BIBLIOGRAFICAS
LOS RIBERAS
Por R.J. LoVERA DE-SolA•
''No he escrito un libro alegre". Esto confesó Mario Briceño-Iragorry (1897-1958) en la
tercera página de uno de sus libros más agudos. El único en el que se apartó de los severos
moldes de la historiografía. En el que a partir de hechos vividos dejó correr la pluma. El mismo
confiesa que lo redactó a mano. Con su imaginación creó una especie de obra de ficción . El
interesante libro es de esos que siempre se leen con placer, con gusto, el cual a la vez suscita
numerosas reflexiones a quien lo tome en sus manos. Este circula ahora otra vez. Nos referi-
mos a Los Riberas ([Link]. Prólogo: Miguel Angel Burelli Rivas. Caracas: MonteAvila Edito-
res, 199 l. 656 p.). Obra impresa por vez primera hace treinta y cuatro años (1958) y no cuaren-
ta (1952) como se señala en la contratapa de la edición que comentamos, de la cual se excluyó
también, y es verdadera lástima, una hoja suelta, fechada en Génova, Italia, el 24 de enero de
1958, la cual se insertó en los ejemplares de la edición príncipe, en ella expone Don Mario
muchos de los ponnenores que rodearon a la escritura y primera aparición de Los Riberas. Allí
explica por qué habiendo sido impuesta esta obra en 1957, como se lee en su primera edición,
el trabajo del taller tipográfico no concluyó sino ya iniciado el año siguiente.
Aunque Los Riberas suscitó algunos elogios entusiastas cuando apareció, el mismo año
de haber caído la última dictadura, el libro no logró ser comprendido en su verdadera faz
porque de alguna forma su autor se anticipó a una manera literaria. Hoy el conocimiento que
ha dado a miles de lectores la obra de Francisco Herrera Luque (1927-1991) nos permite leer
en su dimensión exacta a Los Riberas.
Los Riberas pertenece a una forma novelada la cual puede estar cercana a la autobiogra-
fía. En ciertas obras, como en Los Riberas, se trata de penetrar en los sucesos del tiempo en el
cual ha vivido su autor, pero en vez de escribir una obra autobiográfica prefiere disfrazar su
testimonio a través de la invención imaginaria. Es esta una forma lícita. La máscara en este
caso es una especie de careta que en el fondo no lo es, pues sus personajes son reconocibles -
y algunos aparecen con sus verdaderos nombres. A este renglón pertenecen: tanto Los Riberas
como La cola del huracán. (Madrid: Coculsa, 1968) de Víctor Manuel Rivas (1909-1965).
Estas son dos obras singulares, las cuales merecen ser mejor conocidas. Son complementarias
porque Los Riberas es un relato, casi siempre centrado en los días gomeros, mientras que La
cola del huracán se inicia a partir del lopecismo. Ambas constituyen un modo narrativo , con
pocos antecedentes en nuestras letras, quizá en algún relato verídico• de Ramón Isidro Montes
Director de Publicaciooes del Consejo Nacional de la Cultura.
1 Tal podrían ser los casos de "Boves, leyenda Venemlana" o "Impresiones de m suplicio" insertos en sus &sayos
poéticos y literarios. Caracas. Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional, 1891.
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(1826-1869), o en los Episodios Venezolanos2 de Don Francisco Tosta García (1846-1921),
género que retomó, en nuestros días, dotándolo de especiales caracteres, Francisco Herrera
Luque. Con sus obras suscitó hondo interés. Tal su hist0ria seminovelada de Venezuela, o más
bien fabulada, como él la denominó. Así Los Riberas, la cola del huracán y la saga
herreraluquiana pertenecen a la misma vertiente de los libros verdad.
Pero también estas obras, Los Riberas entre ellos, tienen otra característica Son libros
híbridos. Situados entre la novela y la historia No son ficciones históricas sino trabajos en los
cuales se utiliza la fábula para ilustrar una situación: la entrega de las concesiones petroleras en
el régimen de Gómez constituye, por e)emplo, la entraña de Los Riberas. Así estos volúmenes
forman un modo distinto, peculiar, dentro de nuestras letras. El crítico Lubio Cardozo definió
a esta corriente certeramente al apuntar que sus autores usan "la novela para descubrir y descri-
bir una parcela de la realidad histórica y plantear un juicio ético trascendental, más que una
moraleja una conclusión paradigmática". El mismo Cardozo añade que este método indagatorio
"tiene carácter unívoco: se elimina el juego entre verdad e imaginación, la imaginación se
constriñe a los límites del tratamiento literario del lenguaje, no del argumento porque éste debe
estar clavado en el mero centro de la verdad histórica''.3 Y como estas son obras que intentan
explicar una determinada situación se utiliza el cuerpo novelístico pero "la novela no elimina
la historia, sino que la ilumina" como escribió Guillermo Morón.4 Teniendo en cuenta esto Los
Riberas se explican a profundidad. Y no sólo ellos. Toda esa rica vertiente de obras entre las
cuales hay que incribir Candelas en la niebla, 5 de Ramón Vicente Casanova Aquí no ha pasa-
do nada,6 y Existe la vida1 de Angela Zago o libros de José León Tapia como Por aquí pasó
'Zamora, 8 Maisanta, El último hombre a caballo9 o El Tigre de Guaitó, 10 tienen igual génesis.
