Unidad 3. La transición del Feudalismo al Capitalismo.
La transición del feudalismo al capitalismo: definiciones. Debates sobre la transición en el
marxismo occidental. Características generales de la economía campesina medieval.
Consecuencias de la Crisis del siglo XIV. Las raíces agrarias del capitalismo europeo. La
comunidad rural pre-industrial. Diferencias regionales. La expansión de los precios del siglo
XVI. La llamada “Crisis del siglo XVII”: alcances y consecuencias. Debates: la “economía
mundo”. Las economías agrarias siguen distintos caminos. Cercamientos. Proto-industria.
Surgimiento del capitalismo agrario en Inglaterra: características, contradicciones, límites y
derivaciones. La economía Europea en el siglo XVIII: cambios y continuidades. Inglaterra en
el siglo XVIII: cercamientos parlamentarios, revolución agrícola, la “economía moral de la
multitud”, la Revolución Industrial y el surgimiento de la clase obrera.
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BOTTOMORE: El texto describe el capitalismo como un modo de producción donde el
capital es el principal medio, ya sea en forma de dinero, maquinaria o existencias. Este
sistema se caracteriza por la propiedad privada del capital en manos de una clase capitalista,
excluyendo a la mayoría de la población. El término "capitalismo" denota una fase histórica,
más que un sistema de ideas. Como modo de producción, el capitalismo se caracteriza por la
producción para la venta, un mercado con salarios monetarios, el uso predominante del
dinero como medio de intercambio, el control del proceso de producción por parte del
capitalista, el control de decisiones financieras, y la competencia entre capitales. Los orígenes
del capitalismo se atribuyen al crecimiento del capital mercantil y al comercio exterior, así
como a la expansión de transacciones monetarias dentro del feudalismo. La revolución
industrial marcó el inicio de la fase industrial del capitalismo. En contraste, el feudalismo se
basa en la coacción no económica, donde los arrendatarios están obligados a pagar renta
debido a la fuerza del propietario, legitimada por la institución de la servidumbre. Los
campesinos, no siendo libres, tenían derechos de uso pero no de propiedad, y debían entregar
trabajo o producto al señor. Marx y Engels veían la sociedad feudal como una etapa
intermedia entre la sociedad esclavista y el capitalismo. En el feudalismo, el feudo era un
pedazo de tierra concedido por un señor a un vasallo a cambio de servicios. Los vasallos
militares eran hombres libres con derechos patrimoniales, mientras que los campesinos tenían
menos libertad, especialmente los no libres, quienes estaban sujetos a prestaciones de trabajo
y pagos al señor. La producción de mercancías en la sociedad feudal se debía a la división
social del trabajo y a la necesidad de excedentes alimentarios. Con la estabilización del
feudalismo, surgieron mercados locales y regionales. Además, las necesidades de la clase
dirigente y la exacción de impuestos impulsaron el crecimiento de la producción. La
transición del feudalismo al capitalismo no se considera deducible de una fórmula general de
cambio social, sino que existen múltiples factores. Hay dos perspectivas principales sobre
esta transición: una que enfatiza el efecto del comercio y las ciudades, y otra que se centra en
cómo los productores se convirtieron en comerciantes y capitalistas. El capitalismo se define
por relaciones sociales de producción basadas en el trabajo asalariado y la acumulación de
capital, mientras que el feudalismo se basa en relaciones de dependencia personal y
servidumbre. El feudalismo se desmoronó por contradicciones internas y conflictos de clase,
que llevaron a la desaparición de la servidumbre y al surgimiento de estructuras sociales con
colonos capitalistas y trabajadores sin tierras. Algunos estudiosos consideran que los cambios
en las relaciones sociales precedieron al desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo.
HILTON: El texto describe tres fases del campesinado entre los siglos VI y XV, durante la
evolución social del medievo. La primera fase, entre los siglos VI y X, se caracteriza por la
feudalización de la sociedad en Europa occidental, iniciada con la creación de los reinos
bárbaros y la continuidad de las relaciones sociales básicas del bajo Imperio Romano.
Durante esta fase, las aristocracias territoriales establecieron control sobre la sociedad a
través del vasallaje, constituyendo la base social para el nacimiento de los poderes del
príncipe y los monarcas. La economía agraria producía pocos excedentes, limitándose a lo
necesario para sustentar el poder y la distinción de la aristocracia. La producción se volcaba
poco al mercado, la circulación de moneda era limitada y las clases altas recibían ingresos en
especie, generando una baja demanda de artículos de lujo. La segunda fase, del siglo XI a
principios del XIV, se distingue por un crecimiento demográfico, la expansión de tierras de
cultivo, progreso técnico y un incremento notable de la producción para el mercado. La
organización para la extracción de excedentes mejoró, y las rentas, impuestos y multas
comenzaron a cobrarse en dinero. Esto provocó un aumento en la demanda de mercaderes y,
consecuentemente, el crecimiento de artesanos, pequeños comerciantes y empresarios
industriales en los centros urbanos. Las ciudades crecieron gracias a la inmigración de áreas
rurales, reflejando un aumento de la población rural sobrante. La tercera fase, siglos XIV y
XV, se inicia con una fuerte oleada de epidemias de peste, resultando en una fuerte caída
demográfica. Esto produjo un incremento en los salarios y precios de productos industriales,
mientras que las rentas y precios de productos agrícolas bajaron. La disponibilidad de tierras
aumentó, disminuyendo los minifundistas, e incrementando las cabañas ganaderas. La
economía urbana industrial sufrió un desplazamiento de actividad y mercados a nuevas áreas
geográficas. Durante este período, se produjo un crecimiento del descontento de campesinos,
artesanos y habitantes de las ciudades, vinculándose con las tensiones ideológicas y sociales
del continente. Los campesinos buscaban que no se alteraran las rentas y servicios, similar a
lo ocurrido en Italia durante el siglo X. El campesinado, como productor primario, se
caracteriza por familias que cultivan la tierra y crían animales para su autosubsistencia,
aunque también deben producir excedentes para mantener a otros especialistas y grupos
sociales. Las familias campesinas se agrupaban en villas o aldeas con una organización
precisa, desarrollando instituciones y prácticas comunes. Existían tierras comunes para
extraer recursos y pastos. Las sociedades campesinas estaban estratificadas, aunque esta
estratificación estaba restringida por el pequeño tamaño del mercado de productos agrícolas.
El crecimiento de las explotaciones se daba por la adjudicación de más tierras, generando
rentas señoriales con colonos. Con los tiempos modernos, las estructuras tradicionales
comenzaron a desintegrarse y la demanda de productos agrícolas aumentó, lo que llevó a la
absorción del campesinado rico en la pequeña nobleza y a un cambio hacia la agricultura
capitalista. Durante la Edad Media, minifundistas y campesinos ricos formaban parte del
mismo grupo social, con aspiraciones determinadas por el interés de la clase terrateniente. El
campesinado tenía arraigados sentimientos de propiedad familiar y la convicción de que el
derecho de explotación era hereditario. Las prácticas campesinas en movimientos sociales,
políticos o religiosos eran configuradas por otras clases sociales.
DOBB: El texto analiza la transición del feudalismo al capitalismo, enfocándose en las
causas y el proceso de esta transformación. Se describe el feudalismo como un sistema
socioeconómico donde el estatus y la autoridad se asocian con la tenencia de la tierra,
obligando al productor a ceder parte de su trabajo o producción a su superior feudal. La
decadencia del feudalismo se atribuye comúnmente al desarrollo del comercio, que erosionó
la "economía natural" al introducir una "economía monetaria". El auge del comercio a larga
distancia, particularmente a partir del siglo XII, impulsó la demanda de productos de lujo,
llevando a los señores feudales a interesarse en el comercio y obtener rentas en dinero. Sin
embargo, el texto cuestiona la idea de que el comercio fue el único factor determinante,
señalando que la relación entre el comercio y la desintegración del feudalismo no es tan
simple. En algunas regiones, el desarrollo del comercio intensificó la servidumbre en lugar de
disolverla. Se argumenta que la concepción de que el capital mercantil evolucionó
directamente a capital industrial es una simplificación, ya que el desarrollo del comercio no
necesariamente conduce al capitalismo. El texto también destaca que la existencia del
comercio y la producción para el mercado no siempre fueron incompatibles con la
servidumbre.
