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Perfiles de Personajes
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Contenido
La Promesa de la Clase de Chicas Mágicas
Introducción
Esta clase de chicas mágicas se creó para facilitar el progreso y el
desarrollo de las chicas mágicas. Nuestro objetivo es nutrir a aquellas
personas con mentalidad de servicio que sobresalen del resto, al tiempo
que cultivan el amor, el valor, la bondad, la fuerza, una conducta
hermosa, una vitalidad indomable y, sobre todo, una profunda
comprensión del trabajo de una chica mágica.
Reglas
Estas reglas no pretenden ser restrictivas. Son los principios que guían
su crecimiento como chicas mágicas. Sean conscientes de su condición
de chicas mágicas mientras intentan aprovechar al máximo su tiempo
en esta escuela.
Modales
No se tolerará la grosería, por muy poderosa que sea la magia de cada
una.
—Saluda a los demás con alegría.
—Procura ser cortés con tus superiores y trátalos con respeto.
—Llévate bien con tus amigos y compatriotas. Las peleas no están
permitidas.
Atuendo
El traje es el alma de una chica mágica.
—Cuando no se transforme, lleve su uniforme escolar o deportivo
designado.
—Cuando estés en forma de chica mágica, lleva sólo tu disfraz
preinscrito.
—Cualquier cambio de vestuario o adición de armamento y
adornos debe ser comunicada a su profesor de aula.
—Lleva tu teléfono mágico en todo momento.
—Están prohibidos los asistentes digitales personales o los
dispositivos de comunicación.
—La asistencia de las mascotas sólo está permitida fuera de la
escuela. Las mascotas no pueden acompañarle ni ponerse en contacto
con usted por ningún medio mientras esté en el recinto escolar.
Para y desde la escuela
La puntualidad es el primer paso para convertirse en una gran chica
mágica.
—Llegar a la escuela por la puerta antes de que suene el primer
timbre y volver a casa cuando sea la hora de salir.
—Avisa a tu profesor de aula si vas a estar ausente por enfermedad
u otros motivos.
—Si un miembro de su familia fallece, se le ofrecerá un permiso
por duelo.
Clases
El deber de un estudiante es aprender. Todas las chicas mágicas que
asisten a esta escuela son estudiantes.
—No se permite la transformación durante la clase a menos que lo
indique el profesor de la misma.
—Asimismo, no se permite la des transformación durante las
actividades extraescolares a menos que lo indique el profesor de la
clase.
—El mal uso de tu magia está prohibido tanto en las actividades
regulares como en las extracurriculares.
Instalaciones
Cuidemos las instalaciones escolares.
—Puedes ir a la enfermería sólo cuando tú profesor de aula haya
determinado que has recibido una lesión de nivel B o superior.
—No puede utilizar la biblioteca fuera de las clases en las que se le
ha concedido un permiso especial.
—No se permite el uso inmediato de la tienda de la escuela. Cuando
desee realizar una compra, rellene un formulario de pedido con los
artículos que necesite y entréguelo a su profesor de aula. Una vez
recibido el formulario, el profesor facilitará el intercambio del pago y
la mercancía.
—Está estrictamente prohibida la entrada a zonas restringidas como
el patio o el tejado.
Escuela Secundaria Umemizaki
Gracias a la amabilidad y los esfuerzos de la Escuela Secundaria de
Umemizaki, así como de la ciudad de Umemizaki, se nos ha concedido
el uso del antiguo campus de la escuela secundaria para las clases de
las chicas mágicas.
—No olvidemos ser agradecidos.
—No se puede entrar en el recinto actual de la Escuela Secundaria
Umemizaki sin autorización.
—Ten en cuenta que el contacto excesivo con la gente normal ha
llevado a la exposición de las identidades de muchas chicas mágicas.
Asegúrate de actuar con moderación cuando te relaciones con los
estudiantes de la Escuela Secundaria Umemizaki.
Después de la escuela
Asistir a la escuela no te excusa de las actividades de las chicas
mágicas.
—Sigues siendo una chica mágica incluso cuando no te transformas
y estás en un descanso.
—No publiques nada sobre las chicas mágicas o el Reino Mágico
en las plataformas de las redes sociales o en los tablones de anuncios.
—No hables de las clases de chicas mágicas ni siquiera en las redes
sociales o plataformas de contenido de vídeo orientadas a las chicas
mágicas.
Nuestra canción de la escuela
1. Un jardín mágico con hojas jóvenes en ciernes
Rebosante de pasión y emoción
A través del tiempo eterno
Oh, oh
Chicas mágicas
Sus voces se transmiten de forma ininterrumpida
Prólogo
◇ Kana
Una niebla de colores intensos se arremolinó alrededor antes de
reunirse en un solo punto. A medida que los colores se hacían más
densos, la bruma se hinchaba, estallaba y luego se dispersaba. Bajo los
restos que se agitaban, había un tenue resplandor rojo que se tornaba
amarillo, y entonces, cuando el resplandor era insoportable, se dio
cuenta de que estaba consciente.
Poco a poco fue tomando conciencia de su propio cuerpo y de su
mente y, al poco tiempo, la chica recobró el sentido. Algo grande,
plano y duro estaba tocando su espalda. Estaba frío. Parecía que se
estaba apoyando en él. Sintió lo mismo en su trasero. Probablemente
estaba sentada en el suelo.
Sin prisa y sin pausa, a un ritmo que pensó que debía ser el habitual,
abrió los ojos. Había una mujer sonriente. ¿Quién era? Estaba
agachada, mirándola. La chica giró la cabeza para ver que, detrás de la
mujer, había un objeto de tamaño humano, atado con cadenas, con
talismanes pegados por todas partes.
Parpadeó y tomó aire. Tragó saliva.
Debería haber sido capaz de hacer estas cosas inconscientemente,
pero todo se sentía mal. Era como si su cuerpo no fuera suyo. ¿Por
qué?
Naturalmente, pensó que si tenía preguntas, debía intentar hacerlas.
Al abrir la boca emitió un “Ah.” Al confirmar que podía hacer ruido,
se volvió hacia la mujer sonriente y preguntó: “¿No es éste mi cuerpo?”
No. Era indiscutiblemente de ella.
“¿Estuve mucho tiempo sin usarlo?”
Consiguió entender por qué se sentía extraña. Hacía tanto tiempo
que no movía su cuerpo que hasta los más pequeños movimientos no
le parecían correctos.
Sofocando esa sensación, se puso de pie y examinó ambos lados.
Estaba en una habitación pequeña. Las paredes y el suelo eran de
hormigón liso y medían algo más de seis veces su altura en anchura y
profundidad. El techo era aproximadamente el doble de su altura. Se
dio la vuelta y vio que estaba de pie en el centro de la habitación, en
un receptáculo con forma de pilar. En ese caso, debía de haberse
liberado de él. El suelo, las paredes y el receptáculo eran de un blanco
impoluto, de un material liso y ligeramente blando. ¿Una especie de
resina, tal vez? La única forma de entrar en la habitación era la puerta
metálica de aspecto robusto que había detrás de la mujer. Sus rasgos
deberían haber sido ordinarios, pero su rostro era extrañamente
llamativo, aunque lo suficientemente sencillo como para que uno lo
olvidara al instante si miraba hacia otro lado. Su falda, sus tacones altos
y sus gafas la hacían parecer bastante formal y rígida, aunque tenía una
sonrisa traviesa en el rostro.
“… ¿Dónde estoy?”
La mujer no respondió. Pero una respuesta surgió en la mente de la
chica: Esto era una prisión.
La mujer inclinó profundamente la cabeza y rápidamente volvió a
levantarla. “Me llamo Yoshioka. Estoy encantada de conocerte.”
“Yoshioka.”
“¿Cómo te sientes?”
“No muy bien.”
“Sí, sí. Lo entiendo muy bien. El encarcelamiento mediante un sello
mágico tiene un impacto negativo tanto en la mente como en el cuerpo.
Aunque aparentemente es un simple encarcelamiento, la realidad es
equivalente a la tortura. Bastante inhumano de hecho.” Yoshioka era
educada tanto en su forma de hablar como en la de actuar, pero
resultaba más cómica. Sacudió la cabeza mientras se lamentaba, y el
exagerado gesto hizo que sus gafas empezaran a resbalar, así que las
empujó hacia arriba con el dedo corazón de la mano derecha. Lanzando
un suspiro, se arregló enérgicamente su despeinado cabello negro y se
volvió hacia la chica. Yoshioka volvió a sonreír.
“Pero los tiempos han cambiado.” Dijo.
“El Reino Mágico no cambiará tan fácilmente.”
“Han pasado muchas cosas, así es, muchas cosas. Todo comenzó
con un poco de revuelo por una fuga de la cárcel que sacó a la luz los
diversos delitos de personas relacionadas. Sacudió la fe en las
instalaciones de las cárceles de chicas mágicas y en la propia
institución. Eso obligó a hacer cambios desde los cimientos. Esos
oscuros días de castigos crueles e inusuales han terminado. Todas
ustedes han recibido el derecho a una nueva vida. Obedezcan las
instrucciones de las autoridades y esfuércense al máximo, y si
consideran que han renacido como una buena chica mágica, podrán
ganar mayores libertades.”
Yoshioka estaba alegre, pero la chica no estaba especialmente
impresionada. Analizó sus propios pensamientos —no parece muy feliz
con esta situación— y sacudió la cabeza. Su mente aún se sentía
confusa. Quizá el castigo que Yoshioka había descrito como
“equivalente a una tortura” había afectado a su cerebro.
“¿Así que me van a hacer trabajar como una esclava?” Preguntó la
chica.
“Piensa en ello como un servicio público. Y cuanto más trabajes,
mejor te tratarán.”
“Mis recuerdos son vagos.”
“Los registros dicen que algunos de sus recuerdos han sido
borrados.”
Así que esto no era un efecto secundario del sello, pero eso no la
hacía sentir mejor. Sacó la pierna derecha del receptáculo y, al ver que
Yoshioka retrocedía, también sacó la izquierda. El suelo estaba más
frío que el receptáculo. Lo sintió con sus pies descalzos.
Sí, estaba descalza. Se separó el cabello hacia los lados y se miró a
sí misma. No sólo estaba descalza, sino que estaba completamente
desnuda, incluso sin ropa interior. No recordaba haberse quitado el
traje ella misma o que alguien se lo hubiera quitado.
“Eras una chica mágica llamada Kana.” Dijo Yoshioka. “¿Te
acuerdas?”
“Kana.” Balanceó la cabeza de un lado a otro, agarrándose el
cabello cuando empezó a azotar de un lado a otro. Ahora que Yoshioka
lo mencionaba, la habían llamado así, o al menos esa era su sensación.
La chica recordaba vagamente que varias personas la llamaban Kana,
y que ella también había respondido al nombre. “Así es. Kana. Me
llamaban Kana.”
“Sobre su trabajo anterior…”
Un nombre surgió de repente en la mente de Kana, y sin pensarlo
dos veces, soltó: “Caspar…”
“¡Correcto! Trabajaste para un grupo bajo la jurisdicción de la
Facción Caspar… ¿Podría ser que tus recuerdos hayan regresado?”
“No… creo que no. Eso simplemente me vino a la mente.”
“Ah, por supuesto. Tus recuerdos han sido manipulados por medios
mágicos, así que no recordarías tan fácilmente. Estaría bastante
asombrada si dijeras que recuerdas todo.”
Tal y como había dicho la propia Kana, entendía más o menos que
se llamaba Kana, así como que había sido miembro de la Facción
Caspar. Sólo que no podía entender qué tipo de trabajo específico había
estado haciendo. Se llevó una mano a la barbilla y miró al suelo.
Kana conocía lo esencial de su pasado: Había cometido un delito y,
por tanto, había sido encarcelada. Era justo decir que su cerebro
funcionaba lo suficientemente bien. En realidad, no era que su mente
estuviera confusa, sino que sus recuerdos habían sido borrados
intencionadamente. Eso corroboraba más o menos lo que le había
dicho Yoshioka.
“Pero…” Empezó Kana.
“¿Pero?”
“Si los recuerdos del crimen que cometí fueron borrados antes de
mi encarcelamiento, ¿no me impediría reflexionar sobre mis actos?”
Yoshioka se agarró el estómago entre risas, y el objeto que tenía a
su lado tembló junto a ella. Parecía que había algo vivo en su interior.
Kana no trató de considerar por qué se reía la mujer que la había
liberado, sino que observó sus gestos, su semblante y su atuendo.
“¿Eres una chica mágica?” Preguntó Kana.
Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que esa mujer podía
transformarse en una chica mágica y que lo que había dentro de ese
objeto ya estaba transformado.
La expresión de Yoshioka se agrió y se ajustó las gafas con una
vaga sonrisa que no llegó a sus ojos. “Puede que te hayas dado cuenta,
pero ésa es tu magia. Hacer una pregunta siempre atrae una respuesta
de la persona a la que has preguntado. Es una magia increíblemente
conveniente, aunque te pido que no abuses de ella.”
“¿Por qué no debería hacerlo?”
Algunas respuestas se basan en el punto de vista subjetivo de esa
persona, lo que distorsiona la respuesta si le preguntas a alguien que
cree que una mentira es la verdad. A veces puedes aprender cosas que
no deberías saber. Creo que hay que acostumbrarse a pensar por uno
mismo y a usar la cabeza en la medida de lo posible. No quiero que se
invada mi privacidad.
En la mente de Kana surgieron otras razones. Debía haber
aprendido las respuestas de Yoshioka a través de su magia.
“¿La razón por la que me encarcelaron y me borraron los recuerdos
fue porque me enteré…?” Kana estaba a punto de continuar con “de
algo que no debería saber”, pero entonces cerró la boca a medias.
Dudaba que saber eso la beneficiara, y Yoshioka acababa de decir que
Kana no debía abusar de su magia, así que sospechaba que Yoshioka
respondería negativamente a ese tipo de preguntas.
Yoshioka sonrió con satisfacción y asintió dos veces con la cabeza,
luego señaló hacia la salida. “De todos modos, vamos a caminar
mientras charlamos.”
Kana siguió a Yoshioka hasta un pasillo. Había una tosca valla de
hierro que bordeaba todo el lateral, con un amplio atrio al otro lado. La
valla de hierro y el pasillo continuaban alrededor del atrio, con puertas
de aspecto robusto alineadas a intervalos regulares. Los prisioneros
como Kana debían ser encerrados de uno en uno. Mientras caminaban,
Kana miró hacia el atrio y vio otros pisos idénticos, como si fueran
copias al carbón: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Éste era el cuarto
de los seis niveles; era una instalación bastante grande. Si había un
prisionero por puerta, en todo el recinto podría haber más de cien o
doscientas personas en total.
Con tantas personas del tipo que estarían encarceladas aquí —lo
peor de lo peor— la seguridad sería naturalmente estricta, pero aparte
de Yoshioka al frente y de la chica mágica atada que se retorcía a su
lado, no se encontraron con un alma mientras caminaban por el pasillo.
Entraron en un agujero cuadrado en el suelo para bajar unas escaleras,
caminar un poco más, y luego bajar más escaleras. En todo el tiempo,
no sólo no fueron desafiadas, sino que ni siquiera se cruzaron con
nadie.
Kana inclinó la cabeza, desconcertada. “Parece que no hay nadie
aquí.”
“Hemos despejado a todos.”
“Ya veo.” Ahora sabía por qué no había aparecido ni una sola
persona aparte de ese extraño humano y esa extraña chica mágica. Pero
una prisión era una instalación pública, y la Facción Caspar que Kana
conocía no habría ejercido suficiente influencia como para poder
desalojar una así. La Facción Caspar, en las profundidades de sus
nebulosos recuerdos, carecía de poder o motivación para ello y sólo
superaba a las otras facciones en su tendencia al pesimismo.
“Las cosas son bastante diferentes de lo que estoy acostumbrada.”
Dijo Kana.
“¿Lo son?”
“Se siente como si hubiera estado sellada durante mucho tiempo.”
“En absoluto. La Facción Caspar ganó poder hace poco. O más
bien, no ganaron poder tanto como las Facciones Osk y Puk causaron
problemas que resultaron en una disminución de su influencia… Pero
al final, la dinámica de poder entre las facciones es simplemente
relativa.” Los hombros de Yoshioka temblaron ligeramente. Kana no
pudo ver su expresión, pero debía de estar riéndose. En general, parecía
estar mareada, o como si estuviera de buen humor. Tal vez el hecho de
que un miembro de la Facción Caspar estuviera de buen humor era una
prueba de que había ganado poder.
El torso de la chica mágica que se arrastraba al lado de Yoshioka
se balanceaba junto con la risa de ésta. Kana no podía saber si aquella
estaba de buen humor o no. Por la forma en que estaba atada, uno
pensaría que le sería difícil incluso moverse bien si fuera necesario,
pero si la estaban llevando a conocer a uno de los peores entre los
peores, encerrado en una cárcel, entonces eso sería necesario.
Seguramente podría luchar, incluso atada; es más, sería lo
suficientemente poderosa como para poder someter a Kana con
facilidad.
“Sobre tu… chica mágica atada.” Dijo Kana.
“No le des importancia. Trátala como el aire que respiras.”
La chica atada sacudió la parte de ella que probablemente
correspondía a su cabeza. Tal vez fuera un saludo. Kana abrió la mano
derecha y la levantó a la altura del hombro, devolviendo el saludo. No
sabía si la chica podía ver el gesto o no.
Caminaron, luego bajaron unas escaleras y luego caminaron un
poco más. En los pasillos resonaban los sonidos de los tacones de
Yoshioka contra el suelo, de la chica mágica atada deslizándose por el
suelo y de los pasos de Kana.
“No voy a pedirte que hagas nada especialmente difícil.” Dijo
Yoshioka.
“Eso es bueno.”
“Me gustaría que estuvieras en un lugar determinado y que vivieras
una vida completamente normal allí.”
“Un trabajo bastante extraño.”
“El trabajo de una chica mágica tiene que ver con lo mundano, ya
sabes.”
Yoshioka se detuvo frente a la gran puerta que había al final de la
planta más baja, y su espalda ocultó el panel que había junto a la puerta
mientras la golpeaba. La gruesa puerta metálica emitió un fuerte
sonido y se deslizó hacia un lado; Yoshioka se volvió hacia Kana,
esbozó la misma sonrisa y dijo: “Adelante, adelante.” Haciendo un
gesto con la palma de la mano abierta para entrar.
A diferencia del resto de las instalaciones de la prisión que Kana
había visto hasta ahora —incluyendo el pasillo y las escaleras, así
como su propia celda—, esta habitación estaba muy decorada. Era del
mismo tamaño que aquella en la que se despertó, pero tenía papel
pintado de color azul marino, un armario bajo, un sofá de cuero y una
mesa larga con un mantel de encaje de punto, con lo que parecía ser
ropa doblada encima. Entró y sintió algo afelpado bajo sus pies, lo que
le hizo mirar hacia abajo por reflejo. Después de dar unos pasos sobre
la alfombra verde lima, se acercó a la mesa para recoger lo que había
allí.
“Esto es para ti.” Dijo Yoshioka. “Por favor, pruébatelo.”
Era ropa, y también ropa interior.
Kana se puso todo y luego giró en círculo. Su cabello plateado semi
brillante se agitaba de un lado a otro y su falda se agitaba al mismo
tiempo. “Esto no parece un disfraz.”
“En efecto. Es un uniforme.”
Era como un uniforme de marinero. Entre el color azul marino y el
modesto diseño, era demasiado sencillo para un traje de chica mágica.
En otras palabras, no parecía que le fuera a sentar bien a Kana. Era
muy poco cómodo y le resultaba algo restrictivo, como si estuviera
atada.
“No parece bueno para las actividades de las chicas mágicas.”
“Vamos, vamos, no es como si fuésemos a vender este traje tan
corto. Ha sido reforzado mágicamente, lo que significa que no acabará
hecho jirones por un poco de actividad intensa. Piensa en él como un
camuflaje para el lugar en el que te vas a infiltrar.”
“Todavía no me has dicho dónde está.”
Yoshioka le indicó que se sentara en el sofá y se sentó frente a
Kana. Se echó el cabello hacia atrás y se lo colocó detrás de la oreja, y
luego sonrió con tanta intensidad que prácticamente se podía oír el
brillo de sus dientes. La chica mágica acurrucada junto al sofá se
removió ligeramente, pero Kana ni siquiera la miró.
“Es una escuela. Voy a hacer que te transfieran a una clase para
chicas mágicas.”
◇ Mariko Fukuroi
Mariko estaba más ocupada que nunca.
Se había hecho cargo del comité de atletismo por pereza y porque
no parecían hacer mucho, pero a medida que se acercaba el maratón de
primavera, el comité estalló de repente en actividad. Los alumnos más
entusiastas se quedaban en la escuela hasta altas horas de la noche
haciendo panfletos con diligencia, lo que significaba que Mariko, su
supervisora, también tenía que quedarse hasta tarde.
También se había convertido en asesora del club de ciencias, ya que
ese campo era más o menos su especialidad, y la feria anual de ciencias
había puesto a todo el club en marcha. Al ver a los miembros dedicar
su sudor y su juventud a la investigación, Mariko no pudo evitar
recordar vívidamente a su yo más joven, y entonces no pudo fingir que
no se preocupaba por el club. Uno de los proyectos, “Transpiración y
jardinería vertical con plantas no autóctonas”, despertó mucho su
interés, ya que parecía que podría ofrecerle algunos resultados
interesantes si lo desviaba para utilizarlo en la magia de Marika. Pero
centrar toda su atención en ese único proyecto sería un claro
favoritismo, así que ayudó a los demás equipos por igual, lo que sólo
la hizo estar aún más ocupada.
A Mariko también se le había encomendado la gestión de los
ordenadores de los estudiantes, suponiendo que una persona joven
como ella sería la que mejor entendería las tareas que ello conllevaba.
Se lo tomó con calma, pensando que no era una gran exigencia, y se
limitó a comprobar si había virus, troyanos y conexiones a sitios
peligrosos, y a presentar informes sobre sus hallazgos. El hecho de
ocuparse de estas tareas con facilidad hizo que la gente pensara que
estaba “acostumbrada a estas cosas”, por lo que también se le asignó
la gestión de los ordenadores de los profesores con el pretexto de que
también formaba parte del apoyo administrativo de la escuela. Para
cuando se preguntaba si todo esto había ido más allá del ámbito de un
profesor sustituto, a Mariko le habían confiado la mayoría de los
expedientes de los alumnos. Como cabía esperar de una escuela en la
que había dos chicas mágicas, era justo decir que la propia escuela
estaba bastante a la deriva del sentido común.
Mariko se encargó de una clase, ya que la profesora original del
aula estaba de baja por maternidad, y allí también era un caos. Yamada,
una chica que siempre fue reserva en el club de softball, intentaba ligar
con el novio de Suzuki, la capitana del club, y Suzuki y el resto de las
chicas del club de softball habían atacado a Yamada por ello. Yamada
acabó siendo la enemiga pública número uno, expulsada del grupo
LINE de la clase y aislada. Los chicos consideraron que este drama no
era de su incumbencia y miraron hacia otro lado, y aunque algunas
chicas de fuera del grupo de softball sintieron pena por Yamada,
ninguna se acercó a ella. Así, Yamada fue emparejada una vez más con
el profesor de gimnasia para los estiramientos. Incluso después de
acabar sola, se mostró inflexible y comprometida en su afirmación de
que ella no tenía la culpa. Como chica mágica, Mariko consideraba que
esa fortaleza mental era tenaz, pero quién sabía cuánto podía durar. Así
que, en un esfuerzo por llegar a una resolución con cautela, pero
también con la mayor rapidez posible, Mariko escuchó a los alumnos,
los sermoneó y los amonestó muchas veces.
Con el deber y la pasión atacando a Mariko desde todos los ángulos,
no importaba cuánto trabajara, más tareas se acumulaban.
Por lo general, se encontraba corriendo por la escuela, con el
cabello revuelto y el sudor corriendo por su frente.
Subiendo los escalones de dos en dos, llegó a la sala de preparación
de ciencias. Sacó un llavero del bolsillo de su bata blanca y estaba a
punto de abrir la puerta cuando alguien la llamó por su nombre.
Mariko se dio la vuelta y miró hacia abajo: dos chicas, ambas le
resultaban familiares. No eran de la clase de Mariko; de hecho, estaban
en un curso diferente. Yoshiko Yoshinoura, de pie delante, parecía un
poco enfurruñada, pero Mariko podía percibir una fuerte
determinación en sus labios fuertemente apretados. Sari Kasuga, detrás
de ella, parecía preocupada y nerviosa, en todo caso. Ambas eran
amigas de Koyuki Himekawa.
Mariko se alisó el cabello, se ajustó las gafas y volvió a encarar a
las chicas. “¿Sí?”
“Se trata de Koyuki. No sabes nada, ¿verdad?”
A Mariko casi se le escapa una respuesta de la boca, para luego
cerrarla instintivamente. Koyuki Himekawa —la chica mágica Snow
White— apenas había aparecido por la escuela desde el comienzo de
su segundo año. Por supuesto, sus amigos estarían preocupados.
Mariko quería contarles todo, pero no podía.
“Srta. Fukuroi, parece que acaba de morder un limón.”
“Urk.”
Al cerrar la boca debió de poner una extraña expresión en su rostro.
Yoshiko la miraba con desconfianza, lo que sólo hizo que Mariko se
pusiera aún más nerviosa. Después de aclararse la garganta un par de
veces, finalmente se calmó.
Con una expresión serena que decía que todo estaba bien, Mariko
les dijo a las chicas: “Tiene aftas.”
“¿De verdad?”
“De verdad y en serio.”
Personalmente, Mariko —como la chica mágica Marika Fukuroi—
habría querido unirse a Snow White si fuera posible. Aunque sólo
estuviera ayudando, no era frecuente que pudiera divertirse y tener una
gran oportunidad de ejercer algo de violencia legal, pero estaba
obligada por el deber y la pasión, así que no había nada que hacer. Qué
estado más triste para Marika Fukuroi, la más libre de las chicas
mágicas, de todas las personas. Pero cuando pienso en las caras de los
estudiantes, no puedo dejarlos, pensó, con sus sentimientos yendo y
viniendo en oleadas.
Evitando que su oleada de emociones se reflejara en su rostro,
Mariko parpadeó una vez y comenzó lentamente: “¿Por qué me
preguntas…?”
“Sra. Fukuroi, usted conocía a Koyuki antes de venir a esta escuela,
¿verdad? Ella no nos dijo cuál era su conexión, pero usted sabe cosas
sobre ella que nosotras no sabemos, ¿verdad?”
Mariko parpadeó tres veces más, luego endureció su expresión y
dijo rotundamente: “No puedo decirte nada específico.” Se le escapó.
Con la bata blanca revoloteando, se apartó de las dos chicas y
continuó: “Y de todas formas no es que seamos especialmente
cercanas.”
“¡Así que la conoces, después de todo!” Yoshiko gritó tras ella
mientras Mariko abría la puerta de la sala de preparación y entraba.
Cuando intentó cerrar la puerta tras de sí, se atascó el pulgar.
Ahogando un grito, se metió la mano derecha en la boca.
No se puede evitar que se haya alejado de la diversión debido a sus
propias circunstancias. Pero verse obligada a excusarse por otra
persona, era una historia completamente diferente. Sea lo que sea lo
que estaba haciendo Snow White, debería al menos hablar con sus
propios amigos. No tenía sentido que le echara todo encima a Mariko,
como si ella fuera a arreglar las cosas por ella de alguna manera.
Mariko sacó su teléfono mágico del bolsillo de su bata blanca, lo
giró en sus manos para colocarlo sobre el escritorio y pasó el dedo por
la pantalla para contactar con Koyuki Himekawa.
◇ Snow White
El nuevo teléfono mágico que apenas había utilizado vibró en su traje.
Sea lo que sea lo que hacen, no puedo tener ninguna interrupción
ahora mismo, pensó, deslizando la mano sobre su ropa para apagar el
teléfono.
Más allá de los árboles, pudo oír débilmente la voz del corazón de
alguien. No se apresuró a acercarse.
Hizo un círculo con el pulgar y el índice para señalar a Uluru, que
corría detrás de ella. Eso significaba que debía reducir la velocidad.
Snow White escuchó tanto el suspiro de Uluru como el alivio en su
corazón. Sujetó a Ruler, su arma, y la clavó en el suelo. “Vamos.” Dijo
Uluru en voz baja, y Snow White comenzó a caminar.
El sonido de los pasos sobre las hojas secas y las ramas caídas
resonó en el bosque y finalmente se detuvo.
“¡Ah! ¡Es ella! ¡La que derrotaste en esa cueva…!” Gritó Uluru
mientras señalaba a la chica mágica azul Princess Deluge que estaba
de pie frente a un haya. Pero antes de que pudiera terminar su frase,
empezó a murmurar indistintamente en voz baja.
Uluru había estado a punto de sacar a colación la época en que Puk
Puck había ocupado las ruinas, cuando Snow White y Deluge se habían
peleado, pero se dio cuenta de que sería una mala idea. La antigua
Uluru habría dicho todo eso sin dudarlo, pero ahora había crecido.
Mostraba consideración por los demás y cuidaba su lengua.
Snow White miró a Armor Arlie, Blade Brenda y Cannon
Catherine, que estaban rodeando a Deluge.
Snow White ya había luchado antes contra las tres chicas mágicas
de negro, cuando todas habían sido controladas por Puk Puck.
Arlie nunca se había quitado el casco, ni en una sesión informativa
ni en un descanso ni en presencia de Puk Puck, pero ahora que tenía la
visera levantada, tenía el mismo aspecto que Brenda y Catherine. Ella
también debía haber cambiado.
Snow White sonrió al trío mientras reía alegremente y blandía sus
armas. Un momento después, dejó de sonreír deliberadamente y se giró
para mirar a Deluge.
Capítulo 1:
LA CAMPANA DE LA ESCUELA ES EL
TEMA DE APERTURA
◇ Tetty Goodgripp
Había tres minutos a pie desde su casa hasta la estación más cercana.
Desde allí, se balanceaba en el tren durante dos paradas para salir por
la salida oeste de la estación más grande de la ciudad. De ahí a su
destino había un minuto más de camino, en el que subía hasta el
séptimo piso de un viejo y sórdido edificio que no tenía ascensor —en
esta época—, antes de pasar finalmente por la puerta de la escuela. Esta
era la ruta que debía tomar para ir a la escuela.
Pero los gastos de viaje corrían generalmente por cuenta propia, y
eso era demasiado esfuerzo para molestarse cada mañana. Así que
Fujino Tohyama empezaba por transformarse en la chica mágica Tetty
Goodgripp, y luego corría más allá de dos estaciones, pasaba por
encima de algunos edificios públicos de hormigón, unas cuantas
residencias privadas y un montón de postes telefónicos, torres de hierro
y líneas eléctricas, antes de entrar en el edificio por el tejado. La puerta
de arriba no estaba cerrada con llave, algo que prefirió interpretar como
un acto de amabilidad hacia las chicas mágicas por parte de los
responsables. La extraña sensación de flotación que sintió al atravesar
la puerta la excitó la primera vez, pero a la segunda ya se había
acostumbrado; después de la quinta, le aburrió; y ahora no sentía nada.
No era diferente de cualquier forma mundana de transporte público.
Al bajar las escaleras, Fujino se sintió un poco como Cenicienta
cuando se paró frente a la puerta. Era una de las puertas del Reino
Mágico que te transportaba instantáneamente a un destino
determinado.
La puerta estaba frente a ella, pero Fujino no la atravesó todavía.
Primero, se golpeó las mejillas dos veces, con fuerza. Armonía,
unidad, tranquilidad, seguridad: cuanto más pacífica e idílica era una
idea, más fuerza requería para llevarla a cabo. No se podía ser la
representante estudiantil de una clase de chicas mágicas sólo por ser
amable. Una vez que se sintió totalmente animada, Fujino introdujo los
números y las letras en la consola junto a la puerta y atravesó el portal.
Su entorno pasó del hormigón a la madera.
Se había teletransportado instantáneamente de la torre de hormigón
armado al viejo edificio de madera de la escuela, y cuando se dio
cuenta de que el ambiente había cambiado, Fujino se encontró en un
escenario completamente diferente. Empujó la puerta que daba al
patio; a esta hora del día, sólo habría gente relacionada con la clase de
chicas mágicas, así que no tenía que preocuparse por toparse con
alguien que cuestionara su presencia.
Este lugar estaba afiliado a la Escuela Secundaria Umemizaki, más
o menos —externamente, estaban llamando a esto una clase AP— pero
las dos instituciones estaban completamente separadas, sin conexión
entre el campus de las chicas mágicas y el nuevo edificio de la escuela.
El Reino Mágico debía querer eliminar el más mínimo riesgo de que
esta clase secreta se filtrara.
Fujino atravesó el prístino y cuidado césped, pasó por el camino de
ladrillo marrón claro que atravesaba el patio, y luego llamó a alguien
agachado junto a una carretilla llena de un cubo y unas tijeras de podar.
“Buenos días.”
“Oh, buenos días, Tetty. Te ves alegre como siempre esta mañana.”
Entre el mono verde manchado de suciedad y cubierto de hojitas,
la toalla blanca enrollada al cuello con el logotipo de un banco local y
las botas de goma ligeramente desgastadas hasta la rodilla, este
individuo que parecía un jardinero de buena fe era en realidad un mago.
Este mago le había mostrado a Fujino muchos hechizos antes, como
hacer que las malas hierbas se elevaran en el aire como si fueran
pájaros antes de dejarlas caer en una carretilla o hacer funcionar un
cortacésped sin ponerle la mano encima.
“Que tengas un buen día.” Todavía agachado, el mago se volvió
hacia Fujino y sonrió.
Fujino le devolvió la sonrisa y respondió: “Tú también.” El mago
asintió lentamente con un gesto amable. Cada uno de los pequeños
gestos y palabras de esta persona eran lánguidos, desenfadados.
Cuando Fujino aún estaba en la escuela primaria, tenía un vecino
de al lado llamado Sr. Satou que hablaba con un ritmo igualmente
lento. Era un anciano muy dulce que le daba a Fujino unos caramelos
para que se los llevara a casa cada vez que lo veía.
Ya no estaba en la escuela primaria. Ahora era una estudiante de
secundaria de pleno derecho y, lo más importante, era una chica
mágica. Por muy indulgente que pareciera una persona, tenía el
suficiente sentido común como para no decir en voz alta algo grosero
como: “Me recuerdas a ese viejo que vivía al lado de mi casa.” Así
que se guardó ese pensamiento para sí misma y llamó al mago Sr.
Satou en su mente.
Algo en este mago era misteriosamente tranquilizador. Las
compañeras de clase de Fujino que se relacionaban mucho con los
magos solían quejarse de ellos, afirmando que todos eran gente
desagradable que despreciaba a las chicas mágicas. “Son tan inútiles,
teniendo en cuenta lo arrogantes que son”, decían sus compañeras de
clase, o “actúan como si fueran mucho mejor que todo el mundo”, pero
no se podían saber esas cosas a menos que se tratara realmente de ellos.
Fujino dejó la versión maga del Sr. Satou y entró enérgicamente en
el edificio de la escuela.
A diferencia de lo que se podría imaginar por las palabras “edificio
escolar antiguo”, el interior era sorprendentemente nuevo. Al parecer,
había sido renovado inmediatamente después de que se destinara a las
clases de chicas mágicas. El linóleo de los pasillos tenía un tacto suave,
como el de un gran hospital o una biblioteca privada, y Fujino se
apresuró sin pensar en ello, frenando sólo cuando se dio cuenta del
cartel que decía NO CORRER EN LOS PASILLOS, pegado a la pared
con chinchetas. De todos modos, no tenía que apresurarse; su destino
no estaba lejos. Desde el patio, se dirigió por una pasarela cubierta
hasta los baños, que estaban a sólo cinco segundos de su aula.
Delante de la clase había tres chicas con las cabezas juntas,
hablando. Todas eran compañeras de Fujino, miembros del Grupo
Tres. Deben haber oído llegar a Fujino, pues todas se volvieron hacia
ella.
Antes de que pudieran llamarla, Fujino levantó una mano y les
saludó con un “Buenos días” y una sonrisa.
La chica de cabello negro largo y liso con flequillo despuntado y
capas igualmente despuntadas junto a su cara —su nombre de chica
mágica era Princess Lightning— respondió en silencio: “Buenos días.”
Su rostro era tan aterradoramente bello —aunque no estaba
transformada— que el más mínimo movimiento de un rasgo
aumentaba la tensión. Cuando separó sus labios de color rojo intenso
y dejó sonar su clara voz, esa tensión alcanzó su cenit. O tal vez era
sólo Fujino quien se sentía así, pero realmente hacía que le sudaran las
palmas de las manos y, a veces, incluso le temblaba la voz.
Cuando recién se unió a la clase, se sintió abrumada por la extraña
belleza de Princess Lightning, y le resultó difícil incluso saludarla.
Pero desde aquella excursión antes de la Semana Dorada, cuando vio
a Princess Lightning atiborrándose de lo que parecía una bolsa llena de
bolas de arroz, Fujino se había relajado un poco, y ahora podía
intercambiar algunas palabras con ella, al menos.
Y luego la siguiente chica. Se había afeitado la parte derecha de la
cabeza para mostrar un tatuaje de un yokai quimérico —un Nue— que
iba desde la cabeza hasta la mejilla, en un estilo parecido a una pintura
de tinta. En el lado izquierdo, su cabello sin afeitar tenía una cresta que
seguía un patrón circular de fuego. Esta chica era Diko Narakunoin.
Inclinó la cabeza sin decir nada.
Diko había impactado a Fujino de otra manera cuando la había visto
por primera vez. Pero cuando Fujino recordó las normas de la escuela,
no habían dicho nada sobre el cabello o los tatuajes. Diko era igual de
estoica, como si hiciera sus propias cosas: en el concurso de libros de
la clase, cuando todas las demás habían elegido libros sobre chicas
mágicas, ella había sido la única persona que había seleccionado
literatura clásica del periodo Taisho.
La tercera chica —Ranyi— tenía una coleta de color marrón claro
que le bajaba por la espalda; también respondió “Buenos días”, pero
su expresión no era amistosa. Con esa mirada dejaba claro que quería
volver a hablar con su grupo. Podía ser especialmente excluyente,
incluso en comparación con los demás miembros del Grupo Tres.
Durante sus marchas nocturnas, nunca se separaba de su grupo, e
incluso si intentabas acercarte para hablar con ella, apenas te
respondía.
Mirarlas le hizo recordar el grupo de chicas de la escuela primaria
que cuchicheaban entre ellas por cualquier cosa. Las chicas
murmuraban que tenían malas vibraciones, mientras los chicos las
señalaban y las llamaban desagradables, pero nunca dejaban de
hacerlo, y habían permanecido así hasta la graduación. Fujino había
pensado, tanto entonces como ahora, que si lograba mantener una
conversación adecuada con esas chicas, podrían hacerse amigas. Tal
vez era realmente porque no había podido hacerse amiga de esas chicas
en la escuela primaria que ahora se sentía así.
Pasando por delante de las chicas, entró en el aula.
Cuando había asistido a una escuela secundaria normal, había una
división oculta entre camarillas. Había habido una jerarquía derivada
de la combinación de varios elementos: quién destacaba y quién era
más reservado; quién tenía talento y quién no; aficiones e intereses;
clubes y actividades extraescolares; guapos o feos; personalidad,
naturaleza y disposición. Esta jerarquía no podía verse a simple vista
ni expresarse con palabras, pero había sido real, y todas las chicas de
su clase habían sido claramente conscientes de ella.
Realmente no le había gustado esa tendencia. Pero aun así, no se
podía vivir la vida de estudiante si se ignoraba.
“Buenos días, chicas.” Dijo.
“¡Buenos días!”
“Buenos días, Tetty.”
“Bue-nas.”
“Buen.”
Dado que la escuela de chicas mágicas era para que las chicas
mágicas con conciencia social se reunieran y aprendieran con el
objetivo común de convertirse en chicas mágicas profesionales de
pleno derecho, Tetty había asumido que no habría tal jerarquía o
divisiones. Pero cuando entró en la clase, se dio cuenta de que, por lo
general, estaban divididas en los mismos grupos, lo que llevó a la
decepcionante situación de camarilla. Como representante de los
estudiantes, Tetty quería que ésta fuera una clase en la que la gente
pudiera hacer amigos más allá de esos límites sociales.
El Grupo Tres no intentó ser amistoso con otros grupos. No hacían
más que saludar o hablar de asuntos concretos. Sólo un miembro del
grupo, Sally Raven, respondía con una sonrisa, mientras que el resto
sólo ofrecía una recepción cortante.
En el Grupo Dos estaba Fuuko Sayama, que había estado en la clase
de Fujino en la escuela primaria. Además, Fuuko se había convertido
en una chica mágica en el mismo examen que ella: su nombre de chica
mágica era Mephis Pheles. Se habían distanciado después de que
Fujino cambiara de escuela, pero después de varios años, se reunieron
milagrosamente en esta clase. Al principio de la clase, se llevaban
bastante bien, pero una disputa por una partida de cartas hizo que se
hablaran menos.
Afortunadamente, su propio grupo estaba lleno de buenas chicas.
Al principio, habían sido bastante rígidas, pero un mes de clases lo
había arreglado. Habían vivido muchos acontecimientos juntas: una
excursión, marchas nocturnas, un concurso coral de todo el grupo, un
concurso de redacción de libros. Se habían hecho lo suficientemente
amigas como para que, cuando salieron todas al parque de atracciones
en la Semana Dorada, hablaran de que, si se hubieran hecho amigas un
poco antes, tal vez también habrían podido salir juntas antes de las
vacaciones.
Miss Ril rompió el hielo, con su regordeta figura temblando. “¿Te
has enterado, Tetty? Viene un estudiante transferido.”
“¿Un estudiante transferido? Supongo que aquí también los hay.”
Miss Ril solía sonreír con dulzura, pero ahora mismo tenía las cejas
enarcadas por la excitación. No había estado tan excitada desde aquel
partido de baloncesto durante su tiempo de recreo, cuando la habían
juzgado injustamente por distraerse un momento.
Y la Srta. Ril no era la única que estaba tan alborotada.
“¡Y mira esto! Aparentemente, ¡no es cualquier estudiante
transferido!”
“¿No es una estudiante transferida cualquiera…?” Dijo Tetty.
“Quieres decir que es una chica mágica, ¿verdad?”
“¡Bueno, duh, si se transfiere a una clase de chicas mágicas! Pero
no me refiero a eso. Es algo más grande que eso. Me refiero a uno de
estos.” Dijo Rappy Taype con una sonrisa. Levantó las muñecas como
si estuvieran esposadas, y el cabello castaño amontonado en lo alto de
la cabeza se balanceó con el movimiento. En general era ruidosa, pero
hoy lo era aún más, y estaba bastante excitada. Estar tan cerca de sus
gritos hizo que a Fujino le pitaran los oídos. Durante el tiempo de
recreo, el volumen y la energía de su voz por sí solos arrastraban a todo
el equipo tras ella, pero Fujino sentía que era un poco demasiado fuerte
para el uso habitual.
“Priseun.” Las hermanas Arc Arlie y Drill Dory se cruzaron de
brazos, asintiendo dos veces de la misma manera, como copias al
carbón.
“¿Eh? Una pri… ¿qué? ¿Una prisión?” Repitió Fujino.
Entre su piel aún más oscura que la de Rappy, sus ojos castaños
claros que recordaban a las avellanas, su largo cabello negro ondulado
de forma natural y su forma de hablar entrecortada, Arlie y Dory eran
claramente extranjeras, aunque Fujino no conseguía averiguar de
dónde eran. No tenían la suficiente fluidez para explicarlo. Estudiar
para los exámenes era siempre un calvario para ellas.
Dory dijo repetidamente “Priseun”, mientras Arlie asentía cada vez.
“¡He oído que vino a la escuela esposada! ¿No es una locura?”
Gritó Rappy.
“Espera, ¿qué? ¿A eso te referías con lo de la prisión?” Dijo Fujino.
“¿No que trabajaba en una prisión?”
“¡Ella es una verdadera reclusa! O lo fue, acaba de salir de la
cárcel.”
“¡Mafia!”
“¡Impresiolante, impresiolante!”
IMAGEN
“Espero que no sea una delincuente grave.” Dijo Miss Ril.
“Uh, sí, ¡obviamente lo es! Un gánster legítimo, un verdadero
villano.” Rappy chilló.
“Ohhh, así que por eso el Grupo Tres dejó el aula para hablar.”
Fujino miró hacia una esquina de la sala. El Grupo Dos estaba
acurrucado allí, teniendo su propia discusión.
“Esta alumna transferida estará en el Grupo Dos, ¿no?” Dijo Miss
Ril.
“En cuanto a los números, supongo que sí.” Respondió Fujino.
“Ciiinco.”
“Cuatrooooo.”
“¡Estoy tan contenta de que tengamos cinco personas en nuestro
grupo!” Dijo Rappy. “En serio, ¡qué alivio! Si tuviéramos cuatro, eso
significaría que nos quedaríamos con la ex convicta, ¿no? De ninguna
manera quiero estar cuidando mi espalda mientras hacemos cosas
juntas!”
“No tienes que ser tan desagradable.” Le dijo Fujino.
“¡No estoy siendo desagradable! ¡Esto da miedo de verdad! ¡Estoy
hablando en serio!”
Rappy hablaba como si no se alegrara de la noticia, pero actuaba
con bastante regocijo. Siempre había sido del tipo que le gustaban los
eventos o la emoción de un festival, y se ponía nerviosa por las cosas,
incluso si eran temibles o peligrosas.
Miss Ril ofreció una sonrisa preocupada, mientras Fujino hablaba
vagamente sobre el asunto, y luego miraba hacia otro lado. Mirando al
Grupo Dos, Fujino se dio cuenta de que todas parecían inquietas,
hablando de esto o aquello.
Fujino se volvió hacia sus compañeras del Grupo Uno y bajó un
poco la voz. “No es que lo sepa realmente, pero… esto significa que
cumplió su condena correctamente y fue liberada, ¿verdad?”
“Estoy segura de que no habría venido aquí después de escaparse.”
Coincidió Miss Ril.
“¡Priseun break!”
“¡Segundaaaaa temporada!”
Así que esta estudiante transferida que llegaba al último acababa de
salir de la cárcel. El Grupo Dos tuvo muy mala suerte, al tener que
recibirla como miembro del grupo. Era natural que estuvieran
molestas, y Fujino se sintió mal por ellas, ya que, básicamente, se les
hizo cargar con la peor parte de la situación.
“Suena difícil, ¿verdad?” Dijo Miss Ril.
“Vaya que sí.” Comentó Fujino, y cuando miró hacia el Grupo Dos,
sus ojos se encontraron con los de la que caminaba hacia ellas.
Medía un poco más de 1,65 metros de altura, con una complexión
adulta. Su cabello rubio mate natural, cortado uniformemente a la
altura de los hombros, su piel pálida, sus ojos azules y su nombre de
chica mágica, además, indicaban su origen europeo. Sin embargo, a
diferencia de Arlie y Dory, su japonés era fluido. Con una sonrisa muy
afable, Thunder-General Adelheid levantó su mano derecha con un
“Buenos días.” Miss Ril y Rappy le devolvieron el saludo mientras se
separaban a ambos lados, y Adelheid se deslizó directamente.
“Que hay. ¿Se han enterado?” Preguntó.
“Una ex convicta, ¡¿verdad?! ¡Sí, lo he oído! Hay que ver.” Rappy
asintió con tanto énfasis que parecía que estaba dando vueltas a la
cabeza.
“Adelheid, ¿tu grupo no ha escuchado nada?” Preguntó Miss Ril.
Pero Adelheid se limitó a encogerse teatralmente de hombros. “No,
no tenemos ni una pizca de información.”
Adelheid era perfectamente capaz de hablar correctamente. Al
principio del primer semestre, cuando algún mago importante había
venido a inspeccionarla, todas sus respuestas habían sido
impecablemente enunciadas y gramaticales; la expresión de su cara
entonces indicaba que así era como hablaba normalmente. Pero la
mayor parte del tiempo empleaba un acento bastante dudoso,
parloteando sobre cómo “todo forma parte de mi marca”.
“En cuanto a los números, creo que se unirá al Grupo Dos.”
Continuó Adelheid.
“Sí, probablemente.” Dijo Fujino.
“Probable.”
“Prob.”
“Estábamos hablando, diciendo que para empezar la trataríamos
como una invitada y veríamos cómo van las cosas. Pero aun así,
Mephis podría iniciar una pelea con ella al azar. A fin de cuentas, es
Mephis.”
Fujino miró al Grupo Dos. Fuuko Sayama —la chica mágica
Mephis Pheles— agitaba la cabeza con fuerza mientras afirmaba algo
de forma enfática y repetida, mientras los otros dos miembros de su
grupo parecían estar apaciguándola de alguna manera. Ella nunca
cambia, pensó Fujino con un suspiro. Su aspecto —grandes gafas y
todo el cabello recogido en una trenza— había cambiado bastante
respecto al pasado. Sin embargo, por dentro era la misma. Aunque a
simple vista pareciera un ratón de biblioteca, en el fondo era una
delincuente. Se metía en peleas a la primera de cambio.
Desde la escuela primaria, Fuuko se había peleado con cualquiera
que no le gustara, incluso con chicos o chicas mayores, y una vez que
se convirtió en chica mágica, incluso había desafiado a su
examinadora, diciendo que no le gustaba su actitud arrogante. La razón
por la que las partidas de Monopolio a las que los grupos habían estado
jugando unos contra otros en los descansos del almuerzo se habían
cancelado era también porque Fuuko había seguido perdiendo y se
había enfadado por ello, echando un pulso a Fujino y provocando un
alboroto, por lo que la profesora, no queriendo lidiar con el problema,
había decidido que ya no se permitía a nadie llevar juegos de mesa a la
escuela.
“Bueno, cuando surjan problemas, venga a echarle una mano,
señorita representante de los estudiantes. Contaremos con usted.”
“¿Eh?”
Es cierto que Tetty Goodgripp era la representante de los
estudiantes de la clase, más o menos. Pero los problemas del Grupo
Dos deberían ser resueltos por el Grupo Dos, es decir, por su líder,
Mephis Pheles. Fue entonces cuando Tetty se dio cuenta de que el
Grupo Dos estaba hablando de cómo su líder podría iniciar una pelea
con la nueva estudiante. Dudaba que la misma persona que iniciaba
una pelea fuera capaz de resolver cualquier problema por sí misma.
Miró a Miss Ril y vio que sonreía débilmente: “Pobrecita”, parecía
decir esa expresión.
Rappy sonreía felizmente, agitando ambas manos hacia ella.
En cuanto a Dory, algo debió de ocurrir, ya que sus cejas estaban
inclinadas hacia abajo y estaba golpeando a Arlie en la cabeza. Arlie
miraba hacia abajo con una expresión triste y se dejaba golpear.
“¿Qué estás haciendo?” Preguntó Miss Ril.
“De verdad, ¡deja eso!” Rappy se unió.
“Vamos, las dos; estas peleas son una tontería.” Dijo Tetty, y con
la ayuda de las otras dos, separaron a las hermanas. A pesar de ser un
conjunto que en general estaba pegado a la cadera, se lanzaban golpes
sin venir a cuento. Era difícil saber si eran realmente amigas.
Mientras calmaba a Dory, pensaba en que no quería que nadie
causara problemas. Esta era una clase agotadora, en la que no faltaban
chicas que dieran problemas, o que parecían darlos, incluida esta
alumna transferida. Pero, de alguna manera, Fujino se encariñó con
ellas. Tal vez fuera porque era la primera clase que coordinaba como
representante de la clase.
◇ Halna Midi Meren
Sobre la mesa metálica había dos candelabros, uno a cada lado. Las
fuentes de luz parpadeantes y vacilantes iluminaban a una maga
sentada en una silla y a otra de pie detrás de dicha silla. La joven
sentada en la silla, Halna, no ocultó su mal humor. Fruncía el ceño
mientras la mujer de más o menos la misma edad que estaba a su lado,
Calkoro, movía la mirada sin descanso, dejando que sus ojos vagaran
sin rumbo hacia las cortinas o las plantas en maceta, apretando con
fuerza el ala del sombrero tricornio que sostenía contra su pecho como
si fuera un escudo para protegerse.
Con el clac, clac de cada cerradura que se abría, la habitación se
volvía más sofocante. Cuando la segunda y la tercera se abrieron
sucesivamente y los pesados grilletes se colocaron sobre la mesa,
Calkoro tragó saliva. Halna la miró con el rabillo del ojo.
Puede que Calkoro fuera una maga con talento, pero le faltaba
madurez emocional, y eso significaba que no era la mejor profesora.
Una persona tímida y demasiado cautelosa que se plegaba a las
opiniones de los demás haría que los alumnos la miraran con desprecio
en cualquier escuela, por no decir nada cuando se trataba de chicas
mágicas.
Sólo los homúnculos de seguridad siguieron trabajando
desapasionadamente, apilando las esposas de las piernas sobre las de
los brazos, quitando el casco que cubría la cabeza con tres tipos de
destornilladores distintos, hasta que le quitaron todas las ataduras a la
chica que tenían delante.
Calkoro volvió a tragar, y Halna olfateó.
El brillante cabello plateado de la chica reflejaba la luz parpadeante
de las dos velas, y sus gráciles piernas se extendían desde la falda de
su uniforme. Su saludable figura no parecía recién salida de la cárcel
al mundo exterior, mientras que, por el contrario, sus ojos,
entrecerrados a contraluz, carecían de vitalidad y brillo.
La chica mágica ni siquiera miró a las figuras humanoides negras
que montaban guardia a sus lados, mirando a Halna, luego a Calkoro,
luego a Halna de nuevo, antes de sacudir la cabeza. Su cabello
plateado, cortado uniformemente en una longitud corta, se balanceó,
recuperando completamente su forma original en menos de un
segundo. El gesto podría haber sido una mera expresión de su
cansancio, o una burla a las dos magas, o simplemente porque no le
gustaba la posición de su cabello. No había vida ni emoción en sus
ojos. No había forma de adivinar lo que podía estar pensando, o si
siquiera estaba pensando.
¿Era así como era? ¿O estaba reprimiendo su expresión para no ser
leída?
Halna se acarició las orejas puntiagudas, sin ofrecer siquiera una
sonrisa cortés mientras cruzaba los dedos frente a su pecho. Se enfrentó
a la chica mágica en una pose poco educada, sentada en su silla con el
pecho hinchado y las manos cruzadas sobre la mesa, y en un tono aún
más difícil de describir como amistoso, dijo: “¿Tu nombre?”
La chica mágica entrecerró un poco los ojos, sin dar señales de
responder, y el ceño de Halna se frunció aún más. Calkoro se quedó
mirando la alfombra y los dedos de sus pies enterrados en ella. Halna
no intentó ocultar la mordacidad de su voz cuando repitió: “¿Tu
nombre?”
“Kana.” Respondió brevemente la chica mágica. Calkoro respiró
aliviada, mientras Halna resoplaba disgustada. La causa de su disgusto
era en un 80% la chica mágica y en un 20% la timidez de Calkoro.
“Responderás lo antes posible.” Dijo Halna.
“De acuerdo. ¿Así?”
Halna se aclaró la garganta de forma deliberada antes de continuar.
En lugar de responder a la pregunta de la chica mágica, continuó como
si ésta no hubiera preguntado nada. “Soy Halna Midi Meren, y estoy a
cargo de esta escuela. Esta es la profesora de tu clase, Calkoro
Culumff. Su nombre de chica mágica es Calkoro.”
“Me alegro de conocerte, Halna. Es un placer conocerte, Calkoro.”
“No nos llames por nuestros nombres. Dirígete a nosotras como
profesoras.”
“Perdóneme, Sra. Meren.”
Tras volverse a aclarar la garganta, Halna continuó. “Cometiste
errores y fuiste encarcelada por ello. Tu pasado no puede ser borrado.
Sin embargo, se te ha concedido el derecho de intentar expiar tus
crímenes… ¿Entiendes lo extremadamente afortunada que eres?”
Kana ladeó la cabeza. No parecía entender.
Halna continuó como si no lo hubiera visto. “Las antiguas prisiones
servían únicamente para encerrar a los delincuentes. Era muy dudoso
que tuvieran algún sentido funcional, ninguna misión honorable de dar
a los convictos una oportunidad de reflexionar sobre sus actos… Así
lo veían los prisioneros.” Hizo una pausa. Esperó a que la cabeza
inclinada de Kana se enderezara de nuevo antes de continuar: “Pero
ahora, las prisiones son diferentes. Los prisioneros no sólo tienen la
oportunidad de reflexionar, sino que pueden demostrar lo que han
aprendido a través de sus acciones. Encerrar a la basura no sirve de
nada.” Puso especial énfasis en la palabra ‘basura’, con un fuerte
mordisco como si la escupiera. “Pero a través del servicio, esa
basura… los pecadores pueden comprometerse con la sociedad. En
lugar de ser llamado por un número de recluso, un criminal basura,
algo que vale menos que el vómito, puede ser tratado como un
individuo mágico.” Volvió a insistir en la palabra ‘basura’.
La chica mágica —Kana— negó lentamente con la cabeza. Halna
la miró con desconfianza. “¿Qué pasa?” Preguntó.
“Mis recuerdos fueron borrados. No sé nada acerca de mi vida
criminal.”
Pasó un largo momento de vacío. Ni Halna ni Kana reaccionaron
en absoluto, ni siquiera un movimiento de cejas o mejillas, ambas se
miraban fijamente. Temblando, Calkoro apretó aún más el ala de su
sombrero.
Halna dibujó sus mejillas en una sonrisa tensa. “Privar a un
prisionero de su derecho a reflexionar sobre sus actos es el colmo de
la inutilidad.”
“Estoy de acuerdo.”
“No hables si no se te habla.”
“Perdón.”
Halna volvió a juntar los dedos e, inclinándose un poco más que
antes —supuso que así daría el aire que pretendía—, echó la mandíbula
hacia atrás. “Lo único que tienes que pensar es en ser educada,
obediente, no causar problemas y ser útil a los demás. No hables
demasiado, generalmente siéntate a esperar en un rincón, y sólo trabaja
lo necesario cuando se te exija. No esperes elogios, ignora cualquier
desprecio y haz de la modestia tu principio. Incluso la abnegación es
aceptable: considera que se te permite vivir para servir, y que sin el
servicio, tu vida no vale nada.”
Halna murmuró unas palabras de un hechizo, moviendo
rápidamente los dedos de su mano izquierda. Apareció un trozo de
papel de la nada, que envió deslizándose unos metros por encima de la
mesa, y Kana lo atrapó justo antes de que le diera en el pecho. En el
papel había una lista escrita con letra muy pequeña.
“Este es tu historial.” Dijo Halna. “Memorízalo.”
“¿Mis antecedentes no son que soy una convicta haciendo servicio
comunitario?”
Unas profundas arrugas tallaron el ceño de Halna. “Esto no es una
prisión; es una escuela. Ostensiblemente, es una instalación para la
educación de los jóvenes. ¿Crees que podemos anunciar abiertamente
que te hemos trasladado como parte de un programa de reforma
penitenciaria? Por supuesto que no; qué concepto tan ridículo.”
Halna resopló y golpeó el escritorio con la punta del dedo índice
derecho. Los dos homúnculos se acercaron a los lados de Kana y la
sujetaron por los brazos; impasible, Kana volvió a mirar a Halna, cuya
mirada era más irritada que otra cosa. “Conoce tu lugar y no olvides
que eres una maldita malhechora, pero guárdalo para ti; no se lo digas
a nadie. Seguro que a las chicas mágicas como tú se les da bien fingir
que son buenas personas.”
“¿Alguien más sabe de mis antecedentes?”
“La que manda aquí, Calkoro, tú y yo, la que está a cargo. Nadie
más.”
Calkoro se estremeció al oír su nombre. Fue una respuesta tan
violenta que Halna sintió pena por ella. Murmuraba en voz baja algo
que sonaba a excusa.
Pero Halna lo ignoró con un gesto de la mano. Dos homúnculos
arrastraron a Kana fuera de la habitación. “No olvides que siempre te
vigilan.” Dijo Halna tras ella.
Luego, una vez que la puerta se cerró, Halna dejó caer la cabeza
hacia atrás, la inclinó hacia delante y la devolvió a la posición central.
“Menuda delincuente, actuando tan llena de sí misma.” Dijo con un
suspiro.
En realidad no estaba tan enfadada, pero actuaba como si lo
estuviera, ya que no tenía ni idea de dónde podía discutir Calkoro su
estado de ánimo. Ser la persona al mando enfadada por los abusos de
poder de la Facción Caspar sería lo más fácil de hacer creer a esa
notoria usurpadora —Pythie Frederica—.
Antes de que Calkoro pudiera hacer un comentario, Halna golpeó
el escritorio con el puño, haciendo que Calkoro cerrara la boca y dejara
caer los ojos hacia sus pies. La asustada mujer centró toda su atención
allí mientras clavaba los pies en la alfombra.
Sin prestarle atención, Halna continuó. “¿La Facción Caspar está
tratando de jugar conmigo? ¿Entienden que no se trata sólo de la
facción, que el futuro del Reino Mágico depende de esta empresa?
Pensar que asumirían la responsabilidad de enviar a sus mejores y
luego dejarían caer una prisionera sobre nosotros… Mientras sean
poderosos, entonces el carácter no es un problema, ¿es eso? Creer que
tales ideas increíblemente arcaicas serán aceptadas es el tipo de
desconsideración que esperaría de los Caspar.”
Diez segundos después de que Halna terminara de quejarse,
Calkoro habló con dudas. “Su facción… siempre ha sido así, ya sabes.”
