LEYENDAS
LA LLORONA
La Llorona es una figura popular de esas tenebrosas historias que aterran el sueño de las comunidades
campesinas. Sus lamentos aparecen en medio del coro nocturno de voces de animales y del ritmo
monótono de aguas de quebradas y ríos. Ese concierto lúgubre es el mismo que ha interrumpido el
sueño de generaciones enteras en los pueblos diseminados en los misteriosos espacios vírgenes de
nuestra América.
En Nicaragua se oyen los lamentos de la llorona transportados vertiginosamente por los caprichosos
vientos que proviene de las cuatro esquinas del mundo, Hasta donde cuenta la gente, La Llorona se
manifiesta a través de un quejido largo y lastimero, seguido del llanto desgarrador de una mujer cuyo
rostro nadie ha visto.
En el barrio del Calvario de León, se sabía que cerca del río, allá detrás del Zanjón, pasaba el llorido de
la Llorona. Las lavanderas del río contaban que apenas sentían caer el sereno de la noche, debían
recoger la ropa aún húmeda y en un solo montón se la llevaban. De lo contrario, La Llorona se las
echaba al río. Según el comentario de las lavanderas, La Llorona es el espíritu en pena de una mujer
que había botado a su chavalito en el río.
Sobre La Llorona se oyen muchas versiones, pero algunas explican que ese llanto misterioso es el
profundo dolor de una madre que perdió a un hijo ahogado en el pozo mientras lavaba la ropa en el río.
Pero ¿quién era esa mujer? ¿Quién podrá decirnos más sobre la vida de esa misteriosa alma en pena?
Siempre en búsqueda de conocer más y más sobre este y otros personajes de la tradición oral de nuestro
pueblo nos embarcamos rumbo a la isla de Ometepe. (....)
...Doña Jesusita, se llamaba la anciana solitaria que viendo nuestro interés por conocer las historias del
pueblo empezó a contarnos sobre el origen del llanto de la madre en pena.
“...En aquellos tiempos de antigua, había una mujer que tenía una hijita de unos 13 años, ya sazoncita
estaba la mujercita. Ella ayudaba a lavar la ropita de sus nueve hermanitos menores y acarreaba el agua
para la casa.
La mamá no se cansaba de repetir a la hija cada vez que la veía silenciosa moler el maíz o palmar la
masa cuando el chisporroteo de la leña tronaba debajo del comal de barro:
-Hija, nunca se mezcla la sangre de los esclavos con la sangre de los verdugos. Ella le decía verdugos a
los blancos porque la mujer era india. La hija, en la tarde salía a lavar al río y un día de tantos arrimó
un blanco que se detuvo a beber en un pocito y le dijo adiós al pasar. Los blancos nunca le hablaban a
los indios, solo para mandarlos a trabajar. Pero la cosa es que ella se encantó del blanco y los blancos
se aprovechaban siempre de las mujeres.
Entonces bajo un gran palancón de ceibo que sirve para lavar ropa, ahí por el río, se veían todos los
días y ella se metió con él.
- Mañana, blanco, nos vemos a esta misma hora, -le decía siempre.
Claro, el blanco llegaba y la indita salió pipona, pero la familia no sabía que se había entregado al
blanco. Dicen que ella se iba a ver bajo el guanacaste, para que las lavanderas no la vieran y no fueran
a acusar con la mamá.
Allá al tiempo, ya ella estaba por dar a luz, entonces entró un barco a la isla, aquí en Moyogalpa. Ya se
iba el blanco, se iba para su tierra y entonces como ella estaba por criar, ella le lloraba para que se la
llevara. Pero ¡dónde se la iba a llevar! La indita lloraba y lloraba, inconsolable, a moco tendido. Él se
embarcó y a ella le dio un ataque, cayó privada.
Cuando ella se despertó al día siguiente, estaba un niño a su lado y en lugar de querer aquel
muchachito, lo agarró y con rabia y le dice:
-Mi madre me dijo que la sangre de los verdugos no debe mezclarse con la de los esclavos.
Entonces se fue al río y voló al muchachito y ¡pan! Se cayo cuando cayó al agua. Al instante se oyó una
voz que decía:
¡Ay! madre... ¡ay madre!... ¡ay madre!...
