 2017), podríamos preguntarnos
Caras B –más allá de las razones temporales– qué cir-
Juancaballos de Poesía, 2018 cunstancias o criterios hacen de esta antología
una antología diferente o necesaria.
Caras B nos trae una selección de poemas de El profesor Miguel Ángel García, en el
Álvaro Salvador realizada por el propio poeta. prólogo con se abre este libro, usa una ex-

[ 65 ]
presión que me parece bastante acertada para mas de Caras B sirven para constatar algunos
caracterizar esta selección, la llama “canon de esos ajustes que muchas veces surgen al
de reserva”; es decir, un conjunto de poe- margen de nuestra voluntad consciente, ajus-
mas que, más o menos alejados de los que tes que nunca supondrán la pérdida de ese
habitualmente aparecen en otras antologías clima de desarraigo tan frecuente en la poesía
de Álvaro Salvador, “filtrados por él mismo de Álvaro Salvador, no olvidemos que uno de
o por otros antólogos, a veces simplemente sus últimos libros se titula, no casualmente,
por los lectores” (p. 20), sugieren “un segun- La canción del outsider (2009); pues el solitario
do canon”. Ya sabemos que cada antología es “joven / que solía bailar solo / bajo ambigua
un canon nuevo, un balance; pero también un luz de cada discoteca. […] con la mirada tris-
haz de relaciones, de cruces y de réplicas. Y te perdida entre muchachas” (pág. 68), ha ido
en este caso, si exceptuamos los once poemas poco a poco afianzando su extrañamiento en
con los que se cierra el volumen –“Poemas una urbe en la que no se reconoce: “Yo me
inéditos (20152018)”–, la selección va desgra- alegro. En mi interior sonrío / y me alegro de
nándose sin que los títulos de los libros de no disimular, / de que se note / lo poco que
donde proceden sirvan para subrayar (desde me siento de este pueblo” (pág. 105).
el índice) una génesis, un orden. Y, si bien Me atrevería a decir que, si bien este libro
su disposición se rige por la fecha en la que nos trae ese “canon de reserva” al que se re-
fueron publicados, percibo la voluntad de fería Miguel Ángel García, también podría
elaborar con ellos otra visión, otro paisaje, el pensarse que, dentro de ese canon, como si
paisaje subyacente. Es verdad que la realidad se tratara de un juego de espejos, podrían ras-
siempre tiene dos caras, el haz y el envés, pero trearse sutiles emparejamientos, dobles enla-
también es cierto que no es fácil separar una ces como los ya aludidos, emparejamientos y
de otra; pues, en más de un ocasión, a lo largo enlaces entre las dos caras de una experiencia
de las páginas de Caras B, puede rastrearse la siempre abierta a los nuevos estímulos, el haz
realidad bifronte de las cosas o de la vida. Así, y el envés de la misma hoja, ya sea la hoja de
mientras en los viejos espacios de un edificio una herencia cultural, la de la grieta del tiem-
renacentista (en “Hospital Real, guarda del po o la de la vivencia amorosa. Esos serían
tiempo”), la voz poética recoge los residuos los tres ejes centrales donde queda alojada
cruzados de una historia reciente (“quedan la aventura poética de Álvaro Salvador: la
presas las voces a la estancia, / palabras fijas revisión de la cultura heredada (en “Hospi-
al dintel del patio, / el cuarto patio donde en tal Real, guarda del tiempo”, en “La pequeña
viento atrapa / susurros y canciones de laúd bañista” o en “Contra usura”), la insondable
y vihuela”, pág. 32); algunas décadas más tar- grieta del tiempo (en “Por el camino nuevo”
de, cuando se mira un óleo de Ingres (en “La o en “Los territorios perdidos”) o la vorágine
pequeña bañista”), la consideración poética azarosa del amor (en “Qué será, será…” o en
que la tradición cultural provoca es otra muy “Otra carta de amor”). Todos ellos trazados
distinta; y entonces la mirada del autor se de- bajo el propósito de transformar el poema y
tiene y escudriña ”la grandeza de un plano se- revisar críticamente las tradiciones poéticas
cundario”, ya que nos hace ver cómo la figura heredadas para, desde ese baluarte literario,
de “una mujer vestida con un tul transparente transformar el mundo, núcleo decisivo del
/ conduce a una muchacha hacia el río”; un movimiento poético granadino de la otra sen-
detalle escondido, ese plano menor que nos timentalidad, del que Álvaro Salvador fue su
devela la otra dimensión del mundo: “Como principal artífice. De ahí que sean abundantes
ocurre en la vida, / también los otros planos los poemas que nos plantean (o se plantean)
cuentan […]. / Como ocurre en la vida, / la construcción de un discurso poético dife-
también en la pintura se esconden los deseos” rente, una lírica que no se quedara anclada
(pág. 93-94). en los presupuestos heredados; leamos, por
El tiempo pasa y profundiza las grietas ejemplo, los poemas “Sozein ta fainomena”,
que las cosas tienen o tenían. Muchos poe- “Las cortezas del fruto” o, también, de alguna

