Encuentro Prohibido en la Biblioteca
Encuentro Prohibido en la Biblioteca
Rating: Explicit
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: M/M
Fandom: Naruto (Anime & Manga)
Relationship: Uchiha Sasuke/Uzumaki Naruto
Characters: Uchiha Sasuke, Uzumaki Naruto
Additional Tags: Alternate Universe - Modern Setting, Alternate Universe -
College/University, Bottom Uchiha Sasuke, Top Uzumaki Naruto,
Library Sex, First Time, First Time Blow Jobs, Size Difference, Semi-
Public Sex, Passionate Sex, Anal Sex, Anal Fingering, Creampie, Dirty
Talk, Uchiha Sasuke Has a Crush, Multiple Orgasms, Multiple Sex
Positions, Aftercare, Marking, Riding, Butt Slapping, Nipple Play,
Uzumaki Naruto Has a Large Penis, Rough Sex, Gay Sex, Plot What
Plot/Porn Without Plot
Language: Español
Stats: Published: 2025-05-24 Words: 12,402 Chapters: 1/1
The Library Session
by Prettylittlebunny02
Summary
Sasuke llevaba semanas mirándolo en silencio cada vez que lo veía en el campus. Naruto era
su crush imposible: guapo, seguro, inalcanzable. Pero el destino —o un profesor con poca
sensibilidad— los juntó en un trabajo de a dos. Encerrados en una sala privada, el deseo
contenido no tardó en estallar.
Notes
❤️
Ayer se cumplió un mes desde que subí mi primera historia a esta plataforma ❤️
❤️
❤️
yeyyy.
Espero que disfruten este one shot˚ʚ♡ɞ˚
—Bien, los grupos para el trabajo semestral ya fueron definidos —anunció el profesor, sin
mirar a nadie en particular—. Uchiha y Uzumaki, juntos.
No puede ser...
Giró apenas la cabeza, lo suficiente para verlo. Naruto estaba a dos filas más atrás, vestido
con una camiseta blanca ceñida al pecho, jeans ajustados y una mochila colgando de un solo
hombro. Sus ojos azules se cruzaron con los suyos durante un segundo. Solo uno.
Naruto alzó las cejas, como reconociéndolo por primera vez, y esbozó una media sonrisa, una
de esas que hacían que más de un estudiante se apretara las piernas en clase.
Sasuke asintió muy levemente. Su voz, como siempre, parecía haberse extraviado en el
momento más inoportuno.
Naruto se acercó sin timidez, deteniéndose junto a su mesa. Era increíble cómo su presencia
llenaba el espacio, incluso sin hacer nada. Sasuke sintió el calor subirle a las mejillas, justo
cuando el rubio se inclinó un poco para ver su pantalla.
—¿Tienes tiempo hoy para adelantar el trabajo? Podemos ir a la biblioteca, creo que hay
salas privadas libres si las reservamos ahora.
El tono despreocupado de Naruto contrastaba con el huracán interno que sentía Sasuke. Aun
así, logró asentir.
—...Sí.
Y Naruto se fue. Así de fácil. Como si no acabara de abrirle la puerta a una fantasía que
Sasuke había intentado enterrar desde el primer día de clases.
La sala tres de la biblioteca era más acogedora de lo que Sasuke esperaba. Tenía una mesa
amplia, dos sillas acolchadas, una lámpara cálida colgando sobre sus cabezas y un ventanal
cubierto por cortinas gruesas. Cerró la puerta con cuidado y dejó su laptop sobre la mesa. Ya
había llegado cinco minutos antes. Había repasado las instrucciones del trabajo tres veces. Se
había mirado en el espejo del baño otras cinco.
Naruto llegó puntual, luciendo como si acabara de salir de una campaña de Calvin Klein.
Había cambiado su camiseta blanca por una negra sin mangas que dejaba ver sus brazos
marcados, todavía ligeramente húmedos por el sudor. Se pasó una mano por la nuca mientras
cerraba la puerta.
—Perdón por venir así —dijo con una sonrisa despreocupada—. Tuve práctica de fútbol hace
un rato y no alcancé a irme a casa a cambiarme. Pero me duché rápido en el gimnasio, lo
juro.
Sasuke lo miró desde su silla, sin saber si lo que sentía era incomodidad o una necesidad
urgente de tragar saliva. El aroma fresco y masculino del desodorante deportivo aún flotaba
en el aire. Su pecho se tensó.
Naruto se sentó frente a él, apoyando los codos en la mesa como si no llevara toda la atención
del mundo sobre su físico en ese momento.
Sasuke bajó los ojos hacia la pantalla de su laptop, intentando enfocarse en el archivo que ya
tenía abierto, aunque sentía la mirada de Naruto quemándole la cara.
Tecló algo sin sentido, sólo para no tener que levantar la vista.
—El profesor dejó una guía en el campus virtual —murmuró—. Podemos dividir los
subtemas, así es más rápido.
—¿Y si no quiero hacerlo rápido? —replicó Naruto, en voz baja, sin moverse de su lugar.
Sasuke parpadeó, y levantó la vista, sorprendido. Naruto lo miraba con una expresión
distinta. Curiosa. Intensa. Sus labios aún sostenían una sonrisa sutil, pero sus ojos no estaban
jugando.
—Digo —añadió el rubio, apoyando la barbilla en una mano—. No estoy apurado. Me gusta
cuando las cosas toman su tiempo… si valen la pena.
Sasuke se quedó sin palabras. Su espalda estaba recta como una tabla y sus dedos congelados
sobre el teclado. Sentía las orejas arderle, y lo peor era que Naruto parecía completamente
tranquilo, como si hablara del clima.
—No entiendo…
El silencio se estiró, incómodo solo para uno de los dos. Naruto soltó una leve risa nasal y
luego desvió la vista hacia la laptop, dándole un respiro.
—Va, si quieres hacerlo por partes, está bien. Yo puedo hacer el marco teórico. Tú ves la
parte práctica, ¿sí?
Sasuke asintió, un poco más aliviado. Escribió unas pocas líneas en el documento
compartido, sólo para concentrarse en otra cosa que no fueran los bíceps tensos frente a él.
Pero la calma duró poco.
Naruto estiró una pierna bajo la mesa. Sin querer —o queriendo demasiado—, su rodilla rozó
la de Sasuke.
Sasuke se tensó como si le hubieran tocado algo prohibido. Pero Naruto no se apartó. De
hecho, empujó un poco más, dejando la rodilla firmemente pegada a la suya. El calor
atravesó la tela del pantalón y se le instaló en el vientre, como una chispa lista para prender
fuego.
—Estás temblando —murmuró Naruto, sin mirarlo del todo, como si apenas estuviera
pensando en voz alta.
Naruto entonces sí lo miró. De frente. Con esa mirada azul que no dejaba lugar a
distracciones.
—¿No? —repitió con una sonrisa leve, pero afilada—. Porque desde que entré, no has dejado
de mirarme como si no supieras si escapar… o quedarte.
Sasuke abrió la boca, pero no dijo nada. Sentía la lengua seca. Su corazón retumbaba en el
pecho como si lo estuviera empujando desde dentro.
—Tranquilo —añadió Naruto, con voz grave, suave… peligrosa—. No pienso comerte.
Pausa.
La sonrisa se le ladeó, apenas.
Sasuke bajó la mirada de golpe. Un rubor denso le cubrió las mejillas, el cuello, hasta las
orejas. El calor le subió de golpe como una ola que no pidió. Intentó moverse, apartar la
pierna, cualquier cosa. Pero no pudo. Estaba atrapado, no físicamente… sino por esa mirada,
esa voz, esa presión tan nueva y tan vertiginosa que le hacía latir hasta las pestañas.
—No puedo creer que con ese cuerpo y esa cara no te haya visto antes —soltó Naruto, como
si de verdad estuviera molesto con el universo por eso—. Es casi un crimen.
Sasuke lo miró, incrédulo, con los ojos abiertos como si le hubieran dicho que acababa de
ganar algo imposible. Sus labios se entreabrieron, pero no emitió sonido. Todo en él vibraba.
Las piernas, las manos, el pecho.
—Y encima te sonrojas así… —continuó Naruto, con una sonrisa ladeada y lenta—. Estás
jodidamente hermoso, ¿sabías?
Naruto no se detuvo. Al contrario. Se inclinó hacia adelante, sus codos sobre la mesa,
acercando su rostro peligrosamente al de Sasuke. La diferencia de altura se sentía incluso
sentados: Naruto lo abarcaba, lo superaba, lo rodeaba sin tocarlo.
Sasuke lo miró de reojo. Había algo distinto en sus pupilas ahora. No miedo. No del todo. Era
una mezcla delicada entre turbación… y una necesidad que ni él mismo sabía reconocer.
—Porque yo sí te deseo —dijo, firme, sin tartamudeos, sin filtros—. Desde que entré. Desde
que me miraste como si no quisieras, pero no pudieras evitarlo.
Sasuke tragó saliva. El corazón le palpitaba como si estuviera a punto de cometer una locura.
Y quizá lo estaba.
Naruto levantó una mano, lenta, segura. Sus dedos tocaron la mejilla de Sasuke, apenas un
roce con el dorso. Lo suficiente para sentir la suavidad de su piel… y el calor que despedía.
