EL DIVORCIO
Dice Ramos “En el párrafo 5º de la anterior Ley de Matrimonio Civil,
artículos 19 al 28, se establecía un mal llamado divorcio. Y decimos
“mal llamado divorcio”, porque universalmente se entiende que el
divorcio produce la ruptura del vínculo matrimonial, pudiendo los ex
cónyuges contraer válidamente nuevas nupcias, lo que no ocurría
con el que venimos comentando. Los cónyuges quedaban
separados de mesa, casa y lecho, pero no podían contraer un
nuevo matrimonio. Había dos clases de divorcio, uno perpetuo y
otro temporal, no pudiendo este último exceder de 5 años. Los
efectos de uno y otro eran distintos, pero ninguno de los dos rompía
el vínculo matrimonial”.
La gran innovación de la ley 19.947, es introducir el divorcio vincular
en Chile.
Causales de divorcio-sanción o “por culpa”.
El artículo 54 establece que “el divorcio podrá ser demandado por
uno
de los cónyuges, por falta imputable al otro, siempre que
constituya una violación grave de los deberes y obligaciones que le
impone el matrimonio, o de los deberes y obligaciones para con los
hijos, que torne intolerable la vida en común”.
Luego los requisitos son: a) falta imputable a uno de los cónyuges;
b)
esta falta debe constituir una violación grave de los deberes y
obligaciones que impone el matrimonio o de los deberes y
obligaciones para con los hijos; y c) el incumplimiento de estos
deberes u obligaciones debe hacer intolerable la vida en común.
Respecto al primer requisito deberá tenerse presente que la falta
debe ser “imputable”, es decir, culpable, de tal suerte que si, por ej.
uno de los cónyuges sufre un grave accidente que lo deja
parapléjico, tal hecho puede hacer intolerable la vida en común,
pero no configura una causal de divorcio (Javier Barrientes
Grandón).
Sin duda el tercer requisito es el determinante. Por consiguiente
frente a una demanda de divorcio será el tribunal que conozca del
juicio de divorcio el que tendrá que ponderar si hubo incumplimiento
a los deberes para con el otro cónyuge o para con los hijos y si este
incumplimiento es de tal entidad que haga intolerable la vida en
común.
La norma agrega que se incurre en esta causal, entre otros casos,
cuando ocurre cualquiera de los siguientes hechos:
1º Atentado contra la vida o malos tratamientos graves contra la
integridad física o psíquica del cónyuge o de alguno de los hijos;
2º Transgresión grave y reiterada de los deberes de convivencia,
socorro y fidelidad propios del matrimonio. El abandono continuo o
reiterado del hogar común, es una forma de trasgresión grave de
los deberes del matrimonio;
3º Condena ejecutoriada por la comisión de alguno de los crímenes
o
simples delitos contra el orden de las familias y contra la moralidad
pública, o contra las personas, previstos en el Libro II, Títulos VII y
VIII, del Código Penal, que involucre una grave ruptura de la
armonía conyugal” (dentro de estos títulos están los delitos de
aborto, abandono de niños o personas desvalidas, delitos contra el
estado civil de las personas, rapto, violación, estupro y otros delitos
sexuales, incesto, matrimonios ilegales, homicidio, infanticidio,
lesiones corporales, duelo, calumnia, injurias);
4º Conducta homosexual;
5º Alcoholismo o drogadicción que constituya un impedimento grave
para la convivencia armoniosa entre los cónyuges o entre éstos y
los hijos; y
6º Tentativa para prostituir al otro cónyuge o a los hijos.
Estas causales no son taxativas, pues la norma emplea la expresión
“entre otros casos”.
Causales de divorcio-remedio o “por cese de la convivencia”.
El artículo 55 contempla dos casos de divorcio remedio:
2.1 Cuando ambos cónyuges lo piden de común acuerdo,
acreditando que ha cesado la convivencia entre ellos durante un
lapso mayor de un año y acompañen un acuerdo regulatorio
(completo y suficiente, en los términos de los arts. 21 y 27) de sus
relaciones mutuas y para con los hijos (art. 55 incs. 1° y 2°).
2.2 Cuando lo solicite cualquiera de los cónyuges por haberse
producido un cese efectivo de la convivencia conyugal, durante a lo
menos tres años (art. 55 inc. 3°). Nótese que estamos frente a un
caso de divorcio unilateral.
De acuerdo a este inciso 3º, los requisitos para que opere el
divorcio en el presente caso son: 1) Cese efectivo de la convivencia
conyugal; 2) que esta situación haya durado a lo menos tres años; y
3) el actor haya cumplido con su obligación alimenticia respecto de
su cónyuge e hijos.
En relación con el primer requisito, llama la atención que esta
disposición hable de “cese efectivo de la convivencia conyugal”, y
no
simplemente “cese de la convivencia”, como lo establece el inciso
1º. Sobre ello Javier Barrientos señala: “Este requisito de la
‘efectividad` del cese de la convivencia, no obstante su apariencia
de objetividad, no ha de referirse a lo que algunos civilistas
denominan, por influencia canónica, corpus separationis o hecho
material de la separación física, sino propiamente al animus
separationis, ya que si la affectio subsiste entre los cónyuges no
habrá cese efectivo de la convivencia, aunque haya separación
material y los esposos vivan en lugares diferentes y, por el
contrario, si falta la affectio, tendrá lugar técnicamente el cese de la
convivencia aunque convivan los esposos bajo el mismo techo”.
