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Mariano Moreno: Vida y Escritos Clave

Mariano Moreno fue un influyente político y pensador argentino de principios del siglo XIX, cuya obra escrita sirvió como medio para alcanzar sus ideales de organización e independencia del país. A pesar de su breve vida, su educación y experiencia en Chuquisaca, así como su participación activa en los eventos políticos de su tiempo, lo convirtieron en un destacado defensor de los derechos y reformas en la sociedad argentina. Su legado incluye escritos que reflejan su compromiso con la justicia y su crítica a la corrupción, así como su papel en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas.

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Mariano Moreno: Vida y Escritos Clave

Mariano Moreno fue un influyente político y pensador argentino de principios del siglo XIX, cuya obra escrita sirvió como medio para alcanzar sus ideales de organización e independencia del país. A pesar de su breve vida, su educación y experiencia en Chuquisaca, así como su participación activa en los eventos políticos de su tiempo, lo convirtieron en un destacado defensor de los derechos y reformas en la sociedad argentina. Su legado incluye escritos que reflejan su compromiso con la justicia y su crítica a la corrupción, así como su papel en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas.

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Los escritos de Mariano Moreno | 37

PRÓLOGO

La vida de Mariano Moreno fue breve; empero, fue fe-


cunda y múltiple. Su influjo sobre la sociedad argentina, en
una época llena de acontecimientos notables, ha producido
importantes resultados. Fue un hombre de acción, un políti-
co, y un hombre de pensamiento, un escritor o poco menos;
pero no fue un escritor de profesión, y habría sido raro que lo
fuese, a principios del siglo, en un país en que hoy mismo el
oficio de escritor, excepto el de escritor de diarios, no existe en
realidad. En Moreno primaba el hombre de acción. Moreno
el escritor, era sencillamente un medio –iba a decir un instru-
mento– al servicio de Moreno el político, el estadista, el refor-
mador o el revolucionario. Moreno no ha escrito por amor al
arte. Sus publicaciones han sido simples medios para obtener
el reconocimiento de un derecho, para llegar a la realización
de una reforma o para conseguir el fin capital de su acción, el
ideal que con más vigor acarició en la vida: la organización y
la independencia del país. De aquí que, para juzgar sus obras
escritas, sea preciso considerar al personaje completo, así como
los propósitos a que respondió cada trabajo.

La ciudad de Buenos Aires, durante los últimos años del


siglo pasado y los primeros del corriente, no era un centro
intelectual. Apenas había en ella algunos hombres instruidos,
y, fuera de los conventos, dos establecimientos de enseñanza,
la Escuela del Rey y el Colegio de San Carlos. Estas casas eran
tan reducidas y tan modestas, en punto a plan, método, can-
tidad de instrucción que proporcionaban, como lo eran las
38 | Norberto Piñero

necesidades, las aspiraciones, las ideas, los recursos y todas las


demás cosas de la pobre colonia, cuya existencia corría tran-
quila, sin accidentes y, casi diría, feliz. Pero, Moreno poseía
una cultura elevada, superior. ¿Cómo la había adquirido?
Recibió en el hogar los primeros rudimentos del saber.
Concurrió a la Escuela del Rey y siguió más tarde los cursos
del Colegio de San Carlos, donde aprendió todas las mate-
rias que en él se enseñaban, inclusive el latín, que manejaba
como “su propia lengua”, según su biógrafo. Amplió sus ad-
quisiciones por la lectura de buenos libros, que le ofrecían
los amigos de su familia o los suyos propios, y por el trato
diario con personas versadas en las ciencias y en las letras.
La agilidad de su mente, los rasgos seductores de su talento,
su asiduidad en el trabajo y su amor al estudio, le granjea-
ron pronto, cuando aún era un adolescente, la amistad de
los hombres más distinguidos de la Colonia. Concluidos los
estudios, que en Buenos Aires era posible hacer, se trasladó a
Chuquisaca, con el fin de dedicarse a la Iglesia, a la cual sus
padres querían consagrarlo y para la que se hallaba bien dis-
puesto, pues había sido severamente educado en los dogmas
y en las prácticas de la religión.
En Chuquisaca vivió en medio de la clase más intelec-
tual que allí existía. La biblioteca del canónigo Terrazas no
estuvo en vano a su entera disposición. Se instruyó con la
lectura de muchos libros, principalmente de algunos de los
libros franceses de mayor mérito, escritos en los dos últimos
siglos, sobre política, economía política, derecho, moral, reli-
gión, historia y literatura. Leyó a Montesquieu, D’Aguesseau,
Locke, Filangieri, Jovellanos, Rousseau, Raynal y varios de
los enciclopedistas. Estas lecturas lo familiarizan con las doc-
trinas económicas y políticas de los filósofos del siglo XVIII.
El credo político de los reformadores y revolucionarios de
Los escritos de Mariano Moreno | 39

la centuria pasada llegó a ser el credo político suyo. Estudió


también las ciencias jurídicas y la teología y se graduó de
doctor en jurisprudencia y en cánones.
La disertación que, como último examen, dijo en la
Academia Carolina de la ciudad de La Plata, para optar al
grado de doctor en leyes, es una verdadera tesis. Versa sobre
la ley 14 de Toro, en virtud de la cual el marido o la mujer,
que pasaba a ulteriores nupcias, no tenía obligación de reser-
var, a los hijos del primer matrimonio, la propiedad de los
bienes adquiridos durante él. Es un trabajo de proporciones
limitadas, modesto y sin pretensiones, pero completo en su
género. A pesar de su escaso valor, se ve, al leerlo, que es el
fruto de una inteligencia experta y sagaz en el manejo e inter-
pretación de las leyes. El objeto y la trascendencia de la ley de
Toro, en las relaciones de familia, han sido bien estudiados.
El análisis, las observaciones y las críticas que la monografía
contiene, no son una copia de obras ajenas; pertenecen al
autor. Señalo este dato, porque son pocas las disertaciones in-
augurales, presentadas a nuestras universidades, que no sean
una reproducción, en diferente forma, de las ideas y de las
apreciaciones de otros, de las que el juicio propio, personal
del disertante, no se halle ausente.
Finalmente, trató a las personas de importancia y a los
principales personajes del Alto Perú, en aquel tiempo. El con-
tacto con los hombres le dio desde temprano la ciencia del
mundo y perfeccionó en él la facultad, tan rara, tan valiosa y
tan necesaria al verdadero estadista, de conocer a los demás.
En Chuquisaca, Moreno ejerció, durante algún tiempo,
la profesión de abogado; pero el celo, la energía y la pasión
que desplegaba en la defensa del derecho le condujeron más
de una vez a hacer oír amargas verdades a los jueces corrom-
pidos. Éstos no le perdonaron sus ataques, tan rudos como
40 | Norberto Piñero

justificados. Se creó así una situación dificilísima: el ejercicio


de la abogacía y, aun, su permanencia en Chuquisaca se le hi-
cieron poco menos que imposibles. Se vio entonces obligado
a volver a su patria (septiembre de 1805). Regresaba, no or-
denado de presbítero, ni investido del carácter sacerdotal que
había ido a buscar al Alto Perú, según los designios de su fa-
milia; pero, sí, casado, con dos diplomas de doctor, y, lo que
importaba más, con un caudal de saber y de experiencia.1
En Buenos Aires rindió los exámenes necesarios para
revalidar el diploma de doctor en jurisprudencia y se incor-
poró luego al gremio de abogados. Como letrado, intervino
en varias causas ruidosas y obtuvo éxitos muy halagüeños.
Algunos de sus trabajos forenses, particularmente los produ-
cidos en asuntos de repercusión, han sido publicados en otro
tiempo. Aunque esos escritos hayan sido eficaces para dirimir
controversias judiciales, son de escasísimo valor científico.
Toda su importancia consiste en la aplicación del derecho
vigente, en aquella época, para resolver, en cada caso, los
puntos litigiosos. Fuera del foro se encuentran los mejores
escritos de Moreno. Apresurémonos a llegar a los momentos
en que los ha producido.
Desempeñaba el cargo de relator del tribunal de la
Audiencia, cuando ocurrió la primera invasión de los ingleses.
Imposibilitado de atender su empleo, mientras las tropas al
mando del general Beresford ocuparon la ciudad (27 de junio
a 12 de agosto de 1806), se consagró a redactar una “memo-
ria” sobre aquel acontecimiento, que tan hondamente le había
impresionado. Este trabajo es, acaso, el único que Moreno ha

1. Los datos relativos a los estudios, las lecturas, las luchas, la vida, en suma, de
Moreno en Chuquisaca, contenidos en este trabajo, han sido extraídos de la biogra-
fía escrita por su hermano Manuel Moreno.
Los escritos de Mariano Moreno | 41

escrito sin tener en vista la consecución de un fin práctico.


Conocemos de esa Memoria únicamente los extensos fragmen-
tos publicados por el doctor Manuel Moreno. Sin duda, no
se necesita más para juzgar el trabajo íntegro, pues el biógrafo
de nuestro autor, como lo da a entender en el Prefacio de las
Arengas, ha omitido tan sólo detalles de poco o ningún mérito
y ha reproducido lo esencial. La Memoria es una exposición
seria y meditada, en la que Moreno abarca el asunto con am-
plitud de miras; estudia las condiciones del Río de la Plata
y especialmente de Buenos Aires, en el instante del aconteci-
miento; pone de relieve el gran papel comercial de esta ciudad
y cuánto importaba a la Metrópoli su conservación, porque “el
Perú entero sería absolutamente inútil a la España, sujetándose
Buenos Aires a dominio extranjero”; cuenta cómo ocurrieron
los sucesos, e indaga las causas inmediatas que determinaron la
conquista, o si se prefiere, que produjeron la caída de la plaza
en poder de las tropas inglesas.
Para él, “la invasión no fue un golpe imprevisto...” y la
toma de la ciudad no se debió al arrojo y a la pujanza de los
soldados ingleses: la desidia, la ineptitud, la impericia, el aban-
dono, la falta de plan y el aturdimiento de los jefes que debían
dirigir la defensa y preparar el rechazo de los invasores, moti-
varon la caída de la plaza. El virrey Sobremonte, que no midió
el alcance del ataque, ni utilizó los valiosos elementos de resis-
tencia que existían a su disposición, ni atinó a nada, fue el gran
culpable, y tras él seguían los jefes militares. Si se despoja de las
exageraciones e intemperancias propias de un hombre ardiente,
herido en lo íntimo por un hecho vergonzoso, a su juicio, y que
tantas amarguras le había producido, la explicación de Moreno,
en cuanto a las causas de la toma de la ciudad, aunque conce-
bida a veces en términos acerbos, no difiere esencialmente de la
que han dado después, libres de toda preocupación y de la idea
42 | Norberto Piñero

de que el acontecimiento constituyera una vergüenza para la


Colonia, los historiadores Mitre y López.
Es bueno insinuarlo al pasar. La lectura de la Memoria
persuade de que no era necesaria la invasión inglesa para des-
pertar o avivar en Moreno el sentimiento de la nacionalidad,
ni para formarle la conciencia del poder de la Colonia.
Expulsados los ingleses, en 1806, volvió a su puesto de
relator de la Audiencia. En él permaneció hasta que produjo
uno de sus mejores escritos. La vida del magistrado, siempre
sin brillo, poco sonada y poco propicia a los hombres cons-
truidos para la lucha y para la acción, no convenía a su tem-
peramento y a su temple, ni podía absorberle completamen-
te. Se hallaba de paso en la magistratura. Moreno no dedicó
todo su tiempo a la tarea obscura y fastidiosa de hojear expe-
dientes y hacer su relación. Sin descuidar la más nimia de las
obligaciones de su cargo, intervino en los asuntos de interés
público, siempre que se ofreció la oportunidad. Así, según
su hermano Don Manuel, desempeñó un papel culminante
en la defensa contra la segunda invasión de los ingleses: fue
el consejero del Cabildo, el inspirador de muchas medidas
adoptadas para rechazar al enemigo y el autor de las procla-
mas y otros documentos que aquella corporación publicó.

II

Entre los varios efectos de las invasiones inglesas se cuen-


ta el de haber despertado a la clase americana, el de haberla
llamado a la acción y el de haberle sugerido la idea de su pro-
pio valer. En 1807, después de los triunfos obtenidos sobre
las fuerzas británicas, se diseñan netamente los partidos que se
disputarán el predominio hasta el instante de la Revolución:
Los escritos de Mariano Moreno | 43

de un lado se agrupan, en su casi totalidad, los criollos, del


otro, los españoles peninsulares. La clase antes sojuzgada y
tenida en menos, se prepara a discutir sus títulos, y a derribar
a la clase dominadora. La separación no tarda en definirse. El
partido criollo se concentra alrededor del virrey Liniers y el
partido español tiene su centro en el Cabildo. Las disidencias
no se mantienen en el terreno pacífico. Las agrupaciones lle-
gan muy pronto a disputarse el mando y la superioridad por
medio de la violencia. El partido español de Buenos Aires
combina, en 1808, su acción con el de Montevideo, para
realizar un movimiento subversivo encaminado a derrocar
al Virrey y a reconquistar todas las posiciones oficiales. En
Montevideo, el gobernador Elío, de acuerdo con los españo-
les de Buenos Aires, produce la asonada, promueve y reúne
un Cabildo abierto, erige, mediante éste, una junta a imita-
ción de las que por entonces se creaban en la Península, y él y
ella desconocen la autoridad de Liniers. No es posible hacer
estallar el movimiento simultáneamente en Buenos Aires, y
sus autores se ven obligados a postergarlo hasta el 1° de enero
de 1809 –en que se efectúa– para aprovechar el momento de
la renovación de los individuos de la Municipalidad.
La suerte de la revuelta fue adversa al partido español
en la Capital. El Virrey, vigorosamente apoyado, o más bien
impulsado, dirigido, manejado casi por los criollos y por la
mayoría de los cuerpos militares, al frente de los cuales se ha-
llaba Saavedra, salió vencedor en esa incruenta y accidentada
contienda de un día. El éxito diferente y contrario del mo-
vimiento en Montevideo y en Buenos Aires se explica por la
diversa posición de los partidos y de las fuerzas en una y otra
ciudad. En Montevideo, la mayor parte de la población era
española y los peninsulares tenían en su poder el Gobierno y
el Cabildo. En Buenos Aires, los patriotas dominaban en el
44 | Norberto Piñero

pueblo y en el ejército, y sostenían resueltamente al Virrey,


que había sido y continuaba siendo su caudillo. La Audiencia
apoyaba también a éste, porque representaba la legalidad.
Los españoles disponían únicamente del Cabildo; y, en la
sociedad, formaban la minoría.
Moreno tomó parte en estos sucesos y estuvo con el par-
tido español. En el Cabildo abierto del 1° de enero, promovi-
do por los sediciosos, votó porque “se formase una junta gu-
bernativa que sirviese de contrapeso o freno al mismo Virrey
y de garantía de la tranquilidad interior”.2 “El Dr. Moreno
fue llamado a la Sala Capitular, durante esta emergencia, a
manifestar su dictamen como letrado y como vecino; y, cier-
to como estaba de la torpeza con que se conducía el negocio,
tuvo la firmeza de manifestar su opinión con la energía y
franqueza que corresponden a un hombre de bien. Como
era de esperarse, su voto fue contrario a la subsistencia de
Liniers en el mando de virrey de aquellas provincias, y aun
tuvo el valor de presentarse públicamente en la Plaza con la
Diputación del Cabildo que le intimó su cesación”.3
¿Esta actitud provenía de que era adverso a las tenden-
cias y aspiraciones del partido criollo y afecto a los propósitos
del partido español? Moreno no había figurado antes en los
partidos y estos hechos no ofrecen el menor indicio de sus
inclinaciones partidistas. Empero, en varios escritos suyos de
fecha precedente, como la Memoria relativa a la primera in-
vasión inglesa, se revela su sentimiento americano y su amor
al país natal. Así, “había visto en la plaza llorar a muchos

2. Moreno, Manuel, Prefacio a las Arengas y Escritos de don Mariano Moreno,


p. CXIII; Mitre, Bartolomé, Historia de Belgrano, tomo I, pp. 264 y 265.
3. Moreno, Manuel, Vida y Memorias del Dr. Don Mariano Moreno, p. 101.
Edición de “La Cultura”.
Los escritos de Mariano Moreno | 45

hombres por la infamia con que se les entregaba; y él mismo


había llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la
tarde del 27 de junio de 1806, vio entrar 1.560 hombres
ingleses, que apoderados de su patria, se alojaron en el fuer-
te y demás cuarteles de esta ciudad”. La actitud que asumió
en las emergencias de 1808 y del 1° de enero de 1809 no
procedía, pues, de que fuese españolista o se inclinase a la
fracción peninsular; su conducta tiene, en nuestro concep-
to, otro origen y otra explicación. Moreno era enemigo de
Liniers y adversario de su gobierno; lo había sido siempre.
Su enemistad era más antigua aun que los partidos. Liniers,
hombre de mundo, afable, desprendido, caballeresco, hon-
rado y leal, activo y excelente en la guerra, lleno de la gloria
militar adquirida en las batallas contra los ingleses, era a la
vez disipador, indeciso, inestable, imprevisor y carecía de las
cualidad constituyen al gobernante. Tomó el gobierno por
el lado fácil y su administración reflejó sus defectos y su falta
de dotes para la dirección de los negocios públicos: fue des-
ordenada, débil, pródiga y ruinosa; el tesoro se empobreció
y las fuentes de recursos se agotaron casi. He ahí un motivo
suficiente para que los que no habían contribuido a exaltarlo
a la dignidad de virrey, los que, como Moreno, nunca fueron
sus partidarios, le hicieran oposición y buscaran los medios
de controlar sus procederes y limitar sus atribuciones.
Por otra parte, Liniers admiraba a Napoleón, se enorgu-
llecía de pertenecer al país gobernado “sabia y gloriosamen-
te” por el Emperador, y cometió la imprudencia de dirigirle
dos comunicaciones oficiales, narrándole sus victorias en las
campañas contra los ingleses. En una de las comunicaciones
declaró que el triunfo alcanzado por sus tropas se debía en
algo, en mucho, al influjo del excepcional guerrero, porque “es
preciso creer que los sucesos constantes y siempre asombro-
46 | Norberto Piñero

sos de vuestras armas (las de Bonaparte) han electrizado a un


pueblo hasta entonces tan apacible”. Posteriormente reincidió
en la imprudencia. En la proclama que, al cabo de muchas
vacilaciones, dirigió al pueblo, después de tener noticias de los
graves acontecimientos ocurridos en España, durante la pri-
mera mitad del año 1808, y de recibir al emisario diplomático
francés, se refirió a Napoleón con palabras de simpatía; dijo
“a los fidelísimos habitantes de Buenos Aires” que aquél, ade-
más “de aplaudir sus triunfos y su constancia, los estimula a
mantener alta la opinión que habían adquirido por su valor
y su lealtad, ofreciéndoles todo género de socorros”; y les ma-
nifestó el designio de esperar el desenlace de la lucha trabada
en la Península, para seguir la suerte de ésta y obedecer a la
autoridad que imperase o a la persona que ocupara el trono. La
proclama irritó al partido español y desagradó a todos.4
No se necesitaba más para que sus enemigos le acusaran
de infiel, de traidor y le atribuyesen el propósito de someter la
Colonia al yugo de Bonaparte. La crítica ha demostrado que
Liniers fue leal, sirvió honradamente a la Metrópoli y no em-
pañó su nombre con la menor infidencia. Entretanto, había
dado amplia base a las acusaciones, y, muchos, sin malicia,
sin hallarse ofuscados por la pasión, pudieron creer en sus
malos manejos. Moreno, como otros, y más aun que otros,
en virtud de su temperamento ardiente, pudo creer también
de buena fe en la infidelidad de Liniers; pero, creyese o no
en ella, los hechos apuntados, y la condición de francés, las
indecisiones y la actitud expectante del Virrey, debían infun-
dirle recelos y ser para él nuevas y poderosas razones de opo-

4. Mitre, Bartolomé, Historia de Belgrano, tomo I, p. 233, y Comprobaciones


históricas, I, p. 235.
Los escritos de Mariano Moreno | 47

sición. En suma, no es aventurado sostener que Moreno, al


intervenir de la manera que lo hizo en el acontecimiento del
1° de enero de 1809, obedecía a motivos de política interna,
por decirlo así, y no tenía en vista los vínculos de dependen-
cia de la Colonia hacia España, sino para combatir el traspaso
de aquélla a un nuevo amo. En la hipótesis de que hubiera
pensado en estos vínculos y en la posible emancipación de la
Colonia, en un futuro cercano, su conducta no podría cons-
tituir obstáculo para ello. Los hechos preparados y realizados
por el partido español, con el fin de asegurar y perpetuar su
poder y su influjo, aflojaron aquellos lazos, porque eran actos
de soberanía, opuestos a la legalidad. No es superfluo añadir
que su actitud y la circunstancia de ser relator de la Audiencia
y consejero de la Municipalidad, al propio tiempo, no lo co-
locaron en una situación equívoca o doble. La ambigüedad
en la conducta no convenía a su carácter varonil. Porque era
un opositor convencido del gobierno de Liniers, el cargo de
relator no trabó su independencia de juicio y de acción.

III

No terminará el año 1809 sin que Moreno reaparezca.


La Representación, en nombre de los labradores y hacendados de
las campañas del Río de la Plata, atraerá sobre él la atención.
Ese escrito es uno de los más importantes de toda la
obra de nuestro autor. Lo es desde un doble punto de vista:
intrínsecamente, por su contenido, por lo que hay en él de
esencial; y como documento, en calidad de medio para ob-
tener una medida trascendente, que ha vinculado el nombre
de Moreno a uno de los grandes acontecimientos nacionales.
Las comarcas que formaban el Virreinato de Buenos Aires
48 | Norberto Piñero

se encontraban en una situación deplorable en los primeros


años del siglo. La Metrópoli había querido que ninguna in-
fluencia extraña pesara sobre sus colonias y había pretendido
siempre mantenerlas herméticamente cerradas a toda comu-
nicación o tráfico con las demás potencias. A este propósito
respondió el régimen político y económico que les impuso,
cometiendo así uno de los errores más graves en que haya
incurrido una nación colonizadora. El sistema mercantil del
monopolio, establecido desde el principio y practicado con
admirable constancia durante trescientos años, labró lenta-
mente la ruina económica de la Colonia, o más bien dicho,
aseguró en ella el predominio del atraso, del estado primitivo
y de la ignorancia; impidió el desarrollo del cultivo y de la
producción; e hizo imposible el comercio internacional.
En 1809 la vida era en extremo cara; los artículos más
sencillos o más ordinarios costaban precios altísimos; los agri-
cultores y ganaderos trabajaban estérilmente, pues no tenían
mercado para los productos de sus ganados y de sus cultivos;
los pobres carecían de lo indispensable; todos los habitantes,
con excepción del reducido gremio favorecido por el mo-
nopolio y de los contrabandistas, soportaban las consecuen-
cias del enorme encarecimiento de todo. La condición de los
negocios públicos no era mejor; el Erario se encontraba ex-
hausto y endeudado; y la Administración pasaba por serios
apuros, necesitaba fondos con urgencia y no tenía de dónde
sacarlos, por cuanto todas las fuentes de los recursos estaban
agotadas o poco menos. En semejante situación, reagravada
por las desgracias que afligían a la madre patria, invadida por
los ejércitos del emperador francés, lo primero que preocupó
al Virrey fue remediar las penurias del Tesoro y proveerse
de fondos para atender los servicios públicos. Varios tempe-
ramentos se le sugirieron con tal fin; entre ellos, el de abrir
Los escritos de Mariano Moreno | 49

los puertos al comercio inglés. Los mercaderes se opusieron


tenazmente a esta medida y procuraron demostrar cuán da-
ñosa y funesta sería para el país. El Cabildo y el Consulado,
cuyo dictamen recabó el Virrey, se expidieron igualmente en
contra. Los monopolistas cuidaban sus intereses. Sabían que
la apertura de los puertos al comercio de la Inglaterra traería
la ruina de sus privilegios. De ahí sus esfuerzos vigorosos para
impedir que tamaño atentado se consumara. En cambio, los
hacendados y labradores de ambas márgenes del Plata, cu-
yos intereses y cuyas aspiraciones coincidían con los intereses
y las aspiraciones generales, sostuvieron la excelencia de la
medida en proyecto, de la que esperaban grandes bienes, y
designaron a Moreno para que defendiese y patrocinase sus
derechos ante el Gobierno.
Los ganaderos y agricultores conocían muy bien, teó-
rica y experimentalmente, los beneficios que produciría la
libertad del comercio, defendida con talento y tenacidad por
Belgrano en el Consulado y en la prensa, sustentada también
por otros, y practicada en Montevideo, en 1807, durante la
ocupación británica.
La Representación al Virrey, en nombre de los hacenda-
dos y labradores, no es un simple alegato o un escrito en-
cuadrado en los límites de una defensa hábilmente fundada.
Es algo más, es mucho más. Moreno sentía la trascendencia
de la causa confiada a su patrocinio, preveía los efectos de
su triunfo, y supo dar a su Memoria la amplitud, el vuelo y
la robustez requeridas por la magnitud del asunto. No pro-
cedió como un abogado, sino como un político que dirige
o defiende una gran causa nacional. Con perfecto dominio
de la ciencia económica de la época, que había bebido en
los libros franceses, y en las obras de los pensadores y de los
maestros del siglo XVIII, demuestra la conveniencia y la ne-
50 | Norberto Piñero

cesidad de permitir el libre comercio. Nada economiza para


justificar la excelencia de su tesis. Al lado de las considera-
ciones doctrinarias, presenta ejemplos; muestra cómo, por
la prohibición, se ha llegado al contrabando; se apoya en las
exigencias creadas por el cambio político profundo que había
experimentado España, en virtud de la invasión napoleónica;
invoca la justicia; arguye con la igualdad, ante el derecho, de
la Provincia del Virreinato a las provincias europeas, que for-
maban parte de la Monarquía, por lo cual aquélla debía gozar
de las mismas franquicias y concesiones de que disfrutaban
éstas; se refiere a las producciones del país, procedentes todas
del “cultivo de sus fértiles campañas”; y demuestra la imposi-
bilidad de que la Península las consumiera, lo que originaría
su pérdida irremediable, si no se les ofreciese otro mercado;
e insiste, insiste constantemente, en la conveniencia pública
de la medida, y en que de ella dependía el restablecimiento
del Erario. No le basta fundar su causa con gran copia de
razones. Examina y analiza uno por uno los expedientes, o
medios sugeridos o presentados al Virrey, para levantar el
Tesoro de su postración, hace resaltar su impracticabilidad,
y lo absurdo que sería recurrir a ellos. Un empréstito vo-
luntario, la creación de nuevos gravámenes, la disminución
de los sueldos, el establecimiento de una lotería, etc., eran,
por uno o por otro motivo, cosas irrealizables; y, si hubiera
sido posible realizarlas, sólo habrían servido para ahondar los
males y para agravar la miserable condición de las poblacio-
nes. Discute y refuta victoriosamente las objeciones hechas
en contra del comercio libre por sus adversarios, sobre todo
por el representante del Consulado de Cádiz. Desde luego,
niega, así al representante como al mismo Consulado de
Cádiz, personería para intervenir y presentar requisiciones
en el negocio, y enseguida destruye todos sus argumentos,
Los escritos de Mariano Moreno | 51

dictados por un sórdido interés. Uno de esos argumentos


merece ser recordado. Decía y repetía el mandatario de los
comerciantes de Cádiz que, si se concediera a los ingleses el
comercio con las Américas, sería de temer que a la vuelta de
pocos años, viéramos rotos los vínculos que nos unen con la
Península Española. Argumento de índole política, fuerte y
difícil de rebatir; sin embargo, Moreno lo contesta virilmen-
te, en términos agresivos y violentos a veces, y sustenta con
la autoridad de Filangieri, que las colonias ricas y poderosas,
no querrían emanciparse, y, “felices bajo su metrópoli, no se
atreverían a sacudir un yugo ligero y suave, para buscar una
independencia que les privaría de la protección de su madre,
sin quedar aseguradas de poder defenderse, o de la ambición
de un conquistador, o de las intrigas de un ciudadano pode-
roso, o de los peligros de la anarquía...”. Empero, quizás en el
fondo, íntimamente, el revolucionario del próximo año an-
helaba que el argumento, que rebatía con tanto ardor, tuviera
el alcance y la fuerza que sus adversarios le daban.
Es un rasgo saliente de la Representación la energía y la
seguridad con que está expresado todo, sea que se exponga los
fundamentos del proyecto, sea que se critique y conteste los
planes y argumentos de sus enemigos. Jamás se nota la menor
vacilación. El ataque al adversario, siempre decidido y firme, es
violento y rudo en ocasiones. Moreno, nunca se siente cohibi-
do para emplear contra el opositor de su causa, en quien ve el
opositor de la causa de la patria, la ironía, la sátira, el sarcasmo
y el término mordaz, destinado a burlarlo. Las cualidades varo-
niles del estilo disculpan y hacen perdonables muchos defectos
que se observan a menudo; los pasajes obscuros o algo simbó-
licos que se encuentran de cuando en cuando; la repetición
demasiado frecuente de una idea, de una argumentación, o
de una manera de ver –falta muy común en los alegatos y de-
52 | Norberto Piñero

fensas, hasta en los tiempos que corren–, y los giros y frases


de dudoso gusto, aunque construidos según las aficiones y las
preferencias de aquella época.
En conclusión, descartados por la Representación todos
los remedios propuestos, sólo quedaba la libertad del comer-
cio, como única medida inmediatamente practicable, capaz
de restaurar la hacienda pública, dar salida a la producción,
abaratar la vida, mejorar la suerte misérrima de los habitantes
y abrir horizontes desconocidos e ilimitados a la actividad de
las poblaciones. Y la libertad del comercio fue declarada, y
con ella las arcas del Tesoro se llenaron, las industrias pastoril
y agrícola salieron de su abatimiento y entraron en un perío-
do de prosperidad, las clases pobres o empobrecidas sintieron
un gran alivio, la existencia se hizo soportable, si no cómoda,
y se inició una verdadera transformación social.
El Gobierno de España encontrará peligrosa la medi-
da, y la revocará; pero su resolución llegará fuera de tiempo.
Cuando se sepa aquí que la Regencia ha revocado el acto del
virrey Cisneros y cuando aquélla declare apócrifo, nulo y de
ningún valor el propio decreto en que concedía la libertad
mercantil a América, el alzamiento de mayo se habrá pro-
ducido ya. La derogación no surtirá efecto alguno y servirá
únicamente para hacer más decidido y más fundado, el le-
vantamiento de las colonias.

