Crítica de Barcos al Socialismo Argentino
Crítica de Barcos al Socialismo Argentino
en la Argentina
En 1913 a los 30 años, Julio Barcos era alguién reconocido en el anarquismo argentino,
sin duda el pedagogo mas importante de las ligas racionalistas rioplatenses. Había
realizado la hazaña de dirigir las primeras escuelas racionalistas de Argentina sin
perder prestigio dentro del campo libertario. Tan solo un año antes (1912) se
publicaba en Boletín Oficial la ley Sáenz Peña, que estableció la lista incompleta
combinada con el secreto y la obligatoriedad del sufragio y el mecanismo plurinominal.
Este momento fue recuperado (Rock, Halperín) como el reflejo de la capacidad de la
élite argentina en adaptar toda una estructura política a nuevas condiciones. Los
objetivos; atraer a los radicales a la acción legal y mutar las clientelas conservadoras en
partido moderno. Se trataría entonces de un diseño político de bloque social, con
potencia para incorporar a las clases medias urbanas y restituir la estabilidad perdida
en el sistema político desde 1890.
El sofisma socialista
Como bien indica Albornoz existieron prácticas comunes entre anarquistas y
socialistas; algunas fueron; la prensa como órgano de difusión privilegiado de las ideas,
la edición de libros y folletos, las prácticas conmemorativas -ya sea el 1° de mayo o el
aniversario de la Comuna de París-, la articulación de una red de círculos y locales, la
ponderación de las conferencias públicas, la preocupación por la educación
racionalista, las manifestaciones reivindicativas y el internacionalismo vertebraron una
sensibilidad y una cultura política compartidas para tematizar, visibilizar y proponer
respuestas a la llamada Cuestión Social en la Argentina (Albornoz,2012).
Pero a un año de ser establecida la ley Sáenz Peña y con la primera bancada socialista
electa, se profundizó el desencuentro político-doctrinal entre anarquistas y socialistas.
Barcos fue testigo asombrado (y suspicaz) de la transformación del P.S en partido
parlamentario, le concernía entonces ponderar su perfomance política y quizás
responder con cuales semillas se estaba inseminando el porvenir democrático. Es así
que pública en junio de 1913, su artículo El sofisma socialista.
De entrada y haciendo juego con el nombre de la revista (Ideas y Figuras) Barcos aclara
que los electores dan su voto por simpatía a las figuras y no a las ideas del P.S.
Encarrilar la emancipación de los trabajadores por el andarivel de la reforma del
Estado parece ser el trabajo que compete al socialismo, sin embargo es improbable
que esta emancipación pueda llevarse a cabo ya que “tanto ha concebido el socialismo
político al espíritu conservador de las instituciones burguesas que ha terminado por
pactar con las castas privilegiadas” (Barcos,1913).
Esta visión resultó ser compartida por un amplio espectro político, es por esto que
creemos necesario llevar a cabo un análisis historiográfico sobre como influyó este
proceso de institucionalización en los perfiles que revistieron las formaciones políticas,
revisando cuales fueron las estrategias que asumieron de algunas de sus conducciones.
Nos interesa particularmente conocer la estrategia del socialismo ya que fue central en
los análisis, polémicas y debates estructurados por Barcos.
Sostiene Aricó que en la estrategia de Justo, para que los trabajadores se compongan
en movimiento histórico (con conciencia de clase) es necesaria la presencia de una
guía teórica. En su visión el partido expresa y organiza las reivindicaciones de clase,
pero en un sentido matizado; las características nacionales condicionan la síntesis
histórica del movimiento. Estos insumos y su guía para que el partido se despliegue en
múltiple facetas (gremial, económica, política y cultural), constituyen según Aricó, el
mayor aporte de Justo a la historia política argentina (Aricó, 1999).
Los socialistas fueron (junto con los anarquistas) los primeros núcleos de clase obrera,
que desarrollaron en las clases subalternas ese espíritu de escisión frente a la sociedad
que constituye el requisito imprescindible para la formación de una conciencia de clase
(Árico, 1999).
Pocas opiniones le importaban tanto a Julio Barcos como las de su amigo Alberto
Ghiraldo que se encontraba de viaje (Tucumán), en los días donde fue publicado este
artículo. Al volver Ghiraldo enriquece el artículo original de Barcos y nos trae una
caracterización de cómo era considerado Barcos por parte de algunos socialistas;
“usted es motejado de ácrata dinamitero” (Ideas y Figuras, 1913). Ambos valoran a los
que se han enseñado a sí mismos, y des-autorizan políticamente a los doctorados del
P.S como Justo, Repetto, etc.