Respecto al segundo requisito -que el cese efectivo haya durado a
lo
menos tres años- sólo podrá probarse en la forma que indica los
artículos 22 y 25 (art. 55 inc. 4°), esto es: a) Por alguno de los
instrumentos que se indican en el artículo 22 (escritura pública, o
acta extendida y protocolizada ante notario público; acta extendida
ante un Oficial del Registro Civil; transacción aprobada
judicialmente) mediante los cuales los cónyuges regulen su
separación de hecho.
b) Por la notificación de la demanda de regulación de sus relaciones
mutuas, especialmente los alimentos que se deban y las materias
vinculadas al régimen de bienes del matrimonio y, si hubiere hijos,
al régimen aplicable a los alimentos, al cuidado personal y a la
relación directa y regular que mantendrá con los hijos aquel de los
padres que no los tuviere a su cuidado (arts. 23 y 25 inc. 1°); c)
Cuando no mediando acuerdo ni demanda entre los cónyuge, uno
de ellos haya expresado su voluntad de poner fin a la convivencia a
través de cualquiera de los instrumentos indicados en el artículo 22
letras a) y b) y se haya notificado al otro cónyuge (art. 25 inc. 2º); y
d) Cuando uno de los cónyuges haya dejado constancia de su
intención de poner fin a la convivencia ante el juzgado
correspondiente y ello sea notificado al otro cónyuge (art. 25 inc.
2º).
La dos últimas situaciones constituye una gestión voluntaria a la
que se podrá comparecer personalmente. La notificación se
practicará según las reglas generales (art. 25 inc. 2°, parte final).
Esta limitación probatoria para acreditar el cese de la convivencia
no
rige para los matrimonios celebrados con anterioridad a la entrada
en vigencia de la nueva ley de matrimonio civil. En estos casos, las
partes no tienen mayores limitaciones probatorias, salvo que la sola
confesión no es suficiente, debiendo el juez analizar si los medios
de prueba aportados por las partes le permiten formarse plena
convicción sobre este hecho (art. 2º transitorio, inc. 3º).
En relación al tercer requisito si la parte demandada lo solicitare, el
juez debe verificar que el demandante durante el tiempo del cese de
la convivencia ha dado cumplimiento a su obligación alimenticia
respecto de su cónyuge e hijos. El incumplimiento reiterado e
injustificado de esta obligación hará que la demanda de divorcio sea
rechazada (art. 55 inc. 3º).
La parte demandada para hacer exigible esta exigencia debe
oponer la correspondiente excepción perentoria.
La sentencia que rechace la demanda no produce cosa juzgada de
tal
suerte que se puede volver a demandar, previo cumplimiento de los
requisitos legales, es decir, nuevo cese de la convivencia, nuevo
plazo de 3 años y cumplir en forma regular durante este nuevo
plazo los deberes alimenticios, con el cónyuge e hijos.
EFECTOS DEL MATRIMONIO
El matrimonio es una institución de la cual derivan importantes
efectos:
1. Relaciones personales de los cónyuges (derechos y obligaciones
de que
tratan los artículos 131, 133 y 134);
2. Régimen matrimonial;
3. Filiación matrimonial; y
4. Derechos hereditarios.
REGIMEN MATRIMONIAL
Definición
Se define el régimen matrimonial como el estatuto jurídico que regla
las relaciones pecuniarias de los cónyuges entre sí y respecto de
terceros.
Régimen matrimonial chileno
En el Código Civil original no existió otro régimen matrimonial que el
que consagraba y consagra el artículo 135: "por el hecho del
matrimonio se contrae sociedad de bienes entre los cónyuges, y
toma el marido la administración de los de la mujer, según las
reglas que se expondrán en el título De la sociedad conyugal" (inc.
1º).
Sin embargo, con la dictación del D.L. 328 de 28 de abril de 1925 –
que posteriormente fue reemplazado por la Ley Nº 5.521 del año
1934- la situación cambió pues se permitió pactar separación de
bienes en las Capitulaciones Matrimoniales. Desde ese momento, el
régimen de sociedadconyugal quedó únicamente como régimen
legal matrimonial es decir, pasó a ser el régimen matrimonial que
regía para los cónyuges que no pactaba separación de bienes. Por
una modificación posterior establecida por la Ley 7.612 de 21 de
octubre de l943 se permitió sustituir el régimen de sociedad
conyugal bajo el cual se habían casado, por el régimen de
separación total de bienes.
El último hito en esta materia lo constituye la Ley Nº 19.335 de
1994, que incorporó a nuestra realidad positiva, el régimen de
participación en los gananciales, en la variante crediticia.
SOCIEDAD CONYUGAL
Se acostumbra a definir la sociedad conyugal como la sociedad de
bienes que se forma entre los cónyuges por el hecho del
matrimonio,
definición que se obtiene del artículo 135 inciso 1º.
La sociedad conyugal comienza con el matrimonio, y cualquier
estipulación en contrario es nula (arts. 135 inc. 1º y 1721 inc. final).
HABER DE LA SOCIEDAD CONYUGAL
Haber o activo de la sociedad conyugal son los bienes que lo
integran.
Para hacer este estudio es necesario formular un distingo entre
haber o activo
absoluto y haber o activo relativo.
