Témanles a las arañas.
Siempre les he tenido un terror horrible a las arañas. Desde que supe que una araña, aunque sea
pequeña, te puede causar un daño terrible, al punto de mandarte al hospital o en peores casos a la
otra vida, no les he perdido el temor.
Al cumplir los trece años pensé que mi miedo a las arañas se había ido, pero no fue así cuando un
mes después una tarántula me saltara al brazo y casi me envenena. Me asusté muchísimo, tanto
que me dieron ganas de encerrarme para siempre en un contenedor de vidrio resistente y no salir
jamás, pero como no podía dejar mi rutina de todos los días, tuve que acostumbrarme al miedo.
Cada vez que veía una araña lo único que podía hacer era correr, pero al hacerlo solo encontraba
más y más obstáculos que no me dejaban escapar del terror.
Un día mi profesor organizó un paseo a los Pantanos de Villa y cuando llegamos un guía nos
mostró una tarántula que era del tamaño de su mano y nos dijo que la tocásemos, pero yo me
quedé congelada por el miedo que me causó aquella monstruosidad peluda.
Y desde ese momento comencé a ver arañas por todas partes, cuando me bañaba, cuando
caminaba por el colegio, cuando iba al cine. Salían de todas partes, incluso podía sentirlas en la
noche, cuando me iba a dormir, y todo estaba en silencio, las sentía deslizándose por sus telas de
araña, saliendo de los rincones y caminando sobre mi almohada.
Y asi fueron pasando lentamente los días, las semanas, los meses, los años hasta que un día me
retaron a enfrentar mi miedo a las arañas yendo a un refugio en el que había mil especies de estos
pequeños pero peligrosos insectos.
Tuve mucho miedo porque me obligaron a tocar una y pasó lo que siempre había temido, porque
al hacerlo, la araña me picó.
El veneno no tardó mucho en llegar a mi torrente sanguíneo y mientras que iba pasando por mi
sangre me di cuenta que yo me estaba transformando. El veneno en mis venas hizo que mi cuerpo
comenzara a ponerse áspero y peludo, mis ojos se tornaron rojos y mi alma se volvió peligrosa,
como un depredador a punto de casar a su presa.
Ya no le temo a las arañas porque ahora soy parte de su enjambre.
Ahora te toca decidir, ¿te unirás a nosotras en nuestro camino de envenenamientos y cambios
extremos…? O esperarás a que te encontremos….
¡Fin!
Te extraño hija, mi niña.
Era la noche del 31 de octubre. Mi hija tenía una pijamada en la casa de la niña nueva del salón.
Llegamos 9:15pm, aunque la invitación decía a las 9:00pm, pero a la niña no le importó. “Pasen”,
nos dijo la niña. Parecía una casa normal pero cuando subí a dejar a mi hija al cuarto de su amiga
no estaban ninguno de sus otros amigos, solo habían muchos peluches un tanto extraños en el
suelo y en su cama. Me pareció un poco extraño pero lo ignoré, los niños son desordenados.
Al salir del cuarto pasé por la habitación de los padres de la niña. La puerta estaba totalmente
abierta y no había nadie solo vi sobre la cama unos muñecos enormes con cara de espanto que
miraban hacía la puerta del cuarto.
Me inquieté un poco, cuando entonces escuché un grito perturbador de mi hija que provenía del
cuarto de su amiga. Fui corriendo a ver qué pasaba y al entrar solo vi a una muñeca tirada en el
piso y a la niña en la cama riéndose de una forma despiada y perversa.
Al ver la muñeca en el suelo me di cuenta que era idéntica a mi hija y los muñecos alrededor eran
sus amigos del salón.
En ese momento entendí lo que había pasado con los padres de la niña, con sus amigos y con mi
hija. Sentí un miedo indescriptible cuando la niña me miró porque la cara que tenía era aterradora,
entonces me dijo en voz baja “¿jugamos?”. No respondí, estaba aturdida, entonces pensé en
recoger el muñeco de mi hija pero la niña comenzó a acercarse a mi arrastrándose con sus brazos
por el suelo. Salí corriendo de allí rezando por el espíritu de mi hija y mientras me alejaba de la
casa juré vengarme por lo que le hicieron.
Desde ese día solo puedo mirar por la ventana de la habitación de la niña rogando por alguien que
nos pueda sacar de aquí.
¡Fin!