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Cuentos para aprender español A1

El documento 'Construyendo Nubes' es una serie de lecturas graduadas complementarias para el Curso de Español A1, que incluye cuentos entrelazados sobre la vida cotidiana de dos parejas y su hija, Susana. Cada capítulo introduce vocabulario y gramática de manera práctica y divertida, con cuestionarios al final para reforzar la comprensión. A través de estas historias, se busca construir tanto una narrativa como el aprendizaje del idioma español.

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Cuentos para aprender español A1

El documento 'Construyendo Nubes' es una serie de lecturas graduadas complementarias para el Curso de Español A1, que incluye cuentos entrelazados sobre la vida cotidiana de dos parejas y su hija, Susana. Cada capítulo introduce vocabulario y gramática de manera práctica y divertida, con cuestionarios al final para reforzar la comprensión. A través de estas historias, se busca construir tanto una narrativa como el aprendizaje del idioma español.

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CONSTRUYENDO

NUBES SERGIO IBARRA


ÍNDICE
INTRODUCCIÓN

01 ME GUSTA EL CAMPO

02 EL ÁRBOL GENEALÓGICO

03 CORRIDA DE TOROS

05 LA CASA

06 EL ESCAPARATE

07 NACIMIENTO

09 PAELLA

10 IR EN MOTO

11 MONASTERIO DE SAN MILLAN YUSO

13 TEMPESTAD

14 FIESTA DE CUMPLEAÑOS

15 ECO

17 EL SUEÑO

18 LA MUJER MISTERIOSA

19 PRIMAVERA, VERANO,OTOÑO E INVIERNO


Hay momentos en nuestra vida que no sabemos porque suceden y nos
preguntamos ¿por qué? ¿cuándo? ¿dónde? ¿qué?

Es así como empieza estas Lecturas Graduadas Complementarias al Curso de


español A1 de España Aquí donde pretendemos introducir el vocabulario y la
gramática que se vayan viendo en las clases con tu libro Curso de español A1 de
España aquí en la sección de ejercicios de una manera práctica y divertida. Habiendo
al final de cada cuento un pequeño cuestionario para ejercitar la comprensión de
lectura.

Es importante aclarar que no existen los capítulos 4, 8, 12 y 16 pues están


dedicados para un repaso de lo que se haya visto en las tres clases anteriores.

En estas lecturas graduadas hay una serie de quince cuentos que están
entrelazados entre ellos. En los primeros capítulos parece ser independientes pero
como vayas avanzando te darás cuenta que están conectados uno con el otro.
Narrando la vida cotidiana de dos parejas y las aventuras de la hija de uno de ellos,
Susana. El misterio envuelve en la construcción de nubes dónde Susana tendrá una
misión y sólo al final sabremos del porqué de esta saga.

Titulado esta serie de cuentos Construyendo nubes el objetivo es reafirmar los


conocimientos adquiridos en tu clase y así como el título, que va construyendo una
historia entrelazada por cada capítulo, construiremos a la vez el idioma español
mientras vayas avanzando en tu curso.

Construyendo nubes es a la vez construyendo el idioma español.

Espero que te guste y buena lectura.

Sergio Ibarra Ramírez


(Lectura graduada complementaria para el encuentro 1 – Curso de Español A1, Nivel Inicial.
La pizza)

Hay momentos en nuestra vida que no sabemos porque suceden y nos


preguntamos ¿por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Qué?

Esta es la historia de un campesino que exactamente se hizo estas mismas


preguntas. Él siempre sale de su casa a trabajar. Va al campo y trabaja y trabaja.
Termina de trabajar y va para su casa. Disfruta la compañía de sus hijos, de su esposa
y al día siguiente es lo mismo. Pero un día le sucede algo diferente. Va
caminando por el sendero y de repente escucha a alguien llorar. Él se acerca
despacio, muy despacio. Para saber quién es. Y se sorprende cuando ve a una niña
atrás de unos árboles de unos diez años y le dice:

- Buenos días. ¿Estás perdida?

- No. - Responde la niña. En su mano tiene una muñeca.

- ¿Cómo te llamas?

- Me llamo Susana y ella - enseñando a su muñeca-se llama Popis

- ¿Dónde vives?

- Vivo en la ciudad, pero me gusta mucho estar aquí.

- No entiendo. ¿Cómo qué vives en la ciudad? ¿Cómo es que estás aquí? En medio
del campo. Mi casa está un poco lejos de aquí

- Ah, estoy aquí porque me gustan las flores, me gusta el campo. No me gusta la
ciudad. Todo el mundo solo piensa en trabajar. Trabaja y trabaja. Hay mucho tráfico
y violencia. No me gusta. Por eso estoy aquí. Y tú ¿cuál es tu nombre?

- Mi nombre es Sebastián.