Para Waldo Ansaldi la reforma que implicó la Ley Sáenz Peña, permite producir entre
1912 y 1916 un cambio en el régimen político, sin que este implique o conlleve una
crisis del Estado. No hay crisis de Estado, toda vez que no se cuestiona la matriz
fundamental de dominación. En cambio hay crisis de una forma de Estado: cambia la
figura de este, permaneciendo invariante la relación fundamental de dominación. A
pesar de ello para Ansaldi la ley Sáenz Peña permite la efectiva vigencia del sufragio
universal masculino y con ella amplía la participación electoral en el sistema de
decisión política a pesar de las sustanciales restricciones que mantiene (Ansaldi, 1993).
Por lo demás la ley permite el pasaje de una etapa -caracterizada por el autor- como
hegemónica organicista (1880-1916) a la hegemónica pluralista (1916-1930), proceso
rápido en el que la nota dominante es la continuidad de la hegemonía burguesa
(Ansaldi,1993). Esta hegemonía se aprecia en diferentes planos, resaltando el
económico y el cultural. Entendemos que para Barcos el P.S era parte de esta
hegemonía burguesa, y que con sus estrategias no hacía más que entorpecer la
organización del proletariado.
En el análisis del caso argentino Ansaldi deja en claro que tanto la sociedad política
como la sociedad civil fueron, durante la hegemonía organicista, fuertes, pero la
articulación entre una y otra (el sistema de partidos políticos y Parlamento) fue débil,
en buena medida por la convergencia del accionar político de la clase fundamental y
de las clases subalternas. La clase fundamental, la burguesía, tenía una concepción y
una práctica restrictiva de la política, de la cual se autoconcebía único y legítimo sujeto
(por derecho propio), al tiempo que no apelaba a todas las posibilidades de acción a
través de sus diferentes asociaciones de interés. Así, fueron fuertes la Sociedad Rural,
la Bolsa de Comercio y hasta la misma Unión Industrial, y fueron débiles el PAN y su
continuador el Partido Unión Nacional.
En conclusión para Ansaldi si en el país no existió una democracia burguesa fue porque
la burguesía no es democrática ni cree en la democracia, a la cual considera una
frivolidad. Pero también, porque tampoco fue asumida plenamente por las clases
medias y obreras. Las clases subalternas tendieron a minusvalorar la lucha política y,
consecuentemente, a privilegiar la práctica corporativa, recurriendo también ellas a
sus específicas organizaciones sectoriales. Consideramos a esta serie de hipótesis
históricas como potencialmente valiosas no sólo para visualizar el espectro de ámbitos
(cultural, político, económico) donde se dirigía la crítica de Barcos, sino también para
situar su discurso especialmente dirigido a identificar al P.S como partido burgués y
por ende sistémico a las hegemonías políticas, económicas y culturales del periodo
(1912-1930) en Argentina.
Bibliografía:
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Arico José; (1999) La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina .
Editorial Sudamericana Buenos Aires.
Desde fines del siglo XIX el movimiento obrero se organizaba en federaciones obreras
hegemonizadas en su dirección por el anarquismo, así todo el socialismo también era
parte fundamental en el proceso. Esta dinámica se sostuvo hasta que en 1915 la
organización pasó a posiciones sindicalistas, produciendosé el fin de la hegemonía
anarco-sindicalista en el movimiento sindical. El anarco-sindicalismo había entrado en
decadencia a partir del Centenario, estos intentaron recuperar posiciones a traves de
acciones revoluciones en las huelgas de la semana tragica y de la patagonia, pero sin
éxito (Godio, 1990).
Lo que se inicia en el 9vno congreso de la F.O.R.A de 1915 será una fase de larga
predominancia sindicalista solo cuestionada por socialistas y comunistas. Los
derrotados son los anarcos-sindicalistas ortodoxos y también el sindicalismo socialista
que no puede imponer su posición favorable de “sindicalismo neutral” partidario de
acciones conjuntas con el P.S. El P.S al absolutizar en la práctica la acción
parlamentaria y prestar atención secundaria a la acción sindical carecía de
posibilidades de hegemonizar el movimiento sindical.
