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Tinta Regada: Poemas de Humor y Memoria

El documento presenta una colección de poemas de diversos autores que exploran temas como la memoria, la identidad, el tiempo y la naturaleza. Cada poema ofrece una perspectiva única, utilizando metáforas y simbolismos para transmitir emociones y reflexiones profundas. La diversidad de voces y estilos enriquece la experiencia literaria, invitando al lector a una introspección sobre la vida y sus complejidades.
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Tinta Regada: Poemas de Humor y Memoria

El documento presenta una colección de poemas de diversos autores que exploran temas como la memoria, la identidad, el tiempo y la naturaleza. Cada poema ofrece una perspectiva única, utilizando metáforas y simbolismos para transmitir emociones y reflexiones profundas. La diversidad de voces y estilos enriquece la experiencia literaria, invitando al lector a una introspección sobre la vida y sus complejidades.
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Amalia Bautista [3] Sara Torres [4] Jenaro Talens [6] Sergio

Astorga [8] Carmen Garrido [9] José Luna Borge [11] Ernesto
Frattarola [13] José María Banús [14] Francisco Gálvez [15]
Cecilia Quílez [16] Miguel Mas [17] Alejandro Lérida [18] Juan
José Vélez Otero [19] Antonio Manilla [21] Pedro P. Sanz [22]
Ballerina Vargas Tinajero [23] Benito del Pliego [24] Sandra
Sánchez [26] Verónica Aranda [28] Efi Cubero [29] Ernesto Pérez
Zúñiga [30] José Carlos Rosales [31] Jesús Beades [33] Ezequiel
Zaidenwerg [34] José de María Romero Barea [35] Isabel
Cadenas Cañón [36] Fabio Morábito [37] Victoria Guerrero
Peirano [38] Rocío Cerón [39] Constantino Molina [41]
Chus Pato [42] Enrique Baltanás [44] Miguel Floriano [45]
Pedro Serrano [46] Chantal Maillard [47] Francisco Socas [48]
Susana Benet [54] Luis Bagué Quílez [60] Antonio Praena [60]
Daniel García Florindo [61] Aitor Francos [63] Rodrigo
Olay [64] Francisco Barrionuevo [66] Álvaro Valverde [67]

[1]
Amalia Bautista
QUITAMIEDOS

Construyen una casa a espaldas de la nuestra.


Dedican esta tarde a poner barandillas
en todas las terrazas.
Quitamiedos las llaman en algunos lugares.
Empiezan por el piso más alto.
De lejos los obreros me regalan
su más blanca sonrisa.
Y yo no sé dejar de sentir ese miedo
que me robó la infancia,
ese vértigo ajeno de mirarlos
casi flotando en el vacío
sin nada que detenga la caída,
sin nada que amortigüe el temor al abismo.

[3]
Sara Torres
NACIMIENTOS

Un hombre de carbón y una mujer de rábano


no dan nacimiento a ningún niño
A. Frédérique

Una mujer de clavo y una mujer marina


Dan nacimiento a una niña morena de óxido

Una mujer solsticio y una mujer camomila


Dan nacimiento a una niña sabiamente dormida sobre el pasto

Una mujer encantadora y una mujer serpiente


Dan nacimiento a un libro

Una mujer galerna y una mujer raíz


Dan nacimiento a una niña semilla de sicomoro

Una mujer sol negro y una mujer de charco


Dan nacimiento a dos niñas de cristal

Una mujer cantora y una mujer muda


Dan nacimiento a una niña llorona

Una mujer ciega y una mujer maga


Dan nacimiento a una niña oráculo

Una mujer tropical y una mujer duende


Dan nacimiento a una niña madreselva

Una mujer sorda y una mujer presumida


Dan nacimiento a una copia de sí mismas

Una mujer reina de las amazonas y una mujer chamana


Dan nacimiento a una niña valiente

[4]
Una mujer avara y una mujer meseta
Dan nacimiento a una niña rosa de Jericó

Una mujer como tú y una mujer como yo


Damos nacimiento a todas esas niñas

[5]
Jenaro Talens

CALIGRAFÍAS DEL APRENDIZAJE

En la escuela del barrio, al pie del Albaycín, bajo la imagen de


un crucificado, la lengua de los niños se ejercitaba en repetir las
sumas y las restas sin entender las multiplicaciones; y al entonar
las salves y los padrenuestros, el maestro llenaba la pizarra con
signos extraños, letras, palabras, números, un mundo nuevo
hecho de disciplina y tizas de colores que inauguraba así cada
mañana. Luego, en el patio diminuto, jugábamos al corro al lado
de una higuera manchada con el gris ceniciento de los chamarices.
Desnuda, la intemperie, tomando el cielo por asalto, nos obligaba
a ser tan inocentes como la luz efímera del día.

VARIACIÓN Y FUGA

Era quizás un bosque de sonidos, no muy distintos de los que


escuchaban asomados a la cornisa del atardecer. Todo estallaba
de repente, como en las fiestas de su aniversario. Tras los
deberes, al volver a casa, sin que importase la estación del año,
la ineludible clase de solfeo. Redondas, blancas, fusas, semifusas.
Un respirar de mitos infantiles bajo la luz de soles ulcerados por
su excesiva claridad. Beethoven, Allegretto, Séptima sinfonía. En la
pequeña habitación el tiempo goteaba como la lluvia en un reloj
de arena. Luego otra vez las voces sumergidas en la tristeza del
rosario, la melancolía con que un sinfín de noches recurrentes
lloraban al dictado de Rachmáninov y vuelta a las labores y el
aburrimiento de un mundo congelado por la sinrazón. Cerrado
el álbum, un silencio en ruinas le informa de un paisaje que
nunca existió.

[6]
A PLENA LUZ (Y PLENA OSCURIDAD)

La misma luz de siempre se reclina sobre una oscuridad recién


regada con la parsimoniosa lentitud de quien frecuenta a solas
el jardín. Los bojes no son quizá como los recordaba, pero no
importa; por los arriates yacen desperdigadas hojas secas de
pensamientos y de trepadoras. No es el bosque encantado que
esperaba encontrar. Oye un tic tac hasta ahora inadvertido y el
viento de la tarde, tras de los cristales, mueve las ramas de los
árboles. Son tantos años de memoria inmóvil, todo se ve tan
diminuto. Mientras, en el alféizar, sus dedos tocan el frescor del
vaso donde unas flores mustias, irreconocibles, se desparraman
ávidas de sed.

[7]
Sergio Astorga
ATAJO

Se ataja con la mano la desnudez.


La serpiente original se descarna
y tú y yo, a cara limpia,
perfilamos la luz de la lámpara.

En punto muerto nos deslizamos;


equidistantes los murmullos.
Los rincones extraviados.
ondulan, sueltan su máscara.

El aire devora la placidez.


La brújula busca la misma rosa,
y la mano, extraviada,
se planta en extraño hemisferio.

En el fondo siempre comenzamos,


rutinarios, ensimismados.
Con el mismo rapto furioso
cuando la noche acecha de tan parda.

[8]
Carmen Garrido
CUANDO SE ENCIENDEN LOS DEUDOS EN LLANTO

Así es como termina el mundo, no con una explosión, sino con un lamento
T.S. Eliot

(me) Pido perdón porque el estiércol haya colmado mis pechos hasta convertirlos
en bosta adecuada para los rumiantes

(me) Pido perdón porque una bacteria me llevó a pronunciar la palabra papá antes
de tiempo, entre animales obscenos que perfundían los cojines que me sujetaban,
sala turbia de maternidad, esperando cobrarse la vida de la niña en tránsito

(me) Pido perdón por elegir siempre las lilas blancas, símbolo de la sumisión y la
cabeza agachada en la palangana de las confesiones

(me) Pido perdón por haber sido caudillo de un ejército inservible, donde las
goteras hacían mella en la infantería, tan débil, tan exquisita, que se agotó antes de
ponerse el peto

(me) Pido perdón por no haber entablillado ambas piernas, a la diestra, a la


siniestra, y gozar el día al calor de la sopa de maimones, los tres vuelcos del cocido,
la aparente blandura de la telera no miñosa

(me) Pido perdón por haber incitado a los años al canibalismo, a no contarme
entre sus víctimas, a no apiadarse de la mujer no vivida, de sus días, de sus instantes

(me) Pido perdón por no celebrar funerales con anticipo, pegando la nariz sobre
la del futuro cadáver, para comprobar el oxígeno en evasión. Por no servirles los
crisantemos, las calas y esparcir sus cenizas, como si fueran majada de bestias

(me) Pido perdón por no haber cavado a tiempo esas tumbas donde la grasa de los
traidores se expandiría bajo el aburrimiento de la jauría, azuzada sobre los restos,
como el último hueso de Enrique VIII

[9]
(me) Pido perdón por haber orado por las polillas que volaban sobre aquellas almas
que olían a cincha de caballo, mientras la tanza con que embridar la mía moría entre
la boca del salmón

(me) Pido perdón por haber amado sin seguir las leyes de Darwin, por haber
depositado en la puerta de la inclusa los afectos y los deberes que demanda la propia
piel

(me) Pido perdón por haber convertido los labios en matambre, untuoso y dorado,
atado con la cuerda que no le permite escapar: para no afrentar, para no herir, para
no hacer doler. El cactus nació en mi boca como hijo del matambre

(me) Pido perdón por situar en la placa de Petri antes al virus que a la rata de la
peste, antes a la necrológica del escarabajo que a la muerte dulce de Szymborska en
Cracovia

(me) Pido perdón por todo aquello por lo que no (me) pediré perdón. Por lo olvidado,
lo entretejido, lo enterrado, lo callado, por todo lo que sigue extendiendo sus raíces,
amenazando con derribar esta casa, encenagando sus sótanos sin barricas añejas ni
cadáveres que esconder

(me) Pido perdón por la falta más grande con la verdad. La que niega (aunque digan
que huelo a clavo, aunque el cordón umbilical rodease mi cuello, aunque lleguen
postales a mi nombre) que el mayor pecado es convertirse en invisible por obra y
gracia de tu palabra.

[ 10 ]
José Luna Borge
LAS LÁMPARAS DEL TIEMPO

La vida nos arrastra a la frontera,


al limes de un imperio que es de humo,
ese muelle de brumas tan lejano
que llega y está ahí sin darnos cuenta.

Ya casi nada queda,


solo tú con la vida y el pasado
que vuelve y se hace grande de repente.

“No,
aquí ya no queda nada
de nosotros”,
decías
después de la visita a aquella casa
abandonada en la memoria.
Sin embargo, no habías apuntado
nada de aquellos días
en la libreta negra que llevabas
siempre contigo,
de la misma forma
que evitamos trazar las circunstancias,
los elementos íntimos de nuestra
vida por la sospecha de que cuando
están bien recogidos en papel
ya no nos pertenezcan.

Hay centinelas apostados


en las encrucijadas del camino

[ 11 ]
como ciertos testigos que no olvidan,
sombras de la memoria que nos siguen,
recuerdos encerrados,
nombres
quietos, agazapados
que el tiempo nunca borra por completo.

Cuando nos asomamos al pasado


notamos una sensación extraña
si tenemos en cuenta aquellas lámparas
que se nos olvidó apagar en sitios
a los que nunca regresamos.

Es después,
muchos años después,
cuando intentamos descifrar
las señales en morse que nos llegan
desde lo más profundo del pasado
de aquel oscuro informador
que se perdió en la niebla.

No hay que dejar nunca de enviar señales,


es como si los años hubieran desgastado
las lámparas aquellas que sirvieron.

Es curiosa la forma
en que algunos detalles de la vida
que no logramos ver en el momento,
los descubrimos veinte años después
como cuando miramos una foto
antigua familiar y un rostro
y objetos olvidados hasta entonces
nos saltan a la vista.

Se escribe a veces versos


para dar con las líneas de fuga necesarias
y escapar por las cárcavas del tiempo.

[ 12 ]
Ernesto Frattarola
ECLIPSE

Leo: muevo la piedra


de mi propio sepulcro.
Y lo encuentro vacío.

Busco una luz: escribo.


Y me inunda la noche.
Y el sepulcro se cierra.

[ 13 ]
José María Banús

…et tout est un désert.


Alphonse Lamartine

Además de mí, y de un mundo decapitado


por el instinto plácido de acicaladas medusas,
quiero que bebas, amor,
temperaturas en zarza frágil de unos labios no inventados aún,
párvulos, esquizofrénicos
sin dicha venidos a ti de no sé qué imperio tártaro o pureza.
Frenéticos del verso milenario
comulgan tu regreso dorado hacia Ítaca la dormida. Mira mi amor, observa
y canta esos mil varetazos suicidas
que bailan por tu espalda sin vida electrónica, los raíles,
los cosechados violines de histérica templanza,
abriles copulando mares persas
hecho jirones o guepardo o inercia última o balcones de luz de una gimiente seda.
Quiero que vengas nacida ya poema, suavemente
como cogida del brazo
ajeno casi humano, un abrazo argonauta de limitada coherencia
más allá de los jardines colgantes del verso milenario,
veinte versos de dolor acetileno
a los que todos le debimos, sin omisión,
el acorde ya catódico de los sueños pulsados.

[ 14 ]
Francisco Gálvez
CORTOMETRAJE COTIDIANO

De Gilda a El color púrpura

Primer plano del rostro de una mujer huyendo por un bosque.


Arrastra la corteza de un árbol milenario
y su piel se queda en la vegetación.
No sabe si resistirá
su cuerpo entre arbustos.
Camina sola,
nadie la ve,
y el día es luminoso.
Ella piensa en algún bosque donde quedarse un tiempo
y camina por una débil claridad.
Lleva la fuerza de la mirada
entre los muros: el rostro que huye
y otros ojos de mucho tiempo la siguen.

¿Llegará a tiempo al lago?