- ¿Cuáles son tus apellidos?

-¿Mi apellido? ¿Para qué quieres saber mis apellidos?

-Ah porque yo soy muy curiosa. ¿Cuál es tu apellido o tus apellidos?


-Vale, tengo dos apellidos son Pérez Sánchez.

- Ah ¿Cuántos hijos tienes?

- Tengo dos, una niña tiene seis años. Mi otro hijo tiene ocho años.

- Mis padres están en la ciudad, ellos se llaman Juan y Teresa.

- No me has respondido ¿cómo es que estás aquí?

- Tengo a mi Popis que me trae.

Sebastián no comprende, mira a la muñeca y después a Susana. Se rasca la


cabeza y pregunta nuevamente:

- ¿Cómo han llegado aquí?

- En una nube. Me gusta mucho viajar, me gusta volar, me gusta correr por el campo.
No me gusta la ciudad. Los adultos no tienen otra cosa en la cabeza más que
trabajar, trabajar y trabajar. Ellos no son como nosotros los niños. Creativos,
espontáneos. Se toman las cosas muy en serio. Y a veces, ni creen en las cosas.

- ¿Por qué lloras?

-Porque no me gusta la ciudad. Pero allá vivó con mis padre. Tengo que irme ya es
tarde. Adiós.

- Espera.

Susana se da la vuelta y se va corriendo. Sebastián trata de ir atrás de ella pero la


pierde en medio de los árboles.

En la mente solamente tiene la voz de Susana que dice:

-No me gusta la ciudad.

Y él en su pensamiento responde:

-A mí tampoco.

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Graduadas para A1 y ya habrás completado tu clase.
(Lectura graduada complementaria para el encuentro 02 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial. )

Juan entra en la cafetería. Se sienta en la mesa que está a la derecha de la puerta.


Pide un café y observa desde la grande ventana la ciudad. Él juega con la servilleta
mientras espera. La chica le entrega su taza de café.

Minutos después entra Teresa. Observa a la izquierda y a la derecha y va donde


está.

-Buenos días.

-Buenos días – responde Juan – tengo modelos de algunos árboles genealógicos que pueden
gustarle.

Saca de su portafolio unas hojas con esbozos de algunos árboles de diferentes


formatos y un lápiz. Teresa observa. Coge las hojas y le dice:

-Mira, en el centro quiero que estén mis padres. Mi madre Lucía, mi padre Francisco. Abajo
mis hermanos. Tengo a mi hermana la mayor. Se llama Azucena. Mi hermano Álvaro, es el
del medio y yo que soy la más chica. Quiero que mi hermana esté a la derecha junto a su
esposo Mario, mi cuñado. Ellos tienen dos hijos, Carlos y Santiago, uno de lado del otro.
Son gemelos. Que estén abajo de sus padres. Arriba de todos, mi abuela Carolina y mi
abuelo Alfonso que son de parte de mi madre. De parte de mi padre, mi abuelo Manuel y
mi abuela Alejandra. Quiero que sea algo sencillo. Ni voy a poner a mis tíos ni a mis
primos.

-¿De qué tamaño usted lo quiere?

-Estaría bien 80x50. Me gustaría saber el presupuesto.

- Te pido un poco de paciencia. Necesito hacer todos los cálculos y te lo envío por correo
electrónico.

-Vale, muchas gracias.

Teresa se levanta y coge el lápiz para guardárselo en su bolsa pero Juan le dice:

-Disculpe, el lápiz es mío. Tendré dentro de un rato otro cliente y voy a necesitarlo.

-Oh, lo siento. Es cierto, es tuyo. Bueno, entonces espero tu correo. Adiós.

Juan levanta la mano y dice:


-Adiós.

Ve como ella sale de la cafetería. Mira el esbozo del árbol genealógico y se dice:

-Teresa es soltera.

Coge el lápiz y pone su nombre de lado del suyo.

-JUAN

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 03 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

Los ojos le brillan intensamente. Sé que está cansado. Viene hacia mí corriendo. El
sudor recorre por mi frente. Oigo a los aficionados como un enjambre.

El toro pierde mucha sangre. El banderillero le ha clavado en el lomo tres banderillas.


Son varas adornadas de rizos de papel con un anzuelo en la punta. Al toro le escurre mucha
sangre y eso hacer hervir mis entrañas.

Viene corriendo. Escucho el golpe de sus pezuñas al toca la arena. Levanta mucho
polvo. Tengo que ser rápido con la muleta, este pañuelo de color rojo de un lado y
amarillo del otro.

Todo es tan deprisa. Con un solo movimiento doy pase al toro. Pasa por debajo de
mi brazo, rozando en la muleta. Giro el cuerpo con parsimonia y él sale de manera natural.
Gano terreno preparándome para otro pase. Escucho el oleeeee del público.
Inmediatamente aplauden. Me gustan las corridas de toros. Principalmente si soy el torero.