Había un tono engatusador en su voz, y a Halna no le gustó. Pero
lo que irritó a Halna más que lo que dijo Calkoro fue lo claramente que
podía ver que Calkoro temía sus carencias. Halna carraspeó
amargamente y no respondió al comentario de Calkoro.
◇ Calkoro
No había pasado ni un solo día desde su asignación a la clase 2-F en el
que Calkoro no tuviera dolor de estómago. En las clases diarias, todas
las chicas carecían de cualquier motivación o talento, mientras que
durante los eventos, todas se dejaban llevar y causaban problemas a las
demás; no había absolutamente nada bueno en el grupo para su
profesora. ¿Por qué se había visto obligada a establecer la norma de
que no podían jugar juegos de mesa en las pausas para comer? ¿Por
qué esas chicas no podían al menos fingir que se llevaban bien?
Calkoro no podía entenderlo.
Todas las alumnas eran candidatas a la dirección enviadas por cada
facción, y a ninguna de ellas le importaba la autoridad de su profesora.
En su gran día —el comienzo de su carrera docente—, Calkoro abrió
la puerta del aula rebosante de determinación. Tengo que ser una
buena profesora, pensó, pero en cuanto vio a esa chica de aspecto
postapocalíptico con el cabello hecho una cresta y un tatuaje en la cara,
esa determinación se vino abajo: ¿Esforzarme servirá de algo?
Y luego estaba su jefa. Su única superiora en la escuela, la directora
Helen Midi Meren, no podía calificarse de incompetente bajo ningún
concepto. Pertenecía a una prestigiosa familia que se situaba a la altura
del sabio Chêne Osk Baal Mel, con habilidades en técnicas mágicas
que rivalizaban con las de los especialistas, ojos que podían penetrar
en el alma y el rigor para llevar a cabo las decisiones de adoptar o
eliminar sin dudarlo. Y su aspecto era absolutamente llamativo, con
los rasgos propios de los magos: orejas puntiagudas y ojos de
diferentes colores, pero también tenía rasgos suaves y hermosos,
creando un equilibrio perfecto. Halna a veces mantenía las cosas en
paz y de vez en cuando daba un vuelco a la mesa por la ira, y tenía la
extraordinaria habilidad política de atar todo en su beneficio y hacer
uso de todo lo que tenía. Era una grande entre las grandes, ya que había
ascendido a jefa adjunta de la Oficina de Información a una edad sin
precedentes.
Era digna de respeto, pero en cuanto a si Calkoro podía respetar su
personalidad, no era el caso.
La Facción Puk había impulsado la creación de una escuela de
chicas mágicas, pero la Facción Osk había aprovechado el incidente
que había provocado Puk Puck para arrebatársela. Eso estaba bien; los
problemas vinieron después.
Ahora que ya no era una empresa exclusiva de la Facción Puk,
cuanto más avanzaban los planes, más “ayuda” autoproclamada se
sumaba. Había comenzado con un tira y afloja dentro de la Facción
Osk, y al final, la Facción Caspar y otros aristócratas influyentes
estaban enviando a sus propias chicas mágicas para ampliar el
programa, y había convertido la escuela que se suponía que era para
criar chicas mágicas en el escenario de una guerra por poderes.
Halna había estado a cargo del proyecto, impulsando esta empresa
desde que se la habían arrebatado a la Facción Puk, así que este no era
en absoluto el resultado que ella quería, pero no era como si pudiera
ignorar completamente el equilibrio de poder. Lo máximo que podía
hacer era colarse en la escuela para actuar como directora y así poder
dirigir las cosas directamente.
Cuando la Facción Puk había sido la organización matriz, habían
hecho dos pruebas exitosas aquí. Y ahora estaban haciendo uso de los
datos de esas pruebas, es decir, habían pasado por una edición alfa y
beta, y ahora estaban empezando en serio. Al parecer, el plan había
sido mantener también a la misma profesora, pero por desgracia —más
bien, por supuesto— esa profesora había sido miembro de la Facción
Puk. Al igual que la mayoría de los afiliados a la Facción Puk, su
nombre fue borrado del registro, por lo que acabaron buscando a
cualquiera por el momento; sólo tenían que encontrar a un mago que
pudiera transformarse en una chica mágica. Así que recurrieron a un
estudiante que había estado estudiando diligentemente las 24 horas del
día para convertirse en una autoridad en criminología: Calkoro. Podía
transformarse en una chica mágica, y basándose sólo en eso, la habían
lanzado al campo de la educación, que era completamente diferente.
Y así fue como aquella legendaria mujer que siempre estaba de mal
humor se había convertido en la jefa de Calkoro.
El mero hecho de pasar el día sin ninguna metedura de pata
importante exigía rapidez de ingenio, preparación y consideración, y
el listón para un día así era mucho más alto de lo que Calkoro había
imaginado. Nada era lo suficientemente bueno para satisfacer a Halna.
“Disculpe.” Dijo Calkoro, llamando a la puerta del despacho del
profesor antes de entrar.
La chica mágica de cabello plateado Kana se había sentado en el
centro de la larga mesa y miraba fijamente a Calkoro. Para una persona
ajena, parecía más bien que Calkoro era la entrevistada.
“¿Estás lista?” Preguntó.
“Lo estoy.” Respondió Kana.
Calkoro se tomó un momento para meditar sus siguientes palabras.
“Supongo que has olvidado lo que dije antes.”
“¿De qué me he olvidado?” Dijo Kana con toda franqueza, con el
rostro inexpresivo.
Calkoro casi tuvo la loca idea de que era ella la que estaba haciendo
algo malo. Se aclaró la garganta y continuó. “Las clases se dividen en
educación general y educación para chicas mágicas. Asistirás a la
primera mientras estés sin transformar y a la segunda mientras estés en
tu forma de chica mágica.”
“Ya veo.” Kana empujó su silla hacia atrás y se puso de pie.
“Entonces vamos. Enséñame los alrededores.”
Calkoro se preguntó qué hacer a continuación. Había querido decir:
“Por favor, deshaz tu transformación antes de ir a clase”, pero Kana
parecía no haberlo captado. Calkoro no pudo evitar sentir que Kana
sólo fingía no haber captado la indirecta.
Básicamente, tenía sentido asumir que Kana no quería mostrar su
forma humana. El tipo de chica mágica que estaría encerrada en una
prisión no tendría realmente la edad de la escuela media en primer
lugar.
Como experta en criminología, Calkoro sabía que no existían
precedentes de que alguien fuera juzgado más allá de la reforma a la
edad de la escuela media o inferior. Si Kana se des transformaba,
quedaría claramente expuesto que no era una estudiante de escuela
media. Por eso fingía que no se había dado cuenta y trataba de cumplir
la orden.
Calkoro echó la mandíbula hacia atrás y dejó escapar un pequeño
suspiro, luego señaló la puerta de la sala de reuniones. “… Pues
entonces, vamos.”
Esta vez lo dejaría pasar. Informaría a Halna, aun sabiendo que la
enfadaría, y luego estudiaría cómo podría solucionarse. De este modo,
Halna sería la que se pelearía con la Facción Caspar —la que había
metido a Kana aquí— y Calkoro no se llevaría la peor parte. Si ahora
Calkoro no se mostraba de acuerdo con su comportamiento, lo peor
sería que la Facción Caspar se enfadara con ella.
Calkoro había aprendido a mantenerse alejada del peligro. Los
magos con habilidades de chica mágica eran criaturas solitarias. Las
chicas mágicas no pensaban en ellas como una más del grupo.
Pensaban en ellas como los perros de las autoridades políticas. Los
aristócratas del Reino Mágico, en cambio, las trataban como objetos
de conveniencia y no las llamaban camaradas.
Así que Calkoro tuvo que gestionar el peligro con delicadeza y
adaptarse a las necesidades del momento. Pero habría más
oportunidades para que su jefa le gritara. Halna ya estaba de mal
humor, después de que les echaran encima a esa chica mágica recién
salida de la cárcel, así que si Calkoro permitía más desplantes, Halna
se enfadaría tres veces más de lo habitual. Y por eso a Calkoro le dolía
el estómago.
Calkoro echó un vistazo a su espalda mientras ella y Kana
caminaban por el pasillo. El uniforme de Kana estaba rasgado en varias
partes. ¿A qué se debía eso? No podían haberle dado ropa de segunda
mano.
“¿Qué pasa con tu ropa?” Preguntó Calkoro.
“Este es mi uniforme.”
“A ver, eso lo sé. Pero está dañado en algunas partes.”
“He hecho algunos ajustes para que sea más fácil moverse.”
“… Bien.”
Calkoro sintió la misma inquietud que había sentido al ver la cresta
de Diko. Lo mejor era alzar las manos; no era de su incumbencia.
Simplemente tomaría nota de ello más tarde.
IMAGEN
Capítulo 2:
¡DE PIE! ¡INCLÍNENSE! ¡SIÉNTENSE!
◇ Kumi-Kumi
Adelheid regresó de su excursión al Grupo Uno. Se cruzó de brazos,
inclinó la cabeza y se encogió de hombros mientras decía: “Parece que
el Grupo Uno tampoco sabe nada, ¿eh?” Parecía menos ‘extranjera
tonta’ y más ‘palurda’. Mephis balanceó su trenza de un lado a otro,
chasqueando la lengua mientras murmuraba “Inútil.” Irritada.
Adelheid tuvo que oírlo, pero pareció imperturbable y soltó un bufido.
La clásica Lillian miró a Mephis y luego miró vacilante a Adelheid.
Al ver que no parecía enfadada, Lillian dejó escapar un suspiro de
alivio y a continuación miró a Kumi-Kumi.
Lillian tenía la palidez enfermiza de una reclusa, el cabello
alborotado por falta de cuidados y los ojos de un vagabundo de quinta
categoría. Para ser franca, su existencia en sí misma era detestable.
Kumi-Kumi podía decir con seguridad que nunca se haría amiga de
alguien así si hubieran sido compañeras de clase en una escuela
normal. Sin embargo, como Kumi-Kumi se consideraba la mediadora
del Grupo Dos, no podía dejar de lado a esta chica.
El trío formado por Kumi-Kumi, Mephis y Lillian eran miembros
de la Guardia de Élite.
Sí que contaban como chicas mágicas de carrera, más o menos, pero
el trabajo no era más que una suerte de tren. Sólo tenían que aparecer
en algunas ceremonias unas pocas veces al año. Haciendo el trabajo
normalmente, nunca avanzarías. Kumi-Kumi no lo dijo en voz alta,
pero esperaba poder graduarse sin problemas y ascender.
Así que, aunque no eran lo suficientemente cercanas como para
decir que estaban unidas por ambiciones compartidas o algo así,
básicamente había algo que se podía llamar una relación. Pero su
conexión con Adelheid no era más que un sistema temporal de
cooperación. Ella era miembro del Departamento de Diplomacia, y
quién sabía cuánto tiempo podrían estar en términos amistosos con
ellas. No era un público al que quisiera enfadar.
Kumi-Kumi respiró un poco, organizando sus pensamientos
mientras miraba a Adelheid. “Tal vez fue… irreflexivo, en primer
lugar… pensar que ella lo sabría… porque es la representante de los
estudiantes.”
“Sí, pero no hay otras chicas que sepan algo.”
Mephis murmuró: “¡Se supone que es la representante de los
estudiantes! ¡Debería saber de estas cosas!” Y dio una patada a la pata
del pupitre. Cuando recién se unió a la clase, parecía bastante contenta
de poder reencontrarse con una compañera mágica de sus días de
escuela primaria, pero ahora no quería hablar con ella; de hecho, se
ponía de mal humor sólo con que alguien mencionara a Tetty.
Pero desde la perspectiva de Kumi-Kumi, aquella vez que se había
olvidado el almuerzo durante la excursión de mayo, Tetty, Miss Ril y
Rappy habían sido las encargadas de ir a buscar a todas sus compañeras
y recoger un poco de cada uno de sus almuerzos para ella, así que no
podía pensar demasiado mal de ellas. Comprendió que decirle a
Mephis que no creía que fueran malas chicas la haría enfadar, así que
no intentó discutir con ella abiertamente.
Aparte de eso, Mephis seguía siendo demasiado ruidosa. Kumi-
Kumi se volvió hacia ella. “Mephis… deberías hablar más bajo.”
“Cierra el pico. No me des órdenes.” Mephis se enfadaba
fácilmente todo el tiempo, pero ese día estaba inusualmente nerviosa.
En primer lugar, Mephis no poseía las cualidades de una élite con
grandes esperanzas para su futuro. Tal vez fuera adecuada para ser una
guerrera, pero no estaba hecha para ser una estudiante. Se enfadaba por
cualquier cosa y perturbaba la paz de la clase.
El temperamento de Mephis también había sido la razón por la que
se había prohibido los juegos de mesa, justo en el momento en que
Kumi-Kumi pensaba que por fin iba a conseguir dominar el
Monopolio. Kumi-Kumi pensó que si te ibas a enfadar por algo como
caer en una casilla que ya había comprado otro varios turnos seguidos,
entonces no deberías jugar a nada. Mephis había agarrado a Tetty por
las solapas, y luego, cuando Rappy había intentado detenerla, Mephis
la había derribado de una patada. Básicamente, ella misma había
terminado su asociación con su vieja amiga.
Antes de que Mephis entrara en esta escuela, había sido una persona
antisocial, incluso fuera de su forma de chica mágica. Con su clásico
estilo de delincuente con el cabello decolorado y sin apenas cejas,
había iniciado peleas con cualquiera y con todo el mundo. No era un
comportamiento apropiado para una Guardia de Élite que protegía a
gente importante, pero era sorprendentemente capaz de apagarlo para
el trabajo, así que de alguna manera se las había arreglado sin cruzar
la línea que la llevaría a ser despedida.
Pero había asumido que tenía que vestirse adecuadamente para
empezar en esta escuela e incluso se había colocado suero para el
crecimiento del cabello en las cejas y había arreglado su apariencia.
Pero cuando se incorporó a la clase, había gente con el cabello teñido,
gente con peinados recogidos e incluso alguien con una cresta y
tatuajes. Mephis había estallado en plan “¿Por qué soy la única que
tiene que fingir ser una buena chica?” y desde entonces se enfadaba
más a menudo.
Entre Mephis y Lillian, Kumi-Kumi pensó que las dos podrían ser
un poco más aceptables socialmente. Quería que al menos la mitad del
Grupo Uno fingiera ser buenas chicas.
“De todos modos, el Grupo Uno estaba pensando lo mismo que
nosotras.” Dijo Adelheid. “Que en número, la estudiante transferida
probablemente se unirá a nosotras. Bueno, esto va a ser un momento
difícil, ah, que fastidio.”
“Eso lo sé sin que lo deletrees, cerebro de mierda.” Escupió
Mephis.
“Oh, y la otra cosa. Ellas también sabían que ella es una ex
convicta.”
“Maldita sea.” El lenguaje soez que Mephis vomitaba cuando se
enfadaba era como el ladrido de un perro, así que nadie le hizo caso.
“Es jodido que los de arriba no me hayan dicho nada. Mierda.”
“Tampoco he oído nada.”
“Lo sé. Ya lo hemos oído. Imbécil.”
No les había llegado ninguna información de la Guardia de Élite
sobre la estudiante transferida, aparte de “Acaba de salir de la cárcel”.
El Departamento de Diplomacia de Adelheid también se mantenía al
margen, e incluso les había dicho que no había podido saber nada por
hacer un uso completo de la red de información de la Escuela de
Preparación Archfiend.
“Pregunto por qué no hay información sobre la estudiante
transferida, pedazo de mierda.” Continuó Mephis.
“Bueno, decíamos que parece que se uniría a nosotras en el Grupo
Dos, en cuanto a número. Si hay algún tipo de razón, ella podría unirse
a un grupo diferente.”
“¿Algún tipo de razón? ¿Cómo qué?”
“Tenemos que pensar en eso juntas.” Dijo Lillian.
Kumi-Kumi se cruzó de brazos, Mephis apretó los puños, Adelheid
miró al techo y Lillian al suelo, y ninguna de ellas habló durante un
rato, pasando un tiempo sin palabras. Finalmente, Adelheid asintió,
Mephis resopló, Kumi-Kumi desplegó los brazos y Lillian dejó escapar
un suspiro.
“Muy bien… ¿No tienen ninguna idea constructiva?” Preguntó
Adelheid.
“¿Qué?” Mephis resopló. “¿Tu primera sugerencia es que
ofrezcamos algunas buenas ideas? Dame un maldito respiro.”
“Hey, vamos, esta no es la primera sugerencia; eso es sólo lo que
todas estábamos pensando. Todas estaban pensando que, ya sabes, no
hay ninguna buena idea, ah, como me gustaría saber sobre la estudiante
transferida, ¿no?”
“¿Qué tal si vamos al Grupo Tres para preguntar si saben algo?”
Lillian sugirió.
“De ninguna manera. Nunca han sido útiles en momentos como
estos, mierda.”
“Porque siempre empiezas peleas con ellas, Mephis.” Dijo
Adelheid.
“¿Qué? ¿Estás haciendo que sea mi culpa?”
“No empiezo peleas con mis amigos.”
“Oh, no, um, lo siento, ah, perdón.” Tartamudeó Lillian.
Aunque rechazaran la idea de Lillian, tampoco es que a Mephis o
Adelheid se les ocurriera algo genial, así que al final, las cuatro sólo
juntaron sus cabezas para gemir y decir hmm, lejos de ayudar a su
situación.
Al ver el intercambio entre las otros tres, Kumi-Kumi reflexionó y
entonces se le ocurrió una idea.
Mephis era del tipo que recurre a la violencia antes de pensar las
cosas. Adelheid se había graduado en la Escuela de Preparación
Archfiend, es decir, era una especialista en peleas. Mientras tanto,
Lillian estaba preocupada por lo que debía hacer para evitar que los
demás se enfadaran con ella. Además, la propia Kumi-Kumi
necesitaba más tiempo que la mayoría para idear planes. En otras
palabras, el Grupo Dos no tenía a nadie que fuera su cerebro.
La Guardia de Élite tenía miembros que se encargaban del trabajo
intelectual, que eran buenos en cosas como diseñar planes de
entrenamiento, contabilidad y recibos, gestionar el personal y
comandar unidades. Pero al estar restringidos sólo a aquellos cuyas
formas humanas estuvieran en edad escolar, las únicas opciones eran
Mephis, Lillian y Kumi-Kumi. El trío estaba formado exactamente por
un tipo de personas: los peones. Cuando se quedaban atascadas, no
podían usar la cabeza para salir de ahí.
Como para el concurso de relatos de libros. A pesar de que todas se
habían reunido para discutir mientras los escribían, para asegurarse de
que hubiera la mayor variación posible entre ellos, sus calificaciones
generales habían caído por debajo incluso del Grupo Uno, que tenía a
las hermanas Arlie y Dory, con sus vacilantes habilidades lingüísticas,
en el último lugar. E incluso cuando jugaban a las cartas, Mephis se
había quebrado por una jugada que ni siquiera había estado en contra
de las reglas, y durante su marcha nocturna, sólo el Grupo Dos había
leído mal el mapa y se había desviado del camino. Y Kumi-Kumi
finalmente se dio cuenta después de enumerar todo esto, por lo que no
pudo reírse de los otros miembros.
Ya veo, así que es eso, pensó Kumi-Kumi. Sin embargo, tenía la
suficiente discreción como para saber que si lo decía en voz alta, sólo
conseguiría enfadar a Mephis, así que se quedó callada. Discutieron
las cosas hasta que llegó la profesora, y finalmente llegaron a la
conclusión: “Ojalá consigamos a alguien bueno.”
◇ Kana
Siguiendo a Calkoro, Kana atravesó una puerta que tenía escrita la letra
F en la placa.
El bullicio que se escuchaba en el pasillo cesó al instante. La
pequeña aula estaba llena de derecha a izquierda de chicas mágicas, o
mejor dicho, de chicas que no estaban transformadas. Sus miradas se
concentraron en un punto: Kana. Había catorce estudiantes, y todas
debían ser chicas mágicas. La gran pizarra que parecía haber sido
introducida allí, los pupitres de aspecto barato hechos de madera y
tubos, y las sillas igualmente baratas no eran lo que Kana imaginaba
que sería apropiado para las chicas mágicas. Pero, al igual que los
uniformes que llevaban Kana y todas las demás, quizá eso era lo que
lo hacía parecido a una escuela.
“Ummm… esta es Kana, la estudiante transferida. Trátenla bien.”
Por alguna razón, la presentación de Calkoro sonó dubitativa, pero
Kana le siguió la corriente, expresando sólo un breve “hola” antes de
ir a donde la profesora le indicaba para tomar asiento en el centro de la
parte de atrás. La clase comenzó, y aunque nadie la miraba fijamente,
pudo percibir con tanta intensidad que le resultaba doloroso que su
atención estuviera puesta en ella. Sus compañeras no la miraban con la
amabilidad de acoger incondicionalmente a la recién llegada, pero
tampoco la excluían fría e incondicionalmente. Le pareció que evaluar
sería lo más acertado, pero también tuvo la sensación de que no era del
todo correcto. Las emociones complejas parecían llenar sus ojos, y a
Kana se le daba mal intuir las emociones complejas. Se llamaban
complicadas porque eran difíciles de leer.
El plan de estudios era de educación general, tal y como le habían
dicho. Todo el mundo abría diligentemente sus libros de texto y los
lápices corrían por sus cuadernos. Kana había llegado con las manos
vacías, sin libro de texto, cuaderno ni lápiz. Calkoro se percató de ello
a los treinta segundos de comenzar la clase y ordenó a la alumna
sentada junto a Kana que le enseñara el libro de texto, y la clase se
reanudó.
Llevar nada a un lugar dedicado al estudio distaba mucho de la
forma de ser de un estudiante. Se podría decir que Yoshioka era
responsable por no haberle dado nada, pero Kana no necesitaba usar
magia para saber que culpar a otros en esta situación tampoco era la
forma en que un estudiante debía ser.
De momento, decidió dar las gracias a la estudiante que estaba a su
lado. Tenía el cabello corto y la piel bronceada. Su físico era más bien
pequeño, pero de complexión robusta en general, y aunque todavía
había una pizca de infantilismo en su rostro, sus rasgos parecían duros;
podría decirse que tales rasgos eran apropiados para una institución
educativa de élite. Kana bajó la voz y le dijo: “Gracias… ¿Cómo te
llamas?”
Las palabras Kumiko Tateno, Kumi-Kumi surgieron en su mente,
mientras que después de eso, la propia chica respondió en voz baja:
“Kumi-Kumi… No creo que… tengas que darme las gracias.”
Kana no estaba segura, por su aspecto, de si era un chico o una
chica, pero su voz era muy femenina. Disculpándose mentalmente por
no haber podido determinar su sexo y también por haber activado su
magia sin querer, Kana siguió la clase en las partes pertinentes del libro
de texto. Como no podía hacer nada por no tener un cuaderno y un
lápiz, decidió acordarse de llevarlos la próxima vez. Llámalo un
resquicio de esperanza, quizás, pero desde que se le había borrado la
memoria, había bastante espacio para recordar cosas nuevas.
La clase avanzaba mientras se leía el libro de texto y se escribía en
la pizarra, y se interrumpió cuando sonó la campana, terminando en
medio de las cosas. Calkoro abandonó el aula a toda prisa, y tuvieron
un breve descanso.
Tal y como Kana había previsto, una multitud de personas se reunió
a su alrededor. Los estudiantes la rodearon y, tras presentarse,
comenzaron a bombardearla con preguntas.
“¿Por qué estas transformada?”
“Una chica mágica no necesita una razón para transformarse.”
Respondió Kana.
Por alguna razón, todas murmuraban entre sí. Parecían
impresionadas, aunque Kana no entendía por qué.
“¡Parece que tu uniforme está roto!”
“Lo ajusté para que me fuera más fácil moverme con él.”
Respondió Kana.
“Tienes un cabello muy bonito.”
“Gracias.”
“¿Olvidaste tus cosas? ¿Como tú libro de texto y tú cuaderno?”
“Los traeré mañana.”
“Kana… ¿qué clase de magia tienes?”
El murmullo disminuyó. La encargada de hacer esa última pregunta
había sido una chica de cabello largo y negro que se había presentado
como Princess Lightning.
Era imposible que otras chicas mágicas no sintieran curiosidad por
su magia. Después de que surgiera esa pregunta, el parloteo disminuyó
y todas centraron su atención en Kana, escuchando atentamente para
no perderse lo que decía.
Kana permaneció en su asiento, mirando a la cara de Lightning
mientras pensaba si sería un problema responder, o si Yoshioka se
enfadaría con ella después. Luego asintió. “Mi magia consiste en que
puedo conocer las respuestas a las preguntas.”
Tras un silencio de poco menos de un segundo, las chicas estallaron
en susurros:
“¿Qué significa eso?”
“Suena complicado.”
“¿Esa es tu magia?”
“Parece una marimacho.”
Una fina sonrisa apareció en los labios de Lightning mientras
preguntaba: “¿Y qué significa eso, en otras palabras?”
“Le hago una pregunta a alguien.”
“Bien.”
“Entonces la respuesta correcta viene a mi mente sin tener que
esperar su respuesta.”
“Ohhh, eso es lo que quieres decir.”
El alboroto aumentó aún más. Las torneadas cejas de Lightning se
alzaron y su fina sonrisa se amplió ligeramente. “¿Así que puedes
aprender cualquier cosa?”
“Si la otra persona lo sabe.”
“Por ejemplo, hmm… podrías averiguar mi cumpleaños, ¿no? ¿Qué
tal si lo pruebas?”
Kana sacudió lentamente la cabeza. Lightning parecía confundida.
“¿Qué quieres decir? Puedes aprender cualquier cosa, ¿no?”
“Eso sería una invasión de la privacidad.”
“Pero te doy permiso para hacer esa pregunta.”
“Hay muchas razones por las que no puedo preguntar.”
“Dímelas.”
Kana extendió los dedos de su mano derecha, doblando hacia abajo
cada dedo, empezando por el pulgar, para contar.
En primer lugar, era una invasión de la privacidad. Y como la
respuesta que surgía en su mente dependía del punto de vista de esa
persona, si el interrogado creía que una mentira era la verdad, eso
distorsionaría la respuesta. Y la razón más importante era que
descubriría cosas que no debería saber. Todo esto era sólo lo que le
había dicho Yoshioka, pero esas razones eran suficientes para
satisfacer también a Kana.
Cuando dijo que esas eran las razones por las que se había
prohibido a sí misma usar demasiado su magia, Lightning asintió. “Eso
es bastante razonable.”
Kana sintió que el calor que había empezado a subir se desvanecía.
Los susurros se apagaron y Lightning bajó la cabeza y se dio la vuelta
antes de marcharse. Muchas de las chicas se dispersaron, abandonando
la multitud, hablando entre ellas mientras se marchaban.
El puñado que quedaba le explicaba a Kana sobre la escuela o le
hablaba de la clase. Por las reacciones de estas chicas, pudo entender
que se trataba de amabilidad y no de la curiosidad punzante de antes.
El interés de las chicas por Kana se había desvanecido. Probablemente
asumieron que no que les mostrase su magia. Al igual que con el asunto
del libro de texto, ella no podía hacer recaer la responsabilidad de eso
en otro y decir: “Fue porque Yoshioka lo dijo.”
“Hey.”
Kana levantó la vista para ver quién le había hablado. Era una chica
con una larga melena negra que colgaba libremente sobre su traje como
un velo. Sí, era una chica mágica. La mitad de su cara estaba oculta
tras una máscara de oveja blanca, y de su espalda crecían unas alas
parecidas a las de un murciélago. Había murmullos a su alrededor. Las
que se habían alejado de la multitud también se volvieron para mirar.
Alguien le preguntó: “¿Qué estás haciendo?” Tanto si lo había oído
como si no, aquella chica miró a Kana, sonriendo como si quisiera
provocarla.
Kana se dio cuenta de que esta chica estaba tratando de iniciar algo.
Pero si surgía un problema aquí y Kana era expulsada, eso significaría
una vuelta en U a la prisión. Manteniendo el mismo volumen y tono
de voz que durante el anterior interrogatorio, Kana se echó hacia atrás
en su silla y encaró a la chica con todo su cuerpo. “¿Qué pasa?”
“Nos hemos enterado de que has venido del pozo.” Respondió la
chica.
“¿Del pozo?”
“Una cárcel, vale, una cárcel.”
El murmullo retrocedió. Kumi-Kumi empezó a estirar la mano por
detrás de aquella chica, pero la retiró con una expresión tensa y se llevó
la mano a la frente. A juzgar por su reacción, parecía que había sabido
que Kana venía de la cárcel. Y la sensación en el aire le decía que no
era la primera vez que la multitud escuchaba esto.
A pesar de que toda la prisión se había vaciado, asegurándose de
que el personal no estuviera cerca, la información se había filtrado de
todos modos. Pero aunque ahora culpara a Yoshioka, nadie la
escucharía. Tenía que tomar sus propias decisiones para salir de esto.
Halna había prohibido a Kana decírselo a nadie. Sin embargo, a
juzgar por las reacciones de todas, estaba segura de que ya lo sabían.
Kana tomó aire, dándole cierta importancia, y luego asintió. “Así
es.” Si todo el mundo lo sabía, ¿qué sentido tenía mentir ahora? Kana
pensó que eso era mejor que ser considerada alguien en quien no se
podía confiar porque mentía y trataba de ocultar cosas. Bueno, eso era
un 60% de la razón, mientras que el otro 40% era porque era demasiado
molesto en este momento.
Una chica —se había presentado como Tetty— se acercó
tímidamente y dijo: “Fuuko.”
“¡No me llames por mi verdadero nombre!”
“Ah, lo siento… Escucha, Mephis, no se supone que nos
transformemos…”
“¡Ella se transformó primero!” La chica mágica —Mephis—
derribó una silla cercana, y el fuerte ruido hizo que Tetty diera un salto
y se encogiera. Parecía que intentaba decir algo, pero cuando abrió la
boca, no salió nada.
Chasqueando la lengua ante la reacción de Tetty, Mephis se volvió
de nuevo hacia Kana. “Sólo quiero hablar de igual a igual, ¿vale? Eso
significa que yo también tengo que transformarme.”
Las comisuras de sus labios, pintadas con un colorete tan rojo como
la sangre, se volvieron hacia arriba en una sonrisa. Entre las alas, su
expresión y su actitud, era la imagen misma de un demonio que
aparecería en la poesía épica o en los cuentos ilustrados. “Levántate.”
El cuerpo de Kana se movió antes de que ella lo pensara.
Kana apoyó las manos en su escritorio y echó la silla hacia atrás, y
cuando estaba a punto de levantarse, los pies de Mephis se movieron.
Parecía que intentaba barrerle las piernas. Varios métodos de evasión
surgieron en la mente de Kana —bloquear con la espinilla, detenerla
con la planta del pie, dando una voltereta para evitarlo— mientras su
cuerpo salía despedido por los aires, dando una vuelta y media, y justo
cuando estaba a punto de estrellarse contra el suelo, se protegió la cara
con ambas manos, evitando esos golpes, al menos. Pero una presión en
la parte posterior de su cabeza la empujó hacia abajo, y su frente golpeó
el suelo.
La presión en la nuca desapareció de inmediato y, aún tumbada de
frente, Kana levantó la cara. Mephis estaba de pie sobre ella con una
expresión que iba más allá del desafío; era de desprecio. Mephis la
miraba con desprecio. Tardíamente, Kana se dio cuenta de que la
presión que sentía en la nuca era el pie de Mephis. Mephis la estaba
pisando. Kana se imaginó que ahora mismo era la representación
perfecta de la humillación. El murmullo de las compañeras se había
apagado en algún momento. Sintió que sus ojos sólo se dirigían a ella.
Kana no sabía por qué esta chica mágica se había vuelto violenta,
pero las acciones de Mephis habían avergonzado a Kana. Su
reputación no había sido muy buena para empezar, y ahora era aún
peor. Pensando hasta aquí, juzgó que la inacción era inaceptable. Tanto
si recibía un bautismo de más violencia como si el hecho de ser pisada
era el final, de cualquier manera, el daño a la reputación de Kana estaba
hecho.
Kana juzgó sus opciones. No es que necesitara una buena
reputación, pero una demasiado pobre sería un obstáculo para sus
actividades. Tenía que hacer algo para mejorar su posición.
Rodó en el lugar hasta quedar de espaldas para poder moverse con
más libertad y también ver mejor. Mientras Kana se movía, Mephis
levantó el pie, pero Kana se lo esperaba. En el momento en que su
tacón bajó, Kana la miró sin pestañear, sacó el dedo índice y la señaló.
“Sólo tu ropa interior es blanca. ¿No crees que esa combinación de
colores carece de equilibrio general?”
Como el tacón cayó sobre ella inmediatamente después, Kana no
vio su reacción, pero sintió como si una especie de malestar se
comunicara a través de la suela del zapato. Podría decirse que el plan
de Kana de hacer uso del lenguaje para dañar emocionalmente en lugar
de responder a la violencia con violencia había sido básicamente un
éxito. Tomar el tacón con su robusta frente también había mantenido
el daño físico al mínimo.
Satisfecha por estos resultados mientras recibía ese tacón en la
cabeza una y otra vez, Kana asintió un poco.
◇ Tetty Goodgripp
Sonó el timbre, la profesora entró en el aula, todas volvieron a sus
asientos y la clase comenzó como si no hubiera pasado nada. La
segunda hora de ese día era de japonés.
Mientras la profesora explicaba la función de las partículas, Fujino
estaba a punto de sentirse muy ansiosa, pero no tenía tiempo para eso.
Tenía que revisar los cuadernos de Arlie y Dory. Dado que la condición
para entrar en esa clase era ser una chica mágica, sus capacidades
académicas como humanas eran muy dispares, pero ellas ni siquiera
tenían el nivel necesario para asistir a clases de escuela media, así que
seguían un plan de estudios independiente, haciendo trabajos dirigidos
a estudiantes más jóvenes. Habían organizado un sistema en el que
Fujino, como líder del grupo, revisaba su trabajo en clase siempre que
tenía la oportunidad. Tal vez fuera el resultado de la falta de
motivación de la profesora, pero Fujino no iba a quejarse. Nada bueno
saldría de ser considerada una chica problemática. Quería que la
profesora la considerara una buena alumna, muy trabajadora, que hacía
lo que le decían.
Seguramente se sentiría muy bien haciendo lo que ella quisiera,
como lo que hicieron Mephis y la estudiante transferida. En esa pelea
anterior, Mephis había utilizado la violencia para derribar a la
estudiante transferida, mientras que ésta se había comprometido a no
agredir, pero no había agachado la cabeza ante Mephis. Aunque habían
elegido ángulos diferentes, ambas habían demostrado su fuerza. Ni
siquiera se les podía comparar con su representante estudiantil, que se
había enfadado porque una silla había recibido una patada y no había
sabido manejar la situación.
Fujino terminó de revisar los cuadernos de Arlie y Dory, y luego se
sentó de nuevo y miró al frente. Por fin tuvo tiempo de sentir ese peso
aplastante sobre sus hombros.
Cuando Tetty Goodgripp ni siquiera era una chica mágica novata,
sino una candidata que estaba a punto de presentarse al examen de
chica mágica, su examinadora la había sermoneado innumerables
veces, diciéndole: “Ser una chica mágica no te hará ganar dinero. Sólo
pierdes tiempo. Cuando te des cuenta de lo que valía tu juventud, ya
será demasiado tarde.” Incluso le había dicho: “Aunque aparentemente
decimos que los candidatos más ambiciosos obtendrán nombramientos
oficiales, en todo caso, es más fácil nombrar a la gente que está bien
manteniéndolo como un hobby. O gente con familias ricas.”
Mephis Pheles, que se había convertido en una chica mágica junto
con Tetty, le había contestado con un “Qué estupidez.” Mientras Tetty
había consolado a Mephis, en su mente se había rebelado con la misma
fuerza.
Por mucho que los adultos te sermoneen y te digan “Sólo un
puñado de personas puede tener éxito en este negocio; deberías
aspirar a algo más estable”, no hay muchas chicas buenas que
escuchen y digan: “Oh, entonces bien.” Son más los jóvenes que
aspirarán a ser ese ‘puñado’ de actores de doblaje, actores, cómicos,
atletas profesionales, jugadores profesionales de shogi o de go,
cantantes o mangakas, entrando en el negocio mientras fantasean con
compartir un escenario brillante con las estrellas que admiran.
Y lo mismo le ocurrió a Fujino Tohyama, que por aquel entonces
era una niña de primaria ignorante en los caminos del mundo. Cuando
se enteró de que las chicas mágicas eran reales y se transformó en la
adorable chica mágica Tetty Goodgripp, sus vagas ansiedades sobre el
futuro se evaporaron al instante. Antes, había dicho medio en broma a
sus amigos: “Quizá renazca en otro mundo por algún tipo de error.”
Pero, de hecho, prácticamente se había hecho realidad. Así que no es
de extrañar que se haya decidido a vivir como una chica mágica en el
futuro. Los sermones de los adultos le entraban por un oído y le salían
por el otro.
Aunque Tetty había actuado con tranquilidad y obediencia ante la
examinadora, en su corazón, su espíritu rebelde se había desbocado. Si
iba a convertirse en una chica mágica, entonces se ganaría la vida sólo
con eso. Y luego, más adelante, aspiraría a conseguir un anime.
Aunque no llegara a esperar la codiciada franja de los domingos por la
mañana, se colaría de algún modo en la franja nocturna de cinco
minutos y captaría los corazones de los fans de la subcultura a los que
les gustaban los programas desenfadados de la vida cotidiana y lo
convertiría en un éxito de culto, y como el anime no tenía un gran
presupuesto para empezar, incluso conseguiría una segunda
temporada.
Guardando sus pensamientos para sí misma sobre cómo iba a
lograrlo y cómo se lo demostraría, cuando fue nombrada oficialmente
como una chica mágica de pleno derecho, había estado rebosante de la
sensación de que podía hacer cualquier cosa. Incluso había pensado:
Ser adulto es fácil, la vida no tenía tantas cosas que lanzarte, ella estaba
destinada a esto, y los sueños y las metas existían para ser cumplidos.
Y lo había sentido aún más por la presencia de Mephis, que había
aprobado con ella, a pesar de lo agresiva que había sido con la
examinadora. Si ella podía aprobar, por supuesto que tendría la idea
errónea de que la vida era fácil.
Y luego, tras convertirse en una chica mágica, Fujino se había
limitado a ver pasar el tiempo. No había conseguido nada en particular.
Nunca fue convocada por el Reino Mágico, y los informes que escribió
ni siquiera obtuvieron respuesta. Preguntó a los altos cargos si podía
ocultar su relación con el Reino Mágico mientras escribía un blog o un
vlogging o algo así, pero la única respuesta que obtuvo fue “No.”
Cuando preguntó si podía hacer uso de su encantadora apariencia de
camarera con grandes mitones para hacer algo como actuar como
mascota regional, obtuvo la respuesta “No”, e incluso cuando preguntó
si podía serializar una novela original con ella misma como
protagonista como una ficción completa en un sitio de presentación de
novelas, dijeron “No”, y ese fue el final de eso.
El líder regional dijo con saña que si Tetty seguía haciendo todas
esas preguntas raras, también dañaría su propia reputación, así que esa
fue la última vez que ofreció una propuesta.
Lo único que consiguió fue un creciente agotamiento.
Prácticamente todos los días pensaba: “Si no tuviera que ir a la escuela
durante el día, si pudiera gastar toda mi energía en actividades de
chica mágica”, pero aun así, no podía abandonar su estilo de vida.
La madre de Fujino tenía una constitución débil, pero se obligaba a
seguir adelante si nadie la detenía. Cuando Fujino estaba en cuarto
curso, su madre se había divorciado de su padre por un engaño, por lo
que Fujino había cambiado de colegio, separándose de Mephis.
Después de eso, la madre de Fujino había luchado económicamente
mientras criaba a su hija en la escuela primaria y media. Se había
preocupado por Fujino como persona.
Hiciera lo que hiciera Fujino, ya fuera ir a la escuela como una
chica normal o trabajar como una chica mágica, lo que dijo la
examinadora volvió a su mente. Que el tipo de persona que lo mantenía
como un pasatiempo o tenía una familia rica era la más adecuada para
ser una chica mágica. Incluso tomada ingenuamente, Fujino no
encajaba en esos criterios.
Un día, cuando una pequeña discusión se convirtió en un grito
contra su madre, se dio cuenta de que no podía seguir así. Habían
pasado cuatro años desde que se convirtió en una chica mágica. La
examinadora había tenido razón al advertirle del tiempo perdido, de
que su juventud era valiosa. Fujino estaba sometida a un estrés tan
extremo que acababa discutiendo por cosas triviales.
Mientras los límites de Fujino se cernían frente a ella, su madre
había llegado al límite. Un día, se tambaleó y cayó al suelo, la llevaron
al hospital y allí falleció. Fujino recordaba vagamente haber
escuchado, atónita, la explicación del médico de que su corazón se
había debilitado por el agotamiento. Fujino lamentaba que su mayor
recuerdo final hubiera sido gritar a su madre, pero no iba a recuperar
ese tiempo. Al menos debería haber presentado una disculpa verbal en
lugar de dejar que las cosas volvieran a la normalidad; los
remordimientos se acumulaban, pero el tiempo perdido nunca podría
recuperarse. No había vuelta atrás. Sólo hacia adelante.
Esta clase de chicas mágicas era su última gran esperanza. Cuando
el Reino Mágico se había puesto en contacto con ella, había llorado,
pensando que por fin sus sueños se habían hecho realidad. Pero esto
no era más que un brote en la rama y no un fruto, todavía. Aun así, era
mucho mejor que trabajar sin rumbo como chica mágica. Estaba harta
de pasar todos los días perdiendo el tiempo.
Fujino estaba exenta de la matrícula, e incluso sus gastos de
manutención estaban garantizados. Si lograba graduarse sin
problemas, estaba claro para cualquiera que leyera esos artículos sobre
“los graduados de la educación de élite con carreras florecientes en el
otro mundo” que se le prometería una asignación a un departamento.
Las expresiones de orgullo de las alumnas mágicas de las clases
anteriores que habían hecho comentarios en la ceremonia de ingreso,
y cómo habían hablado de lo que hacían ahora en sus carreras —con
no poca jactancia— habían calentado el corazón de Tetty.
Esas personas eran, en última instancia, graduadas de la fase de
prueba, mientras que la clase de Tetty sería la primera en graduarse de
la operación oficial. Si incluso la mitad de las cosas exageradas que
decían, como “establecido con la dignidad de estas autoridades”, eran
ciertas, entonces no había forma de que la trataran mal. Esta era la
chica mágica profesional que había soñado ser.
No quería que nadie se interpusiera en su camino. Obedecía a la
profesora, agachaba la cabeza ante cualquiera, evitaba los problemas y
propiciaba la armonía en la clase. Patear a alguien porque la molestó
sólo la perjudicaría a largo plazo. El tiempo después de la graduación
era mucho más largo, así que mientras fuera estudiante, se aguantaría.
Fujino levantó la vista. Hubo un tirón en su brazo. Dory estaba
tirando de su manga derecha. Cuando se volvió, Arlie también la
estaba mirando. Sus dos caras idénticas parecían preguntarle: “¿Qué
pasa?” Fujino sonrió para tranquilizarlas y recogió su cuaderno de
ejercicios.
Se dejó absorber por su ansiedad durante un breve periodo de
tiempo. Después de todo, había mucho trabajo para la representante de
los estudiantes.
◇ Blade Brenda
Se encontraba en un pequeño santuario en la cima de una montaña, al
que había que subir innumerables escalones para llegar. En el viejo y
desgastado santuario, el pavimento de piedra agrietado y la barandilla
que rodeaba el recinto del santuario, todo eran señales de reparaciones.
Parecía que lo habían arreglado hace poco.
Blade Brenda y Cannon Catherine estaban de pie una al lado de la
otra, con las manos rígidas y rectas a los lados mientras esperaban con
toda la atención las instrucciones. La chica mágica de blanco que
estaba a tres pasos de distancia —Snow White— les dio órdenes: “No
tienen que ser tan formales.” La chica mágica de azul, la Princess
Deluge, se situó detrás de ella, con los brazos cruzados. Snow White
no dijo nada especialmente bueno o malo, así que debían escucharla.
La pareja obedeció inmediatamente. Brenda se sentó y cruzó las
piernas, balanceándose de derecha a izquierda, mientras Catherine
colocaba su cañón en el suelo y apoyaba la cabeza en él como si fuera
una almohada.
Viendo a las dos así, Snow White esperó un momento y luego
ordenó: “Tal vez serlo un poco no sería malo.” Y así la pareja se alineó
de una manera no demasiado formal pero tampoco demasiado relajada.
“Muy bien, ahora empezaremos a limpiar.”
La pareja inclinó la cabeza. Con su mano derecha, Snow White les
tendió un cubo por el asa y Brenda lo sujetó. Dentro había esponjas,
cepillos y recipientes de plástico. “He ido a por unas esponjas mágicas.
Hay suficientes para todas, así que no se preocupen.”
Catherine también recibió un cubo. La pareja inclinó la cabeza en
la dirección opuesta a la anterior.
“Vamos a limpiar el santuario, pero no sólo el santuario.” Explicó
Snow White. “También limpiaremos todo el pueblo que se ve desde
aquí.”
Siguiendo a Snow White, la pareja se acercó a la barandilla y miró
hacia abajo. Todavía era de día, por lo que el sol brillaba, y había
mucha gente. El ambiente era ruidoso y bullicioso.
“Hay varios puntos de la ciudad que tienen grafitis. Hay que
limpiarlos, y si hay gente que intenta hacer más, se aseguran de
convencerles de que no vuelvan a hacerlo, y limpian la ciudad. Ese es
el trabajo que tenemos que hacer.”
“El verdadero gran trabajo será un poco más adelante, así que ahora
mismo, hagamos lo que podamos.” Añadió Princess Deluge.
Brenda y Catherine se volvieron hacia Snow White. Como estaba a
contraluz por el sol, les costaba ver la expresión de su rostro.
“Ustedes dos, así como Arlie, Deluge y yo, somos chicas mágicas.”
Dijo Snow White. “Ayudar a la gente en problemas es uno de los
trabajos más importantes de una chica mágica.”
Brenda nunca se había considerado una chica mágica. Y estaba
segura de que Arlie y Catherine tampoco lo habían hecho nunca. Snow
White, Pfle, Uluru, Patricia, Marika Fukuroi y Shadow Gale eran
diferentes del grupo de Brenda.
Miró a Deluge, preguntándose si iba a añadir algo más, pero
permaneció en silencio con los brazos cruzados. Parecía preocupada
por algo y también como si esperara su reacción.
Brenda y Catherine se enfrentaron, chocaron sus cabezas y
discutieron en voz baja antes de llegar a una conclusión. Volviendo a
mirar a Snow White, alineadas una al lado de la otra, asintieron.
“Bien. Entonces está decidido.” Dijo Snow White. “Así que
empezaremos aquí con el santuario.”
Catherine dio la vuelta a la parte de atrás, Brenda pulió las losas y
Snow White y Deluge entraron en el santuario. Podían oír los chirridos
del pulido, el viento que soplaba, el balanceo de las hojas, los
encantadores gritos de los pájaros y las voces de Snow White y Deluge
hablando.
“Al parecer, la estudiante transferida que Frederica envió a la
escuela es realmente una ex convicta.” Dijo Snow White.
“Sí. Mana estaba muy enfadada.” Respondió Deluge.
“Bueno… yo también lo estoy. Um, esto no es algo con lo que sólo
Mana se enojaría.”
“Cierto.”
“Creo que Frederica está tramando algo… ¿Qué crees que es?”
“Siento que ella deliberadamente no oculta la información. Casi
como si… la estuviera mostrando.”
“Escuché que hizo vaciar toda la prisión para liberar a la
prisionera.”
“Pero eso es parte de cómo la información salió, ¿no?” Señaló
Deluge. “Creo que si ella estaba tratando seriamente de ocultarlo,
podría haber enviado a alguien con una historia completamente
diferente y todo, diciendo ‘Esto es lo que ella es’. Pero no lo hizo. Sacó
a esta prisionera, y eso se filtró antes de que se transfiriera a la escuela,
y Arlie y sus compañeras de clase también hablaban de ello, ¿verdad?”
“Eso es lo que he oído.”
“Huh.”
“Mm-hmm.”
“Um… ¿le va bien a Arlie en la escuela?” Preguntó Deluge.
“Dice que hay alguien que la ayuda y que ya ha hecho algunas
amigas. Estudiar es duro, pero aprender las cosas una a una merece la
pena, y se lo está pasando bien. Pero dice que hay una persona horrible
allí llamada Dory.”
“No puedes llevarte bien con todo el mundo, después de todo.”
“Sí… es cierto.”
“Ajá…”
Deluge había utilizado los documentos que Pfle había dejado para
ponerse en contacto con Snow White, y así las dos chicas mágicas
habían unido sus fuerzas, pero las cosas entre ellas seguían siendo un
poco incómodas. Cuando Brenda había estado con Puk Puck, Snow
White había sido muy fiable. Cuando Brenda había dicho: “Cuento
contigo como antes.” Snow White había puesto cara de tristeza, pero
seguía siendo realmente fiable.
Si Snow White y Deluge se llevaban bien, entonces Brenda estaba
contenta, y Arlie y Catherine también.
Esas dos estaban trabajando juntas para buscar a Ripple y vencer a
Frederica. Brenda no entendía muy bien lo que intentaban hacer, pero
le parecía muy bien que pudieran trabajar duro juntas.
◇ Calkoro
A diferencia de las clases de educación general, las clases de chicas
mágicas y del Reino Mágico se impartían con el profesor y los alumnos
transformados en chicas mágicas. Ver a las chicas mágicas de élite que
cumplían las expectativas de todas las facciones alineadas era un
espectáculo grandioso que presionaba a su nueva profesora, pero
después de un mes de ello más un fin de semana largo, Calkoro se
había acostumbrado un poco a ello. No podía estar deseando volver a
las vacaciones para siempre.
“Los crímenes de Músico del Bosque, Cranberry, no pueden
atribuirse únicamente a su carácter único…”
Calkoro se había acostumbrado, sí, pero todavía estaba tensa por
dar clases.
Las alumnas nunca se darían cuenta de las ansiedades de su
profesora.
“Dando lugar a criminales imitadores como Lago de Fuego Flame
Flamey…”
Algunas eran maleducadas, no se concentraban en la clase, daban
vueltas a los lápices o miraban por las ventanas. Mephis Pheles no
paraba de quitarse y ponerse su máscara de oveja, accesorio de su
atuendo. Rappy Taype no intentaba ocultar su expresión adusta, y a
veces incluso suspiraba. Era un contraste tan grande con su alegría
habitual que resultaba molesto; en otras palabras, la clase era así de
aburrida.
“Y los vástagos de Flamey, como Sierra Asesina Saw Fran y Muro
de Hierro Lili-Luluu…”
Y luego estaba Kana. Era la única que no abría un cuaderno ni
sujetaba un bolígrafo, pero tampoco miraba hacia otro lado ni
jugueteaba con las manos, mirando fijamente a la pizarra.
Calkoro procedía de una familia aristocrática, aunque de rango
inferior, y no le costaba nada estudiar en un pupitre o realizar un
trabajo sedentario. Y como esta clase era sobre chicas mágicas
criminales, que estaba en su campo, se las había arreglado para
impartirla con un interés medio. Al menos, hasta la mitad de abril.
“También tenía muchos subordinadas, sobre todo una chica mágica
llamada Melville…”
Se dice que el incidente provocado por Músico del Bosque,
Cranberry, ha sacudido realmente el Reino Mágico. Muchos magos y
chicas mágicas habían sido degradadas o despedidas, y las muertes
sospechosas de las partes relacionadas se habían sucedido,
consideradas como accidentes o suicidios. Un acontecimiento tan
importante había sido una oportunidad para reformar el sistema de las
chicas mágicas, por lo que Calkoro podía entender la lógica de pensar
que las chicas mágicas de élite tendrían que aprender sobre ello.
Pero aun así, las lecciones que le habían dicho que diera estaban
demasiado inclinadas hacia el incidente de Cranberry.
“Muchas de las víctimas se convirtieron en agresores. Una de ellas
se llamaba Calamity Mary…”
Había muchos otros ejemplos profundamente interesantes de
crímenes hechos por chicas mágicas. Más que su relevancia
académica, la cuestión con el incidente de Cranberry era que había sido
una cadena de victorias para Cranberry hasta el incidente final, así que
básicamente estaba contando una historia con un mal final cada día.
Había muchos otros crímenes innumerables con un alto valor de
entretenimiento que harían que tu corazón palpitara con sólo mirarlos.
Siempre Cranberry todo el tiempo la estresaba.
Y así, Calkoro había perdido su interés por la clase. Pero parecía
que eso se había reflejado en su actitud, ya que Halna le había dado el
tipo de reprimenda que la haría sentir mal del estómago, y desde
entonces, se enfrentaba a esta clase con una sensación de ansiedad. Sea
lo que sea, ya sea a través de dispositivos de escucha o cámaras
secretas, parecía que Halna estaba observando. Así que no se le
permitía aflojar.
“¿Qué creen que se debería haber hecho para evitar que un suceso
tan trágico como éste ocurriera? Ahora repartiré papeles, así que todas
por favor escriban sus pensamientos para cuando suene la campana.”
*****
Una vez terminada la clase, Calkoro recuperó los papeles que había
hecho escribir a las alumnas y volvió a la sala individual que llamaban
despacho del profesor. Apartó la silla de ruedas de su escritorio de
acero, le dio la vuelta y se sentó. Muy bien, pensó, extendiendo sus
papeles.
Aunque todas ellas podían llamarse alumnas de élite, había muchas
variaciones. Precisamente por eso, Calkoro aprovechaba
oportunidades como ésta para conocer sus tendencias de personalidad.
También por eso organizaba periódicamente pequeños eventos,
aunque fuera un poco molesto.
Por ejemplo, una sola reseña de un libro podía dar una idea de su
arco iris casi chillón de características individuales. Lillian, que
normalmente evitaba llamar la atención, había sido lamentablemente
llamativa al referirse a una relación amorosa entre hombres que no
parecía haber sido representada, Mephis había llegado a citar
declaraciones de las redes sociales de la autora para criticar el libro,
Kumi-Kumi había hecho un cálculo inverso de los ingresos de la autora
basándose en el número de copias publicadas y en los porcentajes más
habituales de los derechos de autor y había rematado el ensayo con la
frase final: “Me da mucha envidia”, y Adelheid había presentado un
trabajo que pretendía ser divertido, como un guion para un sketch
cómico, pero a pesar de sus esfuerzos, Calkoro no se había reído en
absoluto. Aunque el tipo de informes de libros que le darían dolor de
cabeza sólo con leerlos no debería ser común, los estaba recibiendo en
continua sucesión.
Por supuesto, las opiniones de las estudiantes también variaron
aquí.
Diko Narakunoin fue quien señaló con más fuerza, en un tono casi
acusador, los fallos del sistema de gestión. Normalmente no opinaba,
pero en momentos como éste utilizaba un lenguaje sorprendentemente
agresivo. A primera vista, su sentido de la moda había desesperado a
Calkoro, pero era justo decir que era una de las mejores alumnas de la
clase.
Tetty Goodgripp había hecho pleno uso de la jerga burocrática para
escribir un documento irrazonablemente obtuso. Era como un informe
de oficina. Quizá estaba acostumbrada a escribir documentos así.
Incluso para el informe sobre el libro, en lugar de elegir un libro que
le gustara a ella, parecía que había elegido algo con lo que todo el
mundo estaría de acuerdo, y el contenido era seguro en todo momento.
Tratar de hacer algo tan inofensivo que acabara fracasando en ese
objetivo le recordaba mucho a sí misma; era doloroso.
La sumisión descuidada y militante que sólo contaba con el único
comentario de Uno de los examinados debería haber vencido a
Cranberry era de Mephis Pheles. Incluso parecía que buscaba una
oportunidad para iniciar una pelea.
Cuando Calkoro leyó el papel de Arlie, que decía Dar lo mejor de
mí con una letra que más bien parecían arañazos de gallina, resopló, y
al ver el papel de Dory, que decía En verdad lo intentaría con todo, lo
tiró sobre el escritorio y suspiró.
El nivel de estas chicas mágicas era tan bajo. Tenía que fingir que
estaba motivada por Halna, ¿por qué incluso eso le parecía demasiado
duro?
Se lamentó durante un rato de su desgraciada suerte, y luego, con
un visto bueno, sujetó un papel en el que no había nada escrito. Le dio
la vuelta, lo sostuvo a la luz, entrecerró los ojos y lo escudriñó, pero
no había nada escrito en él.
¿Había una hoja extra mezclada allí? Se preguntó Calkoro, pero,
por alguna razón, esto le molestó. Golpeó el resto de la pila de papeles
sobre la mesa para alinearlos, y luego hojeó las esquinas superiores
con el pulgar para comprobar los nombres, dando una vuelta en U para
comprobarlos de nuevo. Había una chica de la clase cuyo nombre no
había visto: Kana.
Calkoro dejó la pila de papeles sobre su escritorio y se apoyó en el
respaldo de su silla. La silla barata hizo un chirrido cuando soportó su
peso, pero no se levantó. Se estiró y miró al techo. El interior de las
cubiertas de los fluorescentes estaba lleno de polvo. Incluso había
insectos alados muertos, viniesen de donde viniesen.
Calkoro no quería involucrarse con Kana. Pero ahora, de repente,
se vio obligada a pensar en ella.
Entregar una hoja en blanco sin siquiera escribir su nombre, ¿qué
significaba eso? Siendo Kana como era, Calkoro no podía verlo como
una simple rebelión contra el profesor o una holgazanería.
Por el bien de pasar su tiempo como profesora tranquilamente, sin
grandes meteduras de pata, tal vez necesitaba indagar un poco más en
lo que pensaba Kana.
Capítulo 3:
CORRE, CORRE, ESTUDIANTE
TRANSFERIDO, CORRE
◇ Kumi-Kumi
Había una serie de normas para el almuerzo escolar.
No era nada dramático. Al igual que en la escuela primaria a la que
Kumi-Kumi había asistido hasta el tercer grado, todo eran cosas muy
obvias, como “Evitar dejar comida en el plato en la medida de lo
posible”, “Terminar de comer antes de que termine la hora de la
comida”, “Presentar un formulario de antemano sobre cualquier
alergia”, “El deber de servir es en una rotación, por grupo”, y “Cuando
hay extras de artículos populares como el pudín, entonces hacer piedra-
papel-tijera entre los que lo quieren para elegir quién lo consigue.” Y
una de estas reglas era: “Come tu comida con tu grupo.”
Las chicas se movieron alrededor de los pupitres y las sillas,
alineándolas para que estuvieran frente a frente para la comida,
charlando tanto entre bocado y bocado como para no entorpecer la
comida. Aunque sólo se conocieran ese día, esto les ayudaría a hacerse
amigas. Había algo de lo que Kumi-Kumi quería hablar con esta nueva
compañera de clase y nuevo miembro del Grupo Dos. De paso,
también tenía una o dos palabras de advertencia que quería decirle a
Mephis.
O eso pretendía, pero Kana terminó su comida como un rayo y salió
corriendo del aula antes de que Kumi-Kumi tuviera tiempo de hablar.
Una chica mágica es mucho más rápida que un humano. Incluso comen
más rápido.
Aunque Kumi-Kumi apenas había podido hablar con Kana, sí que
consiguió amonestar a Mephis. Pero tampoco se puede decir que fuera
bien. Kumi-Kumi había amonestado a Mephis innumerables veces
desde que la conoció, pero no podía pensar en una sola vez que hubiera
funcionado.
“¿Por qué… um, hiciste algo… tan violento a Kana?” Preguntó
Kumi-Kumi.
“Oh, ¿hice algo mal? No lo hice, ¿verdad?” Replicó Mephis.
Adelheid se encogió de hombros con una sonrisa de aspecto
deliberado, mientras Lillian fingía no oír nada y sorbía su sopa.
Mephis lanzó su cuchara a la murmuradora Kumi-Kumi. “Eres una
gallina, así que te hice un favor al hacer un movimiento. Eso nos dijo
muchas cosas, ¿no? Como lo buena que es, si es de las que se someten
o las que pierden enseguida, si tiene agallas o puede ser intimidante.
Entonces está bien, ¿no? No hay ningún problema. Esto significa que
aprendiste cosas porque hice un movimiento para ti, ¿verdad? Siempre
eres la primera en quejarte, pero deberías apreciar las cosas cuando lo
merecen.”
Todo eso era una total tontería. Mephis había arremetido contra
Kana porque estaba de mal humor. Estaba utilizando una
racionalización post hoc para revestirse de una armadura lógica en un
intento de que Kumi-Kumi no pudiera quejarse. Sin embargo, si Kumi-
Kumi intentaba señalar eso, entonces Mephis realmente perdería la
cabeza. Si sacara a relucir el color de su ropa interior, se enfadaría.
Con un resoplido, Mephis se quitó las gafas y las sostuvo en una
mano, limpiándolas con un pequeño paño. Parecía que se habían
nublado por su efusión.
Adelheid y Lillian parecían querer dejar la conversación a Mephis
y Kumi-Kumi. Aunque estaba claro que lo habían oído todo, se
mantuvieron al margen, charlando sobre el partido de béisbol que se
había emitido el día anterior. Sabían muy bien que nada bueno salía de
hacer enfadar a Mephis. Mientras no se enfadara, no era mala persona,
y había cosas en ella que se podían respetar, como las agallas y el
espíritu competitivo. Mephis no era la única aquí con problemas de
personalidad, así que había que ser generoso, en plan “es una de las
nuestras, ¿qué se le va a hacer?”