[ 15 ]
Cecilia Quílez

Del murmullo al silencio


Del fruto a la rama huérfana
Del granizo a la sed
Del arco al iris

De ti para nos
La palabra no sabe de medidas
Está en celo eternamente
Como una despiadada primavera

[ 16 ]
Miguel Mas
LA SOLEDAD DEL INSTANTE

No se deja pensar como un vacío,


y es ocioso creer que ocupa el centro,
la gravedad de un cruce de caminos,
para así darle un orden más perfecto:
al agua y no a la roca se aproxima,
porque en el agua es lo exterior reflejo,
rotas alas de un tiempo descompuesto
como barcas que van a la deriva,
pequeña reunión de astros sin luz
que giran desnortados a su orilla,
creyendo que entre tanta plenitud
nunca más ha de amanecer el día.

[ 17 ]
Alejandro Lérida
HOY OTRA VEZ ES AYER (CONSÚLTESE EL FUTURO)

Qué estúpido el presente cada vez


que recuerdas, ingenuo, bobo, torpe
–... ¡y mírate!–, el futuro
o la casa encendida
igual que tu memoria, el sol altivo sobre
la platanera,
y ves, brillando, goteante,
el jardín aún mojado, herido de belleza
por la lluvia, las gotas centinelas
como insectos quietísimos
sobre las imperiosas orquídeas japonesas,
o a Tanque, el bodeguero, cojín de Asia
entre los recios dientes, un pájaro de oro
entre sus babas persas, y llenándote
y llenándote con la melancolía…
o a Cartucho, en el claustro y el alero,
un loro verde y rojo hasta la destrucción
–¡tu novia es mía!, ¡ingenuo!, ¡bobo!, ¡torpe!–
o el amor, tras la puerta
que no olvidó tu llave...

Y ves de pronto, cuando llega Irene


–como quien lee la piel secreta de una carta
o aquel claro silencio de sus ojos azules
como primera vez de tantas cosas–,
que, iluso, impávido, insolente,
tú no hubieras sabido ser feliz
nunca sin estas cosas, recordando el futuro
–un cuadro clínico– que entonces te encantaba.

[ 18 ]
Juan José Vélez Otero
UBI SUNT

En esta ciudad no han cambiado mucho las cosas.


En esta ciudad se ha parado el tiempo, se ha parado la luz
como quedó parado el color en las fotos antiguas,
como quedó parado el silencio en el primer reloj que tuvimos de niños
y que ahora guardamos en el mismo cajón donde escondemos
los objetos varados del fracaso: las momias dormidas
de nuestros recuerdos fríos. En esta ciudad aún quedan tejados en ruina
donde crece el jaramago y anidan los vencejos. Esta tarde,
paseando por la plaza, oyendo cómo vuelven las cigüeñas,
me ha llegado la noticia.
Llegaba usted desde el norte,
y a menudo nos hablaba de sus pueblos de pizarra,
de los otoños de luz en las montañas verdes. Yo callaba en la clase
como mirando una diosa de aquellas mismas de las que usted hablaba
cuando explicaba Hesiodo, cuando explicaba a Ovidio,
las blancas ninfas de los poemas de Garcilaso, las mujeres fatales
de los poemas de Bécquer... Allí estaba usted, con su voz de Circe
hablándonos de sueños, de ascética monacal, hablándonos
de leyendas y de héroes, de siglos y batallas, de páramos nevados
y cumbres de ventisca, de los campos antiguos, de nobles y de reyes;
nos hablaba de gestas y trágicos amores, de cosas imposibles
que no eran de mi mundo. La amé en el silencio
de aquella clase sombría y apagada que usted llenaba de luz,
en la calidez y desolación de mis deseos, en el patio anunciante del estío
cuando estudiaba a la sombra de la parra vieja, en la mesa fría y triste de luz
de mi cuarto de invierno. Me he acercado al Instituto este sábado veinte
de febrero limpio en que terminan de florecer los almendros.
La fachada está igual, la misma puerta, el envejecido escalón de mármol blanco,

[ 19 ]
las mismas rejas herrumbrosas y las mismas ventanas por donde la luz entraba
en las lejanas tardes de octubre que olían a cuadernos amarillos,
a gomas de borrar de nata y fresa, a pupitre pobre de madera y tinta.
Todo está igual desde entonces, pero un sello de tiempo, intransitable y lóbrego,
oculta una verdad atroz y fría. Todo igual, menos usted que ya no está,
menos usted y yo, que ya no estamos; yo, en la soledad
de esta habitación donde recuerdo; usted, en el silencio
de su cementerio pequeñito y lóbrego de un pueblo entre montañas.
En esta ciudad no han cambiado mucho las cosas.
El tiempo se paró y yo me acomodé a la tristeza.
Por mi ventana miro, y veo el paseo ya a esta hora solitario
con sus moreras grandes y la rumorosa fuente que lleva años enteros
brotando del olvido. En esta ciudad no han cambiado mucho las cosas,
pero ha pasado el tiempo dejando en nosotros una pátina amarilla,
un aroma irrespirable a enredaderas mustias, el olor atufante y severo del fracaso.
Estoy triste y hablo solo. Es lo que pasa cuando uno está triste,
que habla consigo mismo. O con los muertos.
¿Ubi sunt, doña Blanca, dónde están, dónde están,
dónde están aquellos días?

[ 20 ]
Antonio Manilla
CASI UN ESPECTRO

La primera edad que se creó fue la de oro.


(…) Su primavera era eterma.
Ovidio

Su verde que en invierno,


contra la nieve, representa todo
el colorido en esta tierra fría,
es una voz que evoca
ensoñadoras gaitas, juventud,
ríos creciendo con la noche.

Verde sin aspavientos de los pinos


en soledad, presencia ausente y vestigial,
heraldo temerario:
primaveras que no se atreven a anunciarse
se encomiendan seguras
al latido perenne de tu fronda.

Más tarde te trasmutas invisible


en la sazón de todo, casi espectro
cuando arden en los brotes
los pájaros hambrientos de la luz,
iluminando el mundo.
Tan pura inexistencia silenciosa. .

Nadie mira los pinos en verano.

[ 21 ]
Pedro P. Sanz
RAZÓN DE LAS ISLAS

Como animal antiguo permanecen,


esperando el regreso del huido.
Forman un alfabeto
sobre las aguas, un lenguaje arcano
de voces primigenias.
Cerrar los ojos y ver sólo el mar,
parpadear y comenzar de cero
acariciando la espuma inocente
que mide sus orillas.
Fueron, calladas y pacientes,
puertos donde arribar desnudos.
Serán, andado el tiempo,
amantes generosas de cálido regazo
donde acunar la yerma incertidumbre.

[ 22 ]
Ballerina Vargas Tinajero
CORTEJO

Leyendo los cuentos de Leopoldo María Panero

Enciendo la luz del porche


Porque llevo un rato leyendo a oscuras
Con ojos cansados que intentan anclar
inútilmente
Los últimos rayos de luz fugitiva
A las páginas del libro

Al reclamo de la bombilla acuden


En silente romería
Un puñado de mosquitos
Cuatro polillas
Dos lagartijas
Y otros bichos anónimos

Y algo en el ambiente
Hace que me pregunte
Si es la luz quien los llama
La fuerza oscura la locura
De la palabra entreabierta en mi falda
O el olor a muerto

[ 23 ]
Benito del Pliego
NOTAS SOBRE UNA AGENDA EXTEMPORÁNEA

19 de febrero

Proyectos de continuidad: frutos de un esfuerzo lleno de oes; rotten en inglés


significa raíz.

Recuperar el deseo de cavar, de adentrarse en ella, de basar.

Pero esto también es señal que avista lo que Yo quiso alcanzar, la huida.

Que le sobrepase lo que le tenga que pasar.

23 de febrero

Debiera haberte servido de aviso: no hay calma, la inestabilidad es el refugio; la


plaga mató 72 gallinas y 53 conejos, se agrió tu vino, el agua se llevó los puentes; se
te descosió la suela, tu dios es ídolo de una religión horrenda; habitas la tierra que
anhela un cierto señor. Olvidaste la norma: este rey gira y no suelta la espada para
comer ni vomitar, ni para condenar ni dar las gracias.

Lo que se muere en ti es más pequeño que un roble, menos que las manzanas que
se come el pájaro. Veleta, tu zozobra es camino para el viento.

16-18 de marzo

“En el transcurso de un segundo canta el mundo” Oí decir, con voz de eternidad,


en la estancia de la abuela. Se escucha su discurso en la casa comunal, que es la casa
del decir.

[ 24 ]
Desdentada como un olivo, inmóvil; algún fuego tuvo que tener, porque se ríe y
cuenta, algo sabe aún. Con todos habla por igual, viva o muerta.

En la pared de la cocina, en el espejo de las cataratas, en su obsesiva obesidad.


También se encuentra allí la soledad de quien os habla.

23 de marzo
Impredecible intento. Lleno de tormentas que arrasan. En la hoja del huracán veo
casas y tiendas, restaurantes, y ropa de menaje.

Yo mismo giro, aspirado por su poder, surfista o sufí, junto al misterio sacrificado y
el pollo de la amistad.

Qué gire también la estrangulación, donde quiera que aterrice algún claro quedará:
mi advenimiento.

Sevilla, 24 de octubre (2006)

¿Qué hacer con este cúmulo de escombreras? No sé cómo otros, ladrillo a ladrillo,
alzan su torre. El adobe apenas se eleva. De las cigüeñas, la condecoración de su
excremento.

Algunos me dicen: muy fría, no encuentro voz que la haga tuya.

Es cierto, apenas cambia. ¿has visto con qué afán alejan las hormigas la arena
del nido? Por más que lo subo, el termostato no cambia. Dice Allison que nevó.
Deberían hacer un viaje a las montañas.

Si recogiésemos los huesecillos desperdigados por las cunetas podríamos crear


otra escala desde la que contemplar el mundo. ¿Qué forma tendrían desde allí estas
palabras?

[ 25 ]
Sandra Sánchez
DELIRIUM TREMENS

Creo que necesito un trago.


Casi todos lo necesitan, solo que no lo saben.
Charles Bukowski

Tengo la mala costumbre


de emborracharme cada noche
con brebajes de poemas;
de sacarle tajada a las metáforas
hasta la ebriedad más absoluta;
de beberme, sediento y sin medida
las palabras compuestas
–como si no fueran aguardiente–
Me gusta darle tragos largos
a la sílaba tónica mezclada
con ginebra y contemplar
el diptongo de los hielos
derretirse.
A veces trastabillo entre renglones
la torpeza temblorosa de mis manos
y al destello refulgente del morfema,
mis ojos enrojecen.
Y es entonces cuando escondo
mi rostro avergonzado
al abrigo de la hache intercalada
del alcohol.

Sé que no hay remedio,


que no soy más que
un remedo de mí mismo.

Y soy un borracho, sí, lo reconozco,


un borracho que está siempre

[ 26 ]
con la misma cantinela de intentar
dejar atrás un pronombre personal
sin conseguirlo;
pero soy también,
–no se te olvide–
uno de esos que a pesar
de lo que pase o lo que no,
siempre ven el verso medio lleno.

[ 27 ]
Verónica Aranda
LATITUDES ATLÁNTICAS

Esta es una ciudad donde el deseo


ha anidado en las anclas.
Hay una culpa antigua que expiamos
en salones de té donde es posible
construir territorios de silencio y berilo.

Se fue el transbordador de media tarde,


pero el humo azulado da paso a una memoria
cimentada en el gesto de empezar crucigramas.
Memoria huidiza, frágil
de los hombres que vienen a olvidar.

Aquí el miedo circunda unos posos de té.


Latitudes atlánticas
donde no renunciamos al abismo.

[ 28 ]
Efi Cubero
ECUACIÓN

Una ecuación forjada en la armonía.


y en la incredulidad
me acerca a este recinto inagotable
que crece con los años y a la vez
se adelgaza.
Orgánica y secreta, esta naturaleza
de las cosas, la de mi propio yo,
todo ceguera,
lo que no impide a veces que vislumbre
la verdad constatada
de esta iluminación que nunca obtuve.

[ 29 ]
Ernesto Pérez Zúñiga

Me pregunto si es el muerto que habita el comedor


el que afila la rabia,
el que me hace mirarla como si no viera más que un telón
infranqueable,
y no sus ojos tristísimos que me desesperan de impotencia,
como si la nieve pudiera rehacerse después de derretida
o alzar un muro duradero con un resto de viento.
El amor es así, aire
firme.
Ocupa el hueco de un árbol vacío.
Me asomo
a quien vive dentro.
Quién habita la madrugada.
Es el tejón que acapara cortezas.
Es la garduña que secuestra los cachorros del topo.
Es la niña envuelta en un abrigo de sombra.
Hace frío, ¿verdad? También yo lo tengo.
Déjame hacer un ciervo de luz, prender las ramas.
Seré otro árbol en ti.
Las raíces buscan el infinito contigo.

[ 30 ]
José Carlos Rosales
EL SÓTANO

Estarás en el sótano y abrirás una puerta,


mirarás lo que hay
y hay un espejo con un marco de plástico,
espejo ladeado, vertical,
parece un vagabundo en miniatura,
un náufrago perdido en un mar de azulejos,
los azulejos son morados, deberían ser azules,
miras los azulejos
y miras el goteo
(ploc-ploc),
de la cisterna
y el lavabo sin grifo, grifo roto,
y escuchas los murmullos que no son de la calle,
en la calle no hay nadie,
conversaciones y murmullos
(ploc-ploc, ploc),
estamos en agosto y los murmullos
vienen del otro lado, suenan tras un tabique
tan endeble que puede
ser abatido de un plumazo,
el golpe de una pluma,
la de un pájaro ciego
(ploc-ploc, ploc-ploc),
miras los azulejos
y la luz que podría quebrarse sin aviso,
y el ventanuco ínfimo que nunca se limpió,
conversaciones y murmullos, balbuceos,
la voz débil que asiente, monosílabos
(sí…, sí…, ploc-ploc),

[ 31 ]
y escuchas la gotera
y el tono monocorde del que impone su ley,
sumisión o silencio, subsidio y obediencia,
harás lo que te digo, piénsalo, tú verás,
miras el techo que está roto,
miras la puerta que no tiene pestillo,
notas la dejadez del mundo
mientras el agua fluye
(gluc-gluc, gluc-gluc),
mientras el agua fluye y trasborda con fuerza
desechos, lo que sobra,
lo que sobra va siempre de sumidero en sumidero,
desagüe, alcantarilla, los deshechos del mundo
no gozan de atención o cortesía,
el agua se los lleva, aunque a veces el agua
no consiga llevarse tanta mugre,
todo se ha vuelto mugre, y también tú podrías
convertirte en basura, te volverás basura
si llevas la contraria, por eso estás aquí
mirándote la cara en el espejo ladeado
escuchando amenazas, una voz que dimite,
(sí…, sí…, ploc-ploc,
gluc-gluc, ploc,
ploc-ploc, sí…,
sí…, sí…, no sé…),
todo tiene su ruido:
rumor de cañerías, cervezas apiladas,
un calendario antiguo o anacrónico,
las escaleras empinadas que empiezas a escalar,
subir las escaleras,
apoyarte en un pie para mover el otro,
y arrastrar tu cansancio,
y bajar o subir al tiempo que te llega
la voz entrecortada, una voz sometida,
la voz de una mujer, la voz vejada
del que no tuvo nunca
salida, escapatoria:
haré lo que me dices, no volverá a ocurrir,
será como tú digas, tú llevas la razón.

