BALÍSTICA INTERIOR: Estudia los fenomenos interiores que ocurren en el proceso del disparo (1
- 3 (diez miles) de segundos), desde que la aguja percutora empuja la bala hasta que el proyectil abandona
el arma.
Los pasos son:
1. Percusion: Golpe entre la aguja percutora y el percutor, y esta empuja el fulminante.
2. Iniciacion del fulminante: Es la relacion que se produce por el golpe (explosion de la sustancia
quimica) para esto se nesecita que exista el yunque, es la contrafuerza de la aguja percutora.
3. Quema del propelente: Ocurre a una temperatura de 320 a 480 grados centigrados. dentro del
cartucho.
4. Movimiento del proyectil.
5. Cizayamiento: aparecen las estrias de acomodacion y rotacion.
6. Abandono del proyectil de la boca de fuego.
7. Retroceso.
Cuando se acciona un arma de fuego, su percutor golpea violentamente sobre el alojamiento del
fulminante (1) e inicia de esta manera un proceso explosivo de desintegración química en el seno del
mixto fulminante, produciendo un determinado volumen de gases a muy elevada temperatura que al
incidir sobre la pólvora hace que esta comience su proceso de deflagración(2). Los gases resultantes
ocuparán inmediatamente todo el volumen disponible en el interior de la vaina. El fenómeno continúa con
el aumento de la presión de los gases, los cuales se expanden a volumen constante. Es en este instante en
que el material constitutivo de la vaina se dilata momentáneamente y obtura la recámara conjuntamente
con el espaldón de cierre del arma, impidiendo así que los gases se fuguen al exterior.
La punta empezará a moverse cuando la presión dentro de la recámara haya alcanzado un valor
suficiente como para vencer el cierre de la vaina, momento en el cual y luego de un breve instante de
vuelo libre(3) la superficie del proyectil toma las estrías adaptándose a los macizos(4), los que le
imprimirán su rotación para estabilizarlo giroscópicamente al abandonar la boca del cañón.
Cuando se inicia el movimiento del proyectil se dan dos fenómenos antagónicos, uno es el aumento
progresivo del volumen disponible para la expansión de los gases de la combustión, lo que hace decrecer
la presión; y por otro lado, la pólvora en combustión continúa emitiendo gases, los que en teoría harían
que la presión se eleve. Pero como el movimiento del proyectil es muy acelerado, el volumen disponible
aumenta más rápidamente de lo que la generación de gases puede compensar, por lo que la curva de
presiones pasará por un máximo e irá decreciendo paulatinamente a medida que éste vaya avanzando. Por
ejemplo para el calibre 5,56x45 mm. las presiones máximas de diseño rondan los 3700 kgf/cm2
aproximadamente.
Un fenómeno interesante de mencionar es el "Viento Balístico" producido por la filtración de los gases
entre la superficie del proyectil y el ánima del cañón.
La generación de gases se interrumpe cuando la pólvora ha terminado con el proceso de quemado,
mientras el proyectil continúa desplazándose impulsado por la presión acumulada en el ánima, la que
mantiene su empuje hasta que éste abandona la boca de fuego. De lo expuesto se desprende que hay dos
períodos bien definidos, el de la combustión por un lado y el de la expansión por otro. Lo ideal es que la
pólvora haya terminado su combustión en un punto del ánima antes de ser abandonada por el proyectil, a
este momento se lo denomina "punto de estricta combustión" (PEC). Si el proyectil la abandona antes, la
pólvora que resta por quemar, no aportará su energía produciendo una "combustión incompleta".
Un PEC demasiado próximo a la recámara generará una menor presión en la boca, disminuirá el
estampido, la generación de llamas y asegurará que el propelente se queme totalmente dentro del ánima,
pero en contraposición también puede provocar picos de presión peligrosos en la recámara al requerir
pólvoras más rápidas; por el contrario si el PEC es muy próximo a la boca pude generar elevadas
presiones en una zona no diseñada para ello, además de aumentar la dispersión en el tiro. Los proyectistas
deben combinar estos parámetros antagónicos para asegurar el desempeño del arma y optimizar el
comportamiento balístico del proyectil.
