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Modos de Integración Social en la Historia

El texto analiza las diferentes épocas de la civilización humana como modos de integración social, vinculándolos con las relaciones sociales de producción de Marx y los patrones institucionales de Polanyi. Se identifican tres modelos: la sociedad salvaje basada en la reciprocidad, la sociedad estatal tradicional centrada en la jerarquía y el Estado, y la sociedad capitalista moderna fundamentada en la proporcionalidad y el mercado. Se argumenta que cada modelo distribuye roles de manera diferente, afectando la relación de poder social y la producción de formas, y se plantea la necesidad de una política revolucionaria para transformar el sistema capitalista actual.

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Modos de Integración Social en la Historia

El texto analiza las diferentes épocas de la civilización humana como modos de integración social, vinculándolos con las relaciones sociales de producción de Marx y los patrones institucionales de Polanyi. Se identifican tres modelos: la sociedad salvaje basada en la reciprocidad, la sociedad estatal tradicional centrada en la jerarquía y el Estado, y la sociedad capitalista moderna fundamentada en la proporcionalidad y el mercado. Se argumenta que cada modelo distribuye roles de manera diferente, afectando la relación de poder social y la producción de formas, y se plantea la necesidad de una política revolucionaria para transformar el sistema capitalista actual.

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Voy a redactar un texto y quiero que lo pongas en diálogo con las fuentes, y cuales pueden servir para

fundamentarlo: Las diferentes grandes épocas de la historia de la civilización humana, se pueden