—Tienes idea de lo jodidamente lindo que estás así… todo tímido, rojo, temblando —
murmuró Naruto, acariciando ahora el borde de su mandíbula con la yema del dedo—. Podría
quedarme mirándote horas. O hacer algo peor.
La tensión en el aire era casi física. Como si pudiera cortarse con un suspiro.
—¿Quieres que pare? —preguntó entonces, con la voz más baja, casi ronca.
Sasuke lo miró. Apenas movió la cabeza en negación. No se atrevió a decirlo en voz alta.
Pero la respuesta estaba clara en sus ojos oscuros, brillantes, abiertos.
Y se acercó.
Sus labios rozaron los de Sasuke con una lentitud que no era timidez, sino puro cálculo.
Apenas un roce, suave, tibio, esperando permiso. Naruto no invadía… seducía. Tiraba de él
con un magnetismo que no necesitaba fuerza.
No fue un beso brusco. Fue un contacto que se abrió paso con hambre contenida, con boca
cálida y labios firmes, con una mano que subió despacio por el cuello de Sasuke hasta
enredarse detrás de su oreja. Sasuke respondió sin saber cómo. Su cuerpo lo hizo antes que su
mente, y lo hizo temblando, entregando el cuello, dejando escapar un sonido suave que
Naruto atrapó entre sus labios.
El rubio se separó apenas. Los labios todavía rozaban los de Sasuke, y el aire entre ellos
estaba tan cargado que cualquier palabra parecía una chispa.
—¿Q-qué…?
Naruto no explicó. Solo se puso de pie, moviendo su silla con un solo brazo, y la arrastró
hasta quedar justo a su lado. El ruido seco de las patas sobre el suelo se mezcló con el pulso
acelerado de Sasuke, que lo observaba sin poder moverse.
Naruto volvió a sentarse, esta vez tan cerca sus rodillas se rozaban completamente. Estaba
ligeramente girado hacia él, una pierna apoyada con soltura, el brazo izquierdo descansando
en el respaldo de la silla de Sasuke, como si lo envolviera sin tocarlo del todo.
—Mucho mejor —murmuró, con esa sonrisa que parecía sacada de un sueño húmedo.
Sasuke sintió que la piel del cuello le ardía. Miró hacia abajo, incómodo, y al hacerlo, se dio
cuenta de que los dedos de Naruto estaban muy cerca de su pierna.
Y sin darle espacio a otra respuesta, se inclinó otra vez. Su mano se apoyó sobre la mesa,
firme, mientras que la otra rozó la mandíbula de Sasuke con los dedos cálidos. Lo sostuvo
con cuidado, guiando su rostro hacia el suyo, y lo besó.
Esta vez no hubo duda. No fue un roce. Fue un beso con hambre, con lengua, con deseo
palpitando en cada contacto. Naruto lo besaba como si no quisiera perderse nada, como si
saborearlo fuera urgente.
Sasuke soltó un gemido contenido, el cuerpo completamente tenso. Sus manos no sabían
dónde ir, así que se aferraron a los bordes de su propia silla. Sentía la boca de Naruto
caliente, el pecho tan cerca que lo envolvía sin tocarlo, la presión en su muslo cada vez más
firme.
Naruto lo miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—¿Y eso por qué? Con ese cuerpo, esa carita… ¿me estás jodiendo?
Le acarició el rostro con el dorso de los dedos. Sasuke cerró los ojos, abrumado.
—Me habrías vuelto loco desde el primer día si te llego a ver, Sasuke.
Sasuke asintió sin pensar. No podía hablar. No con el calor acumulado en su pecho, no con
ese deseo que lo hacía sentir pequeño y expuesto bajo esa mirada.
Naruto no esperó más. Le tomó la nuca y lo atrajo hacia él de nuevo, esta vez con más
hambre. La silla rechinó suavemente cuando ambos cuerpos se inclinaron, cuando Naruto le
tomó la cintura con una sola mano, firme, dejando que los dedos se hundieran en la curva
suave de su costado.
El beso fue húmedo, profundo. Sasuke se dejó arrastrar por la presión de los labios
contrarios, por la lengua que buscaba la suya sin descanso. Naruto sabía a algo cálido y
salvaje, como si encendiera cada rincón de su pecho. Le costaba respirar. Se aferraba a su
camiseta sin saber si alejarlo o jalarlo más.
Cuando Naruto se separó apenas un poco, lo hizo con una sonrisa traviesa.
Sasuke bajó la mirada, respirando rápido. Sus labios brillaban por la humedad del beso.
—N-no es nada…
Naruto llevó su mano a la pierna de Sasuke, justo por encima de la rodilla, y subió
lentamente hasta posarla sobre su muslo. Su pulgar dibujó pequeños círculos allí, sin apuro.
Lo miró desde tan cerca que sus narices casi se rozaban. La sonrisa en su rostro era
descaradamente suave, y su voz bajó una nota más, grave, casi como un susurro en el oído:
Sasuke sintió cómo le ardían las mejillas de inmediato. Tragó saliva, clavando la vista en la
curvatura de los labios contrarios sin saber cómo responder.
Naruto no le dio tiempo a procesarlo. Tomó su mano con firmeza, con los dedos grandes y
cálidos envolviendo los suyos, y la dirigió con decisión hacia su entrepierna. La posó allí,
sobre la tela del short deportivo, donde la erección se marcaba con claridad.
Sasuke sintió el contacto y se quedó congelado. La palma completa cubría apenas una parte
del bulto, que era grueso, tenso, enorme bajo la tela elástica. La forma era inconfundible.
Caliente. Pesada. Viva.
Sasuke no pudo evitar mirar hacia abajo, con los ojos muy abiertos, y su boca se entreabrió
sin que saliera ningún sonido. Era... mucho. Más de lo que se imaginaba. Mucho más de lo
que jamás había tenido tan cerca.
Naruto soltó una risa baja, ronca, con un dejo de satisfacción en ella.
—¿Te asusta?
Sasuke negó con la cabeza muy lento, sin apartar la mano. La presión bajo sus dedos le
parecía irreal.
—No —murmuró, apenas audible—. Solo… nunca había tocado algo así.
Naruto entrecerró los ojos, embobado con la expresión de asombro y timidez que se formaba
en el rostro del otro. Sus dedos aún guiaban los de Sasuke, ayudándolo a mover la mano
lentamente sobre su erección, marcando el ritmo sin apuro.
Sasuke lo hizo. Con más decisión, empezó a acariciarlo por encima del short, lento, con la
palma abierta, recorriendo desde la base hasta la punta, que se marcaba abultada y sensible
bajo la tela. Podía sentir el calor, el peso, el leve estremecimiento en el cuerpo de Naruto.
—Tienes unas manos tan bonitas, Sasuke… tan suaves. Me vuelves loco.
Sasuke apretó un poco más, y el cuerpo de Naruto respondió con un leve espasmo.
Y sin soltarlo, deslizó la mano de Sasuke hacia el borde del short, como insinuando el
siguiente paso. Sus dedos guiaron los del otro justo bajo el elástico, donde la tela empezaba a
tensarse demasiado por la erección.
Naruto lo miró con una mezcla de lujuria y ternura. Sus labios rozaron la mejilla de Sasuke al
hablarle, en un susurro rasposo que lo hizo estremecer:
Sasuke contuvo el aire. Sus dedos se detuvieron un segundo sobre la pretina, temblorosos,
pero Naruto no lo apuró. Solo lo miraba con los ojos entrecerrados, como si disfrutara cada
mínima expresión que se le formaba en la cara.
Sus dedos tocaron primero la piel baja del vientre, caliente y tersa. Los músculos
abdominales se marcaban firmes bajo su yema, duros y definidos, como si el cuerpo de
Naruto hubiera sido tallado con intención. Sasuke tragó saliva, sin dejar de explorar con
cautela, fascinado por la textura cálida y el leve temblor que sentía bajo su caricia.
Suave, grueso, completamente duro. El miembro de Naruto latía contra su palma con una
fuerza que lo hizo tragar saliva. No podía rodearlo entero con una sola mano. Era mucho,
como si estuviera hecho para ocupar espacio, para ser sentido, para marcarlo desde el primer
contacto.
—¿Está bien?
—E-es… impresionante —dijo Sasuke, todavía sin mirarlo a los ojos, con la mano quieta,
como si no supiera por dónde empezar.
Naruto llevó una mano a su nuca, acariciando los mechones oscuros con los dedos fuertes.
Sasuke comenzó a explorarlo. Suavemente, con los dedos torpes pero dedicados, rodeando la
base, subiendo hasta la punta húmeda, sintiendo el calor, el peso, cada pulso bajo su piel.
Naruto se apoyó en el respaldo de la silla y dejó escapar un suspiro largo, de puro placer.
—Joder… —gruñó entre dientes—. No sabes lo bien que se siente tu pequeña mano.
Sasuke bajó la mirada, notando cómo su palma apenas lograba abarcar una parte del grosor.
Era tan caliente, tan firme y pesado que se sentía irreal. Movió los dedos lentamente, como si
aún no creyera que realmente estaba tocándolo así.
—Mírate… tan calladito en clase, tan serio. Y ahora estás aquí, tocándome así… —sonrió de
lado—. Nadie lo sospecharía.
Su mano bajó por la espalda de Sasuke con más naturalidad ahora, hasta apoyarse con
firmeza en la cintura del otro. Le encantaba cómo se sentía su piel a través de la camiseta.
