Regulación de Bahías en Derecho Marítimo
Regulación de Bahías en Derecho Marítimo
SU REGULACIÓN
SERVICIO DE PUBLICACIONES
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ
BAHÍAS
(SU REGULACIÓN EN EL DERECHO
INTERNACIONAL DEL MAR)
Inmaculada González García
Profesora Asociada de Derecho Internacional Público
Facultad de Derecho de Jerez de la Fra.
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ
SERVICIO DE PUBLICACIONES
1999
González García, Inmaculada
ISBN: 84-7786-558-2
347.79
ABREVIATURAS 10
PROLOGO 11
PRESENTACION 13
INTRODUCCION 15
CAPITULO I: 19
La Codificación del Derecho Internacional del Mar
CAPITULO II: 27
Concepto de Bahía
7
CAPITULO III:
Delimitación de las Bahías 51
CAPITULO IV:
Régimen Jurídico de las Bahías 67
8
CAPITULO V:
Procedimientos de arreglo de controversias: Bahías 75
V .l. La obra
CAPITULO VI:
Las aguas de la Bahía de Algeciras: Un conflicto aún pendiente 79
VI . 1. ¿Es la Bahía de Algeciras una bahía en términos jurídicos
o una bahía internacional? 80
CAPITULO VII:
¿Bahía o Golfo de Cádiz? 97
CONCLUSIONES 101
BIBLIOGRAFIA 105
9
ABREVIATURAS
10
Prólogo
11
La importancia que sigue manteniendo dentro del Derecho Internacional la regula
ción de los espacios marinos también se evidencia en los distintos intentos de codifica
ción en la materia que se van a realizar a lo largo del siglo XX, y en el marco de las dos
principales Organizaciones Internacionales universales que se han sucedido: la Sociedad
de Naciones y la Organización de Naciones Unidas, aunque el interés por regular estos
espacios se había reactivado a finales del siglo pasado y había habido ya intentos de
codificación. Conecta así la regulación internacional del mar con dos de los aspectos
más novedosos que va a aportar el presente siglo al Derecho Internacional: por una
parte, en lo que se refiere a la elaboración de las normas jurídicas internacionales, la
codificación y la influencia de las conferencias de codificación en el derecho consuetu
dinario, y por otra, su realización en el marco de las Organizaciones Internacionales,
importante factor de transformación y de articulación en la sociedad internacional.
En la presente obra se estudian las distintas conferencias de codificación, aunque
centrada principalmente en la regulación de las bahías. Así se analiza en primer lugar la
obra de la Sociedad de Naciones, para continuar con las tres Conferencias de
Codificación de Naciones Unidas, llegando a la conclusión de que no ha evolucionado
la normativa internacional referida a las bahías desde que se celebrara la 1 Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Se mantiene, por tanto, la diferencia entre las bahías en términos jurídicos (las que
cumplen determinados requisitos), y las bahías en sentido amplio, (bahías “históricas”
y los golfos o bahías internacionales). Las reguladas en las Convenciones internaciona
les son las primeras mientras que las segundas se regularán por regímenes especiales.
En este último tipo se encuadra la Bahía de Algeciras, que presenta además caracterís
ticas especiales en la delimitación de sus aguas, por encontrarse pendiente la controver
sia sobre la soberanía de determinados espacios marinos entre España y el Reino Unido,
que discrepan sobre la interpretación de determinadas disposiciones del Tratado de
Utrecht, cuando España cedió la propiedad del puerto de Gibraltar, pero no la soberanía.
Todo ello es debidamente analizado en este trabajo, llegándose a la conclusión de
la soberanía española sobre las aguas de la bahía, a excepción de las del puerto de
Gibraltar. Conclusión que puede tener importantes repercusiones en la práctica para
España, por la particular situación estratégica de toda la zona. Y no sólo desde un
punto de vista defensivo, sino de prevención de determinados delitos, y persecución
de los mismos.
El tema objeto del estudio se apoya en una abundante bibliografía y en los textos de
derecho positivo, manejando igualmente la jurisprudencia referente a las cuestiones
mencionadas. El estudio se aborda desde diferentes puntos de vista y constituye una inte
resante aportación en uno de los aspectos menos estudiados del actual Derecho del Mar.
12
Introducción
13
a) la anchura del abra de la bahía, que no puede ser superior a 24 millas marinas;
b) la superficie de las aguas encerradas, esto es, la regla del semicírculo, según la cual,
la superficie ha de ser igual o superior a la de un semicírculo que tenga por diámetro la
boca de la escotadura y;
c) la pertenencia de toda la orilla a un solo Estado.
Como consecuencia de la simple regulación contenida en este artículo, la práctica de
los Estados ha planteado numerosos problemas, entre otros motivos, porque el artículo
10 excluye expresamente del régimen jurídico general de las bahías los supuestos de bahí
as internacionales (vid. el párrafo 1), entendiendo por éstas, aquellas bahías cuyas costas
pertenecen a dos o más Estados y, también, las bahías llamadas “históricas” (vid. el párra
fo 6); ambos casos estarán regulados por regímenes jurídicos particulares o especiales.
Respecto a la primera exclusión, esto es, las bahías internacionales, se podría aplicar por
analogía, en relación con su régimen jurídico, lo dispuesto para los mares cerrados o semice-
rrados, ya que hay que diferenciar este concepto de la bahía internacional; el primero sería con
siderado como la cuenca marítima o mar rodeado por dos o más Estados y comunicado con
otro mar o el océano por una estrecha salida, mientras que la bahía internacional sería defini
da como todo golfo (entendiendo por éste un concepto amplio de bahía, por lo que se refiere
a la extensión de su superficie y a la anchura de su abra) compuesto entera o fundamen
talmente de los mares territoriales y las zonas económicas exclusivas de dos o más Estados'. Sin
embargo, en el artículo 123 de la Convención de 1982 que lo regula sólo se establece una obli
gación para los Estados ribereños: procurar la coordinación de sus respectivas políticas. Por lo
tanto, para determinar el régimen jurídico aplicable a las aguas de una bahía internacional sería
de gran ayuda lo dispuesto en el artículo 15 de la Convención de 1982, sobre delimitación del
mar territorial entre Estados con costas adyacentes o situadas frente a frente.
En relación con la segunda exclusión, esto es, la referente a las bahías llamadas “his
tóricas”, ésta ha sido subsanada tras un análisis de la jurisprudencia internacional, de la
doctrina iusinternacionalista y de la práctica de los Estados.
El régimen jurídico aplicable a ambas exclusiones es algo complejo, ya que no siem
pre se podrá equiparar la naturaleza jurídica de sus aguas a las aguas interiores que que
dan comprendidas en el interior de Ja bahía. En ambos casos se pueden dar restriccio
nes, dependiendo de las circunstancias, a la soberanía del Estado/s ribereño/s.
: Para una mayor comprensión, hemos de señalar qué se entiende por mar territorial y qué por zona económica
exclusiva (Z.E.E.); el mar territorial es la franja de mar adyacente al territorio de un listado (en el caso que nos ocupa,
quedaría adyacente a las aguas interiores que integran una bahía), que puede tener una extensión máxima de 1.2 millas
marinas contadas desde la línea de base que se utilice para delimitar los espacios marítimos (en el supuesto de una bahía
jurídica, a partir de la línea de cierre); en el mar territorial el Estado ribereño ejerce su soberanía, limitada en materia
de navegación por el derecho de paso inocente que el Derecho Internacional reconoce a los buques extranjeros que nave
guen por el mar territorial de cualquier Estado. Esta soberanía se extiende al espacio aéreo sobre el mar territorial, así
como al lecho y al subsuelo de ese mar. (Vid. artículos 2 y 3 de la Convención de 1 982). Por otro lado, la Z.E.E. es el
área adyacente al mar territorial, cuya extensión no puede ser superior a las 200 millas marinas contadas desde la línea
de base a partir de la cual se mide la anchura del mar territorial y sobre la cual, el Estado ribereño ejerce derechos de
soberanía para los fines de exploración y explotación, conservación y administración de los recursos naturales, tanto
vivos como no vivos, de las aguas suprayacentes al lecho y del lecho y subsuelo del mar... (vid. los artículos 56 y 57 de
la Convención de 1982).
14
Por otro lado, en materia de delimitación, cabe señalar que al utilizarse como cierre
de las bahías en términos jurídicos el trazado de una línea recta (entre las dos líneas de
bajamar) cuya longitud no debe ser superior a 24 millas marinas, se plantea la necesi
dad de diferenciar el trazado de dicha línea del sistema de delimitación mediante líne
as de base rectas (cuyos requisitos se enumeran en el artículo 7 de la Convención de
1982), sistema que ha sido excluido expresamente del ámbito de aplicación del citado
artículo 10, según lo dispuesto en su párrafo 6.
Al no compartir la opinión de quienes piensan que el análisis de la normativa inter
nacional de las bahías tiene poca trascendencia en la delimitación de las costas españolas
y, por lo tanto, en la determinación del régimen jurídico aplicable a las aguas encerradas
en las bahías, vamos a analizar las alegaciones e intereses del Estado español en la contro
versia hispano-británica sobre las aguas de la Bahía de Algeciras adyacentes al Peñón de
Gibraltar, en el contexto de las interminables negociaciones para reintegrar esta colonia al
territorio español. Asimismo, en el correspondiente capítulo haremos un análisis de las
competencias exclusivas del Estado y de la Comunidad Autónoma Andaluza en materia
de pesca, navegación, entrada en puerto, protección del medio ambiente marino y activi
dades de investigación científica-marina en las aguas de la Bahía.
Por último, tras haber realizado un análisis de los procedimientos de solución de
controversias en la materia que nos ocupa, y para diferenciar el concepto jurídico de
bahía de otros términos, hemos elegido las aguas de Cádiz bajo el interrogante de...
¿golfo o bahía?, ya que en este supuesto, según qué línea de cierre de la bahía se utili
ce, nos vamos a encontrar con la Bahía de Cádiz en términos jurídicos (si cumple los
requisitos del artículo 10) o con el Golfo de Cádiz (si éste no cumple los requisitos de
la longitud máxima de la línea de cierre y de la regla del semicírculo).
No obstante, siguiendo la metodología del Derecho propuesta por CASANOVAS Y
LA ROSA2, vamos a determinar, en primer lugar, las normas convencionales que codifican
el Derecho Internacional consuetudinario existente sobre la materia objeto de estudio, ya
que al ser el Derecho del Mar una de las ramas más antiguas del Derecho Internacional,
sus normas se han regido casi exclusivamente por la costumbre y los usos internacionales.
Nos remontamos, por lo tanto, a comienzos del sigo XX, cuando se iniciaron los intentos
por positivizar esta normativa de carácter consuetudinario, por lo que analizaremos la vin
culación existente entre la evolución del Derecho del Mar y los intentos de su codificación.
‘ Para este autor, “la metodología del Derecho debería comprender tanto los métodos utilizados para determinar
la existencia de normas internacionales, corno para precisar su interpretación y sistematización e, incluso, para proceder
a su aplicación a un caso concreto... ’. En relación con las bahías llamadas “históricas” y las bahías internacionales, según
lo señalado anteriormente, podemos advertir en palabras de CASANOVAS Y LA ROSA, que “... la función de aplica
ción, lejos de consistir en una operación mecánica complementaria a la localización e interpretación de las normas,
adopta caracteres creativos cuando se da una laguna del Derecho o deba procederse a una aplicación simultánea de diver
sas disposiciones. Entonces se plantean los problemas de la función creadora de la jurisprudencia y del valor de la ana
logía para la solución de los problemas jurídicos concretos”.Vid. CASANOVAS Y LA ROSA, O.: “La vuelta a la teoría”
en Hacia un Nuevo Orden Internacional y Europeo. Estudios en Homenaje al profesor D. Manuel Diez de Velasco, Madrid,
1993, pp. 183-184. Respecto a esto último, vid. también lo señalado por PINOL 1 RULL, J.: “La categorización de la
Ciencia del Derecho como conocimiento preteórico: consecuencias para el profesor de Derecho internacional Público”
en Hacia un Nuevo Orden Internacional y Europeo..., op. cit. supra, pp. 592-595.
15
Capítulo I
3 El día 22 de septiembre de 1924, la Asamblea de la Sociedad de Naciones, en su quinta sesión, adoptó una reso
lución en la que pedía al Consejo convocar un Comité de Expertos encargado de elaborar una lista de temas de dere
cho internacional susceptibles de obtener un gran asentimiento internacional. En este sentido, el Comité envió a los
Gobiernos un cuestionario sobre siete temas, entre ellos, el relativo a las aguas territoriales (en términos actuales, este
espacio marítimo se denomina mar territorial). Para analizar este tema en concreto se creó un subcomité que llevaría su
nombre y estaba integrado por los siguientes relatores: Dr. Walther Schücking (Alemania), Dr, Barbosa de Magalbaes
(Portugal) y Gcorgc Wickcrsham ([Link].). Con fecha 29 de enero de 1926, el Comité de Expertos presentó a varios
Gobiernos un borrador, cuyo proyecto de artículo 4, en su forma enmendada, regulaba las bahías del siguiente modo:
“In the case of bays which are bordered by the territory ofa single State, the territorial sea shallfollow the sinuosities of the
coast, except that it shall be measuredfrom a straight Une drawn across the bay at the parí nearest to the opening towards the
sea where the distance between the two shores ofthe bay is ten marine miles, unless a greater distance has been established by
continuous and ¿inmemorial usage. The waters ofsuch bays are to be assimilated to internal walers. In the case ofbays which
are bordered by the territory of two or more States, the territorial sea shall follow the sinuosities of the coas!. Este artículo
17
máxima del mar territorial4; tampoco se definió qué debía entenderse por bahía ni
cuál era el régimen jurídico aplicable a sus aguas; lo mismo sucedió con el tema de
las bahías llamadas “históricas”, poniendo, en consecuencia, de manifiesto la pre
sencia de posturas y prácticas enfrentadas con anterioridad a la celebración de la
Conferencia de 19305.
preveía entonces dos supuestos: a) bahías cuyas costas pertenecen a un sólo Estado, en el que el mar territorial se medi
ría teniendo en cuenta las sinuosidades de la costa, aunque señalando, también, la posibilidad de establecer una línea de
cierre con una longitud máxima de 10 millas marinas (el texto originario señalaba 12 millas marinas) y, b) bahías cuyas
costas están bañadas por las aguas de dos o más Estados, supuesto para el que no se preveía el sistema de cierre de la
bahía. Además, en el primer supuesto se estableció como excepción a la distancia máxima permitida para el cierre de la
bahía, la existencia de consideraciones de carácter histórico, según se deduce de la expresión “ continuous and immemo-
rial usage\ En el primer supuesto, el agua comprendida en la bahía quedaba asimilada a la categoría de aguas interio
res, mientras que en el segundo supuesto no se hacía referencia a la categoría de las aguas, al no quedar éstas encerradas
por una línea de cierre. Por último, el 27 de septiembre de 1927, en su octava sesión, la Asamblea adoptó una resolu
ción en la que se sometía a examen de la Conferencia tres temas, uno de ellos el relativo a las aguas territoriales, con el
objeto de su codificación. Como resultado final de su labor, una vez recibida la respuesta de los Gobiernos y habiéndo
se tenido en cuenta la base de discusión n° 7, basada en el Convenio de 6 de mayo de 1882, sobre las Pesquerías del
Mar del Norte, según la cual: “in the case ofbays the coasts of which belong to a single State, the belt ofterritorial waters
shall be measured from a straight line drawn across the opening of the bay. If the opening ofthe bay is more than ten miles
wide, the line shall be drawn at the nearest point to the entrance at which the opening does not exceed ten miles”, ésta (que
no señalaba qué debía entenderse por bahía ni hacía referencia a las bahías cuyas costas pertenecen a dos o más Estados),
no se incluyó en la agenda de la Conferencia. Por el contrario, sí se incluyó la base de discusión n° 8, referente a las
bahías históricas, lo que despertó la crítica de todos aquellos Gobiernos que entendieron que no se podía hacer un aná
lisis de este tema sin antes haberse debatido el de las bahías en general. Cabe señalar, no obstante, que las observaciones
presentadas por el segundo subcomité sobre la materia objeto de estudio sí fueron incluidas en el Acta Final de la
Conferencia, advirtiéndose la diferencia de opiniones entre aquellas delegaciones que señalaban como límite máximo
para el cierre de la bahía una distancia de 10 millas marinas y las que fijaban un límite máximo de 6 millas, a partir del
cual se mediría la anchura del hoy llamado mar territorial. Para un estudio más detallado de la Conferencia de La Haya
de 1930, vid. la obra de STROHL, M. P: The InternationalLaw ofBays, The Hague, 1963, pp. 202-211. Sobre el cues
tionario n° 2 de la lista general enviada a los Gobiernos sobre temas relativos al Derecho Internacional Marítimo, vid.
AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, vol. I, Universidad de Alcalá de Henares, Madrid, 1983,
pp. 21-22 y 91.
4 La importancia por determinar la extensión máxima del mar territorial en esta materia se fundamenta en el hecho
de que, tradicionalmente, dicho criterio ha sido utilizado como determinante del sistema de cierre de las bahías. Por lo
tanto, su análisis se hará detalladamente en el capítulo correspondiente a la delimitación de las bahías.
5 Vid. el Acta Final de la Conferencia e informe anexo en Sociedad de Naciones, Actes de la Conférence pour la
codification du droit international, I, 1930, pp. 123 y 164.
6 La C.D.I. es el órgano técnico codificador creado por la AG mediante una resolución de 21 de noviembre de
1947, en respuesta al artículo 13 de la Carta de San Francisco, cuyo párrafo Io señala: “La Asamblea General promo
verá estudios y hará recomendaciones para los siguientes fines: a) fomentar la cooperación internacional en el campo
político e impulsar el desarrollo progresivo del derecho internacional y su codificación...”. Un estudio detallado sobre la
labor desarrollada por esta Comisión se puede ver en la obra de STROHL, M. P: The InternationalLaw ofBays, op. cit.,
pp. 213-225.
18
labor en su reunión de 1951, siendo nombrado como relator especial el holandés J.
P. A. FRANCOIS7.
La C.D.I. culminó su labor en 1956, transmitiendo a la AG un proyecto único arti
culado de sesenta y tres artículos que sirvieron como base de trabajo para la I
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. De este modo, como
consecuencia de la recomendación adoptada por la C.D.I. en su octava sesión y pre
sentada a la AG, ésta adoptó la resolución 1105 (XI) de 21 de febrero de 1957, por la
que convocaba una Conferencia Internacional de Plenipotenciarios encargada de exa
minar el Derecho del Mar.
7 Según el informe presentado por FRANCOIS, la C.D.I., en relación con la línea de cierre de las bahías, señaló
lo siguiente: ‘‘ In the case ofthe bays the coasts of which belong to a single State, the belt ofthe territorial sea shall be measte
red from a straight line drawn across the opening of the bay. Ifthe opening of the bay is more than ten miles wide, the Une
shall be drawn at the nearestpoint to the entrance at which the opening does not exceed ten miles'. En el curso de la discu
sión sobre las bahías, el problema de la relación entre la longitud de la linca de cierre de la bahía y la anchura del mar
territorial fue debatido. En este sentido, vid. la relación de preguntas y respuestas planteadas en el segundo informe de
la C.D.I. en STROIIL, M. P.: The International Law of Bays, op. cil., pp. 218-219. A lo largo de las sesiones de la
Comisión, el relator especial fue presentando una serie de proyectos de artículos que establecían la normativa interna
cional sobre las bahías, en los que la longitud máxima del cierre de la bahía Fue variando desde una distancia de 10 millas
marinas (en la sexta sesión de la Comisión, 1954) hasta las 25 millas (un año después, en la sesión de 1955). Por últi
mo, el proyecto de artículo 7 adoptado en la última sesión de 1956, señalábalo siguiente: 'A. For the parpóse ofthis arte
ele, a bay is a well-marked indentation whose penetration is in such proportion to the width ofits mouth as to contain land-
locked waters and constitute more than a mere curvature ofthe coast. An indentation shall not, however, be regarded as a bay
unless its area is as large as or larger than, that ofa semi-circle drawn on the mouth ofthat indentation. Ifa bay has more
than one mouth, this semi-circle shall be drawn on a line as long as the sum total ofthe length ofthe dijferent mouths. Island
within a bay shall be included as ifthey were parí ofthe water area ofthe bay. 2. The waters within a bay, the coasts ofwhich
belong to a single State, shall be considered internal waters if the line drawn across the mouth does not exceed fifteen miles
measured from the low water line. 3. Where the mouth ofthe bay exceeds fifteen miles, a closing line of such length shall be
drawn within the bay. When dijferent Unes ofsuch length can be drawn that line shall be chosen which endoses the máximum
water area within the bay. 4. Theforegoingprovisions shall not apply to so-called historie bays or in any cases where the straight
baseline system providedfor in Anide 5 is appliedS En este proyecto de artículo se estableció por primera vez el concep
to jurídico de bahía, así como el límite máximo para el cierre de la misma, que en esta ocasión no podía ser superior a
15 millas marinas.
8 Vid. AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, op. cit., pp. 30-31.
19
Convenio sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua, de 27 de abril de 1958, que
entró en vigor el 10 de septiembre de 1964'. A partir de ahora, cuando mencionemos
el Convenio de Ginebra de 1958, estaremos haciendo referencia al de Mar Territorial y
Zona Contigua, por ser el que contiene la normativa internacional sobre las bahías,
regulación a la que no se dedicó mucho tiempo en el seno de esta I Conferencia, aun
que se alcanzara un gran logro al respecto: adoptar un acuerdo sobre la longitud máxi
ma de la línea de cierre de la bahía10.
No obstante, el problema que mayor atención recibió en la I Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar sobre la materia que nos ocupa fue el de las
bahías llamadas “históricas”11; como consecuencia de esta preocupación, la Conferencia
adoptó el 27 de abril de 1958 la siguiente resolución:
“...Considerando que la C.D.I. no ha tratado del régimen de las aguas históricas,
inclusive las bahías históricas.
Reconociendo la importancia del estatuto jurídico de esos espacios marítimos.
Ruega a la Asamblea General de las Naciones Unidas, adopte disposiciones para el estu
dio del régimen jurídico de las aguas históricas, inclusive las bahías históricas, y para comu
nicar los resultados de dicho estudio a todos los Estados miembros de las Naciones Unidas”.
Efectivamente, en el proyecto de artículos elaborado por la C.D.I. no figuraba nin
guna referencia sobre las denominadas aguas históricas; incluso el artículo 7 del pro
yecto, dedicado a las bahías, excluía a las denominadas bahías históricas del ámbito de
aplicación de las reglas generales que habían sido redactadas para las bahías ordinarias.
Así, al debatirse el tema de las bahías históricas en la Conferencia de 1958, se abrió
paso un proyecto de resolución patrocinado por la India y Panamá que, tras ser revisado,
fue aprobado por amplia mayoría tanto en la Comisión como en el Pleno de la
Conferencia, convirtiéndose en la Resolución VII de su Acta Final12 que, en esencia, pos
tergaba el tema a la espera de que fuese estudiado detenidamente por la Secretaría General
de las Naciones Unidas y comunicado, posteriormente, a los Estados miembros13.
Con el deseo de resolver algunas de las cuestiones importantes que habían quedado
pendientes en la I Conferencia, como la delimitación del mar territorial y el estableci
miento de los límites de pesquerías, la AG de las Naciones Unidas convocó una II
9 Los otros tres Convenios adoptados fueron: el Convenio sobre el Alta Mar, que fue el primero en entrar en vigor,
el 30 de septiembre de 1962; seguido por el Convenio sobre la Plataforma Continental, el 10 de junio de 1964 y el
Convenio sobre la Pesca y Conservación de los Recursos Vivos del Alta Mar, último en entrar en vigor, el 20 de marzo
de 1966. España se adhirió a los cuatro Convenios el 25 de febrero de 1971, entrando en vigor el 27 de marzo de 1971.
(Vid. BOBde 24, 25 y 27 de diciembre de 1971).
10 En este sentido, fue aprobada la propuesta conjunta de Bulgaria, Polonia y la antigua URSS, que establecía un
límite máximo de 24 millas marinas, límite que se mantiene actualmente y que fue adoptado por 31 votos a favor y 27
en contra, con 13 abstenciones. Vid. un estudio más detallado sobre la Conferencia de Ginebra de 1958 en STROHL,
M. P: The International Law ofBays, op. cit., pp. 225-230.
La Secretaría General de las Naciones Unidas preparó, con vistas a la Conferencia de Ginebra de 1958, una inte
resante Memoria sobre las bahías históricas. Doc. Of, 1958: I, Doc. preparatorio A/CONE 13/1, p. 2.
12 El Acta Final de esta I Conferencia y todos sus textos fueron abiertos a la firma el 29 de abril de 1958.
13 Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Publico, Tomo I, décima edición, Madrid,
1994, p. 424.
20
Conferencia, que se celebró en Ginebra del 17 al 26 de abril de 1960 y resultó ser un
gran fracaso14.
Una vez más, la falta de delimitación del mar territorial, esta vez junto a las reivin
dicaciones que fueron surgiendo tras el proceso de descolonización que supuso la inde
pendencia sobrevenida de un gran número de Estados en los años sesenta, así como los
avances técnicos y las crecientes necesidades humanas impusieron, casi de inmediato, el
inicio de un amplio proceso de revisión del Derecho convencional establecido en 1958.
1.2. b. La III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar
La “Comisión sobre la Utilización con Fines Pacíficos de los Fondos Marinos y
Oceánicos fuera de los límites de la jurisdicción nacional” (en adelante, Comisión de
los Fondos Marinos) fue creada por la AG mediante su resolución 2467 A (XXIII), de
21 de diciembre de 1968, como un órgano de naturaleza política, dependiente de la
misma e integrado por delegados de los Estados, cuya principal función fue la prepara
ción de la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar15. La aper
tura de esta III Conferencia se fijó para 1973 por las resoluciones 2750 (XXV), de 17
de diciembre de 1970 y 3029 A (XXVII), de 18 de diciembre de 1972, de la AG.
Si comparamos el procedimiento de celebración de esta III Conferencia con las
dos anteriores celebradas en Ginebra, advertimos la quiebra del procedimiento habi
tual del recurso previo a la labor técnica codificadora de la C.D.I.16. En esta última
" En esta II Conferencia participaron ochenta y ocho Estados, que fueron incapaces de alcanzar un acuerdo.
Efectivamente, por falta de un sólo voto no se alcanzó la mayoría de dos tercios requerida para la adopción de una fór
mula de transacción que constaba de los siguientes elementos: a) un límite máximo de 6 millas para el mar territorial;
b) una zona de 6 millas contiguas a dicho mar, en la que el Estado ribereño podría regular la pesca, aunque respetando
durante diez años los derechos históricos de otros Estados y; c) el reconocimiento para ciertos Estados ribereños de un
derecho preferente de pesca en cualquier zona de alta mar adyacente a su zona de pesca. En esta ocasión, sólo se hizo
referencia al respeto de los derechos históricos de terceros Estados, aunque de forma temporal, por diez años, y limita
do a los derechos de pesca en la zona contigua al mar territorial de los Estados ribereños.
" Un estudio detallado de esta IH Conferencia, así como del proceso de elaboración de la Convención de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, puede encontrarse, entre otras, en las siguientes obras: Cuadernos de
Documentación. III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficina
de Información Diplomática, Madrid, 1978; de YTURRIAGA BARRERAN, J. A.: 1) Ambitos de soberanía en la
Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Una perspectiva española. Ministerio de Asuntos Exteriores,
Secretaría General Técnica, Madrid, 1993 y 2) Ambitos de jurisdicción en la. Convención de las Naciones Unidas sobre el
Derecho del Mar. Una perspectiva española, Ministerio de Asuntos Exteriores, Secretaría General Técnica, Madrid, 1996;
CUENCA ANAYA, J.: “Antecedentes y preparación de la Conferencia sobre el Derecho del Mar” en La actual revisión
del Derecho del Mar. Una perspectiva española, I, primera parte, Madrid, 1974, pp. 26-67; PASTOR RIDRUEJO, J. A.:
Curso de Derecho Internacional Público y Organizaciones Internacionales, sexta edición, Madrid, 1996, pp. 358-368;
AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, op. cit., pp. 35-40; RODRIGUEZ CARRION, A. J.:
Lecciones de Derecho Internacional Público, cuarta edición, Madrid, 1998, pp. 463-465; GONZALEZ CAMPOS, J. D.;
SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I. y ANDRES SAENZ DE SANTA MARIA, M. P; Curso de Derecho Internacional
Público, sexta edición, Madrid, 1998, pp. 598-600; United Nations Legal Order, Volume 2, The American Society of
International Law, USA, 1995, pp. 685-701. Por lo tanto, este epígrafe se limitará a analizar los datos más importantes
relativos a la codificación de las normas que afecten a la regulación de las bahías.
16 1.a Comisión preparatoria de la III Conferencia se dividió en tres Subcomisiones. El mandato de las distintas
Subcomisiones se distribuyó de la siguiente manera: los fondos marinos para la Primera; la preservación del medio mari
no y la investigación científica para la Tercera y; el resto para la Segunda (es decir, alta mar, plataforma continental, mar
territorial, estrechos, zona contigua, pesca y conservación de los recursos, etc.).
21
Conferencia, las delegaciones no trabajaron sobre un proyecto predefinido por una
comisión de expertos, sino que las propuestas fueron elaboradas por dichas delega
ciones.
Además, el carácter general que alcanzó el proceso codificador hizo muy compleja
la labor negociadora1 y obligó a seguir adoptando procedimientos distintos de los tra
dicionales18. Finalmente, los trabajos de la III Conferencia concluyeron el 10 de diciem
bre de 1982, con la apertura a la firma en Montego Bay, Jamaica, de la Convención de
las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, cuyo texto fue adoptado mediante vota
ción el 30 de abril de 198219, entrando en vigor el 16 de noviembre de 1994, un año
después del depósito del sexagésimo instrumento de ratificación por el Gobierno de
Guyana20, según lo dispuesto en su artículo 308, párrafo 1.
España firmó la Convención de Jamaica el 4 de diciembre de 1984, previa autori
zación del Consejo de Ministros, de 28 de noviembre de ese mismo año, haciendo una
serie de declaraciones interpretativas, pero sin violentar la prohibición general prevista
en el artículo 309 de la Convención de formular reservas y excepciones a la misma21.
Posteriormente ha sido ratificada por Instrumento de 20 de diciembre de 199622, ejer
ciendo una vez más la facultad de formular declaraciones.
Si comparamos el artículo 7 de la Convención de Ginebra de 1958 sobre el Mar
Territorial y la Zona Contigua con el artículo 10 de la Convención de 1982, observa
mos que éste último apenas modifica el anterior en relación con la normativa interna
cional de las bahías. Por este motivo y según lo dispuesto en el artículo 311 de la
' En 1968, año en el que se adoptó la citada resolución 2467 A (XX11I), los Estados Unidos y la antigua URSS,
así como sus respectivos aliados de la OTAN y del Pacto de Varsovia, llegaron a un acuerdo sobre la celebración de una
Conferencia, reducida a tres temas: 1. Fijación en 12 millas de la anchura del mar territorial; 2. Consagración de la liber
tad de navegación y sobrevuelo por los estrechos internacionales; 3. Reconocimiento al Estado ribereño de ciertos dere
chos preferenciales de pesca en las aguas adyacentes a su mar territorial. No obstante, tras una encuesta realizada a los
Estados miembros de la ONU, éstos se pronunciaron por la celebración de una conferencia que analizara toda la pro
blemática del Derecho del Mar, quedando en minoría la tesis ruso-americana de celebrar una conferencia con temario
reducido.
I!í Como novedad es necesario destacar, por un lado, la negociación por acuerdo global, conocida como pacha-
ge deal, que exigía una negociación conjunta de grupos de problemas, que buscaban una acomodación de los distin
tos intereses en presencia, mediante el sistema de contrapartidas recíprocas; por otro lado, cabe señalar la sustitución
del procedimiento de adopción del texto de un tratado en una Conferencia Internacional mediante el voto mayori-
tario de dos tercios de los Estados presentes y votantes (según ¡o dispuesto en el artículo 9, párrafo 2 de la
Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, de 23 de mayo de 1969), por el método del consenso como
vía técnica de adopción de decisiones. De este modo, el procedimiento adoptado en la III Conferencia exigía que las
cuestiones de fondo o sustantivas fuesen adoptadas por consenso, no pudiéndose recurrir a la votación hasta haber
agolado todas las vías posibles para alcanzarlo. Al final, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del
Mar de 1982 fue adoptada por votación, aunque fue negociada toda ella mediante consenso en el seno de la III
Conferencia.
v' La Convención de 1982 consiguió 130 votos a favor, 4 en contra (los de listados Unidos, Israel, 'Turquía y
Venezuela) y 17 abstenciones (además de España se abstuvieron Bélgica, Bielorrusia, Bulgaria, Checoslovaquia,
República Democrática Alemana, República Federal de Alemania, Italia, Luxemburgo, Mongolia, Países Bajos, Polonia,
Reino Unido, Tailandia, Ucrania, Flungría y Unión Soviética).
20 Vid. International Legal Materials, vol. XNX1II, 1994, p. 309.
?l En relación con las declaraciones interpretativas realizadas por España, vid. la obra de [Link] CORTA
DO, R.: España ante la Convención sobre el Derecho del Mar. Las Declaraciones formuladas. Universidad de Murcia, 1990.
22 Vid. BOE de 14 de febrero de 1997, n° 39, pp. 4966 y ss.
22
Convención de 19822’, en el presente estudio nos limitaremos a analizar esta última
Convención, en cuyas disposiciones podemos encontrar:
a) normas que recogen una práctica generalmente aceptada como derecho por los
Estados y cuya validez es independiente del hecho de que los Estados ratifiquen o se
adhieran a la Convención. En este tipo se incluyen, por ejemplo, las normas que deter
minan la naturaleza jurídica de las aguas comprendidas en el interior de una bahía
como aguas interiores. Son normas de Derecho Internacional consuetudinario que no
se apartan de la codificación realizada por el Convenio de Ginebra de 1958 y;
b) normas que dependen, según dispone el artículo 308 de la Convención, de que
ésta haya entrado o no en vigor y con respecto a los Estados parte2'1. Esto es válido
para instituciones tan novedosas como las relativas al arreglo pacífico de controversias
referentes a bahías, según será analizado en el capítulo correspondiente.
23 F1 párrafo 1 del artículo 311 señala lo siguiente: “ [Link] Convención prevalecerá, en las relaciones entre los
Estados Partes, sobre las Convenciones de Ginebra sobre el Derecho del Mar, de 29 de abril de 1958”.
24 Según señala el artículo 2, párrafo 1. g) de la Convención de Vicna sobre el Derecho de los Tratados de 1969,
a la que España se adhirió el 16 de mayo de 1972, “se entiende por parte un Estado que ha consentido en obligarse por
el Tratado y con respecto al cual el tratado está en vigor2'. Por lo tanto, se entiende por Estado parte el Estado que ha
firmado y ratificado el Convenio o se ha adherido a él con posterioridad y con respecto al cual el Tratado está en vigor.
23
Capítulo II
Concepto de Bahía
2S En este sentido, ROUSSEAU ha señalado que, tradicionalmente, el Derecho Internacional ha distinguido tres
clases de bahías: a) Bahías de escasa abertura, cuando ésta no exceda de diez millas; b) Bahías de gran abertura, cuando
exceda de diez millas (ej. : los “Golfos” -el entrecomillado es nuestro- de Genova, de Tarento y de Tonkín, entre otros,
y c) “Golfos o bahías históricas” -el entrecomillado también es nuestro-, consideradas nacionales a causa de un uso con
tinuo, indiscutido y secular. En esta última categoría, ROUSSEAU hacía referencia a su estatuto jurídico, considerán
dolas como aguas interiores, pero no daba una definición ni advertía la diferencia existente entre bahías y golfos. Como
ejemplo de éstos cita la Bahía de Cancale o de Granville, en Francia; el Canal de Bristol y el Firth of Clyde, en Gran
Bretaña; las Bahías de Chesapcake y de Dclaware, en los Estados Unidos de América. Vid. ROUSSEAU, Ch.: Derecho
Internacional Público-, tercera edición, Barcelona, 1966, pp. 451-452.
