Taller de Oratoria
APRENDE LAS MEJORES
TECNICAS
Todos los miembros de nuestra
Iglesia deberían aprender a dar
discursos
“…porque cuando un
hombre habla por el poder
del Santo Espíritu, el poder
del Espíritu Santo lo lleva al
corazón de los hijos de los
hombres”
(2 Nefi 33:1)
1
Desde el Sábado 2 de
febrero a las 17.00 Hrs.
Capilla: Gaucho Rivero
Colon Y Solís
“Son capaces porque creen que son
capaces.”
VIRGILIO
Cualquiera puede hablar bien en público. Es algo de lo que
tenemos que estar convencidos antes de empezar este Taller.
Te quiero contar, estimado aprendiz de orador, un secreto: el
buen orador no nace: se hace.
Los grandes actores, oradores o atletas empezaron como
aprendices. La práctica hace al maestro.
Mi padre solía decirme dos cosas:
“Nadie es superior, ni tampoco inferior a nadie.”
“Todo aquello que está sujeto a unas reglas es
susceptible de ser aprendido.”
Quisiera relacionar estas dos afirmaciones con dos hechos:
2
1. El arte de comunicar -conjunto de técnicas susceptibles de
ser practicadas hasta conseguir su dominio-, es una habilidad
que se adquiere.
2. Si aprendemos a potenciar lo que se nos da bien y somos
conscientes de nuestros puntos fuertes y débiles, podremos
mejorar.
Tengo la certeza de que habrá un antes y un después a este
Taller.
Disfrutaremos de la aventura de reinventarnos juntos, de la
montaña rusa del descubrimiento de las habilidades que
yacen en tu interior, de las que surgirá el excepcional orador
que ya vive en ti.
Una versión mejorada de ti mismo aflorará, no como un
barniz de honestidad sino desde lo más profundo de tu ser, a
través del uso del espacio, de la gestión del contacto visual,
de la modulación de tu voz o de tus gestos, dotando de alma
a cada palabra que pronuncies.
Canalizaremos la energía de tu comunicación no verbal para
que puedas reforzar aquello que afirmes, con honestidad,
aumentando así tu credibilidad.
Al final, será evidente:
1. El profesor se ha convertido en el aprendiz que ayuda a los
demás a redescubrirse.
2. ¡Qué razón tenía mi padre!
3
Doctrina y Convenios 38:30
“Os digo estas cosas a causa de vuestras
oraciones; por lo tanto, atesorad sabiduría en
vuestro seno, ... más si estáis preparados,
no temeréis.”
Cómo dar un discurso eficaz
Por Marcus Sheridan
Ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
significa algo más que sentarse en la capilla a escuchar lo que digan los
demás. El Salvador ha organizado Su Iglesia de manera que nos ofrezca a
todos oportunidades de crecer espiritualmente. Una de esas
oportunidades es la de tomar la palabra en la Iglesia, que puede ser una
experiencia emocionante y espiritualmente satisfactoria.
Para lograr que sus discursos sean fructíferos, los buenos oradores
muestran entusiasmo, comparten relatos y experiencias personales,
utilizan citas y pasajes de las Escrituras y hablan por el poder del Espíritu
Santo.
Muestre entusiasmo
Cuanto más entusiasmo tengamos respecto al Evangelio, los demás
percibirán más nuestra vehemencia y desearán experimentar los mismos
sentimientos. Por otro lado, si nuestros discursos, especialmente al
principio, están llenos de disculpas o de afirmaciones negativas, podemos
perder credibilidad, diluir nuestro mensaje y ofender al Espíritu. Los
buenos oradores están entusiasmados y ansiosos por compartir su
mensaje, es decir, el mensaje del Señor, y de esa manera bendicen a los
demás.
Comparta historias y experiencias personales
Cuando compartimos una historia o experiencia personal poderosa,
nuestro mensaje puede ejercer una influencia duradera en las personas
que nos escuchan. A todos nos encanta escuchar relatos, por eso
levantamos la cabeza y prestamos más atención cuando alguien los
comparte.
Todos hemos vivido acontecimientos memorables. Sólo hace falta cierta
creatividad y energía para que nuestra experiencia les resulte interesante
a los demás. Si no se nos ocurre una experiencia personal apropiada,
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siempre podemos compartir alguna que aparezca en las revistas de la
Iglesia.
Al compartir experiencias personales, los buenos oradores:
Ensayan de antemano la manera en que las contarán, para evitar tener
que leerlas y para poder mantener contacto visual con la congregación.
Las relatan de manera breve e interesante.
Varían su tono de voz y transmiten sus sentimientos.
Aportan detalles descriptivos cuando sea adecuado hacerlo.
En ocasiones muestran sentido del humor, pero comprenden que no es
necesario incluir un chiste en todos los discursos.
Al terminar cada experiencia, explican el principio que ésta ilustra.
