Novela liguera (sin título)
Escrito por Marlon Rabay
CAPÍTULO 1 – “La chica del sueño”
El atardecer ardía sobre el patio del colegio.
Mickey sentía cómo el corazón le palpitaba con fuerza. Llevaba varios minutos
ensayando las palabras en su mente, pero ahora que estaba frente a ella, todo le
parecía borroso.
—Me gustas, Tina… —logró decir, con la voz quebrada pero firme.
Tina se detuvo un segundo. Lo miró de arriba abajo, como si no entendiera qué clase
de broma le estaban contando. Luego entrecerró los ojos y soltó una risa burlona,
alta, hiriente.
—¿Tú? ¿Tú me gustas a mí? —repitió con desprecio—. No me hagas reír, Mickey. ¿De
verdad pensaste que te daría una oportunidad? Por favor. Eres un perdedor.
Las palabras se clavaron en él como cuchillas.
Las risas de algunos compañeros no tardaron en acompañar el golpe. Mickey bajó la
mirada, con el rostro ardiendo y los oídos zumbando. No supo qué decir. Solo sintió
cómo algo dentro de él se rompía en silencio.
Horas después.
El salón estaba en calma, pero su mente no.
Mickey miraba por la ventana, los pensamientos en otro mundo. Tina. Su voz. Su
burla. Todo se repetía una y otra vez. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué tan cruel?
—¡Eh! —una mano se posó en su hombro. Era su amigo, Alex—. ¿Te pasa algo?
Mickey parpadeó y lo miró, todavía desubicado.
—¿Eh?
—Te pregunté si hacemos equipo para el proyecto de clase —dijo Alex, soltando una
risa leve—. Estás en las nubes, bro.
—Ah... claro, sí —murmuró Mickey.
Alex lo observó un segundo más.
—¿Y vas a rodar hoy con los demás? Vamos a dar una vuelta hasta la colina.
Mickey negó lentamente.
—No tengo ánimos.
Alex asintió sin insistir. Sabía que algo andaba mal, pero no era el momento para
forzar conversaciones.
Esa tarde.
El rugido de la motocicleta de Mickey rompía el silencio de las calles. Iba solo.
Siempre era así cuando necesitaba pensar. O cuando no quería pensar en nada.
Detuvo su moto un momento en el estacionamiento del colegio, ajustando sus guantes.
Justo cuando iba a arrancar, sintió un peso inesperado en el asiento trasero.
—¡¿Qué…?!
Giró la cabeza. Una chica estaba sentada detrás de él, sin mirarlo, sin decir nada.
Venía de una discusión acalorada a unos metros. La había visto discutir con un tipo
mayor, probablemente su novio. Se notaba molesta… o quizás triste.
—¿Quién eres? —preguntó Mickey.
Ella no respondió.
—Oye, no puedes simplemente subirte a mi mot...
La chica no dijo una palabra. Solo lo abrazó por la espalda con suavidad.
Algo en ese gesto hizo que Mickey no pudiera moverse. No entendía por qué, pero…
ese contacto, ese silencio... le resultaban familiares.
Sin pensar, encendió el motor y arrancó.
Kilómetros después.
—Detente aquí —dijo ella por primera vez.
Mickey frenó junto a un mirador. El viento soplaba con calma. El atardecer ya había
cedido al azul profundo de la noche.
—¿Puedo saber quién eres? —preguntó él, quitándose el casco.
La chica se bajó sin mirarlo. Caminó unos pasos, se detuvo… y sin girarse, murmuró
algo que el viento se tragó.
Mickey quiso acercarse, pero en ese momento... ella echó a correr. Se perdió entre
las sombras del camino.
—¡Oye, espera! ¡Dime tu nombre!
Nada. Silencio.
De pronto… oscuridad.
Mickey abrió los ojos de golpe.
Estaba en su habitación. El ventilador giraba lento sobre su cabeza. Todo era
tranquilo… demasiado tranquilo.
Se sentó en la cama, con el corazón todavía latiendo fuerte.
—Otra vez ese sueño… —susurró—. Siempre igual. Ella sube a mi moto, viajamos, y
cuando quiero saber su nombre… despierto.
Miró sus manos. Podía sentir el calor de aquel abrazo, como si fuera real.
Pero no la conocía. No sabía su nombre. Y sin embargo… sentía que ya la había
perdido antes.
Capítulo. 2 ¿eres tú?
Capítulo 2: ¿Eres tú?
Acostado en el sofá de la oficina del psicólogo, Mickey contaba su sueño a Robert,
su psicólogo, intentando obtener respuesta de lo que tanta intriga le traía.
