CONVERSION
Para hablar de la conversión podríamos comenzar definiendo la palabra como lo acostumbran hacer los
diccionarios y es evocando su significado etimológico. Pues bien, la palabra viene del latín conversio
(del verbo convertere), que viene a su vez del griego µeta???e? (meta: más allá; nous: mente), y que hace
referencia a cambiar de opinión o arrepentirse. Desde esta perspectiva descubrimos que la conversión
implica un cambio en la forma de pensar, una renovación integral de la persona. Por otro lado, podríamos
entenderla como "volver a" o un "girar hacia".
Definición
La conversión comienza con el don de gracia de la nueva vida y da lugar a una fe y un arrepentimiento
genuinos que continúan durante toda la vida cristiana.
Introducción
Cualquiera que haya viajado al extranjero entiende que la moneda debe convertirse de un sistema a otro.
Los estadounidenses que viajan a Israel deben cambiar sus dólares estadounidenses a shekels, y los
israelíes que llegan a Europa deben cambiar sus shekels por euros. Con frecuencia hablamos de convertir
documentos informáticos de un formato a otro. Los expertos en marketing y negocios hablan de convertir
clientes potenciales en clientes de pago. En ese nivel, la mayoría de los cristianos tienen un sentido
intuitivo de lo que Lucas quiso decir cuando hablaba de la «conversión [gr. epistrophēn] de los gentiles»
(Hch 15:3).
Concepto
Sin embargo, como ocurre con muchas cosas, al principio la conversión no es tan sencilla como parece.
En este concepto están incorporadas las conexiones a varias doctrinas cristianas. La doctrina de la
conversión afecta a doctrinas como el llamado eficaz, la regeneración, la santificación y el arrepentimiento.
Conversión en las Escritura
a) La palabra principal del Antiguo Testamento para conversión (heb. shub), en su uso más básico,
significa «volver» o «volver atrás». Puede indicar la sensación de cambiar de opinión y, en algunas formas,
puede referirse a ser traído de vuelta a un lugar o a un estado. En 1 Reyes 8:48 encontramos un ejemplo
claro del uso de este verbo hebreo para significar arrepentimiento, es decir, apartarse del pecado y
volverse en fe en Yahvé: «si se arrepienten con todo su corazón y con toda su alma en la tierra de sus
enemigos, que los llevaron cautivos, y les rezan hacia su tierra, que le diste a sus padres, la ciudad que
has elegido, y la casa que he construido para tu nombre…». Isaías 6:10 usa este mismo verbo en un
contexto similar y con el mismo efecto: «… no sea que escuchen con sus oídos y entiendan con sus
corazones y se arrepientan y se sanen». En Juan 12:40, nuestro Señor Jesús citó este mismo verso en
referencia a los judíos de su época.
b) En el Nuevo Testamento hay una serie de términos que se acercan al concepto de conversión. Hechos
13:43 se refiere a los prosélitos, convertidos al judaísmo, que estaban interesados en la enseñanza de
Pablo.
La idea de conversión como «giro» en el Antiguo Testamento está presente en el Evangelio según Mateo:
«En verdad les digo que si no se convierten (gr. straphēte) y se hacen como niños, no entrarán en el reino
de los cielos» (Mt 18:3). En este caso, debido a que el verbo está en la voz pasiva, parece claro que es el
Señor mismo quien convierte a su pueblo hacia sí mismo.
Pregunta
¿En qué consiste la verdadera conversión?
En dos cosas: La muerte del viejo hombre y la vida del nuevo.
Podríamos intentar señalar algunos
aspectos de la conversión:
a) La conversión es un fenómeno personal. Bien hemos insistido en que
hace parte del estado más íntimo de cada sujeto pero esta experiencia solo adquiere plenitud y solidez a
partir de la experiencia mística. Caeremos posiblemente en la crítica de los modernistas que argumentan
el subjetivismo de la experiencia religiosa pero cuando hablamos de conversión no hay otro ámbito dónde
inscribirlo sino es en la conciencia de cada hombre. En efecto, nadie puede decir que se ha convertido en
el lugar de otro; podrá decirse que alguien se ha convertido gracias a tal persona o que le ha ayudado a
otro a encontrar el camino de la conversión pero jamás se podrá decir que se decidió por otro convertirlo.