[ 32 ]
Jesús Beades
DONDE DESACONSEJA LA FELICIDAD DOMÉSTICA

Y yo, que no soy más


–rebosando humildad, como verás–
que un poeta menor que ganó un premio,
apenas conocido por el gremio,
de formación escasa,
que adeuda coche y casa,
católico según los suplementos,
de pecados baratos -y sin cuento-,
guitarrista de rock los fines de semana,
y de lunes a viernes, currante con desgana,

sin embargo, la vida va, y me acosa


con la felicidad más vergonzosa:

es un agotador, constante,
ruidoso, bullicioso, exasperante
(escribir adjetivos, sí que escribo)
montón de gozo concentrado y vivo,
que me espera chillando cuando asomo
por la puerta de casa, y me desplomo
intuyendo la cena de aromas deliciosos,
en medio de juguetes y besos pegajosos.

No merece la pena, compañeros.


Os lo digo con ánimo sincero
y ninguna ironía:
que así no hay quien escriba una elegía
ni pose, melancólico y profundo,
para una foto de El Cultural de El Mundo.

[ 33 ]
Ezequiel Zaidenwerg
MARABUNTA

Marabunta de Dios, puñal de sol,


que rasgás todo con tu punta y sal-
picás de sal y miel, como un narval
del aire, tengo sed.
Dame tu alcohol,
enredame otra vez, abrí el verano,
si sabés, porque sí. Ciclón de arena,
que hacés pasar tu enjambre por mi vena,
dame hambre, haceme cabalgar en vano
si amerita. Yo creo.
Marabunta
de dos, que sos deseo que despunta
el día, se hace peste cuando obra
y más, en su porfía, si zozobra:

yo también soy fugaz y en marcha, y pido


de vos la paz de ser mi propio nido.

[ 34 ]
José de María Romero Barea
UN MÍNIMO DE RACIONALIDAD UN MÁXIMO DE ESPERANZA

XVII

i
Esta tarde
no quiero hablar de otras
pasadas o futuras
sino de esta
edición
facsímil del tedio
cuidada
despojada
de erratas

ii
El entramado
los personajes
las anécdotas

Lo mismo
los monto que los desmonto
con el raro orgullo
de lo nunca empezado
(ni por lo tanto
acabado)

con la solidez
que comunica el trabajo
no realizado frente a lo tangible

[ 35 ]
Isabel Cadenas Cañón
OCIO (VII)

A una ciudad a un cuerpo a veces se regresa.

Habías medido los pasos hasta aquí


—nunca es casual llegar a un país armado de banderas.
Habías trazado el recorrido
esperabas
la misma extrañeza en el cielo
llamar a un timbre y saber que ninguna puerta va a abrirse
automáticamente doblar hacia el café de su esquina
hasta esta noche esperabas
y está todo exacto, ahí fuera, en su lugar

tú no.

Entonces el barrio terminaba aquí.


No había nada más allá de esta iglesia
que ahora podría ser cualquiera

Entonces, el barrio, terminaba aquí -te repites pero ni así logras


convocar un ritual doméstico
una revelación mínima para esta boca de metro
que tantas veces fue huida
y ahora sin embargo
has cruzado
despacio
o deprisa
no sé
como si nada.

Es mentira. Los lugares no tienen memoria.

[ 36 ]
Fabio Morábito
DOS POEMAS

HAY ÁRBOLES que nacen para bosque


y otros que son un bosque sin saberlo.
El árbol ignora el bosque
y el bosque tal vez ignora el árbol,
lo único que sabemos es la raíz que escarba
y la rama que también escarba,
una en su cielo de barro,
la otra en su cielo de nube.
La vida es escarbar y a cada cual su cielo.

ESCRIBO prosa mientras junto


valor para los versos,
escribo prosa para que los versos
se escriban casi solos,
escribo prosa mientras pienso
en la tristeza de los surcos.

Cuánta prosa para juntar


valor para los versos,
cuantas palabras
hasta el final de cada línea
para atreverme a romper filas,
lanzándome al desierto.

[ 37 ]
Victoria Guerrero Peirano
VISIÓN DEL SURFISTA

Los surfistas ingresan al mar


No tienen miedo de la tenebrosa Ola
Se zambullen y chapotean supersónicos de felicidad

Toda mi vida he vivido al borde del acantilado


Allí se surfea siempre al lado del tiempo
mientras el aliento del mar se hunde entre sábanas frías

Pero siempre queda uno en la orilla


Uno que canta a media voz
Me sonríe y le sonrío
Y enseguida desaparece entre las aguas espumosas

Quién sabe si en su ascenso nos volvamos a encontrar

[ 38 ]
Rocío Cerón
CINCO MOVIMIENTOS EN UN GESTO DE AIRE

12:56
Sobre pliegues la edad, curso de tiempo que anticipa: la vida, lo
que se estabiliza, lo que se desestabiliza (en la contracción ya se
anuncia una historia, realidad que será ficción: ficción plegada a
piel/ a pulso). El lugar del muslo, un nudo donde se guarda una
constelación, universo donde se cierne toda la vestidura de la
epidermis. Cantata.
Lunar, sinfonía de lunares en brazo izquierdo.
Partitura de signos donde se craquela la fe. Gesto y roce donde
los cuerpos se amparan mutuamente.

13:07
El contorno de la espalda, la llama de las sombras donde se
guarda una caricia. Cuerpo con memoria, con cada dedo
(sentidos del otro en cuerpo ajeno) el contorno relata la
curvatura propia. Enunciar desde la proximidad la nomenclatura
del deseo. Canciones, murmullos, los senderos que se establecen
entre las grietas de las corvas. Hendiduras de tiempo, inclinación
gestual donde se precipita la muerte. Huecos, musculatura, grasa
en cráteres entre los huesos y la nervadura sanguínea que se
niega a hablar: sílabas etéreas –susurro–: el sonido /torcedura/
de cada pliegue.

13:28
La circularidad de un pensamiento. Lo que el cuerpo acarrea en
las venas (metáfora). Lo líquido de las bahías y cauces interiores.
¿Se esconde entre las corvas? Mirada perdida en horizonte

[ 39 ]
exacto: liquen. Fragilidad de la costa en un punto ciego. Atajo o
viento que cubre el vuelo de cierta palabra. La mano cruza, toca
el rostro apenas, apuntando hacia el sitio donde hay murmullos,
sólo murmullos. La exactitud de un balbuceo interior donde la
manera verdadera de las voces del padre se acumulan detrás del
oído izquierdo. La blancura de la mano de Eudora, que recorre
los contornos de un elefante imaginario. Y esa sonrisa, esa media
sonrisa de la comisura de su boca.

13:40
Se confunden el surco donde los cardos han dejado marcas.
Rebalse. Cardumen de peces agitándose entre piernas. Ebullición
de sangre en ramificaciones. Abrasiva. La marcha sobre el muslo
se expande. Cada centímetro es inicio. Toda división, inexacta.
Rebalse. Las hojas de los árboles caían encima de sus hombros.
Entonces callaba el mundo.

13:53
La irregularidad de la postura, los pesos del cuerpo se acomodan
dependiendo de la vulnerabilidad. Cada herida sobrepasa y
extiende un aura. Contrapesos. La sensibilidad del ombligo;
el recuerdo del vientre, la acuosidad de la palabra madre. Los
pesos restituyen el fracaso de la mente. En silencio se acomodan
pliegues, hendiduras, estancias. Rebalse.
Granito y tabaco sobresalen. Paisaje. Manos
anudan en el aire una sonata —cuando el viaje instituye el
horizonte, el tiempo gravita sobre el ojo. Liquen. Mata de
arbustos, desierto donde se agrietan los labios por no decir tu
nombre.

[ 40 ]
Constantino Molina
CUATRO POETAS

En la fría mañana de diciembre


cuatro poetas viajan a Madrid.
Les aguardan asuntos literarios
y durante el trayecto,
mientras uno conduce,
los cuatro en compañía
charlan sobre el estado de la lírica.
A más de cien kilómetros por hora
comentan impresiones sobre el libro
de un destacado autor.
Sobre la aparición
de un nuevo premio en nada desdeñable.
Sobre el estrecho vínculo
que guardan entre sí
distanciamiento crítico
y calidad artística.
También hablan del último amorío
que un anciano editor mantiene oculto
con un joven poeta de provincias.
Les aguardan asuntos literarios
y viajan a Madrid.
Fuera del automóvil
la escarcha se derrite en los bancales,
el sol dora las alas de los cuervos
y la poesía viaja,
a más de mil kilómetros por hora,
en dirección contraria a sus asuntos.

[ 41 ]
Chus Pato

BERCE

Só por eles detés a marcha


polos paxaros
pola graza dos seus pasos e o dobre plano de sombra
do seu desdobramento
É a viaxe da luz cara a súa eclipse
ollo dentro e fóra
na súa máxima atención
aberto ao lume

Ti
máis antiga que as areas de Gizeh
onde a retina vibra
e o brote de herba

antes da primeira emanación


antes do primeiro golpe de voz

(non o sabes)

e aínda os liques
os mofos
a altura dos álamos

[ 42 ]
CUNA

Solo por ellos detienes la marcha


por los pájaros
por la gracia de sus pasos y el doble plano de sombra
de su desdoblamiento
Es el viaje de la luz hacia su eclipse
ojo dentro y fuera
en su máxima atención
abierto a la lumbre

Tu
más antigua que las arenas de Gizeh
donde la retina vibra
y el brote de hierba

antes de la primera emanación


antes del primer golpe de voz

(no lo sabes)

y aún los líquenes


los musgos
la altura de los álamos

(Traducción de Ana Gorría)

[ 43 ]
Enrique Baltanás
EL HILO DE LA VIDA

¿De qué depende el hilo de la vida?


De diez minutos más en la ambulancia.
Del alcohol inexperto y barato
que una noche de viernes se estrella contra ti.

O de que el cirujano
o la enfermera o el anestesista
no logren ese día la atención o el acierto
que su currículo muestra que poseen
sin género de dudas.

De que alguna molécula,


que alguna proteína,
algún extraño nombre bioquímico
se subleven en contra de su dueño.

De que en el cálculo
frío de probabilidades
decida la estadística que tú eres su cifra.

Pero este falso azar no es un azar,


son los rasgos inciertos con que escribe el destino.

[ 44 ]
Miguel Floriano
TODO ES LEJANÍA

Es la vida, en efecto, como un viaje.


Xaime Martínez

Al suave y melancólico compás


de los paisajes sucediéndose,
se comprende que todo es lejanía.

Porque todo muere si se aparta de los ojos.


Porque todo recuerdo es tacto ciego,
vasallo de una sombra suplicante.

¿Y de qué lugar, o acaso


de qué palabra, de qué instante, de qué cuerpo
estamos lejos siempre? ¿Qué paloma
es la que sobrevive en lo remoto?

Visita el viento un último horizonte.


Ya vuela transitoria la distancia.

[ 45 ]
Pedro Serrano
BERWICK

Se levanta una polvareda de pájaros


en el campo apenas resembrado.
Rastrean el alimento, orbitan en un presente
subyugado. Firman parábolas y planos curvos,
picotean. En el codo de la colina
se asienta el pueblo. Planea
sobre el brazo de mar que lo acuna.
Da de comer a las gaviotas y a los perros.
Mira hacia el otro lado como si esperara
años de invasión. Una fila de árboles bajos,
como corderos, otean el horizonte.
Las ovejas en cambio echan raíces
y brotan algodonales
en apretadas frondas blancas.
Las vacas son cuajos pardos en los pastizales.
Aquí atracaron las olas de la latinidad y la germanía.
Abajo pasa el Tweed, nadan los cisnes
como si cualquier cosa desde siempre.

[ 46 ]
Chantal Maillard
EL MOLUSCO

En la articulación-sutura
el habla.
El habla entre. Entre
dos. Las
valvas del molusco
que eran ambos cuando
entonces
no era necesaria.
El habla.

Que ahora compulsiva


a solas
traspasa la frontera
de los labios :
– Excusez-moi, je parlais tout seul...
Hablaba solo perdóneme
le he inducido a equí
voco.

Es
el sonido de la concha
vacía
cerrándose en el piélago.

[ 47 ]
Petrarca.
Describe la vida humana con múltiples figuras

TRADUCCIÓN Y NOTA DE FRANCISCO SOCAS

EL PETRARCA MÁS AMARGO

Un día otoñal del otoño de su vida, acaso el 29 de noviembre del año 1370, el poeta
Francesco Petrarca dirige al humanista paduano Lombardo della Seta una carta de
extravagante estilo. Están ausentes en ella los precisos y armónicos periodos cice-
ronianos de otras epístolas e invade el papel un insistente cúmulo de tropos donde
el símil y el oxímoron reinan a partes iguales. Para decir lo que es la vida humana
algún filósofo antiguo había usado unas pocas de estas nociones, y autores cristianos
manejaron con frecuencia muchas otras, e incluso más pavorosas, pero ninguno
las soltó así en catarata ni alzó nunca semejante montón como recordatorio de su
melancolía1.

Vitam humanam per multiplices figuras describit.