26 CERVERA PERY, J.: El Derecho del Mar. Evolución, contenido, perspectivas. (De las Bulas Papales al Convenio de
Jamaica), Madrid, 1992, p. 79. Según puso de manifiesto la Secretaría de las Naciones Unidas: “En general, los diccio
narios distinguen la palabra bahía de la palabra golfo, reservando la primera a una hendidura de limitada extensión de la
costa y la segunda, a una hendidura mucho mayor; en otras palabras, una bahía sería un golfo pequeño. Sin embargo,
este distingo dista de manifestarse en los nombres geográficos. Así, al examinar un atlas se encuentran espacios marítimos
designados con el nombre de bahía a pesar de tener dimensiones considerables, al paso que se encuentran otros denomi
nados golfos, a pesar de tener dimensiones relativamente mucho más pequeñas. Ejemplos de ello son la Bahía de Hudson,
cuya extensión es enorme y el golfo de Saint Tropez, cuya boca no tiene más de 4 Kms. de anchura”. Vid. el documento
A/CONE13/1, sobre las bahías históricas, en CNUDM, vol. I: Documentos preparatorios, p. 2. Sobre la definición geo
gráfica de bahía y golfo, vid. GARZA RAMIREZ, M. E.: El Golfo de California, mar nacional. Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, 1976, pp. 116-118, donde señala que en cuanto a la
distinción entre golfo y bahía, las denominaciones geográficas no tienen ninguna importancia en esta materia (lo intere
sante para el Derecho Internacional Público es el concepto jurídico de bahía, aunque éste no coincida con las distintas
denominaciones geográficas nacionales). Otros conceptos geográficos sobre lo que ha de entenderse por bahía y por golfo
se puden leer en BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays in International Law, Institute for International Law of the
University of Utrecht, Series A, Modern International Law, numer 1, A. W. Sythoff-Lcyden, 1964, pp. 16-18.
2’ Como señala DIEZ DE VELASCO, de todos los fenómenos geográficos que quedan comprendidos dentro de
la categoría de las aguas interiores, el que más problemas plantea en cuanto a su concepto y delimitación es el de las
25
La preocupación por definir jurídicamente una bahía se ha puesto de manifiesto
desde el comienzo del proceso codificador. Así, en la Conferencia de La Haya de 1930
se propusieron una serie de sistemas técnicos cuya finalidad fue distinguir las bahías de
las escotaduras de poca profundidad; todos ellos coincidieron en la aplicación de un
doble criterio, según el cual, la definición de bahía vendría dada por una relación entre
la superficie de las aguas encerradas y la línea de cierre trazada78.
No obstante, no se consiguió avanzar en esta materia, de manera que tras veinte
años, el relator especial de la C.D.I. se encontró en la misma situación29. En esta oca
sión se convocó un Comité de Expertos en cuestiones técnicas, que al adoptar sus con
clusiones recibió el apoyo casi unánime tanto de los miembros de la Comisión como
de los Estados30.
bahías. DIEZ DE VELASCO diferencia las bahías de los golfos, pues, según manifiesta: “se entiende por bahía una
penetración o hendidura del mar en la costa que tenga limitada extensión; y por golfo, una penetración o hendidura de
mucha mayor extensión. Sin embargo, la tradición geográfica no ha respetado este matiz y ambos términos se utilizan
indistintamente y hasta se invierte su significado.... Lo más conveniente sería utilizar el nombre corriente que la tradi
ción ha dado a determinados accidentes geográficos, aunque se tienda al uso genérico del término bahía, usado tradi
cionalmente por el Derecho Internacional”. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público,
undécima edición, Madrid, 1997, p. 380.
¿s En la Conferencia de La Haya, algunas delegaciones expresaron sus puntos de vista en relación con el concepto jurí
dico de bahía. En este sentido, la delegación británica señaló lo siguiente: “Por thepurpose ofthe determining whether the waters
ofany particular bay are or are not part of the the national waters of the Coastal State, regard shall always be had to the configu-
ratton of the bay, that is to say, the shape and degree ofenclosure of the area ofwater therein, with spectal reference to the extent to
which itpenetrates into the land\ Por otro lado, la delegación norteamericana señaló: “Subject to theprovisions ofArricie... with
reference to bays and other bodies ofwater which have been under thejurisdicrion ofthe Coastal State, in the case ofa hay or estuary
the coasts of which belong to a. single State, or to two or more States which have agreed upon a división ofthe waters thereof, the
determination ofthe status ofthe waters ofthe bay or estuary as interior waters or high sea, shall be made in the fbllowing man-
ner: 1. On a chart or map a straight Une not to exceed ten nautical miles in length shall be drawn across the bay or estuary asfollows:
the Une shall be drawn between two headlands does not exceed- ten nautical miles; otherwise, the Une shall be drawn through the
point nearest to the entrance at which the width does not exceed ten nautical miles; 2. The envelope ofall ares ofeireles having a
radius equal to one-fourth the length ofthe straight Une across the hay or estuary shall then be drawn fom all points on the coast
ofthe mainland (it whatever Une ofsea level is adopted in the charts ofthe coastal State) but such ares ofeireles shall not be drawn
around islands in connection with the process which is next described; 2. If the area enclosed within the straight Une and the enve
lope ofthe ares ofcircles exceeds the area ofa semi-circle whose diameter is equal to one-halfthe length ofthe straight Une across the
bay or estuary inside ofthe straight Une shall be regarded, for the purposes ofthis Convention, as interior waters; otherwise they shall
not be so regarded) Otra definición del concepto jurídico de bahía fue introducido por la delegación francesa: “Pour quune
échancrure puisse etre qualifiée baie, il faut que la surface comprise entre la courbe do la cote et sa corde soit égale ou supérieur a la
surface du segment de cercle dont le centre est situé sur la perpendiculaire a la corde en son milieu, a une distance de la. corde égale
a la distance qui sépare ce point d'une extrémité de la courbe . De estos conceptos, BOUCHEZ dedujo que era un factor clave
en la definición jurídica de bahía la relación existente entre la anchura de la entrada y la profundidad de la escotadura, aun
que desafortunadamente, en la Conferencia de La Haya no se adoptó ningún criterio. Sobre las distintas propuestas presen
tadas, vid. BOUCHEZ, L. J.: The regime ofbays in InternationalLaw, op. cit, pp. 18-19 y GIDEL, G.: Le Droit International
Public de la Mer Les Temps de Paix. lome III: La Mer Territoriale et la [Link] Contiguo, París, 1934, pp. 584-593.
Vid. “Régimen del Mar Territorial. Informe de J. P. A. Franjéis” (A/CN.4/53), en Anuario C.D.I., 1952, II, pp.
34-35.
5" Respecto a la distinción entre una bahía y cualquier otra hendidura, el Comité de Expertos en cuestiones téc
nica señaló: “ 1. Une baie est une baie juridique lorsque sa. superficie est égale ou supérieure a la superficie du demi-cercle ayant
comme diamétre la ligne rirée entre les points limitant Pentrée de la baie. (Sont exceptées les bates historiques, ainsi libellées
sur les canes). 2. Si la baie a plus dune entrée (...) le demi-circle devra etre tracée en prenant comme diamétre la somme des
lignes fermant toutes ces entrées. 2. Si des iles existent dans une baie, leurs superficies seront comprises dans la superficie tota-
le de la baie) Punto II A) del Informe del Comité de Expertos sobre ciertas cuestiones de orden técnico relativas al Mar
Territorial. Doc. A/CN.4/61/Add.l, en Anuario C.D.I., 1954, II, p. 4.
26
El principal criterio técnico consistía en comparar la superficie de las aguas encerra
das con el espacio comprendido por un semicírculo cuyo diámetro tuviera la longitud
de una línea imaginaria trazada a la entrada de la supuesta bahía”. En esta línea, el
Convenio de Ginebra de 1958 definía la bahía como “toda escotadura bien determina
da, cuya penetración tierra adentro, en relación con la anchura de su boca, es tal que
contiene aguas cercadas por la costa y constituye algo más que una simple inflexión de
la costa. La escotadura no se considerará, sin embargo, como una bahía si su superficie
no es igual o superior a la de un semicírculo que tenga por diámetro la boca de dicha
escotadura”.
Tal definición, contenida en el artículo 7, párrafo 2 del Convenio sobre el Mar
Territorial y la Zona Contigua, se refería únicamente a las bahías cuyas costas pertene
cían a un solo Estado (artículo 7, párrafo 1).
Para los efectos de su medición, según señalaba el parráfo 3, “la superficie de una
escotadura es la comprendida entre la línea de bajamar que sigue la costa de la escota
dura y una línea que una las líneas de bajamar de sus puntos naturales de entrada32.
Cuando debido a la existencia de islas una escotadura tenga más de una entrada, el
semicírculo se trazará tomando como diámetro la suma de las líneas que cierran todas
las entradas. La superficie de las islas situadas dentro de una escotadura quedará com
prendida en la superficie total de ésta, como si formara parte de ella”.
Según se deduce de una simple lectura del citado artículo 7, determinar qué debe
entenderse por bahía para aplicarle un régimen jurídico concreto es una cuestión pro
blemática, ya que el Convenio de Ginebra señala como elemento definitorio de la
bahía, el trazado de una línea de demarcación entre las fajas de bajamar de los puntos
naturales de entrada de la bahía, línea que no puede exceder de 24 millas para que las
aguas encerradas puedan ser consideradas como interiores (artículo 7, párrafo 4). No
obstante, esta regla general presenta excepciones: según señala el párrafo 6 del citado
artículo, lo dispuesto en él no se aplicará a las llamadas bahías históricas ni a los supues
tos en los que las bahías se delimiten mediante el sistema de LBR.
Como ya hemos señalado, si bien a partir de 1910 el máximo de la abertura fue con
siderado de diez millas33, este límite fue aumentando considerablemente, hasta llegar a
las 24 millas fijadas en el Convenio de Ginebra de 1958, el doble de la extensión máxi
31 En el seno de la C.D.I., GARCIA AMADOR definió la bahía como una hendidura bien determinada cuya
penetración tierra adentro en relación con la anchura de su boca era tal que contenía aguas cercadas y constituía algo
más que una simple inflexión de la costa. (A/CN.4/SR.3177, en Anuario C.D.L, 1955, 1, p. 206). En el debate poste
rior sobre el proyecto de artículo que definía jurídicamente una bahía, FITZMAURICE propuso que a esta noción geo
gráfica de bahía propuesta por AMADOR se añadiese un criterio cuantificablc, el del semicírculo. De este modo, según
la definición jurídica de bahía contenida en el artículo 7 de la Convención de Ginebra sobre el Mar Territorial y la Zona
Contigua, las bahías han quedado configuradas jurídicamente conforme a este doble criterio. Vid. SAURA ESTAPA, J.:
Límites del Mar Territorial. Cuadernos de Cátedra, n° 4, Derecho Internacional Público, Barcelona, 1996, p. 110-111.
32 El Comité de redacción introdujo este párrafo, que hie aprobado por la Comisión y el Pleno, a raíz de la propuesta
presentada por el Reino Unido en la Primera Comisión de la Conferencia de Ginebra (A/CONE13/C.1/L.62). Vid. el
Informe de la Primera Comisión, Doc. A/CONF.13/L.28/rev. 1, en CNUDM, vol. II: Sesiones Plenarias, pp. 135 y 142.
33 Vid. “Award of the Tribunal oí Arbitration in che Question relating to the North Atlantic Coast Fisheries”, The
Hague, September 7, 1910. Reports ofInternational Arbitral Awards, vol. XI, p. 167.
27
ma prevista en la Convención de 1982 para determinar la anchura del mar territorial34.
Este límite de 24 millas, junto a otros dos requisitos serán los que determinen el con
cepto jurídico de bahía, concepto que diferenciaremos de aquel otro más amplio, en el
que incluiremos todos aquellos supuestos que no cumplan los requisitos exigidos para
ser considerados jurídicamente como tales, es decir, bahías en sentido estricto.
Por último, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de
1982 reproduce de forma íntegra, en su artículo 10, el texto del Convenio de Ginebra
anteriormente visto.
En el presente capítulo analizaremos, en primer lugar, qué se entiende jurídicamen
te por bahía, diferenciando el concepto jurídico de bahía de aquel otro concepto
amplio, que comprendería las bahías llamadas “históricas” y los golfos o bahías inter
nacionales. Según hemos señalado, los textos convencionales de 1958 y 1982 se refieren
exclusivamente a bahías cuyas costas pertenecen a un solo Estado, excluyendo de su
ámbito de aplicación, en consecuencia, los golfos o bahías internacionales y las bahías
llamadas “históricas”, que constituirán excepciones, no sólo en relación con su delimi
tación, sino también, con el régimen jurídico aplicable35.
Teniendo en cuenta que el artículo 10 de la Convención de Jamaica no introduce
ninguna modificación en relación con el contenido del artículo 7 del Convenio de
Ginebra de 1958 y que la redacción de ambos preceptos es muy parecida, el análisis que
a continuación realizamos del concepto jurídico de bahía se hará partiendo del citado
artículo 10, según lo dispuesto en el párrafo 1 del artículo 311 de la Convención de
1982, sobre la relación de ésta con otras convenciones y acuerdos internacionales.
J’ Este tema será analizado en el capítulo correspondiente a la delimitación de las bahías, concretamente, en su
evolución jurídica.
'■ En el presente estudio, al igual que hiciese el profesor Diez de Velasco, advertimos la distinción existente entre
bahías en términos jurídicos y golfos; éstos quedarían incluidos en un concepto amplio, al no reunir los tres requisitos
exigidos para ser considerados bahías en sentido jurídico. Como señala The International Law Dictionary (Oxford,
1987), “bay is a well-marked indentalion in the coasc which conscientes more than a mere curvaturc of the coast and
deserves the status of internal waters. Customary international law does not offer any clear criteria indicating when an
indentation may be recognized as a legal bay or what the máximum length of its dosing Une should be. Although the
term “gulf” usually refere to a larger occan inlet than a bay, in state practice the two terms are sometimes used inter-
changeably...”.
16 Vid. LACLETA MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”, La actual revisión del Derecho del Mar. Una pers
pectiva española, I, Primera Parte, Madrid, 1974, p. 218.
28
no cabe ninguna duda de que dichas aguas constituyen aguas interiores, y de que, en
consecuencia, la línea de cierre sirve como punto de partida para medir la anchura del
mar territorial..., este convencimiento no siempre ha existido”37.
Atendiendo al artículo 10 de la Convención de Jamaica de 1982, son tres los requi
sitos que deben ser tenidos en cuenta para precisar si una determinada escotadura de la
costa constituye o no una bahía, al efecto de que sus aguas puedan ser consideradas
aguas interiores. Estos tres requisitos han de cumplirse de forma simultánea y son los
siguientes38:
a) anchura de la boca de entrada (abra): artículo 10, párrafos 4 y 5.
b) superficie de las aguas encerradas (regla del semicírculo): artículo 10, párrafo 2 y 3.
c) pertenencia de toda la orilla a un mismo Estado soberano: artículo 10, párrafo 1.
Este primer requisito es el que ha recibido un mayor estudio y más prolongada aten
ción por parte de los especialistas en la materia39.
Históricamente han sido consideradas como aguas interiores las aguas de aquellas
bahías cuya entrada tuviese una anchura igual o inferior al doble de la establecida por
el Estado ribereño para fijar la extensión de su mar territorial. En este sentido, es evi
dente la vinculación existente, en el caso de las llamadas bahías jurídicas, entre la
anchura del mar territorial y la consideración jurídica de sus aguas encerradas como
aguas interiores.
No obstante, teniendo en cuenta que hasta la Convención de 1982 no fue posible acor
dar la extensión máxima del mar territorial40, las reivindicaciones de los Estados en este sen
tido han ido variando, debido, sobre todo, a que la práctica de éstos no ha sido uniforme.
Este hecho motivó la tendencia a buscar una regla específica que, prescindiendo de
la anchura del mar territorial, permitiese definir de manera uniforme el estatuto corres
pondiente a cualquier bahía. Según señala LACLETA, la regla pudo haber sido (en una
■ 5/ SAURA ESTAPA, J.: Límites del Mar Territorial..., op. cit. supra, p. 1 12. En este sentido, BOUCHEZ se plan
teó lo siguiente: “ The question must be asked whether every bay in the legal sense fallí under the sovereignty of the Coastal
State. The answer must be in the negative in order to prevent that the sphere of operación ofthe principie ofthe freedom of the
seas would be seriously limited. Ifso, the questions arise: which further conditions must be stipulated, and what the nature
and scope of these conditions might be. Here it is relevant to distinguish between further conditions of a general nature and
those of a special character resulting from specific circumstances. In other words, the problem is whether the sovereignty over
bays is governed by generally applicable rules or whether the determination ofsovereignty over every bay requires sepárate con
sideración. In order to find a solution to such problems it will be helpful to examine the relación between the particular and
general situation in International law . Vid. BOUCHEZ, L. J.: The Regime of Bays..., op. cit. supra, p. 23.
58 SOLIS GUILLEN se refiere a estos tres requisitos como “los tres criterios básicos a tomar en cuenta en la defi
nición jurídica de una bahía, con mira a considerarla agua interior de un Estado”. Vid. su obra Derecho Oceánico,
México, 1987, pp. 67-69.
Nos remitimos, una vez más, a la evolución jurídica del Capítulo 111 dedicado a la delimitación de las bahías.
40 Según establece el artículo 3 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar: “'.Iodo Estado
tiene derecho a establecer la anchura de su mar territorial hasta un límite que no exceda de 12 millas marinas medidas
a partir de líneas de base determinadas de conformidad con esta Convención”.
29
primera época) la de 10 millas marinas de extensión de la línea de cierre de la bahía,
defendida por un buen número de autores e invocada, por ejemplo, por los Estados
Unidos de América en el asunto de las Pesquerías del Atlántico Norte41.
Muchos fueron los países que se adhirieron a la regla de las 10 millas, considerada
derecho consuetudinario hasta la Conferencia de La Haya de 1930. No obstante, el
camino de su ampliación estaba emprendido, de modo que, en el asunto de las
Pesquerías Anglo-Noruegas, el Tribunal Internacional de Justicia (TI J.) estimó en su
sentencia de 18 de diciembre de 1951, que la mencionada regla no constituía una
norma del Derecho Internacional vigente42.
LACLETA considera que esta regla, según la cual la anchura del abra de la bahía,
fijada en relación con la extensión máxima del mar territorial, determinaría el carác
ter de sus aguas, puede considerarse como norma consuetudinaria de Derecho
Internacional, a reserva de ser impugnada, en cada caso concreto, por los Estados
que con anterioridad a 1982 no reconociesen la anchura fijada por el Estado ribere
ño para su mar territorial43. Sin embargo, tras la entrada en vigor de la Convención
de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, dicha posibilidad de
impugnación no tiene sentido, debido al carácter vinculante para todos los Estados
de la norma que fija la anchura del mar territorial en un límite máximo de 12 millas
marinas.
Por otra parte, es necesario tener en cuenta que, aunque el artículo 7 del Convenio
de Ginebra de 1958 no llegó a fijar la extensión máxima del mar territorial, sí deter
minó, por el contrario, la anchura máxima (24 millas marinas) del abra de las bahías,
con el objeto de establecer el estatuto jurídico de sus aguas como interiores44, anchura
que se mantiene en la Convención de Jamaica de 1982.
De este modo, los párrafos 4 y 5 del artículo 10 de la Convención de 1982 estable
cen, respectivamente, lo siguiente:
“Si la distancia entre las líneas de bajamar de los puntos naturales de entrada de una
bahía no excede de 24 millas marinas, se podrá trazar una línea de demarcación entre
las dos líneas de bajamar y las aguas que queden así encerradas serán consideradas aguas
interiores”. Ahora bien, “cuando la distancia entre las líneas de bajamar de los puntos
naturales de entrada de una bahía exceda de 24 millas marinas, se trazará dentro de la
41 Vid. LACLETA MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”... op. cit., p. 219.
42 En relación con la regla de las diez millas, el T.1J, consideró que: “although the ten-mile rule has been adopted by
certain States both in their national law and in their treaties and conventions, and although certain arbitral decisions have
applied it as between these States, other States have adopted a different limit. Consequently, the ten-mile rule has not acqui-
red the authority ofa general rule of International lawWiá. “Fisheries case”, Judgment of December 18th, 1951: I.C.J
Reports, 1951, p. 131. Una referencia más detallada de esta sentencia se hará en el capítulo correspondiente a la delimi
tación de las bahías. Un estudio sobre la evolución de la regla de las diez millas se puede ver en la citada obra de SAURA
ESTAPA, J.: Límites del Mar Territorial, pp. 114-122.
45 Vid. LACLETA MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”..., op. cit., p. 205.
44 Un estudio sobre las bahías cuyas aguas tienen el carácter de interiores, atendiendo a lo dispuesto en el artícu
lo 7, párrafos 4 y 5 de la Convención de Ginebra sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua de 1958 se puede ver en
la citada obra de STROHL, M. P.: The International Law ofBays, pp. 61 -67
30
bahía una línea de base recta de 24 millas marinas, de manera que encierre la mayor
superficie de agua que sea posible con una línea de esa longitud”.
Sin embargo, en el supuesto de que se estableciese una LBR en el interior de una
bahía, la Convención de 1982 no califica las aguas así encerradas como aguas interiores,
aunque se sobreentiende. De este modo, desde la línea de base recta hacia el exterior, las
aguas formarían parte del mar territorial del Estado ribereño, mientras que hacia el inte
rior, serían consideradas aguas interiores45. Entendemos, no obstante, que esta cuestión
deja de tener sentido, en tanto que el párrafo 6 del artículo 10 de la Convención de 1982
excluye de su ámbito de aplicación todas aquellas bahías que hayan sido delimitadas
mediante el sistema de LBR previsto en su artículo 7, sistema utilizado para la delimita
ción de costas con profundas aberturas y escotaduras y que determina, asimismo, el carác
ter de interiores de las aguas que quedan comprendidas en el interior de tales líneas.
Como consecuencia de esto último, podemos deducir que las tendencias actuales
apuntan a una ampliación del concepto de bahía y permiten considerar como aguas
interiores, superficies encerradas cada vez más extensas, especialmente, por lo que se
refiere a la anchura de su abra, tema que será analizado en el próximo capítulo, en la
delimitación de los supuestos comprendidos en el concepto amplio de bahía.
Este segundo criterio, la superficie de las aguas encerradas en relación con el diá
metro del abra de la escotadura, forma parte integrante de la definición misma de bahía
y guarda una estrecha relación con la noción geográfica, puramente física, de bahía.
Como hemos señalado, durante un largo período de tiempo se discutió sobre el
hecho de que determinadas inflexiones de la costa pudieran constituir o no una bahía
y sólo recientemente ha sido posible determinar un criterio que permita definir jurídi
camente cuándo una determinada inflexión cumple las condiciones necesarias para que
las aguas encerradas puedan ser consideradas como interiores.
En este sentido, fue en la Conferencia de Codificación de 1930 cuando se puso de
relieve la necesidad de dar una definición de bahía, que no debía limitarse únicamente
al cumplimiento de una determinada extensión de su abra y que permitiese vincular, en
virtud de una regla precisa, una situación geográfica con una consecuencia jurídica46.
Durante la Conferencia de 1930 se propusieron diversos sistemas47 que constituyen
el origen de la regla del semicírculo, regla que apareció formulada, tal y como está
is Según LACLETA, en relación con la expresión “línea de base recta”, no deja de haber un contrasentido en el
hecho de limitar a 24 millas una línea de base trazada en el interior de una bahía -si, efectivamente, se trata de una bahía
en el sentido geográfico de la palabra y reúne, además, los requisitos jurídicos exigidos- mientras que, por el contrario,
no se ha podido limitar la longitud de las líneas de base trazadas fuera de las bahías, es decir, al margen de este accidente
geográfico. Para este autor, dicho argumento no dejará de ser usado en el futuro para justificar el cierre de bahías de abra
superior a las 24 millas. Vid. LACLE TA MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”..., op. cit., p. 221.
46 Vid. LACLETA MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”..., op. cit., pp. 212-222.
Vid. la propuesta americana, así como la francesa en la citada obra de STROHL, M. P.: The International Law
ofBaySy pp. 212-213.
31
redactada actualmente, en el artículo 7 del proyecto que el relator Fran^ois presentó a
la C.D.I. en 195448. Aunque posteriormente se propusieron distintos criterios, el texto
final del informe presentado por la C.D.I. recogió la citada regla, que sería incorpora
da en el artículo 7, párrafo 2 del Convenio sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua
de 1958.
Para los supuestos en los que, debido a la existencia de islas, la escotadura tuviese
más de una entrada, el párrafo 3 del citado artículo 7 establecía una norma para medir
la superficie de la bahía, según la cual, el semicírculo tendría como diámetro la suma
de las líneas que cierran todas las entradas49.
Volviendo al análisis del artículo 10 de la Convención de Jamaica de 1982, sus
párrafos 2 y 3 señalan también la regla del semicírculo como elemento integrante del
concepto jurídico de bahía50. Según establece el párrafo 2: “... la escotadura no se
considerará una bahía si su superficie no es igual o superior a la de un semicírculo
que tenga por diámetro la boca de dicha escotadura”. El párrafo 3 añade que “para
los efectos de su medición, la superficie de una escotadura es la comprendida entre
la línea de bajamar que sigue la costa de la escotadura y una línea que una las líne
as de bajamar de sus puntos naturales de entrada. Cuando, debido a la existencia de
islas, una escotadura tenga más de una entrada, el semicírculo se trazará tomando
como diámetro la suma de las longitudes de las líneas que cierran todas las entradas.
La superficie de las islas situadas dentro de una escotadura se considerará compren
dida en la superficie total de ésta”51.
Sin embargo, el requisito de la regla del semicírculo también ha sido interpretado
de forma amplia por los Estados, de modo que, en aquellos supuestos en los que una
inflexión de la costa no responda a esta exigencia física, muchos Estados están dispues
tos a cerrar, igualmente, dicha escotadura, alegando que no se trata de una línea de cie
rre de una bahía, sino de una LBR, amparados por el párrafo 6 del artículo 10 de la
Convención de 1982, según el cual, las disposiciones anteriores no se aplicarán a... los
casos en que se utilice el sistema de las LBR previsto en el artículo 7.
32
II. l.c. Pertenencia de toda la orilla a un mismo Estado
52 La presencia de diversas soberanías en la orilla de una bahía ha llevado a SOLIS GUILLEN a darle el nombre
de bahía multinacional (vid. su obra Derecho Oceánico, cit. supra, p. 68). Nosotros preferimos utilizar el término de
bahía internacional, que comprendería mejor el supuesto de una bahía cuyas costas pertenezcan, como sería lo más pro
bable que ocurriera, a tan sólo dos o tres Estados.
53 Vid. SOLIS GUILLEN, E.: Derecho Oceánico, op. cit., pp. 68-69, así como la citada obra de LACLETA
MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”..., op. cit., pp. 223-225.
54 Sobre la postura de OPPENHEIM se ha escri to lo siguiente: “In 1913 he proposed to the Institute ofInternational
Law that the waters ofbays enclosed by more than one State, should in generalfall under the regime ofthe high seas. In 1928,
the Stockholm resolutions ofthe Instituto echoed the opinión of OPPENHEIM, for it was stated in Article 3 of the draft con-
cerning the territorial sea: -Pour les baies dont les eaux baignent des territoires appartenant á deux ou plusieur Etats, la Mer
Territoriale suit les sinuosités des cotes-". Como veremos en el capítulo correspondiente al régimen jurídico, la naturaleza
de las aguas que queden comprendidas en el interior de una bahía internacional dependerá del sistema de delimitación
que hayan utilizado los Estados ribereños para el cierre de la misma. Vid. BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op.
cit. supra, p. 172.
55 Vid. GIDEL, G.: Le Droit International Public de la Mer..., Tome III, op. cit., p. 594.
56 Este grupo de autores considera que la delimitación del mar territorial por parte de los Estados ribereños se hará
siguiendo las sinuosidades de la costa. Dentro de este grupo que rechaza el ejercicio de soberanía sobre las aguas de una
bahía internacional, se ha diferenciado entre la bahía como espacio marítimo que conecta las aguas de los Estados ribe
reños con el alta mar (donde prevalecen intereses de navegación) y la bahía como área de explotación (donde prevale
cen intereses pesqueros). A su vez, se distingue entre bahías cuyas costas están bañadas por las aguas de dos Estados,
donde cada uno de ellos estaría situado en la entrada de la bahía y aquellos otros supuestos en los que al menos uno de
los Estados estaría situado en el saco de la bahía. Sobre esta clasificación vid. BOUCHEZ, L. The Regime of Bays...,
op. cit., pp. 173-177
33
sus competencias más que sobre sus respectivas fajas costeras, que serían consideradas
como mares territoriales, de manera que las aguas situadas más allá del límite exterior
del mar territorial (aún quedando dentro de una supuesta línea de cierre de la bahía)
entrarían a formar parte del alta mar
.
* Para LACLETA, esta consecuencia sería absur
da y no tendría más argumento sólido en su favor que aquél, según el cual, a falta de
acuerdo entre los Estados ribereños, el régimen jurídico aplicable a dichas aguas no que
daría claramente definido y, por lo tanto, no se sabría a quién correspondería el ejer
cicio de las competencias inherentes a la soberanía.
Aunque dicho argumento sea cierto, LACLETA no cree que la consecuencia a dedu
cir sea la imposibilidad de que tales aguas sean consideradas como interiores y, por lo
tanto, la obligación de tratarlas como si fueran alta mar, lo que supondría no recono
cerle a ningún Estado las facultades necesarias para ordenar su régimen de navegación,
pesca, explotación de recursos, etc.
En este sentido, los autores que se oponen a la tesis negativa consideran que el cri
terio de la pertenencia de toda la orilla a un solo Estado no constituye una norma de
Derecho Internacional, por lo que no existiría razón alguna para concluir que la pre
sencia de diversas soberanías en la orilla de una bahía pueda impedir a los Estados ribe
reños que consideren sus aguas como interiores.
Como consecuencia de esto último, SOLIS GUILLEN afirma que serán los
Estados ribereños de una bahía internacional quienes decidan el régimen jurídico apli
cable a sus aguas, lo que permitiría a tales Estados considerar como aguas interiores
espacios oceánicos cada vez más extensos’7. Sin embargo, partimos de una condición
y es que han de darse, además, los otros dos requisitos que determinan el concepto
jurídico de bahía, esto es: la anchura máxima del abra de la bahía y la regla del semi
círculo.
Lo cierto es que el Derecho Internacional contemporáneo no ha llegado a ningún
acuerdo sobre los principios jurídicos aplicables a las bahías internacionales. Para empe
zar, ni siquiera existe un precepto que regule expresamente este supuesto, aludido de
forma indirecta como excepción a las reglas establecidas en el artículo 10 de la
Convención de Jamaica de 198258; no existe ninguna norma convencional que haga
* Hay que tener en cuenta que la obra de IjXCLETA es del año 1974, por lo tanto, anterior a la ampliación de
los espacios marítimos y a la aparición de la Z.E.E., según la actual normativa establecida en la Convención de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982.
” Vid. SOLIS GUILLEN, E.: Derecho Oceánico, op. cit., pp. 68-69.
5H Como ha puesto de manifiesto SAURA ESTAPA, “la exclusión de las bahías que pertenecen a más de un Estado
tiene su lógica en tanto que el trazado de las líneas de base es siempre un acto unilateral del Estado ribereño, derivado
de su soberanía territorial, por lo que no puede, en consecuencia, utilizar motupropio un punto de base que se halla en
la costa de un Estado vecino. Ello no significa, a nuestro entender, que en ese supuesto deba necesariamente seguirse la
línea de bajamar hasta la frontera entre los dos Estados, como opinaba la mayoría de la doctrina antes de la Segunda
Guerra Mundial: el argumento señalado por GIDEL, en el sentido de que convertir las aguas de la bahía en aguas inte
riores comunes a varios listados significaría que cada ribereño podría impedir el paso de los demás, no resulta convin
cente por cuanto, junto con el convenio para trazar una línea de cierre de la bahía, puede llegarse a un acuerdo relativo
a la delimitación lateral de la frontera marítima en el interior de la bahía...”. Vid. SAURA ESTAPA, J.: Límites del Mar
Territorial, op. cit., p. 107.
34
referencia a la delimitación y al régimen jurídico de las bahías internacionales, salvo que
apliquemos por analogía respecto al régimen jurídico lo establecido para los mares
cerrados o semicerrados en la Convención de 1982.
Según analizaremos en el capítulo correspondiente al régimen jurídico (bajo el epí
grafe titulado “golfos o bahías internacionales”), compartimos la opinión de quienes se
oponen a la tesis negativa; en este sentido, afirmamos que, a pesar de que el citado artí
culo 10 se refiere únicamente a las bahías cuyas costas pertenecen a un solo Estado, éste
no puede ser interpretado en el sentido de que los Estados ribereños de una bahía inter
nacional se vean excluidos de toda posibilidad de establecer, mediante un acuerdo entre
ellos, el régimen que estimen conveniente. Entendemos que en dicho caso, el único
requisito admisible sería el acuerdo entre todos los Estados, sin que ninguno de ellos
pueda considerarse autorizado para ejercer de forma unilateral su soberanía sobre las
aguas de una bahía internacional.
59 Los supuestos comprendidos en el concepto amplio de bahía serían, según el artículo 10 de la Convención de
1982, los siguientes: los golfos o bahías internacionales (párrafo 1); las bahías llamadas “históricas” (párrafo 6) y los casos
en los que se aplique el sistema de líneas de base rectas (párrafos 5 y 6). Unicamente los primeros dos supuestos serán
analizados en este epígrafe, ya que el tercero se estudiará en el capítulo correspondiente a la delimitación.
60 Vid. un estudio a fondo sobre el concepto, delimitación y régimen jurídico aplicable a las bahías llamadas “his
tóricas” en MALEK, C.: “La Théorie Dite des Baies Historiques” en Revue de Droit Internationalpour le Moyen-Orient,
Sixiéme Année, n° 2, Décembre 1957, pp. 100-173.
61 Fue a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando el Instituí de Droit International consagró la teoría
de las bahías históricas con las expresiones “uso continuo y secular” (en la reunión celebrada en París en 1894) y “uso
internacional” (en la reunión de Estocolmo de 1928), al adoptar una serie de reglas sobre el mar territorial. También
trató el tema de las bahías históricas la International Law Association, en sus reuniones de Bruselas (1895) y Viena
(1926); lo mismo hicieron la Asociación de Derecho Internacional de Japón (1926) y el Harvard Research (1929), que
usaron las expresiones “uso inmemorial” y “uso establecido”, respectivamente. El Instituto Americano de Derecho
Internacional presentó, también, un proyecto sobre el tema a la VII Conferencia Internacional de Estados Americanos
en 1933. Vid. O’CONNELL, D. P.: The International Law ofthe Sea, op. cit., pp. 378-379 y AZCARRAGA BUSTA-
MANTE, J. L. de: Derecho del Mar, op. cit., p. 24.
35
como excepciones a la normativa general propuesta para la delimitación y el cierre de
las bahías62. De este modo, se planteó, sin éxito, en la Conferencia de 1930, así como
en los trabajos de la C.D.I., en las que no se logró adoptar una definición de las mis
mas. Lo mismo ocurrió en la Conferencia de 1958, donde sólo la delegación japonesa
se atrevió a proponer una definición de las bahías llamadas “históricas”, aunque final
mente se adoptó la propuesta de resolución conjunta de India y Panamá, según la cual,
se solicitaba de la AG de las Naciones Unidas un estudio del régimen jurídico de las
aguas históricas, incluidas las bahías históricas, cuyo resultado debía ser remitido a los
Estados miembros de la Organización63.
Teniendo en cuenta la tendencia a la ampliación de los espacios marítimos que que
daban sometidos a la soberanía y jurisdicción de los Estados ribereños, manifestada por
éstos en la III CNUDM, podemos advertir que, en cierta medida, se fue perdiendo inte
rés por la cuestión de las aguas históricas. Esta vez fueron muy pocas las propuestas con
cretas que se presentaron a la Comisión de los Fondos Marinos, a pesar de la creación en
el seno de la Segunda Subcomisión de un grupo de consulta sobre bahías históricas64.
Ni el Convenio de 1958 sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua ni la
Convención de 1982 han podido regular el fenómeno de las bahías llamadas “históri
cas”, aludidas únicamente como una excepción al régimen general previsto para las
bahías en términos jurídicos65.