[ 66 ]
manera, “Los encuentros”. Todos ellos serían La naturaleza es un
el resultado de un “intento tenaz para lograr
esa poética [materialista]” a la que dedica su televisor roto
riguroso análisis el profesor Miguel Ángel
García en el prólogo ya citado. EMILIO APARICIO DÍAZ Y
Si con POPoemas (Granada, 2014) podía- BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ
mos asomarnos a la poesía juvenil de Álva-
ro Salvador, a sus primeros libros publicados Menno Wigman
(Y..., de1972; o La Mala Crianza, de1974),
Descuidado con la fortuna
con Caras B se nos ofrece la oportunidad de
asomarnos a su poesía más madura (De la pa- Trad. de Antonio Cruz Romero
labra y otras alucinaciones, de 1975; Los Cantos Ravenswood Book, 2018.
de Ilíberis, de 1976; Las Cortezas del Fruto, de
1980; El agua de noviembre, de 1985; La con- Menno Wigman (1966-2018), uno de los poe-
dición del personaje, de 1992; Ahora todavía, de tas más destacados en lengua neerlandesa de
2001; La canción del outsider, de 2009; y Fumando su generación, ha vuelto a demostrar su ca-
con mis muertos, de 2015; más la recuperación pacidad de hacer hermoso el lado más som-
del Diario de Firenze (1979-1983), publicado brío de la vida. Después de la publicación de
tardíamente en 2017), una panorámica cuyo la antología En verano todas las ciudades apestan, la
angular ahora es más amplio, más rico, pues editorial Ravenswood se ha encargado de edi-
incluye -como en el óleo de Ingres- otros tar y traducir Descuidado con la fortuna. Mediante
planos, otros deseos, que sólo el tiempo ha imágenes de gran potencia, Wigman nos tras-
sido capaz de hacer visibles, plenamente vi- lada sus meditaciones sobre la muerte, la en-
sibles. Así ocurre, por ejemplo, en uno de los fermedad o la decadencia emocional y social
poemas más espléndidos de estas Caras B, el creando ambientes dramáticos e imperfectos
titulado “Sarmientos” (pág. 102), donde los en los cuales la luz, especialmente la blanca,
planos secundarios y los primeros planos, se son elementos esenciales: “… y me desperté
han vuelto planos principales, es decir caras A: asustado, indefenso, en una sala blanca. / En-
“Toco con una mano los dedos de mi mano, / tonces de mi regazo eché a patadas a la Belleza
estrechos, firmes, tibios, / con perfección de- / y aparecí cantando un siniestro relato.”
lineados / por las yemas de los dedos de mis La poesía de Menno Wigman trabaja para
manos. / Los toco, como si fueran dedos / de que lo convencional se sublime en lo apócrifo.
otra mano, / como una carne ajena, / como si Habla de una realidad próxima, palpable, a la
fuesen dádivas de otro / que se acercan a mí / luz de los asuntos humanos, donde objetos,
y me acarician / antes que el tiempo acabe”. Y personas y circunstancias son los materiales
este poema podría ser el haz –o el envés– del cotidianos con los que el poeta intenta descri-
que se titula “Jubileo” (“[…] que este sol tan bir un contexto auténtico. Pero al tiempo que
templado y clemente / se despida una tarde describe con estilo realista, el propio acto poé-
sin viento / para no volver más”, pág. 87.); y tico transfigura lo real en objeto más allá de lo
conformar con él las dos caras de una misma real: en objeto mítico. Y es ahí, donde reside
moneda (o de un mismo disco), caras que el –incluso a su pesar– la hondura de su poesía.
tiempo, tal vez, volverá indistinguibles, con- El poeta transfigura esa existencia –con la cual
vertirá en iguales, al fin y al cabo ambas caras se encuentra a gusto por su prensibilidad y ve-
están regidas por un mismo propósito, dejar rosimilitud a través de un lenguaje sencillo–
noticia “como un cuchillo negro alojado en desde la creencia palpable de que esa realidad
la vida, / hundido en la esperanza que arrulla es algo que un sujeto creador puede percibir
al corazón” (pág. 48). Ya lo dije: seleccionar en su totalidad desde el primer atisbo de la
y ordenar poemas propios es un trabajo muy mirada. Pero esto es sólo el comienzo de su
arduo (y arriesgado) del que Álvaro Salvador escritura. Decíamos en la anterior acotación:
ha sabido salir airoso, sin mácula. “Y pese a sí mismo” como aludiendo al hecho

