Poemas de autores contemporáneos 2018
Poemas de autores contemporáneos 2018
1 4
Hubo alguien,
un día,
que bajando sus párpados
liberó el aire de su alma: creyó
haber ganado una batalla
que aún se libra. No lo supo.
No.
Nada.
Nada.
No.
Todos estaban
de acuerdo. Menos uno.
Y ese
ya se ha ido.
[3]
Jorge Ortega
SOBREMESA
No retire de nuestra vista, señor camarero, los despojos del combate, objetos
cuya disposición mantiene a raya el orden del cosmos. Los platos salpicados de
migajas, la tetera vacía, el cuenco de mostaza. Olvídelos ahí, tal como están. Ellos
le dan sentido a la palabra más allá de toda despedida, cuando el sol claudica en
los dinteles y el ocaso eclipsa una cita a la que ya ninguno acudirá. Hemos venido
al mundo para ver arder la cornamenta del día. Su brillo persiste en las pupilas a
fin de aluzar el secreto holocausto de la oblea en el tablero de las debilidades. El
rastro de las consumiciones encamina al banquete de las cenizas, esa provincia sin
nombre en la que los senderos se intersectan antes de arañar el cielo. Oh frescura
perenne, cima de la jornada donde la concordia de los convidados encarna una
forma de altitud, un viso de perpetuidad. Cualquier pacto es posible. El hambre
ha quedado atrás y resta sólo hablar hasta que la siguiente botella libere su última
gota de convencimiento. Nadie saldrá de aquí pensativo o cabizbajo. Tampoco en
busca de la luna o afinando el oído para consultar entre las antenas y los edificios
el tenue oráculo de las nubes. Las viandas borran la cauda del deseo y dejan sobre
la plaza del mantel la memoria de una antigua travesía: sobras, partículas, boronas;
cáscaras miliares que invocan un origen y conducen al sueño de otro comienzo
[4]
Luis Vicente de Aguinaga
BLAK & BLU
Llegando al mediodía,
ya no estaba seguro
si, azul o negra, la corbata
era más bien un par de calcetines
o medio pantalón cortado por lo largo.
No vi pasar la tarde
por ver, por oír qué:
la sombra, el ruido microscópico
de un color indeciso
que no se llama de ninguna forma.
[5]
Emilio Quintana
EL POEMA DE LAS ESTACIONES
Algunas tardes
nos íbamos en bici
para mirar el mar
A la vuelta
dábamos un rodeo para ver
la desvalida torre
para oler
las manzanas podridas del jardín
II
[6]
III
en la casa
con techo de carrizo
junto al embarcadero
en que anidan los patos
sin embargo
IV
[7]
Adolfo Soares Nogueira
CALLOS CALIENTES
[8]
Noni Benegas
DOS SUEÑOS
[9]
Juan Peña
QUESO
[ 10 ]
Enrique Baltanás
BRIGITTA Y STEPHAN
(Sobre un relato de Adalbert Stifter)
[ 11 ]
Muchos años después, aquel jinete,
de regreso en su patria,
trata de realizar esa novela
en la prosaica historia de su vida.
Y no lo logra nunca.
[ 12 ]
Rocío Cerón
OBSERVANTE
II
Cruzados hilos de metal inciden sobre tierra. Volcánica coraza de piedra, canto
que desemboca en lodo. Turbiedad. Entretanto las noticias calaban, las noticias de
esos cuerpos. Los cuerpos. Contrapeso, gravedad del bloque, liviana presencia ante
multitud. Grava. Seco paso de pies sobre miles de recuerdos. Sucedía que las cifras
habían obtenido nombres propios. Nomenclatura de piel y memoria. Tronco. Construcción
piramidal para albergar bóveda celeste. Apisonado y fragua. Colgante viga.
Estabilidad del conjunto. Se decía, entonces, que el nombre de ella era robusto y frágil, como
la muerte.
III
Ensayar límites de esfuerzo y resistencia: Desanudaciones de agua en el estanque;
pereza y lucidez enredadas; imantación de fuerzas jalan hacia orillas distintas;
cuerpo sobre otro de distendidos músculos y lenguas: mano izquierda que empuña
un filo; piedras de lodo seco sobre hojas que penden entre materia y viento; un
niño trepa por un árbol de inclinación casi galáctica, abisal; silbido, gorjeo, ambos
desafiantes ante el ruido opaco de los autos.
[ 13 ]
IV
Cinco párrafos emiten coordenadas en las copas de los árboles. Paisaje envolvente.
Entre tezontles te veas. Hacia un lado o al otro, como maquinaria de pistones sin cese.
Camuflaje puro de vida, como queriendo asirse a temblores, montañas, marejadas y
un volcán que aún, sobrevive.
VI
Hombros. Formas sobre otras. Dientes, caderas, frente. El reflejo constituye una
caja infinita. Matrushka. Destrucción o restablecimiento. Al trote del animal, darle oído,
ojos. Maleza. Jardín a la mirada, fondo tornasol donde perviven -se miran- verde
heliógeno, verde abedul, verde fieltro, verde cardenillo, verde tilo, verde fronda,
verde moho, verde cromo, verde reseda, verde musgo, verde jungla, verde bronce,
verde hiel, verde savia, verde cadmio, verde ópalo, verde loden, umbro verde, verde
victoria, verde veneno.
VII
[ 14 ]
VIII
[ 15 ]
Jorge Valdés Díaz-Vélez
EXPRESO DE MEDIANOCHE
[ 16 ]
Juan Lamillar
RAFAEL INGLADA
[ 17 ]
Montse Ordóñez
CON LA VIDA A MEDIAS
[ 18 ]
Lawrence Schimel
VIAJAR AL PASADO
[ 19 ]
como sobrecargo del vuelo. El sobresalto
de cruzarte años después con un ex
es el asombro de encontrarte con
un doppelgänger de ti mismo:
ese tú que sigue viviendo la vida
que dejaste atrás. Apuntando estas líneas
[ 20 ]
José Carlos Cataño
[ 21 ]
José Daniel Espejo
BAILA MORENA
Si esperas a las 12
delante del espejo
y cierras y abres los ojos
tres veces y empiezas un poema
sin saber hacia dónde en la llanura
vacía de sentido en el océano
Ella te espera
sin rostro sin forma la Dama
el cetáceo adelante
di alguna tontería
cómo se llama este baile
sobre todo no la pises.
[ 22 ]
Rosario Pérez Cabaña
MIENTRAS HABLAMOS
II
[ 23 ]
III
El ladrido de hoy
convierte en realidad este silencio.
También el pájaro
que imita tu silbido
contribuye a la existencia del mundo.
Desaparecen los dientes fatales
mientras hablamos, tan callando,
y todo parece volcar
una sustancia que se pega
a las pestañas, las engruda,
y pasan por dentro las procesiones.
IV
[ 24 ]
el extremo más humano del mundo.
No hay nada más allá. Más allá
termina todo.
Estamos solos,
con la rabia de vernos
que es deseo en otra lengua,
la lengua ajena
—pero esta lengua es otra:
es una y nuestra,
el idioma primal de las gargantas.
Y este latir inconcebible
nos ríe como brujas
que rabian entre llamas,
viendo volar en círculo las brasas
sobre nosotros. Es la risa
de estar vivos y en rabia, amor.
VI
VII
[ 25 ]
manchar de cruces los sudarios
y dejarnos de bendiciones.
Mirarnos en los ojos cerrados de los ciegos
y ver cómo el tiempo envidioso escapa
mientras hablamos.
Quiero algo sagrado que huela a tierra
quemada y renaciente.
Algo parecido a una verdad.
Quiero una voz, amor, exacta
y delirante, que me diga,
que me inscriba en la piedra.