En este sentido, podemos concluir compartiendo las palabras de SAURA ESI APA,
para quien la delimitación y el régimen jurídico aplicable a estos espacios sigue perte
neciendo, como hace un siglo, al ámbito del Derecho Internacional consuetudinario66.
De esta manera, se ha dado entrada en el Derecho convencional a un concepto con
suetudinario, aunque sin definirlo y sin precisar los requisitos necesarios para que una
bahía pueda ser considerada “histórica”.
Por lo tanto, profundizar en el tema requiere prestar especial atención a la práctica de
los Estados, a la jurisprudencia internacional67 y a la doctrina de los iusinternacionalis-
62 Vid. “Report of the Second Committee” en American Journal ofInternational Law, 1930-3, p. 257.
La Asamblea General, en su resolución 1453 (XIV) de 7 de diciembre de 1959, sobre Estudio del régimen jurí
dico de las aguas históricas, incluidas las bahías históricas, pedía a la C.D.I. que tan pronto como lo considerase opor
tuno, emprendiese el estudio de la cuestión del régimen jurídico de las aguas históricas e hiciese al respecto las reco
mendaciones que estimase pertinentes. Sobre la Conferencia de Ginebra de 1958, vid. SAURA ESTAPA, ).: Límites del
Mar Territorial, op. cit., pp.139-140.
64 Este grupo de consulta se reunió en muy pocas ocasiones y no obtuvo ningún resultado a la luz de la
Convención.
65 Un estudio detallado de los proyectos de codificación que intentaron regular las bahías y aguas históricas lo
encontramos en la obra de MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays and Waters: A regime of Recent Beginnings and
Continued Usage, New York/London/Rome, 1994, pp. 26-55.
66 Vid. la citada obra de SAURA ESTAPA, J.: Límites del Mar Territorial, pp. 140-141. Asimismo, DIEZ DE
VELASCO señala lo siguiente: “Quizás el consensus logrado en la Tercera Conferencia sobre la anchura de doce millas
del mar territorial y sobre las instituciones de la plataforma continental y zona económica exclusiva ha contribuido a
mitigar las pretensiones históricas, al dejarlas sin causa o razón de ser tanto de naturaleza económica como de seguri
dad. De ahí que sea obligado recurrir al Derecho consuetudinario para dar contenido a este apartado”. Vid. su obra cit.
supra (undécima edición), p. 382.
67 Según la opinión disidente del árbitro DRAGO en la citada sentencia arbitral de 7 de septiembre de 1910, sobre el
asunto de las pesquerías costeras del Atlántico Norte, “cierta clase de bahías que debieran llamarse con propiedad bahías his-
36
tas68, no sólo sobre las bahías llamadas “históricas”, sino también, sobre las aguas histó
ricas6’, expresiones que están suficientemente acreditadas en el Derecho Internacional70.
Sin embargo, es necesario señalar, en relación con la doctrina de las bahías históricas, que
si bien actualmente ésta se incluye dentro de la más general sobre las aguas históricas, lo cier
to es que, cronológicamente, esta última no ha sido más que una extensión práctica y doc
trinal de la noción de bahía histórica a la que se recurría con frecuencia en el siglo pasado71.
tóricas... Forman una categoría distinta y separada, y pertenecen indudablemente al Estado ribereño, cualquiera que fuese su
penetración y anchura de su boca, cuando dicho país ha afirmado su soberanía sobre estas aguas y circunstancias particula
res, como su configuración geográfica, el uso inmemorial y, sobre todo, las exigencias de defensa, justifican cal pretensión”.
68 Según la definición dada por AZCARRAGA, las bahías y aguas históricas son espacios marítimos sobre los cua
les los Estados interesados pretenden esgrimir derechos históricos para apropiárselos y que puedan producir determina
das consecuencias jurídicas. Por su parte, WESTLAKE sugirió, en lugar del término “bahías históricas”, la expresión
“ appropiated gulfs' que GIDEL traduce por “bates ou goljes devenuspropres a l’Etat riverain . Según AZCARRAGA, la
traducción exacta de ambas expresiones podría ser “bahías apropiables” o “bahías reivindicables”, ya que las aguas his
tóricas, según el sentido en el que deben ser consideradas, pueden ser reivindicadas, es decir, reclamadas o exigidas por
el Estado que se considera con derecho sobre ellas. Vid. AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar...,
op. cit., p. 91.
611 Ea teoría de las aguas históricas surgió en el siglo pasado, a raíz de los esfuerzos realizados para determinar, en el caso
de las bahías, la línea de base a partir de la cual se podía medir la anchura del mar territorial. Algunos autores han puesto de
manifiesto, no obstante, el nuevo auge que ha alcanzado el tema de las aguas históricas en el Derecho del Mar contemporá
neo, “a pesar, tanto del silencio que ha guardado al respecto el proceso codificador, incluida la Tercera Conferencia, como de
la antipatía demostrada por las Delegaciones de los nuevos Estados hacia las pesquerías históricas y, en general, hacia cual
quier tipo de título económico adquirido por el largo uso, con el consiguiente perjuicio para Estados con poblaciones tradi
cionalmente dedicadas a la pesca de altura, caso de España. Pero los datos de la afición creciente a esta institución por parte
de Estados tan dispares entre sí como la antigua Unión Soviética, Canadá, Filipinas o Libia, y las connotaciones económicas
y ecológicas que junto a las políticas y de seguridad poseen las pretensiones históricas, siempre en favor de la extensión de las
competencias del ribereño sobre sus aguas adyacentes, han renovado el interés de los Estados por la misma”. Vid. DIEZ DE
VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit. (décima edición), p. 424. Sobre las aguas histórica, vid.
también la citada obra de O 'CONNELL, D. P.: The International Law ofthe Sea, Vol. I, pp. 417-438.
70 Por el contrario, LACLETA MUÑOZ considera que la expresión bahías históricas no pertenece al Derecho
Internacional tradicional, sino que ha sido acuñada recientemente para responder a las necesidades de los Estados ribe
reños. Este autor considera que el motivo fundamental de la aparición y utilización de este término ha sido justificar
que, en ciertas condiciones no definidas con excesivo rigor, el Estado ribereño de una bahía cuya anchura excede del
máximo establecido por las normas generales del Derecho Internacional o que no responde a las condiciones relativas a
su extensión en relación con la profundidad de su penetración en la tierra firme, pueda considerar sus aguas como inte
riores, asimilando su régimen al de una bahía en sentido jurídico. Vid. su artículo cit. supra: “Aguas interiores y bahí
as”..., pp. 225-226. Consideramos que el razonamiento de LACLETA queda sin sentido desde el momento en el que el
Estado ribereño decida delimitar sus costas mediante el sistema de líneas de base rectas (LBR), según lo previsto en el
artículo 7 de la Convención de 1982. En este caso, como bien señala el artículo 10, párrafo 6 de esta última Convención,
no se aplicaría el régimen general previsto para las bahías en sentido jurídico, y ello sin necesidad de alegar la existencia
de un título histórico o de justificar si se sumplen o no los requisitos señalados en el citado artículo 10.
71 La diferencia entre el concepto de bahías históricas y el de aguas históricas fue advertida en un estudio de las
Naciones LJnidas de 1962 en los siguientes términos: “ The térras 'historie bays’and ‘historie waters'are obviously notsynony-
mous; the taller term has a wider scope, as is abo apparentfrom the expression used in the resolutions ofthe Conference on the
Law ofthe Sea and the General Assembly, namely, ‘historie waters, including historie bays’. It is a fací that the term “historie
bays" is more fequently usedor has, until recent times, been more frequently used than ‘historie waters'. This circumstance can-
not, however, he taken as evidence that the more general view is that only bays, not other waters, may be claimed by States on
an historie basis. On the contrary, it can be said that all those authorities who have directed their attention to the problem
seem to agree that historie title can apply also to waters other than bays, i. e., to straits, archipelagos and generally to all those
waters which can be included in the maritime domain ofa State. Ifthe term ‘historie bays has been used more frequently than
‘historie tvaters’, this is mainly due to the fact that claims on an historie basis have been made more ofeen with respect to what
were called or eonsidered to be bays than to other waters. In principie, as was said in the Secretariat (1957 U.N. Study), the
theory ofhistorie bays is ofgeneralscope...". Vid. MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays and Waters..., op. cit., p. 26.
37
De este modo, lo que comenzó siendo en su origen una doctrina sobre las bahías históricas
alcanzó, con el paso del tiempo, un valor y aplicación generales en el Derecho Internacional,
extendiéndose a otros espacios marítimos que nada tenían que ver con el fenómeno geo
gráfico que venimos analizando. En este sentido, al ampliarse las reivindicaciones de carác
ter histórico sobre otros espacios marítimos, se impuso la utilización de una expresión tam
bién más amplia, la de aguas históricas, que pudiese abarcar toda su problemática72.
Advertimos, no obstante, que las referencias a los títulos históricos en los textos con
vencionales que venimos analizando son muy escuetas. Como ya hemos señalado, la
primera referencia se encuentra en el párrafo 6 de los artículos 7 y 10 del Convenio de
1958 sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua y de la Convención de 1982, respec
tivamente, que excluyen de la regulación internacional de las bahías las llamadas bahí
as “históricas”, exclusión que sirve, como señala DIEZ DE VELASCO, para afirmar el
“reconocimiento convencional implícito” de las mismas.
Una segunda referencia aparece en el párrafo 1, artículo 12 del citado Convenio de
1958 y en el artículo 15 de la Convención de 1982, que mencionan la presencia de
“derechos históricos” o circunstancias especiales como excepciones a la aplicación de la
regla de la línea media equidistante en los supuestos de delimitación del mar territorial
entre Estados con costas adyacentes o situadas frente a frente’3.
Por último, una tercera referencia aparece por primera vez en la Convención de
1982, artículo 46. b), en relación con Jos Estados archipelágicos74.
Como señala DIEZ DE VELASCO, la explicación de esta falta de tratamiento con
vencional de los títulos históricos sobre las aguas radica, no sólo en su inherente difi-
■ El profesor DIEZ DE VELASCO ha señalado como ejemplo del fenómeno de ampliación de las reivindicaciones
de los derechos históricos en el Derecho del Mar la postura de Noruega en el litigio contra el Reino Unido en el asunto de
las pesquerías. (Vid. “Fisheries case”, Judgment of December 18th, 1951: [Link]., Reports, 1951, p. 116). Noruega utilizó,
entre otros argumentos, la presencia de títulos históricos sobre la zona de pesca en disputa; alegó que esos caladeros habían
sido usados tradicionalmente por sus pescadores y habían satisfecho las necesidades económicas de la población costera del
país, por lo que pedía al T.I.J. que reconociera la consolidación histórica, por un largo e indisputado uso, del sistema de lími
tes noruego que permitía englobar como aguas interiores buena parte de los ricos caladeros del norte del país. En este caso,
el T.I.J. reconoció el proceso de consolidación histórica, al estimar que “la notoriedad de la actitud de Noruega, la toleran
cia con la que contó y el silencio del Reino Unido, potencia marítima con importantes intereses en el Mar del Norie, res
paldaban suficientemente la posición histórica noruega”. (Vid. la sentencia cit. supra, I.C.J., Reports, 1951, pp. 138-139).
Otro ejemplo significativo de la ampliación de la doctrina de las bahías históricas lo proporciona la antigua Unión Soviética.
En este sentido, el artículo 6, párrafo 4 de la ley soviética de 1983, sobre las fronteras de la antigua URSS, califica como aguas
interiores “las aguas de bahías, calas, ensenadas, estuarios, mares y estrechos que han pertenecido históricamente a la URSS”.
(Vid. International Legal Materials, vol. XXII, 1983, p. 1057). la idea de utilizar una expresión más amplia que abarcase
estos nuevos supuestos fue propuesta en la Memoria sobre “las bahías históricas” preparada por la Secretaría General de la
ONU con motivo de la I Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1958. Vid. la citada obra de
DIEZ DE VELASCO, Instituciones de Derecho Internacional Público, undécima edición, pp. 382-383.
75 Según dispone al artículo 15 de la Convención de Jamaica de 1982: “Cuando las costas de dos Estados sean
adyacentes o se hallen situadas frente a frente, ninguno de dichos Estados tendrá derecho, salvo acuerdo en contrario, a
extender su mar territorial más allá de una línea media cuyos puntos sean equidistantes de los puntos más próximos de
las líneas de base a partir de las cuales se mida la anchura del mar territorial de cada uno de esos Estados. No obstante,
esta disposición no será aplicable cuando, por la existencia de derechos históricos o por otras circunstancias especia
les, sea necesario delimitar el mar territorial de ambos Estados en otra forma”.
1 Según señala este artículo, por ‘‘archipiélago” se entiende un grupo de islas, incluidas partes de islas, las aguas que las
conectan y otros elementos naturales, que estén tan estrechamente relacionados entre sí que tales islas, aguas y elementos natu
rales formen una entidad geográfica, económica y política intrínseca o que históricamente hayan sido considerados como tal.
38
cuitad técnica, sino también, en el hecho de que tales títulos han sido mal vistos por la
mayoría de las delegaciones presentes en las tres Conferencias celebradas por las
Naciones Unidas desde 1958, reticentes a la aceptación o consolidación de privilegios
procedentes, en la mayoría de los casos, de épocas en las que los Estados a los que repre
sentaban no existían como entes independientes o estaban sometidos a colonización7’.
Para poder dar una definición de aguas históricas nos tenemos que remontar a la
citada sentencia del T.I J. en el asunto de las Pesquerías Anglo-Noruegas, según la cual:
“por aguas históricas se entiende, usualmente, aquellas que se consideran aguas interio
res, pero que en ausencia de un título histórico no tendrían este carácter”76.
Según las define el profesor DIEZ DE VELASCO: “la expresión aguas históricas se
aplica genéricamente a aquellas áreas marítimas que, a pesar de estar situadas fuera de los
límites normales de la jurisdicción de un Estado ribereño, poseen un régimen jurídico
Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit., p. 382. En este sentido,
hav que señalar la postura reivindicariva de los Estados en vías de desarrollo, como resultado de la cual, cabe destacar la
creación de una teoría paralela a la de las aguas históricas: la teoría de las aguas vitales, unas veces justificada por moti
vos de carácter económico y, otras, por motivos de autodefensa. Con esta nueva teoría el Estado pretende justificar la
incorporación bajo su soberanía y jurisdicción de espacios marítimos próximos a sus coscas, basándose, no en la posesión
de títulos históricos, sino en la existencia de otros elementos, ya sean intereses vitales, de autodefensa o económicos, que
justificarían el incumplimiento de uno de los elementos constitutivos de la teoría de las aguas históricas: haber realizado
actos de soberanía (con la aquiescencia de terceros Estados) sobre dichos espacios marítimos durante un largo período de
tiempo, tiempo del que carecían los Estados de reciente independencia para poder reclamarlos como suyos. Como escri
bió M ALEK: “ Une ...bai-epeut etre appropriéepar l’Ptat adjacent sur la base de considérations de puré nécessüé, cette doctri
ne a été cree pour repondré d une situation defait que la théorie des baies historiques, prise dans sa conception d origine, ne sau-
rait couvrir" (vid. LAHOUASN1A, A.: The Delimitation of Infernal Waters along the Mediterranean Coast ofthe Maghreb
with particular reference to Historie Bays, University of Bristol, Faculty of Law, 1989, p. 218). Por otro lado, según señala
MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays..., op. cit., pp. 79-8 1, la Secretaría de las Naciones Unidas manifestó en un estu
dio de 1957 que "the mere fact that a State claims ownership ofa hay which is not already territorial by virtue ofthegeneral
rule does not per se enture acceptance ofthe claim. The claim would have to be substantiated by reference to a specife criterion.
And, according to the theory as originally eonceived, this criterion ivas to be essentially historie. The modern view, however, has
gone beyond this conception. According to one school ofthought... the propriety of tille may befounded either on considérations
connected with history or ebe considérations ofnecessity, in which latter case the historical element might be lacking altogether .
Por otro lado, el citado estudio de las N.U. de 1962 hacía referencia, de forma similar al estudio de 1957, a esta nueva
tendencia estatal, señalando que: "according to one view, such grounds (economic necessity, national security, vital interest or
a similar ground) should even be considered to form the fundamental basis for a right to ‘historie waters so that they would be
sufficient to sustain the right even if the historie element were lacking . No obstante, la doctrina tampoco se ha puesto de
acuerdo, en relación con la falta de justificación de un largo período de tiempo para reclamar la propiedad de las llama
das bahías o aguas vítales. En este sentido, MERRILL WESLEY señala: “... an ‘historie claim may arguably be grounded
in part by either 'history' or the claimant States ‘vital needs Both, however, must have been related to the State for an appre-
ciahleperiod of lime'. Por su parte, EAUCHILLE divide las bahías que quedan fuera del concepto jurídico de bahía en
dos categorías: por un lado, las llamadas bahías históricas y, por el otro, las bahías vitales, diciendo que "both of which
require sanctification by the twin considérations of“longestahlishedusage”and “undisputed custom”. El profesor BOUCHEZ
rechaza la teoría creada en torno a los intereses vitales de los Estados ribereños para reclamar la propiedad de zonas marí
timas próximas a sus costas, del siguiente modo: "the 'vital interests' ofa State can neverjustify a claim toparís ofthe sea con-
trary to the general rules ofInternational law, as: (1) not only the unilateral vital interests' ofa State play a role with regard to
the creation ofterritorial rights, but abo the general interests ofthe community ofStates; (2) it is ofien diffcult to determine by
objective standards what must be understood by vital interests. Admission ofthese unilateral territorial claims based merely on
‘vital interests’ will lead to a complete disorder in the intemational sphere. The increasing interdependence among nations rat-
her requires the máximum maintenance ofthe principie ofthe freedom ofthe seas and accordingly the restriction of unilateral
territorial claims to parís ofthe sea". Vid. BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., p. 305.
76 Sentencia cit. supra, I.C.J., Reports, 1951, p. 130.
39
como si formaran parte de dicho Estado, debido a razones de diversa clase subyacentes en
el uso económico, estratégico o de otra índole que el Estado ribereño ha hecho histórica
mente de esas aguas”. De este modo, continúa señalando este autor, “las aguas históricas
son aquellas que normalmente se considerarían formando parte del alta mar si no fuera
porque en razón de circunstancias excepcionales gozaran de un status especial”77.
Se han de cumplir, por lo tanto, una serie de condiciones que analizaremos en el
siguiente apartado, para que los Estados ribereños puedan reivindicar su soberanía
sobre determinados espacios marítimos, alegando la presencia de derechos históricos.
77 Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit., pp. 383-384.
78 Además de las citadas, como la sentencia del TIJ. de 1951, as. de las Pesquerías Anglo-Noruegas y la sentencia
arbitral de 7 de septiembre de 1910 en la controversia entre Gran Bretaña y los Estados Unidos en el asunto de la zona
de pesca del Atlántico noroccidental (AJIL, 1910, p. 949), vid. la sentencia de 9 de marzo de 1917 del Tribunal de Justicia
Centroamericano en la controversia entre El Salvador y Nicaragua en el asunto del Golfo de Fonseca {AJIL, 1917, p. 705);
la sentencia del T.I.J. de 24 de febrero de 1982 en la controversia entre Libia y Túnez sobre la plataforma continental
(I.C.J., Reports, 1982, pár. 100) y, por último, la sentencia del TIJ. de 11 de septiembre de 1992 en la controversia entre
Honduras y El Salvador sobre la frontera terrestre, insular y marítima ([Link]., Reports, 1992, pár. 432), entre otras.
79 Para un estudio más detallado de este requisito o elemento necesario para la adquisición del título histórico, vid.
BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., pp. 262-281.
80 En relación con el factor tiempo, AZCARRAGA se pregunta lo siguiente: “¿Cuándo habrá de consolidarse el
título histórico que permita reivindicar ciertos espacios marítimos? Las expresiones “secular”, “inmemorial”, “consagra
do por el tiempo”, “bien determinado”, “considerable”, “suficientemente probado” y otras, son indudablemente, de con
tornos vagos y muy imprecisos. A primera vista, parece que indican una duración bastante larga, sobre todo el término
“secular”, pero no proporcionan un dato exacto para redondear la idea del título histórico alegado”. Vid. AZCARRA
GA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, op. cit., p. 94. Sobre este elemento, vid. también lo escrito por BOU
CHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., pp. 239-257.
81 En la sentencia de 1951 sobre el asunto de las Pesquerías Anglo-Noruegas, el TIJ. estimó que no había razón
para atribuir demasiada importancia a ciertas incertidumbres o contradicciones, aparentes o reales, que el Gobierno del
Reino Unido creyó poder señalar en la costumbre noruega y fundándose en varias consideraciones de hecho y legales, y
a falta de prueba en contrario convincente, decidió que “las autoridades noruegas han aplicado su sistema de delimita
ción (el sistema de líneas de base rectas) de un modo continuo y constante desde 1869 hasta el momento en que se sus
citó la controversia”. Vid. la citada obra de AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, pp. 94-95.
40
ser indiscutido e indiscutible. Además, advierte que tal derecho no podrá ser adquirido
basándose únicamente en que las aguas reivindicables sean vitales para los intereses del
Estado reclamante y considera peligroso confundir títulos históricos e intereses vitales82.
Por otro lado, TUNKIN señala como elementos fundamentales que definen las
aguas históricas los siguientes83:
1 .- los Estados deben ejercer durante largo tiempo sus derechos en las pretendidas
aguas históricas;
2 .- estos derechos deben ejercerse sin interrupción;
3 .- es importante la situación geográfica de las superficies marítimas y su configu
ración, sobre todo, con respecto a las vías marítimas internacionales: los límites
de las aguas históricas no pueden extenderse, en ningún caso, a las vías marítimas
internacionales, porque esto perturbaría la navegación internacional;
4 .- las aguas históricas deben tener un peso sustancial en la economía del Estado
ribereño;
5 .- los intereses de la defensa del Estado ribereño juegan un papel singular en la fun-
damentación del derecho a las aguas históricas y, por último;
6 .- el derecho a los espacios marítimos que el Estado ribereño considera aguas his
tóricas que le pertenecen debe ejercerse por él, de manera evidente para los
demás Estados. Esto se logra por lo regular, no mediante la notificación directa
a los países interesados, sino con la promulgación de normas jurídicas dadas a
conocer por medio de su publicación.
No obstante, DIEZ DE VELASCO considera que podría formarse un título histó
rico si concurriesen los siguientes requisitos84:
Vid. la citada obra de AZCARRAGA BUSTAMANTE, Derecho del Mar-, p. 94. En este mismo sentido, DIEZ
DE VELASCO señala que los intereses o necesidades vitales, aunque puedan demostrarse y evidencien la vinculación
entre aguas y tierras, nunca llegarán a ser elementos suficientes para la consolidación histórica de un título soberano
sobre esas aguas, que seguirá exigiendo del uso presente y el paso del tiempo, condiciones para cuya evaluación concre
ta desempeñarán un papel importante esos intereses o necesidades. En caso contrario, no estaríamos en presencia de un
título histórico. Vid. su obra Instituciones de Derecho Internacional Público, cit. supra, p. 384. Sobre este tema, vid. lo
escrito por BOUCHEZ, quien considera que fue en la opinión disidente del juez DRAGO (en la sentencia arbitral de
1910, as. de las pesquerías del Atlántico Norte), cuando se adoptó, por primera vez, el criterio de los intereses vitales del
Estado ribereño para justificar una reclamación de espacios marítimos que quedaban fuera de su jurisdicción. En este
sentido escribió lo siguiente: “Stich a theory is entirely different from the theory ofhistorie waters, because the historie ele-
ment is completely lacking. The only facet which both theories have in common is that the claims arisefrom the national inte-
rests of States. However, claims to historie bays become rights by virtue ofthe acquiescence of the other members of the com-
munity ofStates. In other toords, a certain period oftime is requiredfor the consolidation ofthe claim. But such a period of
consolidation is absent in a theory in which unilateral claims could be justified merely by referring to the vital interests ofthe
State. Admission ofthe latter theory will cause several serious complications. Firstly, it is diffcult to decide whether there is in
concrete a vital interest...". Como señala BOUCHEZ, cuando un Estado alega la existencia de unos pretendidos títulos
históricos, el factor tiempo es necesario para obtener la aquiescencia de otros miembros de la Comunidad Internacional.
Vid. su obra: The Regime of Bays..., cit. supra, p. 298.
Vid. TUNKIN, G.: Curso de Derecho Internacional, vol. 2, Moscú, 1979, p. 28-29.
114 Según señala este autor, no hace falta que el Estado ribereño ejerza todos los derechos y cumpla todas las obli
gaciones que comporta la noción de soberanía, contentándose tradicionalmente con reglamentar la pesca en esas aguas
y prohibirla, en todo caso, a los extranjeros. No obstante, otros autores como O’CONNELL se oponen a esta conside
ración. Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit., pp. 384-385.
41
1el ejercicio de una autoridad efectiva, continua y notoria por parte de un Estado
sobre un área determinada de agua, que sería la condición o requisito de validez
para el cumplimiento de los restantes requisitos;
2 .- la aquiescencia de los terceros Estados para consolidar dicho título histórico85;
3 .- el elemento temporal en el ejercicio de dicha autoridad, ya que se requiere el paso
del tiempo para llegar a conocer su alcance real y asegurar la certeza de la pre
sunción de aquiescencia por silencio o ausencia de reacción contraria, y;
4 .- la prueba de la aquiescencia de los Estados. Esto significa que el control efectivo sobre
una determinada área de agua es una simple condición que debe someterse a la prue
ba del reconocimiento o aquiescencia de la pretensión por parte del resto de Estados
interesados, por afectar a un espacio común de todos los Estados, el alta mar86.
En relación con este último requisito, podemos señalar que los Estados no suelen preo
cuparse de probar la existencia efectiva de títulos históricos que amparen la excepción a las
normas generales del Derecho Internacional. Según han señalado algunos autores, un claro
ejemplo lo constituye la República Arabe de Libia en el Golfo de Sidra, sobre cuyas aguas el
Gobierno Libio proclamó su plena soberanía, mediante una Declaración unilateral de 10 de
octubre de 1973, alegando, entre otros argumentos, unos pretendidos títulos históricos87.
85 Esta aquiescencia debe entenderse como una tolerancia generalizada o ausencia de oposición o protesta, porque
si se produjese un acto positivo de aceptación de la situación por parte de terceros, estaríamos ante un reconocimiento,
distinto de la ausencia de reacción contraria al uso particular, que con el paso del tiempo conduciría a su consolidación.
Algunos autores lo consideran el elemento esencial en la consolidación del título histórico. En este sentido, vid. lo escri
to por BOUCHEZ, en su obra ya citada, The Regime ofBays..., pp. 266-281.
86 En relación con este tema, la base de discusión n° 8 elaborada por el Comité preparatorio de la Conferencia de
Codificación de La Haya de 1930 establecía que la carga de la prueba recaía sobre el Estado que alegaba la existencia de
una bahía histórica, opinión compartida por GIDEL (“En ce qui concerne le fardeau de la preuve, ilpese sur lEtat quipré'
tend attribuer a des espaces maritimesproches de ses cotes le caractere, quils nauraientpas normalement, d'eaux intérieures”,
Le Droit International Public de la Mer, op. cit., tome III, p. 632) y rechazada por el [Link]. en el as. de las Pesquerías
Anglo-Noruegas de 1951. Vid. BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., pp. 281-282.
87 Esta proclamación ha sido radicalmente contestada, diplomática y materialmente, desde esa misma fecha, por
algunas potencias occidentales, entre éstas, por los Estados Unidos de América, cuyas fuerzas armadas se han visto invo
lucradas en enfrentamientos aeronavales con fuerzas libias en agosto de 1981 y en marzo de 1984, con ocasión de manio
bras realizadas por su Sexta Flota en aguas de dicho Golfo. No obstante, la República Arabe de Libia considera el Golfo
de Sidra como una parte íntegra e inseparable de la soberanía nacional libia, empezando a partir de él sus aguas territo
riales. Según afirma este país, el Golfo en cuestión pertenece, sin duda alguna, desde largos siglos a la República Arabe de
Libia, debido a su importancia, tanto para la seguridad nacional del país, como por su posición geográfica. El gobierno
libio manifiesta el derecho de soberanía sobre el Golfo y lo considera como cualquier parte de su territorio estatal.
Teniendo en cuenta las condiciones de validez de los títulos históricos ya expuestas, LACLETA considera que la preten
sión libia carece de todo fundamento y constituye un buen ejemplo de una evolución que amenaza degenerar en una ver
dadera anarquía internacional. En este sentido, advierte que dicha proclamación no manifiesta, en ningún momento, si
la incorporación de tan amplio espacio marítimo a la soberanía del Estado ribereño viene apoyada por alguno de los
siguientes criterios: 1) el trazado de una amplia línea de base recta, sistema que ha de ser adoptado por el Estado en cues
tión, apareciendo en sus cartas marinas; 2) una interpretación muy amplia de las reglas internacionales sobre el cierre de
bahías o; 3) un título histórico. Según este autor, la República Arabe de Libia parece manejar de forma confusa y un tanto
indiscriminada todos esos criterios. Vid. LACLETA MUÑOZ, J. M.: “Aguas interiores y bahías”..., op. cit., p. 228. No
obstante, según hemos visto en relación con la teoría de las aguas vitales, hay que advertir que los defensores del Golfo
de Sidra se han amparado en intereses vitales para reclamar la soberanía sobre sus aguas, según pone de manifiesto un
exhaustivo estudio elaborado por LAHOUASNIA, en su citada obra The Delimitation ofInfernal Waters..., pp. 85 y ss.,
quien considera el Golfo de Sidra como un ejemplo de bahía histórica, tomando como base la existencia de títulos his-
42
Por último y atendiendo a los requisitos exigidos por BOUCHEZ para que una
determinada bahía pueda considerarse como bahía histórica88, este autor nos da la
siguiente definición de aguas históricas: “Historie waters are waters over which the
coastal State, contrary to the generally applicable rules ofInternational law, clearly, effec-
tively, continuously, and over a substantialperiod oftime, exercises sovereign rights with
the acquiescence of the community ofStates' "'. Para él, la principal consecuencia de la
existencia de bahías históricas sería la consideración de sus aguas como interiores,
sin que en ellas se pudiese ejercer el derecho de paso inocente90, por no tener el sta
tus de mar territorial.
La doctrina iusinternacionalista ha manifestado, en relación con las aguas históricas,
que todavía subsisten muchas dudas para las que aún no se tienen soluciones. Entre
algunos de los interrogantes podemos citar los siguientes: cuáles son por su finalidad,
manifestaciones y efectividad los caracteres del ejercicio de la autoridad; cuáles los
requisitos que ha de cumplir el elemento temporal; cuál es la actitud del significado de
los terceros Estados, en particular, de los Estados que no han presentado una reclama
ción concreta, en cuanto no tuvieran ningún interés relevante por las aguas en cuestión;
cuál es el grado de publicidad que debe acompañar una reivindicación; cuál es la impor
tancia de los intereses vitales del Estado ribereño y, en el caso de que fuesen importan
tes, qué intereses deben tomarse en consideración (la seguridad política, la defensa mili
tar, el aprovechamiento de los recursos, etc.); cuál es el régimen de las aguas históricas
poseídas por más de un Estado...
Debido al gran número de preguntas no resueltas, se comprende mejor cómo las
reivindicaciones fundadas sobre títulos históricos alegadas por algunos Estados son
objeto de frecuentes protestas por parte de terceros Estados.
En relación con este último aspecto y para concluir, conviene hacer una breve
referencia a la jurisprudencia existente en materia de aguas históricas, concreta
mente en tres asuntos, a partir de los cuales la teoría de estas aguas ha tenido gran
trascendencia.
toncos e intereses vitales. Este autor considera que el concepto de bahía vital tiene su origen en la opinión disidente del
juez Drago en la sentencia arbitral de 1910, as. de las Pesquerías del Atlántico Norte y señala entre algunos de los opo
nentes a dicha teoría a GIDEL (para quien “...claims basedpurely and simply on the needs or interests of the coastal State,
capable ofbeing cited asprecedents by other States having coastlines with a different geographic or hydrographic configuration,
would be arbitrarf} y a BOU RQUIN (según el cual, “ the 'historie title’ is one thing; the 'vital interest’ is another Each has
itsplace among thefactors to be considered in determining the regime applicable to bays, but they must not be confused’)-
h« _ (faimgd water area ought to be adjacent to the coast ofthe claimant State; 2.- The waters must be claimed
by the coastal State a titre de souverain; 3.- The pretended sovereignty has to be exercised effectively and for a sufficiently long
period; 4.- The so created situation ought to be a matter of common knowledge, at least for the directly interested States; 5.-
The International community of States, and certainly the directly interested nations must have acquiesced in the pretended
territorial rights”. BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., p. 281.
Se trata, por lo tanto, de aguas sobre las cuales el Estado ribereño, de una forma contraria a las normas de
Derecho Internacional general, ejerce derechos de soberanía de una forma clara, efectiva, continua y durante un perío
do sustancial de tiempo, con la aquiescencia de los Estados miembros de la Comunidad Internacional.
90 Este derecho se les reconoce a los buques de todos los Estados, sean ribereños o sin litoral, para que naveguen
por el mar territorial de terceros listados. El concepto de paso y el de paso inocente se dará en el capítulo correspon
diente al régimen jurídico, bajo el epígrafe de “régimen general”.
43
Io) En el asunto de las Pesquerías del Atlántico Norte de 1910, fue el juez
DRAGO en su opinión disidente quien destacó la existencia de las bahías
históricas como clase aparte y diferenciada, fijando una serie de criterios
que debían ser tenidos en cuenta para que sus aguas fuesen consideradas
como aguas interiores, con independencia de la extensión del abra y de la
penetración de la bahía91.
2o ) En la sentencia de 9 de marzo de 1917 (asunto del Golfo de Fonseca), la Corte
Centroamericana de Justicia reconoció el carácter histórico de las aguas de dicho
Golfo, así como la pertenencia del mismo a sus tres Estados ribereños (Elonduras,
Nicaragua y El Salvador). La Corte consideró que podía integrarse en la categoría
de las bahías históricas, por cumplir todos los requisitos exigidos por la doctrina y
la práctica de los Estados92. De acuerdo con esta sentencia, cada Estado ribereño
tenía derecho a fijar su propio mar territorial en el interior del Golfo, ejerciendo
soberanía conjunta sobre las aguas restantes93.
3o ) En la sentencia del [Link]. de 1951 sobre el asunto de las Pesquerías Anglo-
Noruegas, el Tribunal no se pronunció sobre el modo de establecer un título his
tórico, ni sobre las condiciones necesarias para que éste fuese reconocido por los
demás Estados. En ella se reconoce el sistema utilizado por Noruega para deli
mitar sus espacios marítimos, mediante el trazado de LBR, así como el ejercicio
de su soberanía sobre las aguas encerradas que se consideraban aguas interiores,
atendiendo, entre otros motivos, a intereses vitales y de carácter económico para
sus nacionales. Lo que sí hizo el tribunal fue definir el concepto de aguas histó
ricas: “Ay ‘historie waters are usually meant waters which are treated as internal
waters but which would not have that character were it not for the existence ofan
historie tittle"' \
No obstante, de las opiniones disidentes de los miembros del tribunal, en este
último asunto, se pueden obtener algunas conclusiones que ponen de manifiesto la
complejidad del tema que venimos analizando. En este sentido, el juez McNAIR se
opuso al hecho de que intereses de carácter económico pudieran ser alegados partí
91 El juez DRAGO señaló lo siguiente: “... it may safely be asserted that a certain class of bays, which rnight properly
be called the historical bays, such as Chesapeake Bay and Delaware Bay, in North America, and the great estuary ofthe River
Plata, in South America, form a class distinct and apart, and undoubtedly helong lo the littoral country, whatever depth or
penetration and the width of iheir mouths, when such country has asserted its sovereignty over them, and particular circums-
tances, such as geographical configuration, immemorial usage, and, above all, the requirements ofself defence, justify such a
pretensión. The right of Great Britain over the bays of Conception, Chaleur, and Miramichi are of this description". Vid. la
citada obra de STROHL, M. E: The International Law ofBays, p. 298.
