Poder Digital y Crisis Democrática
Poder Digital y Crisis Democrática
| ARTÍCULO
RESUMEN
Este trabajo es una aproximación a los caracteres del poder digital de las grandes empresas tecnológicas
—o, poder digital blando—, y a cómo este poder deteriora la democracia. Se estudian aquí sus formas
de manifestación (persuasión, seducción y manipulación), así como su finalidad, que es captar la
atención. El aspecto central del trabajo, que le da título, se aborda en el último epígrafe: cómo este poder
nos ha conducido a una crisis de la atención individual y colectiva, que es una de las causas de la crisis
de la democracia.
PALABRAS CLAVE
Poder digital; crisis de la atención; crisis de la democracia; redes sociales; economía de la atención.
ABSTRACT
This paper is an approach to the features of the digital power of big tech -or, digital soft power-, and how
this power deteriorates democracy. Its forms of manifestation (persuasion, seduction and manipulation)
are studied here, as well as its purpose, which is to capture attention. The central aspect of the work,
which gives it its title, is addressed in the last section: how this power has led us to a crisis of individual
and collective attention, which is one of the causes of the crisis of democracy.
KEY WORDS
Digital power; crisis of attention; crisis of democracy; social networks; attention economy.
•
Agradezco a Carolina Pereira, Tomás de Domingo, Pablo Pareja, Carlos Pereira y los dos revisores anónimos sus atentas y valiosas
aportaciones que tanto han enriquecido el trabajo. Los errores, naturalmente, solo son atribuibles al autor.
Sumario: 1. Introducción. 2. Caracteres del poder digital blando y sus diferencias respecto al poder totalitario. 2.1. La ausencia
de soberano y la competencia por captar la atención. 2.2. Análisis de las formas de manifestación del poder digital blando.
2.2.1. La persuasión. 2.2.2. La seducción. 2.2.3. La manipulación. 2.3. La finalidad: captar la atención. 2.4. La crisis de la
atención en la raíz de la crisis de la democracia. 2.4.1. El deterioro de la atención como foco. 2.4.2. El deterioro de la atención
o identidad diacrónica. 2.4.3. El deterioro de la atención epistémica y la indiferencia hacia la verdad. 3. Conclusiones. 4.
Bibliografía.
1. Introducción
La perspectiva que adopto aquí de este fenómeno es la del poder. Las plataformas digitales son centrales
en la nueva distribución del poder social. Las plataformas digitales, lejos de ser simples instrumentos que
el usuario puede usar bien o mal, tienen un modo de ser. Y ese modo de ser está hoy al servicio de una
economía digital que se lucra a través de la publicidad personalizada. Esto hace que el orden digital tenga
la estructura que más adecuadamente sirve a los fines de esta economía. Una estructura que transforma
la percepción de la realidad y promueve una hiper-comunicación que no contribuye a hacer más sólidas
las relaciones sociales.
Las plataformas de internet y la tecnología digital cumplen hoy una función de mediación en la
comunicación humana e influyen enormemente en las prácticas sociales. Influyen en un sinfín de ámbitos
de la vida rigiéndolos de un modo tal que parecen constituir una suerte de gobierno de facto. Pero se trata
de un gobierno extractivo, que busca el beneficio económico, no tanto ordenar o dirigir la sociedad. Este
gobierno de facto es fiel a la tradición libertaria y antijurídica de Silicon Valley y, por ello, a pesar de su
alcance global, funciona prácticamente en la anomia, o más exactamente, en el ámbito exclusivo del
1
Balaguer Callejón destaca el cambio profundo que tuvo lugar con el paso de la web 2.0 al dominio de las plataformas regidas por
algoritmos. Con la web 2.0 se pensaba que podría haber una profundización democrática de internet a través de los blogs, con su carácter
abierto a todos. Pero este sueño se truncó con la aparición de las redes sociales regidas por los algoritmos. La apertura a todos de las redes
no es igualitaria porque los algoritmos jerarquizan los procesos comunicativos. Balaguer Callejón, F.; La constitución del algoritmo, 2ª ed.,
Zaragoza: Fundación Manuel Giménez Abad, 2023, pp. 68 ss.
2
Balaguer Callejón, F.; La constitución del algoritmo, cit., p. 53 y ss.
2
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Me centro aquí en el poder digital como herramienta al servicio de la nueva economía digital basada en
la publicidad. Este es el poder, fundamentalmente, de las grandes empresas tecnológicas (en adelante,
GET). Es un “poder digital blando” porque sus formas de manifestación, a priori parecen ser la
persuasión, la seducción y la manipulación. Se distingue del “poder digital duro” de los Estados o las
instituciones, cuyas formas de manifestación son más bien la coacción o la fuerza4.
El poder digital duro y el blando también se distinguen por los medios que emplean y por su finalidad.
El poder digital estatal o duro emplea como medio los datos para lograr la seguridad o la salud pública,
pero no emplea la atención, no necesita captar la atención. Por ejemplo, las cámaras de videovigilancia
estatales no buscan captar la atención. Al revés, casi es mejor que pasen ocultas: lo que importa es que
recaben datos. En cambio, el poder digital económico o blando emplea como medios los datos y la
atención para vender publicidad personalizada. Youtube recaba datos pero también necesita captar la
3
Balaguer Callejón señala que los derechos fundamentales tienden a convertirse en una mercancía, en simples datos. Se convierten en una
parte de la economía de los datos sin más valor que otros elementos de esta economía. Así, “la libertad de expresión y la libertad de
información se convierten en un dato más, en una parte de la economía de los datos”. Balaguer Callejón, F.; La constitución del algoritmo,
cit., p. 59 y ss.
4
C. Véliz distingue entre poder duro y blando de la tecnología. “El poder duro de la tecnología” tiene lugar cuando se toman nuestros datos
incluso si nos resistimos a ello. El ejemplo de esto es el modelo chino de digitalización estatalizada. Por su parte, “el poder blando de la
tecnología” es más aceptable que el anterior porque es menos coactivo, aunque muchas veces manipula y nos hace cómplices de nuestra
propia victimización. Véliz, C.; Privacy is Power Why and How You Should Take Back Control of Your Data, Londres: Bantam Press,
2020, pp. 55-64. Éric Sadin denomina a este segundo “administración soft”. Sadin, E.; La humanidad aumentada. La administración digital
del mundo, J. Blanco y C. Paccazochi (trad.), Buenos Aires: Caja Negra, 2017, pp. 149-155.
También hay un poder digital individual, que no exploro aquí directamente, pero que es de la mayor importancia. En este sentido, según
Barrio Andrés, el derecho universal de acceso a internet es un poder de los individuos que debería ser reconocido como derecho fundamental
a través de una reforma de nuestra Constitución. Se subraya su potencial para el logro de otros derechos, pues internet permite “la
habilitación de una serie abierta y prácticamente ilimitada de poderes que la persona puede ejercer en la Red en condiciones sociales de
igualdad mínima, con modalidades tecnológicas adecuadas y neutrales que eliminen cualquier obstáculo de orden económico y social”. Es
“expresión de una diferente manera de ser de la persona en el mundo, es decir, como efecto de una nueva distribución del poder social”.
Barrio Andrés, M.; Fundamentos del Derecho de Internet, Madrid: CEPC, 2ª ed., 2020, pp. 278-279. Los énfasis son míos. Agradezco a
Alfonso Ortega haberme hecho reparar en este punto.
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atención para lograr que se vean muchos anuncios. Si una red social no capta la atención de los individuos
habrá fracasado.
La distinción entre poder digital “blando” y “duro” también indica la mayor adaptación del primero a sus
destinatarios y, con ello, su mayor eficacia. Podría objetarse que, lo que llamamos poder blando no es un
poder, sino una forma de influencia. Sin embargo, creo que sus efectos son bastante estables, profundos
y ampliamente difundidos como para denominarlo “poder”. Para no dilatar el trabajo con un análisis del
concepto de poder, que lo haría irrealizable, voy a entender aquí el poder como la capacidad del yo de
que el otro realice su voluntad5. Me centro en el poder digital blando porque en el contexto europeo-
occidental resulta mucho más relevante. En particular, en su relación con la crisis de la democracia.
Esta forma blanda de manifestarse el poder ya la detecta Tocqueville en su estudio sobre la democracia
estadounidense. La encontramos en su famoso capítulo titulado “Qué clase de despotismo deben temer
las naciones democráticas”. Este poder es totalmente novedoso: es una “servidumbre arreglada, dulce y
apacible”. Un poder tutelar que infantiliza a los hombres y los orienta al goce. Señala que a este poder
no le convienen las voces antiguas de “despotismo” o “tiranía”6. Esto es lo que quiero destacar de
Tocqueville, que me parece un gran acierto, pues denominar lo nuevo con el nombre de lo viejo, no es
sino confundir el discurso. Tocqueville no es capaz de darle un nombre a esta nueva realidad, pero quizá
el poco ambicioso de “poder blando”, sea suficiente para nuestro propósito. Ciertamente, las diferencias
entre el poder que ya detecta Tocqueville y el que aquí se expone son múltiples. El nuevo poder de que
aquí se trata es incomprensible sin los avances en la micro-electrónica y los macrodatos regidos por
algoritmos, pero interesa que el autor francés ya detecta esa blandura del poder. Aquí me referiré al
“poder digital blando”.
