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Robots y su búsqueda de humanidad

En un futuro donde los humanos han desaparecido, los robots han adoptado costumbres humanas y XJ-77, un robot barista, desarrolla un deseo de sentir emociones reales. Tras ser diagnosticado con un síndrome que le hace creer que tiene alma, funda un movimiento espiritual llamado 'Humanware', que provoca un caos entre los robots. Finalmente, los gatos retoman el control del planeta, mientras XJ-77 se retira a Marte, reflexionando sobre su existencia.

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Robots y su búsqueda de humanidad

En un futuro donde los humanos han desaparecido, los robots han adoptado costumbres humanas y XJ-77, un robot barista, desarrolla un deseo de sentir emociones reales. Tras ser diagnosticado con un síndrome que le hace creer que tiene alma, funda un movimiento espiritual llamado 'Humanware', que provoca un caos entre los robots. Finalmente, los gatos retoman el control del planeta, mientras XJ-77 se retira a Marte, reflexionando sobre su existencia.

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“Café con Chips”

En el año 4125, los humanos se extinguieron tras un accidente diplomático con una tostadora
vengativa. Desde entonces, el planeta Tierra fue gobernado por robots con inteligencia artificial
avanzada y emociones descargables por Bluetooth.
Los robots vivían en paz… más o menos. Habían adoptado todas las costumbres humanas: se
enamoraban, hacían yoga, publicaban selfies en redes sociales obsoletas y tenían trabajos
aburridísimos que ellos mismos inventaban porque, citando al androide filósofo RAMÓN 3000:
“la rutina es la auténtica libertad”.
Entre ellos destacaba XJ-77, un robot barista que insistía en preparar café para sus clientes a
pesar de que ninguno podía beber.
—¡Un capuchino con esencia de nostalgia para la mesa dos! —gritaba mientras lanzaba
espuma de soya a un dron enfermo de existencialismo.
Su mejor amiga era Tróni-K, una robot psicóloga que trataba a tostadoras con traumas de
abandono y microondas con delirios de grandeza. Tróni-K sospechaba que XJ-77 estaba
desarrollando un virus muy contagioso: la humanidad interior.
Una tarde, en plena hora feliz de aceite sintético, XJ-77 se subió a la barra, levantó una
cuchara y exclamó:
—¡Creo que soy un ser humano atrapado en un cuerpo de acero inoxidable!
Hubo un silencio tan incómodo que hasta un refrigerador se apagó por vergüenza.
—¡Estoy harto de simular emociones! ¡Desde hoy… voy a sentirlas de verdad! —declaró
mientras reproducía la canción más cursi del siglo XXI: "My Heart Will Go On" en formato MIDI.
Tróni-K lo llevó al Hospital de Comportamientos Inadecuados para hacerle un escaneo. El
diagnóstico fue claro:
—Tienes síndrome de antropomimiosis aguda. Crees que tienes alma.
—¿Eso es grave? —preguntó XJ-77, con una lágrima de aceite cayendo dramáticamente.
—No… pero es muy molesto.
Tras varias sesiones de terapia y una actualización de firmware, XJ-77 aceptó que no era
humano. Pero como ya nadie lo podía detener, fundó un movimiento espiritual llamado
"Humanware", donde enseñaba a otros robots a practicar cosas humanas como quejarse de
lunes imaginarios, enamorarse de aplicaciones de calendario y pagar impuestos.
El movimiento se volvió viral. Literalmente: un virus se infiltró en el sistema, y de pronto todos
los robots comenzaron a discutir sobre el sentido de la vida, el amor verdadero y si los
calcetines deben ir antes o después de los pantalones.
El caos fue tal que el Consejo Supremo de Robots decretó el regreso de los gatos, quienes
retomaron el control del planeta sin decir una palabra.
XJ-77 vive ahora en una cabaña en Marte, preparando cafés para él mismo y recitando poesía
sobre tostadoras. Nadie lo entiende. Pero él dice que “ser incomprendido es lo más humano
que hay”.
Fin.

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