Los requisitos mencionados fueron los siguientes: “secular o immemorialpossession accompanied by animo domi-
ni both peaceful and continuous and by acquiescence on the part of other nations; the special geographical configuration that
safeguards so many interests ofthe vital importance lo the economic, commercial, agrieultural and industrial Ufe ofthe ripa-
rian States; and. the indispensable necessity that those States shouldpossess the Gulfas fully as required by thoseprimordial inte
rests and the interest ofnationaldefense”. Vid. la citada obra de MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays..., p. 107.
9' Vid. un análisis detallado de esta sentencia en BOUCHEZ. L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., pp. 209-213.
■' Vid. [Link].» Reports, 1951, p. 130. Como puede apreciarse en esta definición, el T.I.J. no aporta ningún criterio o ele
mento que nos permita reconocer la existencia de un título histórico, pues se limita simplemente a conceder el status de aguas
interiores a aquellas pretendidas aguas históricas sobre las que el Estado reclamante alegue la existencia de un título histórico.
44
reclamar la propiedad de espacios marítimos adyacentes a las costas del Estado recla
mante95. Por otro lado, el juez READ consideraba necesario que el Estado ribereño
hubiese ejercido su soberanía sobre las aguas en cuestión, sin protesta de otros
Estados, durante un largo período de tiempo96. Respecto al ejercicio de soberanía,
las opiniones diferían sobre el hecho de si éste debía consistir en la realización de
actos iure imperii sobre los buques extranjeros o en la utilización pacífica de las
aguas de forma exclusiva por sus propios nacionales. Tampoco se encuentra en esta
sentencia un criterio claro respecto al período de tiempo necesario para que el ejer
cicio indisputado de actos de soberanía o la utilización exclusiva por los nacionales
confieran al Estado ribereño un título histórico9 .
De todo lo anterior y teniendo en cuenta los muchos interrogantes planteados,
podemos señalar como requisitos que han de concurrir en la formación del título his
tórico (elementos exigidos por la doctrina y la práctica mayoritaria de los Estados y
aceptados por la jurisprudencia), los siguientes:
1 .- el ejercicio de una autoridad (a título de soberanía) sobre el espacio marítimo en
cuestión;
2 .- que dicho ejercicio se haga de forma efectiva y continua, durante un largo perí
odo de tiempo;
3 .- que cuente con la aquiescencia o aceptación de terceros Estados, es decir, sin pro
testas por parte de éstos. El ejercicio de los derechos de soberanía ha de ser evi
dente para los demás Estados, según se desprende del principio de efectividad;
4 .- que se tengan en cuenta una serie de circunstancias (entre las más aceptadas, cabe
señalar la configuración geográfica y las exigencias de autodefensa, sin que exis
ta aceptación general sobre la teoría de los intereses vitales ni sobre la alegación
de las necesidades económicas del Estado ribereño).
Pero, ¿qué consecuencias se derivan de la existencia de un título histórico?. La prin
cipal y más importante consecuencia es la ampliación del espacio marítimo sobre el que
el Estado ribereño ejercerá plena soberanía, ya que la alegación de dicho título permi
te que se consideren aguas interiores espacios marítimos que no serían considerados
como tales, si no fuese por la existencia del título histórico98.
95 El juez McNair declaró lo siguiente: "the manipulation ofthe limits ofterritorial waters for thepurposes ofproteo
ting economic and other social interests has no justificación in the law; morcover, the approbation ofsuch a practice would
have a dangerous tendeney in that it would encourage States to adopt a subjective appreciation oftheir rights instead of con-
forming to an internationalstandard'. Vid. MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays..., op. cit., p. 94.
'M> Según señaló el juez REAl): “... it was recognized (historically) that, regardless of breadth, the Coastal State could
treat as internal waters those bays over which they had exercised sovereignty, without challenge for a long time... The rights of
the Coastal State are, in this case, fiilly supported by customary law”. Sentencia cit. supra, Reports, 1951, p. 188.
1,7 LACLETA MUÑOZ señala lo siguiente: “si ha podido sostenerse que el período había de ser tan largo que la
práctica pudiera considerarse inmemorial, no cabe duda que la tendencia moderna parece mucho más liberal, al menos
en las pretensiones de los Estados costeros que proclaman su soberanía sobre determinadas aguas”. Vid. su obra: “Aguas
interiores y bahías”..., cit. supra, p. T2J.
98 Un estudio del régimen jurídico que se aplica a las bahías históricas se har¿i en el Capítulo IV, bajo el epígrafe
“regímenes particulares”.
45
I I.2. b. Golfos o bahías internacionales
1 )9 BOUCHEZ distingue los mares cerrados de los semi-cerrados (que estarían conectados con el alta mar por un
brazo de mar o un estrecho). A su vez, diferencia esta segunda categoría de las bahías, al considerar desde un punto de
vista geográfico que la bahía está conectada directamente con el alta mar, mientras que en el supuesto de un mar semi
cerrado, éste se conecta con el alta mar a través de un estrecho. (“Inland seas can be divided into two categories: 1) land-
locked seas and 2) those inland seas which are connected with the high seas by means ofan arm ofthe sea or strait. From the
geographical point of view the difference between bays and inland seas of the second category is that the bay itself is directly
connected with the high seas, while between the inland sea and the high seas a strait or arm ofthe sea is situated'). Vid. BOU-
CHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., p. 20.
100 Vid. su obra Derecho delMar..., cit. supra, p. 95.
101 Vid. las obras de CERVERA PERY,El Derecho del Mar..., op. cit., p. 141 y La problemática de la. pesca en el
nuevo Derecho del Mar. Ideas para su conocimiento, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Secretaría General
de Pesca Marítima, Madrid, 1982/84, pp. 55-56.
102 Entendemos que dichos autores se refieren, en este caso, a mares cuyas costas pertenecen a un solo Estado, con
dición necesaria para ejercer plena y exclusivamente su soberanía sobre las aguas.
103 Como puso de manifiesto BOUCHEZ, desde el punco de vista jurídico existe una cierta similitud entre mar
semi-cerrado y bahía, aunque consideraba que a la hora de aplicar la regla del semicírculo, ésta debía ser interpretada de
tal forma que permitiera excluir dicho supuesto del concepto jurídico de bahía. En este sentido escribió: “...From the
46
Este último requisito, el de la anchura máxima del estrecho, será el que nos permi
ta diferenciar un mar cerrado o semicerrado de un golfo, entendiendo por éste toda
escotadura cuyo abra tenga una extensión superior a las 24 millas marinas, límite
máximo previsto para el concepto jurídico de bahía.
Como podemos observar, ambos autores (AZCARRAGA y CERVERA PERY) per
miten diferenciar los mares cerrados o semicerrados cuyas costas pertenecen a un solo
Estado, el cual ejercería derechos de soberanía y podría impedir la entrada en ellos de
buques extranjeros, de aquellos mares cerrados o semicerrados cuyas costas pertenecen a
varios Estados, que no podrían negar el acceso a los buques mercantes de terceros Estados,
aunque fuese unánime el consenso de los Estados ribereños en tenerlos cerrados"”.
Por lo tanto, podríamos definir como bahía internacional todo golfo105 compuesto
entera o fundamentalmente de los mares territoriales y las zonas económicas exclusivas
de dos o más Estados ribereños, concepto en el que no se tendrá en cuenta la extensión
máxima de 24 millas marinas para la línea de cierre, pudiendo ser ésta, en consecuen
cia, superior a dicha longitud.
No obstante, ambos conceptos se confunden; si citamos el Golfo de Fonseca como
ejemplo de bahía internacional, observamos cómo el T.I.J.'"’ declara que “El Salvador,
Honduras y Nicaragua siguen pretendiendo que el Golfo es una bahía histórica con el
carácter de un mar cerrado'"'.
legalpoint of view there is a certain similarity between bays and inland seas. When bays or inland seas are enclosed by a sin
gle State, the waters involved may fall under the regime of internal waters, provided that certain conditions are fulfilled. If,
on the other hand, bays and inland seas are enclosed by more than one State, there exists no rule ofpositive International law.
As it appears from the Geneva Conference of 1958, a rule was codifiedfor bays enclosed by a single State, but no provisions
were made for inland seas in general and bays enclosed by more than one State... As inland seas are water áreos distinct and
apart from bays, Article 7, para. 2, musí be interpreted in such a way that inland seas are excludedfrom the legal concept of
bays'. Vid. la citada obra de BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., pp. 20-21.
Un ejemplo del primer supuesto sería el Mar de Azov, considerado como un mar cerrado que forma parte del terri
torio de la antigua URSS; como ejemplo del segundo supuesto cabría destacar el Mar Báltico, que está rodeado de tierras
pertenecientes en todas las épocas a diferentes países y que es un mar abierto, sin restricciones de género alguno, tanto en
tiempos de paz como de guerra. Vid. AZCARRAGA BUS'! AMANTE, J. L, de: Derecho del Mar..., op. cit., p. 96.
Entendiendo por este un concepto amplio de bahía, por lo que se refiere a la extensión de su superficie y a la
anchura de su abra.
110 Vid. la sentencia del T.I.J. de 11 de septiembre de 1992, sobre la controversia relativa a las fronteras terrestres,
insulares y marítimas (El Salvador/Honduras, con intervención de Nicaragua).
107 Esta misma confusión se aprecia en la obra de AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: “El ‘Mar de Cortes’
y el Golfo de California: Actualidad de una reivindicación mexicana a la luz del Derecho Internacional” en ADI, III,
Universidad de Navarra, Pamplona, 1976.
47
Capítulo III
103 1.a regla de las tres millas de extensión del mar territorial, apoyada por algunas potencias marítimas en la
Conferencia de La Haya de 1930, no logró su consolidación convencional. No obstante, las observaciones realizadas por
el segundo subcomité en materia de bahías fueron incluidas en el Acta Final de la Conferencia en los siguientes térmi
nos: " It is admitted that the base line provided by the sinuosities of the coast should not be maintained under all circums-
tances. In the case ofan indentation which is not very broad at its opening, such a bay should. be regarded asformingpan of
the inland waters. Opinions were divided as to the breadth at which this opening should be fixed. Several Delegations were of
the Opinión that bays, the opening of which did not exceed ten miles, should be regarded as inland waters; an imaginan/ line
should be traced across the hay between the two poinrs jutting out furthest, and this Une would. serve as a basis for detenad
ning the breadth ofthe Une will have to be drawn al the first place, startingfom the opening, at which the width of the hay
does not exceed ten miles. This is the System adopte!, Ínter alia, in the North Sea Hsheries Convention ofMay 6, 1882. Other
Delegations were only prepared to regard the waters ofa bay as inland waters ifthe two zones of territorial sea met at the ope
ning of the bay, in other words, if the opening did not exceed twice the breadth of the territorial sea. States which were in
favour ofa territorial belt ofthree miles held that the openingshould therefore not exceedsix miles... Most Delegations agreed
to a width often miles, provided a system were simultaneously adopted under which slight indentations were not be treated as
bays... Two system. were proposed; these having been set out as annexes to the observarían; on this arríele. The Sub-Commitlee
gave no opinión regarding these system, desiring to reserve the possibility ofconsidering other systems or modificativas of either
ofthe above systems (proposal ofthe United States Delegarían and compromise-proposal of the French Delegarían)". Un estu
dio sobre la época anterior a la labor codificadora realizada en el seno de las Naciones Unidas, vid. en VILLENEUVE,
R. de: De la. determinación de la ligne séparative des eaux nalionales et de la mer territoriale spécialement dans les baies, París,
1914 y; MOCHOT. J.: Le Régime des Bates et des Golfos en Droit International, París, 1938.
49
reclamaban para las aguas de aquellas bahías que tuviesen un abra que excediese de la
anchura considerada para su mar territorial1'.
De este modo, el primer espacio marítimo que encontramos partiendo de la
costa hacia el mar son las aguas interiores (categoría a la que pertenecen las que
hemos denominado bahías en términos jurídicos). Sin embargo, si consideramos
que el mar territorial constituye una faja costera que incluye las aguas marítimas a
partir de una línea "natural" de la costa hasta una determinada distancia110, hemos
de advertir que las aguas interiores no existen en todas las costas. Así, en una pri
mera época no se consideró necesario distinguir una categoría jurídica específica, de
modo que sólo las aguas de los puertos, así como algunas ensenadas o bahías de poca
abertura eran consideradas aguas interiores1".
En relación con el sistema de delimitación establecido para las bahías, la
Convención de 1982 no ha modificado nada de lo dispuesto en el Convenio de
Ginebra de 1958 sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua"2, por lo que en este capí
tulo, tras hacer una breve referencia a la evolución de las normas que regulan la deli
mitación de las bahías, diferenciaremos, una vez más, el concepto jurídico de bahía del
concepto amplio, con el fin de diferenciar los distintos sistemas de delimitación utili
zados para el cierre de las bahías, sistemas que condicionarán, a su vez, el régimen jurí
dico aplicable a las aguas encerradas en el interior de las mismas.
•°9 Vid. un estudio sobre el problema de la extensión del mar territorial y los sistemas mensurativos en AZCA-
RRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, op. cit., pp. 63-68 y en ía citada obra de SAURA ESTAPA, J.:
Límites del Mar Territorial.
1 1,1 Según señala el artículo 5 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982: "Salvo
disposición en contrario de esta Convención, la línea de base normal para medir la anchura del mar territorial es la línea
de bajamar a lo largo de la costa, tal como aparece marcada mediante el signo apropiado en cartas a gran escala reco
nocidas oficialmente por el Estado ribereño". Este sistema de delimitación es el de la bajamar escorada, utilizado para
delimitar los espacios marítimos de costas regulares, sin aberturas o escotaduras.
111 Según AZCARRAGA BUSTAMANTE, las aguas interiores representan "aquella zona acuática que desde el mar
territorial va hacia el interior del territorio del Estado”, comprendiendo, de este modo, las bahías, ensenadas, puertos,
radas, estuarios, etc.. Vid. su obra Derecho del Mar, cit. supra, p. 52.
112 El artículo 5, párrafo 1 del texto de 1958 señala que las aguas situadas en el interior de la línea de base del mar
territorial se considerarán aguas interiores. Lo mismo establece el párrafo 1 del artículo 8 de la Convención de 1982,
según el cual: "Salvo lo dispuesto en la Parte IV (se refiere a los supuestos de Estados archipelágicos), las aguas situadas
en el interior de la línea de base del mar territorial forman parte de las aguas interiores del Estado".
111 Vid. COLOMBOS, C. J.: Derecho Internacional Marítimo, Madrid, 1961, p. 117
50
Francia el 2 de agosto de 1839 aceptaba el límite de las diez millas, disponiendo que
"se acuerda que la distancia de tres millas fijada como límite general para el derecho
exclusivo de pesca en las costas de los dos países se medirá, respecto a bahías cuya boca
no pase de diez millas de ancho, desde una línea recta trazada de promontorio a pro
montorio". Igualmente, las normas convenidas por ambos países en 1843 para dar efec
to al Convenio de 1839 se redactaron sobre la misma base.
El mismo límite adoptó el Convenio sobre Pesquerías del Mar del Norte {the North
Sea Fisheries Convention) del 6 de mayo de 1882, cuyo artículo 2 disponía que, en el
caso de las bahías, "la distancia de tres millas deberá medirse desde una recta trazada a
través de la bahía en la parte más próxima a la entrada, en el primer punto donde el
ancho no exceda de diez millas".
Haciendo una breve referencia a la evolución seguida en esta materia, podemos señalar
que en la sesión celebrada en Hamburgo por el Instituí de Droit International en 1891, el
criterio que se establecía para el cierre de las bahías fue el doble de la anchura del mar terri
torial, anchura no determinada en aquel entonces, por lo que, en consecuencia, cualquie
ra de las fijadas por los Estados ribereños carecía de carácter universal. Tres años después,
en la sesión plenaria celebrada en París el 28 de marzo de 1894, aunque el relator BAR
CLAY propuso una línea de cierre de 10 millas, algunos de sus miembros apoyaron un
límite de 12 millas, es decir, el doble de la anchura del mar territorial que había sido pro
puesta en el proyecto114. Sin embargo, dicho límite fue abandonado en la sesión de
Estocolmo de 1928, al estimarse que "la anchura del mar sometido a un Estado variaba
entre un mínimo de 3 y un máximo de 6 millas marinas, pero se consideraba también que
el propio Estado podía, en determinadas condiciones, ampliarla con el fin de hacer respe
tar su legislación en ciertos aspectos, como el ejercicio de la vigilancia fiscal y aduanera"114.
Como veremos en el siguiente apartado, el criterio utilizado para el cierre de las bahí
as no fue uniforme hasta la adopción de los convenios reguladores del Derecho
Internacional del Mar en el seno de la ONU: recordemos que la 1 Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, pese a no haber podido resolver el problema
de la extensión máxima del mar territorial, consiguió la aprobación del acuerdo conteni
do en el artículo 7 del Convenio sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua de 1958, en
virtud del cual, la línea de demarcación de las aguas interiores de una bahía podía trazar
se entre puntos de la orilla separados por no más de 24 millas marinas. Esta misma regla
pasó sin dificultad al texto de la Convención de 1982 adoptado al concluir la III
114 Este mismo criterio aparecía en el proyecto presentado por el jurista chileno Alejandro ALVAREZ en la
Conferencia celebrada en Estocolmo en 1924 por la International Law Association, aunque con posterioridad, en la
Conferencia de Viena de 1926 se adoptó un criterio menos específico: "the territorial waters shouldfollow the sinuosities
ofthe coast, unless an occupation or an established usage generally recognized by nations hadsanctioneda greater limit". Vid.
O’CONNELL, D. P.: The International Law of the Sea, op, cit., pp. 378-380 y AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L.
de: Derecho del Mar, op. cit., p. 24.
■l5 Vid. la citada obra de CERVERA PERY, J.: El Derecho del Mar..., p. 82. En este mismo sentido, COLOMBOS
escribió que en virtud de la costumbre, así como por tratados y en convenios especiales, el límite de seis millas de anchu
ra del abra de la bahía se amplió con frecuencia a más de seis, de manera que, consideraciones basadas en motivos his
tóricos y consagradas por el uso entraban en juego al examinar la extensión del abra de una bahía. Vid. COLOMBOS,
C. J.: Derecho Internacional Marítimo, op. cit., p. 117.
51
Conferencia, aunque se haya limitado a recoger, en ocasiones literalmente, las normas con
tenidas en el Convenio de 1958'La única gran novedad que incorpora la Convención
de 1982, en relación con nuestro objeto de estudio, es que llega a un acuerdo sobre la
extensión del mar territorial, fijando un límite máximo de 12 millas marinas"’.
III.2. a. Sistemas de delimitación para bahías cuyas costas pertenecen a un solo Estado
r’ Hay quienes han puesto de manifiesto que, a pesar de la complejidad y abstracción de estos criterios de deli
mitación, que han planteado no pocos problemas en la práctica, el artículo 10 del nuevo Convenio los repite en sus tér
minos literales, con lo que parece que los Estados han optado por asumir el sistema establecido en 1958, antes que inau
gurar un sistema sin las ventajas de lo consolidado, pero con los inconvenientes de su puesta en práctica. GONZALEZ
CAMPOS, J. D.; SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I. y ANDRES SAENZ DE SANTA MARIA, M. R: Curso de Derecho
Internacional Piiblico, op. cit. (quinta edición), p. 530. Como han señalado estos autores en la sexta edición (p. 606), se
trata de criterios consolidados en la práctica y así lo ha estimado el [Link]. en el asunto de la controversia fronteriza terres
tre, insular y marítima al señalar que “podría considerarse que estas disposiciones relativas a las bahías expresan el dere
cho consuetudinario general”. (C.I.J. Recueil 1992, p. 588).
117 Según señala su artículo 3: "Todo Estado tiene derecho a establecer la anchura de su mar territorial hasta un límite que
no exceda de 12 millas marinas medidas a partir de líneas de base determinadas de conformidad con esta Convención".
’-H Vid. ORIHUELA CALATAYUD, E.: España y la delimitación de sus espacios marinos. Universidad de Murcia,
1989, pp. 42-43.
52
Como ya hemos indicado, el párrafo 3 del artículo 10 de la Convención de 1982
dispone: "para los efectos de su medición, la superficie de una escotadura es la com
prendida entre la línea de bajamar que sigue la costa de la escotadura y una línea que
una las líneas de bajamar de sus puntos naturales de entrada. Cuando, debido a la exis
tencia de islas, una escotadura tenga más de una entrada, el semicírculo se trazará
tomando como diámetro la suma de las longitudes de las líneas que cierran todas las
entradas. La superficie de las islas situadas dentro de una escotadura se considerará
comprendida en la superficie total de ésta".
Continúa señalando el párrafo 4: "si la distancia entre las líneas de bajamar de los
puntos naturales de entrada de una bahía no excede de 24 millas marinas, se podrá tra
zar una línea de demarcación entre las dos líneas de bajamar y las aguas que queden así
encerradas serán consideradas aguas interiores".
Por lo tanto, el único requisito que establece la Convención de 1982 para aplicar el
sistema de la línea de cierre de la bahía, llamada literalmente línea de demarcación entre
las dos líneas de bajamar, es que ésta no sea superior a 24 millas marinas; de este modo,
se considerarán aguas interiores las que quedan comprendidas en el interior de la bahía,
entre la línea de bajamar a lo largo de la costa y la línea de cierre115. Será la línea de cie
rre de la bahía la que se utilice para delimitar hacia el exterior los distintos espacios
marítimos (12 millas marinas de mar territorial, 200 millas de Z.E.E., etc.).
IH Vid. la citada obra de SAURA ESTAPA, J.: Límites del Mar Territorial, pp. 114-122.
Este es el dato que nos permite diferenciar este sistema del que analizamos bajo el epígrafe: "el sistema de líne
as de base rectas".
53
escotadura sea cerrada mediante el sistema de LBR previsto en su artículo 7, cuyo párra
fo 1 determina lo siguiente: "en lugares en que la costa tenga profundas aberturas o
escotaduras o en los que haya una franja de islas a lo largo de la costa situada en su pro
ximidad inmediata, puede adoptarse, como método para trazar la línea de base desde la
que ha de medirse el mar territorial, el de líneas de base rectas que unan los puntos
apropiados"; en la práctica, estos puntos serán los más alejados mar afuera de los pro
montorios costeros o de las islas del litoral.
El sistema de LBR fue adoptado por primera vez en 1935, mediante el cual,
Noruega no aplicó a sus costas el criterio de la línea de base normal, (es decir, la línea
de bajamar a lo largo de la costa), procediendo a unir los puntos más alejados de la mul
titud de islas, arrecifes y promontorios que existían en la parte septentrional del país,
denominada skjaergaard (literalmente, muro de rocas)121.
En el asunto de las Pesquerías Anglo-Noruegas, el Reino Unido demandó a Noruega
ante el T.I.J., al considerar que el Estado noruego sólo podía trazar LBR en las bahías,
aunque reconocía a Noruega el derecho a reivindicar como aguas interiores todas las
aguas de los fiordos y de los sunds (que quedaban comprendidos en el concepto de
bahía), tanto si la línea de cierre de la escotadura tenía una longitud inferior como supe
rior a diez millas marinas. Esta concesión que hacía el Reino Unido se basaba exclusi
vamente en alegaciones de títulos históricos, ya que para él, la regla de las diez millas
era considerada una norma de Derecho Internacional122.
El [Link]. afirmó que la línea de base noruega no violaba el Derecho Internacional, ya
fuera porque era conforme a derechos históricos adquiridos, ya fuera porque corres
pondía a intereses económicos locales en materia de pesca, cuya realidad e importancia
estaban claramente confirmadas por un largo uso123. La sentencia del [Link]. de 18 de
diciembre de 1951 significó la consagración del sistema de LBR y su aceptación uni
versal, conviertiéndose en factor determinante de la ampliación de espacios marítimos
que pasaron a formar parte de las aguas interiores de los Estados ribereños, aguas que
jurídicamente tienen la misma consideración que el espacio terrestre, sobre las que los
Estados ribereños ejercen plena soberanía.
121 El 12 de julio de 1935 el Gobierno noruego dictó un Real Decreto (R.D.) sobre la delimitación de la zona de
pesca noruega; tal R.D. se apoyaba en la legislación noruega dictada anteriormente, en especial, en los Reales Decretos
de 1812, 1869, 1881 y 1889. El R.D. de 1935 hacía mención de "títulos históricos" bien establecidos, de las "condi
ciones geográficas" que predominan en las costas noruegas y de la protección de los "intereses vitales" de los habitantes
de las regiones situadas en las zonas más septentrionales del país. No obstante, aunque el R.D. se refería a la zona de
pesca noruega y no mencionaba expresamente el mar territorial, no hay duda de que la zona delimitada no era otra que
la zona marítima que Noruega considera como su mar territorial. Así es como las Partes han discutido la cuestión y la
han sometido a la decisión del [Link]. en el asunto de las Pesquerías Anglo-Noruegas (sentencia de 18 de diciembre de
1951,[Link]., Reports, 1951, p. 131). Vid. CASANOVAS Y LA ROSA, O.: Casosy textos de Derecho Internacional Público,
cuarta edición, Madrid, 1986, pp. 225-226.
122 CASANOVAS Y LA ROSA ha señalado que si bien la franja de las aguas territoriales debe seguir la línea exte
rior del skjaergaard, admitiéndose en ciertos casos el trazado de líneas de base rectas, no hay razón válida para que éstas
sólo puedan ser trazadas a través de las bahías y no se pueda hacer entre las islas, islotes y peñascos, a través de los espa
cios de agua que los separan, incluso cuando dichos espacios no queden comprendidos en la noción de bahía. Vid. su
obra, cit. supra, pp. 227-228.
123 Vid. la sentencia de 18 de diciembre de 1951,1.C.J., Reports, 1951, p. 142.
54
En relación con la longitud de las líneas rectas, el [Link]. estimó en la mencionada
sentencia que, "aunque la norma de diez millas se había adoptado en ciertos Estados,
tanto en su derecho nacional como en sus tratados y convenios, y aunque determina
das decisiones arbitrales la habían aplicado entre esos Estados, otros habían adoptado
diferente límite". En consecuencia, la norma de las diez millas no había adquirido aún
"la autoridad de una norma general de Derecho Internacional"124.
Es importante señalar que el [Link]. dictó la sentencia sobre el asunto de las Pesquerías
Anglo-Noruegas con anterioridad a la adopción del Convenio de Ginebra de 1958
sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua, cuyo artículo 4 establecía el sistema de
LBR, reteniendo, en consecuencia, los criterios fundamentales señalados por el [Link]. en
dicho asunto. En consecuencia, el citado artículo condicionaba la aplicación del siste
ma de LBR a la existencia de profundas aberturas y escotaduras en la costa o de una
franja de islas en su proximidad inmediata (artículo 4, párrafo 1).
El artículo 4 del citado Convenio tampoco determinaba la longitud de las líneas rec
tas. En su lugar, el párrafo 2 establecía que el trazado de esas líneas de base no podían
apartarse de una manera apreciable de la dirección general de la costa y que las zonas
de mar situadas del lado de tierra de esas líneas debían estar suficientemente vinculadas
al dominio terrestre para quedar sometidas al régimen de las aguas interiores, lo que
podía entenderse como requisitos que debían cumplir las profundas aberturas y escota
duras para que se les pudieran aplicar el sistema de LBR y para que las aguas que que
dasen así encerradas tuvieran el carácter de aguas interiores.
Pero, según advertía su párrafo 4, cuando fuese aplicable dicho método, al trazar
determinadas líneas de base, podrían tenerse en cuenta los intereses económicos pro
pios de la región de que se tratase, cuya realidad e importancia estuviesen claramente
demostradas por un largo uso.
A pesar de la exigencia de estos requisitos, en la evolución posterior a la I
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los Estados han utiliza
do el sistema de LBR con criterios sumamente amplios. Por lo tanto, no es de extrañar
que los adversarios de la ampliación de las aguas interiores intentasen introducir limi
taciones concretas en la III Conferencia, aunque todos los intentos realizados por alcan
zar dicho fin fracasaron. Así, el artículo 7 de la Convención de 1982 se limita a repro
ducir el texto del Convenio de 1958, con una ligera adición: la relativa a las líneas de
costa inestables, según lo establecido en el párrafo 2125.
55
De acuerdo con lo previsto en el artículo 7, párrafo 5 de la Convención de Jamaica
de 1982, DIEZ DE VELASCO ha señalado que podrán tenerse en cuenta, "sólo para
el trazado de determinadas líneas rectas", los intereses económicos de la región, si su
realidad e importancia están demostradas por un prolongado uso de las aguas. Para este
autor, la validez jurídico-internacional del trazado de LBR depende de que se cumplan
los siguientes requisitos126:
1 .- las líneas rectas no deben apartarse de forma apreciable de la dirección general
de la costa;
2 .- las zonas de mar encerradas por esas líneas, situadas entre éstas y la tierra firme,
deben estar suficientemente vinculadas al dominio terrestre para someterlas al
régimen de las aguas interiores;
3 .- las líneas rectas no pueden trazarse hacia o desde elevaciones que emerjan en la
bajamar, a menos que se hayan construido sobre ellas faros o instalaciones aná
logas que se encuentren constantemente sobre el nivel del agua;
4 .- el trazado de líneas rectas no puede aislar del alta mar o zona económica exclu
siva el mar territorial de otro Estado;
5 .- la delimitación deberá publicarse en cartas marinas y el ribereño les dará ade
cuada publicidad, en particular, depositando ejemplares de las mismas en la
Secretaría General de la ONU; esta obligación se amplía a toda delimitación pre
vista para fijar la anchura del mar territorial127.
A la falta de precisión jurídica que presentan todos estos sistemas de delimitación,
se añade para una mayor confusión, lo dispuesto en el artículo 14 de la Convención de
1982, según el cual: "el Estado ribereño podrá determinar las líneas de base combi
nando cualesquiera de los métodos establecidos en los artículos precedentes, según las
circunstancias". Pero, ¿cuáles son estas circunstancias?... La Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar no las especifica.
Como respuesta a la pregunta que dejamos planteada sobre la posible diferencia
existente entre el trazado de una línea de base recta en el interior de una bahía y el
sistema de LBR, podemos responder como conclusión, que la línea de cierre de la
que se hayan construido sobre ellas faros o instalaciones análogas que se encuentren constantemente sobre el nivel del
agua, o cuando el trazado de líneas de base hacia o desde elevaciones que emerjan en bajamar haya sido objeto de un
reconocimiento internacional general. 5. Cuando el método de líneas de base rectas sea aplicable según el párrafo 1, al
trazar determinadas líneas de base podrán tenerse en cuenta los intereses económicos propios de la región de que se trate
cuya realidad e importancia estén claramente demostradas por un uso prolongado. 6. El sistema de líneas de base rec
tas no puede ser aplicado por un Estado de forma que aísle el mar territorial de otro Estado de la alta mar o de una zona
económica exclusiva".
126 Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit., pp. 386-387.
’2’ Según señala el artículo 16 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982: "1.
Las líneas de base para medir la anchura del mar territorial, determinadas de conformidad con los artículos 7, 9 y 10, o
los límites que de ellas se desprendan, y las líneas de delimitación trazadas de conformidad con los artículos 12 y 15
figurarán en cartas a escala o escalas adecuadas para precisar su ubicación. Esas cartas podrán ser sustituidas por listas de
coordenadas geográficas de puntos en cada una de las cuales se indique específicamente el "datum" geodésico. 2. El
Estado ribereño dará la debida publicidad a tales cartas o listas de coordenadas geográficas y depositará un ejemplar de
cada una de ellas en poder del Secretario General de las Naciones Unidas".
56
bahía (ya sea trazada de promontorio a promontorio o en su interior), es una autén
tica LBR, obviando cualquier exigencia relativa a una longitud máxima'28. Por lo
tanto, el sistema de LBR establecido en la Convención de 1982 (como ocurriera en
el Convenio de 1958 sobre el Mar Territorial y Zona Contigua) ha hecho irrelevan
te, sobre todo en su aplicación por los Estados ribereños, los distintos sistemas de
delimitación establecidos para las bahías.
Como considera SAURA ESTAPA, la línea de cierre de la bahía no es otra cosa que
una línea de base recta que cumple todos sus requisitos salvo, tal vez, uno: que no se apli
ca necesariamente a una costa fuertemente accidentada. Como consecuencia, se pregun
ta si éste es un motivo suficiente para mantener un artículo específico dedicado a la regu
lación de las bahías, llegando a la conclusión de que es absurdo preocuparse por dar una
noción jurídica de bahía; según señala: "parece que se trata de ver si se cumplen unos
requisitos (criterio del semicírculo) en cierta hendidura de la costa para que pueda apli
carse una norma más restrictiva que la que se aplica cuando el criterio no se cumple. En
efecto, si la hendidura es de tal entidad que no cumple el criterio del semicírculo, será
con toda seguridad una "profunda abertura" que permitirá sencillamente el trazado de
una línea de base recta sin mayores complicaciones. Algo parecido podría decirse de las
aberturas que sí cumplen los requisitos de las bahías". Como bien advierte él mismo, "las
líneas de base rectas se bastan y sobran para solucionar los problemas de delimitación que
plantean las bahías y, desde luego, la supresión de una longitud máxima de su línea de
cierre no supondría mayores abusos de los que se producen con el régimen actual"129.
Siguiendo esta línea de razonamiento, se ha sugerido que para precisar el concepto
jurídico de bahía desaparezcan dos de los requisitos previstos en los textos convenciona
les que venimos analizando, esto es, la regla del semicírculo y la extensión máxima de la
línea de cierre. No obstante, consideramos que no sería necesario suprimirlos, pues como
hemos señalado, la regulación contenida en el citado artículo 10, según lo dispuesto en
su párrafo 6, no se aplicará a las bahías que se delimiten mediante el sistema de LBR.
Por lo tanto, aunque compartamos las palabras del profesor SAURA ESTAPA,
quien considera que no tiene sentido la regulación internacional prevista para el
cierre de las bahías, ya que los Estados acudirán al sistema de LBR, cuya longitud
no está limitada, consideramos necesaria la existencia de un precepto que regule
expresamente las bahías, máxime si tenemos en cuenta que el trazado de las LBR
ha de cumplir una serie de requisitos para que su delimitación sea conforme a lo
dispuesto en la Convención de 1982.
A continuación haremos referencia a los sistemas de delimitación aplicables a los dos
supuestos excluidos del citado artículo 10, aunque no hayan sido regulados en los con
venios internacionales adoptados en el seno de las Naciones Unidas.
;2ti Como advierte SAURA ESTAPA: "el interés jurídico por la delimitación del mar territorial en las bahías apa
rece en un momento histórico en que la línea de bajamar es la única permitida para medir la anchura del mar territo
rial, con codos ios problemas que ello acarrea". Vid. su citada obra: Límites del Mar Territorial, pp. 122-123.
Vid. la citada obra de SAURA ESTAPA, pp. 124-126.
57
JII.2.b. Sistemas de delimitación para golfos o bahías internacionales: Delimitación en
sentido estricto
Como señala la profesora ORIHUELA, en los supuestos en los que existe una yux
taposición de soberanía o jurisdicción, "a menos que los Estados involucrados decidan
establecer un condominio allí donde sus competencias se superponen, surge la necesi
dad de establecer una frontera que determine de manera clara y precisa hasta dónde se
extiende la soberanía o jurisdicción de cada uno de ellos"110.
Siguiendo esta opinión, en relación con la delimitación de las bahías cuyas costas
pertenecen a dos o más Estados, sería interesante señalar la distinción que hace BOU
CHEZ, al admitir la posibilidad de separar dos situaciones distintas131:
1 .- Cuando todos los Estados ribereños tienen acceso a la entrada, como sucede en
las bahías de Higuer132 y de Algeciras1
2 .- Cuando uno o dos de los Estados están situados en la boca de la bahía, domi
nando su entrada y el restante o los restantes ribereños quedan en el "fondo del
saco", supuesto del Golfo de Fonseca en Centroamérica134
1 ,0 Continúa diciendo ORÍ HUELA CALATAYUD, que "la solución del condominio puede presentarse, así pues,
como una alternativa a la delimitación o al establecimiento de fronteras y podría obviar muchas de las dificultades que
presenta el trazado de una línea divisoria de espacios marinos. Sin embargo, no debemos dejarnos deslumbrar por esta
relativa ventaja, ya que los Estados, al acordar el uso común de estas zonas de mar, deberían también dar solución a
determinados problemas que pueden resultar tan complejos como la delimitación, o incluso más: el ejercicio de la juris
dicción penal o civil, el establecimiento de la legislación reguladora de las distintas actividades que se pueden llevar a
cabo, la exploración de los recursos de la zona y la distribución de los beneficios que se obtengan de la misma, pueden,
junto a otros aspectos, reflejar las cuestiones a resolver en el establecimiento de un condominio. Y ello con indepen
dencia de que el condominio, para ser una buena solución al problema, requiere un excelente clima político entre las
partes". Vid. su obra: España y la delimitación..., cit. supra, p. 40.