El sistema de producción feudal se caracteriza por pequeñas explotaciones donde la
apropiación del excedente se realizaba directamente. En Inglaterra, esta apropiación cambió
de trabajo a renta monetaria, aunque esta renta seguía siendo de carácter feudal. La crisis
general del feudalismo en Europa occidental durante los siglos XIV y XV se debió más a la
liquidación de la economía señorial que a la disminución de la población. Esta crisis mejoró
la situación del campesinado y aumentó la producción simple de mercancías, lo que a su vez
aceleró la diferenciación social y preparó el terreno para las relaciones de producción
burguesas. Los campesinos más prósperos comenzaron a contratar trabajo asalariado. La
lucha de los pequeños productores por liberarse de las servidumbres feudales fue un factor
clave en la decadencia del feudalismo. Los campesinos acomodados fueron los líderes de las
revueltas contra la opresión feudal. Marx identificó dos caminos de transición: el productor
que se convierte en comerciante y capitalista, y el comerciante que toma posesión de la
producción. En Inglaterra, esta transición se evidencia en los siglos XIV a XVII. En el siglo
XVI y principios del XVII, surgieron nuevas industrias, como la minería y la producción de
jabón. Las estructuras sociales preexistentes influyeron en la forma que adquirió el
capitalismo en diferentes países. Aunque las rentas feudales disminuyeron y cambiaron a
pagos monetarios, la aristocracia feudal seguía siendo la clase dirigente en esos siglos. El
absolutismo político surgió como una nueva forma de estado, aunque seguía siendo de
carácter feudal. El texto menciona que las relaciones capitalistas de producción aparecieron
antes de la revolución industrial, pero esta etapa se considera precursora y no un sistema de
producción diferente.
BRENNER: El texto aborda la crisis del feudalismo y los diferentes modelos de desarrollo
que surgieron a partir de esta. A mediados del siglo XV, tras la disminución de los efectos de
la crisis y la peste, los campesinos volvieron a cultivar, lo que incrementó la producción y
redujo temporalmente los impuestos. Esto llevó a una expansión de los cultivos y un
crecimiento poblacional, aumentando así los ingresos de nobles y campesinos. El aumento de
la demanda debido a la expansión de la industria impulsó la búsqueda de nuevas rutas
comerciales por mar, dirigidas hacia América y Oriente. En este contexto de expansión
económica, se mantuvieron modelos de control de la tierra basados en la extracción del
excedente. En Europa oriental, particularmente en Prusia, se emitieron ordenanzas que
limitaban la movilidad campesina, logrando imponer severos controles en el siglo XV e
intensificando la servidumbre en un amplio sector del campesinado. A diferencia de lo
ocurrido en el este, en Alemania occidental no se logró reforzar la servidumbre para superar
la crisis, debido a la combatividad de los campesinos. Mientras que en el este, los señores se
auto-organizaron a través de nuevas formas de estado feudal para mitigar la disminución de
ganancias mediante el reforzamiento de la servidumbre. Los campesinos del este, aunque
inicialmente con más libertad, terminaron en una situación de inferioridad cuando sus señores
intensificaron los impuestos y el control. La repoblación en el oeste fue mucho más compacta
que en el este, lo que permitió a los campesinos tejer redes más solidarias. En el oeste, la falta
de correlación entre pueblo y señorío produjo una división de la autoridad, mientras que en el
este, esta correlación contribuyó a una jurisdicción compartida. En la región de Samland, en
Prusia oriental, se produjeron revueltas campesinas en 1525, a pesar de que en la mayor parte
de Alemania occidental también tuvieron lugar revueltas campesinas en ese mismo año. Los
caballeros teutones impidieron la formación de grupos intermedios de nobles, consolidando
un campesinado más fuerte y cohesionado. En el oeste, las comunidades campesinas lograron
un control significativo de las tierras, mientras que en el este resurgió la servidumbre. El
comercio de cereales se señala como la condición para el surgimiento de la servidumbre en el
este, aunque no explica la sumisión de los campesinos. En cuanto a la propiedad de la tierra,
en Francia, los campesinos resistieron la expropiación y se convirtieron en propietarios,
debido a la relajación de los señores quienes obtenían beneficios del estado absolutista. La
monarquía francesa abolió la servidumbre y apoyó las costumbres locales, consolidando la
propiedad campesina. Esto llevó a una centralización de las cargas del excedente, donde el
estado absolutista aseguraba la lealtad de sus servidores a través de la garantía de derechos de
propiedad. En contraste, en Inglaterra, los señores tenían una posición más fuerte que sus
contrapartes franceses. La propiedad de la tierra les daba el derecho de arrendar, lo que
diferenciaba económicamente a los campesinos y beneficiaba a los grandes arrendatarios. El
desarrollo agrícola en Inglaterra se produjo en un marco capitalista, donde los productores no
poseían los medios de reproducción y se veían obligados a producir para el mercado. Los
señores ingleses no necesitaban la coacción directa ni los servicios del estado para apropiarse
del excedente. En Inglaterra, la competencia entre colonos y señores estimuló la
especialización y consolidó la transformación agrícola. A diferencia de Francia, donde solo
los campesinos pagaban impuestos, en Inglaterra todos pagaban. La fuerza del mercado
incentivó la acumulación de tierras y la diferenciación social en Inglaterra. Mientras que en
Francia, la seguridad de la tenencia de la tierra permitió la subdivisión de parcelas,
impidiendo la acumulación y el desarrollo de una clase capitalista agraria. A finales del siglo
XVI, las estructuras agrarias de Francia e Inglaterra no presentaban diferencias significativas,
pero para Brenner, la evolución agraria de Francia no presentaba una ruptura con el periodo
medieval, a diferencia de Inglaterra. La divergencia en la estructura de la propiedad de la
tierra se vio condicionada tanto por los modelos de distribución de la propiedad como por las
fuerzas de producción agrícola. En Francia, el control campesino de la producción y la
subdivisión de parcelas para la subsistencia impidieron el crecimiento del producto y llevaron
a una crisis de subsistencia. En Inglaterra, en cambio, se produjo una revolución agrícola
gracias a una tecnología que combinaba la agricultura y la ganadería. La agricultura
capitalista en Inglaterra generó una clase de agricultores capaces de invertir a gran escala,
mientras que los pequeños agricultores se vieron obligados a especializarse o desaparecer. La
agricultura mixta, que preservaba el suelo y triplicaba la producción ganadera, se convirtió en
una ventaja del sistema capitalista. En Francia, las grandes explotaciones controladas por
arrendatarios funcionaban de manera opuesta a las inglesas, debido al dominio campesino. El
aumento de los impuestos y los conflictos bélicos debilitaron la propiedad campesina en
Francia, obligando a los campesinos a endeudarse y vender sus tierras. La baja productividad
agrícola de base campesina limitó el mercado interno francés. En Inglaterra, la intensificación
y expansión de formas avanzadas de producción generaron beneficios durante la baja de los
precios del trigo. En contraste, en Francia, la baja de precios llevó al endeudamiento y a la
pérdida de tierras. La inferioridad de la agricultura francesa con respecto a la inglesa se
atribuye a la vulnerabilidad de Francia frente a las devastaciones bélicas. La estructura
agraria holandesa, diferente del modelo campesino feudal, no tenía una clase señorial
arraigada para extraer excedente. En Holanda, los agricultores se especializaron e
intercambiaron sus productos en el mercado, lo que eliminó a los pequeños colonos y
constituyó grandes propiedades sobre la base del capital. En el caso flamenco, los pequeños
agricultores no poseían sus propios medios de subsistencia y se especializaron en cultivos
industriales. Finalmente, el crecimiento de la productividad agrícola en Inglaterra fue clave
para el desarrollo económico y la transformación de las clases agrarias, lo que permitió un
proceso continuo más allá de las crisis en el resto de Europa. La producción textil creció
gracias a la demanda de productos de lujo, aunque la exportación inglesa se vio limitada por
el mercado europeo. A diferencia de otras economías, Inglaterra experimentó un incremento
demográfico y un crecimiento frente a la crisis de estancamiento. El desarrollo industrial
europeo continuó condicionado por sus bases agrarias feudales a lo largo de la edad moderna.