El haber absoluto lo forman todos aquellos bienes que ingresan a
la
sociedad conyugal en forma definitiva, sin derecho a recompensa;
en cambio, el haber relativo o aparente, lo integran aquellos
bienes que ingresan a la sociedad conyugal otorgando al cónyuge
aportante o adquirente un derecho de recompensa que éste hará
valer al momento de la liquidación. Ejemplo de cada caso: durante
el matrimonio uno de los cónyuges compra un automóvil.
Ese bien ingresa al activo absoluto de la sociedad conyugal (art.
1725, Nº 5). En cambio si al momento del matrimonio uno de los
cónyuges era dueño de un automóvil, tal bien ingresa a la sociedad
conyugal, pasa a ser un bien social, pero el cónyuge que era dueño
(le llamaremos cónyuge aportante), adquiere un crédito,
recompensa, que hará valer cuando se termine la sociedad
conyugal y se liquide. En ese momento tendrá derecho a que se le
reembolse el valor del automóvil, actualizado. De manera que el
automóvil en este último ejemplo, ingresó al haber relativo de la
sociedad conyugal.
Es importante agregar que esta terminología -haber absoluto y
haber
relativo- no la hace la ley, pero surge del artículo 1725.
Haber o activo absoluto de la sociedad conyugal
Está integrado por los bienes que contemplan los artículos 1725 Nº
1,
1725 Nº 2, 1725 Nº 5, 1730 y 1731.
1. Los salarios y emolumentos de todo género de empleos y
oficios, devengados durante el matrimonio (art. 1725 Nº 1).
Cualquiera remuneración que perciba uno de los cónyuges durante
el matrimonio, queda comprendida dentro de este rubro, sin que
tenga importancia la denominación que reciba: honorarios,
gratificaciones, sueldos, salarios, etc. Lo único importante, es que
"se devenguen" durante el matrimonio. Así por ejemplo, si al
momento de casarse un abogado, tenía una gestión terminada y le
adeudaban los honorarios, que se los pagan cuando ya está
casado, ese bien no ingresa al haber absoluto, sino al relativo,
porque no se devengó "durante el matrimonio" sino antes.
2. Todos los frutos, réditos, pensiones, intereses y lucros de
cualquier
naturaleza, que provengan, sea de los bienes sociales, sea de
los bienes propios de cada uno de los cónyuges, y que se
devenguen durante el matrimonio (art. 1725 Nº 2)
De manera que si un inmueble social produce rentas, esas rentas
ingresan al activo absoluto de la sociedad conyugal. Lo mismo
ocurre si el inmueble que produce las rentas es propio de uno de los
cónyuges. A primera vista pudiere parecer injusto que no se haga
una distinción. Aparentemente, y de acuerdo al principio de que las
cosas producen para su dueño, lo justo sería que las rentas
producidas por el bien propio ingresaran al haber del cónyuge
dueño del bien que las produce. Este principio se rompe aquí. La
explicación
está en que los ingresos producidos sea por los bienes propios o
sociales están destinados a atender las necesidades de la familia.
Por otra parte, la solución dada por el Código es justa, si se tiene en
cuenta que, según el artículo 1740 Nº 4 "la sociedad es obligada al
pago: de Todas las cargas y reparaciones usufructuarias de los
bienes sociales o de cada cónyuge". De modo que la situación es
equitativa: si la sociedad soporta el pago de las reparaciones de los
bienes propios del cónyuge.
3. Los bienes que cualquiera de los cónyuges adquiera durante
el matrimonio a título oneroso (art. 1725 Nº 5).
De acuerdo a esta disposición, cualquier bien que se adquiera
durante la vigencia de la sociedad conyugal a título oneroso
(compra, permuta, etc.)
ingresa al haber absoluto de la sociedad conyugal. No tiene ninguna
importancia el que el bien se compre a nombre de la mujer o del
marido, pues en ambos casos, el bien ingresa al activo absoluto de
la sociedad conyugal. Lo único que interesa es que el título
traslaticio en cuya virtud se adquiere el bien, se haya celebrado
vigente la sociedad conyugal
4. Las minas denunciadas por uno o por ambos cónyuges,
durante la vigencia de la sociedad conyugal (art. 1730).
5. La parte del tesoro que corresponde al dueño del sitio en
que se encuentra, cuando el tesoro es hallado en un terreno
social (art. 1731).
Haber relativo de la sociedad conyugal
El haber relativo está formado por aquellos bienes que ingresan a la
sociedad conyugal pero que otorgan un crédito o recompensa al
cónyuge aportante o adquirente, que se hace efectivo a la
disolución de la sociedad.
Está integrado por los bienes que contemplan los artículos 1725 Nº
3, 1725 Nº 4, 1731, 1738 inc. 2º y 1736 inciso final.
1. Dinero aportado o adquirido por uno de los cónyuges a título
gratuito durante la vigencia de la sociedad conyugal.
Así lo dice el artículo 1725 Nº 3. Cuando se habla de dineros
aportados al matrimonio se quiere significar los dineros que él
cónyuge tenía al momento de casarse.
2. Bienes muebles aportados o adquiridos a título gratuito por
cualquier cónyuge durante la vigencia de la sociedad conyugal
Respecto de los bienes muebles aportados, al igual que en el
número
anterior, se entiende por bien aportado, el que tenía el cónyuge al
momento del matrimonio.