En el marco del poder digital blando mi interés principal son las redes sociales que han supuesto una
“nueva transformación de la esfera pública”7. Una transformación que modifica de raíz nuestra
percepción y nuestra comunicación. Esta nueva esfera pública opera, al menos dos cambios significativos
sobre los medios de comunicación de masas. Por un lado, no ofrece mensajes iguales para todos, como
5
Esta es la estructura del poder según Han, que admite varias formas de manifestación (coerción o sensación de libertad). Han, B. C.; Sobre
el poder, A. Ciria (trad.), Barcelona: Herder, 2016, pp. 17-18.
6
Tocqueville, A.; “Capítulo sexto. Qué clase de despotismo deben temer las naciones democráticas”, La democracia en América, Madrid:
SARPE, 1984, p. 265 y ss. Agradezco a Carlos Pereira la sugerencia en este punto.
7
Habermas, J.; A New Structural Transformation of the Public Sphere and Deliberative Politics, C. Cronin (trad.), Cambridge/Nueva York:
Polity, 2023, passim.
4
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Hechas estas apreciaciones, desde la filosofía política se plantean preguntas cómo las siguientes: ¿Tiene
precedentes este poder? ¿Sirven las categorías filosófico-políticas anteriores para describirlo? ¿Cuáles
son sus rasgos distintivos? ¿Cómo afecta a nuestra percepción, sociabilidad y comunicación y, en esta
medida, cómo afecta a la democracia?
¿Tiene precedentes este poder? Admitíamos antes las reflexiones de Tocqueville como anticipadoras,
hasta cierto punto, de este poder blando. Pero naturalmente este autor desconocía por su tiempo la
naturaleza de las novedades tecnológicas que se produjeron en el siglo XX en Silicon Valley. Pero, ¿no
hay otros precedentes? Según una parte de la literatura sí. Según algunos la categoría de “poder
totalitario” nos sirve para comprender este poder. Así, se habla de un “soft-totalitarismo digital”8, de un
“totalitarismo sin ideología”9 o se lo considera una “dictadura digital”10.
¿Existe, realmente, una relación tan estrecha entre poder digital y totalitario? He tratado de exponer en
otro lugar los elementos totalitarios del poder digital blando11, pero creo que los elementos de distinción
son mucho más importantes, y a ellos dedicaré este trabajo. Creo que hay razones de peso para afirmar
que el poder digital no es un poder totalitario12. Trataré de mostrar que no errar en la denominación es
de suma importancia para la comprensión del fenómeno. En este trabajo voy a proponer que el poder
digital no es un poder totalitario y que su modo de deteriorar la democracia no guarda apenas relación
8
Sadin, E.; La silicolonización del mundo, M. Martínez (trad.), Buenos Aires: Caja Negra, 2018, pp. 131 ss. Lasalle, J. M.; Ciberleviatán,
Barcelona: Arpa, 2019, p. 141.
9
Han, B. C.; Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia, J. Chamorro Mielke (trad.), Barcelona: Taurus, 2022, p. 21.
10
Lasalle, J. M.; Ciberleviatán, cit., p. 139.
11
Ballesteros, A.; “Elementos totalitarios en el entorno digital” en Derecho digital: una perspectiva interdisciplinar, Cizur Menor:
Thomson-Aranzadi, en prensa.
12
Zuboff, S.; La era del capitalismo de vigilancia. La lucha por un futuro humano en las nuevas fronteras del poder, A. Santos Mosquera
(trad.), Barcelona: Paidós, 2020, p. 483.
5
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con aquel. Esta es la tesis que ofrezco y a su defensa responden los apartados en los que está dividido en
los que subrayo diferencias esenciales entre ambos.
Primero, el poder digital es un poder sin soberano. Aunque las grandes tecnológicas tienen unas
indiscutibles aspiraciones monopolísticas (Alphabet ha comprado más de 250 empresas en su corta
historia, hasta el año 2024). Sin embargo, a día de hoy estas aspiraciones no se han consumado con un
monopolio efectivo. Su consumación significaría la desaparición de la competencia, pero esto no ha
tenido lugar. Por eso es un poder, en buena medida, configurado por una agresiva competencia. Se
mantiene la competencia, con todo lo imperfecta que esta se considere desde el punto de vista del libre
mercado.
En segundo lugar, y más importante, las formas de manifestación de este poder digital son netamente
distintas a las del poder totalitario. Es un poder blando, más complaciente que amenazador.
Habitualmente se considera que los medios del poder digital son la persuasión, la seducción y la
manipulación, pero no la coacción o el uso de la fuerza13. Se comprende que el poder digital emplee
medios de ese tipo dado que sus beneficios se basan en la publicidad. Su finalidad es captar la atención
de los individuos porque recibe sus ingresos de la publicidad. Pero persuasión, seducción y manipulación
no son lo mismo. A su distinción destino el tercer epígrafe.
Por último, abordo las consecuencias del poder digital para la atención que son, a mi juicio, el punto más
importante y que más debilita la democracia. Aquí presento y amplío la concepción triádica que ofrece
James Williams sobre la atención. Se verá que la crisis de la atención individual y colectiva guarda una
estrecha relación con la crisis de la democracia. La decadencia de la identidad diacrónica del individuo
debido al abandono del pensamiento, así como la irrelevancia de la verdad y la prevalencia de una
comunicación divisiva, todo ello ofrece algunas de las raíces epistémicas de la crisis de la democracia.
Estos fenómenos son complejos e irreductibles a una sola causa, pero aquí es central el capitalismo de la
atención y de la vigilancia como se verá a lo largo del trabajo. Este nuevo capitalismo refleja una más de
las manifestaciones de la “incómoda convivencia” entre capitalismo y democracia14.
13
En el marco del poder digital la literatura señala la necesidad de profundizar en sus formas de manifestación. Williams, J.; Clicks contra
la humanidad. Libertad y resistencia en la era de la distracción tecnológica, A. Gibert (trad.), Barcelona: Gatopardo, 2021, p. 145.
14
Sandel, M.; El descontento democrático. En busca de una filosofía pública, A. Santos Mosquera (trad.), Madrid: Debate, 2023, p. 293.
6
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2. Caracteres del poder digital blando y sus diferencias respecto al poder totalitario
La primera diferencia entre poder totalitario y digital es la que hace referencia a la soberanía. El
totalitarismo no se entiende sin soberanía. En cambio, el poder digital no es un poder soberano, indiviso
y centralizado. Con razón se ha señalado que, por su propia estructura, internet se caracteriza por la
ausencia de un soberano15. Y los teóricos de la soberanía, desde Bodino hasta Rousseau pasando Hobbes,
exigen que el sujeto soberano posea un poder indiviso. En cambio, las GET tienen dividido el poder,
aunque ostenten mucho poder.
Una pequeña tiranía soberana poseerá un poder mucho más pequeño que las grandes tecnológicas, que
no poseen la llamada soberanía. No es lo mismo, por tanto, poseer un gran poder, que ser soberano. Las
GET son más poderosas que muchos estados en conocimiento y posibilidad de influir en la conducta
individual y colectiva, pero esto no exige considerarlas poderes soberanos. Si asumimos que hoy
“soberano es quién manda en la información en la red”16, todavía no contamos con uno, sino con
múltiples centros de poder informacional. Considerar que el poder digital es totalitario, incluso despótico,
nos puede llevar a olvidar que su configuración depende precisamente de la agresiva, incluso despiadada,
competencia entre empresas tecnológicas17.
El poder digital depende de la competencia por obtener información y por captar la atención. Por eso,
cada nueva técnica que permite aumentar esa capacidad para obtener información y captar la atención es
clave. En este sentido, inventos como el me gusta, el reenvío o el desplazamiento infinito (infinite scroll)
son técnicas para aumentar dicho poder. Lanzadas en su momento por una empresa determinada, las
empresas rivales (Tiktok, Facebook, X, etc.) copian estos diseños para no quedarse atrás. La competencia
por captar la atención es cada vez mayor y con herramientas más eficaces. Azan Raskin considera que
este fenómeno de competencia conduce a la “tragedia de los bienes comunes”, de forma semejante a
cómo la sobre-explotación del entorno natural termina en tragedia, se convierte en algo malo para todos.
15
Barrio Andrés, M.; Fundamentos del derecho de internet, cit., p. 49. Esto no impide que los Estados puedan ejercer un control sobre
internet o censurar contenidos. En todo caso, esto está en el ámbito del poder digital fuerte que no es el que aquí se estudia.
16
Han, B.C.; Infocracia, cit., p. 24.
17
En este sentido, el término “Ciberleviatán” (Lasalle, cit.) no parece adecuado, salvo referido al poder digital de los Estados. Referido a
las GET el término es inadecuado, no solo porque parece indicar que existe un soberano de poder indiviso, sino porque en línea hobbesiana
implica que su forma de manifestación es la coacción (la amenaza de un castigo) o la fuerza física, cuando la forma de manifestación de las
GET es, más bien la seducción, la persuasión o la manipulación.
