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Crítica de Barcos al Socialismo Argentino

El documento analiza la figura de Julio Barcos y su crítica al socialismo en Argentina tras la implementación de la ley Sáenz Peña en 1912, que transformó el sistema político y excluyó a la clase obrera del sufragio. Barcos argumenta que el Partido Socialista, al convertirse en un partido parlamentario, traiciona la emancipación de los trabajadores y se alinea con las élites burguesas, lo que limita la acción del proletariado. A través de su obra, se destaca la necesidad de una conciencia de clase auténtica y la crítica a la hegemonía burguesa en el contexto político argentino de la época.

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Crítica de Barcos al Socialismo Argentino

El documento analiza la figura de Julio Barcos y su crítica al socialismo en Argentina tras la implementación de la ley Sáenz Peña en 1912, que transformó el sistema político y excluyó a la clase obrera del sufragio. Barcos argumenta que el Partido Socialista, al convertirse en un partido parlamentario, traiciona la emancipación de los trabajadores y se alinea con las élites burguesas, lo que limita la acción del proletariado. A través de su obra, se destaca la necesidad de una conciencia de clase auténtica y la crítica a la hegemonía burguesa en el contexto político argentino de la época.

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Reflexiones sobre integración política y lucha institucionalizada de clases

en la Argentina

En 1913 a los 30 años, Julio Barcos era alguién reconocido en el anarquismo argentino,
sin duda el pedagogo mas importante de las ligas racionalistas rioplatenses. Había
realizado la hazaña de dirigir las primeras escuelas racionalistas de Argentina sin
perder prestigio dentro del campo libertario. Tan solo un año antes (1912) se
publicaba en Boletín Oficial la ley Sáenz Peña, que estableció la lista incompleta
combinada con el secreto y la obligatoriedad del sufragio y el mecanismo plurinominal.
Este momento fue recuperado (Rock, Halperín) como el reflejo de la capacidad de la
élite argentina en adaptar toda una estructura política a nuevas condiciones. Los
objetivos; atraer a los radicales a la acción legal y mutar las clientelas conservadoras en
partido moderno. Se trataría entonces de un diseño político de bloque social, con
potencia para incorporar a las clases medias urbanas y restituir la estabilidad perdida
en el sistema político desde 1890.

El proceso no parecía autorizar a la clase obrera, la cual por su mayoritaria condición


de extranjera era excluida del sufragio. Al compás de esto; la participación limitada del
Partido Socialista fue entendida como un elemento más, en este dispositivo de
seguridad construido por el sector más lúcido y políticamente capaz de las clases
gobernantes (Aricó, 1999).

El sofisma socialista
Como bien indica Albornoz existieron prácticas comunes entre anarquistas y
socialistas; algunas fueron; la prensa como órgano de difusión privilegiado de las ideas,
la edición de libros y folletos, las prácticas conmemorativas -ya sea el 1° de mayo o el
aniversario de la Comuna de París-, la articulación de una red de círculos y locales, la
ponderación de las conferencias públicas, la preocupación por la educación
racionalista, las manifestaciones reivindicativas y el internacionalismo vertebraron una
sensibilidad y una cultura política compartidas para tematizar, visibilizar y proponer
respuestas a la llamada Cuestión Social en la Argentina (Albornoz,2012).

Pero a un año de ser establecida la ley Sáenz Peña y con la primera bancada socialista
electa, se profundizó el desencuentro político-doctrinal entre anarquistas y socialistas.
Barcos fue testigo asombrado (y suspicaz) de la transformación del P.S en partido
parlamentario, le concernía entonces ponderar su perfomance política y quizás
responder con cuales semillas se estaba inseminando el porvenir democrático. Es así
que pública en junio de 1913, su artículo El sofisma socialista.

De entrada y haciendo juego con el nombre de la revista (Ideas y Figuras) Barcos aclara
que los electores dan su voto por simpatía a las figuras y no a las ideas del P.S.
Encarrilar la emancipación de los trabajadores por el andarivel de la reforma del
Estado parece ser el trabajo que compete al socialismo, sin embargo es improbable
que esta emancipación pueda llevarse a cabo ya que “tanto ha concebido el socialismo
político al espíritu conservador de las instituciones burguesas que ha terminado por
pactar con las castas privilegiadas” (Barcos,1913).

El artículo nos entrega la primera apreciación histórica de Barcos sobre el radicalismo y


su impronta moral krausista. “Los radicales aquellos sacerdotes de la virtud, no podían
ser temidos: ya que a fuerza de puros resultaban demasiado innocuos”. Les pasaba lo
que a la «gente honrada» de aquella sociedad: “no servían ni para el bien ni para el
mal”. Mejor dicho, “no pecaban porque nunca habían tenido la oportunidad de pecar”.
La virtud por la virtud, fórmula estéril “en política como en estética la del arte por el
arte, no representaba un programa, un ideal de acción, una tendencia afirmativa”.
Según Barcos ellos demostraban a la faz del país una cosa: “el radicalismo es un
partido político regresivo al que nada le queda por hacer ni dentro ni fuera del
gobierno” (Barcos, 1913).

Volviendo la crítica hacia el P.S Barcos se define como partidario de la acción


conscientemente revolucionaria, afirmando que al no existir libertad económica la
alternativa política que ofrecía el socialismo, nacía muerta. En cuanto a la democracia
su diagnóstico tenía mucho de ultimátum, Barcos consideraba “que la famosa
soberanía popular no era más que una apariencia, un mito con el que se sigue
atrapando, arriando caravanas de inconscientes” (Barcos, 1913).

Esta visión resultó ser compartida por un amplio espectro político, es por esto que
creemos necesario llevar a cabo un análisis historiográfico sobre como influyó este
proceso de institucionalización en los perfiles que revistieron las formaciones políticas,
revisando cuales fueron las estrategias que asumieron de algunas de sus conducciones.
Nos interesa particularmente conocer la estrategia del socialismo ya que fue central en
los análisis, polémicas y debates estructurados por Barcos.

En La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina, José Aricó


caracteriza al proceso de democratización político llevado a cabo en Argentina como
una síntesis económica y política. De esta manera democratización radical y
profundización del desarrollo capitalista emergían como dos elementos
complementarios. La trasformación social podía resultar posible. La modernización
fragmentaba el movimiento social; la clase obrera según la visión de Juan. B Justo se
excluía a sí misma de su potencial capacidad de condensar las demandas de todas las
clases explotadas (Aricó, 1999). Como resultado de esto reducía su alcance y se
ubicaba en una arista dentro del movimiento democrático burgués.

Sostiene Aricó que en la estrategia de Justo, para que los trabajadores se compongan
en movimiento histórico (con conciencia de clase) es necesaria la presencia de una
guía teórica. En su visión el partido expresa y organiza las reivindicaciones de clase,
pero en un sentido matizado; las características nacionales condicionan la síntesis
histórica del movimiento. Estos insumos y su guía para que el partido se despliegue en
múltiple facetas (gremial, económica, política y cultural), constituyen según Aricó, el
mayor aporte de Justo a la historia política argentina (Aricó, 1999).

Los socialistas fueron (junto con los anarquistas) los primeros núcleos de clase obrera,
que desarrollaron en las clases subalternas ese espíritu de escisión frente a la sociedad
que constituye el requisito imprescindible para la formación de una conciencia de clase
(Árico, 1999).

La crítica fundamental de Barcos residía en desaprobar la conciencia (burguesa) de


clase de los socialistas; “permítasenos hacer la autopsia moral de nuestros flamantes
legisladores socialistas”; “el doctor Repetto, -y todos estos defensores de la clase
obrera son doctores- es un distinguido Cirujano, un excelente burgués y un rentista
epicúreo. Fundid estos tres elementos y tendreís en cuerpo y alma al hombre”.
(Barcos, 1913).

Para Barcos el P.S paralizaba el impulso reivindicador del proletariado, y prestaba en


ese momento de crisis (1era guerra mundial) el “más grande apoyo al Estado”. Para
Barcos los trabajadores adheridos a la organización obrera del país no tenían como
plataforma al P.S, ya que su programa era “mínimo de mínimo”. Barcos aclaraba; “la
emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos” (Barcos,
1913).

