rayos que delinean la cima de un tono anaranjado—.
Todavía podemos marcharnos, ¿sabes? —susurra.
—No puedo —repito una vez más.
—Seremos marido y mujer. Es normal irse de casa.
—No para la gente de Capton, y no para mí. —Me levanto
después de recoger todas las flores que necesito—.
Deberías irte. Los Custodios te necesitan hoy.
—Te acompañaré de vuelta.
Casi le pido que no lo haga. Hoy tiene un aura extraña.
Una que casi hace irreconocible a mi mejor amigo.
Pero está cansado. Le creo cuando dice que tuvo una
pesadilla acerca de los acontecimientos del día. Dados los
recientes encargos que he recibido en la tienda, creo que la
mitad de Capton apenas puede dormir por la ansiedad.
Está actuando de esta manera tan precipitada porque de
verdad cree que nuestras vidas están a punto de acabarse.
De regreso en la tienda, me vuelve a besar delante de la
puerta. Una vez más, su beso me parece vacío. Pero intento
aferrarme con todas mis fuerzas a los sentimientos que
creo que debería tener, a él y al sueño de nosotros juntos.
—Si cambias de opinión —susurra—. El barco está listo.
Márchate conmigo, por favor.
—Luke, yo…
Antes de que pueda decir nada más, da media vuelta. Lo
observo alejarse a paso ligero calle abajo. No se gira ni una
sola vez para mirarme. Le doy la espalda con un suspiro y
entro por la puerta.
Cuando el sol ha salido del todo, empiezo mis rondas del
día. No se espera la llegada de los elfos hasta el anochecer.