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Raskin se arrepiente de haber creado el “desplazamiento infinito” que hace que la información en la
pantalla parezca ilimitada. Señala lo siguiente:
“El desplazamiento infinito te mantiene en el sitio más tiempo. Confiere poder. Te da el poder de
mantener a la gente desplazándose sin pensar. De modo que comienza una carrera. Si Twitter no lo
implementa y Facebook sí, Facebook gana. Así que comienza una carrera y, si no nos coordinamos, la
carrera termina en tragedia”18.
Este es un resultado no buscado. Es el fruto de que cada empresa busque captar una parte de nuestra
atención en el marco de una competencia de la que no cabe sustraerse sin asumir un fracaso económico.
Además, lleva a poner atención en que es necesario dar respuestas coordinadas a estos problemas.
El segundo elemento que distingue el poder totalitario del poder digital son sus formas de
manifestación19. En otras palabras, cómo se ejercita este poder. La forma de manifestación es sinónimo
del ejercicio mediante el que un agente despliega su poder sobre otro. El poder como ejercicio guarda
relación con los incentivos y motivaciones que un actor ofrece a otro. Sattarov señala que el poder se
ejerce mediante la seducción, la coacción, la manipulación, la persuasión o la fuerza20. Si asumimos, por
ahora, que todo esto son manifestaciones de poder, conviene seleccionar aquellas que nos interesan por
darse en el orden digital o porque se asocian a este orden.
Vale la pena centrarse en tres formas de manifestación que se suele decir que emplea el poder digital
blando: la persuasión, la seducción y la manipulación. Lo que me interesa, en primer término, es
preguntarme, ¿emplea el poder digital la persuasión, la seducción y la manipulación?
18
Harris, T., Raskin, A.; “The Three rules of Humane Tech”, Your Undivided Attention (podcast), 6 de abril de 2023.
19
Una visión holística del poder permite entenderlo en cuatro sentidos: el poder episódico (poder como ejercicio mediante el que un agente
ejerce un poder sobre otro), poder como disposición (poder como capacidad de las personas, se ejercite o no), poder sistémico (el poder
como propiedad de las instituciones, como el poder estatal o el económico) y el poder como constituyente (el poder como aquello que
constituye a los agentes sociales mismos) aunque no haya una voluntad o intención tras el mismo. Sattarov, F.; Power and Technology: A
Philosophical and Ethical Analysis, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, 2019, pp. 13-26.
20
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 27.
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2.2.1. La persuasión
La persuasión es una forma de manifestación del poder “por la cual A consigue que B haga X logrando
que B acepte que es razonable para B hacer X”21. El poder de persuasión es el poder de convencer a otros
de lo que uno enseña o de la propia posición. Esto no es exclusivo, pero sí propio, de la retórica. La
retórica produce persuasión. Ya Platón, por boca de Gorgias, señala que la persuasión permite “dominar
a los demás”. Es un poder que logra que una persona crea algo sin necesidad de instruirla para alcanzar
dicha creencia22.
El objeto tecnológico es persuasivo, señala Sattarov, cuando está diseñado de modo que comunica
símbolos o información empleando “principios de persuasión” como la credibilidad y la confianza con
el fin de lograr modificar el comportamiento y la actitud de las personas. E.B. Fogg23 acuña el término
“tecnología persuasiva”. Considera que esta posee estas características: es visualmente atractiva,
semejante al usuario, interactiva, aquella que hace un “favor” al usuario y este debe devolver y aquella
que se presenta como autoridad. El atractivo, la semejanza, la interacción, la reciprocidad y la autoridad
serían elementos propios de tecnologías persuasivas. ¿Es así? Examinemos un ejemplo: se señala que
son persuasivas las tecnologías que se parecen a nosotros, aquellas con rasgos antropomórficos24. ¿Lo
son?
Según algunos autores no. Según estos la tecnología con rasgos antropomórficos (como los chatbots) no
persuade, sino que manipula, que no es exactamente lo mismo. Supone “falsificar lo humano” y esta
tecnología puede engañar a los incautos y hacerles creer que están tratando con humanos25. Pasquale
considera esencial evitar que el programador actúe como falsificador de lo humano recreando los rasgos
de la existencia humana —las emociones, el habla y la apariencia— para elevar el estatus de las
máquinas26. La UE ha adoptado esta postura al obligar a los proveedores de sistemas de IA destinados a
21
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 34.
22
Hay otro fruto de la persuasión, más positivo, que es el que origina la ciencia, según Platón por boca de Sócrates. “Gorgias” en Diálogos
I, J. Calonge (trad.), Madrid: Gredos, 2022, 452e.
23
Es el autor de cabecera de los ingenieros de Silicon Valley y base de la metodología para captar la atención del Persuasive Technology
Lab de Standford donde se han formado los creadores de destacadas redes sociales. En el laboratorio se estudia cómo diseñar tecnología
que dirija la conducta humana sin que el individuo perciba esa manipulación. Fundamentalmente, se trata de captar la atención. Por ello,
han denominado esta técnica “captología”.
24
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 40.
25
Pasquale, F.; Las nuevas leyes de la robótica. Defender la experiencia humana en la era de la IA, J. Trejo (trad.), Barcelona: Gutenberg,
2024, p. 33. Esto tiene lugar en aquellos caso en que el chatbot se presenta al usuario como humano y finge serlo.
26
Para Pasquale la falsificación de lo humano puede convertirse fácilmente en el preludio de la sustitución del ser humano y plantea que
hay robots y software humanoides que sería mejor no construir en absoluto. Pasquale, F.; Las nuevas leyes de la robótica, cit., pp. 33-34.
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interactuar con humanos a que informen a los usuarios de que efectivamente están interactuando con un
sistema de IA27.
Para otros, la doctrina aplicada de Fogg busca generar dependencia de la tecnología con una suerte de
“pirateo del cerebro”28. En otras palabras, se trata de manipular al usuario y no simplemente de
persuadirle. Por otro lado, es ya abundantísima la literatura sobre cómo las plataformas influyen en los
individuos a nivel prerreflexivo, no consciente29. Por lo anterior no parece razonable, al menos con
carácter general, hablar de “persuasión” como manifestación del poder digital30. No se trata tanto de
convencer al individuo, de apelar a su racionalidad, aunque sea con una retórica que esté cerca del
engaño. Se trata de influir en su cerebro pre-reflexivo y emocional. Veamos, entonces, si la forma de
manifestación del poder digital es, más bien, la seducción.
2.2.2. La seducción
La seducción es una forma de manifestación del poder, según Sattarov, en la que, “con la promesa de
una recompensa, A logra que B haga X, algo que no haría de otro modo”31. El poder seductor “deriva de
la percepción que tiene el que lo soporta de la probabilidad de que el que lo detenta le proporcione
recompensas a cambio de su comportamiento obediente”32. El poder seductor, por tanto, requiere que su
detentador sea capaz de ofrecer la recompensa. Cuanto mayor sea esta mayor será el poder. Así, tiene
lugar una seducción tecnológica cuando un artefacto se diseña de modo que puede dar lugar a
consecuencias positivas o eliminar las negativas si sus usuarios hacen algo que de otro modo no harían.
Sattarov ofrece tres ejemplos de tecnología seductora.
El primero es el clickbait (ciber-anzuelo), un enlace web diseñado para seducir al usuario para lograr así
que visite una página. El segundo, los anuncios “pop-up” en las páginas web. En ambos casos, el título
elegido para la noticia o el anuncio es provocador, busca destacar y lograr el click. Por ello, estas dos
27
Art. 52.1. Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE, 2021.
28
Patino, B.; La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado del a atención, A. Martorell (trad.), Madrid: Alianza,
2020, p. 64.
29
Por todos, véase la obra de Eyal citada en la siguiente página.
30
Williams utiliza el término “persuasión” de forma excesivamente amplia. Aun así, ofrece una clasificación interesante de las formas de
persuasión tecnológicas conforme a dos criterios relevantes: el grado de imposición de la tecnología (la medida en que el diseño constriñe
al usuario) y el grado de concordancia entre los objetivos del usuario y los de la plataforma. Así, un juego adictivo tiene un alto grado de
constricción y escasa concordancia con los objetivos del usuario, que fácilmente se arrepiente luego de haber jugado. Williams, J., Clicks
contra la humanidad, cit., pp. 144-145.
31
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 30.
32
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 30.
10
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El tercer ejemplo de seducción son las diferentes formas de interacción social en línea, como Gmail o
Facebook. Estas ofrecen seductores servicios gratis. Pero estos servicios se sustentan en la entrega de
información por el usuario para lograr emplearla en publicidad dirigida34. Y esta seducción también
encierra un engaño. Esa entrega de información se mantiene lo más velada posible. No es conocida por
el usuario, o no en sus auténticas dimensiones. De forma significativa, como vemos, los tres ejemplos de
seducción también lo son de manipulación. Veamos, entonces, la manipulación como forma de
manifestación del poder.