En 1912 Juan B. Justo lleva al Congreso un proyecto de ley sobre agremiaciones


obreras, con este se multiplicaron las críticas dentro del anarquismo ya que dejaba
fuera a los trabajadores recién llegados de Europa. Barcos revisa este proyecto y
advierte que la clase obrera del país “no tiene la ilusión del parlamentarismo” (Barcos,
1913). Según esta óptica lo que al socialismo le interesaba no es acción de clase sino el
voto; no es la acción del obrero como obrero ante la prepotencia del capitalismo, sino
la concurrencia del obrero como elector, eso es lo importante (Barcos, 1913).

El inventario de sofismas socialistas no se detenía allí, había uno más grave, y se


situaba en el centro de la revisión de Barcos. Era la certeza de que el P.S estaba
“convirtiendo la organización obrera en fuertes rebaños electorales, paralizando la
acción de las masas proletarias”. Continua; “en la historia vale más una hora de
violencia que un siglo de desarrollo gradual, la diferencia entre anarquistas y socialistas
está en que los primeros hacen y los segundos parlan” (Barcos, 1913).

Pocas opiniones le importaban tanto a Julio Barcos como las de su amigo Alberto
Ghiraldo que se encontraba de viaje (Tucumán), en los días donde fue publicado este
artículo. Al volver Ghiraldo enriquece el artículo original de Barcos y nos trae una
caracterización de cómo era considerado Barcos por parte de algunos socialistas;
“usted es motejado de ácrata dinamitero” (Ideas y Figuras, 1913). Ambos valoran a los
que se han enseñado a sí mismos, y des-autorizan políticamente a los doctorados del
P.S como Justo, Repetto, etc.

Para Waldo Ansaldi la reforma que implicó la Ley Sáenz Peña, permite producir entre
1912 y 1916 un cambio en el régimen político, sin que este implique o conlleve una
crisis del Estado. No hay crisis de Estado, toda vez que no se cuestiona la matriz
fundamental de dominación. En cambio hay crisis de una forma de Estado: cambia la
figura de este, permaneciendo invariante la relación fundamental de dominación. A
pesar de ello para Ansaldi la ley Sáenz Peña permite la efectiva vigencia del sufragio
universal masculino y con ella amplía la participación electoral en el sistema de
decisión política a pesar de las sustanciales restricciones que mantiene (Ansaldi, 1993).
Por lo demás la ley permite el pasaje de una etapa -caracterizada por el autor- como
hegemónica organicista (1880-1916) a la hegemónica pluralista (1916-1930), proceso
rápido en el que la nota dominante es la continuidad de la hegemonía burguesa
(Ansaldi,1993). Esta hegemonía se aprecia en diferentes planos, resaltando el
económico y el cultural. Entendemos que para Barcos el P.S era parte de esta
hegemonía burguesa, y que con sus estrategias no hacía más que entorpecer la
organización del proletariado.

En la mayoría de los países que conocieron la dominación oligárquica, los periódicos,


las corporaciones y los organismos gremiales cumplieron un papel central como
correas de transmisión del poder de la sociedad al Estado (Ansaldi y Giordano, 2012). A
pesar de contar con un nuevo tipo de hegemonía en el ejercicio del poder político este
rasgo de duración estructural se mantuvo presente, acentuado por la crisis en la
mediación política observada por parte de los órganos de mediación política;
parlamento y partidos políticos.

En el análisis del caso argentino Ansaldi deja en claro que tanto la sociedad política
como la sociedad civil fueron, durante la hegemonía organicista, fuertes, pero la
articulación entre una y otra (el sistema de partidos políticos y Parlamento) fue débil,
en buena medida por la convergencia del accionar político de la clase fundamental y
de las clases subalternas. La clase fundamental, la burguesía, tenía una concepción y
una práctica restrictiva de la política, de la cual se autoconcebía único y legítimo sujeto
(por derecho propio), al tiempo que no apelaba a todas las posibilidades de acción a
través de sus diferentes asociaciones de interés. Así, fueron fuertes la Sociedad Rural,
la Bolsa de Comercio y hasta la misma Unión Industrial, y fueron débiles el PAN y su
continuador el Partido Unión Nacional.

En conclusión para Ansaldi si en el país no existió una democracia burguesa fue porque
la burguesía no es democrática ni cree en la democracia, a la cual considera una
frivolidad. Pero también, porque tampoco fue asumida plenamente por las clases
medias y obreras. Las clases subalternas tendieron a minusvalorar la lucha política y,
consecuentemente, a privilegiar la práctica corporativa, recurriendo también ellas a
sus específicas organizaciones sectoriales. Consideramos a esta serie de hipótesis
históricas como potencialmente valiosas no sólo para visualizar el espectro de ámbitos
(cultural, político, económico) donde se dirigía la crítica de Barcos, sino también para
situar su discurso especialmente dirigido a identificar al P.S como partido burgués y
por ende sistémico a las hegemonías políticas, económicas y culturales del periodo
(1912-1930) en Argentina.
Bibliografía:
Ansaldi, Waldo y Giordano, Verónica (2012): América Latina. La construcción del orden de la
colonia a la disolución de la dominación oligárquica, Buenos Aires, Ariel, Tomo 1, vols 2.

Ansaldi, Waldo (1999), Crear el sufragante: La universalización masculina de la ciudadanía


política en Argentina. La reforma electoral de 1912, en Anales (Nueva Epoca). Ciudadanía y
Nación. Instituto Iberoamericano, Universidad de Götemborg.

Ansaldi, Waldo, Alfredo Pucciarelli y José Villaroel (edit.) (1993), Argentina en la paz entre dos
guerras. Buenos Aires, Biblos.

Ansaldi, Waldo (2000), “La trunca transición del régimen oligárquico al régimen democrático”,
en: Falcón, Ricardo (comp.), Nueva Historia Argentina. Democracia, conflicto social y
renovación de ideas, 1916-1930. Tomo V. Buenos Aires, Sudamericana.

Albornoz, Martin. (2012). Los encuentros de controversia entre anarquistas y socialistas en


Buenos Aires (1890-1902). Prismas, 16(16), 187-190. Bernal, Argentina : Universidad Nacional
de Quilmes. Disponible en RIDAA-UNQ Repositorio Institucional Digital de Acceso Abierto de la
Universidad Nacional de Quilmes [Link]

Arico José; (1999) La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina .
Editorial Sudamericana Buenos Aires.

Barcos, Julio (1913)El sofisma socialista; Ideas y Figuras. Buenos Aires.


Como si fuesen dos grandes placas tectónicas destinadas a remover el suelo del
pensamiento social, el proceso abierto por la ley Sáenz Peña y la Primera Guerra
Mundial atraviesan el arco político de las izquierdas hacia 1915 en la Argentina.

Desde fines del siglo XIX el movimiento obrero se organizaba en federaciones obreras
hegemonizadas en su dirección por el anarquismo, así todo el socialismo también era
parte fundamental en el proceso. Esta dinámica se sostuvo hasta que en 1915 la
organización pasó a posiciones sindicalistas, produciendosé el fin de la hegemonía
anarco-sindicalista en el movimiento sindical. El anarco-sindicalismo había entrado en
decadencia a partir del Centenario, estos intentaron recuperar posiciones a traves de
acciones revoluciones en las huelgas de la semana tragica y de la patagonia, pero sin
éxito (Godio, 1990).

Lo que se inicia en el 9vno congreso de la F.O.R.A de 1915 será una fase de larga
predominancia sindicalista solo cuestionada por socialistas y comunistas. Los
derrotados son los anarcos-sindicalistas ortodoxos y también el sindicalismo socialista
que no puede imponer su posición favorable de “sindicalismo neutral” partidario de
acciones conjuntas con el P.S. El P.S al absolutizar en la práctica la acción
parlamentaria y prestar atención secundaria a la acción sindical carecía de
posibilidades de hegemonizar el movimiento sindical.