La presión máxima es el límite al que debe ceñirse la balística interior, cualquier otra variable que
se aparte del diseño original del tubo puede llegar a tolerarse, pero si se sobrepasa el límite de presión
máxima el resultado puede ser una deformación permanente o inclusive una rotura explosiva del caño con
los consiguientes riesgos que ello implica. En lo que respecta a las pólvoras estas se dividen en dos
grandes grupos, las denominadas Pólvoras Mecánicas o comúnmente llamadas "Negras", las que ya
prácticamente no tienen aplicación en la cartuchería metálica actual, y las Pólvoras Químicas o Sin
Humo. Estas a su vez se diferencian esencialmente en tres tipos(5): Las monobásicas (nitrocelulosa
disuelta en éter), las de doble base (nitrocelulosa disuelta en nitroglicerina) y las de triple base
(nitrocelulosa disuelta en nitroglicerina con agregado de nitroguanidina). Las de base doble son más
enérgicas que las monobásicas pero tienen una temperatura de combustión más elevada, lo que a la larga
acelera el desgaste de los caños. Las de triple base son igualmente enérgicas pero el agregado de la
nitroguanidina reduce su temperatura de deflagración a valores similares a las monobásicas, por este
motivo también se las conoce como "pólvoras frías".
La forma de los granos es otra característica de suma importancia. Como la generación de gases es
directamente proporcional a la superficie de quemado, cuanto mayor sea ésta, mayor será el volumen de
gases y por ende más rápido será el aumento de la presión. Los tipos más comunes en uso actualmente
son las laminares, las esféricas y las cilíndricas.
Se calcula que aproximadamente solo el 35% de la energía producida por la deflagración de la pólvora se
aprovecha para impulsar al proyectil, el 65% restante se pierde en distintos tipos de trabajos mecánicos
tales como el movimiento de rotación, rozamientos y las pérdidas de calor por transferencia al tubo, la
munición y la atmósfera. Por último, otra variante que influye directamente en la velocidad de quemado
es la composición química de los propelentes.
. BALISTICA INTERIOR:
a. PERSONALIDAD DEL ARMA DE FUEGO:
Se denomina “Personalidad del arma de fuego” al conjunto de marcas características que los distintos
componentes de esta son capaces de transmitir a los proyectiles disparados y a las vainas por ellas
servidas, que la hacen única, individual y diferente a todas las demás, aún las de su misma marca, modelo
y calibre, incluso cuando sean de números de serie consecutivos.
1) Partes del arma que dejan impresas características identificatorias en las vainas y proyectiles por ellas
utilizados:
Como se expresara en el párrafo anterior, todas aquellas piezas del arma de fuego que de una u otra
manera entran en contacto con el cartucho antes, durante o luego de la detonación del mismo, transmitirán
a las vainas y proyectiles utilizados características peculiares que permitirán su identificación y que, en su
conjunto, se nucléan bajo el término de “Personalidad del arma de fuego” y las que, para una mejor
compresión las clasificaremos en:
a) En el proyectil:
El cañón: Producida la deflagración de la carga de pólvora y la consecuente generación de la
importante masa gaseosa como consecuencia de la misma, se incrementa la presión dentro de la
recámara del arma la que culmina desprendiendo el proyectil que se encuentra hasta ese momento
engarzado en la vaina, impulsándolo a lo largo del cañó[Link] proyectil posee originariamente un
diámetro ligeramente mayor que el ánima del cañón, lo que hace que ingrese a ésta en forma forzada,
adoptando la forma del ánima, la que imprime al proyectil su propias características, reproduciéndose
en bajorrelieve las estrías o “macizos” y en altorrelieve los espacios inter-estriales o “campos”. Si
tenemos en cuenta que el “rayado” o “estriado” del cañón de las armas de fuego se efectúa
generalmente a partir de un tubo de acero, desbastando o “rayando” su interior con un maquinado
que utiliza una herramienta especial denominada “escariador”, (salvo el caso, en nuestro país, de los
cañones de pistola calibre 9 mm, fabricados por Fabricaciones Militares bajo licencia de la firma
belga Browning, los que se producen por el método de martelado), y que va a introducir desde el
momento mismo de la fabricación, un micro-rayado producto de las alteraciones microscópicas de
sus filos o partes desbastantes. Estas características se producen en el momento mismo de la
fabricación del cañón, razón por las que podemos denominarlas “congénitas” ya que “nacen” con el
mismo, viéndose enriquecidas con el transcurso del tiempo, durante el cual como consecuencia del
uso, conservación, defectos de limpieza y muchas otras causas más, se van produciendo otras tales
como pequeños núcleos o puntos de oxidación, denominados “picaduras”, los que van a transmitir al
cañón nuevas particularidades identificatorias, a las que denominaremos “adquiridas” y que, en
definitiva le suministrarán características que lo harán único y totalmente diferente a los demás, aún
los inmediatamente anteriores y posteriores en su orden de fabricación y que permitirá identificar en
forma categórica e indubitable a todos y cada uno de los proyectiles disparados a través de un cañón
determinado
La embocadura del cañón: En el caso particular de los revólveres, el tambor se comporta
simultáneamente como almacén cargador, mientras que cada uno de los alvéolos del mismo cumple
las funciones de la recámara en el momento de producirse el disparo. Si el eje de simetría de cada
uno de los alvéolos no coincide exactamente con el eje de simetría del cañón, se producirá un
pequeño “desfasaje” entre ambas piezas, lo que implicará que el proyectil “roce” con una parte
determinada de su ojiva o de su cuerpo cilíndrico o “cintura de forzamiento” con uno de los bordes
posteriores del cañón, produciéndose lo que se conoce con el nombre de “marcas de abocamiento”,
las que pueden llegar a suministrar importantes indicios de alto valor identificatorio.