Tan suave, tan pequeña entre sus dedos grandes. Lo atrajo un poco más hacia él.
Sasuke sintió el elogio como un latido entre las piernas. Acariciaba a Naruto cada vez con
más precisión, presionando con los dedos, recorriendo toda la longitud de su erección por
debajo del short. Ya no temblaba tanto. Había algo poderoso en hacerlo gemir, en ver cómo
cerraba los ojos y apretaba la mandíbula.
—¿Te gusta?
Naruto sonrió con malicia al sentir la reacción, y le dio otro apretón más lento, más
deliberado, disfrutando de lo bien que se amoldaba ese culo a su mano.
—Mmm… tan firme… —murmuró cerca de su oído, mientras su respiración se hacía más
pesada—. No sabes lo que me haces.
Sasuke bajó más la cabeza, concentrado. Su mano se movía con más confianza ahora,
acariciando la longitud de Naruto con una mezcla de delicadeza y curiosidad hambrienta. Lo
sentía pulsar contra su palma, cálido, húmedo en la punta. Una gota resbaló bajo su pulgar y
él la extendió sin pensar, provocando que Naruto soltara un jadeo grave, lleno de deseo.
—Joder, Sasuke… —murmuró entre dientes, su nombre arrastrado con una intensidad que le
hizo arder el rostro.
Naruto se reclinó un poco hacia atrás, dándole más espacio, sin apartar los ojos de su mano
ocupada. Su respiración ya no era del todo pareja, y sus muslos se tensaban con cada
movimiento que Sasuke hacía. El pelinegro lo sintió, lo notó… y le gustó. Le gustó más de lo
que hubiera creído posible.
—Tienes una mano perfecta para esto —murmuró Naruto, la voz ronca—. Suavecita…
obediente…
Sasuke apretó un poco más, sintiendo cómo la piel de Naruto se deslizaba bajo sus dedos.
Estaba tan duro que no entendía cómo no le dolía. O quizás sí. A él le dolía también. Abajo.
Y ni siquiera lo estaba tocando.
Naruto bajó la vista hacia él, sus ojos brillando con una mezcla de ternura y lujuria. Luego le
tomó la barbilla con dos dedos y lo obligó a levantar la mirada.
—De rodillas, precioso… No sabes cuánto he querido esto desde que te ví.
Sasuke sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La forma en que lo dijo, con esa seguridad,
con esa intensidad. Le temblaron las piernas al incorporarse. Empujó la silla hacia atrás y
bajó lentamente al suelo, hasta quedar justo entre sus piernas. Su rostro estaba a la altura del
short deportivo, que tensaba peligrosamente por la erección que llevaba rato palpando con los
dedos.
Naruto abrió un poco más las piernas, sin apartar la mirada de él.
—Bájamelo —ordenó, sin levantar la voz, pero con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.
Sasuke tragó saliva, sus mejillas completamente encendidas. Alargó las manos hacia el
elástico del short y lo bajó con cuidado. La tela descendió lentamente, revelando primero el
abdomen marcado de Naruto, luego la base de su miembro… hasta que finalmente su
erección salió libre, gruesa, larga y tan dura que parecía desafiar la gravedad.
Sasuke se quedó sin aire. Sus ojos se agrandaron, su boca se entreabrió. Había sentido su
tamaño antes, pero verlo era otra cosa. Las venas marcadas, el glande húmedo y rojizo, la
forma perfecta… Lo dejó paralizado.
Naruto notó la forma en que Sasuke lo miraba: con los labios entreabiertos, los ojos clavados
en su erección como si no pudiera apartar la vista. Su respiración se volvió más corta, más
irregular. Las pupilas se le dilataron apenas y sus mejillas ardían.
—¿Te lo imaginabas así? —murmuró Naruto, con una sonrisa peligrosa en los labios.
Sasuke tragó saliva. Se le movió apenas la nuez, y su mano tembló un poco sobre su muslo.
Naruto le acarició el cabello con una lentitud que rozaba lo posesivo, enredando los dedos
suavemente entre los mechones oscuros.
—No te asustes, nene… —dijo con tono grave, dejando que su pulgar se deslizara por su
mejilla—. Solo empieza por lamerla… vamos lento.
La mirada de Sasuke subió un instante hacia él. Dudó un segundo, pero luego asintió,
mordiéndose el labio mientras sus manos se afirmaban en los muslos de Naruto.
Sasuke bajó lentamente el rostro, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de él. El
olor lo envolvió de inmediato: limpio, masculino, tan intenso que le hizo cosquillas en la
garganta. Al principio, se limitó a rozar la punta con la lengua, una lamida corta, tímida,
como un pequeño gatito curioso. El sabor lo sorprendió, salado, espeso, mezclado con el
calor de la piel. Dio otra lamida, más larga esta vez, recorriendo el contorno de la cabeza con
la punta de la lengua, delineando cada curva.
—Eso es… así, despacio—murmuró, apoyando una mano grande en la nuca de Sasuke, sin
presionarlo—. Prueba todo lo que quieras.
Sasuke continuó lamiendo con más decisión, bajando un poco más la lengua por el tronco
antes de volver a la punta. Le dio un beso húmedo, luego otro, como si fuera algo sagrado, y
finalmente abrió los labios para recibirlo. Se metió la cabeza en la boca, despacio,
envolviéndola con calor, chupando con cuidado, sin dejar de lamer.
—Mierda… tienes una boca preciosa —soltó entre dientes, mirando cómo sus labios
delgados se cerraban alrededor de su polla.
Sasuke empezó a moverse con un ritmo suave, besando, chupando, saboreando. Cada vez se
atrevía más. Bajaba un poco más. Se escuchaban los pequeños sonidos húmedos, y su
respiración entrecortada entre cada intento. Naruto gemía bajo, controlado, pero con los
dedos enredados en su cabello, acariciando con firmeza.
—Eso… sí, así. Eres tan bueno para esto, ¿sabías? —ronroneó, entre jadeos.
Sasuke se detuvo solo un instante para respirar, con las mejillas encendidas, y luego volvió a
meterlo, esta vez más profundo. Sus labios se estiraban alrededor del grosor, y sus ojos se
cerraban por momentos, concentrado, entregado.
Naruto lo miraba desde arriba, con los músculos tensos y el pecho subiendo y bajando con
fuerza. Sonrió, con la voz más ronca que nunca.
Sasuke alzó la mirada, todavía con su polla en la boca, y ese solo gesto hizo que Naruto
gruñera bajo, con los ojos ardiendo de placer.
—Así…mierda, Sasuke… —apretó los dedos en su pelo con más intensidad, sin empujar,
solo marcando su presencia—. Te ves tan jodidamente hermoso así.
Sasuke no apartó la mirada. Sus ojos grandes, húmedos y enrojecidos, estaban fijos en los de
Naruto mientras su boca se deslizaba lentamente por su miembro. Sus labios se abrían lo
justo para acomodar el grosor, y su lengua acariciaba cada centímetro que lograba tragar.
Estaba entregado, ardiendo, completamente concentrado en darle placer.
Naruto jadeó, soltando un “joder…” más bajo, más contenido, como si no quisiera romper
ese momento con algo tan simple como el habla. Pero sus caderas se movieron apenas,
instintivamente, buscando más.
Sasuke bajó más, dejando que su garganta se acostumbrara al tamaño. Le costaba, pero lo
deseaba con todo su cuerpo. Era su fantasía, una que tantas veces lo había desvelado en
secreto. Tenerlo así, en su boca, saborearlo, adorarlo. Sus dedos se aferraban a los muslos de
Naruto, como si necesitara sostenerse de algo para no quebrarse.
Naruto lo miraba desde arriba, con el abdomen tensándose cada vez que sentía la lengua de
Sasuke arrastrarse lento por su eje. Se mordía el labio, los dedos clavados en su cabello.
—Joder, Sasuke… —murmuró con la voz espesa, rasgada por el deseo—. Te ves tan rico así
abajo… tragándote mi polla.
El rubio gruñó, más intenso, y sus caderas se impulsaron hacia adelante apenas un poco.
Luego, su mano en la cabeza de Sasuke comenzó a marcarle un ritmo suave, pero firme. Ya
no lo guiaba con caricias: ahora lo dirigía. No con brusquedad, pero con decisión.
—Eso… trágatela, precioso —jadeó, sin apartar los ojos de los suyos—. Deja que te folle la
boca un poquito.
Sasuke gimió con la polla enterrada a medias en la garganta. El sonido vibró contra la carne
caliente de Naruto, arrancándole otro gruñido. Y aunque le ardían los ojos, no parpadeó. Lo
miraba. Quería que Naruto viera lo mucho que le gustaba, lo mucho que quería complacerlo.
—Tú solo relájate —añadió Naruto, empujando un poco más su cadera—. Deja que yo
marque el ritmo.
Entonces comenzó a moverse. Lento al principio, guiando su polla hacia esa boquita con un
vaivén cada vez más profundo. Sasuke se adaptaba, succionando cuando sentía que podía,
respirando por la nariz como podía. Era desordenado, húmedo, ruidoso. La baba empezaba a
escurrirse por su barbilla, pero no parecía importarle. Si acaso, lo excitaba más.
Naruto lo adoraba. Cómo gemía, cómo tragaba, cómo se veía con esa mirada rendida y las
mejillas ardiendo.