En 1915 Barcos orienta una critica dual, por un lado al comunismo anarquico que
quedó refugiado en la FORA del 5to congreso caracterizados, como “admirables
dialécticos” y por otra parte (como ya hemos revisado) al P.S. Observamos como
Barcos paulatinamente empieza a ocupar una fracción de pensamiento “centro”
dentro del anarquismo, alejada del anarco-individualismo. Sí, sostiene un voto a favor
de las viejas dirigencias anarquistas (pre-centenario) “los que organizaban el ejercito
del trabajo frente a los ejercitos del privilegio”, pero en pos de reforzar su voto en
contra del P.S.

En cuanto al escenario internacional vuelve a posicionarse a favor de los aliados en la


primera guerra mundial pero con distancias de la posición del P.S. 1915 será también
el año de publicación de su primer libro, La felicidad del pueblo es ley primera.
Revisando sus publicaciones (y su primer libro) nos encontramos con un espectro
amplio de intereses y un entendimiento del mundo que trascendía las fronteras
argentinas. Sus artículos (todavía) no eran procedimientos de autopromoción y para
esos años “dar opinión” no tenía nada de excepcional, mucho menos, era mal visto “no
tomar posición” (Ferrer, 2014).

Sus análisis sobre Argentina comienzan a devenir admonitorios en torno a dos


maquinas culturales, la del oficialismo y la del militarismo. En su evaluación sobre
estas, incluía una reflexión sobre las democracias; “aún cuando la democracia
moderna sea una ficción política es una verdad innegable que ha pasado para los
cesares la época del derecho divino sobre los pueblos” (Barcos, 1915). Su mundo de
ideas nunca abandonaba una estadía en los valores y lo que sí emergió con fuerza es
su convicción de que los cambios sociales comienzan por la conducta recta más que
por el trastocamiento del orden económico o institucional;”hay otra fuerza; la de
fuerza moral de la alta cultura de los pueblos no esclavizados” (Barcos, 1915).

En su primer libro (1915), La Felicidad del pueblo es ley suprema, identificaba los
engranajes culturales que hacen posible una cultura oficial: “la literatura patrioteril, la
ciencia jurídica, la desnutrida ciencia oficial y en una prensa sin color ni banderas de
combate”. Es decir el basamento de toda juricidad era las relaciones de dominación; y
¿cómo se transformaba la política en militarismo? pues mediante ciertos «sofismas
imbéciles» como la noción de orden público, la razón de Estado, el sentido del honor
nacional y la integridad de las instituciones (Barcos, 1915).

Barcos esboza en 1915 lo que podría pensarse como una teoría de la historia, el fin de
la especie no es el de la conservación de las individualidades históricas sino el
mejoramiento de la especie misma por el renovamiento eterno de la raza en el sinuoso
curso del tiempo que es la evolución. Esta consideración de un sujeto histórico nos
lleva a pensar qué otras categorías (filosófico-políticas) entraron en tensión a partir de
los proyectos educativos racionalistas y libertarios al pensar la constitución de un
sujeto social.

Para pensar estas dimensiones nos apoyaremos en algunas de las problemáticas


esbozadas por Edgardo Lander y Aníbal Quijano en; La colonialidad del saber:
eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Entre ellas
destacamos la referida de la naturalización de los saberes modernos, las categorías
constitutivas de la modernidad y por último la complejidad de las relaciones sociales
de poder en la construcción de los Estados-nación de América Latina.

Consideramos que estas perspectivas analíticas nos brindaran aportes para analizar
como se pensaba desde proyectos culturales alternativos la constitución de un nuevo
sujeto social como así también conocer desde que dimensiones pensó Julio Barcos la
constitución del Estado-nación argentino. Por último pueden también abrir el
panorama para pensar una serie de discursos analizados por Barcos donde algunas
nociones de modernidad cultural son centrales.

Construcciones discursivas naturalizadoras

Aspiramos a visualizar a través de Edgardo Lander que aspectos del saber han hecho
posible (en el pensamiento social occidental) la naturalización de la sociedad liberal
como la forma más avanzada y normal de existencia humana. Lander sostiene que es
posible identificar dos dimensiones constitutivas de los saberes modernos que
contribuyen a explicar su eficacia naturalizadora. Se trata de dos dimensiones que
tienen orígenes históricos diferentes, y que sólo adquieren su actual potencia
naturalizadora por la vía de su estrecha imbricación. La primera dimensión se refiere a
las sucesivas separaciones o particiones del mundo de lo "real" que se dan
históricamente en la sociedad occidental y las formas como se va construyendo el
conocimiento sobre las bases de este proceso de sucesivas separaciones. La segunda
dimensión es la manera sobre cómo se articulan los saberes modernos con la
organización del poder, especialmente las relaciones coloniales/imperiales de poder
constitutivas del mundo moderno.

Estas dos dimensiones son las que sirven de sustento sólido a una construcción
discursiva naturalizadora de las ciencias sociales o saberes sociales modernos (Lander,
2000). Teniendo en cuenta estas dimensiones otro de nuestros objetivos será indagar
como en el dispositivo de saberes trazados en los proyectos culturales alternativos en
los que participó Julio Barcos, se plantearon disrupciones en alguno de los
presupuestos fundantes del edificio de los saberes sociales moderno.

En cuanto a la naturalización/ontologización de las múltiples separaciones propias de


esa sociedad, Lander resalta la total separación entre mente y mundo que posibilitó
que “el cuerpo dejé al mundo y al cuerpo vacío de significado y subjetivase así
radicalmente a la mente” (Lander, 2000). De esta manera la subjetivación de la mente,
colocó a los seres humanos en una posición externa al cuerpo y mundo, con una
postura instrumental hacia ellos.

Estas tendencias se radicalizan con las separaciones que Weber conceptualizó como
constitutivas de la modernidad cultural, y una creciente escisión que se da en la
sociedad moderna entre la población en general y el mundo de los especialistas y los
expertos. Aunque Barcos no focalizó su crítica en torno a sí la institucionalización de
estos campos fue o no legítima, es visible la problematización por parte del autor de la
creciente escisión que se da en la sociedad moderna entre la población en general y el
mundo de los especialistas/expertos. Los últimos solían ser aludidos en su discurso con
el mote de eunucos, especie de vectores (educativos) entre Estado y sociedad
(burguesa).

En la obra Como educa el Estado a tu hijo de 1927, Julio Barcos retoma gran parte de
la plataforma cultural alternativa de la Liga de Educación Racionalista, uno de los
capítulos resalta como a través de escuelas experimentales la revolución bolchevique
había hecho de Rusia un “laboratorio educacional”. El autor destacaba que en pos de
“destruir el prejuicio del liberalismo burgués sobre el excesivo materialismo de la
cultura bolchevique, esta, además de introducir el trabajo como factor fundamental de
la nueva educación, ha convertido simultáneamente en una realidad la cultura estética
del proletariado, despertando en él la pasión intelectual por las bellas artes y por todas
las nobles actividades de la inteligencia” (Barcos, 1927).
Tanto en esta obra como en otras posteriores el autor enfoca el tema del ejercicio de
gestión de los dominios de la cultura como algo fundamental, estos deben dejar de
implicar formas de opresión cultural para acercarse a una esfera social amplia.

En cuanto a la necesaria superioridad de los saberes que produce esa sociedad


(‘ciencia’) sobre todo otro tipo de saberes es insoslayable el valor que tienen para el
movimiento libertario las formas científicas de conocimiento.

Por su parte Julio Barcos criticaba el repaso rutinario de saberes en la educación oficial,
a tal punto –afirmaba– era antinatural el método educativo de la escuela oficial que,
mientras el resto de los mamíferos empleaba “la libertad como único método de criar
y educar a los hijos, para que puedan estos convertirse en seres autónomos”.
Poniéndolos en contacto con la “Naturaleza, el hombre comenzaba al revés, poniendo
en cuestión y desconfiando «de aquella formidable maestra de la vida». Esa práctica
tenía consecuencias. A través de una educación rutinaria se “destruye o embota sus
cualidades latentes” y “aminora el empuje ancestral de sus instintos que son los
cimientos psíquicos de la personalidad” (Barcos, 1927).