[ 26 ]
José Luis Velázquez Vázquez
SILENCIO
[ 27 ]
Gerardo Venteo
ESTE TIEMPO AHORA
[ 28 ]
Jesús Cárdenas
DENTRO DE UNA PIEDRA
[ 29 ]
Jorge Villalobos
SIEMPRE QUISE ESCRIBIR UN POEMA PARA JANE
[ 30 ]
Alfredo Félix-Díaz
LECTURAS
[ 31 ]
y tú me has dado un hijo aclimatado
a las crasas bellezas de la guerra,
me has aceptado como el colosal
asesino que soy. Y tú me quieres.
[ 32 ]
Tres poemas de Gérard de Nerval
TRADUCCIÓN Y NOTA DE PEDRO GANDÍA
[ 33 ]
L´INCONSOLÉ
[ 34 ]
EL DESDICHADO
[ 35 ]
A J-y COLONNA
[ 36 ]
A J-y COLONNA
[ 37 ]
NOTRE-DAME DE PARIS
[ 38 ]
NOTRE-DAME DE PARÍS
[ 39 ]
Francisco Socas Gavilán
MONSTRORUM ARTIFEX O EL ARTESANO DE PRODIGIOS
[ 40 ]
*
Amor: coto de caza de los poetas.
*
Poesía amorosa, exhibición de dolor o transportes itifálicos.
Taceant amantes!
*
Poemas fluorescentes donde el rayo pasional atraviesa el gas
enrarecido de la impotencia.
*
¿No has oído, oh poeta, sentado en el silencio de tu habitación,
un rumor como de tren lejano que se acerca, o un tenue
estrépito de cristales rotos, o acaso una voz arcana que busca
modular no sé qué palabra inspiradora y al final resultaba un
retortijón de tu vientre? ¡Deja ya esos cocidos indigestos y
pitagoriza tu dieta!
*
Aquel poeta andaba extraviado, comía rosas y poetizaba sobre
las patatas.
*
Han pasado varios días desde la nevada. El sol luce y la
atmósfera es clara. El poeta pasea por la sierra. Quedan jirones
de nieve que alternan su blancura sobre el negro suelo. La
imagen queda en su memoria. Cuando esté alegre la nieve será
espuma, nata, encajes y brocados; cuando esté triste, sudario,
baba, escupitajo de Dios sobre los montes.
*
Ningún poeta revela prodigios sin artesanía.
[ 41 ]
Juana Castro
LA LLAMA, LA VIDA
[ 42 ]
José María Parreño
CERTEZAS INCOMPLETAS
por lo tanto
me gustaría ser un perro
y poder correr a cuatro patas
me gustaría ser una chica
y llevar minifalda
II
nacemos
para que nazcan otros
[ 43 ]
en resumen
es eso
III
[ 44 ]
—no hay explicación
IV
la verdad última
es que nacemos
para que nazcan
otros
y la mano de la evolución
tantee a ciegas más lejos
en la madeja
de las generaciones.
[ 45 ]
y así
dar al ser
la oportunidad de estar
y que culmine
lo que empezó con la conciencia
prendiendo en la materia
como liquen
en roca de volcán
y el papel no lo sabe
[ 46 ]
el efecto a veces
se impacienta
esperando a la causa
…desde entonces
vivir es tan incómodo
como subir una escalera
de mano
llevando un vaso de agua.
VI
nacemos
para que nazcan otros
nada más
[ 47 ]
José Domingo Mora
MENÚ DIARIO
[ 48 ]
Carlos Serrato
ADORO
[ 49 ]
cuando emerjo de las aguas chorreante,
y sé por fin que mi felicidad
es sólo empeño mío,
que no es necesaria mano amiga,
que el mundo está ahí mismo
y se me ha puesto rico
para que me lo coma con papas.
[ 50 ]
Narciso Raffo
COLMENA
[ 51 ]
Juan Bonilla
EL VERANO
Avenida de la Constitución.
El mundo en sucesión de músicas
cada cien metros: un violonchelista
interpretando a Bach, luego unos moros
llenándonos la calle con la dulce
tonada andalusí, después una solista
haciendo covers de Sinatra y Bowie,
y un grupo de chavales flamenquitos,
y una banda de vientos ya muy cerca
de Puerta de Jerez. En cuanto
iba perdiéndose una melodía
subía poco a poco la siguiente:
una banda sonora que escarbaba
en los recuerdos de uno
haciéndole sentir que esas canciones
saben lo que sentimos, nos conocen.
[ 52 ]
Cruzando el puente de San Telmo
me enamoré seis veces.
Ahora,
ya ha venido la noche y un rumor
de conversaciones se eleva
en la terraza de El Mudo.
Pego el oído sólo por gozar
del delicado acento que es mi patria,
vocablos cuya música no puede
fijarse en letra impresa:
jartible, escamondado, malage...
[ 53 ]
Blas Muñoz Pizarro
CONSOLATIO VITAE
[ 54 ]
Como quien niega su honda dejación
esa voz interior nos consolaba
—nada importa morir
si se ha vivido intensamente—,
[ 55 ]
Sandra Sánchez
SOLILOQUIO
[ 56 ]
Ismael Cabezas
DÍAS DE JULIO DE 2018
[ 57 ]
Juan Cobos Wilkins
INTENTA EXPLICARME LA ATARAXIA
Por ejemplo,
la luz de las mañanas cuando aún no te has perdido,
la sombra leve de la tarde cuando ya no te buscas,
la noche con su canción de cuna o féretro.
Por ejemplo,
el error que, ingenuo aún, quieres que sea esperanza,
la ética que vuelves ley de ingravidez moral
frente a la más profunda y apátrida pasión
por un obsceno amor sin cuerpo obsceno.
Desprenderte.
Ir dejando lo prescindible, por ejemplo qué.
Por ejemplo, el aire.
[ 58 ]
El tren de la tristeza yo te miento»– en un soneto, marca de la casa,
rematado con un «porque yo no me muero por
tu vuelta». La cercanía y la ausencia, esa otra
LUTGARDO GARCÍA DÍAZ
forma de cercanía, transforman la realidad con
su poder evocador y sensual, y así cobran sen-
Víctor Jiménez tido los bares vacíos, un aguacero, un paisaje al
Frecuencia Modulada atardecer, o una piedra que «era sólo una pie-
Fundación Valparaíso, 2018. dra, / una piedra del mar por el tiempo tallada»
y que, ahora entregada, le trae al poeta el tacto
Para ser leído una tarde de lluvia, sentado de unas manos, la mirada de complicidad. Un
frente a una cristalera que da a un jardín va- libro clásico, de adioses y reencuentros, un li-
cío o en la soledad de un tren en el que uno bro de un poeta hecho, maduro que configura
contempla el suceder de paisajes que nunca el verso con serenidad y magisterio. Un libro
vivirá, es este bello conjunto de poemas que de amor, un libro clásico, insistimos, porque a
Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) nos presenta en decir de Juan Ramón, lo clásico es eterno. Los
la colección de libros premiados con el Paul poemas de Víctor Jiménez, de una línea clara
Beckett de poesía. Frecuencia Modulada es un que entronca con Rafael Montesinos, Cernuda
poemario escrito al hilo de la música, un con- y Manuel Machado, son aptos para todos los
junto unitario que parece concebido inicial- públicos; así el que no sea lector habitual ten-
mente como notas al margen de canciones de drá motivos para seguir profundizando en la
moda, de baladas, para luego ir cobrando vida poesía, y el poeta se sorprenderá con el buen
y coherencia en una historia –vivida o soña- empleo de los acentos y el sereno lirismo de
da– de amor que transcurre a lo largo de sus un discurso poético que no suena a viejo. Uno
páginas. En sus poemas, Víctor, quien tanto lee de corrido este poemario y, al cabo de unas
sabe de trenes y estaciones, se sube al «tren de horas, levanta los ojos y se encuentra con el si-
la tristeza» para desarrollar una bella película lencio del crepúsculo mientras suena un piano
de amor que se lee sin cansar, pues el ritmo a lo lejos… y, aunque la vida continúa, se mar-
de los poemas está inteligentemente dispuesto cha el tren de la tristeza dejando un puñado
desde el pórtico inicial –dímelo con canciones– al de buenos versos como ese en el que «el mar
becqueriano final que duda si todo fue verdad, estaba/subiendo con su espuma como el cava,
o si fue sueño, «si sucedió mañana / o pasará, / levantando su copa por nosotros». Salud
tal vez, en el pasado». Poeta maduro, exigen-
te con las formas y pulcro conocedor de las
técnicas poéticas, Víctor Jiménez nos deja aquí
excelentes muestras de su dominio del soneto,
metro que moldea a su antojo eligiendo las ri- Plasticidad y elegancia
mas y las comas para conseguir matices nuevos
y fluidos dentro del ritmo clásico. En tiempos JESÚS CÁRDENAS
de la denominada belleza sucia, conviene vol-
ver a libros bien acabados, como esta Frecuencia María José Collado
modulada que nos da noticias, una vez más, de Pájaros de cristal en el jardín de invierno
un poeta que, como decía Eugenio d’Ors, no Ediciones En Huida, 2017.
se cansa de «hacer apología de la perfección».