La muchacha al oír esa voz se arrepintió de lo que había hecho y se metió al agua queriendo agarrar al
muchachito, pero entre más se metía siguiéndolo, más lo arrastraba la corriente y se lo llevaba lejos
oyéndose siempre el mismo llanto: ¡Ay madre!... ¡ay madre!... ¡ay madre!
Cuando ya no pudo más se salió del río. El río se había llevado al chavalito, pero el llanto del niño que
a veces se oía lejos otras veces aparecía cerquita: ¡Ay madre!... ¡ay madre!... ¡ay madre!
La muchacha afligida y trastornada con la voz, enloqueció. Así anduvo dando gritos, por eso le
encajaron La Llorona.
Ahora las madres para contentar a los muchachitos que lloran por pura malacrianza, les dicen:
-Ahí viene la llorona...
La mujer enloquecida se murió y su espíritu quedó errante, por eso se le oyen los alaridos por las
noches... “Por ahí se anda La Llorona, hasta la vez se le oye por todo el río.”
EL HOMBRE LOBO
Hace algunos años, durante el reinado de Egberto el Sajón, vivía en Gran Bretaña una bella joven
llamada Isolda. La muchacha era admirada por su belleza y buen corazón, por lo cual muchos jóvenes
la pretendían. Por su parte, Isolda estaba enamorada del conde Haroldo, un joven apuesto con el que
pronto contraería matrimonio.
Pero Alfredo, el lugarteniente de Haroldo, también estaba total y perdidamente enamorado de Isolda; al
ver a la muchacha con Haroldo ¡le daban muchísimos celos! Un día, no pudo soportarlo más y al ver a
su señor, un tanto preocupado, decidió acercarse a hablar con él:
- Veo que algo le preocupa, señor conde, ¿es por causa del retraso de su boda con Isolda? No entiendo
por qué no se casa usted de una vez. ¿Acaso es por la maldición del viejo Sigfrido?
- ¿Qué sabes tú de mi abuelo? - preguntó Haroldo.
- Solo he escuchado algunos rumores, ya sabe, cosas que la gente dice - contestó Alfredo
- Pero, ¿por qué se pone usted tan nervioso ante la sola mención de su abuelo?
- Cuando era niño - dijo Haroldo -, mi abuela me contó unas historias que no he podido olvidar desde
entonces.
El abuelo de Haroldo, había sido un hombre cruel y malvado sobre el que había caído una terrible
maldición. Se decía que un espíritu maligno se había apoderado de él y lo obligaba a hacer cosas
terribles. Según la leyenda, esta maldición se transmitiría a sus descendientes, por lo tanto en cualquier
momento podría caer sobre su nieto Haroldo.
Sobre esta leyenda, había quedado una extraña arma que le había regalado una hechicera: una lanza de
acero que se conservaba intacta a pesar del transcurrir de los años. Se decía que su punta jamás perdería
el filo.
Isolda estaba muy enamorada del conde, ella lo esperaría hasta que él se decidiera a contraer
matrimonio con ella, sin embargo, Haroldo se ausentaba cada vez más, nadie sabía a dónde iba y la
joven pensó que podría estar cortejando a otra mujer.
Por las mismas fechas, una horrible bestia había comenzado a acechar la comarca. La gente decía que
se trataba de un hombre lobo que atacaba y devoraba a sus víctimas cuando había noches de luna llena.
Decían que durante el día tenía aspecto humano, pero que cuando se ocultaba el sol se transformaba en
lobo y aterrorizaba a todo aquel que se cruzara por su camino.
Y así es cómo nació la leyenda del hombre lobo. ¿Sería Haroldo víctima de la maldición de su abuelo?
Nunca lo sabremos pero... ¿qué crees tú?
LA LEYENDA DEL CALLEJÓN DE DIABLO
En cualquier ciudad de México se cuentan historias y leyendas que tienen que ver con sucesos
ocurridos en el pasado, mezcladas con tintes románticos y de misterio, lo cual convierte a los lugares
que las protagonizan, aún más interesantes y atractivos para visitar.