A esa sabrosa, y no menos curiosa, colección de obras híbridas pertenece Los Riberas.
Sobre él hay mucho que decir. Máxime si se piensa que en él su autor encontró la explicación
matriz de los por qué de nuestro drama contemporáneo. Su lectura nos permite asomarnos al
lugar en donde se torció, como consecuencia del oro negro, nuestro destino. Buena lectura
para estos días, cruzados por la crisis, constituye Los Riberas.
Hemos indicado que en Los Riberas, Briceño-lragorry halló la clave que explica nues-
tro drama contemporáneo. Y esto en su sesgo político, económico y ético. Esto sucedió a su
entender en el momento en el cual, bajo la tiranía gomecista, se otorgaron las concesiones
petroleras.
Pero entremos al libro por el comienzo. Don Mario denominó a esta obra "relato novelado"
(p.17), ya que en él aparecen tanto seres de carne y hueso, quienes dieron perfil a los sucesos
2 Nos referimos a su serie denominada Episodios Venezolanos formada por Los años tembles. (Caracas: 1íp. La
Semana, 1907), Carabobo. (Caracas: 1íp. La Semana, 1908), El complot de Marzo. (Caracas: 1íp. La Semana.
1915), El 19 de Abril. (Caracas: Rómulo A. García & Cía. Editores, 1903), La guerra a muerte. (Caracas: 1íp. La
Semana, 1906), Los orientales. (Caracas: 1íp. La Semana, 1905), Partidos en fecha. (Caracas: 1íp. La Semana,
1913), esta última publicada taJmién con el título de Memorias de un vividor. (Caracas: Ministerio de Educa-
ción, 1946), La patria boba. (Caracas: Rómulo A. García, 1904), El poder civil. (Caracas: Tip. La Semana, 1911),
La reforma en ristre. (Caracas: 1íp. La Semana, 1910).
3 Lubio Cardozo: Philobiblion. Mérida: Universidad de Los Andes, 1976, p. 19.
• Guillermo Morón: Escritores latinoamericanos contemporáneos. Caracas: ed., [Link] 1979, p. 330.
Ramón Vicente Casanova: Candelas en la niebla. Prólogo: Manuel Alfredo Rodríguez. Mérida: Universidad de
Los Andes, 1972, ahora inserta en En las fronteras del viento. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses,
1992, p. 95-198.
• Angela Zago: Aquí no ha pasado nada. Caracas: Síntesis Dosmil, 1972.
Angela Zago: Existe la vida. Caracas: ed. Planeta, 1989.
• José León Tapia: Por aquí pasó Zarrora. Caracas: ed. Sucre, 1972.
9 José León Tapia: Maisanta, el último hombre a caballo. Caracas: Centro Editor, 1974.
'º José León Tapia: El Tigre de Guaitó. Caracas: ed. Centauro, 1977.
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que novela, como personajes inventados con la imaginación. Con uno y con otros trazó los
rasgos del país, deteniéndose en un suceso ele los días gomeros. Así explica lo que se propuso
hacer al concebir estas páginas: "Lejos de pintar intencionalmente figuras personales , he
labrado espejos ele fino alinde, donde algunos individuos, al contemplar su estructura interior,
podrán ver reproducidos rasgos personales, sin que terceros adviertan, de su propio juicio,
detalles que los individualice en el campo social" (p.18). Por ello señaló ''No he escrito un
libro alegre" (p. 19). Ycomo hombre que vivió y actuó en los días durante los cuales transcurre
su invención anotó: "No pretendo, tampoco, que se me tome por hombre libre ele responsabi-
lidades en el trozo de la historia nacional a que se refieren estas páginas" (p.18). En Los Ribe-
ras quiso fijar un modo ele vivir, unos hechos. Como le era imposible penetrar en ellos sola-
mente con los elementos del discurso histórico, el cual nos acompaña hasta donde alcanza la
documentación, sabiendo lo dañino que son los historiadores imaginativos (p.116), se dio
cuenta que para poder meterse en su tema tenia que basarse en hechos sucedidos pero debía
dejar andar libremente a su espíritu. Por ello compuso este libro heterogéneo en el cual se
entrecruzó la verdad histórica con la libre interpretación ele unos sucesos decisivos.
En 1918 a Alfonso Ribera, protagonista de la obra que comentamos, todo le sonreía en
su Mérida natal. Había terminado la guerra, las perspectivas de los precios del café eran buenas
(p. 43), su familia tenía influencia ante Gómez.
Para ese momento el país era conducido por aquellos que habían llegado al poder como
consecuencia de la revuelta en 1899. Esta llevó a los andinos al gobierno. El andinismo se
había consolidado durante los años de la llamada Revolución Libertadora (p. 70). Fue en 1902
cuando los venidos de los Andes, y quienes les secundaban en el centro, se unieron para luchar
contra la Libertadora. O lo que es lo mismo contra la oligarquía caraqueña.