Al parecer, ya había terminado de decir lo suyo, y Mephis empezó
a dar una explicación arrogante y sabelotodo sobre el bateador número
cuatro que se había ponchado cuando había tenido la oportunidad de
darle la vuelta al partido. Lillian apenas entendía las reglas del béisbol
y Mephis no las conocía en absoluto, pero Adelheid se había
aficionado a ver el béisbol profesional a través de los videojuegos, así
que habían empezado a verlo con ella. Mephis era capaz de cooperar
en ese tipo de cosas, pero nunca escuchaba cuando la gente intentaba
reñirla o regañarla. ¿Había algún tipo de truco para decirle las cosas, o
qué?
Se aseaban una vez que terminaban de comer, y después de lavarse
los dientes, estaban de descanso. Pero no podían ir libremente al campo
de deportes, a la biblioteca o a la sala de informática donde estaban los
ordenadores. Todos ellos se encontraban en el nuevo edificio de la
escuela, por lo que estaban fuera de su alcance, ya que las chicas
mágicas tenían prohibido salir del antiguo edificio de la escuela. El
único lugar que se les permitía —el gimnasio del antiguo edificio
escolar— sólo podían utilizarlo tres veces a la semana: Martes,
miércoles y jueves, durante el vaso de gimnasia. El lunes estaba
bloqueado con una cadena y un candado. No se les permitía salir al
patio, y la puerta de la azotea estaba generalmente cerrada. Desde
aquella pelea que había estallado por no ponerse de acuerdo con las
reglas a usar en un juego de cartas, que eran uno de sus pocos placeres,
habían sido confiscadas, y juegos como el shogi y el Reversi también
habían sido prohibidos por si acaso. No había ningún lugar al que las
chicas pudieran ir para divertirse.
Podían hablar en el aula o en el pasillo, y eso era todo. A Kumi-
Kumi no se le daba bien la cháchara. Cuando lo dijo, Adelheid se había
reído, diciendo: “¿Existe algo así como ser buena o mala en la charla?”
Pero eso no era más que una fanfarronada de alguien a quien no se le
daba mal. Aun así, no quería estar sola, así que acabó callando y
escuchando a las demás de su grupo hablar.
Charlaron sobre lo que ocurría en un manga gags serializado en
línea, que de ahí pasó a ser un gran manga en serialización de corta
duración que lamentablemente había sido cancelado, y Kumi-Kumi se
fue diciendo: “Baño.” Ninguna de los miembros del Grupo Dos tenía
la costumbre de ir al baño juntas.
“Kumi-Kumi.”
En el momento en que Kumi-Kumi salió de la clase, alguien la
llamó, y ella levantó la cabeza para ver a Kana, que había salido
corriendo del aula.
Kumi-Kumi arrugó la frente, respiró hondo, relajó el rostro y se
volvió para mirar a Kana. Aunque realmente había pensado que no la
interrogaría, lo primero que salió de su boca fue cuestionar su
comportamiento. “¿Dónde… um, dónde estabas?”
“Fui a ver el nuevo edificio de la escuela.” Dijo Kana sin ningún
tipo de desconfianza, pero tampoco con orgullo, como una delincuente
que hubiera infringido las normas. Lo dijo de forma desapasionada,
como si estuviera exponiendo los hechos, lo que hizo sospechar a
Kumi-Kumi. Aunque no hubiera prestado atención a las normas, tenía
que entender, con sólo mirar, que nadie más entraba o salía del nuevo
edificio de la escuela.
“La entrada al nuevo edificio escolar está… generalmente…
prohibida.”
“¿Ah, sí? No lo sabía.”
“Quiero que… revises las reglas, una vez más… No, más de una
vez podría ser bueno… Sólo revísalas. Ummm, por lo menos…ah, los
miembros del Grupo Dos tienen que atenerse a las reglas. Un miembro
del grupo que hiciera algo… descuidado causaría problemas al grupo
en su conjunto—” Después de llegar hasta aquí, la cara de Mephis se
levantó en la mente de Kumi-Kumi, y se tragó lo que iba a decir a
continuación. La propia líder del Grupo Dos rompió las reglas, así que
decirle a Kana que sólo ella debía cumplirlas era una doble moral.
Estos pensamientos cortaron sus palabras.
Pero Kana no pareció molestarse, inclinando la cabeza. “Ya veo.
Perdóname.” Su cabello plateado y brillante se deslizó hacia abajo en
un suave flujo, y luego se movió hacia el otro lado con el movimiento
de su cabeza.
Se mire como se mire, era una chica mágica.
No quiso deshacer su transformación. Salió al nuevo edificio de la
escuela. Ignoró las reglas y no se avergonzó de ello en lo más mínimo.
Y además había salido de una prisión. Esto era demasiado poco
convencional para una simple élite. Estaba fuera de lo común, más bien
de lo extremo. ¿Intentaba llamar la atención conscientemente o era tan
idiota que no se daba cuenta de lo que hacía? Alguien con el suficiente
poder como para recomendarla en la escuela la había enviado, así que
era imposible que fuera una gran idiota, pero cada acción individual
que realizaba no parecía más que una absoluta idiotez.
Fuera o no consciente de lo que Kumi-Kumi estaba pensando, Kana
se llevó un dedo a la barbilla, dio un paso a la derecha y miró hacia el
aula por encima del hombro de Kumi-Kumi. “Cuando venía hacia aquí,
vi al Grupo Tres hablando en el pasillo.”
“… ¿Ah sí?”
“¿Y el Grupo Dos está en el aula? Parece que los grupos también
se quedan solos durante los descansos.”
“Así es.” Desde el incidente del Monopolio, Mephis había evitado
al Grupo Uno tanto como fuera posible, y parecía que el Grupo Uno
también mantenía su distancia con Mephis. Y el Grupo Tres había
preferido asociarse entre ellas para empezar.
“Si hay una regla que dice que nos quedemos con nuestro grupo
incluso durante los descansos, me gustaría que me la dijeras.”
La ceja derecha de Kumi-Kumi se levantó un poco. Entre que era
una ex presidiaria, la forma en que vestía su uniforme, que era la única
que permanecía transformada y que se había negado a charlar y se
limitaba a engullir la comida, Kumi-Kumi había pensado que era una
persona sin ley y sin intención de hacer amigas o de atenerse a las
normas, pero parecía que Kana estaba realmente preocupada por ello.
Revisó su evaluación, pensando que esta chica podría ser mejor que
Mephis. “No hay, um, en realidad… una, ya sabes… regla… que diga
que no puedas salir… con otros grupos. Pero, ¿cómo decirlo…? Hay,
probablemente… algo así como un… entendimiento tácito. Bueno…
desde, antes, um, como… había… cosas.” Por supuesto que no podía
decir: “Es porque nuestra líder de grupo estaba a punto de perder en
un juego de mesa y se puso violenta, así que las cosas se pusieron
incómodas.” Era mejor hablar vagamente que difundir la vergüenza de
su grupo.
Independientemente de lo que pensara Kana, se cruzó de brazos y
asintió. “Ya veo. ¿Quieres decir que hay alguna situación de la que no
puedes hablar?”
“Bueno… sí. No puedo negar eso.”
“¿Y quién está más informado sobre este asunto del que no puedes
hablar?”
Si alguien del Grupo Dos hablara de la situación sólo estaría
anunciando su propia vergüenza. Y si Kana sacaba el tema con el
Grupo Uno y se enteraban de que Kumi-Kumi era la que se lo había
contado, eso haría parecer que estaba insinuando algo al enviar a Kana
a ellas, y podía anticipar que eso estropearía aún más la relación entre
los Grupos Uno y Dos.
Entonces, Calkoro. Ella era la única que sabría exactamente por qué
había tomado la decisión y cuál era su criterio, y parecía la mejor
opción de entre las que conocían.
Kumi-Kumi estuvo a punto de decir: “Deberías hacer que la
profesora te lo dijera”, pero luego lo reconsideró. No saldría nada
bueno si decía: “Creo que la profesora lo sabrá”, y le entregaba el
problema, y luego la profesora pensaba que Kumi-Kumi estaba
utilizando a la novata del Grupo Dos para intentar sacar algo. Incluso
podía imaginarse el peor de los casos, en el que su graduación estuviera
en peligro. Y el Grupo Dos ya tenía malas notas para empezar.
Para cuando Kumi-Kumi pensó en decirle: “No deberías indagar
en ese tipo de cosas”, Kana ya se había ido. Recordando que la magia
de Kana consistía en hacerle saber la respuesta a las preguntas, Kumi-
Kumi dejó escapar el enésimo suspiro del día. Todo esto no había sido
más que una molestia. A pesar de todo, se dirigió al baño.
◇ Calkoro
Kana terminó rápidamente su almuerzo escolar y salió corriendo.
Calkoro no tenía ni idea de lo que planeaba hacer o a dónde iba.
Dudaba que aquel espíritu libre le informara honestamente sobre ello.
Pero aun así, pensando que tenía que presentarse ante Halna,
Calkoro bajó rápidamente el arroz, dejó los palillos y colocó su plato
y su bandeja en la larga mesa de los almuerzos escolares. Calkoro había
intentado comer rápidamente, pero la mayoría de las chicas ya habían
terminado sus comidas. Las únicas que seguían comiendo eran Arlie y
Dory, que se pinchaban con los dedos en los costados mientras las
demás charlaban.
Los chicas estaban tan despreocupadas. Incluso le daba envidia.
Calkoro tenía una montaña de cosas que hacer. Antes de que su
melancolía llegara a sus piernas y le impidiera moverse, salió
rápidamente del aula. Mientras caminaba, formó sellos con sus dedos
y murmuró algunos hechizos. Primero, se limpió el interior de la boca,
y luego lanzó un hechizo para fortalecer sus órganos digestivos para
ayudar a la digestión y la absorción. De este modo, aunque caminara
rápidamente después de comer, no se vería atormentada por los dolores
de estómago.
“Sra. Calkoro.”
Justo cuando estaba a punto de acelerar, una voz la llamó para que
se detuviera, y se dio la vuelta. Su rostro adoptó automáticamente una
expresión de desconcierto. Pero no podía ser así, ni siquiera con ese
alumna en particular. Tras una pausa de un suspiro, Calkoro forzó un
poco de dignidad en su rostro, propia de una profesora, mientras
sonreía y respondía: “¿Qué pasa?”
Era Kana. Los jirones aquí y allá de su uniforme parecían sentarle
bien, por alguna razón. El tipo de daño que normalmente resultaría
pobre y sucio se veía salvaje y sexy en ella, logrando un equilibrio
perfecto que aumentaba su encanto en lugar de perjudicarlo. Calkoro
tenía la sensación de que había algo en ella que no podía atribuirse sólo
a su condición de chica mágica, pero no podía expresar ese “algo” con
palabras.
Kana dio tres pasos hacia Calkoro. Estaba lo suficientemente cerca
como para que Calkoro pudiera sentir su aliento. Apretó las palmas de
sus manos sudorosas. Su ansiedad aumentó.
Calkoro no tenía ni idea de lo que estaba pensando Kana. Era
literalmente una criminal, y no intentaba ocultar que estaba
inspeccionando y explorando la escuela.
“Hay algo que quiero que me digas.” Dijo Kana. Dejó escapar un
suspiro que acarició a Calkoro desde la mandíbula hasta la garganta.
Incluso esa única exhalación era tan cautivadora.
“¿Qué es?” Preguntó Calkoro.
“He oído que hay una razón por la que no pueden decirme por qué
todos los grupos se pegan a sí mismos para todo.”
Kana prescindió de cualquier tipo de reserva o consideración. Su
pregunta abandonó por completo cualquiera de las técnicas sociales de
las clases aristocráticas, que escondían sus objetivos en el pecho para
acercarse con una sonrisa; su pregunta fue como levantar una espada
desnuda sobre su cabeza para cargar hacia adelante. Calkoro, por
reflejo, hizo un movimiento de retroceso, pero Kana le correspondió
con un paso adelante, acercándolas. Calkoro no sólo sintió su aliento,
sino que incluso ahora su piel la tocaba.
Calkoro apartó la mirada. “¿Quién te ha dicho eso?”
“He oído que sabes mucho de situaciones que no puedes decir en
voz alta.”
Ella perdió su momento para intentar negarlo. Pensó que tenía que
decir algo, pero no le salía la voz. Kana tocó suavemente el brazo de
Calkoro con su mano derecha. A pesar de pensar en privado: ¿No tiene
sentido del espacio personal? Su voz seguía sin salir.
“Una situación que la gente no puede decir en voz alta…” El tema
de las facciones surgió en la mente. Esta escuela era efectivamente una
extensión del conflicto de facciones. Los grupos se habían dividido en
función de las facciones para evitar las peleas en la medida de lo
posible.
Pero Calkoro nunca podría decirle eso a una estudiante, y
definitivamente no a esta dudosa chica mágica. “Por supuesto… no
puedo decírtelo… Esa no es una información que deba revelar a una
estudiante.” Se escurrió de alguna manera, aunque titubeando.
La negación de Calkoro no cambió en absoluto la expresión de
Kana. Girando su cuerpo, Kana inclinó su rostro persistentemente
cerca de ella desde abajo.
El sudor corría por la frente de Calkoro, deteniéndose en sus cejas.
Su espalda estaba empapada, haciendo que su camisa se pegara a su
piel, mientras que el sudor de sus axilas se enganchaba en la banda de
su sujetador, rezumando en él.
“Quiero saberlo.” Dijo Kana. “No quiero usar mi magia, si es
posible. Antes me descuidé y acabé usando mi magia por accidente,
pero quiero evitar usarla.”
“Yo… no diré… que no deberías saber esa información.”
“En otras palabras, no puedes decírmela, ¿pero lo sabes?”
“Bueno…”
“Ahora bien, ¿quién puede?” Kana entrecerró los ojos con un
pequeño movimiento de cabeza. Ese leve gesto hizo que su cabello se
moviera hacia delante, acariciando la túnica de Calkoro.
Calkoro tragó audiblemente. “Oye…”
“Entiendo. ¿Dónde está la directora ahora?” Antes de que pudiera
escuchar la respuesta de Calkoro, la expresión de Kana se nubló.
“Perdóneme. Entiendo que no debería preguntar, pero se me sale de la
boca.”
Como una serpiente que se hubiera enredado en cada centímetro de
su cuerpo dejando a su presa, Kana se deslizó, enderezando sus dedos
para colocar ambas manos en sus muslos e inclinar la cabeza. “Gracias.
Se lo agradezco.”
Antes de que Calkoro pudiera expresar su sorpresa, la chica había
desaparecido.
Calkoro respiró hondo y luego exhaló, apoyando las manos en las
rodillas para sostenerse mientras miraba a su alrededor. No había nadie
en la zona. No parecía que la estuvieran observando. Qué espectáculo
tan vergonzoso. Era difícil expresar lo que era vergonzoso y cómo,
pero sin embargo, comprendió que aquello era indiscutiblemente una
desgracia.
Todo su cuerpo estaba empapado de sudor. El corazón le latía con
fuerza en el pecho. Comprendió que necesitaba tiempo para recuperar
la presencia de ánimo para pensar en las cosas. Así que sólo había una
cosa que hacer.
Calkoro se transformó, adoptando su forma de chica mágica. La
sensación de que la tela se pegaba a la piel desapareció y los latidos de
su corazón recuperaron la calma. Dejó escapar una profunda
respiración e inhaló largamente, y luego se llevó los dedos a las gafas
para ajustar su posición.
Una vez recuperada la compostura, pudo empezar a pensar. ¿Qué
demonios había sido eso? Estar cara a cara con una chica mágica sin
estar transformada pondría nervioso a cualquiera. Y esas otras
condiciones —estar tan cerca como para tocar la piel o que Kana
acabara de salir de la cárcel, e incluso sin contar con eso, el hecho de
que no tuvieran ni idea de lo que realmente quería— habrían
aumentado su ansiedad. Pero, ¿realmente era sólo eso?
Quitando los dedos del puente de sus gafas para presionar las yemas
de los dedos contra el ábaco que tenía a su lado, hizo sonar una cuenta.
La magia de Calkoro era “un ábaco que confiere una gran capacidad
de cálculo”, pero ella no iba a intentar calcular esa situación anterior.
En los momentos en los que trataba de serenarse, de asentar su corazón
como la calma en el mar, sus manos se dirigían naturalmente a su
ábaco. Y funcionaba. Ahora que había enfriado un poco su cabeza,
llegó a la conclusión de que aquello, a fin de cuentas, era extraño.
Nunca le había sucedido. Esa chica tenía una presencia feroz. No
había sido un peligro que hiciera decir a Calkoro: “creí que iba a
morir”, o aunque no llegara a tanto, que hubiera sentido una clara
sensación de hostilidad. Había habido algo grande que nunca había
sentido antes. La sola presencia de Kana la había hecho sentirse
abrumada.
Calkoro no tenía ni idea de qué era esa cosa que nunca había
sentido. No era la magia de Kana. También era diferente de su fuerza
como chica mágica. Entonces, ¿qué era? La respuesta no aparecía. Y
Calkoro no sabía por qué. Y la conclusión de que no lo sabía no la
llevaría a ninguna parte.
Al oír el sonido de una puerta que se abría detrás de ella, se dio la
vuelta. Kumi-Kumi, que acababa de salir del cuarto de baño, parecía
confusa, o más bien sospechosa. “Sra. Calkoro… ¿ha pasado algo?”
Recordando que, oh sí, se había transformado, Calkoro se llevó la
mano que había estado en su ábaco a la boca, y con una tos pesada en
un intento de poner un poco de dignidad, murmuró: “No es nada”,
como si se lo dijera a sí misma, siguiendo con: “No tienes que
preocuparte.”
Kumi-Kumi era una alumna que escuchaba lo que decían los
profesores. Su expresión se disolvió, e hizo una reverencia y volvió al
aula.
Tengo que ir al despacho del director ahora mismo, pensó Calkoro,
pero si entraba como chica mágica, entonces Halna le exigiría que se
des transformara. Pero si se des transformaba, estaría cubierta de
sudor. Necesitaba cambiarse de ropa y ducharse. Después de hacer eso,
se dirigiría a la oficina del director. Decidió que su excusa para llegar
tarde sería que: “Kana caminaba demasiado rápido.”
◇ Halna Midi Meren
Como responsable de la gestión de la clase de chicas mágicas, Halna
no era en definitiva más que una gestora, y no tenía el título oficial de
“directora”. Aunque declaraban externamente que eran una operación
oficial, ella sólo mantenía y dirigía una clase, y no había sido nombrada
oficialmente para el cargo de directora de la escuela.
Sin embargo, como estaba al mando, la gente llamaba a Halna
directora, y ella no se molestaba en corregirlos. Se comportaba más o
menos como si fuera la directora, aunque no lo era. Así que no había
ninguna placa delante de la sala que se había dispuesto para ella en la
que se podía leer OFICINA DEL DIRECTOR, porque no era una sala
en la que estuviera la directora.
Llamarla sólo “oficina” sería justo, pero no era el tipo de cosa que
se molestaría en poner una placa para indicarlo. En comparación con
su función en la Oficina de Información, la responsabilidad y el
volumen de trabajo que implicaba eran tan insignificantes que se
esfumaban si soplabas sobre ellos, y Halna se ausentaba con mucha
frecuencia. La mayoría de los estudiantes sólo pensaban en ella como
en alguna sala extraña; no sé realmente qué es.
Uno de los puntos principales de la sala era su función como zona
de recepción, por lo que estaba debidamente amueblada para que
pareciera el despacho de un director, a fin de que no fuera una
vergüenza para los forasteros. La alfombra era extremadamente
afelpada, hasta el punto de que los pies se hundían en ella, lo que
dificultaba la marcha. Los candelabros de plata y las velas de cera de
abeja no eran una fuente de luz adecuada. También era el único lugar
del viejo edificio de la escuela que había sido diseñado para ocultar a
la vista la alarma de incendios y los aspersores. Este tipo de estilo
autoritario vacuo y ostentoso distaba mucho del gusto de Halna, pero
teniendo en cuenta que no utilizaba esta sala con regularidad, no era
como si no pudiera soportarlo.
El diseño del espacio había sido realizado por la Facción Puk.
Aunque quisiera quejarse, ya los habían echado. Sería una ingratitud
quejarse con ellos ahora, después de haber hecho tan gentilmente esta
instalación y sistema para criar excelentes chicas mágicas, y luego
ofrecer el pretexto para que les fuera arrebatado.
Mientras el bolígrafo de Halna garabateaba bajo el nivel justo de
luminosidad, llamaron a la puerta. Levantando la vista, Halna se volvió
hacia la entrada. El sonido no fue seguido por ningún movimiento de
la puerta de madera negra y gruesa. La persona que estaba al otro lado
esperaba el permiso de Halna.
Algunos magos consideraban vergonzoso comportarse de
diferentes maneras con diferentes personas. Halna, sin embargo, no
compartía esa opinión. Eso no era más que la queja de alguien que no
podía adaptarse a las necesidades del momento, refunfuñando “no me
gusta cambiar de actitud según la persona” como excusa.
En un tono de inflexión contenida, ni lo suficientemente suave
como para faltarle el respeto a los que están por debajo de ella, ni lo
suficientemente frío como para que aborrecer a los que no quería que
la odiasen, dijo: “Pase”, incitando al visitante a entrar.
La que entró en la habitación fue la nueva estudiante transferida.
Halna lamentó haberse molestado en preocuparse por su inflexión y
chasqueó la lengua antes de decir: “¿Qué quieres?”
“Tu ropa es diferente a la de cuando nos conocimos esta mañana.”
Respondió Kana. “Parecen más fáciles de mover.”
“Las túnicas formales me ponen los hombros rígidos. No son
adecuadas para el trabajo de oficina. Me hacen menos eficiente. ¿Y
qué hay de eso? Si has venido a hablar de algo tan trivial…”
“Tengo una pregunta para ti.”
“No tengo ningún deseo de decirle nada a un criminal.”
“Un preso y un criminal son dos cosas diferentes.”
“Si has venido aquí sólo para venir con una autojustificación tan
quisquillosa…”
“No lo hago. Hay algo que quiero que me digas.”
Las personas que ascienden a puestos importantes lo
suficientemente jóvenes como para ser llamadas excepcionales serán
seguidas por los prejuicios y la parcialidad. Cuando se trataba de
personas de carácter tan despreciable, lo primero que hacía Halna era
mirarlos fijamente. Para Halna, esto era suficiente para resolver la
mayoría de los problemas.
Sin embargo, este no era un método efectivo de resolución con esta
chica mágica llamada Kana. Ella no se inmutó bajo la mirada que la
gente susurraba que era la de la Gorgona. Dado que su reacción no
indicaba ningún tipo de placer o desagrado, era incluso posible que no
entendiera lo que Halna quería decir con ello.
La tensión en el ceño de Halna se relajó. Mirar mal a Kana sólo
añadiría más arrugas inútiles. “… ¿Qué es lo que querías oír de mí?
Dímelo.”
“Me han dicho que hay alguna razón tácita para que las alumnas se
queden con sus propios grupos, incluso durante los descansos. Quiero
saber por qué es así y por qué la gente no lo dice.”
Las facciones de sus patrocinadores, ¿eh?
Halna lo entendió inmediatamente. Pero aun así, no pudo entender
lo que Kana quería decir con esto.
Volvió a mirar la cara de Kana, pero no había ninguna información
que leer en ella. El hecho de no saber lo que ella pensaba había sido
constante desde que se conocieron ese mismo día. Pero la cuestión de
si podría llegar a gustarle esta chica mágica era otra cosa, y de hecho
era justo decir que esto estaba empujando en la dirección negativa.
Tragándose los improperios que casi se le escapan, Halna volvió a
examinar a Kana. Llevaba una expresión fría. Parecía que la cuestión
no era que fuera valiente o incapaz de leer el ambiente. A Halna se le
pasó por la cabeza que tal vez era hacer este tipo de cosas
repetidamente lo que la había llevado a la cárcel.
“¿Por qué necesitas saber eso?” Preguntó Halna.
“Mis recuerdos quedaron sellados.”
“Ya me han informado.”
“Pero no completamente. Puedo hablar, y puedo pensar. Parece que
también tengo cierto grado de conocimiento. Sólo recuerdo las cosas
bien cuando las pienso, pero creo que tengo más conocimientos de los
que imaginaba.” Dijo Kana, dando un paso adelante, evitando el
escritorio para intentar rodearlo por un lado.
Halna se levantó de su silla y la mantuvo en su sitio, diciendo: “Alto
ahí.” No en voz alta, pero sí con brusquedad. “¿Por qué te acercas a
mí?”
“Alguien dijo una vez que el contacto entre alumno y profesor es
importante.”
“No intentes hacerte la lista, prisionera. Acércate más y lo
consideraré un ataque.”
“No te lo tomes a mal. Consideré lo que debía hacer para estar en
mejores condiciones y luego tomé medidas. No tengo mala voluntad.”
Con una expresión seria y ambas manos levantadas, Kana volvió a su
posición original. “En otras palabras, de eso se trata, Halna… Srta.
Halna. ¿Qué debo hacer para hacer amigos?”
“No entiendo su punto.”
“Quiero hacerme amiga de mis compañeras, pero no es bueno que
una sola persona desconozca un entendimiento tácito, ¿no? Soy como
un extraño. Si pudiera saber lo que es, entonces ya no estaría fuera de
lugar en la clase. O al menos, habría una razón menos para estar fuera
de lugar.”
Halna miró fijamente la cara de Kana. La chica estaba demasiado
seria. No parecía estar bromeando. Tampoco parecía haber perdido la
cabeza. Si estuviera hablando en serio, Halna se vería obligada a dudar
de su cordura, pero aun así, Halna se imaginó cuáles eran sus
intenciones.
“En otras palabras, ¿quieres saber cuál es el entendimiento tácito
de tus compañeras de clase, para poder ser amiga de ellas?” Dijo
Halna, puntuando cada una de sus palabras mientras confirmaba
mentalmente la información.
“Así es.” Aceptó Kana de inmediato. Su cabello plateado se agitó
en el mismo momento en que el candelabro chisporroteó.
Halna seguía creyendo que Kana era una infiltrada enviada por la
Facción Caspar. No sólo en el mundo del espectáculo, donde la
voluntad del patrocinador era lo más importante para una chica
mágica, era muy plausible que los infiltrados se pusieran la máscara de
buenas chicas mágicas para asistir a la escuela. ¿Pero qué pasa con
Kana? ¿Su máscara conseguía ocultar su objetivo? Su posición de
prisionera la haría destacar inevitablemente. Y desde que llegó a esta
escuela, ni siquiera había intentado ocultar que estaba investigando
cosas. Era una infiltrada demasiado burda.
Como subjefa de la Oficina de Información, Halna sabía muchas
cosas. De alguna manera, una chica mágica llamada Pythie Frederica
se había ganado el favor de Ratsumukana-honome-no-kami para
hacerse con el control de la Facción Caspar. Incluso teniendo en cuenta
que la Facción Caspar carecía tanto de empuje como de capacidad, era
extraordinario dominarla en tan poco tiempo. Esta Frederica de la que
había oído hablar era muy aguda.
Y si esa era la que había llegado a sacar a Kana de la cárcel para
sus fines, ¿era posible que Kana fuera simplemente una tonta? Los
antecedentes de Kana antes de su encarcelamiento, así como sus
crímenes, habían sido totalmente encubiertos. Halna había asumido
que esto era inevitable, dada la naturaleza de la institución
penitenciaria, pero ¿debería realmente dejarlo así? Los intentos de
investigación de Kana eran demasiado evidentes.
Esto no encajaba bien. Había un desequilibrio. Algo estaba fuera
de lugar.
En realidad, aunque… quizás debería ver cómo se comporta ahora
y hacer uso de ella.
“Muy bien.” Golpeándose el muslo, Halna agarró el bloc de notas
de su escritorio y arrancó una página. Garabateando sobre el papel de
notas con su pluma, movió sus dedos en tándem y lanzó un hechizo.
Kana inclinó la cabeza. “He visto esa técnica antes. ¿Un contrato?”
Halna echó la barbilla hacia atrás ligeramente. Kana no se
equivocaba. Era un hechizo de contrato muy sencillo. Se utilizaba con
aquellos cuyas habilidades como mago eran menores que las tuyas y a
menudo lo utilizaban los magos superiores cuando ataban a sus
subordinados. Su uso era limitado, pero eso hacía que no consumiera
mucha energía, y era fácil de lanzar.
Que Kana fuera capaz de adivinar eso a partir del encantamiento y
los sellos significaba que había recibido educación como maga o que
era una chica mágica que se había asociado con magos. Fuera lo que
fuera, era una información importante, pero Halna no veía el sentido
de que Kana se lo hubiera contado. ¿Quería Kana confundirla o era una
especie de estratagema? ¿O realmente no era más que una tonta?
“No le digas a nadie lo que has aprendido aquí.” Advirtió Halna.
“Ni quién fue el que te informó.”
“Entendido. Entonces tenemos un acuerdo.”
“Los grupos de tu clase se dividen en función de la facción a la que
se asocian sus patrocinadores. Las chicas mágicas de otras facciones
no son más que competencia, y cuando se incluye el riesgo de filtración
de información y otros factores, no hay necesidad de que sean
amigables.”
“Ya veo, así que es por eso.”
Halna dejó el papel doblado dos veces sobre el escritorio y se lo
acercó a Kana. Justo antes de que se deslizara por el borde, los
elegantes dedos de la chica mágica lo sujetaron de un lado y lo abrieron
hábilmente con una mano. En él se describía que el Grupo Uno era de
la Facción Osk, el Grupo Dos era de la Facción Caspar y el Grupo Tres
era una mezcla de otros nobles y la Facción Puk.
La mirada de Kana pasó dos veces por encima de la página y luego
volvió a pasar el papel hacia el otro lado. El papel doblado dos veces
se detuvo en la mitad del escritorio, en una posición que no se podía
decir que estuviera cerca de ninguna de las dos. “Lo he memorizado.
Tíralo.”
Halna aplastó el papel de la nota en su mano y lo tiró a la papelera
del suelo. Con una expresión que podría considerarse seria,
objetivamente hablando, se volvió hacia Kana. “¿Hemos terminado?”
“Básicamente.”
“Entonces sal. Los estudiantes no deberían quedarse aquí.”
Kana dio un paso atrás, con los dedos de ambas manos presionados
sobre sus muslos mientras se inclinaba. “Gracias.” Dijo, y con un
“Entonces, perdóneme.” Se oyó el sonido de la puerta al cerrarse, y se
fue.
Halna apoyó los codos en la mesa, sosteniendo la barbilla con las
manos. Aunque todavía no supiera lo que Kana estaba tramando, si
podía averiguar que sí parecía estar tramando algo, entonces, por
ahora, debería de considerar bien las cosas. Si Kana seguía actuando
con tanto descaro, Halna descubriría rápidamente su objetivo. Y si
Kana actuaba de manera que sólo se conociera su objetivo, entonces
Halna también podría arreglárselas de alguna manera.
Sea lo que sea lo que buscaba la Facción Caspar, este era el
territorio de la Oficina de Información. Y sobre todo, esta instalación
para la educación de las chicas mágicas podría llamarse la vieja
ambición de Halna. No tenía ninguna razón para dejar que Kana hiciera
de las suyas aquí.
Halna se masajeó un poco la parte superior del brazo derecho y
luego se llevó la mano al hombro y lo frotó. El estrés la había puesto
rígida. Ni siquiera se podría haber llamado a eso de ahora “sondear al
otro”. No había percibido ninguna intención hostil. Halna estaba
acostumbrada a tratar con chicas mágicas, dada su posición, pero se
había tensado de todos modos. Relajó la parte superior del brazo y el
hombro izquierdo a su vez, y luego se masajeó las largas orejas.
Parecía que esta chica mágica era de un calibre tal que podía ejercer
presión sobre la jefa adjunta de la Oficina de Información, un puesto
que no podía manejarse sin resistencia al estrés. Aunque esa chica no
pareciera otra cosa que una tonta, si Halna la tomaba al pie de la letra,
seguramente sería ella la que sería tratada como una tonta.
◇ Tetty Goodgripp
Una vez que estás en la escuela media, tienes que tener cuidado con lo
que sacas en una conversación casual. Si sacas el tema “¿Qué te
pareció el episodio de ayer de Cutie Healer?”, obviamente se reirán
de ti. “¿Ves anime los domingos por la mañana, incluso en la escuela
media?”, dirían, u “Ohhh, así que eres uno de esos otaku.”
En ese sentido, la clase de chicas mágicas era genial. La gente no
se reía de ti ni te llamaba infantil o inmaduro por ver anime de chicas
mágicas, desde Cutie Healer en adelante. No te trataban como un otaku
espeluznante por emocionarte con las escenas de transformación o los
nuevos miembros del equipo. Puede que incluso te elogien por tener
aspiraciones, por apasionarte por la investigación.
El lunes, durante la comida, el Grupo Uno charlaba animadamente
sobre el episodio de Cutie Healer que se había emitido el otro día. Miss
Ril sacó a relucir algo que había hecho la madre de la heroína, que
parecía un presagio, mientras que Rappy hablaba de la gran idea de
hacer que la mascota se transformara en un chico guapo. Arlie y Dory
hacían interjecciones en un japonés entrecortado, mientras que de vez
en cuando mantenían algún tipo de intercambio en palabras parecidas
a un chirrido que parecía ser su lengua materna, llegando en ocasiones
a convertirse en peleas, y cuando eso ocurría, las otras tres las
apaciguaban, las separaban o mediaban entre ellas.
En algún momento, Dory se alisó la parte delantera de la falda y
dio unos saltitos, y al darse cuenta de que quería ir al baño, Tetty le
dijo: “Vayamos juntas”, y con un “Entonces yo también iré”, el resto
se dirigió al lavabo. Algunas hicieron sus necesidades, otras esperaron
mientras continuaban su charla, otras se dirigieron al espejo y se
arreglaron el cabello, y una vez que todas terminaron, con un “Bien,
volvamos”, todas se marcharon de nuevo.
Al entrar en el pasillo, no fueron muy lejos antes de que Tetty se
detuviera. Alguien les estaba esperando. En una postura imponente,
con las manos en las caderas, de alguna manera la chica mágica lucia
el uniforme roto como si hubiese sido diseñado de ese modo y
exclusivamente para ella.
Kana acababa de tener esa riña con Mephis. Tetty había pensado
que se reconciliarían durante la comida, pero al parecer no fue así.
Tetty había sido comprensiva con los otros miembros del grupo de
Kana, pensando que sería difícil arreglárselas con la recién llegada,
pero nunca había pensado que Kana también empezaría a tener
problemas con el grupo de Tetty, y no pudo ocultar su desconcierto.
Miss Ril sonrió como si no supiera qué hacer. Arlie y Dory
ignoraron a todos las demás, acercándose, hasta que Rappy las agarró
por el cuello para detenerlas.
Tetty estaba confundida pero se adelantó al resto de su grupo. “…
¿Sí?”
“Parece que tengo un poco de información sobre la Oficina de
Información.” Dijo Kana.
“¿Perdón?”
“El nombre del jefe es… sí, creo que era Alg Ve Lenz.”
Kana estaba mirando a Tetty. En otras palabras, le estaba hablando
a Tetty. Pero Tetty no tenía ni idea de lo que intentaba decir. Lo que
fuera sonaba como una cadena de palabras extranjeras
incomprensibles, y tampoco sabía nada de la Oficina de Información
ni de su jefe.
Rezando, por favor no te lo tomes a mal, puso una sonrisa educada
e inclinó la cabeza. “Lo siento. No sé de qué estás hablando o a qué te
refieres.”
Kana entrecerró los ojos, se llevó la mano a la barbilla, reflexionó
unos instantes y acabó asintiendo. “Ya veo. Ningún miembro de la
Oficina de Información admitiría su propia pertenencia, eh.”
“¿Eh? ¿Qué quieres decir?”
“Debería haber tenido en cuenta la naturaleza de la Oficina de
Información. Realmente no he pensado lo suficiente. Esto tiene que ser
otro efecto secundario de que me hayan quitado los recuerdos. Pero
recuerdo alguna que otra cosa, sorprendentemente.” Kana apartó los
ojos de Tetty y a continuación se dirigió a Miss Ril. “El jefe del
Departamento de Gestión es Ragi Zwe Nento. No creo que me
equivoque en esto. Es un viejo de mente estrecha que odia a las chicas
mágicas, pero si se ha involucrado en un centro educativo para ellas,
parece que ha cambiado de opinión.”
Miss Ril inclinó la cabeza, con una expresión de incomodidad en
su rostro. El ángulo de su inclinación era un poco más superficial que
el de Tetty. “Ummm… ¿Departamento de Gestión? ¿Existe ese lugar?”
Los ojos de Kana se abrieron de par en par y se cubrió la cara con
la mano derecha, despeinándose. “El Departamento de Gestión de
Chicas Mágicas recomendó tu entrada en esta clase de chicas mágicas.
En otras palabras, no podías no conocer a Ragi Zwe Nento.”
“Ohhh, eso es lo que querías decir.” Dijo Miss Ril. “Lo siento. No
sé nada sobre quién me recomendó. Creo que debería agradecérselo,
pero nunca he tenido la oportunidad de averiguar quién fue.”
Rappy, que acababa de sujetar a Dory y Arlie, hizo un “¡Ohhh!” y
levantó la mano. “¡Lo sé, lo sé! ¡Ese viejo llamado Ragi-algo-u-otro!
Es el jefe del Departamento de Gestión de Chicas Mágicas.”
Con una expresión todavía seria, Kana inclinó la cabeza. Aquí no
hay más que inclinaciones de cabeza, pensó Tetty.
“¿Por qué conoces a Ragi Zwe Nento, Rappy?” Preguntó Kana.
“¿Quién te recomendó no fue el Departamento de Recursos de Chicas
Mágicas? No tienes nada que ver con Ragi Zwe Nento de la
Dirección.”
“¡No, no es nada de eso! Hace un tiempo, había una especie de
moda de hacer robos extremos de información en el Departamento de
Administración. Era como un desafío, y la gente se colaba entre la
seguridad del departamento de alto nivel para intentar robar
información al azar sin importancia. Y una chica mágica llamada Snow
White lo consiguió. ¡Y luego se hizo famosa! Y muchas chicas
intentaron hacerlo, como ella. Pero yo nunca lo hice. De verdad, en
serio, no he hecho nada por lo que me pudiera meter en problemas si
saliera a relucir, ¿vale? Sólo lo supe porque andaba por ahí.”
Kana no escuchó a Rappy hasta el final, sino que se dirigió a Dory.
“En cuanto al laboratorio… no lo recuerdo bien. Me disculpo.”
“Sin disculpasssss.”
A continuación, Kana se dirigió a Arlie. “En cuanto al
Departamento de Inspección… creo que debería tener algún recuerdo
de cuando me arrestaron, pero como mis recuerdos se borraron, no
puedo recordarlo. Me disculpo.”
Arlie sacudió la cabeza. Hacía esas palabras como un chirrido, pero
Tetty no sabía lo que significaban. Al igual que Dory, debía estar
diciendo algo así como: “No hace falta que te disculpes.”
La cabeza inclinada de Miss Ril volvió a su ángulo original, y sus
mejillas temblaron. “Kana… um, ¿de qué se trata?”
“He conseguido averiguar qué lugares recomendaron a mis
compañeras. No puedo decirte la fuente de información.”
“De acuerdo.”
“Así que pensé que si podía sacar el tema de esos patrocinadores y
entablar una conversación, podría hacer amigas.”
“Bueno… no sé si eso vaya a funcionar.” Sin estar segura de lo que
debía decir, Tetty miró de reojo a Rappy.
Rappy miró al techo durante un rato y luego asintió diciendo cierto,
antes de reírse. “¡No hace falta eso para hacer amigos!”, y Miss Ril
añadió: “Seamos amigas”, tomando la mano de Kana en un firme
apretón, y Arlie y Dory chistaron, dando palmadas a Kana en el
hombro y en la espalda.
Tetty seguía sin entender muy bien lo que pasaba, pero sentía que
tenía que seguir la corriente de las demás, así que pasó un brazo por
los hombros de Kana y dijo: “Sí, seamos amigas”, dándole palmaditas
en la espalda. Las palabras estaban vacías, siguiendo la corriente sin
entender nada, pero Kana siguió diciendo “Gracias” con una expresión
seria, haciendo una reverencia mientras seguía con “Me alegro de que
seamos amigas”, y eso sólo hizo que Tetty se sintiera mal en su lugar.
Preguntándose qué demonios estaba haciendo, Tetty sonrió, Miss
Ril expresó su alegría, Rappy mostró su entusiasmo y Arlie y Dory
saltaron por todas partes.
Capítulo 4:
LA ESCUELA EN COMBATE
◇ Kana
Los planes para la clase habían sido cambiados.
“Vamos a tener tiempo de recreo en el gimnasio.” Anunció la chica
mágica con el gran ábaco que estaba al frente de la clase.
La chica mágica de estilo diabólico, con las puntas del cabello
afiladas como colas, levantó un puño en el aire con una ovación,
mientras que la pareja de la armadura y el taladro chillaron con alegría.
Las demás también parecían alegrarse, aunque no fueran tan evidentes.
La chica mágica con el ábaco era Calkoro, el demonio era Mephis,
la chica con armadura era Arlie y la chica con el taladro era Dory. Kana
cotejó mentalmente los nombres y las apariencias, asegurándose de
que no se equivocaba. Luego se dirigió a un determinado pico
embadurnado de accesorios y pegatinas, acercándose a la chica mágica
que estaba allí de pie y no parecía contenta con esto.
De pie, en diagonal, detrás de esa chica, Kana gritó: “Kumi-Kumi.
Sobre la hora del recreo.”
Kumi-Kumi no debía de estar preparada para que le hablaran, ya
que Kana captó un respingo en la forma en que se giró para mirarla.
Kumi-Kumi corrigió inmediatamente su postura para mirar a Kana, y
después de echar un vistazo a las otras chicas emocionadas, empezó a
hablar. “Es… algo así como la clase de gimnasia.”
“Pero parecen contentas con ello.”
“Comparado con las carreras, los maratones o la gimnasia de la
clase de gimnasia, es más como un juego o una competición… Sí, es
casi como un juego.”
“Si esto es como una clase, entonces hacerlo bien se reflejará en
nuestras evaluaciones, ¿no?”
“¿Necesitas… buenas notas?”
“No tengo lápiz, así que me vi obligada a entregar un papel en
blanco para esa tarea anterior.” Explicó Kana. “Estoy segura de que no
me van a calificar bien por eso, así que eso significa que tengo que
hacerlo mejor en otros aspectos para equilibrarlo.”
Los ojos de Kumi-Kumi se entrecerraron ligeramente y, tras un
momento, negó con la cabeza. “Si me lo hubieras dicho… te habría
prestado uno.”
“A diferencia de un libro de texto, un lápiz no puede ser compartido
por dos personas.”
“Tengo… más de dos.”
“¿Ah, sí?”
“La próxima vez… te prestaré uno.”
Parecía menos que Kumi-Kumi vacilara al hablar y más que se
tomara su tiempo para elegir sus palabras. Si se esforzaba por elegir el
lenguaje más preciso, era justo decir que era así de sincera.
“Pero todavía no es la líder del grupo.” Reflexionó Kana.
“¿Quién…?”
“Perdóname, pensaba en voz alta. ¿Tenemos estos tiempos de
recreo a menudo?”
Kumi-Kumi se lo pensó un rato, con los ojos mirando a algún lugar
lejano, y luego volvió a asentir con la mandíbula. “En realidad no…
Ha habido… tres veces en abril, y ésta es… la primera de mayo.” Su
sombrero, con su brillo metálico, se movió de un lado a otro mientras
su cabeza se movía, exponiendo un poco más de su frente. “A
diferencia de la clase de gimnasia… lo hacemos con todas
transformadas.”
“Oh-ho.”
“Los grupos… compiten entre sí.”
“Oh-ho-ho. Entonces tú y yo estamos en el mismo equipo.”
Kumi-Kumi parecía estar a punto de decir algo, pero no lo hizo y
se quedó callada con un movimiento de cabeza. Muchas chicas
mágicas actuaban de forma tan diferente cuando se transformaban que
se creía que eran personas distintas, pero la tendencia de Kumi-Kumi
a ser taciturna no había cambiado.
“Tal vez esa sea la cualidad apropiada para un sublíder.” Dijo Kana.
“Oye… ¿de qué hablas?”
“Perdóname. No te preocupes.”
Kumi-Kumi parecía seguir sintiendo curiosidad, pero al parecer
supuso que Kana no iba a hablar más del tema y en su lugar fue a
advertir a Mephis, que había puesto la mano en el hombro de Adelheid
y su acentuado estilo militar. “Cuidado con dejarse llevar.” Advirtió,
mientras Mephis mostraba su irritación. Pero Kana pensó que
aconsejar diligentemente a la líder del equipo, aunque no le gustara,
era la forma en que debía actuar una sublíder, aunque esta vez no lo
dijo en voz alta.
Siguiendo a Calkoro, todas las chicas mágicas caminaron por el
pasillo, dirigiéndose al gimnasio. Pero no marchaban en filas
ordenadas como podría pensarse. Todas se mantenían en pequeños
grupos, conversando entre ellas mientras caminaban.
“¡Baiiiiile!”
“Cuando te transformas, no tienes que limpiarte el maquillaje; ¡es
tan fácil! ¡Ha-haaa!” Chilló Rappy.
“¿No se suponía que había una norma escolar que prohibía el
maquillaje…?” Se preguntaba Tetty.
“Este colegio es bastante permisivo con ese tipo de cosas.” Dijo
Miss Ril.
“¡Me alegro de que sea así! ¡Vaya que sí!”
“¡Maquillaaaaaje!”
Todas las del Grupo Uno actuaban igual en su forma humana,
charlando de forma despreocupada—Tetty, con sus grandes mitones y
su característico estilo de camarera; Miss Ril, sin más aspecto que el
de una estatua metálica de una dama; Rappy, con un traje muy
revelador que utilizaba mucho material transparente; Dory, con su
taladro gigante al hombro; y Arlie con una pesada armadura. Todas
ellas mostraban muchas cosas en común con su forma de ser como
chicas normales. La expresión de Miss Ril era estática y sin pestañear,
mientras que lo diferente de Arlie era que no hablaba cuando se
transformaba, mostrando lo que quería decir sólo con el lenguaje
corporal, pero el tono de Miss Ril seguía siendo suave, y los gestos de
Arlie seguían siendo tontos.
“Voy a patearles el culo a todas.” Anunció Mephis. Kumi-Kumi la
reprendió inmediatamente.
“Mephis… No te vayas muy lejos…”
“Creo que es genial que esté lista para irse.”
“Hagamos lo que podamos mientras no nos lesionemos.” Dijo
Classical Lillian.
El Grupo Dos, por su parte, tenía a la agresiva Mephis en estilo
diabólico; a Kumi-Kumi, que la había reprendido, con su gran pico; y
a Adelheid en su estilo militar siendo conciliadora. Todas ellas eran
más o menos como cuando estaban en forma humana, pero la Classical
Lillian se había transformado por completo. Antes era tímida y siempre
miraba a los demás para ver qué pensaban. Pero ahora, su actitud
distante y su sonrisa ligeramente escultural desprendían un poderoso
ego y confianza. Alguien que parecía aferrarse a la religión se había
convertido en alguien que parecía que iba a fundar una religión.
Muchos ganarían confianza en el poder de ser una chica mágica, así
que tal vez era así para ella.
“Mephis está mirando hacia aquí… ¿Está tratando de provocarnos
o qué?” Preguntó Ranyi.
“Las peleas con ella no son baratas, sí. No vale la pena.” Dijo Sally
Raven.
“Dejaré a tu criterio si la aceptamos, Diko.” Dijo la Princess
Lightning.
Y luego estaba el Grupo Tres. Tres de ellas —Ranyi, que parecía
una especie de pez de colores; Sally Raven, con su motivo de cuervo;
y Princess Lightning, con tambores en la espalda como cierta deidad
japonesa— actuaban y hablaban igual. Pshuke Prains, que llevaba una
pistola de agua, tenía una expresión oscura mientras murmuraba
maldiciones. Tampoco se veían cambios en ella. La capucha de Diko
Narakunoin ocultaba la mayor parte de su rostro, de modo que sólo se
veía su boca, pero sonreía como si estuviera disfrutando. No era muy
expresiva en su forma humana, pero parecía que al menos podía
mostrar que se divertía con una sonrisa como chica mágica. Pero el
hecho de que no hablara mucho no había cambiado.
Satisfecha de haber captado todos sus nombres, tanto cuando
estaban transformadas como cuando no, Kana asintió mientras
caminaba. Parecía que muchas de ellas tenían algunos cambios de
distinto grado, pero como los grupos siempre se mantenían unidos, no
debería ser un obstáculo en el día a día.
Cuando empezó a pensar en cómo los grupos se mantenían unidos,
de repente, Kana se dio cuenta de su propia posición. Aparte de
Calkoro, que caminaba delante, sus compañeras estaban todas con sus
grupos. Kana había estado tan absorta en la observación de las otras
chicas, que había olvidado que era la única que se alejaba de las demás.
Fuera lo que fuera lo que iba a hacer, tenía que trabajar con las demás,
o podría entorpecer su experiencia. Llevarse bien con todas también
significaba mantener el ritmo de las demás.
Kana aceleró para pasar de la cola de la clase, rebasando al Grupo
Uno para seguir al Grupo Dos.
La cola que salía de debajo del cabello de la nuca de Mephis se
movió, y ella se volvió. Arrugando las cejas, miró a Kana. “Hey,
estudiante transferida. No nos arrastres.”
“Es un lugar interesante para tener una cola.” Dijo Kana.
“¿Me estás escuchando?”
Adelheid se deslizó entre ellos con un “Vamos, vamos” mientras le
daba una palmada en el hombro a Mephis. “Esto no es algo en lo que
tengas que estar tan preocupada por ganar.”
“No quiero perder y que los demás me miren por encima del
hombro.” Resopló Mephis.
Lillian sonrió ampliamente como si no hubiera visto esa reacción.
“No importa el motivo, afrontar una competición de todo corazón es
una postura noble.”
No es sólo su cara; incluso parece religiosa, sintió Kana, pero no
lo dijo. Preguntándose qué diría Mephis, echó un vistazo para ver que
la líder del grupo no expresaba ningún pensamiento en particular sobre
el asunto, sino que miraba fijamente al Grupo Tres.
Al ver que Mephis se enfadaba, Kumi-Kumi le dijo en voz baja:
“Mephis. Por favor… no rompas las reglas.”
“¡Lo sé! No tienes que repetirlo cada vez, vale.”
“Ceñirse a las reglas hace que todas podamos disfrutar del juego.”
Lillian parecía realmente gentil. Mephis era tan beligerante, ¿acaso
no la agravarían sus comentarios pacificadores? Kana miró a Mephis,
pero ni siquiera tocó lo que había dicho Lillian, abriendo la boca para
decir: “Si rompemos las reglas, entonces podemos…” Pero antes de
que pudiera terminar, las tres la detuvieron.
“… Absolutamente no.”
“De ninguna manera.”
“No lo hagamos.”
Kana sintió que el método de regulación interna del grupo estaba
funcionando, y el hecho de que Mephis no discutiera con Lillian era
parte de ello. Su actividad como grupo era la prioridad, así que los
eventos competitivos contra otros grupos no eran el momento para los
conflictos internos. Por lo que veía Kana como forastera, sus otras
compañeras también parecían llevarse bien entre sus propios grupos.
¿Acabaría Kana encajando también en el Grupo Dos y sería capaz de
relacionarse con ellas sin problemas? No podía imaginarse a sí misma
de esa manera, pero decidió tener en cuenta que no era mala idea hacer
de eso un objetivo por ahora.
Mientras tanto, llegaron al gimnasio. Calkoro hizo sonar la gruesa
cerradura de metal, y las grandes puertas se deslizaron a ambos lados.
A Kana le habían dicho que aquel era un lugar para cultivar el cuerpo,
pero no recordaba la frase.
Las paredes y el suelo tenían paneles de madera. Había vigas
expuestas en el techo. Podían caber unas cuatro aulas en el espacio,
que era un poco pequeño para que las chicas mágicas estuvieran
correteando. Había cestas con bolas blancas marcadas con surcos
sinuosos y bolas naranjas cubiertas de finas protuberancias. En las
paredes había anillos con redes adjuntas que parecían ser para meter
las pelotas, sujetos a tableros sostenidos por postes metálicos, mientras
que en el suelo habían trazados grandes dibujos.
Kana se puso en cuclillas y apoyó las manos en el suelo para
acariciar los dibujos. No le resultaban familiares. “¿Son técnicas de
inscripción recién desarrolladas?”
“¿De qué estás hablando?” Kana levantó la cabeza y vio que
Adelheid la miraba con desconcierto.
“Entonces, ¿qué es esto?” Preguntó Kana.
“Líneas de corte.”
“Líneas de corte, ¿eh? Nunca había oído el término.”
“¿Eh? ¿En serio nunca las has visto antes? ¿No estarás esperando
una reacción cómica? ¿No es una broma? Tienes baloncesto, voleibol,
fútbol sala, bádminton, todo y cualquier cosa.”
Kana entrecerró los ojos. Nunca había oído hablar del baloncesto,
el fútbol sala o el bádminton, pero un término, voleibol, sí le parecía
haber oído antes. “Oh, voleibol de playa.”
“Uh, no hay ninguna playa aquí.”
Calkoro hizo sonar su ábaco para llamar la atención de todas,
ordenando a las alumnas que se reunieran. Todas se levantaron
arrastrando los pies, reuniéndose en sus grupos para sentarse frente a
la profesora. Kana también se sentó, detrás de Kumi-Kumi.
“Hoy haremos un simulacro de batalla.” Dijo Calkoro. “Será más
parecido a un combate real que el que tuvimos en abril.”
Y ahora, otro acontecimiento que Kana no había experimentado
nunca antes, salió a relucir. Todas las chicas se quedaron calladas, para
inmediatamente estallar en murmullos. No parecía una reacción de
satisfacción. De hecho, parecían confundidas.
“Pero será la primera vez de recreo para una de nosotras.” Continuó
Calkoro. Varias de las chicas miraron a Kana y luego volvieron a mirar
a la profesora.
“No dañar a sus compañeras. Y nada de dañar el equipo o el
gimnasio. Cualquiera que reciba un golpe limpio de un homúnculo
también está fuera. Si lo bloquean o lo detienen, están a salvo. Estas
reglas son las mismas que la última vez. A continuación, en cuanto a
lo que es diferente: La última vez, cada grupo se enfrentó a
homúnculos, pero esta vez, todas lucharán a la vez en el gimnasio. Por
favor, háganlo lo mejor que puedan hasta que pasen cinco minutos y
yo indique que ha terminado, o hasta que todos los homúnculos sean
destruidos. Sumaremos todos los homúnculos derrotados por cada
grupo, y ganará el grupo que más haya derrotado. Cualquiera que
rompa las reglas abandonará la zona de lucha y subirá al escenario a
observar hasta que termine el simulacro de batalla. Muy bien,
asegurémonos de cumplir las reglas y tengamos una buena pelea.”
Calkoro hizo sonar su ábaco, y con eso como señal, las figuras
negras salieron de detrás de las cortinas del escenario.
◇ Tetty Goodgripp
“¡Pensé que iba a ser softball o algo así! ¡Nooo! ¡Nunca pensé que sería
un simulacro de batalla!” Gritó Rappy.
“Podemos suponer que serás nuestra captadora de puntos, Dory…”
Dijo Tetty. “Oh, sólo ten cuidado de evitar golpear a otros grupos con
tus ataques.”
“Entendido.”
“Creo que una clara división de roles sería mejor que todas nosotras
atacando a los homúnculos.” Continuó Tetty. “Arlie y Miss Ril,
concéntrense en la defensa. Vigilen a los homúnculos, para que los
otros grupos no los tomen.”
“Haré lo que pueda.” Dijo Miss Ril.
“Rappy, tú estarás en el ataque, y esta vez yo también tomaré el
papel de atacante. Realmente no tendríamos suficientes atacantes si
nos dividimos dos a tres, y no podríamos conseguir puntos.”
Les dieron tiempo para reunirse con sus grupos antes de empezar,
y así Tetty les explicó seriamente sus funciones. Había algo en la
decisión de celebrar un simulacro de batalla más realista que la
molestaba. En cuanto empezó a pensar que tal vez no se trataba de un
simple recreo, sino de un acontecimiento importante que afectaría a
sus calificaciones, no pudo dejar de hacerlo, y el pensamiento
permaneció en su mente.
Calkoro parecía haber explicado de la misma manera superficial
que siempre, pero Tetty percibió un indicio de preocupación en su
rostro y en la forma en que salían sus palabras. Además, a Tetty le
molestaba que lo hicieran ahora, cuando la estudiante transferida
acababa de llegar. Kana aún no estaba acostumbrada a las cosas en la
escuela, así que hacer las cosas habituales de la manera habitual sería
lo más fácil para ella. Pero ahora estaban teniendo tiempo de recreo,
que era un evento especial, y lo que es más, era un simulacro de
combate. ¿No era natural suponer que la profesora estaba tratando de
averiguar sus habilidades?
Tetty miró casualmente a la profesora. Calkoro miró al Grupo Uno,
luego al Grupo Dos, luego al Grupo Tres, luego al Grupo Dos, y
después de comprobar el reloj, volvió a mirar al Grupo Dos. Los
observó más que a los demás. Había algo sospechoso en su mirada. Era
la mirada de alguien que intenta hacer una evaluación. El ama de casa
de la calle de abajo, la Sra. Kinoshita, que era una chismosa y a la que
llamaban el altavoz del barrio, había observado a menudo a otras
personas de ese modo.
Después de todo, está preocupada por la estudiante transferida.
Los simulacros de batalla eran más sencillos que los deportes de
equipo. Se veían muy claramente las capacidades físicas de alguien y
se usaba la magia con mucha claridad. No había mucho espacio para
colar algún truco.
“¡Espera, parece que nuestro grupo está en desventaja!” Gritó
Rappy. “¡Esto va a ser duro!”
“Si practicáramos un deporte normal, Tetty podría brillar en
cualquiera de ellos.” Dijo Miss Ril.
“¡Sería bueno si pudiéramos hacer algo interesante! ¿Tienes alguna
buena idea, Tetty?”
Con la discusión repentinamente dirigida hacia ella, Tetty tosió
automáticamente y ajustó el tono de su voz antes de volverse hacia
Rappy. “¿Por qué… me preguntas algo así?”
“¡Estabas mirando la cancha, así que pensé que se te ocurriría
algo!”
“No, no, realmente no lo he hecho… Ya sabes, estaba pensando que
si estamos haciendo un simulacro de combate realista, eso significa
que nos están calificando.”
“¡Entonces tenemos que hacerlo lo mejor posible! De hecho, ¡yo
también tengo un montón de ideas!”
“¿Qué tipo de ideas?” Preguntó Miss Ril.
“¡Primero, uso mi envoltorio!” Dijo Rappy. “Y luego como, bueno,
¡muchas cosas!”
“Um, si vamos a hablar de estrategia, deberíamos estar un poco más
tranquilas…” Señaló Tetty.
Mientras se reía con las demás, por el rabillo del ojo, Tetty miró a
Calkoro. Ella volvía a mirar al Grupo Dos. Tetty cambió su mirada,
captando al Grupo Dos en su vista. Mephis estaba hablando,
prácticamente gritando. Tetty no podía saber si Kana estaba
escuchando o no. Las cosas también son difíciles para Mephis, pensó
Tetty con simpatía, aunque no era su problema.
◇ Ranyi
“¿Por qué un simulacro de batalla ahora?” Se preguntó Ranyi en voz
alta, y tanto Lightning como Sally la miraron: la expresión de
Lightning no cambió en absoluto, mientras que la cara de Sally era de
cierta lástima.
“Me imagino que están tratando de comprobar las habilidades de la
estudiante transferida, sí.” Dijo Sally. “Ya que implicaría todo lo
físico, a diferencia de los deportes de pelota.”
“Mira, vuelve a observar a la estudiante transferida. Calkoro está
muy concentrada en ella.” Dijo Lightning.
Al ver sus reacciones, Ranyi se dio cuenta tardíamente de que ya
no se estaban preguntando “¿Por qué un simulacro de batalla?”
Ambas entendían que esto ocurría para que Calkoro pudiera evaluar
las habilidades de combate de Kana y habían seguido adelante. Ranyi
era la única que no se había dado cuenta y había hecho una pregunta
tonta, lo que hizo que Sally se apiadara de ella. Ranyi supuso que
Lightning sólo pensaba en ella como un árbol parlante o una roca.
Pero si Ranyi se deprimía por cosas como esa cada vez, entonces sí
que acabaría siendo patética, así que puso un tono deliberadamente
alegre y dijo: “Oh sí, por supuesto”, con una palmada.
“¿Y qué hacemos?” Preguntó Sally. “También queremos conocer
las habilidades de la estudiante transferida, ¿sí?”
“Dar a Calkoro lo que quiere es bastante enojoso, pero supongo que
no tenemos otra opción.” Dijo Lightning.
Ranyi no sabía lo que significaba “enojoso”, pero sabía lo
suficiente como para hacer una pregunta aquí para no terminar la
conversación. “La estudiante transferida ha estado yendo al nuevo
edificio de la escuela, ¿no es así?”
Pshuke dejó momentáneamente en suspenso sus maldiciones y
miradas a los otros grupos para dirigirse a Lightning. “Que se muera…
Que termine muriendo… metiendo las narices en los sitios; está
investigando algo.”
Lightning se llevó una mano a la boca y abrió los labios sin emitir
ningún sonido. Eso significaba discutir para que los otros grupos no
pudieran escuchar. Todos los miembros del Grupo Tres podían leer los
labios.
“Intentemos ponernos un poco serias con esto.” Dijo Lightning, y
Pshuke respondió: “¿Por qué molestarse?” Irritada. “Ya que
queremos ver lo que puede hacer la estudiante transferida.”