Videtur quidem mihi vita haec


dura quaedam area laborum,
palaestra discriminum, scaena fallaciarum,
labyrinthus errorum, circulatorum ludus,
desertum horribile, limosa palus,
senticulosa regio, vallis hispida,
mons praeruptus, caligantes spelunce,
habitatio ferarum, terra infelix,
campus lapidosus, vepricosum nemus,
pratum herbidum plenumque serpentibus,
florens hortus ac sterilis, fons curarum,
fluvius lacrimarum, mare miseriarum,
quies anxia, labor inefficax,
conatus irritus, grata phrenesis,
pondus infaustum, dulce virus,
degener metus, inconsulta securitas,
1 El pasaje se halla en las Epystole Seniles (XI 11). Lo presentamos según la edición de Ugo Dotti y Felicita Audisio (Milán,
2007, t. II, pp. 1395-99), aunque se ha dado aire clásico a las grafías medievales. La versión de Francisco Socas es parte del
Epistolario completo de Petrarca que aparecerá próximamente en la editorial Acantilado de Barcelona.

[ 48 ]
Describe la vida humana con múltiples figuras

Esta vida sin duda me parece


algo así como dura pista de fatigas,
palestra de peligros, teatro de engaños,
laberinto de errores, broma de bufones,
desierto espantoso, charca fangosa,
comarca de abrojos, valle de matorrales,
montaña abrupta, cueva tenebrosa,
cubil de fieras, suelo improductivo,
campo pedregoso, bosque de zarzales,
prado de verde hierba lleno de serpientes,
jardín florido pero estéril, manantial de cuidados,
arroyo de lágrimas, mar de miserias,
trabajoso descanso, esfuerzo inútil,
empeño vano, grata locura,
peso siniestro, dulce veneno,
miedo cobarde, descuido irreflexivo,

[ 49 ]
vana spes, ficta fabula,
falsa laetitia, verus dolor,
risus inconditus. fletus inutilis,
inane suspirium, confusus ordo,
tumultuosa confusio, trepidatio turbulenta,
soliciludo perpetua, insomnis inertia,
inops copia, dives inopia,
imbecilla potentia, tremulae vires,
aegra sanitas, iugis morbus,
gemina aegritudo, pulchra deformitas,
honor inglorius, infames tituli,
ridiculus ambitus, ima elatio,
excellentia fictilis, humilis altitudo,
fusca claritas, ignota nobilitas,
pertusus sacculus, vas rimosum,
specus inexplebile, cupidilas infinita,
damnosum desiderium, luxus hydropicus,
sitis insatiabilis, aridum fastidium,
famelica nausea, ventosa prosperitas,
querula semper adversitas, viror transitorius,
flos caducus, amcenitas labilis, fugax forma,
moestum gaudium, amara dulcedo,
voluptas aculeosa, stulta sapientia,
caeca prudentia, tetra domus,
breve diversorium, foedus carcer,
sine gubernaculo navigatio, sine baculo senectus,
sine freno iuventus, sine duce caecitas,
iter lubricum, tecta fovea,
latens praecipitrum, silens lima,
tenax viscus, operti laquei,
abdita retia, inescati hami,
sentes asperi, lappae haerentes,
tribuli acuti, scopuli rigentes,
venti rapidi, fluctus impetuosi,
atri turbines, horrisonae tempestates,
procellosum pelagus, vadosa litora,
anceps portus, exarmata navis,
immane naufragium, officina scelerum,
sentina libidinum, caminus irarum,
puteus odiorum, catena consuetudinum,
Sirenum cantus, Circaea pocula,
mundi vincula, rerum unci,
conscientiae morsus, poenitentiae stimuli,

[ 50 ]
vana esperanza, fábula inventada,
falsa alegría, verdadero dolor,
risa sin tino, llanto inútil,
suspiro huero, orden confuso,
tumultuosa mezcolanza, turbulento temblor,
angustia continua, diligente pereza,
pobre abundancia, rica carencia,
impotente poderío, fuerzas temblorosas,
enfermiza salud, dolencia incurable,
enfermedad doblada, hermosa fealdad,
honra sin gloria, títulos deshonrosos,
ridícula ambición, orgullosa bajeza,
excelencia vulgar, humilde grandeza,
oscura claridad, oculta fama,
bolsa agujereada, vaso agrietado,
bodega inagotable, ansias infinitas,
perjudicial deseo, hidrópico esplendor,
sed insaciable, árido hastío,
hambrientas náuseas, vana prosperidad,
adversidad siempre quejosa, verdor transitorio,
flor caduca, gracia perecedera, belleza fugaz,
triste alegría, amarga dulzura,
placer punzante, necia sabiduría,
ciega previsión, tétrica morada,
breve albergue, fea cárcel,
navío sin rumbo, anciano sin bastón,
mocedad sin freno, ciego sin lazarillo,
camino resbaloso, trampa tapada,
precipicio invisible, lima callada,
liga pegajosa, lazos ocultos,
redes escondidas, cebo de anzuelo,
ásperos abrojos, pegajosos lampazos,
agudos espinos, duros escollos,
vientos furiosos, olas impetuosas,
negras tormentas, horrísonas tempestades,
mar proceloso, riberas borrascosas,
puerto inseguro, nave desarbolada,
descomunal naufragio, taller de crímenes,
sentina de pasiones, fragua de enojos,
pozo de odios, rutinas que encadenan,
canto de las Sirenas, pócimas de Circe,
ataduras mundanales, garfios de los negocios,
mordiscos de la conciencia, aguijonazos contritos,

[ 51 ]
peccatorum incendia, putre aedificium,
fundamentum fragile, muri hiantes, tecta labentia,
prolixa brevitas, latae angustiae,
calles inexplicabiles, passus impliciti,
circulorum motus, statio instabilis,
rota volubilis, manens cursus,
scabra levitas, scrupulosa suavitas,
blanda crudelitas, dolosce blanditiae,
fallax amicitia, concors discordia,
foedifragae induciae, bellum inexorabile,
pax inflda, simulata virtus, excusata nequitia,
laudata fraus, honoratum dedecus,
irrisa simplicitas, et contempta fides,
nugae seriae, ingeniosa dementia,
loquax torpor, velata ignorantia,
opinio scientiae tumida, scientia vero nulla,
querelarum suspiria, contenlionum slrepitus,
vulgi fragor, obliviosa peregrinatio,
patriae odium, amor exilii,
lemurum civitas atque larvarum,
daemonum regnum, Luciferi principatus
(sic enim Principem mundi huius Veritas vocat),
vita demum mendax et exanimis,
spirans mors, segnis incuriositas sui ipsius,
inutilium cura, apparendi studium,
supervacui appetitus,
operosus vermium apparatus,
viventium infernus
et vivorum corporum divites exequiae,
longum funus, pomposa vanitas,
laboriosa militia, periculosa tentatio,
superba miseria, miseranda felicitas.

[ 52 ]
llamas del pecado, edificio destartalado,
frágil cimiento, muros rajados, techos hundidos,
ancha estrechura, estrecha anchura,
sendas intrincadas, vuelta sobre los propios pasos,
rodeos y merodeos, parada inestable,
rueda tornadiza, carrera detenida,
rugosa lisura, áspera suavidad,
blanda fiereza, engañosos halagos,
falsa amistad, discorde acuerdo,
tregua sin garantías, guerra implacable,
paz incierta, virtud fingida, maliciosa disculpa,
estafa aplaudida, deshonra gloriosa,
sencillez ridiculizada y lealtad burlada,
graves frivolidades, ingeniosa locura,
torpeza parlanchina, encubierta ignorancia,
engreída fama de saber sin saber nada,
suspiros de quejas, clamor de pleitos,
gritos vulgares, un viaje para olvidar,
odio a la patria y amor al destierro,
república de vampiros y fantasmas,
reino de demonios, imperio de Lucifer
(que así llama la Verdad al Príncipe de este Mundo),
en fin, una existencia aparente y sin alma,
muerte viva, perezoso descuido de sí mismo
y ansia de futilidades, afán de aparentar,
apetito de lo superfluo,
elaborado banquete de gusanos,
infierno de los vivos
y lujoso entierro de sus cuerpos,
funeral interminable, solemne vanidad,
esforzada milicia, comprometida prueba,
orgullosa miseria, ventura lamentable.

[ 53 ]
José Luis Parra, henchida soledad

SUSANA BENET

Es difícil hablar de un poeta que ya no está –José Luis Parra Fernández falleció en
el 2012– y de quien estuve tan cerca durante años. Creo que el mejor modo es hacer
un recorrido por su poesía, en la que se revela su propia vida, la trayectoria de un
hombre independiente que se formó a sí mismo como poeta, porque desde muy
joven tuvo claro cuál era su vocación. No finalizó sus estudios de Magisterio ni los
de Graduado Social. Trabajó en una editorial valenciana dirigida por Víctor Orenga,
sin llegar a pertenecer a ella de forma permanente. Pasó algunos veranos en Lloret
de Mar, trabajando en un establecimiento de perritos calientes para costearse sus
gastos y viajar por la península, subiendo y bajando de los trenes hasta agotar su
presupuesto e incluso, a veces, su salud. En una ocasión, ya sin recursos, tuvo que
regresar andando a Valencia alimentándose de lo que podía encontrar en los cam-
pos. Alguna noche la pasó cubriéndose con cartones en compañía de los sin techo.
También deambuló por las Ramblas de Barcelona, protegido por un indigente que
compartió con él su vino y su humilde vivienda. Era un hombre siempre de paso,
una persona desarraigada que apreciaba sobre todo su independencia. Solamente
una vez, a lo largo de su vida, residió de forma permanente en otra ciudad, Murcia,
donde fue empleado de una compañía de seguros durante trece años. Su admiración
por esa ciudad se percibe en estos versos: “Todos los días / –o casi todos– / esta
ciudad escribe / con sol / la más espléndida literatura.”
Poeta rebelde, que elaboró su propio estilo leyendo a innumerables autores y creó
su propio personaje: un tipo solitario que bebe en los bares. Un hombre enamorado
de la vida y, al mismo tiempo, atormentado por la culpa. Tras dejar su empleo en
Murcia, de forma voluntaria, escribe en su poema “Jubilación anticipada”: “Ya tienes
todo el tiempo / para sentir cómo se apaga el tiempo. / No hay magia en la penum-
bra. / Sólo curiosidad, algún vago temor / y dientes apretados.”
Aunque frecuentó ambientes literarios, no perteneció a ningún grupo ni a ningu-
na de las llamadas “generaciones”. Únicamente participó en el Primer Certamen Li-
terario de Mislata, siendo premiado con su libro: Más lisonjero me vi, con el que inició
una larga trayectoria que concluyó con el libro Inclinándome, publicado poco antes de
su fallecimiento en la editorial Pre-Textos, al igual que los tres títulos anteriores (Los
dones suficientes, Tiempo de renuncia y De la frontera).
Anteriormente, obsesionado por la salud de su madre, escribió su segundo poe-
mario: Un hacha para el hielo (Ediciones de la Guerra-Café Malvarrosa, 1994) en cuyos

[ 54 ]
versos describe el temor y la gran tristeza que para él significó la pérdida de la figura
central de su existencia. En este libro breve y rotundo, prologado por el poeta Marc
Granell, y dedicado a María Fernández Campos In memoriam, el poeta trata de con-
jurar el espanto de lo inevitable:

VIII

Nerviosamente labraré
con manos temblorosas por el miedo, un arma,
un arma y a la vez un amuleto
que aleje los fantasmas del futuro
vivido con espanto cada día.

Y dejaré fluir un cántico salvaje


que no reclama eternidad ni salvación pretende:

escudo que atenúe los zarpazos de la bestia,


hacha de piedra
para el mar helado que nos devora dentro.

Ese profundo afecto que sentía por su madre, el terrible golpe que supuso su
pérdida, aparece en cada uno de sus libros, asomando como una luz añorada o como
la sombra de una ausencia. Ya la casa familiar no es la misma. Por ella deambula el
frío y el desvalimiento de quienes quedaron atrás. El padre y tres hijos solteros.
El abandono y la desidia van apoderándose no solo de la atmósfera doméstica,
sino también de sus habitantes. En el libro Los dones suficientes el poeta describe con
todo lujo de detalles cómo la casa se va convirtiendo en madriguera, tal como la
muestra en estos versos: “Todo es cuestión de tiempo, y esta casa / que ha sido la
humilde obra de tu vida / la afirmación de tu coraje, será la madriguera, / la guarida,
/ leonera de libros, papeles y abandono, / de los que indignamente quizás han deci-
dido / vivir, sobrevivirte.”
Ni siquiera el amor correspondido logra aliviar la gran desesperanza que marca
su existencia. Por eso lo condena de antemano, no es capaz de entregarse a esa
certeza. Su visión del amor es pesimista, incluso en los instantes de mayor vértigo y
esplendor. “También nuestro amor pasará. Mientras digo te quiero / ya se aprestan
la injuria, los celos, el reproche, / y la gris procesión de costumbre y hastío / inicia
su desfile.” Por eso elige la soledad, el desarraigo, el engañoso refugio del alcohol y
la vana compañía de las conversaciones de bar. Es allí donde Parra brilla con su in-
genio, su humor, su intrepidez, su amena conversación. Conoce bien el cine, y como
Ray Millan en el film “Días sin huella” (que tanto admira), recita sus versos arreba-
tado por la euforia de las copas. Porque Parra, a pesar de ser un solitario, rebosa de
amor por la vida y se siente acompañado por sus fantasmas.

[ 55 ]
[…] Mis fantasmas
sólo hablan de la vida,
y su alegría en mi alegría se funde y se entrelaza
dando frescura al corazón, henchida soledad,
belleza para siempre.

En “Jornada en un bar” describe minuciosamente cómo la luz de la cerveza que


“ilumina vísceras, glándulas y huesos”, se va apagando a medida que transcurren las
horas y avanza la sombra arrastrando consigo la culpa y el remordimiento, temas
recurrentes en su poesía.

He visto cómo se resecan y endurecen las tortillas,


cómo actúan, secretas, las bacterias,
fermentando las salsas, cómo se descomponen
las tapas lentamente, en su urna de cristal…

Qué viejo y arrugado yace –ahora


lo estoy viendo– el diario
de la mañana,
abandonado en un rincón, manchado
y lleno de noticias atrasadas.
He visto cómo sube
la araña cenicienta del día consumido
por los ladrillos taciturnos de la casa de enfrente.