[ 67 ]
de que el poeta gusta de la sencillez y el estilo la mañana una mano frota / el sueño de tus
cercano, alejándose de lo artificioso y retórico, ojos con saliva, la fila, / la lección de cálculo
pero al mismo tiempo, haciéndose conscien- y luego agua, blanco / y sagradamente te vas
te, en medio del camino que conduce al acto nadando.”
poético, de la indocilidad de lo real que no se Tal como señala Antonio Cruz Romero,
presta del todo a ser real desde un lenguaje editor y traductor de la obra, las influencias
puramente consuetudinario, y a veces procaz. literarias de Wigman “caminan por el oscuro
Este es el punto de tensión, entonces, donde romanticismo de E.A. Poe, pasando por el
Wigman queda perplejo ante esa certeza in- simbolismo de los decadentistas Laforgue, Lo-
solidaria en su descripción desde un realismo rrain, y por supuesto Baudeleire y los poètes
sucio. Y es ahí desde donde percibe, en un ge- maudits, con giro al final en el que su poesía
neroso acto de contrición, que lo real debe ser queda atravesada por el postmodernismo más
transfigurado en acto simbólico, sublimando absoluto. Definido como ‘el dandi de la des-
los materiales de lo real –stricto sensu– en mate- ilusión’, el sugerente y singular de Wigman re-
riales poéticos. bosa de un doloroso y agónico romanticismo
Algunas de sus temáticas, como la muerte que tiene lugar en oscuros poemas, no exentos
y la enfermedad son obsesivas en el universo de fina ironía y humor, repletos de situaciones
simbólico del autor. Con un ritmo sosegado y intensas y dramáticas.” Por ejemplo: “Y ahora,
unos versos oscurecidos el poeta nos condu- casi treinta y seis años, enfermo y huraño, / alejado
ce por las calles que cruzan el río Ámstel, por por la poesía de todo cuanto te rodea, / ahora te miras
su tiempo de convivencia con la enfermedad la mano y escupes en tu pluma. / ¿Es repugnancia?
y sus propias fijaciones psicológicas. El autor ¿Odio a ti mismo? ¿Quizá impotencia? / Nun-
nos evoca recuerdos infantiles y de juven- ca tendrías que haber visto un poema”.
tud con la nostalgia del adulto, acercando al Cabe destacar la personalísima labor de
presente aquello que ya no está, pero que la traducción del neerlandista Antonio Cruz Ro-
memoria no ha permitido borrar. Lúcidos y mero, becado por la Casa del Traductor de la
sin menoscabar en alguna ironía, así son los ciudad de Ámsterdam que amplía su trabajo
versos del poeta al que tantas preguntas sobre- con las vistitas a dicha ciudad. Aprovechamos
venían durante la madrugada. estas líneas para sugerir la lectura del Diario
Estas escenas retrospectivas de la infancia de Ámsterdam de Cruz en: [Link]
y la juventud, en las que una madre muy pre- [Link]/.
sente en el poemario, conducen al lector en- En días lúgubres para la poesía actual a
tre el instante actual, el recuerdo, la luz y la causa del ascenso de la poesía comercial, de la
atmósfera exterior e interior. Momentos que exhibición y del espectáculo de masas, Menno
sitúan al poeta como un ejemplo del hombre Wigman provoca un interés mediante la be-
postmoderno angustiado y carente de certe- lleza de sus imágenes y sus meditaciones para
zas: “De repente, muy extraño, un miércoles luego permanecer en sus paisajes observando
de vieja luz, / tienes que ir a la escuela y por el paso de sus nubes, deformes y lejanas.