Respondió Lightning: “Y quiero ver la frustración en la cara de
Mephis.” Continuó con una sonrisa encantadora.
A pesar de sentirse prácticamente hipnotizada por la sonrisa de
Lightning, Ranyi también expuso una serie de ideas propias, y el
Grupo Tres habló de estrategia: cómo derrotarían a los homúnculos de
forma eficiente, y cómo sacarían lo mejor de los otros grupos.
Finalmente, Calkoro llamó a todas para que se reunieran, y Diko
mostró una sonrisa dentada.
◇ Calkoro
Mientras observaba cómo las alumnas discutían con sus grupos,
Calkoro pensó en lo que había sucedido aquella tarde. Había ido al
despacho del director para informar a Halna de cómo estaba Kana, pero
allí se había enterado de la impactante jugada de Kana. Acudir a la
directora —la gran subjefa de la Oficina de Información— para
preguntar quién había recomendado a todas las estudiantes no era el
acto de una persona cuerda.
Es más, Halna dijo que acababa de decirle a Kana lo que quería
saber. Ambas cosas eran absolutamente inusuales. Kana estaba
cruzando casualmente cualquier línea que Calkoro pudiera concebir.
Cuando se trataba de Halna, Calkoro pensaba que ser así tenía que ser
la razón por la que había tenido un éxito tan inusual en su carrera,
mientras que se imaginaba que el hecho de que Kana se metiera en
cosas así tenía que ser lo que la había llevado por la ruta del arresto al
encarcelamiento. Ninguna de las dos era el tipo de persona que Calkoro
quería en su vida, pero como ahora estaba involucrada, le gustara o no,
no tenía más remedio que relacionarse con ellas, aunque cuidando de
que el daño no se extendiera a ella misma.
Halna había dicho que lo había hecho para ver qué haría Kana con
la información. Dijo que quería averiguar por qué Kana había entrado
en la escuela y qué capacidad tenía. Y en cuanto a las capacidades,
Halna había ordenado a Calkoro que mantuviera el tiempo de recreo
para poder determinar sus capacidades físicas y observarla.
Calkoro dudaba que fuera realmente tan fácil, pero no podía
discutir.
Con el pensamiento casual de que un simulacro de batalla —y uno
más realista— podría ser mejor que los deportes de equipo para juzgar
el atletismo básico, se había decidido a hacer un simulacro de batalla.
Todo lo que había pensado era: Bueno, toca hacerlo lo mejor posible,
supongo, pero por alguna razón, los Grupos Uno y Tres estaban
discutiendo con un entusiasmo inusual.
Aunque Calkoro estaba muy inquieta por esto, no podía retractarse
ahora. Así que comprobó las cámaras de seguridad instaladas en el
gimnasio para poder, al menos, hacer una grabación adecuada, si
ocurría algo.
◇ Kumi-Kumi
Nunca llegaron a hablar de cómo ganarían el simulacro de batalla.
Como uno de los miembros de su grupo no había luchado nunca con
homúnculos —más exactamente, no lo recordaba—, el resto del Grupo
Dos se movilizó para asegurarse de que Kana memorizara las reglas
básicas y lo que eran los homúnculos de entrenamiento. Cuando por lo
hubo entendido todo, la batalla estaba a punto de comenzar. Calkoro
hizo sonar el silbato.
“Vamos a empezar ahora, así que por favor, reúnanse.”
El Grupo Uno estaba a la derecha de la entrada, el Grupo Dos estaba
a la izquierda de la entrada, el Grupo Tres estaba en el centro, frente al
escenario, y el grupo de unas pocas docenas de homúnculos estaban
reunidos en el centro del gimnasio en un círculo de espaldas unos a
otros. Los homúnculos, de color negro azabache y sin rasgos, no tenían
ojos, nariz ni boca. Aparte de eso, su hechura era simple: Apenas se
podían identificar sus brazos y piernas. Las unidades para la práctica
eran especialmente sencillas en su construcción. Kumi-Kumi había
oído antes que era para que destruirlos no causara tensión mental. Pero
cuando realmente intentabas luchar contra ellos, tenías que preguntarte
si era una simple cuestión de presupuesto.
Calkoro dio el pitido inicial.
Los homúnculos se dividieron en grupos y entraron en acción, y las
chicas mágicas se pusieron en movimiento todas a la vez. Con
Lightning a la cabeza, el Grupo Tres atacó a los homúnculos como una
sola flecha, mientras que Arlie, del Grupo Uno, salió corriendo en
ángulo para obstruirlos. Del Grupo Dos, sólo Mephis se dirigió hacia
el Grupo Tres, mientras los demás miembros corrían hacia los
homúnculos.
“¡Vamos!”
Rappy y Tetty hicieron girar a Dory, que estaba envuelta, y la
lanzaron como una honda. La fuerza centrífuga aceleró a Dory y la
lanzó contra un grupo de homúnculos. La punta de su taladro golpeó a
uno de ellos, desgarrando su torso y rociando fluidos a su alrededor.
Dory lanzó su taladro con un chillido salvaje, y la herramienta giratoria
hizo un ruido chirriante al derribar otro. Los homúnculos respondieron
rápidamente, reconstruyendo su formación en círculo, cubriéndose
unos a otros mientras se alejaban del taladro.
Kumi-Kumi enarcó las cejas. Era frustrante que Dory hubiera
robado la primera sangre, pero reconocía el buen trabajo en equipo del
Grupo Uno. Ese no era el problema. El problema era el
comportamiento de los homúnculos.
No habían parecido nada inteligentes en los simulacros de batalla
anteriores. No habían sido más que sacos de arena que obedecían la
señal de ataque de Calkoro y luego eran derrotados. Pero esta vez,
respondían a las acciones de Dory y se coordinaban como grupo en la
batalla. Y cuando hacían cosas como golpear o patear, evitaban
obstruir a los otros homúnculos y apuntaban a la espalda de sus
enemigos. Si su funcionalidad había sido mejorada, entonces las chicas
no podían luchar igual que antes.
Kumi-Kumi bajó su pico, golpeando a la manada de homúnculos
que iba un poco por detrás de los demás. El homúnculo retrocedió y su
golpe barrió el aire, pero Lillian había ensartado un hilo azul marino
en la piqueta, que la arrastró en un salto volador más allá de Kumi-
Kumi para patear al enemigo. Lillian golpeó al homúnculo en la cara
con ambos pies, haciéndolo retroceder. Dejando a un lado el intelecto,
parecía que su durabilidad no era muy diferente a la de la última vez.
Mientras tanto, Lightning, Sally y Pshuke del Grupo Tres habían
superado a Arlie y Mephis para alcanzar a los homúnculos. Si el Grupo
Dos no se movía, el Grupo Tres se llevaría todos los puntos. Adelheid
golpeó a un homúnculo, abriéndolo en canal, pero fue una herida
superficial. Las otras unidades acudieron inmediatamente en su ayuda,
impidiendo que Adelheid lo rematara. Pero eso también significaba
que tres homúnculos estaban ahora reunidos en un solo lugar. Lillian
lanzó un gran ovillo de hilo con un ligero golpe bajo, y Kumi-Kumi
blandió su pico con toda la fuerza que pudo. El ovillo se convirtió en
pequeños cubos que golpearon a los homúnculos como si fueran
perdigones, y cuando éstos se estremecieron, Adelheid intervino como
un trueno para dar tres tajos con una velocidad aterradora, rebanando
las formas negras en pedazos.
Una unidad trató de huir, a pesar de estar destrozada, pero Kumi-
Kumi bloqueó su huida, levantando su pico para clavarlo en el
homúnculo. El pico desmontaba los objetos inanimados en cubos, pero
su magia no tenía efecto sobre las criaturas vivas, así que funcionaba
como un arma directa.
Lanzó el homúnculo empalado de su arma. Salió volando casi hasta
el techo y luego cayó al suelo con un estruendo. Los fluidos negros se
esparcieron por todas partes, golpeando también a Kumi-Kumi, pero
no olía ni era venenoso, y desapareció inmediatamente.
Muy bien, toca el siguiente, estaba pensando, preparando su pico,
cuando Calkoro hizo sonar el silbato.
“Bien, deténganse. Todas quietas y quédense donde están, por
favor.”
Al mirar, Kumi-Kumi vio a Princess Lightning con la mano
levantada. Mientras todas murmuraban: “¿Qué ha pasado?” Lightning
se acercó a Calkoro, y ambas intercambiaron unas palabras; acompañó
a la profesora al lugar donde acababa de caer el homúnculo, señalando
el suelo mientras decía algo.
Calkoro agitó las cuentas de su ábaco mientras se inclinaba hacia
el suelo, y luego asintió. “Reconozco la observación de Lightning.
Kumi-Kumi, estás fuera.”
“¿Eh…? ¿Por qué yo?”
“El impacto de la caída del homúnculo abolló el suelo.”
Kumi-Kumi se había excedido. Ahora que lo pensaba, realmente
no había sido necesario lanzarla hasta el techo. Con los abucheos de
Mephis siguiéndola, los hombros de Kumi-Kumi se desplomaron, y
subió al escenario para sentarse allí sola con las rodillas por delante,
observando.
“Muy bien, reanuden el ejercicio.” Calkoro hizo sonar su silbato, e
inmediatamente comenzó a mover las cuentas de su ábaco. Parecía que
estaba calculando los puntos de cada grupo. Kumi-Kumi volvió a mirar
hacia la zona de combate. A poca distancia del grupo de homúnculos,
dos chicas mágicas se enfrentaban. Eran Mephis y Diko. Kumi-Kumi
prefería que Mephis tratara de obstruir a todo el Grupo Tres en lugar
de distraer a Diko, pero si le preguntaba a Mephis, seguro que le decía
que la mejor manera de luchar era uno a uno.
“Vamos y esfuérzate un poco más, Diko.” Mephis le dedicó una
sonrisa amenazante, y Diko respondió levantando las comisuras de los
labios en una sonrisa. Las dos chicas mágicas continuaron
enfrentándose, mirándose fijamente. Estaban tan cerca que sus
hombros casi chocaban, pero no se tocaban. Todo el mundo recordaba
que Calkoro había explicado que atacar a los compañeros de clase iba
en contra de las normas. Mephis y Diko echaron a correr casi al mismo
tiempo. La boca de Mephis se movió, y las mejillas de Diko se
torcieron en un espasmo. Mephis estaba susurrando algo a Diko.
Las palabras del demonio corromperían el alma. Si Mephis
susurraba: “No tienes que trabajar tanto; esto es sólo un viejo y tonto
tiempo de recreo, ¿verdad?”, hacía que Diko pensara: “Sí, es cierto”,
y se convencía a sí misma de que era cierto, y se encontraba aflojando.
Para una chica mágica que conocía la magia de Mephis y tenía una
fuerte fortaleza mental, no era más que un leve estorbo, pero cuando
se estaba en medio de la concentración dura y la lectura del otro, ese
estorbo obtenía resultados mucho más agradables.
Diko intentó deslizarse por debajo del brazo de Mephis como si
estuviera deslizándose hacia una base, pero antes de que pudiera, la
mano de Mephis se extendió. Lanzó el brazo de la forma más perfecta
para que no se viera como un ataque. Diko sonrió, y el medallón de su
brazo se transformó, adoptó la forma de una criatura viva, y un gran
ojo se abrió en el centro.
En el momento en que su medallón tuerto abrió el ojo, Diko
desapareció. Mephis chasqueó la lengua, corriendo hacia adelante.
Esta era la magia de Diko. Podía desvanecerse en cualquier momento,
aunque sólo por un instante. Cuando habían jugado al escondite
durante el recreo, ella había utilizado esta magia para dominar el juego.
Y Mephis se había enfadado más que cualquiera de ellas. Esto debe
haberle traído ese recuerdo, ya que estaba gritando mientras perseguía
a Diko. Realmente parecía que Diko era la que estaba jugando con ella.
Tal vez tener a Diko lidiando con Mephis era el plan del Grupo Tres.
Kumi-Kumi se llevó las manos a la boca como si fuera un
megáfono y gritó desde el escenario: “¡Mephis! ¡Diko no importa! ¡Ve
a por los homúnculos!”
“¡A la mierda!” Gritó Mephis, ignorando totalmente las
instrucciones de Kumi-Kumi. Ella y Diko corrían una al lado de la otra
a una distancia fija, alejándose poco a poco de donde estaban las
demás. Era obvio que estaban jugando con ella tal y como Diko quería,
pero Mephis era la única que no se había dado cuenta.
Y en el escenario principal de la acción, una espesa niebla
bloqueaba el campo de visión. Era la magia de Pshuke del Grupo Tres.
Kumi-Kumi se centró en la niebla para intentar ver lo que ocurría
dentro, pero no pudo ver a través de ella. Se podían ver algunas figuras
nebulosas allí dentro, pero ni siquiera estaba claro si eran homúnculos
o chicas mágicas. ¿No dificultaría eso que incluso el Grupo Tres
pudiera hacer algo? ¿Qué estaban tratando de hacer? Kumi-Kumi
podía oír algo que se movía y algo que chocaba, pero seguía sin saber
qué estaban haciendo. El sonido de las cuentas del ábaco que se movían
cerca también se fue calmando. No había forma de que el árbitro
contara.
Entonces alguien gritó desde el interior de la niebla. “¡Árbitro!”
La niebla se despejó. Todas las chicas mágicas y los homúnculos
habían dejado de luchar, y uno de ellos miraba a su alrededor. La
mirada de Dory se detuvo en su taladro caído, que recogió alegremente.
Lightning señaló a Dory y luego gritó con una voz encantadora y
sonora: “Dory dañó el suelo cuando se le cayó el taladro.”
Dory gemía con fuerza. A veces se podían distinguir las palabras
“me obligó” mezcladas con sus lamentos. En otras palabras, insistía en
que no se le había caído a ella misma, sino que alguien la había
obligado a dejarlo caer. Lightning se encogió de hombros con
sarcasmo. No había pruebas, ya que nadie había podido ver a través de
la niebla. Si alguien hubiera podido acercarse, tal vez lo habría visto,
y si lo que Dory insistía era cierto, entonces probablemente alguien se
había acercado a ella y le había hecho soltar el arma, pero si nadie lo
había visto, entonces lo que ella decía no contaba.
“¡Alto!” Alguien pidió que se detuvieran. Era Rappy.
Rappy, al lado de Dory, se puso en cuclillas en el lugar, alcanzando
el suelo para recoger algo. Estaba despegando una envoltura
transparente. Toda la zona había sido cubierta por su envoltura mágica.
Calkoro se acercó y comprobó el suelo, luego hizo un gran círculo
con sus brazos. “¡Todo bien! ¡No hay daños!”
El Grupo Uno gritó de alegría y Dory abrazó a Rappy.
Lightning se apartó de Dory como si hubiera perdido el interés y, a
continuación, señaló a Adelheid. “Entonces ella, árbitro.”
“¡Espera, no, aguarda un momento! ¡Alguien me ha dado un golpe
con un sable!” Adelheid sostenía su sable militar en los brazos, pero
parecía que acababa de recogerlo después de dejarlo caer.
La respuesta del Grupo Tres a la afirmación de Adelheid de que
había habido violencia en la niebla fue argumentar rotundamente que
no habían hecho tal cosa, insistiendo en que no había pruebas de vídeo.
El hecho era que, como todo había quedado cubierto por la niebla,
nadie, aparte de los implicados, había captado ningún tipo de violencia.
El arbitraje de Calkoro fue algo neutral y algo descuidado: Hizo
que, a partir de ahora, Pshuke no usara su magia, al tiempo que
reconocía que Adelheid había roto las reglas. Mirando a Mephis,
Kumi-Kumi vio que miraba con ojos asesinos al Grupo Tres.
“¡Mephis! ¡Mantén la calma!” Kumi-Kumi llamó.
“¡No puedes perder la cabeza! ¡Eso es justo lo que quieren!”
Adelheid gritó junto a ella, y Kumi-Kumi desvió su mirada hacia el
Grupo Uno. El Grupo Tres iba más allá de las reglas, las estaba
rompiendo, pero el Grupo Uno también estaba jugando a un juego muy
cerrado. Rappy se había anticipado completamente al truco del Grupo
Tres de bloquear el campo de visión para romper las reglas. Pensando
en ello, parecía que tanto el Grupo Uno como el Tres se las habían
arreglado para tener una reunión de estrategia completa en el tiempo
previo al inicio del simulacro de batalla. El Grupo Dos había perdido
ese tiempo exclusivamente en explicarle las cosas a Kana; nunca
tuvieron tiempo de elaborar un plan.
Ah, sí, ¿qué ha estado haciendo hace Kana? Se preguntó Kumi-
Kumi y miró para verla de pie frente a un homúnculo, no especialmente
en posición de combate.
En cuanto a lo que había estado haciendo, quedó claro cuando sonó
el silbato de Calkoro. Estaba hablando con los homúnculos. Se suponía
que su magia era para obtener respuestas al hacerles preguntas o algo
así. ¿Intentaba hacer preguntas a los homúnculos para conocer sus
puntos débiles?
“¡Kana! ¡Lucha!” Gritó Kumi-Kumi.
“¡No puedes estar ahí parada!” Añadió Adelheid.
La cabeza de Kana se volvió hacia ellas, y abrió la boca para decir
algo, pero entonces recibió una patada en un lado de la cabeza por parte
de un homúnculo y cayó, su espalda golpeó el suelo para rodar y
deslizarse.
A fin de cuentas, el poder de ataque de los homúnculos no era
ninguna broma. Durante el simulacro de batalla de abril, Kumi-Kumi
aún no se había acostumbrado a él, y también se había llevado unos
cuantos buenos golpes.
Mephis estaba jugando al pilla-pilla con Diko. Ambas estaban
haciendo uso de innumerables técnicas de alto nivel, con sus fintas, la
magia que tejían, cómo fingían con sus ojos, sus movimientos
corporales y su juego de pies. Pero en el sentido de que no podían
contarse como una ventaja para sus equipos, no eran diferentes de
Kana.
Un cuervo que brillaba con el color de la oscuridad se elevó hasta
rozar el tejado, y desde allí se dejó caer repentinamente hacia el suelo
a los pies de Lillian. Era el cuervo de Sally Raven, controlado por su
magia.
No intentaba chocar con Lillian, sólo agitaba sus alas alrededor de
sus piernas para interponerse en su camino, haciendo que Lillian se
viera obligada a caminar. Al ser la única atacante que le quedaba al
Grupo Dos, tenía que luchar, pero no podía enfrentarse a los
homúnculos cuando el cuervo se interponía en su camino.
“Esa cosa de Sally es falsa.” Se quejó Adelheid.
“Parece que… Calkoro… no va a tocar el silbato.” Dijo Kumi-
Kumi.
“Eso fue una verdadera molestia cuando jugábamos al béisbol. Así
que todo vale cuando se trata de una invocación, ¿es eso?”
Sally hizo que su cuervo obstruyera mientras ella atacaba a los
homúnculos, derrotando a uno en un ataque en pinza entre ella y
Lightning. Mostró su espalda para invitar al homúnculo a atacar, luego
bloqueó su campo de visión con su propio cuerpo mientras hacía que
Lightning atacara por encima de su hombro para derribar a otro, y
cuando un homúnculo vino balanceándose hacia ella, lo derribó de un
puñetazo por la espalda, y sonó el silbato.
“Sally Raven, violación de las reglas.”
Ah, pensó Kumi-Kumi y miró para ver que el homúnculo que Sally
había golpeado no era un homúnculo. Era Miss Ril, que había dejado
todo su cuerpo negro como un homúnculo. Tomando la mano de Tetty
para ponerse en pie, arrancó de la palma de su mano el fragmento negro
que había estado sosteniendo y se lo entregó a Arlie. Arlie clavó el
fragmento en el punto de su armadura de hombro donde había un
espacio libre.
Miss Ril podía utilizar cualquier mineral que tuviera en la mano
para transformar el material de su cuerpo. Al agarrar un fragmento de
la armadura de Arlie, había convertido todo su cuerpo en negro, y
luego se mezcló entre los homúnculos atacantes para acercarse a Sally
y recibir un golpe. Pensando en ello ahora, la textura de la armadura
de Arlie se parecía un poco a los cuerpos de los homúnculos.
Cuando Sally subió al escenario con expresión tímida, Adelheid le
sonrió. “Ya has metido la pata, Sally.”
“Síííííí, me han pillado. Aunque yo quería marcar unos cuantos
puntos más.”
“Hoy todas las del Grupo Tres están en bastante emocionadas, ¿eh?
Creía que sólo éramos nosotras las que nos volvíamos locas por esto.”
“Ahhh sííííí, eso es a petición de Su Alteza. Ella ha sido
inusualmente entusiasta sobre esto por alguna razón.”
Eso significaba que Sally estaba trabajando muy duro para Princess
Lightning. Si Kumi-Kumi preguntara: “Entonces, ¿por qué quiere eso
Lightning?” Sally probablemente no respondería.
Con Sally fuera, ya no podía intervenir con sus cuervos, y ahora
había más espacio en el campo de batalla.
Las atacantes del Grupo Tres eran Lightning y Pshuke. Pero si
Pshuke se equivocaba al disparar su pistola de agua, haría algo más
que golpear a los homúnculos, y además se le había prohibido obstruir
la vista con la niebla, por lo que no tenía más remedio que luchar
cuerpo a cuerpo. Con Rappy y Miss Ril obstruyéndolas, la primera
blandiendo su envoltorio para defenderse y la segunda con su figura
cegadora brillando cada vez que se movía, tratando de ser golpeada si
era posible, realmente parecían estar pasándolo mal.
El Grupo Uno tenía a Dory y Tetty a la ofensiva. Dory se lanzaba a
dispersar a los homúnculos, y cuando éstos huían, Tetty los agarraba,
arrancando las partes que tenía en sus manos. Cuando sujetaba un
brazo, lo arrancaba, y cuando agarraba una cabeza, la aplastaba: un
espectáculo absolutamente espantoso. Por su parte, Tetty se limitó a
hacerlo de forma desapasionada y mecánica. Ranyi intentaba
obstaculizar al Grupo Uno, pero la férrea protección de Arlie no le
permitía acercarse.
El único atacante que tenía el Grupo Dos en este momento era
Lillian. Hacía trampas para atrapar los tobillos, enredaba a los
enemigos con un látigo y bloqueaba los ataques con un escudo, sólo
para desenredar al instante el escudo en una red para capturar, jugando
con los homúnculos con su tejido de colores del arcoíris, pero carecía
de suficiente poder de ataque para acabar con un homúnculo de un solo
golpe.
“¡Mephis! ¡Te necesitamos!” Gritó Kumi-Kumi.
“¡Mephiiiis! ¡Sólo deja en paz a Diko!” Adelheid se hizo eco de
ella.
Mephis aulló. Ni siquiera intentaba ocultar su ira. Diko,
enfrentándose a ella, esquivó hacia la derecha, evadiendo la carga de
Mephis. Mephis no bajó la velocidad, y se lanzó contra la multitud de
homúnculos. Kumi-Kumi personalmente hubiera preferido que
trabajara junto a Lillian para luchar, pero si gritaba eso ahora, quién
sabía si Mephis la oiría. Estaba tan enfadada que tenía la cara y los ojos
rojos.
Un homúnculo trató de bloquear la patada de Mephis y salió
despedido hacia atrás—Lillian lo atrapó con un escudo, y Mephis
corrió hacia él y le dirigió dos jabs, y luego un recto con toda su espalda
para aplastarle la cabeza.
Aunque Mephis no lo entendiera, Lillian lo haría. Si ella podía
hacer un buen trabajo de apoyo, aunque fuera poco probable que
ganaran, tal vez podrían conseguir el segundo puesto.
Justo cuando la luz de la esperanza que Kumi-Kumi no había visto
antes, ni siquiera en un parpadeo, empezaba a brillar, Miss Ril se
acercó. Puesto que ahora el Grupo Dos tenía más fuerza de combate,
era lógico que el Grupo Uno viniera a obstruir, pero Mephis rugió
como si dijera que obviamente estaba en su derecho, enseñando los
dientes a Miss Ril como una amenaza animal.
“¡Mephis! ¡Cálmate! ¡No ataques a Miss Ril!” Gritó Kumi-Kumi.
“¡Dos chicas fuera es suficiente!” Adelheid se sumó.
Con cara de estar aplastando su ira entre los dientes, Mephis golpeó
a un homúnculo. Como ahora se cuidaba de no tocar a Miss Ril, no
pudo abatirlos tan rápido como antes.
El equipo atacante del Grupo Tres había perdido un obstructor, y
tenían a Diko de vuelta, así que recuperaron su impulso. Diko se
desvaneció y se colocó detrás de un homúnculo, y ella, Lightning y
Pshuke lo atacaron por delante y por detrás. Siguieron eliminando
homúnculos a buen ritmo.
Las cosas seguían marchando sin problemas para el Grupo Uno,
que no tenía obstáculos. Tetty era la muerte al contacto, y Dory era
increíblemente buena desordenando a los homúnculos, así que con
ellas como equipo, los homúnculos no eran nada para ellas, sin
importar cuántos fueran.
Miss Ril se volvió hacia el Grupo Tres. El Grupo Dos no parecía
competir por el primer puesto, así que parecía que en lugar de
obstruirlos, ella consideraba que lo mejor era volver a obstruir al Grupo
Tres. El Grupo Dos debería estar muy agradecido de que pensara así,
pero conociendo a Mephis desde hace tanto tiempo, Kumi-Kumi sabía
que lo vería como un insulto, básicamente: “No vale la pena prestarte
atención.”
Mephis aulló. Presa del pánico, Miss Ril comenzó a girar hacia ella.
Mephis se adelantó hacia un lado, en la dirección opuesta a la que
había girado la cabeza Miss Ril. Su velocidad inicial fue increíble. Con
su segundo paso, dejó atrás a Miss Ril, y luego con su tercer paso, hubo
un rayo de luz.
Sonó un crujido explosivo, seguido de una intensa luz que hacía
difícil mantener los ojos abiertos. Sally, que había estado observando
la batalla desde el escenario, gritó de dolor, mientras Adelheid gritaba:
“¡¿Qué demonios?!” Y si la luz era tan potente vista desde el escenario,
verla de cerca tenía que ser insoportable. Los ojos entrecerrados de
Kumi-Kumi se abrieron poco a poco, y vio lo que pasaba. Mephis
estaba acurrucada en el suelo, presionando sus dos ojos. Un homúnculo
se acercó por detrás, balanceando el brazo; Tetty saltó desde un lado,
apartó a Mephis y agarró las garras del homúnculo para aplastarlas.
Calkoro hizo sonar el silbato. “Tetty Goodgripp, violación de las
reglas por atacar a Mephis Pheles.”
Tetty se limitó a murmurar “Ah”, bajando los hombros. Debió de
actuar de forma improvisada. Olvidar que iba contra las reglas y
defender a Mephis parecía algo que Tetty haría. La respuesta de
Mephis fue igualmente predecible.
Mephis se levantó y puso sus manos sobre los hombros de Tetty.
“¿Creías que me estabas salvando?”
“Bueno, um, escucha. Es como si mi cuerpo se hubiera movido,
¿sabes?”
Mephis estrelló la parte superior de su cabeza contra el puente de
la nariz de Tetty, y Kumi-Kumi se apresuró a detener la pelea.
◇ Pythie Frederica
Las chicas mágicas de cristal bailaban sobre la araña que colgaba del
techo. El artículo se había hecho por encargo con el motivo de un farol
giratorio, y también había encargado cada una de las chicas mágicas
individualmente a artesanos de primera categoría. Apareciendo y
desapareciendo, había una rockera punk que rasgaba una guitarra que
rociaba notas mágicas, una chica con bata blanca y gafas sobre un traje
de baño, una colegiala que sostenía un arma como una lanza o una
naginata, y un payaso que hacía malabares mientras hacía equilibrio
sobre una pelota, así como otras chicas mágicas.
En contraste con la lujosa lámpara de araña con incrustaciones de
oro, el interior de la habitación que iluminaba era muy sencillo. Tenía
dos sofás enfrentados, una gran mesa y una alfombra de cuadros.
En el sofá más pequeño estaba la chica mágica de estilo adivino
Pythie Frederica, sentada despreocupadamente con las piernas
dobladas hacia un lado, mientras que en la esquina de la habitación se
agachaba una chica mágica atada con cadenas y talismanes. Ni siquiera
se movía, y sólo con mirarla era difícil saber si estaba viva o muerta.
Frederica sacó una montura suave al tacto y la colocó encima de la
mesa. Le habían dicho que era un artículo de la más alta calidad, hecho
de seda artesanal con infusión mágica. Luego colocó su bola de cristal
en la montura, que era excepcionalmente estable; mantenía su bola de
cristal perfectamente en su sitio, y la calidad del cojín la sostenía
adecuadamente. Siempre era muy satisfactorio seleccionar
personalmente un artículo, independientemente del gasto.
Frederica acarició la bola de cristal con la mano derecha. En cada
uno de sus dedos había un cabello diferente envuelto.
Una imagen apareció en su bola de cristal. Una chica mágica con
un pequeño plato en la mano derecha estaba frente a una gran olla, con
el ceño fruncido. Su corbata azul se agitaba con el calor que salía de la
olla. Parecía que Panas estaba trabajando duro en su hobby de nuevo
ese día. ¿Qué tipo de ramen se le ocurriría?
“Los sabores no se unen. Puse demasiados hongos; tal vez por eso
está tan desordenado.”
Parecía que cocinar su caldo no había salido bien. No poder
disfrutar del olor y el sabor de lo que estaba viendo era uno de los
muchos defectos de la magia de Frederica. Como no quería ser
torturada una y otra vez por la comida de aspecto sabroso que colgaba
delante de ella, cambió la imagen.
Las chicas mágicas estaban reunidas en lo que parecía estar detrás
de una escuela. Eran chicas de la Facción Caspar, la Guardia de Élite
que asistía a esa escuela, además de Adelheid, y parecían estar
hablando de algo.
“Son unas inútiles.”
“No… Mephis… no puedes… criticar a las demás, esta vez…”
“¿Qué fue eso?”
“Si hablas de quién es inútil, entonces Kumi-Kumi y yo también lo
éramos, por haber sido expulsada antes. Y Kana, bueno, no era útil. Y
tuviste a Diko dando vueltas todo el tiempo, Mephis, huyendo del
juego. La única que hizo un buen trabajo esta vez fue Lillian, ¿no
crees?”
“¡Diko es la mayor arma de ese juego, y yo la estaba alejando del
campo de batalla! ¿Qué quieres decir con que no estaba haciendo mi
trabajo? ¡Eso es una mierda! ¡Me estaba rompiendo el culo!”
“Incluso si estuvieras rompiendo tu trasero allí, creo que empezar
una pelea con Tetty y ser expulsada del campo te pone fuera.”
“¡Eso fue culpa de Tetty! ¡Esa pequeña perra!”
Qué desperdicio, tener una pelea tan trivial cuando tenían esta gran
oportunidad de ser chicas mágicas en la escuela media. El mero hecho
de verlo era deprimente, así que Frederica cambió la imagen.
Un mago y una chica mágica estaban frente a frente en lo que
parecía una sala de recepción con sofás. El mago era un agente de la
Facción Caspar, mientras que la chica mágica era una veterana de la
Escuela de Preparación Archfiend. Ambas eran unas intrigantes
bastantes malvadas.
“Necesito algunas chicas mágicas.” Dijo el mago. Parecía que
acababa de salir a escondidas de una fiesta de Halloween, con su traje
azul marino, su corbata gris y su sombrero triangular. La chica mágica,
que estaba más que relajada en el sofá —básicamente tumbada— se
enderezó para escucharle.
“Me gustaría que me presentaras a algunas de las graduadas
disponibles de la Escuela de preparación Archfiend.” Continuó el
mago.
“¿Otra vez? Te presenté a Amy y a Monako, ¿no? E incluso a
Adelheid.”
“Oh no, estoy agradecido por eso. Todas las chicas mágicas que nos
has traído han sido maravillosas. No obstante, otra vez nos hemos
quedado cortos de ayuda.”
“Suenas como una tienda de conveniencia que siempre está
contratando a tiempo parcial.”
“Si te refieres al ambiente de trabajo explotador… Bueno, mis
quejas no nos llevarán a ninguna parte. Sea como sea, sólo necesitamos
personal.”
“Si estás reuniendo todas las que puedas, serán un montón de
chicas. ¿Tratando de vaciar sus bóvedas de dinero?”
“Me han dicho que podemos limpiar las arcas de la Facción
Caspar.”
La chica mágica se puso en pie. “¿Qué estás tratando de hacer?
¿Intentas dar un golpe de estado? No puedo aconsejar eso, ¿de
acuerdo?”
“No te preocupes; no es nada tan difícil como un golpe de estado.”
“¡Oooh!” La chica mágica sonrió. Por su sonrisa dentada, se podía
ver su carácter desagradable. Frederica tenía buena opinión de ella.
Las estudiantes que habían sido enviadas a la clase de chicas
mágicas por las distintas fuerzas políticas no eran sólo profesionales;
entre ellas había varias estudiantes buenas y honestas. Si añadimos a
un bruto aficionado a los baños de sangre, nos encontramos con una
situación tan horrible y trágica que incluso Frederica se echaría atrás.
Cuando Snow White viniera a intentar detenerla, ¿qué haría? ¿O no la
detendría y se limitaría a lamentar su propia impotencia? ¿Se
arriesgaría a enfrentarse a las dos, no lograría su objetivo y caería? No.
Estaba destinada a superar fácilmente las expectativas de Frederica.
Frederica estaba segura de ello. Sólo con imaginarlo, Frederica sonreía
de oreja a oreja.
Pensando en Snow White, cambió la imagen en su bola de cristal.
No apareció nada; simplemente se quedó ahí. Frederica esperó un
minuto, luego dos, pero incluso después de esperar tres minutos
enteros, no ocurrió nada, y Frederica canceló su magia.
Snow White no había aparecido. El cabello atado alrededor del
dedo anular de Frederica definitivamente pertenecía a Snow White, así
que era justo suponer que había hecho algo para bloquearlo. En estos
días, sí tenía un mago trabajando con ella. ¿Estaba repeliendo la bola
de cristal de Frederica con magia o utilizando algún otro método?
Los hombros de Frederica temblaron al reírse, y la chica mágica
atada se retorció de incomodidad.
Capítulo 5:
EL LUGAR AL QUE PERTENEZCO
◇ Calkoro
Le hubiera gustado fingir que no había visto la pelea entre Mephis y
Tetty. Pero las otras estudiantes armaron un escándalo e intentaron
detenerlas, y ahora que se había convertido en un escándalo bastante
grande, Calkoro no podía cerrar los ojos e ignorarlo.
Calkoro separó a la pareja y, como una especie de mediación
perezosa, hizo que se dieran la mano y se saludaran. En realidad no fue
una pelea, sino que Mephis atacó a Tetty, pero ésta no se quejó,
obedeciendo solemnemente las instrucciones de la profesora. La
agresora, en cambio, se quejaba y lloriqueaba, maldiciendo una y otra
vez: “¿Por qué a mí?”, “Mierda” e “Imbécil”, mientras no hacía ningún
movimiento para disculparse. Calkoro recurrió a su último recurso —
declarar que la clase no terminaría hasta que Mephis pidiera perdón—
y finalmente le arrancó una disculpa poco sincera. Estaba claro que a
Mephis no le gustaba, pero no tenía otra opción, así que accedió a
regañadientes.
Volvieron a la clase, e incluso una vez que comenzó historia
criminal de las chicas mágicas modernas de la sexta hora, toda la clase
seguía estando tensa, con Mephis frunciendo el ceño e irritada y Tetty
mirándola disculpándose. Estando el ambiente como estaba no podían
tener una clase tranquila.
“Incluso después de su muerte, Músico del Bosque, Cranberry,
inspiró a algunas chicas mágicas a hacer estragos. Gatling Parako y
Halberd Emilin viajaban juntas cometiendo robos—oh, perdón, eran
Gatling Parako y Halberd Emimin.”
Ni siquiera la profesora pudo mantener la calma. Calkoro decidió
que, para cerrar el incidente, tenía que poner el límite en algún lugar.
Calkoro ordenó a Mephis que escribiera una redacción de disculpa
de dos páginas en la que reflexionara sobre sus acciones antes de irse
a casa. Mephis lanzó una mirada asesina a Calkoro, pero ésta no se
molestó —o al menos enderezó la espalda para que no pareciera que
lo hacía— y ordenó a Mephis una vez más. Los miembros del grupo
de la chica la arrastraron de vuelta a su asiento.
Como Tetty era en gran medida una víctima, una amonestación
verbal era suficiente.
Pero más importante que Tetty era Kana. Calkoro también la llevó
al despacho del profesor para preguntarle por qué no había atacado a
los homúnculos durante el simulacro de batalla. Kana permaneció
inexpresiva, pero al menos respondió obedientemente:
“No hay necesidad de ser considerado con la intimidad de un
homúnculo, así que pensé que podía hacer pleno uso de mi magia.
Interrogué a los homúnculos para extraer sus debilidades, y diría que
mis esfuerzos fueron muy exitosos. Los homúnculos tienen tres
debilidades principales. No pueden desobedecer al que tiene permisos
de administrador. Cuando se exponen a la luz fuerte, especialmente a
la luz del sol, se ralentizan. Y tienen un instinto implantado para evitar
atacar a los aliados, pase lo que pase. Esto último, lo del instinto, debe
haberse hecho porque los homúnculos no son muy inteligentes. Así
que en lugar de educarlos para que no ataquen a sus aliados, se les
ordena mediante una especie de configuración lógica que funciona por
instinto para evitar el fuego amigo. Pero viendo que se les hizo lo
suficientemente inteligentes como para entender mi discurso, creo que
quizás la educación a posteriori hubiera sido mejor que un instinto.
Aunque creo que eso es más bien una cuestión de costes.”
Calkoro no sabía si Kana se burlaba de ella, si hablaba en serio o si
había perdido la cabeza. Calkoro sintió una intensa presión por parte
de ella. Calkoro le dijo que estaba bien mientras no aflojara, y luego la
despidió.
Por la forma en que hablaba Kana, era bastante mayor, antes de la
transformación. Haciendo girar la pluma entre sus dedos, Calkoro
también se dio cuenta de que tal vez era una maga. Calkoro había
estado observando subrepticiamente a Kana en el gimnasio. Kana
había señalado el suelo del gimnasio y había dicho que nunca había
visto inscripciones mágicas como éstas. Eso sonaba mucho a algo que
diría un mago ignorante del conocimiento común del mundo exterior.
Insólitamente, Halna seguía en el despacho del director haciendo
trabajo de oficina. Calkoro le informó sobre el comportamiento de
Kana, con la salvedad de que, en última instancia, se trataba sólo de
una suposición suya.
Y entonces Halna se rió de ella. “Qué idea tan absurda.”
“No, sí, me disculpo.” Respondió Calkoro. “Espero que lo dejes
pasar como una de mis ideas tontas.”
“En efecto. Las ideas tontas están bien para lo que son. El simple
hecho de plantearse las cosas vale la pena. Si una de cada cien es una
respuesta correcta, y hay un superior que puede captarla, eso hace que
las ideas tontas valgan la pena.”
Calkoro se dio cuenta de que Halna no estaba enfadada. Aliviada
en privado, miró a su jefa. Tanto si Halna lo había calculado como si
se trataba de una coincidencia, el dedo índice de Halna se puso delante
de los ojos de Calkoro y ésta se agitó hacia atrás, evitando caer de
espaldas.
“¿No se te ocurrió nada mientras las observabas?” Preguntó Halna.
“Bueno… um.”
“No me refiero sólo a Kana. Háblame también de las otras
estudiantes. ¿No hubo nada diferente de lo habitual?” Las palabras de
Halna, su actitud y su postura inclinada hacia delante indicaban que ya
había obtenido su respuesta. Es decir, Calkoro tendría que aceptar las
respuestas que Halna quería. Si se le ocurría algo demasiado alejado
de la realidad, Halna la regañaría y sería juzgada como menos por ello.
“Oh, sí.” Dijo Calkoro. “Ummm, bueno… En primer lugar, Kana
estaba en el grupo. No puedo decir que lo hiciera bien…”
“No es necesario entrar en los detalles.”
“Oh, perdón… Um, aparte de ella… Sí, una de las chicas se puso
demasiado dura…”
El ojo derecho de Halna se crispó. Esa no era la respuesta que
quería. Un reguero de sudor frío recorrió la espalda de Calkoro.
“Bueno, eso fue una parte de las cosas, pero también hubo, algo
más importante… Sí, más iniciativa, diría, como pasión por… la
competencia, lo llamaría. Mephis Pheles siempre ha sido entusiasta de
los juegos, pero los Grupos Uno y Tres… El Grupo Tres, en particular,
me dio la sensación de que son mejores para llevar la magia al juego.
La última vez, fue más… primitivo, supongo, y las chicas ganaron
puramente a través del atletismo y el dominio de su magia, pero esta
vez el Grupo Tres no se contuvo a la hora de mostrar su magia,
mientras que el Grupo Uno se volvió inventivo e incluso hizo uso de
magia que no parecía que pudiera ser llevada al juego.”
Halna se inclinó hacia atrás, sentándose más profundamente en su
silla mientras doblaba los dedos y colocaba ambas manos sobre su
escritorio. “Se han vuelto más codiciosas de la victoria.”
“Creo que… se podría decir así.”
La expresión de Halna se torció como si estuviera sinceramente
agraviada. Sus bonitos rasgos y su posición hacían que aquella
expresión tan espantosa fuera aún más temible. Aunque Calkoro
comprendía que el grueso de su ira no iba dirigido a ella, no había
garantía de que eso fuera siempre así.
Los hombros de Calkoro temblaron y se encogió sobre sí misma.
Halna echó su silla hacia atrás y, con los dedos aún entrelazados,
los bajó a su regazo. “Parece que hay algunos con ideas
desagradables… y han puesto sus ojos en esta escuela.”
“¿Eh? Sí.”
“Vigila de cerca a la estudiante transferida. E informa
detalladamente.”
Calkoro no tenía derecho a replicar: “Verla es perjudicial para mi
salud mental.” Su única opción fue asentir rápidamente como si dijera
que había pensado lo mismo.
En cuanto salió de la habitación, un suspiro salió de ella.
Empezando por la llegada de Kana, y luego con la hora de la comida y
el recreo, había sido un largo día sin oportunidad de descansar su
corazón. Pensar en ello le arrancó otro suspiro.
◇ Tetty Goodgripp
El día estaba a punto de terminar, y ella estaba francamente cansada.
Mephis se quedaba escribiendo esa redacción de disculpa, mientras
que a Kana le habían llamado la atención por holgazanear durante el
simulacro de batalla y la habían llevado al despacho del profesor, y
Fujino se quejaba junto con Miss Ril y Rappy de lo duro que había sido
el día.
“Ah, sí, ¿entonces devolviste eso?” Fujino preguntó en voz baja a
Miss Ril.
“Perdí mi oportunidad.” Respondió con una voz aún más suave.
Justo antes de que comenzara el simulacro de batalla, Princess
Lightning se había deslizado hacia el Grupo Uno y le había entregado
su daga de disfraz a Miss Ril, diciendo: “Toma.”
“¿De qué se trata?” Había preguntado Miss Ril, sin entender qué
significaba aquello, y Princess Lightning le había empujado un trozo
de papel de carta, como si lo hubiera preparado de antemano.
Ella había escrito una carta: El Grupo Dos tiene un montón de
chicas fuertes, así que si hacemos esto como siempre, tendrán la
ventaja. Entonces, ¿por qué no trabajamos juntas? No tienen que
obstruir descaradamente sólo al Grupo Dos. Es suficiente si sólo van
por el Grupo Dos cuando no puedan decidir qué lado obstruir. Te
prestaré esta daga como prueba de mis intenciones. Espero que te
sirva de ayuda.
Aunque Dory y Arlie se regocijaron, las demás estaban más bien
confundidas. El hecho de que dos equipos se unieran para atacar al otro
iba en contra del espíritu del juego limpio.
El Grupo Uno se reunió y discutió.
“¿Qué hacemos?” Preguntó Tetty.
“¡Se siente un poco eh devolvérsela ahora!” Dijo Rappy.
“Entonces, bueno, como sea, ¿la usamos?”
“Pero me sentiría un poco mal por ello…” Dijo Miss Ril. “Después
de todo, Mephis parecía estar decidida a ganar.”
“Pero, ¿cómo vamos a usar eso? No vamos a usar una cuchilla,
¿verdad?”
Antes de que se diera cuenta, la discusión sobre si debían usarla o
no se convirtió en una discusión sobre cómo usarla, y se les ocurrió el
plan de que Miss Ril la sujetara en secreto para cambiar su sustancia
por la misma que la daga de Lightning, generando entonces un destello
cegador al instante. Y eso hizo que Tetty quisiera intentar usarla. Así
que decidieron primero hacer una votación para tomar la decisión, y
tres estuvieron a favor: Dory, Arlie y Rappy. Dos estaban en contra:
Miss Ril y Tetty. Así que usaron la daga de Lightning.
Durante todo el enfrentamiento, Tetty se sintió culpable. Tetty
había sabido que una vez que se sometiera a votación acabarían
usándola. Rappy había actuado como si no estuviera en contra de
usarla, y Dory y Arlie se alegraron abiertamente del aumento de su
arsenal. Miss Ril no parecía entusiasmada, pero aunque Tetty votara
de su lado, estaba claro que con tres contra dos, el bando de “usarlo”
ganaría.
Ella sí quería ganar. Veía al Grupo Dos como un rival con el cual
competir, y también se sentía petulante por el hecho de que Lightning
no viera al Grupo Uno como un rival igual. Es cierto que tal vez su
grupo estaba un paso por detrás en algunos puntos, pero si elaboraban
una estrategia adecuada, incluso el Grupo Uno debería ser capaz de dar
una buena pelea. Cuando se les ocurrió la idea de que Miss Ril tuviera
en secreto la daga de Lightning y utilizara su magia, Tetty había hecho
un “¡Síííí!” mental de alegría, y realmente le dieron ganas de utilizar
la idea que se les había ocurrido.
Simplemente pensó que, para guardar las apariencias, no debían
usarla. Por eso había elegido tomar la decisión por mayoría, para que
ella misma pudiera estar en contra, mientras que la voluntad del grupo
en su conjunto les hacía utilizarla. Era mucho más astuto que pensar
honestamente en hacer uso de ella. Era algo que Cutie Healer o Hiyoko
nunca harían.
Los bondadosos miembros del grupo de Fujino nunca imaginaron
lo que su líder de grupo se había preparado para hacer; todas acabaron
diciendo: “Qué día tan duro”, y ahí se acabó todo.
Como cada estudiante utilizaba su propia puerta para ir y volver de
la escuela, no estaban juntas en su camino a casa y se iban por caminos
separados después de la escuela. Pero a Fujino no le apetecía volver a
casa; tampoco le apetecía quedarse en el aula, donde la hirviente
Mephis raspaba su lápiz sobre el borrador del papel. Así que Fujino
arrastró los pies por los pasillos, entrando en el baño cuando no tenía
que ir, y luego se dirigió al exterior por el pasillo cubierto y se quedó
un rato frente al gimnasio.
Por mucho que dudara, sólo había un hogar al que regresar.
Suspirando, estaba a punto de dirigirse a la puerta del patio cuando
alguien la llamó.
Era Calkoro. “Tetty, hay algo que quería preguntarte; ¿tienes un
momento?”
“Claro… ¿qué es?” Respondió ella.
“Se trata del incidente durante el tiempo de recreo de hoy.”
El corazón le latía con fuerza en el pecho. Lo mismo que le
preocupaba que se dijera de repente la golpeó como un tsunami.
“El Grupo Uno tiene, bueno, muchas ideas, comparado con la
última vez.” La forma en que la profesor lo expresó: ‘muchas ideas’,
podía tomarse de cualquier manera, y se sintió como una puñalada en
el corazón de Fujino, que se preguntó cómo responder.
Calkoro continuó: “Rappy poniendo su envoltura en el suelo, y lo
que hizo Miss Ril al final—”
Su corazón no dejaba de palpitar. ¿Sabía Calkoro que esto era una
acusación, o simplemente la estaba elogiando? Esta profesora casi
nunca elogiaba a sus alumnas, y Fujino definitivamente nunca había
escuchado de nadie que se hubiera acercado a una alumna después de
clases para hacer algo así.
Volvió a mirar la cara de Calkoro. No pudo adivinar los
pensamientos de la profesora por su expresión. Cálmate, se dijo a sí
misma.
“Miss Ril hizo ese poderoso destello, ¿no es así? ¿Qué hizo
entonces?” Preguntó Calkoro.
Fujino no vio ninguna mala intención en la expresión de la
profesora. ¿Realmente estaba preguntando? Pero, a pesar de todo, le
dolió mucho el corazón a Fujino. Respirando superficialmente, se llevó
una mano al pecho. Oyó una voz en su interior. Esta era su
oportunidad. Lo supiera Calkoro o no, si Fujino confesaba su maldad
ahora, sería básicamente un arrepentimiento. Este destello de
perspicacia, como una revelación divina, hizo que su corazón diera un
salto en el pecho.
“Usamos una daga prestada por Princess Lightning.” Su voz no se
quebró. Pudo hablar con total naturalidad. Ahhh, ya lo he dicho, pensó,
pero también sintió una liberación dentro de su pecho, como una brisa
primaveral. “Se la di a Miss Ril para que la sostuviera y le pedí que
eligiera el momento adecuado para copiar su naturaleza.”
Las cejas de Calkoro se alzaron y su boca formó una pequeña O.
Estaba sorprendida.
Fujino respiró profundamente. Por fin había confesado. Cuidando
de no decir nada que pudiera hacer recaer la culpa sobre Lightning,
habló como si lo hubiera hecho por su propia voluntad. Y el hecho era
que Tetty había sido, sin duda, la que había tomado la decisión. Si
alguien iba a cargar con el pecado, no debía ser Lightning ni el resto
del Grupo Uno. No había nadie más que Tetty.
La expresión de Calkoro se fue calmando, y cerró los ojos con dos
profundos asentimientos. “¿Trabajaron junto a otro grupo?”
“Sí… así es.”
“¿Y qué sacaría el Grupo Tres de esto?”
La pregunta hizo que los pensamientos de Fujino se detuvieran. No
se le ocurrió nada, pero abrió la boca de todos modos, pensando que
tenía que decir algo, y lo que salió fue lo mismo que le había dicho
Lightning. “El grupo Dos es el más fuerte, puramente como
luchadores. Ya que podríamos acabar con el Grupo Dos, el Grupo Tres
también se beneficiaría. Y si el Grupo Dos es el último, entonces ellos
quedarían en segundo lugar o más.”
Calkoro se llevó el dedo a la barbilla y murmuró: “Así que se
sienten competitivas.” Luego apretó los labios en una línea apretada
como si estuviera pensando y no respondió.
“Um, Sra. Calkoro.”
“Oh, perdóname. Siento haberte detenido aquí. Um… oh, es cierto.
No esperaba que cooperaras con el Grupo Tres. Supongo que no
debería esperar menos de una chica mágica de la Oficina de
Información.”
Con un “Adiós por ahora”, Calkoro se marchó, y Fujino la vio irse
aturdida. Fujino había tenido la intención de confesar su fechoría, pero
la profesora no lo había tomado como algo malo y, en todo caso, la
había elogiado por ello.
Fujino apretó los ojos. Su sentido del bien y del mal se tambaleaba.
¿Por qué había ocurrido algo así? Le habían dicho que pertenecía a la
Oficina de Información, pero ¿cómo podía alguien pertenecer a un
departamento del que nunca había oído hablar? No entendía de qué
hablaban Kana o la Sra. Calkoro.
Salió al patio con pies inseguros, empujando la puerta para entrar.
Junto al camino de ladrillos de la puerta había alguien con un mono de
trabajo, de espaldas a ella. Fujino respiró con fuerza, y esa persona se
dio la vuelta.
“Oh, si es Tetty.”
Fujino se puso en cuclillas junto al mago, que acababa de desbrozar.
El mago intentó detenerla, pero ella insistió. “Por favor, déjame
hacerlo.” Dijo, agarrando las malas hierbas y arrancándolas de la tierra.
“Um, entonces…” Comenzó Fujino.
Mientras el mago se secaba el sudor de la frente con la toalla blanca
que llevaba al hombro, Fujino se armó de valor y preguntó: “¿Conoces
un lugar llamado Oficina de Información?”
“Bueno, sí.” Respondió el mago. “Lo conozco, pero… ¿por qué lo
preguntas?”
“Mucha gente me ha dicho que estoy con la Oficina de
Información, pero ni siquiera sé qué es eso. Parece que siguen
pensando que estoy involucrada con esta oficina de alguna manera, así
que ¿qué es?”
“Ajá.” El mago levantó la vista, haciendo que Fujino hiciera lo
mismo. Varios cuervos volaban por el atardecer teñido de rojo. El
mago siguió contemplando el cielo durante un rato; una gota de sudor
recorrió su barbilla, que se limpió con el dorso de un guante de jardín.
Una mancha de suciedad que cruzaba su barbilla parecía una barba, y
desapareció cuando el mago se limpió el guante en la otra dirección.
El mago se volvió hacia Fujino. Su habitual sonrisa plácida era
ahora tensa y afilada. Era una mirada seria. Naturalmente, el rostro de
Fujino también se tensó.
“¿Sabes que el Reino Mágico tiene una variedad de oficinas
diferentes?” Dijo el mago.
“Sí, aunque… no sé muy bien los detalles.”
“La Oficina de Información es una de ellas. Su trabajo es reunir
información de varios lugares.” El mago soltó un suspiro, y luego
señaló un banco, diciendo que esto podría alargarse, así que qué tal si
se sentaban un poco. El mago y la chica mágica se sentaron uno al lado
del otro.
“No eres miembro de la Oficina de Información, Tetty. Pero no eres
completamente ajena a ellos. En cuanto a lo que eso significa… fue la
Oficina de Información la que te recomendó para esta escuela.”
Fujino aplaudió con un ah. “¿Así que la gente que lo sabe cree que
soy de la Oficina de Información?”
“Probablemente sea así. Todas las inscritas en esta escuela han sido
recomendadas por departamentos o aristócratas del Reino Mágico. La
mayoría ha recomendado a sus subordinados… básicamente, enviaron
a los suyos. Así que la gente que sabe que fuiste recomendada por la
Oficina de Información asumiría que estabas con ellos.”
“Um, yo… no sé nada de la Oficina de Información, y me acabo de
enterar de lo que hacen por lo que me has contado… así que, ¿por qué
me iban a recomendar?”
“Te dije que la oficina recopila información, ¿no? También
recopilan información sobre las chicas mágicas. Aunque estoy seguro
de que no te sentará bien saber que también han recopilado
información sobre ti…”
“No, está bien. Creo que es necesario.”
“Me alegro de que digas eso.”
Por la forma en que el mago hablaba, Fujino se dio cuenta de que
el mago con el que hablaba era un miembro de la Oficina de
Información. Kana había dicho antes que alguien de la oficina nunca
lo admitiría.
El mago se enderezó y puso las manos sobre su regazo. “No quiero
ofenderte, pero en primer lugar está la cuestión del dinero. A la hora
de presentar candidatas se da prioridad a las que tendrían dificultades
económicas como chicas mágicas—”
Fujino no se sintió ofendida, como había sugerido el mago. De
hecho, sintió una pizca de calidez en su corazón. Alguien se había dado
cuenta de que Fujino estaba en una situación difícil, al haber perdido a
su madre y no poder continuar con la escuela o como chica mágica.
Fujino se llevó la mano al pecho mientras escuchaba al mago.
“—y de estas, se reducen en función del carácter y el estilo de vida
general… Oh sí, viniste a nosotros con muchas ideas, ¿no es así,
Tetty?”
“¿Eh? ¿Esas llegaron a los altos mandos?”
“Al fin y al cabo, la Oficina de Información se dedica a recoger
todo lo que pueda llamarse información. La oficina ha considerado
muy bien que usted adopte una postura proactiva sugiriendo ideas de
mejora.”
Fujino se encontró mordiéndose el labio. Tenía que hacerlo, o se le
saldrían las lágrimas. Pensaba que los informes que había escrito sólo
habían molestado a todo el mundo y que eran totalmente inútiles, pero
alguien se había fijado en ellos.
El mago miró a Fujino antes de que una expresión de alivio se
extendiera por su rostro. Miraron al frente, al verde intenso de las hojas
de ginkgo que se mecían con el viento; a Fujino también le gustaban
los amarillos del otoño, pero esto era bonito a su manera.
“¿Hay algo más que quieras preguntar?” Dijo el mago.
“Bueno…”
“Puedes hablar conmigo de cualquier cosa, cualquier problema o
cosa que te preocupe. Sinceramente, a mí también me ayudaría. Y tener
un tiempo más fácil en esta escuela significará que la escuela también
mejora.”
Entendió por qué el mago había estado insinuando que estaban
afiliados a la Oficina de Información. Estaban tratando de decirle:
“Puedes confiar en mí.” Ahora Fujino se sentía realmente preparada
para llorar, pero contuvo las lágrimas. Sentía que si lloraba ahora, no
sólo sería inapropiado, sino que también desperdiciaría la
consideración y la amabilidad de esta persona.
Con gratitud por la consideración del mago —probablemente
estaba mostrando toda la consideración que se le podía permitir, dada
su posición— en lugar de lágrimas, Fujino ofreció palabras. Le contó
todo al mago: que había ido y utilizado la daga que había aceptado de
Lightning, y que había utilizado la regla de la mayoría aunque entendía
que estaba mal para conseguir lo que quería, y que no había podido
disculparse con Mephis, todo lo que había estado rumiando.
El mago escuchó cada palabra, reaccionando a veces con un hmm-
hmm para indicar que la había escuchado. El mago se quitó los guantes
y los puso a un lado, cerró el puño con la mano derecha y sacó el pulgar
para tocarse la mandíbula, quedándose pensativo un rato en esa
postura. Después de un minuto completo, asintió con un mm-hmm.
“¿Es la primera vez que Lightning ha… hmm, propuesto la
cooperación?”
“Sí. Nunca había ocurrido antes.” Respondió Fujino.
“¿Eso es cierto…? Ya veo, ya veo.”
“¿Hay algo sobre eso…?”
“Oh no, no es gran cosa. Sólo quería saber si era común o no. Más
importante… ¿quieres reconciliarte con Mephis?”
Las palabras de Fujino se atascaron en su garganta. ¿Quería
reconciliarse con Mephis o no? Querer resolver las disputas de la clase,
estar agradecida por el buen funcionamiento de las cosas, esos eran sus
deseos como representante de los estudiantes. Pero como Fujino, como
Tetty, ¿realmente quería reconciliarse con Mephis?
Fujino se cruzó de brazos y trató de pensar, y se dio cuenta de que
ni siquiera tenía que pensar en ello. “Quiero hacer las paces.”
“Eso es bueno.”
“Pero… creo que puede ser difícil.”
“En momentos como éste, hay una forma directa de resolver las
cosas.”
“¿Hay alguna manera de resolver las cosas?”
“Un regalo. Y deberías encontrar el perfecto.”
“¿El… perfecto?”
“Algo caro puede confundirla, mientras que, por el contrario, algo
sin valor la decepcionará. Pero mira, hay cosas que no son
descaradamente oficiosas pero que siguen siendo maravillosas. Por
ejemplo, como un hermoso paisaje.”
“Entre tú y yo.” Dijo el mago con una sonrisa irónica. “Cuidar los
árboles del jardín y arrancar las malas hierbas así es, en gran medida,
un pasatiempo personal. Sólo unos pocos pueden entrar aquí, así que
juego en la tierra sin ninguna posibilidad de ser visto.”
Un signo de interrogación surgió en la mente de Fujino. Ahora
mismo, estaban sentados en el banco del patio. Fujino había pasado
por el patio dos veces al día para ir y volver de la escuela, aparte de los
fines de semana y las vacaciones. No había nada limitado en eso.
“Supongo que estás confundida. Sólo los que utilizan la puerta de
acceso al patio —es decir, tú, Tetty— entran y salen por el patio, como
excepción. Normalmente, no se puede entrar.” El mago arrojó sus
guantes de jardín sobre el camino de ladrillos. Aterrizaron suavemente,
y al instante, algo negro rezumó como un líquido pero también como
un sólido de las grietas entre los ladrillos, agarrando los guantes y
lanzándolos de nuevo sobre el banco antes de que se deslizara de nuevo
en las grietas.
Fujino señaló el camino de ladrillos con una mano temblorosa.
“Eso es…”
“Un homúnculo de seguridad. Aunque normalmente no se ven. Me
ayudan así, y también pueden capturar a intrusos temerarios. No hay
que asustarse. No son criaturas temibles, si no haces nada malo.”
Fujino no se había fijado en ellos desde que había empezado a
estudiar hacía más de un mes. Tragó audiblemente, dejó escapar una
profunda respiración y se apoyó en el respaldo del banco. “No sabía…”
“A fin de cuenta no se les dice a los estudiantes. Bueno, tienes que
entender que estas cosas son la forma de mantener la seguridad.
Entonces, sobre el regalo que mencioné, ¿qué tal si le enseñas a Mephis
este jardín?”
“¿Este jardín?”
“Puede que no sea terriblemente impresionante… pero creo que es
un jardín decentemente bonito. Y podría dejarla entrar a escondidas
manteniendo el secreto.”
Con su césped bien cortado, el banco de madera con su encantador
diseño redondeado, el pequeño camino de ladrillos y la puerta
arqueada con corazones, el jardín era pequeño, pero eso le daba una
sensación de “jardín secreto”, y el lugar tenía una atmósfera. Fujino no
estaba segura de que fuera del gusto de Mephis, pero sería una pena
que nadie más que ella pudiera echar un vistazo a esto.
“Y una vez que lo hayas hecho.” Continuó el mago. “Deberías
ofrecer a Mephis una disculpa sincera.”
