Texto 1.
EL ORIGEN DEL MAL.
En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por
tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas.
En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un
palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir
sobre el origen del mal.
-El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta
hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero,
amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la
naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si
vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían
capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es
el origen del mal.
El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.
-Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas.
Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre
pensando en ella "¿Habrá comido?", nos preguntamos. "¿Tendrá bastante abrigo?" Y cuando se aleja un poco de
nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el
hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la
muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno
no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal
proviene del amor, y no del hambre.
-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no
buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos
arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos.
Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se
tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y
el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.
El ciervo no fue de este parecer.
-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo,
todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un
animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo.
Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a
salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que
cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para
esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un
precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre
llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el
miedo.
Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:
-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que
engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.
TEXTO 2.
Aquí hay una famosa pieza de razonamiento práctico:
Podemos elegir creer en la existencia de un Dios (cristiano); podemos elegir no hacerlo. Supongamos que elegimos
creer. O Dios existe o no existe. Si Dios existe, todo está bien. Si no, entonces nuestra creencia es un inconveniente
menor: significa que hemos perdido un poco de tiempo en la iglesia, y quizá hayamos hecho un par de cosas que de otro
modo no hubiéramos querido hacer; pero nada de esto es desastroso. Ahora supongamos, por otro lado, que elegimos
no creer en la existencia de Dios. De nuevo, puede ser que Dios exista o que no. Si Dios no existe, todo está bien. Pero si
Dios sí existe, ¡vaya que estamos en problemas! Nos espera mucho sufrimiento en el más allá; quizá por toda la
eternidad si no hay un poco de misericordia. Así que cualquier persona inteligente debería creer en la existencia de Dios.
Es el único camino prudente.
LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS DE LAS
NACIONES UNIDAS
Versión Simplificada
La versión simplificada de los 30 Artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas se ha creado en especial para gente joven.
1. Todos Hemos Nacido Libres e Iguales. Todos hemos nacido libres. Todos tenemos nuestras propias
ideas y pensamientos. Todos deberíamos ser tratados de la misma manera.
2. No Discrimines. Estos derechos pertenecen a todos, sin importar nuestras diferencias.
3. El Derecho a la Vida. Todos tenemos el derecho a la vida y a vivir en libertad y con seguridad.
4. Ninguna Esclavitud. Nadie tiene derecho a convertirnos en esclavos. No podemos hacer a nadie
nuestro esclavo.
5. Ninguna Tortura. Nadie tiene ningún derecho a dañarnos o torturarnos.
6. Tienes Derechos Sin Importar a Donde Vayas. ¡Soy una persona igual que tú!
7. Todos Somos Iguales Ante la Ley. La ley es la misma para todos. Nos debe tratar a todos con
equidad.
8. La Ley Protege tus Derechos Humanos. Todos tenemos el derecho de pedir a la ley que nos ayude
cuando hemos sido tratados injustamente.
9. Ninguna Detención Injusta. Nadie tiene el derecho de meternos en la cárcel sin una buena razón y
de mantenernos encarcelados o de echarnos de nuestro país.
10. El Derecho a un Juicio. Si se nos lleva a juicio tiene que ser en público. Las personas que nos juzgan
no deben permitir que alguien más les diga qué hacer.
11. Somos Siempre Inocentes hasta que se Pruebe lo Contrario. No se debería culpar a nadie de
haber hecho algo hasta que se haya demostrado. Cuando alguien nos acusa de haber hecho algo
incorrecto, tenemos el derecho de demostrar que eso no es verdad.
12. El Derecho a la Intimidad. Nadie debería tratar de dañar nuestra reputación. Nadie tiene el derecho
de entrar en nuestra casa, abrir nuestras cartas o molestarnos o a nuestra familia sin una buena razón.
13. Libertad de Movimiento. Todos tenemos el derecho de ir a donde queramos en nuestro propio país,
y de viajar a donde nos plazca.
14. Derecho de Buscar un Lugar Seguro en Donde Vivir. Si tenemos temor de ser tratados mal en
nuestro propio país, tenemos el derecho de irnos a otro país para estar seguros.
15. El Derecho a una Nacionalidad. Todos tenemos el derecho de pertenecer a un país.
16. Matrimonio y Familia. Toda persona adulta tiene el derecho de casarse y formar una familia si así lo
quiere. Hombres y mujeres tienen los mismos derechos, tanto cuando están casados como cuando se
separan.
17. El Derecho a tus Propias Posesiones. Todo el mundo tiene derecho a tener sus propias cosas o a
compartirlas. Nadie debería tomar nuestras cosas sin una buena razón.
18. Libertad de Pensamiento. Todos tenemos el derecho de creer en lo que queramos creer, de tener
una religión o de cambiarla si así lo queremos.
19. Libertad de Expresión. Todos tenemos el derecho de pensar por nosotros mismos, de pensar lo que
nos gusta, de decir lo que pensamos y de compartir nuestras ideas con otra gente.
20. El Derecho a Reunirse en Público. Todos tenemos el derecho de reunirnos con nuestros amigos y
de trabajar juntos en paz para defender nuestros derechos. Nadie nos puede obligar a unirnos a un grupo
al que no queremos unirnos.
21. El Derecho a la Democracia. Todos tenemos derecho a tomar parte en el gobierno de nuestro país.
A todo adulto se le debe permitir elegir a sus propios líderes.
22. Seguridad Social. Todos tenemos el derecho a una vivienda decente, a cuidados médicos,
educación, guardería infantil, suficiente dinero para vivir y atención médica si estamos enfermos o somos
mayores.
23. Los Derechos de los Trabajadores. Todo adulto tiene el derecho de trabajar, cobrar un sueldo justo
por su trabajo y a unirse a un sindicato.
24. El Derecho a Jugar. Todos tenemos derecho a descansar del trabajo y a relajarnos.
25. Comida y Alojamiento para Todos. Todos tenemos el derecho a una buena vida. Madres y niños,
gente mayor, personas desempleadas o con limitaciones físicas, todos tienen el derecho de recibir
cuidados.
26. El Derecho a la Educación. La educación es un derecho. La escuela primaria debería ser gratuita.
Deberíamos aprender acerca de las Naciones Unidas y sobre cómo llevarnos bien con los demás. Nuestros
padres pueden elegir lo que aprendemos.
27. Derechos de Autor. El derecho de autor es una ley especial para proteger la creación de una
persona, ya sea artística o literaria. Nadie puede copiar nuestro trabajo sin permiso. Todos tenemos el
derecho a llevar nuestro propio modo de vida y disfrutar de las cosas buenas que el arte, la ciencia y la
enseñanza nos brindan.
28. Un Mundo Justo y Libre. Debe haber un orden apropiado para que podamos todos disfrutar de
derechos y libertades en nuestro país y por todo el mundo.
29. Responsabilidad. Tenemos un deber hacia los demás, y deberíamos proteger sus derechos y
libertades.
30. Nadie Puede Arrebatarte tus Derechos Humanos.