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Supervisión Educativa y Calidad Docente

La supervisión educativa es clave para mejorar el desempeño docente y la calidad educativa, pero enfrenta desafíos debido a la falta de correspondencia con las nuevas exigencias sociales y la escasa atención al personal docente. La insuficiente supervisión y el enfoque en aspectos administrativos han llevado a un bajo rendimiento académico y a la desmotivación del personal educativo. Es necesario replantear la función del supervisor educativo y fomentar un ambiente de colaboración y desarrollo profesional para lograr una transformación efectiva en las escuelas públicas.

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Supervisión Educativa y Calidad Docente

La supervisión educativa es clave para mejorar el desempeño docente y la calidad educativa, pero enfrenta desafíos debido a la falta de correspondencia con las nuevas exigencias sociales y la escasa atención al personal docente. La insuficiente supervisión y el enfoque en aspectos administrativos han llevado a un bajo rendimiento académico y a la desmotivación del personal educativo. Es necesario replantear la función del supervisor educativo y fomentar un ambiente de colaboración y desarrollo profesional para lograr una transformación efectiva en las escuelas públicas.

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El papel de la Supervisión y Dirección Educativa

Autora: Yecenia Sulbaran


Correo: yecemar4@[Link]

La supervisión educativa se constituye en un instrumento de gestión, que conlleva


al mejoramiento del nivel de desempeño docente a través de las orientaciones y la
asesoría que brinda el supervisor para lograr consolidar los procesos académicos,
controlar los niveles de rendimiento de todos los miembros de la organización con
el fin de mejorar la calidad educativa.

No obstante, dentro de este contexto, resulta claro que una de las causas de la
insuficiente calidad en los procesos organizacionales de las escuelas públicas,
refiere a la función que desempeña el supervisor educativo y su poca
correspondencia con las nuevas exigencias sociales, que demanda agentes de
cambio capaces de formar íntegramente a personas que garanticen el buen
desarrollo y progreso de la nación.

Dicha situación, se manifiesta desde las escuelas públicas, a través del bajo nivel
participativo y protagónico de todos los agentes educativos, visitas breves del
supervisor educativo, escaso control sobre las actividades pedagógicas, limitada
comunicación y relación principalmente jerárquica entre el supervisor y miembros
de la organización educativa. Situación que han incidido de manera significativa en
el bajo rendimiento académico y cuya responsabilidad recae en primera instancia
en el supervisor educativo, al desatender situaciones escolares que repuntan
contundentemente al fracaso escolar, en donde el personal docente constituye el
elemento clave para abordar de manera exitosa la problemática.

García (2015), plantea que “la calidad de la supervisión escolar está orientada a
ayudar y asesorar al docente a establecer fuertes lazos morales con los miembros
de la comunidad donde se desenvuelve” (p.131). Sin embargo, en la realidad
educativa se observa por parte del supervisor educativo mayor atención al
personal directivo.

Este planteamiento del autor, no es más que una repetición de infinidad de otros
autores que manifiestan la misma idea, no obstante pasan los años y son pocos
los cambios desarrollados en la realidad educativa. El docente sigue constituyendo
un elemento de poca importancia en el proceso de cambio, tal vez porque el
supervisor educativo sabe lo que tiene que hacer, pero no sabe cómo hacerlo.
Fuguet (2006), plantea que la función supervisora “es de carácter administrativo y
docente, sin embargo, la experiencia nos indica que este último carácter es
olvidado en el proceso” (p.15).

No obstante, el Ministerio del Poder Popular para la Educación (2013), asume el


pensamiento pedagógico de Simón Rodríguez, que expresa “dirigir un asunto es
menester entenderlo a fondo, el conocer a los discípulos es circunstancia
esencialísima sin la cual no se puede acertar en la dirección” (p.01).

Sobre este punto, al considerar el pensamiento de Rodríguez se reconoce y


confirma que existe una necesidad de conocer al personal que conforma la
organización educativa, que tiene idea de por dónde se conduce hacia la gestión
de calidad, sin embargo hasta allí llega su alcance. Cabe resaltar, que el
supervisor educativo al dejar de acompañar al docente en su labor, desconoce
cuáles son las necesidades presentes para reorientarlo según corresponde. La
unidad de cambio educativo se centra en la labor que realiza el docente, es por
ello, que resulta imprescindible orientarlo en función de las metas organizacionales
propuestas.

En el mismo orden de ideas, fundamentada en la experiencia personal, es posible


afirmar que el docente además de encontrarse desatendido ante la satisfacción de
sus necesidades e intereses, que permita la gestión de calidad del proceso
educativo, recibe innumerables tareas improvisadas y mal coordinadas, las cuales
implementa por obligación, muchas veces sin encontrarle sentido, lo que le
produce incomodidad, inquietud y confusión.

A tal efecto, la reacción más frecuente de los docentes que experimentan dicha
situación, es cerrarse ante ellas y acomodarse a las mínimas exigencias
burocráticas sin realizar ningún cambio significativo de concepción o de actitud. Es
por ello, que el valor del cambio desaparece y todo se reduce al cumplimiento de
tareas improductivas que aumentan el trabajo y el descontento.

En referencia, Aguerrondo (2013), plantea que “el personal directivo y docente que
opera en las escuelas no tiene las competencias necesarias para responder con
profesionalidad a los variados y complejos requerimientos de la actual educación”
(p.21). Asimismo, Mota (2016), expresa que “el sistema educativo se ha venido
deteriorando paulatinamente, lo que da lugar a que se realicen fuertes críticas
donde se cuestiona el papel de la educación en las instituciones escolares”
(p.135).