“Una disculpa sincera…”
“Puede que a veces sea un poco irascible, pero es una chica buena
y de corazón abierto. Si le ofreces una disculpa adecuada, te perdonará,
y entonces lograrán conciliarse.”
Eso hizo que Fujino pensara en cómo había sido Mephis, cuando
estaban en la escuela primaria, cuando aún no se había convertido en
una chica mágica, cuando Mephis era sólo Fuuko Sayama. Había sido
una especie de matona de barrio, que recurría a la fuerza cuando pasaba
algo, pero no alargaba sus peleas eternamente. Después de
intercambiar golpes con alguien, al día siguiente estaban bromeando
juntos.
Fujino tomó la decisión de disculparse con Mephis. Su pesado
corazón se aligeró, como si hubiera atado un globo a él. No sólo por
Mephis. Oír hablar de la Oficina de Información también le había
aliviado las cosas. Se sintió como si fuera magia. Recordando que la
persona aquí era un mago, asintió con una pequeña sonrisa. “Tienes
razón. Eso sería lo mejor, eh. Me disculparé.”
“Mm-hmm.” Al asentir, el mago esbozó una pequeña sonrisa como
si estuviera sinceramente aliviado, y al ver eso, Fujino también rompió
a sonreír. Los dos contemplaron el ginkgo meciéndose al viento
durante un rato, hasta que finalmente el mago dijo: “Bien”, dio una
palmada en las rodillas y se puso en pie. “Tengo que volver al trabajo.”
“Oh… perdón, me he metido en medio.”
“No, no, en absoluto. Hoy he podido escuchar cosas buenas.
Gracias.”
◇ Ranyi
Se oyó un golpe vacilante en la puerta. Despatarrada en la cama, Ranyi
levantó la cabeza y gritó: “Vamos, entra.” La puerta se abrió y entró
alguien con un peinado mohicano.
“Pasa, pasa.” Ranyi se levantó y sacó la silla con ruedas que tenía
frente al escritorio de su ordenador. Tiró un cojín de la cama sobre la
silla y la giró para que quedara orientada hacia el otro lado. Usando su
pie libre para apartar las cajas de pañuelos vacías y los cubos de basura
de plástico apilados en el suelo, repitió: “Asiento, ¿sí?” Y le ofreció
asiento. “Siento que la habitación esté tan desordenada.”
Diko se sentó en la silla, apoyando el codo en el escritorio. La altura
no debía ser la adecuada, ya que la ajustó, asintió y volvió a sentarse.
Aunque por su aspecto se podría suponer que era atrevida y poco
convencional, podía ser sorprendentemente escrupulosa y particular.
“Hay algo que quiero preguntar.”
Ranyi cerró sólo su ojo derecho, apoyando los codos en las rodillas,
mirando a Diko en una postura inclinada hacia delante. Las dos eran
agentes en medio de una misión de alto secreto. Vivían como
estudiantes en una clase de chicas mágicas, con la vista puesta en el
empleo posterior a la graduación en sus actividades. Pero las cosas eran
diferentes cuando tenían órdenes. Entonces, se comportaban como se
les ordenaba.
“Si sabes la razón por la que Lightning ha adoptado una postura de
cooperación con el Grupo Uno, me gustaría que me la dijeras.” Dijo
Diko.
Ranyi apoyó el codo en el poste de la cama y ésta crujió. La espalda
de Ranyi se enderezó automáticamente. Probablemente parecía una
tontería reaccionar ante el sonido que ella misma acababa de hacer,
pero Diko no se rió, observando a Ranyi en silencio. Ranyi dejó que
su cola de caballo se moviera de un lado a otro, mirando a Diko, y las
dos siguieron mirándose.
Entonces, en menos de treinta segundos, Ranyi apartó la mirada y
dejó escapar un haaa. “No me la ha dicho.”
Sólo ese comentario había requerido una gran preparación mental.
Diko sabía que Ranyi estaba tratando de ganarse el favor de Lightning
y también sabía que no estaba saliendo bien. Ranyi no quería admitir
que aún no había llegado al punto de ganarse la confianza de Lightning.
Si Ranyi no hubiera pensado, Lazuline sería capaz de decir eso como
si nada, entonces no habría sido capaz de decirlo. Aunque como al
final había tardado en decirlo, estaba muy lejos de Lazuline.
Diko se dio una palmada en el lado derecho de la cabeza, donde
estaba tatuado el Nue.
Ranyi pensó que Diko había logrado entender tan bien su actitud
indecisa y su comentario vago, que era triste. Las dos se conocían
desde hacía mucho tiempo, y ambas habían sido candidatas a ser la
tercer Lapis Lazuline, así que tenían buenos instintos. Ranyi lo había
sabido cuando dijo eso.
“Pero tengo mi propia suposición. Creo que podría estar tratando
de crear malos sentimientos entre los Grupos Uno y Dos. Sus planes
no funcionaron como ella quería, pero Mephis y Tetty se pelearon, así
que se puede decir que tuvo éxito.”
Diko levantó la cabeza. Ranyi le devolvió la mirada a sus ojos
oscuros y azulados.
“¿Por qué Lightning quiere una ruptura entre los Grupos Uno y
Dos?” Preguntó Diko.
“Bueno… no sé. Creo que hay muchas razones. Tal vez Lightning
es otra como nosotras, como si alguien la enviara… En realidad,
probablemente sea el caso. Sólo con mirarla, puedes decir que no es
cualquiera, ¿verdad?”
Diko miraba a Ranyi. Ranyi dejó escapar una bocanada de aire, y
sus labios estaban tan secos que emitieron un sonido silbante.
Diko asintió sin expresión, ajustando la altura de la silla, y después
de bajarla, se puso lentamente de pie. “Hemos recibido órdenes.”
“¿Eh? Es primera vez que lo oigo.”
“Pero las estas oyendo. Dicen que quieren que hagamos un mapa
de la escuela. Parece que hay algún lugar que buscan, pero no me han
dicho los detalles.”
Las dos se miraron durante un rato, y después de un momento que
pareció la mitad de la última vez, Diko se dio la vuelta y, sin despedirse
especialmente, abrió la puerta y salió de la habitación. Al quedarse allí
en la cama, Ranyi se lamió los labios. Estaban completamente secos.
Sintió que algo en sus labios se enganchaba.
Ella quería ser elegida como Lazuline. Sabía que todos pensaban:
“Ranyi no tiene lo que hay que tener.” Pero ella quería convertirse en
ella. Quería ser alguien, y creía que Lazuline era ese alguien. Quería
tener la misma confianza que Lightning, pero no podía conseguirla.
Cuanto más luchaba, más se le escapaba de las manos. Sabía que
aunque intentara comportarse como Lazuline y hablar como ella, no
tenía sentido. Lo sabía, pero no podía dejar de hacerlo.
Aunque ambas habían sido candidatas a ser Lazuline, Diko había
sido capaz de rendirse tan fácilmente. Y su profesora la había evaluado
positivamente, poniendo a Dikko en una posición en la que recibía
órdenes directamente de ella. Pero incluso sabiendo eso, Ranyi no se
rendiría. Si no podía ser la tercera, entonces sería la cuarta. Si lograba
que esta próxima misión fuera un éxito, seguro que se acercaría a ello.
◇ Kana
Cuando Kana volvió al aula, no había nadie. El aula que Kana conocía
le había parecido negativa: Siempre estaba repleta de una multitud de
chicas mágicas, llena de ruido y demasiado pequeña. Pero cuando todo
el mundo se iba así, era demasiado ordenada. Estaba simplemente
vacío. Tal vez sentía algo parecido a la soledad. Mi sensibilidad ha
crecido, pensó, impresionada consigo misma, y cruzando los brazos,
caminó por el aula, dejando que la “soledad” se filtrara en su cuerpo,
y se hartó de ella en diez segundos. La soledad no era divertida.
Mientras pasaba un rato dándole vueltas a esto, oyó una voz que la
llamaba: “Hola.” No era la voz de una chica mágica. Kana se había
enfrentado a unos ojos profundamente sospechosos que se asomaron a
la puerta del aula tres veces ya, sólo ese día. Siempre que Kana veía a
esta mujer, se mostraba volátil.
Ella era la encargada de esta escuela de chicas mágicas, Halna Midi
Meren. “No te quedes aquí para siempre. Vete ya.”
“¿Irme?” Preguntó Kana. “¿Dónde se supone que debo ir?”
“A casa, obviamente. No intentes hacerte la lista conmigo.”
“No tengo casa.”
El calor desapareció de la cara de Halna. Sin expresión, como si no
hubiera visto ni oído nada, murmuró el único comentario: “Ya veo.” Y
luego siguió con: “Bueno, sal de la escuela.” Cuando Kana preguntó:
“¿Adónde debo ir después?” Halna ya se había ido.
Kana salió corriendo, dirigiéndose a la puerta del despacho del
profesor para salir delante de Halna mientras ésta atravesaba el pasillo.
La maga se puso en marcha y frunció el ceño, tratando de rodear a
Kana, y ésta se deslizó para bloquearle el paso de nuevo.
Halna se detuvo justo antes de que se tocaran. “¿Qué estás
haciendo? No puedes quedarte en la escuela para siempre.”
“Por eso te digo que no tengo dónde ir.”
“En primer lugar, estás actuando muy irrespetuosamente.”
“Dado que mis orígenes son desconocidos, ¿no dirías que no está
claro quién de nosotras es la superior en la sociedad?”
“Aunque fueras el Primer Mago, ahora mismo, somos profesora y
alumna.”
“Ya veo. Es un punto muy razonable. En cualquier caso, sobre
dónde debería volver…”
Halna echó la barbilla hacia atrás, e inclinando la cabeza hacia
delante, se rascó la nuca. Su flequillo se alborotó, pero lo ignoró y se
golpeó la sien derecha con el dedo índice. “Vuelve a la base de la
Facción Caspar o al cuartel general o lo que sea.”
“Con este tipo de misión, asumo que no debes regresar a la base
hasta que se haya completado. Y, para empezar, no sabría dónde está.”
Respondió Kana.
“Vuelve a la prisión.”
“La prisión no es mi hogar en absoluto. Y tampoco sé dónde está
ese lugar.”
“Pregúntale a quien esté a cargo.”
“No sé cómo contactar con ella.”
“Eso no es de mi incumbencia.”
“¿No es eso irresponsable?”
“Pregúntale a Calkoro.”
“Si su decisión requiere tu permiso, creo que lo menos molesto
sería que decidieras aquí y ahora.”
“Estoy ocupada. Tengo una montaña de cosas que hacer ahora
mismo.”
“Entonces sería mejor tomar la decisión rápidamente, ¿no? ¿Qué
tal si me quedo a pasar la noche en la escuela?”
“¡Ni hablar!”
“Entonces. ¿No podría quedarme en tu casa, Halna?”
Halna abrió los ojos. No estaba mirando a Kana —sería más preciso
decir que la embargo la incredulidad— y parpadeó dos o tres veces
antes de sacudir la cabeza y soltar un gran suspiro. Se golpeó la nuca
un par de veces, haciendo que su improvisado moño y sus largas orejas
se balancearan de lado a lado. “¿Qué… eres?”
“Yo tampoco lo sé.” Respondió Kana con sinceridad.
“No quiero hablar contigo; no quiero involucrarme contigo ni
siquiera unos segundos, pero como obligación de mi cargo, te diré
esto.”
“Gracias.”
“Sería un gran escándalo que un profesor y un alumno vinieran a la
escuela desde la misma casa.”
“… Eso es muy cierto, ahora que lo mencionas.”
“Si lo entiendes, entonces vete.”
“Bueno, entonces tengo que dormir fuera.”
“¿Por qué dormirías fuera? Quédate en un hotel.”
“No tengo dinero.”
“¿En qué demonios está pensando la Facción Caspar?”
“Me gustaría preguntar eso mismo.”
“No duermas fuera. Si, por la posibilidad de una entre un millón,
causaras algún problema, dañaría la reputación de la escuela. Me lo
imagino. Absolutamente no.”
“Entonces, ¿qué quieres que…?”
Kana apartó la mirada de Halna y miró más allá del pasillo. Halna
se volvió hacia donde ella miraba. El sonido de los zapatos de interior
pisando el suelo se acercaba poco a poco. Cuando la chica dobló la
esquina, vieron que la que se acercaba a ellas tenía gafas, trenzas y una
mirada malvada: era Mephis Pheles. Sus cejas se juntaron como si
estuviera confundida al ver que Kana y Halna la miraban, pero parecía
que no podía cuestionar a una profesora, ya que se limitó formar una
línea con los labios e hinchar el pecho, caminando con amplias
zancadas, sus pasos sonaban casi rudos.
Kana sólo movió los ojos para mirar a Halna. Halna también miraba
a Kana. Kana asintió, y Halna le devolvió el saludo. Mephis observó
su intercambio con confusión, pero no llegó a preguntar qué estaban
haciendo y, a pesar de su curiosidad, se limitó a actuar como si no fuera
de su incumbencia mientras se acercaba a la puerta del aula, pero Halna
la llamó: “Eh”, deteniéndola.
“¿Qué?” Mephis parecía estar en el segundo peor estado de ánimo
que Kana había visto hasta el momento, clasificado después de la vez
que Kana le había aconsejado sobre el color de su ropa interior.
Pero, sin embargo, al estar en la posición de una profesora, parecía
que Halna estaba un rango por encima y por eso permanecía impasible,
ordenándola desde arriba. “Parece que Kana tiene problemas porque
no tiene dónde vivir. Deja que se quede contigo.”
La expresión de Mephis se torció en una dirección diferente a la del
mal humor. Kana decidió que era una mezcla de sorpresa, enfado e
incomprensión; sintiéndose algo satisfecha por haber mejorado
bastante en la evaluación psicológica, levantó la mano derecha y dijo:
“Gracias.”
“¡¿Me estás jodiendo?!” Kana no fue bienvenida. Mephis dio un
puñetazo a la pared y se inclinó hacia Halna de forma intimidatoria.
“¿Quién coño te crees que eres? En realidad, ¿quién demonios eres tú?
¿Una chica mágica…? No, no lo parece. ¿Eres alguien reencarnado de
otro mundo?”
Kana se dio cuenta de que Mephis había dicho eso porque no sabía
quién era la maga que tenían delante. Pensando que debería saberlo,
indicó a Halna con una palma y le informó: “Es la directora.”
La cara de Mephis, que había estado llena de nada más que ira,
ahora parecía que se había tragado un lápiz.
En cuanto a Halna, su expresión era incuestionable, inequívoca,
llena de nada más que ira. “… ‘Joder, coño, demonio’, ¿eh? Ese es un
buen lenguaje, Mephis Pheles.”
Haciendo sonidos que no se convertirían en palabras completas,
Mephis retrocedió un paso. Miró a Kana, pero ésta no podía ayudarla.
Halna dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellas.
Apuntó con un dedo al pecho de Mephis y dijo con una voz que parecía
sonar desde lo más profundo de la tierra: “Es una orden, Mephis
Pheles. Deja que Kana se quede en tu casa.”
Mephis murmuró en voz baja: “Esto es una tiranía.” Pero fue
inmediatamente ahogada por Halna. Kana no sabía si Halna la había
oído, pero supuso que la furiosa directora hablaría como quisiera, a
pesar de todo.
“No creas que algo tan insignificante como la Facción Caspar —la
mera Guardia de Élite— te protegerá, pequeña mugre mágica. Llévate
esto mientras pueda contenerme y sal de mi vista. Llévate bien con tus
compañeras. ¿Me oyes?” Luego, sin esperar una respuesta, Halna se
dio la vuelta y se alejó a paso ligero.
Mephis no gritó nada tras ella; de hecho, parecía que incluso había
dejado de respirar mientras veía a Halna marcharse. Después de que la
directora girara a la derecha en el cruce en T que llevaba a su despacho
y se perdiera de vista, Mephis finalmente soltó un suspiro y dejó caer
los hombros. “No debería haber ido al baño antes de ir a casa…”
“Esto es una gran ayuda para mí. Se lo agradezco.” Dijo Kana.
“¿Esa elfa es la directora? Creo que escuché en la ceremonia de
entrada que ella existía, y su título, y era como… algún gran pez gordo
del Reino Mágico… subjefe de la Oficina de Información, ¿no? He
oído que ese lugar da mucho miedo.”
“¿De verdad? Es increíble.”
Mephis miró fijamente a Kana. Su expresión parecía bastante
rencorosa.
Capítulo 6:
LA DULCE TRAMPA
◇ Kana
Kana se preguntó cómo reaccionaría Mephis: ¿la rechazaría de nuevo,
o la dejaría atrás, o la evadiría en el camino de vuelta? Así que se
mostró cautelosa a su manera para mantenerse cerca de Mephis, pasara
lo que pasara. Pero la propia Mephis empezó a caminar sin decir nada,
así que, por el momento, Kana la siguió.
Atravesaron la puerta de la sala de aparatos del gimnasio y entonces
Mephis adoptó su forma de chica mágica. Subió corriendo a un
edificio, saltó de un poste de hierro y corrió por un cable. Kana hizo lo
mismo mientras iba tras ella. Al recordar cómo había pasado ese día
siguiendo a otras personas, ya que no siempre tendría a alguien a quien
imitar, se decidió en silencio a memorizar cómo hacer su trabajo, así
como el camino de vuelta a casa. Al autoevaluarse, pensó que era una
decisión muy acertada, y se elogió a sí misma en privado. Después de
todo, había crecido como chica mágica.
Pasaron por encima de la zona comercial y sus brillantes luces para
adentrarse en la oscuridad. No es que Kana no sintiera curiosidad por
el centro de la ciudad, pero sabía por experiencia que era peligroso no
mantener la vista al frente cuando se corría tan rápido como una chica
mágica. Dependiendo de la velocidad, un tropezón podía destruir un
apartamento o incluso un edificio entero.
Así que no podía mirar a los lados, y también recordaba que sabía
por experiencia que era peligroso dejar que la mente divagara y que los
pies se movieran solos cuando se corría detrás de alguien. Así que
decidió no dejar que su mente vagara mientras corría (ni siquiera para
autoevaluarse o pensar en la escuela) y se concentró en seguir la
espalda de Mephis. Cuando sus pies se detuvieron, se encontró en el
techo de una estructura de forma alta y oblonga hecha de hormigón.
Toda la zona estaba llena de densos grupos de oblongos inorgánicos
—a los ojos de Kana, no parecían sólo formas similares, sino
exactamente las mismas—.
“Esto es… Oh, lo sé, una zona alta.” Dijo Kana.
“Es un complejo de apartamentos.” Le dijo Mephis.
“Un complejo de apartamentos, ¿eh? Lo recordaré.”
Refunfuñando: “¿Por qué necesitas recordar eso?” Mephis sacó un
pequeño objeto de metal y lo colgó delante de los ojos de Kana para
mostrárselo. Kana conocía esta forma. Era una llave.
“Se la quité a escondidas al administrador del edificio. Hice una
copia y la devolví.” Dijo Mephis, como si estuviera presumiendo.
Utilizó la llave para abrir la puerta del techo que sobresalía, luego hizo
un gesto a Kana para que entrara y la cerró de nuevo. El interior olía a
moho, y el techo y las paredes eran de un negro sucio, como si
estuvieran cubiertos de hollín. Las dos bajaron las escaleras de un piso
hasta situarse frente a otra puerta. Ésta era similar en cuanto a que era
metálica y tenía un aspecto barato, pero parecía un poco más gruesa y
robusta que la puerta del tejado. Mephis abrió esta puerta con una llave
diferente a la anterior, y Kana siguió en silencio a Mephis dentro.
Cuando Mephis cerró la puerta, el olor a moho se desvaneció. La
entrada parecía ser para dejar los zapatos, ya que Mephis se descalzó
allí y entró. Kana la siguió.
Era un pasillo corto y estrecho. Al recorrerlo, había una habitación
al final. Una tela colgaba en la entrada de la misma. Había algún dibujo
en la tela, pero Kana no sabía qué significaba. La tela parecía
demasiado simple y vieja para ser una decoración, y también era
demasiado corta para ocultar lo que había dentro de la habitación, y se
podía ver el interior. Quizá tuviera algún tipo de significado religioso.
Pasando por debajo de la tela, Kana entró en la habitación. Había
muchas cosas desconocidas dentro. Incluso Kana podía reconocer el
monitor, la cama, la estantería y los libros, pero también había cosas
de las que no tenía ni idea de su propósito. Una bolsa que brillaba con
un lustre metálico estaba llena a rebosar. Había una especie de
curiosidad que era un pequeño metal cilíndrico, un estuche de plástico
cuadrado y un disco de hierro conectado con un poste de hierro, pero
apenas se había preguntado qué era cuando el siguiente objeto no
identificado llamó su atención, y su cerebro no pudo seguirlo todo.
“¿Por qué estás mirando todas mis cosas?” Preguntó Mephis.
“Lo siento. Es todo tan nuevo para mí, que no he podido evitarlo.”
“¿Eres un ladrón o qué?”
“No puedo descartar eso.”
“… Oh sí, estuviste en prisión, ¿verdad?”
La dueña de la casa pulsó un interruptor en la pared para encender
las luces. Se sentó en la cama frente a Kana y le lanzó un cojín.
Deduciendo que Mephis quería que se sentara en el suelo, Kana colocó
el cojín bajo su trasero y se abrazó las rodillas al pecho. Mephis la miró
con extrañeza, pero como no hizo ningún comentario, Kana lo tomó
como un visto bueno.
La habitación era pequeña, unas tres veces la altura de Kana al
cuadrado, pero no tan pequeña como para que no hubiera ningún sitio
donde sentarse. Sin embargo, su impresión inicial de que había
“muchas cosas” parecía ser correcta. Los libros grandes se
desbordaban de las estanterías y se amontonaban en el suelo; la parte
superior de la pila superaba la altura de Kana al sentarse. ¿Era Mephis
realmente una lectora, a pesar de las apariencias? Pero si era así, no
tenía mucho cuidado con sus libros. Algunos tenían las páginas
dobladas.
“Muy bien, entonces en lugar de pagarme el alquiler, te pediré que
hables.” Dijo Mephis.
“Puedo hacerlo.” Respondió Kana. “Te diré lo que soy capaz.
Como por ejemplo, como una forma de hacer las paces con Tetty…”
“¡Yo no pedí eso! ¿Por qué tengo que hacer las paces con ella?”
“¿Tienen alguna historia que desconozco?”
“Eso es… bueno, han pasado cosas.”
“Entonces dime.”
“Fuimos a la misma escuela primaria… ¡Espera, no! ¡Se supone
que tú me digas cosas, no al revés, mierda!”
“Soy Kana.”
“Basta de hacerte la tonta, ¿vale?” Mephis golpeó la cama con la
mano derecha, el rebote la llevó a ponerse de pie, y con un movimiento
ligero y natural como el de las plumas de plumón que se dejan llevar
por el viento, se sentó junto a Kana y le rodeó los hombros con un
brazo. Cada uno de sus largos y gráciles dedos acarició la barbilla de
Kana sucesivamente, mientras sus afiladas uñas grises raspaban la
garganta de Kana con la suficiente firmeza como para doler. Su cabello
negro se enroscaba alrededor de ellos, moviéndose como una chica
mágica con motivos de medusa, mientras se inclinaba lo suficiente
como para que Kana pudiera sentir su aliento con el movimiento de
sus labios negros y rosados. Por alguna razón, la forma en que sus
labios se movían parecía obscena, haciendo que su motivo de demonio
fuera incuestionable.
“Conocías a la directora, ¿eh?” Preguntó Mephis.
“Sólo la he conocido esta mañana.”
“¿De qué estaban hablando hace un momento?”
“No tengo ningún lugar al que volver. Estaba negociando con ella
para ver si podía quedarme en su casa.”
Mephis se apartó de Kana para sentarse en la cama. La mirada que
dirigió a Kana no era de enfado ni de desprecio. Kana pensó que quizás
era algo parecido a la desconfianza.
“Eso es raro.” Dijo Mephis. “¿Por qué le pides a alguien que sólo
has conocido esta mañana que te deje quedarte en su casa? Y encima,
en la ceremonia de entrada dijeron que también es la jefa adjunta de la
Oficina de Información, así que está demasiado ocupada para venir
aquí. Lo escuché de Adelheid, pero la Oficina de Información es un
lugar muy peligroso, ¿verdad? Y la subjefa es una elfa muy peligrosa.
Quiero decir, tiene un aura muy intensa.”
“No era consciente de su posición hasta que me informaste.
Además, no es una elfa, es una maga. Aunque esto también depende
de lo que consideres un elfo…”
“¡No estoy hablando de la definición de un elfo!”
“Es cierto.”
“Viste cómo actuaba, ¿verdad? Decía: ‘Podría destruir a una
pequeña chica mágica como tú con un solo dedo’. Ella piensa en
nosotras como basura. Entonces, ¿cómo es posible que una maga tan
importante te escuche seriamente? ¿Por qué alguien que rara vez
muestra su rostro está haciendo arreglos para ti? Dímelo.” Los grandes
ojos oscuros y enrojecidos de Mephis la presionaron y parecieron
decir: “Dímelo ahora”, y Kana se dio cuenta de que la habían
arrinconado. Las palabras de Mephis le torturaron el corazón, y
probablemente se trataba de la magia de Mephis. Kana tenía muchas
ganas de acceder a sus exigencias y hablar, pero no tenía la
información que Mephis buscaba.
“Ya veo.” Dijo Kana.
“¿Qué quieres decir, ya veo?”
Kana entendía la razón por la que Mephis no había puesto mucha
resistencia para llevar a Kana a casa. Sospechaba de la bondad de
Halna y por eso pretendía llevarla a casa para sacarle respuestas, siendo
su magia la clave en este caso. ¿Intentaba eliminar un elemento extraño
que perturbaba la armonía de la clase, o era para obtener información
sobre la profesora y utilizarla para facilitar su estancia en la escuela?
Con las recién aprendidas habilidades de negociación de Kana, no
podía determinarlo. Lo que sí entendía era que Mephis estaba
convencida de que algo pasaba, y que aunque Kana negara o evadiera,
era poco probable que Mephis se lo creyera.
A Kana le pareció recordar que alguien —probablemente algún
podrido villano— había dicho una vez que, al mentir, lo más tonto era
cubrirlo todo con falsedad. Pero aun así, ¿debería decirle a Mephis con
toda sinceridad: “me ha ordenado venir aquí una mujer a la que no
entiendo muy bien y me ha dicho que sea una buena estudiante y me
gradúe”?
Kana agonizó, aunque no lo mostró en su rostro, y eso la llevó a
recordar algo importante. “Estuve en una prisión.”
“Ya lo sé.” El ojo derecho de Mephis se estrechó en señal de
sospecha. Aquello debió de despertar su curiosidad. El hecho de que
mostrara interés por la prisión en lugar de atacar a Kana por su
resistencia lo demostraba.
“Las prisiones modernas valoran la reforma y el aprendizaje por
encima de la disciplina y el castigo. No es nada raro hacer uso de un
preso competente, como un activo.”
“¿Eres competente?”
“Supongo que las opiniones están divididas.”
Mephis puso su pierna derecha sobre la rodilla izquierda y su mano
derecha bajo la barbilla y asintió. Parecía que estaba pensando. Cerró
lentamente los ojos y luego los volvió a abrir. “Espera. No intentes
eludir la cuestión. La prisión no tiene nada que ver con la directora.”
“Como le he dicho, proporcionar personal de la prisión forma parte
de los asuntos de la escuela. Pero, por supuesto, a la directora le
incomodaría que una presa estuviera entre estas alumnas con un futuro
brillante, por muy competente que sea. También me entrevistaron de
antemano. Fue entonces cuando conocí a Halna.”
“Sigues hablando y todo suena razonable, eh.”
“Le di una explicación precisa de mi situación. Siendo
recomendada por la Oficina de Asuntos Jurídicos, debería saber lo
importante que es ser preciso con sus palabras.”
“… ¿Hmm? Hey, espera. ¿Por qué demonios sabes quién me
recomendó?”
La situación había tomado un mal cariz. Mephis entrecerró los ojos,
con una expresión peligrosa al mirar a Kana. Había una mezcla de
sospecha y enfado. No era una mirada que le daría a uno de los suyos
de su misma clase, de su mismo grupo.
“¿De quién has oído eso? Dime.” Exigió Mephis.
Halna le había prohibido a Kana decir de dónde había sacado la
información. Pero no sólo eso: si ahora le contara a Mephis con
sinceridad lo que había aprendido de Halna, eso sólo daría lugar a más
dudas sobre Kana, puesto que Mephis ya sospechaba de la relación
entre Halna y Kana. Mephis extendió su pierna derecha, poniéndola
encima de las rodillas de Kana. Inclinándose hacia delante, acercó su
cara a la de Kana, y lo suficientemente cerca como para que ésta
pudiera sentir su aliento, repitió: “Dime.”
A Kana le dolía el corazón. Quería ser buena y decirlo, y su boca
se abrió, pero no pudo, así que se tragó las palabras. Acorralada en un
rincón, se contuvo a duras penas, y cuando consiguió retener las
palabras, Mephis murmuró suavemente: “¿Quién te lo ha dicho?”, y
Kana cerró los ojos.
Hablar con sinceridad sería un acto de buena fe para Mephis,
mientras que no revelar la fuente de la información sería un acto de
buena fe para Halna. Ahora mismo, Kana estaba totalmente atrapada
entre la espada y la pared. Si mostraba buena fe a alguna de las dos,
acabaría traicionando a la otra.
Si pudiera ser lo más honesta posible, y al mismo tiempo ocultar la
fuente de su información… ¿Podría hacerse? Pero Kana pensó que
hacer posible lo imposible era justamente lo que hacían las chicas
mágicas. Tal vez fuera una prueba como chica mágica. Si se le
preguntara: “¿Es bueno para ambas seguir complaciendo a todo el
mundo siendo una chica mágica?”, sería difícil ofrecer una respuesta
inmediata, pero ésa no era la pregunta que debía hacerse ahora.
“No puedo revelar la fuente de mi información.” Dijo Kana. “Juré
que no lo diría.”
“Y yo te digo que ignores eso y hables conmigo, ¿entendido?”
“Mi motivo original al tratar de averiguar los patrones de todo el
mundo era utilizarlo para hacerme amiga de todas. Pero si ahora te
dijera de dónde viene esa información, no podría hacerme amiga de
todas. A eso le llamaría perder de vista mis prioridades. Así que no
puedo revelar la fuente de esa información.”
“Ya veo… ser amiga de todas, ¿eh?”
“Así es.”
Mephis dio tres palmadas y sonrió. “Vaya.”
“No esperaba que me felicitaran por ello.”
“¡Esto no es un cumplido! Estoy diciendo vaya porque crees que
una excusa de mierda como esa va a funcionar, ¡pedazo de basura!”
“No es una excusa. Yo también quiero hacerme amiga tuya.
También quiero hacerme amiga de Tetty. Y creo que sería mejor si
ustedes dos se llevaran bien. Sobre esa pelea que tú y Tetty tuvieron
durante el simulacro de batalla—”
“¡Muérete!”
Mephis le dio una patada, y Kana rodó hasta chocar con la pared.
El impacto hizo que la estantería se cayera y se enganchara en la
cómoda, que se quedó inclinada. Kana acabó aplastada bajo los libros
que bajaron de la estantería en un revuelo de papeles.
◇ Lapis Lazuline
Las paredes y el suelo de color blanco puro tenían un aspecto
vagamente sucio, debido a la escasa iluminación. El suelo de resina no
producía ningún sonido, silenciando incluso sus pasos. Al parecer,
algunos investigadores se habían quejado de chocar con la gente al
doblar las esquinas. Pero Lazuline no había oído hablar de eso como
para arreglarlo.
Pasó directamente por un cruce y luego giró a la derecha en el
siguiente para pasar por unas puertas, ofreciendo una reverencia y una
sonrisa un poco torpe y tímida al mago con bata de laboratorio que se
acercaba por delante.
No era la sonrisa de Lapis Lazuline, sino la de Bluebell Candy.
Aunque Bluebell Candy tenía una cátedra en el Departamento de
Investigación y Desarrollo, no había una cátedra para Lapis Lazuline.
Y no tenía sentido cambiar su nombre ahora para seguir siendo la
persona llamada Lazuline. En realidad, no había nada malo en actuar
como Bluebell Candy, aparte del efecto secundario de un estado de
ánimo ligeramente agrio, así que cuando estaba en I+D, Lapis Lazuline
seguía siendo Bluebell Candy. Aquí, ni los recuerdos de Lazuline ni su
personalidad tenían valor alguno.
Ante la puerta que estaba a tres del final del pasillo, giró a la
derecha y se detuvo. En la placa se leía SALA DE REFERENCIA.
Llamó dos veces, esperó dos tiempos y volvió a llamar. La puerta se
deslizó hacia la derecha, Lazuline entró y la puerta se cerró tras ella.
“Parece que Frederica ha hecho su movimiento, profesora.” Dijo
Lazuline.
“¿Cómo que parece?” Una mujer mayor que pasaba de la mediana
edad puso su pluma sobre la mesa. La mayoría probablemente la
describiría como ‘sofisticada’.
Lazuline se dirigió a la silla que era para las visitas, se sentó sin
dudar y dobló las piernas, mirando a la Primera Lazuline al otro lado
del escritorio. “Es Frederica, ¿verdad? No se puede decir con
seguridad.”
“¿Así que, en otras palabras, esta es tu suposición?” La mujer
llevaba una sonrisa pausada. Hablaba de forma educada y era
suavemente afable. Pero los que la conocían enderezaban al menos su
postura al verla, sabiendo que con ella no se permitían los errores. Sólo
Lazuline se enfrentaba a ella con una postura relajada. Por algo había
conseguido el nombre de Lazuline. No era Bluebell Candy sino Lapis
Lazuline quien sabía lo que la Primera quería de ella. Al menos, no
bastaba con no cometer errores.
“Un agente de la Facción Caspar está llegando a la gente conectada
con la Escuela de Preparación Archfiend.” Explicó Lazuline. “Eso es
lo que quiero decir con lo que parece. Frederica no está haciendo cosas
directamente, pero bueno, probablemente sea a petición suya, ¿no? Son
cosas muy importantes. Están reclutando a tantos, es algo fuera de lo
común.”
“Todo esto suena caro.”
“Sí. Por supuesto que las graduadas de la Escuela de Preparación
Archfiend lo son, pero incluso las desertoras tienen bastante influencia
de marca, después de todo. Pero si usaran su organización subordinada
antiestablishment o las chicas de la Facción Caspar, no les costaría, así
que esto significa que están tramando algo que requiere la molestia
extra de una comisión externa. Eso es un gran problema.” Lazuline
replegó las piernas, y la Primera apoyó los codos en los reposabrazos,
girando su silla hacia la derecha.
Lazuline entrecerró el ojo derecho y frunció ligeramente los labios.
“En lugar de convertir a la Escuela de Preparación Archfiend en
nuestro enemigo, ¿no es mejor tenerla de nuestro lado? Creo que
incluso empezando ahora, si conseguimos unas cuantas personas
buenas con nosotros, podemos hacer que funcione. Y estoy segura de
que algunas se cambiarán de bando por dinero.”
“Si las chicas de la Escuela de Preparación Archfiend comparasen
lo que yo intento hacer con lo que intenta hacer Frederica y tomasen
una decisión, elegirían el lado de Frederica.”
Frederica intentaba hacer más chicas mágicas. La Primera pensaba
que las chicas mágicas no debían existir. Aunque ambas querían que
las fuerzas se opusieran al Reino Mágico, sus objetivos eran
incompatibles. Ambas lo sabían mientras trabajaban juntas de todos
modos, pero ahora que Frederica se había hecho cargo de la Facción
Caspar, el equilibrio entre ellas se había desmoronado. Pero incluso
teniendo eso en cuenta, Lazuline pensó que debían poner a la Escuela
de Preparación Archfiend de su lado.
La Primera, sin embargo, no aceptaría esa idea. “Requeriría
demasiado tiempo y dinero para ganarse a los miembros de la Escuela
de Preparación Archfiend que ya trabajan con Frederica. Tienen un
fuerte sentido de la obligación. No veo el sentido de ir tan lejos.”
Lo sabía, pensó Lazuline. La Primera nunca lo diría en voz alta,
pero detestaba la Escuela de Preparación Archfiend. Aunque más que
la escuela, era que detestaba —despreciaba— todo lo relacionado con
Músico del Bosque, Cranberry. No quería trabajar con la organización
de la que Cranberry había sido miembro.
“¿Así que dejamos que la Escuela de Preparación Archfiend se
convierta en nuestros enemigos mientras no tenemos ningún plan?”
Dijo Lazuline. “¿No nos hace eso demasiado indefensos?”
“¿No hay plan? No, no es así en absoluto.” La Primera se inclinó
ligeramente hacia delante, las ruedas de su silla hicieron un ruido
chirriante. “Tenemos suficientes fuerzas. Lo que necesitamos es algo
más. Primero, necesitamos un mapa de toda la escuela. Tenemos que
averiguar el lugar que busca Frederica.”
La clase de chicas mágicas era una empresa que había sido
impulsada por la Facción Puk. Tras apoderarse de las ruinas de Puk
Puck, la Facción Osk les había arrebatado dicha empresa. Como la
gente de Lazuline había estado entrenando chicas mágicas de forma
independiente, no habían tenido necesidad de involucrarse, pero
entonces Frederica había comenzado a enviar estudiantes de forma
proactiva. Así que la Primera había reaccionado con rapidez y, para
ponerse al día, había recomendado aprendices o se había hecho
recomendar.
“Parece que hay algo ahí.” Dijo Lazuline. “Estoy segura de que
Frederica está moviendo muchos hilos. Desde que Diko fue puesta en
el Grupo Tres.”
Al haber llegado tarde, la Primera había aprovechado sus contactos
al máximo y luego había camuflado sus acciones. Sólo una de las suyas
había sido recomendada con total transparencia por el Departamento
de I+D. En el caso de Diko Narakunoin, había recurrido a un tercero y
había pagado dinero a aristócratas influyentes de la Facción Caspar
para comprar una recomendación para la clase de las chicas mágicas.
En el caso de Ranyi, había pedido un favor a las altas esferas de una
organización pública que no estaba afiliada a ninguna facción para
conseguir un puesto de recomendación.
Ella tenía la intención de haber recomendado a ambas a través de
vías sin conexión con el Departamento de I+D. En particular, dado que
Diko había sido recomendada por la Facción Caspar, debería haber
sido asignada al Grupo Dos, en cumplimiento de la división entre
facciones. Pero a pesar de ello, las tres chicas habían sido asignadas al
Grupo Tres. Habían sido asignadas a su lealtad original, la que no se
había hecho público. Era como un mensaje que les decía: “Sé
exactamente lo que están haciendo.”
“¿Qué pasa con Snow White?” Preguntó la Primera.
“Se juntó con Deluge.”
Lazuline se sintió aliviada por haber podido decir el nombre de
Deluge de forma casual, como parte natural de la conversación, y se
sintió patética por haberse sentido aliviada, y sabiendo que la Primera
podría saber cómo se sentía, suspiró.
“Bien. Entonces, hagamos que Lightning se mueva.” La Primera
ladeó un poco la ceja derecha.
Lazuline era consciente de que ella era la razón de ese cambio de
expresión, ya que cuando había surgido el nombre de Lightning,
Lazuline había puesto una mirada de agravio. O, en realidad,
simplemente le caía mal. A Lazuline no le gustaba Princess Lightning,
la chica mágica que le habían recomendado desde el Departamento de
I+D.
“¿Qué?” Preguntó la Primera.
“Nada.”
“Ni tú ni yo podemos entrar en una escuela tan firmemente vigilada.
Así que, por supuesto, haríamos la petición a Lightning, ya que ella es
una estudiante.”
“Bueno, sí.” Reconoció Lazuline. “Pero, creo que al menos
deberíamos decirle a Ranyi y a Diko sobre nuestra relación con
Lightning. No pueden contactar con ella, ¿verdad?”
“La información de Lightning es innecesaria para la misión de
Ranyi y Diko.”
“Sabes, profesora, la forma en que estás haciendo esto, es como si
estuvieras bien si las chicas fallan. Como si estuvieras haciendo que,
incluso si lo arruinan cuando llegue el momento, la información más
importante no salga a la luz, es decir, como si no confiaras en ellas.”
“No me gusta meter las preferencias personales en las relaciones.”
No quiero oír eso de ti, pensó Lazuline, y pensando que
seguramente su profesora podía saber lo que tenía en mente, sacó
mentalmente la lengua de la forma más linda que pudo.
◇ Thunder-General Adelheid
Por la noche, la escuela era silenciosa, solitaria y espeluznante. La
tacañería, la crudeza y la falta de contención que se percibían durante
el día se invertían para parecer un lugar totalmente diferente… Esta era
la sensación inusualmente poética que había albergado en su corazón
sólo hasta la segunda vez —o apenas la tercera, a lo sumo—. Después
de venir tantas veces, había llegado a la conclusión de que la propia
instalación era la misma ya fuese de noche o de día.
Saltando desde los focos de los juegos nocturnos para correr por
encima de las redes, pasó del óvalo deportivo a la cúspide del gran reloj
de la entrada principal, y de ahí saltó al tejado, pasando de barandilla
en barandilla hasta el depósito de agua. Dejó que su capa ondeara al
viento durante un rato, brillando de satisfacción al imaginar lo
pintoresca que se veía.
Por haber entrado muchas veces en la escuela por la noche, se había
hecho una idea de los lugares que harían saltar la alarma para contactar
con la empresa de seguridad. En el caso de la Escuela Secundaria
Umemizaki, no había problema siempre que no entrara. Pero eso no
funcionaba en el lado del edificio antiguo, es decir, en el lado de la
clase de chicas mágicas.
Adelheid se acercó a la entrada del viejo edificio de la escuela y se
detuvo a un par de docenas de metros para recoger una piedra del
tamaño de la uña del dedo meñique y lanzarla por debajo de la mano.
La piedra rebotó ligeramente y rodó hasta detenerse. El edificio de la
escuela, que había permanecido en silencio hasta que ella lanzó la
piedra, se llenó con el sonido de cosas que se retorcían, y se detuvo en
el momento en que la piedra se detuvo.
Eran los homúnculos de seguridad. Y no era un número cualquiera.
Adelheid pudo percibir la férrea determinación de impedir el
acercamiento de intrusos, fuera como fuera. En otras palabras, había
algo allí que haría hasta lo imposible por proteger.
Adelheid apenas tenía recuerdos de la escuela primaria. Apenas
había asistido, así que no había tenido la oportunidad de hacer ninguno.
Su madre se había graduado en la Escuela de Preparación Archfiend,
y en cuanto se enteró del talento de su hija, la sacó de la educación
obligatoria y la metió en la Escuela de Preparación Archfiend.
Adelheid se preguntaba muchas cosas sobre su madre, pero a pesar de
todo, estaba agradecida de que la hubiera metido allí.
Adelheid había aprendido todo en ese lugar. Archfiend Pam, las
chicas mágicas mayores y su madre le habían enseñado todo tipo de
cosas, desde la educación normal hasta los sistemas del Reino Mágico
y los métodos de combate de las chicas mágicas. Y una de las cosas
que le habían enseñado era a combatir a los homúnculos.
Los homúnculos evolucionaron día a día, junto con la tecnología.
Ni siquiera un graduado de la Escuela de Preparación Archfiend —
incluyendo a las mejores— podía bajar la guardia con los homúnculos.
Esta escuela de chicas mágicas acababa de crearse, así que era muy
probable que tuvieran instalados los homúnculos más avanzados.
Serían tan fuertes que no podrían compararse con los que habían
combatido durante el día. Y a juzgar por esos sonidos, también eran
muchos.
Como era típico de los graduados de la Escuela de Preparación
Archfiend, Adelheid sabía que podía defenderse en una pelea. Pero ni
siquiera ella estaba dispuesta a dar un paso más para ver cómo eran los
homúnculos. La gente seguía sacando a relucir aquella vieja historia
de cómo diez de sus graduadas habían atacado el Departamento de
Administración, que había sido custodiado por homúnculos. Tras una
intensa batalla, las chicas mágicas habían muerto todas. Adelheid no
pensó ni por un segundo que podría arreglárselas sola.
“Pues no.” Murmuró, con la mano izquierda en la cintura y la
derecha en la empuñadura de su sable militar, mientras miraba el viejo
edificio de la escuela. No hablaba consigo misma. “Tú también lo
crees, ¿no?” Dijo a la persona que intentaba acercarse a ella por detrás.
Los pasos que habían intentado ser sigilosos se detuvieron por un
momento, y luego reanudaron su aproximación sin reservas, cruzando
la tierra para detenerse cinco pasos detrás de ella. “¿Te has dado
cuenta?”
“Por supuesto que sí.” Con su capa, Adelheid se dio la vuelta.
Parecía que estaba tranquila y calmada, pero su mano no abandonaba
la empuñadura de su espada. Se levantó la visera de su gorra militar
para mirar a la otra persona.
Tambores a su espalda y una larga espada con rayos que crepitan a
lo largo de ella. Era Princess Lightning. Llevaba la misma sonrisa
sugerente que en la escuela durante el día, pero ahora, parecía aún más
sugerente. “¿No vas a entrar?” Preguntó Lightning.
“No hay manera. Si quieres entrar, no te lo impediré.”
Lightning dio un paso casual hacia adelante, y el pie de Adelheid
retrocedió, dibujando una línea en la tierra. Su postura era ligeramente
inclinada hacia delante, su mano permanecía abierta en su empuñadura
para poder desenfundarla en cualquier momento.
Lightning se llevó el dorso de la mano a la boca y sonrió
complacida. “¿De qué tienes miedo? Eres, de todas las personas, una
graduada de la Escuela de Preparación Archfiend.”
“… ¿Ya lo sabes?”
“Todas tienen el mismo tipo de títulos ridículos añadidos; no se
puede evitar. ¿Y Thunder-General? ¿No crees que es demasiado
parecido a Princess Lightning?” Dio otro paso adelante. Sus modales
eran totalmente laxos, y no mostraba ningún signo de detenerse.
Adelheid examinó su rostro, pero sólo encontró una fina sonrisa que
no revelaba nada de sus pensamientos. Adelheid no pudo averiguar lo
que buscaba. Se acercó al alcance de la espada de Adelheid y se puso
a tiro de la misma. Debía entender tan bien como Adelheid que era una
muy mala idea luchar aquí.
“No creo que necesitemos dos personajes con motivo de tormenta
en la clase.” Dijo Lightning.
“Sí, pero aun así. Ahora mismo no puedo cambiar mi nombre.”
“Todo funcionaria si te perdieses, ¿no?”
“No puedo hacer eso.”
Adelheid había visitado la escuela para comprobar la seguridad más
de una o dos veces. Había preparado excusas, como que estaba
haciendo patrullas para asegurarse de que no había gente sospechosa
por la noche, y tampoco había tratado de ocultar su presencia. Había
sido así de despreocupada. No estaba preparada para hacer de esto algo
grande.
Lightning se acercó un paso más.
Adelheid le sonrió. “Dejémoslo aquí.”
“¿Por qué? Estoy buscando una pelea contigo. Entonces tienes que
aceptar, ¿no? Una graduada de la Escuela de Preparación Archfiend
que no acepta una pelea cuando se le ofrece, Archfiend Pam se
revolcaría en su tumba.”
“La gente de la Escuela de Preparación Archfiend no acepta peleas
baratas.”
“¿Te parece que esas pretensiones son necesarias aquí? Eso no es
lo que quiero oír ahora…”
Un relámpago brilló, rompiendo la oscuridad y la tranquilidad.
Adelheid saltó hacia la derecha, desenvainando su espada en el aire.
En una postura lateral, Lightning escondió su espada detrás de su lado
izquierdo, acercándose cinco metros en un solo paso para clavarla. Su
espada de color púrpura se onduló y se estiró, pero justo antes de que
pudiera alcanzar su objetivo, Adelheid gritó: “¡Kaiser Schlacht!”
La electricidad recorrió todo el cuerpo de Adelheid. Su intensa
energía la atravesó desde todas las direcciones, intentando arrasar con
ella, pero en su lugar la enjauló toda dentro de ella, enviándola desde
allí a su brazo derecho y a su espada para desencadenarla. Lightning ni
siquiera intentó esquivar, extendiendo ambos brazos para aceptar los
rayos, y todo su cuerpo, incluso el tambor de su traje y su espada,
crepitaron con chispas. No estaba funcionando. Adelheid había
previsto que esto podría ocurrir, pero en realidad parecía que Lightning
estaba absorbiendo la energía.
IMAGEN
Las dos chicas mágicas retrocedieron como si se repelieran la una
a la otra, cambiando de lugar. Adelheid estaba en el lado del óvalo
deportivo, preparada en una postura baja, mientras que Lightning tenía
el viejo edificio de la escuela a su espalda.
La espada larga de Lightning ya estaba de nuevo en su cintura.
Como si chasqueara junto con el sonido de las chispas, aplaudió.
“Wow, increíble. La gente de la Escuela de Preparación Archfiend
realmente dice los nombres de sus movimientos, ¿eh?”
“¿En qué diablos estás pensando?”
“¿En qué estoy pensando? Tienes a un oponente delante de ti
diciendo ‘vamos a luchar’, ¿pero me preguntas qué estoy pensando?
¿Así es como hace las cosas la Escuela de Preparación Archfiend?
Incluso una chica mágica normal tendría un poco más de mordiente.”
Adelheid saltó hacia el viejo edificio de la escuela. Los relámpagos
la persiguieron, haciendo llover repetidamente rayos sobre ella,
carbonizando el suelo y quemando la hierba. A este ritmo, pronto
llamarían la atención, aunque fuera en plena noche. ¿Lo sabía
Lightning, haciendo esto? ¿Se había vuelto loca? Muchos
pensamientos cruzaron por la mente de Adelheid, pero uno de los más
grandes fue su deseo de replicar al humillante pinchazo de que “Incluso
una chica mágica normal tendría un poco más de mordiente.” El
tiempo que Adelheid pasó en la Escuela de Preparación Archfiend lo
había sido todo para ella. Su ira como graduada de la escuela estaba
empezando a superar su compostura como empleada del Departamento
de Diplomacia.
Adelheid hizo que pareciera que absorbía el rayo y lo utilizaba para
contrarrestarlo, mientras barría su capa para oscurecer la visión de
Lightning. Con una triple puñalada de su sable militar, cortó la capa, y
ahora era ella la que perseguía a Lightning, que retrocedía mientras
chorreaba sangre. Adelheid aprovechó el momento en que Lightning
estaba a punto de lanzar sus propios rayos, lanzando su espada hacia
abajo y luego hacia fuera, y cuando Lightning perdió el equilibrio, la
mano izquierda de Adelheid salió disparada, enganchando su meñique
alrededor del accesorio metálico de su tambor para tirar de Lightning
hacia ella. Con un gemido, Lightning soltó el tambor y éste se alejó
rodando detrás de ella. Adelheid lanzó su otro tambor, preparándose
para un ataque posterior; Lightning, de rodillas, levantó la palma de la
mano derecha hacia ella.
“Los estudiantes de la Escuela de Preparación Archfiend son
realmente excelentes. Parece que esto sería un poco difícil de hacer
normalmente.” Sus hombros estaban agitados. También estaba
sangrando. Pero no se negaba a seguir luchando, y su expresión
tampoco lo decía.
La punta de la bota militar de Adelheid sonó mientras daba un paso
adelante, y Lightning se tocó la gran gema en la frente con su mano
izquierda. La gema estalló y desapareció, y un color amarillo como el
de los rayos hizo brillar toda su diadema.
“Modo de Lujo: Activado.”
La hoja de Lightning se encontró con el corte de Adelheid. Su golpe
debería haber sido uno de desesperación, pero se sintió anormalmente
pesado. Adelheid estuvo a punto de dejar caer su espada, pero apoyó
la empuñadura en ambas manos para cortar hacia arriba, realizando
cortes verticales en sucesión continua hacia la línea central de su
cuerpo. Lightning bloqueó cada uno de ellos con su propia espada, y
cuando Adelheid llegó con un último y poderoso golpe desde arriba,
cruzó su daga y su espada para bloquearlo fácilmente, y luego cambió
suavemente a una patada. Justo antes de ese golpe, Adelheid saltó hacia
atrás y rodó, dándole la espalda al enemigo para ponerse de pie.
“¡Siegfried Linie!”
Los rayos llovieron sobre su espalda. Un golpe, dos, pero Adelheid
seguía sin caer. Almacenó la energía en su interior e hizo brillar su
sable militar. Durante un instante, el aura sanguinaria se hinchó.
Lightning clavó su sable, y Adelheid lo bloqueó incluso con su
espalda, repeliéndolo. Dando un giro, Adelheid se alejó de un salto; a
pocos centímetros de distancia, sus ojos se encontraron con los de
Lightning al ver que su expresión se torcía de sorpresa.
Adelheid liberó la energía que llevaba dentro mientras aceleraba su
giro, golpeando la sien del enemigo con la empuñadura de su sable.
Estaban demasiado cerca, y ella se encontraba en una posición
inestable en el aire, y golpear mientras estaba enredada de esa manera
no habría sido normalmente muy fuerte, pero Adelheid puso la energía
de su magia en ello. Aunque los rayos no funcionaran con ella, el
elemento físico sería efectivo.
El rayo salió despedido, rebotando en el suelo para ser tragado por
la espesura del borde del óvalo deportivo, desparramando hojas y
ramas y haciendo oscilar la red. Adelheid dejó caer las manos sobre las
rodillas y respiró profundamente.
Si Lightning hubiera mantenido la distancia y se hubiera ceñido a
los ataques eléctricos, Adelheid habría llegado a su límite en poco
tiempo. Adelheid sólo había podido ganar porque Lightning se había
impacientado y había acudido a un ataque directo cuando Adelheid le
había mostrado la espalda.
“Espera… ¿qué demonios ha sido eso?” Murmuró Adelheid.
Lightning había utilizado técnicas de combate en las que se había
entrenado, y no se basaba únicamente en la fuerza bruta. La forma en
que se había fortalecido de repente cuando se tocó la gema en la frente,
¿era algún tipo de magia de mejora? Adelheid ni siquiera entendía por
qué Lightning había elegido una pelea con ella en primer lugar. No
había ningún beneficio para ninguna de las dos.
Muy bien, pensó, dándose una palmada en las rodillas para
enderezarse. Su oponente era una chica mágica y bastante dura,
además. Pero aun así, Adelheid había golpeado un punto vital a plena
potencia. Era muy posible que la hubiera matado. Como mínimo,
estaría desmayada.
Pensando en deshacerse de Lightning y retirarse rápidamente antes
de que aparecieran los curiosos, Adelheid corrió hacia la espesura, pero
a los tres pasos se quedó paralizada.
Una figura se encontraba en la espesura. “¿Así que también puedes
absorber los ataques físicos, hmm?”
Era Lightning.
Adelheid estuvo a punto de retroceder, pero se detuvo,
preparándose.
Lightning sonreía. Sus tambores estaban en su espalda. No estaba
sangrando. Su sien seguía limpia. Incluso si Adelheid aceptara, en aras
de la discusión, que no se había desmayado, ¿cómo diablos se habían
curado sus heridas?
Mientras Adelheid dudaba, preguntándose si debía atacar o no,
Lightning se alejó de un salto para situarse en lo alto de uno de los
postes que sostenían la red. “Entonces nos vemos mañana. En la
escuela.”
Con la misma sonrisa sugerente de siempre, saltó. La oscuridad de
la noche la engulló y desapareció. Adelheid, atónita, la vio partir. De
principio a fin, nada de esto había tenido sentido.
◇ Ranyi
Pasando de un muro de bloques de cemento a un poste telefónico, y
luego de la cima del poste telefónico a un tejado, y luego de tejado a
tejado, corrió. Se dirigía a la escuela. Utilizar una puerta dejaría un
registro en la dirección, así que en su lugar utilizó sus pies. Con las
piernas de una chica mágica —y en particular con las de Ranyi como
candidata a Lazuline— llegaría en media hora.
Sólo en lo que respecta a las carreras de larga distancia, Ranyi era
ligeramente más rápida que Diko, que corría a su lado. Pero su célula
de dos hombres había sido la norma desde que habían empezado en
esta escuela, así que no podía correr a su máxima velocidad y dejar a
Diko atrás.
Ella nunca había preguntado qué pensaba Diko al respecto. Si
dejaba a Diko en paz, nunca abriría la boca, así que Ranyi sintió que
estaría perdiendo si hablaba primero. Ninguna de las dos chicas
mágicas habló mientras corrían hacia adelante, y al poco tiempo, la
escuela quedó a la vista. Traspasando los terrenos de la escuela desde
la montaña boscosa de la parte trasera, se movieron entre los árboles
para abrirse paso. A medida que corrían por senderos de animales que
apenas tenían servicio, Ranyi redujo gradualmente su ritmo, rodeando
la circunferencia exterior de los terrenos de la escuela para dirigirse al
antiguo edificio de la escuela y comprobarlo desde la entrada trasera.
Ella percibió algo aquí. Ser capaz de detectar la presencia de cosas
ocultas era la habilidad especial de una Lazuline. Y esto no era algo
tan casual como diez o veinte presencias. La seguridad durante la
noche era aún más estricta que durante el día. Dando vueltas en el
sentido de las agujas del reloj desde la entrada trasera, Ranyi se dirigió
al frente. La presencia de los homúnculos nunca desapareció.
Parecía que todo lo que estaba consiguiendo era el sello de
confirmación de su suposición de que forzar la entrada era imposible.
Y no tenía sentido hacer un diagrama de lo que se podía ver aquí. Tenía
que entrar en un lugar en el que no podía entrar, pero no podía
averiguar cómo.
No, no es eso, pensó, sacudiendo la cabeza. No es que no se le
ocurriera nada. Sólo que aún no se le había ocurrido una idea. Ya
sacaría una idea de alguna manera, aunque tuviera que ponerse un
rodillo de cemento en la cabeza. Si no había aberturas, entonces una
manera de crear una.
Hubo un golpe en el dorso de su mano, y Ranyi se detuvo. Diko
debió llegar a su lado sin que ella se diera cuenta, ya que tenía la mano
derecha extendida, bloqueando el camino hacia adelante. Sus ojos se
encontraron. Las dos chicas mágicas se tiraron al suelo, moviéndose
silenciosamente de sombra en sombra, y una vez que estuvieron en
posición de ver el óvalo deportivo, se detuvieron.
Desde detrás del edificio de la escuela, Ranyi y Diko observaron
las instalaciones deportivas. Dos chicas mágicas estaban en una intensa
pelea. Esto no era un sparring o un simulacro de batalla. Estaban
tratando de matarse la una a la otra.
Adelheid y Lightning, ¿por qué estaban luchando aquí? Ranyi no
podía entenderlo. Estaba justo en frente de la escuela. No eran
organismos unicelulares como Mephis, que perdería incluso su
capacidad de calcular si algo la beneficiara. ¿Había algún tipo de mala
sangre entre ellas, o habían acordado un duelo?
Ambas eran fuertes. No se movían como aficionadas. Habían sido
entrenadas para un combate letal. Un rayo golpeó a Adelheid, y Ranyi
apretó los puños.
“¡Siegfried Linie!”
Adelheid detuvo el golpe con la espalda. Al sentir que una mano la
agarraba por el hombro, Ranyi frunció el ceño y miró a Diko. Todavía
sin expresión, Diko sacudió la cabeza, y Ranyi se dio cuenta de que
había estado a punto de correr hacia ellas.
Sus ojos volvieron al óvalo deportivo. Lightning salió despedida,
esparciendo tierra mientras rebotaba, y luego se precipitó en la
espesura. Parecía que ese golpe podría haberla matado. Si Diko no
hubiera estado reteniendo a Ranyi, tal vez ésta hubiera podido
detenerlo. Pero comprendió dolorosamente bien la razón por la que
Diko le había impedido hacerlo. Ahora mismo, exponerse sólo les
haría daño.
Adelheid se acercó a la espesura en la que había golpeado a
Lightning. Ranyi apretó el lado derecho de su mandíbula. Los brazos
de Diko eran fuertes como una prensa alrededor de los hombros de
Ranyi.
Lo que había que hacer. ¿Qué debía hacer? No debía revelarse. Ella
lo sabía. Pero si no hacía nada, Lightning estaría acabada. La única
razón para salvarla era que eran “miembros del mismo grupo”, y Ranyi
sabía que esa no era una buena razón para salvarla. ¿Qué haría
Lazuline? ¿Viviría por la amistad y la detendría, sabiendo que sería su
pérdida, o desecharía fríamente la vida de su amiga para hacer de la
misión su mayor prioridad?
No podía. No podía abandonarla. Ranyi estaba a punto de ignorar
los intentos de Diko por contenerla y dar un paso adelante, cuando en
ese mismo momento, Lightning se levantó. Con las ramas y las hojas
de la espesura revoloteando a su alrededor y con una actitud tranquila
y serena, se despidió de Adelheid y se alejó con gallardía. Adelheid se
quedó un rato mirando cómo se iba, y luego salió corriendo en otra
dirección.
Con el sonido de la gente reunida y las sirenas de la policía a sus
espaldas, Ranyi y Diko volvieron corriendo por donde habían venido.
Ranyi estaba confundida, pero también emocionada. Hubiera jurado
que Lightning había resultado tan malherida que ni siquiera se podía
saber si había sobrevivido, pero luego se había levantado sin una sola
herida. ¿Había utilizado algún objeto mágico externo, o había usado
algún truco que Ranyi ni siquiera podía imaginar?
“Dejaré que te encargues del informe.” Dijo Diko, y Ranyi volvió
a la realidad.
Diko declaró desapasionadamente sólo lo necesario, con el rostro
inexpresivo como siempre. No ofreció ninguna opinión sobre el
milagro que habían presenciado. Era como si simplemente hubiera
visto lo que había. Ranyi se sintió como si la hubieran rociado con agua
helada, y no respondió.