b) La conversión se enmarca dentro del contexto de la experiencia mística. En definitiva, el
"encuentro fuerte" con la Divinidad hace que el sujeto se sienta interpelado y decida repensar su vida. Es
allí, en el encuentro con el totalmente Otro, donde la conversión toma su fuente ya que desde ese mismo
momento, la vida del "adveniente" no puede seguir siendo la misma. Podríamos hacer la analogía de
"experiencia-conversión" con un una relación amorosa. Muchas veces en el momento en que el hombre ha
encontrado a la persona que ama profundamente, de la que no se quiere separar y con la que se siente
seguro, en ese mismo momento él comienza a evaluar sus actitudes y comportamientos a fin de
purificarlos y poder entablar una relación sana con la otra persona. Es decir, a medida que va conociendo
al otro, se va conociendo también así mismo y comienza un camino de purificación personal para evitar
todo aquello que le pueda desagradar a quien ama. En esta misma analogía, el sujeto que
verdaderamente se encuentra con Dios, decide libremente cambiar su vida, corregir sus actitudes
equívocas y seguirlo.
c) La conversión es más que dejar de hacer lo malo: Bien sabemos que "el compromiso ético está
unido a la experiencia", que después de esta experiencia hay un llamado claro y puntual para reevaluar la
vida, y que a quien la ha sentido sólo le queda dar testimonio de ella, No obstante, debemos apuntar que
la conversión no se enmarca solamente en los hechos morales, ella va más allá de mirar qué se ha hecho
de bueno, qué se ha hecho en contra de la Divinidad y sus mandatos, qué se ha dejado de hacer y qué se
debe evitar. La conversión es un suceso integral que compromete la manera de pensar, de obrar y desear.
Si bien ésta atraviesa el obrar humano, no podemos quedarnos en un simple funcionalismo sino que
debemos concebirla dentro de la integralidad humana: atraviesa todas las dimensiones del hombre. Por
eso, a partir de la verdadera conversión, el sujeto comienza a ver las cosas desde otra perspectiva,
reelabora sus convicciones y deseos, emprende un camino de "ascenso espiritual"( y quiere en todo
corresponder al llamado particular que ha recibido. Además, "la ética cristiana no es así una simple
obediencia a un mandato o el cumplimiento de una ley externa, sino una exigencia de respuesta a un
llamado, o aún más, la ética es la expresión de lo que se es, un amado amante. Se supera la excesiva
autonomía del sujeto y se pasa a una heteronomía amorosa: respondo porque he sido llamado con un
amor absoluto y mi respuesta es respuesta amorosa, no obligada o simplemente temerosa
d) La conversión es un proceso.
En varias ocasiones al hablar de la conversión se suele recurrir a la imagen bíblica de Saulo de Tarso,
quien siendo judío persiguió la naciente comunidad cristiana y quien, de camino hacia Damasco, fue
"tumbado" del caballo por Jesús Resucitado((. Pablo (se ha vuelto en el ejemplo típico de conversión
cuando se evoca el tema en el cristianismo y suele argumentarse que él fue "encontrado" por Jesús
y desde ese momento, Pablo, no sería el mismo. La imagen bíblica de Hechos de los Apóstoles es
violenta y la presenta como un único acontecimiento en el tiempo y en el espacio a partir del cual él es
interpelado. Pero, la naturaleza misma de la conversión nos hace pensar mejor en un proceso que
surge a partir del encuentro y que éste dejarse interpelar, el evaluar la vida, el fijarse acciones concretas
y el emprender el camino de cambio, exigen tiempo. Asimismo, podríamos afirmar que el verdadero
proceso de conversión comienza con la experiencia fuerte (o bien la podemos llamar experiencia mística,
experiencia religiosa, encuentro transcendente, etc.) y solo culmina con la muerte puesto que el hombre es
un sujeto enconstrucción permanente y es susceptible a trasformaciones. En cuanto a Pablo, es mejor
pensar en su conversión como fruto de un proceso personal en el que descubrió a Cristo Resucitado, se
abrió a un encuentro personal con Él, tuvo la experiencia de la comunidad cristiana, dejó a un lado su
apego a la Ley Mosaica para vivir el Evangelio y comenzó a proceder de acuerdo a sus nuevas
convicciones.
CONCLUCION DE LA CONVERSION COMO PASO ALA SALVACION
La salvación no es solo un evento único, sino el comienzo de un viaje de transformación o conversión de
por vida. Esto implica vivir la fe a través de la obediencia a la Palabra de Dios, creciendo en madurez
espiritual y dando frutos en consonancia con el arrepentimiento.
2 Corintios 5:17 habla de esta transformación1: "Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva
creación: ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo!"