DECEMBER: EL FIN DE LA VIDA
December es el décimo mes según el primer calendario romano, donde se festejaban diferentes
fiestas como las saturnales o las de regeneración de los dioses solares, la cual se le asemeja con la
esperanza de vida que tendría una persona que ha fallecido, por lo cual este mes significa fin de año
y fin de la vida.
1. La concepción de la muerte
Para los romanos de la edad arcaica los muertos vivían en sus tumbas, donde se convertían
en sombras que se asemejaban a sus cuerpos.
Los primeros años de república, se empezó a considerar alos muertos como seres divinos,
que podían ayudar a sus familiares terrenales si se les invocaba de manera correcta y en
caso de no darles culto se volvían seres nocivos que atormentaban a los vivos.
En el siglo I a.c. se hacía referencia a los dioses Manes que eran almas que mantenían su
identidad corporal.
En el siglo I d.c. se vincularon diferentes corrientes filosóficas con distintas concepciones,
las cuales no se lograron arraigar en la población romana. Ellos siguieron imaginando a sus
muertos como en el tiempo arcaico, considerando inclusive que se debía mantener su
vitalidad y renovarla dándoles ofrendas de comida, bebida, sangre que podría ser su
alimento favorito.
Los romanos consideraron más importante morir bien, refiriéndose con esto a una muerte
digna.
Posteriormente la ley de las XII tablas prohíbe realizar funerales dentro de la ciudad para
evitar posibles infecciones de los muertos, ya que antes se los enterraba en sus casas, por lo
que la ley luego posibilita el entierro intramuros a unos pocos privilegiados escogidos por
el senado, en el interior de las casas se podía también enterrar a niños fallecidos en menos
de 40 días de vida para mantenerlos cerca a su familia y evitar los locus religiosus, es decir
que sean profanados de sus tumbas, las cuales luego fueron declaradas habilitadas fuera de
la ciudad, separando así los vivos del reino de la muerte.
2. El funus romano
El funus o funeral, es el conjunto de rituales que significaban una obligación religiosa, el
cual terminaba en el sepelio sea por cremación, purificación del cuerpo, o inhumación, el
retorno a la tierra. Con esto se aseguraban el tránsito al más allá del fallecido, en el caso de
los ciudadanos de clase inferior no tenían ninguna ceremonia pública (funus plebeium) y
en caso de ciudadanos de rango elevado tenían el funus.
Las familias se veían obligadas a dar un funeral y sepultura adecuados, si se negaban
recibían uno de los mayores castigos de la época, ya que era obligatorio el regreso
obligatorio a la tierra de los muertos.
Antes que la persona expire se le debía colocar sobre la tierra desnuda, para así cerrar el
ciclo de su vida, en el momento de la muerte un familiar debía acoger con un beso el
último suspiro de la persona para evitar que se escapara por la boca, posterior a esto se
daba inicio a la lamentación fúnebre en la que se llamaba al cadáver 3 veces y en caso de
no responder se le daba por muerto y se le cerraba los ojos. Se procedía a lavar el cadáver,
perfumarlo y colocarle ungüentos para conservar el cuerpo a lo largo de los ritos. Si el
cadáver representaba una magistratura se le imprimía sus rasgos faciales en una máscara lo
cual sería guardado y expuesto. Se le adornaba con una corona, guirnaldas y una moneda
en la boca para pagar el viaje a Caronte, lo vestían de blanco, ya que se asociaba con la
pureza. Después era expuesto en un lecho con los pies hacia la puerta con adornos florales,
estos preparativos podían ser realizados por los familiares o por los profesionales de las
pompas fúnebres o llamados libitinarii, quienes también se encargaban de las ceremonias
posteriores. Después de exponer el cuerpo era llevado a su última morada generalmente de
noche porque como era considerado impuro evitaban que sean vistos por magistrados o
sacerdotes, el cual se mantuvo para el entierro de niños, muertos prematuros y personas
pobres, luego todos fueron de día. Los familiares y amigos llevaban el féretro, ellos iban
vestidos de negro, en caso la persona fallecida era importante iba acopañada también de la
pompa fúnebre que era un desfile de personajes, en caso ser una persona con poder
adquisitivo contrataba a plañideras profesionales quienes durante el recorrido se
lamentaban y lloraban el fallecimiento. Una vez en la tumba se procedía con la cremación
o inhumación, consagrando ritualmente el lugar, por lo general en la república dominó la
cremación y en el siglo II d.c. tuvo el dominio absoluto la inhumación en tierra, las
personas pobres o víctimas de juegos eran enterrados en fosas comunes o enterramientos
colectivos, llamados puticuli, donde también se mezclaban con animales muertos. En la
cremación se colocaba al muerto sobre leña, papiro y se le abría los ojos para ver por
última vez el cielo, rodeado de objetos personales, ofrendas (vajillas, clavos de hierro,
lucernas, monedas) y a veces acompañados por animales domésticos, antes de encender la
pira los familiares y amigos decían su nombre y se le aplicaba fuego, una vez consumido el
cadáver se regaba con vino y se cubría con tierra para apagar el fuego, se recogía los restos
en una tela para depositarlos en una urna. Si no existía la posibilidad de enterrar el cuerpo,
se derramaba sobre él 3 puñados de tierra y en caso no se pueda recuperar el cuerpo se
construía en su memoria un cenotafio que es una tumba vacía y se ejercían los ritos en su
honor. Para concluir la familia se sometía a un suffitio, que era un rito de purificación
haciendo uso del agua y el fuego. En la tumba se celebraba un banquete fúnebre,
silicernium, que se repartía 9 días después para así finalizar el duelo, vertiendo sobre la
tumba una libación del vino, ya que este se asociaba a la regeneración y combatía la vida
contra la muerte. En ocasiones estos funerales eran acompañados de combates que
honraban y alimentaban al difunto con e derramamiento de sangre.