En 1915 Barcos orienta una critica dual, por un lado al comunismo anarquico que
quedó refugiado en la FORA del 5to congreso caracterizados, como “admirables
dialécticos” y por otra parte (como ya hemos revisado) al P.S. Observamos como
Barcos paulatinamente empieza a ocupar una fracción de pensamiento “centro”
dentro del anarquismo, alejada del anarco-individualismo. Sí, sostiene un voto a favor
de las viejas dirigencias anarquistas (pre-centenario) “los que organizaban el ejercito
del trabajo frente a los ejercitos del privilegio”, pero en pos de reforzar su voto en
contra del P.S.
En su primer libro (1915), La Felicidad del pueblo es ley suprema, identificaba los
engranajes culturales que hacen posible una cultura oficial: “la literatura patrioteril, la
ciencia jurídica, la desnutrida ciencia oficial y en una prensa sin color ni banderas de
combate”. Es decir el basamento de toda juricidad era las relaciones de dominación; y
¿cómo se transformaba la política en militarismo? pues mediante ciertos «sofismas
imbéciles» como la noción de orden público, la razón de Estado, el sentido del honor
nacional y la integridad de las instituciones (Barcos, 1915).
Barcos esboza en 1915 lo que podría pensarse como una teoría de la historia, el fin de
la especie no es el de la conservación de las individualidades históricas sino el
mejoramiento de la especie misma por el renovamiento eterno de la raza en el sinuoso
curso del tiempo que es la evolución. Esta consideración de un sujeto histórico nos
lleva a pensar qué otras categorías (filosófico-políticas) entraron en tensión a partir de
los proyectos educativos racionalistas y libertarios al pensar la constitución de un
sujeto social.
Consideramos que estas perspectivas analíticas nos brindaran aportes para analizar
como se pensaba desde proyectos culturales alternativos la constitución de un nuevo
sujeto social como así también conocer desde que dimensiones pensó Julio Barcos la
constitución del Estado-nación argentino. Por último pueden también abrir el
panorama para pensar una serie de discursos analizados por Barcos donde algunas
nociones de modernidad cultural son centrales.
Aspiramos a visualizar a través de Edgardo Lander que aspectos del saber han hecho
posible (en el pensamiento social occidental) la naturalización de la sociedad liberal
como la forma más avanzada y normal de existencia humana. Lander sostiene que es
posible identificar dos dimensiones constitutivas de los saberes modernos que
contribuyen a explicar su eficacia naturalizadora. Se trata de dos dimensiones que
tienen orígenes históricos diferentes, y que sólo adquieren su actual potencia
naturalizadora por la vía de su estrecha imbricación. La primera dimensión se refiere a
las sucesivas separaciones o particiones del mundo de lo "real" que se dan
históricamente en la sociedad occidental y las formas como se va construyendo el
conocimiento sobre las bases de este proceso de sucesivas separaciones. La segunda
dimensión es la manera sobre cómo se articulan los saberes modernos con la
organización del poder, especialmente las relaciones coloniales/imperiales de poder
constitutivas del mundo moderno.
Estas dos dimensiones son las que sirven de sustento sólido a una construcción
discursiva naturalizadora de las ciencias sociales o saberes sociales modernos (Lander,
2000). Teniendo en cuenta estas dimensiones otro de nuestros objetivos será indagar
como en el dispositivo de saberes trazados en los proyectos culturales alternativos en
los que participó Julio Barcos, se plantearon disrupciones en alguno de los
presupuestos fundantes del edificio de los saberes sociales moderno.
Estas tendencias se radicalizan con las separaciones que Weber conceptualizó como
constitutivas de la modernidad cultural, y una creciente escisión que se da en la
sociedad moderna entre la población en general y el mundo de los especialistas y los
expertos. Aunque Barcos no focalizó su crítica en torno a sí la institucionalización de
estos campos fue o no legítima, es visible la problematización por parte del autor de la
creciente escisión que se da en la sociedad moderna entre la población en general y el
mundo de los especialistas/expertos. Los últimos solían ser aludidos en su discurso con
el mote de eunucos, especie de vectores (educativos) entre Estado y sociedad
(burguesa).
En la obra Como educa el Estado a tu hijo de 1927, Julio Barcos retoma gran parte de
la plataforma cultural alternativa de la Liga de Educación Racionalista, uno de los
capítulos resalta como a través de escuelas experimentales la revolución bolchevique
había hecho de Rusia un “laboratorio educacional”. El autor destacaba que en pos de
“destruir el prejuicio del liberalismo burgués sobre el excesivo materialismo de la
cultura bolchevique, esta, además de introducir el trabajo como factor fundamental de
la nueva educación, ha convertido simultáneamente en una realidad la cultura estética
del proletariado, despertando en él la pasión intelectual por las bellas artes y por todas
las nobles actividades de la inteligencia” (Barcos, 1927).