Está cansado, puedo sentirlo. Este es el momento del sacrificio. Tengo que cambiar
la muleta por la espada. Es aquí donde fluye la simbiosis artística entre el maravilloso animal
y mi ser. Es la danza entre nosotros dos.

Enrollo la muleta y la tengo en mi mano izquierda mientras con la derecha cojo la


espada y levanto mi brazo. Adelanto un paso. Voy a clavársela. Mi boca está seca. Mi
corazón late más deprisa. Es mi vida o es la suya. Tengo que jugármela.

Viene hacia mí. Siento su calor. Le clavo la espada. Al momento de enterrársela es


como si una fuerza recorriera por mi mano y fluye por cuerpo. La espada entra en el toro
entre el cuello y la línea dorsal. Nosotros los toreros le llamamos a este punto de “cruz”,
“rubios” o “agujas”. La estocada es profunda, puedo sentirla.

Suelto todo lo que está en mi mano. El toro cae. Yo también caigo pero me levanto
rápidamente. Oigo los aplausos. Tengo la sensación de triunfo. Me digo a mí mismo:

-Hago lo que me gusta. Recibo y valgo estos aplausos.

En la plaza de toros se escucha la pasión, se oye la emoción y se sienten los gritos.

Vuelvo a la realidad. Me entregan dos orejas del toro. Ha sido una buena faena.
Para la próxima toreada quiero como trofeo las dos orejas y el rabo. Mis compañeros se
acercan. Me levantan. Siento que vuelo.
Muchas personas están en contra de las corridas, pero es parte de nuestra cultura y
nuestras tradiciones y para mí es una válvula que activa el estremecimiento y la exaltación
en todo mi cuerpo. Es como si me trasportara a otra dimensión. Me siento yo mismo,
realizado, completo.

Continúo estando en vilo. Mi corazón siente que sale. Mi pecho no hay suficiente
espacio. Los latidos son cada vez más rápidos. A lo lejos veo al público que está en la plaza,
en la primera fila, está Teresa. Me mira, la miro, nos miramos.

Doy un grito de felicidad. Levanto el brazo donde tengo las dos orejas y grito:

-Ella está aquí.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 05 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

Teresa y Juan van en el coche. Llueve mucho. Juan aparca el carro enfrente de la
casa y dice:

-La casa es muy grande. Pensé que fuera mucho más pequeña.

-Mi madre Lucía creció aquí.

-Creo que será un buen lugar para pasar las vacaciones. Espero que no se le ocurra nacer aquí
a nuestro bebé.

Teresa está embarazada con 8 meses. Juan pone la mano en el vientre. Ella
comenta:

-Por fin voy a respirar aire fresco aquí en el rancho. Tenemos que salir del coche y
mojarnos un poco.

-Qué lluvia.

Salen del auto y van corriendo hasta llegar a la puerta de la casa. Teresa saca las
llaves de su bolso. Justo en ese momento la puerta se abre.

-Qué susto me has dado – dice Teresa.

Dentro de la casa está una chica. Ella ha abierto la puerta.

-Buenas tarde. No quise asustarla – dice la chica.

Juan pregunta:

-¿Quién es ella?

-Es Ana, la encargada de cuidar la casa - mira a la chica y le dice- no te preocupes. Mira te
presento a mi esposo Juan.

-Encantada – dice toda tímida.

-Encantado.

La chica se dirige a Teresa:

-He arreglado el cuarto de tus padres para que se queden allí.


-Gracias Ana. Voy a mostrarle la casa a mi marido.

-Con permiso – Ana se retira.

Se oye como la lluvia cae en los tejados de la casa.

-La casa es muy antigua –comenta Juan.

-La construyó mi abuelo. Donde estamos le llamamos de “el cuarto amarillo”.

-¿Por qué será? – Juan se ríe.

En el cuarto donde están, hay tres ventanas rectangulares de manera vertical, no


muy grandes y los vidrios son de color amarillo. A pesar de que la pared es blanca, ella parece
ser del color de los vidrios. Hay cuatro sillones verdes y también varias pinturas colgadas en
la pared.

Hay una puerta, Ana la ha dejado abierta. Ellos entran en ella y está la sala y el
comedor. Lo atraviesan y se encuentran en un pasillo. Al fondo hay un espejo, muy ancho y
largo. Del lado derecho hay dos dormitorios y del izquierdo uno. Las tres tienen puertas de
madera.

-La primera puerta a la derecha dormía mi hermano Álvaro y en la otra puerta mi hermana
Azucena y yo. El cuarto que está a la izquierda dormían mis padres.

Caminan por el pasillo. Es iluminado por grande ventanas que están a la izquierda.
Entran a la habitación.

