David prometió a Jonatán que recordaría siempre su familia.
Ahora que era rey, y Jonatan ya no estaba, David buscó a Mefi-boset.
Mefi-boset tenía miedo. No sabía por qué lo buscaba David.
No podía correr, tuvo un accidente cuando era pequeño. ¿A dónde iría?
No tenía fuerza. Pero David le dijo que comería en su mesa para siempre.
Le explicó que su padre era su amigo y ahora el era su amigo también.
Dios nos invita a su mesa. No somos fuertes pero Él sí. Quiere ser tu
amigo.
¡Por fín! Dios puso a David como Rey.
¿Ven su lindo trono? Dios siempre cumple sus promesas. Para
agradecerle, David quería poner una casa para adorar a Dios. Dios le dijo
“todavía no” pero prometió siempre cuidar de David y sus hijos. Hoy
podemos alabar en la iglesia. Más tarde vendría Jesús.
Dios nos cuida a nosotros. Alabemos a Dios también.
El día más triste fue cuando Jesús fue a la cruz.
No hizo nada malo y le pegaron y le gritaron.
Pero ya había dicho que es poderoso.
¡Es Dios! Entonces no quedó encerrado.
¡Resucitó! Dios siempre cumple sus promesas.
Es poderoso para limpiar nuestro corazón.