3. Tesoro.
El artículo 1731 establece que "La parte del tesoro, que según la ley
pertenece al que lo encuentra, se agregará al haber de la sociedad,
la que deberá al cónyuge que lo encuentre la correspondiente
recompensa; y la parte
del tesoro, que según la ley pertenece al dueño del terreno en que
se encuentra, se agregará al haber de la sociedad, la que deberá
recompensa al cónyuge que fuere dueño del terreno".
Para la acabada comprensión de esta situación, hay que relacionar
esta norma con los artículos 625 y 626 del Código Civil. El primero,
en su inciso 2º, define lo que se entiende por tesoro, diciendo "se
llama tesoro las monedas o joyas, u otros efectos preciosos que
elaborados por el hombre han estado largo tiempo sepultados o
escondidos sin que haya memoria ni indicio de su dueño". A su
turno el artículo 626 establece la forma como se reparte el tesoro
entre el descubridor y el dueño del terreno en que se encontraba
oculto.
Si se relaciona el artículo 626 con el 1731, se tienen las siguientes
conclusiones:
a) La parte del tesoro que corresponde al descubridor -50%- ingresa
al haber relativo, quedando obligada la sociedad al pago de la
correspondiente recompensa a dicho cónyuge descubridor;
b) La parte del tesoro que corresponde al dueño del terreno -50%-
seguirá la siguiente suerte:
- Si el tesoro es descubierto en el terreno de uno de los cónyuges,
la parte del dueño del terreno ingresará al activo relativo de la
sociedad conyugal, la que deberá recompensa al cónyuge dueño
del terreno; y
- Si el tesoro es encontrado en un terreno social, la parte del dueño
del terreno ingresará al activo absoluto de la sociedad.
4. Bienes muebles adquiridos por un cónyuge durante la
vigencia de la sociedad conyugal, cuando la causa o título de la
adquisición ha precedido a ella.
Así resulta de aplicar el artículo 1736, primera parte, en relación con
su inciso final.
HABER PROPIO O PERSONAL DE CADA CÓNYUGE
1. Bienes inmuebles que un cónyuge tiene al momento del
matrimonio
No está dicho en forma expresa en el Código que los bienes raíces
de
que un cónyuge es dueño al momento de casarse permanezcan en
su haber propio. Sin embargo, ello resulta claro por exclusión, ya
que no ingresan al activo social.
En relación con el caso que nos ocupa, puede ocurrir que el bien
raíz lo adquiera el cónyuge durante la vigencia de la sociedad
conyugal y que no obstante, no ingrese al activo social sino al haber
propio del cónyuge. Se refiere a esta situación el artículo 1736
2. Inmueble adquirido a título gratuito por uno de los cónyuges
durante la vigencia de la sociedad conyugal.
3. Bienes muebles que los cónyuges excluyen de la sociedad
en las capitulaciones matrimoniales.
Las especies muebles que los cónyuges tienen al momento de
casarse ingresan al activo relativo de la sociedad conyugal (art.
1725, Nº 4, inciso 1º).
Sin embargo, el inciso 2º de este numerando permite excluir de la
sociedad a algunos bienes de este tipo, que por ello permanecen en
el patrimonio propio
4. Aumentos que experimenten los bienes propios de los
cónyuges.
5. Créditos o recompensas que los cónyuges adquieren contra
la sociedad y que pueden hacer valer al momento de su
disolución.
6. Inmuebles subrogados a un inmueble propio de uno de los
cónyuges o a valores.
El artículo 1727 señala que "no obstante lo dispuesto en el artículo
1725 no entrarán a componer el haber social:
1º "El inmueble que fuere debidamente subrogado a otro inmueble
propio de alguno de los cónyuges";
2º "Las cosas compradas con valores propios de uno de los
cónyuges, destinados a ello en las capitulaciones matrimoniales o
en una donación por causa de matrimonio".
La subrogación puede ser de dos clases:
1. Subrogación de inmueble a inmueble; y
2. Subrogacion de inmueble a valores
Subrogación por compra
En este caso los requisitos son los siguientes:
1. Que uno de los cónyuges sea dueño de un bien raíz propio;
2. Que este bien se venda y que con el producido de la venta se
compre otro inmueble;
3. Que en las escrituras de venta y de compra se exprese el ánimo
de subrogar;
4. Que haya una cierta proporcionalidad entre el precio del inmueble
que se vende y el del inmueble que se compra;
5. Que si el bien que se subroga es de la mujer, ella preste su
autorización.
Respecto del requisito signado con el Nº 2 el Código trata de la
situación en que primero se vende el bien raíz propio, y en seguida,
con los dineros provenientes de esa venta, se compra el nuevo
bien. Sin embargo, no está considerada la posibilidad de que se
obre al revés, vale decir, que se compre primero (por ejemplo
usándose dineros obtenidos en préstamo) y, posteriormente, se
venda el primer bien
En cuanto al requisito Nº 3, de que en las escrituras de venta y de
compra se exprese el ánimo de subrogar, tal exigencia está
contemplada en la parte final del inciso primero del artículo 1733 : "y
que en las escrituras de venta y de compra se exprese el ánimo de
subrogar
Subrogación de inmueble a valores
Esta forma de subrogación está contemplada en el artículo 1727
Nº2: "Las cosas compradas con valores propios de uno de los
cónyuges, destinados a ello en las capitulaciones matrimoniales o
en una donación por causa de matrimonio".
Se destaca la forma verbal "compradas", pues ello está
demostrando que no hay, en este caso, subrogación por permuta.