-Este dormitorio es el más grande de todos - dice Teresa.

-Es muy grande la recamara –dice Juan.

-Sí. Es la parte de la casa donde hace mucho frío, aun en verano. - Teresa se sienta en la
cama y continua - ¿Qué te parece la casa?

-Me parece que es muy húmeda. Con esta lluvia que no para, todavía más.

-Me parece muy pequeña ahora. Antes la veía enorme. – Teresa mira a su alrededor y
agrega – Tengo sed.

-No te levantes. Voy a traerte un vaso de agua. Ahora regreso.

Juan sale de la habitación. Camina por el pasillo. Llega al comedor y abre la puerta de
la cocina. Hay un frigorífico, una mesa con seis sillas, una estufa, un horno de microondas, un
fregadero y un trastero en donde ve platos, copas, tazas y vasos. Coge uno. En la mesa hay
una jarra. Llena el vaso y en la ventana ve algo que se mueve. Deja el vaso en la mesa. Abre
la ventana y se asoma.

Ana está en el jardín mojándose por la lluvia. Está de espaldas y en cuclillas.

Juan pregunta:
-¿Qué haces?

Ana gira la cabeza. El agua le escurre por la cara. Está empapada y dice:

-Construyo nubes.

- ¿Construyes nubes?

-¡Sí! Construyo nubes.

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Graduadas para A1 y ya habrás completado tu clase.
(Lectura graduada complementaria para el encuentro 06 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

Sebastián se despierta. La almohada está muy cómoda para levantarse. Oye el


ruido de los coches y el del a ducha. Mira el reloj que está a su lado en la mesilla de noche.
Son las ocho y cuarto. Su mujer Ana sale del baño con la toalla enredada a su cuerpo. Se
sienta en la cama y se seca el cabello y saluda:

-Buenos días perezosos. Vamos levántate que se nos va a ser tarde para la cita con el
doctor.

Sebastián se levanta. Su esposa pone la tele. Él se ducha y se seca. Cuando entra al


cuarto su esposa está peinándose. Va para su maleta que está en el sofá, de lado de la
cama y se viste. Se pone una camisa negra y unos pantalones vaqueros.

Mira nuevamente al reloj y son las ocho y media. Ana ve la tele. Sebastián dice:

-Tenemos que irnos. Se nos va hacer tarde. El doctor tiene que revisarte para saber si todo
marcha bien con el bebé. Y también me muero de curiosidad de saber si es niño o niña. La
cita es a las nueve pero antes tenemos que desayunar algo rápido. Tenemos que estar en
el hospital a las cinco menos diez.

-Que bien que encontramos este hotel que está enfrente del hospital. No tengo mucha
hambre.

Sebastián se acerca a su esposa. Le pone la mano en el vientre y le dice:

-Siempre comes muy bien. No será esta vez que no lo hagas. A nuestro niño no le hará bien.
Vamos, no se diga más. Por lo menos tómate un café con leche y un pan. Yo quiero leche y
una tapa de tortilla.

-Casi nunca venimos a la ciudad. No estoy acostumbrada a mucha gente, muchos coches.
No me gusta la comida que venden aquí.

-A mí tampoco, pero que podemos hacer.

Él le coge la mano a Ana y salen del cuarto y del hotel. Al salir se enfrentan con un
mundo que no están acostumbrados. Muchos edificios de varios tamaños, gigantes,
grandes y pequeños. En la otra cuadra puede verse un gran supermercado y un cine.

Los coches pasan a una velocidad impresionante. Las personas parecen que siempre
tienen prisa. Unos hablando en el móvil. Otros con la mirada perdida.
Los dos caminan hacia la cafetería de la esquina. Antes de llegar a ella pasan por una
tienda de zapatos, luego por un aparcamiento y después por una tienda con un gran
escaparate mostrando dos maniquís con ropa de marca.

Ana se detiene. Observa en la vitrina su reflejo y la bolsa que está colgada en el


hombro de la maniquí que lleva puesto un sombrero de paja, el vestido combina con los
pendientes verdes y los zapatos de tacón del mismo color. En el suelo hay una pequeña
placa con el nombre de cada pieza y el valor. De lado hay otro maniquí que lleva unas gafas
de sol, una camisa cuadriculada, una chaqueta y unos pantalones vaqueros.

-Te queda mejor la ropa que tienes – le dice Sebastián a Ana.

-A menudo soñaba en vestirme como las chicas que están en la tele o en las revistas, pero
es un precio muy caro.

Su esposo se pone triste. Baja la cabeza y dice:

-Me duele no darte todo esto.

Ella lo mira y dice:

-No seas tonto. No me refiero al precio monetario. Me refiero al valor de la vida. Aquí en
la ciudad es muy desgastante. Prefiero la vida que llevamos. La vida del campo donde hay
paz y tranquilidad. No me gusta la ciudad.