Tanto en esta obra como en otras posteriores el autor enfoca el tema del ejercicio de
gestión de los dominios de la cultura como algo fundamental, estos deben dejar de
implicar formas de opresión cultural para acercarse a una esfera social amplia.
Por su parte Julio Barcos criticaba el repaso rutinario de saberes en la educación oficial,
a tal punto –afirmaba– era antinatural el método educativo de la escuela oficial que,
mientras el resto de los mamíferos empleaba “la libertad como único método de criar
y educar a los hijos, para que puedan estos convertirse en seres autónomos”.
Poniéndolos en contacto con la “Naturaleza, el hombre comenzaba al revés, poniendo
en cuestión y desconfiando «de aquella formidable maestra de la vida». Esa práctica
tenía consecuencias. A través de una educación rutinaria se “destruye o embota sus
cualidades latentes” y “aminora el empuje ancestral de sus instintos que son los
cimientos psíquicos de la personalidad” (Barcos, 1927).
Para Quijano la idea de raza, en su sentido moderno, no tiene historia conocida antes
de América (Lander, 2000). Sostiene que quizás se originó como referencia a las
diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados, pero lo sustancial es que
muy pronto fue construida como referencia a supuestas estructuras biológicas
diferenciales entre esos grupos. La formación de relaciones sociales fundadas en dicha
idea, produjo en América identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y
mestizos y redefinió otras. Así términos como español y portugués, más tarde europeo,
que hasta entonces indicaban solamente procedencia geográfica o país de origen,
desde entonces cobraron también, en referencia a las nuevas identidades, una
connotación racial.
Quijano afirma que la idea de raza re-significó y re-legitimó las antiguas concepciones y
prácticas de relaciones de superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes
(Lander, 2000). Esto nos lleva entonces a problematizar que limitaciones éticas y
sociales pudieron tener estos programas culturales alternativos, que intentaban a
llevar a cabo una articulación teórica-práctica con sectores sociales subalternos. Por
último debemos destacar que Barcos en su explicación sobre las formas de sujeción
social, no utiliza la categoría de raza, ni con el sentido de atribuirle el carácter de
instrumento de clasificación y dominación de la población ni tampoco destacándola
como componente en la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento.
Sin embargo Barcos hacia 1918, formula una serie de críticas a los que considera como
programas culturales nacionalistas, algunos de los cuales tenían como modelo crítico la
racialización. Los ideólogos de Argentina aludidos serán José Ingenieros y Ricardo
Rojas. Hasta este momento y dentro entramado ciencia-izquierdas su rival teórico en
donde marca su intervención, había sido Juan. B Justo, pero después de un viaje por
Norteamérica iniciado en 1916, ampliará el análisis hacia una serie de autores
latinoamericanos.
Acerca de este viaje sabemos que en 1916, Barcos fue designado para dirigir la Escuela
Normal de Gualeguaychú, pero su nombramiento fue rechazado por el obispo de
Paraná y revalidado por el Ministro de Instrucción Pública (Arata, 2013). Al año
siguiente fue enviado en misión oficial a los Estados Unidos por un lapso de seis meses,
con el propósito de visitar escuelas y estudiar experiencias pedagógicas, informando al
gobierno argentino sobre los adelantos educativos del país del norte. Allí partió junto a
su mujer, Amanda Di Tomás, remitiendo informes pedagógicos de cada ciudad
estadounidense que visitó. La escasa información que puede reunirse al respecto
indicaría que Barcos concentró buena parte de su tiempo en visitar las escuelas de
Nueva York y en tender vínculos con la Universidad de Columbia, donde contribuyó a
fundar la Federación de Estudiantes de Habla Española.
En este año (1918) Barcos visitó algunos países latinoamericanos (Puerto Rico,
Venezuela y Costa Rica), donde se vincula con otros intelectuales fundando la revista
Cuasimodo, de la cual será el principal redactor. En esta publicación lleva a cabo un
ensayo llamado “Nuestros Profesores del Idealismo en América” que será parte de un
libro posterior; Política para intelectuales. En este ensayo Barcos analizó a un grupo de
intelectuales americanos (Lugones, Rodó, Rojas, Valencia Herrera) centrando la crítica
en el modo en cómo éstos organizan sus discursos y programas culturales en torno a
categorías espiritualistas, vitalistas y nacionalistas.