No necesitaba que se lo dijeran. Presentaría un informe preciso.
Lazuline no se excitaría demasiado por un milagro o dos. Incluso si
quería preguntarle a Lightning qué demonios había pasado, y cómo y
por qué, podía aguantarse.
Pero, en serio, ¿qué pasó allí? Mientras corría, Ranyi se lamió los
labios.
Capítulo 7:
CORAZÓN CONTRA CORAZÓN
◇ Kumi-Kumi
Mephis le había dicho que la noche anterior había sido un “desastre”.
Dijo que la directora le había ordenado que llevara a la estudiante
transferida a quedarse en su casa. Así que primero, Kumi-Kumi envió
un informe al cuartel general de la Guardia de Élite sobre lo que le dijo
Mephis. También avisó a Lillian, pero lo único que obtuvo de ella fue
un “Ahhh” y un “Ajá”, que, como siempre, podía significar cualquier
cosa. Kumi-Kumi suspiró. Esto era algo muy importante. Realmente
no valía la pena contarle las cosas.
Y al día siguiente, cuando Kumi-Kumi vio a Adelheid en la escuela,
le contó lo de Mephis, pero Adelheid no reaccionó. Kumi-Kumi le
preguntó si había pasado algo, y Adelheid le contó algo aún más
increíble. Dijo que la noche anterior, en la escuela, Lightning la había
atacado y habían tenido una verdadera pelea.
Antes de que empezara la clase, los miembros del Grupo Dos
fueron detrás del gimnasio para sentarse en las escaleras, apoyarse en
la pared o ponerse en cuclillas en el suelo para tener una reunión de
emergencia. Estando en un lugar como ese en poses como esas, eran
como delincuentes. Tal vez no era su imaginación que Mephis parecía
un poco alegre.
“¿Dónde está la estudiante transferida?” Kumi-Kumi preguntó a
Mephis.
“La envié al aula antes que nosotras. Le dije que le daría un lápiz y
un cuaderno si se portaba bien, así que básicamente debería estar bien.
Y si no está bien, entonces lo resolveremos de alguna manera, una
manera no muy fina.”
Todas estaban en forma de chica mágica, y Lillian había tejido un
improvisado juego de badajos e hilo, ensartándolos alrededor de la
zona para que pudieran detectar cualquier aproximación. Ojalá Lillian
fuera así de sensata cuando está en forma humana, pensó Kumi-Kumi
mientras apoyaba su pico en la pared del gimnasio, se quitaba el
sombrero y lo colocaba encima. Al notar que Adelheid no se
desprendía de su sombrero, sable o capa, y se limitaba a apoyarse
despreocupadamente contra la pared tal como estaba, Kumi-Kumi
pensó: “Oh, la gente de la Escuela de Preparación Archfiend actúa
como si estuviera siempre en el campo de batalla”, y se sintió
avergonzada de sí misma por haber soltado su pico, aunque todavía
estuviera al alcance de la mano. Pero volver a tomarlo sería aún más
embarazoso, así que lo dejó allí, y las cuatro chicas mágicas
comenzaron su discusión.
“¡Eso es muy malo, Adelheid!”
“Mephis, estás siendo… demasiado ruidosa.” Dijo Kumi-Kumi.
“¿Qué fue tan malo? Te lo digo, fue simplemente atroz.”
“Sin embargo, cuando dices malo…” Llevando los dedos índices
de sus dos manos e incluso la cola de su cabello, Mephis señaló a
Adelheid.
La señalada, sin embargo, murmuró “¿Qué…?” Como si se sintiera
incómoda.
“Es el tipo de malo que viene con la diversión, ¿verdad?” Continuó
Mephis. “En realidad no fue sólo malo, ¿verdad?”
“No hay nada divertido en luchar por tu vida. Y cuando ni siquiera
sabes por qué te atacan, da miedo. ¿En qué demonios estaba pensando
esa chica?”
“¡Miedo a la batalla! ¡Esto no suena como algo que diría alguien de
la famosa Escuela de Preparación Archfiend!”
Kumi-Kumi se repitió. “Mephis, estás… haciendo demasiado
ruido.”
“Mientras tanto.” Continuó Mephis. “Me pasé toda la noche
interrogando a esa chica una y otra vez, y la mierdecilla no hablaba en
absoluto. Ni siquiera sé si mi magia funcionaba o no, joder. No parecía
que hubiera hecho ninguna mierda tipo manga, como un entrenamiento
especial de resistencia a la tortura o lo que fuera, y a mitad de la noche,
estaba segura de que esto no iba a funcionar nunca, pero tenía que
hacerlo, ¿no? Si yo estaba como: no creo que vaya a funcionar por lo
que no hace daño intentarlo, entonces, obviamente, Kumi-Kumi y
ustedes estarían de la mierda. Esa porquería no es divertida, y tampoco
tiene sentido, y eso es lo que se llama un mal momento. Sólo estabas
jugando a ser ruda mientras querías desahogarte en una buena y dura
pelea, ¿verdad?”
“Entonces, básicamente, ¿estás celosa?” Preguntó Lillian.
“¡Estoy celosa! ¡Dame una oportunidad para luchar!”
“Estoy segura de que hay oportunidades por todo el lugar. Si
hubieras venido a la escuela anoche, tal vez te habrías metido en un
lío.” Adelheid rara vez parecía seria, pero ahora lo estaba, lo que hizo
que incluso Mephis cerrara la boca.
Aprovechando esa pausa, Lillian retomó la conversación con un
“Entonces.” La forma en que lo hizo fue tan perfecta que hizo que
Kumi-Kumi pensara, ojalá se quedara en forma de chica mágica todo
el tiempo, mientras escuchaba.
“En primer lugar, ¿por qué viniste a la escuela anoche?” Preguntó
Lillian.
“Soy una chica mágica, así que al menos tengo que hacer rondas en
mi territorio, ¿verdad?”
“¿Este es tu territorio?” Interrumpió Mephis.
“También es mi territorio.”
“¡Entonces no dejes escapar a los intrusos! Mierda, esto me jode,
que te hagas la grande cuando te han pateado el culo Lightning.”
“Evitamos las peleas… en la medida de lo posible.” Dijo Kumi-
Kumi.
“¡Perdedoraaaaa!”
“Si estamos hablando de peleas, entonces también tienes que tener
cuidado, Mephis. Ayer golpeaste a Tetty y arruinaste el tiempo de
recreo, ¿no es así? Eso es claramente ir demasiado lejos. Estoy segura
de que ella no quiso decir nada con eso. Y como, hace poco escuché
que ustedes tienen alguna historia… Me ha dado vueltas en la cabeza.”
“He oído que… fueron a… la misma escuela primaria… y se
convirtieron en chicas mágicas… juntas.”
“Ah, ¿es cierto?” Dijo Adelheid. “Huh, así que son amigas de la
infancia.”
“¡Cállate! ¡Deja de cotorrear sobre cosas sin sentido! ¡Estamos
hablando de Lightning! ¡Vete a la mierda!”
Adelheid estaba a punto de seguir discutiendo cuando Kumi-Kumi
la contuvo con una mirada y le hizo un gesto a Lillian. Si iban a hablar
de la mala relación entre Tetty y Mephis, deberían hacerlo cuando
Mephis no estuviera cerca.
Parece que Lillian captó su señal, y avanzó suavemente la
conversación. “Sin embargo, Lightning estaba bien al final, ¿no?”
“Pero no sé por qué. Después de que le diera ese gran golpe en la
sien, pensé, awww mierda, podría haber ido y vengarla, pero ella se
levantó fresca como lechuga y se fue a casa.”
“No es que haya evitado el ataque o lo haya bloqueado con energía
o algo así, ¿verdad?” Preguntó Mephis.
“De ninguna manera. Vi esa abolladura en su sien. Estaba en
camino de estar inconsciente hasta la mañana, en el mejor de los
casos.”
“Abolladura en la sien…” Repitió Mephis. “¿Qué ibas a hacer si
moría de verdad?”
“Bueno, dejaría que ustedes se ocuparan de eso. Están
acostumbradas a eso, ¿verdad?”
“¡¿Crees que el trabajo de la Guardia de Élite incluye la eliminación
de cuerpos, idiota?!”
“Bueno, dejando eso de lado, creo que usó algún tipo de magia.”
“Magia del rayo… Oh, sí.” Dijo Lillian. “Descargas eléctricas, ¿fue
así?”
“Así es.”
“Sólo basándome en el sentido común.” Continuó Lillian. “No sería
posible curar los moratones con electricidad, ¿verdad?”
“Bueno, no.”
“Entonces… en otras palabras…” Kumi-Kumi no había participado
en absoluto en el rápido intercambio de conversación, pero
precisamente por eso había tenido tiempo de reflexionar lenta y
cuidadosamente, y así había podido adivinar la razón del misterioso
fenómeno que suponía la falta de lesiones de Lightning. Pero aunque
había sido capaz de pensar en ello, todavía no podía hablar de forma
muy elocuente, por lo que las palabras le salieron lentas. “¿No significa
eso que… la magia de Lightning… es en realidad algo más?”
“Uh, pero realmente estaba disparando rayos por todas partes.”
Dijo Adelheid.
“Bueno… um… eso es, ya sabes…”
“Oh, ya veo. Es cierto, si la electricidad se tomaba prestada de un
objeto mágico, mientras que su propia magia era otra cosa, entonces
no habría contradicción.” Lillian dio una palmada.
Adelheid y Mephis parecían sorprendidas, pero también
convencidas. Mephis le dio una palmada en la espalda a Kumi-Kumi,
sonriendo mientras decía: “No está mal, Kumi-Kumi”, mientras
Adelheid asentía y murmuraba: “Cierto, entonces todo encajaría.”
Kumi-Kumi no había pensado tanto, pero asintió con una expresión
como si hubiera estado pensando eso todo el tiempo.
“He oído que no informar de su magia, o informar falsamente de
ella, ha sido común desde hace mucho tiempo.” Dijo Adelheid.
“¿De verdad?” Dijo Mephis. “¿Puedes hacer eso?”
“Oh, pero los controles de preinscripción aquí se supone que son
bastante estrictos. Así que estoy segura de que habrán investigando
adecuadamente, por lo que cualquier mentirosa sería expulsada de
inmediato… Bueno, eso es lo que yo asumo.”
“Pero también es posible que la hayan investigado pero la hayan
dejado entrar a pesar de todo para observar su comportamiento.”
Señaló Lillian.
“¿De verdad? ¿Llegarían tan lejos?”
Una del grupo se cruzó de brazos y asintió, otra miró al aire en su
lugar, otra gimió, mientras que otra —Kumi-Kumi— exhaló un largo
suspiro por la nariz. Tenía demasiadas cosas en las que pensar. “Si esa
es… la postura… de la directora… entonces eso hace que, um… sea
posible que en verdad… haya estudiantes… que estén ocultando su
magia… um… Eso no es bueno.”
“Si no podemos confiar en ninguna de las informaciones que salen
a la luz pública, es bastante brutal.”
“¿Vendrá Lightning a la escuela?” Preguntó Lillian.
“Ah, creo que vendrá. Bella como una camelia.”
Mephis frunció el ceño. “Me la imagino apareciendo con cara de
‘Oh, ¿ha pasado algo?’ Esa zorra.”
Alrededor de la hora en que terminaba el entrenamiento matutino,
las cuatro se des transformaron y volvieron al aula. Lightning, que
estaba en el pasillo murmurando algo, parecía aún más tranquila y
sereno de lo que Kumi-Kumi había previsto, con una sonrisa
despreocupada.
◇ Pshuke Prains
Al escuchar la impactante noticia de la líder del Grupo Tres, Princess
Lightning, de que se había peleado con Adelheid en la escuela la noche
anterior, Pshuke se sintió más confundida que enojada. Pensó que tenía
que haber algún tipo de razón, pero la aludida —Lightning— sonreía
sin ningún tipo de vergüenza.
“Adelheid oculta lo que realmente puede hacer mientras está en la
escuela, ¿no es así?” Dijo Lightning. “Incluso durante los tiempos de
recreo, ella nunca usa su magia en absoluto. Así que pensé que me
gustaría probar algunas cosas, si tenía la oportunidad. Por supuesto,
nunca tuve la intención de hacer algo imprudente. Pero se puso muy
nerviosa, ya sabes. Dos chicas mágicas en la escuela por la noche es
una situación tan dramática, después de todo, ¿qué se puede hacer?
Realmente preferí no hacerlo, pero la dejé tener una batalla. Aunque
por supuesto sabía que no era bueno pelear.”
Su pequeño discurso hizo que Pshuke dudara de su cordura.
¿Exactamente qué había planeado hacer si hubiese matado a Adelheid
o si Adelheid la hubiese matado a ella? Las bocas de Ranyi y Diko
permanecían cerradas y no se movían. De todos modos, Pshuke no
podía esperar que ninguna de las dos la regañara.
Pshuke miró a Sally, que parecía desconcertada, pero seguía
manteniendo una sonrisa adecuada en su rostro mientras preguntaba:
“Entonces… quieres decir que tu plan fue descubierto por el Grupo
Dos, por lo que terminaste en una pelea, ¿sí?”
“¿A qué te refieres con ‘plan’?” Preguntó Lightning.
“Tu plan era como, esa cosa, síííí. Cómo en el simulacro de batalla
de ayer, te ofreciste a unir fuerzas con el Grupo Uno y les prestaste tu
daga.”
“Y yo que me preguntaba por qué sacabas a relucir la palabra
plan… Si te refieres a eso, no parece que se haya expuesto. Y ahora
que lo mencionas, no han devuelto el arma que les presté. Si hubiera
tenido esa daga, tal vez habría podido ganar la pelea de anoche.”
“Eh, ese no es el problema, aquí…” Dijo Pshuke.
“Me hubiera gustado hablarlo contigo, si hubiera podido, diciendo:
‘Parece que habrá una pelea, ¿qué debo hacer?’ Pero no había
tiempo, ¿verdad? Así que me vi obligada a decírtelo a posteriori. Lo
siento.”
Con Lightning justo delante de ella disculpándose con esa sonrisa
angelical, incluso sabiendo que no tenía ningún deseo sincero de
disculparse, Pshuke no pudo presionar más, y acabó refunfuñando y
quejándose como siempre. Y Sally, que era mucho mejor con las
palabras que Pshuke, tampoco pudo ser dura con Lightning, sólo la
amonestó con un “ten cuidado la próxima vez”, mientras que Ranyi,
en particular, miraba a Lightning como si fuera genial o heroica por
actuar como una bala perdida y hacer esta maniobra sin antes hablar
con ninguna de ellas. Y Diko sólo estaba allí y nada más. No se podía
saber por su expresión si pensaba bien o mal de Lightning.
“Lamentablemente perdí.” Continuó Lightning. “Pero pude ver
algo de la magia de mi oponente. Creo que la próxima vez que
tengamos un simulacro de batalla, podremos trabajar las cosas a
nuestro favor. La próxima vez, podremos apartar al Grupo Dos
fácilmente sin hacer algo tan fastidioso como cooperar con el Grupo
Uno.”
Si hubiera que personificar la palabra “sinvergüenza”, ahora mismo
seguramente sería Lightning. No era sólo que no pensara que tenía la
culpa: incluso cuando decía locuras, sonaba misteriosamente
convincente. La culpa de todo la tenía su cara de ser demasiado
impecable. No importaba qué clase de idiotez soltara, eso hacía que
pareciera que tenía razón.
La chica de espíritu más libre de la clase: Princess Lightning. Al
verla, Pshuke recordó a cierta chica mágica: la líder de la Facción Puk,
Puk Puck. Fue esa simple inocencia y su espíritu libre lo que la llevó a
perder la vida. Después de su muerte, los aristócratas de la Facción
Puk, que se habían mantenido alejados de ella, habían tomado el
control de la facción, e incluso después de que todos los miembros de
la Facción Puk hubieran sido expulsados de la escuela de chicas
mágicas, la facción apenas había conseguido meter a una estudiante. A
Pshuke le habían dicho que cualquier persona que fuera originaria de
la facción haría que la gente de la escuela desconfiara, y por eso se
habían tomado la molestia de pagar a un independiente para que fuera
un estudiante durante dos años.
Pshuke había acabado siendo la única de la Facción Puk que
quedaba en la clase, y el mero hecho de estar allí era como caminar por
la cuerda floja. Como esto restringiría su actividad durante dos años,
se pagaba bastante. Si fracasaba, sólo recibiría el anticipo y no
obtendría el resto, y además dañaría su reputación. De ninguna manera
quería verse arrastrada por el comportamiento libre de Lightning y ser
expulsada antes de terminar.
Al menos no me metas en esto, se quejó Pshuke para sus adentros y
gimió en voz baja, pero no tenía ni idea de hasta qué punto le habían
oído. Por alguna razón, Sally era la que más se disculpaba del grupo,
así que sabía que no había nada que hacer.
Y así, Pshuke siguió descargando una ira que nunca llegaría a su
objetivo, y su reunión matinal llegó a su fin. El Grupo Tres entró en el
aula, y justo cuando estaban a punto de esperar a Calkoro, alguien les
llamó. Preguntándose quién era, Pshuke miró para ver a Tetty
Goodgripp. Amigas o enemigas, esta mañana no va a haber más que
miserables bastardas, pensó Pshuke, irritándose aún más mientras
recitaba los más sucios insultos hacia Tetty en una voz que nadie oiría.
Todo había sido tan aburrido cuando Pshuke estaba en la escuela
primaria. Los únicos momentos divertidos habían sido cuando se ponía
a conversar animadamente con sus amigos hablando mal de otras
personas. Ceder al impulso, hablar mal de alguien que no daba la cara
en varias comunidades, desahogar sus resentimientos, crear un
sentimiento de unidad y luego despedirse con una sonrisa… no había
tardado en darse cuenta de que le gustaban ese tipo de cosas, y había
llegado a iniciarlas por voluntad propia.
Pero las cosas nunca fueron tan fáciles en la vida, y las
comunidades tendrán conexiones sueltas con otras comunidades, y las
cosas desagradables que había estado diciendo sobre los compañeros
de clase se filtraron a otra clase a través de la asociación de vecinos, y
después de que pasaran más cosas, se descubrió que le gustaba hablar
mal de la gente a sus espaldas, y los amigos que habían sido tan
entusiastas de la murmuración con ella todos hicieron un giro de 180
grados, y ella había terminado completamente sola.
Pshuke, que ya era una chica mágica en ese momento, se había
dedicado a reflexionar sobre sí misma. Había intentado varias cosas,
como usar Internet o escribir un diario y demás, y al final se había
conformado con hablar consigo misma. La comunicación era, en
última instancia, algo accesorio. Lo importante era decir las cosas en
voz alta para descargar el estrés. Escupir veneno era como expulsar las
toxinas del cuerpo.
Tetty, que seguramente no imaginaría que Pshuke estaba diciendo
todo tipo de barbaridades sobre ella, le tendió la daga a Lightning con
su habitual sonrisa de aspecto inofensivo. “Ya que me olvidé de
devolvértela ayer.”
El tiempo prácticamente se había detenido: el aula había quedado
en silencio. No eran sólo los Grupos Uno y Tres. El Grupo Dos estaba
allí mismo, y Mephis. Lo que Tetty estaba haciendo —como si hubiera
olvidado la importantísima regla de devolver en secreto lo que se había
obtenido en secreto— reunía todos los ojos y oídos del aula, y ahora
no había forma de encubrirlo. Como mínimo, Mephis las miraba con
recelo.
Preguntándose por el Grupo Uno, Pshuke miró hacia allí para ver
que Miss Ril tenía una expresión de preocupación, Arlie y Dory
miraban a su alrededor con ansiedad, mientras que Rappy tenía una
expresión de “Oh, sí que metió la pata” con una mano en la frente.
Parecía que lo que Tetty estaba haciendo no era idea suya.
Pshuke se asustó, pero Lightning se mostró tranquila y fría como si
nada, aceptando la daga con una sonrisa mientras decía: “Muchas
gracias.” Aunque llegara el día en que cayera un meteorito y se
destruyera el mundo, esta chica anormalmente atractiva nunca
vacilaría en su actitud, pensó Pshuke, y frunció el ceño, irritada.
Tetty inclinó la cabeza hacia Lightning, y a continuación se volvió
hacia Mephis, inclinándose de nuevo. Mephis escuchó el “lo siento”
mientras miraba la cabeza de Tetty, confundida.
Ni hablar, no va a aceptar tal cosa, pensó Pshuke, observando el
intercambio entre la pareja con inquietud, y cuando escuchó a Tetty
continuar con “Lo de ayer”, murmuró insultos hacia ella en voz baja.
“Miss Ril estaba brillando al final del simulacro de batalla,
¿verdad? Bueno, eso porque tomamos prestada esa daga de Lightning,
y Miss Ril usó su magia para absorber la propiedad de la daga para
brillar.”
Ella había ido y lo había dicho. Pshuke no entendía por qué tenía
que decírselo a Mephis personalmente. Y a diferencia de Lightning,
Tetty no estaba actuando descaradamente al respecto, sus manos
temblaban ligeramente. Si eso no era actuar, entonces era la reacción
de alguien que tenía miedo a las represalias de Mephis.
Mephis pareció reflexionar un momento. Pero entonces levantó el
dedo corazón de su mano derecha como una vulgar señal para empujar
hacia arriba el puente de sus gafas y fijar su posición. Su expresión era
totalmente tranquila, pero eso no parecía otra cosa que un presagio.
“… En otras palabras, ¿es como si los Grupos Uno y Tres se hubieran
unido para eliminar al Grupo Dos?”
“Pensamos que… sería ventajoso hacerlo.” Dijo Tetty.
“Oh. Huh. Se te ocurrió una buena idea, ajá.” Mephis se rió, y antes
de que pudieras parpadear, su expresión se transformó en un rostro de
rabia mientras atacaba a Tetty, pero Kumi-Kumi le paró el brazo
derecho, Lillian le sujetó el izquierdo y Adelheid le hizo un nelson
completo desde atrás.
Kana se acercó en silencio detrás de Kumi-Kumi. “¿Qué debo
hacer?”
“Agarra… sus piernas.”
“Entendido.” Abrazó la pierna derecha de Mephis contra su pecho.
Tras la señal de Kumi-Kumi de “Uno, dos”, las cuatro captoras de
Mephis la hicieron retroceder, alejándola de Tetty. Sin embargo, Kana
fue la única que recibió una y otra vez una patada en la cara con la
pierna izquierda de Mephis. Su expresión nunca cambió. Pshuke
tampoco tenía ni idea de lo que pensaba ésta, en un sentido diferente.
Incluso mientras la arrastraban, Mephis hizo acopio de todas sus
fuerzas para lanzar insultos. Además de los infantiles “basura, imbécil,
cobarde, escoria”, llegó a decir: “Siempre has sido una maldita hija
de…”, y Kumi-Kumi le tapó la boca para que emitiese sólo ruidos
apagados que no eran palabras.
Tetty, que había provocado esta situación, temblaba mientras
observaba a Mephis. Miss Ril le puso una mano en el hombro mientras
Rappy le tiraba de la manga, pero Tetty no obedeció, dando un paso
adelante hacia Mephis y gritando en voz alta: “Mephis. Escucha, ayer
me enseñaste una cosa.”
Una vez más, la clase se quedó en silencio. Mephis dejó de
forcejear y las chicas que la sujetaban también miraron hacia Tetty con
la boca abierta. El Grupo Tres tenía las mismas miradas. Aunque
parecían escépticas sobre lo que iba a decir, escuchaban atentamente
para no perderse ni una palabra.
Entonces se oyó un traqueteo y la puerta se abrió. El sonido de la
lista de la clase al ser golpeada dos veces, seguido de la voz de la
profesora diciendo: “¿No han oído todas el timbre?”, resonó en el aula.
Como si el tiempo se hubiera descongelado, las chicas volvieron a
ponerse en movimiento, sentándose en sus propios asientos. Calkoro
las miró con curiosidad, pero debió decidir no preocuparse por ello, ya
que asintió una vez y luego comenzó a pasar lista.
◇ Calkoro
Al ver que la jefa del Grupo Dos y todos los miembros de su grupo se
unían para contenerla, Calkoro dedujo que algo había ocurrido antes
de la clase. Y no sólo eso: toda la clase tenía un ambiente extraño. No
todas miraban a Mephis, que parecía un alienígena capturado, sino a
Tetty Goodgripp. Debía de haber dicho algo, pero parecía que Calkoro
había entrado en la clase demasiado tarde, así que no había oído qué.
Calkoro habría supuesto que si alguien iba a armar un escándalo,
sería Kana, o Mephis, o Kana y Mephis juntas. Pero, ¿había sido
realmente Tetty? La impresión que tenía Calkoro de que Tetty nunca
causaría un problema de forma proactiva —que, de hecho, era del tipo
que intentaba tapar las cosas— seguía sin cambiar. Tetty tampoco
había provocado deliberadamente aquel alboroto durante el simulacro
de batalla. Simplemente había actuado sin pensar por buena voluntad,
moviendo su cuerpo en un intento de salvar a Mephis.
Si Tetty estaba causando un problema por iniciativa propia,
entonces no sería su propia decisión; ¿y si la Oficina de Información
para la que trabajaba la obligaba a hacerlo? Con ese pensamiento, la
tiza de la pizarra en la mano de Calkoro se congeló por un momento,
y se sujetó el brazo derecho con la mano izquierda, conteniéndolo antes
de que empezara a temblar. Si la Oficina de Información estaba
utilizando a Tetty para hacer algo, entonces Calkoro no debía
involucrarse.
“… Bella Lace recogía los resentimientos de los cadáveres, los
materializaba y encerraba a las chicas mágicas en su interior. Esto
podría salir en el examen, así que por favor recuérdenlo.” Calkoro dijo
algo que normalmente no diría, golpeando los nudillos en la pizarra
mientras lo hacía para ocultar su desconcierto y miedo.
Si la Oficina de Información había obligado a Tetty a hacerlo, sería
extraño que informara de ello a Halna, pero si no lo hacía, el no hacerlo
se tomaría como una negligencia en su supervisión. Si Calkoro podía
hacer que pareciera que lo deslizaba sutilmente junto con otros asuntos
a reportar, eso reduciría las probabilidades de que lo tocara de manera
impolítica. Y primero, debería idear todas las contramedidas posibles
antes de tratar el informe.
“Miss Box, que era una hábil boxeadora, también absorbió con
avaricia las técnicas de sus chicas mágicas secuaces que eran expertas
en artes marciales, como Bottlecut Girl, que practicaba el karate
tradicional. A Cranberry no le interesaba nada más que hacerse más
poderosa, y el objetivo de los exámenes que realizaba era también…”
La mirada de Calkoro se detuvo por casualidad en la inexpresiva
Kana. Calkoro se aclaró la garganta y limpió la pizarra con el borrador.
Al apresurarse, esparció polvo de tiza alrededor, haciéndola toser de
verdad.
¿Se ha vuelto a descuidar hoy? Se preguntó, mirando de nuevo a
Kana para ver que, sorprendentemente, su cuaderno estaba abierto
delante de ella y su lápiz se movía. Aunque Kumi-Kumi había
cambiado su libro de texto para compartirlo con ella, parecía que Kana
había traído el resto.
¿Pensaba tomarse la clase básicamente en serio? Entonces, cuando
había entregado esa hoja en blanco el día anterior, ¿lo había hecho para
significar algo?
“Cranberry pervirtió lo que originalmente debían ser las actividades
de las chicas mágicas: ayudar a la gente de a pie, y el resultado fue…”
Eso fue todo. Un ejercicio de campo. No podían hacer uno ese día,
pero Calkoro podría hacer uno de alguna manera durante la semana. El
hecho de que Kana no hubiera mostrado sus verdaderas habilidades en
el simulacro de batalla sería una razón para que hiciera un ejercicio de
campo. Calkoro seguiría principalmente al Grupo Dos y vigilaría a
Kana, comprobando su actividad. Para los otros grupos, bueno, les
haría hacer lo que fuera y les haría informar más tarde, y eso debería
ser suficiente.
Mientras se sentía emocionada por haber dado con una buena idea,
la clase llegó a su fin, y Calkoro elaboró inmediatamente un informe y
envió el correo electrónico, y de forma aterradora, obtuvo una
respuesta instantánea.
Calkoro releyó tres veces la respuesta de Halna.
Sus instrucciones no eran tan suaves como hacer que ayudaran a la
gente en la ciudad: dijo que debían hacer el entrenamiento de combate
en un espacio más grande que el gimnasio. Y como la propia Kana
había dicho que había aprendido todos los puntos débiles de los
homúnculos, esta vez seguro que Calkoro debería ser capaz de hacerla
luchar adecuadamente y evitar que ocultara nada. Lo cual, ahora que
lo mencionaba, era bastante acertado, pero ¿tenía Halna en cuenta los
peligros?
En cuanto a la ubicación, Halna dijo que la zona de montaña detrás
de la escuela era apropiada. No había gente por allí, lo cual era bueno,
pero estaba muy cerca del centro de la ciudad.
Calkoro no pudo evitar pensar que demasiadas consideraciones
sobre la seguridad de la clase se estaban dejando a la discreción del
profesor. Y realmente tuvo la sensación de que, en su intento de evitar
problemas, había conseguido más de ellos.
Haz el ejercicio mañana. Prepáralo inmediatamente.
Una vez leídas estas dos últimas líneas, Calkoro miró al techo.
◇ Kana
Había superado sin problemas el programa de todo el día. Ese día no
había sido investigada por Calkoro ni reprendida por Halna: el primer
día que había terminado sin problemas en el verdadero sentido de la
palabra. Mephis y Tetty habían discutido un poco, pero al final eso fue
sólo por la mañana. No se alargó después, y no había habido más
ocasiones para que ambas hablaran o se pelearan como el día anterior.
Aunque Kana no lo demostró en su rostro, sintió una gran alegría
en su corazón. Con la previsión de pedir prestados no sólo un lápiz y
una goma de borrar, sino de ser astuta y conseguir también un
sacapuntas, había podido copiar de la pizarra todo el día, como las
demás alumnas. Y tampoco se podía pasar por alto cómo había podido
entregar su tarea. Calkoro tenía que estar satisfecha. Cuando había algo
que Kana no sabía, se aseguraba de preguntarlo, y nunca se saltaba
ninguna instrucción. Si se distraía con las cosas o se perdía en sus
pensamientos por un momento, entonces todo se arruinaba. No sólo
para Kana. Causaría problemas a su grupo, a toda la clase, y las pondría
en peligro. Con una consideración que era incluso demasiado, su vida
en la escuela estaba naciendo.
La profesora dijo que al día siguiente habría un ejercicio de campo
nocturno. Kana lo anotó en su cuaderno, incluyendo la advertencia de
que no se olvidara de dejar esa hora libre. Ahora, aunque se le olvidara,
no habría ningún problema si veía ese recordatorio.
Ya no era una alumna transferida, sino que había conseguido
encajar plenamente como miembro de la clase. Sintiéndose satisfecha,
Kana se fue de nuevo a casa con Mephis.
Y así había sido un día muy sustancioso, pero en el camino de
vuelta, Mephis no abrió la boca, callándose hoscamente. Al examinar
su expresión, Kana observó que parecía estar claramente de mal
humor. Kana se preguntó si tendría algún tipo de problema personal y
pensó que tal vez debería ofrecerle un consejo, y el hecho de que
tuviera el suficiente tiempo libre como para ser capaz de ese
pensamiento aumentó su sensación privada de satisfacción.
“¡Ahhh, mierda!”
En el momento en que volvieron, Mephis se des transformó. Kana
tardó unas tres palmadas en darse cuenta de que lo había hecho. Que
su compañera de clase apareciera de repente delante de ella fue
bastante sorprendente. El día anterior, Mephis no se había
transformado entre la salida y la entrada de la escuela, así que Kana
había asumido que así era. Pero mientras Kana pensaba en cómo
afrontarlo, la chica se dirigió al pasillo hasta la habitación del fondo y,
cuando volvió, se había puesto una simple camiseta interior, con el
vapor saliendo de su cabeza. No porque estuviera enfadada.
Probablemente había ido a darse un baño.
Mephis ya tenía el cabello suelto y se lo secó con el secador, guardó
las gafas en una funda y las colocó junto a la almohada. Se tumbó en
la cama, se subió la manta hasta los hombros, le dio la espalda a Kana
y apagó las luces de su habitación con el mando.
Kana la sacudió a través de la manta. “Espera.”
“¡Cállate! ¡Maldita sea!” La chica levantó la manta, abandonó la
cama con determinación, golpeó con el puño el interruptor de la luz
para encenderla, y luego regresó de la misma manera, levantando
polvo mientras se dejaba caer en la cama. Por la forma en que se
enfadó, sí, aunque su ropa era diferente, era la misma Mephis de
siempre.
“¡La noche es para dormir, sabes! ¡Idiota!” Dijo Mephis.
“¿Pero no es ahora mismo la tarde, no la noche?” Preguntó Kana.
“Déjame dormir.”
“Ayer hablamos toda la noche y no dormimos.”
“¡Me estás aburriendo!”
Kana pensó que probablemente sabía mejor que nadie que era
aburrida, pero ¿qué sentido tenía que se lo señalaran explícitamente?
Lo pensó un poco, pero no pudo entender qué quería decir Mephis. A
pesar de su notable crecimiento en los últimos tiempos, ahora sentía
sus límites. La satisfacción que había estado construyendo
continuamente durante todo el día se marchitó. Esto no era bueno.
“Te agradecería que me explicaras qué parte de mi es la que aburre,
y cómo.” Dijo Kana.
“¡Te interrogué todo el día de ayer y no hablaste!”
“¿Así que fue un interrogatorio?”
“¡Malditacállateyaescoriamierdadesgraciadahijadeputaaaaaaaahhh
h!”
“También le agradecería que evitara la jerga intraducible.”
“Pasar toda la noche hurgando y pinchando e interrogando como
un mago no es lo que quiero hacer, ¿vale? ¡No estoy hecho para eso!
¡¿Entiendes eso?!”
“Sin embargo, creo que tu magia es precisamente la adecuada para
los interrogatorios.”
“¡Como he dicho! ¡Esto es aburrido! Incluso después de golpearte
con mi magia toda la noche, ¡no me dijiste nada! Nadie ha sido capaz
de resistirse tanto, ¿vale? ¡Y al día siguiente, ibas tranquilamente a
clase! ¡Pero yo tuve que trabajar sin dormir, y estoy harta! ¡Qué
demonios! ¡¿Has recibido algún tipo de entrenamiento para esto?!
¡¿Eres un espía o algo así?!”
“¿Este tipo de tareas no se vuelven más efectivas a través de la
repetición?”
“¡Por! ¡Eso! ¡Es! ¡Qué! ¡Te! ¡Llamo! ¡Aburrida! ¡Date cuenta!
¡¿Qué sentido tiene interrogar a alguien que me dice que debo hacerlo
de nuevo?! ¡Vete a la mierda! ¡Vete a la mismísima mierda!
¡Simplemente muérete!” Como estaba golpeando el futón en cada
sílaba, el polvo volaba hasta llenar la habitación.
Kana retrocedió ligeramente y tocó el cojín en el que había estado
sentada el día anterior. Qué suerte, pensó, y lo recogió y lo puso bajo
su trasero como había hecho ayer. La alfombra de esta habitación tenía
pelos cortos, así que era incómodo sentarse sin cojín.
“¡Tú! Eras una prisionera del corredor de la muerte, ¿no?” Dijo
Mephis.
“No era del corredor de la muerte.” Le informó Kana.
“¡Te escapaste de la cárcel!”
“No me he escapado de la cárcel.”
“¡Eres una prisionera dura y desagradable, verdad!”
“¿No deberíamos empezar por confirmar cómo definiría cada una
de nosotras lo que significa que alguien sea ‘dura y desagradable’?”
“¡Detén la constante charla tangencial! ¡¿Tratas de burlarte de mí o
qué?! ¡Sólo escucha! ¡En serio!”
“Voy a escuchar seriamente.”
“Mira, bien, eres una prisionera, ¿verdad? Escucha, tenía mis
esperanzas puestas ahí. Esperaba que fueses interesante, ¿sabes?
Cualquiera pensaría eso, no sólo yo.”
Kana no lo entendía. Salvo algunas excepciones, los prisioneros
estaban encerrados porque se habían ensuciado las manos con
actividades delictivas, y por eso una estudiante que asistía a una
escuela para convertirse en una chica mágica de pleno derecho debía
temerlos o tenerlos en cuenta. Pero por alguna razón, Mephis esperaba
que fuera interesante. “¿Cómo querías exactamente que fuera
interesante?” Preguntó Kana.
“Con escenas de lucha, obviamente.” Dijo Mephis. “Claro que no
se puede esperar otra cosa de una chica mágica malvada de la cárcel.”
“Escenas de lucha.” Lo que Kana logró comprender fue que sería
difícil entender qué era lo ‘interesante’ que describía Mephis. Kana
tuvo la sensación de que había logrado comprender lo que debía hacer
para satisfacer a Mephis, aunque sólo fuera vagamente. Sin embargo,
conceder el deseo de Mephis generaría distintos tipos de obstáculos
para Kana. Y si eso supondría una gran carga para los demás
compañeros y perjudicaría a toda la clase 2-F, ¿no llevaría a Mephis a
no quererla al final? Lo que Mephis propuso, al fin y al cabo, acabaría
retorciéndole el cuello.
“¿No sería eso una desventaja para más gente?” Dijo Kana.
“Si no fuera demasiado brutal, saldría a patear culos, así que estaría
bien. Y si eso ocurre, también puedo descargar algo de estrés, así que
será matar dos pájaros de un tiro.”
“… ¿Lo sería? No estoy segura de que lo fuera.”
“¡Aghhh! ¡Mirarme con esa cara de fastidio mientras dices toda esta
mierda tediosa es lo que aburre! ¡Vete a la mierda! ¡Púdrete! ¿Por qué
siempre es Adelheid a quien le pasan cosas buenas?”
“¿Dices que a Adelheid le han pasado cosas buenas?”
“¡No preguntes! ¡Porque no puedo decirlo! ¡Olvídalo y sé más
violenta! ¡Eres una prisionera!”
“¿La cárcel no es para obligar a los presos a ser serios y
trabajadores?”
“¡Siempre tienes una respuesta para todo! ¡Agh, lo que sea! ¡Eres
una basura!” Gritó Mephis, agarrando la manta que había apartado, y
con una actitud abiertamente hosca, se tiró al suelo. Kana se quedó
atrás. Aunque tuvieran que discutir algo más, como no podía ver
ninguna validez en las afirmaciones de Mephis, era incapaz de llegar a
un compromiso, y como Mephis no estaba consiguiendo lo que quería,
su estado de ánimo tampoco iba a mejorar. Si algo podía arreglar su
estado de ánimo, ¿sería el halago y la adulación? Si Kana tuviera que
halagar algo de Mephis… ¿Tal vez su generosidad por permitirle
quedarse a dormir, a pesar de su irritación hacia Kana? Pero no pudo
evitar sentir que aunque la felicitara por eso, sólo acabaría igual que
echar dinamita en una fogata. La sociedad llamaría a este tipo de
situaciones estar sin opciones.
“Entonces, ¿significa esto que debo esperar así hasta la mañana?”
Preguntó Kana.
“No quiero hablar más contigo. No hay nada para ti. Sólo eres aire
caliente.”
Incluso con Mephis dándole la espalda, Kana comprendió
claramente que estaba enfadada. Parecía que no quería hablar con
Kana, pasara lo que pasara. ¿La des transformación de Mephis había
sido su forma de anunciar su decisión de negarse a hablar con Kana?
Psicológicamente, esto parecía convincente, pero Mephis era difícil de
entender desde el principio. Eso la hacía profundamente interesante,
pero Kana podía anticipar que decir eso sólo haría que Mephis se
enfadara de nuevo con ella.
Kana se desplazó sobre el cojín, deslizando las piernas hacia un
lado. Lo hizo porque supuso que seguiría sentada así hasta la mañana,
y decidió que debía adoptar una posición más cómoda. A continuación,
quería algo con lo que matar el tiempo. Desde que le impusieron
muchas restricciones, estaba acostumbrada a pasar el tiempo sin hacer
nada, pero últimamente había habido muchos estímulos.
Probablemente sería doloroso sentarse allí sin hacer nada. Riéndose de
sí misma por haberse ablandado desde que la habían sellado, y bien
preparada para que Mephis volviera a enfadarse con ella, Kana dijo:
“Si lo que dices es que no quieres hablar conmigo, entonces me doy
por vencida, ya que no puedo hacer nada al respecto.”
No hubo respuesta.
“Hablar contigo fue divertido.” Continuó Kana. “Pero si fui la única
que se divirtió, eso no es bueno.”
Mephis se dio la vuelta, girando su cara hacia Kana. Tenía los ojos
abiertos. Su expresión era peligrosa. Su cara de antes de la
transformación, la humana, tenía un cierto tipo de garra. “Me estás
haciendo enojar.”
“Discúlpeme. Dejando eso de lado, ¿podría hacer una petición?”
“¿Qué vas a pedir a estas alturas?”
“Me gustaría tener algo para matar el tiempo hasta la mañana.
¿Podrías prestarme algún analecto de poesía o algo así?”
“Un ana… ¿qué? No entiendo lo que quieres decir, pero puedes leer
un libro. Hay toneladas por ahí. Deja de ser una molestia. Me voy a
dormir. Vete a la mierda.”
Kana había conseguido el permiso de la jefa de la casa. Mephis dijo
que era libre de leer, así que probablemente no la criticaría,
independientemente del libro que cogiera. Así que Kana sacó un libro
de la estantería, hojeó unas cuantas páginas y lo devolvió. Sacó otro y
lo hojeó, luego sacó otro y lo hojeó, e hizo esto una y otra vez, pero
obtuvo los mismos resultados.
Kana miró al techo. La mancha que había tenía la forma de un
gólem humanoide. “Mephis.”
“¡¿Qué?!”
“Aquí no hay nada que pueda leer.”
“¿Eh?” Mephis saltó de la cama. El asombro y la confusión se
reflejaron en su rostro, y saltó hacia Kana como si fuera a agarrarla,
arrebatando el libro de un lado para mirarlo por encima. En menos de
un suspiro, su expresión se calmó, y entonces su sorpresa y confusión
se convirtieron en ira, frunciendo el ceño. A Kana le pareció que hasta
las pestañas de Mephis se erizaban. “Puedes leer esto perfectamente.”
Abriendo el libro que le fue entregado, Kana señaló uno de los
dibujos. “No entiendo qué significa esto.”
“Es un manga normal.”
“¿Qué es un manga?”
El enfado en el rostro de Mephis volvió a convertirse en confusión.
Ver cómo solo se movían sus cejas era interesante, pero si Kana decía
eso, naturalmente se enfadaría, así que no lo dijo en voz alta.
“¿Eh? ¿Qué? ¿Es una broma?” Preguntó Mephis.
“¿Qué quieres decir con broma?” Preguntó Kana.
“¿No conoces el manga?”
“Es la primera vez que veo algo así.”
“Estás mintiendo. Tienes que estarlo.”
“Yo no miento.” Kana a veces no decía la verdad cuando la sabía,
pero eso no era una mentira. Kana consideraba que era un recurso para
hacer más fluidas las relaciones.
“¿De verdad? ¿Existe gente así…? He visto en noticias online o
algo así que últimamente hay jóvenes que no saben leer manga, pero
esto es diferente a eso, ¿no?”
“Incluso antes de considerar cómo se lee, simplemente nunca había
oído hablar del ‘manga’.”
“Eso es una locura. Entonces eso significa que no has leído
Gigabrant, o La Vida Cotidiana de un Corneta, o La Sangre de
Marchosias. En realidad, eso significa que ni siquiera conoces cosas
del nivel de Bitty Kitty o Maru-Maru; eso es una locura, vaya.”
“Me disculpo por ser inculta en este asunto, pero todo esto es
información nueva para mí.”
Mephis se sentó en la cama, cruzando las piernas mientras
murmuraba algo en voz baja. Parecía perdida en sus pensamientos,
como si su mente estuviera en otra parte. El dobladillo de su camisa
estaba subido por encima de las rodillas, dejando al descubierto su ropa
interior, pero Kana ya había aprendido que señalar su ropa interior la
haría enfadar, así que permaneció en silencio mientras miraba la cara
y la ropa interior de Mephis y seguía esperando.
“Huh.” Dijo finalmente Mephis. “Porque estabas en la cárcel.
Estuviste allí todo el tiempo, así que no tuviste ninguna oportunidad
de entrar en contacto con él. Espera, pero si es por eso, ¿no significa
que te metieron en la cárcel hace mucho tiempo?”
“No sería un error afirmar que no haya tenido la oportunidad de
entrar en contacto con él.” Respondió Kana.
“Ohhh. Entiendes las palabras, ¿verdad? Hablas japonés con
bastante fluidez, pero no es que no sepas leer o algo así, ¿verdad?”
“Hay una magia de traducción en funcionamiento. Lo único que
soy incapaz de entender es cómo debo leerlo. Parece como si fuera una
secuencia de imágenes, pero no hay números escritos que indiquen en
qué orden deben leerse. Ni siquiera estoy segura de que deba leerse en
orden. Además, hay símbolos incomprensibles por todas partes.
Supuse que las palabras que parecen comentarios rodeados de círculos
serían los diálogos pronunciados por los personajes, pero hay
variaciones en estos círculos que los rodean, y parece que se utilizan
unos u otros dependiendo de la situación.”
“Ahhh, sí. Oh. Huh. Es como, nunca pienso realmente en ello, y
sólo lo doy por sentado cuando los leo, pero ahora que lo mencionas,
tal vez hay un montón de reglas que son una especie de, como, un
entendimiento tácito.”
Tanto si se había dado cuenta como si lo hacía inconscientemente,
Mephis se arregló el dobladillo de la camisa con la mano derecha,
luego dobló las piernas hacia el otro lado y arqueó la espalda. Luego
volvió a avanzar, deteniéndose justo antes de que su cara tocara la de
Kana. “En otras palabras, como que aún no sabes nada del amplio
mundo del manga. Eso significa que el tipo de manga que leas y el que
te guste dependerá de mí. ¿No es increíble?”
“¿Lo es?”
“¡Lo es!” Mephis se abrazó a sus brazos, miró al techo y dejó
escapar un suspiro de patetismo. Kana también miró al techo, pero no
había nada más que esa misma mancha y la luz eléctrica llena de hollín.
“Mira, a las chicas mágicas generalmente les gustan las chicas
mágicas, ¿verdad?” Dijo Mephis.
“Bueno, ¿no es obvio?”
“Bueno, sí. Lo entiendo. Pero no es raro que haya gente que no se
encariñe con las chicas mágicas, ¿no? Bueno, me refiero a mí, sin
embargo. Me gusta más el manga de batalla que las chicas mágicas.
Me gustan las batallas de habilidades en las que se usa la inteligencia,
me gustan las peleas a puñetazos entre robots, me gustan las artes
marciales con técnicas secretas, y realmente me encantan los mangas
de batalla de hombres musculados en los que compiten por ver quien
es más fuerte; simplemente me gustan aquellos en los que luchan y
pelean. Y realmente lo mejor de lo mejor son los mangas de
delincuentes.”
Kana no entendía porque le gustaban tanto las batallas, pero podía
ser que el hecho de que Kana fuera una débil significara que había
estado apartando la vista del placer esencial de la batalla.
“¿Por eso eres tan beligerante?” Preguntó Kana.
“No digas eso.”
“Perdóname.” Kana se tensó, pensando que había ofendido a
Mephis, pero parecía que no le molestaba especialmente, mirando al
techo.
“Como la Escuela de Preparación Archfiend o algo así sería
genial.” Dijo Mephis. “¿Sabes de ella?”
“He oído el nombre antes.”
“Adelheid fue allí. Pero ya no está. Hacer cosas propias de un
manga de batalla como un grupo y luego, de repente, decidir que se
separan y se acabó, eso simplemente no se hace. Yo también tengo
derecho a participar. Estoy segura de que sería divertido patearles el
culo.”
“No deberías ser imprudente.”
“Bueno, la mayor razón por la que me gustaría patear el culo de la
Escuela de Preparación Archfiend es que no me gustan lo engreídos
que actúan, pero no es que no quiera que ocurran cosas salida de un
manga de batalla. Es porque no tengo batallas de verdad que no tengo
más remedio que leer manga para calmar la sed.” Mephis se levantó y,
de pie frente a la estantería, murmuró algo en voz baja y sacó unos
cuantos libros. Pasó las páginas para comprobar el contenido, luego
asintió como si estuviera satisfecha, levantó el pulgar e indicó la cama.
“Ven. Te enseñaré las profundidades de la cultura del manga.”
“¿Es tan importante?”
“Sí, lo es. Si no conoces el manga, eso es un ochenta por ciento de
pérdida en la vida.”
“El ochenta por ciento parece demasiado grande, para que sólo se
lean cosas.”
“Es un cambio de mundo. No se trata sólo de entretenimiento. En
este mundo de mierda, si el tipo de persona que constantemente tiene
a todo el mundo diciéndole que se muera descubre que hay incluso un
poco de diversión en la vida, y llega a pensar que no puede morir hasta
que lea lo que pasa después en este manga, y encuentra gente con la
que puede hablar de cosas, como que el capítulo de esta semana ha sido
genial o lo que sea, entonces eso es como un cambio del ochenta por
ciento. No, tal vez incluso más que eso. No sé qué clase de vida era la
tuya, pero probablemente no era muy feliz; quiero decir, estabas en la
cárcel.”
“Respecto a si la sensación de felicidad personal es mi objetivo
final o no—”
“De acuerdo, no hay que seguir estirando las cosas. Vamos, ven
aquí.” Mephis se tumbó en la cama y dio una palmada a su lado. Kana
se tumbó a su lado, con los ojos puestos en la página que Mephis había
abierto. Esto marcó el comienzo de su educación en los distintos tipos
de conocimientos especializados, como la división de paneles, las
burbujas y los distintos símbolos. Las hojas no olían a chica mágica,
sino a chica pre transformada.
IMAGEN
◇ Snow White
Arlie había hecho un buen trabajo. No era como si hubiera sido
diseñada originalmente para recoger información. Era justo decir que
había sido creada para luchar, así que incluso si estaba informando
alegremente sobre cómo “esta cosa había sucedido” o “mi amiga dijo
eso”, era una gran información.
Sin embargo, eso dificultaba la tarea de profundizar. La presencia
de la estudiante de intercambio Kana era muy sospechosa, pero como
acababa de ser transferida, todavía no sabían nada importante sobre
ella. Parecía que la disputa de Tetty y Mephis estaba relacionada con
su pasado, pero una indagación descuidada en ese asunto sin duda
levantaría sospechas. También era posible que la riña de Tetty y
Mephis fuera un asunto totalmente personal, por lo que hacer que Arlie
sospechara de ellas por ese motivo era demasiado riesgo para los
beneficios. Y sobre todo, después de ver a Arlie disfrutando de su
tiempo en la escuela con una sonrisa, “necesidades” como hacerla
sondear e investigar llegaban a parecer demasiado.
Snow White hizo girar su portaminas dos veces sobre su dedo.
Pensar en todos estos asuntos serios en esta habitación de aspecto
formal, amueblada y dimensionada como una sala de reuniones, se
estaba volviendo sofocante. Pensando en ponerse físicamente más
cómoda, Snow White puso una toalla sobre la larga mesa, se quitó las
botas, puso los pies sobre la toalla y se recostó en la silla.
Miró al techo. Estaba salpicado de pequeños agujeros, como las
paredes de una sala de música.
Ella estaba reuniendo información de otras fuentes aparte de Arlie.
Gracias a que Brenda y Catherine salieron a hacer la ronda por la
noche, Snow White se había enterado de la batalla privada de Adelheid
y Lightning.
Mana le enviaba cualquier información que pasara por el
Departamento de Inspección y que pareciera ser relevante. Lo más
probable es que su padre, que era el jefe de Inspección, hiciera la vista
gorda.
Deluge se había enterado de la existencia de Princess Lightning y
estaba moviendo los hilos en el Departamento de I+D. Snow White
podía decir por la voz de su corazón que básicamente estaba apretando
los dientes mientras lo hacía.
Snow White también había recibido noticias de la Facción Osk
sobre los sucesos del laboratorio. Se trataba de la organización de
investigación de los Osk, de la que se rumoreaba que realizaba todo
tipo de investigaciones y experimentos poco éticos, siendo la
experimentación con humanos la primera de la lista. Como la directora
Halna también estaba asociada con los Osk, tenían conexiones con la
clase de las chicas mágicas y le proporcionaban homúnculos de
seguridad a precios de mayorista. Y en los últimos días, el número y la
calidad de esos homúnculos de seguridad habían aumentado. Si
hubieran llegado antes del inicio de las clases de chicas mágicas, eso
sería una cosa, pero que llegaran un mes después del lanzamiento era
sospechoso. Snow White tenía la extraña sensación de que algo no iba
bien.
Perdida en sus pensamientos, cuando escuchó la voz, no estaba
segura de ella. Levantándose en su asiento, miró hacia donde creía
haberla oído. Shadow Gale estaba apretando una tuerca con su llave
inglesa. Había cosas mecánicas desparramadas a su alrededor, pero
nadie iba a criticarla por hacer un desastre. La dejaron sola con la
mirada perdida en las máquinas mientras apretaba, conectaba y hacía
añadidos, una y otra vez.
Snow White dejó escapar un gran suspiro. Debía de ser su
imaginación. Le había parecido oír una voz electrónica aguda y
familiar que murmuraba “pon”. Pero eso era imposible. Todavía no
habían encontrado a Fal.
Volvió a centrar su atención en el asunto que tenía entre manos.
No tenía suficientes ojos en la escuela. Tenía que vigilarla lo más
de cerca posible. Y luego, se prepararía para que, si ocurría algo,
pudiera intervenir inmediatamente.
Una voz del corazón se acercó desde el pasillo. Snow White bajó
los pies de la mesa, ajustando su asiento en la silla con una expresión
compuesta, como si hubiera estado sentada en ella correctamente todo
el tiempo.
Capítulo 8:
HOY NO QUIERO VOLVER A CASA
◇ Kana
Una vez que terminó de leer el primer arco argumental de Scrap-Iron
Knuckle Dusters, un total de quince volúmenes, Kana dejó escapar una
lenta respiración y colocó el último volumen sobre la cama. Mephis la
observaba con una expresión inusualmente tensa.
Kana levantó su dedo índice derecho y señaló el volumen quince
de Scrap-Iron Knuckle Dusters. “Esto es…” Ahora exhaló por la nariz,
se levantó de la cama, dio dos pasos hacia la puerta, luego tres pasos
hacia la ventana de nuevo, y se dio la vuelta. “Interesante.”
La tensión se desvaneció en el rostro de Mephis para revelar la
alegría. Pero la seriedad de Kana no decayó, manteniendo la tensión
mientras miraba el libro, con los ojos llenos sólo de tristeza. “¿Pero
está bien?”
“Fue interesante, cierto. ¿Cuál es el problema?” Preguntó Mephis.
“Es interesante… pero ¿no es demasiado interesante? Es muy
estimulante. Y también muy adictivo. A pesar de haber terminado la
primera parte y haber llegado a una conclusión provisional, tengo
muchas ganas de leer el resto. ¿Qué era el grupo que capturó a Tatsuo
después de que huyera? ¿Qué es lo que habita en el interior que susurró
Ryuuichi? ¿Y quién es ese jefe legendario apodado ‘Knuckle Dusters’?
“Así que, básicamente, te metiste en ella.”
“¿No es esto estimulante más allá de lo que debería venderse al
público? Si la población abandona todo y se enfrasca en la lectura, la
nación se desmoronará. Estas obras son producidas en masa y puestas
en el mercado a un precio tan barato que pueden ser adquiridas por
cualquiera, hechas con el fin de promulgarlas…”
“¡Deja de hacer esto tan complicado! En serio, eso es lo que pasa
contigo.”
“¿Qué tipo de cosas pasas conmigo? Si pudieras señalar
específicamente…”
“¡Para ya!” Mephis se levantó, golpeando a Kana en la espalda
como una dura reprimenda. Mephis obligó a Kana a sentarse y, una
vez que estuvo de nuevo en la cama, se dejó caer inmediatamente a su
lado. Dejando a un lado la violencia de su lenguaje corporal, su
expresión era pacífica, sus mejillas inusualmente relajadas para
Mephis, con una sonrisa encantadora. “Si te ha impactado tanto,
entonces deberías enfriarte un poco. En momentos como este, vale,
tienes una charla de lo leído. Hablas de cosas como: esta parte fue
interesante, o esa parte parecía un presagio, bien, para prepararte para
más. Ese es el tipo de cosas que los fans del manga hacen para enfriar
sus cabezas durante un tiempo.”
“Ya veo. Tal vez sea lógico.”
Había una montaña de cosas de las que Kana quería hablar. Sacó a
relucir cosas como la relación entre el protagonista y el rival, y si los
innumerables actos de brutalidad que se decía que había hecho la
mayor banda de moteros de la prefectura habían sido realmente ellos,
y si el padre del protagonista, antiguo líder de la banda, no podía ser
sincero con su hijo en lugar de hablar siempre de forma tan ambigua.
“Hay que tener cuidado de no estropear las cosas.” Respondió
Mephis con entusiasmo. Pero cuando se trataba de los asuntos
románticos del protagonista, no estaba dispuesta a hablar más,
diciendo: ‘No me interesa’, ‘No es ese género’ y ‘Olvídate de esas
cosas, en serio’.
“Sin embargo, creo que es profundamente interesante quién será su
pareja.”
“Es un manga de delincuentes, así que se trata de las batallas, ¡las
batallas! Puedes leer comedias románticas o historias de amor o lo que
sea en romances, así que deberías dejar las cosas sensibleras a ese
género. No hay nada mejor que una buena pelea en las calles.”
“¿No se podría llamar también batalla a la competición para ver en
qué forma se transmiten los genes a la siguiente generación?”
“Ese no es el tipo de batalla que debería tratar un manga de batalla.”
“Si no quieres hablar conmigo de ello, ¿dónde debo desahogar estos
sentimientos en mi corazón?”
“No es nada tan dramático, vale. Lillian es una loca del romance,
así que tal vez le guste. Siempre está leyendo nada más que mangas
amorosos.”
“¿Así que también existe ese tipo de manga?”
“Pero no en mi casa. No me gustan.”
Así que había una gama más amplia de mangas de lo que Kana
había imaginado. Pero éste era el apartamento de Mephis. Las cosas
que no se ajustaran a sus gustos serían rechazadas. Si Kana iba a
tomarse en serio el manga, al final llegaría el momento en que tendría
que abandonar el nido y volar de este lugar. Pero ya cruzaría ese puente
cuando llegara a él. Ahora mismo, incluso el manga de esta habitación
era suficiente. El exceso de un placer tan estimulante causaría
anormalidades mentales. Poniendo su mano en la mejilla, sintió un
poco de calor. Estaba más caliente que su temperatura habitual. Esto
incluso le estaba causando anormalidades físicas.
Mephis había sugerido que charlaran para calmarse, pero no
importaba calmarse: ella se estaba calentando aún más. Kana consideró
que sería peligroso seguir hablando de manga. “Dijiste que a Lillian le
gustaba el manga romántico.” Dijo.
“Sí. Revistas femeninas, cómics femeninos… le gusta todo.”
Respondió Mephis. “Parece del tipo tranquilo, pero en realidad no sólo
le gustan las cosas de chicas con chicas, sino que también le gustan las
de chicos con chicos. Incluso con los mangas shounen sin apenas
romance, chilla y se emociona diciendo: ‘¿Esta escena no significa
esto?’ o ‘Tal o cual podría estar intentando decir que le gusta’.”
“Así que esa es una forma de disfrutar, eh.”
“Y siempre voy a la oficina de correos cada fin de semana a
comprar sellos para los envíos de premios, pero nunca he ganado nada,
ni siquiera una vez. Tal vez eso sea una especie de estafa. No hay
muchos fans acérrimos como yo, así que al menos podrían regalarme
algo.” Como habían surgido una serie de términos técnicos, era difícil
que se entendiera lo que quería decir, pero Kana sintió que había
logrado captar en general lo que Mephis intentaba decir.
Kana se acarició la raya del cabello con el dedo índice de la mano
derecha, y luego juntó los dedos índice y corazón para señalar a
Mephis. “¿Hace mucho que conoces a Lillian? Parece que la conoces
bien.”
“Bueno, desde antes de empezar la escuela media, así que supongo
que eso sí cuenta, más o menos.”
“¿Qué pasa con Kumi-Kumi?”
“Lo mismo que Lillian, supongo. Simplemente no puedo
deshacerme de ninguna de ellas.”
“¿Y Adelheid?”
“La conocí cuando empezamos aquí. No es una mala persona, más
o menos.”
“Entonces, ¿qué pasa con Tetty?”
Mephis entrecerró los ojos y levantó una rodilla en la cama. Su
mirada sobre Kana se enfrió un poco, en comparación con como la veía
antes.
“¿He dicho algo que te haya ofendido?” Preguntó Kana.
“Bueno, si tengo que decirlo, entonces sí. Pero en realidad no es
nada tan grande. Nos conocemos desde que éramos niñas, y nos
convertimos en chicas mágicas juntas; eso es todo.”
“Teniendo en cuenta eso, parece que tienen una relación bastante
rocambolesca.”
“Bueno, sí. Después de todo este tiempo de separación, se ha vuelto
muy creída. En aquel entonces, siempre me seguía a todas partes y se
escondía detrás de mí cuando pasaba algo. Pero ahora me mira con
desprecio, ¿sí? Actúa como si fuera tan importante. Es como, ¿quién
murió y te hizo reina? Y también actuaba como algo importante en el
simulacro de batalla. Como, ¿qué demonios?”
“Hmm.”