Y aquí sigo, aquí sigo


paralizado.

Estoy viendo subir remordimientos,


arcadas, nuevas culpas…

Estoy viendo subir, rauda, la sombra.

Amante de las mañanas, Parra presiente en la luz un anuncio de felicidad. Es


la luz liberadora, que cauteriza las heridas de la culpa. “De pronto, en la cocina, /
preparando el café del desayuno, / qué lanzada de sol me cauteriza. / ¡Absolución!”.
Hay un continuo canto a las mañanas, a los pájaros, a los árboles, al gozo de sentirse
vivo. La luz se convierte en esperanza de reencuentro con los que ya no están. “Tan
fácil la resurrección parece, / tan sencilla, / en mañanas como ésta con aura de
prodigio…”, en fuerza irreprimible, en “perro leonado”, fiel compañero de juegos y
aventuras en una lejana terraza bajo el prodigioso cielo de la infancia. Hay un deses-
perado canto al placer efímero. “El mundo es un desastre, pero el día / ah día, / está
clamando eternidad.” Pero esa claridad tan amada, tan prometedora, se transforma

[ 56 ]
inevitablemente en sombra, en temor y decepción. “Nada, nada / en mi vida llegó
a su hora justa: / muertes anticipadas por el miedo, / impuntuales citas, demoras
humillantes / cuando el vigor del cuerpo joven, con más ferocidad, / precisos cum-
plimientos reclamaba”. Tal vez la culpa que más le mortifica y le persigue es no haber
sabido “…erigir / los sólidos cimientos / de una vida habitable”.
Sin embargo, y por duro que sea el presente, logra teñir de humor los momentos
menos favorables, como en su celebrado poema “Esperando a Bárbara”, en el que
un joven enamorado contempla pasar el tiempo sin que su amada acuda a la cita,
concluyendo con estos versos que resumen su fracaso: “Pero no desesperes, con la
curda indecente / que arrastras, ya ni la mismísima / Bárbara / sería solución, des-
pués de todo.”
Poseedor de una amplísima cultura literaria, familiarizado con innumerables poe-
tas, algunos casi desconocidos en nuestro país, Parra escribe de manera incansa-
ble, en cualquier parte, sobre cualquier pedazo de papel, muchas veces de memoria
mientras camina. Escribe sobre sus temas predilectos: las pérdidas, los remordimien-
tos unidos a una alegría que apenas sabe manejar. “Ay, poderes magnánimos / de la luz,
protegedme / de mi alegría”, concluye en su poema Vislumbres. Y es que no se atreve a
ser plenamente feliz porque siempre está anticipando el derrumbe.
La casa se va quedando vacía, primero la madre y después, al cabo de los años,
el padre. Quedan los tres hermanos solteros, solitarios, aferrados al pasado, perso-
najes anacrónicos en un mundo del que apenas participan. Ese desvalimiento queda
reflejado en su “Canción de las cinco cucharas” en el que, poco a poco, van desa-
pareciendo las cucharas de la mesa del mismo modo que se producen las ausencias.
Pero, a pesar de todo él o “intrépido cadáver”, como se autodefine en algún texto, es
el único, de los tres hermanos, que prosigue una labor creadora ininterrumpidamen-
te y sigue siendo capaz de celebrar la vida, el amor, la amistad. Incluso es capaz él,
de apariencia tan frágil, de ocuparse de todo lo incómodo de su mundo doméstico.
Barre, friega, cocina, atiende las quejas y trata de sobrellevar el progresivo deterioro
de la casa y de sus medrosos moradores con admirable voluntad. “Nos acobarda el
frío, la hostilidad del clima. / Las tardes invernales, tan cortas, nos deprimen. / Mi
hermano ha decidido no salir de la cama, / y se ovilla, y maúlla, y ronca plácido. /
Nos alarma el teléfono, / y más aún el timbre de la puerta”. En ocasiones huye, sale
a la calle y busca en los bares la paz y el sosiego que tanto añora. Otras, se contenta
con asomarse al mundo a través de las ventanas o desde su estrecho balcón. “Salgo
al balcón y riego las macetas. / Al inclinarme noto que envejezco. / Pero cómo
consuela, con los años, / esta alegría, este ritual, el chorro / de agua sobre las hojas.”
Su último libro, “Inclinándome”, delata con el título su rendición final. Presiente
que su salud ha empeorado, del mismo modo que empeora su ambiente familiar. Se
aferra a su poesía en un último gesto esperanzado, alentado por sus amigos, los que
nunca le abandonan, y por el imborrable recuerdo de su madre. Mientras el verano
de su vida se aleja y presiente la cercanía de un otoño “no menos pleno y sosega-
do”, acepta con serenidad lo que la vida le ha dado y le ha negado. El poeta asume
su presente con apacible calma, con sabio coraje y encuentra finalmente el ansiado

[ 57 ]
equilibrio. “En el confín de la orfandad / cimas y abismos que tanto me elevaron / y
me hundieron, / por fin caminan juntos / en una extraña e inquietante calma. / Ah
concordia tardía, la alegría y la desesperación / son ya casi lo mismo”.

[ 58 ]
[ 59 ]
Mecánica celeste festación” son algunos de los envases discursivos
empleados para conjurar una crisis tentacular.
LUIS BAGUÉ QUÍLEZ Aunque a veces esta gramática de urgencia resulta
demasiado deudora de los moldes socialrealistas,
Daniel García Florindo en los versos percute poderosamente la denuncia
Las nubes transitorias de las políticas gubernamentales, el lamento por
Guadalturia, 2015. la insolidaridad y la crítica a la injusticia globali-
zada o al capitalismo parasitario. Frente a un país
deconstruido y un porvenir hipotecado, el autor
Después de la segunda salida de Amanecer en Pen- no renuncia a una ilusión que se troquela sobre
silvania, Daniel García Florindo (Córdoba, 1973) la falsilla quevedesca: “Nubes serán, mas nubes
publica un libro cuyo título parece alejarse de la de esperanza”. Finalmente, la última sección (“La
porosa mitología generacional desplegada en casa en el aire”) se adentra en una cotidianidad
aquel volumen. Sin embargo, tras su tersura con- doméstica y entrañada. El meticuloso desorden
templativa y su médula reflexiva, Las nubes transi- de la biblioteca particular, las geografías privadas
torias esconde una serie de preocupaciones que y el microcosmos familiar constituyen el patrimo-
no difieren en lo sustantivo de una cosmovisión nio de un sujeto que hace balance provisional en
situada entre el cielo y el suelo. los poemas “Curriculum vitae” y “Al cumplir los
El libro se divide en cuatro secciones, cada una cuarenta”, que culmina con una declaración de
de ellas protagonizada por un fenómeno climáti- principios: “Mis pies tocan el suelo. / Mi cabeza,
co. La primera (“Dinámica atmosférica”) agavilla las nubes”.
un conjunto de composiciones breves, a veces En definitiva, Las nubes transitorias es una obra
cercanas a la indagación existencial y otras veces de insobornable autenticidad; un redoble de con-
rayanas en el vislumbre onírico: “Observo la me- ciencia en una época en la que abundan los deco-
cánica celeste que nos mueve / como un vagar de rados de cartón piedra y los golpes de pecho. Des-
nubes ilusorias”. El personaje que mira la cicatriz de el horizonte de la madurez y desde su “nube /
del cielo, o que desea elevarse con alas de ceni- del extrarradio”, García Florindo sigue apostando
za, acaba reconociendo la vanidad de su empeño, por la utopía. Ojalá que el influjo anticiclónico se
pero también la dignidad de esa aspiración ascen- imponga pronto a la grisalla borrascosa en la que
sional. En la segunda parte (“La ciudad en la nie- parecemos instalados.
bla”) hallamos una accidentada cartografía urbana
y un viaje a la semilla de la identidad. La evocación
de la infancia se nutre aquí de un universo referen- El misterio de la vida
cial en el que comparecen “los caballos azules de
Franz Marc”, los versos de Auden y las andanzas ANTONIO PRAENA
de Antoine Doinel, el inevitable álter ego de Tru-
ffaut. La voz de García Florindo suena con una Trinidad Gan
modulación propia en “Paseo de los tristes”, a la Papel ceniza
vez homenaje a Javier Egea y reescritura en clave Valparaíso, 2014.
lírica de aquel itinerario épico, y en “El cielo de
Wisława”, un buen ejemplo de la capacidad gene-
Papeles incompletos en los bolsillos de un per-
siaca de la palabra: “Supongamos ahora el mismo
sonaje enigmático. Así comienza Papel ceniza. El
cielo, / que una anciana polaca nos emplace un
recurso dota al libro de personalidad y misterio.
destino / en el libro que se abre a la mitad / el
Nos lo hace tan íntimo como estrictamente litera-
mismo año en que muere / y en que todo parece
rio. Nos lleva de la literatura a la vida y de la vida a
deshacerse”. En el tercer apartado (“El mal tiem-
la literatura, no perdiendo ninguna de ellas –antes
po”), García Florindo esgrime una dicción com-
bien, potenciándose– su propia identidad.
prometida con la inmediatez y la contingencia. La
Los rastros de escritura que alguien porta con-
lección de la poesía social, las consignas indigna-
figuran también la estructura del texto y le otorgan
das del “Grafiti” o el grito popular de una “Mani-
una organicidad sostenida. Estamos ante un relato

[ 60 ]
sobre el misterio de la vida en su doble dimensión das técnicas de iluminación de la postmodernidad
de intimidad y de camino. y del paisaje urbano, tan bien conciliados en este
Sus seis secciones, más que partes, constitu- poemario.
yen superposiciones de una misma identidad poé-
tica. La intimidad tiene esas cosas, sucede sobre
su propio eje pero nunca es la misma. Es ya una
Enfoques del abismo
marca de la casa: pocas veces, architransitada, la DANIEL GARCÍA FLORINDO
intimidad alcanza un cromatismo tan diferencial
como en Trinidad Gan. Por eso en Papel Ceniza la Alí Calderón (coord.)
fidelidad a sí misma acierta a emprender nuevas Gustavo Osorio (coord.)
incursiones. Y qué mejor manera de reconvertir Reinventar el lirismo. Problemas actuales sobre poética
la evolución que hacer de ella materia de escritura. Valparaíso, 2015.
La madurez, el trato con la vida y la costum-
bre de sí misma, unidas a la habilidad de un ritmo
controlado, nos proporcionan un libro intenso. Desde una voluntad activa, con el título Reinven-
¿Con qué recursos? Dejando, entre otras cosas, tar el lirismo se subraya en este libro un rasgo que
constancia de la “tachadura” como posibilidad y sigue distinguiendo especialmente al género lírico
como oportunidad de convertir el pasado y nues- del resto de los géneros literarios a lo largo del
tra decisión de futuro en forma y estilo. tiempo, una característica que no es otra que su
Mención especial merece el nivel metapoético capacidad de redefinirse continuamente, de trans-
de esta entrega. La escritura es materia y motivo. formarse y liberarse, ya que desde la antigüedad
Su razón de ser reside en la fusión entre forma hasta el presente el concepto de lirismo nunca ha
y contenido. Porque no hay intimidad que no se permanecido inalterable. No obstante, sabemos
objetive a sí misma en palabras ni palabras que que fue a partir de la modernidad que instauró el
sean verdaderas si no lo son desde lo íntimo, aun romanticismo inglés y alemán, cuando se produjo
cuando acaben siendo ofrecidas a lo público. Pulir una ruptura más tajante, una falla en la que el poe-
la lente no es solo pulir la palabra. Es abordarnos a ta pudo, desde su humana voz poética, contem-
nosotros mismos, que somos –porque somos len- plar su propio abismo. Antes de introducirnos en
guaje– a la vez, actor, materia y carne del poema. este volumen teórico parece oportuno traer como
Una combustión sin detrimento ni vacilación precedentes ineludibles las reflexiones de Octa-
es lo que Papel ceniza enciende para nosotros. El vio Paz sobre la tradición moderna de la poesía.
poema “Cenizas” levanta la vista y nos mira di- Recordemos en Los hijos del limo (1974) cómo Paz
rectamente a la cara: “Nunca huyas del fuego,/ se refería a esta cuestión como una «tradición de
porque donde no existe estás de sobra.” la ruptura». Así, los coordinadores de este nuevo
En un lenguaje que conjuga lo confesional y volumen parecen recoger esa idea que su compa-
lo conversacional, sin concesión alguna al prosaís- triota mexicano sembró en el ensayo mencionado
mo gratuito y venciendo la tentación del virtuosis- y en otros tantos como El arco y la lira (1956), Los
mo, este es un libro de madurez signos en rotación (1965) o, más cercanamente, en La
Trinidad Gan se muestra sabia en el arte de otra voz. Poesía y fin de siglo (1990).
enhebrar elementos de distinta procedencia con De este último extraemos ahora la siguiente
artesanía y don: “A ambos lados, traseras de alma- reflexión: “Cada poeta es un latido en el río de la
cenes,/ las fachadas oscuras, las tapias con grafiti.” tradición, un momento del lenguaje. A veces los
Lo orgánico y lo inorgánico, el mundo natural y el poetas niegan a su tradición pero sólo para inven-
urbano, lo terrestre y lo ígneo, las voces ajenas y el tar otra. El fenómeno es periódico y se acentúa en
calor de lo íntimo, se enhebran sin que advirtamos la época moderna. Desde el romanticismo hasta
las costuras. el surrealismo, cada movimiento poético ha in-
Un libro aquilatado en varios fuegos donde ventado su propia tradición. […] La mayoría de
también la ceniza arde. Para estas cosas existe la los poetas escogen a sus antepasados: Eliot a los
poesía, para arder después de haber ardido unien- «poetas metafísicos» y a Laforgue; Pound a Caval-
do el origen de la primera chispa con las sofistica- canti y a Li Po; Neruda a Whitman, Borges a otro