IV

Hasta aquí la acción de Moreno, aunque variada e in-


teresante, aunque utilísima para el país v vinculada a hechos
de primera importancia, puede decirse que ha sido apenas
un ensayo, o una preparación de lo que será durante 1810;
Los escritos de Mariano Moreno | 53

¡tan eminente fue el papel que desempeñó en la magna obra


de aquel año memorable! Las transformaciones y los sacu-
dimientos que desde veinte años agitaban el continente eu-
ropeo, van a empezar o han empezado ya a sentirse intensa-
mente en el Virreinato de Buenos Aires. El terreno ha sido
bien dispuesto. Las teorías y los hechos que prepararon la
revolución y las reformas sociales en Francia, han repercu-
tido en la Europa entera. Las ideas se han propagado imi-
tativamente por todas partes. Las sociedades, sin excluir la
española, han sido conmovidas hasta en sus cimientos, y mu-
chas de ellas han suprimido o reformado instituciones y han
experimentado otros cambios profundos. La lucha contra el
antiguo régimen, contra las opresiones, los monopolios y los
múltiples despotismos, que gravitaban sobre el individuo, se
ha hecho general, y de Europa va a pasar a América. Las doc-
trinas, las ideas de reforma, de modificaciones esenciales, han
echado raíces en el cerebro de los criollos dirigentes, en el Río
de la Plata. Algunos, como Belgrano, han recibido en el viejo
mundo el influjo de las nuevas teorías, y han presenciado
de cerca la explosión revolucionaria en Francia. Las invasio-
nes inglesas han despertado al pueblo y lo han sacado de su
inconsciencia. Las vicisitudes posteriores de la vida colonial
han agrandado en la población el sentimiento de su propio
valer; y la declaración del libre comercio con la Inglaterra,
ha sido el primer paso importante hacia el rompimiento de
la Colonia con la España, hacia la evolución completa. La
distancia y el encono que existieron siempre entre la clase
peninsular, dominadora, orgullosa y soberbia de su poder,
a pesar de su inferioridad numérica, y la americana sojuzga-
da a aquélla, han adquirido proporciones excepcionales. Los
americanos instruidos, se han dado cuenta del atraso, de la
pobreza y de la falta de educación en que se mantenía a la
54 | Norberto Piñero

sociedad. Los colonos han sentido más que nunca la opre-


sión y las consecuencias del sistema político y económico, del
despotismo imperial, bajo el cual se han criado y han vivido.
La independencia de Estados Unidos de América es un alto
ejemplo, que no ha sido olvidado. La revolución es, pues,
inevitable, se halla preparada por un gran número de cau-
sas, y, especialmente, por la transformación substancial en
las ideas y en las creencias de la clase culta, si, como lo afirma
Le Bon, es verdad que “los acontecimientos memorables de
la historia no son sino la trama visible de los invisibles cam-
bios del pensamiento de los hombres”. Para que se produzca
será menester únicamente que llegue el momento propicio.
Los acontecimientos que se desarrollan en la Península se-
ñalan ese instante. La caída de la Monarquía, los disturbios
interiores en España, las rivalidades y las ambiciones encon-
tradas de los príncipes sin corona, el cautiverio de Fernando
VII, los progresos de los ejércitos napoleónicos, su conquista
de Granada, de Andalucía y de casi todo el país, la disolu-
ción de la Junta Central, el establecimiento en Cádiz de una
Regencia de España y de las Indias, estos hechos gravísimos,
inmediatamente de ser conocidos, en la primera quincena
de mayo, y la proclama, que al saberlos, lanza Cisneros, los
consejos que da y las medidas que, según ella, se propone
adoptar, excitan y apasionan a los americanos, llevan la efer-
vescencia a todas partes, provocan la revolución en el Río
de la Plata y le proporcionan una teoría en que apoyarse.
Los revolucionarios sostienen que la Monarquía y las auto-
ridades legítimas han caducado, desde que el territorio de la
madre patria se encuentra bajo el dominio del extranjero;
y, en tal virtud, la soberanía de que el monarca se hallaba
investido y que ejercitaba en nombre de la nación, vuelve a
ésta; que retrovertida la soberanía a la nación, cada parte o
Los escritos de Mariano Moreno | 55

cada provincia de la misma es exactamente igual a las otras


y tiene idénticos derechos para gobernarse y proveerse de las
instituciones indispensables a su mantenimiento, mientras la
Monarquía no sea restablecida, o mientras el Rey legítimo
no recupere el trono; que una provincia cualquiera carece de
facultad para imponer a las otras el gobierno que ella se dé;
que, en consecuencia, España, que es una provincia como las
demás, no puede hacer imperar en estas regiones las Juntas
que ha creado, porque semejante cosa sería contraria al pacto
social. Esta teoría era una simple aplicación de la doctrina
general, que había inspirado las reformas y constituido la
bandera de la revolución en Europa.
Los promotores y directores del movimiento revolucio-
nario argentino tuvieron un propósito definido y claro, desde
el primer día: quisieron independizar el país y constituirlo
en nación soberana. La sabia inducción del doctor López y
de otros historiadores, a este respecto, es hoy incontroverti-
ble. El trascendentalísimo documento, encontrado última-
mente en el Archivo de Indias de Sevilla, en que Moreno,
por encargo secreto de la Junta, expuso el plan de conducta
que ésta debería seguir hasta consolidar “la grande obra de
nuestra libertad e independencia”, confirma aquella induc-
ción, y disipará las dudas que aún pudieran subsistir sobre
el punto. El Gobierno Provisional se instaló en nombre de
Fernando VII y para conservar sus derechos, porque se creyó
prudente, político y hasta indispensable aparentar que el de-
rrocamiento del Virrey, que el cambio operado, no alteraría
la esencia de las cosas, no afectaría el vasallaje; que sólo se
trataba, en presencia de la tristísima situación de España, de
guardar el dominio de estas regiones al monarca legítimo.
Los revolucionarios atribuían el mayor significado al empleo
del nombre de Fernando VII, para eliminar dificultades, pre-
56 | Norberto Piñero

venir resistencias en el interior y en el exterior, no inspirar


desconfianzas a la Península, o, por lo menos, sugerirle la
duda, lo mismo que a las cortes extranjeras, sobre cuál sería
el verdadero partido realista –el de los patriotas o el de sus ad-
versarios– y conseguir así que demorase el envío de elemen-
tos a los que aquí combatiesen la nueva autoridad. Según
el documento aludido, el nombre de Fernando se debería
invocar, mientras no se asentara en bases firmes y estables la
obra emprendida, en todas las circunstancias y en todos los
instantes, en los papeles públicos, en los decretos y en los di-
ferentes actos, porque este recurso sería un auxiliar poderoso
de la causa revolucionaria.

Moreno se dio íntegramente a la revolución. Nadie com-


prendía mejor que él la trascendencia del movimiento. Éste
no podía, no debía circunscribirse a un mero cambio de los
empleados de origen español por otros nativos de América;
tenía que ser algo substancial, el principio de una serie de
reformas y de modificaciones fundamentales en el Gobierno,
en la Administración y en otros órdenes de la sociedad. Así
lo expresaba el mismo día de la explosión revolucionaria. “La
variación presente –decía– no debe limitarse a suplantar a los
funcionarios públicos e imitar su corrupción y su indolencia. Es
necesario destruir los abusos de la Administración, desplegar
una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover
el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir
el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus
enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el Gobierno
huye el trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, con-
Los escritos de Mariano Moreno | 57

servando alianza con la corrupción y el desorden, hará trai-


ción a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno
de los altos destinos que se han encomendado en sus manos.
Es preciso, pues, emprender un nuevo camino, en que, lejos
de hallarse alguna senda, será necesario practicarla por entre
los obstáculos que el despotismo, la venalidad y las preocu-
paciones han amontonado por siglos ante los progresos de
la felicidad de este continente. Después de que la nueva au-
toridad haya escapado a los ataques, a que se verá expuesta
por sólo la calidad de ser nueva, tendrá que sufrir los de las
pasiones, intereses e inconstancias de los mismos que ahora
fomentan la reforma...”5
He ahí trazado, en pocos renglones, un vasto y trascen-
dental programa, cuya ejecución generaría beneficios incal-
culables y conduciría a la independencia argentina.
Fiel a su idea y a su manera de encarar y concebir la
Revolución, como secretario de la Primera Junta, en los de-
partamentos de Gobierno y Guerra, consagró por entero a
los negocios públicos su tiempo, sus aptitudes y sus luces.
El político superior y genial se reveló pronto, si no se había
mostrado ya en los sucesos coloniales en que había interve-
nido. Veía y abarcaba rápidamente, de golpe, las cosas más
diversas y más complicadas y resolvía con incomparable se-
guridad los asuntos más intrincados. Era la figura culminante
y avasalladora de la Junta, el jefe real del Gobierno, cuyas
vistas y cuyas resoluciones se imponían.
Hombre de inagotable entusiasmo, que esparcía cons-
tantemente a su alrededor, exaltado e impetuoso, de sensi-
bilidad algo enfermiza, en el período de la vida en que las

5. Moreno, Manuel, Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, p. 213.
58 | Norberto Piñero

pasiones son más vivas y violentas, abrazó la causa nacional


con la vehemencia y el calor de un apóstol. Sin embargo, su
exaltación no lo extraviaba, porque sus percepciones lumino-
sas y su aptitud para abarcar los sucesos le marcaban la ruta a
seguir. En la acción, su impetuosidad y sus defectos se con-
vertían en cualidades, porque procedía sin vacilaciones.
Dice el doctor Vicente F. López que dos grandes de-
fectos hacían desgraciado el temperamento de Moreno:
“Había nacido con una fantasía tan viva cuanto asustadiza
y cobarde. Estaba sujeto a insomnios terribles, en medio de
los que veía el tumulto de sus enemigos acechándolo con
puñales unas veces y otras encarcelándolo para arrastrarlo
a la horca. Tenía una naturaleza nerviosa con entusiasmos
fantásticos que no se apartaban de su vista sino en el fuego
de la acción. Pero en los momentos en que la acción decaía,
su espíritu no encontraba la quietud del reposo, sino por el
contrario, tendida la vista a su alrededor y alarmado con las
emanaciones enfermizas de la soledad y del monólogo, que
continuaban dándole relámpagos siniestros, vagaba en las
tinieblas de mil inquietudes indefinidas, asaltado por dudas
abultadas sobre la inseguridad de su persona y de los desti-
nos de la causa a que estaba entregado”.6
Estas palabras se prestan a más de una reflexión. Se
creería, al leerlas, que Moreno era indeciso, vacilante y mie-
doso. Nada sería más inexacto, ni menos conforme con el
pensamiento del eminente historiador. Es posible que aun
en la vigilia, en los instantes en que se hallaba solo, substraí-
do a la acción y al trabajo, se libraran en su mente duelos
tremendos y fuese presa de incertidumbres y de temores.

6. López, V. F., Historia de la República Argentina, tomo III, p. 224.


Los escritos de Mariano Moreno | 59

Empero, en sus manifestaciones sociales, mostraba, entre


los rasgos constantes y prominentes de su carácter, que con-
tribuían en primer término a darle relieve, la firmeza, la
resolución, la perseverancia en el propósito y el valor moral.
Era un hombre determinado y decidido. No esquivaba res-
ponsabilidades ni se detenía ante ningún obstáculo. Inspiró
o adoptó las medidas más graves, las hizo cumplir y aceptó
con franqueza la responsabilidad de ellas.
En el Plan aludido, que redactó por mandato secreto de
la Junta, aconsejaba el empleo del rigor contra el enemigo, la
astucia, la intriga, la vigilancia sigilosa, el espionaje, el sobor-
no, la seducción, el engaño y las maquinaciones, como me-
dios para coadyuvar al triunfo de la Revolución. Indicaba que
no se desdeñase los servicios de ningún individuo, por malos
que fueran sus antecedentes y sus cualidades; que se llamara
a los criminales prófugos y a los desertores, bajo promesa de
perdonarles sus delitos, borrarles toda nota desfavorable y en-
tregarles sus causas, para que desapareciese cualquier rastro de
sus hechos, siempre que se alistasen en las filas revoluciona-
rias. Creía que la menor infidencia, la menor falta, el menor
pensamiento de un hombre contra el nuevo sistema, era un
delito; y que la más leve denuncia de un patriota contra un
opositor, debería atenderse aunque no fuera cierta, y motivar
la imposición de una pena al segundo. A la inversa, se debería
ser benévolo y tolerante con los amigos, con los adherentes a
la revolución, y disimularles las desviaciones, las faltas y hasta
los crímenes que cometieran. Proponía la pena capital para
los adversarios principales, para los que hubieran desempeña-
do los primeros cargos en los pueblos no sometidos desde el
principio, para los gobernadores, capitanes generales, maris-
cales de campo, brigadieres, coroneles y para los individuos
de talento, riqueza y prestigio. Proponía el extrañamiento a
60 | Norberto Piñero

Malvinas, a Patagones y a lugares determinados, para otras


personas. Proponía también las confiscaciones de bienes.
Pensaba que se podría tener moderación con individuos de
categoría inferior, pero nunca hasta eximirlos de pena. La
penalidad aconsejada por Moreno era realmente draconia-
na; era la penalidad excesiva, dura, cruenta y formidable de
las épocas revolucionarias. Quería producir el terror por la
crueldad y por medidas excepcionalmente severas.
Un caso de aplicación anticipada de la penalidad pro-
puesta, fue la orden de ejecución de Liniers, Gutiérrez
Concha, Allende y sus compañeros. Éstos resistieron la au-
toridad de la Junta, promovieron la reacción y tentaron en-
cabezarla y dirigirla. En aquellos momentos el poder revolu-
cionario debía proceder rápida y resueltamente. Necesitaba
salvarse, imponerse y vencer. El secretario de Gobierno y los
otros miembros de la Junta juzgaron que el sacrificio de los
primeros reaccionarios y conspiradores contra el nuevo ré-
gimen, a pesar de sus antecedentes y de su encumbrada po-
sición, o más bien dicho, en virtud de esta misma posición,
era indispensable para infundir el respeto y el temor y para
asegurar el triunfo de la causa nacional. Dictaron su senten-
cia de muerte; y su decisión se cumplió. ¿Pudieron evitarse,
importaban un error, este y otros actos de terrible energía?
Los hechos aconsejados por Moreno para lograr el triunfo
de la Revolución, ¿eran censurables, revelan en él defectos
de carácter o cualidades inferiores? Al indicar el rigor y los
otros procedimientos mencionados, Moreno obraba como
político, como hombre de acción, conocedor de la naturaleza
humana y de las necesidades del momento histórico en que
intervenía. No insinuaba nada que no se hubiera practica-
do siempre en la política, en los períodos de convulsión. Él
sostenía con insistencia que los anales de todas las grandes
Los escritos de Mariano Moreno | 61

revoluciones revelaban que la intriga y las ejecuciones capita-


les eran requeridas para triunfar. La política, cualquiera que
haya sido su fin, se ha servido, sin escrúpulos, de procederes
violentos, aviesos, según los casos; y, durante las épocas de
turbulencias, durante las insurrecciones, ha empleado toda
clase de medios. Lo que se ha convenido en llamar maquia-
velismo existía antes de que el gran escritor italiano, con cuyo
nombre se ha formado esa palabra, escribiera el Discurso sobre
Tito Livio o El Príncipe, y ha continuado existiendo después.
Macaulay ha dicho que “la política de la Iglesia de Roma es
la obra maestra de la sabiduría humana, y que ocupa el pri-
mer rango entre las combinaciones inventadas por los hom-
bres para engañar y para gobernar a la humanidad”. Pero al
tributarle este elogio, el insigne crítico e historiador inglés
no ha querido ciertamente significar que los métodos de la
Iglesia hayan sido o sean irreprochables. Todo lo contrario,
ha hecho ver la flexibilidad del Papado para elegir la vía y
para adaptarse a las situaciones más diversas; su aptitud y
su habilidad para manejar a los entusiastas, para aprovechar
esta gran fuerza –el fanatismo– y dirigirla a sus fines; para
servirse del engaño, del temor, del espionaje, del secreto y
de cualquier otro procedimiento susceptible de asegurarle el
dominio de las gentes, el imperio sobre las conciencias.
Moreno tenía, pues, muchos y muy grandes ejemplos
que imitar; tenía delante de sí la historia entera de la política
y de la diplomacia. Acaso, llevado por su temperamento y por
su fantasía, por los ejemplos históricos de lo que había pasado
en casos análogos, y sobre todo por el ejemplo cercano y fres-
co aún de la Revolución Francesa, exageró en cuanto al uso
que debía hacerse del rigor y de los otros medios indicados.
De todos modos, no es posible omitir una palabra de des-
aprobación respecto de muchos de sus procedimientos. Pero
62 | Norberto Piñero

cualesquiera que sean las reservas que, en nombre de la mora-


lidad política ideal o de la conducta ideal en política, se pueda
y se deba hacer acerca de algunas de las normas de conducta
insinuadas y defendidas por él, es innegable que la moralidad
política real de su tiempo, o de tiempos anteriores y posterio-
res, no ha reprobado esos métodos. Y esta moral relativa, la
pureza de los móviles y de los motivos determinantes de sus
actos, la situación en que se encontraban los revolucionarios,
comprometidos en una lucha suprema, en una cuestión de
ser o no ser para su país, sin recursos casi, amenazados de mil
peligros, expuestos a la anarquía, resistidos y desobedecidos
en el Paraguay, en la Banda Oriental y en otros puntos, lo
justifican. ¿Quién que medite sobre el instante histórico y las
condiciones en que el hecho se produjo, podrá afirmar que la
ejecución de Liniers y sus compañeros no fue una dolorosa
necesidad? Es menester decirlo en su honor. Moreno no acon-
sejó el uso de la astucia, la intriga, la violencia, para encum-
brarse, para satisfacer su sed de mando; aconsejó el empleo de
esos medios para crear y constituir una nación independiente,
para emancipar la patria, y engrandecerla por la conquista de
territorios, por la difusión de la cultura.
Y aquel hombre, dotado de cualidades tan imponen-
tes, diré así, que con tanto imperio conducía la guerra, que
aceptaba los procedimientos más rudos para vencer, era
afable, chispeante e ingenioso en la conversación, bueno y
ejemplar en la vida doméstica.
No sería difícil que, fundados en el dato que suministran
las palabras del historiador López, copiadas más arriba, los alie-
nistas partidarios de la teoría del parentesco entre la locura y el
genio, o, más propiamente, de la psicosis del genio, hallaran en
Moreno un caso favorable a su idea. Sin embargo, un espíritu
desprevenido, no preocupado de la demostración de una tesis,
Los escritos de Mariano Moreno | 63

vería sólo en él un hombre superior, en quien existían deficien-


cias, cualidades inferiores, imperfecciones de mayor o menor
entidad, como en cualquier otro ejemplar de la especie, pero un
hombre superior siempre; y observaría justamente que la psico-
logía del genio es distinta de la del hombre común, porque la
alteza y la excelencia de sus facultades mentales separan y dife-
rencian profundamente a aquél de éste; pero no le confunden
con el loco. El genio no está en equilibrio con la vulgaridad, ca-
balmente porque es genio, porque constituye el más grande y el
más envidiable de los privilegios. El equilibrio mental completo
no existe y si existiera se encontraría en la perfecta mediocridad.
El genio no es un neurótico, ni un degenerado, ni pertenece, por
ninguna de sus condiciones de tal, al dominio de la psiquiatría.
Sin duda, ve el mundo y las cosas de una manera original, pecu-
liar, únicamente suya, mejor y más elevada que la de los otros.
De ahí la singularidad y la grandeza de sus invenciones en el arte,
en la ciencia, en la industria, en la política, en el gobierno, en la
vida de las sociedades. Los defectos en el genio resaltan más por
el contraste que forman con sus grandes dotes.
Para fundar en algo real la teoría enunciada, sería preciso
demostrar que todos los genios y todos los grandes hombres
han sufrido alteraciones mentales, o por lo menos, que en la
clase formada por ellos, es relativamente mayor el número de
los enfermos del cerebro que en el vulgo. En la masa es con-
siderable la cifra de los histéricos, epilépticos, degenerados,
neurasténicos, lelos o afectados de mil accidentes y perturba-
ciones nerviosas, a quienes nadie tiene en cuenta y de quienes
nadie se preocupa, fuera de su familia y de sus íntimos, por-
que a nadie dañan ni benefician, y su conducta es regular y
honesta. Una buena estadística ¿no demostraría, que es pro-
porcionalmente mayor el número de esos individuos que el
de genios heridos de anomalías y de afecciones mentales?
64 | Norberto Piñero

La abnegación, el amor al prójimo, llevado hasta el ol-


vido y el sacrificio de sí mismo en bien de los otros, el fervor
en la propaganda de una idea o de una creencia, la pasión en
su grado máximo, las desviaciones respecto de lo regular y lo
ordinario, que conducen a algunos hombres al planteamien-
to de instituciones filantrópicas y a las grandes creaciones, no
son síntomas de locura o de enfermedad, porque, como ha
observado exactamente Tarde, “sería contradictorio en los tér-
minos reputar enfermedad lo que es favorable al crecimiento
del gran organismo social”. El autor de la Vida de Jesús, en su
lengua maravillosa, ha respondido eficazmente a los sostene-
dores de la tesis aludida. “Que la medicina –ha dicho– tenga
nombre para expresar esos grandes desvíos de la naturaleza
humana; que sostenga que el genio es una enfermedad del ce-
rebro; que vea en cierta delicadeza moral un principio de ti-
sis; que clasifique el entusiasmo y el amor entre los accidentes
nerviosos, poco importa. Las palabras sano y enfermo son del
todo relativas. ¿Quién no preferiría ser enfermo como Pascal
a gozar de buena salud como el vulgo? Las ideas estrechas que
se han esparcido en nuestros días sobre la locura extravían de
la manera más grave nuestros juicios históricos en las cuestio-
nes de ese género. Un estado en que se dice cosas de que no se
tiene conciencia, en que el pensamiento se produce sin que la
voluntad le llame y le regle, expone ahora a un hombre a ser
secuestrado como alucinado. En otro tiempo, esto se llamaba
profecía e inspiración. Las más bellas cosas del mundo han
salido de accesos de fiebre; toda creación eminente entraña
una ruptura de equilibrio; el alumbramiento es por ley de la
naturaleza un estado violento”.7

7. Renan, E., Vie de Jésus, cap. XXVIII.


Los escritos de Mariano Moreno | 65

VI

La actividad y la labor de Moreno fueron extraordina-


rias durante los meses que estuvo en el gobierno. Intervino
en todo. Preparó las expediciones militares y las animó con
su ardor; resolvió las cuestiones políticas; se ocupó de las
relaciones entre la Iglesia y el Estado; despachó los asuntos
administrativos; fundó y redactó un periódico para ilustrar
la opinión, dirigirla, propagar la necesidad de las reformas,
encauzar el movimiento revolucionario, y mantener siempre
vivo el amor a la causa nacional; fomentó la instrucción y
creó establecimientos destinados a difundirla y conservar-
la; elaboró un plan secreto sobre la conducta que debería
observar el Gobierno Provisional hasta conseguir la inde-
pendencia y la libertad del país; se preocupó de los intereses
económicos; habilitó el puerto de la Ensenada, que por sus
excelentes condiciones naturales llegaría más tarde a con-
vertirse en un gran puerto; habilitó asimismo los puertos de
Maldonado y del Río Negro; hizo levantar un censo de la
ciudad de Buenos Aires y mandó levantar otro de todas las
provincias; trató de extender las fronteras; atendió la higiene
y las mejoras urbanas; en suma, nada escapó a la mirada sa-
gaz y penetrante del joven estadista, conocedor de su tiempo
y de las exigencias de la sociedad que gobernaba.
Una de sus grandes creaciones, que merece mención
aparte y especial, fue la Biblioteca Pública. Sabía bien cuál
sería el resultado de esta fundación y qué beneficios produ-
ciría a los cultores de las ciencias y de las letras, a la comuni-
dad entera. Lo dijo en el artículo que publicó en La Gaceta.
“Los pueblos –escribía– compran a precio muy subido la
gloria de las armas y la sangre de los ciudadanos no es el
único sacrificio que acompaña los triunfos... Insensibles los
66 | Norberto Piñero

hombres a todo lo que no sea desolación y estrépito des-


cuidan aquellos establecimientos que, en tiempos felices,
se fundaron para cultivo de las ciencias y de las artes. Si el
magistrado no empeña su poder y su celo en precaver el fu-
nesto término a que progresivamente conduce tan peligroso
estado, a la dulzura de las costumbres sucede la ferocidad de
un pueblo bárbaro y la rusticidad de los hijos deshonra la
memoria de las grandes acciones de sus padres”.
A su juicio, Buenos Aires se hallaba amenazado de
estos gravísimos males. Las glorias militares, conquistadas
durante cuatro años, “habían minado sordamente la ilus-
tración y las virtudes que las produjeron”. Las necesidades
de la guerra habían obligado a convertir provisionalmente
en cuartel, el Colegio de San Carlos y a poner a los jóvenes
bajo las banderas. Éstos, desviados de las fecundas tareas de
la paz, “y atraídos por el brillo de las armas, quisieron ser
militares, antes de prepararse a ser hombres”. Con razón
deploraba la incuria, el abandono y la política destructora
del gobierno precedente, respecto de la educación.
Era necesario, pues, prevenir aquellos males y reparar los
efectos perniciosos de las guerras pasadas, en cuanto a la ins-
trucción, por medio de establecimientos adecuados para esti-
mular el estudio e influir indirectamente en las costumbres.
Moreno tenía el plan de restablecer el colegio de San Carlos
o de crear otro en su lugar, que, con tendencias y procedi-
mientos distintos de aquél, respondiese a las circunstancias
de su época y contribuyera a disciplinar la inteligencia de;
los hombres, que en el porvenir honrarían al país. Empero,
mientras llegaba el momento de organizar el nuevo Colegio,
resolvió formar una biblioteca pública, destinada a “crecer en
proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo”, y
cuyas ventajas iban a palparse sin tardanza.
Los escritos de Mariano Moreno | 67

Las aspiraciones y las esperanzas de Moreno se han


realizado. La Biblioteca ha llegado a ser lo que él preveía.
Hoy es un gran elemento de cultura y el mejor monu-
mento para perpetuar la memoria de su fundador. Sainte-
Beuve, en uno de sus bellos retratos literarios, dice que
“se ha comparado a menudo la impresión melancólica
que producen en nosotros las bibliotecas, donde están
amontonados los trabajos de tantas generaciones difuntas,
al efecto de un cementerio poblado de tumbas”. No será
ésta la sensación que se experimente al entrar en nuestra
Biblioteca, no para calcular la labor de las generaciones
intelectuales que se han sucedido en los tiempos, ni saber
cuántos nombres célebres, grandes, que encantaron o des-
lumbraron a la sociedad de su época y llenaron una parte
del mundo con su fama, han pasado ya, “han cedido la
escena a otros” y sólo viven en el recuerdo de unos pocos
eruditos; pero sí con el de apreciar el valor y la influen-
cia, cada día mayores, de la creación de Moreno, en la
educación del pueblo. Entonces otro será el efecto. Se ex-
perimentará un sentimiento de gratitud y de admiración
hacia el hombre que, en medio de las tareas políticas y de
las apremiantes ocupaciones de la guerra, creaba estableci-
mientos destinados permanentemente a elevar la cultura,
a prevenir males, a influir indirectamente en la morigera-
ción de las costumbres, a conservar y a acrecer el caudal
intelectual. Es que para Moreno, como lo ha expresado
el actual director de la Biblioteca, señor Groussac, en las
hermosas páginas que ha dedicado a su memoria, “si era
imprescindible fundir en el fuego de las batallas la masa
revolucionaria, no era menos urgente preparar de antema-
no el molde en que pudiera aquélla vaciarse para surgir
algún día en forma de nación”.
68 | Norberto Piñero

VII

Pocos días antes de la fundación de la Biblioteca,


Moreno había dirigido a la Junta el plan secreto, mencio-
nado varias veces, que redactó por encargo de aquélla. El
Plan versaba sobre los diferentes temas establecidos por
Belgrano, en la nota que el 15 de julio de 1810, elevó al
Gobierno, en desempeño de la comisión que se le había
confiado, para que los formulase.
El Plan era vasto. En él, Moreno trazaba minuciosa y
prolijamente las normas a que debería ajustar su conducta el
Gobierno, en lo interior en lo exterior, hasta obtener y radi-
car la independencia. Establecía los medios de propaganda,
procedimientos varios a seguir respecto de los habitantes del
país, según fueran amigos decididos, enemigos declarados,
o neutrales, indiferentes; el modo de libertar a los esclavos
existentes; conveniencia de prohibir la introducción de escla-
vitud, de suprimir las distinciones entre nacionales y extran-
jeros, y de franquear los empleos a éstos. Señalaba los actos
adecuados para sublevar la Banda Oriental del Uruguay, ren-
dir la plaza de Montevideo y someter esa provincia. Indicaba
los procederes que sería político observar acerca de las auto-
ridades de la Península, para persuadir a éstas y a la nación
española (o por lo menos para sugerirles la duda) de que la
Junta Gubernativa se proponía mantener incólumes, en el
Río de la Plata, los títulos de Fernando VII. Bosquejaba la
manera de conducir las relaciones diplomáticas y las negocia-
ciones secretas con las potencias extranjeras, especialmente
con Inglaterra y Portugal, de tratar los bienes de estos últimos
países o de sus súbditos, y de impedir que el Brasil socorriese
a la Banda Oriental, o de evitar que los auxilios, las fuerzas
que le enviase, fueran utilizadas. Expresaba cuan ventajoso
Los escritos de Mariano Moreno | 69

sería neutralizar a Portugal y a Inglaterra, en las contiendas


de España con sus colonias, y que la misma Inglaterra obtu-
viese la neutralidad del Gabinete del Brasil, relativamente al
Gobierno de Buenos Aires; más aun: quería y proponía que
se celebrase o se procurase celebrar con aquélla, con la Gran
Bretaña, un tratado secreto, para obtener su alianza y su pro-
tección. Afirmaba que, una vez conseguidos sus propósitos
por el Gobierno, por los revolucionarios, nuestros diplomá-
ticos deberían tratar de indisponer a Inglaterra con Portugal;
y que, en el momento preciso, cuando el aspecto de los nego-
cios fuese satisfactorio, se rompiera nuestras relaciones con el
mismo Portugal y se emprendiese la conquista del Brasil, en
todo o en parte, introduciendo en él la rebelión y la guerra
civil, pactando con la Gran Bretaña la distribución de territo-
rios o provincias. Esta conquista empezaría por el Río Grande
del Sud. Se refería en seguida, como una consecuencia de lo
que antecede, a los procedimientos que convendría poner en
práctica para sublevar Río Grande del Sud y otras provincias
brasileñas, introducir en ellas la agitación, inocularles el amor
a la independencia y a las reformas, invadirlas en el instante
oportuno y conquistarlas luego. Diseñaba la conducta que
nuestros agentes, nuestros comandantes de fronteras y nues-
tros militares, en general, deberían seguir hacia los brasileños,
para atraerlos más fácilmente; y se ocupaba de las múltiples
operaciones que sería necesario llevar a cabo respecto de los
pueblos, de las fuerzas armadas, de las autoridades, para rea-
lizar poco a poco la conquista.
Finalmente, exponía un extenso proyecto sobre los ar-
bitrios que consideraba propios para adquirir fondos con
que atender las necesidades públicas, propender a la crea-
ción de fábricas y fomentar la agricultura y la navegación.
Los puntos esenciales de este proyecto eran el monopolio,
70 | Norberto Piñero

por el Estado, durante diez años más o menos, de las minas


y de la minería; la expropiación o allanamiento, en bene-
ficio de la comunidad, de los bienes pertenecientes a los
mineros; la prohibición absoluta a los particulares, bajo la
amenaza de infligirles severas penas, de trabajar minas de
oro o plata; la prohibición también, especialmente hacia los
europeos, de extraer del país, en cualquier forma, sus cau-
dales o su fortuna; las restricciones respecto de los mismos,
en cuanto al giro de su capital; el establecimiento de casas
para la acuñación de moneda, la que debería ser mezclada y
rebajada en 15 ó 20 por ciento de su ley.
En un plan de tan extensas proporciones, las ideas,
las indicaciones previsoras, prácticas, y las vistas claras del
político se mezclaban con algunas fantasías y ensueños; no
obstante, se observa en él que el autor poseía la visión de
los hombres y de las cosas, y el conocimiento de la política
europea; tenía rumbos definidos y la fuerza de voluntad, la fe
en el éxito y el entusiasmo necesarios para no detenerse ante
ningún obstáculo y persistir hasta dar cima a su empresa.
Los proyectos de hegemonía, de conquista, eran seguramente
utopías, en sí, en idea o en principio, no en cuanto a las ope-
raciones ideadas para ponerlos en práctica, que constituían
una concepción digna del genio de Moreno; sin embargo,
esos mismos proyectos muestran que los hombres de Mayo
no se contentaban con realizar la grande obra empezada, que
aspiraban aun a mucho más.
Se ha visto en qué consistían los medios aconsejados para
vencer, y cómo Moreno no vacilaba en la elección, ni desde-
ñaba ninguno de los que creía susceptibles de coadyuvar al
triunfo. Hemos apreciado esos medios en conjunto. Sería re-
dundante volver ahora sobre ellos; empero, hay uno que con-
sideraremos especialmente. Entre los que estimaba adecuados,
Los escritos de Mariano Moreno | 71

para halagar a Inglaterra y asegurar su alianza, su protección


en todo, y particularmente en la conquista de Río Grande y
de otras provincias brasileñas, proponía ceder a aquella po-
tencia la isla de Martín García. Era esto un error. La amistad
y la alianza con una nación tan poderosa y tan fuerte, intere-
sada en mantener y acrecentar sus relaciones mercantiles con
estas comarcas, nos habría proporcionado ventajas positivas e
importantes; pero habría sido impolítico y peligrosísimo, co-
locar en calidad de soberana, de dueña y señora, en punto tan
estratégico como Martín García, a una nación colonizadora y
conquistadora, cuya habilidad, cuyas aptitudes, y cuyo genio
para realizar la conquista, hacerla aceptar sin dificultades, y
hasta amar por las poblaciones, no tienen rivales en ningún
estado moderno. La independencia, que con tanta tenacidad
y sacrificios se perseguía, la conquista con que se soñaba, y
para llevar a cabo la cual, se quería el auxilio de la Inglaterra,
habrían corrido graves riesgos con el establecimiento de ésta
en Martín García. Moreno sufrió aquí una ilusión. El anhelo
del triunfo, el pensamiento de ver constituido en la América
del Sur un inmenso estado independiente, lo deslumbraron
acaso y le impidieron ver los serios peligros que ofrecería la
cesión de dicha isla a la Gran Bretaña. Aparte de esto, de lo
relativo a la cesión, sólo merece alabanzas el empeño de estre-
char y multiplicar las buenas relaciones y los vínculos con la
Inglaterra. Son conocidos los excelentes resultados de la polí-
tica hacia la nación inglesa, iniciada por Moreno.
Tampoco es plausible el proyecto para arbitrar recursos.
Sin embargo, se explica fácilmente. Moreno, al formularlo,
participaba de las ideas y de los entusiasmos de su tiempo.
Las minas se hallaban entonces en favor. Se creía en América
y en Europa que constituían una fuente colosal de riqueza.
Se creía también acá que las existentes en los territorios del
72 | Norberto Piñero

Virreinato de Buenos Aires, bien explotadas, harían la fortu-


na de la Nación. En consecuencia, nada debía considerarse
más procedente y más sencillo, para proveer de recursos al
Estado, que el monopolio de las minas. Con la explotación
de éstas por el Gobierno, se esperaba que el oro y la plata
llenaran muy pronto las arcas públicas y se derramaran en
todo el país. No obstante, se puede afirmar que los benefi-
cios de la realización del proyecto habrían sido problemáticos
y los perjuicios seguros. No es menester demostrar, pues es
evidente, que el monopolio, por el Estado, de la minería, y
las restricciones o prohibiciones a los particulares en punto
a la disponibilidad y extracción de sus bienes, habrían sido
contrarios a la libertad de industria y a un buen régimen eco-
nómico, calculado para alentar y mejorar la producción. El
Gobierno, convertido en gran propietario y en gran explo-
tador de las minas, habría tenido que desatender funciones
esenciales propias, para desempeñar el papel de industrial que
no le correspondía; y con su monopolio, lejos de fomentar la
labor y las energías individuales, habría enervado, trabado o
cohibido las iniciativas privadas, tan fecundas siempre, sin
conseguir dotar al Tesoro de los fondos que se buscaba por
ese medio. La acción del Estado en la industria, como indus-
trial, es ineficaz o contraproducente, porque sus deberes y
atenciones primordiales, aunque sean en parte descuidados,
no le permiten consagrar a aquélla (a la industria) el tiempo
requerido, y porque los agentes o empleados de que se sirve
no tienen los incentivos que mueven a los particulares. De
ahí que no se procure con ahinco la economía en los gastos
de explotación, ni la mejora en los métodos, ni el descubri-
miento de nuevos sistemas para aumentar y abaratar la pro-
ducción; de ahí que una industria monopolizada se estacione
o marche con excepcional lentitud; de ahí que las salidas, los
Los escritos de Mariano Moreno | 73

gastos, absorban la máxima parte de las entradas, cuando no


todas, y que los rendimientos líquidos sean muy exiguos.
En las Provincias Unidas del Río de la Plata, los males
inherentes al monopolio habrían sido mayores. Un gobierno
nuevo, pobre, surgido de una revolución, en un pueblo sin
hábitos administrativos, sin cultura, sin otras tradiciones que
las de la obediencia y la sumisión, rodeado de enemigos, obli-
gado a defender y a asegurar su existencia cada día, servido
por hombres improvisados, habría carecido de las condicio-
nes esenciales, para ejercer si no con provecho, al menos sin
pérdida, la industria minera. En la situación en que se en-
contraba, reclamado por la política y por la guerra, le habría
faltado tiempo para atender la administración y el laboreo de
las minas, y habría sido víctima de sus agentes. Además, un
gobierno que no tenía lo indispensable, que precisaba de do-
naciones patrióticas para costear las primeras expediciones,
tampoco hubiera podido, por carencia de recursos, efectuar
la expropiación y la adquisición de los elementos necesarios
para, fundar el monopolio y mover en seguida la industria,
aunque, como se desprende del proyecto, se hubiese apode-
rado de las minas sin indemnizarlas a sus dueños.