Somarriva, sin embargo, piensa que por aplicación del aforismo
"donde existe la misma razón debe existir la misma disposición" no
habría inconvenientes en aceptar en este caso la subrogación por
permuta. Ramos encuentra discutible tal solución, por el carácter
excepcional que tiene la subrogación que no admite
interpretaciones por analogía.
Los requisitos son:
1. Que se compre un inmueble con valores propios de uno de los
cónyuges, destinado a ello en las capitulaciones matrimoniales o,
en una donación por causa de matrimonio;
2. Que se deje constancia en la escritura de compra que tal compra
se hace con el dinero proveniente de esos valores y se deje
constancia también del ánimo de subrogar;
3. Que exista una cierta proporcionalidad entre los valores y el
inmueble
que se adquiere;
4. Que si la subrogación se hace en bienes de la mujer ésta preste
su autorización
ADMINISTRACÓN DE LA SOCIEDAD CONYUGAL
Para estudiar la administración de la sociedad conyugal deben
hacerse
algunas distinciones:
1. Administración ordinaria;
2. Administración extraordinaria
ADMINISTRACIÓN ORDINARIA
La administración ordinaria de la sociedad conyugal, sea de los
bienes sociales, sea de los bienes propios de la mujer, corresponde
únicamente al marido. Así se establece en el artículo .
El Código trata la administración de los bienes sociales en el
artículo 1749, norma que en su primera parte sienta el principio de
que el marido es el jefe de la sociedad conyugal y en tal carácter
administra esos bienes.
En seguida, establece las limitaciones:
De acuerdo al artículo 1749 el marido necesita de la autorización de
la mujer, para realizar los siguientes actos jurídicos:
1. Para enajenar voluntariamente bienes raíces sociales;
2.
3. Para gravar voluntariamente bienes raíces sociales;
4. Para prometer enajenar o gravar bienes raíces sociales;
5. Para enajenar o gravar voluntariamente o prometer
enajenar o gravar los derechos hereditarios que correspondan a la
mujer;
6 Para disponer por acto entre vivos a título gratuito de los bienes
sociales;
7. Para dar en arriendo o ceder la tenencia de los bienes raíces
sociales por más de 5 años si son urbanos o por más de 8 si son
rústicos;
8. Para otorgar avales o constituirse en deudor solidario u otorgar
cualquiera otra caución respecto de obligaciones contraídas por
terceros.
En todos los casos recién señalados, la mujer debe prestar su
autorización al marido, y si no la otorga o hay nulidad relativa o hay
inoponibilidad.
La autorización de la mujer puede ser suplida por la justicia
El inciso final del artículo 1749 permite la autorización judicial en
dos
casos:
1. En caso de negativa de la mujer; y
2. Si la mujer está impedida para otorgarla
Titulares de las acciones de nulidad e inoponibilidad y plazo
para interponerlas
El artículo 1757 señala que "la nulidad o inoponibilidad (esto en el
caso de los arriendos superiores a los plazos de 5 u 8 años)
anteriores podrán hacerlas valer la mujer, sus herederos o
cesionarios" (inc. 2º). "El cuadrienio para impetrar la nulidad se
contará desde la disolución de la sociedad conyugal, o desde que
cese la incapacidad de la mujer o sus herederos" (inc.
3º). "En ningún caso se podrá pedir la declaración de nulidad
pasados diez años desde la celebración del acto o contrato" (inc.
4º).
Situaciones excepcionales en que la mujer participa en la
administración ordinaria de los bienes sociales y los obliga.
Hay algunas situaciones en que, por excepción, la mujer participa
en la
administración de bienes sociales y los obliga.
1. Las compras que la mujer haga al fiado de objetos muebles
naturalmente destinados al consumo ordinario de la familia, obligan
los
bienes sociales (art. 137 inc. 2º)
Por esta vía la mujer está interviniendo en la administración de los
bienes sociales, y los está comprometiendo;
2. Caso de impedimento del marido, que no sea de larga o
indefinida
duración (porque si fuere de larga o indefinida duración entran a
jugar las
reglas de la administración extraordinaria) y de la demora se
siguiere perjuicio (art. 138 inciso 2º).
La mujer puede actuar respecto de los bienes de la sociedad
conyugal con autorización judicial que deberá darse con
conocimiento de causa.
3. Caso de la mujer que actúa con mandato general o especial del
marido (art. 1751).
La mujer mandataria puede hacerlo en representación del marido o
a nombre propio. Si lo hace en representación del marido, está
obligando únicamente los bienes sociales y del marido (lo que no
hace más que confirmar la regla del artículo 1448). Sólo obligará
sus propios bienes si se probare que el acto cedió en su utilidad
personal. (art. 1751 inc. 1º).
Si la mujer mandataria contrata a su propio nombre regirá lo
dispuesto en el artículo 2151. Así lo establece el artículo 1751 inciso
2º. Ello significa que sólo obliga sus bienes propios.
Según René Ramos con la modificación que la ley Nº 18.802
introdujo al artículo 1739, habría otra posibilidad de que la mujer
pueda intervenir en la administración de los bienes sociales. La ley
18.802 reemplazó el artículo 1739. Dice el inciso 4º: "Tratándose de
bienes muebles, los terceros que contraten a título oneroso con
cualquiera de los cónyuges quedarán a cubierto de toda
reclamación que éstos -los cónyuges- pudieran intentar fundada en
que el bien es social o del otro cónyuge, siempre que el cónyuge
contratante haya hecho al tercero de buena fe la entrega o tradición
del bien respectivo".