El tema clásico, el amor, el amor hablado en La plasticidad y la elegancia son las dos
tono confidencial, está tratado con frescura no marcas que componen el discurso poético de
exenta de guiños canallas y noctámbulos de un María José Collado. Una voz que nos transmite
poeta que se confiesa «vivo de amor. Y bien lo el sosiego y la calma y que, de alguna manera,
saben tus tacones». Un poeta que juega con lo nos prepara para vivir. Completa nuestra desa-
verdadero y con lo imaginado, y que declara a la zón y la urgencia por vivir, pues provoca que
amada sus mentiras –«si quieres que te mienta, hagamos una pausa tras oírla. Su poesía respira
[ 60 ]
para que respiremos, sosegadamente; transmi- logra la emoción; sólo, por dejar con la miel en
te esa paz. Después de siete poemarios, llega los labios, recogemos los últimos versos: «Un
a su madurez poética con Pájaros de cristal en el reflejo de pájaros en aguas turbias, / la luna
jardín de invierno, volumen número 84 del sello asoma como una moneda / entre los pétalos
Ediciones En Huida, dentro de la Colección de los nenúfares».
Poesía En Tránsito. Tras esta emoción de idea e imagen, la
Esta entrega lírica guarda en común cierta segunda parte, «Sumergido alfabeto», está
imaginería plástica con tres grandes libros de compuesta por veintisiete poemas colocados
poemas publicados anteriormente: Bruñidas en orden alfabético, salvo el último. Lo curioso
sombras (2012), Aún la lumbre (2014) o el breve de esta segunda parte es que los poemas están
Centinelas del frío (2015). La autora jerezana afin- encabezados por una letra que ejerce de título
cada en Sevilla vuelve a crear un conjunto de pero que se nos muestra en el índice, como se
poemas, pleno de emociones, con raíces hun- completa, por ejemplo, el del penúltimo, que
didas en la experiencia de vivir. Raro es el poe- lleva como título «Z», la Z es «Zafiro, la tarde en
ma de esta poeta que no contenga una carga la ventana»; lo que supone, entre otros tantos,
sensorial que provoque una imagen definida en un guiño al lector como una forma activa de
el lector. Alcanza una cota este libro con res- escucha y, por extensión, de re-creación.
pecto a los anteriores, pues, como bien señala La captación de una naturaleza huidiza ante
la escritora Elena Marqués en el prólogo, pue- la ferocidad del tiempo es visible en todo el
de verse a Collado «aún más certera en la des- imaginario del primer apartado, que, por otro
nudez de la forma, más exacta en el término y lado, forma parte reconocible en Collado.
la imagen». Es en su voz rotunda, paradójica- Así, aparecen: las hojas, el sol, la lluvia, la luz,
mente, donde encontramos, entre líneas, algu- el agua, los pájaros; y enfrente: lo oscuro, la
nas de sus fuentes: al Gamoneda más intenso sombra y la niebla, que transmite el paso de
en imágenes, al Basallote más luminoso, a los las estaciones. La niebla produce, en ocasiones,
hallazgos más intuitivos de Concha García. cierta desazón porque no sabemos si es real
El título nos transmite el efecto de la onda o forma parte del sueño, ese sueño capaz de
en el mar, la calma invernal; una quietud evocar imágenes en nosotros bajo la antorcha
presente en la naturaleza y revelada, aquí, con mágica del verso. Así pues, ante el asombro y
su canto. Nos traspasa la imagen del tiempo la perplejidad de lo real, la poeta propone ver
suspendido, aunque, en realidad, las aves, como el mundo con una mirada limpia y nueva, en un
las hojas que revolotean, cuando terminan por intento por re-descubrirlo.
verse reflejadas en el agua, muertas, terminan Collado necesita ver que todo sigue donde
por deshacerse. El libro está conformado por estuvo, en su sitio, «To see if time was there»,
dos partes más o menos regulares: la primera, como diría la poeta estadounidense, Emily
«Cada instante, un pájaro», contiene veintiún Dickinson en el poema «Storm». Es empeño
poemas cuarenta, entre los cuales figura el de la poeta trazar puentes, borrar distancias
primer poema homónimo al título, como entre un tiempo y otro, como se evidencia en
sucede en muchos de los discos, lo que crea el título del segundo poema, «El tiempo cruza
un fuerte vínculo unitario. Imposible resistirse un puente», o la alusión en el poema «B», «En
a no enunciar el primer verso, pura melodía el puente se encoleriza el aire», pero no es
(«Cae la última nieve, cruje»), y los tres finales fácil formularlo, por el daño feroz del tiempo,
(«las águilas de cristal / flanqueando de cuarzo así van cayendo las estaciones, sobre todo, el
la fría escalinata, / memorial del invierno»). invierno, los meses, los días, sus partes y hasta
Lo mismo sucede con el poema titulado las horas incluso, en ambas partes, en uno y
«Un reflejo de pájaros en aguas turbias», pues otro apartado del libro. Por eso, Collado admite
aparece en uno de los versos también. Así «quisiera reencontrarme en la palabra», porque
desde el interior de un verso nace el poema en es la luz de la memoria, el trazo que une ambas
torno al cual gira el título; jun juego textual que orillas: la del pasado (la infancia, el tiempo de
llega al lector. El poema tiene una belleza que «esteras esparto») conectando con el presente;
[ 61 ]
o viceversa, como si de un ciclo se tratase. La consecuencia de tanta concreción, hace
Ese esfuerzo por hallar el vocablo preciso, que, necesariamente, el sujeto tome conciencia
en ocasiones, inefable, leemos en el poema del mundo. A este respecto comentaba la autora
«Mensajes»: «Simbólico lenguaje entre dos jerezana en una entrevista que «la palabra se
reinos, / metáforas que cruzan la conciencia hace oír, no todos escuchan». Esta creencia en
/ con su hilo de luz si comprendemos». Lo que la poesía es capaz de arrancar en el lector
mismo que cruza en un puente, cruza paisajes un efecto, como el tomar conciencia ante
o tramos horarios en ese tren que recorre las cualquier injusticia, puede verse en el poema
distancias del antes y del ahora, en imágenes dedicado al sufrimiento de los emigrantes en el
capturadas con una cámara («Cuando es un poema «Q» («Quedan por los caminos / como
lento tranvía la tarde», en «Fundido calle ramas quebradas»), a los que no consiguen
abajo»; o «un tren cargado de maletas hacia el llegar, en «R» («y cuerpos blanquecinos / que
norte», en «Viejas fotografías»). aturden a los peces / llevados por las olas»), al
Decía el semiólogo francés Roland Barthes planeta que ensuciamos en «V» («neumáticos
que el «efecto» es una impresión general que sin aire, / sobre un mar de plástico»), o en «D»
el poema produce. María José Collado es donde se muestra la miseria más cercana («en
también creadora de poemas visuales, tal vez, despobladas alacenas / y tiene el fuego triste el
por ello, el efecto se explicita en las imágenes ceño / al calentar la sopa aguada»).