VIII

La magnitud y variedad de los negocios que reclamaban


primordialmente a Moreno, cuando redactó sus artículos de
La Gaceta, explican muchas de las deficiencias, ora de forma,
ora de fondo, de esos escritos. La producción intelectual re-
quiere tranquilidad, exige que la mente no se halle distraída o
absorbida por otros asuntos, y se resiente del estado de ánimo
del productor. Nada menos propicio para la producción li-
74 | Norberto Piñero

teraria o científica que las condiciones en que se encontraba


nuestro autor. No obstante, tratar generalmente los escritos a
que aludimos sobre temas del momento y ser artículos de pe-
riódico, cuya vida es por lo común efímera, hay entre ellos al-
gunos muy recomendables. Digámoslo ahora. Como escritor,
Moreno era diserto, divagador a veces, abundaba en digresio-
nes y reflexiones sobre los temas que se rozaban con su asunto,
y sus escritos carecían a menudo de método y de medida, pero
no de pensamiento, de vigor, de brillo y aun de elocuencia.
La frase de Tácito, que adoptó como lema de La Gaceta,
constituía por sí sola un programa: Rara temporum felicitate,
ubi sentire quoe velis, et quoe sentias, dicere licet. Con estas bellas
palabras saludaba los nuevos tiempos, de rara felicidad, en que
se podría pensar lo que se quisiera y decir lo que se pensara.
Armonizaban con el lema, las consideraciones apuntadas en el
artículo Sobre la libertad de escribir. Todo el que tuviera una
idea que exponer o un conocimiento que propagar, todo el que
deseara destruir una preocupación o un error, podría hacerlo.
La emisión del pensamiento, sin censura previa, sería libre. Ya
en el escrito, que apareció como orden de la Junta, relativo a
la fundación del periódico, se había invitado a los hombres de
saber a colaborar en éste y a contribuir así a la realización de la
grande obra de ilustrar a las masas. ¿Para qué decir que antes
el derecho de publicar sus ideas por la prensa, se hallaba en
situación muy precaria o no existía en rigor, porque todas eran
trabas y restricciones respecto de la imprenta? Empero, dos
limitaciones establecía, el fundador y redactor de La Gaceta, a
la libertad de escribir. Todas las cosas, todos los temas serían
abordables y discutibles, con tal que no se impugnase la reli-
gión ni las determinaciones del Gobierno. Estas restricciones
tienen una explicación fácil. Moreno era un creyente sincero,
exaltado, excesivo hasta el fanatismo. El sentimiento religioso,
Los escritos de Mariano Moreno | 75

la fe de sus primeros años, aquella que hizo concebir a sus pa-


dres la idea de consagrarlo al sacerdocio, se mantuvo siempre
sin mengua, fuerte e indestructible en él, a pesar de las alterna-
tivas de la vida y de las variadas lecturas a que se entregó. Era
tan exagerada su fe que, en su publicación del Contrato social,
eliminó el capítulo y los principales pasajes dedicados a la reli-
gión, porque, en su concepto, Rousseau había tenido la desgra-
cia de delirar en esta materia. Si de un libro que admiraba, que
deseaba divulgar y convertir en el catecismo, en el evangelio
político, de sus compatriotas, para que cada cual conociera su
derecho y aprendiese a defenderlo, suprimía las partes relativas
a la religión, se comprende muy bien que en La Gaceta no per-
mitiera las controversias sobre este tema ni ataque alguno a la
Iglesia. En esto procedía lógicamente y revelaba la intensidad y
la intransigencia de sus convicciones religiosas, llevadas hasta el
desconocimiento de un derecho. Sin embargo, la negación de
la libertad de escribir sobre asuntos opuestos a la religión, aun-
que grave desde el punto de vista doctrinario, en la práctica no
podía ser trascendental ni producir consecuencia alguna. En
efecto, el pueblo argentino era entonces casi unánimemente
católico; las dudas, las disidencias en materias de dogmas o en
punto a problemas filosóficos fundamentales, no existían o no
se manifestaban; todos los habitantes del país se hallaban pre-
ocupados y absorbidos por la empresa social y política; las dis-
cusiones religiosas eran inconcebibles y nadie experimentaba
la necesidad, ni tenía la idea siquiera, de ejercer el derecho de
escribir sobre cuestiones de esta índole. La otra restricción era
de carácter político, y una conveniencia política la aconsejaba.
Habría sido imprudente y pernicioso reconocer y permitir a
cada individuo, en poblaciones incultas, sin antecedentes, sin
hábitos, sin capacidad para dirigirse, la libertad de controver-
tir, de objetar por la prensa, los actos y las determinaciones de
76 | Norberto Piñero

la Junta. Nunca más que en aquellos días de grandes apasiona-


mientos, ha precisado el Gobierno no encontrar obstáculos en
su camino y conservar incólumes su prestigio y su autoridad.
¿Qué habría sido de él y de la obra que se le había confiado,
si sus resoluciones hubieran estado expuestas a la crítica y a la
oposición? Muy pronto habría desaparecido el respeto que se
le tributaba, y la anarquía habría tardado en aparecer, menos
de lo que demoró. Moreno pensaba como estadista y como
revolucionario, al establecer que la libertad de escribir debería
ser absoluta, siempre que no se tocase asuntos que se opusieran
a las determinaciones del Gobierno.
La Gaceta cumplió el plan de su fundador. Reflejó y fo-
mentó, a la vez, los progresos revolucionarios; publicó cons-
tantemente datos sobre los levantamientos sucesivos de los
pueblos, y las proclamas, resoluciones, órdenes, etc., expedidas
en las demás provincias argentinas o en otras secciones de la
América, como Chile y Colombia; reprodujo noticias de pe-
riódicos extranjeros favorables o concernientes a la revolución;
acogió los documentos y los escritos susceptibles de instruir a
las poblaciones. Moreno estudió en ella los problemas sociales
que la situación había planteado e impugnó virilmente los ac-
tos hostiles de algunos gobernantes españoles de otras partes
de América, sin desatender las cuestiones que cada mañana se
suscitaban; en fin, nada de lo que podía hacer comprender y
amar la Revolución fue descuidado en La Gaceta.

IX

Una de las resoluciones plebiscitarias, adoptadas el 25


de Mayo, ordenaba convocar un congreso, cuyo encargo
principal sería implantar definitivamente, en representación
Los escritos de Mariano Moreno | 77

de los pueblos, la forma de gobierno que se creyera más ade-


cuada. Moreno atribuía el más alto significado a la misión
del Congreso; y, en una serie de números de La Gaceta, pu-
blicó un importante trabajo, sobre todo como documento
revelador, respecto del trascendental papel que le incumbiría
desempeñar a la asamblea próxima a reunirse. En este estudio
resaltan una vez más el golpe de vista claro del político, el
pensamiento que lo guiaba, el fin hacia el cual tendía, y se
percibe netamente el alcance que daba a la Revolución. En
su sentir, de la obra del Congreso dependería la felicidad o
la ruina de la Patria, y era menester prevenir los errores, las
apreciaciones falsas o equivocadas en punto a lo que debería
constituir dicha felicidad. La Revolución no se había hecho
para reemplazar en los puestos públicos a los españoles por
criollos, que “en el antiguo sistema vegetaban en la obscu-
ridad y en el abatimiento”, según la palabra de un virrey de
Lima; y la felicidad general no consistiría, como opinaban
algunos, en que los nativos obtuvieran los empleos de los
que antes se les excluía comúnmente. “El país no sería menos
desgraciado por ser hijos suyos los que lo gobernasen mal”.
Tampoco podría aceptarse la opinión de otros que fijaban,
como “último término de sus esperanzas y deseos”, el gobier-
no de entonces, la Junta Provisional, erigida el 25 de Mayo.
La sociedad debía tener aspiraciones más elevadas, anhelar
una transformación más fundamental. “El pueblo no debía
contentarse con que sus jefes obraran bien, debía aspirar a
que nunca pudieran obrar mal... a que sus pasiones tuvieran
un dique más fuerte que el de su propia virtud, y a que la
bondad del gobierno se derivase, no de las personas, sino de
una constitución firme, que en ningún caso dejara a aquéllas
la libertad de hacerse malas impunemente”. Por último, no
se hallaría aún nuestra dicha completa “en la justa emancipa-
78 | Norberto Piñero

ción de la América, a que conduciría la inevitable pérdida de


España”. Será muy digno y muy glorioso para las poblaciones
de este Continente figurar en el número de las naciones y que
sus dominios “no se describan como factorías de los españo-
les europeos; pero quizá no se presenta situación más crítica
para los pueblos que la del momento de su emancipación”,
porque “todas las pasiones enfurecidas” e infinidad de causas
conspiran contra esta obra, “a la que sólo las virtudes pueden
dar consistencia”. Sin embargo, “resueltos a la magna em-
presa”, iniciada la lucha, nada deberá retraer a los patriotas
de su prosecución; su “divisa deberá ser la de un acérrimo
republicano que decía: malo periculosam libertatem, quam
servitium quietum”, aunque les será indispensable considerar
“que los pueblos, así como los hombres, desde que pierden la
sombra de un curador poderoso que los manejaba, recuperan
ciertamente una alta dignidad, pero rodeada de peligros que
aumenta la propia inexperiencia”.
En armonía con estas apreciaciones y con lo resuelto el
25 de Mayo, para echar las bases de la prosperidad y de la
grandeza futura del país, se necesitaba organizarlo, darle una
constitución, dotarlo de una autoridad suprema, proveerlo
de instituciones capaces de asegurar el orden, de proteger y
cimentar el derecho. He ahí sintetizada la misión capital del
Congreso. El papel de éste no debería reducirse a lo que “un
concepto vulgar, generalmente recibido”, le limitaba: a ele-
gir gobernantes que sustituyeran a los individuos de la Junta
Provisional, cuya investidura tenía origen local simplemente.
Ello importaría empequeñecer su misión y frustrar las es-
peranzas que en él se fundaban. El autor demostró que la
Constitución que se dictara, no podría ser el Código de las
leyes de Indias, porque éstas “no se hicieron para un estado
y nosotros ya lo formábamos”, porque habían sido calcula-
Los escritos de Mariano Moreno | 79

das para oprimir, para rebajar, para degradar, y estaban en


pugna con las ideas liberales; expuso alguno de los principios
que deberían informarla, tales como “la justicia, que es la
base verdadera de toda libertad”, la división y el equilibrio
de los poderes, “único freno para contener al magistrado en
sus deberes”, y medio eficaz de conservar “la pureza de la ad-
ministración”; declaró su preferencia por la forma mixta de
gobierno y citó a la Inglaterra, como “el gran modelo que los
tiempos modernos presentan” a las naciones que anhelan ser
libres, y donde el equilibrio de los poderes gubernamentales
ha producido efectos admirables. ¿Quería que se copiase las
instituciones inglesas en las comarcas del Río de la Plata? No
hay en sus escritos ni una palabra ni la menor insinuación,
que autorice a presumirlo.
En parte alguna ha dicho o ha dado a entender, en cuanto
al carácter del ministerio, por ejemplo, que sería más propio,
más ventajoso el régimen parlamentario que el régimen pre-
sidencial, y que convendría, por lo tanto, implantar en estas
regiones esa institución británica. Ha aludido únicamente al
equilibrio de los poderes y a sus eximios resultados en la Gran
Bretaña, sin indicar el modo cómo debería consagrarlo la cons-
titución que sancionara el Congreso. No es verosímil que un
hombre de su pericia y de sus dotes políticas sufriera la ilusión
de creer viable aquí el sistema de gobierno elaborado en una
serie de siglos, tradicional e histórico, en la Inglaterra.
Fuera de las señaladas, Moreno no hizo otras indicaciones
concretas relativamente a las bases de la futura constitución.
No se pronunció sobre la conveniencia del régimen centra-
lista o del régimen federal de gobierno. Conocía muy bien el
sistema federal y le consagró algunas páginas llenas de buen
juicio. Sostuvo que no era modelo de ese régimen el Consejo
de los Antiguos Anfictiones griegos, ni la Confederación de
80 | Norberto Piñero

la Alemania existente en su época; pero sí lo eran los Estados


Unidos de América y la Suiza. “El gran principio de esta clase
de gobierno, decía, se halla en que los estados individuales,
reteniendo la parte de soberanía que necesitan para sus nego-
cios internos, ceden a una autoridad suprema y nacional la
parte de soberanía que llamaremos eminente, para los nego-
cios generales; en otros términos, para todos aquellos puntos
en que deben obrar como nación”. He ahí presentada, en po-
cas palabras, con más o menos exactitud, la característica del
gobierno federativo. “En esta forma de gobierno, agregaba,
por más que se haya dicho en contrario, debe reconocerse la
gran ventaja del influjo de la opinión y del contento general:
se parece a las armonías de la naturaleza, que están compues-
tas de fuerzas y acciones diferentes, todas las cuales concurren
a un fin, para equilibrio y contrapeso, no para oposición; y
desde que se practica felizmente, aun por sociedades incultas,
no puede ser calificada de difícil”. Entre paréntesis, el régi-
men centralista o unitario no excluye, ni el autor lo sostiene,
el influjo de la opinión y del contento general.
Al ocuparse del sistema federal, Moreno no se propo-
nía recomendar ni combatir su adopción; quería prevenir un
peligro: el de que se ignorara su verdadero carácter y se pi-
diese, sin discernimiento, por los que hablaban de él, “como
del más conveniente a las circunstancias y estado de nuestras
provincias”, una cosa que en la práctica, después de conoci-
da, sería irrealizable. Quería también evitar un error de fu-
nestas consecuencias posibles: el de que se intentara aplicarlo
a toda la América española. Y deseaba “que las provincias,
reduciéndose a los límites que habían tenido hasta entonces,
formasen por separado la constitución conveniente a la feli-
cidad de cada una”; que se auxiliasen y socorriesen siempre
mutuamente; que reservaran para otro tiempo todo proble-
Los escritos de Mariano Moreno | 81

ma sobre el régimen federativo, que en aquellas circunstan-


cias era impracticable y podría ser perjudicial; y que tratasen
solamente de una alianza estrecha.
Se pronunciaba, pues, resueltamente en contra de un
gobierno federativo de toda la América, en el que las provin-
cias o estados de la unión habrían sido las actuales naciones
independientes y soberanas; pero nada expresaba en cuanto
a la centralización o descentralización del gobierno, que de-
bería implantar cada provincia o cada grupo de provincias
americanas de la Monarquía Española, particularmente el de
las que componían el Virreinato del Río de la Plata.
Se ha preguntado, a veces, si Moreno era federal o
unitario. Las observaciones precedentes muestran o pare-
cen mostrar, que, en teoría, el sistema federativo, “el mejor
quizá, que se ha discurrido entre los hombres”, contaba con
sus preferencias. Empero, como hombre de estado, cono-
cedor de la sociedad, antes que de la descentralización o
de la unidad de régimen, se preocupaba de la organización
misma del país, en las condiciones en que la creía desde
luego factible. Dejaba para más tarde las cuestiones sobre el
federalismo americano, que con acierto juzgaba imposible
en esos instantes. Sería un error afirmar que Moreno fue
federal o unitario. En la vida activa, política o socialmente
hablando, no fue ni lo uno ni lo otro: fue el hombre de las
transformaciones radicales, el sostenedor de la constitución
inmediata del estado, el contractualista ardiente, discípulo
de Rousseau, el defensor de la soberanía popular, el propa-
gador de las doctrinas más avanzadas.
Moreno pensaba que la organización y la constitución
del estado eran el problema vital y grande por excelencia,
en el que se refundían todos los demás problemas que el
movimiento revolucionario había planteado. Tenía razón.
82 | Norberto Piñero

Organizado y constituido el país de una manera adecuada,


se despejaría el camino de mil obstáculos; se regularizaría la
marcha de la sociedad; sería fácil dedicar muchos elementos
activos al cuidado de los intereses permanentes, a difundir la
enseñanza, a crear instituciones, a inocular poco a poco en la
población el hábito y la capacidad de gobernarse a sí misma,
a promover el bienestar general. Entonces, la emancipación,
que los patriotas perseguían con ardor, se produciría como
una consecuencia lógica y forzosa. Efectivamente, al cons-
tituirse y al darse una forma de gobierno, la nación habría
hecho acto de soberanía y de independencia y habría mani-
festado de un modo inequívoco y firme su voluntad de ser
dueña de su suerte y de no reconocer sujeción hacia ninguna
potencia extraña. Por otra parte, los ejércitos patrios que ba-
tían y desalojaban del territorio nacional a las huestes españo-
las, realizaban y aseguraban paulatinamente y para siempre
la emancipación. A la independencia se iba, por lo tanto,
merced a la fuerza de las armas y se iría también por la orga-
nización del estado. Ella no era ya un problema, cualesquiera
que fuesen las vicisitudes que se hubiera de atravesar antes de
conquistarla definitivamente.
Cincuenta años de trastornos, de vida sin reposo en los
que han alternado, o se han sucedido, las convulsiones y las
luchas intestinas, las persecuciones de los partidos, la quimera
del establecimiento de una monarquía indígena o extranjera,
reuniones de asambleas célebres, los diversos ensayos consti-
tucionales, la anarquía, el caudillaje, las montoneras, con sus
instintos feroces, los golpes de estado, el largo despotismo y las
proscripciones han probado cuan fundadas eran las previciones
de Moreno, al creer que la organización del país era el problema
primordial, al cual el Congreso debería consagrar todas sus ap-
titudes y toda su sabiduría, para resolverlo acertadamente.
Los escritos de Mariano Moreno | 83

¿El Congreso tendría capacidad para constituir y orga-


nizar el Estado? Es una cuestión que Moreno resuelve, sin
vacilar, afirmativamente, aplicando la teoría revolucionaria,
la doctrina del contrato social, en cuyo nombre se habían
sustentado y se sustentaban en Europa, e iban a sostenerse
o se sostenían ya en América, tantas reformas substanciales.
La teoría del contrato es antigua, pero nunca gozó de más
prestigio que en la segunda mitad del siglo pasado y en los
comienzos del presente. Rousseau pasa como su inventor; se
sabe que no lo es. Rousseau la ha renovado, le ha impreso su
sello, su fisonomía original, y la ha ofrecido así a los reforma-
dores, a los propagandistas y a los revolucionarios. La teoría
del contrato es o puede ser falsa o insuficiente para explicar
el origen y la formación de la sociedad. Desde este punto de
vista, y también desde todos los otros, ha sido muy debatida
y muy adulterada. Sería inoportuno reproducir las contro-
versias que ha suscitado entre los pensadores y aun presentar
el giro nuevo y profundo que le ha impreso Fouillée en su
notable libro La science sociale contemporaine, en el que la
rejuvenece, la toma como fundamento ideal del estado y pre-
tende conciliarla con la doctrina del organismo social. Sin
embargo, diré lo que importaba como instrumento o como
base de reformas. En este sentido, encarnaba las tendencias
liberales, era una expresión del individualismo o se confundía
con él. Proclamaba la autonomía del individuo en política y
en todas las relaciones sociales. El hombre autónomo forma
la sociedad y en ella nada enajena realmente, porque “dán-
dose a todos no se da a nadie”, gana en fuerza, participa de la
autoridad, es miembro del soberano, que contribuye a crear,
y conserva su personalidad entera, pues el problema esencial
que el contrato social resuelve consiste en “hallar una forma
de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza co-
84 | Norberto Piñero

mún a la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual


cada uno, uniéndose a todos, no obedezca, empero, sino a sí
mismo y quede tan libre como antes. Tal es el problema fun-
damental cuya solución ofrece el Contrato Social’’ (Rousseau,
Contrat Social, Cap. VI). La teoría se aplica a los diferentes
órdenes de relaciones, que afectan a la persona, y con ella se
combaten la monarquía de derecho divino, las servidumbres,
los constreñimientos de diversa índole que pesan sobre el in-
dividuo; y se preconiza la transformacióngeneral, la altera-
ción o supresión de ciertas instituciones, el planteamiento de
otras, el reconocimiento de la soberanía popular.
Sirve también aquí y en Europa, pero más en Europa
que aquí, para justificar los excesos, las violencias, los críme-
nes cometidos contra la persona, en los instantes de extra-
vío y de furor de las muchedumbres, cuando la revolución
se desencadena y pierde la recta vía, cuando desde arriba,
desde el poder, se juzga indispensable, en nombre de la sa-
lud del pueblo, creado por los individuos, inmolar a algunos
para defender a los más y amparar la causa de todos. Hasta
los caudillos ignorantes la invocarán inconscientemente, en
sostén de su propósito egoísta de segregar las provincias en
provecho propio, para gobernarlas a su antojo y gozar de las
sensualidades del mando. No se engañaba Sumner Maine,
uno de los fuertes adversarios de la teoría del contrato, al
decir que ella “entra por una gran parte en las ideas que la
Francia esparce constantemente en el mundo civilizado”, y,
al señalar la influencia prodigiosa, “ejercida sobre el espíritu
de los hombres de todo carácter y de todo matiz intelectual,
por los libros de Rousseau”.
La doctrina revolucionaria, tanto en el Río de la Plata,
como en Francia, desconocía a la tradición y a la costumbre
sus títulos más antiguos, más respetables y mejor fundados.
Los escritos de Mariano Moreno | 85

Taine lo ha demostrado, respecto de la Francia, en pá-


ginas magistrales. No podía ser de otro modo. La revolución
se había hecho en contra del viejo régimen, para destruir las
instituciones basadas en la tradición, porque consagraban
la desigualdad ante la ley, los privilegios, la opresión y las
usurpaciones de toda especie. El nuevo régimen no debía
asentarse en la misma base. La teoría, muy apta, muy pode-
rosa para demoler, no lo era igualmente para edificar. Los
doctrinarios y los políticos, todos los que habían hecho de
ella un instrumento de propaganda o de lucha, asignaban
a la ley una virtud y una eficacia incomparables. Las bue-
nas leyes curarían los males de la sociedad, asegurarían el
imperio del derecho, producirían la dicha y la prosperidad
comunes, serían la fuente de todo bien. Eran lógicos. La ley
es una convención, la expresión del pacto social, porque el
legislador es el representante del soberano. La creencia en
la bondad de la ley, sugerida por la razón, tenía que ser un
dogma, un artículo de fe; y lo ha sido, se ha generalizado
y ha persistido durante mucho tiempo entre los contrac-
tualistas y aun entre los no contractualistas. Moreno no se
sustrajo, ni era posible que se sustrajera, a la influencia de
esta parte de la doctrina que difundía y aplicaba. Creyó de-
masiado, más de lo que prudentemente se debe creer, en el
poder y en la eficacia de la ley. Por eso aseveraba que nues-
tros pueblos no podrían ser felices “hasta que un código de
leyes sabias establezca la honestidad de las costumbres, la
seguridad de las personas, la conservación de sus derechos,
los deberes del magistrado, las obligaciones del súbdito, los
límites de la obediencia; y, en fin, la justicia”. Si la felici-
dad de las naciones dependiera de la sabiduría de las le-
yes, muchas desgracias se habría ahorrado la humanidad, y
Argentina, particularmente, no habría atravesado períodos
86 | Norberto Piñero

luctuosos, ni sufrido graves caídas, después de dictar su car-


ta fundamental. La ley no vive por sí y su eficacia es nula
cuando los usos, las costumbres, los anhelos, las tendencias,
las necesidades, la capacidad, el carácter, el grado de cultura
y las demás condiciones de una nación no le dan la fuerza
necesaria para vivir. Por fortuna, la creencia en el poder ili-
mitado de la ley, para producir el bien, ha hecho su tiempo
en la ciencia, aunque persista en los hábitos mentales de
muchos hombres ilustrados, y entre los dogmas populares.
En la época de Moreno se hallaba en pleno vigor. Él, que
como otros, nutría su inteligencia con los libros y las in-
venciones europeas, no podía escapar a ella. Empero, no la
extremó. Sus cualidades de hombre de gobierno, su tacto
y sus aptitudes para sentir las exigencias de la comunidad
y ver los medios de satisfacerlas, lo salvaron de caer en las
exageraciones de los teóricos.
Moreno, creyente en la doctrina del contrato y pro-
pagador de la obra en que Rousseau la exponía, demuestra
fácilmente su tesis –la capacidad del Congreso para organi-
zar el país– aplicando aquella teoría, como se ha indicado
ya. En su concepto, el cautiverio del Rey y la disolución
de la Junta Central, que no obstante el origen ilegítimo
de su investidura había sido reconocida, “restituyeron a
los pueblos la plenitud de los poderes, que nadie sino ellos
podía ejercer”. El vínculo de dependencia hacia el monarca
desapareció con éste, “el Reino quedó acéfalo”, “cada pue-
blo reasumió la autoridad” que todos habían conferido al
príncipe, y “cada hombre pudo considerarse en el estado
anterior al pacto social, de que derivan las obligaciones que
ligan al rey con sus vasallos”. Entonces, las poblaciones de
América, en ejercicio de la soberanía íntegra, tenían el de-
recho, el deber y la necesidad de fijar su dirección política,
Los escritos de Mariano Moreno | 87

y de proveer a sus propias exigencias. En ello, las provincias


de España les habían dado el ejemplo, pues cuando éstas
se vieron privadas del monarca e invadidas por Napoleón,
se levantaron en armas y crearon las juntas gubernativas,
en uso de la autoridad que les era inherente. Las provin-
cias del Río de la Plata, al erigir la Junta Provisional, se
circunscribieron a imitarlas y a poner en práctica las ense-
ñanzas de algunos publicistas peninsulares, que defendían
los derechos de los pueblos y la legitimidad de las Juntas
establecidas en España. Lo que era bueno y aceptable en la
Península tenía que serlo igualmente en América, aunque
los españoles protestaran, tratasen de rebeldes a los ame-
ricanos y los amenazasen con todo género de persecucio-
nes, por haber hecho aquí lo mismo que ellos hacían en
Europa. Sin embargo, la ciudad de Buenos Aires dio una
lección de justicia a la Metrópoli. No impuso, ni intentó
imponer, su Junta a las provincias; al contrario, la declaró
provisional y mandó que se convocara un congreso para
que instituyese el gobierno común y regular, que habría de
substituir al anterior. A esta asamblea, representante legíti-
ma de la voluntad general, “revestida de un poder a todas
luces soberano” y supremo, le incumbiría también consti-
tuir al Estado y decidir de su suerte futura, porque “dejaría
defectuosa su obra, si se redujese a elegir gobernantes, sin
fijarles la constitución y la forma de gobierno”.
Moreno no se detiene ahí, y pretende establecer que
el Congreso, al dictar la Constitución, no comprometería
los deberes del vasallaje hacia Fernando VII. Las conside-
raciones que emite, para demostrar esta tesis, son tan poco
convincentes, disfrazan tan mal su sentimiento íntimo, que
al leerlas, se las tomaría por un sarcasmo, por una fina y des-
piadada ironía, si no se supiera que las protestas de vasallaje,
88 | Norberto Piñero

que la invocación del nombre de Fernando VII, eran un me-


dio de prevenir desconfianzas, respondían a un plan seguido
con rara uniformidad y constancia en los actos, en los do-
cumentos públicos, en todo, hasta en los estatutos de índole
constitucional, durante los primeros años de la revolución,
cumplido por Moreno en sus escritos de La Gaceta, siempre
que se le presentó la oportunidad. Seguramente, para los
hombres del partido español, capaces de discernir y apreciar
los acontecimientos, las protestas de sumisión carecían de
objeto, pues esos hombres no podían tener el candor de pa-
garse de palabras, y de creer en semejantes protestas, cuando
en los mismos instantes en que eran formuladas, se hacía
embarcar para la Península al Virrey y a los Oidores, se man-
daba segar las cabezas de los individuos más aptos para dirigir
la reacción, se proclamaba la soberanía de las provincias del
Río de la Plata, se publicaba la Gaceta de Buenos Aires, cuya
propaganda se dirigía claramente a la independencia, se ar-
maban los ejércitos destinados a expulsar las fuerzas realistas
del suelo americano, se batía a estas fuerzas; y, en el trabajo
que estudio, Moreno declaraba justa y gloriosa la emanci-
pación de la América, desconocía la legalidad de la jura de
Fernando y la calificaba de “preocupación vergonzosa”; de-
cía que este continente no estaba ligado “a los monarcas es-
pañoles por el pacto social, que únicamente puede sostener
la legitimidad y decoro de una dominación”, y afirmaba que
las provincias del Virreinato constituían un estado soberano.
Para los españoles, así como para cualquiera, el vasallaje era
incompatible e inconciliable con todo eso, y lo sería más aun
con la organización del país, que por sí sola pondría término
al dominio de España en estas regiones.
Revestía mayor interés, era más práctica, esta otra cues-
tión, directamente relacionada con el problema principal que
Los escritos de Mariano Moreno | 89

esclarecía: “¿Podrá una parte de la América, por medio de sus


legítimos representantes, establecer el sistema legal de que
carece y que necesita con tanta urgencia; o deberá esperar
una nueva asamblea, en que toda América se dé leyes a sí
misma, o convenga en aquella división de territorios, que la
naturaleza misma ha preparado?”. Nuestro autor la resuelve
atinadamente en el sentido de que una porción de la América
tiene poder suficiente para organizarse y crear su régimen le-
gal. Aunque piensa que “nada tendría de irregular que todos
los pueblos americanos concurriesen a ejecutar de común
acuerdo la grande obra, que nuestras provincias meditan
para sí mismas”, observa que “esta concurrencia resultaría de
una convención, no de un derecho a que precisamente deban
sujetarse”, y considera “impolítico y pernicioso propender a
que semejante convención se realice”, porque sería imposi-
ble reunir una asamblea que representara a los pueblos de
todo el continente, y “es una quimera pretender que todas
las Américas Españolas formen un solo estado”. Esto no con-
trariaba evidentemente su conocido proyecto de conquista
de Río Grande del Sud y de otras comarcas brasileñas. La
imposibilidad de reunir un congreso, representativo de toda
la América Latina, tanto del Sur como del Norte, era una de
las razones de su oposición a un gobierno federal, compuesto
de las diversas secciones que la formaban. Sin embargo, no ve
“inconveniente en que, reunidas aquellas provincias, a quie-
nes la antigüedad de íntimas relaciones ha hecho insepara-
bles, traten por sí solas de su constitución”. En consecuencia,
las provincias argentinas, en su calidad de soberanas, pueden,
a su juicio, delegar su autoridad a una asamblea encargada de
constituirlas; y “deben hacerlo, porque la naturaleza misma
les ha prefijado esta conducta, en las producciones y límites
de sus respectivos territorios’’.
90 | Norberto Piñero

