«Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no
tengo hoy el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será
definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el
interés público hasta en las más críticas coyunturas.
Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez, pero sé
bien que nuestra patria se mostró en todo momento generosa ante las culpas sin
malicia.
Soy el Rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría
medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con
quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar
a un compatriota contra otro en fraticida guerra civil. No renuncio a ninguno
de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de
cuya custodia ha de pedirme algún día cuenta rigurosa.
Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la
conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el
ejercicio del Poder Real y me aparto de España, reconociéndola así como única
señora de sus destinos.
También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la
Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás
españoles.»
ABC, 15 de abril de 1931
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