de estos versos: concentradas no sólo en la Es elegante la sonoridad de cada uno
mirada («la tonalidad blanco azulada», «la de los poemas y en conjunto produce en el
nieve», «el horizonte», etc.), sino también lector, que escucha, una hermosa melodía,
en el olfato («huele a magnolias», «lirios que como esa «Nuvole Bianche» del compositor
aroman», «aroma leve de narcisos en flor»), que italiano Ludovico Einaudi. Cada frase musical
afecta a realidades concretas, reinauguradas, y va enmarcando cada uno de los heptasílabos
también las que son abstractas o inertes, son (endecasílabos, alejandrinos y algunos
humanizadas. Como escribe Elena Marqués, pentasílabos) y se vuelve indeleble ahora en
en otro lugar del prólogo, refiriéndose a las nuestra memoria. El efecto, antes citado, se
ciudades: «todo cobra vida y se humaniza». agudiza ahora en imágenes sonoras (el tren
Del mismo modo, los poemas producen que suena, el crujir de la nieve, el ruido de
un efecto en su lectura. Efecto también entre máquinas…), pero, sobre todo, la musicalidad
la mirada interior y exterior, destacando, que produce los encabalgamientos, las
por su abundante uso, el adverbio «fuera». distintas aliteraciones de sonidos vocálicos
El mundo es visto por el sujeto poético a y consonánticos, las bimembraciones, las
través de un cristal. Desde el interior de la anáforas y los paralelismos, que hacen el verso
casa a fuera. Pero los lugares cambian y no más dulce, pero sin llegar al empacho. El efecto
se reconocen («Ha cambiado el perfil de las se produce con el gorjeo de la combinación de
ciudades», se lee en el poema «U»), pues el las sílabas tónicas dispuestas en combinación
tiempo hace de las suyas («ha dejado su marca impecable. Contribuyen a la creación de la
de fuego»), de ahí que cause perplejidad («es sugerencia: las elipsis verbales y lo no dicho. Es
una flor de asombro la mañana», en «Viaje»). entonces, cuando la polisemia entra en juego.
El espacio necesita habitarse aunque cueste Uno de sus poetas de cabecera, el vejeriego
reconocer y reconocerse (desde la casa hasta Francisco Basallote, a propósito de su reseña
la habitación), como se lee en el poema «B», del libro publicado en 2014, Aún la lumbre, ya
cuyo complemento viene perfecto en la cita destacaba de la autora «la exaltada plasticidad
elegida de Toni Montesinos Gilbert («Las calles de las imágenes en las ricas metáforas» y más
perecen por mis pasos / que avanzan sin mirar adelante, concluía: «halla en el juego de las
lo que se extingue»): «Difícil es reconocerse, metáforas la fórmula secreta de su poética,
/ unir todos los trozos y salir indemne / la música oculta, el misterio de su acceso a la
cuando avanza el invierno / como una fiera y belleza, la magia de las palabras». Esto mismo
te persigue.» puede aplicarse a Pájaros de cristal en el jardín de
[ 62 ]
invierno. María José Collado nos devuelve la es el encuadre específico desde el que el sujeto
alquimia de otro tiempo, su emoción, la gris poético recorre los emplazamientos emblemá-
cotidianidad se transforma en deslumbrante ticos de la ciudad de Dante y se acerca al arte y
revelación al capturar el instante. al amor desde una perspectiva que conjuga la
Memoria de la belleza y el amor. vivencia emocional con la reflexión histórica.
Así, los dos primeros poemas son una medi-
tación sobre la belleza realizada a partir de una
visita a la célebre galería de los Uffizi. En el
Memoria de la primero, significativamente titulado «Los ofi-
belleza y el amor cios», un paseo en negativo por el marco del
museo sirve al yo para formular una conclu-
sión de sabor ambiguo: «Aquí hubo mercade-
MARGARITA CARCÍA CANDEIRA
res y hay belleza» (35). Como en el maestro
Pasolini y en la poesía materialista teorizada
Álvaro Salvador por Juan Carlos Rodríguez, la contradicción
Diario de Firenze es el alimento del poema y, en esta ocasión, la
Imprenta del Arco (Granada), 2017. sentencia de sabor bíblico une el capitalismo
incipiente con la idea de belleza, probablemen-
Con el título de Diario de Firenze ven la luz, te para mostrar que esta no es sino otra noción
ahora de modo exento, los trece poemas con ideológica naturalizada que, sin embargo, filtra
los que Álvaro Salvador contribuyó al poema- irremediablemente la mirada con la que el su-
rio Tristia, escrito a dos manos con Luis García jeto transita el museo y la ciudad. Desde esta
Montero y publicado por primera vez en 1982. prevención, se enuncia la especial disposición
Salvador firma así un divorcio editorial iniciado de la mirada que se entrega al goce estético,
en 1989 por el autor de Las flores del frío, dando con los ojos «absortos en la dicha de la con-
a imprenta un material valiosísimo para seguir templación» (37). El objeto de esta visión se
ahondando en un espacio, el de la cultura gra- presenta en el segundo poema, «Virgen de la
nadina transicional, cuya complejidad parece granada» (39), una oración laica al cuadro ho-
haber resistido las lecturas más convencionales mónimo de Botticelli, en el que no obstante
y que resurge, últimamente, como un podero- se entremezclan rasgos de «El nacimiento de
so foco de atención del que dan muestra las la primavera» y en la que se explora la natura-
recientes ediciones de las obras completas de leza de la experiencia artística: su autenticidad
Javier Egea (2011, 2012) y Pablo del Águila («¿Era cierto tu cuerpo […]»), el vínculo entre
(2017). el autor y su obra («tus ojos que encierran el
El título nos sitúa en un particular cronoto- corazón de Sandro») y esa condición casi sa-
po: estamos ante el recuento escritural de días grada del original que Benjamin dio en llamar
vividos en Florencia, lugar sobre el que se su- «aura» y que preside el enigmático mecanismo
perpone el recuerdo de la Granada natal: am- de la recepción estética: «¿Qué dijeron mis ojos
bas ciudades quedan hermanadas en virtud de ante el clamor ajenos, / hundidos en el aura,
su esplendoroso pasado, que se proyecta so- rebosantes de gozo, / la duda luminosa como
bre un yo atento a los referentes artísticos y un corcel al viento?». Entre ecos de Cernuda,
urbanos de las dos y, también, sobre una len- Bécquer, Lorca y Gimferrer, Salvador reactua-
gua poética que combina sabor clásico y huida liza la identificación keatsiana entre verdad y
de la afectación, al mejor gusto renacentista. belleza, a través de su mutua conexión con el
Por tanto, el poemario se presenta, ya desde placer: «Sólo es verdad el placer / que causa la
su inicio, como un doble ejercicio de memo- belleza / y la belleza basta para ser placentera».
ria, algo que quizás explique la reproducción La condición fugaz y eterna del instante
del verso «Recuérdame, recuerda…» en la so- gozoso aúna al arte y al amor y tiene en la ce-
lapa interior de un volumen que destaca por niza su imagen más certera: «Los alacranes de
una primorosa factura editorial. Y es que este oro» (45) son como «cenizas del atardecer» y
[ 63 ]
«cenizas del amanecer» que describen el fulgor de «A José María Palacio», que reconocemos
y la caducidad del deseo, pero también de la en la pregunta sobre la suerte de una patria de
belleza, descrita como «sólo un rapto, / un tra- la que se recuerda, sobre todo, el espacio de
zo entre las sombras»; en «Ponte Vecchio» (51), la Alhambra: «¿Estarán tus alcázares / con la
una mujer significativamente llamada Beatrice hermosura viva?». Lo mismo sucede en «Los
aparece intempestivamente como fruto de una encuentros» (57), auténtico monólogo dramá-
transmutación provocada por «la ceniza / de tico que, con vocación contrapuntística, pre-
la alucinación». «Siesta en Villa Médicis» (55) senta a Andrea Navagero momentos antes de
recrea el encuentro erótico de la pareja reescri- encontrarse a Boscán en el Generalife, elogian-
biendo un conocido soneto gongorino como do la tierra que le rodea en términos similares:
«La blanca nalga que a mi boca tiendes», defi- «Dulce sabor del agua / que en mis labios / re-
niendo a la felicidad como una vivencia solo re- cordar pareciera / los placeres de Oriente». De
conocible en el ayer. Las imágenes conforman todos es sabida la relevancia simbólica que se
un despliegue sensorial íntimamente unido a la ha dado a la cita que ambos tuvieron en 1526.