Moreno, en el principio de su trabajo sobre la asamblea


futura, decía que los progresos de las armas argentinas apre-
suraban el instante de la reunión de los diputados, que debían
reglar el estado político de las provincias. Algunos días después
de publicados los primeros capítulos de ese estudio, las fuerzas
revolucionarias daban un gran paso, vencían en la batalla de
Suipacha. Los triunfos patrios acercaron el momento en que
todos los diputados se hallarían en Buenos Aires, y hubieran
podido facilitar a éstos el desempeño de la altísima misión de
constituir el país; pero influyeron en el fracaso, o, más propia-
mente, en la no celebración del Congreso. Las victorias obte-
nidas habían calmado las inquietudes de la primera hora y en-
gendrado la confianza, respecto del enemigo común. Seguros
del éxito, frente a ese enemigo; tranquilos por este lado, los
hombres dirigentes de la Revolución, o que aspiraban a serlo,
pudieron ocuparse más que antes de sus propias ambiciones y
esterilizar una parte de su tiempo y de sus fuerzas, en disputarse
la preponderancia en el manejo de los negocios públicos. Un
pequeño fragmento de la circular del 27 de mayo, por la que
la Junta Provisional comunicó a las provincias su instalación y
las resoluciones adoptadas del 22 al 25, va a ser el pretexto para
un choque de ambiciones, para una lucha por el predominio en
el gobierno, originada en causas múltiples, cuyo desenlace será
la postergación indefinida del Congreso General. A la circular
se adjuntaba un bando, que contenía íntegras las resoluciones
aludidas, y, entre ellas, la relativa a la elección de los diputados
que formarían el Congreso Constituyente. La misma circular
se refería al bando de un modo explícito, recomendaba la pun-
tual ejecución de los artículos X y XI, referentes al Congreso, y
expresaba la esperanza de que los diputados se nombrasen y vi-
Los escritos de Mariano Moreno | 91

nieran a la Capital lo más pronto posible, a cumplir el encargo


determinado en la respectiva resolución plebiscitaria –vale de-
cir– a establecer la forma de gobierno. Indicaba también que los
diputados se incorporarían a la Junta, a medida que llegasen,
para que obtuvieran la parte de confianza pública conveniente
“al mejor servicio del Rey y del gobierno de los pueblos; impo-
niéndose, con cuanta anticipación conviene a la formación de
la Junta General, de los graves asuntos que tocan al gobierno”.
Esta advertencia, promesa u ofrecimiento, respecto de la
incorporación de los diputados, no contradecía en el fondo,
aunque a primera vista lo parezca, los artículos X y XI de las
resoluciones plebiscitarias, ni la parte de la circular alusiva a
estos artículos y a su cumplimiento. Es verdad que las resolu-
ciones citadas no contenían una sola palabra relativa a aquel
ofrecimiento; no obstante, de cualquier modo que se explique
el párrafo de la circular en que se prometía la incorporación,
sea que deliberadamente haya sido escrito, con el designio de
disipar recelos y conquistar desde luego la adhesión de las pro-
vincias al nuevo gobierno, como lo piensa el doctor López,8
sea que haya procedido de una ligereza imperdonable e in-
verosímil del redactor de la nota, inadvertida por la Junta en
momentos de agitación y de excesiva labor, como lo asevera el
doctor Manuel Moreno9, habría sido siempre perfectamente
factible y conciliable la incorporación sucesiva de los diputa-
dos, a medida que fuesen llegando, para que se impusiesen con
anterioridad de los graves asuntos atinentes al gobierno, y, una
vez que todos estuviesen aquí, su reunión en asamblea general
constituyente, para cumplir los fines establecidos en el artícu-

8. López, Vicente F., Historia de la República Argentina, tomo III, cap. VIII.
9. Moreno, Manuel, Prefacio a la Colección de Arengas en el Foro y Escritos del doctor
don Mariano Moreno, pp. CXLVII y CLXIX.
92 | Norberto Piñero

lo X. Pero los acontecimientos van a encaminarse en diverso


sentido y no se liará siquiera la tentativa de armonizar, en el
hecho, el fragmento mencionado de la circular con la parte
de la misma referente al artículo X del plebiscito. Se pedirá y
se exigirá el cumplimiento de la promesa contenida en aquel
párrafo, con prescindencia absoluta de lo otro.
Los diputados de las provincias habían empezado a llegar
y comenzaban a hacer gestiones, moderadamente, sin insistir
mucho al principio, para que se les incorporase a la Junta. El
antagonismo, las disidencias entre Saavedra y Moreno cre-
cían constantemente. Los hechos menos importantes en apa-
riencia, que, en otras circunstancias, no hubieran ejercido el
menor influjo, aumentaban sus proporciones. Los diputados
se alistaron entre los partidarios del Presidente.
Los oficiales del Regimiento de Patricios, del cual era jefe
Saavedra, festejaban con un baile el reciente triunfo de Suipacha.
Moreno había sido invitado a la fiesta, pero cuando se presentó
en ella se le impidió la entrada, por error, por torpeza o por mala
voluntad; tuvo entonces que retirarse desairado y que sufrir la
contrariedad y el disgusto explicables, en semejante caso, en
cualquiera persona y mucho más en un hombre de su tempera-
mento y de su susceptibilidad. Este incidente, del que Saavedra
no era responsable, propendió a agrandar la distancia entre el
Presidente y el Secretario de la Junta. El baile continuó. En el
instante de la cena Saavedra fue objeto de una grosera adulación.
Un oficial, denominado Anastasio Duarte parece que lo saludó
con el nombre de “emperador” y le significó que la América
esperaba ansiosa que tomase el cetro y la corona. Esta bajeza
produjo “un verdadero escándalo” y causó bastante inquietud,
sobre todo entre los elementos desafectos a Saavedra.
Tan luego como Moreno tuvo noticia del hecho, redac-
tó el célebre decreto sobre supresión de honores al Presidente de
Los escritos de Mariano Moreno | 93

la Junta. Con o sin razón, atribuía a los amigos de Saavedra,


sino a este mismo, el desaire o la imprudencia cometida ha-
cia él; y, hondamente herido, quiso por medio de esa me-
dida, castigar el insulto y obtener una reparación plena de
sus agravios. El preámbulo del decreto, lleno de reflexiones
diversas, está escrito con energía y con pasión extremas, y
tanto él como el texto de los artículos, muestran la exagerada
importancia, las desmedidas proporciones que el autor dio a
los incidentes del baile. Las reflexiones del preámbulo se en-
caminaban a presentar los inconvenientes y los peligros que
tienen para las instituciones y para la educación política del
pueblo, los homenajes, los honores y las preferencias discer-
nidos a los gobernantes. Por eso, “en vano publicaría la Junta
principios liberales, que hicieran apreciar a los pueblos el
inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación
de aquellos prestigios que inventaron los tiranos para sofocar
los sentimientos de la naturaleza”. Se explicaba en seguida
por qué, como una medida de ocasión, como un sacrificio
transitorio, para que la nueva autoridad no desmereciese ante
el público, comparativamente, la antigua, se decretó, el 28
de mayo, que el Presidente de la Junta gozaría de los mismos
honores que antes se había tributado a los virreyes. Al adop-
tar esta medida, se quiso presentar al gobierno revolucionario
rodeado de aquellos prestigios externos, que tanta influencia
ejercen sobre la masa de las poblaciones. Pero había llegado el
momento de que ese sacrificio cesara y desapareciesen los ho-
menajes que una necesidad política de circunstancias había
impuesto; y era menester que desapareciesen para prevenir
los males que su continuación podría originar.
El decreto del 6 de diciembre fue aceptado y subscripto
por todos los miembros de la Junta, no obstante la intem-
perancia y la exaltación de sus términos. Saavedra lo firmó,
94 | Norberto Piñero

a pesar de ser un ataque contra él. Esta resolución provocó


la crisis, hizo estallar la lucha, cuyo rápido desenlace fue la
caída de Moreno. El decreto produjo alguna alarma. En los
cuarteles, los oficiales, amigos o partidarios de Saavedra, se
agitaron y trataron de agitar la población. Su jefe había sido
lastimado, humillado casi, desde que, en virtud de la ma-
nera como los hechos ocurrieron, se le había colocado en
la situación ineludible de firmar una medida contraria a su
persona; y era preciso defenderlo y derribar a su adversario.
Existía, seguramente, cierto malestar, cierta intranquilidad
de la que aprovecharon los que aspiraban al predominio en el
Gobierno. Entonces, el 18 de diciembre, los diputados de las
provincias, afiliados decididamente al partido de Saavedra,
se presentaron ante la Junta y reclamaron su incorporación
inmediata. El Deán Funes, que los dirigía, expuso las razones
de su exigencia. Se fundaban: en que el derecho de los pue-
blos, representados por ellos, a tomar una parte activa en el
mando, hasta la celebración del Congreso, era incontestable,
pues la Capital no tenía títulos legítimos para elegir por sí
sola gobernantes, a los que las demás ciudades debían obede-
cer, y estaba, además, reconocido por la Junta, la cual, en la
circular del 27 de mayo, había declarado expresamente que
los diputados se incorporarían a ella, a medida que llegaran;
en que los pueblos miraban con pesar que sus representantes
no hubiesen sido puestos en posesión de una regalía que les
era debida, y se les había prometido solemnemente; en que
no les era lícito prescindir de la pretensión y goce de su dere-
cho; en que se necesitaba restablecer la tranquilidad pública,
gravemente comprometida por un general y público descon-
tento hacia la Junta, para lo cual no se presentaba remedio
más legal, más seguro y más equitativo que la asociación de
los diputados a los vocales; en que el crédito del gobierno se
Los escritos de Mariano Moreno | 95

hallaba considerablemente quebrado y no pudiendo ya éste


contar con la confianza pública, que hasta ahí había servido
de apoyo a sus resoluciones, era necesario reparar la quiebra
mediante la incorporación de los diputados, que los mismos
descontentos reclamaban. Todas estas razones fueron re-
batidas por los vocales secretarios de la Junta. A su juicio,
los diputados carecían de derecho para ingresar en aquélla,
porque siendo el propósito de su llamado la celebración de
un congreso nacional, hasta la apertura de éste no podrían
empezar las funciones de los representantes; su carácter
era inconciliable con el de los individuos de un Gobierno
Provisional, cuyo fin debería ser el principio del ejercicio de
aquellos diputados; la cláusula invocada, de la circular del 27
de mayo, había sido un rasgo de inexperiencia, que el tiem-
po ha acreditado después ser enteramente impracticable; el
ejemplo de las cortes y de toda asamblea nacional se oponía a
la pretensión de los diputados; el reconocimiento de la Junta,
hecho por los pueblos, ha subsanado la falta de concurso de
los últimos a la instalación de la primera; en los poderes de
los diputados, único título de su representación, no se les
destinaba a gobernar provisionalmente el Virreinato, sino a
formar un congreso nacional, y establecer en él un gobierno
sólido y permanente. En cuanto a la convulsión o desconten-
to público, que se anunciaba, expresaron que no la conside-
raban como un conflicto formado por la opinión preponde-
rante del pueblo, en su número o en su más sana parte, sino
por algunos díscolos, que podrían ser fácilmente contenidos
siempre que la Junta se mantuviese firme en la energía que
inspira el testimonio de la buena conciencia...10

10. Acta de la sesión celebrarla por la Junta el 18 de diciembre de 1810.


96 | Norberto Piñero

En la posición en que se habían colocado unos y otros,


los vocales sustentaban la buena doctrina; pero la controversia
fue inútil, porque no consiguió prevenir o alterar en nada el
resultado inevitable de los acontecimientos. Agotado el debate
se trató del juez que debería dirimir la dificultad; y, conformes
todos en que sería peligroso convocar al pueblo por el estado
de efervescencia en que se le suponía, y también porque el
de Buenos Aires, exclusivamente, carecía de competencia para
decidir cuestiones que afectaban el derecho de todas las pro-
vincias, convinieron en que, reunidos los vocales de la Junta a
los diputados presentes, se procediese a resolver el punto. Esto
bastaba para asegurar la prevalencia a los últimos, pues ellos
eran nueve y los miembros de la Junta, en ese instante, siete.
Pero ni aun de todos sus votos necesitaron los diputados, por-
que la mayoría de los vocales, después de salvar sus opiniones,
de expresar que la incorporación no procedía, votaron en favor
de ella, cediendo a las exigencias del momento y “por conve-
niencia política”. Únicamente los secretarios Moreno y Passo
dieron su voto en contra. La incorporación quedó resuelta y
Moreno renunció. Se mandó hacer constar en el acta “que no
se admitía la renuncia del Secretario de Gobierno”.11 Sin em-

11. Acta citada. El acta consigna en los siguientes términos el fundamento de su


voto y de su renuncia: “El secretario de la Junta, doctor don Mariano Moreno, dijo
que considera la incorporación de los diputados en la Junta contraria al derecho y al
bien general del estado en las miras sucesivas de la gran causa de su constitución; que
en cuanto a la convulsión política que ha preparado esta reclamación, derivándose
toda ella de la publicación del reglamento de 6 de diciembre, cree contrario al bien
de los pueblos, y a la dignidad del Gobierno, preferir una variación en su forma a
otros medios enérgicos con que pudiera apaciguarse fácilmente, pero que decidida
la pluralidad y aceptado el concepto de un riesgo inminente contra la tranquuilidad
pública, si no se acepta esta medida, es un rasgo propio de la moderación de la
Junta conformarse con ella. Ultimamente, que habiéndose explicado de un modo
singular contra su persona el descontento de los que han impelido a esta discusión,
Los escritos de Mariano Moreno | 97

bargo, aquél insistió y se retiró definitivamente del poder.


Los incidentes ocurridos en el baile del Cuerpo de
Patricios, el decreto sobre la supresión de los honores al
Presidente, las agitaciones que produjo, la incorporación de
los diputados provincianos a la Junta, todos estos hechos, en
suma, fueron los motivos aparentes, las causas ocasionales
de la caída de Moreno, y de la no celebración del Congreso
Constituyente. Las causas fundamentales eran otras. Una de
las primeras fue el antagonismo naciente entre Buenos Aires
y las provincias interiores. La rivalidad entre “porteños y pro-
vincianos”, el espíritu localista, que tanto desarrollo debía
adquirir y que tan importante papel estaba llamado a desem-
peñar en nuestras largas disensiones domésticas, empezaban a
diseñarse y se revelaban en algunas de las razones aducidas por
los diputados, para exigir su incorporación en la Junta. A esto
se unía la pasión o el deseo del mando, despertada ya en los
hombres del interior. Querían gustar los goces del poder y por
eso, sin contar otros motivos, disputaban a los bonaerenses su
parte de gobierno y les reclamaban el cumplimiento de la pro-
mesa, relativa a su ingreso en la Junta, contenida en la circular
del 27 de mayo. Además, las disidencias, las viejas disidencias,
entre Saavedra y Moreno, que tan hondas raíces habían echa-
do desde sus primeras manifestaciones en 1808, en la lucha

y no pudiendo ser provechosa al público la continuación de un magistrado desacre-


ditado, renuncia su empleo, sin arrepentirse del acto del 6 de diciembre (publicado
en La Gaceta del 8) que le ha producido el presente descrédito; antes bien, espera
que algún día disfrutará la gratitud de los mismos ciudadanos que ahora lo han
perseguido, a quienes perdona de corazón, y mira su conducta errada con cierto
género de placer, porque prefiere al interés de su propio crédito, que el pueblo
empiece a pensar sobre el gobierno, aunque cometa errores que después enmendará,
avergonzándose de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido
con intenciones puras sus derechos”.
98 | Norberto Piñero

sostenida por el Cabildo con el Virrey, constituían otro factor


importante, que operaba en el mismo sentido de los enuncia-
dos. Moreno había llegado a ser un dominador incómodo.
Estorbaba al Presidente de la Junta y acaso a varios de los vo-
cales y estorbaba igualmente a los hombres del interior, a los
diputados de las provincias, a quienes no quería admitir desde
luego, sin tardanza, en el Gobierno Provisional.
La influencia que algunas de sus condiciones persona-
les ejercieron en su propia caída no es en manera alguna
despreciable. Las alucinaciones de su mente, que multipli-
caban el número de sus enemigos, su carácter exaltado y su
sensibilidad enfermiza, que lo conducían a dar proporciones
excesivas a lo que le era adverso, contribuyeron a agrandar
la distancia y hacer más intensos los resentimientos entre
él y sus adversarios; y, juntamente con las exigencias de su
naturaleza absoluta, que no podía prescindir de un partido
definido, ni satisfacerse con soluciones a medias, precipita-
ron el desenlace de la lucha.
Por otra parte, la incapacidad política del pueblo, su
ignorancia de los negocios públicos, impedían que el plan
de organizar el estado se convirtiese en una aspiración co-
mún. El pueblo no comprendía, no podía comprender, las
inmensas ventajas que la Constitución le proporcionaría.
De ahí que, por ese lado, los altos propósitos de Moreno
no encontrasen apoyo.
Estos y otros factores determinaron la caída del ilustre
Secretario de la Primera Junta. La era de las turbulencias y de
las discordias intestinas quedaba iniciada, por medio de una
contienda de ambiciones, en las esferas del Gobierno. Al mes
de haber renunciado, Moreno se embarcaba para Europa, a
desempeñar una misión especial ante el Gobierno de la Gran
Bretaña. Iba, sin duda, a buscar la alianza y la protección
Los escritos de Mariano Moreno | 99

de la Inglaterra, a poner en práctica la conducta política, los


procedimientos diplomáticos, que había aconsejado en el
Plan. Con él se alejaba indefinidamente la organización del
país. Murió en el viaje, a la edad de treintidós años escasos.
Sus partidarios fueron perseguidos y desalojados
en corto tiempo de sus posiciones en el Gobierno, en la
Administración y en la política. Sus amigos, sus discípulos,
la juventud, a la que había comunicado su calor, su entu-
siasmo, su decisión y sus ideales, se congregaron en un club
denominado “Sociedad Patriótica”. Esta asociación se pro-
puso discutir y propagar los principios científicos de la or-
ganización del estado, e influir en la marcha política. Los
debates y la propaganda de la Sociedad Patriótica, el favor
de que ésta gozaba en la opinión, y su propósito de obtener
que el Gobierno Provisional estableciese desde luego “el ré-
gimen electoral y la regla inmediata para la renovación de
los poderes...” (López), inspiraron recelos e inquietudes a la
mayoría de la Junta y al partido saavedrista, que temía un
movimiento sedicioso. El hecho sin nombre, sin calificativo
propio y adecuado, conocido en la historia con la designa-
ción de la revuelta o asonada del 5 y 6 de abril de 1811, tuvo
por objeto prevenir aquel movimiento, destruir la Sociedad
Patriótica, aniquilar el partido de Moreno, proscribir a sus
hombres principales, separar de la Junta a los miembros de
ese partido que formaban parte de ella, quitar a Belgrano el
mando en jefe del ejército de la Banda Oriental, hacer que
se le llamara a rendir cuenta de su conducta y asegurar el
predominio exclusivo de los saavedristas. La revuelta del 5 y
6 de abril, inspirada e instigada por el Deán Funes y propicia
a la mayoría de la Junta, triunfó enteramente. Los directores
de la Sociedad Patriótica fueron expatriados o confinados; los
vocales de la Junta –partidarios de Moreno– Rodríguez Peña,
100 | Norberto Piñero

Azcuénaga, Vieytes y Larrea, fueron destituidos; Belgrano,


que no tenía otro partido que el de la causa nacional, fue se-
parado del mando en jefe del ejército y citado a responder de
su conducta. Así, mediante un acto severa y justamente con-
denado por nuestros historiadores, cuya responsabilidad na-
die ha querido aceptar, se desalojó y se alejó de las posiciones
que tenían, a los hombres dirigentes del partido morenista.
Sin embargo, la obra política de Moreno, sus creaciones, los
efectos de su propaganda, sus reformas, la impulsión que dio
a la cultura, habían penetrado profundamente, y persistieron
y persisten incorporados a la nación.
¿No hemos señalado todos los defectos suyos o de su
obra? No importa. De ese modo quedaremos exentos del re-
proche de haber querido descubrir y exhibir deficiencias, para
experimentar el placer de la censura, que una de las mejores
teorías estéticas, en nuestro concepto, dirige a los críticos de
profesión. Al goce de la crítica, es preferible el de admirar,
el de ser “vivamente tocado por cosas bellísimas”, según la
expresión de La Bruyére, que vale mucho más. Moreno no
vivirá quizá como escritor; pero vivirá como estadista, como
político genial, como fundador de instituciones, como guia-
dor e inspirador de la Revolución en sus primeros días; y su
nombre idealizado se perpetuará confundido con los nom-
bres, los hechos, los signos y las fechas que constituyen nues-
tra gloria y nuestra tradición.
Plan de Operaciones

Mariano Moreno
Plan de Operaciones | 269

PLAN DE LAS OPERACIONES

Que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del


Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande
obra de nuestra libertad e independencia1

-----------------------

Señores de la Excelentísima Junta Gubernativa de las


Provincias Unidas del Río de la Plata:

Volar a la esfera de la alta y digna protección de V. E. los


pensamientos de este Plan, en cumplimiento de la honorable
comisión con que me ha honrado, si no es ambición del de-
seo, es a lo menos un reconocimiento de gratitud a la Patria;
ella solamente es el objeto que debe ocupar las ideas de todo

1. Explica el origen del importantísimo documento que va a leerse, lo que transcri-


bimos a continuación:

“Excelentísima Junta Gubernativa:


En el estado de las mayores calamidades y conflictos de estas preciosas provincias;
vacilante el gobierno; corrompido del despotismo, por la ineptitud de sus providen-
cias, le fue preciso sucumbir, transfiriendo las riendas de él en el nuevo Gobierno
Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, quien haciéndose cargo de
la gran máquina de este Estado, cuando se halla inundado de tantos males y abusos,
destruido su comercio, arruinada su agricultura, las ciencias y las artes abatidas, su
navegación extenuada, sus minerales desquiciados, exhaustos sus erarios, los hom-
bres de talento y mérito desconceptuados por la vil adulación, castigada la virtud, y
premiados los vicios; últimamente, cuando destruidos todos los canales de la felici-
dad pública, entró a conocer en el fondo de sus contagios, deseoso de sacrificar sus
conocimientos y sus fuerzas físicas e intelectuales, para cortar de raíz estos males que
se tocaban ya con las manos, y hacer entrar a los perturbadores en el orden de sus
deberes, en virtud de la confianza que los pueblos habían depositado en los repre-
sentantes del nuevo gobierno, cuyos sagrados objetos fueron de su desvelo.
270 | Mariano Moreno

buen ciudadano, cuya sagrada causa es la que me ha estimu-


lado a sacrificar mis conocimientos en obsequio de su liber-
tad, y desempeño de mi encargo. Tales son los justos motivos
que al prestar el más solemne juramento ante ese Superior
Gobierno hice presente a V. E., cuando, en atención a las
objeciones que expuse, convencido de las honras, protestó V.
E. que nunca podrían desconceptuarse mis conocimientos, si
ellos no llegaban a llenar el hueco de la grande obra.
En esta atención y cumplimiento de mi deber, sería
un reo de lesa patria, digno de la mayor execración de mis
conciudadanos, indigno de la protección y gracias que ella
dispensa a sus defensores, si habiéndose hecho por sus re-
presentantes en mi persona, la confianza de un asunto en
que sus ideas han de servir para regir en parte móvil de las
operaciones que han de poner a cubierto el sistema continen-
tal de nuestra gloriosa insurrección, no me desprendiese de
toda consideración aun para con la Patria misma, por lison-

Entonces, agobiado por un trabajo incesante, nunca perdió de vista aquellos más
principales, para en oportunidad más propia como de la mayor consideración; y
sólo se ocupó en las primeras necesidades del Estado, hasta poner a cubierto la
dignidad y decoro del nuevo gobierno, como la seguridad y salud pública, con el
ejercicio de la restauración de los legítimos derechos de la libertad de los pueblos.
Éstos fueron los primeros pasos que indispensablemente se obligó este gobierno a
poner en ejecución para inspirar a los pueblos, más y más, la confianza que habían
depositado en sus representantes, y combinar después los demás planes, concernien-
tes a los fines de su instalación.
En este estado, cuando el Gobierno tomó las riendas de su manejo, se vio precisado
a dictar diariamente providencias eslabonadas por el acaso de los acontecimientos
que iban sucediéndose, de unos en otros, sin tener un plan formal que rigiese por
un orden político las operaciones de la grande obra de nuestra libertad; y en conse-
cuencia, existiendo las circunstancias, por reduplicarse más y más las necesidades y
cuidados de este gobierno, se nombró una comisión secreta, para que presente un
plan de proposiciones especulativas, que dirijan en parte con arreglo a sus instruc-
ciones políticas, las operaciones de su conato y deseos.
Plan de Operaciones | 271

jear sus esperanzas con la vil hipocresía y servil adulación de


unos pensamientos contrarios, que en lugar de conducirla a
los grandes fines de la obra comenzada, sólo fuesen causa de
desmoronar los débiles cimientos de ella; y en esta virtud, el
carácter de la comisión y el mío, combinando un torrente de
razones, las más sólidas y poderosas, uniformando sus ideas,
me estrechan indispensablemente a manifestarme con toda la
integridad propia de un verdadero patriota.
La verdad es el signo más característico del hombre de
bien; la resignación, el honor y la grandeza de ánimo en las
arduas empresas, son las señales más evidentes de un corazón
virtuoso, verdadero amante de la libertad de su patria; tales
son los principios que me he propuesto seguir para desenvol-
ver el cúmulo de reflexiones que me han parecido más con-
ducentes para la salvación de la Patria, en el presente plan, sin

Además de los puntos que se previenen, podrá la comisión extender sus vastos cono-
cimientos, hacia las demás máximas conducentes al desempeño de nuestros deberes
y consolidación del sistema de nuestra causa, cuyos puntos, según y como van nom-
brados, son los siguientes:

Artículo 1° – En primer lugar, la conducta gubernativa más conve-


niente a las opiniones públicas y conducentes a las operaciones de la
dignidad de este gobierno.
Art. 2° – El medio más adecuado y propio a la sublevación de la Banda
Oriental del Río de la Plata, rendición de la plaza de Montevideo y
demás operaciones a este fin.
Art. 3° – El método de las relaciones que las Provincias Unidas deben
secretamente entablar en la España para el régimen de nuestra inteli-
gencia y gobierno.
Art. 4° – La conducta que sea más propia y debamos mantener con
Portugal y el gabinete de Inglaterra.
Art. 5° – Las comisiones que deben entablarse secretamente por nues-
tros agentes, en lo interior, y demás provincias dependientes de este
gobierno para consolidación de nuestro sistema.
272 | Mariano Moreno

que preocupación alguna política sea capaz de trastornar ni


torcer la rectitud de mi carácter y responsabilidad.
El emprendimiento de la obra de nuestra libertad, a la
verdad, es tan grande, que por su aspecto tiene una similitud
con los palacios de Siam, que con tan magníficas entradas, no
presentan en su interior sino edificios bajos y débiles; pero la
Providencia que desde lo alto examina la justicia de nuestra
causa, la protegerá, sin duda, permitiendo que de los desas-
tres saquemos lecciones las más importantes. Porque aunque
algunos años antes de la instalación del nuevo gobierno se
pensó, se habló, y se hicieron algunas combinaciones para
realizar la obra de nuestra independencia; ¿diremos que fue-
ron medios capaces y suficientes para realizar la obra de la in-
dependencia del Sud, pensarlo, hablarlo y prevenirlo? ¿Qué
sacrificios hemos hecho, ni qué emprendimientos, que sean
suficientes para que podamos tributarnos loores perpetuos
por la preferencia de la primacía? ¿Qué planos y combina-
ciones han formado más laboriosas áreas, para evitar que se

Art. 6° – Los arbitrios que deben adoptarse para fomentar los fondos
públicos, luego que el Perú y demás interior del Virreinato sucumban,
para los gastos de nuestra guerra y demás emprendimientos, como
igualmente para la creación de fábricas, ingenios y otras cualesquiera
industrias, navegación, agricultura, etc.
Art. 7° – Las relaciones secretas que nuestros agentes y emisarios deben
desempeñar en los países extranjeros, como Portugal e Inglaterra.
Art. 8° – Las comisiones y clases de negocios que nuestros agentes
y emisarios deben entablar secretamente en las provincias de Brasil
para sublevarlas, haciéndolas gustar de las dulzuras de la libertad y
derechos de la naturaleza.
Art. 9° – Los medios que deben adoptarse, cuando estando consolida-
do y reconocido por la Inglaterra, Portugal y demás principales nacio-
nes de la Europa el sistema de nuestra libertad; y cuál debe ser el fin de
sus negociaciones entonces en las provincias del Brasil, con relación a la
conquista de todo el Río Grande y demás provincias de dicho reino.
Plan de Operaciones | 273

desplome un edificio que sin pensar en la solidez que debe


estribar sus cimientos, queremos levantar con tanta precipi-
tación? Permítaseme decir aquí, que a veces la casualidad es
la madre de los acontecimientos, pues si no se dirige bien
una revolución, si el espíritu de intriga y ambición sofoca
el espíritu público, entonces vuelve otra vez el estado a caer
en la más horrible anarquía. Patria mía, ¡cuántas mutaciones
tienes que sufrir! ¿Dónde están, noble y grande Washington,
las lecciones de tu política? ¿Dónde las reglas laboriosas de la
arquitectura de tu grande obra? Tus principios y tu régimen

Es cuanto se me ofrece representar en cumplimiento de la comisión


que para el efecto se me instruyó.– Dios guarde a V. E. muchos años.–
Buenos Aires, 15 de julio de 1810.– Doctor Manuel Belgrano.
–Es copia de su original.– CORNELIO SAAVEDRA, presidente.
–Doctor Juan José Passo, secretario.