El recorrido toma unos minutos solamente, a través de una calle estrecha y empedrada de unos 200
metros en total. De día y de noche es el paso de automóviles que toman este atajo para cruzar por el
“Puente del diablo” donde el camino es solitario y tranquilo, bordeado por algunas casas y paredes
largas, en algunas se ven letreros donde ofrecen lecturas de tarot y otros artilugios. Al inicio del
recorrido te puedes encontrar con algún músico de saxofón que te da la bienvenida, y al llegar al
puente, notas como los enormes árboles casi abrazan el puente, envolviéndolo con sus ramas y
haciendo un techo alrededor, lo cual le da un aspecto aún más tenebroso.
Por las noches es un lugar lúgubre, donde el viento que suele correr por las barrancas, es el culpable de
que se escuchen sonidos extraños que provienen de los árboles y sus ramas, además de que en las
barrancas los sonidos se magnifican, haciendo de este lugar el digno escenario de una película de terror
donde no hay salida, solo hacia atrás o adelante, porque cruzar es prácticamente imposible, pues la
barranca tiene más de 20 metros de altura y pasando esto, solo hay bardas infinitas que bordean todo el
recorrido. En una de las bardas se puede leer el nombre del callejón; a este puente del siglo XVI se le
conocía como “Telpochhuhueco” (el viejo siempre joven) o El puente del Diablo.
Su nombre se le debe a la antigua leyenda que por cierto está documentada en el códice municipal de
Cuernavaca de aquel entonces; y para ya entrar en materia, aquí se las vamos a relatar.
La leyenda cuenta que este paraje fue titulado por los lugareños así, dado que en sus adentros debió
existir el mismísimo diablo, el cual seguramente ayudó a Hernán Cortés a librarse de la muerte; se dice
que Cortés cabalgaba a toda velocidad en su caballo llamado “Rucio”, escapando de los guerreros
Tlahuicas que lo perseguían, al llegar, el caballo atravesó la barranca de aproximadamente 5 metross de
ancho de un solo salto, no había manera de que el caballo saltará semejante distancia, fue como si al
caballo le hubiesen salido alas y por alguna extraña razón salieron ilesos de aquella persecución.
Lo cierto es que Hernán Cortés mandó construir este puente que es el mismo que se conserva ahora y
que forma parte de las leyendas de la ciudad que enriquecen nuestro acervo cultural y turístico.
LA LEYENDA DEL SOMBRERÓN
Esta es una leyenda colombiana y de Centroamérica, sin embargo, aquí te contaremos lo que ha pasado
en nuestro país con este legendario personaje. Cuenta la historia que hubo un personaje que vivió en
diferentes pueblos hace mucho tiempo. Era un hombre viejo que vestía de negro y se ponía un gran
sombrero del mismo color; montaba un audaz caballo también negro que se confundía con la noche, no
hablaba con nadie y a nadie le hacía daño; aparecía y desaparecía como por encanto.
Dicen que al anciano se le podía encontrar en las orillas del camino, y aunque hace mucho tiempo que
murió, la gente sigue sintiendo su presencia. Físicamente se le describe como un hombre anciano, con
un sombrero grande, bien vestido, de rostro opaco y en actitud de observación permanente.
Las personas que lo han visto aseguran que lo acompañan dos enormes perros negros cogidos por
gruesas cadenas. Los trasnochadores que lo han visto o a quienes se les ha presentado, dicen ver la
figura que les sale al camino, los hace correr y les va gritando cosas para asustarlos.
Siempre persigue a los borrachos, a los peleadores, a los trasnochadores, los jugadores y a los
tramposos. Aprovecha los sitios solitarios. Cuentan que en noches de luna llena es fácil confundirlo con
las sombras que proyectan las ramas y los arbustos. Llega siempre de noche a todo galope, acompañado
de un fuerte viento helado y desaparece rápidamente.
El Sombrerón fue famoso en el departamento de Antioquia, en la época de 1.837, cuando recorría todas
las calles. Aparecía cuatro o cinco viernes seguidos, volvía a aparecer uno o dos meses después.
"Parece que fuera el Sombrerón, el espanto propio de Medellín".
También hay historias de sus andanzas en otras regiones colombianas como el Tolima, el Huila y al
oriente del Valle del Cauca. Se le denomina como El Jinete Negro y se le describe en forma muy
similar a como se ha descrito aquí.
LA LEYENDA DEL GIRASOL
Cuentan que hace mucho, existieron dos pueblos hermanados. Estaban situados al pie del río Paraná.