[ 68 ]
JOSÉ LUIS ABRAHAM LÓPEZ (Cartagena, 1973) se ha encargado de varias ediciones críticas.
Como poeta ha publicado A ras de suelo (1996), Asuntos impersonales (1998), Golpe de dados (2005) y
Somos la sombra de lo que amanece (2014). • JUAN ALCAIDE RUBIO (Alcalá de Guadaíra, 1976) es
licenciado en historia por la Universidad de Sevilla. Está a punto de aparecer su plaquette Estancia
del aire. • PILAR ALCALÁ (Sevilla, 1962), secretaria de la asociación “Con los Bécquer en Sevilla”,
ha publicado los libros de poesía Adamar y puntos suspensivos (2017) y Poemas de názora y azófar (2019).
• AZAHARA ALONSO (Oviedo, 1988) es gestora cultural, crítica literaria y autora del libro de
aforismos Bajas pasiones (2016) • DALIA ALONSO (Gijón, 1996) ha publicado en las revistas
Anáfora y Maremágnum. Prepara su primer libro de poesía. • JUAN ÁLVAREZ (Alcalá de Guadaíra,
1974) ha desempeñado diferentes oficios. Por qué cortarse una oreja (2018), maduro y de un virtuosismo
formal que se apoya en la rima, es su primer libro. • EMILIO APARICIO DÍAZ (Santa Cruz de
los Cáñamos, Ciudad Real, 1976) es crítico de poesía en diferentes medios digitales. • ANTONIO
BARRAGÁN GONZÁLEZ es profesor de Música en un instituto de Sevilla. Se ha formado en
el taller de poesía de la librería Casa Tomada. • GABRIEL BARRIOS FEDRIANI es un poeta y
matemático gaditano residente en Sevilla. Es autor de Amor, humor y polisemia (2013). • JOSÉ
JULIO CABANILLAS (Granada, 1958, pero residente desde hace muchos años en Sevilla)
recogió una selección de su obra poética en Vigilia (2014). • INMACULADA CARO
RODRÍGUEZ (Sevilla, 1973) es doctora en Filología Inglesa y profesora de literatura en el
Departamento de Literatura Inglesa y Norteamericana de la Universidad de Sevilla. • SOL CEH
MOO es una escritora yucateca en lengua maya. Con Los pasos perdidos se ha convertido, en 2019,
en la primera mujer en ganar el Premio de Literaturas Indígenas de América. • VALERIA
CORREA FIZ (Rosario, Argentina, 1971) es autora de los libros de poemas El álbum oscuro (2015)
y El invierno a deshoras (2017, Premio Claudio Rodríguez). • MÓNICA DOÑA, nacida en Jaén y
residente en Granada, ha publicado los siguientes libros de poesía: Nueve lunas (2000), La cuadratura
del plato (Premio de Poesía Vicente Núñez, 2011), Adiós al mañana (2014) y ¿Quién teme a Thelma &
Louise? (2017), finalista del Premio Andalucía de la Crítica 2017. • ALEJANDRO DUQUE
AMUSCO (Sevilla, 1949) reside desde hace muchos años en Barcelona. Autor de numerosos
trabajos sobre Vicente Aleixandre, reunió una selección de su propia poesía en Lírica solar. Antología
personal (2008). Su último poemario publicado es Escritura de estío (2019). • JUAN JOSÉ ESPINOSA
VARGAS (Sevilla, 1956) es autor de poesía visual y libros objeto. Ha publicado cinco poemarios,
entre ellos Marzo o la traducción del aire (Premio Ánthropos de Poesía, 1984). • JULIO ESPÍRITU
(San Sebastián del Sur, Jalisco, 1986) ha publicado poemas en obras colectivas y antologías. En 2015
ganó los Juegos Florales de Zapotlán el Grande. • AITOR FRANCOS (Bilbao, 1986) es psiquiatra.
Sus libros de poemas incluyen Igloo (2011), Un lugar en el que nunca he escrito (2013), Las dimensiones del
teatro (2015) y Las gafas de Pessoa (Premio Iberoamericano Hermanos Machado, 2018). También ha
publicado los aforismos de Fuera de plano (Premio José Bergamín, 2016). • MARÍA GÓMEZ
LARA (Bogotá, 1989) ha cursado estudios de doctorado en la Universidad de Harvard. Obtuvo
con Contratono (2015) el Premio Loewe a la Creación Joven. • LIYANIS GONZÁLEZ PADRÓN
(Pinar del Río, Cuba, 1971) es catedrática y poeta. Ha publicado Estaciones de sombra (2005), Cofre de
alquimias (2008), Cambios de nombre (2012) y Papeles nocturnos (2016). Reside en Quito (Ecuador). •
ÁNGEL GUINDA (Zaragoza, 1948), autor de más de veinte libros de poemas, obtuvo en 2010 el
Premio de las Letras Aragonesas. En 2018 ha publicado la antología Poemas de la cabeza y el libro
ilustrado Espectral Cómic. • BEATRIZ HERNANZ (Pontevedra, 1963) dirige el Instituto
Cervantes de Palermo. Su obra poética más reciente es Habitarás la luz que te cobija (2017). • JAVIER
HERNÁNDEZ BARUQUE (Villanueva de los Infantes, Valladolid, 1952) publicó su primer
libro de poemas en 1986: La esgueva azul. Luego ha publicado ocho más. 39 peldaños (sextinas) es de
2018. • IGNACIO IZQUIERDO DEL VALLE (Madrid, 1964) es abogado. Autor de El Blog de