-A mí tampoco.

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Graduadas para A1 y ya habrás completado tu clase.
(Lectura graduada complementaria para el encuentro 07 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

No es más malo ni peor pero si es bueno y mejor. Es más bueno y mejor y también es
más pequeño y menor.

Son dos gritos largos que se escuchan, gritos de mujer. En lugares y en tiempos
diferentes. Una es antes, la otra mucho después. Una es ahora, la otra dos años después. Una
es en la ciudad, la otra en el campo. Dos nuevas vidas que intentan salir a la luz. Luchando
desde el inicio. Una va el otro viene. Una es niña el otro un niño.

Una madre grita, la otra puja. Una está en el hospital, la otra en el campo. Una
tiene a su esposo en la sala de espera, la otra a su lado.

Ni una ni el otro quieren salir de la calidez maternal pero son obligados,


empajados y se resisten. Todo afuera es frio y doloroso. Tienen que respirar por sí mismos,
gritan, lloran, patalean, se debaten por la vida.

Una es más pequeña, el otro es más grande. Los dos son cargados con amor y
cariño. Los bañan. Les ponen la ropa y se los entregan a sus madres.

Dos lugares diferentes, dos tiempos distintos pero un mismo sentimiento y una
misma acción. El amor es más fuerte que el dolor. Teresa recibe a su hija. Ana recibe a su
hijo. Las dos derraman unas lágrimas de felicidad. Ven a su bebe. Lo acarician. Lo besan y lo
amamanta.

Niña o niño. No importa. Los dos succionan queriendo alimentarse. Madre e hijo es un
solo ser. El milagro de la vida reinicia nuevamente. Una y otra vez. Este prodigio se repite de
generación tras generación.

No es más malo ni peor pero si es más bueno y mejor. Es más bueno y mejor y
también es más pequeño y menor.

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Graduadas para A1 y ya habrás completado tu clase.
(Lectura graduada complementaria para el encuentro 09 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

El humo sube hacia el cielo. El olor es muy exquisito. El fuego arde con la
leña de naranjo en el patio de la casa de Juan. Encima de la hoguera está una
sartén con dos asas con un diámetro de unos cuarenta centímetros. No muy honda y
en el borde unos diez cm., que es una paella (sartén en la lengua valenciana y en
ella se cocina el plato con el mismo nombre).

Juan y Teresa están al aire libre, disfrutando la comida. Es la primera vez que
la chica visita a su novio en su casa.

-Esta paella está muy rica. Eres un buen cocinero – dice Teresa.

Juan responde:

-No me importa de dónde viene la palabra, mal y lo recuerdo. Unos dicen que del
francés, otros del latín y otros que de origen árabe, pero lo que sí sé es que le hace
honor a las mujeres

-¿Por qué dices eso Juan?

-Paella, es para ella, quiero decir, es para ti – se ríen los dos.

Teresa coge la servilleta y se limpia la boca y dice:

-¿Quiero saber cómo has preparado esta gran comida?

- Esta es una paella valenciana ¿Si te digo el secreto, me das un beso?

-Payaso.

-Esta es una paella valenciana. Pero también hay de mariscos, de pollo y de otros
inventos…

Teresa lo interrumpe:

-Me estás echando rollo, vamos al grano.

-Vale. Aquí va la receta. A la pechuga de pollo y a la carne de cerdo la cortas en


trocitos. Lavas el pulpo y lo coces. En la paella fríes la carne de cerdo unos diez
minutos y después echas la pechuga de pollo. Ya que todo está cocido, pones los
mariscos, es decir, las gambas, el pulpo, las almejas; también añades la salchicha, el
chorizo, el arroz y el agua. Inmediatamente agregas el azafrán y la sal, así como las
verduras y las alcachofas. Mezclas todo y cubres la paella de agua. En un tiempo de
treinta a cuarenta y cinco minutos está listo, pero hay un secreto.

Teresa está escuchando atentamente. Coge su copa y toma un poco de vino:

-¿Cuál es?

-Hay que preparar la paella valenciana con leña de naranjo. El aroma sube en ella.

-Por eso que está muy sabrosa.

Ella come un poco. Cierra los ojos y disfruta en su paladar este manjar.

Juan dice:

-Es un deleite de los dioses. Por eso es una de las más conocidas de la gastronomía
española.

Mira a Teresa y continua:

-Ahora tienes que pagar.

-¿Pagar? Pero ¿esto no es una invitación?

-Sí, pero tienes que pagar.

-Es un absurdo ¿Cómo voy a pagar una invitación?