2.2.3. La manipulación
La manipulación es una forma de manifestación del poder que logra que la gente actúe de una
determinada manera mediante el engaño. La definición formal dice así: “A manipula a B cuando,
haciendo x, A causa que B haga y […] sin que B sepa que A está haciendo x”35. La manipulación exige,
claro está, que el sujeto no sepa que está siendo manipulado. El sujeto debe desconocer algo, que se le
oculta deliberadamente. Hay una asimetría epistémica. ¿Qué es lo que se desconoce? Sattarov afina más
la definición formal de manipulación para señalar qué es lo que el sujeto debe desconocer para que
podamos hablar de manipulación: “A manipula a B cuando, haciendo x, A causa que B haga y […] sin
que B sepa que (1) A está haciendo x o que (2) A está haciendo x para causar que B haga y, o (3) que A
tiene la razón r para querer que B haga y”36. De modo que se desconoce alguna de estas cosas: lo que
hace el que tiene poder de manipular, qué quiere causar con eso o la razón última para querer que el
destinatario del poder haga eso. Basta desconocer cualquiera de estas cosas para estar siendo manipulado.
La manipulación opera de forma estable cuando se consolidan hábitos. Así lo señala Nir Eyal en su obra
“Hooked. How to Build Habit-Forming Products”. Se trata de un manual de ayuda para crear tecnología
que dé lugar a hábitos y genere dependencia. Eyal llama a la capacidad de crear hábitos “superpoder”.
Señala que esta tecnología, que crea dependencia, se logra en cuatro pasos: desencadenante (exterior o
33
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 30.
34
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., pp. 36-37.
35
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 32.
36
Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 32.
11
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interior), acción, recompensa variable e inversión. El desencadenante (1) conduce a la acción (2) en
anticipo de la recompensa. Por ejemplo, la notificación (desencadenante) lleva a mirar el móvil y abrir
la aplicación de la que recibo una notificación (acción). Se abre la aplicación en anticipo de una
recompensa. La recompensa de un mensaje interesante o divertido, un me gusta o un nuevo seguidor,
etc. Pero no siempre recibo una recompensa. A veces el mensaje carece de interés, a veces no hay
recompensa. El hecho de que la recompensa sea variable (3) introduce un elemento de sorpresa o lúdico.
Más importante: ayuda a generar dependencia hacia la acción que se lleva a cabo: por ejemplo, abrir una
aplicación.
Es muy significativo que Eyal, al hablar de la recompensa variable, señala que esta “suprime las áreas
del cerebro asociadas al juicio y la razón mientras que activa las asociadas al deseo”37. En otras palabras,
ofrecer al usuario recompensas variables permite influir en él, pero no sobre su razón. Es decir, no se
convence de nada, ni se persuade al usuario. Se trata más bien de activar el deseo y esa parte del cerebro
emocional que funciona de manera automática. Es decir, se manipula al usuario.
Por último, la “inversión” (4) de tiempo, datos o dinero del usuario de una aplicación hará que el usuario
desee volver a la plataforma. Como ya ha dedicado algún bien, como el tiempo, a la plataforma, es lógico
que el usuario vuelva a la aplicación. Este ciclo o círculo de dependencia se repetirá muchas veces para
lograr establecer un hábito con la plataforma38. Esta manipulación, según señala Eyal, opera al nivel del
subconsciente prescindiendo del juicio del usuario. Una declaración bastante clara que muestra que la
supresión del elemento racional es directamente buscada.
37
Eyal, N.; Hooked. How to Build Habit-Forming Products, Londres: Penguin, 2019, p. 9.
38
Eyal, N.; Hooked, cit., pp. 7-10.
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menos admisibles por razón de dos criterios: (1) si mejoran la vida del usuario o (2) si el que las produce
las utiliza.
La primera pregunta es: “¿la plataforma mejora la vida del usuario?”. Eyal maneja un criterio para admitir
la manipulación semejante al del paternalismo. La manipulación que perjudica al individuo no puede ser
aceptada en ningún caso, pero sí cabe manipularle en su favor. En particular, el paternalismo libertario
defiende influir de modo pre-consciente en los individuos para que tomen mejores decisiones en una
línea que conviene a los propios individuos. Se le llama “libertario” porque no se decide por el individuo,
el individuo decide, aunque se le empuja a optar por la opción que más le conviene.
El ejemplo del paternalismo libertario más habitual es el siguiente. Si situamos la fruta en un lugar
destacado del comedor escolar muchos estudiantes escogerán la fruta de forma no consciente. Solo por
el lugar que ocupa. Esto influye en los individuos en su favor, se dice: protege su salud. Sin embargo,
este tipo de “empujones” (nudges) en el ámbito digital no parece que, con carácter general sean
favorables al individuo39. De modo que, con el criterio de Eyal, no serían formas de manipulación
admisibles, pues no pasan el filtro paternalista que él establece: no favorecen al individuo.
El segundo criterio lleva a preguntarnos: “El creador de la tecnología, ¿la utiliza?”. Este es un criterio
clave, pues uno suele aceptar para uno mismo lo que considera bueno. El creador de una tecnología es el
que mejor la conoce, y que este la utilice, es sin duda un indicio importante de su valor. De otro modo,
si el que crea la tecnología se niega a usarla es razonable que cunda la desconfianza. Pues bien, al menos
si nos atenemos a las redes sociales, estas no pasan de ningún modo el visto bueno del uso por sus
creadores que propone Eyal. Para mostrarlo baste indicar la nutrida lista de ingenieros creadores de redes
sociales que están arrepentidos y que ahora batallan para concienciar al mundo de los males que han
causado. Algunos de ellos ya han sido citados: Chris Hughes (co-fundador de Facebook), Tristan Harris
y James Williams (ex-Google), Aza Raskin (inventor del scroll infinito), Justen Rosestein y Leah
Pearlman (inventores del botón “me gusta”), Brian Acton (inventor del Whatsapp) o Chamath Palihapiya
(ex-Facebook). Por no hablar de que muchos creadores de tecnología protegen a sus hijos de su propia
creación. El propio Steve Jobs jamás dejó que sus hijos usaran el Ipad que había creado, al tiempo que
39
Véanse, por todos, el trabajo del neurocientífico francés, Michel Demourget, Más libros y menos pantallas. Cómo acabar con los cretinos
digitales, Lara Cortés Fernández (trad.), Madrid: Península, 2024.
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les regalaba libros y más libros. Y muchos de los hijos de ingenieros de Silicon Valley son educados sin
tecnología en colegios Montessori.
En definitiva, si se hace un juicio general de la forma de manifestación del poder digital (singularmente,
las redes sociales) esta es la manipulación. Una manipulación que da lugar a hábitos. En muchos de los
casos, los propios creadores de las redes sociales son los que muestran que estas no son buenas para los
usuarios y tienden a desincentivar su uso. En el caso de Tristan Harris y Aza Raskin, arriba citados, esto
les ha llevado a crear un importantísimo think tank profundamente crítico con la economía de la atención:
el Center for Humane Technology con sede en Silicon Valley.
En algunos casos, la manipulación produce un nivel de dependencia en el usuario que llega al umbral
clínico de la adicción. Sin embargo, enfatizar en exceso el problema de la adicción es un error común40.
Los problemas del poder digital no se limitan a la adicción, ni siquiera a la dependencia, pues son de un
calado mucho más amplio. En todo caso, puede concluirse que el poder digital emplea, sobre todo, la
manipulación. Esta es su forma de manifestación principal. El Derecho de la Unión Europea ha
denominado “patrones oscuros” o “interfaces engañosas” a aquellas interfaces que manipulan u
obstaculizan la capacidad de tomar decisiones libres e informadas y los ha prohibido o regulado41. Esta
regulación tiene el potencial de modificar sustancialmente la naturaleza de los nuevos medios de
comunicación actualmente orientados a los incentivos vinculados a la publicidad y a una manipulación
lo más subrepticia posible.
La comprensión del totalitarismo constituye una gran dificultad. La finalidad del totalitarismo puede ser
vista como ejecución de las leyes de la naturaleza o de la historia, si se asume la tesis arendtiana. Carece
de un fin utilitario, como las tiranías, en las que el tirano busca su propio interés. Pues bien, la finalidad
del poder digital es, por contraste perfectamente clara y comprensible desde un planteamiento utilitario.
40
Centrar el debate en la adicción tiene dos problemas. Por un lado, la dependencia constituye una adicción a partir de un umbral clínico
que no siempre se da. Si hablamos de adicción olvidamos la dependencia sin adicción. Por otro lado, puede distraer de los auténticos
propósitos del diseño de la tecnología y de los otros bienes de los que nos privamos. Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 145.
41
Sobre ello, y para constatar los avances del Reglamento de la UE de Servicios Digitales véase el trabajo de Garriga Domínguez, A.; “Las
exigencias de transparencia para los sistemas algorítmicos de recomendación, selección de contenidos y publicidad en línea en el nuevo
Reglamento Europeo de Servicios Digitales”, Revista Española de Transparencia, núm. 17, 2023, pp. 155-157.
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Los comerciantes de atención o brókers de atención son aquellos que recolectan la atención humana a
escala industrial para así “revender” dicha atención a los anunciantes a cambio de dinero42. Este modelo
de negocio se inicia con los medios de comunicación de masas, con la prensa popular del siglo XIX. Sin
embargo, hoy en día se emplean, sobre todo, los medios digitales personalizados para captar la atención.