KRIEDTE: El texto describe los cambios demográficos, agrícolas y socioeconómicos que
tuvieron lugar en Europa durante el siglo XVI, marcados por un crecimiento de la población,
una expansión de la agricultura y una serie de transformaciones en las relaciones de
producción. Inicialmente, el aumento poblacional se vio favorecido por una reducción de la
mortalidad y un incremento de la fertilidad, debido a mejores condiciones económicas y de
abastecimiento. Sin embargo, este crecimiento demográfico eventualmente superó la
capacidad de los recursos disponibles, generando crisis de subsistencia y aumentando la
presión sobre la tierra. La expansión de la agricultura fue principalmente de carácter
extensivo, es decir, se cultivaron nuevas tierras en lugar de intensificar la producción. En
algunas regiones, como la costa del Mar del Norte, se lograron importantes avances en la
conquista de terrenos para el cultivo. En Inglaterra, la presión demográfica llevó a una
transformación gradual de los campos de pastoreo en tierras de labranza. Esta transformación
fomentó la complementariedad entre la agricultura y la ganadería, mejorando la calidad de la
tierra y permitiendo el aprovechamiento del estiércol. Un elemento clave de esta época fue el
cercamiento de tierras, que eliminó los derechos de pastoreo comunales y favoreció la
concentración de parcelas. Estos cercamientos fueron impulsados por grandes campesinos y
terratenientes que buscaban aumentar la eficiencia económica y aprovechar el aumento de los
precios. La demanda de lana de la industria textil también contribuyó a este proceso,
convirtiendo el comercio de lana en un precursor del capitalismo en el campo. La nobleza
rural, al ver sus rentas estancadas frente al aumento de los precios, optó por elevar las cargas
feudales o incorporar tierras campesinas a sus dominios, para luego arrendarlas a precios más
altos. En algunos casos, se recurrió al sistema de aparcería, donde se dividía el producto bruto
entre el señor y el campesino. En otras regiones, como España, la ganadería ovina mantuvo
una fuerte influencia, generando conflictos con los intereses agrícolas. En Italia, la agricultura
experimentó progresos tanto en el centro y norte como en el sur. En Alemania, al oeste del
Elba, se priorizó nuevamente la agricultura sobre la ganadería. Los Países Bajos destacaron
por su agricultura intensiva, abandonando el cultivo por hojas trienales en favor de sistemas
de explotación más eficientes. En contraste, en Europa centro-oriental, la situación se
caracterizó por el resurgimiento de la servidumbre, donde las explotaciones campesinas
estaban cada vez más controladas por los señores. En algunas partes de esta región, el
mercado interno jugó un papel importante en el desarrollo económico. En cuanto a la
manufactura, si bien la producción textil seguía siendo la más importante, se observaron
avances en la minería, la siderurgia y la industria del hierro. El aumento de la demanda de
dinero metálico impulsó la minería de plata y cobre. Las fuentes de energía disponibles
seguían siendo limitadas, principalmente la fuerza humana y animal, la energía hidráulica y
eólica, y la madera. Inglaterra realizó progresos en la sustitución de la madera por el carbón,
lo que contribuyó a aflojar la demanda de madera. El comercio también experimentó un
crecimiento en toda Europa, tanto por tierra como por mar, lo que llevó a una gradual
integración del mercado europeo en un mercado mundial. El aumento de la población y la
demanda de productos manufacturados impulsaron el crecimiento económico, aunque hacia
finales del siglo la inflación redujo el poder adquisitivo de los consumidores. La inflación
afectó de manera desigual los precios de los productos alimenticios y los manufacturados,
aumentando más los primeros. Esta situación llevó a una caída de los salarios reales, ya que
la oferta de mano de obra creció más rápido que su demanda. Finalmente, el texto señala que
la dinámica del siglo XVI desembocó en una crisis general, donde el crecimiento de la
población se convirtió en un obstáculo para el desarrollo económico. El aumento de la
pobreza y la mendicidad, así como los conflictos por la distribución del producto agrario,
marcaron el fin de este período de crecimiento y el inicio de una crisis social y económica.
DE VRIES: El texto describe la agricultura y los cambios socioeconómicos en Europa
durante los siglos XVII y XVIII, con un enfoque en la transición del sistema feudal a uno más
capitalista. La unidad económica básica en la Edad Media era el señorío, que se sostenía con
el excedente extraído a los campesinos. A finales del siglo XVI, el mapa económico europeo
consistía en ciudades con sus áreas de influencia de entre 130 y 260 km². En el siglo XVII, el
poder imperial y el desarrollo capitalista de la burguesía dependían de la economía agraria.
Para impulsar la expansión económica, los estados y los intereses comerciales buscaron
extraer recursos de la economía campesina, beneficiando a instituciones más distantes como
las ciudades y sus mercados. Esto requería incrementar el excedente del campesinado y
legitimar nuevas relaciones sociales. Se implementaron sistemas de intensificación y
especialización agrícola: en el Mediterráneo, Sicilia y Andalucía se convirtieron en grandes
exportadores de granos, mientras que el norte, como el Báltico, Alemania oriental y Polonia,
también se especializaron en la producción de cereales. Las áreas alejadas de las vías
navegables se dedicaron a la ganadería, con ganado ovino en el sur y vacuno en el norte y
este. Los pastores trasladaban el ganado a los mercados urbanos, como Londres, París y los
Países Bajos, donde el cultivo intensivo se había expandido. La producción orientada al
mercado estaba limitada por el pago del diezmo, los derechos feudales, las rentas y el
consumo familiar. El crecimiento demográfico del siglo XVI exigió una alimentación
variada, lo que generó presión para mejorar la producción en una economía con tecnologías
preindustriales. Para aumentar la producción, se recurrió a la deforestación y la reutilización
de tierras abandonadas tras la peste negra. También se invirtieron grandes capitales en obras
de infraestructura, como el secado de pantanos. Se adoptó la rotación de cultivos, incluyendo
la rotación trienal, el uso de abono animal o humano, y se sembró en campos largos. Sin
embargo, estos avances no lograron aumentar significativamente el abastecimiento de
alimentos, debido a que los hacendados vigilaban las prácticas de los arrendatarios para evitar
que estos evadieran sus obligaciones de pago. Existía el sistema de campos comunales, donde
la tierra se dividía en parcelas entre los cultivadores, y los pastos y bosques eran de uso
común. La regulación del uso de pastos y tierras cultivables se realizaba a través de
asambleas de labradores, y se coordinaba la siembra y la cosecha. Los campos abiertos
cosechados exigían que todos los campesinos sembraran la misma cosecha al mismo tiempo.
Esta agricultura cooperativa buscaba incrementar la producción, reduciendo el riesgo de mala
cosecha para cada agricultor. La transformación de los campos comunales en cercados fue un
proceso gradual, y en 1700 todavía quedaba la mitad de la tierra agrícola inglesa por cercar.