[ 61 ]
Whitman distinto del de Neruda y Whitman a un gland a las que podemos añadir la idea de Marjorie
poeta anónimo llamado Walt, un cosmos y un Perloff cuando sostiene que cada poeta se torna
borough de Nueva York. La invención del pasado una caja de resonancia que aspira a una nueva
se proyecta, desde el presente, hacia el porvenir. modalidad de yo lírico, una nueva voz que refleja
Todos los poetas desean ser leídos en el futuro su circunstancia. Stephen Burt, por su parte, inda-
y de una manera más honda y generosa que en ga sobre las claves para interpretar la poesía más
su tiempo. No sed de fama: sed de vida. El poeta nueva, a cuyos poetas denomina como «elípticos»:
sabe que no es sino un eslabón de la cadena, un escritores que pretenden equiparar la disolución
puente entre el ayer y el mañana. Pero de pronto, de sus textos a la disolución del yo que los escribe.
al finalizar este siglo, descubre que ese puente está También para García Montero en la poesía con-
suspendido entre dos abismos: el del pasado que temporánea hay una difuminación del yo soy: una
se aleja y el del futuro que se derrumba. El poeta fragmentación y matización del sujeto y de su voz,
se siente perdido en el tiempo.” puesto que estamos ante la desaparición de las to-
En el volumen Reinventar el lirismo. Problemas talidades. Para García Montero la voz en la poesía
actuales sobre poética Alí Calderón y Gustavo Osorio deviene así una «conversación sobre el nosotros».
reúnen una serie de artículos aportados por desta- Por otro lado, la segunda cuestión que apunta-
cados críticos para reflexionar sobre el género, el mos, la expresión, viene a coincidir en la mayoría
discurso o el pensamiento lírico a lo largo del siglo de los autores con la defensa de la coloquialidad
XX y los últimos años. El hecho de que los ensa- (Alfonso Beradinelli) como técnica privilegiada en
yistas, además de ser eminentes conocedores de la poesía actual para devolver al texto poético las
la teoría de la literatura, sean poetas distingue de propiedades de «recitable y legible» y dar cauce a la
manera especial este libro plural que problematiza conciencia lúcida que estructure cada verso. Tam-
la cuestión poética en las últimas décadas. Se ob- bién Paul Hoover opta por la claridad expositiva.
tiene, al fin y al cabo, un crisol de perspectivas que Carlos Aldazábal propone la «oralitura» como un
dialogan entre sí, no tanto para contrastar como principio que recupera la nostalgia musical de la
para coincidir en diversas analogías cuyas modu- oralidad en un presente de nueva tribalización.
laciones podemos apreciar a lo largo de la lectura. Quizás, el artículo donde mejor se unifiquen
Se agradece, desde luego, retomar la reflexión las dos cuestiones esenciales que he apuntado sea
poética donde la dejó Paz, en ese puente suspen- el texto de Lorena Ventura que, desde una pro-
dido entre dos abismos: el del pasado que se aleja puesta semiótico-lingüística, consigue esbozar las
y el del futuro que se derrumba. De hecho, po- propiedades esenciales de ese yo en el poema que
demos apreciar cómo los distintos autores modu- se erige en el lenguaje transformándolo en discur-
lan ese abismo en sus distintos enfoques sobre la so. Como resume Gustavo Osorio en el prólogo,
cualidad de lo lírico en la actualidad. Así, Gustavo «para Ventura el poema, «pura enunciación», ma-
Osorio nos presenta el contenido de los distintos neja como ningún otro texto la reconstrucción de
artículos en el prólogo del volumen donde ya po- un yo –de una voz– que se manifiesta. Así mismo
demos confirmar las coincidencias y los matices complejiza la relación entre autor y voz lírica, tra-
en torno al abismo que suma poesía y modernidad. zando distintas panorámicas en torno a ese yo que
Baste sustituir el término de Paz por incertidumbre subyace toda enunciación poética, apuntando a la
(para Alí Calderón) o vértigo (para Tony Hoagland). caracterización del yo en poesía como un «yo retó-
En los dieciséis artículos que conforman el rico o figural»; un yo que se desvía de (y a la vez
libro encontraremos, pues, un diálogo en torno se conecta con) la ficción del sí-mismo que existe
a esos problemas actuales sobre poética que el en lo no ficcional –un alguien que vive en el poema
romanticismo liberó en su revolución estética y y fuera de él».
que podemos sistematizar en dos aspectos com- En el esbozo dual del libro que he plantea-
plementarios, fondo y forma: la problematización do (fondo y forma), naturalmente, dejamos atrás
del sujeto lírico moderno y, por otro lado, su ex- otras muchas cuestiones derivadas o ramificadas
presión lírica, respectivamente. que los autores suelen asociar con la (pos)mo-
Sobre la primera cuestión, ya hemos apunta- dernidad. Cuestiones como la que refiere Cole
do las propuestas de Alí Calderón y Tony Hoa- Swensen sobre la naturaleza híbrida del texto

[ 62 ]
poético contemporáneo que adopta lo que más le idea del amor como fruto de las relaciones y la cer-
conviene, una poesía posmoderna, aquella que es canía, y eso se advierte en varios poemas, uno de
tanto impredecible como sin precedentes. En este ellos, “Las cigüeñas”: “Te amo / como aman las
sentido, Matvei Yankelevich insta por un espacio cigüeñas / a las viejas catedrales: / fieles aves que
configurado por la confluencia multifragmentaria regresan / al milagro de sus nidos, / sin una pizca
de voces poéticas que ya no pueden ser encasi- de fe.” El tema del paso irremediable y fugaz del
lladas, que son únicas y responden tanto al texto tiempo y de la vida, se experimenta en el poema
confesional como al formalmente complejo. Por “Asonancia”, un ejemplo significativo del modo
último, Mario Bojórquez añade, como rasgos pro- de hacer de Brezmes: “La vida: esa vieja película.
pios de la poesía actual la fragmentariedad del dis- / Y esta extraña sensación / de haberte perdido
curso, la velocidad, la elipsis, la confluencia mediá- / algo importante / de la trama.” En “Parecidos
tica y temática, la discontinuidad, lo incompleto, razonables” (que recuerda a Karmelo Iribarren)
lo fragmentario… rasgos que, según Bojórquez, relaciona el hecho de escribir con el de retratar lo
nos llevan a una carencia de estética definitiva en que se vive: “No: esto es sólo un poema./ Pero
la poesía contemporánea. se parece mucho a la vida.” La rutina, acentuada
Desde esta propuesta teórica abierta no es por la mirada sentimental que está presente en el
difícil, por último, evidenciar la vinculación que deseo, o por los espacios comunes de la conviven-
este volumen mantiene con algunas de las últimas cia, aporta un grado inevitable de intimismo a la
antologías de poesía en español y cuyos títulos res- poética de la cotidianidad de Brezmes. El poeta
ponden a dos ideas vertebrales de este libro: un aplica la inteligencia a la economía expresiva (“Un
canon abierto y una poesía ante el abismo de hoy. lenguaje menor / para decir apenas / lo que cabe
en un post-it”); nos habla de escribir sólo cuando
es estrictamente necesario, casi una urgencia, de-
Rozar lo inexpresable jando si no la escritura aparte, para poder dedicar
todo el tiempo disponible a vivir. (“Últimamen-
AITOR FRANCOS te / escribo menos. / Poco. / Nada. / Como si
la vida / de pronto dijese: /Apártate, /ahora me
Alfonso Brezmes toca /escribir a mí.”)
Don de lenguas El lenguaje de Don de lenguas tiene conciencia
Renacimiento, 2015. de lo transitorio, de las cosas que pasan inadverti-
das y son en sí mismas el eje potencial de toda co-
Lo que decía Borges de Chesterton se lo podemos municación; y en parte, de unión, erótica o lingüís-
aplicar a Alfonso Brezmes, que además de poeta tica. En algunos poemas, como “Circunloquio”,
es un fotógrafo experimentado: “Antes del arte son evidentes los juegos y cambios de palabras,
de escribir ensayó la pintura; todas sus obras son y los neologismos: “Vivir a contrapelo, / a con-
curiosamente visuales.” En uno de los poemas de tramundo, / a contravida.” Otras veces, Brezmes
Don de lenguas, “Poética del desalojo”, escribe: “Me convierte la rigidez de la teoría filológica y de las
gustan esos poemas / en los que no sucede nada normas de estilo en disimulados divertimientos:
/ o lo que sucede / queda fuera de campo.” Brez- “y los asteriscos /–esas espuelas de oro–, / y las
mes, cita a Roland Barthes, menciona una frase notas al pie –tan sumisas y educadas–”. Es más,
del francés que une lenguaje y libido: «El lenguaje si hay una regla que toma como incuestionable
es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. el poeta es la atender a esa doble vinculación del
(…) Mi lenguaje tiembla de deseo». Y es que ya significado de la palabra y de las construcciones
desde el título, Don de lenguas, se sustenta sobre dos lingüísticas. Encontramos una explicación en el
puntos clave: el primero, el dominio de la oralidad poema Metonimia: “¿Y si el diccionario / estuviese
y la facilidad para decir; el segundo, la indudable equivocado, / y de pronto las palabras / no signi-
imagen de la lengua como fundamento erótico. ficasen lo que suelen, /y tú quisiese decir nunca,
En Brezmes el tema amoroso trasciende a conno- / y jamás quisiera decir siempre? / Entonces ja-
taciones alejadas de la ingenuidad y el prurito ro- más te pronunciaría, /para que nunca estuvieses
mántico. Hay, sin embargo, en Don de lenguas, una aquí.” Hay en su forma de abordar los recovecos

[ 63 ]
del idioma una voluntad irrebatible de sorprender. que llegues, / y me partas, / y me abras de nuevo,
La mayoría de los poemas buscan innatamente el / tantas veces / como haga falta…” Otro ejemplo
asombro y la finalización rápida. Nacen para el de lo mismo, en “Conjugaciones”, casi eucarísti-
destello momentáneo, pero no para arder como co: “Yo no tomo, / yo soy tomado, / como el pan
cerillas de exposición; al contrario; muchos con- o las ciudades.” Los cuentos de hadas, en cierta
siguen ser más que un apunte poético y dejan el medida, mediante la imaginación, nos sitúan, así
poso de una quemadura, conmueven e incitan lo postulaba ya Bruno Bettelheim, en lo hitos fun-
a releerlos y memorizarlos. Yo, aún así, prefiero damentales del desarrollo y de la conflictiva amo-
al Brezmes filosófico, el de, por señalar uno, el rosa, sea o no edípica; la poesía, de igual modo,
poema dedicado a Claudio Rodríguez: Don de la es válida para la conformación de una represen-
claridad. O el de Descifrados, con una fuerte influen- tación interna del deseo que se ha perdido en al
cia de Roberto Juarroz, que también se nota en el confrontarlo con la realidad. Si lo simbolizamos
titulado Autobiografía. Sin redundancias ni requie- conseguimos que permanezca intacto en nuestro
bros poéticos, auténtico. El que nos presenta una interior, pase lo que pase en la realidad externa.
poesía sustancial y entusiastamente aforística. Una Brezmes sabe que el juego de contradiccio-
demostración, en el poema “Instrumentos de me- nes del lenguaje lo es todo en poesía. Su línea es
dida”, que empieza con este verso: “Para medir el esquemática, una poesía del silencio, depurada,
tiempo se inventó la ausencia”. cercada, como él mismo escribe, por todo aque-
En casi todos los poemas de Don de lenguas hay llo que busca rozar lo inexpresable para lograr no
alguna referencia literaria o artística, nunca casual. decir nada más.
“Manual de urbanismo” coge el nombre de un li-
bro de Ángel González. “Arde, Babel” se sustenta
sobre una cita de los Hechos Bíblicos; yo lo uno Porque no volveremos
con otro. “La vida”, es casi genésico, adánico, y a
RODRIGO OLAY
un tiempo, profano y una variante de la idea del
Minotauro y Ariadna: “Este coserse y este reco-
Rafael Juárez
serse / y este irse despacio descosiendo, / como
Una conversación en la penumbra
si una hilandera aburrida / tirase de un hilo muy
[Antología poética, 1987-2013]
largo /para deshacer poco a poco el vestido /que
Introducción de Pablo Jauralde.
ella misma había ido tejiendo, / hasta dejarnos de
Renacimiento, 2015.
nuevo /completamente desnudos”.
Probablemente uno de los grandes referentes
de Brezmes sea Luis Alberto de Cuenca, quien, Hace ahora casi treinta años que Rafael Juárez
por cierto, ya prologó su primer libro, La noche (Estepa, Sevilla, 1956, pero granadino de adop-
tatuada. Por la exigencia métrica y por el repaso a la ción) publicó su primer libro de poemas –Otra
tradición clásica, desde Catulo a los epigramas. O casa, Maillot Amarillo, 1986–, luego más o menos
por la forma de hablar del amor. No puedo leer el preterido. Desde entonces, al impecable ritmo
poema “Maldición”, de Brezmes, sin evocar aque- de un libro cada cinco años (dejando al margen
lla canción que escribió Luis Alberto de Cuenca plaquettes o cuadernillos), Juárez ha ido jalonando
para la Orquesta Mondragón, “Caperucita feroz”. una de las singladuras poéticas más secretamente
Hay un texto de Don de lenguas, “Ya leí los cuen- elegantes y minuciosas de nuestro panorama poé-
tos”, cuyo título hace de continuación a otro de tico –Las cosas naturales (La Veleta, 1991), Aulaga
La noche tatuada. Dice así: “Me he vuelto a equi- (Fundación Jorge Guillén, 1996), Lo que vale una
vocar: / ya estoy dentro del bosque. // Y ahora vida (Pre-Textos, 2001), Aulaga (edición ampliada,
busco otra vez / la boca del lobo: /el único lugar e. d. a., 2006) y Media vida (Pre-Textos, 2011)–,
/que merecía la pena / en este cuento.” Voracidad primero seleccionada en Para siempre (La Veleta,
–o curiosidad– por conocer más y por dejar que 2002) y ahora en esta antología que nos ocupa,
se desborde el apetito sexual desde una perspec- Una conversación en la penumbra, cuyas páginas se
tiva erótica casi destructiva: “Coge una sierra, / reparte dando progresiva importancia a los libros
párteme en dos: / dentro estoy yo, /esperando / a más recientes del poeta, hasta el punto de hacer