“De todos modos, ¿por qué preguntas cosas así…? Es como si
intentaras sondearme para obtener información.”
“Esa no es mi intención. Tú y yo estamos en el mismo grupo, es
decir, somos aliadas. Usted tendría curiosidad por sus aliados.”
“Hmm. Huh.”
“No soy sólo yo. Parece que Kumi-Kumi, Lillian y Adelheid
también están preocupadas por ti.”
“Feh.”
“Y Tetty, también. A menudo te mira con preocupación.”
“¿Qué? ¿De verdad?”
“De verdad.”
Mephis abrió la boca de par en par y emitió un extraño chillido
hacia el techo que hizo que Kana quisiera taparse los oídos, y para
cuando se volvió de nuevo hacia Kana, sus cejas estaban hasta arriba
de la frente. Disgustada, gritó: “¡¿Intentas ser la madre del equipo o
qué?!”
“¿Qué significa ser la ‘madre del equipo’?”
“¡¿Tratas de actuar como mi madre?! ¡¿Quién demonios te crees
que eres?! ¡¿Desde qué ángulo me estás mirando?! ¡¿Cómo puedes
mirarme con desprecio cuando tenemos la misma edad?! ¡Idiota!
¡Idiota! ¡Idiota! ¡Tetty!” Mephis lanzó un cojín, que rebotó en la pared,
rebotó en el suelo, golpeó el borde de la cama y volvió a rebotar.
Poniéndose en pie con rabia, Mephis se transformó en la chica mágica
de cabello negro. Cerró el puño, lanzando un puñetazo a la pared, pero
justo antes de que impactara, se congeló a un dedo de distancia y dejó
escapar un largo suspiro. Sus hombros cuadrados cayeron.
Cuando se volvió, parecía que había hecho el “enfriamiento” que
había descrito antes, ya que hablaba con más calma que nunca. Pero
eso sólo la hizo parecer más intensamente emocional. “¿Por qué no me
detienes?”
“¿Qué quieres decir?” Preguntó Kana.
“Estoy alquilando este apartamento. Si golpeara la pared con el
poder de una chica mágica, sería un desastre.”
“Tú eres la jefa de familia, así que pensé que sería mejor dejarte
hacer lo que quieras.”
“Pareces sensata, pero eres un bicho raro de cabo a rabo.” Mephis
soltó un suspiro casi la mitad de largo que el anterior y se sentó junto
a Kana. Abrió las piernas, apoyó las manos en las rodillas y dejó que
su espalda se encorvara. Miró a Kana de reojo desde abajo. “Mi magia
es una especie de rodeo, ¿verdad? No es algo que se use de frente en
la batalla, ¿verdad?”
“Es más adecuada para la batalla que la mía.” Señaló Kana.
“Pero como, con Tetty o lo que sea, la suya está totalmente
orientada al combate. Si nos metiéramos en una pelea directa, ella
podría fácilmente inmovilizar mis extremidades. Un agarre, y podría
aplastarme en un abrir y cerrar de ojos.”
“Lo hizo muy bien en el simulacro de batalla.”
“Es como, ya sabes, antes, yo era quien la protegía. Pero luego,
como, desde que nos convertimos en chicas mágicas, a ver, no sé, es
sólo que ella tiene un tipo de magia bastante orientada a las batallas.”
“Realmente no entiendo lo que estás tratando de decir.”
“Agh, lo que sea, no importa que no lo entiendas. De todos modos,
tampoco es que quiera que lo entiendas. Más importante, hablemos de
ti. Como, pareces bastante reservada.”
Doblando las piernas, se llevó la uña del pulgar derecho a los labios
y estiró la espalda. Su cabello trenzado surgió, las puntas apuntando a
Kana desde todas las direcciones, y Kana se deslizó hacia atrás lo más
que pudo sin delatarse.
“Nunca has deshecho tu transformación delante de mí, ¿eh?” Dijo
Mephis.
“No lo he hecho.”
“¿No parece eso un secreto?”
Des transformarse había sido una elección libre de Mephis, y no
había ninguna razón para que Kana también tuviera que hacerlo. Pero
aunque se lo explicara cuidadosa y amablemente, sólo conseguiría
enfadar a Mephis y no aportaría nada. Ésta era una de las reglas que
había aprendido por experiencia, en sus innumerables fracasos desde
que entró en la escuela. Para superar esto, debería intentar acercarse
desde otro ángulo.
“Había una vez una chica mágica llamada Archfiend Pam.” Dijo
Kana.
Mephis arrugó la frente con desconfianza. Su cabello se retorció en
un movimiento circular. “Lo sé. Ella fue la que creó la Escuela de
Preparación Archfiend, ¿no? ¿Por qué la mencionas ahora?”
“Archfiend Pam predicaba que nunca debías deshacer tu
transformación, ya fuera con amigos y conocidos o con otro tipo de
personas.”
“¿Por qué no?”
“Oh, no escuché hasta ahí. Una conocida de una conocida de una
conocida… No, supongo que una conocida de una conocida. Creo que
era una chica mágica que conocía a Archfiend Pam. Mis recuerdos son
vagos, pero tengo la sensación de que la escuché con un interés
bastante profundo. Aun así, sólo era información de tercera mano, así
que no pensé en indagar en el motivo.”
“Qué coño, eso es sólo una de esas historias del amigo de un amigo.
Como la gente que siempre empieza con historias de fantasmas. Eso
básicamente mata toda su credibilidad allí mismo.”
“No, creo que se me comunicó con precisión. La forma humana no
es más que una debilidad.”
“Entonces eso significa que yo… Y espera, todas en nuestra clase
te han mostrado sus debilidades, pero no al revés. Esto es lo que quiero
decir: si todas somos un equipo, ¿tienes que ser tan desigual al
respecto? Seamos abiertas las unas con las otras.” Mephis sonreía con
una sola mejilla. Era una sonrisa atrevida.
Automáticamente, Kana le devolvió la sonrisa con una mejilla.
Probablemente se diría que era una sonrisa débil. Si se comparaba con
Mephis, Kana nunca podría esperar vencerla en un concurso verbal. A
veces usando la intimidación, otras veces usando la adulación, Mephis
intentaba abrir la puerta del corazón de Kana. Y con su magia añadida,
incluso resistirse a sus palabras requería una gran dosis de paciencia.
“Tenemos que ir pronto a la escuela.” Dijo Kana. “Mephis,
preparemos el desayuno.”
“Sí. Una pena, esta noche es el ejercicio de campo, así que Calkoro
nos dijo ayer que descansáramos durante el día.”
“… Ahora que lo mencionas, tal vez sí dijo eso.”
“No intentes salir de esto. No es que esté pidiendo nada importante.
¿Deshacemos nuestras transformaciones?”
Kana no estaba nada segura de su propia fortaleza. Pensó que era
común creer que la gente que estaba encerrada en la cárcel no solía ser
buena para contenerse.
Kana no estaba segura de poder aguantar esto para siempre.
Aquella frase que Mephis había dicho tan despreocupadamente, “si
todas somos un equipo”, había aflojado las bisagras de la puerta, hecho
sonar el pomo y estaba metiendo lubricante en la cerradura. Tal y como
iba esto, se estaba convirtiendo en algo malo para Kana. Un
sentimiento de culpa que no debería estar ahí se agitaba en su corazón,
y el repentino impulso de disculparse se colaba detrás de ella.
Como era de esperar por tener un motivo diabólico, Mephis tenía
una lengua suave. No sería nada extraño que Kana se viera obligada
por algún contrato escandaloso sin saberlo, como el pobre doctor
Fausto.
Kana cambió conscientemente su plan de acción. Esto no era una
retirada. Esto era un cambio de rumbo. Abandonó la sonrisa que había
esbozado para estar a la altura de Mephis, apretando los labios. La
expresión de seriedad de Kana pareció afectar a Mephis, ya que un
poderoso filo de seriedad apareció en su rostro. Volvió a mirar a Kana
con ojos afilados.
Enunciando cada una de sus palabras con cautela, Kana le dijo:
“Como tal… ahora no es… el momento.”
“¿Eh? ¿Qué quieres decir?”
“Nunca… abandonaré… mi sueño.”
“¿Hmm?”
“Míralo… a los ojos. Eso es… un gato salvaje.”
“Espera, hey… ¡Todas esas son líneas de ese manga!”
“La pandilla del Camino de la Muerte son sólo perros. Tampoco
tienen más cerebro que los perros.”
“¡Deja de hacer eso! ¡Estoy tratando de tener una charla seria!”
“No te preocupes, te mantendré a salvo.”
“¡¡Perra!!” Mephis se abalanzó sobre ella, y Kana se zambulló en
el futón. La cola de cabello de Mephis se lanzó tras ella, y Kana se
deslizó a través de la cama para escapar por el lado de la almohada,
saltar, pasar por debajo de la cama y salir a toda prisa para emerger
frente a la estantería y lanzar el cojín caído allí a Mephis y golpearla
en la cara. Mientras huía, repitió las frases que “quería probar a usar
algún día” que había aprendido al darse un atracón de ese manga.
Mephis aulló y Kana se acobardó. Sin que Mephis se diera cuenta,
Kana había convertido esto en una persecución, y en algún momento,
la charla de deshacer su transformación fue como si nunca hubiera
ocurrido. Al hacer que Mephis se enfadara, Kana había convertido el
gran punto negativo del peligro para ella en un punto positivo. Sus
habilidades de negociación debían de haber crecido mucho, para estar
llevando al diablo por la nariz.
Al final, su perseguidora dijo riendo: “¿Cómo puedes recordar tanto
con sólo leerlo una vez?” Y entonces las dos chicas mágicas jugaron
al pilla-pilla en el pequeño dormitorio durante un rato.
◇ Tetty Goodgripp
Con el ejercicio de campo que se avecinaba tan repentinamente, tenía
un montón de tiempo libre. Una vez que Fujino terminó con todas las
cosas que había querido hacer el fin de semana —limpiar, lavar la ropa
y ordenar su habitación— no le quedó nada por hacer. Era demasiado
temprano para las actividades de las chicas mágicas, y habiendo vivido
una vida dedicada a ser una chica mágica, Fujino no tenía nada
parecido a un pasatiempo.
Hizo estudios avanzados y repaso de sus clases regulares y de sus
libros de chica mágica, e incluso también preparó el plan de estudios
para Arlie y Dory. Cuando miró el reloj, todavía eran las once. Se le
ocurrió que debería haber quedado para ir a comer con las chicas del
Grupo Uno, y se mordió el labio, luego pasó a mirar el calendario.
Ya habían pasado la mitad del mes de mayo. Había pasado más de
un mes desde que entró en la escuela de chicas mágicas.
Mirando hacia atrás para preguntarse si lo estaba haciendo bien,
llegó a la conclusión de que probablemente no. Había intentado
reconciliarse con Mephis, pero al final no lo había conseguido. Sólo se
había disculpado, no se había reconciliado.
A Fujino siempre se le había dado mal invitar a la gente a cosas o
entrar en un grupo de amigos. Para una chica, esto era una cuestión
vital. Cuando había empezado la escuela primaria, no había sido capaz
de hacer amigos, y había tendido a estar sola. La primera en ser su
amiga había sido Mephis—Fuuko Sayama. Poco después de hacerse
amigas, ambas se habían presentado juntas al examen de chica mágica.
Aunque habían dicho cosas como: “Somos rivales, así que no importa
quién apruebe, no hay resentimientos”, cuando ambas habían
aprobado, Fujino se había relajado y sonreído. Las cosas habían sido
realmente divertidas entonces.
Ya no sonreían juntas. Cuando se reencontraron en la escuela de
chicas mágicas, las dos estaban muy entusiasmadas, y habían hablado
y demás sin discutir sobre quién estaba en qué grupo… hasta alrededor
de abril. Ahora, esa asociación había terminado.
La reciente tendencia de la división entre grupos podría decirse que
se originó con la propia Fujino. Ella tenía que hacer algo al respecto.
Ella sabía que, con todo dicho, Mephis no era una mala persona.
¿Debería intentar ser un poco más proactiva a la hora de hablar con
ella? Pero Fujino acababa de reafirmar que no se le daba bien hablar.
Tal vez podría centrarme en el patio del que me habló Satou, pensó
mientras garabateaba un plan para maquillarse en un trozo de papel
suelto. Sabía que redactar documentos de planificación no significaba
que fuera a hacer nada según el plan, pero de todos modos no tenía
nada mejor que hacer.
◇ Pshuke Prains
Con la llegada del ejercicio de campo tan repentina, tenía un montón
de tiempo libre. Eso es lo que Pshuke esperaba al menos, pero había
recibido una invitación inesperada. Habían quedado frente a las puertas
de la escuela para ir juntas a una cafetería del barrio. Se había hecho
ilusiones, preguntándose qué tipo de ropa elegante llevaría la otra
chica, pero resultó ser simplemente un uniforme escolar. Aun así,
Pshuke también había venido con su uniforme escolar. Dos chicas de
escuela media con sus uniformes estaban tomando té en una tarde entre
semana. Por suerte, no había clientes y el personal tampoco les llamó
la atención. Aunque tenían la excusa, por si acaso, de que estaban en
clases extracurriculares y que tenían la tarde libre, pero si nadie iba a
decir nada al respecto, nada podía ser mejor que eso.
La chica que la acompañaba era llamativa, después de todo. Pasó
un poco desapercibida entre el resto de la clase debido a la presencia
de la belleza inhumana que era Princess Lightning, pero Sally Raven
en forma humana acaparaba la atención con tan poco esfuerzo que se
podía suponer que era una modelo aficionada con un: Oh, claro que sí.
Sus ojos eran grandes; su torneada nariz era definida y alta. Incluso
como una chica más, la imagen que hacía a diario, charlando con
Lightning, era un regalo para los ojos.
“Hay algo de lo que quiero hablar, sí.” Dijo Sally.
“¿Es algo de lo que no podemos hablar en la escuela?
Sinceramente, esto es una molestia.” Respondió Pshuke.
“Hey, no digas eso. Pshuke, ¿no crees que las cosas han sido un
poco raras?”
Pshuke respondió al instante: “Sí.” Ni siquiera tuvo que pensarlo.
“Lightning luchando con Adelheid, y Lightning estableciendo el
Grupo Dos durante el simulacro de batalla; a eso te refieres, ¿verdad?”
“Oh, estás haciendo esto rápido. Eso es exactamente lo que quiero
decir, síííí.”
“Escucha, todo esto es demasiado problema para mí. De todos
modos, estamos en plena pubertad y las chicas mágicas son todas unas
bichas raras para empezar, así que obviamente vamos a hacer cosas
raras, ¿no? Es demasiado problema que nos metan en cada cosa. No
quiero.”
“Hey, vamos. Tengo esa sensación, pero…”
El camarero se acercó con su té de melocotón arco iris, así que la
conversación quedó en pausa por un momento. Era un té estéticamente
agradable, dividido en siete capas de diferentes colores. Tomaron una
foto de la escena que les rodeaba, reflejando la luz del sol que entraba
desde el exterior del café, y otra foto de ellas dos una al lado de la otra,
sosteniendo sus vasos.
Volvieron a sus asientos y reanudaron su discusión. “Pshuke.” Dijo
Sally. “Eras profesional antes de venir a esta escuela, ¿sí?”
“¿Una profesional?”
“Eras parte de la seguridad en la fiesta del vigésimo aniversario de
Cutie Healer, ¿verdad? Soy del Departamento de Relaciones Públicas.
Ya que me gusta Cutie Healer.”
Pshuke no había pensado que Sally supiera de ella. Naturalmente,
una arruga se juntó en su frente. “¿Y qué pasa con ello?”
“Oh, estaba pensando que una profesional sería capaz de decirlo.
Me parece que Lightning está agitando las cosas deliberadamente.
Como, ya sabes, ella podría estar haciéndolo con algún propósito,
síííí.”
“¿Y qué si lo hace?”
“No me gusta hablar mal de la gente que no está, pero…” Dijo
Sally.
“¿Buscar empezar una pelea conmigo?”
“No, no, para nada. Es sólo que, en última instancia, no me interesa,
así que no quiero que te ofendas. Ummm, Ranyi y Diko tampoco
parecen querer entrometerse, cierto. Así que cuando Lightning se
dedica a hacer lo que quiera, no podremos detenerla.”
“Bueno… eso es cierto.”
“Esto depende de los planes de Lightning y de lo que haga, pero en
el peor de los casos, puedes imaginar una situación en la que incluso
nosotras no podamos graduarnos, estando en su grupo, ¿sí? Realmente
me parece que Lightning está tratando de crear divisiones en la clase.”
Pshuke no asintió. Pero estaba mentalmente de acuerdo. Tuvo la
sensación de que Lightning no se comportaba de forma salvaje sólo
porque quería. No dejaba que el Grupo Tres fuera amigable con los
otros grupos, había hecho pelear a Tetty y Mephis, y ella misma se
había metido en una pelea con Adelheid.
“Y luego está su pelea con Adelheid, síííí.” Continuó Sally.
“Realmente se siente como si hubiera algo allí. Y con la forma en que
Ranyi y Diko reaccionaron, eso fue, como, se siente como si supieran
algo.”
Pshuke pensaba que Sally tenía buenos ojos. Pero no quiso
elogiarla en voz alta.
“Aunque no lo hagamos hasta la graduación.” Dijo Sally. “Siempre
que pueda seguir trabajando de alguna manera hasta el primer trimestre
del año que viene sin grandes incidentes, entonces… Sí, más o menos
en el trimestre siguiente, o en el siguiente, o en el que le sigue, están
hablando de que quizá me hagan una Cutie Healer. Sólo el nombre
Cutie Healer Raven ha conseguido la aprobación no oficial, y
realmente es un gran nombre, ¿verdad? Así que realmente no quiero
ser arrastrada a algún problema raro, ¿síííí? Así que como, Pshuke.
Como profesionales, ¿de acuerdo? Las dos. Cuando las cosas se
pongan serias, trabajemos juntas. ¿Sííííí?”
La arruga en el entrecejo de Pshuke se alivió un poco. Entendía lo
que quería decir Sally. Ella también quería estar de acuerdo. No quería
en absoluto verse arrastrada por la imprudencia de Lightning y ser
expulsada. En el peor de los casos, quería separarse del grupo para
salvarse. Sally no estaba incluida en eso, pero Pshuke asintió de todos
modos, poniendo una expresión como si estuvieran en el mismo barco.
“Me gusta eso. De acuerdo. Vamos con eso. Así, si llega el momento,
nos ayudamos mutuamente.”
“Ohhh, me alegro de que todo esto haya ido tan rápido contigo.
Justo lo que esperaba de una profesional.”
“Bueno, ya sabes. A fin de cuentas hay dinero detrás de todo esto.
Tú también tienes dinero en esto, ¿no? ¿No te llevas una buena
cantidad si te eligen como Cutie Healer?”
“Nahhh, para nada. Un anime de chicas mágicas es por el
prestigio.”
“¿Eh? ¿En serio? Eso es una tontería; qué pérdida de tiempo.”
“En absoluto.”
“Vamos, pero aunque consigas ser una Cutie Healer, eso ni siquiera
es prestigioso; el programa sólo existe para ganar dinero.”
La expresión de Sally desapareció de su rostro. Parecía extraña.
Dejó escapar un suspiro lo suficientemente largo como para que el aire
llegara a Pshuke, tomó un respiro igual de largo, y luego sonrió
finamente. “Pshuke. Hay dos tipos de chicas mágicas en el mundo. Las
chicas mágicas que aman a Cutie Healer. Y las chicas mágicas que aún
no entienden lo grande que es Cutie Healer.”
Ah, pensó Pshuke. Había experimentado esto mismo antes, muchas
veces. Era la sensación de pisar una mina terrestre.
“No hay escuela hasta esta tarde, así que tienes mucho tiempo,
¿síííí? Está bien; te enseñaré la grandeza de Cutie Healer, para que la
entiendas, Pshuke.”
La sonrisa de Sally se hizo aún más fuerte.
◇ Kumi-Kumi
Con el ejercicio de campo tan repentino, tenía un montón de tiempo
libre. Pero incluso diciendo eso, no era como si pudiera hacer un uso
efectivo de este repentino tiempo libre. Kumi-Kumi volvió a dormir
hasta casi el mediodía, luego salió al supermercado del barrio a
comprar víveres para el almuerzo y la cena, puso su bolsa reutilizable
en la cesta de la bicicleta, volvió a su apartamento, escuchó el crujido
de las escaleras, buscó su llave en el bolsillo, la metió en el grueso y
oxidado ojo de la cerradura, y entró en su apartamento.
Sólo podía pensar en la clase, pero no en ella misma. En Mephis.
Kumi-Kumi creía que la mayor parte de las cosas eran culpa de
Mephis. Sólo que señalar eso haría que Mephis se enfadara y no las
llevaría a ninguna parte, así que nadie lo dijo. Pero estaba segura de
que toda la clase estaba de acuerdo.
Desde que Mephis y Tetty se habían reunido en su clase, se habían
metido en peleas en cada oportunidad, como con el juego de mesa o el
simulacro de batalla, y eso había sembrado la semilla de la discordia
en la clase.
Por supuesto que Kumi-Kumi quería que se reconciliaran. Quería
graduarse sin problemas. Que dos de sus amigas se pelearan dificultaba
las cosas. No había nada bueno en ello. Pero la cuestión se reducía al
simple hecho de que Kumi-Kumi no era lo suficientemente buena para
hablar y mediar entre ellas. Lillian, en su forma de chica mágica, se
daba cuenta de la situación y era bastante elocuente, pero parecía que
su motivo la influía en ese aspecto, y se hacía la iluminada y decía
cosas como “El tiempo debería resolver los asuntos por nosotros” con
expresión de sabelotodo.
No se podía contar con Lillian. La única con la que Kumi-Kumi
podía contar era con ella misma. Aunque no pudiera decirlo bien, si
hacía un esfuerzo sincero por intentar decir lo que había que decir, sus
sentimientos deberían al menos llegar. Entonces, ¿qué hacer? Mientras
Kumi-Kumi reflexionaba, abrió la nevera y guardó la comida. Sacó la
botella de té de cebada que había preparado el día anterior, vertió un
poco en una taza y se lo bebió. Pero en el proceso se le resbaló la mano
y estuvo a punto de dejarla caer y, aunque la atrapó, salpicó algo de té
en el suelo.
No podía ir dejando una mancha en el suelo. A Kumi-Kumi le
pareció recordar que había una caja de pañuelos sobre la mesa.
Abriendo la puerta corredera para ir al salón, estaba sacando un
pañuelo de la caja cuando hizo contacto visual con la persona sentada
en el lado opuesto de la mesa.
“Oh, bienvenida a casa.”
Kumi-Kumi se transformó instantáneamente en una chica mágica y
preparó su pico, pero antes de dar un golpe con él, lo bajó lentamente
al suelo. Ya había visto a esta chica mágica antes. Llevaba un traje de
adivina y una gran bola de cristal, pero más icónicos que su aspecto
eran su sonrisa enfermizamente dulce, sus ojos sorprendentemente
claros y su voz, que ponía al oyente vagamente a gusto. ¿Cómo se
llamaba? Había venido a visitar a la Guardia de Élite en el pasado.
Kumi-Kumi no había sido informada específicamente de cuál era su
rango, pero ocupaba una posición elevada, alguien a quien no se podía
ofender.
Mientras Kumi-Kumi realizaba su investigación mental,
confirmando que esta información no era errónea, recordó que uno de
sus superiores se había quejado de que esta persona podía ser infantil
de forma extraña y que a veces te daba sorpresas extrañas.
Una vez que Kumi-Kumi hubo calmado su corazón, se sentó en la
mesa frente a la mujer. “Así que… ¿puedo preguntarte tus asuntos…
conmigo?”
“Ha sido una reacción maravillosa. Me alegro de haber venido a tu
casa.” Dijo la mujer.
“Um… ¿por qué razón?”
“Tampoco me importaría un poco de té de cebada.”
Kumi-Kumi se apresuró a ponerse en pie de nuevo, y su rodilla
golpeó la mesa. Al estar en forma de chica mágica, no le dolió, pero
fue embarazoso. La mujer que tenía delante escondió la boca, y sus
hombros temblaron, haciendo que Kumi-Kumi se sintiera aún más
avergonzada.
Levantándose como si no hubiera pasado nada, Kumi-Kumi sirvió
té de cebada en una taza y la puso delante de la visitante. Era un té de
cebada en frío de oferta, pero la mujer se lo llevó a los labios como si
fuera absolutamente delicioso.
“La verdad es que…” Dijo la visitante. “He venido aquí hoy porque
tengo una petición muy importante. Ahhh, ya he terminado de
comprobar si había algún dispositivo de escucha plantado en su
apartamento; no se preocupe.”
“Oh… gracias.”
“Sobre la clase de chicas mágicas a la que asisten. Los planes
originales fueron organizados por la Facción Puk. Tras la muerte de
Puk Puck, la Facción Osk se hizo con el proyecto, pero los Osk nunca
fueron conscientes de su verdadero objetivo. Como yo misma lo
desconocía hasta hace poco, no puedo criticar. Y así. La clase de chica
mágica es, en última instancia, una tapadera, ya que Puk Puck
pretendía utilizarla como plan de reserva para salvar el Reino Mágico.
Puk Puck nunca llegó a poner en marcha el plan de reserva, ya que
perdió la vida en su plan principal, pero su plan de reserva nunca se
desvaneció del todo. Si las cosas van bien, también puede ser
reutilizado para ti, y por eso… me gustaría pedirte toda tu
cooperación.”
Como Kumi-Kumi había estado tan concentrada en memorizar todo
lo que la mujer decía para no olvidar ni una sola palabra, no había
llegado a escudriñar el contenido y sólo consiguió captar que le
acababan de pedir que hiciera algo.
◇ Calkoro
Las alumnas reunidas en el aula esa noche estaban en forma de chica
mágica. Al pensar en todo lo que había costado llegar hasta aquí, a
Calkoro le entraron ganas de llorar, pero contuvo el impulso con
firmeza mientras abría la lista de clases.
Desde que empezó a prepararse para este ejercicio, se sentía
bastante mal. Empezando por su inspección preliminar de la zona
montañosa, había revisado un total de cien puntos que parecían
especialmente importantes, había instalado cámaras mágicas ocultas y
había elaborado impresiones que enumeraban los puntos de interés
para el ejercicio, y para cuando lo había terminado todo, estaba a punto
de anochecer. Se sentía como si hubiera sido ella la que se hubiera visto
obligada a ir a una excursión de campo.
Había ideado este plan en un intento de disminuir un poco su propia
carga de trabajo, pero no podía evitar sentir que Halna le había
asignado un sufrimiento añadido que no había existido originalmente.
Calkoro llamó a Arc Arlie por su nombre. Su respuesta sonó como
un chirrido pero fue enérgica. Siguiendo el orden silábico, llamó a
Kana. Su respuesta silenciosa no fue diferente a la del día anterior.
Cuando la mirada de Calkoro se posó en Kana, ésta se quedó
paralizada. Tardó un tiempo innecesario en decir el siguiente nombre,
Kumi-Kumi. Se aclaró la garganta y finalmente dijo su nombre, y
luego continuó pasando lista como de costumbre.
Mientras pronunciaba el nombre de Classical Lillian, miró a Kana.
Sus ojos no la habían engañado. Estaba diferente de ayer. Llevaba el
cabello recogido en un montón de coletas que parecían muy revueltas;
¿se trataba de algún tipo de hechizo o qué? Era demasiado descuidado
para llamarlo moda. De la parte delantera de su uniforme colgaba una
cadena con una bola de hierro con pinchos en el extremo. Estas cosas,
tal vez se podría insistir en que eran moda, pero los nudillos de latón
de su mano derecha no eran otra cosa que un arma.
¿Por qué se había cambiado de ropa de la noche a la mañana? Se
suponía que el reglamento de la escuela tenía un artículo que prohibía
añadir o modificar los trajes. Pero aunque Calkoro utilizara eso como
pretexto para ordenarle que se pusiera el traje, ¿le haría caso? Estaba
claro que ya estaba ignorando la norma de que no se podía transformar
de forma habitual.
Tenía que ser culpa de Mephis Pheles. Halna le había dicho a
Calkoro que Kana se quedaba en casa de Mephis, así que estaba al
tanto. Entonces, ¿la explicación más razonable no sería que Kana se
hubiera dejado influenciar por los intereses delincuenciales de
Mephis? Al mirar, Mephis parecía de alguna manera engreída o de
buen humor.
Si Mephis estaba influyendo en Kana, lo mejor sería detenerla. El
tipo de alumno que le convenía a Calkoro no era, definitivamente,
Mephis. Riéndose silenciosamente de sí misma por comportarse como
una profesora, pensando en cómo tenía que evitar que una buena
alumna fuera absorbida por un delincuente, llamó a Rappy Taype por
su nombre. Su respuesta llegó en voz alta, como siempre.
“Muy bien.” Comenzó Calkoro. “Esta noche será nuestro ejercicio
de campo, tal y como he explicado antes.”
A pesar de ser un evento tan repentino, todas las estudiantes habían
acudido. Halna no iba a enfadarse ahora por el número de participantes.
“La ubicación es la montaña detrás de la escuela. Quédense con sus
grupos y permanezcan en espera en sus posiciones designadas. El
ejercicio comenzará a las once y media en punto. Muy bien, por favor,
salgan todas.”
Al confirmar que todas las estudiantes estaban fuera del aula,
Calkoro se dirigió a la Sala de Procedimientos. A pesar del nombre, se
trataba de una sala para configurar los homúnculos que se utilizaban
principalmente en experimentos y demás. No se podía utilizar sin el
permiso de los dos empleados que trabajaban en la escuela, es decir,
Halna y Calkoro.
Calkoro pasó su tarjeta personal por el lector superior y luego se
agachó ligeramente para pasar la tarjeta compartida por el lector
inferior. La puerta se abrió, las luces se encendieron automáticamente
y el líquido que había sido retenido por la puerta fluyó hasta sus pies.
Calkoro congeló sus pasos.
Tardó en comprender lo que estaba pasando. Había sucedido lo
imposible. Había un hombre tumbado sin fuerzas encima de la larga
mesa de la Sala de Procedimientos. Parecía tener unos veinte años,
llevaba la moda básica de los magos, una túnica y un sombrero
triangular, y el líquido que goteaba de su cuerpo —sangre— había
empapado la túnica.
Pasando por encima del charco de sangre que se acumulaba
alrededor de sus pies, Calkoro entró en la habitación, se acercó al lado
del hombre, le tomó el pulso y comprobó su respiración. Estaba
muerto. Ya se había enfriado. Era imposible que estuviera vivo,
después de haber perdido tanta sangre.
Los hombros de Calkoro se agitaban. No podía parar. El aire que
inhalaba y exhalaba estaba lleno de olor a sangre, lo que la hacía sentir
aún más enferma. Apretó los ojos y luego los abrió. En primer lugar,
informaría de esto. Alcanzó la alarma instalada en la habitación y se
detuvo a medio camino. El dispositivo de seguridad tenía una gran
abolladura, probablemente por un fuerte impacto.
A Calkoro se le aceleró el pulso. Ella había sido la que utilizó la
tarjeta llave para abrir este lugar. No había nadie aquí, aparte del
hombre caído. Entonces, ¿había sido él quien había destruido el
dispositivo de seguridad? ¿Por qué?
Por ahora, sólo haría lo que tenía que hacer. Sacó su teléfono
mágico. No necesitaba el dispositivo de seguridad para contactar con
el exterior, o eso pensaba. Pero su teléfono no se comunicaba. ¿Por
qué? No tenía sentido.
¿Qué debo hacer? Miró a la derecha, luego a la izquierda, y su
mirada vagó inquieta hasta captar algo en la mano del hombre.
Levantando sus gafas, acercó su rostro al dorso de la mano. Tenía un
tatuaje. Ella había visto esta insignia antes. Los miembros de ese lugar
mostraban intencionadamente el dorso de sus manos para exhibirlo.
¡Es del laboratorio…!
Calkoro comprobó los ajustes. Había números en la pantalla que
nunca había visto antes. Escribió en el teclado, pero éste no respondía.
Los números seguían moviéndose. Calkoro no había dado
autorización. ¿Qué estaba pasando aquí?
Halna estaba en una reunión en la sede. No estaba en la escuela.
Como Calkoro no podía contactar con ella, no tenía más remedio que
usar su propio criterio. De todos modos, a este ritmo, por toda esta
montaña, se desatarían homúnculos con valores que no parecían en
absoluto de uso de campo.
Ah, claro… Si uso la unidad de comunicaciones principal…
¿Llegaré a tiempo?
Casi resbalando con la sangre, Calkoro salió corriendo de la
habitación.
Capítulo 9:
ESCUELA EN GUERRA
◇ Tetty Goodgripp
“¡Reúnanse y numérense!”
A la orden de Tetty, se oyeron gritos de “Uno”, “Dos” y “Tres”, y
luego Arlie hizo un chirrido. Con eso, se pasó lista. No era necesario
que se numeraran para saber que todas estaban allí, pero era una
especie de ceremonia, y lo hacían siempre. Las cinco llamaron a sus
números asignados en voz alta con expresiones serias, y una vez hecho,
sus rostros se relajaron en sonrisas, y se reunieron en un círculo.
Tetty miró a su alrededor y se llevó las manos a los hombros para
masajearlos ligeramente. El cielo estaba despejado, las estrellas eran
tenues y la luna brillaba como si fuera la dueña del lugar, por lo que la
luminosidad era sorprendente. Las chicas mágicas no necesitaban luz
para ver con claridad, pero de todos modos se alegró de que no tuvieran
que recorrer un camino de montaña en la oscuridad.
“Se siente totalmente diferente en la noche, ¿eh?” Dijo Tetty.
“Durante el día, se siente como cualquier otra pequeña montaña
ordinaria.”
“No hay que bajar la guardia sólo porque sea pequeño. He oído que
a veces la gente se pierde aquí.” Respondió Miss Ril.
“¡Vamos!” Rappy replicó. “¡Como si alguna de nosotras, las chicas
mágicas, planeara quedarse varada!”
“¿Tarada?” Dijo Dory. “¿Cómo… Classical Lillian?”
El repentino juego de palabras hizo que todas estallaran en
carcajadas. Tras una buena carcajada, Tetty levantó la cabeza. “Bueno,
aunque sea un poco dramático decir varados, evitemos separarnos.
Aunque sólo se trate de homúnculos de entrenamiento, ser descuidada
significa que podrías salir herida. Tampoco sabemos cuántos
homúnculos habrá.”
Su propio comentario sobre los descuidos y las lesiones le trajo a la
mente el último simulacro de batalla. Era pensar en ese tipo de cosas
de forma habitual lo que había hecho que su cuerpo se moviera cuando
ocurría algo. Mephis odiaría ser rescatada o defendida. Reprendió a su
cuerpo para evitar que algo así ocurriera la próxima vez, pero la
montaña era lo suficientemente grande como para dudar que entraran
en contacto con los otros grupos. Se sintió patética por estar tan
agradecida por eso.
“¡Hola, chicas! ¡He traído algo divertido!” Rappy abrió la palma de
la mano para revelar unos pequeños objetos envueltos como caramelos
duros. Algunos brillaban con bonitos colores, mientras que otros
parecían ásperos cristales.
“¿Qué es esto?” Preguntó Tetty.
“¡Minerales y demás! ¡Los envolví y los traje! ¡Sostenlos en la
palma de la mano, Rilly! ¡Y luego úsalos cuando los necesites! ¿Qué
te parece? ¿No es una gran idea?”
La magia de Miss Ril le permitía absorber las propiedades de
cualquier metal que tocara, transformando su cuerpo. Como dijo
Rappy, traer un montón de objetos para que los usara realmente
mejoraría sus habilidades.
“Es una buena idea…” Dijo Miss Ril. “Pero ¿de dónde las has
sacado?”
“¡Acabo de tomar prestados unos cuantos de la sala de ciencias del
nuevo edificio escolar!”
Vamos… no te arriesgues así tan a la ligera.” Dijo Tetty.
“¡Eh! ¡No los he robado! Cuando se lo pedí a los chicos del club de
ciencias, ¡compartieron algunos conmigo!”
Tetty podía imaginar fácilmente esa escena. Había oído que
bastantes chicas mágicas iban al nuevo edificio de la escuela para
negociar con los chicos del Instituto Umemizaki. No quiere decir que
el hecho de que otras personas lo hicieran estuviera bien, pero era un
delito menor, comparado con robar en la sala de ciencias. Tetty
intercambió una mirada con Miss Ril y sonrió incómodamente —
aunque la expresión de Miss Ril no cambió— y se decidió que Miss
Ril se quedaría con las cosas que Rappy había tomado prestadas.
“Me impresiona que se te haya ocurrido esto.” Dijo Tetty.
“¡Quiero decir, vamos! Los otros grupos se han puesto serios
últimamente, ¿no? ¡Entonces nosotras también tenemos que tener un
montón de ideas! ¡No quiero estar alineada en el último puesto durante
nuestra graduación! ¡Seamos las mejores estudiantes!”
“Las mejores estudiantes no se colarían en el edificio de la escuela.”
Señaló Tetty.
“Todo depende de los parámetros de las mejores estudiantes.” Dijo
Miss Ril.
Al sentir un tirón en su falda, Tetty se volvió para ver a Dory
señalando la montaña. Al mirar, había una figura negra que surgía del
suelo. Tetty comprobó la hora en su teléfono mágico. Todavía eran las
11:25, cinco minutos antes de la hora de inicio.
Qué raro, pensó, la Sra. Calkoro le dio tanta importancia al
tiempo, y mientras observaba cómo se movía la figura, ésta corrió por
el sendero de la montaña hacia ellas, levantando las garras. Antes de
que se abalanzaran sobre Tetty, ésta le agarró del brazo.
Mientras se enzarzaba en una lucha contra el homúnculo, Tetty
llamó a las demás. “Todavía no son las once y media, ¿verdad?”
“Todavía no.” Confirmó Miss Ril.
“Pero esto significa que ya ha empezado, ¿no?”
No era sólo uno; más figuras negras como el azabache se
abalanzaron sobre ellas. Tetty se vio obligada a aplastar el brazo de la
primera unidad, para luego agarrar su cabeza y arrancarla del torso.
“Parece que empezamos temprano.” Dijo Rappy.
“¿Debemos consultar a la profesora?” Preguntó Miss Ril.
Pero con los homúnculos abordándolas uno tras otro, no era el
momento de hacer ninguna llamada. Dory blandió su taladro, y Arlie
derribó a uno con un golpe de cuerpo, y luego le dio un puñetazo. La
batalla ya había comenzado en serio. Esto estaba más allá de una
situación en la que podían no hacer nada y decir que simplemente
esperarían ya que era temprano.
Tetty dio instrucciones. “¡No tenemos otra opción, dada la
situación! ¡Empecemos con todo!”
“¡Bieeeeeen!”
“Chicas, hagamos todo lo posible.”
“¡Todooooo!”
Como ya habían empezado, eso sólo hizo que las cosas fueran más
rápidas. Con Tetty y Dory a la cabeza, se mantuvieron en una
formación que les protegía las espaldas, derrotando a los homúnculos
mientras avanzaban. El sendero de la montaña estaba
comparativamente bien mantenido, y como los homúnculos iban
apareciendo a lo largo del camino, era muy fácil de seguir. Las chicas
destrozaron, aplastaron, golpearon y agarraron a los homúnculos hasta
que su número disminuyó gradualmente.
“¡Ahíííí!”
Más adelante en el camino, los homúnculos se estaban reuniendo.
Manteniendo su formación, el Grupo Uno se dirigió en esa dirección,
manteniendo el ritmo mientras seguían derribando a las figuras negras.
“¡Hey! ¿Crees que estos contarán para nuestro total?” Se preguntó
Rappy en voz alta.
“Dijo que había cámaras instaladas… pero no las veo.” Respondió
Miss Ril.
“Son cámaras mágicas ocultas, ¿no?” Dijo Tetty.
“¡Y ahíííí!”
Al descubrir un grupo de homúnculos, se apresuraron a acercarse.
Tetty golpeó y aplastó a varios y estaba a punto de correr hacia el
siguiente cuando sus pies se detuvieron. Como iba en cabeza, todas las
demás se detuvieron con ella. “¿Qué pasa?” Gritó Rappy con
curiosidad. “¿Ha pasado algo?” Preguntó Miss Ril con preocupación.
Pero Tetty no respondió, sólo se quedó parada. No es que se le hayan
parado los pies, sino que sus piernas no se movían.
La figura de color negro azabache que se alzaba frente a ellas tenía
una forma completamente diferente a las que habían combatido antes.
Llevaba un estoque al cinto y llevaba unas botas hasta la rodilla. Entre
su traje y su aspecto general, no cabía duda de que había sido diseñada
para parecer una chica mágica. La pluma que decoraba su gorro
ondeaba al viento.
Su característico cuerpo negro azabache y la textura de su
superficie lisa eran iguales a los de los otros homúnculos, y eso hacía
que su forma de chica mágica resultara grotesca. Pero Tetty no se había
detenido porque fuera espeluznante o extraña. Un escalofrío le recorrió
la columna vertebral, el corazón y los pulmones; el mero hecho de estar
cerca de esa cosa le hacía sentir que le flaqueaban las rodillas.
La chica mágica de color azabache se levantó y, una fracción de
segundo después, Tetty estaba agarrando su estoque en la manopla
derecha. La esgrimista desenfundó su espada y lanzó una estocada.
Tetty ni siquiera se dio cuenta de que el estoque había sido
desenvainado, y tampoco pudo ver el paso ni la estocada. Cuando
pensó: Ah, estaba justo delante de ella. Si no fuera por sus manoplas
mágicas, habría sido apuñalada.
Tetty bloqueó el rodillazo de la esgrimista con su manopla
izquierda. Mientras dudaba por un momento si debía aplastarla o no,
algo brilló.
Rappy gritó y Miss Ril chilló.
En el mismo momento de ese golpe de rodilla, la esgrimista
desenfundó una daga con su mano izquierda, cortando hacia ella. Tetty
sólo tenía dos manoplas, una en cada mano. Primero detuvo el estoque,
luego bloqueó la patada, y sus dos manos estaban ocupadas. Dejó pasar
el ataque de la daga. La sangre brotó de su mejilla.
Ni siquiera tuvo que pensar qué debía hacer a continuación. Soltó
la pierna y el estoque, se arrodilló en el suelo e inclinó la cabeza.
“Su Excelencia, por favor, perdóneme por mi descortesía.”
La general dio dos palmadas, reconociendo su disculpa. Agradecida
por la generosidad del general, Tetty se levantó y se volvió hacia las
traidoras.
“¡Tetty!”
“¡Espera un segundo! ¡¿Qué demonios está pasando?!”
Todas eran poderosas chicas mágicas. Pero Tetty las destruiría. Ella
eliminaría a todos los enemigos para proteger al general.
◇ Pshuke Prains
La chica mágica de color negro azabache lanzó un puñetazo recto, que
cayó a medio camino para cambiar a una patada baja en su lugar. Era
tan aterradoramente rápida que todo lo que podía hacer Pshuke era
seguir sus movimientos y fintas con la mirada.
Diko saltó en el acto para esquivar. Mientras escapaba en el aire,
un brazo derecho negro como el azabache se estiró hacia su cara, pero
justo antes de que hiciera contacto, Diko usó su magia para
desvanecerse, y el golpe de la chica mágica negra como el azabache se
perdió en el aire. Fue entonces cuando el Grupo Tres entró en acción.
Con Sally desde el aire, sujetando la pata de su cuervo, y Lightning
saltando desde un árbol, se lanzaron hacia la chica mágica de color
negro azabache. Pshuke roció lubricante nebulizado por delante para
derrapar hacia el enemigo. En un deslizamiento a gran velocidad con
un coeficiente de fricción reducido, estaba elaborando un plan mental
para bloquear la pierna del enemigo, pero una nueva sombra negra se
deslizó desde detrás de un árbol y le bloqueó el paso. Con un chasquido
de la lengua, saltó hacia la derecha. Sally y Lightning también fueron
interrumpidas.
Diko apareció. Una chica mágica negra con rosas sobre los
hombros atacó con una secuencia de golpes de lanza-mano, bloqueo y
palma. Diko bloqueó y devolvió el golpe con un rodillazo, y el
enemigo contraatacó con un codazo, siguiéndolo con una mano de
cuchillo cuando Diko se tambaleó, y Diko volvió a desvanecerse.
“Modo de Lujo: Activado.” Lightning estaba cortando a la de las
rosas cuando una nueva unidad —una silueta como la de un guerrero
acorazado con una naginata a punto— la interrumpió con un tajo. Sus
espadas chocaron, enviando una hombrera blindada por los aires y
tirando uno de los tambores de Lightning.
La unidad que apareció ante Pshuke llevaba un objeto cilíndrico
bajo el brazo derecho. Antes de darse cuenta de que se trataba de una
ametralladora Gatling, Pshuke había salido corriendo entre las
sombras, de un árbol a otro. Las balas que seguían a Pshuke
destrozaban la espesura con un estruendo explosivo, arrancando
árboles y arrojando tierra y arena. La línea de su impacto se acercó a
Pshuke. Las raíces de los árboles estaban destrozadas y las piernas le
dolían por el esfuerzo.
Estaba al límite. Intentó correr en un intento de provocar fuego
amigo, si era posible, pero el enemigo se aseguraba de evitar los
ataques a sus aliados con una sensibilidad sorprendente. Pshuke rodó
para escapar de un ataque, pero cuando su mano se alargó para intentar
trepar a un árbol, una chica con un gi negro de karate le dio una patada
frontal en el aire.
Pshuke había conseguido protegerse a tiempo. Pero su brazo
derecho estaba entumecido. Rompiendo las ramas de los árboles y
esparciendo las hojas al aterrizar, se dio la vuelta para intentar volver
con su grupo, pero una sombra negra le bloqueó instantáneamente el
camino, dejándola sin otra opción que huir en la otra dirección. Las
demás se alejaban cada vez más.
Era difícil entender lo que había sucedido. Las criaturas mágicas
negras parecidas a chica mágicas eran probablemente homúnculos.
Pshuke había visto un tipo de homúnculo llamado Alas Demoniacas,
que se había desarrollado basándose en el motivo de Archfiend Pam.
Pero incluso comparado con ellos, lo que estaban viendo ahora era
demasiado parecido a las chicas mágicas.
Imaginó un desvío en su mente para volver con las demás. Esta no
era la clase de situación de la que Pshuke podría salir por su cuenta. Si
la rodeaban, la aplastarían. Empezó a correr y se detuvo
inmediatamente. Algo negro surgía de la tierra, bloqueando el camino.
Tomaba la forma de una chica con una jabalina en cada mano, y
apuntaba con ambas a Pshuke.
¿Otra vez esto? ¡Mierda!
Pshuke saltó a un lado para evitar el ataque de las jabalinas,
rociando una niebla de extracto de pimienta picante mejorada
mágicamente, pero no pareció funcionar en absoluto; el rojo sólo
manchó la cara del homúnculo mientras éste le arrojaba sus lanzas.
Pshuke evitó de algún modo sus continuas embestidas mientras
retrocedía, y en el momento en que su espalda tocó la áspera corteza,
se puso a cuatro patas como una bestia, sacando la pierna mientras el
enemigo atravesaba el tronco detrás de ella, descargando un ataque en
su plexo solar antes de retroceder y alejarse.
El enemigo sacó su jabalina del árbol y clavó sus dos jabalinas, la
derecha y la izquierda, juntas, y las retorció. Con un silbido, apareció
una enorme hoja, y las dos jabalinas se transformaron en una
gigantesca alabarda. A pesar de todas sus quejas, Pshuke había estado
tomando notas con diligencia en clase, por lo que sabía que se trataba
de Halberd Emimin, la chica mágica delincuente que había estado
viajando, realizando robos a su paso.
El homúnculo levantó la alabarda. Pshuke la esquivó con un salto
lateral, pero su golpe fue tan potente que hizo temblar el suelo y le
costó mantenerse en pie. El golpe hizo estallar los troncos de los
árboles, abrió la tierra y lanzó polvo al aire. Con el polvo, las ramas y
las hojas cayendo a su alrededor, Pshuke siguió moviéndose, corriendo
alrededor de la Emimin negra mientras rociaba lubricante sobre el
suelo.
Pshuke ahogó sus gritos al esquivar el segundo y el tercer ataque, y
cuando Emimin tenía su arma levantada para un cuarto, el homúnculo
pisó un parche que había sido rociado con lubricante y se tambaleó.
Con la postura del enemigo inestable, Pshuke se lanzó en un
deslizamiento de baja fricción para sujetar la pierna de éste,
torciéndole el tobillo y luego rompiéndole la rodilla. Después de
derribar al enemigo, antes de levantarse de nuevo, roció adhesivo por
todo el enemigo para pegarlo al suelo, y luego se alejó inmediatamente.
Un instante después, Pshuke se agachó para evitar un ataque por
detrás. Este era uno nuevo. Desde una postura baja, Pshuke roció un
fuerte ácido líquido por encima de ella, pero el nuevo enemigo ignoró
la quemazón de su cuerpo mientras hacía un agarre a Pshuke,
tomándola por los hombros. La pistola de agua de Pshuke sólo podía
rociar niebla, por lo que su fuerza sería siempre inferior.
Sujetada desde arriba, sintió que un pie le pisaba la mano derecha,
la que sostenía su pistola de agua. La parte de la chica mágica de color
azabache que correspondía a la boca se abrió para revelar innumerables
colmillos de aguja afilados en su interior.
Con la boca abierta, la chica mágica negra como el azabache trató
de arremeter contra Pshuke, pero fue apartada de golpe. Salió rodando,
chocó contra un acantilado y se detuvo.
“¡Rápido! ¡Súbete a mi espalda!” El homúnculo había sido
derribado por una chica mágica con gafas. Era Calkoro, transformada.
Pshuke hizo lo que se le dijo, e inmediatamente despegaron.
Calkoro utilizó las manos y el pie izquierdo para apoyar su cuerpo con
el borde de su ábaco gigante, y remó con el pie derecho en el suelo
para avanzar, como si fuera un monopatín. Era una forma totalmente
equivocada de utilizar un ábaco.
Pshuke roció con lubricante la tierra que había detrás de ellas. El
homúnculo que intentaba seguirlas resbaló y se precipitó hacia delante,
haciendo un ruido dramático al caer. Se interpuso en el camino de las
otras chicas mágicas de color negro azabache que estaban más atrás, y
chocaron entre sí.
Hay más y más…
El número de homúnculos iba en aumento. Calkoro gritó algo, y
cuando Pshuke miró hacia el frente, vio a múltiples chicas mágicas de
color negro azabache elevándose allí también. Esta vez, Pshuke
disparó su lubricante hacia el suelo del frente, acelerando
temporalmente el ábaco para que siguiera corriendo antes de que los
homúnculos terminaran de elevarse.
“¡No hagas cosas raras sin preguntar!” Gritó Calkoro. “¡De no
haber podido calcularlo definitivamente habríamos volcado!”
“¡Srta. Calkoro!” Pshuke gritó también. Rara vez levantaba la voz
así. “¡¿Qué está pasando?!”
“¡Están fuera de control! ¡Esto no tiene sentido! ¡¿Por qué está
pasando esto?! ¡¿Con los homúnculos?! ¡La directora y yo! ¡Somos las
únicas con autorización! ¡No pueden entrar en modo de combate sin
nuestra autorización! ¡No deberían! ¡Pero el laboratorio! ¡Estaba
muerto!”
Con un árbol caído actuando como rampa, el ábaco dio un salto.
“¡El dispositivo de seguridad se ha roto! ¡Y mi teléfono mágico no
se comunica! ¡Y el equipo de la escuela no responde a mis órdenes en
absoluto! ¡Así que pensé que si rompía la unidad maestra! ¡En la
plataforma de observación de esta montaña! ¡Ahí está la unidad
maestra!” Calkoro giró en el aire, pasando del aterrizaje a la
reaceleración instantánea como si estuviera derrapando con un
vehículo.
Pshuke gritó: “¡¿No has denunciado esto?!”
“¡Te dije que no podía usar la terminal! ¡Y el dispositivo de
seguridad está roto! ¡Y no tenemos tiempo para buscar una forma de
contactar con la Autoridad Central! ¡Si simplemente rompemos la
unidad maestra, se detendrán! ¡El laboratorio! ¡Los desarrollaron! ¡Los
nuevos modelos de homúnculos! ¡Por su cuenta! ¡El sistema de
seguridad del laboratorio! ¡Se ha perdido el control! ¡No es mi culpa!
¡Yo no he hecho nada!”
“Quejarse en un momento como…” Antes de que Pshuke pudiera
terminar de decir ‘este’, el ábaco se ralentizó y luego se detuvo. Una
figura negra se alzaba por el camino. Aunque era toda negra, Pshuke
pudo ver que estaba de pie con una postura muy recta, con una falda
esponjosa, una corona en la parte superior de la cabeza y otros
accesorios lujosos.
Se oyó un ruido estridente como el de una corriente de aire que
sopla en una casa antigua. Era el sonido de la exhalación de Calkoro.
“Hey, Sra. Calkoro.” Dijo Pshuke. “¿Por qué nos detenemos?”
“Una copia de… Grim… Heart… No puede ser… ¿por qué?”
La reina negra comenzó a moverse lentamente. Parecía que aún no
las había visto. En lugar de deslizarse por debajo de su brazo, sería más
rápido aplastarla ahora, pero Pshuke ni siquiera tuvo tiempo de pensar
en eso, ya que el ábaco se dio la vuelta y Pshuke se aferró a la espalda
de Calkoro. Empezaron a correr de vuelta en la dirección por la que
habían venido.
“¡Srta. Calkoro! ¡El otro camino! ¡Hay toneladas de enemigos por
aquí!”
“Si eso es a lo que nos enfrentamos… ¡Prefiero luchar contra
toneladas de enemigos!” Gritó Calkoro, y el ábaco se aceleró. Ante sus
ojos, las innumerables chicas mágicas de color negro azabache que
bloqueaban su paso aumentaban de tamaño. Maldiciendo, Pshuke
apuntó con su pistola de agua hacia adelante.
◇ Kumi-Kumi
No entendía qué había pasado, pero estaba claro que la situación era
anormal. Disparos, explosiones, gritos… todo tipo de ruidos violentos
rasgaban la tranquilidad de la noche, sin que hubiera señales de que
fueran a parar. La horda de chicas mágicas de color negro azabache
que rodeaba al Grupo Dos estrechó su círculo.
Kumi-Kumi estableció contacto visual con Adelheid, Mephis y
Lillian. Adelheid, Lillian y Kumi-Kumi asintieron, y por alguna razón
—debió de haber seguido la corriente de todas las demás sin entender
lo que significaba— también lo hizo Kana. Finalmente, Mephis asintió
con firmeza. “¡Arriba el ánimo y en marcha, perras!”
“¡Sí!”
“¡Claro!”
“¡Yippee ki-yay!”
“No hay nada mejor que una pelea en las calles.” Murmuró Kana
con una calma que iba en contra del sentido de la afirmación, pero, no
obstante, se encargó de la pelea.
Mephis y Adelheid estaban una al lado de la otra mientras se
lanzaban contra las fuerzas enemigas. Los cuerpos completamente
negros se ajustaban a la plantilla de los homúnculos, pero tenían una
forma completamente distinta a la que Kumi-Kumi conocía.
Mephis golpeó, pateó y volvió a golpear al enemigo más cercano.
La unidad que golpeó apartó su puño con el dorso de la mano. La figura
negra cambió suavemente a un jab-jab-recto, y luego a un gancho. Se
movía con rapidez, y su combo era ajustado. Era tan buena como una
chica mágica.
Adelheid la golpeó lateralmente y la derribó. Le abrió las manos
enguantadas, y luego le abrió la tráquea con un golpe de vuelta. El
homúnculo expulsó fluidos negros y se desplomó. Por detrás,
aparecieron uno más, dos más, tres, cuatro… una gran variedad de
homúnculos tipo chica mágica, uno tras otro.
“¡Ese de ahora!” Gritó Mephis.
“¡¿Qué?!” Adelheid gritó en respuesta.
“¡Es como una que aprendimos en clase!”
“¡¿Tienes que decir eso ahora?!”
Adelheid intervino. Abatió a un enemigo, pero un segundo detuvo
su empuje. La chica mágica negra que había bloqueado el sable de
Adelheid con su escudo gigante golpeó a Adelheid. Adelheid salió
volando contra una roca de espaldas, pero no se inmutó.
“¡Kaiser Schlacht!”
Saliendo disparada de la roca, golpeó con todo su cuerpo el gran
escudo, con un ataque que utilizaba la energía del daño que había
recibido. Golpeó y golpeó, y cuando la guardia del enemigo se debilitó
a un lado, lo golpeó con una patada giratoria que era flexible como un
látigo. Justo antes de que conectara, una bala le disparó desde la
diagonal trasera, y ella la esquivó en el último segundo, dando un salto
mortal.
La vaquera con sombrero de diez galones que había disparado
siguió con tres disparos más. Adelheid rodó por el suelo para esquivar
el primero, cortando los dos disparos restantes con su sable. La
pistolera dejó caer su pistola en el acto y sacó una escopeta de su
cinturón. Ni siquiera Adelheid sería capaz de desviar esos disparos.
Rodó y saltó, esquivando. Un disparo, dos. Con cada disparo de la
escopeta, la roca se hacía añicos y la tierra volaba, haciendo
innumerables agujeros por todas partes.
“¡Que te den, perra!” Aprovechando el hueco en el que su atención
se centraba en Adelheid, Mephis pateó a la vaquera, pero el homúnculo
lo esquivó con seguridad, apuntando a continuación con su escopeta a
Mephis.
“¡No esquives mis putas patadas, maldita gallina!” Gritó Mephis, y
la vaquera se detuvo por un instante. Incluso cuando Mephis se puso a
tiro para dar una patada, el homúnculo la esquivó de alguna manera,
pero no consiguió esquivar el tajo de Adelheid que venía por detrás.
Con la espalda cortada por la mitad y desparramando líquidos negros,
bloqueó la patada de Mephis con el hombro, rodando de nuevo hacia
el grupo.
“¡Ese es como una cucaracha!” Dijo Mephis. “¡Muérete ya!”
“¡Una de cada pocas de estas criaturas es una verdadera bestia!”
Como si coincidieran con la advertencia de Adelheid, las chicas
mágicas de color negro azabache subieron por la montaña como un
líquido que se desliza, escondiéndose en las sombras de los árboles
para desaparecer. Antes de que Kumi-Kumi pudiera preguntarse por
qué, dos bolitas se lanzaron a rodar: Adelheid empujó a Mephis hacia
abajo y Kumi-Kumi corrió.
Adelheid cubrió a Mephis, y Kumi-Kumi se dejó caer encima de
ambas. Las dos granadas de mano que habían lanzado explotaron, y la
conmoción y el sonido de su explosión barrieron toda la zona.
Con el polvo ondeando a su alrededor, Mephis, en la parte inferior,
gritó: “¡Ustedes son demasiado pesadas!”
“No puedo evitar… ser pesada…”
“¡Y lenta!”
“Lo… siento.” Haciendo un ruido como el de un motor, Kumi-
Kumi se puso en pie. Adelheid apretó la cabeza, levantándose de algún
modo a pesar de su balanceo, y luego extendió la mano a Mephis,
apoyándose entre ellas mientras se levantaban.
“¿Todavía pueden oír? ¿No están heridas?” Preguntó Mephis.
“De alguna manera.” Dijo Adelheid.
“No hay… problema.”
“¡El siguiente grupo se acerca!” Lillian advirtió a las demás.
Los árboles que habían sido derribados habían abierto toda la zona,
proporcionando una buena vista y facilitando la visión del cielo
nocturno. Con el espacio hecho para que pudiera acomodar aún más
números, mayores hordas de figuras negras que nunca se asomaron
más allá del polvo que aún tenía que diluirse.
Adelheid preparó su espada en la postura estándar, con la hoja
levantada a la altura de los ojos, mientras Mephis levantaba los puños
frente a su cara, Kumi-Kumi se alineaba junto a las dos y Lillian se
colocaba protegiendo sus espaldas.
“Oh-ho.” Murmuró Kana, mirando a Kumi-Kumi. “Qué
interesante. Se hizo con tu magia, Kumi-Kumi.”
“La magia de Lillian… también está en ella.”
Ahora mismo, Kumi-Kumi llevaba su armadura hecha a mano.
Había estado trabajando en ella poco a poco de forma regular,
siempre que tenía tiempo libre. Recogiendo rejillas, ladrillos,
hormigón, calzos de aparcamiento, aparatos electrónicos domésticos y
otras piezas de los vertederos y los desechos de gran tamaño, lo había
descompuesto todo y lo había vuelto a montar con su magia, uniéndolo
para hacer piezas de armadura que había introducido a escondidas en
el almacén de la escuela. Había comenzado con el pensamiento casual
de que si alguna vez la descubrían, podría dejar de hacerlo, pero por
mucho tiempo que pasara, nunca la descubrían, y su fabricación de
piezas se había profundizado gradualmente, y ahora se había
convertido en una armadura resistente que incluso resistiría una
granada de mano mágica.
Una mezcla de hormigón, asfalto y los gruesos neumáticos de goma
que se utilizan en los parques infantiles, reforzada con su magia, era
tan resistente como una fortaleza. Le había entusiasmado llevarla al
ejercicio de campo de esa noche, pensando que sería realmente
poderosa, pero nunca había imaginado que sería útil en el sentido de
proteger su vida.
Entrelazarla con el hilo mágico de Lillian había hecho posible que
las articulaciones se movieran con suavidad, y también había
actualizado más del triple la eficiencia en la transmisión de la fuerza.
Metida dentro de la armadura, Kumi-Kumi podía mover los brazos y
las piernas gigantes como si fueran su propio cuerpo.