Acta del acuerdo celebrado por el Superior Gobierno


El antecedente proyecto presentado por el miembro de este Superior Gobierno, el
señor doctor Manuel Belgrano, en cumplimiento de la comisión dada por dicho
para el efecto, fue leído y dos veces en acto secreto, por todos los señores de esta
Junta Gubernativa, quienes después de una madura y reflexiva consulta, aprobán-
dolo mutuamente todos, y apoyándolo en todas sus partes, determinaron que, le-
yéndose por tercera vez para el día siguiente, se nombrase la comisión que había de
desempeñar este encargo, que dicha comisión fuese a pluralidad de votos secretos,
que deberían recogerse por uno de los señores secretarios, y puestos en manos del se-
ñor presidente, mandase se oficiase luego inmediatamente al citado a pluralidad de
votos, para que pasando a representarse en la primera Junta, que se le citare, prestase
juramento en la más debida forma y según costumbre sobre los puntos que se acor-
dase, pasándole al mismo tiempo una copia firmada, del antecedente proyecto, por
sólo el señor presidente y uno de los señores secretarios; mandando igualmente se
archivase el original en la caja secreta de acuerdos y disposiciones reservadas, lo que
se hará luego inmediatamente de presentarse las tres llaves de dicha caja; y firmaron
la presente acta en la sala de acuerdos de esta capital de Buenos Aires, a 17 de julio
de 1810.– CORNELIO DE SAAVEDRA, presidente.– Doctor Juan José Castelli,
Miguel Azcuénaga, Doctor Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, Doctor
Juan José Passo, secretario, Doctor Mariano Moreno, secretario.
274 | Mariano Moreno

serían capaces de conducirnos, proporcionándonos tus luces,


a conseguir los fines que nos hemos propuesto.
En esta verdad las historias antiguas y modernas de las re-
voluciones nos instruyen muy completamente de sus hechos,
y debemos seguirlos para consolidar nuestro sistema, pues
yo me pasmo al ver lo que llevamos hecho hasta aquí, pero
temo, a la verdad, que si no dirigimos el orden de los sucesos
con la energía que es propia (y que tantas veces he hablado
de ella) se nos desplome el edificio; pues el hombre en cier-
tos casos es hijo del rigor, y nada hemos de conseguir con la
benevolencia y la moderación; éstas son buenas, pero no para
cimentar los principios de nuestra obra; conozco al hombre,
le observo sus pasiones, y combinando sus circunstancias, sus
talentos, sus principios y su clima, deduzco, por sus ante-

Votación de los señores vocales para la comisión


Recogidos los votos para el nombramiento de la comisión que la antecedente acta
determinó, y puestos en manos del señor presidente, en cumplimiento de lo acor-
dado por el Superior Gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, mandó dicho señor presidente, resultando a pluralidad de votos por todos los
miembros de dicho gobierno, que los vastos conocimientos y talentos tan conocidos
del vocal, el señor doctor Mariano Moreno, sólo eran capaces para desempeñar tan
arduo encargo, y que en cumplimiento de todas las partes de la referida acta, se
oficiase para que el siguiente día a las once de la noche se presentase dicho señor,
antes de entrar en junta, en clase de comisionado, y no como miembro de ella, para
que instruido de la comisión prestase juramento sobre los puntos que hubiere a bien
acordar relativos a dicho encargo, participándole al mismo tiempo que quedaba
exento de la penuria de contribuir al desempeño de las funciones de dicho tribunal
en tanto y hasta llegar a concluir la comisión con que se le destinaba, cubriendo
la responsabilidad que pudiera resultarle en algún tiempo de la confianza pública
desde la fecha que se le encomienda este encargo hasta su conclusión, con el pre-
texto de alguna indisposición corporal, de cuya circunstancia se hará manifiesto por
diligencia formal y pública para su inteligencia y gobierno.– Sala de acuerdos de la
Real Fortaleza de esta capital, a 18 de julio de 1810.– CORNELIO SAAVEDRA,
presidente.– Doctor Juan José Passo, secretario.
Plan de Operaciones | 275

cedentes, que no conviene sino atemorizarle y obscurecerle


aquellas luces que en otro tiempo será lícito iluminarle; mi
discurso sería muy vasto sobre esta materia, y no creyéndolo
aquí necesario, no trato de extenderlo, pero deduciendo la

Copia del oficio que se pasó a dicho comisionado


La Patria cuidadosa reparte a sus hijos en proporción de sus talentos los que se le
citare, prestase juramento en la más debida forma, y según costumbre, encargos de
sus primeras necesidades; y fijando la vista en V. S., cuyos talentos son tan conoci-
dos por los grandes servicios con que se han distinguido, tiene a bien de manifestarle
que mañana a las once de la noche se presente en la Real Sala de acuerdos de esta
Fortaleza, antes de entrar en junta, para tratar de asuntos en que no sólo se interesa
el honor de la Patria, sino el bien de la felicidad pública; asimismo dispensar a V.
S. este gobierno desde mañana de la asistencia a las tareas de su conato, quedando
exento V. S. de la responsabilidad hacia su persona, en los asuntos que se actuaren
desde esta fecha hasta la que en V. S. concluya la comisión que tiene a bien encar-
garle, bajo la circunstancia de quedar cubierta su falta para el concepto público en
su asistencia, como por una falta de salud, sin que por esto deje de poder tener un
conocimiento interior de las disposiciones en los acuerdos de este gobierno, cuyas
notas se le darán a V. S., de sus deliberaciones, por el secretario que correspon-
da.– Dios guarde a V. S. muchos años.– Real Sala de acuerdo de esta Fortaleza de
la capital, a 18 de julio de 1810.– CORNELIO DE SAAVEDRA, presidente.–
Doctor Juan José Castelli, Doctor Manuel Belgrano, Doctor Manuel Alberti, Domingo
Matheu, Juan Larrea.– Doctor Juan José Passo, secretario.– Sr. D. Mariano Moreno.
(Es copia de su original).

Diligencia del juramento por el comisionado, el señor vocal don Mariano Moreno
Con la misma fecha se ofició a dicho señor vocal, don Mariano Moreno, por man-
dato del señor Presidente, y trasladado, comparecido a la misma hora, después de un
largo razonamiento de cinco cuartos de hora, juró a Dios Nuestro Señor con la mano
puesta sobre los santos evangelios en presencia de todos los señores del Superior
Gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, poner todos los
medios posibles para desempeñar la dicha comisión con que se le honraba, guardando
eternamente secreto de todas las circunstancias de dicho encargo; firmando aquí di-
cho señor vocal, con el señor Presidente, para caracterizar esta última diligencia, cuyo
expediente original se archivó ahora mismo, pasándole una copia firmada a dicho
vocal de todos los antecedentes, según lo acordado.– Sala de acuerdos en esta Real
Fortaleza de Buenos Aires, a 18 de julio de 1810.– CORNELIO DE SAAVEDRA.
presidente.– Doctor Juan José Passo. secretario.– Doctor Mariano Moreno.
276 | Mariano Moreno

consecuencia tendamos la vista a nuestros tiempos pasados y


veremos que tres millones de habitantes que la América del
Sud abriga en sus entrañas han sido manejados y subyugados
sin más fuerza que la del rigor y capricho de unos pocos hom-
bres; véase pueblo por pueblo de nuestro vasto continente,
y se notará que una nueva orden, un mero mandato de los
antiguos mandones, ha sido suficiente para manejar miles de
hombres, como una máquina que compuesta de inmensas
partes, con el toque de un solo resorte tiene a todos en un
continuo movimiento, haciendo ejercer a cada una sus fun-
ciones para que fue destinada.
La moderación fuera de tiempo no es cordura, ni es una
verdad; al contrario, es una debilidad cuando se adopta un
sistema que sus circunstancias no lo requieren; jamás en nin-
gún tiempo de revolución, se vio adoptada por los gober-
nantes la moderación ni la tolerancia; el menor pensamiento
de un hombre que sea contrario a un nuevo sistema, es un
delito por la influencia y por el estrago que puede causar con
su ejemplo, y su castigo es irremediable.
Los cimientos de una nueva república nunca se han ci-
mentado sino con el rigor y el castigo, mezclado con la sangre
derramada de todos aquellos miembros que pudieran impe-
dir sus progresos; pudiera citar los principios de la política y
resultados que consiguieron los principales maestros de las re-
voluciones, que omito el hacerlo por ser notorias sus historias
y por no diferir algunas reflexiones que se me ofrecen “acerca
de la justicia de nuestra causa, de la confianza que debemos
tener en realizar nuestra obra, de la conducta que nos es más
propicia observar, como igualmente de las demás máximas
que podrán garantizar nuestros emprendimientos”.
En esta atención, ya que la América del Sud ha procla-
mado su independencia, para gozar de una justa y completa
Plan de Operaciones | 277

libertad, no carezca por más tiempo de las luces que se le


han encubierto hasta ahora y que pueden conducirla en su
gloriosa insurrección. Si no se dirige bien una revolución,
si el espíritu de intriga, ambición y egoísmo sofoca el de la
defensa de la patria, en una palabra: si el interés privado se
prefiere al bien general, el noble sacudimiento de una nación
es la fuente más fecunda de todos los excesos y del trastor-
no del orden social. Lejos de conseguirse entonces el nuevo
establecimiento y la tranquilidad interior del Estado, que es
en todos tiempos el objeto de los buenos, se cae en la más
horrenda anarquía, de que se siguen los asesinatos, las ven-
ganzas personales y el predominio de los malvados sobre el
virtuoso y pacífico ciudadano.
El caso y la fatalidad son las disculpas de la indiscreción
y la flaqueza. El hombre animoso hace salir a luz los ocasos
para utilizarlos, y sus enemigos son los que se rinden al yugo
de la fatalidad. El que tiene gran corazón, espíritu y alma
elevada, manda a la fortuna, o más bien la fortuna no es sino
la reunión de estas cualidades poderosas, pero como su brillo
amedrenta al vulgo y excita la envidia, será feliz quien pueda
hermanarlas con la moderación que las hace excusables.
No admiremos la Providencia ni desconfiemos de ella,
recordando que de las fatalidades más desastradas, saca las
grandes e importantísimas lecciones que determinan el des-
tino del mundo. La mano dio luz al sol y a los astros, y hace
girar los cielos, humilla a veces los tronos, borra los imperios,
así como desde el polvo encumbra a lo sumo de la grandeza
a un mortal desconocido, demostrando al Universo que los
mortales, los imperios, los tronos, los cielos y los astros, son
nada en comparación de su poder.
Sentemos ante todo un principio: la filosofía que reina
en este siglo demuestra la ridiculez de la grandeza y las con-
278 | Mariano Moreno

tingencias a que está expuesta. La insubsistencia perpetua y


continuada de la Corona de España, lo está evidenciando; la
familia real envilecida, había ya dejado de serlo y perdido sus
derechos; el 25 de mayo de 1810, que hará célebre la memo-
ria de los anales de América, nos ha demostrado esto, pues
hace veinte años que los delitos y las tramas de sus inicuos
mandones y favoritos le iban ya preparando este vuelco.
Por mejor decir, no se la ha destronado ni derribado
del solio, sino que se la ha hundido debajo de las plantas; y
jamás pudo presentarse a la América del Sud oportunidad
más adecuada para establecer una réplica sobre el cimiento
de la moderación y la virtud.
La familia de los Borbones estaba en el suelo, y ninguno
de sus cobardes amigos acudió a tiempo a darle la mano; no
era menester más que dejarla dormir y olvidarla.
Así, pues, cuando las pasiones del hombre andan suel-
tas, ¡cuán horrible, pero cuán interesante, es el observarle!
Entonces sale a lo claro lo más escondido de su corazón,
entonces la vista puede seguir por las vueltas y revueltas de
aquel laberinto inescrutable los estragos del odio, los arreba-
tos de la ambición, el desenfreno de la codicia, los ímpetus de
vanagloria y los proyectos de engrandecimiento.
Hay hombres de bien (si cabe en los ambiciosos el ser-
lo) que detestan verdaderamente todas las ideas de los go-
biernos monárquicos, cuyo carácter se les hace terrible, y
que quisieran, sin derramamiento de sangre, sancionar las
verdaderas libertades de la patria; no profesan los principios
abominables de los turbulentos, pero como tienen talento,
algunas virtudes políticas, y buen crédito, son otro tanto
más de temer; y a éstos sin agraviarlos (porque algún día
serán útiles) debe separárselos; porque, unos por medrar,
otros por mantenerse, cuáles por inclinación a las tramas,
Plan de Operaciones | 279

cuáles por la ambición de los honores, y el menor número


por el deseo de la gloria, o para hablar con más propiedad,
por la vanidad de la nombradía, no son propios por su ca-
rácter para realizar la grande obra de la libertad americana,
en los primeros pasos de su infancia.
A la verdad, me rebajaría de mi carácter y del concepto
que se tiene formado hacia mi persona si negase los obstáculos
e inconvenientes que atropellando mis deseos desconsolaban
mi ánimo, aunque concebía algunas veces medios para allanar-
los. Otros, en mi lugar, lejos de confundirse transformarían,
como hace la verdadera destreza, los obstáculos en medios, ho-
llarían los estorbos, y aun los procurarían para complacerse en
superarlos; en fin, yo titubeé en medio de las mayores dificul-
tades, temiendo el empezar, y ansiando el acabar, excitado por
mi adhesión a la Patria, contenido por los escrúpulos y agitado
entre la esperanza del éxito y el temor del malogro.
En esta virtud, habiéndome hecho cargo de todo, resolví
entregarme a la marea de los acontecimientos, porque las em-
presas arduas siempre presentan grandes dificultades, y por
consiguiente grandes remedios; pues huir cuando se va a dar
la batalla, no sólo es cobardía sino aun traición; y en este esta-
do me puse en manos de la Providencia, a fin de que dirigiese
mis conocimientos acerca de la causa más justa y más santa,
pues si se malograse el fruto de mis intentos, la recompensa,
creo, quedaría cifrada en la gloria de haberlos emprendido.
En cuya atención y consecuencia, la sensibilidad y una
extremada energía son los elementos más grandes de la natu-
raleza y los más propios para realizar una grande obra, por-
que entonces los ánimos generosos se desenvuelven en medio
de las más horrorosas tempestades, aumentando sus fuerzas
a proporción de los peligros que los amenazan, y consiguien-
temente unos hombres de este corazón son capaces de las
280 | Mariano Moreno

acciones más heroicas, y aun de conducir con su política las


tramas más largas y formales, donde se cifre la vida de un
hombre y el destino de un estado.
No se me podrá negar que en la tormenta se maniobra
fuera de regla, y que el piloto que salva el bajel, sea como fue-
re, es acreedor a las alabanzas y a los premios; este principio
es indudable, máxime cuando se ciñe a la necesidad absoluta
como único medio para la consecución de lo que se solicita.
Las máximas que realizan este plan y hago presentes son,
no digo las únicas practicables, sino las mejores y más admisi-
bles, en cuanto se encaminen al desempeño y gloria de la lid en
que estamos tan empeñados. ¿Quién dudará que a las tramas
políticas, puestas en ejecución por los grandes talentos, han de-
bido muchas naciones la obtención de su poder y de su libertad?
Muy poco instruido estaría en los principios de la política, las
reglas de la moral, y la teoría de las revoluciones, quien ignorase
de sus anales las intrigas que secretamente han tocado los gabi-
netes en iguales casos; y, ¿diremos por esto que han perdido algo
de su dignidad, decoro y opinión pública en lo más principal?
Nada de eso: los pueblos nunca saben, ni ven, sino lo que se les
enseña y muestra, ni oyen más que lo que se les dice.
En el orden moral, hay ciertas verdades matemáticas en
que todos convienen, así como todos admiten los hechos in-
contestables de la física. Pregúntesenos a cada uno qué figura
tiene el sol, y responderemos unánimes que redonda; pre-
gúntesenos también sobre los bienes de la esclavitud y males
de la libertad, y nos parecerán éstos preferibles a aquéllos,
porque siendo poco numerosos unos y otros, queremos na-
turalmente la mayor suma de bienes, de la cual sólo hay que
separar una cantidad pequeña de males.
Pero cuando vengamos a los medios de formar la mayor
suma de estos bienes, y la segregación más considerable de
Plan de Operaciones | 281

estos males, entonces falta la unanimidad, el problema divide


las opiniones y los debates comienzan.
Tal sería el estado en que nos encontraríamos, si no nos
uniesen generalmente los intereses de la Patria; ¿y quién de vo-
sotros, señores, sería capaz de poner en cuestión la libertad y
felicidad de ella, no teniendo sino unos conocimientos superfi-
ciales de las causas secretas de la revolución? ¿Acaso se necesitó
más fortaleza el 25 de mayo de 1810, para derribar los colosos
de la tiranía y despotismo, que se necesita para erigir los cimien-
tos de nuestro nuevo edificio? Desembarácese el suelo de los
escombros, quiero decir, concluyamos con nuestros enemigos,
reformemos los abusos corrompidos y póngase en circulación la
sangre del cuerpo social extenuado por los antiguos déspotas, y
de este modo se establecerá la santa libertad de la Patria.
Y en consecuencia creería no haber cumplido, tanto con
la comisión con que se me ha honrado, como con la grati-
tud que debo a la Patria, si no manifestase mis ideas según y
cómo las siente el corazón más propias, y los conocimientos
que me han franqueado veinticinco años de estudio constan-
te sobre el corazón humano, en cuyo, sin que me domine la
vanidad, creo tener algún voto en sus funciones intelectuales;
y por lo contrario, si moderando mis reflexiones no mostrase
los pasos verdaderos de la felicidad, sería un reo digno de la
mayor execración; y así no debe escandalizar el sentido de
mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda
costa, aun cuando tengan semejanza con las costumbres de
los antropófagos y caribes. Y sino, ¿por qué nos pintan a la
libertad ciega y armada de un puñal? Porque ningún estado
envejecido o provincias, pueden regenerarse ni cortar sus co-
rrompidos abusos, sin verter arroyos de sangre.
Hablemos con franqueza: hasta ahora sólo hemos cono-
cido la especulativa de las conspiraciones, y como tal cuando
282 | Mariano Moreno

tratamos de pasar a la práctica nos amilanamos. Pues no; no


son éstas las lecciones que nos han enseñado y dado a cono-
cer los maestros de las grandes revoluciones; fíjese la vista
sobre los anales de las historias del Norte, de la Francia, etc.,
y aun de la misma España, y se observará las tramas y astucias
políticas, únicamente dirigidas a conseguir por todo camino
aquellos fines a que han aspirado.
Se ha repetido muchas veces que la necesidad es madre
de la industria, y que su carácter halagüeño, pintado con los
bellos colores de una filosofía sutil, invierte su estudio y des-
treza por medio de la seducción y la intriga, teniendo a veces
su origen más o menos noble, según las circunstancias.
Últimamente, demos un carácter más solemne a nuestro
edificio, miremos sólo a la Patria, y cuando la Constitución del
Estado afiance a todos el goce legítimo de los derechos de la
verdadera libertad, en práctica y quieta posesión, sin consentir
abusos, entonces resolvería el Estado Americano el verdadero
y grande problema del contrato social; pues establecer leyes
cuando han de desmoronarse al menor ímpetu de un blando
céfiro, depositándolas dentro de un edificio, cuyos cimientos
tan poco sólidos no presentan aún más que vanas y quiméricas
esperanzas, exponiendo la libertad de la Patria, la impotencia,
que quizás al menor impulso de nuestros enemigos, envolvién-
donos en arroyos de sangre, tremolen otra vez sobre nuestras
ruinas el estandarte antiguo de la tiranía y despotismo; y por
la debilidad de un gobierno se malograrían entonces las cir-
cunstancias presentes; y más favorables a una atrevida empresa,
que se inmortalizaría en los anales de América, y desvanecidas
nuestras esperanzas seríamos víctimas del furor y de la rabia.
Y en consecuencia de todo lo expuesto, pasando ya a la
exposición de los artículos que contiene la comisión de mi
cargo, por el orden y según instruye su contenido, dice:
Plan de Operaciones | 283

Artículo 1° – En cuanto a la conducta gubernativa más


conveniente a las opiniones públicas, y conducente a las ope-
raciones de la dignidad de este Gobierno, debe ser las que
instruyen las siguientes reflexiones:
1a Sentado el principio que en toda revolución hay tres
clases de individuos: la primera, los adictos al sistema que se
defiende; la segunda, los enemigos declarados y conocidos;
la tercera, los silenciosos espectadores, que manteniendo una
neutralidad, son realmente los verdaderos egoístas; bajo esta
suposición, la conducta del Gobierno en todas las relaciones
exteriores e interiores, con los puertos extranjeros y sus agentes
o enviados públicos y secretos, y de las estratagemas, proposi-
ciones, sacrificios, regalos, intrigas, franquicias y demás medios
que sean menester poner en práctica, debe ser silenciosa y reser-
vada, con el público, sin que nuestros enemigos, ni aun la parte
sana del pueblo, lleguen a comprender nada de sus enemigos
exteriores e interiores podrían rebatirnos las más veces nuestras
diligencias; lo segundo, porque además de comprometer a mu-
chos de aquellos instrumentos de quienes fuese preciso valemos
ocasionándoles su ruina, también perderíamos la protección de
tales resortes para en lo sucesivo, y lo que es más, la opinión
pública; y lo tercero, porque mostrando sólo los buenos efectos
de los resultados de nuestras especulaciones y tramas, sin que
los pueblos penetren los medios ni resortes de que nos hemos
valido, atribuyendo éstos sus buenos efectos a nuestras sabias
disposiciones, afianzaremos más el concepto público, y su ad-
hesión a la causa, haciendo que tributen cada día mayor respeto
y holocausto a sus representantes; y así obviaremos quizá las
diferentes mutaciones a que está expuesto el Gobierno.
2a A todos los verdaderos patriotas, cuya conducta sea
satisfactoria, y tengan dado de ella pruebas relevantes, si en
algo delinquiesen, que no sea concerniente al sistema, dé-
284 | Mariano Moreno

bese siempre tener con éstos una consideración, extremada


bondad; en una palabra, en tiempo de revolución, ningún
otro debe castigarse, sino el de infidencia y rebelión contra
los sagrados derechos de la causa que se establece; y todo lo
demás debe disimularse.
3a En todos los empleos medios, después de que se ha-
llen ocupados por éstos, la carrera de sus ascensos debe ser
muy lenta, porque conceptuando que el establecimiento ra-
dicado de nuestro sistema, es obra de algunos años, todos
aspirarían a generales y magistrados; y para obviar esto deben
establecerse premios, como escudos, columnas, pirámides, etc.,
para premiar las acciones de los guerreros, y adormecer con
estos engaños a aquellos descontentos que nunca faltan, y
exigen por su avaricia más de lo que merecen. ¿Pues en qué se
perjudica a la Patria que un ciudadano lleve el brazo lleno de
escudos, ni que su nombre esté escrito en un paraje público,
cuando de ello no resulta gravamen al erario? Y así con éstos
debe ser la conducta según y como llevo referido.
4a Con los segundos debe observar el Gobierno una con-
ducta muy distinta, y es la más cruel y sanguinaria; la menor
especie debe ser castigada, y aun en los juicios extraordinarios
y asuntos particulares debe siempre preferirse el patriota, por-
que, siendo una verdad el ser amante a su patria, es digno a
que se le anteponga, y se forme de él no sólo el mejor concep-
to, sino que también se le proporcione la mejor comodidad
y ventajas: es lo primero; y lo segundo, porque aprisionando
más su voluntad, se gana un partidario y orador que forma
con su adhesión una parte sólida de su cimiento.
5a Igualmente con los segundos, a la menor semiprueba
de hechos, palabras, etc., contra la causa, debe castigarse con
pena capital, principalmente cuando concurran las circuns-
tancias de recaer en sujetos de talento, riqueza, carácter, y de
Plan de Operaciones | 285

alguna opinión; pero cuando recaiga en quienes no concu-


rran éstas, puede tenerse alguna consideración moderando
el castigo; pero nunca haciendo de éstos la más mínima con-
fianza, aun cuando diesen las pruebas más relevantes y aun
cuando se desprendiesen de la mitad de sus intereses, hasta
tanto no consolidar nuestro sistema sobre bases fijas y esta-
bles; que entonces sí, a los que se hubiesen distinguido con
servicios particulares se les debe atender, y, formando de ellos
el concepto a que son acreedores, participarles el premio.
6a En los mismos términos, como la conducta de estos
segundos y su adhesión contraria a nuestra causa es radical-
mente conocida, sin embargo, el Gobierno debe, tanto en la
Capital como en todos los pueblos, a proporción de su ex-
tensión, conservar unos espías no de los de primer ni segun-
do orden, en talentos y circunstancias, pero de una adhesión
conocida a la causa, a quienes indistintamente se les instruya
bajo de secreto, comisionándolos para que introduciéndose
con aquellas personas de más sospecha, entablando comuni-
caciones, y manifestándose siempre de un modo contrario de
pensar a la causa que se defiende, traten de descubrir por este
medio los pensamientos de nuestros enemigos y cualesquiera
tramas que se pudieran intentar; y a éstos débese agraciarlos
con un corto sueldo mensual, instruyéndolos como he refe-
rido, bajo de ciertas restricciones que se les debe imponer;
éstos no han de obtener ningún empleo o cargo alguno, ni
aun el de soldado, pues este solo carácter sería suficiente para
frustrar los intentos de este fin.
7a Consiguientemente, cuantos caigan en poder de la
Patria de estos segundos exteriores e interiores, como gober-
nadores, capitanes generales, mariscales de campo, coroneles,
brigadieres, y cualesquiera otros de los sujetos que obtienen
los primeros empleos de los pueblos que aún no nos han
286 | Mariano Moreno

obedecido, y cualesquiera otra clase de personas de talento,


riqueza, opinión y concepto, principalmente las que tienen
un conocimiento completo del país, sus situaciones, carac-
teres de sus habitantes, noticias exactas de los principios de
la revolución y demás circunstancias de esta América, debe
decapitárselos; lo primero, porque son unos antemurales que
rompemos de los principales que se opondrían a nuestro sis-
tema por todos caminos; lo segundo, porque el ejemplo de
estos castigos es una valla para nuestra defensa, y además nos
atraemos el concepto público; y lo tercero, porque la Patria
es digna de que se le sacrifique estas víctimas como triunfo
de la mayor consideración e importancia para su libertad, no
sólo por lo mucho que pueden influir en alguna parte de los
pueblos, sino que dejándolos escapar podría la uniformidad
de informes perjudicarnos mucho en las miras de las relacio-
nes que debemos entablar.
8a Últimamente la más mera sospecha denunciada por
un patriota contra cualquier individuo de los que presentan
un carácter enemigo, debe ser oída y aun debe dársele alguna
satisfacción, suponiendo que sea totalmente infundada, por
sólo un celo patriótico mal entendido, ya desterrándolo por
algún tiempo, más o menos lejos del pueblo donde resida,
o apropiándole otra pena, según la entidad del caso, por un
sinnúmero de razones que omito, pero una de ellas es para
que el denunciante no enerve el celo de su comisión, vea que
se tiene confianza, y se forma concepto de su persona.
9a En cuanto a los terceros individuos, también será de
la obligación del Gobierno hacer celar su conducta, y los que
se conozcan de talento y más circunstancias, llamarlos, ofre-
cerles, proponerles y franquearles la protección que tenga a
bien el Gobierno dispensarles, a proporción de la calidad,
empleos, negocios y demás, sin dejar de atender a la clase de
Plan de Operaciones | 287

bienes que gozan y la cantidad de sus caudales y trabas que


los liguen, sin hacer nunca una manifiesta confianza hasta pe-
netrar sus intenciones y su adhesión, practicándose esto por
aquellos medios que son más propios y conducentes.
10a Asimismo la doctrina del Gobierno debe ser con
relación a los papeles públicos muy halagüeña, lisonjera y
atractiva, reservando en la parte posible, todos aquellos pasos
adversos y desastrados, porque aun cuando alguna parte los
sepa y comprenda, a lo menos la mayor no los conozca y los
ignore, pintando siempre éstos con aquel colorido y disimulo
más aparente; y para coadyuvar a este fin debe disponerse que
la semana que haya de darse al público alguna noticia adver-
sa, además de las circunstancias dichas, ordenar que el nú-
mero de Gacetas que hayan de imprimirse, sea muy escaso,
de lo que resulta que siendo su número muy corto, podrán
extenderse menos, tanto en lo interior de nuestras provincias,
como fuera de ellas, no debiéndose dar cuidado alguno al
Gobierno que nuestros enemigos repitan y contradigan en
sus periódicos lo contrario, cuando ya tenemos prevenido
un juicio con apariencias más favorables; además, cuando
también la situación topográfica de nuestro continente nos
asegura que la introducción de papeles perjudiciales debe ser
muy difícil, en atención a que por todos caminos, con las
disposiciones del Gobierno debe privarse su introducción.
11a Los bandos y mandatos públicos deben ser muy san-
guinarios y sus castigos al que infringiere sus deliberaciones muy
ejecutivos, cuando sean sobre asuntos en que se comprometan
los adelantamientos de la Patria, para ejemplo de los demás.
12a Luego que algunos pueblos, tanto del Perú como de
la Banda Oriental hayan sucumbido, se deben ocupar aque-
llos primeros empleos por sujetos que, considerando en ellos
alguna reputación y talento, podría servir de mucha extor-
288 | Mariano Moreno

sión su asistencia en esta Capital; y por lo tanto debe separár-


selos con esta política, a fin de obviar algunas convulsiones
populares y mutaciones de gobierno, a que está expuesta la
Patria, por el partido de la ambición.
13a También deben darse los grandes empleos, como
generales, etc., a sujetos en quienes puedan concurrir las mis-
mas circunstancias explicadas ya en la reflexión antecedente.
14a Asimismo, cuando los sujetos que empleados en los
primeros cargos, como gobernadores de los pueblos, jefes de
divisiones, o generales, llegasen a obtener una grande opi-
nión y concepto, máxime los que gobiernan fuerzas, debe
precisarse con disimulo mandarlos de unos a otros o con
cualquier otro pretexto, llamándolos a la Capital, separarlos
de sus encargos por algún tiempo, haciendo variar sus co-
misiones después, a fin de que como son los que manejan
las fuerzas, ayudados de la opinión y concepto, no puedan
cometer atentados que comprometan la felicidad pública, de
lo que causarían disensiones intestinas y guerras civiles; lo
mismo debe ejecutarse cuando la opinión y concepto de los
primeros empleados en todo ramo claudique en los pareceres
públicos, aunque sea sin causa verdadera, dándoles luego el
Gobierno una satisfacción secreta de las causas que han dado
margen a retirarlos de sus empleos; y, sin perjudicar su méri-
to, emplearlos en oportunidad con variación de destino.
15a Siendo los magistrados, justicia, tribunales y demás
autoridades, el antemural y sostén de los respetos públicos,
donde algunas veces, cuando son ocupados por hombres
corrompidos, y llenos de vicios, se acogen los tumultuosos,
prevaliéndose de la protección y respecto para alguna trama,
o deliberaciones, se debe precaver que dichos tribunales, justi-
cias, magistrados y demás empleos sean ocupados por personas
de nuestra entera satisfacción, quienes instruidos de nuestras
Plan de Operaciones | 289

ideas en la parte que les toque, nos sean adictos para estorbar
el apoyo de los ambiciosos y perturbadores del orden público,
y además prever cualquier atentación contra las autoridades
del Gobierno, que resulte en perjuicio de la causa, observán-
dose siempre la política que debe guardarse con respecto a la
reclamación pública, por opinión y concepto; adoptándose,
cuando no haya otro, el medio del mal el menos.
16a A todos los oficiales y militares (no siendo de aque-
llos muy conocidos que tengan acreditado ya su patriotismo),
no debe despreciárselos y acomodándolos despacharlos fuera
de la Capital, a las campañas, del Perú, o la Banda Oriental.
17a En los mismos términos, débese sin recelo dar em-
pleos a todos los extranjeros, según el mérito o talento de
cada uno, pues es creíble que éstos si no por patriotismo, a
lo menos por el interés que les resulte, serán fidedignos en la
confianza que de ellos se haga.
18a Por consiguiente, el Gobierno debe tratar, y ha-
cer publicar con la mayor brevedad posible, el reglamento
de igualdad y libertad entre las distintas castas que tiene el
Estado, en aquellos términos que las circunstancias exigen,
a fin de, con este paso político, excitar más los ánimos; pues
a la verdad siendo por un principio innegable que todos los
hombres descendientes de una familia están adornados de
unas mismas cualidades, es contra todo principio o derecho
de gentes querer hacer una distinción por la variedad de co-
lores, cuando son unos efectos puramente adquiridos por la
influencia de los climas; este reglamento y demás medidas
son muy del caso en las actualidades presentes.
19a En la misma forma debe tratarse sobre el reglamento
de la prohibición de la introducción de la esclavatura, como
asimismo de su libertad, con las circunstancias que tenga a
bien establecerla, pero siempre protegiendo a cuantos se aco-
290 | Mariano Moreno