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Onda, de varios artículos y conferencias sobre el poeta Adriano del Valle, ha colaborado en
exposiciones plásticas y literarias en Sevilla, Lisboa y Málaga. • VÍCTOR JIMÉNEZ (Sevilla,
1957) es autor, entre otros libros de poemas, de La mesa italiana (2015) y Frecuencia modulada (2018).
En 2009 seleccionó su poesía en El tiempo entre los labios. • RAQUEL LANSEROS (Jerez de la
Frontera, 1973) es autora de seis libros de poemas propios y de traducciones de Edgar Allan Poe y
Sylvia Plath. En 2018 publicó Matria, Premio de la Crítica y Premio Andalucía de la Crítica. • JUAN
CARLOS DE LARA (Huelva, 1965), autor de cinco libros de poemas, ganó con Depósito de objetos
perdidos (2016) el Premio Leonor • CONSTANTINO MOLINA (Albacete, 1985) logró con su
libro Las ramas del azar el Premio Adonáis 2014 y el Miguel Hernández de Poesía Joven. Después
ha publicado Silbando un eco extraño, Premio Alfons el Magnànim. • TONI MONTESINOS
(Barcelona, 1972) es crítico literario y redactor jefe de la revista Qué Leer. Ha reunido sus versos en
Alma en las palabras (2015). • JOAQUÍN MORENO PEDROSA (Sevilla, 1979) es profesor de
Teoría de la Literatura de la Universidad de Sevilla. Con su segundo libro, Largo viaje (2014) obtuvo
el Premio Adonáis. • LUIS MUÑOZ (Granada, 1966) dirige el Máster de Escritura Creativa en
español de la Universidad de Iowa. Ganador entre otros premios del Generación del 27, su libro de
poemas más reciente es Vecindad (2018). • JORGE ORTIZ ROBLA (Las Palmas de Gran Canaria,
1980) ha publicado varios libros de los poemas. Resiliencia es de 2019. Codirige la revista Crátera. •
ÁNGEL ORTUÑO (Guadalajara, México, 1969) ha publicado varios libros de poemas. Tu
conducta infantil ya empieza a cansarnos es de 2017; Gas lacrimógeno y otras cosas que no son poemas, de 2018.
• AZAHARA PALOMEQUE (1986) es doctora por la Universidad de Princeton. Es autora de
American Poems (2015) y de En la ceniza blanca de las encías (2017). • JORGE PÉREZ CEBRIÁN
nació en 1996 en Requena (Valencia), y se trasladó a Madrid en 2017. Desde ese mismo año cursa
el grado de Filosofía en la UNED. El poema aquí publicado es adelanto de su primer libro, La voz
sobre las aguas. • BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ (Barcelona, 1974) es autora de cuatro libros de
poemas, el más reciente de los cuales es Empty, ojos cerrados (2018). • JOSÉ LUIS PIQUERO
(Mieres, 1967) ha traducido a numerosos autores en lengua inglesa. Su obra poética le ha valido el
Premio Ojo Crítico de RNE. Tienes que irte es de 2017. • REINA MARÍA RODRÍGUEZ (La
Habana, 1952), autora de una amplia obra poética, ha obtenido el Premio Nacional de Literatura de