entender como una sucesión de modos de integración social (que se pueden entender como
articulaciones del mundo social-histórico, sistemas de roles, un lazo imaginario inter-humano). En
cierto modo, estos principios abstractísimos de organización social, corresponden a lo que Marx
llamaba relaciones sociales de producción, pues en efecto, ordenan (en cada modo de producción) la
relación que establecen entre sí los seres humanos. Además, en la medida en que implican una
distribución de roles o atribuciones o posibilidades de acción, estos modos de integración social
(principios de organización social), tienen un impacto directo sobre el aprovechamiento del
conocimiento disponible o potencial para un desarrollo de las fuerzas productivas. Karl Polanyi llegó a
una conclusión semejante cuando, al historiar los sistemas económicos, llamó la atención sobre su
relación con otros principios más profundos o patrones institucionales, como el de centralidad o el de
simetría. Nuestra idea es que existen básicamente tres momentos o modelos de integración social
básicos: el de la sociedad salvaje construido alrededor de un patrón de reciprocidad, cuyo núcleo
institucional de referencia es el parentesco; la sociedad estatal tradicional, construido alrededor de
un patrón de centralidad-jerarquía, y cuyo núcleo institucional de referencia es el Estado; y la
sociedad capitalista moderna, construida alrededor del patrón de proporcionalidad, cuyo núcleo
institucional de referencia es el mercado. Es importante enteder qué tipo de roles se distribuyen en
cada caso, y cómo ello repercute en la relación de poder social general. En la sociedad salvaje, los
roles que se distribuyen son relativamente semejantes, no aportan atribuciones para la
transformación social o lo que es lo mismo, la producción de formas. En esta sociedad, la producción
de formas se reduce al mínimo y se presenta como reinterpretación o continuidad con el pasado. Una
imagen del mundo relativamente fragmentaria, con un fundamento inasible para los mortales. Una
relación social de poder relativamente simétrica. Esta falta de atribuciones o roles para la producción
de formas, es parte de un mecanismo evolutivo social de defensa contra la discordia o más bien,
contra la escisión de un poder asimétrico, como muy bien plantea Perre Clastres. Luego,
tenemos el caso del paradigma de sociedad estatal tradicional. El sistema de roles se construye en
consonancia con el patrón de jerarquía-centralidad, de modo que hay un rol político central, con
atribuciones para la creación-producción de formas, y otro conjunto de roles "económicos" de
obediencia. En este paradigma, la potencia de la sociedad crece, justamente porque se da un
esquema de aprovechamiento de la producción de formas, existe una producción instrumental de lo
normativo. Esto explica que se pueda dar una situación en la que los participantes pasivos puedan
ver su participación en el sistema de roles como una relación de reciprocidad, aunque ha sido
destruida la relación de reciprocidad real antigua. Es decir, en la medida en que la producción de
formas constituye una manera de explorar la potencia social, se convierte también en un medio para
agrandar el acceso a medios de vida de los detentadores del rol, a costa de los que ejercen el rol
pasivo, por eso se trata de un orden de dominación. Lo normativo comienza a tener un rol ideólogico,
al lado de su rol utópico (por el que lo convalidan en primera instancia). Todo esto significa, que dicho
principio de organización social, conlleva necesariamente una relación de poder social asimétrico. En
estas sociedades, la imagen del mundo tiende a organizarse también a través de un orden lógico-
jerárquico, coherente con la dependencia de todas las formas de un único centro. El rol político se
estructura de tal forma, que el control de recursos de autoridad política equivale a control sobre la
organización de la producción económica. El Estado gobernante tiene este rol de impulsar la potencia
social en la creación-producción de formas, pero no se trata de una política completamente
autónoma, es una política intraparadigmática, constreñida por los roles del sistema (dependencia del
propio sistema de roles, recurso de la trascendencia para apoyar la función ideológica); solo se
expresa como "imposición de formas", modelo de vencedores y derrotados. Esto se expresa en la
heteronomía global: el Estado-gobernante y su política se consideran con una relación privilegiada
con el sentido dador de vida, pero se consideran ejecutores de ese sentido, un centro irradiador de
formas en la tierra, que repite la centralidad del fundamento en la imagen del mundo. Luego, se
encuentra el tercer modelo de integración social, el de la sociedad capitalista. Aquí los roles que se
atribuyen son ante todo roles de transformación o producción de formas en el terreno de la
economía, en la transformación técnica de las condiciones de la producción. El núcleo institucional de
este modelo no es el Estado, sino el mercado, y su patrón institucional es la proporcionalidad
abstracta de las relaciones. En la medida en que explota la producción de formas, este principio de
organización permite una explosión de la potencia social; se repite el mismo esquema, ello permite
que sea entendido como reciprocidad por los participantes, aunque no haya reciprocidad concreta.
Pero hay algo importante que hay que tener en cuenta: la producción de formas concretas se lleva a
cabo en campos, donde lo que importa es alcanzar una posición relativa, lo que se llama valor. De
este modo, se termina creando una situación de ganadores y perdedores que no pasa por la estricta
política. La sociedad capitalista está estructurada a través de campos, donde se obtienen posiciones
relativas; la política deja de ser un terreno donde se ostentan posiciones absolutas de poder, es solo
otro campo, donde casualmente lo que se distribuyen son recursos de autoridad política. Es la
posición relativa ganadora, transversal y sumatoria a todos los campos, lo que da la medida de la
asimetría de la relación de poder social, que se expresa como resultado, no como instituida de
derecho. En esta sociedad, el imaginario no se construye sobre la imagen de un fundamento de
centralidad-jerarquía; lo que existe es un registro de categorías abstractas, en el que las formas son
equivalentes entre sí e indiferentes; solo una regla fría con la que nadie pretende tener una relación
privilegiada, ni siquiera quienes tienen un rol político; es una regla racional bajo la que
supuestamente se ponen todos por igual. De este modo, la política pierde su vínculo privilegiado con
una fuente de sentido dadora de vida, se reduce a lucha por un botín, y todo intento de lucha social
políticamente sustantivo es retrotraído, traducido al lenguaje de una lucha por posiciones relativas en
un campo específico. Se convierte así en un ámbito de defensa de la clase buguesa. Pero una
dimensión importante, es que genera un tipo de ser humano, el homo economicus, que posee ante sí
un amplio terreno para la producción de formas y su aprovechamiento para la potencia social. El
ser humano es una criatura exploratoria, que en primer lugar aprovecha las oportunidades que tiene
a su alcance para reproducir su vida, al mismo tiempo, tiene siempre ante sí la posibilidad de buscar
en el descubrimiento creación de nuevas formas la búsqueda de una aumento cuantitativo y
cualitativo de su vida. El problema con el modo de integración (o principio de organización social)
capitalista, es que brinda un sistema muy amplio de exploración de la potencia social. Ese sistema, no
puede ser modificado profundamente por una política intraparadigmática. No es un sistema que se
pueda desmontar por partes, debe ser sustituido de plano por una política extraparadigmática,
revolucionaria. El homo economicus debe ser puesto de plano ante otra oportunidad existencial, de
aprovechamiento político-concreto de la producción de formas. Dicho esto, existe algo intrigante
en que la política sea la actividad por la que se interviene sobre el lazo social, y al mismo tiempo esté
tan integrada a la base central de uno de los modos de producción social. Luego, la política ha tenido
un papel relevante, pero no siempre claro ni determinante, en la transición de un modo de
integración social a otro. Queda por ver, si la política misma puede ser parte del modelo de
integración emancipador, siguiendo la experiencia republicana emocrática, como atribución de roles
políticos generalizados y radicalizados.

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