Este artículo trata sobre la letra latina.
Para otros usos de este
término, véase T (desambiguación).
Te
Tt
Sonido /t/
Unicode U+0054, U+0074
Historia
Origen 𐤕
Ττ
Tt
Descendiente T́ Ť Ṫ T̄ Ţ Ṭ Ț Ṱ Ṯ Ŧ Ⱦ Ƭ Ʈ T̈ ᵵ ƫ
s ȶ
Alfabeto español
Aa Bb Cc DdEe Ff
Gg Hh Ii Jj Kk Ll
M Nn Ññ Oo Pp Qq
m
Rr Ss Tt Uu Vv W
w
Xx Yy Zz
La t (en mayúscula T, nombre te, plural tes) es la
vigesimoprimera letra y la decimoséptima consonante del alfabeto
español, y la vigésima letra del alfabeto latino básico.
En español representa un sonido consonante
obstruyente, oclusivo, dental y sordo.[1]
Historia
Jeroglífico Proto- Etrus
Fenicio Griego Latín
egipcio Semítico co
e Tau T
(aspa) T T
El nombre tau hebreo recordaba la idea de la cruz, cuya forma,
efectivamente, es la representación de letra en antiguas medallas de
los judíos. La T es de articulación fuerte, sorda, momentánea o
explosiva, que corresponde a la débil o sonora d, la cual puede ser
también a la vez lingual y dental. La afinidad natural que existe entre
las dos letras explica la recíproca sustitución de las mismas. En
algunos manuscritos se halla a veces set por «sed», quot por
«quod», haut por «haud», adque por atque. El tu del latín tiene por
equivalente el du del alemán, mientras que Gott y Tag de esta última
lengua han formado god y day en inglés. Los alemanes han escrito su
propio nombre nacional sucesivamente Teutsch y Deutsch.
En el griego cadmeo, la T se confunde con la M, pero en las formas
eolodórica y ática vuelve a tomar la figura de T, en todo semejante a
la latina clásica, medieval, y en la propia de todas las lenguas
neolatinas. El alfabeto etrusco vuelve a ofrecer variedades muy
diversas de T (desde la M hasta x, y, ๅ), y en sus coetáneas
el ibérico y turdetano privan las dos formas x y M. En la epigrafía
latina clásica, la T del alfabeto romano adquiere la forma usada aún
en los tipos corrientes en todas las lenguas neolatinas. Otra forma de
utilizar la T es por códigos.
Pronunciación
La T es consonante dental oclusiva sorda. Se articula apoyando
fuertemente la punta de la lengua contra la cara interna de los
dientes superiores, y manteniendo muy poco abiertos los maxilares,
de manera que la lengua toca también con la punta los dientes
inferiores. Los lados de la lengua tocan la cara interna de los molares
superiores y cierran por allí el paso al aire.
En medio de sus características generales, la T, como las demás
consonantes plosivas, ofrece una intensidad articulatoria diferente
según el lugar que ocupa dentro de la palabra. Así, la T es producida
con más fuerza en posición inicial absoluta de palabra y al principio
de sílaba precedida de otra consonante que no lo es cuando se
encuentra situada entre dos vocales. La T en: tiempo, temible, toma,
arte, partido, contra, etc., posee una intensidad de articulación mayor
que en vocablos como: pato y pito.
Este aflojamiento en la intensidad de la articulación de T entre dos
vocales, explicable por el carácter abierto de dichos sonidos, es el
que explica también por qué la T, en la posición dicha, manifiesta una
etapa de evolución histórica más pronunciada que en otras. Así,
tenemos que la T del latín, en posición intervocálica, no se conserva
como t, como ocurre en la posición inicial (tempus da
tiempo, tantum da tan, timere da temer, etc.), sino que a través de
modalidades fonéticas sucesivas se convierte en d en castellano
(pratum da prado, acutum da agudo, amatum da amado, etc.), y, en
algunos idiomas, por ejemplo en el francés, llega incluso a
desaparecer completamente (rotam da en español rueda, en
francés roue; setam da en español seda, en francés soie, etc.).
Se ha dicho que la T es un fonema de articulación post-dental. Ello,
como cosa general, y en particular para el español. Porque es
innegable que en algunos idiomas dicha consonante asume un
carácter de articulación pronunciada más hacia dentro de la cavidad
bucal, de modalidad alveolar y a veces prepaladial, lo que explica que
la emisión de la consonante vaya seguida de una especie de desgaje
espiratorio representable por una h aspirada. Nótese que esto no es lo
normal en las lenguas neolatinas. Como fenómeno peculiar de éstas,
sobre todo en sus representantes el francés y el español, consígnese
la pérdida de la t cuando originariamente forma grupo con r. La
observación de ejemplos típicos, como patrem, matren, fratrem,
petram, etc., en sus reflejos padre (de páere), madre (de mare), y en
francés père, mère, frère, pierre, ilustran suficientemente el caso.
Indiquemos, finalmente, el resultado actual de la ch española,
procedente del grupo ct evolucionado (factum da hecho, lactem da
leche, lectum da lecho, noctem da noche, etc.), que el francés nos
ofrece en una etapa al parecer todavía retrasada.