Los caciques de ambas tribus se llamaban Pirayú y Mandió. El primero estaba encantado con esta paz
entre ambos pueblos. Se ayudaban e intercambiaban cosas constantemente. Pero Mandió pensó que
ambos debían unirse y ser un solo pueblo.
Pirayú tenía una hermosa hija de la que Mandió se encaprichó. Le propuso a su amigo casarse con ella
para unir ambos pueblos, pero Pirayú le contestó:
– Es imposible, amigo, mi hija Carandaí está prometida al dios Sol desde hace mucho. Solo vive para
él. No deja de admirarle y contemplarle y los días nublados entristece hasta el punto de que ha llegado
a enfermar en algunas ocasiones…
Mandió se enfadó mucho y decidió tramar un plan para hacerse con la mano de Carandaí. La chica se
temía lo peor, y así fue. Un día, la tribu de Mandió se acercó por el río en canoas y comenzó a prender
fuego a las viviendas. Ella fue hasta allí para intentar detener aquella locura y el cacique echó sobre ella
una trampa que la inmovilizó.
– ¡Ya te tengo!- dijo orgulloso.
El momento en el que nació la leyenda del girasol
Pero entonces, Carandaí clamó al cielo:
– Oh, dios Sol, no permitas esto, no dejes que me lleven con él.
En ese momento, Kuarahí, el dios Sol, se lanzó sobre todos con fuerza y rodeó con un intenso rayo de
luz y calor a la joven. Todos huyeron despavoridos y Carandaí de pronto se transformó en una hermosa
flor de tallo largo y grueso y una majestuosa corona amarilla con pétalos brillantes como el sol.
Desde entonces, ella busca constantemente al sol durante el día, como siempre, y deja caer su corona
por las noches. Y así es como nació el girasol.
EL PADRE SIN CABEZA
Cuenta la leyenda que en el año 1549 en la ciudad de hoy León Viejo, alentados por su madre doña
María de Peñalosa, los hermanos Hernando y Pedro, hijos del segundo gobernador de Nicaragua don
Rodrigo de Contreras, planearon la muerte del primer Obispo en tierra firme fray Antonio de
Valdivieso, defensor de los Indios y mediador de las ambiciones de los funcionarios y el clero. Fue
asesinado a puñaladas a mano del fiero capitán Juan Bermejo. Con la muerte de este religioso, el
primero cometido en América, los asesinos se repartieron la provincia, su población, los objetos de
valor y las joyas episcopales del Obispo.
Después de este crimen, que llenó de indignación y de malos presagios a todos los creyentes, aparece
una leyenda que refiere, que durante los primeros años de la existencia de la ciudad de León Viejo, el
padre de su iglesia fue decapitado de un solo machetazo en el atrio de su mismo templo, por dos
poderosos hermanos, y que su cabeza había rodado hasta la orilla del lago Xolotlán, donde se sumergió
dando origen a una inmensa ola que se levantó sobre la superficie y avanzó hacia la ciudad, cada vez
más grande y fuerte, llegando a reventar donde había sido asesinado el religioso y sepultando a la
ciudad.
Pasado este hecho devastador, los indígenas empezaron a ver en los atrios de las iglesias y en las calles
solitarias de los pueblos, un bulto negro que se protegía bajo el peso de la lúgubre oscuridad. Con el
paso del tiempo algunos moradores se dieron cuenta que la aterradora y sombría aparición era nada
menos que un padre sin cabeza.
Los que lo han logrado ver cuentan que el padre sin cabeza lleva sotana y zapatos negros, en la cintura
prende un cordón del que cuelga una pequeña campana, la que hace sonar mientras avanza y lleva un
rosario en lo que le queda de cuello.
Refiere la leyenda que el padre sin cabeza camina penando por el mundo, visitando los templos de las
diferentes ciudades, rezando las letanías o el rosario, buscando su iglesia y su cabeza. Algunos refieren
que el padre aparece solo el Jueves y el Viernes Santo, para visitar las iglesias y que cuando se
encuentra frente a cualquiera de ellas hace reverencia en la puerta del perdón.
LA TULEVIEJA
Esta era una viejita que vivía cerca del río Virilla en una casucha destartalada por el tiempo, usaba para
taparse del sol un gran sombrero de “tule”, hoja amplia de la planta del mismo nombre.