Utilice citas y pasajes de las Escrituras
Las palabras del Señor y de Sus siervos enseñan, inspiran, guían y motivan.
Si somos capaces de dar vida a sus palabras en nuestros discursos,
podemos influir en los demás de manera positiva y profunda.
Al utilizar pasajes de las Escrituras y citas, los buenos oradores:
Explican el trasfondo y la historia de los pasajes y citas para que los
oyentes comprendan su trascendencia.
Se centran solamente en unos pocos pasajes y citas.
Recalcan las partes importantes.
Hable por medio del poder del Santo Espíritu
Hablar por el poder del Espíritu Santo es la vía de comunicación más
importante, como observó Nefi: “Cuando un hombre habla por el poder
del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo lo lleva al corazón de los
hijos de los hombres” (2 Ne_ 33:1).
Podemos hacernos merecedores de esa influencia al ayunar, orar y
prepararnos diligentemente para nuestros discursos. Si estamos
preparados adecuadamente, no tenemos por qué temer (véase D. y C.
38:30).
Al disfrutar de la compañía del Espíritu Santo y mostrar entusiasmo,
compartir experiencias, pasajes de las Escrituras y citas, así como agregar
nuestro testimonio de las verdades que compartimos, elevaremos e
inspiraremos a los demás.
Para mejorar la presentación de su discurso, muestre entusiasmo,
mantenga contacto visual y sonría.
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¿Vas a discursar en la reunión
sacramental? JOHN HILTON III Y MINDY RAYE FRIEDMAN
Cómo puedes escribir un buen discurso Aquí hay algunos
consejos e ideas que puedes considerar al preparar, organizar y
ofrecer tu discurso.
Se te ha pedido que ofrezcas un discurso en la reunión sacramental. ¿Qué haces a
continuación? Antes que nada, debes tranquilizarte. No olvides que la congregación te
comprende; todos quieren que tú ofrezcas un discurso fabuloso.
Uno de los propósitos de la reunión sacramental es “proporcionar instrucción del
Evangelio” y “fortalecer la fe y el testimonio” (Administración de la Iglesia, 2010, pág.
151). Como miembro, el Señor y los líderes de tu barrio han confiado en ti y te han dado
parte de esa responsabilidad. Tienes la oportunidad de enseñar e inspirar a los
miembros de tu barrio o rama. Pues bien, ¿cómo puedes preparar un buen discurso?
Aquí hay algunos consejos e ideas que puedes considerar al preparar, organizar y
ofrecer tu discurso.
1. Prepárate y enseña por el Espíritu
Doctrina y Convenios 42:14 nos dice cómo obtener la influencia del Espíritu en nuestra
enseñanza: “Y se os dará el Espíritu por la oración de fe”. Comienza la preparación de
tu discurso con una oración sincera. El Espíritu Santo puede “mostrar[te] todas las
cosas que deb[e]s hacer” al preparar y ofrecer tu discurso (2 Nefi 32:5). Pídele a Dios
que ilumine tu mente para que puedas entender lo que vas a decir y la mejor manera de
presentar la información.
Una parte importante de esta preparación es comenzar a escribir tu discurso tan pronto
recibas la asignación. El élder J effrey R. Holland dijo: “Quisiera exhortarlos a empezar
a planear y a pensar con anticipación en [el discurso] que tengan que dar” (“La
enseñanza y el aprendizaje en la Iglesia” [Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 10
febrero de 2007], Liahona, junio de 2007, pág. 58). Prepararte tan pronto recibas la
asignación te dará más tiempo para recibir ideas e inspiración.
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2. Organízate
A medida que reflexionas en oración en cuanto a lo que dirás en tu discurso, considera
estos cuatro elementos principales, que se pueden organizar en cualquier orden:
1. Comparte una doctrina o un principio relacionado con tu tema.
2. Usa las Escrituras para enseñar en cuanto a la doctrina (véase D. y C.
42:12; 52:9), y explica a la congregación por qué son importantes.
3. Comparte experiencias que promuevan la fe, especialmente las de tu vida.
4. Comparte tu testimonio en cuanto al tema y en cuanto a cualquier otra
cosa de la que sientas que debes testificar.
3. Habla con el corazón
A menudo, es mejor preparar un pequeño bosquejo de lo que vas a hablar, en lugar de
escribir un discurso palabra por palabra y leerlo. Leer tu discurso puede limitarte a que
digas exactamente lo que está escrito, en vez de poder adaptarte al Espíritu Santo,
quien te dará “en el momento preciso, lo que [has] de decir” (D. y C. 100:6).
El presidente Gordon B. Hinckley (1910– 2008) enseñó: “Debemos… habl[ar] con el
corazón [y no] de [nuestros] libros” (Liahona, noviembre de 2007, pág. 95). Al hacer
que tus experiencias y testimonio sean una parte vital de tu discurso, habrá más
probabilidades de que hables con el corazón y de que tengas un efecto en aquellos que
escuchen tu discurso.