Sasuke cerró los ojos un segundo, ahogado de placer, y asintió apenas, con el miembro aún
dentro. Su respuesta fue un nuevo movimiento de lengua que hizo temblar a Naruto.
Sus caderas comenzaron a moverse con un ritmo más marcado, más profundo, obligando a
Sasuke a recibir cada embestida con los labios enrojecidos y la garganta temblando. No era
violento, pero sí dominante. Se aferraba a su cabeza, guiándolo, penetrando su boca con un
jadeo ronco tras otro.
Sasuke sentía que se derretía. Lo tenía tan profundo que le costaba respirar, pero no le
importaba. Le gustaba ese ardor en la garganta, el cosquilleo en los ojos, el calor desesperado
que le subía por el pecho. Se sujetaba de los muslos de Naruto, medio temblando, mientras lo
dejaba hacer.
Naruto gruñó, sintiendo cómo su polla se deslizaba más fácil entre los labios empapados.
—Eso es… joder, Sasuke —susurró, sin aliento—. Tragas tan rico… Mírate, tan entregado,
tan mío.
Sasuke abrió los ojos de nuevo, mirándolo desde abajo, con las pestañas empapadas y la boca
llena. Un hilo de baba se deslizaba por su mentón, conectándolo con el glande, y Naruto
sintió que se le apretaban las entrañas del puro placer. Verlo así, tan obediente, tan rendido,
era demasiado.
Aceleró un poco más, profundizando las embestidas. Su pelvis chocaba suavemente contra el
rostro de Sasuke, que soltaba gemidos sordos cada vez que el grosor se enterraba en su
garganta.
—¿Lo sientes, nene? —jadeó Naruto—. Me estás haciendo mierda con esa boquita.
Sasuke gimió otra vez, más fuerte, empapado de saliva, con la cara roja, los labios
completamente hinchados. Se notaba que lo disfrutaba. Que estaba cumpliendo una fantasía
largamente reprimida. No había vergüenza en su expresión, solo una lujuria pura, cruda,
deliciosamente expuesta.
Naruto no podía apartar la mirada. Su mano bajó por el rostro de Sasuke, acariciándole la
mejilla con ternura, incluso mientras su polla seguía entrando y saliendo con ritmo constante.
—Mírate… con la boca llena, tragándotela como si hubieras nacido para esto —ronroneó,
jadeando entre palabras.
Su voz se volvió más ronca, más apremiante. Las caderas comenzaron a moverse con más
fuerza, empujando su polla más profundo, más rápido, haciendo que los gemidos húmedos de
Sasuke se ahogaran con cada embestida. Su garganta era cálida, apretada, deliciosa.
—Joder… voy a venirme —advirtió con la voz quebrada—. ¿Lo quieres en tu boca,
pequeño? ¿Quieres tragarlo todo?
Sasuke lo miró desde abajo con los ojos vidriosos, las mejillas rojas y la boca llena. No podía
hablar, pero asintió con fuerza, sin apartar la vista de la suya, dejándole claro que lo quería
todo.
Naruto gimió profundo, apretando la mandíbula, el cuerpo tenso como una cuerda a punto de
romperse. La visión de Sasuke arrodillado, desesperado por recibirlo, fue lo último que
necesitó.
—Traga, nene… —jadeó, y se corrió dentro de su boca, en pulsos calientes, largos, que
hicieron estremecer a Sasuke mientras lo recibía todo.
Sasuke sintió cómo el líquido espeso y caliente llenaba su boca en oleadas, y obedeció sin
dudar. Tragó con suavidad, cerrando los ojos un instante mientras su garganta se movía,
recibiendo cada descarga. El sabor le nubló los sentidos, pero no retrocedió. Al contrario, se
mantuvo allí, inmóvil, hasta que la última gota fue suya.
Solo entonces, con las mejillas encendidas y la respiración agitada, fue retrocediendo. Dejó
salir lentamente la erección de Naruto, ahora sensible, reluciente por la mezcla de saliva y
semen. Sus labios lo rodearon hasta el final, dejando un pequeño beso húmedo en la punta
antes de separarse del todo.
No terminó ahí. Abrió los ojos y, sin apartar la mirada de la suya, lo lamió una vez más,
suave, lento, recorriendo desde la base hasta la punta con la lengua, limpiándolo con
devoción. Cada movimiento era preciso, delicado, como si estuviera cuidando de algo
valioso.
Naruto lo observaba con la respiración entrecortada, los músculos tensos, el pecho subiendo
y bajando con fuerza. Esa visión de Sasuke, arrodillado, entregado, lamiendo con esa
dedicación... le pareció jodidamente irreal.
Sasuke lo miró desde abajo, con las mejillas húmedas y los labios enrojecidos, y sonrió
apenas, tímido, satisfecho.
Naruto lo miró unos segundos más, sin poder apartar los ojos de ese rostro precioso, con los
labios húmedos y los ojos brillando de emoción. Luego bajó una mano para tomarlo con
firmeza por el brazo y lo ayudó a incorporarse. Sasuke se dejó guiar, todavía temblando un
poco, mientras Naruto lo alzaba y lo sentaba sobre la mesa, con suavidad pero sin perder esa
intensidad dominante que le hacía temblar el estómago.
Sasuke se acomodó sobre la superficie con las piernas ligeramente abiertas, jadeante, y
Naruto no tardó en posicionarse entre ellas. Sus manos lo tomaron por la cintura, firmes, y lo
acercaron hasta que sus torsos casi se tocaron. Entonces, sin más aviso, lo besó.
Fue un beso profundo, hambriento, lleno de deseo acumulado. Sus lenguas se buscaron de
inmediato, rozándose con desesperación, y Sasuke soltó un gemido pequeño mientras se
aferraba al cuello de Naruto con ambos brazos, sin querer soltarlo. Sus dedos se hundieron en
el cabello rubio, lo atrajeron más.
Naruto gruñó bajo contra su boca. Tenía una mano firme en su cintura, y la otra se deslizó sin
pausa hacia el botón de su pantalón. Sin dejar de besarlo, lo desabrochó, bajó el cierre, y de
un tirón le quitó el pantalón junto con la ropa interior. Sasuke jadeó contra su boca cuando
sintió el aire fresco entre sus piernas, expuesto, vulnerable.
—Tan bonito… —susurró Naruto entre besos, acariciando con los dedos el borde de su
camiseta antes de alzarla—. Déjame verte.
Le quitó el polo con una sola maniobra, rápida, y lo lanzó a un lado. Ahora Sasuke estaba
completamente desnudo sobre la mesa, con las piernas abiertas y su cuerpo temblando de
emoción. La piel pálida contrastaba con el tono dorado de las manos que lo sujetaban.
Naruto, sin dejar de mirarlo, se llevó las manos a su propia camiseta negra sin mangas y se la
sacó de un solo tirón, dejando al descubierto su torso de ensueño. Firme, musculoso, con los
hombros anchos, los brazos marcados y los pectorales definidos. Sus abdominales eran un
espectáculo, tensos y salpicados por el sudor leve del esfuerzo, con alguna que otra cicatriz
añadiendo carácter. Pero no era solo eso.
Su erección, aún húmeda por lo que acababan de hacer, colgaba pesada entre sus piernas… y
empezaba a endurecerse de nuevo. Lentamente, palpitante, gruesa, como si su cuerpo ya
estuviera pidiendo más. Sasuke lo vio completo, con todo su poder y virilidad al aire, y se le
escapó el aliento. Le ardían las mejillas, los labios entreabiertos, los ojos abiertos como si no
pudiera creer lo que tenía delante.
Lo tenía frente a él. Desnudo. Hermoso. Imponente. Su crush imposible, el chico que le
quitaba el sueño desde hacía meses. Y ahora estaba ahí, entre sus piernas, con esa mirada
dominante, con ese cuerpo irreal… listo para tomarlo.
Sasuke bajó la mirada, observando ese cuerpo perfecto, y sus mejillas ardieron aún más.
Tragó saliva, con el pecho subiendo y bajando por la respiración acelerada.
Naruto sonrió de lado y volvió a inclinarse hacia él, rozando su nariz con la suya.
Sasuke no tuvo tiempo de responder. Los labios de Naruto volvieron a tomar los suyos con
hambre, esta vez más profundo, más lento, como si quisiera devorarlo. Sasuke gimió bajo,
envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, pegándose más a él. Su cuerpo temblaba, pero
ya no era por nervios, sino por necesidad.
Naruto deslizó sus manos por la cintura estrecha hasta llegar a sus caderas, y con un solo
movimiento lo empujó un poco hacia atrás, obligándolo a recostarse parcialmente sobre la
mesa. Sus labios no se separaron ni un segundo mientras lo hacía. Con el cuerpo inclinado,
las piernas abiertas y los brazos aún rodeando el cuello de Naruto, Sasuke sintió cómo su
trasero quedaba expuesto, apenas apoyado al borde.
Naruto lo sostuvo firme por los muslos, sin dejarlo caer, y acomodó su cuerpo entre ellos. Su
erección, caliente y despierta otra vez, rozó la parte trasera de Sasuke, provocándole un
estremecimiento inmediato.
—Tranquilo… —susurró Naruto entre besos, deslizando una mano por la curva de su espalda
hasta llegar a una de sus nalgas, que apretó con una caricia profunda—. Vamos a hacerlo
bien. Eres tan estrecho… tengo que prepararte, o no vas a resistir.