-Pues con un beso.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 10 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

El viento les roza en la cara. Los coches pasan cerca de ellos. El semáforo ha
cambiado para rojo. Se detienen. Teresa abraza por la cintura a Juan. Las personas cruzan la
calle. En el espejo retrovisor él ve que una anciana sube con dificultad en el ómnibus. Un
chico la ayuda.

El semáforo está en verde y continúan la marcha. Giran a la derecha para coger la


avenida. Pasan por el correo después por la universidad y a lado de ella hay un colegio. Más
adelante un parque, un supermercado y un cine.

Hay un atasco terrible pero ellos que van en moto rebasan los coches con gran
velocidad. Se alejan del ruido y del tráfico. Las calles están ahora desiertas. Los faroles
iluminan cada esquina. El aire está cada vez más frío. Cogen la carretera y después se
desvían por un sendero.

Han pasado unos diez minutos desde que dejaron la ciudad. Juan aparca su moto
arriba de un cerro. El paisaje es impresionante. Ante ellos tienen un sin fin de lucecitas. La
pareja se sienta y se cogen las manos. Teresa dice:

-Es impactante como se ve la ciudad de noche. La luna que hermosa está.

Juan responde:

-Lo más impresionante es que hemos podido salir solo nosotros dos. De algo sirven las
suegras.

Juan se ríe y su esposa le da un golpe en el brazo y dice:

-Mi madre nos ha visitado este fin de semana. Casi nunca lo hace.

Juan agrega:

-Últimamente no hemos salido juntos.

-Tienes razón. Desde que nació Susana no hemos ido a ningún lugar.

-No me creo en decir esto pero que bien que mi suegra está con nosotros. Así tenemos
tiempo para nosotros dos.

Hay un gran silencio. Teresa reclina su cabeza en el hombro de su esposo y él


continua:
-En esta semana Susana se ha comportado de manera diferente.

-¿Por qué lo dices? No he visto ninguna diferencia.

-En este martes por la tarde, he escuchado atrás de su puerta de su cuarto algo extraño.

-¿Qué has escuchado?

-He oído que decía que estaba construyendo nubes. Toqué la puerta y cuando la abrí no vi
a nadie. La ventana estaba abierta.

-Este martes por la tarde ella ha salido con sus amigas. Me ha pedido permiso.

-Creo que lo he soñado.

Juan se queda con la mirada enajenada en el horizonte. Y se dice a sí mismo:

-Pienso que esa frase “estoy construyendo nubes” ya lo he oído alguna vez. No me acuerdo
ahora dónde.

Teresa le interrumpe de su pensamiento al decir:

-No te preocupes. Ella está bien.

Su esposa le da un beso y continúan observando la gran ciudad desde lo alto del


cerro. El silencio invade el lugar y una pequeña nube cubre una parte de la luna.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 11 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

La luz de la luna entra en la habitación de Susana. Hoy ha tenido una clase de la


historia de la lengua española pero ahora lo único que quiere es dormir. Ha cerrado los
ojos y entre que despierta y en sus sueños ve a un monje con una vela en la mano
iluminando su cara. La sombra de su túnica es asustadora. Ella tiene miedo y le pregunta:

-¿Dónde estoy?

El monje responde:

-En el monasterio de San Millán de Yuso, La Rioja, al norte de España.

-¿En dónde?

-Voy a contarte algo muy interesante Susana. Hace muchos años un joven pastor llamado
Millán o Emiliano, se hace ermitaño. Muere en 574 D.C. con la edad de 101 años. Sus
discípulos lo entierran en una cueva y después se construye un monasterio en el mismo
lugar llamado san Millán de Suso (suso significa “arriba” en castellano antiguo).

“Pasan los años y en 1053 el rey navarro García Sanches III de Navarra funda un
monasterio en sus tierras. Él es muy devoto a San Millan y quiere sus restos en Navarra.
Pero algo extraordinario sucede. ¿Quieres saber niña?

Susana mira fijamente al monje. Apenas y distingue los rasgos de su cara. Ella
mueve la cabeza de arriba abajo afirmando sin emitir ningún sonido. Él continúa:

-Bien. El rey pone los restos del santo en una carreta. Los monjes se quedan descontentos.
Cuando llegan al llano, la carreta que es tirada por los bueyes, ellos se detienen y no quieren
más andar. Su majestad piensa que ha sido un milagro. San Millán impone su voluntad de
no salir del lugar y construyen un nuevo monasterio al que se llama Yuso (abajo) en
contraposición con el Suso (arriba). Es en donde estamos ahora Susana, en el monasterio
de San Millan Yuso.

La niña inquieta pregunta:

-Pero ¿por qué estoy aquí?

-Quiero enseñarte algo querida niña. Ven conmigo.