Recuerda que los líderes del barrio te pidieron a ti que hablaras en cuanto al tema, de
modo que no te apoyes en las ideas y los relatos de otras personas. En la medida en que
sigas los susurros del Espíritu mientras preparas y das el discurso, el Señor te ayudará a
saber qué decir a los miembros de tu barrio o rama.
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Consejos para la preparación
Comienza a pensar en cuanto al tema tan pronto como se te asigne el tema.
Ora para que el Espíritu te guíe al determinar qué decir.
Piensa en tus experiencias relacionadas con ese tema y en cómo podrías
compartirlas.
Lee acerca de ese tema en las Escrituras. Apunta o escribe las cosas que te
sientas inspirado a usar.
Consejos para ofrecerlo
Practica el discurso delante de un espejo o de un miembro de la familia con
anticipación.
No comiences diciendo a todos lo incapaz que te sientes, o que tú no querías
discursar.
Asegúrate de hablar lento, claro y lo suficientemente alto para que todo el
mundo pueda oírte.
Ponte erguido mientras hablas.
Trata de no mover demasiado las manos. Para las jovencitas: si acostumbras
jugar con tu cabello o tus accesorios, contempla recogerte el pelo hacia atrás
y dejar los accesorios en casa el día que tengas que ofrecer tu discurso.
No leas tu discurso con la cabeza hacia abajo. Alza la vista lo más que puedas
y trata de establecer contacto visual con las personas de la congregación.
Si te pones nervioso, simplemente para y respira profundo. Después,
continúa con el discurso.
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Recursos útiles
Al preparar tu discurso, recuerda los relatos que has estudiado de las Escrituras, y
también considera estudiar el tema en las siguientes referencias del Evangelio:
La Guía para el Estudio de las Escrituras y el Apéndice: Se encuentra al final
de la combinación triple del Libro de Mormón y en línea, encontrarás
definiciones y pasajes de las Escrituras sobre tu tema.
Guía para el Estudio de las Escrituras: La encontrarás al final de la
combinación triple del Libro de Mormón y en línea, esta Guía te ayudará a
buscar las Escrituras para un tema específico.
Conferencia General : Los discursos de los líderes de la Iglesia en la
conferencia general son de gran ayuda para estudiar tu tema. Puedes
conseguir las transcripciones de las conferencias en los ejemplares de mayo y
noviembre de la revista Liahona, y en línea en [Link]. También
puedes conseguir resúmenes de las conferencias con buenas citas para los
jóvenes en los ejemplares de mayo y noviembre de la revista New Era (sólo
en inglés).
Leales a la Fe: Una referencia del Evangelio: Este librito proporciona
definiciones e información adicional sobre muchos temas del Evangelio.
Para la Fortaleza de la J uventud: En este folleto puedes encontrar muchos de
los temas que te pueden asignar para discursar.
[Link]: En el sitio web oficial de la Iglesia, [Link], puedes buscar artículos,
discursos y otros materiales para tu tema. Tan sólo escribe el tema en el
campo de búsqueda ubicado en la esquina superior derecha.
[Link]: En [Link], diseñado especialmente para los jóvenes,
puedes investigar más acerca de las normas de Para la Fortaleza de la
J uventud, hallar citas y discursos de los líderes de la Iglesia y buscar artículos
sobre tu tema.
Sitio web oficial de La Iglesia de J esucristo de los Santos de los Últimos Días
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EL OBJETIVO DEL DISCURSO
Al aprestarse a preparar un discurso, es importante tener
presente un objetivo. Es bueno preguntarse, ¿qué quiero que
saquen en limpio los que me escuchan? Si se sabe quiénes
estarán presentes, la clase de reunión que es, por qué se lleva
a cabo, la fecha y el lugar, se puede determinar el propósito
del discurso.
A continuación, se mencionan cuatro de los objetivos
principales que se pueden escoger:
Persuadir: convencer y motivar a la acción.
Informar: relatar, explicar, describir, definir, enseñar.
Causar impacto: testificar, rendir honores, animar,
elogiar.
Entretener: agradar.
Por lo tanto, para decidir cuál va a ser el objetivo del discurso,
se debe saber:
1. Quiénes compondrán la congregación.
2. Qué clase de reunión es.
3. Qué motivo tiene.
4. La fecha y el lugar.
Un buen discurso generalmente está dividido en
cuatro partes.
1. La introducción. El propósito de la introducción es captar la
atención de los que escuchan, y ponerlos en un mismo plano
que el discursante. La introducción debe ser corta y puede
tomar las siguientes formas:
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Una frase inicial que cause impacto.
Una cita corta de las Escrituras.
Un comentario sobre los acontecimientos actuales.
Una exhortación razonable.
Un comentario sobre circunstancias que conciernan
a todos.
Una pregunta impactante.