Sasuke gimió bajito, aferrándose más fuerte a su cuello, escondiendo el rostro entre sus
clavículas. Le daba vergüenza, pero al mismo tiempo… el calor que sentía era insoportable.
Naruto lamió su cuello con lentitud, luego dejó un par de mordidas suaves cerca del oído.
Sasuke levantó lentamente el rostro, con las mejillas encendidas y los labios húmedos. Sus
ojos se encontraron con los de Naruto, brillando de deseo, vulnerables pero entregados. No
dijo nada, pero el leve asentimiento que hizo bastó.
Naruto sonrió apenas. Se inclinó para besarlo de nuevo, esta vez más lento, profundo, como
si quisiera calmarlo. Mientras tanto, una de sus manos se deslizaba entre ambos cuerpos hasta
llegar a la parte trasera de Sasuke. Le acarició una nalga primero, luego la separó suavemente
con los dedos. El calor que emanaba de su piel lo volvió loco.
—Estás tan caliente —murmuró contra sus labios, mientras su dedo índice rozaba la estrecha
entrada—. Tu cuerpo me está pidiendo que entre, ¿lo sabías?
Sasuke tembló al sentir la yema húmeda presionar con cuidado, lubricada por la propia saliva
de Naruto. El movimiento fue suave, apenas exploratorio al principio. Sasuke contuvo el
aliento, con los dedos firmes sobre los hombros del rubio.
—Relájate, nene —susurró Naruto, mientras hundía el dedo con paciencia—. Solo quiero
prepararte bien… No quiero hacerte daño.
El primer gemido escapó de los labios de Sasuke cuando el dedo entró del todo. Era invasivo,
pero el calor de la mano de Naruto, su voz, su cuerpo tan cerca… todo lo volvía soportable.
Deseable, incluso.
Empezó a mover el dedo dentro de él, lento, profundo, buscando su punto. Y cuando lo
encontró, Sasuke arqueó la espalda con un jadeo agudo, los ojos bien abiertos.
—Aah… N-Naruto…
Metió un segundo dedo. Sasuke tensó los muslos, aferrándose a sus hombros como si
necesitara anclarse. Pero no se apartó. Abrió más las piernas, queriendo más, temblando de
anticipación.
Naruto no se lo hizo rogar. Prepararlo se estaba volviendo una tortura para ambos.
—Voy a metértela pronto… —dijo con la voz ronca, besando su clavícula—. Pero primero
quiero ver tu carita cuando te abra del todo. Déjame ver cómo te vas aflojando para mí.
Sasuke gemía bajito con cada movimiento. El segundo dedo se movía dentro de él con
firmeza, y aunque sentía presión, también ardía de placer. Su cuerpo se contraía
involuntariamente, pero no se alejaba. Al contrario, parecía querer más.
—Estás temblando, Sasuke —murmuró, y lo besó con lentitud, mientras su pulgar masajeaba
la piel sensible a su alrededor—. Tu culo es tan apretado… me está pidiendo que entre ya.
Metió un tercer dedo. Sasuke soltó un jadeo más fuerte y le clavó las uñas en los hombros. Le
ardían las mejillas, los ojos húmedos, pero no de dolor. Era la intensidad, la anticipación. La
necesidad.
—No te escondas… —le murmuró al oído, con voz grave—. Te ves precioso cuando te
retuerces para que te lo meta.
Los dedos salieron lentamente, dejando la entrada húmeda, roja y palpitante. Naruto se
acomodó entre sus piernas, sujetándolo con firmeza de las caderas, y lo miró con los ojos
ardiendo.
Tomó su erección con una mano y la frotó despacio contra la entrada ya dilatada. Sasuke
cerró los ojos con fuerza, pero obedeció. Se aferró al cuello de Naruto con los brazos y apoyó
la frente en su hombro, sintiendo el calor del cuerpo del rubio pegado al suyo.
Naruto empujó con cuidado, lento, dejando que la punta gruesa comenzara a abrirlo. El
gemido que salió de Sasuke fue ahogado, tembloroso, mientras su cuerpo reaccionaba al
estiramiento.
—Shh… lo estás haciendo perfecto —susurró Naruto, besándole la oreja—. Solo relájate…
deja que entre…
La cabeza pasó al fin, y Sasuke se tensó por completo. Jadeó contra su cuello, apretando los
muslos alrededor de él.
Naruto lo abrazó fuerte por la cintura, sujetándolo con una mano en la espalda baja y otra en
la nuca.
Empujó un poco más, con paciencia, hasta quedar completamente dentro. Su polla latía
enterrada en el interior caliente y estrecho de Sasuke, y el temblor en sus piernas era apenas
controlable.
Sasuke no podía hablar. Solo gemía entre dientes, con la frente aún apoyada en el hombro de
Naruto y las uñas clavadas en su espalda. Pero no se apartaba. Su cuerpo lo había recibido.
Estaba adentro.
Naruto se mantuvo quieto por un momento, enterrado por completo en el interior cálido y
húmedo de Sasuke. Lo rodeó con ambos brazos, acariciando su espalda, su cintura, como si
quisiera calmar los temblores de su cuerpo. Sasuke tenía los ojos cerrados, el rostro contra su
cuello, respirando entrecortado mientras su interior se adaptaba poco a poco al grosor que lo
llenaba por completo.
—Eso es… —susurró Naruto con voz ronca—. Lo estás haciendo tan bien, chiquito…
Naruto deslizó una mano por su espalda baja, apretando suavemente su cintura.
—No puedo creer lo apretado que estás… cómo me aprietas por dentro, Sasuke… —
murmuró con admiración, besándole el cuello.
Sasuke soltó un gemido suave, vulnerable, y se aferró más fuerte a su cuello. Le temblaban
los muslos, pero no quería que se saliera. No quería que parara.
Naruto comenzó a moverse con lentitud, apenas un par de centímetros hacia afuera, y luego
volvió a entrar despacio, dejando que su erección se deslizara lentamente por las paredes
internas, aún sensibles y estrechas.
—Mmm… se siente tan bien —murmuró, jadeando junto a su oído—. Tu culo me abraza
entero… como si estuviera hecho solo para mí.
Sasuke soltó un suspiro tembloroso. Se aferró a sus hombros, con los ojos húmedos de tanto
placer contenido.
—Shh… estoy aquí. —Naruto lo besó, suave pero profundo, y volvió a moverse—. Solo
déjame sentirte…
Los empujes se mantuvieron suaves por un tiempo. Naruto entraba y salía con cuidado,
deleitándose con cada gemido que escapaba de la boca de Sasuke, con cada espasmo de su
interior apretado. Su expresión de entrega, la forma en que lo miraba con los ojos
entrecerrados, lo volvían loco.
—Mírame otra vez… —le pidió en voz baja, con los labios apenas rozando los suyos—.
Quiero verte cuando empiece a darte más fuerte.
Sasuke abrió los ojos, húmedos y brillantes, y lo miró como si estuviera viendo al sol. Naruto
sonrió, besándolo con una mezcla de ternura y deseo, y volvió a hundirse dentro de él, esta
vez más profundo.
—¡Ah…! N-Naruto…
Naruto le sostuvo el rostro entre las manos, jadeando también, con el cuerpo bañado en sudor.
—Estás tan caliente por dentro, nene… me haces sentir que me vas a exprimir hasta la última
gota.
Comenzó a moverse con más ritmo. Aún medido, pero firme. Sus caderas chocaban contra el
trasero de Sasuke con un sonido húmedo y profundo. Cada embestida lo hacía temblar más, y
su interior se iba ablandando, adaptándose por completo a él.
Sasuke gimió más fuerte, moviendo las caderas sin darse cuenta, buscando más fricción. El
placer empezaba a desbordarlo.
—Te voy a dar todo, nene… —le prometió con la voz rota por la excitación—. Hasta dejarte
temblando.
Sasuke lo miraba con los labios entreabiertos, jadeando, sujetándose de los hombros de
Naruto mientras sentía cómo lo llenaba poco a poco. Era tan grande… y su interior se
contraía, sensible, recibiéndolo con esfuerzo, pero sin querer detenerse.
Naruto se mantuvo quieto unos segundos, enterrado hasta la mitad, dándole tiempo. Le
acarició la cintura, el costado, besándole el cuello con paciencia, disfrutando cada
estremecimiento que provocaba.
—Estás tan apretado… tan jodidamente perfecto —murmuró, empujando apenas más—. Te
sientes increíble por dentro, Sasuke.
El pelinegro asintió con los ojos cerrados, soltando un gemido ahogado cuando Naruto se
hundió un poco más. Se le escapó un temblor que subió por sus piernas y lo obligó a aferrarse
con más fuerza al cuello del rubio.
—¿Te duele? —le preguntó con un ronquido bajo, sin dejar de acariciarlo.
—No… no pares…
Naruto sonrió contra su piel, orgulloso de lo bien que lo estaba tomando. Se retiró unos
centímetros y volvió a empujar, esta vez más firme, haciendo que el cuerpo de Sasuke se
arqueara con un gemido más agudo.
—Así… sigue, por favor… —jadeó el pelinegro, y Naruto casi gruñó de placer al escucharlo.