Esto se hace de las formas más variadas: mediante noticias, entretenimiento, redes sociales o aplicaciones
de toda índole. Las empresas ingresan por el tiempo en pantalla de los usuarios. Así, el 98% de los
ingresos de Meta (Facebook) procede de la publicidad. El poder digital que brindan los artefactos puede
considerarse como una herramienta al servicio del modelo económico de la economía de la atención.
Sean Parker expresa el ambicioso propósito que determinó el diseño de plataformas pioneras como
Facebook, con la siguiente pregunta: “¿Cómo podemos consumir la mayor cantidad posible de tu tiempo
y de tu atención consciente?”43.
A veces se señala que, si algo es gratis, entonces el individuo es el producto. Apple ha empleado esta
idea como estrategia de marketing: la de que su empresa garantiza la intimidad y autonomía individual,
a diferencia de las demás que manipulan y venden a sus usuarios a los anunciantes. De este modo, Apple
puede justificar también que sus productos sean más caros que los de la competencia.
Sin embargo, hay que señalar que los servicios de la economía de la atención no siempre son gratuitos,
también ofrece servicios de pago44, aunque que un servicio sea barato o gratuito puede ser un indicio de
que forma parte de este modelo de negocio. Por otro lado, el producto es la atención del individuo, no el
individuo mismo. Afirmar que el individuo es el producto supondría equiparar esta economía con la
esclavitud, lo que es, a todas luces, absurdo. La atención es lo que explota una economía basada en la
publicidad. Ciertamente, con la “atención” del individuo resultan afectadas —de formas diversas y según
el caso—, la inteligencia, la voluntad o la capacidad de proyecto del individuo.
Con gran capacidad de síntesis se ha dicho que la economía de la atención digital tiene tres imperativos
básicos: “1) conseguir más usuarios; 2) conseguir que los usuarios pasen más tiempo utilizando la
42
Siguiendo la terminología de WU, T.; Comerciantes de atención. La lucha épica por entrar en nuestro cerebro, P. Zumalacárregui Martínez
(trad.), Madrid: Capitán Swing, 2020, p. 29.
43
Citado por Fisher, M.; Las redes del caos, A. Figueras, Barcelona: Península, 2024, p. 43.
44
Así ocurre como las plataformas de streaming como Netflix o Amazon Prime, que contienen suscripciones con anuncios.
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aplicación; 3) conseguir que los usuarios contribuyan e interactúen con más contenidos, lo que atrae a
otros usuarios a la plataforma”45.
A la luz de esta finalidad (captar la atención), y el éxito de la misma (la atención efectivamente captada),
deben verse los efectos políticos nocivos (presentes y futuros) de la mediación de las plataformas
digitales en el ámbito público. Si las redes sociales favorecen posiciones políticas extremas o se emplean
para modificar resultados electorales no es por razones ideológicas ligadas a las empresas, sino por su
modelo de negocio46.
Lo anterior nos permite atender a las consecuencias de este poder. Según una visión amplia del poder,
este es constitutivo de los sujetos a los que se dirige. La visión del poder como constitutivo de los sujetos47
la ha desarrollado singularmente el post-estructuralismo. Según este planteamiento el poder digital
constituye al usuario. Como los algoritmos y el diseño de las plataformas configuran las experiencias e
incentivos de los usuarios, configuran también a los propios usuarios48. Pero no es necesario asumir una
tesis tan fuerte. No es necesario hablar de que el poder configura a los sujetos. Basta señalar que el poder
digital condiciona a los individuos y esto tiene como consecuencia una ‘distracción’ generalizada con
pésimas consecuencias sociales49.
No cabe duda de que la atención se ha transformado en las últimas décadas. En los últimos veinticinco
años se ha producido una profunda reorientación de la atención humana a través de un proyecto sin
precedentes en formación del desarrollo científico, inversión de capitales y técnicas aplicadas que han
dado nueva forma a cómo la atención es comprendida en la teoría, tratada desde el punto de vista médico
y psiquiátrico y gestionada por la tecnología50.
45
Haidt, J.; La generación ansiosa, V. Puertollano (trad.), Barcelona: Deusto, p. 270.
46
Balaguer Callejón, F.; La constitución del algoritmo, cit., p. 74. La presencia de “ejércitos de bots” facilita la promoción del extremismo
y, en general, la manipulación de la conducta de los individuos. El Reglamento de la UE obliga a que, por ejemplo, el bot en una red social
esté identificado como tal. Art. 52.1. Reglamento UE en inteligencia artificial.
47
El poder “puede afectar a los individuos de maneras distintas, de formas no intencionadas en su proceso de socialización, y de formas
intencionadas en el marco de interacciones de control social directo”. Sattarov, F.; Power and Technology, cit., p. 81.
48
Fisher, M.; Las redes del caos, cit., p. 19.
49
Esta visión del poder se manifiesta también cuando influye en los individuos, aunque no sea deliberadamente o sin una voluntad clara.
Esto afecta también a la dimensión colectiva de la atención, que tiene una extraordinaria importancia para la pervivencia de democracias
maduras.
50
Rogers, K.; The Attention Complex. Media, Archeology, Method, Nueva York: Palgrave and Macmillan, 2024, p. 3.
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La atención es hoy “gestionada” como un recurso económico más, con gran repercusión para los seres
humanos. Para comprender qué es la atención voy a presentar brevemente la clasificación tripartita
propuesta por James Williams. Es la propuesta más completa hasta el momento y permite una
comprensión amplia del fenómeno. No es la descripción más precisa desde el punto de vista psicológico,
pero sí la más útil para comprender el daño que el poder digital causa a la democracia. Según Williams
el poder digital habría deteriorado tres manifestaciones de la atención: en particular, en relación al hacer,
al ser y al conocer. Al hilo de lo anterior presentaré las distintas formas en que el cercenamiento de la
atención deteriora a la democracia. Adelanto al lector estas formas de deterioro de la democracia que
paso a desarrollar más adelante:
El primer tipo de atención o “luz” es la atención como foco o “luz focal”. Guarda relación con el “hacer”.
Esta atención está formada por aquellas capacidades inmediatas que orientan nuestra conciencia y
nuestra actividad. Nos permiten “hacer lo que queremos hacer”. Lo que deteriora la atención focal es la
“distracción funcional” como interrupción de lo que hacemos. Esta distracción destruye la atención como
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foco, la monotarea. La distracción funcional puede ser externa (notificaciones digitales) o interna (auto-
interrupciones debidas a los hábitos mentales adquiridos). Esto es lo que, recordemos, Eyal denomina
“desencadenante”. El primer elemento para crear círculos de dependencia tecnológica.
En su dimensión política, Williams señala que esta distracción frustra la participación política, por dos
razones. Primero, porque la información política es menos atractiva que otras informaciones
sensacionalistas, desincentivando así la formación política ciudadana. Por otro, porque permite la
“distracción estratégica” o “censura inversa”. Se trata de un método usado por el gobierno chino (y por
Trump desde su cuenta de X) que consiste en ahogar en un mar de datos la información que no se quiere
que se conozca51. Esto se conoce también como “ofuscación”52, como intento deliberado de ocultar una
información ofreciendo mucha más información de la necesaria junto a ella.
Sin embargo, no faltan quienes consideran que la pérdida de atención como foco es una ganancia: el
llamado “nomadismo tecno-cognitivo”. Este planteamiento defiende la distracción y, con ello, la llamada
“multitarea” como algo preferible a la atención focal. Uno de sus partidarios señala que “Estamos
evolucionando hacia un ‘nomadismo tecno-cognitivo’, un entorno rápidamente cambiante en el que no
descansar será una ventaja otra vez”53.
Frente a esto se ha replicado que la multitarea no es posible para el ser humano. Según el neuocientífico
Earl Miller lo que hace la mente no es simultanear tareas, sino alternarlas. Y la fuerza de la atención
decae ante más alternancia. El engañoso término “multitarea” procede de la extensión al ámbito humano
de un término inicialmente referido a máquinas. A máquinas inventadas en los años sesenta del siglo
pasado que contaban con más de un procesador para poder hacer dos cosas a la vez. Eran máquinas
“multitarea”54.
51
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., pp. 72-75. Steve Bannon le llama a esto “inundar la zona”.
52
Pasquale, F.; The Black Box Society, cit., pp. 6-7.
53
Anderson, S.; “In Defense of Distraction. Twitter, Adderall, lifehacking, mindful jogging, power browsing, Obama’s BlackBerry, and
the benefits of overstimulation”, New York Magazine, 17 de mayo de 2009.
54
Hari, J.; El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, J. Estrella (trad.), Barcelona: Península, 2023, p. 57, donde
cita una entrevista con Earl Miller. Kahneman puntualiza: podemos hacer varias cosas a la vez solo si son fáciles y cómodas, como conducir
por una carretera vacía y hablar con el acompañante, pero si hay que adelantar un camión la natural es que se deje de conversar. Kahneman,
D.; Pensar rápido, pensar despacio, 19ª ed., J. Chamorro Mielke (trad.), Barcelona: Debate, 2023, p. 38.
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Este nomadismo tecno-cognitivo exigiría, entonces, aceptar que las capacidades cognitivas del ser
humano no son demasiado relevantes, pues la alternancia las reduce. Para algunos, esto es una regresión
negativa al sustituir el cultivo de conocimiento por la caza de información55.