jan a nuestras banderas, declarándolos libres, a los unos, si sus


amos fueren del partido contrario, y a los otros, rescatándo-
los con un tanto mensual de los sueldos que adquieran en la
milicia, para de esta forma no descontentar a sus amos, pues
es evidente que tocando al hombre en sus intereses claudica
no sólo el patriotismo sino la buena fe y demás circunstancias
que lo adornan; lo que me franquea decir que si los fondos
del erario fueran suficientes para los gastos del Estado, hasta
radicar su establecimiento, yo respondería con mi cabeza de
la seguridad de nuestra libertad, en la mitad del tiempo que
de otra manera necesitaremos.
20a Últimamente, el misterio de Fernando es una circuns-
tancia de las más importantes para llevarla siempre por delante,
tanto en la boca como en los papeles públicos y decretos, pues
es un ayudante a nuestra causa el más soberbio; porque aun
cuando nuestras obras y conducta desmientan esta apariencia
en muchas provincias, nos es muy del caso para con las ex-
tranjeras, así para contenerlas ayudados de muchas relaciones
y exposiciones políticas, como igualmente para con la misma
España, por algún tiempo, proporcionándonos, con la demo-
ra de los auxilios que debe prestar, si resistiese, el que vamos
consolidando nuestro sistema, y consiguientemente nos da un
margen absoluto para fundar ciertas gestiones y argumentos,
así con las cortes extranjeras, como con la España, que podre-
mos hacerles dudar cuál de ambos partidos sea el verdadero
realista; estas circunstancias no admiten aquí otra explicación,
por ser muy extensa, y fuera del orden a que se propone este
plan, cuyas máximas daré por separado en otras instrucciones,
luego que concluya la obra que trata de éstas y otras, titulada:
Intereses generales de la Patria y del Estado Americano; además,
que aun para atraernos las voluntades de los pueblos, tampo-
co no sería oportuno una declaración contraria y tan fuera de
Plan de Operaciones | 291

tiempo, hasta que radicalmente no sentemos nuestros prin-


cipios sobre bases fijas y estables y veamos los sucesos de la
España la suerte que corren.
Artículo 2° – En cuanto al medio más adecuado y pro-
pio a la sublevación de la Banda Oriental del Río de la Plata,
rendición de la plaza de Montevideo y demás operaciones a
este fin, son las siguientes:
1a En cuanto a los principios de esta empresa, son muy
vastos y dilatados, no los principios ni los medios, sino los
fines de sus operaciones, porque, a la verdad, es la plaza de
Montevideo el único baluarte que considero se opondrá en
gran parte a nuestros designios, mediante a que no se logró
ya el golpe premeditado, conforme se proyectó el día 12 de
agosto del presente año, bajo la dirección del comandante de
infantería ligera de aquella plaza, don Prudencio Murgiondo,
y máxime cuando no tenemos una marina capaz y superior a
la que tiene la plaza de Montevideo, que entonces bloqueán-
dola por mar y estrechándola por tierra con una fuerza su-
ficiente, evidentemente aseguro que no necesitaríamos, en
caso semejante, más planes y combinaciones para su rendi-
ción; pero, como la suerte no cuadra completa, es preciso no
abandonándonos, premeditar los medios más conducentes.
2a En esta inteligencia, sentado por principio innegable
que una grande obra nunca se comenzó por sus extremidades,
y que cuanto más sólido es su cimiento, más perfecta es su
conclusión: en esta virtud, no es el golpe el que debe dirigirse
primero a la plaza de Montevideo, es realmente a los pueblos
de su campaña, y en esta suposición, es más fácil disuadir y
persuadir a diez que a ciento, y batir a veinte mil individuos
detallados que a diez mil en masa; en consecuencia de estas
exposiciones, habiéndose comunicado ya a los Comandantes
militares y Alcaldes de los pueblos de la Banda Oriental el
292 | Mariano Moreno

anuncio de la instalación de la Junta Gubernativa, a nombre


del señor don Fernando VII, en esta Capital, es preciso que
se capte la voluntad de aquéllos y de los eclesiásticos de todos
los pueblos, ofreciéndoles la beneficencia, favor y protección,
encargándoles comisiones y honrándolos con confianza y
aun con algunos meros atractivos de interés, para que, como
padres de aquellos pequeños establecimientos, donde se han
dado a estimar, hecho obedecer y obtenido opinión, sean
los resortes principales e instrumentos de que nos valgamos,
para que la instrucción de nuestra doctrina sea proclamada
por ellos, tenga la atención y el justo fruto que se solicita.
3a Además, debe pedirse a los alcaldes, comandantes y
curas de los pueblos, unas listas de los sujetos más capaces y
de más probidad, talento y respeto, con las demás circuns-
tancias de sus caudales y clases de ellos, que sean capaces
de poderlos ocupar en asuntos del servicio, y en la misma
forma a éstos se les debe agasajar y atraer, despachándoles
títulos de oficiales, y proveyendo en ellos algunos cargos de
los que se supriman a aquellos que no sean de la opinión de
los pueblos, pidiéndose al mismo tiempo a dichas justicias
una relación de todos los europeos, y sus circunstancias, los
que obtienen encargos o no, y los que son o dejan de ser del
concepto y opinión pública.
4a Luego, inmediatamente, debe determinarse que los al-
caldes, partidarios y demás jueces de la campaña publiquen
por bando, con toda forma la más solemne, que se les remi-
tirá de este Gobierno, la disposición que todos los desertores,
de cualquier regimiento, tiempo y cualesquiera circunstancias
que hayan precedido al tiempo de su deserción, presentándose
dentro de un término fijado, serán indultados y perdonados,
abonándoles su tiempo y borrándoles de sus filiaciones toda
nota, si quisieren continuar en el servicio; y para el efecto serán
Plan de Operaciones | 293

despachados a esta Capital, con una papeleta, por el juez del


partido donde se hubieren presentado, costeándoles su viaje de
los fondos de árbitros de los mismos pueblos.
5a En la misma forma, como he referido, debe irse ha-
ciendo publicar las demás providencias con alguna lentitud,
sin mostrar de golpe el veneno a los pueblos envejecidos en
sus costumbres antiguas; y así, luego deben de hacerse fijar
edictos en todos los pueblos y su campaña, para que cual-
quier delincuente de cualquier clase y condición que haya
sido su delito, y que hubieren causas abiertas en los respecti-
vos tribunales, presentándose y empleándose en servicio del
Rey, quedarán exentos de culpa, pena y nota, entregándose-
les las mismas causas para que no quede indicio alguno, bajo
el concepto de que a cada uno se le empleará conforme a
sus talentos y circunstancias; y en este caso, se previene a los
alcaldes y demás jueces remitan una información del concep-
to que entre la gente vaga y ociosa tiene cada individuo de
éstos, igualmente de su valor, influencia que tienen, talento y
conocimientos campestres, para distinguirlos en los puestos
de oficiales y otros cargos; que a éstos y otros muchos de
quienes es preciso valernos, luego que el Estado se consolide
se apartan como miembros corrompidos que han merecido
la aceptación por la necesidad.
6a Al mismo tiempo de darse estos pases, deben mandar-
se algunos agentes a cada pueblo, de conocimiento y con las
instrucciones necesarias que sean del caso, sin que propaguen
de golpe las especies de su misión, mandándolos recomen-
dados a las casas más principales, y de los jueces, tanto para
observar la conducta de éstos, como para sembrar la benevo-
lencia y buenas disposiciones del nuevo gobierno, lo justo de
él, su actividad en los negocios, los fines santos de conservar a
nuestro Soberano el preciso destino de la América del Sud, la
294 | Mariano Moreno

felicidad que nos promete, la igualdad y demás beneficios de


un gobierno sabio y benéfico; pero al mismo tiempo pintán-
doles la lucha de nuestra España, el gran poder de Napoleón,
las pocas disposiciones y recursos y la ninguna esperanza que
le quedan a la infeliz España, de cuyos resultados será indis-
pensable su total exterminio; y que los debates de algunos
pueblos de lo interior con la Capital, son sólo procedidos de
la avaricia y ambición al mando, queriendo negarle un dere-
cho tan antiguo y de preferencia; suponiendo al mismo tiem-
po que se dirigían las miras de aquellos antiguos gobernantes
hacia la entrega a Napoleón, y esto siempre con Fernando en
la boca, que igualmente el haber quitado algunos jefes y cas-
tigándolos, es porque habiéndoseles encontrado contestacio-
nes con la Francia, trataban de intrigar y adherir hacia las mi-
ras inicuas de Napoleón; y que relativo a estas consecuencias,
se había descubierto que las tropas que se habían desarmado
en el año de 809, fue ya con designio de apocar las fuerzas y
extenuar el Estado, con relación a las miras de entrega, cuyas
tropas trataba el nuevo gobierno de volver a armar bajo de
mejor pie y disciplina; éstas y otras disposiciones políticas
daré por separado en la obra anunciada, pues éste sólo es un
bosquejo de lo que debe observarse, y a estos agentes debe
señalárseles un sueldo competente para la subsistencia, con la
esperanza de atender sus servicios oportunamente.
7a Puesta la campaña en este estado, y surtiendo el efecto
que se promete por el régimen de estas operaciones, llenán-
dola de papeles públicos, seductivos y lisonjeros, que deben
remitirse todas las semanas, y captados los ánimos de sus ha-
bitantes, sería muy del caso atraerse a dos sujetos por cual-
quier interés y promesas, así por sus conocimientos, que nos
consta son muy extensos en la campaña, como por sus talen-
tos, opinión, concepto y respeto, como son los del capitán de
Plan de Operaciones | 295

dragones don José Rondeau y los del capitán de blandengues


don José Artigas; quienes, puesta la campaña en este tono, y
concediéndoseles facultades amplias, concesiones, gracias y
prerrogativas, harán en poco tiempo progresos tan rápidos,
que antes de seis meses podría tratarse de formalizar el sitio
de la plaza, pues al presente, para emprender estas ideas, no
deben hacerse con una fuerza armada, por lo que puede ar-
güir la maldad de algunos genios, cuando esta empresa no
ofrece ningún riesgo y nos consta muy bien que las fuerzas
de Montevideo no pasan de ochocientos hombres, y que to-
davía allí no se han tomado providencias para armar a sus
habitantes, y que su gobernador es tan inepto, que ni aun es
para gobernarse a sí mismo, y que dicha guarnición no es ni
suficiente para guardar la plaza de los atentados que nuestro
partido pudiera emprender, por los recelos que deben causar-
le nuestras observaciones.
8a Además, teniendo, como he dicho, espías en los
pueblos, comunicando éstos todas las noticias particulares
y verdaderas que ocurran de cualquier clase que sean, debe
también tener el Gobierno en esta Capital seis u ocho sujetos
que se empleen en escribir cartas anónimas, ya fingiendo o
suplantando nombres y firmas supuestas, tanto para la plaza
de Montevideo, como para la campaña, en que su contenido,
v. gr., sea el siguiente:
Debe suponerse, en su sentido, que se ha recibido cartas
de alguien, a quien se contesta; en ellas se ha de expresar el
acuse de recibo de aquellas noticias que se han tenido verda-
deras, por los agentes, para dar un color sublime a la aparien-
cia, suponiendo igualmente diversidad de impostura, ya de
que queda orientado, de que le comunicará todas las opera-
ciones públicas y secretas, o ya de que conoce su patriotismo
acerca de la causa de la Patria, de cuyo queda satisfecha el
296 | Mariano Moreno

Gobierno, o ya de ofertas que se suponga haya hecho, y otras


cartas sean mandadas por diferentes conductos, cuando se
proporcione, con encargo reservado de manifestarlas y hacer-
las interceptar por los gobernadores, satélites y demás justi-
cias de Montevideo, ya porque por el tribunal de vigilancia o
por el gobierno, han de ser abiertas, las cuales con apariencias
de unas demostraciones tan convincentes, por muchas razo-
nes que expongan aquellos sujetos a quienes se dirigen dichas
cartas, y aunque juren no conocer semejantes firmas, y pro-
testen que son imposturas, últimamente, por muchos alega-
tos que expongan, nunca podrá dejar el gobierno de parar su
atención, y mirarlos como sospechosos, cuando aparezcan a
la vista comprobados unos datos tan positivos con cosas verí-
dicas, como, v. gr., el acuse de noticias y disposiciones que el
gobierno y las justicias han tomado de antemano, real y ver-
daderamente, siendo conforme lo pintan las cartas; de aquí
resulta además que por mucho que se le oculte al pueblo, no
puede dejar éste de trascender algo, y por cuya combinación
indisponemos de esta forma los ánimos del populacho con
los de aquellos sujetos de más carácter y caudales, a quie-
nes se haya enviado algunas de aquellas cartas, que podrían
servir y ayudarles en su empresa y con sus talentos o bienes,
los que viéndose vilipendiados y calumniados, no harán una
mitad de lo que podrían hacer en favor de aquélla, y, tal vez,
algunos, enconados sus espíritus, abandonando o trayéndo-
se consigo la parte de sus bienes que puedan salvar, en las
ocasiones que haya proporción, tomen el partido de salirse
afuera de la plaza, y venirse a nuestros territorios; de lo que
resulta infinidad de adelantamientos con esta propagación de
imposturas, y que cuantos más hombres de caudales y adictos
tengamos, más recursos se nos presentan, y a nuestros enemi-
gos muchos menos. Para estos ardides nos franquea un mar-
Plan de Operaciones | 297

gen absoluto la diversidad de opiniones y divisiones en que


están las familias, pues unas son de un bando, otras de otro;
y, por lo tanto, se deben escribir las cartas de padres a hijos,
de tíos a sobrinos, de mujeres a maridos, etc., y además por
este orden, con cuya idea no puede dudarse, logremos dividir
los ánimos e indisponerlos de tal manera que quizá causemos
disensiones y convulsiones populares, de que podemos sacar
mucho fruto, sembrando entre ellos mismos la semilla de la
discordia y desconfianza.
9a Las cosas, en el estado que la antecedente reflexión
menciona, presentan ya ocasiones que no deben desperdi-
ciarse, mandando inmediatamente a los pueblos del Uruguay
y demás principales de la campaña, una fuerza de quinien-
tos a seiscientos hombres con oficiales, sargentos, cabos y
demás, para que sirviendo de apoyo se vayan organizando
en los mismos pueblos algunos escuadrones de caballería y
cuerpos de infantería, teniéndose presente el haberse atraído
ya a nuestro partido y honrándolos con los primeros cargos,
a un Barde, negro, a un Baltasar Bargas, o a los hermanos
y primos de Artigas, a un Benavídez, a un Vázquez, de San
José, y a un Baltasar Ojeda, etc., sujetos que, por lo conocido
de sus vicios, son capaces para todo, que es lo que conviene
en las circunstancias, por los talentos y opiniones populares
que han adquirido por sus hechos temerarios; y después de
éstos aquellos de quienes se tenga informe por los jueces, y
lo que estos mismos propongan, para que yéndose formando
algunos cuerpos de tropas e instruyéndose en el arte militar,
mandándoles de aquí todo lo que fuera menester, se alisten
y comiencen a hacer algunas correrías, y a hacerse obedecer a
la fuerza, y no a las consideraciones.
10a Ya alarmados los pueblos y unidas las fuerzas en
masa, mandando de aquí los jefes y una mitad de oficiales, a
298 | Mariano Moreno

lo menos, de los más instruidos, que se hallan agregados en


los tercios de esta Capital, uniformándolos y pagándoles sus
sueldos corrientes, se podrá comenzar a invadir y adelantar
terreno hacia la plaza de Montevideo, para ir alarmando, y
protegiendo el sistema de aquellos pueblos inmediatos que
están bajo la garantía de aquélla, proveyéndoles al mismo
tiempo de trenes, tiendas de campaña y demás necesario.
11a Ya en este caso, ningunos podrán ser más útiles para
los adelantamientos de esta empresa, que don José Rondeau,
por sus conocimientos militares adquiridos en Europa, como
por las demás circunstancias expresadas, y éste para general
en jefe de toda la infantería; y para la caballería, don José
Artigas, por las mismas circunstancias que obtiene con rela-
ción a la campaña; y verificándose estas ideas, luego inmedia-
tamente debe de mandarse de esta Capital el número de tres a
cuatro mil hombres de tropa arreglada, con la correspondien-
te plana mayor de oficiales para el ejército, de conocimientos,
talentos y adhesión a la Patria, con el plan de combinaciones
y operaciones militares que deben observar, con las amplias
facultades de obrar en todo lo demás según les pareciere más
adecuado a sus conocimientos y circunstancias.
Nota. – Queda de mi cargo presentar un plan de las
instrucciones militares que deben regir las operaciones de la
campaña que se haga para la rendición de Montevideo, con
todas las circunstancias más posibles para asegurar toda su
campaña a nuestro favor en poco tiempo.
12a Los hacendados que por seguir el partido contrario
abandonasen sus casas, criados y haciendas, se les llamará por
edictos públicos, y si a los terceros no compareciesen, se con-
siderarán sus haciendas, ganados, caballadas y demás que sean
de su pertenencia, como bienes legítimos de la patria y servirán
para la manutención del ejército en la dicha campaña.
Plan de Operaciones | 299

13a Además, con las proclamas seductivas, halagüeñas y li-


sonjeras, con las frases de Libertad, Igualdad y Felicidad, se les
estimulará a que concurran los vecinos de la Banda Oriental con
aquellos auxilios de carros, carretas, caballadas, boyadas y otros
que sean menester para el tránsito y conducción de las divisio-
nes del ejército en sus marchas, entusiasmándolos con papeles y
certificados de buenos servidores, que se les dará por los jefes de
destacamentos y demás oficiales a quienes auxiliasen, a nombre
del Gobierno Superior, mandándose de aquí en medios pliegos
de papel, documentos impresos, dejándose los correspondientes
blancos para llenarlos con las correspondientes circunstancias
que sean del caso, y si se denegasen a prestar aquellos auxilios
correspondientes, se les hará comprender que les tendrá por ma-
los servidores y sospechosos a la causa que se defiende.
14a Luego, en el acto de rendirse la plaza de Montevideo,
todo buque grande y pequeño, y cualquier flotante de cual-
quier clase y condición que sea, no siendo inglés, portugués,
americano, o de otra cualquier nación de las amigas o neutra-
les, o de individuos que tengan dadas pruebas de adhesión a la
causa, por hechos u otras circunstancias, aun cuando existan
dentro de la plaza de Montevideo, todos los demás serán con-
fiscados a beneficio del Estado, comprendiéndose asimismo
todo buque español que se halle en la bahía de dicho puerto,
con sus cargamentos y resultados, aun cuando sean sus dueños
individuos que justifiquen no haber intervenido en favor ni
en contra, mediante a que son los principales enemigos contra
quienes hacemos la guerra, en defensa de nuestra libertad.
15a Todas las fincas, bienes raíces y demás de cualquiera
clase, de los que han seguido la causa contraria, serán secues-
trados a favor del erario público; igualmente los bienes de los
españoles en quienes concurran las circunstancias expresadas
en la reflexión antecedente.
300 | Mariano Moreno

16a Igualmente deben ser secuestrados todos los bienes


de todos los individuos de cualquiera clase y condición que
sean, que se hayan hallado dentro de la plaza de Montevideo,
al tiempo de su asalto o evacuación, exceptuando los de aqué-
llos que dejo explicados ya en la reflexión número 14; y en la
misma forma será exceptuada la parte de bienes que toque a
los hijos o herederos forzosos de los individuos que se hayan
encontrado dentro de la plaza y que les quepa la fuerza de la
ley, si aquellos han seguido nuestra causa, en servicio o no,
habiéndose hallado fuera de la plaza, dándoles y poniéndolos
en posesión de la parte que les toque, se confiscará la parte
paterna o materna, y si madre o padre se hubiesen hallado
también fuera de la plaza, sólo se confiscará la parte que per-
tenezca a aquella persona que teniendo derecho forzoso, se
hubiese hallado dentro de la plaza, y consiguientemente se
deja entender que no podrán ser decomisados ningunos bie-
nes que estando dentro de la plaza pertenezcan a alguien que
no exista en ella y los que hubiesen sido vendidos o embar-
gados por el gobierno de Montevideo, será nula y de ningún
valor su venta, y serán devueltos a sus legítimos dueños, su-
friendo este quebranto el que hubiese comprado.
17a Serán desterrados todos los españoles y patricios y
demás individuos que no hayan dado alguna prueba de ad-
hesión a la causa con antelación, y los extranjeros, si estando
avecindados no justificasen haberse mantenido neutrales, y
serán conducidos a los destierros de Malvinas, Patagones, y
demás destinos que se hallasen por conveniente.
18a Todos los que después de sufrir la pena de secuestro
en la parte que les toque, no quisiesen sufrir la de destierro,
que será de quince años, y fuesen aptos para servir a la Patria
en los ejércitos, se les alistará, si voluntariamente quisieren,
teniéndose esta consideración con aquellos en quienes ha-
Plan de Operaciones | 301

yan concurrido algunas circunstancias de atención, que con


aquellos, en quienes no concurran ningunos miramientos ni
hayan concurrido, se les alistará en los ejércitos, detallándo-
los en diferentes regimientos, y será por el término de quince
años el tiempo de su empeño.
Los que no queriendo alistarse voluntariamente de los ya
referidos, siendo aptos, sin achaques, ni imposibilidad alguna
por edad u otras circunstancias, serán destinados a los trabajos
públicos; y los que por imposibilidad, achaques o edad no fue-
sen aptos, éstos serán conducidos a los referidos destierros para
que cumplan únicamente su tiempo, sin agobiarles con prisio-
nes ni trabajo alguno y manteniéndolos con la ración compe-
tente y demás necesario a las circunstancias que han concurri-
do en sus personas, por cuenta de los fondos públicos.
19a Consiguientemente, con los gobernadores, jefes de
la plaza, plana mayor y demás magistrados y sujetos en quie-
nes concurran las circunstancias expresadas en la reflexión 7ª,
artículo 1°, mediante a las causas que dicha reflexión instru-
ye, se procederá con arreglo a ella en todas sus partes.
20a Después de tomar este orden los acontecimientos, se
pasará a tratar sobre las órdenes que sean concernientes para ar-
mar y tripular los buques que fueren aptos para respeto, defen-
sa y demás operaciones que fueren necesarias, no tripulándolos
con marina española, para precaver cualquier accidente; e igual-
mente se procederá por comisiones, que se nombrarán por el
Superior Gobierno, a la realización de los remates de bienes, fin-
cas y raíces, despachándose para el efecto noticias a lo interior de
los pueblos, de sus cantidades o especies, para los que quisieren
entrar a los remates, por pequeñas o grandes partes, exceptuán-
dose esta cláusula con los bienes que no sean movibles.
En la obra anunciada daré más pormenores, otras máxi-
mas de las que pueden ser conducentes a este artículo.
302 | Mariano Moreno

Artículo 3° – En cuanto al método de las relaciones


que las Provincias Unidas deben entablar secretamente en
la España para el régimen de nuestra inteligencia y gobier-
no, es el siguiente:
1a Deben de recogerse por la Excelentísima Junta, tanto
del Cabildo de esta Capital, como de todos los de la Banda
Oriental y demás interiores del Virreinato, actas o represen-
taciones que los dichos pueblos hagan a la autoridad que ac-
tualmente manda en los restos de la España, en cuyas deben
expresar las resoluciones y firmeza con que, poniendo todos
los medios posibles, se desvelan para conservar los dominios
de esta América para el señor don Fernando VII y sus suceso-
res, a quienes reconocen y reconocerán fiel y verdaderamente
en vista de la peligrosa lucha, y que sus intenciones y fines
legítimos no son ni serán otros; que cualquier especie o in-
formes dados por algunos jefes, será una impostura que harán
por fines privados; que el haberlos suspendido de sus encargos
ha sido por demasiado celo de los pueblos, a cuya voz han
tenido que sucumbir, considerándolos a éstos como miem-
bros creados por el antiguo gobierno corrompido, llenos de
vicios y traidores, además de otros justos motivos que les han
asistido por incidentes y pruebas de infidelidad e intrigas, de
cuyos acontecimientos reservan, para su debido tiempo, do-
cumentos justificativos y originales; que la América nunca se
halló en tanta decadencia como en el presente, por la poca
energía y mal gobierno; que el haber desarmado las autori-
dades de la Capital el año antecedente los cuerpos o tercios
que se hallaban sobre las armas de los europeos, bajo de otros
pretextos que entonces se fingieron, y retirado la mayor parte
de las milicias que igualmente se hallaban en servicio, ha sido
descubierta esta trama, que no fue sino con concepto hacia las
miras capciosas que la autoridad reservaba, de entregar estos
Plan de Operaciones | 303

países a Francia, según las correspondencias que se han descu-


bierto con ésta; que desde el gobierno del último virrey se han
arruinado y destruido todos los canales de la felicidad pública,
por la concesión de la franquicia del comercio libre con los
ingleses, el que ha ocasionado muchos quebrantos y perjuicios;
que igualmente disensiones populares en algunos pueblos son
únicamente la causa de que dividiéndose las opiniones quie-
ren negar no solamente la obediencia a la Capital, sino aun a
los mismos magistrados de sus pueblos, por cuya circunstancia
se han tomado las precauciones del envío de algunas tropas a
ellos para castigar a los rebeldes que, queriendo formar parti-
dos a la capa de los antiguos magistrados, siembran especies se-
ductoras, para perpetuar en el mando a sus favoritos; también
debe hacerse presente cuantos vicios y tachas hayan tenido los
antiguos magistrados, exagerándolas en la más debida forma.
2a En esta inteligencia, todas las representaciones de los
cabildos, bajo éstas y otras circunstancias de las cuales se les
instruirá, deben ser todas unánimes y conformes en el senti-
do literal de sus contenidos, con la diferencia de las circuns-
tancias que cada una de ellas tengan que añadir con respecto
a la conducta privada de sus gobernantes, sin omitir de ins-
truir igualmente a todos los cabildos de los papeles públicos
que Liniers y Cisneros dieron a luz, en los cuales se contenían
aquellas proclamas que causaron tantas agitaciones; como de
todas las referidas tramas del referido Liniers, cuando la capi-
tulación con los ingleses, de las circunstancias precedidas con
el emisario francés que mandó Napoleón, y su corresponden-
cia con éste por medio de don Juan Perichón. En fin, debe
ponerse en práctica cuanto sea concerniente a entretener y
dividir las opiniones en la misma España y haciendo titubear
y aparentar por algún tiempo hasta que nuestras disposicio-
nes nos vayan poniendo a cubierto.
304 | Mariano Moreno

3a En los mismos términos, deben todos los cabildos


hacer presente la energía y lo justo del nuevo gobierno, el
que se esmera en fomentar las artes, agricultura e indus-
tria, para cuyo efecto se toman con la mayor actividad
las providencias, de cuyas se esperan sean muy felices sus
resultados; que igualmente se va creando un número su-
ficiente de tropas bajo la exacta disciplina, a fin de poner
a cubierto estos preciosos países de alguna tentativa por
el tirano de la Europa, cuyo número de ellas no bajará de
veinte a veinticinco mil hombres; que asimismo se trata
del fomento de los minerales de oro y plata, cuyos resul-
tados serán pruebas fidedignas, luego que se cubran los
gastos que la mutación del gobierno ha causado, mandan-
do los socorros que sean posibles para ayuda de la lucha
contra el tirano de la Nación.
4a Estas y otras clases de exposiciones por diferentes es-
tilos, de los varios acontecimientos y casos que favorezcan
nuestras ideas, deben ser pintadas y expuestas con viveza y
energía, doradas al mismo tiempo con el sublime don de la
elocuencia, acompañadas con algunos datos y documentos
positivos, que reunidas con la unión de votos e informes de
unas tan vastas provincias, ¿qué carácter no deben imprimir
y qué fuerza no deben de hacer un cúmulo de combinaciones
con todas las formalidades del derecho?
5a En la misma forma y dirigidas al mismo fin, en igua-
les términos, deben acompañar expedientes de cada pueblo,
informados por treinta, cincuenta o cien de los sujetos más
conocidos y condecorados, ya por sus negocios, riqueza u
otras circunstancias, a que ninguno será capaz de negarse,
cuando no hay un principio conocido y radical de nuestro
fin, cuando además el terror les obligará a estas declaracio-
nes, y reuniéndose todas estas circunstancias en la forma ex-
Plan de Operaciones | 305

presada, deben mandarse por una comisión secreta de tres


hasta cinco individuos, que sean de talento, que atesoren
el don de la palabra, y últimamente que sean adornados
de todas las cualidades necesarias para que presentados a
la autoridad suprema que en la actualidad gobierna, repre-
senten con el mayor sigilo los fines de su comisión y docu-
mentos que acompañen, y, sorprendiéndola de esta suerte,
conseguiremos que nuestros enemigos no antepongan sus
influjos y gestiones hasta que a lo menos hayamos sido oí-
dos, entreteniendo asimismo alguna parte del tiempo con la
diversidad de opiniones y conceptos que formarán.
6a Estas mismas negociaciones deben entablarse con el
mismo fin, por diferentes diputaciones, en el gabinete inglés
y portugués, para que como aliados de la España y enemigos
de la Francia, vean que llevamos por delante el nombre de
Fernando y el odio a Napoleón, para que, junto con otras
relaciones que debemos entablar en estos gabinetes, no se nos
niegue los auxilios que necesitemos sacar de sus estados por
nuestro dinero, como armas, municiones, etc., y a lo me-
nos que, suspendiendo el juicio mantengan una neutralidad,
cuando además, a unas distancias inmensas poco o nada po-
drán labrar, ni asegurar los papeles públicos de nuestros ene-
migos, compareciendo igualmente los nuestros; y viendo que
todos aborrecemos a Napoleón y confesamos a Fernando,
careciendo precisamente de conocimientos interiores en la
materia, resulta que no pueden perjudicarnos sus juicios, res-
pirando todos un mismo lenguaje, y hasta podrán dudar por
algún tiempo cuál sea el partido realista; no diré que estas
tramas no puedan descubrirse, pero poco cuidado debe dár-
sele a la Patria, si se le franquea tiempo para ir realizando
sus miras, y estorbando que la España pueda remitir algunas
tropas en la infancia de nuestro establecimiento.
306 | Mariano Moreno

7a También será muy del caso que nuestra diputación,


con la mayor reserva, seduzca y atraiga de la España, algu-
nos oficiales extranjeros o nacionales, que sean de talento,
o facultades en alguno de los ramos militares, fundidores o
que posean algún arte de los que carecemos y nos son muy
del caso, ofreciéndoles premios y distinciones e igualmente el
viaje hasta esta América.
En la obra anunciada también se comprenderán algu-
nas reflexiones acerca de las relaciones que estos diputados
deben entablar en una clase de negociación, ya explicada en
este último artículo.