2. Una explicación. Declaración corta, directa y clara de lo que
se piensa decir.
3. El cuerpo del discurso. Esto consiste en el desarrollo del
tema por medio de datos, opiniones, ejemplos e
ilustraciones. En esta parte conviene utilizar algunos apuntes.
Convendrá decir lo que se ha preparado de una manera
sencilla como si se estuviera conversando, y con sinceridad,
convicción y entusiasmo.
4. La conclusión. Es por lo general un resumen y las
conclusiones que se extraen de lo dicho. El final puede
exhortar a los que escuchan, dejarles un recargo emocional o
darles entusiasmo o incentivo.
Siempre se los debe dejar con un sentimiento
positivo. Es necesario que él resume sea realmente la
conclusión del discurso y que todavía sobren unos minutos
del tiempo asignado para hablar. Es descortés y
desconsiderado hablar más de la cuenta.
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COMO ORGANIZAR UN DISCURSO
Aunque a uno se le den sólo unos minutos para prepararse
para hablar, se debe empezar inmediatamente a organizar
ideas. Lo importante es no paralizarse de miedo. Así se tengan
cinco minutos para preparar un discurso o cinco semanas, lo
primero que se hace es decidir sobre qué se va a hablar, cuál
será el objetivo, cuál será la introducción, el cuerpo y la
conclusión. Muchas veces se le asigna a uno un tema
específico, pero otras se le deja en libertad para escoger. En
cualquiera de los dos casos, se deben seguir los pasos
siguientes:
1. Escribir el objetivo del discurso.
2. Si es posible, elegir un tema que sea familiar.
3. Asegurarse de que el tema sea apropiado para la ocasión y
de interés para los que escuchan.
4. Escribir la mayor cantidad posible de ideas relacionadas
con el tema. Esto se puede hacer por espacio de varios días.
5. Si fuera posible y necesario, estudiar todas las fuentes
disponibles en libros, periódicos, recortes propios o de las
bibliotecas escolares o públicas.
6. Hacer un esquema limitándose a dos o tres conceptos
principales apoyados con ideas breves pero pertinentes.
7. Uno o dos días más tarde, releerlo y mejorarlo basándose
en una secuencia lógica de las ideas.
8. Continuar buscando información y mantenerse alerta a
relatos, comparaciones, ilustraciones, aplicaciones, datos,
etc., los que darán vida al discurso.
9. Asegurarse de que se cuenta con una buena introducción,
un buen cuerpo y una buena conclusión.
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10. Tener en cuenta que debe ser más corto que el tiempo
asignado para participar.
11. Hacer que la introducción acapare la atención y que la
conclusión esté bien determinada desde el principio. Un buen
comienzo y una mejor conclusión garantizan un discurso
sobresaliente.
Cuando uno se pone de pie para hablar, el público
inmediatamente se hace cuatro preguntas básicas, y el
discursante debe tenerlas presentes:
1. ¿Por qué va a hablar de este tema?
2. ¿Por qué nos va a hablar a nosotros de este tema?
3. ¿Por qué nos va a hablar de este tema en este momento?
4. ¿Por qué nos va a hablar de este tema en este momento
este discursante?
COMO HACER UN ESQUEMA
Cada cual tendrá su propia manera de hacer el esquema
de un discurso, pero a continuación sugerimos
un método rápido de hacerlo.
Consiga unas cuantas hojitas de papel de más o menos el
mismo tamaño. Escriba en cada una de ellas una palabra, una
frase corta o una larga que contenga un dato importante, una
comparación, una estadística, un ejemplo, una conclusión, el
nombre de un cuento, etc. sobre el tema que ha escogido y
estudiado. Continúe hasta que no le quede por escribir
ninguna palabra o frase clave acerca de lo que haya
encontrado. Coloque todos los papeles sobre una mesa y
léalos.
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Empiece que recogerlos por orden:
Primero, el que le sirva de introducción, luego la explicación
de lo que va a decir. Después recoja el tema principal y los
ejemplos, las ilustraciones, los relatos, las estadísticas, etc.
que lo ayuden a desarrollarlo. Si escogió un tema secundario,
haga lo mismo que con el principal.
Ahora puede escribir en tarjetas todo lo que dicen los papeles
en el orden deseado, o puede hacer un esquema basándose
en ellos.
El ejemplo A sugiere otra forma de preparar un
discurso.
LA MEJOR MANERA DE DAR EL DISCURSO
Para dar un buen discurso, no hay nada mejor que valerse de
las fuentes naturales de la propia personalidad.
Hay que actuar con naturalidad y prepararse para:
1. Hablar como si fuera una conversación que se tiene con
otra persona. Proyectar la voz para que todos la oigan,
aunque evitando gritar.
2. Poner de manifiesto una calidez personal que se gane al
auditorio.
3. Hablar a la gente directamente, con palabras, frases y
comparaciones que capten fácilmente.