Otros obstáculos para aumentar la producción de alimentos eran la inversión de capital y la
resistencia del campesino a una intensificación mayor del cultivo. Los campesinos debían
pagar derechos señoriales, el diezmo y los impuestos reales. Durante los siglos XVII y XVIII,
las presiones económicas sobre el campesinado se intensificaron, lo que obligó a las familias
campesinas a abrirse al mercado, tanto como productores como consumidores. Muchos
campesinos dejaron de serlo a mediados del siglo XVIII, ya que su producción se orientaba al
mercado local. Inicialmente, el aumento de la producción se daba por el crecimiento de la
población y la baja de precios cuando disminuía la demanda. Pero después de 1650, la caída
de los precios se debió al aumento de la producción. En el siglo XVII, el crecimiento
poblacional se desaceleró, disminuyó la demanda de bienes básicos, bajaron los precios y las
rentas. Los ingresos reales de los compradores de alimentos aumentaron, el precio del pan
disminuyó y creció la compra de bienes de lujo. En Inglaterra, la estructura agraria
evolucionó desde el siglo XV hasta el siglo XIX, culminando en grandes haciendas divididas
en fincas arrendadas. Durante el siglo XVI, los terratenientes buscaron cambiar los
arrendamientos hereditarios, teniendo éxito con los cercamientos, que eran muy rentables
para la cría de ovejas. Antes de la guerra civil, la aristocracia había incrementado su parte en
la tierra. El triunfo de la aristocracia inglesa destruyó las instituciones que podrían haber
protegido al campesinado, pero tampoco impulsó la servidumbre. La zona agrícola inglesa se
dividía en tres: los valles del sur y este, donde predominaban los cereales; las tierras altas del
norte y oeste, dedicadas a la cría de ganado (ovejas) y al policultivo. La caída del precio de la
lana en el siglo XVII, debido a las leyes que prohibían su exportación sin elaborar, ralentizó
el proceso de cercamiento. Hubo mejoras en la agricultura durante la expansión del siglo
XVI, con la llegada de flamencos y el crecimiento del mercado. Durante la depresión
agrícola, se introdujeron cambios tecnológicos que fueron clave para la expansión agrícola.
El cultivo intensivo, a pesar del crecimiento demográfico, difícilmente aumentaría el
excedente mercantilizado. La baja del precio del grano y la lana, junto con el aumento de los
lácteos y el ganado, llevó a muchos agricultores a cambiar parte de sus tierras de cultivo por
pastos. Las leguminosas y los forrajes introducidos en la agricultura flamenca mejoraron la
fertilidad del suelo y redujeron los años de barbecho. Estas innovaciones bajaron los costos
de la producción de cereales y aumentaron la producción de forraje. En los siglos XVII y
XVIII, la agricultura se reorganizó bajo la presión de la caída de los precios, lo que permitió a
Inglaterra convertirse en el mayor exportador del Báltico en el siglo XVIII. El gobierno
compensó los bajos precios de la lana y los cereales con subvenciones. Los latifundistas
reinvirtieron sus recursos en mejoras técnicas. Cuando los precios estaban un tercio por
debajo de la década de 1660, los agricultores buscaron beneficios. La sociedad campesina del
siglo XVII enfrentó presiones que amenazaron su estilo de vida. Los cercamientos a veces
surgieron del propio campesinado, lo que generó grietas en el sistema. En Alemania, los
príncipes consolidaron la posesión de la tierra de una clase de grandes arrendatarios
hereditarios. La restructuración de la industria en los siglos XVII y XVIII se dio en el
contexto de la depresión agrícola de 1650. La baja en la producción de alimentos y el cese del
crecimiento demográfico llevaron a la caída del precio del grano, lo que liberó rentas y
estimuló la demanda de artículos de lujo. La baja de precios de los productos básicos
aumentó la demanda de manufacturas, fomentando la inclusión del trabajador en el sector
industrial. Las rentas agrícolas disminuyeron, y la incapacidad de los agricultores para bajar
los costos de producción provocó su sustitución por el trabajo agrícola industrial. Esto
provocó el desplazamiento de la industria al campo, desalentando la migración a la ciudad.
Las familias dejaron de depender de la agricultura para depender del trabajo asalariado en la
industria. Ahora, tanto el agricultor como el campesino pobre tenían menos autosuficiencia,
lo que aumentó la demanda de productos manufacturados. Antes del siglo XVII, el trabajo
artesanal se desarrollaba en las ciudades, pero las industrias se trasladaron al campo exentas
de regulaciones gremiales. Así, los gremios perdieron influencia y se desarrollaron empresas
capitalistas que empleaban a un número considerable de asalariados. Entre los siglos XVII y
XVIII, se produjo el traslado total de la industria de la ciudad al campo, con redes que
conectaban a los trabajadores rurales. En áreas donde los precios agrícolas bajaron, los
campesinos migraron a las industrias para complementar sus ingresos. El comerciante
organizaba esta fuerza de trabajo, transformando al campesino en un productor especializado
para el mercado. En algunos lugares, el campesinado pasó a depender de la industria rural y
de los comerciantes. Los trabajadores eran artesanos independientes que usaban mano de
obra familiar, pero carecían de materias primas y medios para comercializar sus productos. El
comerciante compraba la lana y la enviaba a los hilanderos, pudiendo tener cientos de
trabajadores. El trabajo se realizaba en las casas, lo que dificultaba el control de la calidad y
el tiempo de producción. Los trabajadores seguían trabajando la tierra para su subsistencia, lo
que permitía pagarles bajos sueldos. La solución fue la concentración en fábricas, que
permitía disciplinar a los trabajadores y economizar el capital. La proliferación de la
proto-industria preparó el terreno para la transición a la producción fabril. En zonas del
campo donde la industria se expandió, crecieron las poblaciones y cambiaron las condiciones
de vida. En zonas industriales, la población creció significativamente más que en zonas
agrícolas. En las zonas montañosas, los empleos industriales quitaron importancia al
problema de la tierra, y el matrimonio dejó de depender de la adquisición de propiedades. La
demanda de dinero y la presión del rey también influyeron en estos cambios.
CAMPAGNE: El texto describe el proceso de transformación de la agricultura inglesa y los
cambios socioeconómicos asociados, con énfasis en los cercamientos (enclosures) y su
impacto en la sociedad rural. Este proceso se desarrolla a lo largo de varios siglos, desde la
Edad Media hasta el siglo XIX, y está intrínsecamente ligado a la transición del feudalismo al
capitalismo. Inicialmente, las estructuras sociales se basaban en la relación entre
terratenientes y campesinos, pero con el tiempo, esta estructura se transformó en una triada
compuesta por terrateniente, arrendatario y asalariado. Esta transformación se produce a
través de dos procesos simultáneos: la tecnificación agraria y la transformación del régimen
de propiedad. Los cercamientos son un elemento central de esta transformación. Inicialmente,
el sistema de "open fields" o campos abiertos predominaba, donde las tierras se cultivaban de
forma comunitaria. Sin embargo, los cercamientos transformaron este sistema al establecer la
propiedad privada y el uso exclusivo de la tierra. Los cercamientos se llevaron a cabo de
diversas formas, incluyendo acuerdos mutuos, acciones militares y, sobre todo, a través de
leyes parlamentarias. Los cercamientos parlamentarios fueron particularmente importantes en
los siglos XVIII y XIX, y conllevaron la eliminación de las tierras comunales (saltus,
common lands). El proceso de cercamiento tuvo como consecuencia la expulsión y
proletarización de los productores directos, quienes fueron expropiados de sus tierras y
obligados a convertirse en asalariados. Esto fue facilitado por la falta de barreras legales para
la incorporación de las propiedades enfitéuticas a las reservas señoriales. Para el siglo XVII,
el 75% de la tierra cultivable ya estaba en manos de los terratenientes. Los cercamientos
generaron una estructura de propiedad continua e indivisible, en contraste con la dispersión
de propiedades del régimen de open fields. A lo largo del tiempo, la postura del estado hacia
los cercamientos cambió. En el siglo XVI, el estado se opuso a los cercamientos, pero en el
siglo XVIII, fomentó su realización. Durante el siglo XVI y XVII, los cercamientos se daban
de forma gradual, por acuerdos mutuos, generalmente entre pocos propietarios. Los
cercamientos generales de aldeas se volvieron comunes en el siglo XVIII. La práctica de
cercamiento, combinada con la reversión de tierras de cultivo a pastoreo, especialmente para
la cría de ovejas, generó un desplazamiento de la población campesina hacia las ciudades. La
demanda de lana en el mercado nacional e internacional impulsó esta reversión de tierras y el
cercamiento. La legislación real inicialmente se opuso al cercamiento, pero con el tiempo se
erosionó por sus propias excepciones, y finalmente, el parlamento apoyó los cercamientos. El
campesinado expulsado se transformó en mano de obra para las ciudades y en consumidores,
lo cual fue fundamental para el desarrollo del capitalismo industrial. La consolidación de la
propiedad privada y la proletarización del campesinado son elementos clave en esta
transformación. En última instancia, la eliminación del régimen de campos abiertos y la
propiedad colectiva marcaron el fin de una era y sentaron las bases para el desarrollo de una
economía capitalista en Inglaterra.