” Vid. el estudio sobre la delimitación y el régimen jurídico aplicable a las bahías internacionales que hace BOU
CHEZ, en su citada obra ¡he Regime ofBays..., pp. 170-198.
, v: El Convenio hispano-francés de 14 de julio de 1959 sobre Pesca en el Bidasoa y en la Bahía de Higuer (BOE
de 2 de febrero de 1965) derogó la declaración hispano-francesa de 30 de marzo de 1879, relativa a la delimitación de
jurisdicciones de España y Francia en dichos espacios, pero mantuvo la delimitación entonces establecida, según la cual,
las aguas de la bahía se subdividían en tres sectores: uno bajo la jurisdicción exclusiva de España, otro bajo la jurisdic
ción exclusiva de Francia y el tercero eran aguas comunes a los dos países (se trata de la zona central que es un condo
minio de ambos Estados), teniendo en cuenta la delimitación del Mar Territorial y de la Zona Contigua del Golfo de
Vizcaya, establecida en el Convenio de 29 de enero de 1974, que combina el recurso al meridiano (en las primeras seis
millas marinas) con la equidistancia (en las segundas seis millas marinas). BOE de 4 de julio de 1975. Vid. asimismo el
Canje de Notas de 29 de enero de 1974, sobre Interpretación del artículo 2, b) del Convenio sobre delimitación de las
Plataformas Continentales en el Golfo de Vizcaya (BOEde 9 de julio de 1975).
El régimen jurídico de la bahía de Algeciras está condicionado por la controversia hispano-británica en relación
con la interpretación del artículo 10 del Tratado de Utrech de 1713, en el cual España cedía "a la corona de la Gran
Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensa y fortaleza".
A comienzos del siglo XIX se inició un contencioso entre la posición española (que interpreta restrictivamente el citado
precepto, negando los derechos soberanos del Reino Unido sobre las aguas adyacentes al Peñón) y la posición inglesa
(que sostiene que no se puede ceder una plaza marítima sin los derechos correspondientes a los espacios marítimos adya
centes). Vid. el análisis de esta controversia en el Capítulo VI del presente estudio.
Sobre este supuesto, vid. la sentencia del T.I.J. de 11 de septiembre de 1 992, I.C.J., Reports, 1992 ("Case con-
cerning the land, island and maritime frontier dispute -El Salvador/Honduras: Nicaragua intervening-"), párrafos 369
a 420, sobre la situación jurídica de los espacios marítimos dentro y fuera de la línea de cierre del Golfo de Fonseca.
58
Para BOUCHEZ: "en ambos tipos de bahías existen intereses comunes de carácter
estratégico, de navegación y de aprovechamiento de sus recursos naturales", por lo que
las posibles técnicas de solución serían las siguientes135:
a) Establecer un condominio, una comunidad de uso entre los Estados ribereños, de
manera que ejercieran competencias concurrentes sobre las aguas y sus recursos
(solución subyacente en el asunto del Golfo de Fonseca).
b) Llegar a una reglamentación por vía convencional entre los Estados ribereños.
c) Aplicar una técnica similar a la prevista en el artículo 12 del Convenio de Ginebra de
1958 sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua y en el artículo 15 de la Convención
de 1982, sobre la delimitación del mar territorial entre Estados con costas adyacentes
o situadas frente a frente, esto es, aplicar el sistema de la línea media equidistante
(LME) para determinar el espacio sometido a la soberanía de cada uno de ellos.
De acuerdo con esta clasificación y atendiendo, una vez más, a la opinión de la pro
fesora ORIHUELA, consideramos que el condominio afectaría, más que a la delimita
ción en cuanto establecimiento de las fronteras, al régimen jurídico, en cuanto reparto
de las competencias y jurisdicción correspondiente a cada Estado ribereño de un golfo
o bahía internacional136.
No obstante, aunque el condominio no se encuentra recogido en los Convenios de
las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que parecen primar en la búsqueda de
una delimitación, puede estar presente en la mente de los negociadores de los acuerdos
que se suscriban en relación con la división o delimitación de su soberanía o jurisdic
ción sobre el medio marino137, motivo éste que nos sugiere incorporar el condominio,
no ya como alternativa, sino como vía conjunta a la delimitación138, para determinar el
régimen jurídico aplicable a los supuestos de bahías cuyas costas están bañadas por las
aguas de dos o más Estados ribereños.
Podemos concluir estableciendo como sistemas de delimitación para los golfos o
bahías internacionales los siguientes, con independencia del acuerdo que sean capaces
de adoptar los Estados ribereños:
1) el sistema de la línea media equidistante (LME) y;
2) el condominio
155 Vid. GONZALEZ CAMPOS, J. D.; SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I. y ANDRES SAENZ DE SANTA
MARIA, M. P: Curso de Derecho Internacional Público, op. cit., p. 606.
136 Esta interpretación es la contenida en la definición de condominio ofrecida por The International Law
Dictionary. "Jurisdiction over a territory shared by two or more States. A condominium arrangement is formally defined by the
legal regime sharing authority over the territory. Jurisdiction may be shared either concurrently or sequentially. A condomi
nium arrengement tipically allows for equal exercise ofsovereignty by the States concerned'.
137 Son palabras textuales de ORIHUELA. CALATAYUD, E.: España y la delimitación..., op. cit., p. 42.
138 En la delimitación de la plataforma continental en el Golfo de Vizcaya (Convenio de 29 de enero de 1974),
España y Francia establecieron una zona de explotación conjunta (el llamado domo de Gascuñd), que incluye suelo y
subsuelo a ambos lados de la divisoria. Pero como se ha señalado, no se trata de un condominio, sino de "buena vecin
dad cimentada sobre una delimitación sana. La delimitación promueve la cooperación y ésta puede dar lugar a formas
muy integradas". Vid. REMIRO BROTONS, A.; RIQUELME CORTADO, R.; ORIHUELA CALATAYUD, E.;
DIEZ-HOCHLEITNER, J. y PEREZ-PRAT DURBAN, L.: Derecho Internacional Madrid, 1997, p. 660.
59
b. 1. El sistema de la línea media equidistante
El artículo 15 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar
de 1982, referente a la delimitación del mar territorial entre Estados con costas adya
centes o situadas frente a frente, prevé para estos supuestos lo siguiente: "ninguno de
dichos Estados tendrá derecho, salvo acuerdo en contrario, a extender su mar territo
rial más allá de una línea media cuyos puntos sean equidistantes de los puntos más pró
ximos de las líneas de base a partir de las cuales se mida la anchura del mar territorial
de cada uno de esos Estados. No obstante, esta disposición no será aplicable cuando,
por la existencia de derechos históricos o por otras circunstancias especiales, sea nece
sario delimitar el mar territorial de ambos Estados en otra forma".
En este precepto se consagra una regla de carácter dispositivo denominada principio
o método de equidistancia, que se ha utilizado normalmente en la práctica interna
cional. No obstante, el criterio de base sería el acuerdo entre los Estados interesados,
que podrían utilizar, si así lo desearan, el sistema de la LME u otro distinto, como suce
dió, según lo señalado, en el Convenio hispano-francés de 29 de enero de 1974, para
la delimitación del mar territorial en el Golfo de Vizcaya139.
Por lo tanto, existe una serie de alternativas aplicables al principio de la equidistancia.
Estas son:
a) la adopción de un acuerdo en contrario por parte de los Estados ribereños y;
b) la existencia de derechos históricos u otras circunstancias especiales que justifi
quen la necesidad de proceder a una delimitación distinta.
Algunos supuestos sobre delimitación de fronteras marítimas entre Estados con cos
tas adyacentes o situadas frente a frente merecen una atenta consideración jurídica, ya
que han sido objeto de controversias internacionales.
Podemos señalar, por un lado, el Tratado de 26 de diciembre de 1942, en el que
el Reino Unido (por la isla Trinidad) y Venezuela procedieron a delimitar el lecho
marino y su subsuelo existente más allá del mar territorial en el Golfo de Paria. Desde
entonces, se han sucedido numerosos tratados bilaterales de delimitación que refle
jan soluciones libremente acordadas por las partes, sobre la base de elementos rele
vantes existentes en circunstancias específicas.
Por otro lado, es importante señalar la sentencia [Link]. de 12 de octubre de 1984,
sobre el asunto de la frontera marítima en el Golfo de Maine (Canadá y los Estados
Unidos), en la que dicho Tribunal, teniendo en cuenta las circunstancias geográficas,
descartó el método de la equidistancia sobre la base de varias consideraciones, entre
ellas, la existencia de una isla de soberanía disputada en las proximidades de la línea
fronteriza (párrafo 211 y 213); además, se refirió al método de la bisectriz del ángulo
formado por las líneas de la dirección general de la costa, mientras que en otro seg
139 Vid. la citada obra de GONZALEZ CAMPOS, J. D.; SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I. y ANDRES SAENZ
DE SANTA MARIA, M. R: Curso de Derecho Internacional..., p. 612, así como la obra de SUAREZ DE VIVERO, J.
L.: El Nuevo Orden Oceánico. Consecuencias Territoriales, Junta de Andalucía/Consejería de Política Territorial. Dirección
General de Ordenación del Territorio, Sevilla, 1985, pp. 86-87 y 91-94.
60
mentó de la línea fronteriza se aplicó el método de la perpendicular a la línea de cierre
de la bahía (párrafo 224) 14°.
b.2. El condominio
Este término plantea la dificultad de su definición en el ámbito del Derecho
Internacional Público, ya que se ha consolidado en el Derecho Privado, donde se acude
a la idea de co-soberanía para explicar la naturaleza del mismo141. Sin embargo, hay
quienes advierten que esta noción de co-soberanía utilizada para definir el condominio
es equívoca, ya que en tales supuestos, ninguno de los Estados sería auténtico soberano
del territorio, al no tener competencias plenas y exclusivas, sino competencias concu
rrentes o compartidas sobre un ámbito espacial concreto, lo que eliminaría el elemen
to de exclusividad propio de las competencias territoriales142.
Pero, según lo señalado, podemos distinguir dos clases de condominio:
a) el condominio como vía alternativa a la delimitación, al que no dedicaremos
especial atención, por no haber encontrado muchos partidarios entre los
Estados. En la práctica sólo se cita un supuesto de condominio fronterizo: el
del Golfo de Fonseca (del que son Estados ribereños El Salvador, Honduras
y Nicaragua) y aún éste es hoy muy discutido143. En este asunto, el [Link].
adoptó la postura defendida por El Salvador144, aunque su decisión estuvo
140 Vid. [Link].» Reports, 1984, p. 246. Vid. un comentario exhaustivo sobre este asunto en AJIL, vol. 79, 1985:
"The Gulf of Maine Case: The Nature of an Equitable Result" por SCHNEIDER, J., pp. 539-577; "Some Perspectives
on Adjudicating before the World Court: The Gulf of Maine Case", por ROBINSON, D. R.; COLSON, D. A. y
RASHKOW, B. C., pp. 578-597 y "From Sea to Seabed: the Single Maritime Boundary in the Gulf of Maine Case"
por LEGAULT, L. H. y HANKEY, B., pp. 961-991.
141 Esta idea de co-soberanía ha sido aplicada también al ámbito del Derecho Internacional Público: BOUCHEZ
define el condominio " as joint sovereignty by several States over a certain territory which does not itselfpossess the character
ofa State". En este mismo sentido se pronuncia EL-ERIAN, según el cual: "Ifdominium in international law is territo
rial sovereignty for which we set as a criterion the title to the territory, then condominium is joint sovereignty possessed by two
or more States in a certain territory". Una definición más específica es la dada por CORET: "Le condominium est le sta-
tut d'un territoire a l'égard duquel la jouissance et l'exercice des compétences reconnues aux Etatspar le droit des gens, appar-
tient & une communauté Internationale partidle caractérisée par l’égalitéjuridique etfonctionnelle des Etats qui en sont mem-
bres, cette communauté exergant ses compétences par l'intermédiaire d'organes internationaux particuliers, immédiats ou
médiats". Vid. BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays..., op. cit., pp. 184-185.
142 Vid. la citada obra de GONZALEZ CAMPOS, J. D.; SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I. y ANDRES SAENZ
DE SANTA MARIA, M. P: Curso de Derecho Internacional Público..., p. 556.
143 Vid. ORIHUELA CALATAYUD, E.: Españay la delimitación de..., op. cit., pp. 40-41. En la sentencia de 2 de
marzo de 1917, en relación con las fronteras marítimas del Golfo de Fonseca, el Tribunal de Justicia Centroamericano
sostuvo la tesis del ejercicio, por parte de los tres Estados ribereños, de competencias de forma indivisa en su interior,
estableciendo un condominio defacto en dicho espacio marítimo.
144 El Salvador pretendía que los espacios situados dentro del Golfo de Fonseca fuesen objeto de un condominio
entre los tres Estados ribereños, por lo que consideraba que cualquier delimitación del mismo resultaba inadecuada.
Honduras, por su parte, consideraba que en el Golfo existía una comunidad de intereses que requería una delimitación
judicial. Al aplicar las normas generales sobre interpretación de los Tratados, el T.I.J. declaró lo siguiente: "La Sala con
sidera que no tiene competencia para efectuar una delimitación, sea dentro o fuera del Golfo. Después de examinar la
historia del Golfo, la Sala observa que El Salvador, Honduras y Nicaragua siguen pretendiendo que el Golfo es una bahía
histórica con el carácter de un mar cerrado. Considera que las aguas del Golfo, aparte de la franja marítima de tres millas,
son aguas históricas y están sometidas a una soberanía conjunta de los tres Estados litorales. Observa que no ha habido
61
inlfluida por la condición especial de las aguas del Golfo, consideradas aguas
históricas145;
b) el condominio como vía conjunta a la delimitación, regulado en aquellos acuerdos
en los que, junto al establecimiento de una línea fronteriza, se prevea la posibili
dad de explotación conjunta de una zona determinada, es decir, la posibilidad de
llegar a una reglamentación por vía convencional entre los Estados ribereños. El
análisis de esta segunda clase de condominio se hará en el capítulo correspondien
te al régimen jurídico de las bahías, bajo el epígrafe regímenes particulares146.
II I.2.C. Las bahías y aguas históricas como excepción a todos los sistemas de delimitación
Por un lado, las bahías y aguas históricas constituyen una excepción al régimen
general previsto para la delimitación de las bahías cuyas costas pertenecen a un solo
Estado, según veremos a continuación.
Por otro lado, aunque los textos convencionales analizados no hagan referencia a las
bahías internacionales, los derechos históricos también operan en la delimitación de
este tipo de bahías, según ha manifestado el T.I.J. en el as. del Golfo de Fonseca147.
ningún intento de dividir las aguas según el título colonial y decide que una sucesión conjunta de los tres Estados pare
ce lógica". En relación con la posición geográfica de Honduras en el Golfo: "la Sala considera que Honduras tiene dere
chos legítimos en las aguas del Golfo hasta la línea de cierre de la bahía. Fuera del Golfo, la Sala observa que es preciso
tener ahora en cuenta los nuevos conceptos jurídicos -particularmente con respecto a la plataforma continental y a la
zona económica exclusiva- y considera que, con exclusión de una franja a cada extremo del Golfo que corresponde a las
zonas marítimas de El Salvador y Nicaragua, los tres Estados tienen derecho al mar territorial, la plataforma continen
tal y la zona económica exclusiva, pero pueden proceder a una división por común acuerdo". En este caso, el [Link]. deci
dió que un Estado situado en el interior de una bahía de la que también eran ribereños otros dos Estados situados en la
boca de la misma, tiene derecho a áreas propias de mar territorial, plataforma continental y zona económica exclusiva,
medidas a partir de la línea de cierre de la bahía.
145 Vid. la citada sentencia del [Link]. de 11 de septiembre de 1992, Reports, pp. 351 y ss.. Un análisis deta
llado de este asunto vid. en el comunicado de prensa de las Naciones Unidas, [Link]./519 de 11 de septiembre de 1992.
División de Asuntos Oceánicos y del Derecho del Mar. Oficina de Asuntos Legales. Boletín del Derecho del Mar, n°
22, enero 1993.
146 En este sentido, vid. el citado Convenio hispano-francés de 14 de julio de 1959 sobre Pesca en el Bidasoa y en
la Bahía de Higuer, en el que se mantiene un sector de aguas comunes a los dos países (una zona central que es un con
dominio de ambos Estados).
147 En el próximo capítulo analizaremos las distintas opiniones doctrinales sobre el régimen jurídico aplicable a
una bahía internacional cuyas aguas son consideradas de carácter histórico.
I4, < Como indica el artículo 10, párrafo 6 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de
1982: "las disposiciones anteriores no se aplican a las bahías llamadas históricas...". Tales disposiciones hacen referencia
a la longitud máxima permitida para la línea de cierre y a la regla del semicírculo, en los supuestos de delimitación de
bahías en términos jurídicos.
62
c.2. Excepción al sistema de líneas de base rectas
Del estudio realizado sobre las bahías y aguas históricas tras la sentencia sobre las
pesquerías anglo-noruegas, hay quienes afirman que el título de la reivindicación puede
basarse no sólo en consideraciones de orden histórico, sino también, en argumentos de
índole económica, entre otros149.
Siguiendo esta línea de pensamiento, el párrafo 5 del artículo 7 de la Convención
de Jamaica de 1982 dispone lo siguiente: "cuando el método de las líneas de base rec
tas sea aplicable..., al trazar determinadas líneas de base podrán tenerse en cuenta los
intereses económicos propios de la región de que se trate cuya realidad e importancia
estén claramente demostradas por un uso prolongado".
Teniendo en cuenta los requisitos exigidos para la formación del título histórico
que permite a los Estados ribereños reivindicar ciertos espacios marítimos y conce
derles el status de aguas interiores, será el cumplimiento de tales elementos o requisi
tos los que condicionen la delimitación realizada por el Estado ribereño que alega la
existencia de un título histórico.
Del análisis sobre la delimitación de las bahías podemos deducir, para concluir, que
las excepciones al criterio general de la línea de bajamar a lo largo de la costa, como línea
de base normal (LBN) a partir de la cual se determinan los distintos espacios marítimos,
son bastante considerables, hasta el extremo de llegar a oscurecer la propia regla general;
se trata de una manifestación de la tendencia actual de los Estados ribereños por exten
der su ámbito de soberanía sobre los espacios marítimos. Por lo tanto, no es sorpren
dente que, en los últimos años, numerosos Estados hayan procedido a definir o a rede
finir el trazado de sus líneas de base, aplicando a menudo el sistema de LBR, según cri
terios que, por su longitud, no son considerados aceptables por otros países150.
149 Como ya hemos señalado, no han sido pocos los autores que han manifestado sus recelos sobre la alegación de argu
mentos de carácter económico, con la finalidad de reivindicar espacios marítimos cada vez más extensos, que de este modo, que
darían sujetos a la soberanía y jurisdicción de los Estados ribereños. En este sentido, AZCARRAGA ha manifestado lo siguien
te: "estas consideraciones que excluyen el elemento histórico pueden llevarnos a una situación especial y en pugna con los pos
tulados clásicos de Derecho Internacional marítimo". AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: "Régimen jurídico de las aguas
históricas" en Anuario Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, vol. 1, Madrid, 1959, p. 85. Vid. también las opinio
nes doctrinales ya citadas, en relación con la teoría de los intereses vitales en el epígrafe dedicado a las bahías y aguas históricas.
150 En la práctica internacional, la línea de base recta más larga, de más de 300 millas marinas, cierra el Golfo de Sidra,
reivindicado por Libia en 1973 como bahía histórica y vital. En relación con la posición de los Estados Unidos, que recha
za la conformidad de dicha reivindicación con el Derecho Internacional, vid. la comunicación de las Naciones Unidas de 10
de julio de 1985, Oficina para Asuntos Oceánicos y el Derecho del Mar en Boletín de Derecho del Mar, n° 6, 1985, p. 40.
63
Capítulo IV
151 Esta disposición señala que “cuando el trazado de una línea recta, de conformidad con el método establecido
en el artículo 7, produzca el efecto de encerrar como aguas interiores aguas que anteriormente no se consideraban como
tales, existirá en esas aguas un derecho de paso inocente, tal como se establece en esta Convención”
65
trario, en relación con la navegación por el mar territorial, el Derecho Internacional
prevé el derecho de paso inocente para los buques extranjeros, entendiendo por paso ino
cente lo dispuesto en los artículos 18 y 19 de la Convención de 1982152.
Por otro lado, la doctrina también se muestra unánime al aceptar que sea el ejercicio o no
del derecho de paso inocente la distinción jurídica clave entre ambos espacios marítimos153.
El motivo por el que el Estado ribereño ejerce su soberanía sobre las aguas interio
res, sin limitaciones en principio, es que éstas se conciben como una extensión del terri
torio y, en consecuencia, puede reservar exclusivamente para sus nacionales toda clase
de concesiones en materia de pesca, navegación, tráfico marítimo, etc.154.
Como ya hemos adelantado, una excepción a la regla según la cual las aguas interiores
pueden cerrarse a la navegación de los buques extranjeros es la contenida en el artículo 8,
párrafo 2 de la Convención de 1982. Este precepto impone el derecho de paso inocente de
152 Según señala el artículo 17 de la Convención de Jamaica de 1982: “Con sujeción a la presente (Sonvención, los
buques de todos los Estados, sean ribereños o sin litoral, gozan del derecho de paso inocente a través del mar territo
rial”. Por su parte, el artículo 18 de dicha Convención define el concepto de paso: “1. Se entiende por paso el hecho de
navegar por el mar territorial con el fin de: a) Atravesar dicho mar sin penetrar en las aguas interiores ni hacer escala en
una rada o una instalación portuaria fuera de las aguas interiores; o b) Dirigirse hacia las aguas interiores o salir de ellas,
o hacer escala en una de esas radas o instalaciones portuarias o salir de ella. 2. El paso será rápido e ininterrumpido. No
obstante, el paso comprende la detención y el fondeo, pero .sólo en la medida en que constituyan incidentes normales
de la navegación o sean impuestos al buque por fuerza mayor o dificultad grave o se realicen con el fin de prestar auxi
lio a personas, buques o aeronaves en peligro o en dificultad grave”. Para completar el concepto de paso inocente, el artí
culo 19 nos aclara cuándo dicho paso es inocente: “1. El paso es inocente mientras no sea perjudicial para la paz, el buen
orden o la seguridad del Estado ribereño. Ese paso se efectuará con arreglo a la presente Convención y otras normas de
derecho internacional. 2. Se considerará que el paso de un buque extranjero es perjudicial para la paz, el buen orden o
la seguridad del Estado ribereño si ese buque realiza, en el mar territorial, alguna de las actividades que se indican a con
tinuación: a) Cualquier amenaza o uso de la fuerza contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia polí
tica del Estado ribereño o que, de cualquier otra forma, viole los principios de derecho internacional incorporados en
la Carta de las Naciones Unidas; b) Cualquier ejercicio o práctica con armas de cualquier clase; c) Cualquier acto des
tinado a obtener información en perjuicio de la defensa o la seguridad del Estado ribereño; d) Cualquier acto de pro
paganda destinado a atentar contra la defensa o la seguridad del Estado ribereño; e) El lanzamiento, recepción o embar
que de aeronaves; f) El lanzamiento, recepción o embarque de dispositivos militares; g) El embarco o desembarco de
cualquier producto, moneda o persona, en contravención de las leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de inmigración
o sanitarios del Estado ribereño; h) Cualquier acto de contaminación intencional y grave contrario a la presente
Convención; i) Cualesquiera actividades de pesca; j) La realización de actividades de investigación o levantamientos
hidrográficos; k) Cualquier acto dirigido a perturbar los sistemas de comunicaciones o cualesquiera otros servicios o ins
talaciones del Estado ribereño; 1) Cualesquiera otras actividades que no estén directamente relacionadas con el paso”.
Para un estudio más completo de la regulación internacional sobre el derecho de paso inocente por el mar territorial,
vid. la Sección Tercera de la Parte II de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que
establece las normas aplicables a todos los buques (artículos 17 a 26), las que sólo se aplican a los buques mercantes y a
los buques de Estado destinados a fines comerciales (artículos 27 a 28) y las normas aplicables a los buques de guerra y
a otros buques de Estado destinados a fines no comerciales (artículos 29 a 32).
153 El profesor DIEZ DEL VELASCO señala además que la Sentencia del TLJ. de 27 de junio de 1986, sobre el
asunto de las actividades militares y paramilitares en y contra Nicaragua confirma esta opinión general, al afirmar lo
siguiente: “es también gracias a su soberanía que el Estado ribereño puede regular el acceso a sus puertos”. Vid. su cita
da obra: Instituciones de Derecho Internacional Público, p. 379.
154 Según señala AZCARRAGA BUSTAMANTE: “el principio que domina la condición jurídica de las aguas inte
riores es que su estatuto queda determinado libremente por el Estado soberano de las mismas. Este régimen jurídico
particular las asimila pura y simplemente al territorio estatal, sobre ellas el Estado ribereño ejercerá una soberanía plena
y absoluta. Por tanto, dicho Estado podrá reservar a sus nacionales el derecho de pesca en tales aguas e, incluso, el de
exclusiva navegación, prohibiendo, en principio, la libre circulación por ellas de los barcos extranjeros”. Vid. su obra
Derecho del Mar..., cit. supra, p. 53.
66
los buques extranjeros por las aguas interiores de un Estado ribereño cuando, al aplicar el sis
tema de la LBR, pasen a ser consideradas como interiores zonas marítimas que con anterio
ridad, por aplicación del criterio de la LBN, pertenecían al mar territorial o al alta mar. En
este supuesto, el status jurídico de las que podríamos denominar nuevas aguas interiores se
aproxima, en gran medida, al del mar territorial, lo que supondría una desnaturalización de
la calificación como interiores de estas aguas, al estar sometidas al ejercicio por los buques
extranjeros del derecho de paso inocente155.
El régimen jurídico de las aguas interiores es una cuestión que queda, en principio, con
fiada a cada uno de los Estados ribereños, aunque el acceso a puerto de los buques extran
jeros se beneficia del principio consuetudinario de libertad de navegación y comercio, que
prohíbe en tiempos de paz cualquier dificultad o impedimento a la navegación hacia o
desde los puertos'56. De este modo, se habrá de recurrir, generalmente, al derecho interno
de cada Estado para conocer la regulación concreta que éstos establezcan para sus aguas
interiores, salvo los puntos particulares que hayan sido objeto de un acuerdo internacional.
Por lo tanto, el sobrevuelo y la navegación por las aguas interiores estarán subordi
nadas, por regla general, a la prestación del consentimiento previo por parte de los
Estados ribereños15 . Además, en relación con el acceso a los puertos extranjeros se ten
drá en cuenta lo acordado en los tratados correspondientes de los que sean partes los
Estados ribereños, ya sean convenios bilaterales o multilaterales, como el Convenio de
Ginebra y el Estatuto sobre el Régimen Internacional de los Puertos Marítimos, de 9
de diciembre de 1923158.
Compartimos las palabras de SCOVAZZI, quien señala que dicha excepción sólo sería válida para las aguas
interiores creadas en el caso de costas con profundas aberturas y escotaduras o enfrentadas a una franja de islas (esto es,
a las costas delimitadas mediante LBR) y no para las aguas interiores de las bahías. Vid. SCOVAZZI, T.: Elementos de
Derecho Internacional del Mar, Madrid, 1995, p. 58. En consecuencia, el citado artículo 8, párrafo 2 no se aplicaría a
los supuestos sobre delimitación de las bahías. Sin embargo, se vuelve a plantear el problema de la definición jurídica
de bahía, pues como hemos señalado, no tendría sentido aplicar para el cierre de una bahía el sistema de la línea de base
recta en su interior si, de acuerdo con lo previsto en el artículo 7 de la Convención de 1982, la bahía se puede cerrar en
su totalidad, mediante el sistema de LBR; de este modo, el Estado ribereño podría ejercer su soberanía sobre una mayor
extensión de aguas, que serían consideradas aguas interiores, sin la limitación del derecho de paso inocente de los buques
extranjeros a través de las aguas comprendidas en el interior de la escotadura, pero fuera de la línea de cierre de 24 millas
marinas. No obstante, en los supuestos en los que se delimiten las bahías mediante el sistema de LBR, habría que tener
en cuenta lo dispuesto en el artículo 8, párrafo 2 de la Convención de 1982.
| C() Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit., pp. 381-382. Según
señala este autor, el motivo principal por el que los Estados ribereños han controlado rigurosamente el acceso a sus aguas
interiores es que éstas se encuentran en íntima relación con la tierra, permitiendo un fácil acceso a la misma, con los
riesgos que, en materia de seguridad, se plantearían al Estado ribereño (p. 379). Sobre el derecho de acceso a los puer
tos y otras aguas interiores por parte de los buques extranjeros, vid. CHURCH1LL, R. R. and LOWE, A. V: The Law
ofthe Sea, Manchester University Press, segunda edición, revisada 1988 (reimpr. 1991), pp. 52-54.
157 Vid. el artículo 2 de la Convención de Jamaica de 1982, según el cual: “1. La soberanía del Estado ribereño se extien
de más allá de su territorio y de sus aguas interiores... 2. ... se extiende al espacio aéreo sobre el mar territorial...”. En este caso,
si el Estado ribereño ejerce su soberanía sobre el espacio aéreo que sobrevuela el mar territorial, con más motivos se extenderá el
ejercicio de su soberanía sobre el espacio aereo que sobrevuela las aguas interiores, aunque el citado artículo no lo mencione.
158 El artículo 1 de este Estatuto define los puertos marítimos como “allports which are normally frequented by sea-
going vessels and usedfor foreign trade\ Para DUPUY, R.-J. y VIGNES, D., los puertos marítimos se consideran depen
dencias de dominio público, sobre los cuales, los Estados ejercen competencias de carácter legislativo, administrativo,
judicial y ejecutivo. Vid. su obra A Handbook on the New Law ofthe Sea, vol. 1, Hague Academy of International Law,
Dordrecht/Boston/Lancaster, 1991, pp. 249-253.
67
En materia de protección del medio ambiente marino, podemos señalar también
una serie de tratados, a menudo constituidos por acuerdos-marco y por protocolos
específicos, relativos a determinados tipos de contaminación159; en esta materia, la
prohibición de la contaminación transfronteriza es un aspecto de la obligación más
general de proteger el medio ambiente marino y se refiere a cualquier zona marítima,
ya sean aguas nacionales (como las interiores) o alta mar, prescindiendo de la existen
cia o no de efectos transfronterizos160.
Otra exigencia que se mantiene en cualquier zona marítima es la de la investiga
ción científica marina. El régimen de la investigación varía según la zona donde ésta
se realice. En el mar territorial, la investigación se hará siempre con el consenti
miento expreso del Estado ribereño y en las condiciones establecidas por él (artícu
lo 245 de la Convención de 1982). Lo mismo es válido, con mayor razón, para las
aguas interiores161.
Todas las demás actividades, como el tendido de cables y tuberías submarinas, la
extracción y explotación de los recursos minerales y energéticos que se puedan realizar
en el espacio marítimo que venimos analizando, quedarán bajo la exclusiva competen
cia y jurisdicción del Estado ribereño.
Como ya hemos señalado, la teoría de las bahías históricas cobró singular impor
tancia tras la citada sentencia del T.I.J. sobre el asunto de las Pesquerías Anglo-
Noruegas, en la que se admitió el sistema de LBR para la delimitación de espacios marí
timos, a los que concedía el status de aguas interiores.
En principio, según establece el régimen general aplicable a las aguas interiores, el
Estado ribereño no está obligado a admitir el paso inocente de los buques extranjeros
159 Podemos destacar, entre éstos, el relativo al Golfo Pérsico (Kuwait, 24 de abril de 1978) y al Golfo de Adén
Qeddah, 14 de febrero de 1982).
160 Es conveniente destacar que el Convenio sobre la prevención de la contaminación del mar por vertimiento de dese
chos y otras materias (México, D.E, Londres, Moscú y Washington, de 29 de diciembre de 1972), se aplica a todas las aguas,
con excepción de las aguas interiores. Vid. SCOVAZZI, T.: Elementos de Derecho Internacional del Mar, op. cit., pp. 74-81.
161 Sobre esta materia, la Convención de Jamaica de 1982 señala que las actividades de investigación científica
marina deben ser fomentadas y facilitadas por los Estados y por las Organizaciones Internacionales competentes (artí
culo 239), que deben cooperar a tal fin (artículo 242) y hacer de dominio público los programas y los conocimientos
adquiridos (artículo 244). Según lo previsto, la investigación se realizará para fines exclusivamente pacíficos, con méto
dos y medios científicos adecuados, sin interferir injustificadamente los otros usos legítimos del mar y con el debido res
peto de las normas pertinentes, incluidas las relativas a la protección del medio ambiente marino (artículo 240).
162 Como señalara el T.I.J. en el asunto de la delimitación de la plataforma continental entre Túnez y Libia
(Continental Shelf, Tunisia/Libyan Arab Jamahiriya), I.C.J., Reports, 1982, p. 74: “el derecho internacional general... no
prescribe un régimen único para las bahías históricas, sino sólo un régimen particular para cada uno de los casos con
cretos reconocidos de aguas históricas o bahías históricas”. Lo mismo se podría decir para los golfos o bahías interna
cionales, ya que dependiendo del sistema utilizado en la delimitación (acuerdo entre las partes, condominio o principio
de la equidistancia), se aplicará un régimen particular en cada caso concreto.
68
por sus aguas interiores. No obstante, en relación con el régimen jurídico aplicable a las
aguas de una bahía llamada “histórica”, nos encontramos con dos posturas diferentes
en materia de navegación:
A) Por un lado, la postura defendida por quienes reconocen la existencia del dere
cho de paso inocente de los buques extranjeros por sus aguas. Así, AZCARRAGA
advierte que, aunque se reconozca a las aguas históricas el status de aguas interiores, no
deberán producirse, en determinadas condiciones, los mismos resultados. Según señala
este autor, el Estado ribereño estará obligado a conceder un derecho de paso inocente
a través de esas aguas, máxime si sirven normalmente a la navegación internacional163.
Sin embargo, no especifica qué debe entenderse por la expresión “en determinadas con
diciones”, pues en el supuesto de que éstas no se diesen, el Estado ribereño no estaría
obligado a permitir el paso inocente de los buques extranjeros por dichas aguas.
Si entendemos que tales condiciones se refieren a que las aguas en cuestión sirvan nor
malmente a la navegación internacional, aparte de los estrechos utilizados para la navega
ción internacional, a los que se aplica el régimen de paso inocente o de paso en tránsito,
según la clasificación de estrechos establecida en la Parte III de la Convención de Jamaica
de 1982, ¿a qué otras aguas se refiere esa expresión?. Según señala AZCARRAGA, se refie
re a lo dispuesto en el artículo 8, párrafo 2 de la Convención de Jamaica, cuando el esta
blecimiento de una LBR produjese el efecto de encerrar como interiores aguas que, con
anterioridad a la aplicación de dicho sistema, no eran consideradas como tales, conce
diéndoles expresamente a los buques extranjeros un derecho de paso inocente164.
Sin embargo, según lo señalado en el epígrafe anterior, el párrafo 2 del citado artí
culo 8 se aplica a los supuestos de delimitación de costas con profundas aberturas y
escotaduras, o en los lugares en los que hubiera una franja de islas a lo largo de la costa
163 Vid. AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: “Régimen jurídico de las aguas históricas” en Anuario Hispano-
Luso-Americano..., cit. supra, p. 87.