4. Felicitar y elogiar a los que escuchan.
5. Hablar a favor de algo y no en contra.
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6. Hablar de lo que interese a la gente porque ésta reacciona
con más facilidad cuando se llega a sus emociones que
cuando se apela a la razón.
7. Personificar el discurso poniendo nombre a los personajes,
utilizando diálogos, etc., que se apliquen a la gente.
8. Mantener la vista en los concurrentes. Preparar muy bien
el discurso para no* tener necesidad de
consultar los apuntes. Elegir a una persona o a un grupo y
hablarles directamente por un momento y después cambiar.
9. A todos les encanta que les ilustren los puntos de una
lección o de un discurso por medio de ejemplos o de ayudas
visuales, por lo tanto, debe hacerse con frecuencia.
a. Los acontecimientos históricos, las comparaciones
interesantes, la vida de personas famosas y otros relatos; las
estadísticas, las parábolas y otras citas, aclaran el punto o la
idea que se quiere transmitir.
b. Otra forma de ilustrar un punto es valerse de recursos
visuales como láminas, gráficas, objetos representativos, etc.
( No esta permitido en la reunión sacramental)
Es necesario tener presente las diferencias de edad, de
destreza, de ambiente y de experiencia que puedan existir
entre los que escuchan. No hay que preocuparse demasiado
por hacerlo en forma perfecta; todos tenemos
imperfecciones.
Los que escuchan se ponen en el lugar del que habla y
comprenden. Sólo por el hecho de que se es diferente a otras
personas lo que uno pueda decir es interesante.
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No tiene importancia si uno se olvida de un punto, de un
buen ejemplo o de una ilustración. Esto puede sucederles
incluso a los mejores discursantes. Hay que recordar que
nadie se dará cuenta si uno no lo dice.
Es mejor olvidarse de un punto en un discurso que uno
mismo ha preparado que de uno o dos párrafos en un texto
memorizado tomado de una publicación.
Se requiere mucha experiencia para poder dar un discurso
memorizado que resulte interesante. Rara vez alcanza la
eficacia y el impacto de un discurso dado con sencillez
basándose en algunas anotaciones claves.
No se debe temer no contar con un vocabulario muy extenso.
El vocabulario de cualquiera es mucho menos limitado de lo
que la persona cree, y cuantas más oportunidades aprovecha
para hablar en público mayor será su habilidad de expresarse
con fluidez.
No es justificado ponerse nervioso cuando se hace una
pausa; un nuevo pensamiento pronto la llenará.
Está bien repetir una misma frase o volverla a empezar.
Les sucede a todos los oradores.
Lo más importante es no disculparse diciendo: "Me olvidé
de lo que iba a decir", "No me sale la palabra" o "Tenía
mucho más preparado, pero se me acabó el tiempo".
Es importante recordar que la congregación no tiene cómo
darse cuenta de que uno se olvidó de algo, de que no le
alcanzó el tiempo para decir todo lo que tenía preparado o de
que está temblando de miedo. Ellos piensan que uno es un
buen discursante; no hay necesidad de desilusionarlos.
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EL CONTROL DEL NERVIOSISMO
Una de las mejores maneras de reducir o eliminar el
nerviosismo es prepararse muy bien.
Antes de empezar a hablar es aconsejable respirar hondo y
recorrer la congregación con los ojos.
Hay que generar tanto entusiasmo en lo que se diga que uno
se olvide de tener miedo.
Aunque no se memorice nada más, es conveniente aprender
de memoria la introducción y la conclusión.
Es fácil tener las ideas presentes valiéndose de palabras
claves escritas en una tarjeta.
Para poder hablar con claridad es necesario controlar la
respiración. Es bueno tomar aire antes de decir cada serie de
frases.
La variedad en la inflexión de la voz ocurre con naturalidad
cuando uno piensa y siente lo que está diciendo, pero de
todos modos conviene recordar que se debe poner énfasis en
las palabras más importantes de las frases como los verbos y
los sustantivos.
LO QUE SE DEBE RECORDAR
Es importante pedir inspiración a nuestro Padre Celestial
durante la preparación del discurso. "Pedid y recibiréis;
llamad, y se os abrirá" (D. y C. 4:7).
Uno se siente más seguro de sí mismo cuandono deja para
último momento la preparación del discurso.
Hay que hacer cosas todos los días que nos expongan a
nuevas ideas o a comprender mejor lo que ya conocíamos. Es
bueno juntar información sobre muchos temas con
regularidad y archivarla para tenerla al alcance cuando se
necesite.
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Uno debe estar convencido de lo que dice; debe creer y sentir
algo antes de poder transmitirlo con palabras. Hay que hablar
directamente y con franqueza, y animar lo que se dice con
ejemplos, ilustraciones, relatos, etc.
Cuando se cita lo que dijo otra persona se debe mencionar su
nombre
LO QUE SE DEBE EVITAR
1. Decir "disculpen que me refiera a algo que me sucedió a
mí".