Tras el triunfo castrista, que aseguró Gómez en la Batalla de Ciudad Bolívar (Julio 17-
21,1903), el régimen se consolidó. Con el tiempo Gómez dio un zarpazo a Castro. Toroo el
poder. Pronto apareció el petróleo en graneles cantidades. Los hombres ele negocio comenza-
ron a ser un importante elemento en la vida económica venezolana. Así se hace presente un
modo de actuar: "Esa es la vida, Don Alfonso. El que más tiene más gana y al poderoso se le
perdona todo lo malo que hace. El débil es ladrón; el fuerte es listo e inteligente" (p. l 04).
Es en ese momento cuando aparece la minería en su faz petrolera (p. 159). Tras la gran
búsqueda del oro negro en 1911, tras de su hallazgo, el gobierno decidió otorgar las concesio-
nes petroleras. Un inmenso negocio se puso ante algunos pocos. En él no participarán sino los
gomecistas. Se inició entonces la corrupción del dinero. "La minería convierte ele improviso a
los pueblos pobres en emporios peligrosos... Y no olviden ustedes que la riqueza repentina
encandila y lleva al vicio". (p.159). Fue Don Mario el primero en llamar así a los nuevos
hábitos de vida formados en el país. Este modo de vivir transformó al país. Violentamente.
Y ello como consecuencia de la conjunción ele los políticos y de los hombres de negocio
cercanos a Maracay. "A Caracas llegan las revoluciones con buenos propósitos, y una camari-
lla detestable corrompe a los caudillos" (p. 202). Es así, en la confluencia entre dictadura y
gente rica, que se trastoca el destino del país. Desaparece el país agrario y sus modos.
Todo este proceso lo observamos aquí a través de la familia Ribera la cual, cercana al
poder, logra edificar una gran fortuna al participar en el otorgamiento de las concesiones petro-
leras (p. 283). Así, de comerciante acomodado Alfonso se transforma en millonario (p. 307).
De esta manera se formó la burguesía venezolana de nuestro tiempo, como bien lo observó
Germán Carrera Damas en su examen de Los Riberas. 11 Y esto fue posible gracias a una
11 Germán Carrera Damas: Tn:s temas de Historia. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1961.
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decisión de Gómez. El resolvió que si bien el petróleo era de la nación no quiso "que los
ingleses y los americanos sean los únicos que se hagan ricos. Entre el gobierno y los extranje-
ros, estamos los amigos de la causa. Las concesiones se dan a los extranjeros, pero a través de
nombres venewlanos, y las empresas de fuera pagan muy bien el servicio" (p. 308). Estos
hombres, como los Ribera, se convirtieron de este nxxto en los "responsables del curso torcido
que habían tomado las instituciones nacionales" (p. 325). De esta forma se otorgaron las con-
cesiones. Hubo quienes bendijeron a Gómez (p. 335). Así se entregó Venezuela al capital
foráneo (p. 365).
Pero frente a esa ''Venezuela adúltera" (p. 385), a la que se refiere Don Mario, se opuso,
entonces, como ahora, la quijotesca, la ideal. La que en los días en los cuales transcurre esta
narración representaron hombres como Felix Montes (1878-1942), quien gallardamente se
ofreció en sacrificio en un intento de hacer limpio un proceso electoral; Juan José Abreu (1875-
1950), quien no quiso manchar la balanza de la justicia; Rafael Arévalo González ( 1866-
1935), quien aspiró que se respetara la libertad de pensamiento; Francisco Domfnguez Acosta
(1872-1920), quien no temió inmolarse como también lo hiw el poeta Leopoldo Torres Abandero
(1865-1920). Es esa creencia viva de Briceño Iragorry en los días oscuros de 1957 cuando
redactó Los Riberas, viva hoy en tantos venewlanos: el país tiene una salida moral. Aunque
llegar a ella cueste sacrificios.
Son estos los que creen que "este país se salvará si los hombres responsables se pusieran
todos los días al borde de la cárcel. ¿Quién podría ejecutar entonces las prisiones? Ocurriría
que los carceleros se convertirían en presos" (p. 465), palabras que Briceño-Iragorry pone en
boca del noble Pedro Manuel Ruiz (1870-1921), líder civil de la conspiración de 1919. Pero no
sólo en las filas de la oposición a la Causa estaban los mejores. También algunas palabras
pudieron pronunciarse desde dentro, como las que dijo Gumersindo Torres (1875-1947), Mi-
nistro de Fomento de Gómez y defensor de los fueros del país. Con hombres como Ruiz o
Torres sabemos que todo no estuvo perdido. Ni lo está hoy. Tal la lección profunda que vuelve
a suscitar en nuestro espíritu la relectura de Los Riberas.
Caracas:
Agosto 27, 1992.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS
Por Jos~ MARCIAL RAMos Gm~m:z"
A) PEREZ VILA, Manuel
El legado de Bolívar: pensamientos y bibliografía básica/ Manuel Pérez Vila.- Caracas:
Academia Nacional de la Historia, 1989. 255 p.
• Profesoc de la Universidad Simón Bolívar