WILLIAMS: El texto describe la transformación de la agricultura inglesa y los cambios
socioeconómicos relacionados, enfocándose en los cercamientos y su impacto en la sociedad
rural, un proceso que se extendió desde la Edad Media hasta el siglo XIX y que está ligado a
la transición del feudalismo al capitalismo. Inicialmente, las relaciones sociales se basaban en
la interacción entre terratenientes y campesinos, pero evolucionaron hacia una estructura de
terrateniente, arrendatario y asalariado, impulsada por la tecnificación agraria y la
modificación del régimen de propiedad. Los cercamientos, que transformaron el sistema de
campos abiertos al establecer la propiedad privada y el uso exclusivo de la tierra, fueron un
elemento clave en este cambio. Estos se llevaron a cabo por acuerdos, acciones militares y,
sobre todo, a través de leyes parlamentarias, especialmente en los siglos XVIII y XIX,
resultando en la eliminación de las tierras comunales. Este proceso tuvo como consecuencia
la expulsión y proletarización de los campesinos, que fueron expropiados de sus tierras y
obligados a convertirse en trabajadores asalariados. Para el siglo XVII, la mayor parte de la
tierra cultivable ya estaba en manos de los terratenientes, consolidando una estructura de
propiedad continua. La postura del estado hacia los cercamientos cambió con el tiempo;
inicialmente se opuso, pero en el siglo XVIII los apoyó. La combinación de los cercamientos
con la reversión de tierras de cultivo a pastoreo, para la cría de ovejas, provocó un
desplazamiento de la población campesina hacia las ciudades. El campesinado expulsado se
convirtió en mano de obra y consumidores, lo cual fue fundamental para el desarrollo del
capitalismo industrial. La consolidación de la propiedad privada y la proletarización del
campesinado son elementos clave en esta transformación. La eliminación del régimen de
campos abiertos y la propiedad colectiva marcaron el fin de una era y sentaron las bases para
la economía capitalista en Inglaterra.
OGILVIE: El texto examina la economía europea del siglo XVIII, caracterizada por una
coexistencia de estructuras preindustriales y los primeros indicios de industrialización,
marcando una transición entre una economía moral tradicional y la industrialización
moderna. Contrario a la idea de una industrialización generalizada, solo Gran Bretaña
experimentó un proceso significativo en este siglo, con el resto de Europa continental
mostrando indicios hasta finales del siglo. La agricultura seguía siendo el motor principal de
la economía, determinando el crecimiento y desarrollo. Se observaron cambios en la
agricultura, especialmente en los Países Bajos e Inglaterra, donde la mejora en los métodos de
cultivo condujo a una mayor productividad, lo que se conoce como la "revolución agraria".
Sin embargo, estas transformaciones no fueron uniformes, ya que algunas regiones
mantuvieron prácticas agrarias tradicionales. En el ámbito industrial, el siglo XVIII fue
testigo de un crecimiento paulatino más que de una transformación radical. Las manufacturas
evolucionaron discretamente, con talleres locales y protoindustrias produciendo bienes para
el consumo local y la exportación. Aunque las primeras fábricas surgieron después de 1760,
las técnicas manuales y las estructuras gremiales predominaron hasta mucho después de
1800. La producción industrial se concentró en áreas específicas, mientras que otras regiones
mantuvieron sistemas de producción tradicionales. El comercio también experimentó
cambios, aunque el comercio más relevante del siglo XVIII fue el que se desarrolló dentro de
Europa, superando al comercio exterior en volumen e impacto económico. En algunas
regiones, se mejoró el transporte, lo que facilitó el acceso a bienes de consumo y estimuló el
trabajo remunerado. La agricultura era esencial, empleando a la mayoría de la población y
proporcionando la principal fuente de alimentos. La productividad agrícola era limitada, con
las familias campesinas produciendo solo un pequeño excedente, pero con la revolución
agraria se buscaba generar excedentes para alimentar a la creciente población no agrícola.
Los niveles de producción de granos se mantuvieron estables en gran parte de Europa, pero
los Países Bajos e Inglaterra lograron mejoras significativas. La revolución agrícola superó
problemas como el agotamiento del suelo a través de nuevas rotaciones de cultivos, el uso de
pastos convertibles y la difusión de nuevos cultivos. Sin embargo, esta revolución no fue
generalizada, ya que factores sociales e institucionales restringían el uso eficiente de la tierra.
El desarrollo agrícola requería cambios en el uso de la mano de obra y del capital, además de
mercados donde vender los excedentes. En contraste con la agricultura, la industria no tenía
un conjunto claro de técnicas para impulsar la productividad hasta las décadas de 1760 y
1770. La economía europea en 1700 era principalmente agrícola, pero la industria era
necesaria para procesar alimentos y fabricar bienes. Estas necesidades se satisfacían a través
de la manufactura doméstica, el trabajo de los artesanos y la protoindustria. La protoindustria,
que exportaba a mercados distantes, se expandió significativamente durante el siglo XVIII.
Algunos historiadores han argumentado que el crecimiento de la protoindustria preparó el
camino para la industrialización en fábricas, aunque esta teoría ha sido cuestionada. Otra
teoría, la de la "revolución industriosa", sugiere que los europeos comenzaron a dedicar más
tiempo a la producción para el mercado, lo que impulsó la demanda y la industrialización. La
eficacia y adaptabilidad de los productores industriales variaban según la región,
influenciadas por factores sociopolíticos e institucionales. Los gremios urbanos, que ejercían
monopolio sobre la industria, limitaban la competencia y retrasaban el progreso de la
artesanía. En los Países Bajos e Inglaterra, los monopolios gremiales se debilitaron temprano,
lo que obligó a los productores industriales a minimizar costos y adaptarse a los cambios
económicos. En la mayor parte de Europa central y meridional, los gremios continuaron
siendo fuertes, reduciendo la competitividad de la industria. El cambio industrial requería
gobiernos fuertes y mercados eficientes para utilizar los recursos de manera nueva y vender
los productos con beneficio. A medida que la ciencia newtoniana se difundía, proliferaron
nuevas ideas científicas con aplicaciones industriales. Inglaterra logró reunir todos los
factores necesarios para el desarrollo industrial, y el número de patentes industriales se
expandió, lo que llevó a la invención de nuevas máquinas como la water frame, la spinning
jenny y la máquina de vapor. Estas invenciones transformaron la industria, aumentando la
productividad y disminuyendo los costos, lo que planteó un reto para el equilibrio de la
industria europea. La solución para las industrias existentes era la introducción de máquinas y
fábricas, pero las barreras sociales dificultaron este proceso. Muchas industrias europeas
intentaron reducir los salarios para competir, pero otras se especializaron en bienes de alta
calidad o materias primas difíciles de mecanizar. Las respuestas a la competencia de las
fábricas variaron, y muchas economías no se industrializaron hasta el siglo XIX. El
proteccionismo y la desindustrialización permitieron sostener los privilegios institucionales.