De esta serie de críticas nos interesan para este apartado, las referidas a Ricardo Rojas
y a José Ingenieros.
En 1897 Ingenieros lleva a cabo una serie de artículos (13) en La Montaña, publicación
socialista. El discurso desplegado estará caracterizado por algunos de los tópicos
(parasitismo, moralismo, antiautoritarismo, revolución) existentes dentro de los temas
que trataba Barcos, la figura de Sarmiento también será celebrada por ambos. Dentro
de estas semejanzas la más característica será la que critique la táctica parlamentarista
defendida por la línea hegemónica del socialismo, se sumarán a estos
cuestionamientos Giusti y Del Valle Iberlucea. Tanto esto, como la impugnación al
capitalismo como práctica económica en donde la ganancia se confunde con el interés,
es decir con un beneficio obtenido parasitariamente; serán las premisas que acerquen
a Ingenieros a un imaginario de tipo anarquista (Terán, 1986).
“La formación de una raza argentina”,”Para una filosofía argentina” y “El contenido
filosófico de la cultura argentina” darán forma en 1918 a La evolución de las ideas
argentinas, revelando así la visión historiográfica de Ingenieros. En esta obra y
teniendo en cuenta la situación de “barbarie” que está viviendo Europa (primera
guerra mundial), para Ingenieros la Argentina posee ciertas características positivas
para ser la próxima cuna de la filosofía, aspirando así a un papel hegemónico entre las
naciones. Las bases para ello son; una riqueza creciente, su clima templado y sus
núcleos de población blanca. Barcos, revisa esta obra, mirando con desconfianza la
relación que Ingenieros establecía entre las especulaciones de la filosofía científica y el
racionalismo de la educación. De esta matriz surge para Barcos el dogma de
argentinidad ingenierano, también montado sobre un probable hecho histórico social;
el árbol genealógico liberal argentino (Barcos, 1918).
Para Barcos la cepa criolla liberal que conforma el abolengo espiritual del Río de la
Plata es más bien fruto de la fantasía de literato de Ingenieros que de su ciencia
experimental. Para Barcos, Ingenieros es un filósofo y un sociólogo con muchísimo más
lastre que Ricardo Rojas, sin embargo le produce asombro que Ingenieros haya
castellanizado su nombre italiano; mientras que Rojas; “tiene el mérito de su orgullo y
su ambición; es indio” (Barcos, 1918).
Pero todo ello era más bien para Barcos “fruto de ficciones mentales” las mismas que
lo llevaron a desitalianizar su apellido. Lo sorprendente es que “Ingenieros odiando el
militarismo y Rojas exaltándolo”, llegan por caminos opuestos al mismo fin, al del
idealismo romántico. Para concluir se evidencia en esta revisión crítica de Barcos una
valoración positiva hacia el devenir científico con que Ingenieros sella su trayectoria
intelectual. Rescata “tanto espíritu democrático de la ciencia, tanto afán de doctrina
para nuestra juventud mediante una labor de divulgación extensa y rica como
publicista, como editor de las obras de los mejores autores que ha tenido el país”
(Barcos, 1918).
Mientras que para Alejandro Korn el cientificismo de la obra de Ingenieros anula parte
de su pensamiento ético y político (Domínguez Rubio, 2017) para Barcos la anulación
del pensamiento científico es producida por un imaginario literario, estas marcas
obstruirán el desarrollo en Ingenieros de un esquema historiográfico que permita una
historia de las ideas viable en Argentina.
Para Barcos este provincialismo resulta anacrónico, ya que existe (en 1919) una
geopolítica desplegada hacia el internacionalismo, La Liga de las Naciones es el
resultado del tal proceso. En cuanto a la dimensión militarista presente en el discurso
espiritualista de Rojas, Barcos sostiene que el devenir histórico no conlleva héroes de
guerra, estos se irán “como se fueron con las iniquidades del feudalismo los caballeros
de capa y espada” (Barcos, 1919). Para Barcos, la interlocución con el nacionalismo
válida es la de Alberdi, ya que interrogaba acerca de lo que sería la América de la
segunda mitad de siglo XIX gobernada por “San Martines, Bolívares y Belgranos, o por
Santos Tomás, San Pedros y San Pablos?..” Alberdi mismo engendraría una verdadera
tradición, pero intelectual, forjada también por Sarmiento, Ameghino o Almafuerte.