recreación textual del placer, que a estas alturas El anclaje corporal del gozo subraya su ca-
se ha revelado ya como un núcleo fundamen- rácter material y singular, que es también exten-
tal del libro y que posee una carga simbólica sible a un amor que solo puede ser conocido y
e ideológica profunda. Un hedonismo reposa- vivido en su existencia concreta. Con distintas
do preside una vivencia del arte y del eros que oscilaciones, ese es el trasfondo de una serie
queda despojada de cualquier rastro de culpa o de poemas que desmitifican el idealismo pla-
moralismo y confiere a estos poemas un aire de tónico-kantiano inherente a la concepción oc-
exquisita inocencia. Probablemente el contex- cidental del amor y que Juan Carlos Rodríguez
to de su escritura, entre finales de los 70 y prin- teorizó repetidamente. Así, «Tratado del amor
cipios de los 80, haya tenido que ver con esta pagano» (61) sitúa la batalla amorosa en los
sensación de inicio; también, por supuesto, el entresijos de la vida cotidiana; «La esmeralda»
intento del grupo granadino al que pertenecía (63) exalta pudorosamente «un amor -no sé…-
Salvador de forjar una sentimentalidad distinta correspondido» frente al tópico romántico
de la burguesa, más libre y desprejuiciada que del amor trágico y destructivo, y el sujeto de
la tradicional. No hay que olvidar, en este sen- «Gacela del joven ignorante» (69) declara los
tido, que el componente transgresor del placer límites experienciales de su emoción: «Yo no
erótico, que no entiende de medidas y escapa sé nada del Amor, / tan sólo puedo hablaros
a la norma económica, ha sido destacado por de mi amada». De alguna manera, «Todos los
Barthes, Bataille y Foucault, entre otros. fuegos un fuego» (65) parece matizar esa con-
Una veta esencial de sensualidad reside, sin vicción al emplear el intertexto cortazariano
duda, en el legado cultural árabe, impregna- como imagen de la síntesis entre el amor y sus
do de fuentes, aromas y filigranas que regalan manifestaciones históricas, definidas al cabo
constantemente los sentidos de los granadi- como llamas que se resumen en un mismo fue-
nos. Es precisamente esta herencia la que re- go. En el contexto de reivindicación orienta-
memora el protagonista de «De un caminante lizante no resulta extraño el recurso a formas
extranjero que reflexiona sobre el destino de líricas procedentes de este acervo, siguiendo la
su patria» (40): el eco del soneto gongorino a estela lorquiana: es el caso de la mencionada
Córdoba modula una oda, esta vez agradecida, «Gacela» y de la «Muwassaha del amor que se
a la tierra de acogida, y sirve para presentar el fue y que vino» (72), que reescribe una qasida
legado de la historia (la personal, pero también de título prácticamente idéntico de Pablo del
la colectiva) como una herida que deja cicatri- Águila componiendo una loa al amor que, en
ces y define la belleza, ahora, como un don que lugar de narcotizar al sujeto, lo hace más lúci-
la tierra destina «al amor de las gentes». A la do y activo ante el mundo: «Amor… ¡estamos
impronta del Pasolini de Las cenizas de Gramsci vivos! / amor mío, despierta…». Cierran el vo-
y al sabor kavafiano de la mención a los bár- lumen dos poemas no incluidos en Tristia pero
baros se une la inequívoca huella del Machado escritos en la misma época, y que mantienen la
[ 64 ]
coherente temática y estética del grupo ante- Entre ángeles en zancos
rior: «Joven gacela herida» tematiza la violencia
y «Una muerte de luz que me consuma» indaga
JOSÉ DE MARÍA ROMERO BAREA
en el lado oculto y tenebroso del amor.
Confiesa Salvador, en la «Nota del autor»
que abre la colección, su reticencia de años a Michael Rothenberg
publicar estos poemas solos, aislados «en su Detención indefinida: un cuento de perros
hermosa orfandad». Sin duda casi cuatro déca- Varasek Ediciones, 2017.
das sirven para mucho, y esta exhumación des-
cubre para ellos nuevos lazos fraternales que Hay una poesía que se enfrenta a la sole-
la rigidez programática y exegética que rodeó dad al aire libre y al insomnio de la noche en
su primera publicación quizá no dejaban ver «el libro de poemas del hombre moribundo. /
del todo. En Diario de Firenze aflora una voz El libro de poemas de la poeta sublime en su
personal en cuyo deleite resuenan ecos de la búsqueda constante de una mitología» (pág. 8).
tradición poética hispánica más potente: a la in- En el poema «El libro», abundan los temores
fluencia de Machado y Lorca, que permea todo inciertos, el daño irreparable, la naturaleza en
el libro, se une la de Góngora, auténtico maes- peligro mortal. Deambula «de conectores a im-
tro de materias y ritmos del volumen; hallamos presoras, escáners, tendones que se espasman
un tanteo heterodoxo que, en la línea teórica en salidas sombrías de genio incuestionable»
de Américo Castro, cultivarán desde otras es- (pág. 12). Existe una lírica que asume la an-
téticas y géneros Valente y Goytisolo y, en fin, gustia de la misma manera honesta con la que
una fascinación por el entorno artístico italiano registra la alegría.
que recorrió cierta poesía del XX desde Alberti No sería descabellado leer estos poemas
a Colinas, Carnero o Gimferrer. En su extenso como una forma de trabajo manual, de labor
prólogo, dotado de una sólida armazón teórica, útil y necesaria. Suponen, al mismo tiempo, una
Pablo Carriedo Castro relaciona certeramente oración secular, a través de la cual su autor, el
la obra de Salvador con diversas tendencias de poeta, compositor, editor y ambientalista esta-
la poesía anglosajona. En este sentido, la lectu- dounidense Michael Rothenberg (Miami, 1951)
ra del volumen arroja una conclusión inequí- y nosotros, los lectores, encontramos remedio
voca: la comprensión honda y compleja, en un en la naturaleza: «Hablo conmigo mismo cuan-
momento temprano, de la experiencia poética, do nadie mira / Comienzo con esta palabra,
tema al que Salvador ha dedicado varios ensa- «¡Escucha!» («Detención…»). La mejor poesía
yos. Si, como explicaba Eliot, para Donne un es, en esencia, metafísica: no reconoce fronte-
pensamiento era una experiencia, pues modi- ras entre el espíritu y la materia. Algunos poe-
ficaba su sensibilidad, Salvador muestra aquí tas enraízan como un árbol, no para apropiarse
cómo el arte y la belleza son fuentes inagota- de la tierra, sino para atesorarla.
bles de enriquecimiento vivencial y, por tanto, «Bendecimos lo que ya no existe / El arte
de transformación y producción poética en la perfecto» («La máquina de coser…»). Los
medida en que, como reza uno de los poemas, poemas de Detención indefinida: un cuento de pe-
dejan al «corazón transido de inmutable belle- rros trascurren en ese keatsiano tiempo lento
za». No es una cuestión baladí, pues sirve para de una escritura estabilizadora, nada forzada
esclarecer oposiciones absurdas y simplonas en o repentina. Como si la estacionalidad hubie-
una crítica poética contemporánea a menudo ra adquirido una forma lírica, una ronda diur-
miope. Y lo hace desde un volumen que lleva na, un patrón mortal, un reconocimiento de
a su propia materialidad esa consigna de de- que la renovación ocurre más allá de la lírica.
