CONAN THE BARBARIAN:
Conan cabalgaba pensativo a lomos de su semental pardo. El cimmerio,
distraído, disfrutaba del calor de los rayos del sol que se colaban entre los
árboles, calentando su piel curtida en mil batallas. A su lado, tintineaba la
espada que había conseguido en Zamora, en las misteriosas estancias de la
Torre del Elefante.
El peso del acero le reconfortaba, aunque sabía que el verdadero poder
residía en la mano que lo empuñaba y, aún sin el acero, Conan era un
enemigo terrible con las manos desnudas.
El olor de leña quemada lo sacó de su ensimismamiento. Desmontó y se
acercó sigiloso; una hoguera humeaba cociendo un suculento jabalí. Cuatro
vanires esperaban darse un buen banquete... de repente Conan se dio
cuenta de que tenía hambre, mucha hambre. Aquel no era un manjar digno
de cuatro bastardos de Vanaheim.
- Perros!! El León tiene hambre!! – dijo Conan saltando de entre la maleza.
El filo de su espada se recortaba amenazante y sus sombríos ojos reflejaban
el fuego de la hoguera. Sonriente y desafiante añadió: Venid a por mí si os
hacéis llamar hombres, tengo acero suficiente para todos, así que daros
prisa para reconciliaros con vuestros dioses... CROM!!