Consideramos que esta línea de pensamiento pedagógico en Barcos se opone a


dimensiones relevantes en la circulación de saberes que propician la naturalización
tanto de las relaciones sociales como de la naturaleza humana de la sociedad liberal-
capitalista. La educación a su entender debía librar a los sujetos de todas las
modalidades de sujeción social ya que “sobre la espalda del niño recaían el Estado, el
capital, la Familia, la Iglesia, la Escuela, todos coaligados en contra de sus intereses
vitales” (Barcos, 1927).

Nuestros Profesores de Idealismo en América, Viajes y Cuasimodo.

Para Quijano la idea de raza, en su sentido moderno, no tiene historia conocida antes
de América (Lander, 2000). Sostiene que quizás se originó como referencia a las
diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados, pero lo sustancial es que
muy pronto fue construida como referencia a supuestas estructuras biológicas
diferenciales entre esos grupos. La formación de relaciones sociales fundadas en dicha
idea, produjo en América identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y
mestizos y redefinió otras. Así términos como español y portugués, más tarde europeo,
que hasta entonces indicaban solamente procedencia geográfica o país de origen,
desde entonces cobraron también, en referencia a las nuevas identidades, una
connotación racial.

Y en la medida en que las relaciones sociales que estaban configurándose eran


relaciones de dominación, tales identidades fueron asociadas a las jerarquías, lugares y
roles sociales correspondientes, como constitutivas de ellas y, en consecuencia, al
patrón de dominación colonial que se imponía. En otros términos, raza e identidad
racial fueron establecidas como instrumentos de clasificación social básica de la
población.

Para explicar las ambigüedades y el uso dicotómico de la categoría raza en el


pensamiento de Barcos consideramos propicio asociar la valoración del término por
parte del autor a una visión de la historia ligada a la idea de evolución/modernización.
Entendemos que es a partir de aquí desde donde Barcos clasifica y jerarquiza
experiencias históricas de pueblos y continentes. Sin dudas esta idea de modernización
aparece desplegada en el uso de uno de los componentes categóricos de la
modernidad, el de raza.

Quijano afirma que la idea de raza re-significó y re-legitimó las antiguas concepciones y
prácticas de relaciones de superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes
(Lander, 2000). Esto nos lleva entonces a problematizar que limitaciones éticas y
sociales pudieron tener estos programas culturales alternativos, que intentaban a
llevar a cabo una articulación teórica-práctica con sectores sociales subalternos. Por
último debemos destacar que Barcos en su explicación sobre las formas de sujeción
social, no utiliza la categoría de raza, ni con el sentido de atribuirle el carácter de
instrumento de clasificación y dominación de la población ni tampoco destacándola
como componente en la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento.

Sin embargo Barcos hacia 1918, formula una serie de críticas a los que considera como
programas culturales nacionalistas, algunos de los cuales tenían como modelo crítico la
racialización. Los ideólogos de Argentina aludidos serán José Ingenieros y Ricardo
Rojas. Hasta este momento y dentro entramado ciencia-izquierdas su rival teórico en
donde marca su intervención, había sido Juan. B Justo, pero después de un viaje por
Norteamérica iniciado en 1916, ampliará el análisis hacia una serie de autores
latinoamericanos.

Acerca de este viaje sabemos que en 1916, Barcos fue designado para dirigir la Escuela
Normal de Gualeguaychú, pero su nombramiento fue rechazado por el obispo de
Paraná y revalidado por el Ministro de Instrucción Pública (Arata, 2013). Al año
siguiente fue enviado en misión oficial a los Estados Unidos por un lapso de seis meses,
con el propósito de visitar escuelas y estudiar experiencias pedagógicas, informando al
gobierno argentino sobre los adelantos educativos del país del norte. Allí partió junto a
su mujer, Amanda Di Tomás, remitiendo informes pedagógicos de cada ciudad
estadounidense que visitó. La escasa información que puede reunirse al respecto
indicaría que Barcos concentró buena parte de su tiempo en visitar las escuelas de
Nueva York y en tender vínculos con la Universidad de Columbia, donde contribuyó a
fundar la Federación de Estudiantes de Habla Española.

En abril de 1918, cuando el Gobierno discontinuó el pago de su sueldo, Barcos se


convenció de que había sido engañado y abandonado a su suerte y emprendió el
retorno a Buenos Aires, haciendo una escala previa en Puerto Rico. Allí, entró en
contacto con los círculos intelectuales boricuas, donde propuso fundar una universidad
popular, en la que se ofrecieran cursos prácticos a los obreros y artesanos y, en
simultáneo, se predicaran los ideales hispanoamericanos. En la biblioteca Carnegie,
Manuel Fernández Juncos, junto a un grupo de 18 intelectuales, aceptaron la
propuesta de Barcos y fundaron la universidad, que abrió sus puertas el 16 de mayo de
1918. Pero la institución adoptó enseguida un perfil de tintes reformistas,
distanciándose del espíritu revolucionario que quería imprimirle Barcos a la casa de
estudios.

En este año (1918) Barcos visitó algunos países latinoamericanos (Puerto Rico,
Venezuela y Costa Rica), donde se vincula con otros intelectuales fundando la revista
Cuasimodo, de la cual será el principal redactor. En esta publicación lleva a cabo un
ensayo llamado “Nuestros Profesores del Idealismo en América” que será parte de un
libro posterior; Política para intelectuales. En este ensayo Barcos analizó a un grupo de
intelectuales americanos (Lugones, Rodó, Rojas, Valencia Herrera) centrando la crítica
en el modo en cómo éstos organizan sus discursos y programas culturales en torno a
categorías espiritualistas, vitalistas y nacionalistas.

De esta serie de críticas nos interesan para este apartado, las referidas a Ricardo Rojas
y a José Ingenieros.

José Ingenieros, pontífice de la argentinidad.

En 1897 Ingenieros lleva a cabo una serie de artículos (13) en La Montaña, publicación
socialista. El discurso desplegado estará caracterizado por algunos de los tópicos
(parasitismo, moralismo, antiautoritarismo, revolución) existentes dentro de los temas
que trataba Barcos, la figura de Sarmiento también será celebrada por ambos. Dentro
de estas semejanzas la más característica será la que critique la táctica parlamentarista
defendida por la línea hegemónica del socialismo, se sumarán a estos
cuestionamientos Giusti y Del Valle Iberlucea. Tanto esto, como la impugnación al
capitalismo como práctica económica en donde la ganancia se confunde con el interés,
es decir con un beneficio obtenido parasitariamente; serán las premisas que acerquen
a Ingenieros a un imaginario de tipo anarquista (Terán, 1986).

“La formación de una raza argentina”,”Para una filosofía argentina” y “El contenido
filosófico de la cultura argentina” darán forma en 1918 a La evolución de las ideas
argentinas, revelando así la visión historiográfica de Ingenieros. En esta obra y
teniendo en cuenta la situación de “barbarie” que está viviendo Europa (primera
guerra mundial), para Ingenieros la Argentina posee ciertas características positivas
para ser la próxima cuna de la filosofía, aspirando así a un papel hegemónico entre las
naciones. Las bases para ello son; una riqueza creciente, su clima templado y sus
núcleos de población blanca. Barcos, revisa esta obra, mirando con desconfianza la
relación que Ingenieros establecía entre las especulaciones de la filosofía científica y el
racionalismo de la educación. De esta matriz surge para Barcos el dogma de
argentinidad ingenierano, también montado sobre un probable hecho histórico social;
el árbol genealógico liberal argentino (Barcos, 1918).

Para Barcos la cepa criolla liberal que conforma el abolengo espiritual del Río de la
Plata es más bien fruto de la fantasía de literato de Ingenieros que de su ciencia
experimental. Para Barcos, Ingenieros es un filósofo y un sociólogo con muchísimo más
lastre que Ricardo Rojas, sin embargo le produce asombro que Ingenieros haya
castellanizado su nombre italiano; mientras que Rojas; “tiene el mérito de su orgullo y
su ambición; es indio” (Barcos, 1918).