Administración de los bienes propios de la mujer
Dentro de la administración ordinaria de la sociedad conyugal, es
necesario distinguir la administración de los bienes sociales y la
administración de los bienes propios de la mujer.
De acuerdo al artículo 1749 "el marido es jefe de la sociedad
conyugal, y como tal administra los bienes sociales y los de su
mujer; sujeto empero, a las obligaciones y limitaciones que por el
presente Título se le imponen y a las que haya contraído por las
capitulaciones matrimoniales
Sanción para el caso que la mujer contraviniere la norma del
artículo 1754 inciso final.
Hay controversia respecto de la sanción que se sigue en el caso de
contravenirse por la mujer el inciso final del artículo 1754. Así, para
Fernando Rozas y la mayoría de la doctrina es la nulidad absoluta,
la minoría opta por nulidad relativa pues estaría en relación a la
calidad de la mujer casada en sociedad conyugal.
Limitaciones a las facultades del marido en esta administración
ART. 1754. Las limitaciones a la administración del marido dicen
relación con los siguientes actos:
l. Aceptación o repudiación de una herencia o legado;
2. Aceptación o repudiación de una donación;
3. Nombramiento de partidor en bienes que tiene interés la mujer.
4. Provocación de la partición en bienes en que tiene interés la
mujer.
5. Enajenación de los bienes muebles de la mujer que el marido
esté o
pueda estar obligado a restituir en especie.
6. Arriendo o cesión de la tenencia de bienes raíces más allá de 5 u
8 años,
según se trate de predios urbanos o rústicos.
7. Enajenación o gravamen de los bienes raíces de la mujer.
ADMINISTRACIÓN EXTRAORDINARIA DE LA SOCIEDAD
CONYUGAL
El artículo 138, en su inciso 1º señala que "si por impedimento de
larga o indefinida duración, como el de interdicción, el de
prolongada ausencia, o desaparecimiento, se suspende la
administración del marido, se observará lo dispuesto en el párrafo
4º del Título De la Sociedad conyugal". Y el párrafo 4º del Título de
la Sociedad Conyugal, trata "De la administración extraordinaria de
la sociedad conyugal". Quiere decir entonces, que la administración
extraordinaria de la sociedad conyugal es la que procede en los
casos en que por incapacidad o larga ausencia del marido éste no
puede ejercerla.
Casos en que tiene lugar la administración extraordinaria
Tiene lugar cuando se le ha designado curador al marido lo que
puede ocurrir por alguna de las siguientes razones:
1. Por ser menor de 18 años;
2. Por haber sido declarado en interdicción por demencia,
prodigalidad o sordomudez (previo a ello tendrá que existir la
resolución judicial que declare
la interdicción); y
3. Por encontrarse ausente, en los términos del artículo 473.
Casos en que la administración extraordinaria corresponde a
un tercero.
La administración extraordinaria va a corresponder a un tercero,
cuando sea designado curador del marido, lo que puede ocurrir en
alguno de los siguientes supuestos:
1. En el caso de incapacidad o excusa de la mujer para servir ella el
cargo de curadora de su marido (art. 1758 inciso 2º);
2. Cuando el marido está declarado en interdicción por disipación,
pues ningún cónyuge puede ser curador del otro declarado
disipador (art. 450).
Facultades con que se ejerce la administración extraordinaria
de lasociedad conyugal.
Administración extraordinaria por un tercero
Cuando la administración extraordinaria la tiene un tercero, se trata
simplemente de un curador que está administrando bienes ajenos y
por ello, no la ejerce de acuerdo con este párrafo 4º del título XXII
del Código Civil sino en conformidad a las reglas propias de los
tutores y curadores, establecidas en el título XXI del Libro I,
artículos 390 al 427, y en los artículos 487 al 490 en el caso del
marido ausente.
Administración extraordinaria hecha por la mujer
La regla está contenida en el inciso 1º del artículo 1759: "La mujer
que tenga la administración de la sociedad, administrará con iguales
facultades que el marido".
Sanción para el caso que la mujer realice algunos de los actos
recién señalados, prescindiendo de la autorización judicial
En los casos 1 y 2, la sanción es la nulidad relativa,
correspondiendo la acción al marido, sus herederos o cesionarios
DISOLUCIÓN DE LA SOCIEDAD CONYUGAL
La sociedad conyugal, se disuelve por las causales contempladas
en el artículo 1764. Las causales son taxativas; no pueden las
partes establecer otras:
1. Por la muerte natural de uno de los cónyuges;
2. Por el decreto que concede la posesión provisoria o definitiva de
los bienes del cónyuge desaparecido;
3. Por la sentencia de separación judicial.
4. Por la sentencia de separación de bienes;
5. Por la declaración de nulidad del matrimonio;
6. Por la sentencia que declara el divorcio.
7. Por el pacto de participación en los gananciales; y
8. Por el pacto de separación total de bienes.
SEPARACIÓN DE BIENES
“Separación de bienes es la que se efectúa sin separación judicial,
en virtud de decreto de tribunal competente, por disposición de la
ley o por convención de las partes” (art. 152).
El régimen de separación de bienes se caracteriza porque cada
cónyuge tiene su propio patrimonio que administra con absoluta
libertad.