Susana lo sigue. La luz de la vela no ilumina lo suficiente los grandes pasillos


oscuros pero ella continua casi pisándole los talones al monje. Se detiene ante una puerta.
Él lo abre. No se ve nada. Pero continúan caminando entrando en el cuarto. Se detienen y
enfrente de ellos hay una gran mesa de madera apolillada. Encima hay unos pergaminos
muy antiguos.

-¿Observas Susana lo que hay en la mesa? Está ante ti los primeros escritos redactados del
habla del pueblo, en romance, escritos hace mil años atrás. Se cree que han sido las
primeras páginas de la literatura española. Parece que los monjes hacían anotaciones para
aclarar los códices escritos en latín. A estas anotaciones las llamamos de glosas. Las glosas
emilianenses.

Susana ve los pergaminos. La tinta negra sobre el papel forma letras y las letras
forman palabras y las palabras forman frases y las frases forman oraciones.

El monje continúa:

-Por eso que al monasterio de san Millán de Yuso se le conoce como “la cuna de la lengua”.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 13 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

Hace mucho viento. Una ráfaga de aire hace que se revoloteé el cabello de
Sebastián. El cielo está nublado y plomizo. Él ha salido desde la mañana a ver sus tierras y
la siembra. Parece que amenaza caer una tempestad. A pesar de no haber sol hace calor. En
este tiempo de verano es común haber rayos.

Empieza a llover. Primero, caen pequeñas gotas. El campesino sigue caminando.


Cada vez va más deprisa. Huele a tierra mojada. Le encanta el olor. El infinito se desgarra
y deja caer su líquido. Sebastián está todo empapado. El río que está a su lado empieza a
subir e ir con más fuerza.

A cada paso se salpica de lodo. Ya no camina sino corre. Corre tanto como le es
posible. Todo está gris. La lluvia no le permite ver. El agua escurre por el pelo impidiéndole
la visión.

No sabe si continuar o refugiarse debajo de un árbol. Pero sabe que está agua es
buena para la siembra. El firmamento se ilumina por los rayos, una, dos y tres veces, una
detrás de la otra. Se escucha sus pisadas al contacto dela tierra mojada y el sonido de la
lluvia. Segundos después uno, dos y tres grandes ruidos de los truenos.

Corre cada vez más rápido. No mira por donde camina pero sabe adonde ir. Se
tropieza con una piedra. Cae y se golpea la cabeza. Pierde el conocimiento. No escucha
nada. No ve nada. No se acuerda de nada.

Al abrir los ojos se encuentra en una cama. No reconoce la habitación. Le duele


mucho la cabeza. La ventana está abierta. Ha parado de llover. Es de noche. Las nubes no
dejan ver las estrellas.

Se abre la puerta y entra una chica con una palangana en las manos, unas gasas y
unas vendas en el brazo. Sebastián pregunta:

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?

-Te has caído – le responde la muchacha – te has golpeado la cabeza y has perdido el
conocimiento. Voy a lavarte la herida.

-¿La tengo muy grande?

-No la tienes muy grande, la tienes pequeña, Si no tenemos el cuidado suficiente puede
infectarse.
Él la mira mientras ella se acerca y se sienta en la cama

-Mi nombre es Sebastián ¿y el tuyo?

-Me llamo Ana.

Ella le lava la herida y el campesino se queja.

-Aaayy, me duele mucho. ¿Cómo me has encontrado?

-Tirado, sangrando y desmayado. Por poco y te mueres ahogado en esta lluvia que ha
pasado. Si no llego a tiempo…

Sebastián interrumpe el diálogo con un grito de dolor cuando Ana le ha puesto el


antiséptico en la herida. Él pregunta nuevamente:

-No es exactamente esa la respuesta que quiero, quiero decir, ¿estabas cerca?

-No. Estaba en casa. Pero alguien me contó que estabas caído y desmayado Fui a rescatarte.

-Cada vez entiendo meno, la persona que te ha avisado ¿no podía ayudarme?

-No – responde la chica.

-¿Quién ha sido? ¿Tu padre, tu madre, tus hermanos?

-Qué curioso eres. Lo importante que ahora estas bien.

Ana mira hacia la ventana y dibuja una sonrisa en su boca.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 14 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

-Uno, dos, tres – gritaron todos.

La flama se mueve de un lado para otro. Recibe un soplo. Las velas en forma de
número uno y un cero formando un diez se apagan. Todos aplauden.

Juan se acerca a Teresa y le dice:

-Ha sido una buena idea en hacerle la fiesta de cumpleaños a nuestra hija aquí en el
rancho. Pensé que nadie iría a venir.

Teresa responde:

-Susana tiene muchos amigos. Sabía que irían a venir. Además el rancho no está tan lejos
de la ciudad.

Ella se acerca a Susana. Le da un beso. Corta el pastel. Las personas llegan cerca para
recibirlo. Todos los invitados están en la sala y algunos niños salen al patio para jugar. Una
ráfaga de viento entra por la ventana moviendo los globos que están colgados en el techo.