2. Contar chistes o cuentos que no vengan al caso.
3. Usar frases "trilladas" o palabras huecas o falsas.
NO DESPERDICIE LA OPORTUNIDAD
No conviene desperdiciar la oportunidad de aprender por
medio de la práctica permitiendo que alguien le prepare a
uno el discurso o leyendo lo que escribió otra persona.
No se debe leer un relato entero de un libro o todo un
artículo de una revista o algo por el estilo y llamarlo
un discurso. Está bien leer una cita breve como parte de la
presentación, pero el discurso debe ser una creación de la
persona que lo da.
El padre de Marvin J. Ashton, que hace muchos años fue
miembro del Obispado Presidente, dijo lo siguiente:
"Prefiero que mi hijo vacile y tartamudee tratando de
encontrar las palabras adecuadas para expresar sus propias
ideas a que repita las palabras de otro como un loro. Al
principio le será muy difícil dar su propio discurso, pero le
ayudará a tener fuerza de voluntad, habilidad para
expresarse y, con el tiempo, autosuficiencia. Si se hiciera lo
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contrario, si la primera vez se le permitiera apoyarse en las
ideas de otra persona, lo seguiría haciendo una y otra vez.
Una de las características más sagradas que tenemos todos es
nuestra capacidad de razonar y de depender de nosotros
mismos.
. . No criemos papagayos; con la inspiración de nuestro Padre
Celestial criemos pensadores devotos."
("Poli Parrots or Thinkers?", Improvement 'Era, enero
de 1946, págs. 16, 59.)
¿Con qué fin les dan los líderes de la Iglesia oportunidades
a los jóvenes de que den discursos? Con el propósito de que
los jóvenes adquieran toda la experiencia posible en dar
discursos preparados por ellos mismos y con sus propias
palabras para que se preparen para servir en la Iglesia. La
habilidad de hablar bien en público es muy importante en la
obra misional y en casi todos los cargos de la Iglesia. En la
Iglesia se forman buenos oradores por medio de muchas
experiencias de hablar en las clases o a la congregación.
EL USO DEL MICRÓFONO
El discursante debe saber lo siguiente acerca del micrófono:
1. El micrófono es un aparato delicado que no debe tocarse
mientras se habla.
2. Para probarlo, lo mejor es castañetear (hacer chasquear)
los dedos frente a él o hablar acercándose.
3. Ajustarlo con facilidad.
4. Cuando se habla con micrófono se debe cuidar que no
quede enfrente de la cara. Es mejor ponerlo a la altura de la
barbilla (el mentón) o el pecho.
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5. Mantenerse a una distancia determinada del micrófono
para evitar que la voz se oiga muy fuerte o que se pierda.
6. Se debe hablar por el micrófono como se habla por
teléfono, teniendo presente que no se habla a este
aparato sino al público que escucha. El micrófono es el medio
que transmite la voz a la congregación.
7. Por el micrófono se filtran muchos ruidos los cuales se
amplifican, por lo tanto, hay que evitar mover papeles que se
tengan enfrente. Se debe hablar con una voz normal,
procurando que se proyecte con claridad y expresión, pero
tratando de no gritar.
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Discursar como un Apóstol
La Primera Presidencia, el Quórum de los Doce Apóstoles, y
otros líderes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días tienen una larga lista de responsabilidades.
Entre las más importantes está el deber de testificar de
Jesucristo como el Redentor del mundo.
Esto implica una gran cantidad de ocasiones para hablar en
público, y con tantos discursos realizados en sus
llamamientos, los líderes de la Iglesia han aprendido cómo
dar sinceros, agradables, y memorables discursos. Aquí hay
algunos puntos que podemos aprender de los líderes de la
Iglesia sobre la manera de dar un excelente discurso sobre un
tema del Evangelio.
1. Llegar a las cosas buenas rápidamente
Hablar en público puede ser difícil, y muchas personas no
saben cómo empezar. Una breve revisión de los discursos de
las conferencias generales revela que, en general, la mejor
política es llegar directamente al grano.
Los discursantes rara vez se presentan, cuentan la historia de
la forma en que fueron asignados a hablar, o hacen chistes
sobre lo mucho que no les gusta hablar. En abril de 2007, el
élder Dallin H. Oaks, comenzó su charla diciendo
simplemente: “Recibí la impresión de hablar sobre el
divorcio”.
21
En algunas instancias, los oradores en la conferencia general
salen de su transcripción para comentar sobre algo que haya
sucedido previamente, pero esos comentarios son siempre
breves, seguido de una apertura fuerte. (Escuche, por
ejemplo, al Elder Jeffrey R. Holland, “Merced, Justicia y
Amor“).
2. Enseñe a través de historias
El Salvador enseñó a menudo en parábolas, las cuales son
historias con un significado simbólico que enseñan ciertos
principios. Los líderes de la Iglesia a menudo hacen lo mismo.