En cuanto al comercio, el mercantilismo consideraba el comercio como el motor del
crecimiento económico. El comercio a larga distancia, especialmente el "comercio
triangular", se expandió, pero se cuestiona si fue realmente el motor del crecimiento
económico. El texto argumenta que el comercio más importante fue el intercambio regional y
local, necesario para la especialización industrial y la reducción de precios. Los altos costos
de transporte y las barreras institucionales, como los peajes internos y los derechos feudales,
limitaban el comercio. Las ciudades también imponían restricciones, limitando la
competencia. La transformación de los comerciantes y el surgimiento de las "compañías
mercantiles" también se discuten. El contraste entre las economías avanzadas y atrasadas se
encontraba en si estas compañías privilegiadas monopolizaban el comercio protoindustrial y
de granos. Finalmente, el texto aborda la "revolución industriosa", donde el crecimiento de la
productividad y la disminución de los costos del comercio llevaron a una mayor
disponibilidad de bienes de consumo, lo que a su vez cambió la distribución del tiempo de las
personas. Sin embargo, esta revolución no ocurrió de manera uniforme en toda Europa, ya
que se vio influenciada por factores sociopolíticos e institucionales. En resumen, las
revoluciones económicas del siglo XVIII no fueron ni inevitables ni generales, ya que la
sociedad y la política a menudo obstaculizaron el cambio económico.
THOMPSON: El texto examina los motines de subsistencia en la Inglaterra del siglo XVIII,
argumentando que estos no eran simplemente explosiones de hambre irracional, sino acciones
populares complejas y disciplinadas, motivadas por una "economía moral" compartida por los
pobres. Esta economía moral se basaba en la creencia de que existían prácticas justas en la
comercialización y elaboración de alimentos, y que las desviaciones de estas prácticas, como
los precios excesivos o la mala calidad, justificaban la acción directa. Los motines eran una
forma de defender derechos y costumbres tradicionales que se consideraban parte del
consenso de la comunidad. Los motines eran a menudo desencadenados por el alza de los
precios, la mala práctica de los comerciantes y el hambre, pero estos agravios operaban
dentro de un consenso popular sobre las prácticas legítimas e ilegítimas en la
comercialización y producción de pan. Esta economía moral estaba basada en una idea
tradicional de las normas y obligaciones sociales, en las que se consideraba que los sectores
de la comunidad debían cumplir funciones económicas específicas. Esta visión contrastaba
con la nueva economía política del laissez faire, que proponía la autorregulación del mercado
y la libre circulación de granos. El conflicto entre estas dos visiones se manifestaba en las
tensiones entre los consumidores y los productores, y en las políticas gubernamentales, que a
menudo oscilaban entre la intervención paternalista y la defensa del libre mercado. Los
precios del pan eran un punto central de conflicto, ya que la gente trabajadora era más
sensible a los aumentos de precios que a los problemas salariales. Las regulaciones del precio
del pan intentaban evitar que los panaderos obtuvieran ganancias excesivas a expensas de los
pobres, pero estas regulaciones eran a menudo eludidas a través de la venta de grano por
muestreo y otras prácticas. Los intermediarios en el comercio de grano eran vistos con
sospecha, ya que se les acusaba de acaparar y especular con los precios, causando escasez
artificial. Las prácticas de los mercados se volvieron menos claras a medida que el grano
pasaba por una red más compleja de intermediarios, y los agricultores podían retener sus
provisiones hasta que el precio subiera. El modelo paternalista, que promovía la
comercialización directa del agricultor al consumidor y el control de los mercados, coexistía
con la nueva economía política, aunque en la práctica este modelo se aplicaba de forma
fragmentaria, siendo invocado por las autoridades solo en tiempos de emergencia. La
población, por su parte, también se adhería a este modelo como su derecho, lo que convertía a
las autoridades en cierta medida en sus "prisioneros". Los motines eran una manera de
reafirmar la legitimidad de este modelo paternalista, que contrastaba con las prácticas del
libre mercado. Las acciones directas en los motines incluían la fijación de precios, el ataque a
molinos y graneros, y la destrucción de maquinaria. Sin embargo, estas acciones no eran
simples actos de saqueo, sino una forma de castigar a quienes se consideraba que estaban
actuando injustamente. Las mujeres jugaban un papel importante en los motines, actuando
como iniciadoras y participando en la compra y venta de productos. Los motines a menudo se
organizaban con una cierta disciplina y planificación, utilizando tambores y trompetas para
reunir a la multitud, y con frecuencia los pobres conocían los hechos locales mejor que la
gentry. El motín, además de ser una calamidad, podía generar una dislocación profunda de las
relaciones sociales que perduraba por años. El texto también describe cómo los motines de
subsistencia se relacionaban con otros movimientos sociales, como el ludismo. Los supuestos
morales de la antigua economía, que consideraban antinatural que alguien se beneficiara de
las necesidades de otro, persistieron incluso cuando la economía de libre mercado se
estableció. El texto finaliza sugiriendo que la visión tradicional de los motines como
respuestas espasmódicas al hambre es una simplificación producto de la propia economía
política, y que la economía moral de la multitud persistió más allá de la economía
paternalista, influyendo incluso en los primeros molinos harineros cooperativos.
THOMPSON: El texto examina la formación de la clase obrera inglesa entre 1780 y 1832,
argumentando que la clase no es una estructura estática, sino un fenómeno histórico en
constante cambio, definido por las relaciones humanas y las experiencias compartidas. La
clase obrera no surgió de repente, sino que estuvo presente en su propia formación. La
experiencia de clase está determinada por las relaciones de producción, pero la conciencia de
clase se manifiesta en tradiciones, sistemas de valores e ideas. La clase se forma a través de la
experiencia y la acción de las personas en un contexto histórico real, cuando sienten y
articulan la identidad de sus intereses en común, pero también frente a otros cuyos intereses
son distintos u opuestos. La Revolución Industrial intensificó la explotación económica y la
opresión política, volviendo las relaciones entre patrón y obrero más impersonales y estrictas.
Los trabajadores experimentaron salarios bajos, largas jornadas laborales y condiciones
precarias, lo que contribuyó a una mayor conciencia de clase. El crecimiento demográfico, la
Revolución Industrial y la contrarrevolución política fueron fundamentales en la
conformación de la clase obrera. La legislación derogó leyes que protegían a los trabajadores
y prohibió las asociaciones obreras, dejándolos vulnerables. Los trabajadores perdieron sus
derechos comunales y se convirtieron en asalariados con empleos precarios, intensificándose
la explotación en la agricultura, las industrias domésticas y las fábricas. El texto también
analiza la controversia sobre el nivel de vida durante la Revolución Industrial, señalando que,
aunque algunos estudios sugieren que los salarios reales aumentaron, esto fue a costa de más
horas y mayor intensidad de trabajo. Las estadísticas no reflejan la calidad de vida, que
incluye salud, vivienda y otros aspectos que podrían haber empeorado. La experiencia de
explotación se sintió como un cambio negativo en la vida de los trabajadores, más allá de los
simples salarios. El texto busca rescatar del olvido las experiencias y aspiraciones de los
trabajadores, sin juzgarlos por el resultado final. La historia de la clase obrera es diferente en
otras regiones, como Escocia y Gales, y el texto se centra en el caso inglés. El objetivo
principal es entender la clase como una formación social y cultural en un proceso histórico,
en lugar de una estructura fija.
HOBSBAWM: La economía europea experimentó una crisis general durante el siglo XVII,
marcando la última fase de la transición del feudalismo al capitalismo. El Mediterráneo
perdió su influencia económica, política y cultural, convirtiéndose en una zona empobrecida.