A estas alturas, ya no se podía llamar simplemente armadura. Con
un metro ochenta de altura, esta construcción era tan perfecta que
podría llamarse armadura fortificada. Guardó el nombre —Modo
Fortaleza Kumi-Kumi— en su memoria y no se lo dijo a nadie.
Kumi-Kumi quería presumir de estas cosas, pero viendo cómo se
movían las chicas mágicas enemigas, no podía permitirse ser tan
descarada.
Al avanzar, Kumi-Kumi giró el brazo derecho para apartar a una
chica mágica de color negro azabache y, moviéndose con más soltura
que una criatura viva, dio una patada circular con la pierna izquierda,
golpeando a dos homúnculos. Cuando siguió con una patada hacia
atrás, el enemigo retrocedió, pero ella se protegió de la sierra circular
del enemigo con el escudo de su brazo derecho. Se sintió pesada. La
sierra circular se clavó un tercio del camino en su escudo y se detuvo.
Si hubiera entrado directamente en el cuerpo de una chica mágica, la
habría cortado en dos.
Como había dicho Adelheid, uno de cada pocos era una unidad
poderosa.
“¡Déjame a mí… los fáciles! ¡Tú enfrenta… los fuertes!” Dijo
Kumi-Kumi.
“¡Entendido!”
“¡Ah, lo tengo!”
“¡Todas, tengan cuidado!”
“En cuanto a lo que defines como fuerte—”
Ataviada con su armadura fortificada, Kumi-Kumi acribilló a los
enemigos y los hizo volar. Las unidades que resistían o evitaban sus
ataques eran enfrentadas por Adelheid y Mephis, mientras Lillian
vigilaba su mayor punto ciego en la retaguardia. Y aunque no podía
ver muy bien, por el rabillo del ojo captó a Kana, por su parte,
esquivando ataques enemigos y demás. Parecía estar murmurando algo
para sí misma, pero Kumi-Kumi no pudo oír lo que era. Pensando que
si no se interponía en su camino, no habría problema en dejarla así,
Kumi-Kumi avanzó.
Aunque su gruesa armadura se estaba desgastando, poco a poco fue
avanzando, abriéndose paso a través de la zona que había sido
destruida por las granadas de mano. El plan era cortar en diagonal
sobre la montaña y escapar al mundo exterior. Dado que esto ya no era
un ejercicio de campo, no había razón para que el Grupo Dos fuera
culpado de escapar. Kumi-Kumi se preguntó si los otros grupos
estarían a salvo, pero desechó ese pensamiento. No tenían tiempo para
preocuparse por los demás. Movió el brazo, luego una pierna, un brazo,
un brazo de nuevo, y de repente sintió que el peso allí se aligeraba.
Se miró el brazo derecho. Le faltaba la parte del puño. Se había
convertido en escoria negra que se dispersaban en el aire.
Miró al enemigo que creía haber golpeado. Ni siquiera parecía que
hubiera atacado. Simplemente estaba allí. Kumi-Kumi le dio un
puñetazo, y cuando su puño blindado lo tocó, desapareció. Era una
chica mágica con un tocado y otros accesorios ondulantes. Aunque era
toda negra, se podían ver parches y otros arreglos aquí y allá en su
traje.
Kumi-Kumi golpeó a la chica de los parches con su brazo
izquierdo. La parte que golpeó al homúnculo se convirtió en un poso
negro y se desvaneció. La chica mágica lucía una brillante sonrisa de
sincera diversión. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de
Kumi-Kumi. Ésta era diferente a las demás. Esto iba más allá de ser
fuerte o débil. No podía luchar contra eso. Kumi-Kumi dejó que el
gigantesco armazón del Modo Fortaleza cayera encima del homúnculo
y deshizo todas sus conexiones, poniendo la mano en los hombros del
traje para hacer una voltereta y escapar hacia atrás.
Abandonó sin miramientos la armadura que con tanto esfuerzo
había confeccionado. Pensó que así ganaría un poco de tiempo, al
menos. Pero no tardó ni un parpadeo en descubrir que incluso ese
pensamiento había sido una subestimación.
La chica mágica de los parches atravesó la gruesa armadura como
si no hubiera nada. No hubo resistencia en absoluto, los posos negros
se dispersaron a su alrededor mientras ella se acercaba. Su brazo
derecho se extendió y su amplia sonrisa se acercó. Kumi-Kumi estaba
en el aire. No había forma de que se escapara.
Empezó a abrir la boca, pensando que tenía que decir algo a las
demás, al menos, y entonces un impacto sordo la golpeó en el costado,
haciéndola toser y esparcir saliva.
Era Kana. Había saltado desde un lado, sujetando a Kumi-Kumi en
brazos para aterrizar y seguir corriendo. La chica mágica de los parches
aterrizó tras ellas, persiguiéndolas a ambas. Kana abandonó el camino,
adentrándose en la naturaleza.
Todavía en sus brazos, Kumi-Kumi estaba a punto de ordenarle:
“No corras”, pero al ver que la chica de los parches la perseguía, apretó
la mandíbula. No. Ahora tenían que correr. Esta vez sí que era inútil.
Morirían si las tocaban. Ningún daño se producía. Incluso si todas ellas
—Mephis, Adelheid y Lillian incluidas— unían sus fuerzas, no había
forma de que pudieran vencerla. Así que era mejor que Kumi-Kumi y
Kana la alejaran, mientras las demás podían aprovechar ese tiempo
para moverse.
Todavía cargada en los brazos de Kana, Kumi-Kumi sacó su pico,
balanceándolo para remover el suelo. El cúmulo de cubos que hasta
hace un momento había sido tierra bañó a la chica de los parches que
las perseguía, pero sólo se convirtieron en más escoria negra. No le
supuso un obstáculo: ni siquiera aminoraba la marcha.
El enemigo era bastante rápido, pero las piernas de Kana eran,
sorprendentemente, aún más rápidas. Poco a poco se fueron alejando,
y Kumi-Kumi empezó a ser optimista, pensando que si podían
mantenerla un poco detrás de ellas, entonces, de alguna manera… pero
entonces, por alguna razón, Kana se detuvo de repente. La cabeza de
Kumi-Kumi chocó con la espalda de Kana, y ésta gimió. “¿Qué…?”
Miró al frente. Una única chica mágica vestida de negro estaba allí.
◇ Kana
No tuvo que rebuscar en sus recuerdos para recordar al homúnculo que
tenía delante. Kana saltó hacia arriba y se agarró a la rama de un árbol
para esquivar al homúnculo que venía cargando desde atrás. Utilizando
la rama del árbol como barra horizontal, giró para volver en la
dirección opuesta y, con el impulso de su giro, saltó, corrió y aceleró.
“¿Por qué… correr? Deberíamos haber… seguido.” Dijo Kumi-
Kumi.
No se equivocó en absoluto. El homúnculo que estaba allí ni
siquiera se había hecho a la idea de mirarlas. Habría sido obvio suponer
que podrían haberse deslizado por debajo de su brazo o haberle dado
un golpe. Pero Kana sabía que no había esperanza de seguir adelante.
“La que está ahí de pie como una reina es sin duda Grim Heart.”
Dijo Kana.
“¿Grim… Heart…?”
“La luchadora más poderosa de la Facción Osk. Si los homúnculos
desplegados aquí están diseñados en base a chicas mágicas reales,
deberíamos asumir que sus capacidades de combate son
proporcionales a las de las mismas. Incluso si eso posee sólo un tercio
de la fuerza de Grim Heart y toda nuestra clase viniera hacia ella, todas
seríamos destruidas.”
“Incluso si… es fuerte… si no nos ve y se queda ahí parada…”
“Me pareció que no estaba simplemente parada allí, sino que estaba
protegiendo algo. Por ahí está…”
“Creo que por allí estaba… el camino a la plataforma de
observación…”
“En otras palabras, está protegiendo eso. Aunque no sé por qué.”
“Pero… aun así… nos persiguen… Y la de los parches tampoco
parece ser una buena noticia…”
Kumi-Kumi, una vez más, no se equivocó. La chica mágica de los
parches anulaba cualquier tipo de ataque y no podía ser afectada por
nada. A simple vista, parecía invencible. Pero no era necesariamente
invencible en el verdadero sentido de la palabra.
Kana se volvió y gritó: “¡¿Cuál es tu punto débil?! ¡Dímelo!”
“Ya veo.” Murmuró Kumi-Kumi, sus dedos en los hombros de
Kana apretando más fuerte. “Tu magia… consigue las respuestas a las
preguntas, eh. Entonces… su debilidad…”
“No, parece que desgraciadamente ella habla un idioma diferente.
No me entiende.”
Kumi-Kumi gimió y sus dedos apretaron con más fuerza los
hombros de Kana.
Corriendo entre los árboles, esperaban volver a encontrar a las
demás de su grupo, pero el lugar donde habían estado luchando ya
estaba vacío, sin rastro ni de aliados en los que apoyarse ni de
homúnculos.
Kana ya no tenía tiempo para pensar. Las sombras negras
rezumaban poco a poco en los lugares donde antes no había nada. Los
pasos que corrían alegremente detrás de ellas se acercaban.
Cuando los dedos de Kumi-Kumi empezaban a apretar aún más,
Kana puso sus manos sobre ellos. El aplastante apretón de sus dedos
cesó.
Aunque el homúnculo de los parches no la había entendido, no era
como si Kana no pudiera comunicarse con ninguno de ellos. Aunque
eran mentalmente lentos, la gran mayoría entendía las palabras. Y todo
el tiempo, Kana les había estado preguntando sus puntos débiles.
Todos los homúnculos de tipo mágico tenían tres puntos débiles en
común: se ralentizaban cuando se exponían a la luz brillante,
especialmente a la luz del sol; evitaban el fuego amigo a toda costa; y
escuchaban las órdenes del administrador. Pasaría un rato antes de que
saliera el sol, y Kana no sabía dónde estaba el administrador. Así que
eso dejaba una cosa que aprovechar.
Kana agarró a un homúnculo que se levantaba en ese momento,
tomándolo por el hombro con la mano derecha, y la izquierda la metió
entre los muslos para agarrarlo. Sin inmutarse cuando la pateó y le dio
un puñetazo en la cara, giró el cuerpo que tenía agarrado para lanzarlo
contra los pasos que corrían hacia ellas.
Los homúnculos siempre evitan golpear a sus aliados. El toque del
homúnculo de parches era en sí mismo un ataque. Entonces, ¿qué haría
si el cuerpo de un aliado fuera arrojado hacia él? Kana supuso que
desactivaría su magia e intentaría atrapar el cuerpo de su aliado. En
realidad se trataba de una conjetura —una apuesta, por así decirlo—,
pero pensó que las probabilidades no eran tan malas.
Se oyó un sonido como de salpicaduras de agua. Los dos
homúnculos chocaron y la parte superior del cuerpo del homúnculo de
parches se pulverizó. Se tambaleó, cayó, se fundió con la tierra y
desapareció. Kumi-Kumi arrojó lo que quedaba del homúnculo que
sostenía, y éste se fundió y desapareció de la misma manera.
Derribó a los homúnculos restantes con sus propias manos,
desviando a las unidades que venían a atacarla por la espalda.
A la espalda de Kana, Kumi-Kumi dejó escapar un suspiro que sonó
como si saliera de lo más profundo de su corazón, bajando de un salto
para dar dos o tres pasos, y luego estiró la espalda mientras
comprobaba que aún podía moverse.
Finalmente, apoyó las manos en las rodillas y dejó escapar un
suspiro aún más profundo que el anterior, entrecerrando los ojos
mientras miraba a Kana. “Por Dios… eso fue… imprudente.”
“Perdóname.”
“Pero… me has salvado. Gracias.”
“Estoy muy agradecida.”
Incluso mientras hablaban, las burbujas negras se hincharon por
todas partes, a punto de subir. Si éstas se estaban generando
automáticamente, entonces no tenían tiempo para estar paradas.
Algunas de ellas serían fuertes, como la chica de los parches, o en el
peor de los casos, incluso algunas que estaban más allá de los límites,
como Grim Heart.
“¿Qué debemos hacer?” Preguntó Kana.
“Iremos en… aquella dirección.” Kumi-Kumi apuntó su pico hacia
la colina.
“¿Quieres decir que huiremos?”
“Desde aquí… es difícil… buscar a las demás… y reunirnos.
Nuestros teléfonos mágicos… no se comunican… Entonces…
deberíamos… salir… y reportar esto… desde la escuela.”
“Ya veo.”
Preparando su pico, Kumi-Kumi tomó la delantera, con los pies
apuntando hacia el campo. Justo cuando estaba a punto de ponerse en
marcha, apareció un muro negro que bloqueaba la zona justo delante
de ella. No pudo detenerse. Kumi-Kumi se dirigía hacia una pared que
tenía completamente la misma textura que un homúnculo—Kana la
agarró por el cuello y tiró de ella, haciéndola retroceder mientras Kana
se lanzaba hacia delante.
Kumi-Kumi, con la cara torcida por el shock, se alejó más. El
cuerpo de Kana estaba en la pared negra. Estaba siendo arrastrada. El
calor de su cuerpo estaba siendo eliminado. Se hundió. Kumi-Kumi se
acercó a ella.
“Quédate atrás.”
Con ese breve comentario final y un sonido acuoso, todo el cuerpo
de Kana se hundió en la pared negra. No podía ver nada; no podía oír
nada. Lo único que sentía era una aguda sensación de dolor, como si
la estuvieran estrangulando, y el calor de su cuerpo era continuamente
eliminado. Supongo que esto es lo que se siente al morir, se dio cuenta.
Fue bastante anticlimático que sus últimas palabras fueran “quédate
atrás”. En los manga, la gente decía un poco más de lo que tenía que
decir antes de morir. Pero supuso que la realidad era así. Kana se
convenció a sí misma de que tal vez el haber podido salvar a su
compañera de clase hacía que esto no fuera tan malo, y se sintió algo
satisfecha con ello. Seguía queriendo disfrutar de la escuela, y tenía
apegos persistentes a ese manga que no había terminado, pero sabía
que el truco de la felicidad era un cierto grado de resignación.
◇ Thunder-General Adelheid
Había enemigos delante de ella. También detrás. Había pocos aliados.
Mucha gente de la Escuela de Preparación Archfiend era adicta a la
batalla, pero aun así, tenía que ser una minoría la que disfrutara de esto.
Pero no iba a quejarse por ello. Adelheid se había metido en esto
siendo plenamente consciente de que era un campo de batalla. Aunque
fuera una zona de combate más intensa de lo que esperaba, no iba a
huir. Rebanando y luego alejándose, espalda con espalda con Mephis,
cortando a las chicas mágicas negras que fueron capturadas en la red
de lanzamiento de Lillian, el trío subió por el sendero de los animales.
Después de separarse de Kumi-Kumi y Kana, no habían podido
mantener la posición. Incluso si hubieran esperado a las otras dos, la
chica de los parches las habría seguido. Lo único que podían hacer era
rezar para que la pareja escapara de algún modo del homúnculo de
parches o lo derrotaran.
La hoja de su sable estaba resbaladiza por un líquido negro y
alquitranado. Quitando el líquido pegajoso, Adelheid clavó su sable en
el enemigo que tenía delante. Justo en ese momento, las chicas mágicas
de color azabache que tenía delante se alejaron de repente como si las
olas se separaran. El espacio delante de ella se abrió. Había una chica
mágica de color azabache en lo alto de una colina, blandiendo una
espada. Estaba muy lejos. Podía balancearse todo lo que quisiera, no
la alcanzaría.
¡No!
Su espada negra se balanceó hacia el espacio vacío. Adelheid apretó
los dientes. No sabía qué. Pero algo se acercaba.
“¡Blitzkrieg!”
Con una demora de cero segundos, el corte que no debería haber
alcanzado golpeó su cara. Dirigió la energía que tomó a sus piernas y
dio un paso adelante. Abriendo la tierra con su paso, golpeó a gran
velocidad, barriendo su espada horizontalmente mientras ella y el
enemigo pasaban una al lado de la otra.
Incluso con el torso cortado por la mitad, la chica mágica de estilo
samurái se deshizo de su espada para rodear a Adelheid con sus brazos.
Para cuando Adelheid se preguntaba qué estaba pasando, sintió un
fuerte impacto en su torso y gimió en lo más profundo de su garganta.
Una vara negra había atravesado su capa para empalarla. Al mirar para
ver de dónde había salido, vio que la sombra negra que debía estar allí
mismo se fundía bruscamente en el fondo y se desvanecía.
“¡Adelheid!”
“¡No te preocupes por mí!” Adelheid había pensado que había
puesto energía en su voz, pero no sólo se quebró, sino que estaba
temblando. La habían golpeado con fuerza. Parecía que el abrazo de la
samurái no había sido sólo un movimiento de desesperación, sino una
ayuda para un aliado. Tal vez incluso había sido un ataque kamikaze
en primer lugar.
Adelheid cortó el bastón clavado en su torso. Eso facilitó un poco
el movimiento. Era grueso para una flecha, pero ¿quién había
desaparecido no sostenía un arco?
Ella la conocía. Era una chica mágica que disparaba arpones en
lugar de flechas. La devota a Músico del Bosque, Cranberry—
Melville.
“¡Cuidado!” Gritó Adelheid. “¡Este enemigo puede esconderse
como un camaleón!”
Mephis le respondió con un grito. Lillian saltó de un enemigo y se
elevó en el aire, aterrizando en el hombro de Mephis para saltar un
nivel más arriba, enrollar el hilo azul marino ensartado en las ramas de
los árboles para balancearse aún más alto, elevándose en el aire para
lanzar su red tejida en un arco radial. El homúnculo que quedaba
atrapado bajo la red fue cortado en pedazos o despedazado, y luego la
red quedó atrapada sobre un punto vacío de nada antes de ser
destrozada.
“¡Ahí!” Mephis dio una patada al espacio vacío, haciendo
retroceder a la cosa invisible. Rodó, rasgando un profundo derrape en
el suelo, y una silueta borrosa se hizo visible. Su magia no era tan
efectiva como la de la verdadera Melville. La vaga sombra estaba justo
delante de donde aterrizó Lillian. Era un zorro ante los sabuesos.
Lillian tiró del hilo de tejer sobre su hombro, y el hilo que había
ensartado en el suelo se tensó. Con los pies atrapados, la sombra —la
Melville negra— se quedó finalmente sin opciones, mostrándose para
tensar su arco hacia Lillian, cuando un cuervo se abalanzó hacia ella y
le desgarró la garganta.
“¡Sally!”
Ha llegado la ayuda, pensó Adelheid, y miró para ver que Sally
también parecía estar en las últimas. Llevaba a la espalda a una
Lightning des transformada. Parecía que se había desmayado.
“¡Hey, tú!” Gritó Mephis mientras golpeaba a un enemigo. “¡¿Qué
demonios han estado haciendo?! ¡Será mejor que me expliques qué
está pasando!”
“Yo tampoco lo sé, ¿vale?” El cuervo de Sally brilló intensamente,
y el homúnculo se frenó.
Mephis dio un puñetazo, Adelheid cortó y Lillian ató y golpeó.
Sally se limpió la frente con el brazo y suspiró. “Sí, no tengo ni
idea… Pshuke se alejó de nosotras y se fue a alguna parte. Ranyi y
Diko se separaron de nosotras, y Lightning no me hizo caso cuando
traté de decirle que se detuviera, ignorando el consumo de combustible
para luchar a toda potencia, y luego se desmayó… ¿Qué tal tu lado?”
“Kumi-Kumi y Kana se llevaron a una verdadera cabrona y
huyeron.” Dijo Mephis. “Mejor que ustedes, así que ganamos.”
“Es totalmente inútil competir sobre quién está mejor.” Señaló
Adelheid.
Adelheid echó una mirada a Lightning, en la espalda de Sally;
parecía que le dolía, pero seguía siendo pintoresca, sonriendo en
sueños. Eso no era actuación. Realmente estaba desmayada. Entonces,
¿qué demonios había sido eso del otro día, cuando había aguantado el
ataque de Adelheid como si nada y se había marchado? Y lo peor era
que era justo el momento en el que querías que mostrara esa dureza
anormal, y no estaba siendo útil cuando debía serlo.
Aun así, el hecho de que ahora fueran cuatro y un pájaro facilitó un
poco la lucha. Adelheid contrajo los vasos sanguíneos de su torso para
frenar la hemorragia y luchó con toda la fuerza que pudo. No escatimó
en el uso de su magia, en el barrido de la capa y en los golpes de sable,
y antes de darse cuenta, el número de enemigos había disminuido.
Pero esto no era un alivio, sino que la inquietaba. No era la primera
vez que las chicas mágicas negras se retiraban momentáneamente.
Justo antes de que lanzaran esas granadas o la vez que una con una
espada había levantado su hoja —en otras palabras, al hacer un ataque
que estaba destinado a golpear a sus aliados— habían retrocedido sin
ningún tipo de discusión requerida.
“¡Cuidado!” Gritó Adelheid.
Un repentino olor a quemado le hizo cosquillas en la nariz. Todas
se alejaron de un salto y, en el mismo momento, hubo una explosión.
Las llamas negras se agitaban juguetonamente, el fuego se extendía
de una cosa a otra. Adelheid se cubrió la boca. El humo flotaba en el
aire. El fuego negro se extendió. Fundida en las llamas, una chica
mágica de color negro azabache sonreía. Adelheid conocía esa silueta.
Era la graduada de la Escuela de Preparación Archfiend, Lago de
Fuego Flame Flamey.
Las llamas negras rugieron explosivamente. Las llamas seguían
extendiéndose y esparciéndose. Alguien gritó. Adelheid pensó: no
había manera de que pudieran encontrar a Flamey cuando estaba
fusionada con el fuego, y Adelheid no podía causarle daño físico. En
otras palabras, se trataba de alguien a quien Adelheid no podía vencer.
En coordinación con Flamey, las chicas mágicas negras se
abalanzaron todas a la vez. El grupo de Adelheid bloqueó, obstaculizó
e intentó evitarlas, pero las llamas negras obstruyeron su camino. Sally
recibió un puñetazo y ella y Lightning salieron volando juntas.
Adelheid saltó tras ellas para atrapar el cuerpo de Lightning. Lightning
seguía con su mirada serena.
Ah, podría tirarla, pensó Adelheid, pero por supuesto no podía
hacerlo. Envolviendo a Lightning en su capa, la puso sobre su espalda.
Cortando, barriendo y bloqueando los ataques del enemigo para
absorberlos, envió la energía hacia sus tajos.
“¡¿Qué hacemos?! ¡Mierda!” Gritó Mephis.
Pero olvídalo, no había nada que pudieran hacer. Incluso si seguían
aguantando aquí, el fuego estaba reduciendo el espacio donde podían
luchar a su alrededor. Adelheid absorbió los ataques, luego los soltó,
los absorbió y los soltó, los absorbió y los soltó una y otra vez, cuando
notó la presencia que se movía a su espalda.
“Ahhh, qué buena siesta.” Lightning golpeó dos veces el costado
de la cabeza de Adelheid. Ahora estaba en forma de chica mágica.
“Estabas perdiendo un poco de energía, Adelheid.”
“¿Qué diablos? ¿Estabas robando mi energía?”
“¿Robarla? Qué grosera. A mí me llegó directamente.”
Adelheid no entendía la lógica, pero comprendía lo que Lightning
había estado haciendo. Nunca había conocido a una chica mágica que
fuera capaz de hacer algo así, pero también se había visto obligada a
comprender —le gustara o no— que Lightning se salía de la norma.
Adelheid bloqueó un ataque, y en lugar de liberar inmediatamente
la energía, la envió a través de su cuerpo. La energía se fue filtrando
poco a poco por su espalda, donde estaba tocando a Lightning, y se
perdió.
“¡Eso es un robo, chica!”
“¡No digas eso! ¡Me harás quedar mal!”
Adelheid dirigió la energía de los ataques sólo hacia su cuerpo. Si
Lightning iba a robarla, dejaría que la tomara. Si alguien podía sacarlas
de esta situación, no era Adelheid. Era Lightning.
“Bien, muy bien. He almacenado bastante.” Dijo Lightning.
“¡Entonces, encárgate de esto ya!”
Un rayo levantó su espada. Un resplandor la recorrió y un trueno
rugió. Los rayos púrpura acribillaron toda la zona, evaporando a las
chicas negras mágicas. Con voz de trance, Lightning murmuró:
“Lightning Bolt.”
“Decir el nombre de un movimiento después de dispararlo va contra
el estilo.”
“Oh, por favor. Está bien.”
“Y tu sentidos de los nombres no es el mejor.”
“No quiero oír eso de ti.” Lightning soltó una risita y Adelheid
también se rió en silencio.
Agarrándose a la pata de su cuervo, Sally voló hasta bajar junto a
Adelheid. Parecía contenta por alguna razón. “Ustedes dos parecían un
poco salidas de Cutie Healer, síííí.”
“¿Quién es Sam Hill?”
“¿Es eso un cumplido?”
“Por supuesto que sí.” Respondió Sally.
Lightning disparó algunos rayos más, adelgazando las fuerzas
enemigas, y Mephis y Lillian golpearon a los que huían y los
expulsaron, mientras Adelheid corría sobre las llamas negras hacia
ellos.
Adelheid oyó otro grito. Sus cejas se juntaron. El grito estaba lejos.
No, estaba lejos pero se acercaba. Un ábaco gigante entró rugiendo
mientras derribaba árboles, Pshuke y Calkoro lo montaban.
Las dos chicas mágicas chillaban aferradas al ábaco mientras
aterrizaban en medio de las llamas. Las chispas bailaban en lo alto,
acariciándolas mientras ambas gritaban dos o tres veces más fuerte que
cuando habían aterrizado, diciendo: “¡Caliente! ¡Caliente!”
“¡Calienteeeeeeeeeeee!”
Pshuke roció líquido blanco nebulizado por todas partes, y el
poderío de las llamas disminuyó en un abrir y cerrar de ojos. Con el
chorro más fuerte, consumió las llamas, y la Flamey negra se retorció
de dolor y desapareció.
◇ Ranyi
Un enjambre de chicas mágicas de color negro azabache que casi
llenaba todo su campo de visión, abrumando al grupo. Ranyi daba
patadas y puñetazos, pero no importaba cuántas derrotara, seguían
brotando eternamente, como un grifo que alguien hubiera olvidado
cerrar. Pshuke había huido, Lightning se había derrumbado, y Sally se
había apoderado de su cuervo y había huido con los enemigos en su
persecución y Lightning en sus brazos.
Ranyi se tambaleaba. Todo le dolía. Si era posible, quería no volver
a moverse. Diko era la única que aún se movía. Enfrentado a un
homúnculo diseñado según Músico del Bosque, Cranberry, Diko
seguía luchando. Aunque estaba siendo empujada hacia atrás, no había
caído. El poder y la velocidad del homúnculo eran inferiores a los de
la verdadera Cranberry, a la que Ranyi había visto innumerables veces
en imágenes. Pero eso era comparado con la real. Mirando a estos
homúnculos como unidades individuales, era aterradoramente fuerte.
Justo antes de que la mano de Cranberry se extendiera para acariciarla,
Diko se desvaneció, y la mano de Cranberry rozó un árbol. Bajo su
toque, el árbol se abrió desde dentro.
Sacudiendo la cabeza, Ranyi dio una patada a una chica mágica de
color negro azabache. Sentía como si el interior de su cráneo se hubiera
sacudido.
Diko había estado entrenando en homúnculos con más diligencia
que nadie antes de entrar en esta escuela. Esa debía ser la razón por la
que todavía podía luchar. Ranyi no era tan diligente como Diko, ya que
había pensado que eso no era un factor muy importante para ser elegida
como Lazuline.
Ahora que lo pensaba, Diko había sido más diligente que nadie en
todo. Pero dicho de otro modo, eso significaba que incluso entrenando
al máximo, no había conseguido ser elegida como Lazuline.
Había querido convertirse en Lazuline. Había aguantado todo por
ese objetivo, pero al final, no había servido de nada. Pero incluso
después de que se había decidido que Diko no podía convertirse en
Lazuline, ella había continuado el mismo entrenamiento. Tampoco
pensaba como Ranyi en la siguiente después de la tercera.
Simplemente lo hizo como si fuera lo más obvio.
Ranyi exhaló y luego inspiró. Estaba cerca de sus límites. Miró a
Diko. Sus ojos se encontraron. Diko sonrió. No era una sonrisa de
resignación o desesperación. Ella había mirado claramente a Ranyi y
sonrió.
Ranyi volvió a respirar. Le preguntó a Diko: “¿Qué es tan
gracioso?” Sin hablar en voz alta, Diko respondió: “Esa mirada en tu
cara como si estuvieras a punto de llorar fue divertida.”
Ranyi exhaló y se golpeó las mejillas con fuerza. El interior de su
mejilla se abrió, y el sabor de la sangre se extendió en su boca. Era el
estimulante perfecto.
El paisaje se transformó a su alrededor. Ya no estaba mirando las
montañas de noche. No había nada alrededor, sólo un cielo azul
interminable y la tierra hasta el horizonte. Este era el lugar al que
pertenecía Lazuline. Diko y Cranberry estaban luchando allí, mientras
que alrededor, los homúnculos bailaban en éxtasis.
¡¿Crees que me veo graciosa cuando estoy a punto de llorar?!
Gritó Ranyi amenazadoramente a través de su mente.
Diko volvió a sonreír.
Oh, así que puedes mostrarme una buena expresión, ¿eh? Ranyi se
rió. Esa mirada es más tuya.
Entonces Ranyi emitió un breve aullido. Una chica mágica con una
pistola Gatling giró su cañón para apuntarla. Antes de que pudiera
disparar, Ranyi acortó la distancia entre ellas, tomando el arma bajo su
brazo izquierdo. La rompió como si desgajara una articulación
torciéndola, desequilibrando al enemigo para golpearlo en la rodilla, y
luego una patada en lo alto para destrozarle la sien.
“¡No me subestimes!”
Golpeando su cola contra el suelo, saltó. En el aire, dio una
voltereta, se lanzó desde la rama de un árbol y luego volvió a dar una
voltereta para enderezarse, pateando la rosa de Cranberry. Con los
pétalos de la flor negra bailando, el homúnculo se volvió para mirarla.
Ranyi hizo una señal silenciosa a Diko, que respondió con una
sonrisa.
IMAGEN
Borró de su mente a todos los homúnculos que bailaban
enloquecidos, a excepción de Cranberry. Esos debían ser ignorados.
Cranberry no estaba usando sus ondas sonoras destructivas de amplio
alcance porque se estaba cuidando de no golpear a los otros. No tenía
sentido molestarse en luchar contra lo que sólo era una obstrucción
para el enemigo.
Respondiendo al golpe de Diko, Ranyi arrojó una lanza. Dejándola
caer justo antes de que pudiera ser bloqueada, cambió a un golpe de
revés, y esta vez, Diko la igualó con una patada frontal, las dos
moviéndose como una sola criatura. No había necesidad de decir una
palabra. Lazuline debía moverse por instinto.
La brutal patada alta de Cranberry llegó volando hacia Ranyi,
haciéndola retroceder incluso a través de su bloqueo por encima de la
cabeza, enviándola a rodar por el suelo. Cranberry no le dedicó ni una
sola mirada, girando en la otra dirección para acercarse a Diko, que
intentaba retroceder con pasos zigzagueantes.
Ranyi sonrió. Cuanto más difíciles eran las cosas, más sonreía
Lazuline.
Con patadas, puñetazos, garras, espadas y agujas, era como si las
chicas mágicas negras estuvieran esculpiendo su cuerpo, pero no
existían, así que no había necesidad de prestarles atención. Golpeando
con su cola, se despegó del suelo para saltar hacia un árbol que se había
roto justo en el centro para caer al suelo.
Ranyi activó su magia. Atravesó una entrada triangular formada por
ramas rotas. Conectó una puerta con la otra. Salió por la salida hecha
de dos árboles caídos apoyados el uno en el otro. Delante de ella estaba
la espalda de Diko. No había necesidad de llamarla. Cargó hacia la
espalda de Diko, y el instante antes de que se tocaran, Diko desapareció
del mundo. Frente a los ojos de Ranyi estaba Músico del Bosque.
Ranyi saltó.
Su mano tocó la cara de Cranberry. Agarrando con fuerza esas
largas orejas, las acercó. Los dedos de Cranberry acariciaron el
estómago de Ranyi. Algo dentro de ella estalló. Un líquido caliente se
desbordó. La sangre brotó de sus labios y Ranyi murmuró sin voz. Las
palabras “No subestimes la tenacidad de un pez de colores” no
llegaron a sus oídos. Ranyi le dio un cabezazo a Cranberry, dándole
una patada en la nuca mientras hacía girar a las dos, y cuando apareció
Diko, golpeó la tripa de Cranberry con un gancho corto.
Cranberry seguía sin caer. Por supuesto. Siendo el enemigo mortal
de la primer Lapis Lazuline, Músico del Bosque no caería tan
fácilmente.
Ranyi y Diko atacaron a Cranberry por delante y por detrás,
golpeándola continuamente con golpes cortos. Todos los puntos vitales
de la espalda estaban a disposición de Ranyi: riñones, columna
vertebral, vértebras del cuello. Diko dejó caer su codo sobre la
clavícula de Cranberry, desapareciendo antes de que el enemigo
pudiera contraatacar. Ranyi no retrocedió, dando una patada baja a las
pantorrillas de Cranberry, y luego resbaló y cayó.
Pensó, pero su cuerpo no se movía. Se sentía extrañamente pesada.
Su visión era roja. La expresión de Diko era grave. Las chicas mágicas
de color azabache venían a pulular por donde Ranyi había caído. Tenía
que moverse. Pero no podía. Ni siquiera pudo mover un dedo.
Cranberry dio una patada a Diko, sacándola del campo de visión de
Ranyi, y luego se dirigió pesadamente en la dirección en que Diko
había volado, como si no pudiera ver a Ranyi. Tu oponente está aquí,
dijo Ranyi en su mente.
Músico del Bosque se volvió. No es que hubiera escuchado los
pensamientos de Ranyi. Como prueba de ello, Cranberry no le prestaba
atención. Había alguien más capturado en la mirada del Músico. Una
chica mágica con un uniforme escolar blanco atravesó la oscuridad
para aparecer, saltando. El cuerpo del Músico se deformó y se dobló,
pero aun así intentó seguir avanzando, y la chica mágica blanca blandió
un arma como una naginata contra ella, y la cabeza del Músico salió
volando de su torso.
La que sostenía la naginata —la chica mágica blanca— suspiró
como si estuviera exprimiendo todo lo que había en las profundidades
de sus pulmones, e inmediatamente se acercó a mirar la cara de Ranyi,
volviéndose para gritar algo.
A continuación, una chica con un rifle en la espalda apareció para
gritar: “¡Uluru es la administradora! ¡Todas, dejen de pelear!”
Las chicas mágicas de color azabache dejaron de moverse. Ranyi
exhaló, y la sangre brotó junto con ella.
Si el administrador estaba aquí, entonces ahora estaba bien. Con ese
pensamiento, perdió el conocimiento.
◇ Rappy Taype
Los homúnculos de tipo chica mágica aumentaban gradualmente en
número. No sólo eso, Tetty también se había pasado al bando enemigo.
La forma en que se movía y el cambio en su expresión se lo decían. No
es que les haya traicionado, sino que la habían controlado
mentalmente. No podían hacerle daño.
Tampoco podían usar sus teléfonos mágicos para pedir ayuda. No
pudieron comunicarse con nadie.
Todas estaban siendo llevadas al límite. Miss Ril estaba luchando
sola contra la chica mágica esgrimista. Rappy se abalanzaba sobre el
enjambre negro para agitarlo, pero los enemigos eran demasiado
buenos y no la dejaban salirse con la suya, dejándola con más de una
herida. El corte abierto en su espalda era especialmente profundo.
Dory atravesó a un enemigo con su taladro, llamando a Arlie con
su voz chillona. Arlie respondió con un tono aún más alto. Incluso sin
entender sus gritos, se percibía su pánico y frustración.
Mientras hablaban, la armadura de Arlie estaba siendo agarrada y
arrancada. Tetty estaba agarrando y aplastando su armadura más
rápido de lo que podía regenerarse. Tetty Goodgripp era fuerte. Y
cuando era controlada, su habitual gentileza desaparecía. Asaltó a
Arlie sin piedad.
Si la dejaban seguir así, Arlie no duraría. Rappy gritó: “¡Arlie!
¡Intercambio!”
Rappy se deslizó suavemente hasta situarse frente a Arlie. Tetty
trató de agarrar el brazo de Rappy, pero sólo consiguió despegar una
capa de la envoltura pegada a él. Justo cuando despegó la segunda capa
de envoltorio, la mano de Rappy le agarró la manopla desde arriba,
sujetándola. Rappy las arrancó a las dos mientras daba vueltas a la
espalda de Tetty, rodeándola con su pierna izquierda para sujetar el
brazo derecho de Tetty mientras el propio brazo derecho de Rappy le
rodeaba el cuello. Rappy la apretó con fuerza, estrangulándola. Una
voz aplastada salió de la garganta de Tetty.
Arlie gritó algo y, cuando los homúnculos trataron de rodear a
Rappy, Arlie los apartó a golpes. Un sonido agónico salió de los labios
de Tetty. El brazo de Rappy apretó más fuerte. No iba a matar a su
propia líder de grupo. Iba a estrangularla hasta dejarla inconsciente.
Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, una descarga le recorrió
el costado. El agarre de sus brazos se debilitó. Tetty se zafó, dejándose
caer al suelo para toser como si le doliera. Rappy se sacó la daga
clavada en el costado y la arrojó lejos, pegando una envoltura sobre la
herida para detener la hemorragia.
Fue la esgrimista. Había salvado a Tetty lanzándole una daga desde
lejos. Rappy se asomó para ver que Miss Ril se desmoronaba y
empezaba a caer. Incluso para alguien tan robusto como Miss Ril, la
esgrimista era extraordinariamente poderosa. Era demasiado para
enfrentarse a ella de tú a tú.
Cuando un homúnculo le atacó por la espalda, Rappy le devolvió
el golpe con un codazo, y luego siguió con una patada para apartarlo.
Estoy haciendo esto por mi propia voluntad, pensó. Parecía que no
estaba siendo controlada por la esgrimista.
Arlie estaba siendo atacada por múltiples enemigos. Golpeada por
látigos, agujereada por pinchos, cortada por cuchillas, su armadura
estaba siendo destruida. Un moco negro como el cuerpo de un
homúnculo rezumaba de entre sus partes destruidas para reparar su
armadura, pero el ritmo al que la destruían era más rápido.
Miss Ril también estaba siendo empujada hacia atrás. La esgrimista
la atacó, esparciendo fragmentos de su cuerpo. Con cada golpe de la
rodilla o el codo de la esgrimista, las grietas de su cuerpo se extendían,
deformando horriblemente su forma. Un golpe más en la cara, y al
instante, su figura se deformó, su cabeza se tragó el brazo de la
esgrimista. El cuerpo de Miss Ril, deformándose como un fluido, se
enroscó alrededor de la esgrimista. Era uno de los metales que Rappy
había traído: mercurio.
¡Excelente! ¡Mercurio!
Antes de que la esgrimista pudiera quitarse de encima a Miss Ril,
Dory se abalanzó sobre ella. Cuando otro homúnculo intentó
interponerse en su camino, Rappy lo apartó de un golpe, abriendo el
camino de Dory.
Dory intentó clavar su taladro en el estómago de la esgrimista, y
ésta detuvo el giro del taladro con ambas manos. El taladro mágico de
Dory seguiría girando hasta su completa destrucción. Cuanto más
intentaba el enemigo detenerlo, más rápida era su velocidad de giro y
más duro y fuerte se volvía el taladro, y no había límite máximo.
La esgrimista y el taladro mantuvieron un equilibrio momentáneo,
pero en última instancia terminó con la victoria del taladro. Su
poderosa rotación irrumpió en el torso de la esgrimista, arrojándola
lejos para que cayera al suelo. Miss Ril trató de apartarse de la
esgrimista, pero una mano la agarró con fuerza. Era la esgrimista.
Antes de que Rappy se diera cuenta de algo, todo el cuerpo de Miss
Ril fue rebanado. El mercurio disperso de su cuerpo intentó reunirse,
pero la palma de la esgrimista lo golpeó desde arriba, haciendo que se
dispersara una vez más. La boca de la esgrimista se abrió en una
sonrisa. Utilizó sus manos para arrastrarse, moviéndose tan rápido que
no se podría pensar que era sólo un torso, para golpear a Dory,
cortándola cuando se tambaleaba. La sangre brotó.
Apoyando a Dory cuando estaba a punto de derrumbarse, Arlie hizo
girar a las dos para recibir el golpe de la esgrimista en su lugar. Su
armadura, que se había ido regenerando poco a poco, bloqueó el ataque
de la esgrimista con su espesa superficie viscosa, provocando el
retroceso de la esgrimista como una cucaracha.
Tetty se levantó. En sus ojos se podía ver el terror y la confusión.
El lavado de cerebro se había deshecho, pero se movía lentamente, y
era lo máximo que podía hacer para evitar los ataques de los
homúnculos. Rappy corrió, soportando el dolor mientras avanzaba,
para recoger el cuerpo de Miss Ril con un envoltorio, agachándose para
evitar un ataque enemigo, y luego saltando para deslizarse y situarse
junto a Arlie. Incluso el mero hecho de respirar era doloroso. Aunque
había detenido la hemorragia, el daño era grave. Y no era la única.
Todas habían sobrepasado fácilmente sus límites.
Era desconcertante cómo Dory no se había derrumbado con tan
terribles heridas. Tetty estaba intensamente perturbada. El cuerpo de
Miss Ril no se juntaba. Arlie apretó el puño y miró hacia adelante.
Rappy también miró hacia allí. A lo lejos, oyeron un fuerte ruido.
El sonido se acercaba poco a poco. Al cabo de un rato, los
enjambres negros se separaron de golpe. Una chica mágica azul saltó
y apuñaló a un homúnculo con su tridente. La unidad apuñalada se
congeló instantáneamente y se hizo añicos.
“¡Arlie! ¡Siento llegar tarde!”
Los pensamientos de Rappy estaban por todas partes. ¿Arlie
conocía a esta persona? ¿Por qué estaba aquí? Pero no era el momento
de hacer preguntas. La recién llegada con el tridente disparó flechas de
hielo que empalaron a las chicas mágicas negras. La esgrimista se
agarró al homúnculo que tenía al lado para bloquear las flechas, y
continuó usándolo como escudo para cargar hacia adelante con una
velocidad temible, y luego saltó por encima de Arlie para cortar a la
chica de azul. Ésta bloqueó con su tridente, y Arlie lanzó un puñetazo
a la esgrimista. La esgrimista retrocedió de un salto, escabulléndose
para desaparecer en la parte trasera del enjambre.
Las chicas mágicas negras las rodearon desde la distancia. Parecía
que desconfiaban de las armas de proyectil.
“¡Hey! ¡Extraña! ¿Qué está pasando aquí?” Rappy exigió.
“¡Lo siento! ¡Yo tampoco lo sé!” Contestó la chica del tridente,
blandiendo su arma en alto. “¡Vamos a hacerlo! ¡Prepárense!”
“¿En verdad se hará?” Gritó Dory—¿qué quería decir con ‘vamos
a hacerlo’? Arlie también respondió, pero Rappy no pudo saber qué
estaba diciendo.
Dory balanceó su taladro mientras Arlie balanceaba su puño
derecho. Arlie acercó a Rappy y Tetty con su brazo izquierdo. Rappy
no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero sí que parecía que
lo mejor era mantenerse cerca, por ahora.
Las tres chicas mágicas bajaron sus armas y su puño a la vez, y la
chica con el tridente gritó: “¡Explosión Definitiva de Princesa!”
El aire emitió un sonido chirriante y la visión de Rappy se volvió
blanca.
Epílogo
◇ Kana
Una vez absorbida, Kana se dio cuenta de que se trataba de la magia
de Bella Lace, la que reunía y materializaba los arrepentimientos de
los cadáveres. Acababa de aprenderlo el día anterior en clase.
Por desgracia, no había aprendido a lidiar con esta magia. Nadie
debió anticipar que se enfrentaría a ella.
No podía ver, no podía moverse y poco a poco se iba enfriando.
Tampoco podía respirar. Su conciencia se estaba desvaneciendo. Se
sentía como el polo opuesto al momento en que fue liberada de ese
sello mágico en la prisión. Incluso la sensación de que el calor de su
cuerpo se estaba agotando la abandonaba. Iba a la deriva en la
oscuridad.
Después de que pasara un largo tiempo, le pareció que alguien le
hablaba.
Ese alguien dijo: “No puedo dejarte morir aquí.” Le pareció haber
escuchado esa voz antes, pero tal vez no. Le dijo: “Hacer amigos es
muy bonito, pero no es divertido si mueres custodiando uno.” Bastante
duro, para una visión en las orillas de la muerte.
La mano de alguien le agarró el cuello. Su agarre era áspero.
La llevaban a alguna parte. No sabía dónde. Kana abrió los ojos.
Algo brillante se filtró a través de las hojas de los árboles, moteando
su cara. Era la luz del sol. El día estaba amaneciendo.
Se incorporó y se agarró la mano derecha. Se había movido.
También sus brazos y piernas. Giró el cuello y miró a su alrededor.
Estaba en el bosque. No había ningún homúnculo a la vista. Mirando
al cielo, vio que empezaba a ponerse blanco en el este.
“Parece que… he sobrevivido.”
No había nadie para responder. Kana se levantó, se llevó una mano
a la cintura y se estiró.
“¡Es ella! ¡Allí! ¡Está viva!”
Definitivamente conocía esa voz. Al volverse hacia ella, vio un
rostro familiar. Era Mephis. Kana no sabía qué era lo que le hacía
gracia, pero estaba sonriendo. Las lágrimas corrían por la cara de
Kumi-Kumi mientras lloraba a su lado. ¿Estaba ocurriendo algo triste
o algo alegre? Sus expresiones eran contradictorias. Kana no entendía
qué estaba pasando.
Mephis gritó en su teléfono mágico. “¡Está viva! ¡De verdad está
viva! ¡Está viva al cien por cien! ¡Se acabó la cacería humana! ¡Todas
vuelvan a la escuela…! ¿Qué? ¿No es una cacería humana? ¿Es un
grupo de búsqueda? Son básicamente la misma cosa.”
Llorando, Kumi-Kumi corrió hacia Kana y se aferró a su cintura,
tirándola al suelo. Sollozaba histéricamente, sin poder articular palabra
alguna.
Kana seguía sin entender lo que había pasado, pero parecía que las
cosas estaban bien por ahora. Kana palmeó la espalda de Kumi-Kumi
y se levantó, sólo para que Mephis la golpeara con el cuerpo y la
derribara de nuevo.
◇ Calkoro
De pie frente al despacho del director, respiró profundamente. Estaba
algo preparada. Está bien, se dijo a sí misma. Había superado
innumerables situaciones de vida o muerte en la montaña. De hecho,
podría decirse que era un milagro que siguiera viva. En ese sentido, la
oficina del director no debería ser muy diferente de ello.
Una vez que se hubo resuelto, llamó a la puerta. No había ningún
estudiante muerto. Era justo llamar a eso increíble, después de ese tipo
de desastre. Debería ser elogiada por tal hazaña.
Con un “Adelante” desde el otro lado de la puerta, Calkoro entró
temblorosamente en la habitación. La voz de Halna tenía un tono más
alto que el habitual. Parecía estar de buen humor. Si su voz hubiera
temblado de rabia, habría sido comprensible. Calkoro no podía pensar
en ninguna razón por la que Halna tuviera que estar de buen humor.
Conteniendo el temblor de su mano derecha con la izquierda,
agarró el pomo de la puerta y la abrió. “Con permiso.” Al entrar en la
habitación, Calkoro cerró la puerta y todo su cuerpo volvió a temblar.
Halna tenía una pequeña sonrisa en la cara.
Fue aterrador. Calkoro sintió que las rodillas se le iban a doblar,
pero de alguna manera forzó las piernas hacia adelante, llegando a
ponerse de pie frente a Halna. ¿Halna la haría responsable de todo y la
haría morir en un accidente, o la enviaría al laboratorio y la cortaría en
pedazos?
“He oído que has ido a la montaña para intentar controlar la
situación.” Dijo Halna. “Lo has hecho bien.”
“S-Sí, señora.”
Inesperadamente, eso fue un elogio. Entonces, ¿la bofetada vino
después de esto? ¿Había un ‘pero’ en camino? O sería “¿Pensabas que
iba a decir algo así?”
Halna seguía sonriendo. Calkoro nunca había visto esa expresión
en su rostro.
“El técnico de laboratorio que configuró el sistema de seguridad
había creado involuntariamente un error en la configuración, lo que
provocó todo el apuro.” Explicó Halna. “En otras palabras, fue un error
humano. El dispositivo de generación de homúnculos funcionó mal,
sobrepasando el limitador, y acabó creando muchos homúnculos
poderosos. Fue una convergencia de mucha mala suerte que también
se escapó de la red de gestión.”
Normalmente, Halna estaría vomitando todo tipo de improperios
hacia el laboratorio en ese momento. Pero su expresión no cambió, las
puntas de sus orejas se movieron con un ritmo alegre. “El
Departamento de Inspección detectó que algo iba mal y se dirigió al
lugar de los hechos inmediatamente. Me han dicho que, con la
autoridad del administrador, eliminaron a los homúnculos que se
habían descontrolado y consiguieron resolver la situación de forma
segura.”
Calkoro había oído que había habido una misteriosa gran explosión,
pero Halna no lo mencionó.
“El encargado de gestionar el sistema de seguridad se vio obligado
a asumir su responsabilidad y a dimitir de su puesto, y parece que han
decidido que eso está resuelto. Así es como el laboratorio maneja las
cosas. Bueno, la falta de muertes fue una parte importante.
Normalmente, no habría sido extraño que se suprimiera la clase de
chicas mágicas.”
No se había informado de ninguna muerte. Entonces, ¿qué había
sido ese mago muerto que Calkoro había visto? El sigilo en el dorso de
su mano había indicado que era un empleado del laboratorio. Halna
seguía de buen humor. Era imposible que no supiera que Calkoro lo
sabía, pero no estaba sacando a relucir ese misterioso cuerpo.
Un accidente causado por una convergencia de mala suerte y error
humano, había dicho Halna. Pero algo no estaba bien. No, algo no,
nada estaba bien.
¿Qué habían sido esos homúnculos con forma de chica mágica? A
Calkoro no le habían dicho que habían conseguido nuevos modelos.
Y además, el homúnculo basado en Grim Heart había aparecido en
una posición que parecía defender la plataforma de observación y la
unidad maestra de comunicaciones, sin moverse de ese lugar. Era
como si hubiera estado protegiendo el mayor punto débil —la unidad
maestra— que habría desactivado a los homúnculos si era atacada. Un
homúnculo nunca protegería una fortaleza sin recibir la orden de
hacerlo. La intención era clara.
Sujetando su brazo izquierdo con la mano derecha, Calkoro evitó
de alguna manera que todo su cuerpo temblara. ¿Qué sentido tiene
pensar en cosas que no debería considerar? Se reprendió a sí misma.
¿Cuántas personas se habían dado cuenta hasta ahora de demasiadas
cosas y habían tenido un final desafortunado?
“Y también tengo buenas noticias.” Dijo Halna.
“¿Sí?”
“Damos la bienvenida a una nueva estudiante transferida a nuestra
clase de chicas mágicas. Será una magnífica incorporación, no sólo
como propaganda, sino también como ejemplo para las alumnas.”
En el momento en que el tema pasó a ser la estudiante de
intercambio, la voz de Halna subió aún más. “Tengo que volver al
cuartel general ahora. Asegúrate de recibirla amablemente.”
Halna esbozó una sonrisa claramente identificable, y Calkoro,
temblorosa, le devolvió la sonrisa.
◇ Tetty Goodgripp
¿Qué tipo de accidente tuvo que ocurrir para que las cosas terminaran
así?
Afortunadamente, no había muerto nadie, pero había habido
heridos. Adelheid había resultado gravemente herida, con una
puñalada en el torso, y Ranyi seguía en el hospital —Tetty había oído
que había estado muy tocada durante un tiempo—. Y aunque no había
sido lo suficientemente grave como para ser hospitalizada, Rappy
había sido apuñalada y Dory se había cortado. La armadura de Arlie
había sido arrancada, y quien lo hizo no había sido nadie más que
Tetty. Los recuerdos de la época en que había sido controlada
mentalmente permanecían con ella vívidamente.
Sólo con recordarlo se le revolvía el estómago. Sentía un sincero
respeto por sus compañeras, que habían seguido luchando en aquella
situación anormal.
Pero aun así, era muy bueno que nadie hubiera muerto. Dudaba que
eso hiciera que todo fuera bueno, pero nadie se enfadaría con ella por
pensar sólo eso. Gracias a Dios, pensó repetidamente Tetty, aliviada
de ser capaz de alegrarse por la seguridad de sus compañeras.
Después de cinco días de vacaciones tras el incidente, las clases
fueron reanudadas. Tener un tiempo libre calmó un poco su corazón.
Tetty había oído que las chicas mágicas tenían un corazón fuerte, pero
aun así, cinco días eran pocos. Se abofeteó las mejillas el doble de lo
habitual y, de alguna manera, llegó a la escuela.
Satou la consoló cuando llegó al jardín, y ella rompió a llorar al ver
al mago. Una vez de vuelta en el aula, vio a los miembros de su grupo
y lloró un poco más, y no era sólo ella: Miss Ril y Rappy también
lloraban. Todas se abrazaron, celebrando su seguridad.
“¡Ya está aquí! ¡La profesora está aquí!” Anunció alguien, y las
alumnos cuchicheaban mientras se apresuraban a sentarse. Las cosas
habían vuelto a la ‘normalidad’ después de cinco días, aunque ésta no
era exactamente la ‘normalidad’ que todas conocían. Ranyi seguían sin
estar allí; Kana parecía haberse acercado un poco más a su grupo;
estaba charlando con Mephis. Tetty tenía curiosidad por saber de qué
hablaban, pero no podía escucharlas.
Calkoro entró en la clase. Tras la llamada de Tetty para que se
levantaran, las chicas se pusieron de pie y se inclinaron. Cuando
volvieron a levantar la cabeza, vieron a Calkoro con un aspecto
bastante sombrío. Y había alguien de pie detrás de ella. No era nadie
que Tetty conociera.
Arlie dijo algo que sonó como un chirrido. Tetty no entendía lo que
significaba, pero sonaba inusualmente alegre.
“Um… esta es la estudiante transferida, Snow White.”
Después de que Calkoro dijera el nombre de la chica, las alumnas
empezaron a susurrar entre ellas. A Tetty le pareció que había oído ese
nombre en alguna parte. Y si conocía el nombre, era justo decir que
esa persona era bastante famosa.
A ver, ¿dónde he oído ese nombre…? Hmmm… Alguien
definitivamente me lo mencionó antes…
“Soy Snow White. Es un placer conocerlas a todas.”
La pequeña inclinó la cabeza e inmediatamente volvió a levantarla.
Su voz, su actitud, su postura e incluso sus rasgos parecían
extrañamente maduros.
IMAGEN
Palabras del Autor
Realmente ha pasado mucho tiempo desde la anterior entrega de la
historia principal. Se trata de la chica mágica que ha estado demasiado
ocupada escribiendo la historia principal como para aparecer en ella,
también conocida como Asari Endou.
Aunque conseguí evitar que se me pasara la fecha de entrega de la
antología más reciente—la que contiene muchos relatos extra raros,
Proyecto Crianza de Chicas Mágicas: Episodes Δ (¡qué buen
negocio!), aun así me llevó demasiado tiempo, y publicarlo fue
doloroso (ah, cierto, el libro impreso y el e-book se publicarán
simultáneamente).
A todos los fans que se han quedado esperando, mis disculpas.
En Black no ocurre lo de siempre, lo que pasa en todos los libros
para unas pocas personas o más de una docena.
No sólo no ocurrió eso, sino que además todas trabajaron juntas
para derrotar a los enemigos. No hay ninguna criada que pretenda
ayudar mientras manipula secretamente los corazones ni ninguna elfa
cazadora que se cuela para disparar jabalinas. En realidad están
uniendo fuerzas para luchar contra los enemigos.
Tal vez algunos se lamenten de que el autor haya dado un giro de
180 grados o de que el hecho de no escribir más que historias cordiales
haya corrompido mi obra. Pero no se preocupen. En el próximo
volumen, White, se unirá a ellas una nueva estudiante transferida…
Oh, no puedo decir más. Los spoilers no están permitidos en esta
sección.
Es cierto que he hecho un poco de spoiler aquí, pero tengo la
sensación de que la secuela se titulará White. Antes, S-mura decía que
sería divertido que acabara siendo algo distinto a White, así que todavía
existe la ligera posibilidad de que el siguiente libro de la historia
principal se llame de otra manera. Pero básicamente parece que
probablemente será White, estoy seguro. Por favor, espéralo, mientras
te preparas mentalmente incluso si el subtítulo se convierte en Veridian
Green.
En otro tema.
Situar este libro en una clase de chicas mágicas significa que todo
el reparto son estudiantes de escuela media. Cuando saco diez o más
personajes nuevos a la vez, siempre les doy una variedad de edades,
profesiones y demás para que los lectores los identifiquen más
fácilmente, pero esta vez no pude hacerlo.
Algunas de las chicas mágicas son muy diferentes a las de la
escuela media, y algunas no son realmente de la escuela media, pero
aun así, no podía dejar que todas no fueran de escuela media, y luché
bastante con eso.
Además, aunque los sorprenda esto, la verdad es que no soy una
estudiante de escuela media. Así que es difícil escribir sobre lo que
hacen o sobre qué tipo de cosas hablan basándome en mi propia
experiencia, y busqué la ayuda de mi sobrina.
Gracias a mi sobrina, pude conocer la vida real de los alumnos de
escuela media. ¡Fue muy útil!
Tal vez algunas personas que están actualmente en la escuela
media, al leer la representación de las estudiantes de escuela media en
el libro, pensaron: Espera, los estudiantes de escuela media no son así.
Pero eso es porque mi sobrina es una chica mágica, así que parte de su
vida como chica mágica de escuela media también acabó ahí. Incluso
si crees que no es adecuado para una chica de escuela media, por favor,
sé generoso y perdóname, como, si ella es una chica mágica de escuela
media, entonces claro, lo que sea.
Pero diciendo todo esto, sigo sintiéndome como un chico de escuela
media.
A todas las personas del departamento de redacción que me han
guiado, y a S-mura, cuyo tiempo se ha ido desmenuzando mientras
trabajaba como una tormenta para resolverme innumerables problemas
y deshacerse sin piedad de mis escritos: Muchas gracias.
Marui-no, muchas gracias por tus maravillosas ilustraciones. Las
revisiones y los cambios han dado lugar a más versiones con diferentes
trajes y accesorios, como las actualizaciones de los videojuegos. Todas
ellas están en mi caja de tesoros. Aunque al final parece que el
malhechor aquí se beneficia, ese tipo de cosas ocurren en Proyecto
Crianza de Chicas Mágicas, ¿eh? Oh, realmente lo siento.
A Chihiro Yuki, que hizo esos maravillosos comentarios sobre el
anuncio, y a Hanasaki Morinaka, muchas gracias. Como
Asari✰Endou, Éxito en Ventas de Novelas Ligeras Virtuales, tiemblo
ante el honor de recibir tales elogios de los veteranos de la industria.
Y a todos mis lectores, siento haberles hecho esperar. Muchas
gracias por la paciencia. Publicaré la continuación lo antes posible. En
cuanto a la siguiente parte de Breakdown y demás, sí, la publicaré lo
antes posible… ¡en la medida de mis posibilidades!
Nos vemos la próxima vez, en Veridian… ¡en White!
Palabras del Ilustrador
Palabras del Traductor
Hola, es Ferindrad. Antes de decir cualquier cosa hagamos lo
acostumbrado, primero déjenme agradecer el patrocinio de F, es
gracias a su persona que esta novela se está traduciendo, y también a
quienes continuamente leen mis otras traducciones, a todos ustedes:
Gracias. Espero seguir contando con su presencia.
Vaya, vaya… al final el autor se atrevió a no matar a nadie en un
volumen principal de la saga… Aunque al este volumen llamarse Black
y el próximo de la historia principal llamarse White, pues, me recuerda
a lo ocurrido en los volúmenes cinco y seis, donde en el cinco no murió
nadie y la carnicería vino en el siguiente. Y al igual que en aquella vez,
quien tiene la personalidad más conflictiva es quien más huele a féretro
y hablo de Mephis, a esa le hace falta una dosis de realidad o que si
bien sobrevive que se le quiten las ganas de estar en un shounen porque
no ha notado que vive en un seinen.
He decir que en serio el Reino Mágico necesita una purga y
reestructuración importante, comenzando con Frederica y siguiendo
con la directora de la escuela, y que le den un curso de cómo hacer de
profesora a Calkoro, creo que hasta yo lo hubiese hecho mejor, y eso
es decir mucho.
En fin, tardaremos unos volúmenes en llegar a White, porque los
dos volúmenes que vienen serán Breakdown, una adaptación y
canonización de la saga homologa escrita originalmente como una
novela web en novela ligera (historia que ya ocurrió puesto que
algunas de las chicas mágicas de allí salieron en el volumen pasado)
además del volumen llamado Episodes Δ, así toca esperar.
Queriendo un desarrollo amoroso en una historia con tintes serios
como Kana (que no termine en tragedia como cierto par del primer
volumen), sin más nos leemos (?) en otra ocasión.
Para todos de Ferindrad.
Frase Final
Cuando una cosa no agrada por completo y
no hay otra que poner en su lugar, lo mejor
es dejarlo al tiempo y esperar con calma y
serenidad.
OTTO EDUARD LEOPOLD VON
BISMARCK.
Estadista alemán.
(1815-1898)