Apretó más las manos en sus caderas, comenzando un ritmo lento pero cada vez más
profundo. Lo sentía tan estrecho, tan caliente… cada embestida era como hundirse en un
cielo ardiente que se cerraba a su alrededor.
—Dios, Sasuke… vas a volverme loco —gimió contra su oído, acelerando apenas.
Sasuke bajó una mano al borde de la mesa para afirmarse, con el rostro sonrojado y el cabello
húmedo pegado a la frente. Tenía los ojos entrecerrados, la boca abierta, respirando rápido,
con cada gemido más desinhibido. Su cuerpo reaccionaba con cada movimiento,
contrayéndose, recibiéndolo con una mezcla de torpeza e intensidad que a Naruto lo volvía
adicto.
—Me encanta cómo me aprietas… —le susurró al oído, moviéndose más fuerte ahora—.
Estás hecho para esto, ¿sabías?
Sasuke soltó un gemido más alto, incapaz de responder. Solo movió las caderas en un tímido
intento de acompañar el ritmo, sus piernas rodeándole la cintura sin darse cuenta, buscándolo,
queriendo más.
—Dímelo, Sasuke… dime que te gusta que te folle así —le exigió en voz baja, dominando.
Naruto cambió el ángulo, sujetando a Sasuke con más firmeza de la cintura, y comenzó a
embestirlo con fuerza, sin pausas. Los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando llenaban la
habitación, y Sasuke apenas podía respirar entre gemido y gemido. Cada vez que Naruto lo
penetraba, su cuerpo reaccionaba con espasmos, y su entrada se contraía como si lo quisiera
más adentro.
—Así… sí, así… —jadeó Naruto, con la voz ronca, los músculos marcados del torso
tensándose con cada movimiento.
Sasuke tenía la cabeza echada hacia atrás, los ojos vidriosos, la boca abierta dejando salir
pequeños gritos que no podía controlar. Su cuerpo se estremecía con cada embestida, cada
vez más profundo, más rápido, más duro. Se sentía invadido, estirado, lleno… pero no quería
que se detuviera.
—T-te sientes tan bien, Sasuke… —gruñó el rubio, sin parar—. Estás tan estrecho que me
aprietas como si no quisieras soltarme nunca.
Sus movimientos se volvieron más salvajes, sus caderas chocaban con las de Sasuke con
fuerza, haciendo temblar la mesa bajo ellos. Lo sostenía firme, impidiéndole escapar,
marcando su ritmo sin descanso.
—Estás tan jodidamente sexy así, nene… todo para mí… —susurró con la frente apoyada en
su cuello, mordiéndolo suave.
Sasuke apenas lograba hablar. Solo se aferraba a Naruto como si le fuera la vida en ello,
dejando que lo tomara, que lo llenara sin piedad. Su propio pene, pequeño y rojo, goteaba sin
haber sido tocado. La estimulación era tanta que sentía que se deshacía por dentro.
Naruto deslizó una mano por su espalda baja, empujándolo más hacia él, y embistió con más
fuerza aún, más profundo, sintiendo cómo todo el cuerpo de Sasuke se sacudía.
—Eso es… mírame —le susurró contra los labios, alzándole el rostro con una mano—.
Quiero verte cuando te corras con mi polla dentro.
—Hazlo, nene… fóllate mi polla hasta correrte —le ordenó sin piedad, embistiéndolo con
todo lo que tenía.
Y Sasuke gritó, temblando, su cuerpo apretándose con fuerza alrededor del miembro de
Naruto mientras se corría sin tocarse, derramándose entre sus vientres.
Naruto gruñó fuerte, casi animal, sintiendo cómo su interior lo abrazaba más aún, y no pudo
aguantar más.
—Sasuke… joder… me voy a correr dentro… —jadeó Naruto, los músculos de su abdomen
tensos, el cuerpo completamente rígido mientras lo sentía estrecharse alrededor.
Sasuke, aún temblando por su propio orgasmo, lo miró con los ojos entrecerrados, húmedos,
completamente entregado.
—Sí… dentro… —susurró con la voz rota, apenas audible entre los jadeos—. Lléname,
Naruto… quiero todo.
Naruto gruñó con fuerza, hundiéndose hasta el fondo una última vez, y su cuerpo estalló.
Sintió cómo su semen caliente llenaba el interior de Sasuke en oleadas intensas, mientras él
se aferraba a su cintura con ambas manos, como si temiera que desapareciera. Sus caderas
dieron unos últimos espasmos involuntarios antes de detenerse, exhausto.
Ambos quedaron jadeando, los cuerpos sudorosos, entrelazados. Naruto temblaba aún dentro
de él, su frente apoyada sobre el hombro de Sasuke, intentando calmar su respiración
acelerada.
Sasuke sentía el calor esparcirse dentro de su cuerpo, profundo, tibio, una sensación nueva y
abrumadora que lo hizo estremecerse. Su interior palpitaba suavemente, aún sensible, pero no
se apartó. Solo rodeó a Naruto con los brazos, acariciándole la espalda mientras lo sentía
poco a poco relajarse.
Con un movimiento seguro, lo levantó de la mesa y lo giró con facilidad, haciendo que se
pusiera de pie. Sasuke tambaleó un poco, con las piernas aún temblorosas, pero Naruto lo
sostuvo por la cintura y lo posicionó como quería: de pie, con el pecho inclinado sobre la
mesa, los brazos apoyados para sostenerse, y el culo perfecto levantado para él.
Naruto se quedó un instante quieto, detrás de él, jadeando con la vista fija en su obra. Lo
admiró en silencio: la piel tersa, roja por el impacto, su entrada húmeda, todavía
entreabierta… y la evidencia caliente de lo que acababa de dejarle dentro deslizándose
lentamente por su interior. Un hilo blanco, espeso, descendiendo por sus muslos.
—Mírate… —murmuró Naruto con los ojos encendidos—. Qué puto espectáculo.
Le dio una nalgada fuerte que hizo que Sasuke soltara un gemido agudo, agachando la cabeza
con vergüenza. Luego, sin más aviso, lo volvió a tomar. Lo penetró de nuevo, con lentitud al
principio, pero profundo. Sasuke se arqueó al sentirlo entrar otra vez en su interior ya
sensible, estrechándolo igual que antes, temblando de puro estímulo.
Naruto soltó un gruñido gutural y se inclinó hacia adelante, su torso desnudo rozando la
espalda de Sasuke mientras lo llenaba por completo. Comenzó a moverse con más ritmo,
disfrutando la vista, sintiendo el calor resbalando entre sus piernas y el sonido húmedo de sus
cuerpos chocando una y otra vez.
—Sigues tan estrecho, joder… y me lo estás tomando todo —susurró con voz ronca, mientras
una de sus manos descendía para amasarle una nalga, y luego la otra, como si no pudiera
dejar de tocarlas—. Te ves tan bien así, abierto para mí…
Sasuke gimió contra la mesa, sus manos temblaban y su cuerpo entero ardía.
Naruto aceleró el ritmo sin contenerse, embistiéndolo con fuerza, una y otra vez, mientras el
sonido húmedo y rítmico llenaba la sala. El cuerpo de Sasuke se estremecía con cada
impacto, los dedos crispados sobre la superficie de la mesa, las mejillas encendidas y la boca
entreabierta soltando jadeos agudos, cada vez más descontrolados.
—Estás tan jodidamente apretado —gruñó Naruto, jadeando—. Me traga entero cada vez que
entro…
Tenía las manos firmes en sus caderas, pero pronto una descendió, deslizándose por su
vientre tembloroso hasta alcanzar su pequeño pene, tan sensible que apenas rozarlo hizo que
Sasuke soltara un gemido más alto, de esos rotos, cargados de vergüenza y placer.
—Mírate, nene… apenas te toco y ya estás temblando —susurró Naruto con una sonrisa
torcida, acariciándolo con los dedos, frotándolo con lujuria mientras seguía follándolo con
fuerza desde atrás.
—Ah… ¡ah, Naruto…! —lloriqueó contra la mesa, sin poder contenerse, mientras sus
caderas respondían solas, empujándose hacia atrás en busca de más.
Naruto lo volvió a llenar con una embestida profunda, gruñendo al sentir cómo lo apretaba
todo por dentro. Bajó la cabeza hacia su espalda, dejando un beso sudoroso en su omóplato.
—No te me vayas a correr todavía —susurró entre dientes, apretando con más fuerza la nalga
que tenía en la mano—. Quiero que te vengas conmigo.
Naruto se separó apenas un instante, solo para levantar aún más la pelvis de Sasuke con una
mano, mientras con la otra le daba una nalgada fuerte, seca, que resonó por toda la sala.
Naruto soltó una risa entre dientes, excitado con la respuesta inmediata.
—¿Te gusta eso, eh? —le susurró con voz grave, dándole otra—. Cada vez que te pego, tu
culito me aprieta más…
Otra palmada, más fuerte. El culo blanco y redondo de Sasuke ya tenía marcas rojas. Y
Naruto no podía dejar de mirarlo.
—Tan sensible… tan mío —masculló, bajando otra vez la mano a su pequeño pene, ya
empapado. Lo acarició con movimientos lentos y firmes, sincronizados con cada embestida
que daba desde atrás.
Sasuke ya no podía más. El estímulo del interior, las caricias, las nalgadas… Todo lo
sobrepasaba. Estaba al borde.
—N-Naruto… no… ¡no puedo…! —lloriqueó, apretando los ojos, mientras su cuerpo
temblaba incontrolablemente.