rroche estético: bellamente ilustrado y con una Una «Expurgación Espontánea» surge entre
calidad material notable, Diario de Firenze se nos «Garabatos y Bosquejos»: entre el accidente y
ofrece, al igual que el mar en uno de los poe- el diseño, el «Cobertizo mental».
mas, como «la enorme / huella que del amor / Transcurre «Rastro» a contrapelo de la reli-
y de los sueños / guarda la memoria». gión organizada: decir no para afirmar, retener
[ 65 ]
para dar. La composición es afirmación de Abstracción y antropología
una individualidad aparentemente criticada, el
reconocimiento de que las prescripciones des- JUAN CARLOS ABRIL
vían la espontaneidad: «Cambio. Alterno / Voy
a la zaga o intervengo // Compongo usando
contrastes y condiciones». La mínima expre- Joan de la Vega
sión es la esencia de «Ruido matutino», donde Medio mundo en luz
se hace inventario de «la historia a la venta en el La Isla de Siltolá, col. Tierra, 2017.
mercado de antigüedades / Las floristas en la
Plaza de San Marcos / Retratos miniaturistas/ Medio mundo en luz, publicado a finales de
Ángeles en zancos». 2017 por la editorial andaluza La Isla de Siltolá,
Este es el terreno híbrido que el norteame- del catalán Joan de la Vega (Santa Coloma de
ricano hace suyo, a base de imágenes irreales, Gramanet, Barcelona, 1975), apela desde su
copias impresas de una presencia coreogra- título a unos versos del poema «El sapo», de
Poemas a Lázaro (1960), de José Ángel Valente.
fiada, una ubicación edénica, un lugar simbó-
En el título, por tanto, asistimos a la dialéctica
lico para concluir una meditación lírica sobre
luz/oscuridad que podría configurarse como
la compleja dinámica entre lo humano y lo
uno de los ejes de este poemario. El poema
natural. Al igual que sucede con su admira-
«Elipsis con Bruno» (pp. 76-77) da buena cuen-
do Philip Whalen, menos, en sus manos, es ta de ello, donde a modo de oración la oscuri-
más. Su madurez se resiste la exageración, las dad va apoderándose del espacio del poema, y
medidas simples le son suficientes. El poema de cada verso, convirtiéndose en el verdadero
«Andamio» («Escarabajos Perforadores de referente textual, que finaliza así: «Oscura es
Madera y Hormigas Carpinteras / (Ten cuida- el agua de las acequias enfermas. / Oscuro es
do con los andamios)») ¿sugiere que la condi- el presente que rifa su libertad condicional. /
ción humana es esencialmente destructiva? El Oscuros se repueblan todos los tristes subur-
libro del promotor de «100 mil poetas por el bios más allá de la oscuridad. // Da rienda al
cambio» ofrece pocas respuestas claras, pero músculo de la oscuridad. / Oye correr la feliz
muchas pistas. plegaria del hijo del viento.» (ibíd.). Un poco
Traducen los poetas Walter González, Luis antes, en «Furtivos» (pp. 68-69), la oscuridad
Ingelmo, Julio Pavanetti, Edwig Roldán Ortiz aparece con inusitada fuerza: «Amar una mujer
y Pilar Rodríguez Aranda, entre otros. Cuán desnuda ante la ventana de su casa abierta, a
a menudo lo que mira hacia atrás está escri- tientas, al filo del abismo es desparasitarse: nos
to con la mano muerta; con qué frecuencia, a empolvamos los pómulos vencidos con su hu-
expensas de la memorización, se privilegia lo medad, palpitante savia. Beberse de un sorbo
elegíaco. Rothenberg, por el contrario, es feliz, la noche es descender al último edén que nos
no reverencial, ni le interesa sólo lo complejo: gravita entre el sudor y la ternura, desde esa
quiere vivir rápido, no estar muerto. Cómo leer misma euforia penetrante empeñada en extin-
estos poemas silenciosos, solitarios, interiores. guirnos. Amar es caer por los peldaños de una
No desean ser proyectados más allá del lugar cima torpe y criminal.» (ibíd.). En este poema
al que se dirigen. La dicción es simple, pero se va estableciendo una serie de correlatos y
hablan claro. El lenguaje devocional está al ser- superposiciones semánticas en diversos pla-
vicio de algo más grande. Y aunque hay mucho nos, como mujer/sexo/noche/oscuridad, etc.
que esta poesía no logra, su capacidad de acer- La imbricada materia textual de estos poemas,
carse a sí misma, a nosotros, los lectores, no en concreto de los poemas en prosa, que do-
tiene rival. minan gran parte del poemario, posibilita esas
simbologías y anfibologías. Su lectura se hace
muy enriquecedora.
En efecto, Medio mundo en luz se divide en
dos secciones, y en vez del habitual «Índice»
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el lector se encuentra una «Hoja de ruta», a trata de salvarse: «Si eres tú quien ama y desafía
saber: «Veintiún poemas en prosa dedicados libre la montaña, yo debo ser tu segundo
a quien se hacía llamar Homo, en otros tiem- aliento, la gloria con su baba de gloria y una
pos», y «Esperanza de vida», compuesta de suela rota entre llagas. ¡Ávidos corredores de
otras veintiún composiciones, de las cuales fondo, tercos conquistadores de nadas!» (p.
cinco son también poemas en prosa. Por tan- 37). Este homo running es el mismo que al inicio
to, la poesía en prosa domina el libro, e infiere comienza un viaje en homo viator.
un tono que nos va a marcar nuestra lectura. El hombre –antes incluso de que naciera
Medio mundo en luz aspira a convertirse en el la Historia, en el origen del Mito– parte de la
poemario total, abarcando su propia autorre- lucha con la naturaleza, pero tras ese dominio
ferencialidad, desde la cita inicial bajo la ad- necesita mirarse interiormente, y ahí comienza
vocación de un sutil Petrarca que nos advierte a construirse, en «Homo legens» (p. 34), hombre
«Cuando el difunto des(p)ertó, Laura le enseñó que lee u hombre leyenda, que pone en marcha
a mirar.», realizando un juego intertextual con todo, es decir la imaginería de «Homo symbolicus»
el célebre dinosaurio del hondureño Augusto (p. 32): «He grabado a fuego la palabra «amor»,
Monterroso, con la diferencia de adentrarnos hasta perderme por los arrecifes macilentos de
en un proceso de conocimiento, que sólo la su sol. Y he perdido por ello el sentido del tacto
poesía, esto es Laura, hace posible; hasta la entre tanta marea nocturna. En muy pocas, he
cita final, y no exenta tampoco de derivacio- acariciado las palabras «amigo» y «libertad»
nes, en la página 85: «Esta muerte ya la he vi- hasta verme incrustado en los espejos de los
vido», y que pertenece a los Sueños del japonés otros, los ningunos y –también, por fortuna–
Akira Kurosawa. En ese recorrido descrito de los elegidos. Este ritual macabro lo repito
por esos 42 poemas, se halla el espacio de la un segundo cada cien años, cada vez que
poesía, que viene determinada desde las coor- nadie me piensa o alguien se niega.» (ibíd.).
denadas humanas más básicas, y su reducción Simultáneamente converge el ser humano en
abstracta en habilidades, caracteres o aspectos, estratos en un solo pestañeo, y en una mirada
como «Homo viator» (p. 17), «Homo antecessor» se descubre lo mismo, repetido a lo largo
(p. 18), «Homo ferus» (p. 19), «Homo gaudens» de los siglos: «Aquí tu amor fósil, tu brava
(p. 20), etc., combinando conceptos clásicos inmoralidad al desnudo, tras la vitrina.» (p. 18),
con otros contemporáneos, como «Homo desde el Museo de Historia Natural.