Existen para Barcos dos generaciones, la separación entre ellas no es étarea sino
programática y es necesaria enfrentarlas. Está la de los románticos, “imbuidos en un
sentimentalismo huero, vacíos de humanidad, escépticos que niegan la religión del
esfuerzo y creen a pie juntillas que el hombre ha venido al mundo a hacer frases;” y “la
de los que creemos, por el contrario, que la vida es bella o fea, libre o esclava, fecunda
o estéril, según nuestra capacidad moral de automejoramiento o autoempeoramiento
para hacerla buena o mala.” (Barcos, 1919).
La función que la cabe a la pluma de Barcos no es decorativa, sino evangelizadora y la
misión es “desacreditar la literatura decorativa, los escritores decorativos y los talentos
decorativos que tanto han contribuido a embrutecer los pueblos de América” (Barcos,
1919). Una de las conclusiones en esta serie de artículos críticos es la que enuncia que
los intelectuales latinoamericanos han ocupado el sitial de “siervos con delantal blanco
de los tiranos” en vez de ser “señores de la democracia americana” (Barcos, 1919).
Como bien indica Schavino el arco de la izquierda argentina hasta la década del 20,
compartía en el panteón nacional a Alberdi y Sarmiento, a esos se sumaban nuevos
protagonistas en la década del 20 y particularmente dentro del socialismo se incluía a
Juan B. Justo. Por otra parte y dentro de los grupos libertarios en 1910, Teodoro Antillí
y Rodolfo González Pacheco habían editado en 1910 los efímeros periódicos porteños
Alberdi. La difusión llevada a cabo por José Ingenieros sobre Alberdi también resultó
fundamental en todo este proceso. Por su parte Julio Barcos en septiembre de 1919 y
después de editar publicaciones acerca de Ingenieros y Rojas publica una serie de
artículos sobre Alberdi en Cuasimodo.
Como bien indica Ramaglia, tanto Rojas como Ingenieros piensan en estrecha conexión
con las teorías de Taine acerca del "medio" como formador de caracteres particulares,
esto implicaba grados de civilización diferentes según la jerarquización de los distintos
pueblos. Barcos piensa dentro de este marco a Alberdi afirmando que es “en América
del Sur lo que Spencer en Europa, con la diferencia de que Spencer era el fruto óptimo
de la cultura científica del viejo continente en la segunda mitad del siglo XIX, y Alberdi
fue el fruto prematuro y exótico de nuestra América semibárbara de la primera mitad
de la pasada centuria.” (Barcos, 1919). Según Barcos fue gracias a Sarmiento y Alberdi
que Argentina emergió como la única democracia efectiva de Latinoamérica, la cual
estaba fuera del alcance de las zarpas del despotismo militar o el teocrático.
Las ideas políticas de Alberdi analizaban con maestría la cultura burguesa y patriotera
argentina, según Barcos el mote de «anarquista» aplicado por la opinión conservadora
más de una vez, dará idea del terror que inspirarían, en una sociedad moldeada por
teólogos y retóricos como era hasta hace cuarenta años la sociedad argentina (Barcos,
1919). Alberdi por la claridad de su genio y Sarmiento por la intrepidez formidable de
su carácter fueron para Barcos los dos hombres absolutamente superiores al escenario
social y la época histórica en que les tocó desplegar sus trayectorias. Otro aspecto
interesante en Alberdi, es que su devenir puede pensarse en complementariedad con
el de Sarmiento y Agustín Álvarez, estos se oponen a las ideas románticas de Rodó,
Lugones, Ingenieros, Rojas y García Calderón.
Para Barcos será el cosmopolitismo la única gran razón del progreso argentino. Los
portentos del progreso venían desde Europa y Estados Unidos; estos iban desde los
refinamientos del arte, las conquistas de la ciencia, el desarrollo de la industria, y hasta
los fenómenos sociales del bolchevismo. En resumen, fue gracias a esta corriente de
comunicación intercontinental que Argentina llegó a «europeizarse en sangre y
espíritu» (Barcos, 1919).
A modo de conclusión
Si bien la naturalización de la sociedad liberal como la forma más avanzada y normal
de existencia humana no fue articulada (desde el pensamiento de Julio Barcos) en una
crítica central, consideramos que si fueron problematizados por el algunos de los
presupuestos del edificio de los saberes sociales modernos que han posibilitado hasta
hoy en día la naturalización de esta forma de existencia social.