—¿Entonces? ¿Qué es? ¿Qué significa? ¿Por qué sueño eso? ¿Y por qué en ese colegio?
Hace tiempo que me gradué... ¿Qué es?
El psicólogo lo miró y se ajustó los anteojos.
—Puede ser muchas cosas. Tal vez una película que viste o porque estás pensando
constantemente en alguien importante para ti. De cualquier manera, podemos
analizarlo más adelante, ya que ahora ya terminó la sesión.
Mickey asintió con la cabeza y no dijo nada, aunque estaba tan intrigado. Quería
saber más de ese sueño...
Afuera de la oficina del psicólogo, Alex pasaba casualmente por ahí en su
motocicleta.
—¡Hola, bro! ¿Qué haces por aquí? Oh, ya veo... Tu ex novia te dejó en terapia,
¡jaja! —dijo Alex, haciendo una pequeña broma a lo que Mickey solo sonrió.
—¿Y tú, Alex? ¿Qué haces por aquí? ¿Estabas de paseo? De cualquier manera, me da
gusto verte después de tantos años.
—No, no es así. Solo vine a dejar algunas cosas en el centro... ¿Quieres venir?
Mickey lo pensó por un instante, pero finalmente dijo: "Claro, vamos".
—¡Okey! ¡Vamos!
En el centro, ambos estacionaron sus motos.
—Oye, Mickey, ven, ayúdame a llevar estas cajas hasta mi tía, por favor —pidió
Alex.
—Claro, bro... —dijo Mickey mientras descargaba las cajas de la moto.
—Sigue descargando, ahora vuelvo —dijo Alex.
—Bien —respondió Mickey.
Mientras Mickey descargaba las cajas, distraído y muy enfocado, por un instante
levantó la mirada y vio a una chica. Pero esta chica no era una chica cualquiera...
¿Acaso se trataba de ella? ¿En verdad era ella? Mickey se quedó admirando a la
chica, ya que se parecía mucho a la de su sueño. ¿Sería posible que ella fuera...?
Cuando de pronto llegó Alex y, en cuestión de minutos, la chica desapareció.
—Ya regresé, perdón por haber tardado mucho. Vamos, llevemos las cajas hacia
adentro —dijo Alex.
—Sí, sí, okey, no te preocupes, vamos —respondió Mickey.
—¿Qué te pasa, Mickey? —preguntó Alex.
—No, no es nada, vamos, amigo, hacia la tienda, ¡jaja! —dijo Mickey.
Descargando las cajas, estaban haciendo bromas.
—Oye, Alex, ¿y cómo te ha ido luego de la graduación de la prepa? Ya pasaron 3
años. ¿Sigues en la universidad o estás trabajando? —preguntó Mickey.
—Pues yo he estado trabajando como repartidor, así mi moto se paga sola, ¡jaja! Si
nunca fui bueno para el estudio. ¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido luego de la
prepa? ¡Jaja! Recuerdas cuando estaba obsesionado con Tina, ¡jaja! Es gracioso...
—Uff, ni me menciones a esa mujer. Desgraciada me humilló, ¡jaja! Así fue. Pero
bueno, oye, y ya que mencionas eso, he tenido sueños muy raros respecto a la prepa
—dijo Mickey.
—¿Cómo a qué te refieres? —preguntó Alex.
—Bueno, resulta que estoy yo declarándome a Tina y ella me rechaza en frente de
todos. Luego yo estoy en el salón de clases y tú me dices que formemos equipo para
un proyecto o algo así. Luego estoy en el estacionamiento, a punto de arrancar mi
moto, y se sube una chica detrás que no conozco. Pero luego de unos km me pide que
me detenga y cuando le pregunto su nombre, ella se va y me despierto. He estado
soñando constantemente en eso. Es raro —explicó Mickey.
—¿Qué raro? No recuerdo que te hayas declarado a Tina durante la prepa... Tal vez
solo fue una película que viste —dijo Alex.
—Supongo que tal vez sea así —respondió Mickey.
De pronto, entró la tía.
—Oh, chicos, gracias por descargar y acomodar las cajas. Tomen asiento, por favor.
Tomen un poco de agua —dijo la tía.
—Gracias, señora —dijo Mickey.
—Gracias, tía —dijo Alex.
Se escuchó abrir la puerta, mientras entraba una linda chica con una sonrisa
radiante…
De inmediato Mickey se dio cuenta que esa chica era la que había visto cuando
descargaba las cajas y a la de su sueño.
—¿acaso eres tu?—