Naruto se inclinó hacia él, besándole el cuello con fuerza, gruñendo contra su piel.
—Hazlo, Sasuke… córrete para mí. Quiero verte temblar mientras te follo.
Bastó un par de estocadas más y una presión exacta de sus dedos para que Sasuke se corriera
con un grito sofocado, los músculos tensos, el culo apretándose con fuerza alrededor de
Naruto. Su pequeño pene palpitó, descargando entre sus dedos, su espalda arqueada
temblando como una cuerda tensada al límite.
Naruto lo sintió todo. El interior de Sasuke lo estrujaba con tanta fuerza que lo volvió loco.
Gimió desde lo más hondo de su pecho, sujetándolo con brutalidad mientras comenzaba a
embestir con desesperación.
Y sin poder contenerse, se vino con un gemido gutural, enterrado hasta el fondo. Las caderas
de Naruto se pegaron con fuerza a su trasero mientras descargaba todo dentro, calientes
oleadas de semen invadiendo al muchacho aún estremecido contra la mesa. Le rodeó la
cintura con un brazo fuerte, jadeando, sin dejar de apretarlo contra su cuerpo.
—Dios… nunca había sentido algo así… —susurró Naruto, todavía temblando, con los labios
pegados a su nuca sudada.
Sasuke no respondió. No podía. Solo respiraba entrecortado, con la mejilla apoyada sobre el
brazo extendido y los ojos cerrados, mientras sentía cómo el cuerpo de Naruto seguía pegado
al suyo, cálido, poderoso, seguro.
Permanecieron así por un largo rato, sin hablar, solo dejando que sus respiraciones se
calmaran. Naruto lo rodeaba con fuerza, sus manos abiertas en la cintura estrecha de Sasuke,
como si no quisiera soltarlo aún. Dentro de él, el calor comenzaba a deslizarse hacia afuera
lentamente, espeso, tibio, haciéndole cosquillas al bajar por sus muslos. Sasuke tembló un
poco al sentirlo, ruborizándose aún más.
Naruto lo sintió.
Con una sonrisa satisfecha, se separó apenas y bajó la mirada, dejando escapar un silbido de
admiración.
—Vaya vista… —murmuró, mientras observaba cómo su esencia, blanca y abundante, bajaba
por las piernas temblorosas de Sasuke—. Te dejé completamente lleno, nene.
Sasuke no podía sostenerle la mirada. Bajó la cabeza con las mejillas encendidas, pero el
temblor de sus muslos y la forma en que apretaba los labios dejaban claro que no le
disgustaba.
Naruto se sentó de nuevo en la silla, relajado, con las piernas abiertas y la respiración más
tranquila. Dio unas palmadas sobre su muslo.
—Ven aquí —le dijo con voz más suave, mirándolo con ternura encendida.
Sasuke se acercó despacio, caminando con las piernas algo inestables. Se acomodó con
cuidado en su regazo, rodeando su cuello con ambos brazos, buscando apoyo. Naruto lo
abrazó por la cintura y acomodó sus manos grandes sobre sus nalgas desnudas,
masajeándolas con cariño, apretando de vez en cuando como si quisiera recordarle que
seguían siendo suyas.
Sasuke asintió con lentitud. Sus ojos brillaban, los labios entreabiertos aún por los gemidos
que no lograban apagarse del todo.
—Estoy… feliz —susurró, apenas audible, como si le costara creer que fuera real.
Naruto sonrió y lo besó. Lento al principio, profundo, con las manos firmes en su cuerpo,
acariciando y amasando sus nalgas con movimientos pausados, posesivos. Sasuke respondió
con suavidad, aferrado a su cuello, cerrando los ojos, dejándose llevar.
El beso se volvió interminable, como si en cada roce de labios buscaran reafirmar que eso era
real. Sus bocas se buscaban con una mezcla de hambre contenida y ternura cruda, chocando a
veces con fuerza, otras deslizándose lento, húmedas, cálidas. Las respiraciones se
entrecortaban entre suspiros y jadeos bajos, y sus manos no dejaban de explorar.
Naruto bajó sus labios hacia el cuello de Sasuke, atrapando la piel suave con la boca. Le dio
un beso húmedo, luego otro más abajo, hasta que finalmente succionó con fuerza. El
chupetón apareció rápido, rojizo y tierno.
Sasuke se estremeció. Lo sintió todo. El calor, la presión, la lengua húmeda lamiendo al final.
Abrió la boca en un suspiro involuntario.
—Naruto… —jadeó.
Pero él no paró. Le hizo un segundo más abajo, cerca de la clavícula, y luego un tercero justo
donde el cuello se unía con el hombro. Sasuke contuvo un gemido.
—Yo… también quiero hacerte uno —dijo de pronto, su voz todavía temblorosa—. Pero no
sé… cómo.
—Eso se arregla fácil. Ven —le dijo, girando un poco el cuello y ofreciéndole el lado opuesto
—. Aquí… solo lame un poco primero… así, suavecito… y luego chupa con fuerza, pero sin
morder.
Sasuke se inclinó con algo de torpeza, apoyando sus manos en los hombros de Naruto para
guiarse. Sacó la lengua, lamiendo despacio la zona que le había indicado. Su aliento
temblaba.
—Eso es —susurró Naruto con los ojos cerrados—. Ahora, chupa… un poco más fuerte.
Sasuke obedeció. Succionó con cuidado, sintiendo cómo la piel cedía bajo su boca. La
sensación era extraña, íntima. El latido de Naruto vibraba contra sus labios, y eso lo hizo
sonrojarse aún más.
Mientras lo hacía, Naruto bajó una de sus manos hacia el pecho desnudo de Sasuke,
acariciando con los dedos uno de sus pequeños pezones, que seguían sensibles.
—¿Muy sensible? —preguntó Naruto en voz ronca, sin dejar de acariciarlo con la yema de
los dedos, con lentitud cruel.
Sasuke asintió, bajando la cabeza sobre su hombro.
Sasuke se acomodó en su cuello de nuevo, y esta vez fue él quien tomó la iniciativa. Le buscó
la piel con los labios, más decidido, hasta encontrar ese punto que latía bajo la mandíbula.
Abrió la boca y succionó con fuerza, dejando otro chupetón marcado con descaro, más
intenso que el anterior. Naruto gruñó suave, sorprendido y encantado por su atrevimiento.
—A partir de ahora… te quiero solo para mí —susurró Sasuke, casi sin aliento.
Naruto lo miró, sorprendido por el tono posesivo, y luego lo besó con una sonrisa salvaje. En
medio del beso, Sasuke empezó a mover suavemente las caderas. Se frotaba contra él,
sintiendo su propio interior aún sensible, pero más húmedo, más abierto que antes. Y, poco a
poco, sintió cómo el miembro de Naruto volvía a endurecerse entre sus nalgas, empujando
contra su entrada con una presión firme y deliciosa.
Naruto llevó una mano entre sus glúteos, separándolos con un gesto lento y posesivo,
mientras la otra guiaba su erección hacia él.
—¿Seguro quieres otra ronda? —murmuró, su voz ronca, cargada de deseo—. No quiero que
te me rompas, nene…
—Quiero más… —jadeó Sasuke, frotándose con impaciencia—. Quiero que me lo des todo,
otra vez.
La punta rozó su entrada caliente, y Sasuke tembló. Se arqueó apenas, buscándolo, y Naruto
no le hizo esperar. Volvió a entrar, con un gemido gutural mientras lo sentía ceder, más
resbaloso por dentro, pero igual de estrecho. Sasuke lo sintió llenar cada rincón otra vez, y
soltó un suspiro ahogado, la espalda arqueada, aferrándose con fuerza a los hombros de
Naruto.
—Mierda, Sasu… —murmuró Naruto, apretando una nalga entre los dedos mientras
comenzaba a moverse con ritmo firme—. Sigues tan apretado.
Sasuke apenas podía respirar, pero no porque le faltara el aire: era por la forma en que Naruto
lo llenaba, tan profundo, tan firme. Sentía cómo su cuerpo se adaptaba, más abierto que antes,
sí, pero aún lo apretaba con fuerza. Cada vez que bajaba en su regazo, con la ayuda de esas
manos grandes que lo sujetaban por las caderas, Naruto gruñía contra su oído, excitado hasta
los huesos.
—Mírate… —murmuró Naruto con voz ronca, sin dejar de moverlo—. ¿Cómo puedes seguir
tan apretado… después de todo lo que te he hecho?
Sasuke tembló. Tenía el rostro rojo, las mejillas encendidas, los labios entreabiertos. Apenas
lograba responderle con palabras, pero lo miró con los ojos brillantes, humedecidos por el
placer, y bajó una mano temblorosa para acariciarse a sí mismo.
—No lo sé… solo… me gustas tanto… —jadeó, con la voz ahogada—. Mi cuerpo no quiere
soltarte.
Naruto soltó una carcajada baja, entre dientes, y volvió a levantarlo casi por completo antes
de dejarlo caer, provocando que ambos soltaran un gemido, uno más grave, otro más
quebrado.
—Mierda, Sasuke… no digas esas cosas si no quieres que te folle hasta dejarte sin voz.