Para Aníbal Quijano en América, la idea de raza fue también un modo de otorgar
legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. El autor
sostiene que la posterior constitución de Europa como nueva id-entidad después de
América y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo, llevaron a
la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la
elaboración teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones
coloniales de dominación entre europeos y no-europeos. Entonces esto significó una
nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas y prácticas de relaciones de
superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes. De ese modo, raza se
convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial
en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad. En otros
términos, en el modo básico de clasificación social universal de la población mundial.
Todos estos aspectos aparecen naturalizados en el discurso de Barcos.
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Volio, Astrid (1992) El uso ingenioso de la ideología en Costa Rica (San José, Costa Rica: EUNED,
1992), 148-152.
Del paso de Barcos por Centroamérica hemos de resaltar que llegó a Costa Rica en
mayo de 1919 donde dio una serie de charlas. Al parecer se fue conformando en torno
a él un espacio docente de confrontación al régimen del Gral. Tinoco. Luego de varias
reuniones, este grupo crea la Asociación Nacional del Magisterio, encabezando
medidas de fuerza que incluyeron la huelga (Volio, 1992). El gobierno reaccionó
reprimiendo actos y prohibiendo el derecho de reunión. Una vez terminadas esta serie
de protestas, renunciaron el ministro de Educación Anastasio Alfaro y más de cien
maestros, debilitando al régimen de Tinoco (Volio, 1992).
Según Ferrer, el activismo de Barcos fue tal que estuvo involucrado “en actividades
guerrilleras” en contra del presidente Federico Tinoco del partido Peliquista (Ferrer,
2016). Lo cierto es que participó del levantamiento docente-estudiantil contra ese
régimen, el cual incluyó la quema del periódico oficial “La Información” y cuando este
fue reprimido ayudó a un grupo de maestras que fueron alcanzadas por la policía,
entre las cuales se encontraba Carmen Lyra. Finalmente Barcos fue contratado por el
nuevo presidente constitucional de Costa Rica, Francisco Barquero para escribir su
biografía, al parecer el monto entregado para su realización fue utilizado por Barcos
para seguir su itinerario, y solventar nuevas publicaciones.
Qué mostrar de la revolución? Existe la opción de construir una visión donde el gesto de los
oprimidos sea vanguardia, desconectando así la revolución de la crisis. Cita de Cuasimodo
Pagina 50 pittaluga
Coyuntura posbélica
Tesis de Romero y Rock. Terror fingido de las elites. Maria Ester Rapallo habla de una ofensiva
del capital. Pittaluga dice que no puede haber terror fingido porque ya hay un sistema de
creencias y una lógica autoritaria en las clases dominantes, lo que hay es una disputa por lo
publico, se redefinen a partir de las noticias sobre la revolución los contornos sobre lo público.
En abril de 1917 a pocos meses de la revolución de febrero ocurre el primer mitín en Plaza
Once. Desde la Fora del 9vno los anarquistas promovían campañas para ayudar a los
trabajadores y campesinos rusos durante la hambruna.
Las revistas político culturales que adherían a la Rev. Rusa eran Cuasimodo, Alborada,
Prometeo, Insurrexit, Babel.
Existió también una amplitud editorial de “temas sovipeticos” por ejemplo “ el código
bolchevique del matrimonio” de Rodolfo Ghioldi.
Pagina 43 Cuasimodo escribe sobre publicaciones falsas. ¿Cuáles eran las fuentes de
Cuasimodo? The Call Magazine pagina 210 Romain Rolland pagina 214. Carlos Astrada sobre la
oposición entre ideas y realidad en la Rev Rusa pagina 68 Cuasimodo.
Dentro del entramado ciencia-izquierdas sus rivales teóricos en donde marca su intervención
son Justo e Ingenieros. El fin de la especie no es el de la conservación de las individualidades
históricas sino el mejoramiento de la especie misma por el renovamiento eterno de la raza en
el sinuoso curso del tiempo que es la evolución
El 24 de agosto de 1920 Barcos emprendió el regreso a Buenos Aires junto a Canales, haciendo
un alto en Perú, donde disertaron en la universidad y en círculos obreros. Ya en Buenos Aires,
continuaron con la edición de la revista Cuasimodo y, junto al socialista Alfredo Palacios y a
José Ingenieros, entre otros, crearon La Unión Latinoamericana, en marzo de 1925.
Pensamos con Ingenieros que «las sociedades de más reciente formación son las más propicias
al progreso de la cultura y al florecimiento de las nuevas ideologías.