b). En la vaina: Al igual que en el proyectil, en la vaina también aparecen marcas impresas por distintas
piezas del arma que permitirán proceder a su identificación y que corresponden principalmente a las
siguientes partes:
La aguja de percusión: Esta pieza puede encontrarse unida al martillo mediante un perno (caso
clásico de los revólveres) o bien ubicarse de manera tal que reciba el golpe del martillo, el que le
suministra energía suficiente como para vencer la resistencia del resorte que la mantiene en su
posición, alejada del fulminante del cartucho ubicado en la recámara del arma, y transmitir a la
cápsula fulminante energía de impacto suficiente como para hacer detonar el alto explosivo que
se encuentra alojado en ella, produciéndose así el fuego que es transmitido a la pólvora a través
de pequeños orificios, los que comunican el alojamiento del fulminante con el de la pólvora y que
reciben el nombre de “iodos”.
Como fenómeno secundario al del disparo pero de importantísimo valor forense, aparecen como
consecuencia del mecanismo descripto en el párrafo anterior, las huellas o marcas características que el
extremo o punta de la aguja de percusión ha dejado grabadas en el lugar de [Link] agujas de
percusión, sean estas solidarias o no al respectivo martillo, son piezas elaboradas mediante mecanizado
(torneado), muchas veces terminadas a mano por retoque con lima, por lo que las características de su
extremo o punta van a ser únicas y diferentes a las demás, propiedad fundamental para su identificación.
El espaldón, el extractor y el botador : Estas tres piezas suelen dejar marcas características en las
vainas las que en numerosos casos permiten identificar categóricamente el arma que han servido
una vaina determinada, particularmente la primera de la piezas mencionadas.
El Espaldón está constituido por la cara o “faz” del “bloc de cierre” o corredera que mantiene asegurado
el cartucho dentro de la recámara, cerrando la misma herméticamente, apoyándose en la parte posterior o
“culote” de la vaina, donde quedan grabadas las característica que el arma le transmite. En los revólveres
esta función es cumplida por la parte del armadura que cierra por detrás el alvéolo colocado en posición
de disparo, la que posee un orificio por donde penetra la aguja de percusión para poder golpear al
fulminante y de esta manera producir el disparo.
El Extractor o “Uña extractora” : es la pieza que en armas de repetición, semiautomáticas y
automáticas, se encarga de tomar la vaina servida de la recámara y removerla de ese lugar para
dar cabida a un nuevo cartucho. La uña toma la vaina por la garganta para poder extraerla dejando
marcas características en los puntos de contacto.
El Botador: es una pieza solidaria al armadura del arma de fuego donde la vaina servida, en su
arrastre producido por el accionar de la uña extractora, va a golpear modificando su itinerario,
siendo lanzada al exterior del arma a través de la ventana de expulsión. Cuando el lateral del
culote de la vaina golpea contra el botador, éste le imprime en el lugar de impacto marcas
características de alto valor identificatorio.
La recámara, los labios del cargador, etc. : Las piezas mencionadas y toda otra que tome contacto
con el cartucho durante el proceso de carga, disparo y descarga del arma, puede dejar estampadas
en vainas y proyectiles marcas, huellas o indicios que permitan su identificación, relacionándolas
con el arma utilizada.