running» (p. 37), por ejemplo, y planteando una Se trata de una perspectiva antropológica
adaptación del término que debe sobrevivir. muy necesaria para comenzar a leer Medio
Los monólogos se reproducen de manera mundo en luz, que se plantea más allá de nuestra
libre, casi aleatoria, como bien pudiera ser experiencia en el mundo, como en «Homo
la historia, la cual nunca se repite; pero el ferus» (p. 19): «Despídete de la vida, hombre de
vacío que domina la conditio humanae –lejos de hojalata», porque no hay nada más allá, aunque
interpretaciones rousseaunianas– sigue siendo los momentos de iluminación –destellos–
la constante. Si algo se aprecia con claridad en o creación y revelación, en la poesía se
estos «Veintiún poemas en prosa dedicados a consagrarán como los más importantes, como
quien se hacía llamar Homo, en otros tiempos», cúspides, y en ella encontrarán su apogeo. Así
es la rotundidad de la constatación de una en «Homo faber» (p. 22). «Homo gaudens» (p. 20) es
identidad proteica, cambiante, y el vacío más la verificación de la poesía, el hombre reducido
absoluto dominando esa condición, que a lo a logos, y el logos heideggeriano elevado a la
largo de la historia se rellena ideológicamente enésima potencia, quitaesenciado a través del
de diferentes estructuras, las cuales no son lenguaje: «De este cadáver lúdico que os habla,
eternas, y que aunque poseen un armazón el jugo constante del silencio: la tersa grafía
gramatical, no significa lo mismo decir «yo» en que aúlla qué feliz destierro.» (ibíd.). La poesía
el siglo XXI que en el siglo XI o en el siglo I. resulta en muchos de estos poemas en prosa
A veces hay un diálogo de un yo desdoblado como la flor que se abre, la única explicación
en un tú, que a través de un monólogo interior bella a la que se ve abocado el hombre entre
[ 67 ]
tanta miseria, como en «Homo videns» (p. 23): espera» (pp. 78-80), resume en ciertos párrafos
«Pero el canto del poema sólo tiene ojos para algunos de todos estos temas que hemos
los pájaros, bajo las ruedas, muertos.» (ibíd.). tocado, apuntalado el poemario a través del
Así que podría decirse que muchas de estas homenaje explícito al padre y a la madre, y que
prosas son reflexiones metapoéticas, y no nos viene a implantar un guiño intratextual desde
equivocaríamos. Aunque para llegar a la poesía lo concreto de aquellas lecturas abstractas,
habría que atravesar el sentido «lógico» del ser a modo de matrices, de la otra sección del
humano y su interioridad, ese «Homo menstrual» libro: «Ajenos a la barbarie, removemos el
(p. 24) que no se halla exento de su relación polvo simple que anegó el vino y los víveres
con el mundo, que establece sus distancias de hombres y mujeres seculares, esparcidos
con él, como en «Homo fobicus» (p. 26), y que en noche entre restos de alimañas, esquirlas
exige desde la abstracción, a veces incluso de sílex dentado, fragmentos de sigilatta y
caricaturesca, grotesca o expresionista, como cerámica cardial, casquillos de la Guerra Civil,
en «Homo economicus» (p. 28), una reivindicación: latas oxidadas y sestercios magullados pagando
desde el yo al mundo, como en «Homo sapiens» su tributo al agua que resbala entre el silicio y
(p. 30) u «Homo loquens» (p. 31), es decir la calma.» (p. 80).
desde el pensamiento hacia las cosas, hacia Medio mundo en luz podría llevarnos más le-
el mundo, y desde el mundo y las cosas hacia jos, pero los márgenes de una reseña, que ya
el pensamiento, en conflicto con el lenguaje: hemos excedido, no dan más de sí. Sin embar-
«O tal vez tú, verdugo, que maldices mil veces go, hay que decir para concluir que hay que leer
tu nombre en silencio.» (ibíd.), para llegar al y releer, paladear incluso, este libro. Joan de la
«Homo minimus» (p. 36): «Pequeño soy, libre Vega había demostrado en sus anteriores poe-
me siento. Y cuanto más pequeño más libre marios que era un poeta a tener en cuenta, uno
[…] Sin enredos, sin más adversario que el de los más interesantes de su generación, con
hombre mínimo de dentro» (ibíd.). Se impone una propuesta muy particular y nada conven-
la mirada interior… Leyendo esta sección del cional, y esta nueva entrega lo ha confirmado
libro, hemos recordado pasajes de La condición sobradamente. Enhorabuena.
humana, de Hannah Arendt.
La segunda parte de este Medio mundo en
luz, «Esperanza de vida», se presenta como
libro de viajes, desde el lúdico «Microfilm
(Apuntes para un último retrato)» (pp. 43-44), que
se halla muy en relación con ese hombre que
va construyéndose interiormente, sin llegar
sin embargo a ningún sitio. Y sin pertenecer
a ningún sitio, como en «Patria, cuyo nombre
es» (pp. 45-46), donde se alude a nuestra
condición apátrida, si bien el mar Mediterráneo
(«Mediterrània», p. 47) se establece como
referente en el siguiente poema... Entre otras
vetas temáticas, se despliegan recuerdos
infantiles en «Playa es Còdols (Ibiza, 1979)»
(p. 57), pero también el poeta se abre hacia
la crítica social, entre otros «Edchera» (pp.
58-59), o poscolonial, como en «Moros y
cristianos» (pp. 60-64), donde también se alude
al fracaso de la Revolución Cubana y, de paso,
un replanteamiento de la izquierda, que ha
perdido su relato o discurso... Como último
apunte, el poema en prosa «Resiliencia en la
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JUAN CARLOS ABRIL acaba de publicar En busca de una pausa (Pre-Textos). Libros suyos
anteriores son El laberinto azul y Crisis. Profesor, crítico y ensayista, ha editado la obra de
importantes poetas. Dirige la revista Paraíso. • LUIS VICENTE DE AGUINAGA (Guadala-
jara, México, 1971) es profesor, ensayista e investigador. En 2107 publicó el libro de poesía
Qué fue de mí, y dos años antes la antología Orden aleatorio (cincuenta poemas 1989-2014). Ha
obtenido los premios de poesía Efraín Huerta y Aguascalientes. • ENRIQUE BALTANÁS es
natural de Alcalá de Guadaíra, donde reside. Fue profesor de literatura de la Universidad de
Sevilla. En 2004 reunió una selección de su poesía en Medidas provisionales. Libros posteriores
son Treces elegías y ninguna muerte, El argumento inacabado y Las propiedades del aire (Premio
de Poesía Unicaja). • NONI BENEGAS es una poeta de origen argentino radicada en España
desde 1977. Libros suyos son Animales sagrados y Lugar vertical (ambos de 2012). El año pa-
sado apareció Ellas tienen la palabra. Las mujeres y la escritura. En la misma editorial (FCE) ha
aparecido su antología El ángel de lo súbito. • JUAN BONILLA publicó en 2014 Hecho en
falta. Poesía reunida. Luego ha publicado Poemas pequeñoburgueses (2016). También novelista
y cuentista, es Premio Biblioteca Breve y I Premio Bienal Mario Vargas Llosa. Su más reciente
libro, bibliófilo y memorialista, es La novela de un buscador de libros. • ISMAEL CABEZAS
(La Línea de la Concepción, Cádiz, 1969) es autor de los libros de poemas Paisajes para un
ciego (2008), Pisadas en la nieve sucia y Sutura (ambos de 2015). • JESÚS CÁRDENAS (Al-
calá de Guadaíra, Sevilla, 1973) es profesor y crítico. Libros de poesía suyos son Después de la
música (2014), Sucesión de lunas (2015), Los refugios que olvidamos (2016) y Raíz olvido (2017).