»,
«Los grandes problemas –añade Ingenieros– son hablados por cada época en un idioma nuevo.
Las razas viejas y sus filósofos tienen ya su idioma enmohecido y siguen pensando en él; las
nuevas que aún no tienen definido uno propio aprenden a pensar en el de su época.»
Los que pretendemos representar la moderna cultura de estos países, o sea, los que hemos
aprendido a pensar en el idioma de nuestra época, no podemos entendernos con los viejos
profesores de la vieja Europa que vienen a predicarnos ideas enmohecidas en aquel mismo
continente.
de las referencias sutiles –al señalar la intención de José Ingenieros de desitalianizar su
apellido en un arresto de ingenua argentinidad
En buena lógica, siguiendo el curso de las ideas «restauracionistas» del señor Rojas, no nos
detendríamos en los próceres de la independencia sino en la «restauración» de las tradiciones
indias, en todo caso, como muy bien le objetara Ingenieros, su émulo del nacionalismo desde
un diferente plano filosófico.
¿Recuerdas aún, lector, los protagonistas de la obra de Hugo: Nuestra Señora de París? ¿No se
te ocurre ver todavía la figura de aquél ¡mal entrazado, contrahecho y de corazón noble e
ideas altruistas, llamado Cuasimodo? Bien, de ahí viene la denominación de la revista dirigida
por los camaradas Julio R. Barcos y Nemesio Canales, que, comenzando su 2.a época, acaba de
aparecer en esta ciudad.
INSURREXIT ve en * Cuasimodo* «un hermano, y no podía suceder de otra manera, pues sus
editores encuéntranse igualmente inspirados que nosotros, es decir, vemos con los mismos
ojos los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad, tendientes al logro de las
aspiraciones revolucionarias, dejando al margen las ideas de los muertos que desde sus
tumbas dividen a los vivos.., timalmente.
El terrorismo oficial es tan peligroso como el terrorismo popular; así lo han demostrado los
acontecimientos de los últimos diez años. El «cosmopolitismo» y no la chifladura de la
«pureza étni ca» (que en Sudamérica nos retrotraería a la veneración de nuestros
tatarabuelos indígenas) es la fuente milagrosa del progreso para todos los pueblos nuevos
del mundo.
Volved luego los ojos a Buenos Aires, la ciudad de habla española más poblada de ambos
continentes, crisol inmenso donde se está fundiendo para el devenir una nueva raza y una
nueva civilización, donde todo lo concerniente a la intensa y dinámica vida europea nos es
relativamente familiar, desde los refinamientos del arte, las conquistas de la ciencia, el
desarrollo de la industria, hasta los fenómenos sociales del bolchevismo. Que son el
contrapeso de la prepotencia capitalista en las actuales democracias
plutocráticas de ambos hemisferios.
Mestizarse, es decir, mezclar un producto inferior con otro superior, es atenuar las
cualidades malas por la adquisición paulatina de las cualidades buenas. Los casi tres
millones de «gringos» que según el último censo forman la tercera parte de nuestra
población son, más que nuestras generaciones de doctores y políticos criollos, inclusive los
burócratas y los literatos, que forman la enorme clase parasitaria, quienes
promueven el desarrollo de las riquezas materiales y morales del país, porque son quienes
representan virtualmente las energías creadoras o propulsoras del capital y el trabajo. Todo
lo que poseemos los argentinos se lo debemos al extranjero que nos trajo la civilización.
La obra educativa que realizó Sarmiento fue de extraordinaria oportunidad y eficacia social
por allá en el año 1870. Hoy todo aquel andamiaje educacional que se importó de Europa y
Estados Unidos ha envejecido en manos conservadores y constituye un adefesio pedagógico
de la más perfecta esterilidad social para la cultura argentina.
Allí nos quedaremos sin duda, hasta que surjan nuevos Sarmientos que repitiendo el milagro
de Cristo hagan andar a este inválido.
Agustín álvarez es el pensador cuyas ideas equidistan de un modo perfecto entre las de
Alberdi economista y sociólogo y las de Sarmiento civilizador y pedagogo.
Esa juventud de hamaca, soñadora pero impotente y parásita, que son los zánganos dorados
de la colmena, ha resultado para nuestra sociedad criolla de América lo que la uncinariasis y
el paludismo para el individuo del trópico: un microbio de degeneración y de muerte. Y
debemos ya iniciar contra ese microbio una campaña médica. Esa es una de las misiones de
Cuasimodo.