Efectos
1. Los cónyuges separados de bienes administran, con plena
independencia el uno del otro, los bienes que tenían antes del
matrimonio y los que adquieren durante éste, a cualquier título (art.
159).
Si los cónyuges se separaren de bienes durante el matrimonio, la
administración separada comprende los bienes obtenidos como
producto de la liquidación de la sociedad conyugal o del régimen de
participación en los gananciales que hubiere existido entre ellos.
“Lo anterior se entiende si perjuicio de lo dispuesto en el párrafo 2
del Título VI del Libro Primero de este Código” ( inc. 2º).La
referencia a este parráfo 2 del Título VI , se entiende hecha a los
bienes familiares, con lo que se quiere señalar que los bienes que
resulten de la separación pueden ser declarados bienes familiares.
2. En el estado de separación, ambos cónyuges deben proveer a
las necesidades de la familia común a proporción de sus facultades
(arts. 160 y 134).
El juez en caso necesario reglará la contribución.
3. Los acreedores de la mujer sólo podrán dirigirse sobre sus
bienes, respondiendo el marido únicamente en los siguientes casos:
- Cuando se ha obligado como codeudor conjunto, solidario o
subsidiario de la mujer (cuando el art. 161, inc. 2º, dice “o de otro
modo”, se está refiriendo a que el marido se obliga conjunta o
solidariamente), y
- Cuando las obligaciones de la mujer cedieron en beneficio
exclusivo del marido o de la familia común, en la parte que de
derecho él haya debido proveer a las necesidades de ésta (art.
161).
4. Los acreedores del marido sólo podrán dirigirse sobre los bienes
de éste y no sobre los de la mujer, salvo que se haya producido
alguna de las situaciones de excepción recién indicadas (deuda
conjunta, solidaria o subsidiaria o beneficio exclusivo de la mujer o
familia común).
Clases de separación de bienes
1. Atendiendo a su fuente: legal, judicial y convencional. Así se
desprende
del art. 152;
2. Atendiendo a su extensión: total y parcial.
La separación legal puede ser total o parcial; lo mismo la
convencional.
En cambio, la separación judicial es siempre total.
SEPARACIÓN LEGAL DE BIENES
Puede ser total o parcial.
1. Separación legal total.
La ley contempla dos casos de separación legal total:
1.1 La separación judicial de los cónyuges, y
1.2 Cuando los cónyuges se casan en el extranjero.
2. Separación legal parcial.
Dos casos de separación legal parcial contempla el Código Civil:
2.1 El artículo 150, bienes reservados de la mujer casada, y
2.2 El artículo 166.
2.2 Separación legal parcial del artículo 166.
Este caso de separación dice relación con los bienes que adquiere
la mujer por haber aceptado una donación, herencia o legado que
se le hizo con la condición precisa de que no los administrare el
marido.
SEPARACIÓN JUDICIAL DE BIENES
La separación judicial sólo puede demandarla la mujer por las
causales específicamente establecidas en la ley. Es un beneficio
que la ley contempla exclusivamente en su favor para defenderla de
la administración del marido.
Características de la separación judicial
1. Sólo puede demandarla la mujer. Excepcionalmente puede ser
planteada por el marido, en caso de que el régimen que regule a los
cónyuges sea la participación en los gananciales (art. 158);
2. La facultad de pedir la separación de bienes es irrenunciable e
imprescriptible. Respecto a la renuncia, lo dice el artículo 153: “La
mujer no podrá renunciar en las capitulaciones matrimoniales la
facultad de pedir la separación de bienes a que le dan derecho las
leyes”;
3. Sólo opera por las causales taxativamente señaladas en la ley;
4. La separación judicial es siempre total, y
5. Es irrevocable (art. 165).
Causales de separación judicial.
Sólo puede demandarse la separación judicial de bienes por las
causales taxativamente señaladas en la ley:
1. Si la mujer no quisiere tomar sobre sí la administración de la
sociedad conyugal, ni someterse a la dirección de un curador, podrá
demandar la separación judicial de bienes (art. 1762);
2. Si el cónyuge obligado al pago de pensiones alimenticias a favor
del otro o en el de sus hijos comunes hubiere sido apremiado por
dos veces(art. 19 Nº 1 de la Ley 14.908);
3. Insolvencia del marido (art. 155 inc.1°):
4. Administración fraudulenta del marido (art. 155 inc.1°):
5. Mal estado de los negocios del marido (art. 155 inc. final);
6. Si el marido, por su culpa, no cumple con las obligaciones que le
imponen los artículos 131 y 134 (art. 155, inc. 2°, primera parte);
7. Si el marido incurre en alguna causal de separación judicial (art.
155, inc. 2°, segunda parte);
8. Ausencia injustificada del marido por más de un año (art. 155,
inc. 3°, primera parte);
9. Separación de hecho, sin mediar ausencia, por más de un año
(art. 155, inc. 3°, segunda parte).
SEPARACIÓN CONVENCIONAL DE BIENES
Oportunidad en que se puede pactar
La separación convencional de bienes puede ser acordada en tres
momentos:
1. En las capitulaciones matrimoniales que se celebran antes del
matrimonio, pudiendo ser en tal caso total o parcial (art. 1720, inc.
1°).