• JUANA CASTRO ganó el XXV Premio Ricardo Molina con su libro Antes que el tempo
fuera (2018). Otros títulos suyos son Arte de cetrería (1989 y 2004), Los cuerpos oscuros (2005)
y Heredad, seguido de Cartas de enero (2010). • JOSÉ CARLOS CATAÑO (La Laguna, Islas
Canarias, 1954) reunió su poesía en 2006 bajo el título El amor lejano. Luego ha venido Lu-
gares que fueron tu rostro (2008). Es también novelista, ensayista y diarista. • ROCÍO CERÓN
(Ciudad de México, 1972) ha publicado Basalto (Premio Gilberto Owen, 2002) entre otros
libros de poesía. En España, Ediciones Liliputienses ofreció El ocre de la tierra en 2011, y
Amargord Diorama, en 2013. El poema aquí publicado forma parte de su proyecto La obser-
vante. • JUAN COBOS WILKINS es poeta y novelista. Sus dos libros más recientes son El
mundo se derrumba y tú escribes poemas (2016) y la antología temática Donde los ángeles se
suicidan (2018). Dirigió la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez en Moguer. • JOSÉ DANIEL
ESPEJO (Orihuela, 1975) reside en Murcia, tras haberlo hecho en otras ciudades europeas.
Es autor de Música para ascensores (2007) y Mal (2014), entre otros libros y cuadernos de
poesía. • ALFREDO FÉLIX-DÍAZ (Ciudad de México, 1974) es poeta, dramaturgo y
guionista. Sus libros de poemas son Salve Regina (2001), Si resistimos (2008, accésit del Premio
Adonáis) y Nada que perder (2013). • PEDRO GANDÍA (1953), pintor, escultor, profesor de
Literatura, es autor de varios libros de poemas, obras de narrativa y traducciones de Wilde,
Valérey o Baudelaire, entre otros. • MARGARITA GARCÍA CANDEIRA es profesora en la
Universidad de Huelva. Es autora de estudios sobre Luis García Montero, María Cebreiro,
Rosalía de Castro o Jorge Riechmann. • VÍCTOR JIMÉNEZ (Sevilla, 1957) es autor de diez
libros de poemas, el más reciente los cuales es Frecuencia modulada (Premio Paul Beckett,
2018). En 2009 publicó una antología de su obra anterior: El tiempo entre los labios. • JUAN
LAMILLAR (Sevilla, 1957) es autor de numerosos libros de poemas y de una amplia obra
crítica. En la colección de antologías de la editorial Renacimiento reunió una selección de su
obra en verso con el título Entretiempo (2015). • JOSÉ DOMINGO MORA (El Cerro del
Andévalo, Huelva, 1979) es periodista y profesor, y autor de la novela La espiral del caos
[ 70 ]
(2018). • BLAS MUÑOZ PIZARRO (Valencia, 1943), profesor y filólogo, reunió una
muestra de su obra poética en el volumen De la luz al olvido. Antología personal (1960-2013),
aparecido en 2015. Entre los premios que ha obtenido está el Ernestina de Champourcín o el
Premio de la Crítica Valenciana. • MONTSE ORDÓÑEZ (Barcelona, 1974) ha publicado en
revistas literarias de Estados Unidos, Chile y España. Es autora del libro de poemas La orilla
de los nadie (2018). • JORGE ORTEGA (Mexicali, Baja California, 1974), poeta, ensayista y
profesor, obtuvo el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2001. Con su libro Estado del tiempo
(2005) fue finalista del Premio Hiperión, y con Devoción por la piedra (2016) logró el Premio
Jaime Sabines. • JOSÉ MARÍA PARREÑO (Madrid, 1958) fue Premio Adonáis de poesía
por Instrucciones para blindar un corazón (1981 y 2009). Después reunió su obra hasta la fecha
en Fe de erratas (1990). El más reciente de sus libros de poemas es Pornografía para insectos
(2014). • JUAN PEÑA (Paradas, Sevilla, 1961) reunió en 2013 una antología de su obra bajo
el título La misma monotonía. De 2016 es su libro Destilaciones. • ROSARIO PÉREZ
CABAÑA (Sevilla, 1967), tras haber publicado una colección de relatos, se estrenó como
poeta con Mientras tú cantas (2007). Tras varios libros más en este género, ha publicado
Inventario en 2018. • EMILIO QUINTANA (Loja, 1964) actualmente profesor del Instituto
Cervantes en Estocolmo. Es autor de El mal poeta (1993) y de Poetas escritos a lápiz (2012). •
NARCISO RAFFO es autor de Implosión de la memoria (2015). Coordina Zéjel, revista de
arte, literatura y pensamiento. • JOSÉ DE MARÍA ROMERO BAREA (Córdoba, 1972) es
poeta, narrador, traductor y crítico literario. De 2015 es su libro de poesía Un mínimo de
racionalidad un máximo de esperanza. • SANDRA SÁNCHEZ (Oviedo, 1971) es autora de los
libros Una manzana en la nevera (2017) y Poemas del frío (2018). Ha publicado también
microrrelatos. • LAWRENCE SCHIMEL (Nueva York, 1971) es un poeta estadounidense
residente en Madrid. También editor, narrador y traductor, su obra ha sido traducida a varios
idiomas. • CARLOS SERRATO (La Línea, Cádiz, 1961) es profesor de Periodismo de la
Universidad de Sevilla. Es autor de ¿Cómo se lee un poema visual? (2003). Obtuvo el Premio
Internacional de Ensayo Gerardo Diego por su libro sobre Jenaro Talens La mirada de Orfeo
(2016). Poesía propia, ha publicado Fulgor y fiebre (2017). • ADOLFO SOARES NOGUEIRA
(Lisboa, 1982) es autor de As coisas não têm significação (2007) y Hay bastante poesía en no
pensar en nada (2017). Ha publicado además poemas y artículos en diversas revistas.•
FRANCISCO SOCAS GAVILÁN ha sido profesor de Latín de la Universidad de Sevilla. Ha
traducido a Marcial, Lucrecio y Juvenal, entre otros. Ha publicado además Séneca: cortesano y
hombre de letras (Premio Domínguez Ortiz de Biografía, 2008). • JULIA UCEDA (Sevilla,
1925) se licenció y doctoró por la Universidad de Sevilla. Premio Nacional de Poesía (2003)
y Premio de la Crítica (2006), libros suyos son Hablando con un haya (2010) o Escrito en las
cortezas de los árboles (2013). En el viento, en el mar (2003) recoge una selección de su obra
poética. • JORGE VALDÉS DÍAZ-VÉLEZ (Torreón, México, 1955), diplomático de carrera,
ha servido a su país en varios países. Con La puerta giratoria obtuvo en 1998 el Premio de
Poesía de Aguascalientes, y con Mapa mudo el Premio Hermanos Machado. En 2018 ha
publicado Parque México (Antología poética). • JOSÉ LUIS VELÁZQUEZ VÁZQUEZ (Sevilla,
1999) estudia Filología Hispánica. Ha publicado en Cuadernos de Humo (Nueva York,
2017). • GERARDO VENTEO (Galera, Granada, 1963), vinculado a diferentes proyectos
literarios, ha publicado recientemente el poemario El nombre del frío (2018). • JORGE
VILLALOBOS (Málaga, 1995) es Premio Hiperión de Poesía 2018 por su libro El desgarro.
Anteriormente ha publicado La ceniza de tu nombre, premio a la mejor ópera prima de los
Premios Andaluces de la Crítica.
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Centro de Iniciativas Culturales
de la Universidad de Sevilla (CICUS)
ESTACIÓN POESÍA
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Comité asesor
Jesús Aguado, Enrique Baltanás, Juan Bonilla,
Jacobo Cortines, Luis Alberto de Cuenca,
Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque
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Diseño
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Maquetación e impresión
Imprenta Sand
ISSN 2341-2224
DL SE 618-2014
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