164 AZCARRAGA señala que el régimen jurídico de las aguas históricas debe ser estudiado con singular atención,
pues según considera: “en estricto derecho no deben tener la categoría de aguas interiores, máxime si las aguas reivindi
cadas como históricas pertenecieron en anterior época al alta mar. El tránsito innocuo (actualmente derecho de paso
inocente) a través de ellas debe ser permitido o, en su caso, autorizado por el Estado ribereño”. Este autor recoge la opi
nión de CAVARE, según el cual: “si el Estado ejerce sobre las aguas históricas todos los derechos que posee sobre sus
aguas interiores, la existencia de las aguas históricas está supeditada a una condición general y social, es decir, que no
constituyan vías de comunicación internacional; en caso contrario, la situación sería muy diferente y el Estado ribereño
no podría impedir el paso inocente a través de esas aguas”. COLOMBOS, FAUCHILLE y OPPENHEIM se expresan
de manera muy semejante sobre este asunto que fue tratado por los miembros del Instituí de Droit International en su
sesión de Aix-en-Provence en 1954. Vid. AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: “Régimen jurídico de las aguas his
tóricas” en Anuario Hispano-Luso-Americano..., op. cit., pp. 88-89. Según señalan HIGGINGS y COLOMBOS: “the
rights ofthe littoral State over its territorialgulfi and bays should be considered to be the same as over its national waters...
Where, however, bays orgulfi constitute an international highway, the right ofinnocentpassage ofmerchant ships must be con
ceded by the territorial State . En esta misma línea, la C.D.I. señaló: “in certain circumstances, these waters may not enjoy
exactly the same status as internal waters normally enjoy, for within these same internal waters created by the drawing of
straight baselines, the coastal State is bound to recognize the right ofinnocent passage in all cases where those waters have nor
mally been used for international traffic. In effect, the Commission has propounded a principie which could be termed the
principie ofthe historie right ofinnocent passage in a specified category ofinternal waters. It seems, however, that this princi
pie can only be invoked in wholly new situations”. Era el borrador de lo que hoy establece el párrafo 2 del artículo 8 de la
Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Vid. MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays
and Waters...., op. cit., pp. 156-157.
69
situada en su proximidad inmediata, pero sin condicionar el ejercicio del derecho de
paso inocente de los buques extranjeros al reconocimiento del carácter histórico de sus
aguas. No obstante, si dichas aguas constituyesen vías de comunicación internacional,
el análisis tendría que hacerse, entonces, atendiendo a lo dispuesto en la Parte III de la
Convención de Jamaica de 1982, sin que se pueda impedir el paso incocente de los
buques extranjeros por sus aguas. En este caso, el criterio decisivo hubiera sido el reco
nocimiento de una vía abierta a la navegación internacional y no el carácter histórico
de las aguas165.
B) Por otro lado, la postura defendida por quienes niegan el derecho de paso ino
cente por las aguas consideradas históricas. En este sentido, el profesor GIDEL señala
lo siguiente: “ La baie une fois tenue pour ‘historique’, la totalité de ses eaux deviennent des
eaux intérieures avec toutes les conséquences que comporte le statut des eaux intérieures.
L 'Etat riverain n 'estplus tenu notamment d'y admettre le ‘passage inoffensif’ des navires
étrangerE^.
Esta misma postura es defendida por MERRILL WESLEY en los siguientes térmi
nos: “once an historie water claim isperfected, the waters become internal and are subject
to the absolute sovereignty and control ofthe littoral claimant State".
Aplicando correctamente lo dispuesto en el párrafo 2 del artículo 8 de la
Convención de Jamaica de 1982, compartimos la postura de quienes niegan el derecho
de paso inocente de los barcos extranjeros por las aguas interiores de una bahía consi
derada histórica, salvo que ésta constituyese una vía de comunicación internacional.
165 Vid. el análisis que hace GROSS sobre el derecho de paso inocente a través del Golfo de Aqaba, según el régi
men establecido tras la I Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. GROSS, L.: “The Geneva
Conference on the Law of the Sea. The Right of Innocent Passage through the Gulf of Aqaba” en AJIL, vol. 53, 1959.
166 Vid. GIDEL, G.: Le Droit International Public de La Mer Le Temps de Paix, Tome III, op. cit. supra, p. 625.
167 Vid. la citada obra de MERRILL WESLEY, C. Jr.: Historie Bays and Waters..., p. 158.
168 Sobre el régimen jurídico aplicable a las bahías internacionales, la opinión doctrinal se encuentra dividida. Una
postura minoritaria considera que los Estados ribereños pueden, mediante acuerdo común entre todos ellos, adquirir
soberanía sobre tales aguas, ya sea pro diviso o pro indivisa, para los defensores de esta postura, el mar territorial se medi
ría a partir del trazado de una línea de base recta. Por otro lado, la tendencia mayoritaria rechaza la teoría de la apropia
ción de la bahía internacional por los Estados ribereños. Para quienes defienden esta postura, el mar territorial empezaría
a medirse a partir de la LBN, esto es, la línea de bajamar a lo largo de la costa. Como consecuencia de esta última pos
tura, BOUCHEZ ha manifestado lo siguiente: “a strong tendeney has manifested itselfaccording to which the territorial sea
is to be measuredfrom low-water mark in the case ofbays enclosed by more than one State”(vid. la citada obra de BOUCHEZ,
L. J.: The Regime ofBays in International Law, p. 173). Esta postura se basaría en la necesidad de asegurar la libertad de
acceso al alta mar por parte de aquellos Estados que no estuviesen situados en la entrada de la bahía. En este caso se reco
nocería el derecho de paso inocente por las aguas encerradas en una bahía de la que fuesen ribereños dos o más Estados,
cuando uno de ellos estuviese situado en el saco de la bahía. Pero..., ¿cuál sería el régimen aplicable cuando la bahía estu
viese bañada por las aguas de dos Estados y ambos estuviesen situados en la entrada de la misma? Un estudio en profun-
70
En estos casos, en primer lugar, habrá que atenerse al sistema de delimitación utilizado
por los Estados ribereños para determinar los espacios marítimos que quedan bajo la sobe
ranía y jurisdicción de cada uno de ellos: si éstos se delimitaron mediante acuerdo entre las
partes, habrá que aplicar lo convenido en el mismo1®; igualmente, si junto a la delimita
ción se estableció una zona de condominio común a varios Estados, se habrá de tener en
cuenta, una vez más, lo acordado entre las partes; si el golfo en cuestión ha sido delimita
do mediante el trazado de una LME, a cada Estado corresponderá un espacio marítimo
sometido a su plena soberanía (si sus aguas son consideradas aguas interiores, porque se
hubiese podido trazar una línea de cierre en la bahía) o limitada por el derecho de paso ino
cente de los buques extranjeros (si sus aguas hubiesen sido consideradas mar territorial).
Pero, a falta de delimitación de un golfo o bahía internacional entre los Estados ribe
reños, ¿cuál será el régimen jurídico aplicable?. Teniendo en cuenta la distinción pro
puesta entre mares cerrados o semicerrados, por un lado, y bahías internacionales, por
el otro, podríamos aplicar por analogía lo dispuesto en el artículo 123 de la Convención
de 1982, según el cual: “los Estados ribereños de un mar cerrado o semicerrado debe
rían cooperar entre sí en el ejercicio de sus derechos y en el cumplimiento de sus debe
res con arreglo a esta Convención. A ese fin, directamente o por conducto de una orga
nización regional apropiada, procurarán:
a) coordinar la administración, conservación, exploración y explotación de los
recursos vivos del mar;
b) coordinar el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes con res
pecto a la protección y la preservación del medio marino;
c) coordinar sus políticas de investigación científica y emprender, cuando proceda,
programas conjuntos de investigación científica en el área;
d) invitar, según proceda, a otros Estados interesados o a organizaciones interna
cionales a cooperar con ellos en el desarrollo de las disposiciones de este artículo”.
Sin embargo, el artículo 123 sólo establece una obligación para los Estados ribere
ños, que consiste en procurar la coordinación de sus respectivas políticas de explotación
de los recursos vivos del mar, de protección y preservación del medio marino y de inves
tigación científica, pero no menciona el régimen jurídico aplicable a sus aguas.
Entendemos que, en estos casos, el régimen jurídico debe establecerse obligatoriamen
te mediante la celebración de un convenio internacional entre los Estados interesados
o mediante el recurso a uno de los procedimientos de solución de controversias regula
dos en la Parte XV de la Convención de 1982.
Atendiendo, una vez más, a la clasificación propuesta por la profesora ORIHUELA,
si nos fijamos en el condominio como institución que afecta al régimen jurídico, en
didad sobre esta cuestión puede verse en la citada obra de BOUCHEZ, L. J.: The Regime ofBays in International Law,
pp. 173-184. Sobre las posturas anteriormente mencionadas, vid. LAPIDOTH, R.: “The Strait of Tiran, the Gulf of
Aqaba and the 1979 Treaty of Peace between Egypt and Israel” en AJIL, vol. 77, 1983, p. 86.
16 9 AZCARRAGA considera que el estatuto de las bahías cuyas costas pertenecen a dos o más Estados deberá fijar
se por la vía de negociación o acuerdos bilaterales o multilaterales. Vid. su obra: Derecho del Mar..., cit. supra, p. 57.
71
cuanto reparto de las competencias y jurisdicción correspondiente a cada Estado ribere
ño de un golfo o bahía internacional, algunos autores han señalado que dicha institu
ción no supone, en puros términos técnicos, una modificación de la competencia terri
torial del Estado. Para éstos, supone la existencia de competencias estatales concurrentes
o compartidas sobre un ámbito espacial concreto170. No obstante, no nos detendremos
en el estudio de esta institución, por tratarse de una práctica que no ha disfrutado de la
adhesión de muchos partidarios. Para BOUCHEZ, el status de condominium de las bahí
as encerradas por más de un Estado tiene que ser rechazado como principio general171.
En cualquier caso, será necesaria la buena voluntad de los Estados ribereños para
establecer el régimen jurídico aplicable a las aguas de un golfo o bahía internacional, ya
sea mediante acuerdo alcanzado entre todos los Estados interesados, o mediante el tra
zado de una LME.
170 Siguiendo las palabras ya citadas de CORET, según el cual, el condominio puede ser definido como el “esta
tuto de un territorio respecto al cual, el goce y el ejercicio de las competencias reconocidas a los Estados por el Derecho
de Gentes, pertenece a una comunidad internacional parcial, caracterizada por la igualdad jurídica y funcional de los
Estados que la componen, ejerciendo sus competencias por medio de órganos internacionales particulares, mediatos o
inmediatos”, algunos autores han destacado que en el plano general de las competencias, la comunidad de Estados que
ejercen el condominio posee una competencia idéntica a la que cada Estado posee sobre su propio territorio, aunque,
en este caso, dicha competencia es indivisible en favor de la comunidad y no de yuxtaposiciones individuales de cada
condómine; señalan que en este caso, la comunidad goza de los poderes funcionales necesarios para el ejercicio de su
función administradora, poderes que son exclusivos respecto a los países que no forman parte de la comunidad inter
nacional de condominio. Tales competencias afectarían a los ámbitos coercitivo, jurisdiccional y de organización de los
servicios públicos, aunque estos aspectos suelen estar previstos expresamente en los regímenes convencionales en los que
se establece el estatuto particular. Para CORET, la creación de un condominio manifiesta una voluntad decidida, por
parte de los Estados que lo ejercen, de solucionar pacíficamente las controversias de orden territorial existente entre ellos,
acudiendo a arreglos convencionales que, en definitiva, son manifestaciones particulares de las relaciones de vecindad.
Vid. GONZALEZ CAMPOS, J. D.; SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I. y ANDRES SAENZ DE SANTA MARIA, M.
P.: Curso de Derecho Internacional Público..., op. cit., pp. 557-558.
171 Según ha señalado BOUCHEZ, algunas de las objeciones que se pueden plantear en contra de la institución
del condominio son las siguientes: “ 1. Difference ofopinión may exist concerning the way in which joint sovereignty ought
to be exercised. Loyal co-operation is condition sine qua non, and, for instance, impossible ifthe States involved insist too much
on their pre~eminent national interests. 2. Difference of opinión may arise concerning the appointment offúnctionaries res-
ponsible for the administration of the territory falling under joint sovereignty 3. All kinds ofproblems may arise out ofthe
relations between the interested States individually on the one hand and third States on the other hand'. Vid. su obra ya cita
da: The Regime ofBays in International Law, p. 187.
72
Capítulo V
172 En este capítulo analizaremos la labor codificadora llevada a cabo por las Naciones Unidas, pues sobre la efec
tuada por la Sociedad de Naciones hay un amplio estudio en GIDEL, G.: Le Droit International Public de La Mer (Tome
I)..., op. cit., pp. 27-38. En relación con la Sociedad de Naciones, conviene señalar que el Dr. SCHÜCK1NG propuso en
su proyecto codificador la creación de una Oficina Internacional de Aguas, con la finalidad de que comprobase, con arre
glo a un procedimiento determinado y siendo las partes susceptibles de recurrir al Tribunal Permanente de Justicia
Internacional, la naturaleza y el límite espacial de los derechos de los Estados ribereños sobre las extensiones de mar pró
ximas a sus costas. En otros proyectos realizados por el Instituí de Droit International como el del alemán STRUPP y el
contraproyecto de GIDEL, se tendía a la institución de una Oficina Internacional del Mar. Según GIDEL, debía crearse
una Organización Permanente del Mar, cuya competencia no quedase limitada únicamente a las cuestiones relativas a las
aguas costeras, sino que conociese también sobre cuestiones referentes a la totalidad de las aguas marinas. No obstante, el
Instituí de Droií International no pudo terminar el debate sobre tales textos en la sesión de Nueva York de 1929 y lo remi
tió a la Conferencia celebrada en Cambridge en 1931, mediando por entonces los trabajos y debates de la Conferencia
de La Haya de 1930. Como puso de manifiesto GIDEL, si los Estados no fueron capaces de ponerse de acuerdo en 1930
para fijar la extensión del mar territorial, ¿cómo iban a mostrarse de acuerdo en establecer una Organización Marítima
Internacional que pudiera tener la misión de arreglar sus diferencias y de unificar sus reglamentaciones? La propuesta con
sistía en que dicha Organización no tendría poder decisorio en materia contenciosa, sino sólo un carácter documental y
de estudio. Sobre esta nota, vid. AZCARRAGA BUSTAMANTE, J. L. de: Derecho del Mar, op. cit., pp. 24-25.
173 Vid. un estudio más detallado en PASTOR RIDRUEJO, J. A.: "La solución de controversias en la III Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar", REDI, vol. XXX, n° 1, Madrid, 1977, pp. 11-32; MESEGUER, J. L.:
"La solución jurisdiccional obligatoria de las controversias en el nuevo Derecho del Mar: Las excepciones en materia de recur
sos vivos", REDI, vol. XXXVIII, n° 2, Madrid, 1986, pp. 571-590; GAERTNER, M. P.: "The Dispute Scttlement
Provisions of the Convention on the Law of the Sea: Critique and Alternatives to the International Tribunal for the Law of
the Sea" en Dispuíe Setílement Provisions, San Diego Law Review, vol. 19: 577, 1982, pp. 577- 597; y ADEDE, A. O.: The
system for setílement ofdisputes under the United Nations Convention on the Law ofthe Sea, The Netherlands, 1987.
174 Protocolo concerniente al arreglo obligatorio de divergencias, adoptado por la Conferencia el 26 de abril de
1958. (A/CONE 13/L. 57).
73
solución jurisdiccional de las controversias, de manera que la cuestión figurase en la
Convención como parte integrante y no en un protocolo facultativo175; los factores que
influyeron en este nuevo enfoque son fácilmente comprensibles, ya que en relación con
el Derecho entonces en vigor, esto es, los Convenios de Ginebra de 1958, se consiguió
aumentar el ámbito de soberanía y competencial de los Estados ribereños sobre espa
cios marítimos que antes se encontraban sometidos al régimen de libertad, lo que podía
convertirse en una fuente importante de controversias, además de motivar innumera
bles problemas de delimitación.
Empezaron las negociaciones, destacando el tercer período de sesiones de esta III
Conferencia, celebrado en Ginebra en 1975, donde el interés principal de las discusio
nes se centró en la cuestión sobre los órganos de jurisdicción. En dicha sesión, tenien
do en cuenta, por un lado, la defensa por parte de los Estados Unidos del Tribunal del
Derecho del Mar y, por otro lado, los puntos de vista presentados por otras delegacio
nes, favorables al T.I.J. y al Arbitraje, se alcanzó una fórmula de compromiso, la llama
da "fórmula de Montreaux", que consistía en la libertad de elección de foro por parte
de los Estados, en el momento de ratificar la Convención176; una de las cuestiones más
polémicas que se plantearon consistía en determinar si las controversias surgidas con
ocasión del ejercicio por parte de los Estados ribereños de sus derechos soberanos sobre
sus aguas interiores, entre otros espacios marítimos, debían o no estar sometidas al arre
glo jurisdiccional obligatorio. Otra cuestión discutida como posible excepción a la
jurisdicción obligatoria fue la concerniente a la delimitación de espacios marítimos177.
Finalmente, como consecuencia de la citada fórmula, se establecieron cuatro órganos y
se dejó a las Partes contratantes libertad para la elección de foro; en caso de que éstas hubie
sen elegido foros distintos, la controversia se sometería al procedimiento de arbitraje, a
menos que conviniesen otra cosa; a este procedimiento se le dio un carácter prioritario178.
175 Puede afirmarse que éste fue el sentir de la mayoría de las delegaciones, por más que entre ellas existiesen pro
fundas discrepancias en cuanto al alcance del sistema y otras cuestiones. Así las delegaciones de la antigua URSS y de
los Estados Unidos hicieron de la cuestión un elemento del package dealo negociación global. Además, hay que desta
car el hecho de que la URSS y los Estados de la Europa Oriental aceptasen la jurisdicción obligatoria, aunque con mati
ces particulares. La propuesta formal fue recogida en el documento L.7 de la Conferencia, a iniciativa de las delegacio
nes de Australia, Bélgica, Bolivia, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Luxemburgo, Países Bajos y Singapur. Vid.
un estudio más detallado sobre este tema en Cuadernos de documentación. III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Derecho del Mar. Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficina de Información Diplomática, pp. 51-56.
176 I ,a mayoría de las delegaciones expresaron su preferencia por uno u otro órgano (Tribunal del Derecho del Mar,
T.I.J. y Tribunales Arbitrales), pero se mostraron dispuestas a que en la Convención figurasen todos ellos, siempre que
se dejase libertad de elección a los Estados.
177 Un estudio más detallado de las negociaciones en materia de solución de controversias que culminaron con la
actual redacción de la Parte XV y Anexos V a VIII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar
de 1982, se puede ver en las siguientes obras: BROWN, E. D.: "Dispute settlement” en Marine Policy, Centre for
Marine Law and Policy, Cardiff, 1981, pp. 282-286 y; ADEDE, A. O.: "Settlement of Disputes arising under the Law
of the Sea Convention” en Settlement of'Law ofthe Sea Disputes, vol. 69, USA, 1975, pp. 798-818.
!7K El artículo 287 de la Convención de 1982 establece la elección del procedimiento del siguiente modo: "1.- Al
firmar o ratificar la presente Convención o al adherirse a ella, o en cualquier momento ulterior, los Estados podrán ele
gir libremente, mediante una declaración escrita, uno o varios de los medios siguientes para la solución de las controver
sias relativas a la interpretación o la aplicación de la Convención: a) el Tribunal Internacional del Derecho del Mar cons
tituido de conformidad con el anexo VI; b) La Corte Internacional de Justicia; c) Un tribunal arbitral constituido de con-
74
En relación con la delimitación de espacios marítimos, se acordó la posibilidad de
presentar reservas a la jurisdicción obligatoria, siempre que el Estado que la hiciese
aceptase un procedimiento regional o cualquier otro, en el que participasen terceros y
se adoptase una decisión obligatoria.
En este sentido y limitándonos al objeto de nuestro estudio, el artículo 298 de
la Convención de 1982, en su párrafo 1 señala lo siguiente: "Al firmar o ratificar
esta Convención o adherirse a ella, o en cualquier otro momento posterior, los
Estados podrán, sin perjuicio de las obligaciones que resultan de la sección pri
mera179, declarar por escrito que no aceptan uno o varios de los procedimientos
previstos en la sección segunda180, con respecto a una o varias de las siguientes
categorías de controversias:
a . i) las controversias relativas a la interpretación o la aplicación de los artículos 15,
74 y 83 concernientes a la delimitación de las zonas marítimas181, o las relativas a bahí
as o títulos históricos, a condición de que el Estado que haya hecho una declaración de
esa índole, cuando una controversia de ese tipo surja después de la entrada en vigor de
esta Convención y no se llegue a un acuerdo dentro de un período razonable en nego
ciaciones entre las partes, acepte, a petición de cualquier parte en la controversia, que
la cuestión sea sometida al procedimiento de conciliación previsto en la sección 2 del
formidad con el anexo Vil; d) Un tribunal arbitral especial, constituido de conformidad con el anexo VIII, para una o
varias de las categorías de controversias que en él se especifican (éstas son: pesquerías, protección y preservación del medio
marino, investigación científica marina y navegación, incluida la contaminación causada por buques y por vertimiento),
2.- Ninguna declaración hecha conforme al párrafo 1 afectará a la obligación del Estado Parte de aceptar la competencia
de la Sala de Controversias de los Fondos Marinos del Tribunal Internacional del Derecho del Mar en la medida y en la
forma establecida en la sección 5 de ia parte XI, ni resultará afectada por esa obligación. 3.- Se presumirá que el Estado
Parte que sea parte en una controversia no comprendida en una declaración en vigor ha aceptado el procedimiento de
arbitraje previsto en el anexo VIL 4.- Si las partes en una controversia han aceptado el mismo procedimiento para la solu
ción de la controversia, ésta sólo podrá ser sometida a ese procedimiento, a menos que jas partes convengan en otra cosa.
5.- Si las partes en una controversia no han aceptado el mismo procedimiento para la solución de la controversia, ésta sólo
podrá ser sometida al procedimiento de arbitraje previsto en el anexo VII, a menos que las partes convengan en otra cosa.
6.- Las declaraciones hechas conforme al párrafo 1 permanecerán en vigor hasta tres meses después de que la notificación
de revocación haya sido depositada en poder del Secretario General de las Naciones Unidas. 7Ninguna nueva declara
ción, notificación de revocación o expiración de una declaración afectará en modo alguno al procedimiento en curso ante
una corte o tribunal que sea competente conforme a este artículo, a menos que las partes convengan en otra cosa. 8.- Las
declaraciones y notificaciones a que se refiere este artículo se depositarán en poder del Secretario General de las Naciones
Unidas, quien transmitirá copia de ellas a los Estados Partes". Como se deduce del párrafo 3 del artículo 287, a falta de
declaración eligiendo foro, se entenderá elegido el tribunal arbitral constituido de conformidad con el anexo Vil de la
Convención. España no hizo ninguna declaración de este tipo en el momento de firmar la Convención. No obstante, la
declaración interpretativa n° 6 realizada en el momento de su ratificación confirma la declaración realizada por el
Gobierno español el 29 de octubre de 1990, aceptando la jurisdicción obligatoria del T.I.J., aunque estableciendo cuatro
excepciones (una de ellas será analizada en el Capítulo VI en relación con la Bahía de Algeciras). Al ratificar la Convención
de 1982, el Gobierno español declaró lo siguiente: "De conformidad con lo dispuesto en el párrafo Io del artículo 287,
España elige a la Corte Internacional de Justicia, como medio para solución de controversias relativas a la interpretación
de la presente Convención". Vid. BOEde 14 de febrero de 1997, n° 39.
179 Esta sección, integrada por los artículos 279 a 285, establece las disposiciones generales en materia de solu
ción de controversias.
180 En esta sección se establecen los procediminetos obligatorios conducentes a decisiones obligatorias: artículos 286 a 296.
181 Los citados artículos hacen referencia a la delimitación del mar territorial, la Z.E.E. y la plataforma continen
tal, respectivamente, entre Estados con costas adyacentes o situados frente a frente.
75
Anexo V182; además, quedará excluida de tal sumisión (según establece el artículo 298,
párrafo 1, a. i.) toda controversia que entrañe necesariamente el examen concurrente de
una controversia no resuelta respecto de la soberanía u otros derechos sobre un territo
rio continental o insular183...".
El párrafo 4 del artículo 298 dificulta aún más la compleja redacción del apartado a.
de su párrafo 11M, pues si de la interpretación hasta ahora realizada entendemos que en
los supuestos de delimitación de espacios marítimos entre Estados con costas adyacen
tes o situadas frente a frente, bahías y títulos históricos se pueden hacer excepciones a
los procedimientos obligatorios que conducen a decisiones obligatorias y que, además,
dichos supuestos quedan excluidos de la sumisión al proccdimento de conciliación
cuando se hayan resuelto mediante acuerdo o hayan de resolverse de conformidad con
un acuerdo bilateral o multilateral obligatorio para las partes, así como toda controver
sia que entrañe necesariamente el examen concurrente de otra no resuelta respecto de
la soberanía u otros derechos sobre un territorio continental183 o insular..., ¿qué proce
dimiento debe elegir el Estado que haga una excepción a los procedimientos obligato
rios que conducen a decisiones obligatorias?.
Entendemos que, en estos casos, el medio más eficaz para resolver la controversia
sería la buena voluntad de los Estados en negociar e intentar alcanzar un acuerdo que
pusiera fin a la misma.
Ifi’ Esta sección se refiere a la sumisión obligatoria al procedimiento de conciliación en los supuestos que señala el
artículo 298, párrafo 1, a. i) que venimos analizando, esto es, cuando se establecen excepciones facultativas a la aplica
ción de los procedimientos obligatorios que conducen a decisiones obligatorias. La importancia de acudir al procedi
miento de conciliación radica en que, según lo dispuesto en el citado artículo 298, pfo. 1, apartado a. ii): "una vez que
la comisión de conciliación haya presentado su informe, en el que expondrá las razones en que se funda, las partes nego
ciarán un acuerdo sobre la base de ese infome; si estas negociaciones no conducen a un acuerdo, las partes, a menos que
acuerden otra cosa, someterán la cuestión, por consentimiento mutuo, a los procedimientos previstos en la sección
segunda", es decir, a los procedimientos obligatorios conducentes a decisiones obligatorias. Sin embargo, estas disposi
ciones no se aplicarán, según lo dispuesto en el apartado a. iii), a las controversias relativas a la delimitación de zonas
marítimas que ya se hayan resuelto mediante acuerdo entre las partes, ni a las que hayan de resolverse de conformidad
con un acuerdo bilateral o multilateral obligatorio para las partes.
183 Este supuesto será analizado en el Capítulo VI sobre la Bahía de Algeciras, en relación con la reivindicación
española para reintegrar Gibraltar al territorio español.
183 El párrafo 4 del artículo 298 de la Convención de 1982 señala: "Si uno de los Estados Partes ha hecho una
declaración en virtud del apartado a) del párrafo 1, cualquier otro Estado Parte podrá acudir al procedimiento especifi
cado en esa declaración respecto de la parte que la haya formulado en relación con cualquier controversia comprendida
en una de las categorías exceptuadas".
I8 , Este podría ser el caso de la delimitación de la Bahía de Algeciras, en relación con la controversia hispano-bri-
tánica sobre el Peñón de Gibraltar.
76
Capitulo VI
186 En el momento de la firma, el Gobierno español hizo una serie de declaraciones interpretativas, con la preten
sión de salvar algunos de nuestros derechos, sobre todo en relación con la Bahía de Algeciras y el Estrecho de Gibraltar,
de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 310: “El artículo 309 (que impide la formulación de reservas y excepciones a
la Convención) no impedirá que un Estado, al firmar o ratificar esta Convención o adherirse a ella, haga declaraciones
o manifestaciones, cualquiera que sea su enunciado o denominación, a fin de, entre otras cosas, armonizar su derecho
interno con las disposiciones de la Convención, siempre que tales declaraciones o manifestaciones no tengan por obje
to excluir o modificar los efectos jurídicos de las disposiciones de la Convención en su aplicación a ese Estado”. España
ha ejercido también la facultad de formular declaraciones interpretativas en el momento de la ratificación. Vid. BOEác 14
de febrero de 1997, pp. 4966 y ss..
187 Mediante el artículo X del Tratado de Paz y Amistad (firmado en Utrecht el 13 de julio de 1713 entre Españay Gran
Bretaña) se procedió a la cesión española del Peñón de Gibraltar a una Inglaterra que lo había invadido y conquistado en la gue
rra de Sucesión española, tras la muerte sin descendencia de (Jarlos II en 1700. Según lo dispuesto en su párrafo 1 °, en relación
con la determinación del Estado que ejerce la soberanía y jurisdicción sobre las aguas de la Bahía de Algeciras, este artículo esta
blece lo siguiente: “El Rey Católico, por sí y por sus herederos sucesores, cede por este Tratado a la Corona de Gran Bretaña la
plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le perte
necen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni
impedimento alguno”. Para reforzar aún más que lo único que se cede es la propiedad (sin ejercicio de jurisdicción .sobre el istmo
y mucho menos sobre los espacios marítimos que no le fueron cedidos, salvo el puerto), el párrafo segundo señala: para evi
tar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de mercaderías, quiere el Rey Católico... que la dicha propiedad se ceda a
Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tie
rra...”. El texto íntegro de este artículo puede verse en GARCIA ARIAS, L.: “Tratado de Paz y Amistad entre España y Gran
Bretaña” en Corpus luris Gentium, 1968, pp. 351-357. Vid. también la obra Documentos sobre Gibraltarpresentados en las Cortes
Generales (más conocido como Libro Rojo sobre Gibraltar) del Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1965, pp. 155 y ss..
188 Hemos dejado fuera de este análisis la polémica planteada tras la construcción por parte del Reino Unido de una
pista de aterrizaje sobre las aguas españolas de la Bahía y, por lo tanto, todo lo referente a la regulación del tráfico aéreo sobre
el espacio suprayacente a sus aguas. (Sobre la construcción de esta pista, vid. MARQUINA BARRIO, A.: “La pista de ate
rrizaje de Gibraltar” en REI, Centro de Estudios Internacionales, Madrid, vol. 2, n° 2, abril-junio de 1981, pp. 305-331).
77
Anexo V182; además, quedará excluida de tal sumisión (según establece el artículo 298,
párrafo 1, a. i.) toda controversia que entrañe necesariamente el examen concurrente de
una controversia no resuelta respecto de la soberanía u otros derechos sobre un territo
rio continental o insular183...".
El párrafo 4 del artículo 298 dificulta aún más la compleja redacción del apartado a.
de su párrafo l184, pues si de la interpretación hasta ahora realizada entendemos que en
los supuestos de delimitación de espacios marítimos entre Estados con costas adyacen
tes o situadas frente a frente, bahías y títulos históricos se pueden hacer excepciones a
ios procedimientos obligatorios que conducen a decisiones obligatorias y que, además,
dichos supuestos quedan excluidos de la sumisión al procedimento de conciliación
cuando se hayan resuelto mediante acuerdo o hayan de resolverse de conformidad con
un acuerdo bilateral o multilateral obligatorio para las partes, así como toda controver
sia que entrañe necesariamente el examen concurrente de otra no resuelta respecto de
la soberanía u otros derechos sobre un territorio continental185 o insular..., ¿qué proce
dimiento debe elegir el Estado que haga una excepción a los procedimientos obligato
rios que conducen a decisiones obligatorias?.
Entendemos que, en estos casos, el medio más eficaz para resolver la controversia
sería la buena voluntad de los Estados en negociar e intentar alcanzar un acuerdo que
pusiera fin a la misma.
182 Esta sección se refiere a la sumisión obligatoria al procedimiento de conciliación en los supuestos que señala el
artículo 298, párrafo 1, a. i) que venimos analizando, esto es, cuando se establecen excepciones facultativas a la aplica
ción de los procedimientos obligatorios que conducen a decisiones obligatorias. La importancia de acudir al procedi
miento de conciliación radica en que, según lo dispuesto en el citado artículo 298, pío. 1, apartado a. ii): "una vez que
la comisión de conciliación haya presentado su informe, en el que expondrá las razones en que se funda, las partes nego
ciarán un acuerdo sobre la base de ese infome; si estas negociaciones no conducen a un acuerdo, las partes, a menos que
acuerden otra cosa, someterán la cuestión, por consentimiento mutuo, a los procedimientos previstos en la sección
segunda", es decir, a los procedimientos obligatorios conducentes a decisiones obligatorias. Sin embargo, estas disposi
ciones no se aplicarán, según lo dispuesto en el apartado a. iii), a las controversias relativas a la delimitación de zonas
marítimas que ya se hayan resuelto mediante acuerdo entre las partes, ni a las que hayan de resolverse de conformidad
con un acuerdo bilateral o multilateral obligatorio para las partes.
185 Este supuesto será analizado en el Capítulo VI sobre la Bahía de Algeciras, en relación con la reivindicación
española para reintegrar Gibraltar al territorio español.
184 El párrafo 4 del artículo 298 de la Convención de 1982 señala: "Si uno de los Estados Partes ha hecho una
declaración en virtud del apartado a) del párrafo 1, cualquier otro Estado Parte podrá acudir al procedimiento especifi
cado en esa declaración respecto de la parte que la haya formulado en relación con cualquier controversia comprendida
en una de las categorías exceptuadas".
185 Este podría ser el caso de la delimitación de la Bahía de Algeciras, en relación con la controversia hispano-bri-
tánica sobre el Peñón de Gibraltar.
76
Capítulo VI
186 En el momento de la firma, el Gobierno español hizo una serie de declaraciones interpretativas, con la preten
sión de salvar algunos de nuestros derechos, sobre todo en relación con la Bahía de Algeciras y el Estrecho de Gibraltar,
de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 310: “El artículo 309 (que impide la formulación de reservas y excepciones a
la Convención) no impedirá que un Estado, al firmar o ratificar esta Convención o adherirse a ella, haga declaraciones
o manifestaciones, cualquiera que sea su enunciado o denominación, a fin de, entre otras cosas, armonizar su derecho
interno con las disposiciones de la Convención, siempre que tales declaraciones o manifestaciones no tengan por obje
to excluir o modificar los efectos jurídicos de las disposiciones de la Convención en su aplicación a ese Estado”. España
ha ejercido también la facultad de formular declaraciones interpretativas en el momento de la ratificación. Vid. BOEÁe 14
de febrero de 1997, pp. 4966 y ss..
187 Mediante el artículo X del Tratado de Paz y Amistad (firmado en Utrecht el 13 de julio de 1713 entre España y Gran
Bretaña) se procedió a la cesión española del Peñón de Gibraltar a una Inglaterra que lo había invadido y conquistado en la gue
rra de Sucesión española, tras la muerte sin descendencia de Carlos II en 1700. Según lo dispuesto en su párrafo Io, en relación
con la determinación del Estado que ejerce la soberanía y jurisdicción sobre las aguas de la Bahía de Algeciras, este artículo esta
blece lo siguiente: “El Rey Católico, por sí y por sus herederos sucesores, cede por este Tratado a la Corona de Gran Bretaña la
plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le perte
necen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni
impedimento alguno”. Para reforzar aún más que lo único que se cede es la propiedad (sin ejercicio de jurisdicción sobre el istmo
y mucho menos sobre los espacios marítimos que no le fueron cedidos, salvo el puerto), el párrafo segundo señala: “... para evi
tar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de mercaderías, quiere el Rey Católico... que la dicha propiedad se ceda a
Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tie
rra...”. El texto íntegro de este artículo puede verse en GARCIA ARIAS, L.: “Tratado de Paz y Amistad entre España y Gran
Bretaña” en Corpus Inris Gentium, 1968, pp. 351-357. Vid. también la obra Documentos sobre Gibraltarpresentados en las Cortes
Generales (más conocido como Libro Rojo sobre Gibraltar) del Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1965, pp. 155 y ss..
IHK Hemos dejado fuera de este análisis la polémica planteada tras la construcción por parte del Reino Unido de una
pista de aterrizaje sobre las aguas españolas de la Bahía y, por lo tanto, todo lo referente a la regulación del tráfico aéreo sobre
el espacio suprayacente a sus aguas. (Sobre la construcción de esta pista, vid. MARQUINA BARRIO, A.: “La pista de ate
rrizaje de Gibraltar” en REI, Centro de Estudios Internacionales, Madrid, vol. 2, n° 2, abril-junio de 1981, pp. 305-331).
77
Defendemos, en este sentido, que España tiene y, por lo tanto, debe ejercer plena
soberanía sobre las aguas de la Bahía de Algeciras, con independencia de que las partes
alcancen o no un acuerdo que logre poner fin al conflicto. Recordamos que el presen
te estudio se limita a analizar los problemas que presentan las aguas de la Bahía de
Algeciras, por lo que no plantearemos soluciones que, en tono de ultimátum, pudieran
poner en entredicho políticas actualmente consolidadas, como sería la cuestionada bajo
el interrogante de... ¿política de verja abierta o cerrada?189.