Barcos intenta esclarecer cual es el deseo sociológico en Ingenieros; afirma “el no


quiere el nacionalismo de Ricardo Rojas, clava su tienda intelectual frente a la de aquel
y funda, en competencia, el nacionalismo de la acera de enfrente” (Barcos, 1918). En
un momento de mucha fluidez como 1918, cuando surgían corrientes literarias nuevas
y las vanguardias políticas y estéticas emprendían nuevos caminos, resulta interesante
como para Barcos, Ingenieros pretendía darle uniformidad etnográfica a la Argentina,
“Ingenieros ha escrito entonces ensayos de sociología antropológica para pintarnos
con caracteres propios una raza «euro-argentina»” (Barcos, 1918).

Pero todo ello era más bien para Barcos “fruto de ficciones mentales” las mismas que
lo llevaron a desitalianizar su apellido. Lo sorprendente es que “Ingenieros odiando el
militarismo y Rojas exaltándolo”, llegan por caminos opuestos al mismo fin, al del
idealismo romántico. Para concluir se evidencia en esta revisión crítica de Barcos una
valoración positiva hacia el devenir científico con que Ingenieros sella su trayectoria
intelectual. Rescata “tanto espíritu democrático de la ciencia, tanto afán de doctrina
para nuestra juventud mediante una labor de divulgación extensa y rica como
publicista, como editor de las obras de los mejores autores que ha tenido el país”
(Barcos, 1918).

Mientras que para Alejandro Korn el cientificismo de la obra de Ingenieros anula parte
de su pensamiento ético y político (Domínguez Rubio, 2017) para Barcos la anulación
del pensamiento científico es producida por un imaginario literario, estas marcas
obstruirán el desarrollo en Ingenieros de un esquema historiográfico que permita una
historia de las ideas viable en Argentina.

Ricardo Rojas, pontífice del nacionalismo.


En cuanto a Ricardo Rojas, la estimación de Barcos trae una distinción; por un lado el
criterio de autoridad en donde Rojas justifica su discurso y por otro la dimensión
cultural con que fue planteado este proyecto nacionalista en la Argentina. Existe en
Rojas la virtud de “no cultivar la virtud hipócrita de la modestia” dejando bien en claro
que intenta “ser el jefe”. El tema es que la construcción idílica que lleva a cabo está
situada en lo que Barcos define como “una pálida Illíada gaucha” (Barcos, 1919). La
cultura nacional por ende no puede habilitar un proyecto “universalista”, recordemos
que para los proyectos educativos en los que estaba involucrado Barcos, la dimensión
clásica y universal de la cultura ocupaba un lugar proyectivo, así lo dan cuenta las
bibliografías utilizadas en las escuelas de formación racionalista. Agrega Barcos; “el
pueblo como el hombre que no tiene ideas universales es porque no ha salido del
aldeanismo todavía” (Barcos, 1919). Barcos e Ingenieros confluyen en la crítica hacia el
proyecto de Rojas; “siguiendo el curso de sus ideas no nos detendríamos en los
próceres de la independencia sino en la restauración de las tradiciones indias” (Barcos,
1919).

La filosofía espiritualista ha sido identificada con un amplio espectro de ideas en el


ámbito rioplatense, entre las que se destaca el movimiento romántico argentino,
Barcos identificaba esta tradición alineando a Rojas con Mármol. En este sentido, las
posiciones nacionalistas de Rojas generaron agudas polémicas en el ambiente
intelectual del Centenario. Entre sus críticos se destaca la reseña bibliográfica que
publica Roberto Giusti en la revista Nosotros, donde declara -en contraposición a las
tesis de Rojas- que el aporte de la inmigración es un rasgo fundamental y decisivo en la
formación de una nueva nacionalidad argentina (Ramaglia,1998). Como revisamos,
para Ingenieros la Argentina tiene una misión especial dentro de los países
latinoamericanos justamente por el aporte de la raza europea. Como indica Ramaglia
tanto Rojas como Galvez en su búsqueda de las raíces que definen las características
del "alma nacional”, vuelven la mirada a las provincias del interior, donde reconocen la
persistencia de tradiciones y costumbres argentinas que se han perdido en la
cosmopolita Buenos Aires.

Para Barcos este provincialismo resulta anacrónico, ya que existe (en 1919) una
geopolítica desplegada hacia el internacionalismo, La Liga de las Naciones es el
resultado del tal proceso. En cuanto a la dimensión militarista presente en el discurso
espiritualista de Rojas, Barcos sostiene que el devenir histórico no conlleva héroes de
guerra, estos se irán “como se fueron con las iniquidades del feudalismo los caballeros
de capa y espada” (Barcos, 1919). Para Barcos, la interlocución con el nacionalismo
válida es la de Alberdi, ya que interrogaba acerca de lo que sería la América de la
segunda mitad de siglo XIX gobernada por “San Martines, Bolívares y Belgranos, o por
Santos Tomás, San Pedros y San Pablos?..” Alberdi mismo engendraría una verdadera
tradición, pero intelectual, forjada también por Sarmiento, Ameghino o Almafuerte.

En cuanto al programa nacionalista cultural iniciado hacia la época del centenario en la


educación argentina, Barcos advierte que ya hay resonancias internacionales en
cuanto a este; “no seamos pedantes, por Dios, hasta el extremo de hacer sonreír a las
personas sensatas que nos visitan y no demos pábulo a que algunos de ellos vuelvan a
Europa a decir lo que ya alguien ha dicho por la prensa, esto es, que los argentinos
enseñamos una nueva asignatura en las escuelas públicas, la asignatura del
patriotismo.” (Barcos, 1919).

Existen para Barcos dos generaciones, la separación entre ellas no es étarea sino
programática y es necesaria enfrentarlas. Está la de los románticos, “imbuidos en un
sentimentalismo huero, vacíos de humanidad, escépticos que niegan la religión del
esfuerzo y creen a pie juntillas que el hombre ha venido al mundo a hacer frases;” y “la
de los que creemos, por el contrario, que la vida es bella o fea, libre o esclava, fecunda
o estéril, según nuestra capacidad moral de automejoramiento o autoempeoramiento
para hacerla buena o mala.” (Barcos, 1919).
La función que la cabe a la pluma de Barcos no es decorativa, sino evangelizadora y la
misión es “desacreditar la literatura decorativa, los escritores decorativos y los talentos
decorativos que tanto han contribuido a embrutecer los pueblos de América” (Barcos,
1919). Una de las conclusiones en esta serie de artículos críticos es la que enuncia que
los intelectuales latinoamericanos han ocupado el sitial de “siervos con delantal blanco
de los tiranos” en vez de ser “señores de la democracia americana” (Barcos, 1919).

Juan Bautista Alberdi, Apóstol del Cosmopolitismo.

Como bien indica Schavino el arco de la izquierda argentina hasta la década del 20,
compartía en el panteón nacional a Alberdi y Sarmiento, a esos se sumaban nuevos
protagonistas en la década del 20 y particularmente dentro del socialismo se incluía a
Juan B. Justo. Por otra parte y dentro de los grupos libertarios en 1910, Teodoro Antillí
y Rodolfo González Pacheco habían editado en 1910 los efímeros periódicos porteños
Alberdi. La difusión llevada a cabo por José Ingenieros sobre Alberdi también resultó
fundamental en todo este proceso. Por su parte Julio Barcos en septiembre de 1919 y
después de editar publicaciones acerca de Ingenieros y Rojas publica una serie de
artículos sobre Alberdi en Cuasimodo.

Como bien indica Ramaglia, tanto Rojas como Ingenieros piensan en estrecha conexión
con las teorías de Taine acerca del "medio" como formador de caracteres particulares,
esto implicaba grados de civilización diferentes según la jerarquización de los distintos
pueblos. Barcos piensa dentro de este marco a Alberdi afirmando que es “en América
del Sur lo que Spencer en Europa, con la diferencia de que Spencer era el fruto óptimo
de la cultura científica del viejo continente en la segunda mitad del siglo XIX, y Alberdi
fue el fruto prematuro y exótico de nuestra América semibárbara de la primera mitad
de la pasada centuria.” (Barcos, 1919). Según Barcos fue gracias a Sarmiento y Alberdi
que Argentina emergió como la única democracia efectiva de Latinoamérica, la cual
estaba fuera del alcance de las zarpas del despotismo militar o el teocrático.