3. Los monumentos funerarios
Después del funeral, se debía cuidar la tumba del fallecido, por lo que los monumentos
servían como memoria del difunto donde contenía algún texto que rememorase a quien allí
descansaba, así como a quién se le transmitía la herencia y las obligaciones de sus
herederos. Las tumbas se adornaban con flores, como imagen de la renovación y de la
felicidad que se podía obtener en la ultratumba, inclusive tenían sus propios jardines en los
que las almas reconozcan estos como lugares para descansar.
Frecuentemente en festividades concretas visitaban las tumbas para realizar los banquetes
fúnebres para perpetuar el recuerdo del difunto y alimentarlo. Las urnas y sarcófagos tenían
pequeños orificios por los cuales se vertían las libaciones y las ofrendas de alimentos.
Las tumbas se erigían a la salida de las ciudades, junto a las vías más transitadas, cuando
los viajeros que salían de la ciudad lo hacían entre dos hileras de sepulcros. Estas vías
formaban auténticas necrópolis, de esta manera, podían leer todos los epitafios y recordar a
quienes estaban enterrados allí. Al ser costosos los monumentos, quienes no podían
apagarlos, a los incinerados solían enterrarlos en enterramientos colectivos que pagaban en
vida, levantaban columbarios que albergaban varias urnas de manera alineada y en la base
un pódium que era para depositar los sarcófagos de quienes no querían ser incinerados. Por
encima o por debajo se colocaba un mármol donde llevaba los nombres de quienes se
encontraban allí. Luego surgieron los collegia funeraticia, que eran asociaciones que
afrontaban los gastos de los funerales y los colocaban en columbarios, aquí se pagaban
cuotas cada cierto tiempo que estaba al alcance de todos, para cuando muera se retiraba
dinero del fondo para cubrir los gastos del funeral.
4. El luto
Tras la muerte de una persona querida se tenía a costumbre de llevar luto, inclusive
significaba una obligación para el derecho clásico, no solo por su marido, sino por
cualquier miembro de la familia. Las mujeres solían llevar la llamada toga pulla que era
oscura y usada en momentos de calamidad. Los hombres, se dejaban crecer el pelo y la
barba como signo de tristeza, por máximo 10 meses. Si una viuda no respetaba esto debía
sacrificar una vaca preñada. El senado en el 216 a.c. estableció el luto solo 30 días. La
persona que llevaba luto quedaba excluida de los actos de la vida social, debido a motivos
religiosos y a ciertas convenciones que se tenían, puesto que se creía que la participación
en cualquier acto alegre suponía una ofensa para el difunto, por esto es que el tiempo se vio
reducido y en caso acercarse una fiesta se permitía acortarse el luto para el festejo de algún
evento importante ya que nadie podía estar de luto porque era algo nefasto.
5. El suicidio
En Roma como en Grecia, los suicidas producían espanto y eran enterrados de la manera
más deshonrosa. Este sentimiento estaba provocado por el miedo, ya que el suicida era
culpable de poner fin a su vida delante de los ojos de todos, lo que traía una condena moral
hacia su acto, y a la vez obligaba a los demás a ser funestos sin necesidad. Esto cambio con
el tiempo ya que luego los romanos tuvieron la libertad de vivir o morir bajo su única
responsabilidad.
Los juristas abordaban este tema cuando se relacionaba el derecho de sucesión,
enfermedad, demencia, banca rota y las que pudieran ser justificadas ya que significaban
deshonra. El taedium vitae o suicidio se hizo muy frecuente en la aristocracia, en especial
en el Imperio, era como una eutanasia meditada para que la persona no pierda su dignidad
y honra. También significo liberarse de la vieja aristocracia cuando los acusaban de algún
delito y se suicidaban para no ser infamados.
En Roma Arcaica era admirable que un guerrero ponga fin a su vida como forma de
inmolarse a la patria, y a fines de la república hubo muchos suicidios los cuales fueron
admirables a los demás.