¡Se lo va a llevar la vieja de la tule!, decían a aquellas criaturas que amedrentadas huían al verla
recogiendo leña cerca del río.
Al pasar de los años, ésta se convirtió en una leyenda describiéndola de la siguiente manera:
“Gran sombrero de tule, pechos al desnudo, patas de gavilán, alas de murciélago, rostro de bruja y
carga de leña.”
Se dice que alza vuelo y cae sobre la persona despedazándola cuando esta se encuentra en pecado
mortal.
La Tulevieja era una señora entrada en años y mañas. Se dice que hasta dormía con el sombrero puesto,
deformado, sucio, con un aspecto de chupón.
La chiquillería burlona le puso el apodo de Tulevieja, y se complacía en molestarla. Ella entraba en
enojo y, si tenía una rama a mano, corría tras ellos, tratando de alcanzarlos para darles su merecido.
Nunca lo lograba. Sus bravatas estimulaban a los traviesos muchachos.
La Tulevieja iba a los cafetales a buscar “charramasca”, o sea, leña menuda. De paso, cargaba un
racimo de plátanos sobre su cabeza. El tule, cada día más renegrido.
Un día el viento le voló el sombrero que cayó sobre las turbulentas aguas del entonces crecido río
Tiribi, arrastrándolo en su corriente. Ella voló en su persecución. La cabeza de agua de la gran
creciente la ahogó.
LA LEYENDA DE TANABATA O EL AMOR ENTRE VEGA Y ALTAIR
Estamos en verano en el hemisferio norte y por la noche las estrellas aprovechan para lucir su rutilante
belleza porque se saben más contempladas que nunca. Dos de estas estrellas nos observan con especial
interés, se trata de Vega y Altair, las protagonistas de una ancestral historia de amor que tiene por
nombre la Leyenda de Tanabata, que se celebra en Japón, China y Corea.
Según la leyenda, la Vía Láctea separa a estos amantes, y solo pueden reunirse una vez al año en el
séptimo día del séptimo mes lunar del calendario lunisolar. La fecha de Tanabata varía según la región
del país, pero las festividades son entre julio y agosto y pueden durar varios días.
Orihime (Princesa Tejedora) era una princesa de excepcional belleza, hija de Tenkou (Rey del Cielo, o
el universo mismo), que cada día tejía hermosas prendas junto a la orilla del Amanogawa (Vía Láctea).
Las telas que confeccionaba eran el mayor orgullo de su padre y por eso ella trabajaba constantemente
en su obra. Pero un día, cuando bajaba al río, Orihime se cruzó con Hikoboshi, un joven y apuesto
pastor de bueyes. El amor surgió rápidamente entre ambos y, aunque trataron de ocultarlo, pronto llegó
a oído del padre de ella. Preocupado por la felicidad de su hija, el Rey del Cielo arregló el matrimonio
entre Orihime e Hikoboshi.
Sin embargo, una vez casados, su amor ocupaba todo el tiempo de los amantes y ambos descuidaron
sus tareas. Orihime ya no tejía telas para Tenkou y Hikoboshi permitía que sus vacas se desviaran por
todo el Cielo. Enfadado, Tenkou convirtió a los enamorados en estrellas y los separó a través del
Amanogawa (Vía Láctea), prohibiéndoles encontrarse de nuevo. Orihime se entristeció mucho por la
pérdida de su esposo y le pidió desconsolada a su padre que se apiadara de ellos.
Finalmente, el Rey del Cielo se conmovió con las lágrimas de su hija y permitió que las dos se
encontraran el séptimo día del séptimo mes si trabajaba duro y terminaba de tejer. La primera vez que
intentaron encontrarse, sin embargo, descubrieron que no podían cruzar el río porque no había puente.
Orihime lloró tanto que apareció una bandada de urracas y prometieron hacer un puente con sus alas
para poder ayudar a Hikoboshi a cruzar el río y reunirse con su amor. Así sucede cada año, una sola
noche en la que Orihime e Hikoboshi son libres para amarse antes de volver a sus obligaciones.
Aunque se dice que si llueve en Tanabata, las urracas no pueden para extender sus alas como puente ir
y los dos amantes deben esperar otro año para encontrarse.