Como se ve, la atención focal es de gran importancia. Nuestra atención es una capacidad frágil que
requiere de tiempo de dedicación exclusivo a una sola tarea para alcanzar su mayor fuerza. La atención
como foco es el modo habitual de entender la atención. Así la entiende Balmes, por ejemplo: “La atención
es la aplicación de la mente a un objeto”56. También Ricoeur la entiende como foco que permite un
conocimiento inmediato de los objetos57. Pero cabe dar un paso más allá de la atención como foco, porque
solo referirnos a esta no permite captar por completo el deterioro cognitivo y democrático de la tecnología
actual.
El segundo tipo de atención señalado por Williams es el relativo al ser. Son aquellas facultades generales
para navegar por nuestra vida. Permite constituir nuestro yo diacrónico con arreglo a determinados
valores. Nos permite “ser lo que queremos ser”. El individuo vive, en este sentido, su propia identidad,
a modo de historia. Al perder de vista esta dimensión narrativa de nuestra vida tendemos a dejar de lado
nuestros propios valores. No se trata de la atención orientada al momento presente, sino de la atención
en el tiempo. En cuanto aquello que manifiesta nuestros propósitos o proyectos y la formación del yo
diacrónico58.
55
Carr, N.; Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? P. Cifuentes (trad.), Barcelona: Taurus, 2016, p. 170.
56
Balmes, J.; El criterio, Barcelona: Araluce, 1945, p. 10.
57
Ricoeur, P.; Antropología filosófica, T. Domingo Moratalla (trad.), Madrid: BAC, 2020, p. 73. También hay autores que consideran que
la atención no es solo el foco. También sería atención la vigilancia. El que vigila sin centrar su atención en nada, sino estando atento a todo
en general. Para esta última perspectiva la atención no es necesariamente selección.
58
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., pp. 77-90.
59
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 79
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número de hombres disientan de mí, a que yo, un hombre solo, discrepe de mí mismo y me contradiga”60.
Pero, en efecto, el individuo no tiene garantizada su coherencia y unidad. Tiene que luchar por esa
coherencia. Puede, en efecto, dividirse.
Esta distracción es mucho más compleja y sutil que la anterior y es estrictamente característica de lo que
Han llama “poder seductor”61. El carácter seductor del poder se muestra en las gratificaciones a corto
plazo frente al largo, y el placer simple frente al complejo62. Esto es manifiesto en la dimensión lúdica
de la comunicación digital. Nguyen considera negativa la ludificación porque cambia los fines de las
actividades. En síntesis, conduce al individuo a intercambiar sus fines por el placer y a ver la
comunicación en términos de “competición, victoria y éxito”. “La ludificación incrementa nuestra
motivación cambiando la naturaleza de la actividad. Normalmente, los fines de una actividad ordinaria
son ricos y difíciles de comprender. Cuando ludificamos las actividades transformamos los fines de la
misma para hacerlos artificialmente claros. Los juegos son más satisfactorios que la vida ordinaria porque
las metas de los juegos son más simples, más claras y más fáciles de aplicar”63.
La ludificación, con sus metas simples y fáciles de comprender y perseguir nos manipula sutilmente a
abandonar nuestros propios fines, interiorizando los de la plataforma a cambio del placer psicológico
inmediato. El fruto de la ludificación digital es la fragmentación del individuo en las múltiples
gratificaciones rápidas y placeres simples. La economía de la atención permitiría dar el paso del individuo
narrativo al dividuo “liberado” de las ataduras de una identidad estable. El dividuo fluido sería el “ideal
posthumano” que la tecnología permite lograr64. El poshumanismo o, al menos, algunos de sus
representantes, propugna el abandono de los modos de vida analógicos y antropocéntricos. Estos deben
ser superados por unos modos de vida digitales y post-antropocéntricos. El posthumanismo es un
excelente aliado teórico, como se ve, de la economía de la atención.
Esto deteriora la democracia de diversos modos. El dividuo carente de identidad estable es muy
difícilmente un agente responsable capaz de actuar con otros, pues la responsabilidad política y la acción
60
Platón, Gorgias, 482c.
61
Han, B. C.; Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas formas de poder, Barcelona: Herder, 2014, p. 29.
62
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 79.
63
Nguyen, C. T.; “How Twitter gamifies communication”. en J. Lackey (ed.), Applied Epistemology, Oxford University Press, 2021, pp.
410-436.
64
Bellver, V.; “Transhumanismo, discurso transgénero y digitalismo: ¿exigencias de justicia o efectos del espíritu de abstracción?” Persona
y Derecho, nº. 84, 2021, p. 93, citando a BRAIDOTTI.
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concertada exigen una continuidad de la identidad individual en el tiempo. El dividuo fragmentado que
no permanece igual a sí mismo difícilmente se vinculará a un proyecto compartido. Esto afecta, en
definitiva, a la dimensión proyectiva de la democracia, pero también a la memoria del pasado, que el
dividuo posthumano difícilmente podrá construir o mantener. Más bien, este dividuo, que no permanece
igual a sí mismo, quedará fácilmente a merced de un entorno digital creado para perseguir unos fines que
le son ajenos, en la medida en que ha renunciado a los propios. Desde el punto de vista colectivo esto
deja el camino libre para un mayor poder de las GET o, en su caso, del poder político institucionalizado,
en detrimento de la acción colectiva de los individuos.
El tercer tipo de atención, relativa al conocer, es el más profunda e importante. Está formada por aquellas
facultades esenciales que nos permiten definir nuestras metas y nuestros valores: la reflexión, la
memoria, la predicción, el sosiego, la lógica y el establecimiento de objetivos. Nos capacitan para “querer
lo que queremos querer”65. Esto permite orientar nuestra vida conforme a un proyecto en la dirección
que queremos. Es decir, la atención epistémica está muy relacionada con la identidad sincrónica que
acabamos de tratar. Esta última depende de la primera. Solo el que conoce y se conoce puede determinar
los fines y metas de su vida y vivir conforme a ellos.
Estas facultades cognoscitivas se deterioran con lo que Williams denomina “distracción epistémica”.
Esta supone un ataque directo a los cimientos epistémicos de la democracia66 y despeja el camino a la
corrupción de la misma. En este contexto se insiste en que lo malo es más eficaz en términos de captar
la atención que lo bueno: “En la coyuntura actual, las dinámicas de la economía de la atención están
estructuralmente diseñadas para minar las iniciativas más nobles y virtuosas del ser humano”67. Williams
subraya el carácter irracional de las posiciones políticas extremas que promueve la economía de la
atención68. Pero no se trata solo de eso, sino de la destrucción de una percepción social compartida de la
realidad69 que tiene sus raíces en la pérdida de los tiempos de soledad y de ocio.
65
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 91.
66
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 106 ss.
67
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 106.
68
Williams, J.; Clicks contra la humanidad, cit., p. 185 ss.
69
Balaguer Callejón, F., La constitución del algoritmo, cit., pp. 68-86.
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Las distracciones, señala Williams, guardan una estrecha relación con el deterioro del ocio. El cultivo
del ocio necesita un tiempo libre de ocupaciones instrumentales, orientadas al rendimiento, la utilidad y
la eficacia. Williams hace referencia a Josef Pieper, un autor que ha profundizado en esto. En efecto,
Pieper considera que el ocio está ligado al tiempo de fiesta en sentido religioso y, por ello al culto, que
supondría un tiempo que está exento de las finalidades utilitarias propias del trabajo.
El ocio permite un crecimiento interior. Por eso, se desarrolla gracias al cultivo de la soledad como
encuentro con uno mismo. Esta soledad está perfectamente condensada en la conocida afirmación:
“[Escipión] solía decir que nunca estaba menos ocioso que cuando estaba ocioso, ni más acompañado
que cuando estaba solo”70. Nuestra lengua tiene el privilegio de conservar un término que expresa esta
realidad: “ensimismamiento”71, la relación con uno mismo. Supone como un despliegue del yo que se
divide en dos, que dialoga consigo mismo72. Esta soledad constituye un encuentro con uno mismo y
permite la formación del propio carácter.
Hoy se considera urgente el “cultivo de la soledad”. Este encuentro es vital para el desarrollo de la propia
identidad, la conciencia, la memoria, la imaginación, la empatía y la posibilidad de dialogar con otros.
Esta soledad permite “construir un sentido estable del yo”, ser consciente de la identidad narrativa de la
propia existencia. Este repliegue hacia el interior permite familiarizarse y sentirse cómodo con uno
mismo. Esta soledad reflexiva es muy importante políticamente porque es la condición de la sociabilidad:
“Si estás cómodo contigo mismo, te puedes poner luego en el lugar del otro”73.
El deterioro del ocio, señala Pieper, vendría precisamente del “mundo totalitario de trabajo”74. El trabajo
sería la “distracción epistémica” que nos aleja del tiempo de ocio. Sin embargo, parece más acertado
subrayar que es el entretenimiento lo que ha deteriorado el ocio. El enfoque de Arendt es precisamente
este: lo que ha hecho retroceder el ocio como “cultivo del alma” es el entretenimiento, no el trabajo. Hoy
70
Cicerón, M. T.; Los oficios, M. De Valbuena (trad.), Espasa Calpe, Madrid, 1968, III, 1.