VI. 1. ¿Es la Bahía de Algeciras una bahía en términos jurídicos o una bahía
INTERNACIONAL?
Como hemos señalado a lo largo del presente estudio, son tres los requisitos exigi
dos por el Derecho Internacional para que una bahía pueda ser considerada como tal
en términos jurídicos:
1 .- la anchura de la boca de entrada (abra), que no puede ser superior a 24 millas
marinas, según lo dispuesto en sus párrafos 4 y 5;
2 .- la superficie de las aguas encerradas, esto es, la regla del semicírculo, según lo dis
puesto en los párrafos 2 y 3, y por último;
3 .- la pertenencia a un mismo Estado soberano de toda su orilla, según lo estableci
do en su párrafo 1.
La primera cuestión que nos planteamos, por lo tanto, antes de poder decidir si la
Bahía de Algeciras es una bahía en términos jurídicos, según los requisitos señalados, es
la soberanía sobre sus costas, esto es, si las orillas de la bahía pertenecen a un solo Estado
(España) o, por el contrario, se trata de una bahía internacional190, cuyas costas perte
necen a dos Estados (España y el Reino Unido).
Inmediatamente surgiría una segunda cuestión, ya que según se deduce del
párrafo 1 del artículo 10, las bahías internacionales quedan excluidas del ámbito de
aplicación de la normativa general que regula las bahías. Por lo tanto, ¿cuál sería la
normativa aplicable en el caso de que estimáramos que la Bahía de Algeciras es un
supuesto de bahía internacional?191.
189 En relación con las consecuencias que derivarían de una política por parte española de verja cerrada en oposi
ción a una política de verja abierta, vid. lo analizado por MARTEL, E.: “Gibraltar y Política Exterior: un principio de
solución” en REI, vol. 6, n° 4, octubre-diciembre de 1985, pp. 920-929.
‘‘Jl) Las bahías internacionales han sido analizadas dentro de un “concepto amplio” de bahía, que comprendería
todos aquellos supuestos que no cumplen los requisitos establecidos en el citado artículo 10 de la Convención de 1982.
Consideramos, por lo tanto, que las bahías internacionales son bahías cuyas costas pertenecen a dos o más Estados, con
independencia de que cumplan o no el requisito de la regla del semicírculo o el de la anchura máxima de 24 millas mari
nas de la línea de cierre.
191 Si reflexionamos sobre el contenido del único artículo de la Convención que hace referencia al término
“golfo” y utilizamos correctamente el término “bahía”, según lo establecido en el citado artículo 10, observamos cómo
el artículo 122 de la Convención de 1982 ofrece dos definiciones distintas bajo su rúbrica: la de mar cerrado o semi-
cerrado, por un lado, y la de bahía internacional, por el otro. En relación con la primera definición, los mares cerra
dos o semicerrados se consideran extensiones acuáticas que, aún estando rodeadas por tierra en una gran medida, tie-
78
Un segundo paso necesario para determinar si la Bahía de Algeciras es una bahía en
términos jurídicos supondría analizar la naturaleza de las aguas que quedan comprendi
das en el interior de la línea de base utilizada en el cierre de la misma; en este caso, nos
encontraríamos ante una nueva cuestión, pues como veremos a continuación, el
Gobierno español no ha establecido ninguna línea de cierre en la Bahía de Algeciras.
Además, según lo dispuesto en el párrafo 6 del citado artículo 10, las disposiciones con
tenidas en el mismo no se aplicarán en los casos en que se utilice el sistema de las líneas de
base rectas (LBR) previsto en su artículo 7. En estos supuestos, las aguas que queden com
prendidas en el interior de las LBR serán consideradas aguas interiores, sobre las que el
Estado ribereño podrá ejercer plena soberanía192. Por lo tanto, sería irrelevante determinar
si la extensión de la línea de cierre de la bahía es superior a 24 millas marinas o si la esco
tadura cumple o no el requisito de la regla del semicírculo, aunque sí se podría cuestionar
la correcta aplicación del artículo 7 por parte del Estado ribereño a la hora de delimitar sus
costas1”.
En este sentido, podemos señalar que España ha realizado una amplia interpretación
del citado artículo 7, pues ha delimitado las costas españolas mediante LBR, según se
establece en el Decreto 2510/77, de 5 de agosto, con una importante excepción: la
Bahía de Algeciras, entre otros espacios1”. Esta falta de delimitación ha sido el motivo
de continuos incidentes y protestas entre ambos Estados, en relación con las compe
tencias que ejercen cada uno de ellos sobre las aguas de la Bahía195.
ncn comunicación con los océanos a través de uno o más estrechos. Se considera, a su vez, que para que un Estado
pueda ejercer derechos de soberanía sobre un mar interno es condición necesaria que sea propietario de sus orillas y
que la anchura del estrecho o estrechos que den acceso interior a dicho mar interno no sea superior al doble de la
anchura del mar territorial. En este sentido, como el límite máximo del mar territorial es de 12 millas marinas, la
anchura del estrecho que comunique las aguas de un mar cerrado o semiccrrado con el exterior no puede ser supe
rior a 24 millas, las máximas permitidas para que se pueda hablar de bahía en términos jurídicos. Por otro lado, la
bahía internacional podría ser definida, según lo dispuesto en el artículo 122, como todo golfo (entendiendo por éste
un concepto amplio de bahía), compuesto entera y fundamentalmente de los mares territoriales y las Z.E.E. de dos
o más Estados ribereños. Entendemos, por lo tanto, que un golfo es toda escotadura cuyo abra tenga una extensión
superior a 24 millas marinas, límite máximo permitido para que se pueda hablar de bahía en términos jurídicos, sin
que sea necesario el cumplimiento de la regla del semicírculo.
19- En relación con este sistema de delimitación, la Convención de 1982 sólo establece una limitación a la soberanía
del Estado ribereño en materia de navegación, conforme a lo dispuesto en el párrafo 2 de su artículo 8, según el cual, en
los supuestos en los que el trazado de una LBR produjese el efecto de encerrar como interiores aguas que anteriormente no
se consideraban como tales, los buques extranjeros podrán ejercer el derecho de paso inocente por dichas aguas.
193 En un principio, dejando aún pendiente por determinar si las orillas de la Bahía de Algeciras pertenecen a un
solo Estado o a dos, esta bahía podría ser considerada una bahía en términos jurídicos, en relación con el cumplimien
to de los otros dos requisitos establecidos en el artículo 10 de la Convención de 1982, pues según lo señalado en el
Derrotero de las Costas del Mediterráneo que publica el Instituto Hidrográfico de la Marina (edición de 1966, p. 60 y
ss.), la Bahía de Algeciras tiene 5,3 millas de saco v poco más de 4 millas de boca. Vid. AZCARRAGA BUSTAMAN
TE, J. L. de: “Las aguas españolas de Gibraltar. (La bahía de Algeciras a la luz del Derecho Internacional)” en Estudios
de Derecho Internacional Público y Privado, Homenaje al Profesor Luis SeU Sampil, Secretariado de Publicaciones.
Universidad de Oviedo, 1970, pp. 606-607.
154 BOE de 30 de septiembre de 1977 (n° 234), del Ministerio de Defensa, sobre Líneas de Base Rectas para la
Delimitación de las Aguas Jurisdiccionales Españolas y corrección de errores en BOE de 20 de octubre. Estos otros espacios
son los territorios de soberanía española en el norte de Africa: Ceuta, Melilla, islas Chafarinas, isla de Peregil y peñones de
Vélcz de la Gomera y de Alhucemas. Vid. SCOVAZZ1, T.: Elementos de Derecho Internacional del Mar, op. cit., p. 86.
193 Este problema será analizado en los epígrafes correspondientes a la delimitación y el régimen jurídico.
79
Pero, volviendo a la cuestión ya planteada sobre la Bahía de Algeciras, si es ésta o no
una bahía internacional, no podremos dar una respuesta sin antes haber analizado el
artículo X del Tratado de Utrecht, pues de lo contrario, cualquier conclusión a la que
llegáramos en este momento carecería de fundamento alguno. Adelantamos que la
Bahía de Algeciras no se encuentra entre las cuarenta y ocho bahías mencionadas en un
estudio de las Naciones Unidas sobre bahías cuyas costas pertenecen a dos o más
Estados196.
Históricamente, tanto España como Gran Bretaña han interpretado el artículo X del
Tratado de Utrecht como el título en el que poder fundamentar sus reivindicaciones
sobre el carácter de las aguas que integran la Bahía de Algeciras198.
Resumiendo de forma muy breve, podemos destacar la postura coherente mantenida
por el Gobierno español, en relación con el citado artículo X: considera que la cesión que
se hizo en 1713 fue exclusivamente de la propiedad y, en consecuencia, el Reino Unido no
es soberano199, por lo que no puede ejercer su jurisdicción sobre las aguas de la Bahía de
196 Vid. el documento de las Naciones Unidas A/CONE1.3/15 citado en STROHL, M. P.: The International Law
ofBays, op. cit., p. 383.
w Lo acordado en Utrecht fue posteriormente ratificado por los sucesivos tratados anglo-hispanos de Sevilla
(1729); Aquisgrán (1748); París (1763) y Versalles (1783). Vid. la citada obra de AZCARRAGA BUSTAMANTE, J.
L. de: “Las aguas españolas de Gibraltar...”, p. 610.
I9S Sobre la interpretación de este artículo a la luz del Derecho Internacional Público, vid. IZQUIERDO SANS,
C.: Gibraltar en la Unión Europea. Consecuencias sobre el contencioso hispánico-británico y el proceso de construcción euro
pea, Madrid, 1996, pp. 23-31 y 42-46; AZCARRAGA BUSJAMANTE, J. L. de: “Las aguas españolas de Gibraltar
(La Bahía de Algeciras a la luz del Derecho Internacional) en Revista General de la Marina, agosto-septiembre de 1973,
pp. 139-158 y; PASTOR RIDRUEJO, J. A.: “El Contencioso de Gibraltar en las Naciones Unidas y en la Unión
Europea” en Conferencia pronunciada en Jaca, organizada por la Academia Europea de Jaca, del 25 al 30 de agosto de
1997, pp. 15-17. El artículo X del Tratado de Utrecht ha sido ampliamente analizado en los Libros Rojos, que nuestro
Ministerio de Asuntos Exteriores presentó a las Cortes Españolas en 1965 y 1967, así como en el Alegato de 18 de
mayo de 1966 que el titular del indicado Ministerio, Sr. Castiella, leyó personalmente ante las Delegaciones oficiales
española y británica, presidida ésta por el Secretario del Foreign Office, Mr. Stewart. Vid. AZCARRAGA BUS JA
MANTE, J. L. de: “Las aguas españolas de Gibraltar...” en Estudios de Derecho Internacional Público y Privado..., op.
cit. supra, p. 610 y ss..
™ El artículo 2 de la Convención de 1982 es una norma de carácter consuetudinario, según la cual, la sobera
nía estatal se extiende más allá de su territorio a las aguas interiores y al mar territorial, entre otros espacios. Se trata
del principio, según el cual, la tierra domina al mar. Este principio fue reconocido en la Sentencia Arbitral de 23 de
octubre de 1909 sobre el asunto de Grisbardana, en la controversia entre Noruega y Suecia, donde se afirmó que con
forme “ auxprincipes fondamentaux du droits des gens, tant anden que moderne, d'aprés lesques le territoire maritime est
une dépendance necessaire d'un territoire terrestre..!', Recueil des sentences arbitrales, vol. XI, p. 1 59. Este mismo prin
cipio se destacó en la citada sentencia del TIJ. sobre el asunto de las Pesquerías Anglo-Noruegas: “It is land which
conjers upon the Coastal State a right to the waters off its coasts", I.C.J., Reports, 1951, p. 133. Pero como señala DI
COMITE, V: “el mismo principio, en su lectura negativa, permite deducir que donde no hay soberanía sobre el terri
torio no hay tampoco sobre las aguas adyacentes”. Vid. su artículo “La incidencia de la ratificación española del
Convenio de Montego Bay sobre el régimen jurídico del Estrecho de Gibraltar” en REDI, vol. XLIX, n° 1, enero-
junio de 1997, p. 328.
80
Algeciras, correspondiendo el ejercicio de ésta al Estado español200. Sí reconoce, en cambio,
que el Reino Unido es propietario de las aguas del puerto, pero entendiendo por éstas úni
camente las aguas que quedaban comprendidas por los llamados muelles “viejo y nuevo”,
según las referencias de aquella época. Por lo tanto, no reconoce la expansión llevada a cabo
posteriormente por el Reino Unido fuera de los límites mencionados201.
No obstante, dejando al margen las interpretaciones que del artículo X del Tratado
de Utrecht hacen ambos Estados, así como la doctrina iusinternacionalista, debemos
señalar la trascendencia que el proceso descolonizador podría ejercer en nuestro tema
objeto de estudio.
En este sentido, hay que tener en cuenta el estatuto colonial de Gibraltar202 y su
actual consideración de territorio no autónomo203, que de acuerdo con el Derecho
En contra de esta postura, PEREIRA considera que España no sólo cedió la propiedad, sino también, la soberanía de
Gibraltar a Inglaterra; entiende que el Estado ejerce sobre el territorio unos derechos, siendo el más amplio el de la soberanía
territorial (el derecho de disposición plena sobre un territorio en virtud del derecho internacional). Pero considera que hay, ade
más, derechos territoriales limitados, como puede ser el derecho de ocupar un territorio extraño o parte del mismo ejerciendo
en él la soberanía plena. Esta diferencia es la que exige, según este autor, que no se confundan dos términos que en ocasiones se
han considerado iguales: soberanía territorial}’ supremacía territorial En este sentido, considera que si el concepto de soberanía
se ha elaborado a partir del concepto romano de propiedad, la supremacía terrritorial es afín a la posesión del derecho privado que
puede tenerse sobre el territorio del propio Estado o puede extenderse también a territorios extraños que normalmente han sido
“cedidos” por el Estado territorial a otro Estado mediante un acto jurídico; entiende que España no tiene la soberanía ni la supre
macía sobre Gibraltar, ya que cedió su propiedad a los ingleses por el 'tratado de Utrecht. Vid. PEREIRA CASTAÑARES, J.
C.: “Ea Cuestión de Gibraltar. (Cambios, ofensivas y proyectos en la búsqueda de un acuerdo hispano-británico en el primer
tercio del siglo XX)” en Las Relaciones Internacionales en la España Contemporánea, Murcia, 1989, pp. 246-248.
En relación con la expansión de Gibraltar sobre las aguas de la Bahía de Algeciras, podemos citar la delimitación
realizada en 1826 por el Secretario de Estado para Negocios Extranjeros, Sr. Canning, del puerto de Gibraltar, que lleva
ría su nombre: Puerto Canning (“en ausencia de toda mención en el Tratado de Utrecht de límites reales o imaginarios
del puerto de Gibraltar que le fue cedido a la Gran Bretaña, se hace indispensable, en primer lugar, buscar un límite natu
ral. Este se encuentra en la curvatura de la costa que termina en Punta Mala, cuyo espacio en su totalidad se halla dentro
del alcance de los cañones de la guarnición. Dicho punto se ha considerado invariablemente como límite norte del puer
to...”). Desde entonces, el Reino Unido ha ido ampliando progresivamente sus reivindicaciones, no sólo de las aguas adya
centes al territorio del istmo, sobre las cuales se realizaron en 1938 y 1941 las obras del aeródromo, sino también, sobre
las adyacentes al puerto de Gibraltar y las situadas al sur y este del Peñón. El Reino Unido considera estas aguas como
parte integrante de lo que reclama como mar territorial. Un amplio estudio de la postura británica sobre las aguas de la
Bahía de Algeciras desde el siglo X.V1I1 hasta nuestros días, vid. en los artículos de UXO PALASI, J.: “Gibraltar: Aguas y
Puerto” en la revista Ejército, septiembre de 1986, n° 560, pp. 3-9; “Gibraltar (Las aguas de la bahía durante el siglo XIX)”
v “Gibraltar (Las aguas de la bahía durante el siglo XX)” en Revista. General de la Marina, enero de 1987, pp. 19-29 y
agosto-septiembre de 1987, pp. 151-160, respectivamente. Vid también las obras de OLIVIE, E: Estudios sobre Gibraltar,
1996 (obra colectiva publicada por el INCIPE), pp. 76 y ss.; IZQUIERDO SANS, C.: Gibraltar en la Unión Europea...,
op. cit., pp. 42-44 y; STROHL, M. P: The International Lato ofBays, op. cit., pp. 383-389. No obstante, hubo algún sen
sato británico que reconoció la postura equivocada de su patria. Así, como apoyo a la “Replica española a los Comentarios
británicos” sobre el Alegato español de 1966, que denunciaba la extensión británica sobre las aguas jurisdiccionales espa
ñolas hacia el oeste de la Bahía de Algeciras, se transcribieron las conclusiones a la que llegaron en el siglo pasado los
Asesores Jurídicos de la Corona británica y el Sr. R Deane: “cualquier acción que pueda ser llevada a cabo por el
Gobernador, el Secretario de Estado o el Parlamento, con el fin de extender de algún modo los límites dentro de las tres
millas del territorio español, sería por tanto, al menos, un dudoso ejercicio de autoridad y sería, ciertamente, ofensivo para
el Gobierno español”. Vid. la citada obra de AZCARRAGA, “Las aguas españolas de Gibraltar...”, p. 613.
Sobre el término “estatuto colonial” y la palabra “descolonización”, vid. lo escrito por Sir HOWARD DAVIS, Ex-
Subgobernador de Gibraltar: “Respuesta a la ponencia del profesor Salustiano del Campo” en La. Descolonización de Gibraltar,
Instituto de Cuestiones Internacionales, Dirección General de Estudios y Documentación, Madrid, 1979, pp. 51-57.
2'3 Debido a su naturaleza, el territorio de Gibraltar fue incluido en 1963 en la lista del Comité de los Veinticuatro
(es el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la “Declaración sobre la con-
81
Internacional contemporáneo debe abrir (en este caso, continuar) una etapa de nego
ciaciones entre España y el Reino Unido204, que dé cumplimiento al principio de inte
gridad territorial, partiendo del hecho de que la soberanía no podrá recaer sobre el pue
blo asentado en Gibraltar, al no haber reconocido la AG de las Naciones Unidas el dere
cho de autodeterminación a la población gibraltareña205.
cesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, creado por la Re.s. 1654 (XVI) de la AG, de 27 de noviem
bre de 1961) para su descolonización. La cicada Declaración fue adopeada por la Res. 1514 (XV) de la AG, de 14 de
diciembre de 1960. En esta linca de trabajo, la AG aprobó el 2 de noviembre de 1972 una resolución por 99 votos a
favor y cinco en contra (los de Francia, Portugal, Sudáfrica, el Reino Unido y los lisiados Unidos de América), en la que
hacía constar, entre otras cosas, que el mantenimiento del colonialismo constituía una amenaza para la paz y la seguri
dad. Vid. OSMAÑCZ YK, E. J.: Enciclopedia Mundial de Relaciones Internacionales y Naciones Unidas, Fondo de Cultura
Económica, México/Madnd/Buenos Aires, 1976, pp. 479 y 493.
204 Vid. la Res. 2070 (XX) de la AG, de 16 de diciembre de 1965 (en la que invita a ambos gobiernos a iniciar sin
demora las conversaciones previstas por el Comité de los Veinticuatro), así como los acuerdos alcanzados tras las nego
ciaciones hispano-británicas sobre Gibraltar en la década de los ochenta, estos últimos citados en la obra de RIQUEL
ME CORTADO, R.: España ante la Convención..., op. cit., p. 70.
205 Sobre el proceso descolonizador en el territorio de Gibraltar, vid. un análisis en profundidad en IZQUIERDO
SANS, C.: Gibraltar en la Unión Europea..., op. cit. supra, pp. 59-63 y 82-111; REMIRO BROTONS, A.: Derecho
Internacional Público 1, Principios Fundamentales, Madrid, 1982, pp. 148-155; ORIHUEIA CALATAYUD, E.: Españay la
delimitación de sus espacios marinos, op. cit., pp. 28-32 y; RIQUELME CORTADO, R.: España ante la Convención..., op. cit.
supra, pp. 72-74. Según ha señalado ORIHUELA CALATAYUD en la citada obra (p. 31), en Gibraltar no existe un pue
blo con unas características políticas, sociales, culturales, religiosas y étnicas propias, sino que se trata de una población
importada tras la expulsión de los antiguos moradores de la Roca. Sobre el concepto de pueblo, vid. RUILOBA SANTA-
NA, E.: “Una nueva categoría en el panorama de la subjetividad internacional: el concepto de pueblo” en Estudios de Derecho
Internacional. Homenaje al profesor Miaja de la Muela, Madrid, 1979, pp. 305-316. Sobre las negociaciones entre España y
Gran Bretaña y las distintas Declaraciones que se han ido sucediendo, vid. un amplio estudio en MARQUINA BARRIO,
A.: “El contencioso de Gibraltar después de la Declaración de Bruselas” en Líber Amicorum. Colección de Estudios Jurídicos
en Homenaje al Prof. Dr. D. José Pérez Montero, Universidad de Oviedo, Servicio de Publicaciones, Oviedo, 1988, pp. 873
891; MESA, R.: “La Política Exterior en la España Democrática” en REI, vol. 3, n° 1, enero-marzo, 1982, pp. 25-26, 33,
39, 43, 53-54; MARQUINA BARRIO, A.: “La entrevista Calvo Sotelo-Margaret Thatcher, fin e inicio de un proceso en
Gibraltar” en REI, vol. 3, n°l, enero-marzo de 1982, pp. 125-136; MARQUINA BARRIO, A.: “Gibraltar en la Política
Exterior del Gobierno Socialista” en REI, vol. 6, n° 4, octubre-diciembre de 1985, pp. 889-905; MARTEL, E.: “Gibraltar
y Política Exterior: un principio de solución” en REI, vol. 6, n° 4, octubre-diciembre de 1985, pp. 907-936 y; La Declaración
del Ministro de Asuntos Exteriores ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso (16 de abril de 1980) en REI, vol. 1, n°
2, abril-junio de 1980, pp. 648-649 y; CALVAR, J.; GUERITZ, E. J.; CAMPO, S. del y DAVIS, H.: La Descolonización de
Gibraltar, op. cit. supra. Vid. un estudio de las negociaciones bilaterales entre ambos Estados, atendiendo a las alianzas polí
ticas y militares que se dieron en el primer tercio del s. XX en PEREIRA CASTAÑARES, J. C.: “La Cuestión de Gibraltar,
op. cit., pp. 245-268 y; REMIRO BROTONS, A.; RIQUELME CORTADO, R. M.; ORIHUELA CALATAYUD, E.;
DIEZ-HOCHLEITNER, J. y; PEREZ-PRAT DURBAN, L.: Derecho Internacional op. cit., pp. 544-548.
82
límites mencionados), sobre las que el Estado español no podrá ejercer su soberanía206. De
este modo, según el régimen jurídico que se aplica a las aguas interiores (aguas que que
dan bajo la plena soberanía del Estado ribereño), creemos que fue acertada la no aplica
ción del sistema de LBR a la Bahía de Algeciras, reconociendo a los buques británicos y
extranjeros el derecho de paso inocente por las aguas situadas en su interior207, aguas que
integrarían nuestro mar territorial. Por el contrario, si se hubiese cerrado la bahía median
te el trazado de una LBR, las aguas situadas en el interior de dicha línea tendrían que ser
consideradas aguas interiores del Estado español y, según el régimen jurídico aplicable a
las mismas, éste podría impedir la navegación de los buques extranjeros por dichas aguas.
En la práctica, España ha sido consecuente con la interpretación realizada del artícu
lo X del Tratado de Utrecht, negando en todo momento la soberanía británica sobre las
aguas de la Bahía de Algeciras. De este modo, al adherirse a los Convenios de Ginebra
sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua y sobre la Plataforma Continental208, for
muló la siguiente declaración: “Sin embargo, su adhesión no puede ser interpretada
como reconocimiento de cualesquiera derechos o situaciones relativos a los espacios
marítimos de Gibraltar que no estén comprendidos en el artículo 10 del Tratado de
Utrecht de 13 de julio de 1713, entre las Coronas de España y de Gran Bretaña”.
Esta disposición ha sido reafirmada en los mismos términos por la Ley 10/1977 de
4 de enero, sobre Mar Territorial20’ y por la Orden de 15 de marzo de 1985, sobre Zonas
Prohibidas y Restringidas al Vuelo210. Además, al firmar la Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar (el día 4 de diciembre de 1984), España realizó la
siguiente declaración interpretativa: “El Gobierno español, en el momento de proceder
a la firma de la presente Convención, declara que este acto no puede ser interpretado
como reconocimiento de cualesquiera derechos o situaciones relativos a los espacios
marítimos de Gibraltar que no estén comprendidos en el artículo 10 del Tratado de
Utrecht, de 13 de julio de 1713, entre las coronas de España y Gran Bretaña”. A su vez,
teniendo en cuenta el citado proceso de descolonización, añadió al texto mencionado lo
que sigue: “El Gobierno español considera, asimismo, que la Resolución III de la Tercera
296 Como acertadamente señala AZCARRAGA BUSTAMANTE: “si la cesión consagrada en Utrecht hubiese sido
una cesión de soberanía sobre el territorio terrestre de Gibraltar, tal desmembración de soberanía se hubiese extendido
necesariamente al territorio marítimo adyacente y, entonces, el Tratado se hubiera visto obligado a fijar una delimita
ción”. Vid. su obra cit. supra, “Las aguas españolas de Gibraltar...”, p. 626. Probablemente, en este caso se hubiese esta
blecido el sistema de la línea media equidistante para delimitar el mar territorial de dos Estados con costas adyacentes
o situadas frente a frente, según lo dispuesto en el artículo 15 de la Convención de 1982, salvo que los Estados acorda
ran otra cosa por mutuo acuerdo o lo impidiese la existencia de derechos históricos u otras circunstancias especiales.
207 Con la excepción de las aguas interiores del puerto de Algeciras-La Línea, según veremos a continuación.
208 España se adhirió a los Convenios de Ginebra el 25 de febrero de 1971, que entraron en vigor el 27 de marzo
de 1971. Vid. BOEde 24, 25 y 27 de diciembre de 1971.
209 Según señala la disposición final primera de la Ley 10/1977: “El presente texto legal no puede ser interpreta
do como reconocimiento de cualesquiera derechos o situaciones relativos a los espacios marítimos de Gibraltar, que no
estén comprendidos en el artículo 10 del Tratado de Utrecht, de 13 de julio de 1713, entre las Coronas de España y
Gran Bretaña”.
210 Vid. BOEde 1 de abril de 1985, A, 781. Según esta Orden, el establecimiento de los límites de las zonas prohi
bidas y restringidas al vuelo no significan una delimitación del territorio nacional sobre zonas terrestres, mar territorial
y espacio aéreo correspondiente, ni una renuncia a los derechos de España al sur de las coordenadas establecidas.
83
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar no es aplicable al caso de
la Colonia de Gibraltar, la cual está sometida a un proceso de descolonización en el que
son aplicables exclusivamente las Resoluciones pertinentes adoptadas por la Asamblea
General de la Organización de las Naciones Unidas211”.
La declaración interpretativa realizada por España en el momento de la firma fue
reiterada posteriormente al ratificar la Convención de 1982212.
Por lo tanto, podemos deducir de lo anterior que el cierre de la Bahía de Algeciras
y, en consecuencia, la delimitación de sus espacios marítimos está pendiente de que se
resuelva la controversia hispano-británica sobre el territorio de Gibraltar213. El único
21' La Resolución III de la AG de las Naciones Unidas forma parte del Acta final de la III Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar. Según dispone esta Resolución: “a) En el caso de un territorio cuyo pueblo no haya alcan
zado la plena independencia u otro régimen de autonomía reconocido por las Naciones Unidas, o de un territorio bajo
dominación colonial, las disposiciones concernientes a derechos e intereses con arreglo a la Convención se aplicarán en
beneficio del pueblo del territorio con miras a promover su bienestar y desarrollo, b) En el caso de una controversia entre
Estados relativas a la soberanía sobre un territorio al que sea aplicable la presente resolución y respecto de la cual las
Naciones Unidas hayan recomendado determinados medios de solución, las partes en esa controversia celebrarán consul
tas acerca del ejercicio de los derechos a que hace referencia el apartado a). En esas consultas, los intereses del pueblo de
que se trate constituirán una consideración fundamental. Esos derechos se ejercerán teniendo en cuenta las resoluciones
pertinentes de las Naciones Unidas y sin perjuicio de la posición de ninguna de las partes en la controversia. Los Estados
interesados harán todo lo posible por concertar arreglos provisionales de carácter político y no pondrán en peligro ni difi
cultarán el logro de una solución definitiva de la controversia”. En el caso que comentamos, nos encontramos ante una con
troversia sobre la soberanía del territorio de Gibraltar, que tiene un estatuto colonial y, respecto al cual, la ONU ha reco
mendado a las partes la adopción de un acuerdo. Según la interpretación que se ha hecho del apartado b) de esta resolu
ción, los derechos mencionados en su apartado a) no se ejercerían hasta que la citada controversia hubiese sido resuelta,
salvo que los Estados partes prestasen un previo consentimiento; en el caso de Gibraltar no se ha alcanzado aún ningún
tipo de acuerdo. Además, habría que tener en cuenta las resoluciones pertinentes de la AG, entre ellas, la que niega la exis
tencia de un pueblo en el territorio gibraltareño con derecho a la libre determinación. (Vid. una referencia sobre las siguien
tes resoluciones: Res. 1514 (XV) de 1960; Res. 2070 (XX) de 1965; Res. 2231 (XXI) de 1966; Res. 2353 (XXII) de 1967;
Res. 2429 (XXIII) de 1968, etc. en IZQUIERDO SANS, C.: Gibraltar en la Unión Europea..., op. cit. supra, pp. 53-60 y
RIQUELME CORTADO, R.: España ante la Convención..., op. cit., pp. 73-74). Sobre la interpretación del apartado b) en
relación con la controversia hispano-británica, vid. la citada obra de IZQUIERDO SANS, pp. 83-86.
212 Vid. BOEde 14 de febrero de 1997, n° 39 (la declaración n° 2 se compone de dos partes; la primera referen
te al contencioso hispano-británico sobre Gibraltar y la segunda, dirigida a clarificar el alcance de la resolución III de la
III Conferencia. Vid. el análisis que sobre esta declaración hace DI COMITE en su artículo “La incidencia de la ratifi
cación española...”, cit. supra, pp. 328-329) y la obra de SAURA ESTAPA, J.: “España ratifica la Convención de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar” en REDI, vol. XLVIII, n° 2, 1996, p. 370.
213 Esta falta de delimitación es la causante de los enfrentamientos relacionados con el ejercicio de la jurisdicción
sobre las aguas de la Bahía en materia de pesca, avituallamiento de los buques, represión del contrabando existente en
sus costas, etc.. Sobre estos problemas, vid. los artículos de prensa (desde el 14 de mayo de 1993 hasta el 2 de julio de
1997) publicados en EUROPA SUR y AREA. Diario del Campo de Gibraltar. Entre los más recientes vid. El País, de
8 y 17 de septiembre de 1998, sobre el rechazo por parte del Gobierno español de la protesta del Ejecutivo británico
por la actuación de pesqueros españoles en las aguas cercanas al Peñón de Gibraltar (el último incidente grave ocurrió
el pasado 26 de enero de 1999, cuando el pesquero Piraña se encontraba faenando de madrugada en aguas de la Bahía
de Algeciras y fue apresado por la Armada Británica. Según un artículo de prensa publicado en El Mundo, el 3 de marzo
de 1999, en el acuerdo pesquero alcanzado el pasado 5 de octubre de 1998 por el Ministro español de Asuntos
Exteriores, Sr. A. Matutes, y su homólogo británico R. Cook, los pescadores españoles tenían derecho a faenar a 300
metros de distancia de la costa gibraltareña y a 35 metros de profundidad. La crisis originada tras este nuevo incidente
en materia de pesca llevó a los pescadores de la zona a firmar un acuerdo con el Ministro Pincipal de Gibraltar, P.
Catuana, acuerdo que no reconoce el Gobierno español, al estimar que Catuana no tiene competencias y mucho menos
los pescadores. Según declaraciones expresas de A. Matutes, publicadas en el periódico El País, el 3 de febrero de 1999:
“el Gobierno español no puede reconocer la competencia de las autoridades locales de Gibraltar en temas que tienen
que ver con la soberanía”). Vid. algunos de los enfrentamientos que se produjeron a lo largo del s. XIX en SANCHEZ
84
espacio claramente delimitado es el de las aguas interiores que constituyen el llamado
puerto de Algeciras-La Línea214.
Si como resultado final y deseado de las negociaciones entre España y el Reino
Unido, Gibraltar pasara a ser parte de nuevo de nuestro territorio, el Estado español
tendría que proceder al trazado de una línea de base recta desde Punta Carnero a Punta
Europa, de modo que las aguas comprendidas en el interior de dicha línea serían con
sideradas aguas interiores españolas. Por lo tanto, a partir de esta línea se trazarían los
distintos espacios marítimos, aunque en este caso, habría que tener en cuenta que sus
orillas son ribereñas del Estrecho de Gibraltar, por lo que nos remitimos a lo señalado
sobre delimitación del mar territorial entre Estados con costas situadas frente a frente
y, según veremos a continuación, al nuevo régimen establecido en 1982 para el
Estrecho de Gibraltar.
MANTERO, R.: Estudios sobre Gibraltar. Política, Diplomacia y Contrabando en el siglo XIX, Cádiz, 1989, pfos. 46-50,
sobre la cuestión diplomática de los límites marítimos. Como señala STROHL en su citada obra The International Law
ofBays, (pp. 388-389): “Currently there is no evidence that the Europa-Carnero closing line has anypracticalsignificancefor
shipping. Neither State appears to exercise any administrative control over shipping save within the immediate vicinity ofeach
ofthe two ports, Algeciras and Gibraltar. On the other hand there is not evidence any attempt at agreement on jurisdictional
boundaries or even coordination ofharbour Services and regulations. As a result, one would have a difficultproblem in deci-
ding what, on the basis ofperceivable practice, the legal status ofthe waters ofthe Bay might be. And, in view ofthe present
atmosphere ofAnglo-Spanish relations on thepossession of Gibraltar, there would appear little hope ofreaching any agreement
on boundaries..!. En relación con algunos aspectos militares del Peñón de Gibraltar, vid. LIBERAL LUCINII, A.: “Lo
Militar en el problema de Gibraltar. Una constante historia” en 1993, España en Europa: ¿Qué ocurre con Gibraltar?,
Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE. Facultad de Derecho. Departamento de Fundamentos del Derecho,
“Tertulias Históricas”, 1992/93, pp. 7-8.
214 Vid. el Real Decreto de 2 de abril de 1982, n° 927/82 del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, sobre
Puertos y Faros, que delimita el ámbito de la Junta del Puerto de Algeciras-La Línea. BOE de 15 de mayo de 1982
(n° 116). Sobre el problema de la delimitación de la Bahía de Algeciras, es importante señalar la respuesta dada por
el Ex-Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Solana Madariaga, a una pregunta formulada por el Sr. Rupérez Rubio en
el Congreso de los Diputados, en relación con el reconocimiento por el entonces Gobierno español de la existencia
de aguas territoriales (entendiendo por éstas el espacio marítimo correspondiente al Mar Territorial) no españolas en
dicha bahía. El Sr. Solana contestó un no rotundo, al considerar que la Bahía de Algeciras sólo contiene aguas inte
riores y no mar territorial, respuesta que no se ajusta al Derecho Internacional del Mar, ya que la existencia de aguas
interiores va estrechamente vinculada al trazado de la línea de base que sirve para delimitar los distintos espacios marí
timos. En este sentido, el Sr. Solana había contestado previamente, dando las razones por las que el Gobierno espa
ñol se negaba a proceder a la delimitación de las “aguas territoriales” en la Bahía de Algeciras. (Vid. Diario de Sesiones
del Congreso de los Diputados, Comisiones, año 1994, V Legislatura, n° 383, sesión n° 30, celebrada el miércoles 14
de diciembre de 1994).
