Libertad Condicional de Alberto Ayala
Libertad Condicional de Alberto Ayala
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posibilidad de obtener la libertad condicional de las personas
condenadas, solamente por estar los delitos imputados
comprendidos en el artículo 5 de la ley 23.737, obstaculiza la
adecuada resocialización y el tránsito progresivo durante la
ejecución de la pena.
Concluyó que las restricciones del artículo 14 del CP
son contrarias a los fines de la ejecución de la pena,
humanidad, igualdad, proporcionalidad y racionalidad, entre
otros principios y garantías de jerarquía constitucional, al no
considerar el desarrollo penitenciario de la persona ni su
esfuerzo personal, dado que, de cualquier forma, se
encontraría imposibilitada de acceder al beneficio de la libertad
condicional por la exclusiva razón del mero nomen iuris de los
delitos cometidos.
b. En consecuencia, se le solicitó al director de la
Cárcel de Formosa (u. 10 del SPF) los informes previstos en
los artículos 13 del Código Penal (94 del decreto 396/99), 28
de la ley 24.660 y 506 del Código Procesal penal de la Nación,
consignando en particular si su pronóstico de reinserción
social se vislumbra favorable (artículo 102 del decreto 396/99),
sin adentrarse en la aplicación al presente caso de lo
dispuesto por la ley 27.375.
Cabe destacar que los mismos fueron incorporados
al sistema Lex100, mediante el Acta nro. 108/2024
(C.C.-U.10) luego de la reunión del Director del citado
establecimiento y la participación de todos los miembros del
Consejo Correccional, quienes concluyeron que: “[…] el
Tribunal a cargo solicito los informes previstos en los
Arts. 13 del Código Penal (94 del Dcto 396/99), 28 de la
Ley 24.660 y 506 del Código Procesal Penal de la Nación,
consignando en particular si su pronóstico de
reinserción social se vislumbra favorable, sin adentrarse
en la aplicación al presente caso de lo dispuesto por la
Ley 27.375; y considerando asimismo lo vertido por las
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“Pero aún más. Tampoco se explica por qué,
suponiendo que las normas convencionales requirieran la
previsión de salidas antes del agotamiento de la pena, la
libertad vigilada del artículo 56 quater de la ley 24.660 no
cumpliría con esos mandatos”
“Tal como se sostuvo en un pronunciamiento que
ratificó una resolución de vuestro tribunal, la alzada explicó que
:”
“«La libertad condicional constituye una forma, entre
otras, de receptar el principio de readaptación social de los
condenados. Por lo tanto, no es el único medio o instituto
posible para cumplir ese objetivo, ni ese mecanismo resulta
excluyente y exclusivo a esos fines, de modo que implique en
su peculiaridad un derecho constitucionalmente reconocido
como tal. En consecuencia, la legislación local tiene bajo su
competencia seleccionar los instrumentos concretos
orientados a ese fin, sin entrar en contradicción con las reglas
convencionales sobre la cuestión»”.
«En esa línea, tanto a nivel nacional como
internacional, se consagra como norte de las penas la
resocialización, pero no se establece una forma específica en
que debe llevarse a cabo […]. En consecuencia, la
configuración a través de la cual se concreta ese principio
consagrado a nivel convencional, queda librado al Estado
argentino, esto es, se deja un margen de apreciación nacional,
con la lógica salvedad de que los institutos que se establezcan
tiendan a lograr ese fin. En el caso del régimen preparatorio
para la liberación, taxativamente se dispone que se accederá
a él “previo informe de la dirección del establecimiento y de
peritos que pronostique en forma individualizada y favorable
su reinserción social”, lo que evidencia que el fin de
readaptación social es asumido en la normativa aplicable al
condenado. No se trata de un simple enunciado orientativo o
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que la defensa no logra demostrar en el caso concreto de qué
modo la regulación cuestionada resulta desproporcionada y
violatoria de los principios por ella invocados”.
“Finalmente, no obsta lo expuesto la jurisprudencia
invocada”.
“Por un lado, no se demuestra la analogía entre el
sub-examine y los precedentes de la CSJN evocados de la
defensa, así como tampoco respecto a los precedentes “Veliz
Linda Cristina” y “Suárez Rosero” de la Corte IDH que, si bien
tematizan el derecho a la igualdad, se refieren a una cuestión
de otra naturaleza jurídica como el régimen de las medidas de
coerción”.
“Por otro lado, a mi parecer, tampoco se demuestra
la analogía entre este caso y el precedente “Soto Trinidad” ni
se explica por qué cabría extender al sub-lite sus conclusiones
cuando el régimen declarado inconstitucional en ese supuesto,
a diferencia del vigente hoy en día, no preveía ningún sistema
de libertad vigilada antes del agotamiento de la pena”.
“Igual defecto se constata al invocarse la reciente
decisión de la alzada (Cfr., Cámara Federal de Casación
Penal, Sala I, “Marin Romero, Débora s/legajo de ejecución
penal”, causa CFP 20328/2018/TO01/4/CFC001, sentencia del
30 de diciembre de 2020), para concluir que no concurre en el
caso la identidad fáctica y axiológica que motivó allí la
declaración de inconstitucionalidad del precepto”.