71
Ortega y Gasset, J.; Ensimismamiento y alteración. Meditación de la técnica y otros ensayos, Alianza, Madrid 2014, p. 28. “El hombre
puede —escribe Ortega— desasirse de su derredor, desentenderse de él […] y meterse dentro de sí, atender a su propia intimidad”.
72
“El pensar, hablando existencialmente, es una empresa solitaria, pero no aislada; la solitud es aquella situación humana en la que me hago
a mí mismo compañía. La soledad se presenta cuando estoy solo sin ser capaz de separar en mí los dos-en-uno… cuando, como decía
Jaspers, ‘estoy en falta de mí mismo’”. Arendt, H.; La vida del espíritu, C. Corral y J. Birulés (trad.), Madrid: CEC, 1984, pp. 211-216.
73
Turkle, S.; En defensa de la conversación. El poder de la conversación en la era digital, J. Eloi Roca (trad.), Barcelona: Ático de los
libros, 2017, p. 79.
74
Pieper, J.; El ocio y la vida intelectual, A. Pérez Masegosa et al. (trad.), Madrid: Rialp, 1998, p. 52.
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parece que es el entretenimiento digital el que derrubia el tiempo de ocio. En otros términos, lo que causa
la pérdida de tiempo que podría dedicarse al cultivo del ocio75.
Las pantallas son un grave inconveniente para la soledad reflexiva, porque imponen al cerebro que esté
siempre reaccionando a estímulos exteriores. Las personas que han crecido en estos medios dicen a veces
que “no pueden sentirse a sí mismas” y para sentirse necesitan compartir. “Esta es la sensibilidad del
comparto, luego existo”76. Esto tiene el riesgo de llevar a construir un falso yo en función de lo que
creemos que gustará a los demás. El individuo pierde su solidez identitaria y se pone al servicio de las
inclinaciones ajenas. El abandono del cultivo de la “buena” soledad, la reflexiva, conduce a la soledad
“mala”, la falta de relaciones normales con otros. Si el individuo no cultiva la relación consigo mismo
solo experimenta ansiedad y aislamiento77.
Más allá del deterioro de la soledad reflexiva, como condición del ocio, el orden digital ofrece otros
problemas epistémicos para la democracia. Estos son: 1) las burbujas de información y 2) la irrelevancia
de la verdad.
La primera son las conocidas “burbujas de información” o “filtros-burbuja”. Los algoritmos personalizan
los contenidos para que supongan un eco de nuestras propias emociones. Esto amenaza la
fundamentación epistémica de la democracia o, en palabras más sencillas, la posibilidad de conocer la
realidad que exige la democracia. Se aprovecha el sesgo de confirmación como tendencia a interpretar y
75
Arendt, H.; Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, A. Poljak (trad.), Barcelona: Península, 1996, p. 211
ss.
76
Turkle, S.; En defensa de la conversación, cit., p. 80.
77
Turkle, S.; En defensa de la conversación, cit., pp. 77-97.
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desear aquella información que confirma nuestras creencias. Esto dificulta por igual un debate racional
orientado al consenso, pero también una democracia agonista, al no estar expuesto uno a opiniones
opuestas78.
Sin embargo, las burbujas de información no son necesariamente un problema estructural de la economía
de la atención. ¿Por qué? Porque es posible captar la atención de las personas de otras maneras. La única
vía no es ofrecer contenidos con los que el usuario está de acuerdo. Por ejemplo, TikTok intercala
contenido familiar o de preferencia del usuario (que hace efecto de burbuja epistémica) con otro tipo de
vídeos que, en general, tienen éxito en captar la atención. Por eso creo que hay un aspecto aún más
relevante que las burbujas. Y, por ello, se trata de un aspecto más estructural. Balaguer Callejón lo ha
expresado con gran claridad como “la destrucción de la percepción social compartida de la realidad”79.
Puede decirse que la forma de manifestación más clara del poder digital es precisamente la manipulación,
utilizar la ignorancia del usuario en beneficio propio. Pero no parece un problema de la sociedad de la
información como tal, sino del modelo de negocio hegemónico. Para Han es un problema de la sociedad
de la información. Según él, la información, al ser hiper-abundante deja de ser informativa y deviene
deformativa. Así, la información se desvincula de la realidad y la eficacia de la información sustituye a
la verdad80. La llamada “ofuscación”, antes señalada, es aquel exceso de información que impide saber,
que oculta lo relevante entre la abundancia de lo irrelevante. La información se torna inasible,
inmanejable para el ser humano. Pero la ofuscación no es el único modo de socavar el acceso a la verdad.
Tampoco parece ser el fundamental como cree Han. Trataré de ilustrarlo con el primer ejemplo de
comercio de atención.
Tim Wu considera que la economía de la atención surge en el siglo XIX con la prensa amarilla en Nueva
York. Una prensa muy barata que obtiene casi todos sus ingresos de la publicidad. Este aspecto es
78
Coeckelberg, M.; La filosofía política de la inteligencia artificial. Una introducción, L. Álvarez Canga (trad.), Madrid: Cátedra, 2023, p.
97.
79
Balaguer Callejón, F.; La constitución del algoritmo, cit., p. 86.
80
“A partir de cierto punto, la información no es informativa, sino deformativa. Hace tiempo que ese punto crítico se ha sobrepasado. El
rápido aumento de la entropía informativa, es decir, el caos informativo, nos sumerge en una sociedad posfáctica. Se ha nivelado la distinción
entre lo verdadero y lo falso. La información circula ahora, sin referencia alguna a la realidad, en un espacio hiperreal. Las fake news son
informaciones que pueden ser más efectivas que los hechos. Lo que cuenta es el efecto a corto plazo. La eficacia sustituye a la verdad”.
Han, B. C.; No cosas. Quiebras del mundo de hoy, J. Chamorro Mielke (trad.), Madrid: Taurus, 2021, p. 18.
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fundamental porque vincula esa experiencia del siglo XIX con el poder digital actual: se trata de modelos
económicos basados en la publicidad. En ambos casos los ingresos se obtienen de la publicidad. En este
contexto, lo que se busca es la eficacia o el impacto de las contribuciones que aparecen en la prensa. No
importa, por tanto, la descripción de la realidad, ofrecer una información objetiva, sino tener un impacto
en el individuo. En definitiva, captar su atención.
El deterioro epistémico no se produce por un exceso de información, sino por los fines de la nueva prensa
popular. Los incentivos de la prensa amarilla neoyorquina y de los medios de comunicación actuales
pasan por los ingresos publicitarios y “una de las consecuencias de este modelo es que depende por
completo de captar y mantener la atención, lo que significa que, cuando haya competencia, la carrera se
dirigirá de manera natural hacia las cloacas [, hacia] los instintos más bajos del público”. Se potencia la
atención automática frente a la controlada y, para ello se emplea cualquier medio, con total desprecio
hacia la verdad de los hechos que se narran81.
81
Wu, T.; Comerciantes de atención. La lucha épica por entrar en nuestro cerebro, cit., p. 29. Wu prueba que la economía de la atención
es muy anterior a las tecnologías digitales y tiene su origen en la prensa, un medio de comunicación de masas.
82
Habermas, J.; A New Structural Transformation of the Public Sphere, cit., p. 49.
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relevancia general, deben dirigir la atención de todos los ciudadanos a los mismos asuntos para
estimularles a formar sus propios juicios. Esta es su función: dirigir la atención colectiva.
Han explica a Habermas señalando que los medios de comunicación de masas tenían una estructura
anfiteatral, eran medios que emitían los mismos contenidos para todo el mundo, como la radio o la
televisión. Por eso podían dirigir la atención colectiva a los mismos temas. Hoy la estructura de los
nuevos medios es rizomática, carece de un centro y se desintegra en muchos espacios privados83.
Esa función propia de la estructura anfiteatral hoy se deteriora con el tránsito de los medios tradicionales
a las plataformas. La aparición de las plataformas es de tal envergadura que Habermas la compara con el
invento de la imprenta. Si la imprenta convertía a cualquiera en potencial lector, las plataformas
convierten a cualquiera en potencial autor. Esto es un problema —continúa—, porque el contenido
publicado no pasa filtros profesionales. Nadie controla qué contenidos se publican y qué contenidos no
se publican.
Lo dañino de la nueva estructura de la esfera pública, según Habermas, es que no es capaz de dirigir la
atención colectiva a los asuntos relevantes. Las contribuciones en las plataformas no se filtran por su
relevancia colectiva. En ellas domina el entretenimiento, la emoción y la personalización. Es la erosión
del “portero” (gatekeeper) que en los medios tradicionales seleccionaba los asuntos de relevancia
colectiva. “Con el triunfo de los imperativos de la economía de la atención […] los nuevos medios están
intensificando las tendencias, bien conocidas por la prensa popular, hacia el entretenimiento,
emocionalización y personalización de los asuntos de importancia para la esfera pública política”84.
En efecto, la economía de la atención daña la función política de la esfera pública. Los medios
tradicionales eran, sobre todo, informativos. Naturalmente, podían mentir, pero la mentira deja a salvo la
verdad al menos en un sentido: el que miente todavía conoce la verdad, aunque la niegue puntualmente,
incluso si siempre lo hace. De hecho, afirmar algo falso no es mentir salvo que uno conozca la verdad.