La población disminuyó en general entre los siglos XVI y XVIII, con excepción de los Países
Bajos, Noruega, Suecia y Suiza, debido al hambre y las epidemias. El siglo XVII fue un
período de revueltas sociales en Europa occidental y oriental, causadas por la crisis de
posguerra y la explotación del campesinado. En Inglaterra, la revolución triunfó, mientras
que la mayor parte de Europa adoptó el absolutismo, buscando orden gubernamental, dinero
y ejércitos. La crisis del siglo XVII plantea la cuestión del origen del capitalismo: ¿por qué la
expansión de los siglos XV y XVI no llevó directamente a la Revolución Industrial?. Para el
triunfo del capitalismo, la estructura social feudal necesitaba una revolución, con una división
del trabajo avanzada y una redistribución de la mano de obra de la agricultura a la industria.
La proporción de la producción intercambiada en mercados supralocales debía aumentar
drásticamente, y se requería un gran número de asalariados. La creación de un mercado
interior capitalista y la separación entre productores y medios de producción son procesos
interrelacionados. La expansión capitalista se vio obstaculizada por el predominio de la
estructura feudal, que inmovilizaba la mano de obra y el excedente para la inversión
productiva. El deseo de obtener el máximo beneficio no produce automáticamente la
revolución social y técnica necesaria; se requiere producción en masa. La expansión de los
siglos XV y XVI creó sus propios límites y crisis debido a la falta de una revolución en la
estructura general de la sociedad rural. Los obstáculos técnicos para el desarrollo del
capitalismo en los siglos XVI y XVII no eran insuperables. No había una falta de capital,
empresa o trabajo en las áreas más adelantadas, pero no se canalizaron hacia una industria
moderna. La crisis no se puede explicar por la falta de equipamiento técnico para la
revolución industrial. La decadencia de Italia ilustra la debilidad del capitalismo parasitario
en un mundo feudal. Los italianos, que controlaban grandes capitales en el siglo XVI, no los
reinvirtieron adecuadamente, sino que los desviaron a construcciones, préstamos al extranjero
e inversiones inmobiliarias. Esta desviación de recursos contribuyó a su incapacidad para
competir con holandeses, ingleses y franceses. Los inversores italianos se adaptaron al
sistema feudal en lugar de impulsar el progreso técnico. La especialización de las ciudades de
Europa occidental en el comercio y la manufactura se logró, en parte, gracias a la producción
de alimentos exportables en Europa oriental. Esto se consiguió mediante el establecimiento
de la servidumbre, debilitando al campesinado, a la nobleza baja y a los mercados locales. La
expansión creó condiciones para la manufactura en Europa occidental, pero limitó sus
mercados en el Báltico. La búsqueda de ganancias rápidas llevó a una sobreexplotación y
posibles catástrofes demográficas. El comercio entre Europa y el resto del mundo fue pasivo
durante siglos. La conquista de rutas comerciales y América disminuyó el costo de las
mercancías orientales y aumentó las provisiones de metales preciosos. Europa obtuvo
beneficios de esto, pero sus exportaciones de manufacturas no se expandieron mucho. Las
ganancias iniciales fueron una bonificación aislada, no un dividendo regular. Las potencias
colonizadoras enfrentaron costos crecientes y una crisis del "viejo sistema colonial", que fue
reemplazado por un nuevo modelo de explotación con exportaciones crecientes de
manufacturas. El siglo XVI estuvo cerca de crear las condiciones para el capitalismo,
impulsado por ganancias de ultramar, crecimiento poblacional y precios en alza. La industria
rural a domicilio se extendió, pero la falta de una revolución agraria capitalista impidió un
avance directo hacia el capitalismo moderno. En el Este, la servidumbre resurgió, y en el
Oeste, las ciudades invirtieron en el campo. La estructura feudal predominaba, limitando la
innovación técnica y causando sufrimiento a la población rural. El campo fue sacrificado en
beneficio del señor, la ciudad y el Estado, y la alta tasa de mortalidad afectó a la población
rural y a los trabajadores a domicilio. La expansión generó crisis debido a los altos precios
agrarios, la reducción del margen de beneficio de los fabricantes y el retroceso en los
mercados de exportación. La estructura social feudal no pudo hacer estallar la expansión
económica y la adaptación a ella. La revolución en Inglaterra fue el incidente más dramático
y el punto decisivo de la crisis. Los precios subieron hasta alrededor de 1640 debido al
envilecimiento de la acuñación y la demanda de la Guerra de los Treinta Años. La crisis
alcanzó su punto más agudo en la década de 1660 y principios de la de 1670. El período de
dificultades duró aproximadamente un siglo, de la década de 1620 a la de 1720. Después, se
observó un crecimiento de la riqueza, el comercio, la industria, la población y la expansión
colonial. El ritmo del cambio económico se aceleró entre las décadas de 1760 y 1780, dando
inicio a la Revolución Industrial. Los obstáculos fundamentales al desarrollo del capitalismo
desaparecieron en el siglo XVII, pero la Revolución Industrial no se puso en marcha hasta
finales del siglo XVIII. La estructura social pre-capitalista no dejaba espacio suficiente para
que ocurriera. Se necesitaban transformaciones revolucionarias como las que experimentó
Inglaterra entre 1780 y 1840. Además, aunque se eliminaron los obstáculos generales, no se
garantizó el surgimiento inmediato de una sociedad de máquinas y fábricas. La cuestión es,
¿qué circunstancias contribuyeron a crear las condiciones para el nacimiento de centros como
Manchester?. La crisis del siglo XVII resultó en una concentración considerable del poder
económico. Esto reforzó la industria del trabajo a domicilio y las economías avanzadas,
activando la acumulación de capital. La concentración ayudó a solucionar el problema del
excedente agrícola. Aunque hubo consecuencias inútiles o regresivas, el efecto general fue
económicamente progresivo. En la agricultura, la expansión del excedente agrícola
comerciable iba retrasada con respecto al consumo no agrícola. El excedente necesario para
la sociedad industrial se lograría mediante una revolución técnica y una agricultura
capitalista. En los Países Bajos e Inglaterra, los signos de revolución agrícola eran visibles
desde mediados del siglo XVII. Sin embargo, no hubo gran innovación técnica en la
producción agrícola hasta mediados del siglo XVIII. En Europa central y oriental, se aceleró
el desarrollo de la servidumbre, consolidando el poder de los grandes propietarios. La
economía basada en la servidumbre era ineficiente y se limitaba a rendimientos mínimos,
entrando en crisis una vez alcanzados los límites de la explotación. La crisis del siglo XVII
eliminó a los gremios de la producción a gran escala y estableció el sistema de trabajo a
domicilio, controlado por capitalistas. El siglo XVII marcó la introducción decisiva de este
sistema. Las industrias rurales no padecían los altos costos de las urbanas, permitiendo una
mayor expansión de las ventas. La crisis fomentó la concentración regional de la industria,
pero las ciudades quedaron reducidas a pequeños islotes de autosuficiencia. El sistema de
trabajo a domicilio fue un disolvente de la estructura agraria tradicional y permitió el
aumento de la producción industrial. La concentración ayudó a incrementar la acumulación
de capital, pero se requería una mayor inversión en los sitios idóneos. La concentración a
favor de las economías marítimas sentó las bases para la acumulación acelerada, pero no
abolió la mala inversión. La crisis desvió la riqueza hacia aristocracias y burguesías
provincianas. La redistribución del capital pudo generar mala inversión, como la desviación a
la explotación colonial. La iniciativa gubernamental fomentó las industrias y colonias. Los
cambios en el dispositivo comercial y financiero fueron evidentes en el norte de Europa,
especialmente en Inglaterra. Estos cambios supusieron la adopción de métodos ya conocidos
por otros pueblos. No hay pruebas de que los cambios en el talante de los hombres de
negocios fueran tan importantes como se pensaba. La concentración y la redistribución
sentaron las bases para un avance posterior, pero no explican su naturaleza precisa. Los
Países Bajos, beneficiarios de la concentración del siglo XVII, constituyeron una economía
"feudal" que prosperó como intermediario comercial. Su éxito no dependió mucho de las
manufacturas capitalistas. Los holandeses fomentaron la manufactura en áreas feudales y
semicoloniales. En Bélgica e Inglaterra, se desarrolló la producción fabril. Los británicos
utilizaron políticas proteccionistas respaldadas por guerras por los mercados. El futuro
industrial estaba del lado de estados “modernos” como el británico. La concentración
holandesa fue importante, pero no debe exagerarse su "modernidad".
