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El misterio del pueblo maldito en Japón

Durante el gobierno de Nobunaga, un escuadrón de élite es enviado a investigar la falta de reportes y tributos de un pueblo llamado Sutoko, lo que genera sospechas de una posible revuelta. Al llegar, descubren que el pueblo está desierto y enfrentan ataques de un zorro blanco, lo que lleva a la conclusión de que hay un traidor entre ellos. El General Niwa y su compañero Haki se enfrentan a la criatura, pero el terror y la traición llevan a un trágico desenlace.

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El misterio del pueblo maldito en Japón

Durante el gobierno de Nobunaga, un escuadrón de élite es enviado a investigar la falta de reportes y tributos de un pueblo llamado Sutoko, lo que genera sospechas de una posible revuelta. Al llegar, descubren que el pueblo está desierto y enfrentan ataques de un zorro blanco, lo que lleva a la conclusión de que hay un traidor entre ellos. El General Niwa y su compañero Haki se enfrentan a la criatura, pero el terror y la traición llevan a un trágico desenlace.

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Bosque.

Durante el gobierno de Nobunaga, un pequeño pueblo del norte de Japón llamado Sutoko llevaba meses
sin enviar reportes ni los tributos debidos al recién asignado mandatario. Dicha situación preocupó a sus
consejeros, los cuales, con miedo de que fuera el inicio de una revuelta por parte del pueblo, decidieron
enviar el escuadrón de exploradores de la élite liderado por uno de los generales: un equipo de 10 de los
mejores guerreros en sus áreas, 4 arqueros, 4 de infantería, el general Niwa Nagahide y un soldado
enviado por el mismísimo Oda, llamado Tsune.

Todo transcurrió como te lo cuento:

La cuarta noche del viaje a Sutoko todos se detuvieron en un llano en la ribera para comer y dar
descanso a los caballos, y fue cuando preguntó uno de los arqueros:

— General, ¿qué cree usted que pasa en ese pueblo como para que los consejeros decidieran enviar a un
General y parte de sus mejores hombres?

A lo que el General Niwa respondió:

— Un gran barco con grandes redes puede pescar de igual manera ballenas y sardinas, pero un barco
hecho para sardinas no puede pescar ballenas.

— Pe- perdón mi General.

— No tienes que disculparte. Verás, el señor Oda es un buen líder, pero no es muy querido, y si este
pueblo dejó de enviar informes en señal de protesta dará fuerzas a otros y así japón se levantará contra
Oda.

— Entiendo mi General.

A la mañana siguiente todos prepararon sus caballos y partieron hacia Sutoko.

— A este paso llegaremos antes del atardecer— dijo el General Niwa.

— Una de mis peticiones será construir un camino decente para llegar a este pueblo— se burló un
soldado.

— Es mejor no seguir molestando al bosque, suficiente tuvo con la guerra Ōnin— sugirió Tsune, el cual
no era de mucho hablar.

— Cierto, la guerra mata todo lo que esté cerca, incluyendo el alma de los que ganan— dijo uno de los
soldados.

Al pasar el mediodía estando a solo 2 horas del pueblo, se adentran en una densa niebla.

— General, ya sé que hago preguntas tontas, pero ¿no es raro que haya niebla en esta zona en esta
época del año?

— No tienes remedio, Haki— respondió Niwa—, pero tienes razón. Nunca he visto nada así.
Desde ese momento se fue colando la duda en la mente de todos y al llegar al pueblo no mejoró la
situación. Cruzando el puente el General dijo en voz alta:

— ¡Pueblo de Sutoko, por orden del daimyō Nobunaga Oda, el ahora gobernante de Japón, se les exigen
respuestas por no haber enviado informes ni tributos en los últimos meses!

Pero en aquel pueblo no se escuchó ninguna otra voz, por lo cual Niwa sospechó que era una
emboscada.

— Como general del ejército japones, les ordeno rendirse en este momento, cualquier ataque a uno de
mis hombres será considerado traición.

En el pueblo solo se escuchaba el viento y los cascos del caballo de Niwa.

Con una señal, Niwa ordenó a los hombres revisar el lugar. Luego de reunirse concluyeron en que hace
tiempo no vivía nadie en el pueblo.

— ¿Que está pasando aquí?

— Señor— habló Haki—, sonará algo extraño, pero creo que Yumamba devoró a los aldeanos.

— ¿Pensé que Yumamba sólo comía viajeros perdidos? — se burló uno de los soldados.

— Basta de tonterías— reclamó Niwa—. En grupos de 2 quiero un sondeo del bosque, debe haber alguna
pista que nos de respuestas.

Haki se quedó con el General en ese lugar callado mientras el miedo inundaba su mente.

Empezaban a llegar los hombres, ninguno con noticias, hasta que llegaron las dos últimas parejas con
uno de los soldados gravemente herido, apenas respiraba y estaba lleno de mordidas y cortes.

— ¿Qué fue lo que sucedió? — preguntó Nawi.

— Señor —respondió uno de los hombres —, escuchamos un grito de auxilio y cuando acudimos
estaban Shō y Tsune, que habían sido atacados por zorros.

— Creo que este bosque está maldito. Dejaron mis ropas hechas harapos y casi matan a Shō— dijo
Tsune.

El General encargó a unos hacer una fogata y que Tsune y los demás cuiden de Shō mientras se iba a
caminar con Haki.

— Señor, ¿usted cree que Shō sobreviva?

— No lo hará, para eso es la fogata.

— ¿Y entonces por qué hace que le cuiden?

— Porque sólo confío en ti...

Haki se quedó con cara de sorpresa.

— ¿Sabes por qué el consejo se interesó tanto en que viniéramos? — cuenta Nawi— Alguien nos envió a
morir aquí.
— Traidores...—masculló Haki.

— Creo saber quién nos envió. Piensa en la única persona que no es de nuestro pelotón, el único que no
ha encontrado nada raro en todo el viaje, y luego dime si es coincidencia que los zorros mataran a Shō y
Tsune no tenga un rasguño.

— Tsune es el traidor, pero...

— ¿Pero las heridas de Shō las hizo un animal? Eso no trae mucho misterio, el bosque se enojó contra el
hombre.

Luego de esa conversación el General Niwa y Haki desenvainaron sus espadas y se volvieron para ver
como un gran zorro blanco acababa con el último de sus hombres.

El General se lanzó al ataque, pero en solo un parpadeo la bestia le dio una bocanada en el cuello. Haki
paralizado por el terror dejó caer su espada y cayó de rodillas con lágrimas en sus ojos, recitando su
última palabra:

— Kitsune.

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