Las ideas políticas de Alberdi analizaban con maestría la cultura burguesa y patriotera
argentina, según Barcos el mote de «anarquista» aplicado por la opinión conservadora
más de una vez, dará idea del terror que inspirarían, en una sociedad moldeada por
teólogos y retóricos como era hasta hace cuarenta años la sociedad argentina (Barcos,
1919). Alberdi por la claridad de su genio y Sarmiento por la intrepidez formidable de
su carácter fueron para Barcos los dos hombres absolutamente superiores al escenario
social y la época histórica en que les tocó desplegar sus trayectorias. Otro aspecto
interesante en Alberdi, es que su devenir puede pensarse en complementariedad con
el de Sarmiento y Agustín Álvarez, estos se oponen a las ideas románticas de Rodó,
Lugones, Ingenieros, Rojas y García Calderón.

Para Barcos será el cosmopolitismo la única gran razón del progreso argentino. Los
portentos del progreso venían desde Europa y Estados Unidos; estos iban desde los
refinamientos del arte, las conquistas de la ciencia, el desarrollo de la industria, y hasta
los fenómenos sociales del bolchevismo. En resumen, fue gracias a esta corriente de
comunicación intercontinental que Argentina llegó a «europeizarse en sangre y
espíritu» (Barcos, 1919).

Para Barcos las colectividades con el nombre de pueblos o naciones, se dividen en


pueblos bárbaros, semibárbaros y civilizados. Esta clasificación opera sobre
automatismos espirituales, por otra parte existen prejuicios de raza, que son según
Barcos, la forma nueva y más terrible del fanatismo moderno. Estos prejuicios son
dictados por teorizantes de laboratorio “que despotrican sobre las razas aptas o
ineptas para la civilización” frente a este panorama Barcos destaca la figura de Agustín
Álvarez quien afirmaba que «una raza no se mejora por una transformación étnica,
sino por su transformación mental» (Barcos, 1919).

A modo de conclusión
Si bien la naturalización de la sociedad liberal como la forma más avanzada y normal
de existencia humana no fue articulada (desde el pensamiento de Julio Barcos) en una
crítica central, consideramos que si fueron problematizados por el algunos de los
presupuestos del edificio de los saberes sociales modernos que han posibilitado hasta
hoy en día la naturalización de esta forma de existencia social.

Para Aníbal Quijano en América, la idea de raza fue también un modo de otorgar
legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. El autor
sostiene que la posterior constitución de Europa como nueva id-entidad después de
América y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo, llevaron a
la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la
elaboración teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones
coloniales de dominación entre europeos y no-europeos. Entonces esto significó una
nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas y prácticas de relaciones de
superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes. De ese modo, raza se
convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial
en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad. En otros
términos, en el modo básico de clasificación social universal de la población mundial.
Todos estos aspectos aparecen naturalizados en el discurso de Barcos.

Teniendo en cuenta que nuestro trabajo analiza proyectos filosóficos, políticos y


culturales que plantearon una alternativa programática para pensar a los sujetos en
momentos de transición política y social, rescatamos como necesarios los aportes de la
perspectiva post-colonial en Latinoamérica y alguna de sus categorías analíticas
fundamentalmente para analizar los entramados de poder existentes no sólo al
interior de los discursos del autor seleccionado para el proyecto, sino el lugar que éste
tiene en la configuración mayor de prácticas políticas que lo atravesaron.
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El quincenio 1917-1921 en Argentina, fue el de mayor conflictividad en el periodo que
va de 1880 a 1930. En 1919 se contabilizaron 300.000 huelguistas con 500.00 afiliados
a la Fora del 9vno Congreso. Se observa también una tendencia a la unificación de las
federaciones de trabajadores, esto se replica en una mayor oposición de las
organizaciones patronales, unificadas en la Asociación del Trabajo.

A fines de 1917 y como puntualizaron Edgardo Bilsky y Andreas Doeswijk, la llegada de


las noticias sobre la Revolución Rusa trajo quiebres y reconfiguraciones en todas las
tradiciones políticas de izquierda y una revitalización particular del movimiento
anarquista, claramente visible en la ampliación de sus bases y en la multiplicación de
los emprendimientos editoriales libertarios. Fue durante estos años (1918-1919)
cuando Barcos y Nemesio Canales le dan forma a Cuasimodo, publicación que
atravesada por los últimos meses de guerra mundial y por la revolución bolchevique.
Barcos y Canales, tuvieron que exiliarse en primer término de Venezuela (1919) y luego
de Costa Rica (1920).

La primera edición de Cuasimodo fue editada en Panamá. Desarrollada como “ Magazine


interamericano de información mundial, afirmación de ideas renovadoras y
aquilatación de los valores intelectuales predominantes en España y América”, tuvo
una frecuencia decenal luego quincenal. Sus editores fueron Canales, Barcos, J. D.
Moscote y Rómulo Schemini. Sus colaboradores fueron Alejandro Alba (seud.), Jorge
Luis Borges, Herminia Brumana, Elías Castelnuovo, Luis Di Filippo, Porfirio Esteves, Luis
Juan Guerrero, Juan Lazarte, Pilar de Lusarreta, Rolando Martell (seud. de Ramón
Martínez Franco), Luis Enrique Osorno, Fernán Ricard (seud. de Antonio M. Dopico),
Orestes Ristori, Saúl Taborda, E. Samor Vigatti, Lelio O. Zeno.

Los temas que atravesaron Cuasimodo fueron Anarquismo,


Anarcobolchevismo, Política Internacional, Antiimperialismo, Feminismo, Educación,
Literatura latinoamericana, Revolución Rusa, Reforma Universitaria. A los que
debemos sumar reflexiones sobre la revolución mexicana y nuevos sujetos
revolucionarios. 1920 fue un año de intensa actividad en la trayectoria de Barcos, a
principios de año publica en El Salvador el “Proyecto de ley orgánica para la instrucción
pública” (1920), en donde se reflejan sus experiencias latinoamericanas, ya que
convivió de cerca con los problemas sociales, políticos y educativos de la región a raíz
de una estadía bastante prolongada en Centroamérica. A esto siguió la edición de unos
folletos publicados por la Biblioteca Popular entre 1918 y 1920, folletos que
retomaban el Boletín de la Liga Racionalista.

Es de destacar que La Liga Racionalista editó en 1920 un apartado llamado; “obra


educacional de la Rusia revolucionaria”, aclarando que la Liga publica este folleto para
dar a conocer algunas fases del extenso programa de “renovación educacional” que se
vienen desarrollando en Rusia desde la revolución, pero recordando que el ideario
educativo es anterior en ese país y tiene sus antecedentes en las ideas de Bakunin,
Kropotkin, Poliana y Tolstoy.

Del paso de Barcos por Centroamérica hemos de resaltar que llegó a Costa Rica en
mayo de 1919 donde dio una serie de charlas. Al parecer se fue conformando en torno
a él un espacio docente de confrontación al régimen del Gral. Tinoco. Luego de varias
reuniones, este grupo crea la Asociación Nacional del Magisterio, encabezando
medidas de fuerza que incluyeron la huelga (Volio, 1992). El gobierno reaccionó
reprimiendo actos y prohibiendo el derecho de reunión. Una vez terminadas esta serie
de protestas, renunciaron el ministro de Educación Anastasio Alfaro y más de cien
maestros, debilitando al régimen de Tinoco (Volio, 1992).