ASTARITA: El texto presenta un análisis de la historiografía marxista, enfocándose en el
estudio de la transición del feudalismo al capitalismo desde una perspectiva marxista. Se
distinguen tres fases principales en la producción marxista: una etapa inicial no académica
ligada a la militancia hasta 1930, una fase estalinista que transformó el marxismo en un
dogma entre 1930 y 1956, y un período de deshielo posterior a 1956 con contribuciones de
historiadores de Europa del Este. La escuela de historiadores marxistas ingleses es central en
el texto, con figuras como Maurice Dobb, quien reestableció el problema de la transición,
argumentando que la sobreexplotación campesina y no el mercado, causó la decadencia del
feudalismo. Esta escuela destaca la importancia de la lucha de clases, la formación de los
yeomen (campesinos libres) y la conciencia de clase, estudiada por E.P. Thompson, como un
hecho político, cultural y económico, alejándose de la visión puramente cognitiva de la
conciencia de clase. También se mencionan a otros autores relevantes de esta escuela como
Rodney Hilton, Christopher Hill y Eric Hobsbawm, quienes estudiaron temas como las
rebeliones campesinas, la revolución inglesa y las revoluciones burguesas respectivamente.
La escuela inglesa se caracteriza por su lenguaje directo, su enfoque en la historia de los
trabajadores y su vinculación con la política, aunque muestra una falta de elaboración sobre
la relación entre comercio y sociedad precapitalista. Por otro lado, la escuela marxista
francesa surge de la unión entre el marxismo y la nouvelle histoire. Autores como Albert
Soboul, Georges Lefebvre, Ernest Labrousse y Pierre Vilar analizan la transición desde
factores económicos, sociales y demográficos, así como el estudio de la coyuntura. Pierre
Vilar, por ejemplo, analiza la intersección entre ciclos y el concepto de modo de producción,
además de la formación del capital comercial. Guy Bois, por su parte, estudia el feudalismo
desde un enfoque estructuralista, resaltando la importancia de la demografía. El texto también
aborda críticas y debates dentro del marxismo, como las críticas de Perry Anderson y la New
Left Review al empirismo de los historiadores ingleses. Robert Brenner debate con los
marxistas ingleses sobre los orígenes del capitalismo agrario, destacando el papel de la lucha
de clases y el despojo de los campesinos. Además, se menciona la crítica a la falta de
atención al concepto de alienación y la relación entre estructura y superestructura.
Finalmente, se destaca que Marx legó conceptos universales como fuerzas productivas,
modos de producción y lucha de clases, así como conceptos específicos del capitalismo. Se
subraya la necesidad de abordar la alienación como un concepto central y de retomar el
proyecto marxista original, superando las interpretaciones estructuralistas y sociológicas. La
conclusión resalta la importancia de los autores mencionados en el estudio de la transición, a
pesar de las críticas y abandonos que han surgido.
WALLERSTEIN: El texto examina el surgimiento y la expansión del sistema-mundo
capitalista en Europa a partir del siglo XVI, destacando su carácter global y la división del
trabajo entre un centro (Europa occidental) y una periferia interconectada. Este sistema se
basa en el modo de producción capitalista, que transforma las estructuras económicas y
sociales previas. La nueva división del trabajo asigna roles productivos específicos a
diferentes regiones, donde los centros europeos se especializan en la producción de
manufacturas y productos de alto valor agregado, mientras que las periferias se dedican a la
producción de materias primas y alimentos. Las relaciones de poder son jerárquicas y
desiguales entre el centro y la periferia, siendo los Estados, tanto centrales como periféricos,
actores clave en el establecimiento y mantenimiento del sistema. Las decisiones políticas
están orientadas hacia las estructuras políticas con control legal, como los Estados-nación, las
ciudades-estado y los imperios. El capitalismo transforma la producción agrícola impulsando
la expansión del mercado, la introducción de nuevos cultivos, la concentración de la
propiedad de la tierra y la proletarización del campesinado. La división del trabajo se refleja
en diferentes formas de trabajo, incluyendo el trabajo asalariado, la esclavitud y la
servidumbre. La acumulación de capital se concentra principalmente en los centros del
sistema-mundo, debido a su mayor capacidad para controlar los mercados y apropiarse de la
plusvalía. El comercio, la banca y las finanzas juegan un papel fundamental en este proceso.
El sistema-mundo capitalista no es estático, sino que está en constante transformación y
evolución. A lo largo de la historia, ha habido luchas sociales en contra de las condiciones de
explotación, como las revueltas campesinas y las rebeliones de esclavos. El sistema genera
una gran desigualdad entre el centro y la periferia, con la acumulación de riqueza en el centro
y la pobreza y la explotación en la periferia.
HOBSBAWM: La Revolución Industrial no fue simplemente una aceleración del
crecimiento económico, sino una transformación económica y social que marcó el inicio de
una fase moderna de crecimiento económico autosostenido a través de la innovación
tecnológica. Inglaterra se convirtió en el epicentro de esta revolución debido a una
combinación de factores. No se trató de causas externas como el clima o la geografía, sino de
condiciones internas que permitieron una fácil transición de una sociedad agraria a una
industrializada. Estas condiciones incluían una población sin tierras que podía ser transferida
a trabajos industriales, excedentes de capital listos para ser invertidos y un mercado nacional
unificado. La tecnología empleada en la primera fase de la Revolución Industrial fue
relativamente simple, requiriendo poca especialización o conocimiento científico. La clave no
fue la complejidad de la tecnología, sino la aplicación de los conocimientos disponibles y la
expansión del mercado. El mercado, tanto interno como externo, jugó un papel fundamental.
El mercado interno creció debido al aumento de la población, la monetización de la economía
y la sustitución de productos antiguos por nuevos. El mercado externo, impulsado por el
comercio colonial y la expansión ultramarina, proporcionó un gran impulso a la industria. El
gobierno británico también desempeñó un papel crucial al subordinar su política exterior a los
intereses económicos y apoyar a los manufactureros. La industria del algodón fue el motor
inicial de la Revolución Industrial, vinculada al comercio internacional y especialmente al
mundo colonial. La mecanización del hilado y, posteriormente, del tejido, transformó la
producción y creó un nuevo sistema industrial basado en fábricas y un proletariado
asalariado. La división del trabajo, la producción en fábricas y la acumulación de beneficios
fueron las características clave de este sistema. Sin embargo, este proceso también generó
tensiones sociales, como la pobreza y el descontento laboral. A pesar de los avances en la
industria del algodón, la industrialización se limitó en gran medida a este sector y a las
industrias pesadas, mientras que otras industrias seguían operando con métodos tradicionales.
La expansión del mercado interior, aunque importante, estuvo limitada por la pobreza, lo que
llevó a la necesidad de buscar mercados en el exterior. Finalmente, la combinación del
crecimiento del mercado interno y la expansión de la economía internacional después de
1740 impulsó la Revolución Industrial. La industria algodonera, a pesar de su importancia, no
fue la única fuerza motriz. El carbón y el hierro también jugaron papeles clave, y el desarrollo
de nuevas tecnologías y la acumulación de capital fueron fundamentales para el avance
económico. La Revolución Industrial, por lo tanto, fue un proceso complejo, influenciado por
una variedad de factores, que transformó no solo la economía, sino también la sociedad y la
vida de las personas.