“Por lo demás, a modo de cierre, no puedo dejar de
señalar que diversos tribunales frente a planteos
adecuadamente fundados en las circunstancias del caso
concreto sostuvieron la constitucionalidad de la versión
anterior y actual del artículo 14 del CP (Cfr. Cámara Nacional
de Casación en lo Criminal y Correccional, Sala I, “Giménez”,
reg. n.º 238/15, sentencia del 10.7.2015 y “Losio”, reg. n.º 200
/2018, sentencia del 14.3.2018; Sala III, “González”, reg. n.º
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concreto y razonado de las múltiples instancias jurídicas y
fácticas involucradas por la defensa”.
“Frente a tan alarmante propuesta, cobra aún más
vigencia “se impone a los tribunales de justicia, por los
derechos y garantías constitucionales y convencionales
referidas, conllevan a descartar cualquier conato negador del
planteo introducido, pues lo contrario, en esta causa,
importaría, en términos de nuestro Máximo Tribunal, que
nuestra propia CN “quedaría a merced de la voluntad política
coyuntural y, entonces, se desvirtuaría su propio carácter
supremo, soslayándose el propósito de construir un Estado
constitucional de derecho” (conf. fallo cit.).” específica y
fundadamente convocada por esta defensa en la primigenia
intervención”.
“Es que la propuesta de la fiscalía no contiene
análisis razonado alguno de las cuestiones involucradas por la
defensa, sino que, por el contrario, se limitó a un ensayo
inespecífico y meramente dogmático, que además contiene
referencias que aparecen por lo menos llamativas”.
“En ese sentido, se encuentra la aseveración de que
“…tampoco, de acuerdo con la comprensión constitucional del
derecho a la igualdad desarrollada por la Corte Suprema
(Fallos: 258:176; 269:279; 271:124; 301:381; 301:1084; 304
:390; 338:1455), la defensa demuestra que la regulación
establezca una distinción arbitraria; es decir, una que carezca
de un criterio de objetivo y razonable como serían la gravedad
del delito, los bienes en juego y la entidad de su afectación, o
bien los compromisos internacionales del Estado argentino
para su persecución y castigo. Por el contrario, incluso en el
caso «Marín Romero» convocado por la defensa se reconoce
que la regulación se apoya en una distinción válida y, por
ende, ejercida en los márgenes de apreciación del Poder
Legislativo”.
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humanidad, la naturaleza del sistema de progresividad de la
pena, los principios de proporcionalidad y racionalidad de las
penas e igualdad ante la ley, todos de superior jerarquía legal
que aquella a la cual el dictamen trasladado
sorprendentemente se aferra; no haciéndose cargo de la
obligación impuesta al Estado de proporcionar al condenado
las condiciones necesarias para un desarrollo personal
adecuado que favorezca su integración a la vida social al
recobrar la libertad ni del incuestionable deber de que toda
medida de ejecución de penas este dirigida a hacer efectiva la
obligación, inherente al Estado, de garantizar que las penas
privativas de libertad posean el menor efecto desocializador y
deteriorante posible, a partir del despliegue de recursos
materiales y humanos dirigidos a mitigar los efectos del
encarcelamiento y ofrecer asistencia al condenado en el medio
libre, durante un periodo previo a su liberación definitiva”.
“Por ello es tan relevante que el tratamiento
penitenciario, en correlato armonioso con la finalidad
resocializadora de la pena, sea “INDIVIDUALIZADO” como
prescribe la normativa aplicable, siendo que es la fiscalía la
que no fundamenta de qué manera la norma que convoca
anclada exclusivamente en una exclusión general, sin razón
explicitada alguna (nótese que la fiscalía no pudo siquiera
convocar una, ni desvirtuar las plurales argumentaciones que
en este sentido formulara la defensa) sin referencia alguna al
condenado en particular puede resultar compatible con la
aproximación “individual” reclamada por la propia ley”.
“De esta forma, se tornaba aún más evidente que las
restricciones como la contenida en el art. 14 del C.P. en el
particular caso de autos resultan también contrarias a los fines
de la ejecución de la pena, tratamiento individual, humanidad,
igualdad, proporcionalidad y racionalidad, entre otros
principios y garantías de jerarquía constitucional ya que no
consideran el esfuerzo personal del condenado ni su evolución
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2. Con la sanción de la ley 27.375, promulgada el 28
de julio de 2017, el Poder Legislativo modificó el art. 56 bis de
la ley de ejecución penal que, en lo que aquí interesa, quedó
redactado de la siguiente manera: “… No podrán otorgarse los
beneficios comprendidos en el período de prueba a los
condenados por los siguientes delitos… 10. Delitos previstos
en los artículos 5°, 6° y 7° de la ley 23.737 o la que en el futuro
la reemplace…”.