[ 64 ]
desaparecer el primero de los suyos. o, especialmente, José Julio Cabanillas. Sin embar-
Basta ver la ya larga trayectoria de Juárez y go, aun con las concomitancias que hermanan a
las escogidas colecciones que han publicado sus Juárez con estos poetas, su poesía adquiere claros
versos para que se haga patente que no se trata perfiles propios, más allá de su habitual marco
de un poeta desconocido; y, sin embargo, segu- campestre (apenas roto por una serie de poemas
ramente sean muchos los que, como quien esto escritos en y a Roma, «Una emoción verdadera»).
suscribe, vengan a descubrir ahora al poeta a raíz En particular, por sus peculiares usos métri-
de la aparición de este florilegio en la popular co- cos y su gusto por las formas más ceñidas, aclara-
lección rayada de Renacimiento, suerte de Pléiade do sucintamente por el propio Juárez cuando en la
de la poesía figurativa escrita por los nacidos en las «Nota del autor» de esta antología precisa escribir
décadas de los 50 y los 60 en nuestro país. «casi siempre de memoria». Y es que Juárez rara
Quienes se acerquen por vez primera a la vez se vale de la silva libre impar, sobreabundante
poesía de Juárez –y quienes vuelvan sobre ella– en la poesía española contemporánea; de hecho,
se encontrarán con un poeta que, en sus mejores su búsqueda de la espontaneidad como el fin de
momentos, logra ser fulgurante en su sencillez. un largo camino de elaboración lingüística halla
Encarnando el ideal de la difícil facilidad a partir su complemento perfecto con el hecho de que
de «la lengua de todos los días», como él mismo sus poemas se repartan en dos grandes bloques
gusta de decir, estos versos de la contemplación formales: de los 108 que la antología incluye,
serena aciertan a decir las cosas naturales con verdad hasta 31 son sonetos –poema estrófico del que,
y belleza, siempre a la busca de «unas pocas pa- como explica Jauralde en su certero prólogo,
labras verdaderas» (como escribe en «El tesoro» Juárez logra sutilmente adueñarse, a partir de un
y en «Soria»). Su lema parece ser el de pararse y muy aquilatado uso del encabalgamiento («De un
mirar, hasta lograr observar lo que en principio no diario ajeno»), aunque también mediante la ligera
parecía visible. Un paisaje, un recuerdo, una esta- dislocación rítmica que supone la inclusión ciertas
ción (el otoño en especial) logran presentarse en sinéresis («De un hombre cualquiera»), o a partir
estos versos con la delicada rotundidad de lo que de diversas variaciones métricas («[Recuerdo ante
es capaz de imponerse por sí mismo, sin alhajas ni la niebla silenciosa…]», «A mitad de la ladera», o
raros aditivos. Unos versos suyos ejemplifican a la el poema «iii» de «La novia nueva»)–; por su par-
perfección este programa: «Álamos altos y colinas te, nada menos que otros 58 juegan con distintas
suaves. / Vamos a ver qué dicen esas cosas. / Un combinaciones de arte menor, de la décima a la
poema se escribe para eso». Así, se encuentran en soleá, entre las que brilla el aprovechamiento que
estos poemas, como troqueladas, imágenes trans- Juárez logra hacer de unas personalísimas compo-
parentes («el agua oscura era […] / menos cris- siciones aconsonantadas en pentasílabos y hexa-
tal», «cuece / su estuche de cerámica la almendra», sílabos marca de la casa («Plaza nevada»): «Se va
etc.), expresiones felices hechas para el recuerdo, / sin prisa febrero, / como todo. Quiero / estar
que llegan a deslumbrar por su precisión y por su donde irá».
engañosa evidencia aparente: «Mirar lejos descan- Análogamente, esta naturalidad expresiva, re-
sa». El sosiego de estos versos no elude las gran- fractaria a toda trivialidad, da cauce a una gama
des verdades, que, más que en voz baja, se dicen de motivos temáticos igualmente tomada «del
con firmeza, pero sin aspavientos: «Con muy po- natural», como Juárez mismo confiesa, lo que
cas palabras, / sin apenas verdades, / con algunos contribuye a perfilar la personalidad de estos ver-
deseos, // el camino, la casa / los amigos leales, / sos, arraigados a menudo en el espacio entrañable
porque no volveremos». de la casa o el campo familiares («Sol de diciem-
No es difícil emparentar esta inconfundible bre», «La viña silenciosa») y dirigidos a afirmar un
poesía con la de algunos otros poetas de la Anda- paciente vitalismo que no rehúye la mirada a la
lucía rural: Antonio Machado, desde luego y ante certidumbre de la muerte («El refugio»). El amor
todo (homenajeado en «Soria»), pero también conyugal («Aniversario»), la utilidad y el deslum-
cierto Borges; Miguel d’Ors o Antonio Carvajal, bramiento de la poesía («Todavía»), o el compro-
entre los maestros cercanos; y, ya entre los compa- miso cívico («Una sombra») son otros asuntos
ñeros de generación, poetas como José Gutiérrez que merecen perdurables versos en este libro; no

[ 65 ]
faltan tampoco algunos homenajes (entre otros, a tología, que reúne, además de algunos inéditos,
Blas de Otero en «Una fotografía de 1976») y son poemas de cuatro libros anteriores publicados por
frecuentes –el propio Juárez lo explica– los versos el autor entre 2002 y 2012 (Frío, La caja negra, Raíz
ajenos reubicados aquí y allá, siempre de manera y Arquitectura y yo).
imperceptible, habida cuenta de la sabia y com- Su título, Ecosistema, responde a una tendencia
pleta metabolización que de ellos se logra hacer; actual de titular los libros de poesía recurriendo
por su parte, «El otoño en María de la Miel» es un a nombres expresivos y definitorios del conteni-
delicioso poema muy llamativo, pues actualiza con do frente a los que llevan a la portada un destello
acierto un subgénero literario rara vez retomado poético que favorezca el efecto llamada hacia el
en nuestra poesía desde el siglo xviii: la anacreón- interior. Ecosistema es ciertamente un título que
tica. viene bien, austeridad incluida, a un contenido
La decantada orfebrería que estos poemas que se caracteriza tanto por la fuerte personalidad
hacen evidente consigue que el libro se salve casi y singularidad del conjunto como por la estrecha
siempre de la monotonía a que pudiera inducir la interrelación de sus elementos.
repetición estrófica del soneto; del mismo modo, Uno de sus rasgos característicos es el predo-
la delicadeza expresiva que orna estos textos logra minio de lo permanente frente a lo cambiante, de
esquivar, salvo en uno u otro caso inusual, algún manera que, pese a recoger la producción de diez
exceso de tipismo, ya costumbrista («Soneto del años de creación poética, el conjunto, más que
vino», «Soneto de la duración», «Tres hombres»), mostrar una miscelánea de diversas etapas, pre-
ya poético («Pasar las cosas», sobre todo en «i», senta la cohesión de un poemario. A ello contri-
pese a su rotundo final); parecidamente, acaso no buye el hecho de que los poemas se presenten for-
falte quien se pregunte si en estos tiempos pos- mando un cuerpo continuo, sin que se agrupen
modernos todavía tiene sentido, como aquí, pre- en secciones separadas atendiendo a sus libros de
tender atreverse a enunciar, siquiera con la mayor procedencia. Solo al final se indica esta proceden-
humildad, unos pocos versos hechos de tiempo y cia a modo de guía retrospectiva de lo ya leído.
hondura sin distancia irónica ni resabio humorís- Pero sobre todo, la cohesión interna de esta
tico algunos, o si más bien ello nos aboca al ana- antología poemario (aquí antología sería el nombre
cronismo o el kitsch. Sea como fuere, por mi parte sustantivo y poemario, el adjetivo) se basa en la es-
no tengo más respuesta que esta otra pregunta de tabilidad en el tiempo de los intereses del autor y
Javier Almuzara, asimismo memorable: «¿Qué te- de la forma de cristalización de su poesía, definida
merá del olvido / quien dice como ninguno / lo certeramente en el prólogo de José Andújar como
que todos han sentido?». “un astro de rotación lenta”.
Ecosistema en el que las ideas contenidas en
el poema, aunque interactuando entre ellas, se pre-
La vida en la mirada sentan en un formato que resalta su autonomía y
por tanto permiten su lectura como reunión de
FRANCISCO BARRIONUEVO fragmentos de poemas, del mismo modo como
la fábrica de algunos muros de piedra resalta la in-
Josep M. Rodríguez dividualidad de sus sillares. Ideas-fragmentos que,
Ecosistema unidas por la argamasa de silencios que los espa-
Pre-Textos, 2015. cios en blanco le prestan a modo de aglutinante,
se corresponden, desde la piel del poema, con la
¿Qué tienen en común el dibujo interior de nues- fragmentaria identidad del yo que sustentan y que
tros pulmones, la mesa en que dejamos la radio- a quien esto escribe le recuerdan, en su función, a
grafía, el papel de las hojas del libro donde lee- formas semejantes en la poesía de G. Ungaretti.
mos estos poemas? Un territorio compartido y la No siempre cumplen una función separadora.
memoria como transformación que nos iguala a A veces los espacios en blanco sirven a la elonga-
todos como partes de un mismo árbol. ción de la pausa entre la sístoles y diástoles de la
Así lo entiende Josep M. Rodríguez en su respiración del poema, como en el comienzo de
poema “Ramas”, incluido en ésta su primera an- “Morgue”: “Porque todos los cuerpos / encierran

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una historia, // quisiste ser forense.” (“Principio y fin”).
El uso de los blancos y la distribución de la es- La corriente que atraviesa el poema, generada
critura en el lienzo de la hoja, que parece traspasar entre esos dos polos, mundo exterior y subjetivi-
a la letra impresa la espontaneidad de la versión dad, encuentra su hilo conductor en la metáfora,
manuscrita del autor, constituye un elemento al en esta poesía verdadero hilo de Ariadna, que
servicio de la expresividad, como ese fluir que se transforma la realidad al desnudarla despojándola
acentúa en la disposición de las palabras en “El de algunos atributos para resaltar otros: aquellos
corazón del bosque”: “Tras la tormenta, / el arro- que interesan como material de la sensación al pe-
yo enfangado / fluye / pesadamente / como una netrar en el territorio del yo: “Hace frío, // las sen-
babosa.” saciones nacen en la piel, // son una lluvia lenta,
Este mismo texto, con su brillante imagen –el / hacia adentro.” (“Necesidad”). Ese es también
arroyo de fango y su transformación metafórica el papel de la palabra túnel en el último verso de
en babosa– revela las coordenadas geográficas la antología: “El dolor es un túnel: / hay salida.”
del ecosistema poético de Josep M. Rodríguez, un En el tránsito entre un origen en el que somos
sustrato en el que predominan los elementos de la parte de un todo representado por la imagen del
naturaleza. Árboles, charca, insectos, bosque, mar, árbol y un destino que vuelve a simbolizar nuestra
nubes, oscuridad, nieve, lluvia, tigres, lobos…son unión con él –según nos recuerda, quizás con más
algunos de los elementos de la realidad física que sensación de gozo que de dolor, Josep M. Rodrí-
el acto de creación del poema va definiendo con guez en “Madera”: “¿Cuál de vosotros / árboles
exactitud y transformando metafóricamente en / será sacrificado / para que no esté solo bajo la
material de la subjetividad, subrayando los ras- tierra dura?”
gos biográficos del yo que se apropia del mundo La certeza de estar ante una poesía que si en la
circundante en incesante búsqueda de su propia superficie deslumbra por el brillo de sus imágenes,
identidad: “Lo mismo que la lluvia busca el mar, / bajo su piel irradia una luz que nos permite ver
me regreso al origen” (“Pequeña digresión”). uno de los más certeros y emocionantes retratos
Si se hace preciso resaltar el poema “Yo, o mi del yo de la poesía española de la actualidad.
idea de yo” como paradigma de esta poesía, es
porque en efecto encierra una idea fundamental
de la misma: el entendimiento, por una parte, de la La poesía de
realidad –el bosque– como un sistema complejo Miguel Ángel Zapata
formado de tantas individualidades distintas que
su generalización empobrece, y por otro, la asintó- ÁLVARO VALVERDE
tica convergencia de la naturaleza hacia un yo con
idéntica complejidad de personalidades distintas. Miguel Ángel Zapata
El bosque es aquí una metáfora implícita de nues- Hoy día es otro mundo
tra propia identidad entendida en una dimensión Valparaíso Ediciones, 2015.
que engloba dentro de sí la alteridad. Al poema
le viene encomendada la misión de transformar Hoy día es otro mundo (Valparaíso Edicio-
y diluir el Otro que nos habita en nosotros mis- nes) es una antología que reúne poemas selectos
mos. Dejar testimonio de nuestro paso a ciegas del peruano Miguel Ángel Zapata (Piura, 1955),
–como en el poema titulado “Extremos”–por la profesor principal de literaturas hispánicas en Ho-
oscuridad de una habitación que se recorre entre fstra University de Nueva York y editor, en esa
el pasado y el futuro –y por tanto metáfora de la ciudad, de Vuela un cuervo sobre la luna. Muestra de
vida– tanteando con las manos las paredes. poesía española contemporánea: 1959-1980.
En ocasiones la realidad exterior que sustenta Con una cronología inversa, desde poemas
el poema no viene del mundo físico sino de la ex- recientes, de su libro inédito Uno escribe el poe-
periencia vivida, como en los poemas de amor en ma caminando, hasta otros de dos de sus libros ya
el que la persona amada ocupa su lugar en un pro- publicados: El cielo que me escribe (2002) y Lumbre
ceso idéntico de interiorización. “Y hablar de ti, / de la letra (1997), Zapata ha armado un curioso
en el fondo, / también es una forma de egoísmo.” artefacto que si por algo nos sorprende es por