Por ejemplo, el Elder Dieter F. Uchtdorf usó la historia del
pueblo Potemkin en su discurso de 2015 “El ser genuino”
para enseñar la importancia de ser auténtico. Élder D. Todd
Christofferson compartió una historia acerca de un pastor
luterano alemán que también enseñó la doctrina de la familia
en su discurso “El por qué del matrimonio, el por qué de la
familia.” Estas historias no necesitan ser personales, sino que
debe ser memorables y ricas en significados.
3. Compartir historias personales
El presidente Thomas S. Monson es bien conocido por el uso
de historias personales en sus discursos, pero estas historias
siempre sirven para enseñar un principio. Los ejemplos
personales son herramientas poderosas, ya que le permiten
al orador dar testimonio personal acerca de las cosas que él o
ella ha visto y oído.
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La enseñanza de Elder Russell M. Nelson sobre el día de
reposo se hizo más potente cuando dijo:
“Descubrí la delicia del día de reposo por primera vez hace
muchos años cuando, al ser un cirujano muy ocupado, sabía
que el día de reposo era un día de sanación personal. Al final
de cada semana tenía las manos irritadas de tanto
restregarlas con jabón, agua y un cepillo de cerdas duras; y
también necesitaba tomarme un descanso de la presión de
una profesión tan exigente. El domingo me brindaba ese
alivio tan necesario.”
El discurso del Elder H. Brent Nielson “A la espera del (hijo)
pródigo”, es otro poderoso ejemplo de la experiencia
personal. Una historia sobre Elder Nielson y su familia
impulsa la narrativa del discurso mientras enseña sobre el
apoyo a los miembros de su familia que estén menos activos.
4. Ayude a sus oyentes a interiorizar la verdad
Según sea apropiado, hablar directamente a sus oyentes e
invitarles a participar en lo que está diciendo puede ser una
poderosa herramienta de enseñanza y testimonio. Elder M.
Russell Ballard invitó a los jóvenes adultos a poner especial
atención cuando habló en la sesión del sacerdocio de la
conferencia general de abril de 2015. En “La generación más
grandiosa de jóvenes adultos“, dijo: “…quisiera que aquellos
que se estén preparando para servir en una misión, los que ya
hayan regresado y todos los jóvenes adultos pasen unos
minutos conmigo como si estuviéramos teniendo una video
charla personal en este momento. Mírenme durante unos
minutos como si ustedes y yo fuéramos los únicos en la sala o
el cuarto donde se hallan esta noche.”
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La hermana Romero Wixom también invitó a la participación
del público cuando les pidió a todas las mujeres presentes a
cantar “Hazme andar en la luz” juntas durante su discurso de
“El guardar convenios nos protege, nos prepara y nos inviste
con poder.” Invitar a su audiencia a participar en su discurso,
literalmente o mentalmente, les ayudará a recordar lo que
han aprendido.
5. Testifiquen de Cristo
No importa cuál sea el tema asignado, todo en la Iglesia debe
llevar al Evangelio de Jesucristo. Testificar de Cristo como el
Salvador del mundo y de la realidad de su expiación. También
puede vincular adecuadamente el tema asignado a la misión
de Jesucristo en este testimonio.
Por ejemplo, en su discurso de la superación de miedo, el
Elder David A. Bednar dijo, “Amo y venero al Señor. Su poder
y paz son reales. Él es nuestro Redentor y testifico que Él vive;
y gracias a Él, nuestro corazón ya no tiene por qué turbarse ni
tener miedo (véase Juan 14:27), y seremos bendecidos para
calmar nuestros temores. De ello doy testimonio, en el
sagrado y santo nombre del Señor Jesucristo”. Elder Robert D.
Hales del mismo modo testificó de la relación de Cristo con la
libertad religiosa. Él dijo: ” Dejo mi testimonio especial, en
este especial día de Pascua, que Jesucristo utilizó Su albedrío
para hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial. De nuestro
Salvador, cantamos: “Su vida libremente dio; bSu sangre
derramó”. Y porque Él lo hizo, tenemos la inestimable
oportunidad de “escoger la libertad y la vida eterna”
mediante el poder y las bendiciones de Su Expiación”.
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7 consejos para ofrecer un
discurso
Por Sarah Hanson
La autora vive en Utah, EE. UU.
¿Tendrán que discursar en la reunión
sacramental dentro de poco? Entonces
apliquen estos consejos.
No sé ustedes, pero cuando a mí se me pide que
pronuncie un discurso en la reunión sacramental, me
pongo muy nerviosa; no en lo referente a escribir el
discurso en sí, sino en cuanto a presentar el mensaje.
Siempre surgen preocupaciones como: “¿Y si soy
demasiado aburrida? ¿Y si olvido decir algo? ¿Y si digo
alguna palabra incorrectamente?”.