Y no esperó respuesta. Lo levantó de nuevo, esta vez con más fuerza, obligándolo a subir y
bajar sobre su verga con un ritmo constante, profundo. Cada vez que entraba, se lo empujaba
hasta el fondo, y cada vez que salía, dejaba la punta apenas dentro, como si quisiera saborear
esa fricción estrecha al límite.
Sasuke agarró con más fuerza su cuello, ocultando el rostro entre su hombro y su mejilla.
Naruto lo sostenía como si no pesara nada. Sus músculos se marcaban bajo la piel bronceada,
los brazos tensos, las venas hinchadas por el esfuerzo. Estaba tan duro como al principio,
caliente y palpitante dentro de él. Le encantaba esa sensación: tenerlo montado, ver sus
mejillas rojas, los labios temblando, el cuerpo vibrando por cada golpe.
Y sin dejar de moverlo, deslizó una mano hacia una de sus nalgas, la abrió con fuerza, y
luego la acarició con toda la palma, admirando la forma en que su miembro entraba y salía.
—Mira cómo te tengo —murmuró contra su oído—. Chorreando, sensible, todo mío…
Le dio una nalgada seca. El sonido resonó con fuerza en la habitación. Sasuke se estremeció,
un gemido corto y agudo escapó de su boca, y su interior palpitó con intensidad alrededor de
Naruto.
—¡Ah! —soltó, tenso, aferrándose aún más a él—. No hagas eso… es demasiado…
Pero Naruto sonrió de lado, encantado con su reacción. Le dio otra, esta vez un poco más
suave, y luego pasó la yema de los dedos por la piel enrojecida.
Sasuke cerró los ojos, rendido, y movió las caderas por cuenta propia, empujándose hacia
abajo mientras Naruto volvía a subirlo.
—Me vuelves loco… —susurró Sasuke, jadeando—. Desde siempre… te deseaba así.
Eso hizo que Naruto se detuviera un segundo. Lo miró, con los ojos fijos en los suyos. Algo
cambió en su expresión: se ablandó, se volvió más intensa. Entonces se inclinó hacia él y le
dio un beso profundo, largo, húmedo, como si quisiera decirle todo lo que no alcanzaba con
palabras.
Y al separarse, volvió a embestir con más fuerza, más ritmo. A cada movimiento, las nalgas
de Sasuke rebotaban sobre sus muslos. Lo sujetaba con ambas manos ahora, una amoldando
la carne suave, la otra deslizándose hacia su miembro pequeño y erecto, que se sacudía entre
sus cuerpos.
—¿Te gusta así, nene? —murmuró, empezando a masturbarlo con la mano húmeda—.
¿Quieres que te haga acabar otra vez mientras te lleno?
Sasuke asintió frenéticamente, la boca entreabierta, y se inclinó hacia atrás un poco, como si
necesitara más espacio para respirar… o para dejar que Naruto lo tomara aún más hondo.
Sasuke no sabía si estaba jadeando o gimiendo. Sentía que se estaba deshaciendo, centímetro
a centímetro, en las manos de Naruto. Cada embestida era una descarga eléctrica en su
interior, cada roce de esa mano sobre su pequeño miembro lo acercaba al borde. Naruto lo
tenía completamente bajo control, y él ya no intentaba resistirse. Solo se entregaba.
Y entonces, cuando el placer se acumuló con tanta intensidad que ya no cabía dentro de su
cuerpo, Sasuke se arqueó hacia atrás con violencia. Un grito salió de su garganta, fuerte, roto,
cargado de todo lo que estaba sintiendo.
—¡Naruto!
Su semen brotó en un espasmo, tibio y abundante, entre sus cuerpos. Sus paredes internas
palpitaron con tanta fuerza que Naruto tuvo que aferrarse a él para no perder el ritmo. El
interior de Sasuke lo apretó con desesperación, húmedo, caliente, receptivo, como si lo
llamara a lo más profundo.
Lo apretó contra sí con fuerza, lo sostuvo de las caderas y embistió unas últimas veces, más
profundas, más lentas… hasta que su cuerpo entero se estremeció. La presión, el calor, la
imagen de Sasuke temblando y gritando su nombre… fue demasiado.
Se vino con un gemido ronco, enterrado dentro de su garganta. Sintió cómo su semen se
derramaba dentro de ese cuerpo que lo recibía tan bien, una y otra vez, como si fuera su lugar
natural. Se quedó quieto un momento, temblando, apretando los ojos, sintiendo cómo su
respiración volvía poco a poco.
Sasuke temblaba en su regazo, exhausto, pero con los brazos aún firmes alrededor de su
cuello.
Despacio.
Sin apuro.
Un beso lento, húmedo, profundo, como si el tiempo se detuviera en esa conexión. Sasuke
respondió igual, con los ojos cerrados, acariciándole la nuca con dedos suaves. Las
respiraciones se entremezclaban, el sudor brillaba en sus pieles. Las manos de Naruto
acariciaban ahora su espalda, su cintura, sus nalgas, con una ternura distinta, casi reverencial.
—Te ves tan jodidamente hermoso así… —susurró contra su boca, sin dejar de acariciarlo.
Sasuke solo asintió, apoyando la frente en la de él, con una sonrisa pequeña, vulnerable,
satisfecha.
Naruto le acarició una mejilla con los nudillos y lo volvió a besar. Lento. Más lento todavía.
Como si el mundo fuera solo eso ahora: sus bocas, sus pieles pegadas, su respiración
compartida… y el calor que aún palpitaba entre ambos.
Pasaron varios minutos así, en silencio, simplemente robándose besos. Besos suaves, otros
más lentos, algunos casi perezosos. El calor entre ellos no desaparecía del todo; la intimidad,
aunque ya no urgente, seguía cargada de algo nuevo, de algo que ambos sabían que no era
solo deseo. Naruto tenía los brazos alrededor de Sasuke, acariciándole la espalda con una
lentitud que contrastaba con la intensidad con la que lo había tomado minutos atrás. Sasuke
seguía sobre su regazo, desnudo, con el rostro escondido en su cuello, como si no quisiera
que el momento se terminara nunca.
—Hey… —susurró contra su oreja—. Nos queda poco tiempo antes de que alguien venga a
echar un vistazo.
Sasuke alzó la vista, todavía con las mejillas coloradas. Lo miró, con esa expresión entre
vulnerable y encantada, y Naruto no pudo evitar besarle de nuevo la boca. Apenas un roce,
dulce.
—Aunque… me quedaría así contigo todo el día si pudiera —añadió, rozando su nariz con la
del pelinegro.
Con un suspiro, Sasuke se incorporó apenas. Ambos soltaron una pequeña risa cuando
sintieron la pegajosidad entre sus cuerpos, y Naruto aprovechó para darle una nalgada sonora,
juguetona.
—¡N-Naruto…! —protestó Sasuke con la voz débil, pero no pudo evitar sonreír.
—Solo estoy despidiéndome de esta vista perfecta… —dijo Naruto, levantándose con él en
brazos para luego ayudarlo a ponerse de pie—. Por ahora.
Comenzaron a vestirse entre caricias furtivas y roces innecesarios. Naruto parecía incapaz de
mantener las manos quietas: mientras Sasuke se subía los calzoncillos, le bajó la pretina de
nuevo solo para darle otro beso en una nalga; cuando Sasuke intentaba abotonarse la camisa,
Naruto metía la mano por debajo para acariciarle el vientre. Cada gesto iba acompañado de
una sonrisa canalla, de esas que dejaban al pelinegro sin aire.
—No es mi culpa que tengas el culo más lindo que he visto —le respondió Naruto con total
sinceridad, dándole un azote rápido antes de ponerse su propia camiseta negra sin mangas—.
Y no me hagas hablar de tus gemidos… me vuelven loco.
Cuando por fin terminaron de arreglarse, ambos ya más presentables pero con el rostro
todavía encendido por todo lo vivido, Sasuke se quedó en silencio junto a la mesa, bajando
un poco la mirada.
—Naruto…
—¿Hmm?
Naruto parpadeó. Caminó hacia él sin responder de inmediato. Lo tomó de la cintura con
ambas manos y lo atrajo hacia sí.
—¿Tú crees que podría follarte así… y luego hacer como si no hubiera pasado nada?
Naruto lo besó. Esta vez fue un beso más breve, más directo, pero lleno de intención.
—Desde hoy —susurró al separarse— quiero conocerte más. Todo. Tus gustos, tus enojos,
tus risas raras… Pero también, desde hoy, eres mío, Sasuke. Y yo soy tuyo. ¿Te queda claro?
Sasuke no pudo hablar. Solo asintió, mordiéndose el labio, con el corazón palpitando como
loco.
Sasuke bajó la cabeza, ocultando la sonrisa que no podía controlar. Naruto entrelazó sus
dedos con los suyos y, sin soltarlo, salieron del cubículo privado.
El pasillo estaba vacío, silencioso. Solo se escuchaba el eco de sus pasos… y el murmullo
suave de algo nuevo que empezaba a crecer entre ellos.
End Notes
Tenia mucha curiosidad porque anteriormente he estado escribiendo con "verga" ya que creo
que es una palabra ,ás universal por así decirlo, que todos pueden entender mejor su
significado, pero ultimamente no puedo relacionarme con esa palabra, es más, me da risa
😖
JAJAJAJAJA. Quisiera que ustedes que leen las historias me digan que palabra encuentran
más caliente para este tipo de historias. Espero que puedan contestarme
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