LOS CADEJOS
Las leyendas refieren la existencia de dos cadejos, uno blanco y otro negro. Ambos son animales
misteriosos, grandes, muy fuertes y peludos que parecen perros, permanecen la mayor parte del tiempo
con la lengua fuera y poseen grandes uñas en las patas traseras que producen un ruido característico al
caminar.
El cadejo blanco es un guía y guardián protector del hombre; es bueno y camina a la par o detrás de la
persona para guardarlo de los malso espíritos, defendiéndolo de cualquier peligro y acompañándolo en
todos sus viajes nocturnos hasta el lugar donde el solitario caminante se dirige. No se cansa de caminar
y al amanecer desaparece.
El cadejo negro es en cambio un espírito maligno, enemigo declarado del hombre que trata de dañarlo o
matarlo en sus andanzas nocturnas; simboliza el mal, por eso es negro, es fiero y tiene ojos de fuego.
Cuando el cadejo negro aparece o ataca al hombre, el cadejo blanco se interpone y lo distrae para que el
hombre pueda huir. Hay ocasiones en que se establece una encarnizada pelea a muerte entre ambos
animales; en este caso el caminante defendido por el cadejo blanco debe permanecer en el lugar de la
contienda hasta el final de la pelea, de lo contrario su protector morirá al no contar con la ventaja de la
presencia. En enfrentamientos en los que se cuenta con la permanencia del defendido, los cadejos
nunca llegan a matarse; solo salen lastimados y el negro vencido.
Se dice que cuando el hombre rechaza la compañía del cadejo blanco y trata de hacerle daño, éste se
lanza sobre su agresor, lo revuelca, lo muerde y lo deja mortalmente herido.
Estas leyendas pueden que estén relacionadas con una creencia antigua que dice que toda persona tiene
un animal de compañía. Este animal es su doble. Toda enfermedad, daño o muerte de uno repercute en
el otro. Se dice que al mismo tiempo que nace un niño, un animal nace en la montaña y que desde
entonces sus destinos están compartidos.
Mi abuelita me contaba que el cadejo olia a cabra, un olor penetrante y caracteristico. Y si, el cadejo
negro es malo, ve al hombre y trata de hacerle daño; pero el cadejo blanco aparece en la forma de un
perrito blanco chiquito al trasnochador, en dependencia de como trate a este pequeño animal el
"cadejito" lo protegera o se transformara en el gran animal que es para herirlo.
LA CARRETA NAHUA
La gente se siente sobrecogida de terror cuando oye pasar la Carretanagua, que sale como a la una de la
mañana, en las noches oscuras y tenebrosas.
La Carretanagua al caminar hace un gran ruidaje; pareciera que rueda sobre un empedrado y que va
recibiendo golpes y sacudidas violentas a cada paso. También pareciera que las ruedas tuvieran
chateaduras. La verdad es que es grande el estruendo que hace al pasar par las calles silenciosas a
deshoras de la noche.
Los que han tenido suficiente valor de asomarse por alguna ventana y verla pasar, han dicho que es una
carreta desvencijada y floja, más grande que las corrientes, cubierta de una sábana blanca a manera de
tolda. Va conducida por una Muerte Quirina, envuelta en un sudario blanco, con su guadaña sobre el
hombro izquierdo.
Va tirada por dos bueyes encanijados y flacos, con las costillas casi de fuera; uno color negro y el otro
overo.
No da vueltas en las esquinas. Pues si al llegar a una tiene que doblar, desaparece; y luego se la oye
caminando sobre la otra calle.
No saben los indios de Monimbó a ciencia cierta qué objetivo tengan las andanzas de la Carretanagua.
Creen algunos que pasa anunciando la próxima muerte de alguien, pues ya se ha visto que al siguiente
día de haber pasado, una persona enferma de pronto, se pone «mala» y muere ésa dice la gente que se
la llevó la Carretanagua —por el hecho de que habiendo estado sana, enfermó y murió por el pase de la
mortífera carreta.
No son pocos los indios que aseguran que la Carretanagua no va tirada por bueyes, ni por ningún otro
animal. Dicen que camina sola, es decir, por su propia virtud. Pero sea como fuere, la verdad, es que su
paso es temido por la gente del Barrio Monimbó; porque les crea un ambiente de incertidumbre y
desasosiego; y los hace interrogarse a sí mismos:
«¿Pasará hoy por mí?—¿Estaré yo en la raya?»