¿Se han sentido de la misma manera? (Espero no ser la
única). Si es así, no es el fin del mundo.
Lean estos siete consejos para mejorar su capacidad
como oradores y ofrecer un discurso interesante.
Cómo preparar el discurso
Utilicen las Escrituras y las enseñanzas
de los profetas modernos
Esa es la base del mensaje. Después de
todo, aquello es una de las principales
razones por las que estamos en la Iglesia;
para enseñar y aprender el evangelio de
Jesucristo. Pueden estudiar el tema con
ayuda de la Guía para el Estudio de las
Escrituras (que está en [Link]),
así como de mensajes de las conferencias
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generales (pueden efectuar búsquedas por
tema en el sitio [Link]). Asegúrense de
comprender los pasajes de las Escrituras y
las citas que piensen emplear en el discurso.
Si necesitan ayuda, pídanla a sus padres o a
los líderes de la Iglesia.
Inviten al Espíritu. Siempre es una buena
idea orar y prepararse con anticipación para
tener la compañía del Espíritu al hablar. El
Espíritu no solo brinda calma si están
nerviosos, sino que también testifica de la
verdad (véase D. y C. 42:14). Inviten al
Espíritu a la reunión sacramental al dar
testimonio de lo que saben que es verdad.
Traten de recordar alguna experiencia
personal. Una de las mejores maneras de
lograr afinidad con los demás es por medio
de las anécdotas. A todos nos agrada oír las
experiencias de otras personas y cómo es su
vida. Así que traten de recordar alguna
experiencia entretenida, singular o difícil
que hayan vivido y que se relacione con el
principio del Evangelio sobre el que se les ha
asignado hablar. ¿Qué han aprendido de esa
experiencia? ¿De qué manera los ha
ayudado? Se trata de una excelente forma
de comenzar el discurso, en caso de que no
se les ocurriera cómo comenzar.
Practiquen, practiquen y PRACTIQUEN.
Después de haber escrito el discurso, tal vez
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deseen practicarlo en voz alta y a solas, y
luego frente a su familia o amigos. De ese
modo, notarán si se ajusta al límite de
tiempo concedido y si hay partes que deban
aclarar. Si el obispo está de acuerdo, incluso
pueden ir al centro de reuniones de
antemano para practicar el discurso desde
el púlpito.
Cómo presentar el mensaje
Eviten comenzar diciendo: “Aunque no me gusta
discursar…”. Esa introducción puede variar mucho,
pero la mayor parte de la audiencia la reconoce de
inmediato. Por lo general, se trata de algo como lo
siguiente: “Cuando el obispo me llamó para pedirme que
ofreciera un discurso, traté de inventar alguna excusa
para librarme de esto”. Aunque la mayoría de los
miembros de la Iglesia quizás se identifique con lo
incómodo que puede ser ofrecer un discurso, al decir
(palabras más, palabras menos): “Aunque no me gusta
discursar…”, las personas pueden interpretarlo como si
ustedes dijeran: “No me presten atención”. Lo mejor es
evitar cualquier introducción de esa índole.
¡Muestren entusiasmo por el tema asignado!
Hablen con claridad. No es raro que las personas
hablen muy rápidamente o en voz muy baja debido a los
nervios. ¡Yo lo entiendo plenamente! No obstante, es
importante hablar con claridad al ofrecer el mensaje a fin
de que la congregación pueda entender. Hagan un
esfuerzo consciente por aminorar el ritmo, pronunciar
claramente las palabras y hablar al volumen adecuado
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(incluso con micrófono es posible hablar en voz
demasiado baja). ¡La gente quiere escuchar su
mensaje!
Mantengan la vista en alto. Mirar a los ojos es una
parte muy importante de la buena comunicación;
demuestra que se está genuinamente concentrado e
interesado en la conversación. Ahora bien, aunque no
tienen que mirar a los ojos a cada uno de los de la
congregación mientras hablan, despertarán mucho más
interés como oradores si miran con frecuencia hacia las
filas del fondo o del frente del salón. Eviten mantener la
vista fija en las notas permanentemente. ¡La audiencia
quiere ver su sonrisa, no la coronilla de su cabeza!
Aun con estos siete consejos, es posible que
equivoquen alguna palabra o noten que alguien dormita
en la tercera fila de bancas, por así decirlo. Pero,
¿significa eso que ustedes son malos oradores? ¡Por
supuesto que no!
Cuando estamos en una situación un tanto incómoda,
es normal sentirnos nerviosos o cometer pequeños
errores. No obstante, en tanto hagan el esfuerzo
máximo e inviten al Espíritu, no importa si tartamudean
u olvidan decir algo. ¡Se hallan haciendo la obra de Dios
y ayudando a Sus hijos a aprender más sobre el
Evangelio!
Si enseñan y testifican sobre lo que creen, todo saldrá
de maravilla.
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