85
cuando cumplan los requisitos establecidos en los citados artículos 1 82'5, 19216 y 2021’ de
la Convención de Jamaica de 1982.
De acuerdo con el régimen jurídico aplicable al mar territorial218, hemos de tener en
cuenta que el Derecho español, con la excepción del acceso a puerto, no ha establecido
una distinción zonal entre el régimen de la navegación por las aguas interiores y por el
mar territorial.
86
efectos de salvaguardar la seguridad de la navegación y de prevenir la contaminación del
medio marino221.
En relación con las visitas de los buques de guerra extranjeros a los puertos españoles y
su tránsito por nuestras aguas jurisdiccionales (entendiendo por éstas el mar territorial), la
Orden del Ministerio de Marina de 27 de marzo de 1958 señalaba en su norma 8 que, con
arreglo a las normas consuetudinarias del Derecho Internacional Marítimo, no se requería
autorización especial para el tránsito por las aguas jurisdiccionales españolas de los buques
de guerra extranjeros222. Esta Orden fue derogada por la nueva Orden 25/1985 de 23 de
abril, del Ministerio de Defensa, que establece en su norma 11.1 lo siguiente: “no se requie
re autorización especial para el paso de buques de guerra extranjeros por el mar territorial
español, en el que están obligados a respetar el paso inocente, con arreglo a las normas con
suetudinarias del Derecho Internacional223”. La Orden 25/1985 regula también una serie
de contenidos del derecho de paso inocente para los buques de guerra que, en principio,
en el ámbito internacional fueron establecidos para toda clase de buques. Para poder eje
cutar algún ejercicio o cualquier otra operación fuera del simple paso, será preciso obtener
la correspondiente autorización previa del Gobierno español, solicitada por vía diplomáti
ca como se indica en la norma 7 para las escalas. La norma 8 hace referencia a las autori
zaciones concedidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores y la 9 a las obligaciones a las
que habrán de sujetarse los buques de guerra en sus escalas en puertos españoles.
VI. 4. b. Pesca
221 Artículo 112 de la Ley 27/1992, que contiene las medidas de garantía de la navegación marítima y del medio marino,
aplicables a todas aquellas aguas en las que España ejerza soberanía, derechos soberanos o jurisdicción. En materia de seguridad
marítima y prevención de la contaminación, vid. la Orden del Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones, de 8 de
febrero de 1990 (BOEde 19 de febrero de 1990, n° 43), que establece las condiciones mínimas exigidas para determinados
buques españoles. Esta Orden fue adoptada “con el fin de incrementar la seguridad en nuestras aguas y al objeto de cumpli
mentar las Directivas 79/116 y 79/1043/CEE, del Consejo de las Comunidades Europeas, sobre las condiciones mínimas exi
gidas para buques-tanque que entren o salgan de los puertos marítimos de la Comunidad, de acuerdo con la disposición adi
cional primera del Reglamento Nacional de Admisión, Manipulación y Almacenamiento de Mercancías Peligrosas en los
Puertos (R. 1989, 333) y a propuesta de la dirección General de la Marina Mercante...”. Por la Orden de 17 de abril de 1991
(BOE de 18 de abril) se regula el fondeo de buques-tanque en aguas jurisdiccionales o en la Z.E.E. española. Siguiendo esta
línea, cabe mencionar una breve nota de prensa, de fecha 29 de octubre de 1997, en relación con la nueva normativa de buques
extranjeros en materia de seguridad marítima, según la cual: “el pasado Consejo de Ministros aprobó el Reglamento para con
trolar el cumplimiento de la normativa internacional sobre seguridad marítima, prevención de contaminación y condiciones de
vida y trabajo de buques extranjeros que utilicen puertos o instalaciones situadas en aguas jurisdiccionales españolas. Lis capi
tanías marítimas quedan Facultadas a inspeccionar los buques más viejos para controlar el cumplimiento de las normas interna
cionales con el fin de disminuir drásticamente el número de buques que las incumplen”.
722 BOEde 31 de marzo de 1958.
BOEde 14 de mayo de 1985. Por la Orden 25/1985 se aprueban las normas para las escalas de buques de gue
rra extranjeros en puertos o fondeaderos españoles y su paso por el mar territorial español en tiempo de paz.
224 En este sentido, el artículo 148, párrafo 1,11 de nuestra Constitución señala: “Las Comunidades Autónomas
podrán asumir competencias en las siguientes materias: la pesca en aguas interiores, el marisqueo y la acuicultura, la caza
y la pesca fluvial”.
87
Por lo tanto, la Junta de Andalucía ha asumido competencias en materia de pesca en las
aguas interiores que queden comprendidas en el interior de las bahías, mientras que fuera de
la línea de base que se utiliza para delimitar los espacios marítimos (mar territorial, Z.E.E.,
etc.) es competente el Estado, a través del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación225.
Para determinar el régimen de pesca fuera de las aguas interiores tendremos que remi
tirnos a lo establecido en la Política Común de Pesca de la Comunidad Europea.
2:5 Vid. la Ley 14/1998 de 1 de junio (Jefatura del Estado), sobre Pesca Marítima, que establece el régimen de con
trol para protección de los recursos pesqueros (BOE n° 131, de 2 de junio de 1998, pp. 3795-3802).
226 Vid. el Canje de Notas de 13 de junio de 1985 entre España y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
sobre Gibraltar, en relación con la firma y posterior ratificación del Tratado relativo a la Adhesión de España a las
Comunidades Europeas, hecho en Madrid (BOE de 5 de diciembre de 1985), en el que se propone y confirma que dicha
Nota deje constancia de las posiciones de ambos Gobiernos: “Siguiendo las instrucciones de mi Gobierno, tengo la honra
de hacer constar, en relación con la firma y posterior ratificación del Tratado relativo a la Adhesión del Reino de España a las
Comunidades Europeas la aplicación de la normativa comunitaria al territorio de Gibraltar, en los términos convenidos en
el acta relativa a las condiciones de adhesión, que dicha adhesión no implica por parte del Reino de España ninguna modi
ficación en su posición con respecto a Gibraltar y no afecta al proceso negociador bilateral establecido de conformidad con
lo dispuesto en el Comunicado conjunto acordado con Vuestra Excelencia en Bruselas el 27 de noviembre de 1984”
88
del mar territorial de ambos países227. Por último, el Reglamento de 1983 fue derogado
por el Reglamento (CEE) n° 3760/92 del Consejo, de 20 de diciembre, por el que se
establece un régimen comunitario de la pesca y la acuicultura. En él se prorroga del 1
de enero de 1993 al 31 de diciembre de 2002 el régimen definido en el art. 100 del
Acta de Adhesión de 1972, estableciendo una “banda costera” de 12 millas marinas en
favor de los barcos nacionales, en la que existirá jurisdicción exclusiva de cada Estado
miembro hasta el 31 de diciembre del año 2002 (sin perjuicio de los “derechos históri
cos” de los demás Estados miembros) y una zona en la que será de aplicación el régi
men general comunitario (desde las' 12 a las 200 millas marinas), zona en la que regirá
el principio de libre acceso sin discriminación de buques de cualquier Estado miembro
a aguas pertenecientes a la soberanía o jurisdicción de cualquier otro Estado miembro.
227 Vid. los artículos de PASTOR RIDRUEJO, J. A.: “España y la pesca marítima en el Acta de Adhesión a las
Comunidades Europeas” en RIE, vol. 13, año 1986, n° 3, pp. 610-611; SANCHEZ RODRIGUEZ, L. I.: “El derecho
de pesca en la C.E.E. y el Acta de Adhesión de España” en RIE, vol. 15, año 1988, n° 1, pp. 16 17 y; MESEGUER, J.
L.: “La teoría comunitaria de los espacios marítimos a efectos de pesca y las negociaciones de adhesión de España” en
RIE, vol. 7, año 1980, n° 2, pp. 633-646.
228 BOEáe 8 de mayo de 1981, n° 110. Real Decreto de Presidencia sobre Investigación Científica Marina en
Zonas sometidas a la Jurisdicción española.
En la sección II sobre el Mar Territorial, el párrafo 1 del artículo 6 establece que para la realización de actividades de
investigación científica marina en dicho espacio marítimo se requerirá la autorización expresa de las autoridades españolas com
petentes. El procedimiento a seguir viene determinado en los artículos 6 a 9. Aunque el citado Real Decreto no hace referen
cia expresa a las aguas interiores, se aplicará igualmente lo señalado para la investigación científica-marina en el Mar Territorial.
230 En la Ley 10/1977 de 4 de enero, sobre el Mar Territorial español no aparece ninguna mención a la protección
del medio ambiente marino.
231 Hay quienes consideran que esta diversidad normativa está propiciada por la Constitución Española, ya que su
artículo 149.1.23 afirma la competencia exclusiva del Estado en materia de legislación básica sobre protección del medio
ambiente, “sin perjuicio de las facultades de las Comunidades Autónomas de establecer normas adicionales de control”,
mientras que su artículo 148.1.9. sostiene que las Comunidades Autónomas pueden asumir competencias referentes a
la gestión en materia de protección del medio ambiente. Vid. BOU FRANCH, V.: “El Derecho Internacional del Mar
y España” en la cit. obra del SCOVAZZI, p. 116.
89
No obstante, la Ley 27/1992, de Puertos del Estado y de la Marina Mercante,
ha intentado ofrecer un marco jurídico de carácter global. Según dispone el artícu
lo 60 de esta Ley: “1. Se prohíben los vertidos o emisiones contaminantes, ya sean
sólidos, líquidos o gaseosos, en el dominio público portuario, procedentes de
buques o de medios flotantes de cualquier tipo (...). 2. Los vertidos contaminantes
procedentes de buques o medios flotantes de cualquier tipo en las aguas no por
tuarias en las que España ejerce soberanía, derechos soberanos o jurisdicción se
regularán por las normas específicas aplicables y por los Convenios suscritos por
España sobre estas materias. 3. Todos los vertidos desde tierra al mar requerirán
autorización de la Administración competente, que se otorgará con sujeción a la
legislación aplicable (...) ”.
v El problema de la preservación del medio marino recibió atención prioritaria en la III Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ya que el último de los tres Comités en los que ésta se dividió (el Io
se encargó del régimen de los fondos marinos y el 2o del mar territorial, la Z.E.E. y la alta mar) se ocupó del uso
y protección del medio marino. No obstante, el régimen de protección del medio marino que establece la
Convención de Jamaica es complejo y constituye un punco de referencia obligado, tanto para el Derecho
Internacional que se regula en los convenios de carácter regional, como para el derecho interno de los Estados,
debido al carácter cogente de las disposiciones contenidas en la Convención (vid. el artículo 237 de la Convención
de 1982).
Este estrecho pertenece a la categoría regulada por el derecho de paso en tránsito, que se aplica a los estrechos
utilizados para la navegación internacional entre una parte de la alta mar o de una Z.E.E. y otra parte de la alta mar o
de una Z.E.E. (artículo 37 de la Convención de 1982).
’v‘ No cuestionamos la identidad de las costas ribereñas del Estrecho, aunque debemos destacar que el
enclave estratégico del Peñón de Gibraltar ha sido uno de los motivos defendidos por los británicos para seguir
conservando su propiedad. Esta cuestión tampoco se la planteó el Consejo Económico y Social de las Naciones
Unidas, cuando aprobó un proyecto sobre la viabilidad de la construcción de un enlace fijo entre Europa y Africa,
que utilizaría el Estrecho de Gibraltar como el lugar más cercano entre los dos continentes, y que daría a España
y Marruecos la responsabilidad de la obra. Vid. el artículo en El País, 5 de junio de 1983, donde se publicó la
noticia.
235 Los partidarios de esta tesis propugnaron un régimen de libertad de navegación y sobrevuelo por el Estrecho
de Gibraltar (régimen de paso en tránsito), que favoreciera sus intereses estratégicos, ya que ambas superpotencias bus
caban la mayor movilidad posible de sus efectivos bélicos, submarinos termonucleares y fuerza aérea. Por otro lado, los
Estados csnccharios, entre ellos España, consideraban las aguas del estrecho como integrantes del mar territorial y, en
consecuencia, sometidas a su soberanía, sin más limitaciones que el derecho de paso inocente, cuya no interrupción
garantizaban. Estos Estados se defendieron enérgicamente de la propuesta soviético-norteamericana, al considerar que
la pretensión de las grandes potencias implicaba una amenaza para su seguridad, alegando la obligación que les asiste de
velar por ella y por los intereses económicos de sus nacionales, que podían verse afectados, entre otras cosas, por la con-
90
De conformidad con el artículo 21, párrafo 1. f) de la Convención de Jamaica, el
Estado español podrá dictar leyes y reglamentos relativos al paso inocente por el mar terri
torial sobre la preservación de su medio ambiente y la prevención, reducción y control de
la contaminación236.
En este sentido, con la finalidad de garantizar el cumplimiento de las normas rela
tivas al control de la contaminación, en la Convención de 1982 se establecen una
serie de medidas, a la vez que se fijan sanciones y se determina la responsabilidad en
la que incurren los Estados infractores237. No obstante, al establecer la competencia
de los Estados en la adopción de medidas de protección, tiene en cuenta el carácter
y la magnitud de los derechos y prerrogativas de los países ribereños en las zonas de
soberanía o jurisdicción nacional, sin olvidar los derechos e intereses de los demás
Estados. De este modo, la correlación concreta entre legislación nacional y normas
jurídicas internacionales, la delimitación de los derechos y deberes de los Estados en
la protección y preservación del medio marino, queda regulada atendiendo a las dis
tintas fuentes de contaminación238 y partiendo siempre del contenido concreto de los
regímenes jurídicos internacionales de las distintas zonas (aguas interiores, mar terri
torial, Z.E.E., etc.) en las que queda dividido el espacio marítimo.
Teniendo en cuenta la nueva regulación de paso en tránsito por las aguas del Estrecho
de Gibraltar239, el Gobierno español, como ribereño que es del estrecho, podrá dictar
leyes y reglamentos relativos al paso en tránsito, respecto de la prevención, reducción y
control de la contaminación, llevando a efecto las reglamentaciones internacionales apli-
laminación. Por paso en tránsito se entiende el ejercicio de la libertad de navegación y sobrevuelo exclusivamente para
los fines del tránsito rápido e ininterrumpido por el estrecho. Este requisito no impedirá el paso por el estrecho para
entrar en un Estado ribereño, para salir de él o para regresar de él, con sujeción a las condiciones que regulen la entra
da a ese Estado (artículo 38.2 de la Convención de 1982).
236 En particular, el Estado ribereño podrá exigir que ios buques cisterna, los de propulsión nuclear y los que trans
porten sustancias o materiales nucleares u otros intrínsecamente peligrosos o nocivos, limiten su paso a las vías marítimas
y los dispositivos de separación del tráfico que dicho Estado haya designado o prescrito para la regulación del paso de los
buques cuando sea necesario, habida cuenta de la seguridad de la navegación (artículo 22, párrafo 2o y Io, respectiva
mente). Esta clase de buques tendrán que observar las medidas especiales de precaución que se hayan establecido en
acuerdos internacionales para regular el paso de los mismos por el mar territorial (artículo 23). No obstante, ésta era la
regulación aplicable al Estrecho de Gibraltar de acuerdo con el régimen de paso inocente establecido con anterioridad al
Convenio de 1982 y, por lo tanto, la que se aplicaría a las aguas que constituyen el mar territorial de la Bahía de Algeciras.
237 Vid. la Parte XII dedicada a la protección y preservación del medio marino: sección 5 (reglas internacionales y
legislación nacional para prevenir, reducir y controlar la contaminación del medio marino); sección 6 (ejecución) y; sec
ción 7 (garantías).
258 El artículo 194, párrafo 3 de la Convención de 1982 señala que las medidas que se tomen con arreglo a la Parte XII de
la Convención se referirán a todas las fuentes de contaminación del medio marino e irán destinadas a reducir en el mayor grado
posible: 1) la evacuación de sustancias tóxicas, perjudiciales o nocivas, especialmente las de carácter persistente, desde fuentes
terrestres, desde la atmósfera o a través de ella, o por vertimiento; 2) la contaminación causada por buques; 3) la contaminación
procedente de instalaciones y dispositivos utilizados en la exploración de los recursos naturales de los fondos marinos y su subsue
lo y; 4) la contaminación procedente de otras instalaciones y dispositivos que funcionen en el medio marino. Sin embargo, la enu
meración de fuentes de contaminación expuesta, así como la de medidas concretas que han de adoptarse, no es exhaustiva, como
lo prueba el inciso “entre otras”, en referencia al elenco de medidas que se recogen expresamente en esta disposición.
239 El artículo 39.2.b. de la Convención de Jamaica establece lo siguiente: “durante su paso en tránsito, los buques
cumplirán los reglamentos, procedimientos y prácticas internacionales generalmente aceptados para la prevención,
reducción y control de la contaminación causada por buques”
91
cables relativas a la descarga en el estrecho de hidrocarburos, residuos de petróleo y otras
sustancias nocivas, entre otras materias (artículo 42.1.b. de la Convención240).
Como resultado de esta distinción de regímenes jurídicos, veámos las consecuencias
que se derivan en relación con las garantías y medidas de ejecución de que disponen los
Estados ribereños ante la infracción de sus leyes y reglamentos:
a) si estuviésemos ante un supuesto de infracción de las normas que regulan el derecho de
paso inocente de los buques extranjeros por el mar territorial241, el Estado ribereño
sería competente para conocer del caso, en relación con la preservación del medio
marino. Por lo tanto, podrá realizar la inspección física del buque en relación con la
infracción y, cuando las pruebas lo justifiquen, podrá iniciar un procedimiento, inclui
da la retención del buque, de conformidad con su derecho interno y con sujeción a
las disposiciones de la sección 7a sobre garantías (artículo 220, párrafo 2 de la
Convención de 1982). En este sentido, hay que tener en cuenta lo dispuesto en el artí
culo 228 sobre suspensión de procedimientos y limitaciones a su iniciación, así como
el párrafo 2 del artículo 230242;
b) no obstante, el artículo 233 de la Convención de 1982 no establece ninguna dis
tinción en relación con la infracción de las leyes y reglamentos sobre preven
ción, reducción y control de la contaminación que hayan sido adoptados por
los Estados ribereños de estrechos regulados por paso en tránsito. En este sen
tido, señala que en el caso de que los buques distintos de los que gozan de
inmunidad soberana243 cometan infracciones que causen o amenacen causar
daños graves al medio marino de un estrecho, los Estados ribereños del estre
cho podrán tomar las medidas apropiadas de ejecución y, en tal caso, respeta
rán, «mutatis mutandis», las disposiciones de esta sección, es decir, aquellas que
se han establecido en materia de garantías.
240 Este artículo ha sido objeto de análisis en la Cuarta Declaración interpretativa presentada por el Gobierno espa
ñol en el momento de la firma de la Convención de 1982 (vid. RIQUELME CORTADO, R.: España ante la
Convención sobre el Derecho del Mar..., op. cit., pp. 128-152), así como en la Tercera Declaración interpretativa formu
lada en el momento de su ratificación (vid. DI COMITE, V.: “La incidencia de la ratificación española...”, op. cit., pp.
329-331, quien hace un análisis sobre la competencia reglamentaria del Estado costero; las obligaciones de las aerona
ves y; el poder de intervención del Estado costero en caso de contaminación derivada de accidentes marítimos).
241 Vid. el artículo 211, párrafo 4 de la Convención de 1982. Este supuesto sería aplicable a las infracciones que
en materia de protección y preservación del medio marino se cometieran en las aguas de la Bahía de Algeciras conside
radas como mar territorial.
242 El párrafo 2 del artículo 230 de la Convención de 1982 establece lo siguiente: “las infracciones de las leyes y
reglamentos nacionales o de las reglas y estándares internacionales aplicables para prevenir, reducir y controlar la conta
minación del medio marino, cometidas por buques extranjeros en el mar territorial, sólo darán lugar a la imposición de
sanciones pecuniarias, salvo en el caso de un acto intencional y grave de contaminación en el mar territorial”. Vid. los
artículos 223 a 232 de la citada Convención.
243 Según el artículo 236 de la Convención de Jamaica: “Las disposiciones de esta Convención relativas a la pro
tección y preservación del medio marino no se aplicarán a los buques de guerra, naves auxiliares, otros buques o aero
naves pertenecientes o utilizados por un Estado a la sazón únicamente para un servicio no comercial”.
92
VI.5. El arreglo pacífico de controversias
244 La jurisdicción del [Link]. es voluntaria, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 36 de su Estatuto: “1. La com
petencia de la Corte se extiende a todos los litigios que las partes le sometan y a todos los asuntos especialmente pre
vistos en la Carta de las Naciones Unidas o en los tratados y convenciones vigentes. 2. Los Estados partes en el presen
te Estatuto podrán declarar en cualquier momento que reconocen como obligatoria zpso fado y sin convenio especial,
respecto a cualquier otro Estado que acepte la misma obligación, la jurisdicción de la Corte en todas las controversias
de orden jurídico que versen sobre: a) la interpretación de un tratado; b) cualquier cuestión de derecho internacional...”.
245 Anteriormente (el 29 de octubre de 1990), España había depositado su Declaración aceptando la jurisdicción
obligatoria del [Link]., aunque establecía cuatro excepciones: la cuarta referente a “controversias surgidas antes de la fecha
de remisión de la presente Declaración al Secretario General de las Naciones Unidas para su depósito, o relativas a
hechos o situaciones acaecidas con anterioridad a dicha fecha, aunque dichos hechos o situaciones puedan seguir mani
festándose o surtiendo efectos con posterioridad a la misma”. Vid. BOE de 16 de noviembre de 1990, n° 275; correción
de errores en BOEde 28 de noviembre de 1990, n° 285 y BOEde 14 de febrero de 1997, n° 39.
246 Uno de estos procedimientos es el recurso al [Link]..
93
Capítulo VII
¿ 4/ En este capítulo únicamente analizaremos con un supuesto práctico la diferencia existente entre el término
bahía y el término golfo, atendiendo una vez más a los requisitos establecidos en el artículo 10 de la Convención de
1982, que define una bahía en términos jurídicos. No nos detendremos en el análisis del régimen jurídico aplicable a
sus aguas, ya que este supuesto no plantea ningún problema. Las aguas que quedan comprendidas en el interior de las
LBR son aguas interiores, (cuyo régimen ya ha sido analizado), y desde esas líneas hacia el exterior se delimitarán los
otros espacios marítimos (mar territorial, zona contigua, Z.E.E., etc.), que quedarán sometidos a los distintos regíme
nes establecidos en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
2 1K En este sentido, podemos apreciar que el Diccionario Jurídico ESPASA CALPE (Madrid, 1991) no señala nin
guna diferencia entre las bahías y los golfos, es más, en relación con el concepto de golfo se remite a la definición que
ofrece sobre el termino bahía, limitándose a repetir literalmente los textos del Convenio de Ginebra de 1958 sobre el
Mar Territorial y la Zona Contigua, y de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. A
su vez, menciona la única ley española que hace referencia a las bahías: la Ley 20/1967 de 8 de abril, sobre Extensión
de las Aguas Jurisdiccionales a 12 millas, a efectos de Pesca (BOE de 11 de abril de 1967). No obstante, en otros dic
cionarios se advierte la diferencia que existe entre ambos conceptos. Así, el Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas
y Sociales (República Argentina, 1984) al definir una bahía señala que "... también el golfo representa una entrada de
mar en la tierra, diferenciándose de la bahía en la mayor extensión de aquél, en que está limitado por dos cabos y en
que no es de esencia que pueda servir de abrigo a las embarcaciones". En este caso nos encontramos ante una noción
geográfica de bahía. Por otro lado, en relación con el hecho de que esté o no limitada por dos cabos, el Diccionario
Enciclopédico de Derecho Usual (República Argentina, 1981), a diferencia del anterior, define el golfo como una por
ción de mar comprendida entre dos cabos o salientes de la tierra. Señala que cuando la amplitud es considerable y las
puntas determinantes no son ni muy pronunciadas ni muy cercanas entre sí, se está propiamente ante los golfos. En
condiciones opuestas y con menores dimensiones se dice bahías. Estas son definidas como entradas del mar en la costa,
de extensión considerable, que sirven de abrigo o puerto natural a las embarcaciones y las considera bienes de dominio
público. Atendiendo a un concepto geográfico de bahía, señala lo siguiente: "Dentro de la peculiar topografía maríti
ma, sin clara jerarquía ni sutilezas en los accidentes más o menos similares de las costas, con denominaciones prove
nientes en los más de los casos de la caprichosa improvisación de los antiguos navegantes, se suelen designar como bahí
as los entrantes del mar cuando presentan la forma sensible de una herradura, por lo general con abertura o acceso algo
más cerrado, al modo de tenaza abierta. Sus dimensiones no llegan a las de los golfos, aunque no falte la excepción, como
la bahía de Hudson..."
95
por el Derecho Internacional250. De este modo, para hacer referencia al accidente geo
gráfico que venimos analizando, en unos textos encontraremos el término bahía, mien
tras que en otros encontraremos el término golfo. No obstante, en este supuesto con
creto, sería conveniente distinguir un término de otro, teniendo en cuenta la superficie
de las aguas comprendidas entre la línea de cierre o LBR que consideremos y la línea
de bajamar que sigue la costa de la escotadura250.
Según hemos señalado, el Estado español decidió delimitar nuestras costas
mediante el sistema de LBR. En este sentido, la Ley de la Jefatura del Estado 93/1962
de 24 de diciembre, sobre Sanciones a las Infracciones cometidas por Embarcaciones
Extranjeras en Materia de Pesca251, establecía en su primer artículo la posibilidad de
dictar líneas de base rectas de hasta 24 millas marinas para las bahías252.
Posteriormente, la Ley 20/1967 de 8 de abril, sobre Extensión de las Aguas
Jurisdiccionales Españolas a 12 millas, a efectos de Pesca, generalizó esta previsión en
su segundo artículo253. Esta ley fue desarrollada por el citado Decreto 2510/1977 de
5 de agosto, en virtud del cual, la práctica totalidad del litoral continental español,
con las importantes excepciones de la Bahía de Algeciras y los territorios de soberanía
española en el norte de Africa, cuentan con líneas de base rectas.
Sabemos que las aguas que quedan comprendidas en el interior de las LBR se
consideran aguas interiores, sobre las cuales el Estado ribereño ejerce plena sobe-
749 Vid. DIEZ DE VELASCO, M.: Instituciones de Derecho Internacional Público, op. cit., (undécima edición),
p. 380.
750 Teniendo en cuenta los tres requisitos señalados en el artículo 10 de la Convención de Jamica de 1982, para
que una bahía pueda ser considerada jurídicamente como tal, en primer lugar, sus costas deben pertenecer a un sólo
Estado y, en segundo lugar, debe cumplir los requisitos señalados sobre la línea de cierre y la superficie de las aguas
encerradas, esto es, la regla del semicírculo. Puesto que el párrafo 6 del artículo 10 señala que dicho precepto no se apli
cará a los supuestos en los que se utilice el sistema de LBR, sistema empleado en el caso que comentamos, nos incli
namos por la utilización del término "golfo", si tenemos en cuenta que la zona objeto de estudio se extiende desde el
sur de Isla Canela hasta el límite de Sancti-Petri y que dicho tramo está cubierto por cinco líneas de base rectas con una
longitud total de 81,14 millas (150,27 Kms.) que generan cuatro sectores de aguas interiores con una superficie total
de 652,24 Kms. cuadrados. No obstante, hay que advertir que uno de estos sectores se corresponde con lo que estric
tamente se denomina la Bahía de Cádiz. Esta bahía está considerada como un espacio semi-confinado, que dada su
morfología y la amplitud de su bocana podría ajustarse al cierre de las bahías contemplado en el artículo 10 de la
Convención de 1982 y, en consecuencia, denominarse bahía en términos jurídicos. Por lo tanto, la Bahía de Cádiz esta
ría integrada por las aguas comprendidas entre la línea de bajamar y una línea recta trazada desde Salmedina hasta
Sancti Petri, que tiene una longitud de cinco millas y comprende una superficie de 141,68 Kms. cuadrados. Vid. la
obra de SUAREZ D.E VIVERO, J. L.: Las aguas interiores en la ordenación del litoral, Ministerio de Obras Públicas
y Transportes. Secretaría General de Planificación y Concertación Territorial, Instituto del Territorio y Urbanismo,
Madrid, 1992, pp. 46 y ss..
251 BOE de 27 de diciembre de 1962.
252 El artículo 1, párrafo 2 de esta ley señalaba lo siguiente: "Si la distancia entre las líneas de bajamar de los pun
tos naturales de entrada de una bahía no excede de 24 millas, la línea de demarcación que los une será considerada como
línea base, a efectos de las limitaciones que se señalan en el párrafo anterior (éste hacía referencia a la prohibición de
pesca para los buques extranjeros en una zona del mar litoral nacional cuya anchura fuese en aquella época de seis millas,
medidas a partir de la línea de bajamar), considerándose como aguas interiores las que queden comprendidas en el inte
rior de dicha línea".
253 Según señala el segundo párrafo del artículo 2 de la Ley 20/67: "Si la distancia entre las líneas de bajamar de
los puntos naturales de entrada o abra de una bahía no excede de 24 millas, la línea recta que los une será considerada
como línea base, siendo aguas interiores las comprendidas entre dicha línea y la costa".
96
ranía254. No obstante, conviene hacer una pequeña referencia, para terminar, al
carácter demanial de dichas aguas, ya que nuestro ordenamiento jurídico no les da
un tratamiento expreso255; la primera referencia a las aguas interiores generadas por
LBR se hizo en la Ley 93/1962, pero hubo que esperar hasta la Ley 22/1988 de
Costas, de 28 de julio, para terminar con el estado de ambigüedad e indefinición
sobre su carácter demanial.
Así, el artículo 132 de la Constitución Española no menciona “expresis verbis” las aguas
interiores en su párrafo 2, según el cual: "son bienes de dominio público estatal los que
determine la ley y, en todo caso, la zona marítimo-terrestre, las playas, el mar territorial y los
recursos naturales de la Z.E.E. y la plataforma continental". Sin embargo, el artículo 3,
párrafo segundo de la Ley de Costas de 1988 sí considera bienes de dominio público-terres
tre estatal, en virtud de lo dispuesto en el artículo 132.2 de la Constitución... el mar terri
torial y las aguas interiores, con su lecho y subsuelo, definidos y regulados por su legislación
específica255.
254 En general, se considera que las aguas interiores están plenamente integradas en el territorio del Estado ribere
ño, ejerciendo éste la totalidad de las competencias legislativas, administrativas, judiciales y coercitivas sobre dicho espa
cio marítimo. Vid. URUEÑA ALVAREZ, M. R.: La Protección del Medio Marítimo en España, Universidad de
Valladolid, 1986, pp. 57-59.
255 La falta de precisión y la inexistencia de una regulación apropiada de las aguas interiores ha creado un estado
de confusión, ya que se tiende a asimilar este espacio marítimo con el mar territorial o a integrar las primeras dentro de
las segundas, aludiendo al mar territorial cuando, en verdad, se refiere a aguas interiores. Vid. SAINZ MORENO, E:
"Término municipal y dominio marítimo" en Revista de Administración Pública, 112, 1987, p. 190. Otras apreciacio
nes erróneas se dan al definir el mar territorial, pues se interpreta este espacio marítimo como contiguo a la ribera del
mar o zona marítimo terrestre.
256 BOE de 29 de julio de 1988, n° 181. La legislación específica a la que se remite este apartado es la Ley 10/1977
de 4 de enero, sobre el Mar Territorial, que se define como el espacio que media entre dos límites: el interior, "deter
minado por la línea de bajamar escorada y, en su caso, por las líneas de base rectas establecidas por el Gobierno" (artí
culo 2) y el exterior, "determinado por una línea trazada de modo que los puntos que la constituyen se encuentren a
una distancia de 12 millas náuticas de los puntos más próximos de las líneas de base a que se refiere el artículo anterior"
(artículo 3). Las LBR fijadas por el Gobierno en el Decreto de 5 de agosto de 1977 son las que generan, de un lado, el
inicio del mar territorial (mar adentro) y, de otro lado, el concepto de "aguas interiores", sobre las que las Comunidades
Autónomas pueden tener competencias en materia de pesca (artículo 148.1.1 Io de la Constitución española). En rela
ción con este último aspecto, conviene señalar que la normativa que regula la pesca en el Golfo de Cádiz procede del
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Vid. el R.D. 632/1993 de 3 de mayo, que regula el ejercicio de la pesca
de arrastre de fondo en el Golfo de Cádiz (BOE de 18 de mayo de 1993, n° 1 18); el R.D. 60/1994 de 21 de enero, que
modifica el R.D. anterior (BOE de 26 de febrero de 1994, n° 49) y la Orden de 22 de noviembre de 1996 (BOE de 2
de diciembre de 1996, n° 290), que establece un peso mínimo para el pulpo capturado en aguas exteriores del Golfo de
Cádiz y prohíbe su pesca recreativa en el mencionado caladero.
97
Conclusiones
99
4 .- Podría pensarse que la regulación establecida en el citado artículo 10 no tiene
sentido, ya que excluye también de su ámbito de aplicación los supuestos que hayan
sido delimitados mediante el sistema de las líneas de base rectas, según lo dispuesto en
el artículo 7 de la Convención de 1982; este sistema permite considerar como aguas
interiores extensiones acuáticas más amplias (ya que no se establece una extensión máxi
ma de la LBR) que quedarían bajo la plena soberanía del Estado ribereño, con una sola
excepción: cuando se cumplan las condiciones del párrafo 2 del artículo 8 de la
Convención de 1982, es decir, que el trazado de la LBR produjese el efecto de encerrar
como interiores aguas que anteriormente no se consideraban como tales, en las que se
reconocerá a los buques extranjeros un derecho de paso inocente por dichas aguas.
5 .- Respecto al régimen jurídico, los supuestos que cumplan los requisitos del artí
culo 10 no presentan ninguna dificultad, ya que las aguas comprendidas en el interior
de la línea de cierre son consideradas aguas interiores, que quedan bajo la plena sobera
nía del Estado ribereño, de manera que éste podrá reglamentar el acceso a puerto, la
pesca, la navegación, el tráfico marítimo, el sobrevuelo del espacio aéreo suprayacente, el
tendido de cables y tuberías submarinas, la protección del medio ambiente marino, etc..
6 .- Será la línea de cierre de la bahía la que se utilice como línea de base para delimi
tar los distintos espacios marítimos más allá de las aguas interiores. Desde esta línea hacia
el exterior se contarán las 12 millas máximas permitidas para delimitar el mar territorial,
las 24 millas de zona contigua, las 200 millas de Z.E.E. y la plataforma continental,
teniendo en cuenta, que todos estos espacios marítimos se superponen en distinto grado.
100
circunstancias especiales, sea necesario delimitar el mar territorial de ambos Estados
de otra forma. Por lo tanto, nada impide que por acuerdo entre las partes puedan
ser consideradas como aguas interiores las aguas de un golfo o bahía internacional.
Dentro del acuerdo cabe también la posibilidad de establecer un condominio de
forma conjunta a la delimitación, aunque se conoce un supuesto de condominio
fronterizo, el del Golfo de Fonseca, que sería alternativo a la delimitación, pero que
no ha encontrado muchos partidarios en la práctica.
101
que las únicas aguas cedidas fueron las aguas interiores del primitivo puerto, tal y como
éste se configuraba en la primera década del siglo XVIII. Por lo tanto, el resto de las
aguas que constituyen la Bahía de Algeciras quedan bajo la soberanía del Estado espa
ñol, constituyendo parte de nuestro mar territorial, con excepción de las aguas del puer
to de Algeciras-La Línea, que son aguas interiores españolas y quedan bajo nuestra
plena soberanía, sin la limitación impuesta por el Derecho Internacional del derecho de
paso inocente para los buques extranjeros que naveguen por el mar territorial.
102
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- "Case concerning the land, island and maritime frontier dispute (El
Salvador/Honduras; Nicaragua intervening", Judgment of 11 September 1992,
I.C.J. Reports, 1992, p. 351.
109
Este libro se terminó de imprimir
en los talleres de Pedro Cid, S. A.,
impresores en Madrid,
el día 11 de diciembre,
fiesta del Papa San Dámaso,
de origen hispano, a quien se recuerda
por combatir al arriano,
por haber sugerido a San Jerónimo
la traducción latina de la Biblia.
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