Artículo 4° – En cuanto a la conducta que debemos


mantener con Portugal y la Inglaterra, como más propia,
es la siguiente:
1a Nuestra conducta con Inglaterra y Portugal debe ser
benéfica, debemos proteger su comercio, aminorarles los
derechos, tolerarlos y preferirlos, aunque suframos algunas
extorsiones; debemos hacerles toda clase de proposiciones
benéficas y admitir las que nos hagan; igualmente debemos
proponerle a la Inglaterra un plan secreto, que daré por sepa-
rado, con consulta del Gobierno Provisional, sobre algunas
ideas, las cuales proporcionan verdaderamente ventajas que
su comercio puede sacar de estos preciosos países, las que
no puede dejar de admitir, siendo ventajosas a las conocidas
ideas de un sistema actual y a las que propenderán nuestros
medios y esfuerzos, para que mire la justicia de nuestra causa,
los fines de ella, que son los que los papeles, públicos relacio-
nan y manifiestan, las causales que nos han movido, cuyas
son las mismas que presentan los cabildos, gobiernos e in-
formes de los pueblos; asimismo los bienes de la Inglaterra y
Portugal que giran en nuestras provincias deben ser sagrados,
Plan de Operaciones | 307

se les debe dejar internar en lo interior de las provincias, pa-


gando los derechos como nacionales, después de aquellos que
se graduasen más cómodas por la introducción; últimamen-
te, haciendo sacrificios, debemos atraernos y ganar las volun-
tades de los ministros de las cortes extranjeras y de aquellos
principales resortes de los gabinetes, aunque sea a costa del
oro y de la plata, que es quien todo lo facilita.
2a Persuadidos de que Portugal, por los distintos intere-
ses que le ligan con la Corona de España, tanto por la unión
y alianza presente, el parentesco con Fernando, y los dere-
chos que tienen sus sucesores a aquella corona, cuyas gestio-
nes a esta América son bien notorias por la señora princesa
Su Alteza Real Doña Carlota Joaquina de Borbón, hechas
por su agente o enviado don Felipe Contucci, es consiguiente
que empeñada la plaza de Montevideo y puesta en apuros,
se den, a esfuerzos de dicha señora, los socorros de tropas y
demás necesario, y a pesar de las disposiciones que podamos
poner en práctica para estorbarlo, no debemos dudar se den
aquellos auxilios; y en este caso es preciso usar de toda la fuer-
za de la estratagema y el ardid para los diferentes fines, y antes
que las tropas lleguen, no debemos omitir tocar todos los re-
sortes que sean posibles en la corte de Brasil, con los primeros
magistrados y principalmente con el embajador inglés.
3a En esta suposición, en primer lugar, debemos ga-
narnos las voluntades con dádivas, ofertas y promesas de los
primeros resortes inmediatos al gobierno de Montevideo,
porque, como legos que son sus gobernantes, y que en nada
proceden, ni deliberan sin asesores, secretarios, y consultores,
éstos con su influjo, pareceres y consejos, empleando toda su
fuerza con una política refinada, le harán concebir al gobierno
con las instrucciones que reservadamente le enviemos, luego
de asegurar su influjo: que Portugal procede de mala fe, que
308 | Mariano Moreno

se mire a los antecedentes de las reclamaciones que la señora


princesa tiene hechas, no sólo a la Capital de Buenos Aires,
sino a la corte de España con relación a sus derechos; que
asimismo se premediten a fondo los autos y antecedentes re-
mitidos por el embajador Casa Irujo; de suerte que, reunidas
todas estas circunstancias unas con otras y demás datos que al
mismo tiempo daremos nosotros por separado, le inclinamos,
cuando la plaza no se hubiese rendido ya, y los portugueses
nos apurasen, a que tratemos de un armisticio o composición;
y últimamente el fin es que nuestros influjos, exposiciones y
dinero proporcionen enredar al gobierno de Montevideo con
el gabinete de Portugal, por medio de sus mismos alegatos,
indisponiendo los ánimos de ambos con las tramas e intri-
gas, que éstas aquí no pueden figurarse, porque además que
son susceptibles de variar con los acontecimientos que vayan
sucediendo, sería excusado exponer algunas de ellas; pues el
resultado es que a costa de proposiciones ventajosas y sacrifi-
cios del oro y la plata, no dudemos que guiadas las cosas por
el embajador inglés, que es el resorte más esencial y principal
que gobierna y dirige, por sus respetos, las operaciones del
gabinete del Brasil, alcancemos cuanto queramos.
4a Los movimientos de las tropas, que según tenemos no-
ticias extensas, han de moverse de San Pablo, Río Pardo, y
demás del Río Grande, en principios o fines de octubre, bajo la
dirección del Capitán General de la Capitanía de Río Grande
del Sud, don Diego de Souza, nos aseguran que tienen algunos
fines, y que nuestros cálculos por los informes no pueden fallar,
y, cuando llegasen probablemente a verificarse, debemos tam-
bién con antelación tomar todas las medidas conducentes a lo
menos para entretener la morosidad de sus jornadas, valiéndo-
nos de quitarles todo auxilio de caballadas, ganados, carretas, y
demás que puedan ayudarles a la rapidez de sus marchas.
Plan de Operaciones | 309

Consiguientemente, según las noticias radicadas que te-


nemos por los agentes, y sujetos de nuestra parcialidad, en
aquellos destinos de Río Grande, sobre la conducta corrom-
pida del tal Souza, según cada uno la pinta indistintamente,
como si todos de mancomún acuerdo hubieran uniformado
sus pareceres, nos dan margen a darles el mayor ascenso, que
el dicho Souza es, como nos dicen, lleno de vicios, mal visto
de todos, adusto y de poco concepto público, venal escanda-
loso, apegado al interés y al negocio; de suerte que un hombre
de estos principios no sirve sino para descontentar los ánimos
y hacer infructuosas las más de las veces las diligencias de sus
tareas, y por de contado un carácter como éste, es para todo y
capaz de todo; por el oro y otras consideraciones que se ten-
gan con él, cuando no en el todo de nuestras intenciones, lo
podemos atraer, a lo menos en alguna parte que nos sea ven-
tajosa, concurriendo igualmente las circunstancias del crédito
que tiene y goza en la corte con los primeros ejes de aquella
monarquía, cuyos motivos le amplían y franquean todo pro-
cedimiento que pueda usar bajo la garantía que disfruta, por
la que y con sus informes como jefe del ejército, los que deben
ser atendidos, por la confianza que de él se haga, pueden ser
causales, y de las más principales, para coadyuvar a las miras
de nuestros intentos, cerca de nuestras reflexiones.
5a Últimamente, cuando hay poca esperanza de éxito de
un negocio es máxima de los más grandes talentos arrojarse
a una deliberación la más arriesgada; y en esta inteligencia
debemos proponer a la Inglaterra que, para que mantenga
su neutralidad y la corte del Brasil abandone la causa de
Montevideo, la persuada con pretextos que se hacen a su au-
toridad y respetos, por algún gobierno de Montevideo (que
un gran talento acompañado de dignidad y concepto, es ca-
paz de hacerse concebir semejantes ideas); que igualmente,
310 | Mariano Moreno

con reserva y sigilo, se nos franquee por la corte de Inglaterra


los auxilios de armamentos, y demás necesarios por los justos
precios; que bajo el respeto de su bandera se conduzcan nues-
tros diputados a los parajes de ultramar donde se les destine;
asimismo siempre que por el Río de la Plata tengan nuestros
diputados o comisionados que desempeñar algunos encargos
o conducciones de municiones, armamentos o caudales de
esta Capital a la Banda Oriental; y en la misma forma cuan-
do necesitemos sean conducidos bajo su bandera diputados
nuestros, que se dirijan a la plaza de Montevideo con algunas
proposiciones o avenencias, mediante a que nosotros no te-
nemos marina alguna, y nuestros enemigos tienen inundado
todo el Río de la Plata y sus canales con infinidad de buques,
los que pudieran las más de las veces interceptarnos nuestros
recursos; y ésta bajo la protección de un disimulo político.
6a En la misma forma debemos solicitar de la Inglaterra,
transando la cuestión por principios combinados, que declare
públicamente aquel gabinete que por ningún pretexto se halla
obligado a aquella corte, a pesar de la liga ofensiva y defensiva,
contra el tirano de la Europa, a sostener en las disensiones do-
mésticas una parte, o partes de la monarquía española, contra
otras de la misma, por diferencias de opiniones, del modo
cómo deben ser reglados sus respectivos gobiernos, siempre
que no desconozcan a Fernando, y al mismo tiempo acrediten
por obras y palabras el odio al tirano de la Francia.
7a Y en consecuencia de las varias exposiciones propues-
tas, benéficas y ventajosas, que nuestros agentes deben enta-
blar en aquel gabinete, como un tratado reservado debemos
proponerle también, y obligándonos en toda forma, a que
siempre que la España quedase subyugada por la Francia,
y aun cuando no la subyugase (cuyo caso está muy remoto
por las apariencias) y aquel gabinete nos protegiese reserva-
Plan de Operaciones | 311

damente, con los auxilios y demás circunstancias que gra-


duemos, para el efecto de realizar nuestra independencia,
haremos entonces una alianza ofensiva y defensiva, prote-
giéndonos mutuamente en aquellas circunstancias con toda
clase de auxilios, y ésta a lo menos por el término de veinte
a veinticinco años; por condiciones que entonces se tratarán
entre ambos gabinetes, bajo un acomodamiento o proposi-
ciones más adecuadas, propias y benéficas a los intereses de
ambas naciones, haciéndole al mismo tiempo señor de la isla
de Martín García, cuyo plano debe mandarse sacar con to-
das las circunstancias de su magnitud interior, extensiones,
aguas, frutos y calidad de su temperamento y puerto; para
que, poblándola como una pequeña colonia y puerto franco
a su comercio, disfrute de ella como reconocimiento de gra-
titud a la alianza y protección que nos hubiese dispensado en
los apuros de nuestras necesidades y conflictos.

Artículo 5° – En cuanto a las comisiones que deben


entablarse por nuestros agentes en lo interior y demás pro-
vincias dependientes de este gobierno, para consolidación de
nuestro sistema, son las siguientes:
1a En cuanto a este artículo, creo que tengo dado ya
algunas ideas de los fines y comisiones que nuestros agen-
tes deben desempeñar en lo interior de las provincias del
Virreinato, pero añadiré que, como sus comisiones en los
pueblos que estén a nuestra devoción no necesitan ser ocul-
tas, aun cuando algunos de sus fines lo sean, deben obser-
var éstos, con particularidad y atención, la conducta de los
nuevos gobernantes y empleados, como la opinión del pú-
blico, con lo demás que sea del caso poner en la noticia del
Gobierno, para su inteligencia y deliberaciones, reservando
aquellos puntos en que se les instruya por separado en las
312 | Mariano Moreno

instrucciones secretas o públicas; al mismo tiempo supliendo


con su energía y talento la falta de imprentas en aquellos pue-
blos, circulando por papeles manuscritos algunos periódicos
alusivos al sistema, a fin de que con esta política se atraiga
con la nueva doctrina, y se excite a sus habitantes a abra-
zar deliberadamente la causa de la libertad de la Patria; estos
agentes necesitan ser hombres de algún talento, ilustración
e instruidos en las historias, y que juntamente atesoren el
sublime y raro don de la elocuencia y persuasiva, y además
adornados de cualidades y circunstancias que los caracteri-
cen, para que se forme concepto y respeto de su persona; y a
éstos se les debe pasar estas especulaciones.
2a En los pueblos enemigos que aún no hubieren su-
cumbido, donde tengan que mantenerse bajo el pie de unos
simples comerciantes, será de su conato, siempre que haya
ocasión, participar todos los resultados (sin comprometerse
a sí ni a ninguno) de aquellas comisiones ocultas que se les
confiera por medio de las instrucciones que se les dé, pero
como los acasos derivados unos de otros, después de algunas
reflexiones generales que tengo ya hechas, no me es posible
proponer los que las ocasiones deben facilitar.

Artículo 6° – En cuanto a los arbitrios que deben adop-


tarse para fomentar los fondos públicos luego de que el Perú
y demás interior del Virreinato sucumban, para los gastos de
nuestra guerra, y demás emprendimientos, como igualmente
para la creación de fábricas e ingenios, y otras cualesquiera in-
dustrias, navegación, agricultura, y demás, son los siguientes:
1a Entremos por principios combinados, para desenvolver
que el mejor gobierno, forma y costumbre de una nación es
aquel que hace feliz mayor número de individuos; y que la me-
jor forma y costumbres son aquellas que adopta el mismo nú-
Plan de Operaciones | 313

mero, formando el mejor concepto de su sistema; igualmente


es máxima aprobada, y discutida por los mejores filósofos y
grandes políticos, que las fortunas agigantadas en pocos indi-
viduos, a proporción de lo grande de un estado, no sólo son
perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando
no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ra-
mos de un estado, sino cuando también en nada remedian las
grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad;
demostrándose con una reunión de aguas estancadas, cuyas no
ofrecen otras producciones sino para algún terreno que ocu-
pan, pero si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las
partes de una a otra, no habría un solo individuo que no las
disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsis-
tencia política, sin menoscabo y perjuicio.
2a También sentaré el principio, para después deducir,
que cuando se proyecta una negociación reflexionando su
origen, medios y fines, e igualmente combinando sus resulta-
dos bajo de datos positivos comprobados, de cuyos cálculos
resulta evidentemente una cierta y segura utilidad, sería un
entendimiento animado de la torpeza, aquel a quien propor-
cionándosele todos los recursos necesarios para una empresa
semejante, no la emprendiese por falta de ánimo y nimiedad
de espíritu, y en consecuencia de ambos axiomas, contestan-
do a la primera proposición digo:
¿Qué obstáculos deben impedir al Gobierno, luego de
consolidarse el Estado sobre bases fijas y estables, para no
adoptar unas providencias que aun cuando parecen duras en
una pequeña parte de individuos, por la extorsión, que pueda
causarse a cinco o seis mil mineros, aparecen después las ven-
tajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas,
artes, ingenios y demás establecimientos en favor del Estado
y de los individuos que las ocupan en sus trabajos?
314 | Mariano Moreno

3a Consiguientemente deduzco, que aunque en unas pro-


vincias tan vastas como éstas, hayan de desentenderse por lo
pronto cinco o seis mil individuos, resulta que como recaen las
ventajas particulares en ochenta o cien mil habitantes, después
de las generales, ni la opinión del Gobierno claudicaría ni per-
dería nada en el concepto público cuando también después de
conseguidos los fines, se les recompense aquellos a quienes se
gradúe agraviados, con algunas gracias o prerrogativas.
Igualmente deduzco también de qué sirven, verbigra-
cia, quinientos o seiscientos millones de pesos en poder de
otros tantos individuos, si aunque giren, no pueden dar el
fruto ni fomento a un estado, que darían puestos en dife-
rentes giros en el medio de su centro, facilitando fábricas,
ingenios, aumento de agricultura, etc., porque a la verdad
los caudales agigantados nunca giran ni en el todo, ni siem-
pre y, aun cuando alguna parte gire, no tiene comparación
con el escaso estipendio que de otra manera podría produ-
cir el del corto derecho nacional, y tal vez se halla expuesto
a quiebras, lo que en la circulación del centro mismo del
estado no está mayormente expuesto a ellas; y resulta asi-
mismo, además de lo expuesto, que haciéndose laboriosos
e instruidos los pueblos de una república, apartándolos del
ocio y dirigiéndolos a la virtud, prestan una utilidad con
el remedio de las necesidades que socorren a los artesanos,
fomentando al mismo tiempo cada país.
4a En esta virtud, luego de hacerse entender más clara-
mente mi proyecto, se verá que una cantidad de doscientos o
trescientos millones de pesos, puestos en el centro del Estado
para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc.,
producirá en pocos años un continente laborioso, instruido
y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de
lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no
Plan de Operaciones | 315

hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vi-


cio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben
evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a
más oro de lo que pesan; pero como esta materia no sea de
este tratado, paso a exponer los medios que deben adoptarse
para el aumento de los fondos públicos.
5a En consecuencia, después de limpiar nuestros te-
rritorios totalmente de los enemigos interiores y asegurar
nuestra independencia, tanto para cubrir los empeños del
Estado, como para nuestros emprendimientos y demás que
sean necesarios, débese, tomando las providencias por ban-
dos, papeles públicos y beneplácito de todos los pueblos
por sus representantes, proponiendo los fines de tal em-
prendimiento, manifestando las ventajas públicas que van
a resultar tanto al pobre ciudadano como al poderoso, y en
general a todos, poniendo la máquina del Estado en un or-
den de industria que facilitará la subsistencia a tantos miles
de individuos, y es que después de estas precauciones políti-
cas, se prohiba absolutamente que ningún particular trabaje
minas de plata u oro, quedando el arbitrio de beneficiarla y
sacar sus tesoros por cuenta de la Nación, y esto por el tér-
mino de diez años (más o menos) imponiendo pena capital
y confiscación de bienes, con perjuicios de acreedores y de
cualquier otro que hubiere derecho a los bienes de alguno
que infringiese la citada determinación o mandato, para
que con este medio no se saque, ni trabaje ocultamente en
algunos destinos ninguna mina de plata u oro, y además los
habilitadores, herederos y acreedores que tengan derecho
a los bienes de algún individuo, lo estorben, celen, y no lo
permitan, pues sin otra pena más, les cabrá la de sólo perder
la acción que hubieren a ellos por haber infringido aquellos
esta ley, incurriendo en un delito de lesa patria; pues quien
316 | Mariano Moreno

tal intentase, robará a todos los miembros del Estado, por


cuanto queda reservado este ramo para adelantamientos de
los fondos públicos y bienes de la sociedad.
6a Además, para este efecto, tanto en el Perú, como en
los demás parajes de minas concedidas que se han trabajado
hasta aquí, debe obligarse a todos los mineros a que se des-
hagan de todos los instrumentos, vendiéndolos al Estado
por sus justas tasaciones, igualmente los repuestos de azo-
gues y demás utensilios.
7a En este estado ya, y habiéndose con antelación to-
mado las medidas capaces para proveernos de azogues, por
mano de alguna nación extranjera, débese asimismo tratar de
la creación de las casas de ingenios, creando todas las ofici-
nas que sean necesarias, como laboratorios, casa de moneda
y demás que sea del caso, donde no las hubiese; omitiendo
toda explicación por no ser de mi conato, y proveyéndolas de
buenos ingenios mineros, trabajadores, directores, etc.
8a Asimismo debe tratarse por comisiones de hacer
nuevos descubrimientos minerales, mandando al mismo
tiempo a todos los dichos de plata y oro comisiones para
acoplar todo el tesoro posible; y en menos de cuatro años
podremos, sin duda, adquirir fondos para la realización de
los nuevos establecimientos.
9a A la nueva moneda, dadas tales circunstancias, con
arreglo al valor que ahora tiene, se le debe mezclar una parte,
tanto al oro como a la plata, que le rebaje de su ley un 15 ó
20 por ciento, con cuya utilidad debemos contar anualmen-
te, pues siendo la moneda, como es en todas partes, un signo
o señal del premio a que por su trabajo e industria se hace
acreedor un vasallo, como igualmente un ramo de comercio,
que probablemente se creó para el cambio interior con las
demás producciones de un estado, es arbitraria su alteración
Plan de Operaciones | 317

cuando las circunstancias la requieran, y cuando se combine


por un sistema ventajoso; véanse las historias antiguas de la
Grecia, y se encontrará que en una de sus épocas, no sólo des-
terró Licurgo en Lacedemonia (uno de sus establecimientos)
toda moneda de oro y plata, para refrenar la codicia y ambi-
ción, sino que introdujo monedas de fierro, que para llevar
una sola necesitaban un carro (que son cien pesos nuestros).
Éstos calcularon mejor que nosotros los principios de la po-
lítica sobre esta materia; cuando es notorio y evidente que el
rey más poderoso tiene más enemigos, que por todos modos
acechan para su ruina y que sólo la exportación y el cambio
de los frutos es la única necesidad que tiene un estado para
su completa felicidad, bien claro manifiesta esta máxima el
buen régimen y costumbre del grande Imperio de la China.
Trato de cortar este punto, porque siendo por otros princi-
pios más dilatado, nada diríamos, aun cuando dijésemos algo
que sea capaz de iluminar las razones que hay para adoptar
este sistema; y también son de las que hablaré por más exten-
so en la obra anunciada.
10a Además, es susceptible que muchos europeos, cuya
estirpe es la que en todas estas provincias obtienen los gruesos
caudales, no adaptándoles el sistema, traten de emigrar lleván-
doselos al mismo tiempo o remitiéndolos por otros conduc-
tos que los pongan a salvo, vendiendo asimismo sus fincas y
establecimientos, lo que causaría una grande merma a la cir-
culación del Estado este grande cúmulo de exportaciones tan
poderosas. En esta virtud debe nombrarse, en cada pueblo,
una comisión de cuatro a cinco sujetos, a proporción de la po-
blación de cada uno, para que, en un término fijado, formen
un estado de todos los caudales, bienes, fincas, raíces y demás
establecimientos, con especificación particular de los de cada
uno y lo presenten en dicho término al Superior Gobierno,
318 | Mariano Moreno

quien inteligenciado de todos sus pormenores, debe mandar se


publique por bando con la mayor solemnidad, irrevocable en
todas sus partes, sin admisión de recurso alguno en la materia,
constituyéndolos al mismo tiempo no sólo por sospechosos,
sino por reos del Estado; y es que, en término de quince o
veinte años, ningunos establecimientos, fincas, haciendas de
campo, u otra clase de raíces puedan ser enajenadas, esto es,
vendidas a ninguno, cuando no concurra la circunstancia evi-
dente y comprobada que se deshace de alguna parte de sus
bienes o del todo por una absoluta necesidad que le compro-
meta, pues en tal caso el que comprase dichos bienes sin el
conocimiento del Gobierno y verificase la emigración de aquel
que vendió y exportación de sus valores, aunque sea pasado
cualquier término, les serán decomisados para los fondos na-
cionales los mismos establecimientos, o sus justos valores; so-
bre este punto instruirán las restricciones o artículos que deben
estipularse hasta fenecido el término de este mandato, sobre las
ventas, compras y demás concernientes a la materia.
11a Que igualmente todo negociante europeo, por el
mismo término no podrá emprender negocios a países ex-
tranjeros, con el todo de su caudal, ni hipotecando estableci-
mientos o raíces algunos, en cambio de otros frutos movibles,
sin el completo conocimiento del Gobierno adonde competa
su jurisdicción, pero si de hecho resultase algún fraude será
nula y de ningún valor la referida hipoteca; pues cuando más,
y eso con las imposiciones que hubiere a bien establecer el
Gobierno, sólo podrá girar con la mitad de su referido caudal
que obtuviese, para que circulando la otra mitad en el centro
del Estado, sea responsable y fiadora de aquella parte que
extraiga con semejante fin.
12a En los mismos términos, no podrá hacer habilita-
ción o préstamos a nacionales, ni extranjeros si no es en la
Plan de Operaciones | 319

misma forma, y bajo las condiciones que para ello se impon-


drán, para que bajo de fraude alguno no puedan trasponer
sus caudales a reinos extranjeros, ni disminuir de este modo
el giro del centro del Estado.
13a En la misma forma, si de alguna negociación en
reinos extranjeros resultase alguna grande o total pérdida
de aquellos fondos que extrajo, deben con todos los requi-
sitos que se les obligue en las instrucciones que para estos
fines se establecerán, probarlo ratificadamente y en la más
debida forma, para levantar la responsabilidad a que estén
sujetas las demás partes de bienes que quedaron a su fianza.
Sobre estos puntos ya referidos hablaré extensamente en la
obra anunciada, como sobre los medios que deben adoptarse
en el establecimiento de la casa de seguros nacionales, que
debe crearse para las negociaciones a países extranjeros, de
que podrán resultar grandes ingresos a los fondos públicos;
como igualmente los casos en que el Estado será acreedor a
heredar y recuperar las riquezas que salieron de su centro,
de los que murieron sin herederos en la América, aunque
en otros reinos los tengan; circunstancias y demás requisitos
que deberán concurrir que, sujetados a ellos, podrán también
forzarlos aun cuando sean extranjeros.
14a Puestas las cosas a la práctica con la eficacia y ener-
gía que requiere la causa, hallándose con fondos el Estado,
debe procurar todos los recursos que sea menester introdu-
cir, como semillas, fabricantes e instrumentos, y comenzan-
do a poner en movimiento la gran máquina de los estable-
cimientos para que progresen sus adelantamientos, han de
señalarse comisiones para cada ramo separado, sin que los
establecedores de una clase de ingenios tengan que interve-
nir en otra, sino cada tribunal atender al ramo sobre que le
amplíen sus conocimientos, y de esta suerte detallándose los
320 | Mariano Moreno

negocios, y atendiendo igualmente a todos, todos tendrán un


igual movimiento, aunque unos sean más morosos que otros
en la conclusión de su establecimiento, y establecidos ya se
disolverán las comisiones particulares, creándose entonces un
tribunal, que bajo de sabias disposiciones y leyes, abarcando
todos los ramos, tenga conocimiento en su fomentación y
recursos que deban adoptarse para gobernarlos y dirigirlos a
la consecución de su grandeza y felicidad pública.
Mucho podría haber dicho aquí sobre ésta y otras mate-
rias; pero como sus ideas están concebidas y arregladas para
la obra que débese presentar al Superior Gobierno y por no
repetir, me es indispensable el suprimirlas en este plan.

Artículo 7 ° – En cuanto a las relaciones secretas que nues-


tros agentes y enviados deben desempeñar en los países extran-
jeros, como en Portugal e Inglaterra, son las siguientes:
1a En cuanto a este punto debo de decir que, incluyéndo-
se algunas reflexiones sobre las comisiones que deben entablar
nuestros agentes en los países extranjeros en el artículo 4°, que
trata de la conducta que debemos observar con estas dos nacio-
nes, añadiré que tanto el desempeño de aquéllas como el de las
demás sobre este particular deben ser ejercidos por dirección y
conducto de conocidos talentos, no omitiéndoles la contribu-
ción, ni dejando de asistirles con cuantos intereses sean nece-
sarios, para persuadir y apoyar nuestros intentos, siempre por
delante con las consideraciones y propuestas de intereses bené-
ficos que les deben resultar, para poder merecer la protección
que necesitamos, principalmente de la Inglaterra, mediante a
que conocemos en dicha nación, en primer lugar, ser una de
las más intrigantes por los respetos del señorío de los mares, y
lo segundo por dirigirse siempre todas sus relaciones bajo el
principio de la extensión de miras mercantiles, cuya ambición
Plan de Operaciones | 321

no ha podido nunca disimular su carácter, y bajo estos mismos


principios han de ser los que dirijan nuestras empresas hacia
sus consecuciones en aquella corte.
2a En igual manera, como sus casos han de proponerse
por principios diplomáticos y muy circunstanciados, sería
echar aquí un borrón con querer expresar en asuntos tan vas-
tos algunas reflexiones con cortas exposiciones, y, en cuanto a
que los medios que nos sean precisos tentar conocimiento de
la misma Inglaterra, mientras dure la alianza con ella, o por
mejor decir, la vergonzosa e ignominiosa esclavitud en que
lo tiene; pues en realidad, no pudieron hacerse mejores com-
paraciones por ningún político instruido, que aquellas que
hizo aquel famoso francés, en que hablando de la opulencia,
riqueza, libertades y dones que por la naturaleza poseía cada
uno de los distintos estados del orbe, llegando a Portugal,
dice: Portugal no es nada, pero ni tampoco es para nada,
su riqueza es la causa de su ruina, porque si su política más
instruida invirtiese los tesoros que emplea para esclavizarle,
en antemurales más respetuosos a su dignidad, grandeza y
decoro que le es debido, tal vez sería disputado y reñido por
las demás naciones el merecimiento de su alianza; las histo-
rias antiguas de la Francia y de otras naciones demuestran
evidentemente que no tantas veces solicitó Portugal la amis-
tad y alianza, como las diferentes que se las propusieron las
distintas naciones, por sus intereses y fines particulares; no se
han soterrado aún en los anales de las historias la memoria
del procedimiento y conducta que la Francia y otras naciones
han usado con la dinastía de Portugal, después de auxiliarla,
haciéndola sacrificar y vendiéndola a sus miras particulares
de ambición e intrigar por fines privados.
3a Últimamente, si Portugal entrase a profundizar con
más política, cuál es el abatimiento en que la Inglaterra lo tie-
322 | Mariano Moreno

ne por causa de su alianza, presto hallaría la refinada maldad


de sus miras ambiciosas, pues no debe creer que aquel interés
sea por el auxilio de sus tropas, ni de su marina porque clara-
mente se deja entender que sus fines no son sino chuparle la
sangre de su estado, extenuándolo de tal suerte que tal vez sus
colonias americanas se conviertan en inglesas algún día, por-
que si después de otros fines particulares, el principal fuese la
extracción que hace de sus frutos coloniales, ¿qué más podría
apetecer la Inglaterra? y entonces, ¿para qué necesitaría su
amistad y alianza? Bien claramente se deja entender que para
nada, quedando asimismo agradecido, en caso semejante, si
pudiese conservarse en Europa por los respetos de la España,
si triunfase de sus enemigos; pero Portugal se desengañará a
costa de su sangre y destruirá su despotismo, regenerando sus
corrompidas costumbres, y conocerá los derechos de la santa
libertad de la naturaleza.
4a En esta virtud, cuando las estrechas relaciones de una
firme alianza con la Inglaterra nos proporcionen la satisfac-
ción de nuestros deseos con aquel gabinete, nuestros ministros
diplomáticos deben entablar los principios de enemistades e
indisposiciones entre Portugal y la Inglaterra; y tomando los
asuntos aquel aspecto que nos sea satisfactorio, debemos entrar
a las proposiciones de los rompimientos con Portugal, con re-
lación a conquistar la América del Brasil, o la parte de ella que
más nos convenga, luego de combinar nuestros planes, que
para el efecto trabajaremos con antelación, por medio de la in-
troducción de la rebelión y guerras civiles; combinando al mis-
mo tiempo, por medio de tratados secretos con la Inglaterra,
los terrenos o provincias que unos y otros debemos ocupar, y
antes de estas operaciones hemos de emprender la conquista
de la campaña del Río Grande del Sud, por medio de la in-
surrección, y los intereses que sacrificaremos bajo el aspecto
Plan de Operaciones | 323

de proteger la independencia, y los derechos de su libertad;


éstas y otras comisiones son las principales que nuestros agen-
tes deben entablar, dándoles para ello las instrucciones nece-
sarias, midiendo las negociaciones con el tiempo y conforme
a sus acasos, que como la cadena de la fortuna a quien los ha
de proporcionar, omito aquí la explicación de algunos casos,
cuando además, en la referida obra Intereses de la Patria, etc.,
manifiesto lo suficiente sobre la materia.