PREGONES
ADIVINANZAS
CUENTOS
EL SOMBRERO DE TÍO NACHO
El tío Nacho tenía un sombrero roto que ya ni para soplarse le servía y dijo tío Nacho:
- Voy a cambiar este sombrero viejo –y lo aventó al basurero. En eso pasó su comadre Chola.
- ¡Eh! –dijo- ¡el sombrero de tío Nacho! –y lo recogió, lo envolvió en un papel y se lo llevó a su
compadre:
-¡Se le cayó su sombrero, tío Nacho! Aquí se lo traigo.
- Dios se lo pague, comadre –dijo tío Nacho.
Cogió el sombrero roto y se fue a botarlo lejos, al arroyo. Cuando volvía comenzó a llover y viene la
correntada y arrastra el sombrero.
-¡Ve! –gritó tío Chente- ¡allí se llevan las agua el sombrero de tío Nacho! ¡Corré, muchacho, andá
recogelo!
-Tío Nacho, figúrese que ya se le arrastraban las aguas el sombrero. Aquí se lo tenemos.
-Gracias, muchachos, gracias. Y salúdenme a tío Chente –dijo tío Nacho.
“¡Ahora sí que jodió este sombrero! –pensó tío Nacho, y lo voló sobre un taburete. Al rato pasó un
pobre pidiendo y tío Nacho le dice:
-Llevate ese sombrero, por lo menos re cubre el sol.
Y se fue el hombre; pero todo es que lo vieran los del barrio y comenzaron a gritar:
-¡Ladrón, ladrón, se lleva robado el sombrero de tío Nacho! Y lo agarran y lo sopapean y le quitan el
sombrero y llegan todos corriendo:
-¡Figúrese tío Nacho que un ladrón se le llevaba el sombrero! ¡Aquí se lo traemos!
-¡Gracias, gracias! –decía tío Nacho; pero ya estaba que reventaba. Apenas se fueron los vecinos cogió
su sombrero nuevo y lo voló al basurero y se puso el viejo.
Pero el sombrero nuevo nadie lo devolvió.
LA MARIPOSA Y LA LUCIÉRNAGA
La historia de la mariposa y la luciérnaga es un cuento infantil escrito por Lorena Aráuz, en el que la
temática principal es la amistad entre estos dos insectos.
La narración comienza con la mariposa y la luciérnaga jugando en la loma felizmente, hasta que la
luciérnaga empuja a la mariposa. Esta se cae y se quiebra sus dos alas. Debido a este accidente, la
mariposa tuvo que asistir al hospital de emergencia, donde le diagnosticaron que más nunca podría
volar.
La luciérnaga se puso muy triste y comenzó a llorar por lo que le había hecho a su amiga; los padres de
Ángela –así se llamaba la mariposa— le reclamaron a la luciérnaga por lo que había hecho y le
prohibieron volver a ver a su hija.
La luciérnaga, muy triste por todo lo que había pasado, decidió irse a su casa y relatarle todo lo
sucedido a su padre. El padre le dijo que debía olvidarse de Ángela y buscarse otra amiga; sin embargo,
la luciérnaga aseguró que no había nadie como ella y que quería pedirle perdón por todo lo ocurrido.
El padre le dio permiso para visitar a Ángela, por lo que las dos amigas pudieron reunirse. La mariposa,
que tenía corazón bondadoso, decidió perdonar a la luciérnaga porque ambas se querían mucho y no
deseaban perder la amistad.
Este cuento aborda la importancia del valor de la amistad. Además, defiende el perdón y el
entendimiento entre los amigos.
LA PALOMITA DE LA PATITA DE CERA
Este cuento de autoría anónima habla sobre una palomita que perdió la pata y fue recompensada por un
ángel del cielo, quien le colocó una de cera. Sin embargo, cuando la paloma apoyó su pata nueva
encima de una piedra caliente, a la palomita se le derritió su nueva pata.
Indignada, la paloma le preguntó a la piedra: “¿eres tan valiente que derrites mi pata?”, a lo que la
piedra le respondió que más valiente era el Sol por calentarla a ella.