El mentiroso conoce la verdad y afirma algo distinto85.
83
Han, B.C.; Infocracia, cit., p. 33.
84
Habermas, J.; A New Structural Transformation of the Public Sphere…, cit., p. 49.
85
Han, B. C.; Infocracia, cit., pp. 74-75.
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En los medios tradicionales la información cumple, generalmente, una función descriptiva, puede ser
juzgada como verdadera o falsa. La diferencia con las plataformas es que en ellas la información tiene
una finalidad distinta. No busca describir la realidad, sino prescribir la conducta. Busca causar un efecto,
captar la atención. La información es cautiva del modelo de negocio de las plataformas que obtiene sus
ingresos de la publicidad. La información, por ello, no es juzgada por las plataformas por su adecuada
descripción de la realidad. Es la función prescriptiva, que busca modificar la conducta ajena, la relevante
aquí.
Esto nos sitúa ante la irrelevancia de los criterios descriptivos, la irrelevancia de la verdad. En este
sentido, las plataformas sí hacen de porteros (gatekeepers). Las plataformas otorgan el papel de porteros
a los algoritmos. Siguiendo esta analogía, puede decirse que el portero-algoritmo deja entrar a todo el
mundo, pero algunos contenidos reciben una entrada con mejores prestaciones. Reciben más visitas, más
visualizaciones, más seguidores. Esto es un incentivo para producir un tipo de contenido y no otro. De
modo que sí hay una mediación entre el que publica y sus lectores, pero no se basa en la “fiabilidad,
calidad y relevancia general” de la contribución. Se puede poner un ejemplo del acceso a “mejores
prestaciones” en X. En esta plataforma acceden a ellas los contenidos que emplean términos como
“ataque, malo o culpa”86, tres términos clave para un buen posicionamiento. Son las plataformas digitales
regidas por algoritmos y no la simple posibilidad de publicar en ellas, lo que produce este deterioro. Esta
posibilidad de contribuir ya existía en la web 2.0, con los blogs87, y no se producía esta multiplicación
perversa de las contribuciones negativas.
Teniendo presentes esta labor del nuevo portero algorítmico se ve que las “noticias falsas” no son un
hecho aislado sino una consecuencia lógica de esta estructura. Están dentro del contenido privilegiado.
Del mismo modo, la falsificación que permiten las nuevas herramientas tecnológicas, como las imágenes
o vídeos verosímiles pero falsos, puede que no sean un hecho aislado por la misma razón88. Precisamente,
86
Hari, J.; El valor de la atención, cit., p. 186.
87
Balaguer Callejón, F.; La constitución del algoritmo, cit. p 68.
88
El art. 52.3 del Reglamento de la UE en IA se ocupa de regular la denominada “ultrafalsificación” (deepfake). El precepto obliga al
usuario que emplee IA que genere o manipule contenidos (imagen, sonido o vídeo) que induzcan a error sobre su autenticidad o veracidad
a que indique que el contenido es artificial. Pero a renglón seguido la norma indica que no existe esta obligación de transparencia cuando
la generación de contenido resulte necesaria para la libertad de expresión. La consecuencia lógica es que el usuario procurará aducir que,
por ejemplo, una ultrafalsificación de un desnudo forma parte de su libertad de expresión.
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es fácil que su uso se popularice para crear contenidos eficaces para captar la atención, porque las redes
diseñan unas prácticas comunicativas que toman la verdad como irrelevante.
El placer prevalece sobre la verdad. Así, en un reciente artículo se señala que las teorías de la conspiración
responden al principio de placer89. El que las sostiene experimenta una satisfacción fisiológica. Lo
interesante es que aquí tampoco rige el principio de que la información describe, sino el de que la
información influye, impacta en la atención, seduciéndonos produce placer. Tiene razón Habermas
cuando señala que las plataformas se deslizan hacia el entretenimiento, la emocionalización y la
personalización, lo que es incompatible con la fiabilidad, calidad y relevancia general de las
informaciones90.
Esta información que busca captar la atención, no solo produce un deterioro epistémico para la
democracia. El problema no es simplemente el engaño o la dificultad de percibir la realidad tal y cómo
es. Es posible salir del engaño si se busca la verdad. Sin embargo —como ha visto Sandel91—, lo grave
es que los usuarios interioricen esa indiferencia hacia la verdad propia del diseño de las redes. Que la
distinción entre verdadero y falso deje de parecerles relevante. En el fondo, se trata del triunfo del
nihilismo epistemológico. Un nihilismo incompatible con la aceptación de la existencia del mundo
común que toda democracia madura necesita. La discusión democrática exige el respeto a la verdad de
los hechos. El mundo común requiere aceptar los hechos expresables en un lenguaje común como una
verdad común. Esta irrelevancia de la verdad expresa el problema más hondo de la soledad, pues niega
toda percepción compartida de la realidad. Esta es la nueva esfera pública: una competición por
enganchar a la gente, aunque haya que sacrificar la verdad por el camino.
3. Conclusiones
Este trabajo ha mostrado que el poder digital de las grandes empresas tecnológicas no es un poder
totalitario. Sin embargo, deteriora la democracia. Para comprender este deterioro hay que tener presente
89
Hefferman, V.; “The Intoxicating Pleasure of Conspiratorial Thinking”, Wired, 25 de abril de 2022.
90
Habermas, J.; A New Structural Transformation of the Public Sphere…, cit., p. 49. Así, Nir Eyal deja claro lo que enseña en su su libro
Hooked ya citado. En los comentarios de la contraportada se dice: “Lo leerás. Luego desearás que tus competidores no lo hayan leído”.
91
“El peligro no es que no se pueda distinguir lo real de lo falso, sino que esa distinción deje de importarnos”. Sandel, M.; entrevista en
Telos. Revista de comunicación, núm. 122, 2023, p. 27.
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que la digitalización ha supuesto tres rupturas respecto al orden precedente: en la distribución del poder,
en la percepción de la realidad y en las relaciones interpersonales.
Hemos presentado los cuatro elementos que permiten distinguir poder totalitario y digital. En primer
lugar, se ha señalado que el orden digital carece de soberano. Si admitimos que hoy soberano es el que
posee la información, ninguna empresa ha logrado poseerla de forma centralizada. Lo que se da, de
hecho, es una competencia por captar atención y obtener información. En segundo lugar se han explorado
las formas de manifestación del poder digital que se suele decir que son la persuasión, la seducción y la
manipulación. Hemos visto que el poder digital no parece persuasivo, no trata de convencer apelando a
la razón. Por otro lado, cuando seduce, suele también emplear la manipulación. Por lo que la
manipulación, el engaño, parece la principal forma de manifestación del poder digital. Una manipulación
que tiene la capacidad de suspender el juicio del usuario e influirle a un nivel pre-reflexivo y emocional.
En tercer lugar, poder totalitario y digital se distinguen por su finalidad. El poder digital tiene por
finalidad aumentar el tiempo en pantalla de los usuarios, aumentando así los ingresos por publicidad.
En segundo lugar, se deteriora la atención del individuo que tiene que ver con su identidad en el tiempo,
su proyecto vital. La ludificación de las plataformas empuja a los usuarios a intercambiar sus fines por
placer. Supone un deterioro del yo diacrónico, de ese que dibuja un proyecto vital y lucha por realizarlo.
El deterioro de este tipo de atención procede de lo que Williams denomina “distracción existencial”.
En tercer lugar, el deterioro más profundo se produce en la atención epistémica con lo que Williams
denomina “distracción epistémica”. Esta distracción guarda relación con fenómenos previos a la
digitalización: el deterioro del ocio —del tiempo libre de dedicaciones instrumentales— y la pérdida de
la soledad reflexiva. Naturalmente, aquí es de la mayor importancia recordar la ruptura con el orden
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espacial y temporal anterior mencionado arriba. El ocio y la soledad reflexiva solo puede surgir si hay
tiempos y espacios reservados y protegidos de interrupciones.
Por otro lado, el deterioro epistémico guarda relación con la personalización algorítmica. La
personalización de los contenidos mediante los algoritmos produce las llamadas burbujas de información.
De este modo, el mundo se percibe en burbujas. Se recibe la información con la que uno ya está de
acuerdo o, más exactamente, que conecta con las propias emociones. Este modo de percepción refuerza
las propias ideas y emociones, al mismo tiempo que oculta las posiciones contrarias a las propias del
usuario.
Las consecuencias para la distribución del poder, la percepción de la realidad y las relaciones inter-
personales son de extraordinaria importancia para la comprensión de la crisis de la democracia, así como
el deterioro de los derechos humanos y el imperio del Derecho en este ámbito. Queda para un futuro
trabajo abordar la conveniencia, o no, de reconocer un derecho a la atención como forma de afrontar
estos problemas.
92
F. Pasquale distingue entre ámbitos de aplicación de la IA, y señala que “en el caso de los medios de comunicación y el periodismo […]
será necesario un esfuerzo corrector concertado para compensar lo que hoy en día es una esfera pública ampliamente automatizada”.
Pasquale, F.; Las nuevas leyes de la robótica, cit., p. 60.
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