Ahora bien, el Estado está consciente de la debilidad que padece el sistema


educativo, y ante dicha situación, ha desarrollado políticas educativas y reformas
que persiguen fortalecerlas, como: el proyecto Canaima educativo año 2008
dotación de textos escolares 2011, proceso de transformación curricular 2016, sin
embargo, esto no ha sido suficiente. Pueden existir las mejores propuestas, pero
el éxito depende de que se ejecute su control, el asesoramiento y la evaluación,
de lo contrario, se estaría siempre conduciendo al fracaso.

Vale la pena resaltar, que la verdadera razón del fracaso de las políticas
educativas radica en no haber logrado aún concientizar que es el docente a través
de una supervisión educativa ajustada a los cambios sociales, que corresponda a
principios democráticos, quien ejecuta la transformación que se requiere. Sobre
este punto, Lobo y Quintero (2016), manifiestan que “en América Latina la
supervisión educativa se ha convertido en uno de los procesos más cuestionado y
condicionado principalmente por trámites administrativos que lo obligan a dejar de
lado aspectos pedagógicos cruciales para el desarrollo de la educación” (p.105).

Es así, como más que enfocar la calidad educativa en el desarrollo de nuevas


políticas, es necesario revisar los principios y funciones de la supervisión
educativa en la gestión de calidad de las escuelas públicas.

El supervisor junto al equipo directivo educativo debe abandonar paradigmas


tradicionales, que se caracterizan por una gestión supervisora autocrática, que
genera en el docente temor, descontento y apatía, imposibilitando el compromiso
de estos a las acciones de cambio. En efecto, la gestión educativa de acuerdo a
los nuevos modelos de gestión de calidad que coinciden en que el recurso
humano se considera el elemento más importante de toda organización, sobre el
cual debe girar toda acción de cambio y transformación, requiere competencias,
como: inteligencia emocional, para lograr ser efectivo en la resolución de
conflictos, que es una constante en los espacios educativos.

Asimismo, es infalible contar con habilidades para desarrollar el trabajo en equipo,


mantener buenas relaciones con el personal de la organización que dirige,
generando un ambiente de confianza que fomente el trabajo armónico y la
disposición del docente para dialogar sobre sus necesidades en aras de contribuir
a fortalecerlas, desarrollando sus potencialidades en la construcción de proyectos
educativos que fortalezcan la organización.

Así como también, habilidades para controlar, asesorar y evaluar de manera


oportuna y efectiva el proceso educativo que se desarrolla para el logro de un
personal satisfecho y motivado a seguir perfeccionando su labor, una comunidad
integrada que demuestre con acciones su amor por la escuela, unos estudiantes
satisfechos por la educación y el trato que reciben, un personal que trabaje en
equipo y tenga la capacidad de resolver con autonomía y liderazgo los conflictos
que se les presenten, para de esta manera justificar su acción fortaleciendo el
sistema educativo.
En función de los argumentos antes expresados, surge la necesidad de analizar la
supervisión educativa en las escuelas públicas, partiendo de los principios y
funciones que éste debe desempeñar, considerando que:

- Tanto el supervisor como el equipo directivo, necesita actualizarse ante los


nuevos modelos de gestión que han emergido para garantizar un mejor desarrollo
de sus funciones, en donde el recurso humano debe ser el elemento más
importante de la organización, dejando a un lado la búsqueda de errores para mal
juzgar y sancionar, permitiendo el desarrollo personal y profesional de todos los
miembros. Ya no basta con tener buenas intenciones para mejorar el sistema
educativo o dirigir bajo el control, la represión y el miedo, en razón de que estas
formas de dirección ya no permiten alcanzar la calidad.

- Las autoridades educativas deben replantearse la estrategia a utilizar para que


las escuelas públicas abandonen la crisis en la que se encuentran sumergidas,
producto de una inadecuada gestión de quienes tienen la responsabilidad de
garantizar la calidad: el supervisor educativo.

- Se debe evaluar el perfil académico y profesional de los aspirantes al cargo de


supervisor y equipo de dirección educativo, ante cualquier acción política y
sindical.

- Las instituciones educativas, requieren personas motivadas para transformar su


realidad y eso sólo es posible si el gerente posee las competencias que se
requieren para lograrlo. Está de más el desarrollo de cualquier política educativa
que persiga el cambio y la transformación hasta concientizar que es el docente el
punto de partida para lograrlo y el supervisor educativo quien va a garantizar que
el docente cuente con las herramientas y la atención que amerita.

Referencias

Aguerrondo, Inés (2013). “El rol de la supervisión educativa en la gestión de las


políticas públicas”. Educar. Año 2013, vol 49. Buenos Aires, Argentina, pp
13-27.

Fuguet, Antonio (2006). Supervisión Participativa y Proyectos Escolares.


Vicerrectorado de Investigación y Postgrado UPEL. Caracas - Venezuela, pp
15.

García, Bexabet (2015). “La supervisión educativa ¿víctima o excluida de las


políticas públicas”. UPEL. Año 2016, vol 12, núm 1. Universidad Pedagógica
Experimental Libertador. Maracay – Venezuela, pp 118 – 139.
Lobo, Lenny; Quintero, Benigna (2016). “El rol del supervisor escolar en centros
educativos de un Municipio del Estado Mérida”. Administración Educacional.
Universidad de los Andes. Año 4, No 4. Mérida - Venezuela, pp 103-127.

Ministerio del Poder Popular para la Educación (2013). El proceso de


acompañamiento pedagógico. Caracas, Venezuela, pp 1.

Mota, Jhoel (2016). “Supervisión vs Calidad Educativa en Educación


Primaria”.Revista Scientific. INDTEC. Vol 1, No 2. San Felipe. Venezuela, pp
131-146.

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