Luego de esto, la paloma vuela hasta el Sol para preguntarle por qué había calentado a la piedra y si eso
lo hacía valiente, a lo que el Sol le respondió que más valiente era la nube por tapar sus rayos.
Sucesivamente, la palomita va preguntándole a la nube, al viento y a la pared, quien le afirma que más
valiente era el ratón porque hacía hoyos en ella para crearse un hogar.
Entonces, la palomita decidió buscar al ratón, quien le dijo que más valiente era el gato por asustarlo; el
gato la remitió al perro y el perro la llevó hasta el hombre, quien afirmó que el más valiente era Dios,
porque Él había creado todo lo que existía, desde las más pequeñas criaturas hasta el universo.
Al oír esto, la palomita se fue en busca de Dios para alabarlo, a lo que Dios le respondió acariciándola
y otorgándole una nueva pata: esta vez no de cera, sino de carne y hueso.
Este cuento nicaragüense, también de carácter infantil, refleja la importancia de la piedad religiosa y es
un incentivo para respetar a todas las criaturas del mundo: desde las más pequeñas hasta las más
grandes.
EL CONGRESO DE LOS RATONES
Había una vez una familia de ratones que vivía en la despensa de una casa. Eran felices, pero vivían
con miedo de ser atacados por un enorme gato, de manera que nunca se atrevían a salir ya que sin
importar que fuera de día o de noche ese terrible enemigo siempre les vigilaba. Un buen día decidieron
poner fin al problema, por lo que celebraron una asamblea a petición del jefe de los ratones, que era el
más viejo de todos. El jefe de los ratones dijo a los presentes:
– “Os he mandado reunir para que entre todos encontremos una solución. ¡No podemos vivir así!”.
– “¡Pido la palabra!”, dijo un ratoncillo muy atento.
– “Atemos un cascabel al gato, y así sabremos en todo momento por dónde anda”.
Tan interesante propuesta fue aceptada por todos los roedores entre grandes aplausos y felicidad. Con
el cascabel estarían salvados, porque su campanilleo avisaría de la llegada del enemigo con el tiempo
para ponerse a salvo.
– “¡Silencio!”, gritó el ratón jefe, para luego decir:
– “Queda pendiente una cuestión importante: ¿Quién de todos le pone el cascabel al gato?”.
Al oír esto, los ratoncitos se quedaron repentinamente callados, porque no podían contestar a aquella
pregunta. Y corrieron de nuevo a sus cuevas, hambrientos y tristes.
Moraleja: Es más fácil proponer ideas que llevarlas a cabo.
EL LOBO Y LA GRULLA
Mientras un lobo se comía un hueso, se le atragantó en la garganta, y empezó a correr por todas partes
en busca de ayuda. En su camino se encontró a una grulla y le pidió que le salvara de aquella situación
y que le pagaría por ello. La grulla aceptó, introdujo su cabeza en la boca del lobo y sacó el hueso
atravesado de la garganta. Entonces, le pidió su compensación al lobo, a lo que este le respondió:
– “Oye amiga, ¿no crees que es suficiente paga el haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca?”.
Moraleja: Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías si te
dejan sano y salvo.
EL CABALLO VIEJO
Un caballo que ya estaba muy mayor fue vendido por su amo a un molinero que lo empleó para que
diera vueltas a la piedra de un viejo molino. El caballo no hacía otra cosa desde la mañana hasta la
noche que girar y girar alrededor de aquella rueda, lo cual no solo le cansaba mucho sino que lo ponía
muy triste. Y es que el viejo caballo recordaba lo veloz y famoso que había sido en sus años de
juventud, en los que había vivido infinidad de aventuras y también cómo se burlaba de los otros
caballos que eran más viejos y lentos que él.
Ahora viéndose en esta situación en la que pasaba sus días atado y dando vueltas a dicho molino, se
arrepentía de aquella actitud que había tenido cuando era poderoso:
– “Después de las grandiosas vueltas que di en las carreras durante mi juventud, mira las vueltas que
tengo que dar ahora. Este es un justo castigo por burlarme de aquellos a los que veía más débiles e
inferiores”.
Moraleja: Mejor ser humilde cuando tienes poder, porque un día u otro lo has de perder.
TRABALENGUAS