Grupo 6to a 9no
📦 Material:
✨Texto: “El hombrecito vestido de gris” (Versión adaptada y
ampliada)
En una ciudad donde todo brillaba de color, vivía un hombrecito que pasaba
desapercibido. No porque fuera tímido, sino porque todo en él era gris: su sombrero, su
abrigo, sus zapatos, su maletín. Caminaba por la calle como una sombra, entre casas de
paredes azules y tejados naranjas, bajo árboles de hojas violetas y entre perros con colas
rojas.
Nadie sabía su nombre. Algunos decían que era un contador, otros que trabajaba en una
oficina muy seria donde no se podía hablar ni sonreír. Lo cierto era que nadie lo había
escuchado reír. Nunca.
Cada mañana pasaba por el mismo lugar, a la misma hora, y ni una sola vez levantaba la
vista. No saludaba. No respondía. La gente había dejado de notar su presencia, como si
fuera parte del paisaje.
Pero un día, algo cambió. Una niña pequeña, con un vestido amarillo brillante, se le
cruzó en el camino. Lo miró directo a los ojos y dijo con una gran sonrisa:
—¡Buenos días, señor Gris!
El hombrecito se detuvo. Fue como si las palabras lo hubieran alcanzado por sorpresa,
como un rayo de sol en medio de la niebla.
—¿Eh? —balbuceó.
—Tome, esto es para usted —dijo la niña, extendiéndole una flor amarilla.
El hombre la tomó con manos temblorosas. Por un segundo, creyó que era un sueño.
Pero no. La flor era real, tan real como la chispa de color que apareció en la manga de
su abrigo al tocarla.
A la mañana siguiente, la niña estaba allí de nuevo. Y con ella, otro niño. Y luego, otros
más. Algunos le sonrieron, otros le regalaron dibujos, una palabra amable, una historia
inventada. Y cada gesto encendía una chispa de color en su ropa.
En una semana, su abrigo era rojo y verde. En un mes, su sombrero tenía una pluma
azul y su maletín estaba cubierto de estrellas pintadas. Pero lo más asombroso era su
sonrisa: ancha, brillante, contagiosa.
El hombrecito que una vez fue invisible, ahora saludaba a todos. Reía. Y algunos decían
que incluso bailaba cuando pensaba que nadie lo miraba.
A veces, los colores no están en la ropa. Están en los gestos. Y a veces, solo hace falta
una flor para que alguien empiece a florecer.
📙 GRUPO 10º a 11º grado
📦 Material:
“¿Nos conectan o nos aíslan las redes sociales?” (Artículo de opinión)
Vivimos en la era digital. Cada día se suben millones de fotos, se comparten miles
de pensamientos y se inician conversaciones en segundos gracias a las redes
sociales. No cabe duda de que estas herramientas han transformado nuestra
forma de comunicarnos, informarnos y hasta formar nuestras opiniones. Pero…
¿esa transformación ha sido positiva?
Las redes sociales nos prometieron conexión. Y en parte, lo han cumplido.
Podemos hablar con personas al otro lado del mundo, seguir las ideas de expertos
en segundos o enterarnos de noticias en tiempo real. Muchas amistades e incluso
movimientos sociales han nacido gracias a ellas.
Sin embargo, la otra cara de la moneda preocupa: nunca habíamos estado tan
solos mientras nos sentimos tan conectados.
Muchos adolescentes, por ejemplo, afirman sentirse ansiosos si no revisan sus
redes cada hora. Otros pierden horas valiosas comparando sus vidas con las de
“influencers” que muestran solo momentos felices, cuerpos perfectos o viajes
ideales. La constante comparación genera frustración, inseguridad e incluso
depresión.
Además, se ha perdido la profundidad del diálogo. ¿Cuántas veces hemos
preferido escribir un mensaje en lugar de tener una conversación frente a frente?
¿Cuántas reuniones familiares se han visto interrumpidas por notificaciones,
selfies y actualizaciones de estado?
El problema no está en la tecnología en sí, sino en cómo la usamos. Las redes no
son enemigas de la comunicación, pero requieren límites y conciencia.
Si aprendemos a usarlas de forma crítica —seleccionando el contenido que
consumimos, regulando el tiempo frente a las pantallas y valorando el contacto
humano real— podemos convertirlas en aliadas. Pero si las usamos sin control, se
transforman en un espejo que solo refleja nuestras inseguridades.
Entonces, ¿nos conectan o nos aíslan las redes sociales? La respuesta, quizá,
depende de nosotros.
Porque en un mundo hiperconectado, la verdadera conexión es saber estar
presente con otros… sin necesidad de una pantalla.