2. En las capitulaciones matrimoniales celebradas en el acto de
matrimonio, en que sólo se puede establecer separación total de
bienes (art. 1715, inc. 2°), y
3. Durante el matrimonio, los cónyuges mayores de edad, que se
encontraren casados en régimen de sociedad conyugal o de
participación en los gananciales, pueden convenir la separación
total de bienes (arts. 1723 y 1792-1, inc. 2º, parte final
PARTICIPACION EN LOS GANANCIALES
Hasta la entrada en vigencia de la Ley N° 19.335, 24 de diciembre
de 1994, sólo podían darse en Chile dos regímenes matrimoniales:
sociedad conyugal o separación total de bienes.
En qué momento se puede convenir este régimen
Se puede establecer en tres oportunidades:
1. En las capitulaciones matrimoniales que celebren los esposos
antes del matrimonio (art. 1792-1, inc. 1º),
2. En las capitulaciones que se celebren al momento del matrimonio
(art.
1715, inc. 2°), y
3. Durante la vigencia del matrimonio, mediante el pacto del artículo
1723 (art. 1792-1, inc. 2°).
Sistema adoptado en Chile
La ley Nº 19.335 optó por la variante crediticia, esto es, que tanto
durante su vigencia como a la expiración del régimen, los
patrimonios de ambos cónyuges (o del cónyuge sobreviviente y los
herederos del difunto), permanezcan separados. Luego a su
extinción, no se genera un estado de comunidad, sino sólo se
otorga al cónyuge que obtuvo gananciales por menor valor, un
crédito en contra del que obtuvo más, con el objeto de que, a la
postre, los dos logren la misma suma. El inciso 3º del artículo 1792-
19 es categórico: "Si ambos cónyuges hubiesen obtenido
gananciales, éstos se compensarán hasta la concurrencia de los de
menor valor y aquel que hubiere obtenido menores gananciales
tendrá derecho a que el otro le pague, a título de participación, la
mitad del excedente”
Funcionamiento del sistema a la extinción del régimen
Para estudiar esta materia es necesario precisar los siguientes
conceptos:
a) Gananciales;
b) Patrimonio originario, y
c) Patrimonio final.
Gananciales
En conformidad al artículo 1792-6, “se entiende por gananciales la
diferencia del valor neto entre el patrimonio originario y el patrimonio
final de cada cónyuge”. La comparación ha de hacerse en “valor
neto”, es decir, se deben descontar los pasivos constituidos por
deudas.
Patrimonio originario
“Se entiende por patrimonio originario de cada cónyuge el existente
al
momento de optar por el régimen que establece este Título...” (art.
1792-6,inc. 2º). Es “…el existente al momento de optar por el
régimen de participación que establece esta ley...” (art. 1792-6, inc.
2º)
Si se ha “optado” antes, la fecha será el de la celebración del
matrimonio (1.716 CC)
El patrimonio originario se determinará aplicando las reglas de los
artículos 1792-7 y siguientes. Ello significa que se procede del
modo siguiente:
a) Se deducen del valor de los bienes que el cónyuge tiene al inicio
del régimen las obligaciones de que sea deudor en esa misma
fecha
b) Se agregan al patrimonio originario las adquisiciones a título
gratuito efectuadas durante la vigencia del régimen, deducidas las
cargas con que estuvieren gravadas (art. 1792-7 inc. 2°).
c) También se agregan a este patrimonio originario las
adquisiciones a título oneroso hechas durante la vigencia del
régimen, si la causa o título de la adquisición es anterior al inicio del
régimen.
Patrimonio final
Según el art. 1792-6, inc. 2º, se entiende por patrimonio final “el que
exista al término de dicho régimen”. Para calcularlo se deben
practicar las
siguientes operaciones:
Forma de calcularlo
1. Deducir del valor total de los bienes de que el cónyuge sea dueño
al momento de terminar el régimen, el valor total de las obligaciones
que tenga en esa misma fecha (art. 1792-14);
2. En conformidad al artículo 1792-15, se deben agregar
“imaginariamente los montos de las disminuciones de su activo, que
sean consecuencia de los siguientes actos, ejecutados durante la
vigencia del régimen de participación en los gananciales:
- Donaciones irrevocables que no correspondan al cumplimiento
proporcionado de deberes morales o de usos sociales, en
consideración a la persona del donatario;
- Cualquier especie de actos fraudulentos o dilapidación en perjuicio
del otro cónyuge;
- Pago de precios de rentas vitalicias u otros gastos que persigan
asegurar una renta futura al cónyuge que haya incurrido en ellos.
Situaciones que se siguen al existir diferencias entre el
patrimonio originario y el patrimonio final
Para la determinación de los gananciales se debe comparar el
patrimonio originario con el patrimonio final. De este cotejo pueden
resultar distintas situaciones:
a) Que el patrimonio final de un cónyuge fuere inferior al originario.
En este caso, dice el artículo 1792-19, “sólo él soportará la pérdida”
(inciso 1°). La regla es justa, pues debe soportar las consecuencias
de su mala administración. En caso que ambos cónyuges presenten
pérdidas, éstas no se comparten;
b) Que sólo uno de los cónyuges haya obtenido gananciales. En
este caso,
el otro participará de la mitad de su valor (art. 1792-19, inc. 2°);
c) Que ambos hayan logrado gananciales. En este supuesto, estos
gananciales “se compensarán hasta concurrencia de los de menor
valor y aquel
que hubiere obtenido menores gananciales tendrá derecho a que el
otro le
pague, a título de participación, la mitad del excedente”