Asimismo, se estableció en el artículo 56 quáter del
mismo cuerpo legal que “…la progresividad deberá
garantizarse a partir de la implementación de un régimen
preparatorio para la liberación, elaborado a través de un
programa específico de carácter individual, teniendo en cuenta
la gravedad del delito, que permita un mayor contacto con el
mundo exterior…”.Continúa, “…Un año antes del cumplimiento
de la condena, siempre que el condenado hubiera observado
con regularidad los reglamentos carcelarios y, previo informe
de la dirección del establecimiento y de peritos que
pronostique en forma individualizada y favorable su reinserción
social, podrá acceder a la libertad conforme a dicho régimen.
En éste, los tres (3) primeros meses se dedicarán a la
preparación dentro del establecimiento del condenado para la
liberación, con posterioridad se admitirá la realización de
salidas con acompañamiento durante un plazo de seis (6)
meses y, finalmente, en los últimos tres (3) meses el
condenado accederá a la posibilidad de ingresar en el régimen
de salidas fuera del establecimiento penitenciario sin
supervisión…”.
3. A partir de la lectura del texto legal, se puede
advertir que para excluir a los condenados del acceso a los
distintos institutos del período de prueba o en su caso a la
libertad condicional, el legislador ha considerado de mayor
severidad los delitos tipificados por los artículos 5°, 6° y 7° de
la Ley nro. 23.737, al entender de modo implícito que aquellas
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5. Bajo estas claras directivas establecidas, se
desprende que no corresponderá hacer lugar a la libertad
condicional de Alberto Matías Ayala, en cuanto tal posibilidad
se halla vedada.
Aparte, en rigor, la ley 27.375 adicionó a la ley de
Ejecución un régimen especial para que, las personas
condenadas por este tipo de delitos progresivamente vayan
logrando más autonomía hasta llegar a su liberación definitiva,
tal como lo muestra el art. 56 quáter de la ley 24.660 ya
transcripto.
De modo que para ese control de constitucionalidad,
la Corte sostuvo que: “…el fin y las consecuencias del 'control'
encomendado a la justicia sobre las actividades ejecutiva y
legislativa, requieren que este requisito de la existencia de un
'caso' o 'controversia judicial' sea observado rigurosamente
para la preservación del principio de la división de los poderes”
(Fallo: 310:2342) y que "la impugnación de las leyes con base
constitucional no puede contemplarse en abstracto" (doctrina
de Fallos: 106:109; 182:398; 187:79; 256:602; 259:69; 304
:1088; 311:2088; 317:335, 1224, entre otros).
Estas pautas me direccionan a sopesar, al momento
de analizar la constitucionalidad de una ley, las circunstancias
concretas que causan agravio junto con la supuesta
irrazonabilidad o inequidad de la norma que la parte en su
desarrollo argumental esgrime, para finalmente determinar si
se configura y justifica el pronunciamiento pretendido, de lo
contrario, prosperará su rechazo, como sucederá en autos, tal
como se viene sosteniendo en la presente resolución.
6. Ahora bien, las restricciones que la ley 27.375
imponen respecto del delito materia del condenado no
importan una violación a la igualdad puesto que alcanza a
todos los casos en que recaiga condena por los delitos
tipificados en los art. 5°, 6° y 7° de la Ley 23.737. La
modificación, en cuanto implique abarcar a todos aquellos
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arbitraria. Por su parte, la defensa tampoco acreditó
fundadamente la irrazonabilidad de esta distinción, sino por el
contrario, solo expuso sus discrepancias con la nueva
redacción de la ley en relación con su antecesora, por el único
hecho de resultar más rigurosa.
En efecto, “…esa razón no se presenta como
arbitraria ni antojadiza, sino que responde a un hecho
insoslayable de la realidad basado –nuevamente- en
exclusivas razones de política criminal ejercida en el ámbito de
su competencia: la comisión de un delito…” (TOCF 1 de
Mendoza, causa FMZ 32797/2017/TO1/2, “MAYORGA
PÉREZ, Marcelo Ricardo p/ Ejecución Penal” “mutatis mutandi
”).
En síntesis, en modo alguno advierto que la limitación
al beneficio de la libertad condicional importe una ilegítima
discriminación que justifique la invalidez de la norma, puesto
que el condenado Ayala incurrió en una de las conductas
delictivas calificada como “graves”, cuestión no menor para
resultar merecedor de un trato más riguroso y estricto como
los que promueve la actual redacción (cfr. CFCP, Sala III,
Causa Nº FMP 35385/2017/TO1/8/CFC1 “Medina, Maximiliano
Germán s/recurso de casación”, 26/09/2019, reg. nro: 1756
/19).
Así las cosas, puedo afirmar que todos los
condenados por el mismo delito imputado a Ayala, que lo
hubieran cometido a partir de la entrada en vigencia de la
nueva ley, no tendrán acceso a la libertad condicional. De tal
manera no advierto que la aplicación de la norma importe un
trato discriminatorio a su respecto.
Es decir, que esta categorización no es caprichosa,
sino el fruto de una reforma que integró y armonizó la
legislación local con las obligaciones internacionales
direccionadas a reprimir y sancionar este tipo de flagelos, con
el objeto de proteger el bien jurídico “salud pública”.
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Regístrese, publíquese, notifíquese y ofíciese.
Ante mí:
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