Cuba en 2013 y el Iberoamericano Pablo Neruda en 2014. • JOSÉ CARLOS ROSALES (Granada,
1952) es autor de varios libros poemas, los últimos de los cuales son Si quisieras podrías levantarte y
volar (2017) y Años larguísimos 1968-2018 (2019). • FRANCISCO RUIZ NOGUERA (Frigiliana,
Málaga, 1951) ha ganado los premios Ricardo Molina, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y
Generación del 27. En Ventanas interiores (2007) reunió una antología de su obra poética. • ADA
AURORA SÁNCHEZ (Colima, 1972) es una profesora e investigadora mexicana. Autora en
diferentes géneros, también ha publicado poesía: Un deseo como llama urgente (2015). • EUSEBIO
SÁNCHEZ CABELLO es alumno de la Universidad de Sevilla. Este es el primer poema que
publica. • ALBERTO SANTAMARÍA es profesor de Teoría del Arte. Ha publicado varios libros
de poemas recogidos en El huésped esperado. Poesía reunida 2004-2016 (2016). • JOSÉ LUIS
TORREGO (Segovia, 1967) es autor de los libros Piel disidente (2015) y Suzanne (2017). • JESÚS
TORTAJADA (Sevilla, 1954) es autor de los poemarios Un invierno llevadero (1985), Malos días
(2000), Un buen traje (2003), Ruegos y preguntas (Premio Ángaro, 2008) y Manual de la contienda (2018).
• TIRSO PRISCILO VALLECILLOS (Motril, 1972) reside en Sevilla, donde es educador.
Máster en Escritura Creativa, ha publicado narrativa y poesía. Su último libro de poemas es Viejos
(2018). • ÁLVARO VALVERDE (Plasencia, 1959) es crítico y poeta. Con Una oculta razón (1991)
ganó el Premio Loewe. Su libro más reciente es El cuarto del siroco (2018). • DANIEL VÁZQUEZ
CALVO (Guadalajara, 1992) es doctorando en estudios Literarios de la Universidad Complutense.
En 2018 publicó su poemario Lirios de cristal.

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Centro de Iniciativas Culturales
de la Universidad de Sevilla (CICUS)

Director general de Cultura y Patrimonio


Luis Méndez Rodríguez

ESTACIÓN POESÍA

Dirección
Antonio Rivero Taravillo

Comité asesor
Jesús Aguado, Enrique Baltanás,
Rosa Beltrán Palomino, Juan Bonilla,
Jacobo Cortines, Luis Alberto de Cuenca,
Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque

Coordinación técnica
Juan Diego Martín Cabeza

Diseño
F. Javier Martínez Navarro

Maquetación e impresión
Imprenta Sand

ISSN 2341-2224
DL SE 618-2014

Contacto y suscripciones
estacionpoesia@[Link]
C/ Madre de Dios, 1. 41004 Sevilla

La revista agradece el envío de material no solicitado


para su consideración, pero no se compromete a
mantener correspondencia sobre el mismo.

Todas las colaboraciones de este número son inéditas


en el momento de su publicación en Estación Poesía.

© 2019 Editorial Universidad de Sevilla


© De los textos, sus autores

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