Según Ferrer, el activismo de Barcos fue tal que estuvo involucrado “en actividades
guerrilleras” en contra del presidente Federico Tinoco del partido Peliquista (Ferrer,
2016). Lo cierto es que participó del levantamiento docente-estudiantil contra ese
régimen, el cual incluyó la quema del periódico oficial “La Información” y cuando este
fue reprimido ayudó a un grupo de maestras que fueron alcanzadas por la policía,
entre las cuales se encontraba Carmen Lyra. Finalmente Barcos fue contratado por el
nuevo presidente constitucional de Costa Rica, Francisco Barquero para escribir su
biografía, al parecer el monto entregado para su realización fue utilizado por Barcos
para seguir su itinerario, y solventar nuevas publicaciones.

El 24 de agosto de 1920 Barcos emprendió el regreso a Buenos Aires junto a Canales,


haciendo un alto en Perú, donde disertaron en la universidad y en círculos obreros. Ya
en Buenos Aires, continuaron con la edición de la revista Cuasimodo. En esos meses,
Barcos mantuvo su actividad militante ofreciendo conferencias y organizando tertulias
en el café La Brasileña, ubicado en la calle Maipú 232 o en el recién inaugurado café
Los Inmortales, sobre la calle Corrientes, entre Suipacha y Carlos Pellegrini, donde
Barcos solía compartir mesa con Alberto Ghiraldo, el poeta José de Maturana y Emilio
Carulla. A fines de este año Barcos ejercerá por primera vez como vocal en el Consejo
Nacional de Educación tras designación del Ministerio de Instrucción Pública. Este
nombramiento no pasará inadvertido para el anarquismo, repasaremos sus
repercusiones en el próximo capítulo.

Volviendo nuestra atención a los primeros números de Cuasimodo, llama la atención


como era presentado Barcos al público lector; “ procedente de las filas del alto
profesorado argentino, donde fundó la. «Liga Nacional del Magisterio» y la «Sociedad Popular
de Educación Racionalista», ha visitado New York, donde, en la Universidad de Columbia, dejó
huellas de su paso constituyendo la «Federación de estudiantes de habla española»; pasó
luego a Puerto Rico y la culta San Juan, capital de la Isla, le debe a su fervor por las
instituciones de progreso el establecimiento de la Universidad Popular” (Cuasimodo, 1919). Es
decir el paso de Barcos por Centroamérica también incluyó a Puerto Rico donde estableció un
Universidad Popular.

Cuasimodo y la Revolución Rusa


La primera posguerra en la Argentina, trajo consigo nuevas tensiones políticas y
sociales, las cuales fueron expresadas en nuevas dimensiones del proceso socio-
político general. Si a estos sucesos sumamos algunos eventos como los de la creciente
conflictividad gremial, tendremos cambios que configuran una coyuntura que
multiplica conflictos de distinto orden y desigual profundidad, las cuales intervienen en
las imágenes y las interpretaciones que tienen los grupos sobre la sociedad y de las
transformaciones que se están produciendo. Fue en esta trama social y política
conmovida que se inscribieron las noticias de los sucesos ocurridos en Rusia.
Coincidimos con Pittaluga en que esta situación se desajustaron las viejas percepciones
de importantes sectores de la sociedad y en particular entre los sectores obreros y
populares se produjeron alteraciones en las representaciones que sobre el cambio
social, sobre sus posibilidades efectivas, se habían construido, especialmente entre sus
formaciones de vanguardia. Es decir la revolución rusa, como lugar y a la vez como
desafío, intervenía en las tensiones constitutivas del universo político y conceptual de
la izquierda.

Pagina 67 Pittaluga debates sobre crisis en el anarquismo

Qué mostrar de la revolución? Existe la opción de construir una visión donde el gesto de los
oprimidos sea vanguardia, desconectando así la revolución de la crisis. Cita de Cuasimodo

Pagina 50 pittaluga

Contexto de reconocimiento de la Revolución.

Coyuntura posbélica

Incremento conflictos obrero-patronales

Creciente sindicalización de trabajadores

Aumento de políticas represivas estatales y paraestatales

Tesis de Romero y Rock. Terror fingido de las elites. Maria Ester Rapallo habla de una ofensiva
del capital. Pittaluga dice que no puede haber terror fingido porque ya hay un sistema de
creencias y una lógica autoritaria en las clases dominantes, lo que hay es una disputa por lo
publico, se redefinen a partir de las noticias sobre la revolución los contornos sobre lo público.

En abril de 1917 a pocos meses de la revolución de febrero ocurre el primer mitín en Plaza
Once. Desde la Fora del 9vno los anarquistas promovían campañas para ayudar a los
trabajadores y campesinos rusos durante la hambruna.
Las revistas político culturales que adherían a la Rev. Rusa eran Cuasimodo, Alborada,
Prometeo, Insurrexit, Babel.

Los periódicos socialistas, anarquistas, sindicalistas, comunistas fueron vehículos privilegiados


de conferencias o escritos sobre la Rev. Rusa.

Existió también una amplitud editorial de “temas sovipeticos” por ejemplo “ el código
bolchevique del matrimonio” de Rodolfo Ghioldi.

Existió una guerra interpretativa, y muchísimas mediaciones, con operaciones de montaje y


desmontaje.

Pagina 43 Cuasimodo escribe sobre publicaciones falsas. ¿Cuáles eran las fuentes de
Cuasimodo? The Call Magazine pagina 210 Romain Rolland pagina 214. Carlos Astrada sobre la
oposición entre ideas y realidad en la Rev Rusa pagina 68 Cuasimodo.

El P.S atraviesa un proceso de institucionalización y nacionalización. En el anarquimo se dan


disputas entre los principistas y realistas, para verlo revisar pagina 77, en pagina 78 tenemos
discusión entre fines y medios, hasta principios de 1921 La Protesta estimaba la revolución. La
Antorcha era contraria.

Es sumamente importante destacar que los anarcos bolcheviques encontraron en la revolución


rusa una confirmación y una legitimación para sostener practicas con perspectivas más
abiertamente clasistas que las predominantes hasta entonces en el anarquismo rioplatense, y
que ello los llevó a otorgarle mayor centralidad a los conflictos por el control del proceso de
trabajo y a colocar la unidad de movimiento obrero y la formación de una organización
específicamente política del anarquismo entre sus objetivos prioritarios. (Doeswijk,1998;
Pittaluga, 2000)

De modo que no poco del reposicionamiento de los militantes libertarios respecto de la


revolución rusa se relaciona directamente con lo que era sentido como la disolución de la
identidad anarquista a través de lo que creían era la “marxistización“ de ciertos sectores
libertarios. (Pittaluga, 2001). Ciertamente este borramiento de las diferencias entre el
anarquismo y otras corrientes políticas e ideológicas de la izquierda tenia para los antorchistas-
como lo tuvo para La Protesta en 1921. Su manifestación elocuente en la corriente
anarcobolchevique, la cual además de promover una reformulación teórica y política del
anarquismo a la luz de las enseñanzas de la revolución rusa, desplegaba una profusa
propaganda y había logrado posicionar a varios de sus dirigentes.

Los anarcobolcheviques ganan posiciones en la FORA, desde La Protesta se intenta


desplazarlos. El objetivo de los anarcobolcheviques era fusionar el anarco-comunismo en la
FORA. FORA X solidaria con la Revolución Rusa.

Página 108 Borges escribe ´´Rusia´´ en Cuasimodo.

Página 117 temporalidades, sedimentos en la categoría Revolución.


No es ningún descubrimiento decir que los intérpretes de la [Link] en la Argentina,
mayoritariamente y en un plano de sus intervenciones, procedieron a establecer esa incripción
de la experiencia soviética en la historia del progreso, postulándole esta doble dimensión de
ruptura y continuidad. Había una adherencia de la Revolución a un linaje de acontecimientos,
según Ingenieros se integraba al linaje del Cristianismo, Renacimiento y Revolución Francesa.

La exposición ingeneriana del maximalismo. A diferencia de los sentidos acotados a su


identificación con el bolcheviquismo, en Ingenieros el maximalismo es un concepto de
movimiento con el que pretende exponer ese avance de la historia bajo la forma de una vasta
y multifacética regeneración moral que es signo del cambio épocal. De modo que la revolución
rusa aparece en los textos de Ingenieros como parte de una serie, junto a otras
manifestaciones de la nueva moral, como la Reforma Universitaria. Cada una de esas variantes
es parte de un mismo proceso regenerador, universal, que inaugura los “tiempos nuevos” y
que Ingenieros designa en su concepto de “fuerzas morales”.