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la luminosa imaginación que destila. Inusual, sin aunque no sea el único donde el erotismo se eleva
duda, al menos en nuestro ámbito más cercano, a la categoría de arte.
el de la poesía en español que se escribe y publica "Cada día siempre es otro mundo", reza un
en España. Eso y, de inmediato, la personalidad verso suyo, que no deja de ser una poética. Y eso
de su apuesta o, lo que es lo mismo, la originalidad advertimos al leer esta pertinente antología que
de su voz. Quiero decir que, sin renunciar a los pone la feliz, vital y celebratoria poesía de Zapata
inevitables débitos que cualquier poeta del siglo (que publicó en 2011 y en la sevillana Sibila Frag-
XXI acarrea (baste mencionar a su paisano Valle- mentos de una manzana y otros poemas) al alcance del
jo), Zapata construye una casa distinta -de arqui- lector español.
tectura exigente- cuya propiedad nadie va a poner
en cuestión. No al menos este lector, rendido a la
riqueza verbal y, ya digo, imaginativa que se des-
pliega a través de versos que en muchas ocasiones
son líneas de poemas en prosa. Poesía o prosa,
poco importa, de clara impronta musical, pues
que la música (a la que dedica no pocos poemas)
es parte esencial en su vida.
La palabra selva puede adecuarse bien a lo que
uno siente al leer a Zapata. Allí, metáforas, sím-
bolos (ventana, rosa, casa, puente, puerta) epifa-
nías, lo real llevado hasta su deseable surrealidad.
Sí, porque debajo del a veces aparatoso desplaza-
miento de recursos uno escucha palabras gasta-
das: padre (léase "Uno escribe el poema camina-
do"), madre (léase el impresionante "La noria"),
hijos (Casandra, Analí, Chistian Miguel), mujer...
Y loro, gata, perro, caballo, iguana, cuervo... His-
torias, diría, reconocibles, conformes a la expe-
riencia de cualquiera que, sin embargo, brillan aquí
bajo otra luz; que se dicen, mejor, como si fueran
realmente extraordinarias. Una vez dijo: "Prefiero
una poesía transparente, pero compleja".
Zapata, atiéndase al título de la parte inédita,
escribe caminando. "Siempre de viaje", añade en
un prefacio que no lo es. Con él recorremos me-
dio mundo: de su ciudad de residencia, que pa-
sea a menudo, a sus tierras de origen; de Venecia,
Montreal o París a no pocos lugares españoles:
Barcelona, Logroño...
Zapata, en tanto que poeta, es un agudo ob-
servador: "es la vida que me cae sobre los ojos".
Va siempre "con la poesía del brazo".
También se dejan ver con frecuencia re-
flexiones sobre la propia escritura, algo inevita-
ble si tenemos en cuenta su vocación didáctica y
su condición de estudioso: "La hora del poema,
"Escribo en la ventana", "El espacio del poema
es un río"...
Destacaría además la sensualidad que destilan
algunos poemas, como por ejemplo "Tobillos",

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VERÓNICA ARANDA (Madrid, 1982) es autora de los libros Poeta en la India (2005), Tatuaje
(2005), Alfama (2009), Postal de olvido (2010) y Cortes de luz (2010). • SERGIO ASTORGA es
poeta y pintor mexicano residente en Oporto. Ha publicado en suplementos culturales y revistas
textos y dibujos, así como el libro de poemas Temporal. • LUIS BAGUÉ QUÍLEZ ha sido codi-
rector de la revista Ex Libris y es crítico de poesía en el suplemento Babelia. Su último poemario es
Paseo de la identidad (Premio Emilio Alarcos). • ENRIQUE BALTANÁS ha sido profesor de
Literatura Española de la Universidad de Sevilla. Ha publicado varios libros de poemas y de tra-
ducciones, así como ensayos y biografía. Con Las propiedades del aire obtuvo en 2014 el Premio
Unicaja de Poesía. • JOSÉ MARÍA BANÚS (Sevilla, 1980) es pintor y poeta. • FRANCISCO
BARRIONUEVO publicó una selección de su obra en 3 poetas sevillanos. Antología (2012).
Posteriormente ha publicado Celebración de la huella (2014). • AMALIA BAUTISTA (Madrid,
1962) publicó Cárcel de amor en 1988. Desde entonces han aparecido varios libros suyos. Falsa
pimienta es de 2013. Cuéntamelo otra vez (1999) le valió el Premio de la Crítica. • JESÚS BEADES
es poeta y músico sevillano. Sus libros son Tierra firme (2009, Premio Gerardo Diego), Centinelas
(2003) y La ciudad dormida (2004). • SUSANA BENET es pintora y poeta valenciana. Destacada
autora de haikus, también publica otros poemas. Acaba de aparecer en Medellín (Colombia) su
libro Lo olvidado. • ISABEL CADENAS CAÑÓN ha publicado Irse (2010) y También eso era el
verano (2014). • ROCÍO CERÓN (Ciudad de México, 1972) apuesta por el diálogo entre poesía,
acción, vídeo y música. Ha publicado Basalto (2002), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura
Gilberto Owen 2000, Soma (2003), Imperio/Empire (2009), Tiento (2010), El ocre de la tierra
(2011) y Diorama (2013). • EFI CUBERO (Granja de Torrehermosa, Badajoz) reside en
Barcelona. Sus libros de poesía incluyen Estados sucesivos (2008), Condición del extraño (2013) y
Punto de apoyo (2014). • MIGUEL FLORIANO (Oviedo, 1995 ) es autor de los libros Diablos y
virtudes (2013), Tratado de identidad (2015). El poema aquí publicado es un anticipo de Quizá el
fervor (2015). • DANIEL GARCÍA FLORINDO (Córdoba, 1971) ha prologado y editado la
Poesía Completa de Juan Bernier. Entre sus libros de poesía están Cuadernos de Lisboa (2011) y Las
nubes transitorias (2015). • AITOR FRANCOS (Bilbao, 1986) ha publicado los poemarios Igloo
(Premio Surcos, 2011), Libro de las invitaciones (2013) y Un lugar en el que nunca he escrito (2013).
• ERNESTO FRATTAROLA (Barcelona, 1965) ha publicado Herido mármol en 2014 y, este
año, Uno (del que el poema aquí reproducido es un adelanto). • FRANCISCO GÁLVEZ
(Córdoba, 1945) es autor de varios libros de poesía, el más reciente de los cuales es El oro fundido
(2015). Por Tránsito (1994), obtuvo el Premio Anthropos, y por El paseante (2005) el Ricardo
Molina. • CARMEN GARRIDO (Fernán Núñez, 1978) reside en Madrid. Es autora de Garum
(2011) y El parteluz. Ganó el Premio Andalucía Joven 2008 con La hijastra de Job. • ANA
GORRÍA (Barcelona, 1979) ha publicado Clepsidra (2014), Araña (2005), El presente desnudo
(2011) y La soledad de las formas (2013). • VICTORIA GUERRERO PEIRANO (Lima, 1971)
ha reunido en 2013 su poesía en Documentos de barbarie (2002-2012). • ALEJANDRO LÉRIDA
(1979) ha publicado libros de poemas y haikus. El más reciente, Viaje alrededor de Sonia (2015). •
JOSÉ LUNA BORGE (Sahagún, León, 1952) es crítico y diarista. Dirigió el suplemento La
Mirada de El Correo de Andalucía. Ha publicado varios libros de verso y prosa. • CHANTAL
MAILLARD (Bruselas, 1951) se trasladó con trece años a España, acompañando a sus padres. Ha
publicado numerosas obras de ensayo y de poesía. La más reciente de estas es La herida en la lengua
(2015). En 2004 recibió el Premio Nacional de Poesía por Matar a Platón. • ANTONIO
MANILLA (León, 1967) es historiador y periodista. Como poeta, obtuvo en 2002 el Premio
Emilio Prados por Canción gris, y acaba de ganar el Premio Ciudad de Salamanca de Poesía con El
lugar en mí. Su más reciente poemario publicado es Broza (2014). • MIGUEL MAS (Valencia,
1955) es autor de varios libros de poemas. Debutó en 1977 con el poema extenso Frágil ciudad del
tiempo. Otros libros suyos son Las ocasiones perdidas (1990) y Amanecer clandestino (1998). •
CONSTANTINO MOLINA (Albacete, 1985). Ha sido galardonado con el Premio Jóvenes

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Artistas de Castilla-La Mancha (2011) y el Premio Nacional de Poesía Joven Ciudad de Albacete
(2012). Recogido en antologías, con Las ramas del zarzal ganó en 2014 el Premio Adonáis. •
FABIO MORÁBITO (Alejandría) tuvo el italiano como primera lengua hasta los quince años,
edad a la que marchó con su familia a México, donde es profesor en la UNAM.
Poeta y narrador, su último libro de versos es Delante de un prado una vaca. En 2012 apareció
Ventanas encendidas. Antología poética. • RODRIGO OLAY (Noreña, Asturias, 1989) es autor de
Cerrar los ojos para verte (Premio Asturias Joven 2010 y Premio de la Crítica de Asturias del mismo
año) y La víspera (2014) • CHUS PATO es una poeta orensana. Con Hordas de escritura ganó el
Premio de la Crítica de poesía gallega 2008. De 2013 es Carne de Leviatán.• ERNESTO PÉREZ
ZÚÑIGA (Madrid, 1971) es narrador y poeta. En este género ha publicado Calles para un pez
(2002), Cuadernos del hábito oscuro (2008) y Siete caminos para Beatriz (2014). • PETRARCA
(1304-1374) es uno de los poetas fundamentales de la tradición occidental, autor de Triunfos y
Cancionero. Compuso además numerosas obras en latín. • BENITO DEL PLIEGO (Madrid,
1970) ha publicado los siguientes libros de poemas: Fisiones (1997), Alcance de la mano (1998),
Índice (2004 y 2011), Merma (2009), Muesca (2010) y Fábula (2012). Es autor asimismo de
ensayos, ediciones, antologías y traducciones. Es profesor de Appalachian State (EEUU). •
ANTONIO PRAENA (Granada, 1973) ha publicado Humo verde (2003), Poemas para mi
hermana (accésit del Adonáis, 2007), Actos de amor (Premio José Hierro, 2011) y Yo he querido ser
grúa muchas veces (2013). • CECILIA QUÍLEZ (Algeciras, 1965), reside en Madrid. Ha publicado
los libros de poesía La posada del dragón, Un mal ácido, El cuarto día, Vísteme de largo y La
hija del capitán Nemo. • JOSÉ DE MARÍA ROMERO BAREA (Córdoba, 1972) es crítico,
novelista y poeta. Miembro del consejo de redacción de la revista de literatura Nueva Grecia, su
más reciente libro de poesía es Talismán (2012). • JOSÉ CARLOS ROSALES (Granada, 1952)
ha publicado los libros de poemas El buzo incorregible (1988 y 1996), El precio de los días (1991),
La nieve blanca (1995), El horizonte (2003; Premio de Poesía Ciudad de San Fernando), El desierto,
la arena (2006), y Poemas a Milena (Valencia, 2011; Premio Internacional de Poesía Gerardo
Diego). En 2013, se editó su antología Un paisaje; selección y prólogo de Erika Martínez). •
SANDRA SÁNCHEZ nació en Oviedo en 1971, donde reside. Ha publicado poemas y
microrrelatos en revistas y antologías y ha sido finalista en varios concursos. • PEDRO S. SANZ
(Sevilla, 1970) reside en Jerez. Ha publicado seis libros de poemas, el más reciente de los cuales es
La templaza y otros georemas (2013). • PEDRO SERRANO (Montreal, 1957) es un poeta
mexicano. Ha publicado El miedo (1986), Ignorancia (1994), Turba (2005), Desplazamientos (20
06) y Nueces (2009). La construcción del poeta moderno: T. S. Eliot y Octavio Paz se publicó en
2011. Dirige el Periódico de Poesía de la UNAM y es profesor en la UNAM. • FRANCISCO
SOCAS ha sido catedrático de la Universidad de Sevilla. Ha traducido a Lucrecio, Ovidio, Juvenal
y Marcial. Con Séneca, cortesano y hombre de letras, ganó en 2008 el Premio Antonio Domínguez
Ortiz de Biografía. • JENARO TALENS (Tarifa, 1946), es autor de una obra extensa en los
campos del ensayo y la traducción, además de la poesía, iniciada con En el umbral del hombre
(1964). Viaje al fin del invierno (1997) obtuvo el Premio Loewe. • SARA TORRES (Gijón, 1991)
ganó con La otra genealogía el Premio Gloria Fuertes de Poesía Joven. Es actualmente becaria de la
Fundación Gala en Córdoba. • BALLERINA VARGAS TINAJERO (Sevilla, 1976) es licenciada
en Periodismo. Ha trabajado en varios medios de comunicación y es profesora de Lengua y
Literatura de Secundaria. Acaba de publicar Antolejía. Poemas para limpiar el váter. • ÁLVARO
VALVERDE (Plasencia, 1959) ganó el Premio Loewe con Una oculta razón (1991). Su último libro
de poemas es Más allá, Tánger (2014). Publica diariamente un muy leído blog literario. • JUAN
JOSÉ VÉLEZ OTERO (Sanlúcar de Barrameda, 1957) ha publicado nueve libros de poesía, el
más reciente de los cuales es En el solar del nómada (2014). Ha traducido, entre otros, a Jane
Kenyon y Donald Hall. • EZEQUIEL ZAIDENWERG (Buenos Aires, 1981) ha publicado
Doxa en 2008 y La lírica está muerta en 2011. Reside en Nueva York, donde es profesor y traductor.

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Centro de Iniciativas Culturales
de la Universidad de Sevilla (CICUS)

Directora
Concepción Fernández Martínez

ESTACIÓN POESÍA

Dirección
Antonio Rivero Taravillo

Comité asesor
Enrique Baltanás, Juan Bonilla, Luis Alberto de Cuenca,
Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque

Coordinación técnica
Juan Diego Martín Cabeza

Diseño
F. Javier Martínez Navarro

Imprime
Imprenta Sand

ISSN 2341-2224
DL SE 618-2014

Contacto y suscripciones
estacionpoesia@[Link]
C/Madre de Dios, 1. 41004 Sevilla

© 2015 Secretariado de Publicaciones Universidad de Sevilla


© De los textos, sus autores

Todos los textos son inéditos.


Estación Poesía agradece el envío de colaboraciones no solicitadas,
pero no puede mantener correspondencia sobre las mismas.

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