Artículo 8° – En cuanto a las comisiones y clases de ne-


gocios que nuestros agentes y emisarios deben entablar re-
servadamente en las provincias del Brasil, para sublevarlas,
haciéndoles gustar de la dulzura de la libertad y derechos de
la naturaleza, son las siguientes:
1a Aun cuando esta materia es muy vasta y requiere
muchos y muy sólidos principios, y aunque no me extienda
tanto como ella pide, en las instrucciones anunciadas, haré
presente algunas de las que aquí manifiesto para el entable de
este grande proyecto.
En esta inteligencia, suponiendo que nuestra libertad e
independencia de la España estriba ya en principios fijos, y que
nuestras relaciones con la Gran Bretaña se hayan estrechado
a medida de nuestro deseo, hallándose evacuada la plaza de
Montevideo y puesta en orden de defensa, tranquilizándose su
campaña y haciendo volver a sus habitantes, por edictos ejecu-
tivos, a ocupar los pueblos y atender el curso de su comercio,
industria y agricultura, como igualmente hallándose el erario
público con algunos fondos, resultados de las disposiciones
dichas, que con antelación de uno o dos años deben haberse
emprendido, entonces arreglando los batallones de milicias de
la campaña y escuadrones de caballería que deben crearse de
los habitantes de la misma, con relación a la fuerza de vecin-
324 | Mariano Moreno

dario que cada pueblo tenga, se debe guardar y conservar en la


plaza de Montevideo y su vasta campaña hasta el número de
diez mil hombres de tropa de línea; de cuyo número, seis mil
deben guarnecer las fronteras, ocupando los puestos del Cerro
Largo, Santa Teresa y demás antiguos.
En la misma forma los regimientos de infantería y es-
cuadrones de caballería de las milicias de la Banda Oriental,
hasta las márgenes del Uruguay, deben de componerse hasta
el número de seis mil hombres; en los pueblos de Misiones,
provincia de Corrientes y su jurisdicción, además de dos mil
hombres de tropa de línea que deben mantenerse en aquella
provincia, el reglamento de sus milicias debe ascender hasta
el número de tres mil hombres; asimismo en la ciudad de la
Asunción del Paraguay, además de mil hombres de tropa de
línea, sus milicias deben contar de cuatro a cinco mil hombres,
y en esta forma, guarnecidas nuestras fronteras con unas fuer-
zas de respeto, ocupando sus puestos, siempre las tendremos
prontas para nuestros emprendimientos y demás operaciones.
2a Los comandantes de dichas fronteras, además de ser
hombres en quienes concurran unos completos conocimien-
tos militares, deben también tener las circunstancias de talen-
to, discreción, prudencia y algunos principios de escritores,
para los fines que expresaré.
3a Luego, inmediatamente, deben mandarse agentes
en clase de comerciantes, o de otras maneras, a proporción
de la magnitud de cada pueblo, a todos los destinos del Río
Grande del Sud, en virtud que entonces deberemos haber
estrechado ya nuestra alianza con Portugal, por medio de tra-
tados los más solemnes de recíproca amistad, unión, protec-
ción y franqueza de comercio, navegación y demás relacio-
nes, para con estas nuevas pruebas poder transitar, dirigir y
verificar, nuestros agentes, sus relaciones con más amplitud y
Plan de Operaciones | 325

confianza; y estos convenios por conducto e intervención de


la Inglaterra, por cuyo también, y además el de Portugal, si la
España hubiese vencido, y se hallase o no del todo evacuada
por los franceses, hemos de entablar, después de reconocer-
nos aquellos dos estados por nación libre e independiente,
que la España nos declare igualmente en los mismos térmi-
nos, y desde entonces podrán nuevamente comerciar, tran-
sitar y avecindarse con los españoles en nuestros dominios,
como tal nación extranjera.
4a Los referidos agentes han de ser hombres de talentos
los más conocidos y adecuados al sistema de nuestras relacio-
nes; y éstos, además de desempeñar los proyectos y comisio-
nes que se les dé instruidas a las circunstancias de cada época,
deben con su política atraerse los primeros magistrados de
cada pueblo, estrechando sus relaciones lo más posible, ca-
racterizándose con franquezas y repetidos regalos, de manera
que ganándose las voluntades de estos principales, puedan ir
fraguando sus miras políticas a aquellos designios hacia las
intenciones que se solicitan.
5a Tanto a estos dichos agentes, como a todos los co-
mandantes de las fronteras, deben mandárseles colecciones
de Gacetas de la Capital y Montevideo, lo más a menudo y
siempre que sea posible, debiéndose tratar en sus discursos
de los principios del hombre, de sus derechos, de la raciona-
lidad, de las concesiones que la naturaleza le ha franqueado;
últimamente, haciendo elogios lo más elevados de la felici-
dad, libertad, igualdad y benevolencia del nuevo sistema, y
de cuanto sea capaz y lisonjero, y de las ventajas que están
disfrutando; vituperando al mismo tiempo a los magistrados
antiguos del despotismo, de la opresión y del envilecimiento
en que se hallaban, e igualmente introduciendo al mismo
tiempo algunas reflexiones sobre la ceguecidad de aquellas
326 | Mariano Moreno

naciones que, envilecidas por el despotismo de los reyes, no


procuran por su santa libertad; estos y otros discursos políti-
cos deben ser el sistema y orden del entable de este negocio,
figurándolos en las gacetas no como publicados por las auto-
ridades, sino como dictados por algunos ciudadanos, por dos
razones muy poderosas: la primera, porque conociendo que
esta doctrina sea perjudicial, se ponga a cubierto el Gobierno
de estas operaciones, echando afuera su responsabilidad, bajo
el pie de ser la imprenta libre; la segunda, porque debe la-
brar más cuando se proclamen unos hechos por personas que
suponen los gozan, en quienes no deben suponer engaño al-
guno, y este ejemplo excitará más los ánimos y los prevendrá
con mayor entusiasmo.
6a Estos discursos y gacetas con cualesquiera otras noti-
cias deben imprimirse y remitirse en portugués, bajo el ante-
cedente que con tiempo debe adoptarse, de que para la faci-
litación del curso del comercio o por otras reflexiones que se
hagan, o por una suposición de rango o grandeza del estado,
se establece una casa de imprenta en dicho idioma.
7a Igualmente se debe observar por los comandantes de
los pueblos de las fronteras, que para el efecto darán las ór-
denes a los oficiales de las partidas que transiten y corran los
campos, que no maltraten a ningunos portugueses, porque
los encuentren en algunos menudos robos o introducciones
de caballos o ganados, los cuales, siendo comprados, no se les
debe quitar ni impedir su introducción, para de esta suerte
atraerlos y hacerles concebir nuestras ideas; igualmente no se
debe perseguir a ninguno, en nuestros territorios, por juegos,
amancebamientos, quimeras o cualquiera otra clase de absur-
dos, remediándolos con la mayor política, con algunas penas
suaves, poniéndolos luego en libertad e instruyéndoles que
la Patria es muy benéfica y compasiva; en una palabra, apa-
Plan de Operaciones | 327

drinando, protegiendo a todo facineroso que se pase a nues-


tros terrenos, aun cuando algunas requisitorias los soliciten,
y si fuesen hombres que se conozca en ellos algún talento y
disposición, además de ocultarlos, proporcionarles acomodo
conducen a sus circunstancias, porque éstos han de servir de
mucho a su debido tiempo.
8a Los referidos agentes que se hallen en todo el Río
Grande deben de transitar la jurisdicción, lugares y pueblos
dependientes de aquella capitanía o gobierno donde se ha-
llasen destinados, a fin de tomar conocimiento de sus cam-
pañas, conocer sus habitantes e ir catequizando las volun-
tades de aquellos más principales, como alcaldes, justicias o
clases que los gobiernan; y para esto deben de valerse de los
diferentes pretextos que su discurso les amplíe, acompaña-
dos por alguno o algunos de aquellos a quienes ya reconoz-
can adictos a la idea de su doctrina, y así para estos gastos,
como para todos los demás, se les debe franquear cuanto
necesiten, siendo el fin de sus discursos hacerles ver la opre-
sión en que están, los derechos que les competen, la miseria
que padecen, lo mal que paga el Estado sus servicios, el
despotismo de sus mandones, y exhortándolos últimamen-
te a que proclamen su independencia, bajo el pretexto de
substituir los magistrados, comunicándoles también que en
todos los pueblos están sumamente disgustados, para reani-
marlos indistintamente con estas y otras reflexiones, cuyas
deben ser por tiempos y con la mayor precaución, a fin
de que nunca puedan ser descubiertos los arcanos de sus
proyectos, hasta su debido tiempo, ofreciéndoles asimismo
que el Estado Americano del Sud protegerá todas sus ideas,
no sólo con los caudales que necesiten, sino también con
quince o veinte mil hombres que haría entrar a todo el Río
Grande, por todos los territorios de sus fronteras.
328 | Mariano Moreno

9a Los comandantes de las fronteras deben franquear


algunos granos por cuenta del Estado, que para el efecto se
tomará en aquellos casos las providencias necesarias, a los
labradores fronterizos de Portugal, tanto al pobre como al
mediano, en clase de prestado, permitiéndoles algunas cor-
tas introducciones de caballos, yeguas y ganados comprados
con su dinero, y siempre usando de aquella benevolencia que
dejo explicada en los casos referidos, porque son los primeros
resortes que debemos tener de nuestra parte.
10a Tanto los dichos agentes, como los comandantes de
las fronteras, deben también atraerse los ánimos de algunos
jefes de las milicias y demás tropas de cada pueblo, particu-
larmente de los mal pagados, que son infinitos, haciéndoles
presente la diferencia de tres y cuatro pesos de sueldo a la
de diez y seis y diez y ocho que gozan nuestras tropas, y a
proporción de los oficiales y jefes; en la misma manera deben
atraerse los ánimos de los comerciantes y hacendados arrui-
nados, haciéndoles ver la fertilidad de nuestros campos; de
los eclesiásticos, sin beneficios, y de todos los mal contentos,
aumentando en lo posible el número de éstos, y, haciendo
sacrificios a costa del erario y del Estado, ofrecerles y propo-
nerles todo favor y protección.
11a Cuando las circunstancias prometan el éxito de un
buen resultado, ya deben irlo anunciando pasquines y otras
clases de papeles escritos en idioma portugués, llenos de mil
dicterios contra el gobierno y su despotismo; y en este estado,
cuando ya probablemente se espera el buen éxito de esta em-
presa, los comandantes de los pueblos fronterizos de nuestra
jurisdicción, deben ir acopiando todas las caballadas posibles,
así en la frontera como en los demás puntos donde se les or-
dene; igualmente, carros, carretas y demás bagajes, que para el
efecto se darán las disposiciones convenientes; y en la misma
Plan de Operaciones | 329

forma se harán reuniones de las milicias, en tres o cuatro pun-


tos de la campaña, mandando algunas tropas más de la Capital
para la Banda Oriental, ordenando que insensiblemente se
vayan transportando a las dichas fronteras, para que luego,
inmediatamente de principiarse los anuncios de la revolución
en algunos pueblos del Río Grande, entren nuestras tropas en
tres o cuatro trozos, según lo requieran las circunstancias, de-
biéndose proveer la plaza de Montevideo con tres o cuatro mil
hombres de las mejores milicias, y hacer caminar de ella otro
igual número de las tropas de línea, para que junto con las
demás, por divisiones, se introduzcan en todo el Río Grande y
sus pueblos de diez y ocho a veinte mil hombres, pues, luego,
deben de irse armando aquellos mismos pueblos, poniéndoles
los jefes y magistrados que sean de su voluntad y benepláci-
to, bajo el sistema de llevar por delante, inclusas a las tropas
de nuestras divisiones, una parte de aquellas que se armen en
cada pueblo, y dejar en los principales de más entidad algunas
tropas nuestras, que sean siempre capaces de competir con las
fuerzas portuguesas que queden en los dichos pueblos, para
el fin de nuestras ideas en lo sucesivo, bajo la declaratoria que
nuestras tropas no tienen otro fin que proteger su independen-
cia hasta que sancionen su verdadera libertad.
12a Igualmente deben de ponerse en práctica, en aque-
llos destinos del Río Grande, todos los mismos medios indi-
cados hasta aquí, que hayamos adoptado para la revolución
de nuestro continente, observándolos en todas sus partes,
que sean consiguientes: pero, con la circunstancia de no tocar
todavía, hasta su debido tiempo, la libertad de los esclavos
en aquellos destinos, sino disfrazadamente ir protegiendo a
aquellos que sean de sujetos contrarios a aquella causa.
Para esta empresa no deben cerrarse las arcas, ni escasear
sus tesoros, pues con ocho o diez millones de pesos creo que la
330 | Mariano Moreno

empresa no ofrecerá dificultad; en esta virtud, teniendo alianza


con la Inglaterra, no debemos de dudar que, aunque también
la tenga con Portugal, condescendiendo con nuestras inten-
ciones, observará, a lo menos, una conducta neutral, manifes-
tando que hallándose aliada con ambas naciones y con iguales
intereses, sus relaciones de comercio se perjudicarían, y que a
aquel gabinete le sería contrario un sistema de defensa contra
el Estado Americano, y dejándonos en la lucha y dándonos los
socorros con sigilo, emprenderemos el plan de conquista de
los pueblos más principales de la América del Brasil, hasta que
los acasos proporcionen ocasiones y motivos para declararse
a Inglaterra igualmente aliada con nosotros y enemiga de las
provincias del Brasil, pactándose entonces entre ambos gabi-
netes los puertos y puntos que unos y otros debemos ocupar,
prestándonos mutuamente toda clase de socorros.
13a Además de todo lo expuesto, es consiguiente y no
debemos dudar que a la corte de Inglaterra, si la España no
sucumbiese, para equilibrar mejor la balanza del poder de la
misma España (sin extendernos ahora al sinnúmero de razo-
nes políticas que hay para ello), le interesa que las Américas
o parte de ellas, se desunan o dividan de aquella Metrópoli,
y formen por sí una sociedad separada, donde la Inglaterra,
bajo los auspicios que dispense de su protección, pueda ex-
tender más sus miras mercantiles y ser la única por el señorío
de los mares; y en esta virtud, para no dudar también que
la Inglaterra debe propender, y aun coadyuvar y consentir
en la desmembración de la América del Brasil, sentaremos
ante todo por principio: si le conviene o no la desunión de las
Américas españolas de su Metrópoli. Es consiguiente que no
podría efectuarse la separación total de la América del Sud de
su Metrópoli, no desmembrándose la del Brasil, y la razón de
estos principios es la siguiente: que si la España no sucum-
Plan de Operaciones | 331

biere en la lucha presente y la América del Sud sancionase su


libertad una de dos: luego de organizarse y recuperar todos
sus atrasos, la España, ésta como vecina de Portugal y además
por los intereses que tienen mutuamente, o trataría de la con-
quista de la Europa Portuguesa, porque aun cuando perjudi-
case los derechos de la casa de Braganza, no perjudicaría de
ningún modo los de la señora Carlota, ni los de sus augustos
sucesores de la casa de Borbón, mediante a que en lugar de
disminuir los derechos de éstos, los aumentaba, acrecentan-
do sus estados, y cuando esto no se verificase así, la España,
como potencia vecina y demás, le obligaría a que reuniendo
sus fuerzas, tanto las de Europa como las de la América del
Brasil, contribuyese y coadyuvase de mancomún a la restau-
ración de la América Española del Sud; y, por lo tanto, no
le es tan fácil el propender, y conseguir lo primero, como
le sería verificar lo segundo; y a la Inglaterra, conviniéndole
la separación de la América del Sud de su Metrópoli, para
sancionar sus ideas, lograr el fruto de sus auxilios y restaurar
aquellos gastos y socorros que nos hubiese prestado para ase-
gurar y sostener nuestra independencia, le es indispensable
bajo estas ideas políticas, que consienta y aun coadyuve a
la división y desmembración de la América del Brasil, entre
su corona y nuestro estado; asimismo es una de las únicas
máximas políticas, después de la del sostén o equilibrio de
la Europa, que le obligan y estimulan a la Inglaterra sobre la
alianza de Portugal, el que su comercio sea único en esta bal-
sa de mares de ambas Américas, tanto para la introducción
como para la extracción de tantos preciosos frutos de tan ge-
neral consumo en las más de las naciones. ¿Y qué más podría
apetecer la Inglaterra ya, que tener unas colonias inglesas en
el Brasil, abundantes de los primeros renglones de necesidad
en la Europa y demás naciones? Creo, efectivamente, que no
332 | Mariano Moreno

podría desear después otra cosa, y que si acaso la Inglaterra


(no porque no lo ha deseado) no ha emprendido el establecer
o adquirir algunas colonias inglesas en el Brasil, me persuado
efectivamente que habrá sido, no solamente por el respeto
de la España y la Europa Portuguesa, sino también por los
inmediatos auxilios que se hubieran opuesto de las Américas
españolas; pero, no teniendo ya este último estorbo, y por lo
contrario una alianza y protección, deben completarse sus
miras; estas razones y cálculos, por estos y otros principios
que franquean aun más margen para dilatarlos, deben me-
ditarse a fondo y formarse de ellos el concepto que merece
la entidad del caso, y no dudar que la Inglaterra preste sus
auxilios para nuestra libertad, reservadamente, en atención
de las circunstancias actuales, como también para la dicha
conquista o desmembración de la América del Brasil.
14a Últimamente, nos es muy constante por las noticias
que nos asisten, que en toda la América del Brasil no hay casi
un solo individuo, a proporción, que esté contento con el
gobierno ni sus gobernantes, tanto por lo mal pagados, como
por el despotismo de sus jefes y mandatarios, por la cortedad
de los sueldos, por lo gravoso y penoso de las contribuciones,
lo riguroso e injusto de algunas leyes, en atención a las que
las naciones libres y más generosas observan; nos consta asi-
mismo que los clamores y quejas contra diversos particulares
son infinitos, que no hay quien no murmure de sus ministros
y mandones, que llenos de orgullo, absorben la sangre del
Estado, cuando al mismo tiempo gime de la cortedad de su
sueldo el pobre soldado, haciéndole injustamente consentir
en la dura ley de esclavizarlo por toda la vida; últimamente,
no hay ninguno que desesperado de la vil sumisión y abati-
miento en que la Inglaterra tiene a Portugal, no produzca
sino el lenguaje del descontentamiento y murmuraciones
Plan de Operaciones | 333

contra la misma autoridad real, y en esta suposición, aunque


esta empresa requiere seis u ocho años, debe de tomarse con
la mayor energía y exactitud, pues, por lo que corresponde a
la campaña del Río Grande, parece que la naturaleza la for-
mó allí como para ser una misma con la Banda Oriental de
Montevideo, pues hallándose su barra fortificada con alguna
marina, y en estado de fortificación e igualmente los únicos
pasos que tiene para lo interior del continente, nos es muy
conveniente esta empresa o conquista, ante todo principio,
bajo el aspecto de los fines que llevamos expresados.
No debo extender más el plan de nuestra conquista, por
ahora, hasta verificarse nuestras ideas, que cuando ellas sur-
tan el efecto que nos prometemos, en particular con la alian-
za de Inglaterra, la que condescendiendo a nuestros planes,
convenga en la conquista de la provincia del Brasil, entonces
nos podremos extender más, mediante a que, operando a
un tiempo por diversos parajes, emprenderemos la de Santa
Catalina, Bahía de todos los Santos y demás, y más principa-
les e interesantes puertos.

Artículo 9° – En cuanto a los medios que deben adoptarse,


estando consolidado y reconocido por la Inglaterra, Portugal y
demás principales naciones de la Europa, el sistema de nuestra
libertad, cuál debe ser el fin de sus negociaciones entonces, en
las provincias del Brasil, con relación a la conquista de todo el
Río Grande, y demás provincias de dicho reino.
1a Estando todo el Río Grande en el estado de revolu-
ción según y conforme llevo expresado, e internadas en sus
pueblos nuestras tropas, con antelación deben haberse tomado
las providencias para que, al mismo tiempo del principio de
estas operaciones, salga de Montevideo una fuerza naval de
diez y seis a veinte buques armados y tripulados, con todos los
334 | Mariano Moreno

competentes utensilios, para que dirigiéndose al Río Grande,


ocupando su barra, bloqueen no sólo el puerto impidiendo la
salida, sino también para estorbar cualquier socorro que pu-
diera entrarle de alguna otra provincia, conduciendo al mis-
mo tiempo del número de tropas que se destine para la dicha
empresa, el número de mil quinientos hombres, poco más a
menos, para desembarcarlos, y operar de concierto, cuando
lleguen a aquel destino algunas de nuestras divisiones.
2a Suponiendo que todos los pueblos se hayan ya decla-
rado por libres e independientes, bajo la garantía de nues-
tras tropas y de hallarse todos ellos puestos sobre las armas,
bajo las circunstancias expresadas de hallarse guarneciendo
una parte de nuestras tropas los más interesantes destinos, y
siendo asimismo consiguiente que han de haberse ocasiona-
do varios choques contra aquellos que se hubieran opuesto a
este sistema, nuestros comandantes de divisiones instruidos
menudamente de todas las órdenes que para el efecto de di-
cha revolución se les habrá comunicado de antemano, no de-
berán olvidar la máxima de que en los diferentes choques que
se hubiesen ofrecido, de unos con otros, estando con la ma-
yor destreza y disimulo que las circunstancias proporcionen,
dejen empeñado algunas veces en la lid, cuando la acción no
fuere peligrosa, al partido realista de los portugueses con el
de los revolucionarios de los mismos, a fin de conseguir por
este medio que el mismo partido revolucionario se aniquile
en parte, empeñando nuestras tropas solamente cuando haya
de decidirse una acción interesante y que las circunstancias
requieran, para que asimismo nuestras tropas no tengan ma-
yor menoscabo y su fuerza siempre sea más respetable.
3a Ya cuando en estas circunstancias hayamos llegado a
comprometer a todos los pueblos del Río Grande, haciéndo-
les tomar las armas contra los derechos de su monarca, en este
Plan de Operaciones | 335

caso parece consiguiente que el mismo delito de su rebelión


les obligará a aceptar nuestras disposiciones, sometiéndose en
un todo a ellos, protestándoles de lo contrario que si así no
lo hacen, además de abandonarlos en el proyecto de su causa,
retirando nuestras tropas a la frontera, saquearemos al mis-
mo tiempo los pueblos y las haciendas, quedando expuestos
nuevamente al furor y a la venganza del antiguo despotismo;
y, en esta virtud, entonces es cuando, ya tan comprometidos
que a nada podrán oponerse, debe proclamarse la libertad de
los esclavos, bajo el disfraz, para no descontentar en parte a
sus amos, que serán satisfechos sus valores, no sólo con un
tanto mensual de los sueldos que tengan en la milicia, como
también con la garantía de los tesoros nacionales, y bastando
armarlos y formar algunos batallones bajo la dirección de je-
fes que los instruyan y dirijan con el acierto que sea debido.
4a Igualmente debe procurarse que en los nuevos go-
biernos que se establezcan en los pueblos, villas, y lugares, e
igualmente en los ramos particulares, intervengan siempre
en sus disposiciones algunos sujetos que sean americanos y
de nuestra parcialidad, que para el efecto irán con el ejérci-
to; consiguientemente, se observará lo mismo en el mando
militar y en los regimientos, poniéndoles uno o dos jefes
de los nuestros, que tengan un conocimiento exacto en lo
interior de sus disposiciones.
5a Antes de proceder a la disposición de la libertad de los
esclavos, debe haberse dispuesto los ánimos, haciendo pu-
blicar en todas las divisiones y pueblos, donde haya tropas
portuguesas del partido, que desde la fecha de aquella publi-
cación, se les asigna, tanto a las tropas como a sus correspon-
dientes oficiales, los mismos sueldos que gozan las nuestras,
cuyos abonos serán satisfechos por cuenta de nuestros fondos
y sin demora alguna, mensualmente.
336 | Mariano Moreno

6a Cuando las circunstancias aseguren el éxito de la


empresa, se debe de ir disponiendo que algunas divisiones
pequeñas, principalmente las de los negros, se vayan hacien-
do conducir con diferentes pretextos a cubrir las fronteras, y
por consiguiente se ejecutará lo mismo con las demás tropas
portuguesas, dividiéndolas en pequeñas fuerzas, para que en
cualquier destino sean mayores las nuestras, para, cuando
fuese tiempo, hacer la declaratoria de conquista.
7a Debemos igualmente, hacer publicar en todos los
pueblos que a todas las familias pobres, que voluntariamente
quisiesen trasladarse a la Banda Oriental y a las fronteras,
a poblar, se les costeará el viaje, dándoles las carretas y de-
más bagajes para su transporte y regreso, y contemplándo-
les como pobladores, se les darán terrenos a proporción del
número de personas, que comprenda cada familia, capaces y
suficientes para formar establecimientos, siembras de trigo, y
demás labores, y esto por el término de diez años, que serán
los precisos que deberán habitarlos, y pasado dicho término,
podrán venderlos, o enajenarlos como más bien les pareciere,
sin que el valor de dichas tierras tengan que abonarlo.
Que para el efecto y fomento se les suministrará, en los
dos primeros años, con algunas fanegas de distintos granos,
algunas yuntas de bueyes y vacas, para sus establecimientos,
y asimismo algunas yeguas y caballos, supliéndoles para la
fábrica de sus moradas doscientos o trescientos pesos, según
lo que dispusiere en esta parte el Superior Gobierno, como
igualmente las herramientas precisas para sus labores, que-
dando exentos en el dicho término de diez años, cualquie-
ra de tales familias, de servir en las milicias, ni en ningún
otro cargo que pudiera perjudicarles, y en la misma forma,
en dicho término, serán exceptuados de toda contribución
y derecho de cualquier fruto que vendan o introduzcan, en
Plan de Operaciones | 337

cualquiera pueblos o provincias, dependientes del Gobierno


Americano del Sud.
8a En los mismos términos y en igual forma, bajo las mis-
mas proposiciones, debe de proponerse este mismo convenio
a las familias pobres de la Banda Oriental de Montevideo y
Capital de Buenos Aires, que quieran ir a poblar a los territo-
rios del Río Grande, para de esta manera introducir en dichos
destinos el idioma castellano, usos, costumbres y adhesión al
Gobierno, pues ya en estas circunstancias se deberá haber
allanado todas las dificultades, y, levantando nuestra bandera
en aquellos destinos, declararlos como provincias unidas de
la Banda Oriental y Estado Americano del Sud.
9a En los dichos destinos del Río Grande deben abolirse
ya, en este caso, las escuelas y otras clases de estudios, en
los niños de cinco años para arriba, en el idioma portugués,
remitiéndose maestros que enseñen en castellano y lo mismo
sacerdotes para los mismos fines.
10a En la misma forma, todos los vecinos del Río Grande
y su campaña y todos los que extrajeren de dichos pueblos,
o introdujeren por tierra y mar, en su entrada y salida, por el
término de cinco años, cualquiera clase de frutos, no pagarán
sino la mitad de los derechos nacionales que estuvieren esti-
pulados en las demás provincias del Gobierno Americano,
entendiéndose esto también con los que navegaren a dichos
destinos, aun cuando no fuesen vecinos de dichos pueblos.
11a Hasta no radicarse totalmente sobre bases fijas y es-
tables nuestros derechos de conquista en aquellos destinos,
no debe fiarse los primeros cargos en personas que no sean
de las antiguas provincias; y para no descontentar a aquellas
personas de talento, mérito y circunstancias, se debe atraerlas
y emplearlas en las provincias antiguas, hasta que el tiempo
nos asegure aquellos nuevos establecimientos.
338 | Mariano Moreno

12a Cuando se hallen las cosas en tales circunstancias,


se debe con antelación cerrar los puertos de Buenos Aires y
Montevideo, y como que nos preparamos ciertamente a una
guerra dilatada con las provincias del Brasil y que por aquel
gabinete se nos han de hacer todas las hostilidades posibles, se
recaerá en todos nuestros destinos sobre los bienes, caudales
y buques portugueses que se hallasen en aquella actualidad,
confiscándolos para los fondos públicos, de todos los indivi-
duos que sean de cualquier destino de las dichas provincias
menos del Río Grande y dependencias, que en tal caso es
ya de nuestra pertenencia, no debiéndose entender esto con
los bienes de los portugueses avecindados y afincados, pues
para estorbar algunos daños que en recompensa nos puedan
hacer, estorbaremos las salidas anteladamente, con disimulo,
de nuestros puertos, a aquellos destinos, y a los dichos portu-
gueses se considerarán como prisioneros.
Últimamente, se observará en las demás materias que
he expuesto para los americanos, en los dichos estableci-
mientos nuevos, el mismo sistema, orden, práctica y go-
bernación política en todas sus partes, y estando sanciona-
do completamente el sistema de nuestra libertad en toda la
América del Sud y conquista del Río Grande, deben guar-
necerse bien las fronteras portuguesas que miren a las pro-
vincias de Minas, picada de San Martín y demás pasos que
estorben la entrada a dicho Río Grande, como igualmente
su dicha barra, repitiendo asimismo que omito el hacer
reflexiones acerca de varios puntos de política y régimen
que me ocurren, mediante a que instruirá completamente
de todas mis ideas la obra que tengo ofrecida y mediante
a que me consta también que sobre otros objetos se han
tomado ya las providencias que serán suficientes a llenar el
hueco del empeño de nuestra grande obra; y por mis cono-
Plan de Operaciones | 339

cimientos resuelvo abiertamente que debemos decidirnos


por el rigor, intrigas y astucias, que son las que nos han de
poner a cubierto y conducirnos a nuestros fines, dejando
para cada tiempo lo que le pertenece, pues lo que se hace
fuera de él nunca sale bien.
En cuya virtud, luego de premeditar V. E. a fondo el
concepto de todas las exposiciones y máximas que contiene
este Plan, con la madurez que es propia de un gobierno sabio,
me persuado efectivamente de que a lo menos confesará que
la realidad de mis intenciones y lo justo de mis deseos no
tiene otro fin que aspirar a sancionar la verdadera libertad
de la Patria; y aun cuando reservo ideas que no es posible
encomendarlas al papel, el miembro que ha recibido de ese
Superior Gobierno la honra del encargo para la formación de
este dicho Plan se hace responsable a manifestar por separado
los demás recursos que fueren menester y consiguientemente
a superar y facilitar los obstáculos que pudieran oponerse.
Este elogio parecería alimentarse por el amor propio, si
el asunto que se trata fuese público y no hubiese protestado
que, siendo superior a mis alcances, sólo el deseo y la gratitud
me han estimulado al cumplimiento de mis deberes, en obse-
quio de la causa, y a lo menos por disfrutar algunos conoci-
mientos, no semejantes al avaro que amontonando tesoros se
jactara de ver abatidos en la miseria a sus semejantes.
Al mismo tiempo suplico a V. E. no juzgue en un
asunto tan vasto y de tanta entidad por escasas insinuacio-
nes, y que se digne examinar por extenso los pormenores
del fondo de sus conceptos; así, pues, me lo persuado de
los grandes y tan conocidos talentos de V. E., pues efecti-
vamente las almas que aciertan a gobernarse, gobiernan a
los demás cuando lo intentan, vencen las pasiones, rigen los
propios ímpetus, producen las circunstancias para utilizar-
340 | Mariano Moreno

las y, encadenando la fortuna, hacen para su rueda movible,


forzando al destino, que es lo que verdaderamente da dere-
cho para mandar y es mandar en realidad.
En cuya virtud y consecuencia, la Providencia nunca ha
revelado su existencia ni manifestado mejor su poderío, que
haciendo que de cada una de las acciones que componen la
vida de un hombre resulte un memorable acontecimiento,
y que viene a ser su moralidad. Pero, a fin de que sea útil
este acontecimiento y que esta moralidad redunde en bene-
ficio de toda la especie, ha querido que uno y otro fuesen
siempre en sentido encontrado con los deseos corrompidos,
y sirviendo igualmente para cubrir de vergüenza, y a veces
de castigo, al vicioso y al criminal, y de gloria duradera a los
adoradores de la virtud.
Es cuanto me ocurre poder manifestar a V. E., inspirado
de la fuerte y sólida confianza que me reanima a concebir
que la grandeza, talento, discreción y virtudes de ese Superior
Gobierno, calculando los principios de mis exposiciones po-
líticas, propenderán sin duda, confiados en la Providencia
y de sus santos principios, a realizar y poner en práctica las
máximas tan saludables del presente Plan, que bajo el mérito
de V. E. se acoge, para que, con su ilustración y rectitud,
le amplíe aun las ideas que tuviera a bien para completarlo;
quedando de mi parte satisfecho con cuanto me ha sido po-
sible exponer, en cumplimiento de la comisión con que ese
Superior Gobierno me honró, para sancionar y demostrar
los principios que han de ponernos a cubierto en las grandes
obras de nuestra libertad.

DOCTOR MARIANO MORENO


Buenos Aires, 30 de agosto de 1810
Plan de Operaciones | 341

El documento que antecede lleva al pie la siguiente nota:


“El presente plan es copia de la copia del mismo original que
con dicha fecha fue presentado a la Junta, cuya copia del ori-
ginal es de puño y letra del mismo Moreno, y los demás do-
cumentos que lo encabezan son copias de los mismos origi-
nales que están inclusos y se conservan para su debido tiempo
en poder de quien mandó la copia presente de Buenos Aires,
que obtuvo de resultas de haber desterrado la Junta a un in-
dividuo, sorprendiéndole que era íntimo amigo de Moreno,
quien fue depositario de varios papeles interesantes cuando
el citado vocal caminó a Londres, y por consecuencia de la
dicha sorpresa y destierro de este último, fue depositario de
varios intereses y papeles el referido individuo, cuyo nombre
en general se reserva por las circunstancias de sus haberes y
persecuciones del día, hasta su debido tiempo”.
El señor Eduardo Madero preparaba su historia del
puerto de Buenos Aires, encontró el documento anterior en
el Archivo General de Indias de Sevilla, e hizo sacar de él una
copia; pero como no le fuera útil para su obra, envió dicha
copia al señor general Bartolomé Mitre. Éste, a mediados del
corriente año, tuvo la fineza de ofrecerla al Ateneo, para que
el documento se incluyera entre los escritos de Moreno. Sin
embargo, no fue posible aprovechar la copia ofrecida por el señor
general Mitre, porque se le habla extraviado, y a pesar de todo
su empeño no logró encontrarla. Entonces el señor ministro
de Relaciones Exteriores, doctor Alcorta, se sirvió pedir a
España una nueva copia. Ésta es la que se ha utilizado en la
presente publicación.

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