Pagina 213 Juan Solari en Cuasimodo.

Dentro del entramado ciencia-izquierdas sus rivales teóricos en donde marca su intervención
son Justo e Ingenieros. El fin de la especie no es el de la conservación de las individualidades
históricas sino el mejoramiento de la especie misma por el renovamiento eterno de la raza en
el sinuoso curso del tiempo que es la evolución

El 24 de agosto de 1920 Barcos emprendió el regreso a Buenos Aires junto a Canales, haciendo
un alto en Perú, donde disertaron en la universidad y en círculos obreros. Ya en Buenos Aires,
continuaron con la edición de la revista Cuasimodo y, junto al socialista Alfredo Palacios y a
José Ingenieros, entre otros, crearon La Unión Latinoamericana, en marzo de 1925.

José Ingenieros ha estudiado a fondo en un par de gruesos volúmenes titulados La evolución


de las ideas argentinas la falacia de este ensueño libertario y la forma en que nuestra taimada
burguesía criolla se encarga, más tarde, de escamotearle al pueblo los prístinos ideales de la
Revolución, confirmada por la amarga frase del mismo Moreno: «Hemos hecho la Revolución
en beneficio de veinte mil terratenientes». Así se ha llegado a convertir la América española en
veinte pueblos «emancipados» y «libres» que lo han alcanzado todo, ¡todo…!, menos la
«emancipación » y la «libertad». La única excepción en la familia de los pueblos
hispanoamericanos sería México. Allí el nativo, el proletario de la campaña, principalmente,
prefirió vivir con el fusil en la mano, alistándose en todas las revoluciones que le brindaban la
oportunidad del pillaje, a ser esclavo del moderno señor feudal poseedor de ingentes
latifundios.

Pensamos con Ingenieros que «las sociedades de más reciente formación son las más propicias
al progreso de la cultura y al florecimiento de las nuevas ideologías.
»,

«Los grandes problemas –añade Ingenieros– son hablados por cada época en un idioma nuevo.
Las razas viejas y sus filósofos tienen ya su idioma enmohecido y siguen pensando en él; las
nuevas que aún no tienen definido uno propio aprenden a pensar en el de su época.»
Los que pretendemos representar la moderna cultura de estos países, o sea, los que hemos
aprendido a pensar en el idioma de nuestra época, no podemos entendernos con los viejos
profesores de la vieja Europa que vienen a predicarnos ideas enmohecidas en aquel mismo
continente.
de las referencias sutiles –al señalar la intención de José Ingenieros de desitalianizar su
apellido en un arresto de ingenua argentinidad

En buena lógica, siguiendo el curso de las ideas «restauracionistas» del señor Rojas, no nos
detendríamos en los próceres de la independencia sino en la «restauración» de las tradiciones
indias, en todo caso, como muy bien le objetara Ingenieros, su émulo del nacionalismo desde
un diferente plano filosófico.

¿Recuerdas aún, lector, los protagonistas de la obra de Hugo: Nuestra Señora de París? ¿No se
te ocurre ver todavía la figura de aquél ¡mal entrazado, contrahecho y de corazón noble e
ideas altruistas, llamado Cuasimodo? Bien, de ahí viene la denominación de la revista dirigida
por los camaradas Julio R. Barcos y Nemesio Canales, que, comenzando su 2.a época, acaba de
aparecer en esta ciudad.

INSURREXIT ve en * Cuasimodo* «un hermano, y no podía suceder de otra manera, pues sus
editores encuéntranse igualmente inspirados que nosotros, es decir, vemos con los mismos
ojos los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad, tendientes al logro de las
aspiraciones revolucionarias, dejando al margen las ideas de los muertos que desde sus
tumbas dividen a los vivos.., timalmente.

El terrorismo oficial es tan peligroso como el terrorismo popular; así lo han demostrado los
acontecimientos de los últimos diez años. El «cosmopolitismo» y no la chifladura de la
«pureza étni ca» (que en Sudamérica nos retrotraería a la veneración de nuestros
tatarabuelos indígenas) es la fuente milagrosa del progreso para todos los pueblos nuevos
del mundo.

Volved luego los ojos a Buenos Aires, la ciudad de habla española más poblada de ambos
continentes, crisol inmenso donde se está fundiendo para el devenir una nueva raza y una
nueva civilización, donde todo lo concerniente a la intensa y dinámica vida europea nos es
relativamente familiar, desde los refinamientos del arte, las conquistas de la ciencia, el
desarrollo de la industria, hasta los fenómenos sociales del bolchevismo. Que son el
contrapeso de la prepotencia capitalista en las actuales democracias
plutocráticas de ambos hemisferios.

Mestizarse, es decir, mezclar un producto inferior con otro superior, es atenuar las
cualidades malas por la adquisición paulatina de las cualidades buenas. Los casi tres
millones de «gringos» que según el último censo forman la tercera parte de nuestra
población son, más que nuestras generaciones de doctores y políticos criollos, inclusive los
burócratas y los literatos, que forman la enorme clase parasitaria, quienes
promueven el desarrollo de las riquezas materiales y morales del país, porque son quienes
representan virtualmente las energías creadoras o propulsoras del capital y el trabajo. Todo
lo que poseemos los argentinos se lo debemos al extranjero que nos trajo la civilización.

No encuentro en mi país ni fuera de mi país ninguna otra figura histórica de la estatura


gigante de Sarmiento. Solo en el Norte encontramos al hombre que se le parece en
Abraham Lincoln. Conviene declarar frente a la argentinidad que se han inventado Rojas e
Ingenieros, que Sarmiento no tiene ni predecesor ni sucesor en la Historia Argentina.

Hemos tenido libertadores, pero hasta Sarmiento no habíamos tenido desbarbarizadores.


Sarmiento estaba poseído, en realidad, no de la locura mística que exaltaba a los santos
varones de la Edad Media, sino de la chifladura profética que exalta a los apóstoles
revolucionarios de la Edad Moderna. Era una chifladura digna de risa pretender abolir el
desierto, unir las provincias argentinas por el ferrocarril para acabar con el parroquialismo
y el feudalismo caudillesco de las mismas. Se necesitaba en aquel rudo escenario político un
genio bárbaro de la complexión moral, física e intelectual de Sarmiento. «A las cosas hay
que hacerlas, hacerlas mal pero hacerlas.»

La obra educativa que realizó Sarmiento fue de extraordinaria oportunidad y eficacia social
por allá en el año 1870. Hoy todo aquel andamiaje educacional que se importó de Europa y
Estados Unidos ha envejecido en manos conservadores y constituye un adefesio pedagógico
de la más perfecta esterilidad social para la cultura argentina.

Allí nos quedaremos sin duda, hasta que surjan nuevos Sarmientos que repitiendo el milagro
de Cristo hagan andar a este inválido.

Agustín álvarez es el pensador cuyas ideas equidistan de un modo perfecto entre las de
Alberdi economista y sociólogo y las de Sarmiento civilizador y pedagogo.

Esa juventud de hamaca, soñadora pero impotente y parásita, que son los zánganos dorados
de la colmena, ha resultado para nuestra sociedad criolla de América lo que la uncinariasis y
el paludismo para el individuo del trópico: un microbio de degeneración y de muerte. Y
debemos ya iniciar contra ese microbio una campaña médica. Esa es una de las misiones de
Cuasimodo.

Movimiento literario ultramodernista francés surgían por reflejo en el escenario intelectual


de América cinco o seis grandes figuras de vigorosos relieves personales destinadas a hacer
sentir
su influencia en la literatura castellana. Darío, Lugones, Amado Nervo, Alberto Ghiraldo,
Julio Herrera y Reisig y el mismo Guillermo Valencia fueron los pontífices magnos, los
heresiarcas de este movimiento y lo hicieron con tal eficacia, que sus catecúmenos no
tardaron en llenar España y nuestro continente.

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