Teresa continúa sirviendo y le dice a su hija:

-Susana, ve a la cocina y en el frigorífico hay más refrescos. Trae dos de naranja por favor.

La niña deja de jugar con sus amigos y va a hacia la cocina. Abre la heladera y coge
dos refrescos y cierra la puerta. La ventana de la cocina está abierta. Entra un aire leve pero
lo suficiente para que sienta frío. Se dirige a la ventana y a lo lejos ve a una chica
desconocida llamándola con la mano. Después va con su madre y le entrega los refrescos.
Susana sale de la casa y la chica continua en el mismo lugar. Las dos se acercan y la niña le
pregunta:

-¿Quién eres?

-Me llamo Ana y sé que hoy es tu cumpleaños.

-Mis padres me han hecho una fiesta. Ellos me han dicho para no hablar con desconocidos
pero algo dentro de mí me dice que debo confiar en ti.

-¿Cuántos años cumples?

-Cumplo diez años. ¿Acaso me conoces?


Ana la mira fijamente y le responde:

-Sí, te conozco Susana.

-Pero yo a ti no. No sé quién eres.

-Me llamo Ana y vas a conocer a alguien más. Tenemos un regalo para ti. Te va a gustar.

-¿Un regalo?

Ana mueve la cabeza afirmando y dice:

-Trabajaba con tus abuelos hace más de diez años. Desde hace mucho tiempo estamos
esperando este momento. Tú eres la elegida.

Susana mira a Ana intrigada y le dice:

-No sé de lo que me estás hablando pero dentro de mí me dice que debo confiar en ti.

-Tienes que confiar. Ven. Dame la mano.

La niña se acerca y le da la mano. Ante ellas aparece una lucecita que cada vez se
hace más grande. Entran en la luz y desaparecen. Nadie ha visto nada.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 15 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

-Diecisiete, dieciocho, diecinueve...falta una. ¿Dónde estará?

Mira por todas partes sin saber adónde dirigirse. Es primavera y hace mucho calor. El
llano está alfombrado de flores y pasto. La pastora, que tiene unos 14 años, camina sin
alejarse demasiado de su rebaño. Escucha a lo lejos el balido de un cordero. Pone atención
y corre hacia una gran cueva. Se detiene en la entrada. El balido retumba en las paredes
haciendo un gran eco.

Los rayos del sol llega solo hasta una parte haciendo por dentro una boca oscura. La
pastora no la piensa dos veces y entra. Por el sonido del borrego, él no ha ido muy lejos.
La chica llega en un punto donde la luz no alcanza más. Se detiene. No quiere dar un paso
por miedo a caerse con las piedras y por miedo a lo desconocido y grita:

-Corderito, ven, ven aquí.

Hay un silencio. Después se oye el cascabel de él que tiene en su cuello atado a un


listón rojo, se acerca el animal. Emite nuevamente un balido.

-Vamos, vamos, acércate más – musita la chica.

Otro silencio. La pastora pregunta:

-¿Corderito? – el eco de la cueva hace que se repita la pregunta varias veces.

Ella camina despacio. A cada paso la sombra invade sus piernas, después su cuerpo
hasta ser devorada en la oscuridad.

Su respiración es más fuerte pero no es más rápida. Un escalofrío le invade todo su


cuerpo. Camina despacio. No ve nada. Oye nuevamente el cascabel y las pezuñas del
cordero en como chocan con las piedrecillas del suelo. La pastora sabe que su animalito
está en su frente. Se agacha y siente la lana que le está saliendo de su lomo. Lo carga pero
al momento que quiere dar la vuelta para salir no puede mover los pies. Trata con todas sus
fuerzas caminar pero le es imposible.

Escucha una voz masculina muy cerca de ella que le dice:

-Ana - y el eco continúa… Ana, Ana.

La pastorcita asustada, sin darse cuenta aprieta al cordero y este da un balido. Ella
dice:
-¿Quién está ahí?

-No te asustes querida niña –el eco continúa con la última palabra – niña, niña.

-Sal de donde estás o eres un cobarde para no dar la cara, cara, cara.

-Ana, mi pequeña Ana. Solo soy un humilde mensajero. Tengo un recado para darte, darte,
darte.

-¿Quién eres, eres, eres?

-Soy el Eco, Eco, Eco. A quienes sirvo te han elegido, elegido, elegido. Debes encontrar a la
persona correcta y enseñarle los secretos del mundo, mundo, mundo.

Ana cree que está soñando. No puede ser verdad lo que está oyendo pero aún así
continua hablando:

-¿Cómo voy a saber a quién escoger y sobre todo que enseñarle? Apenas sé leer y
escribir

-No te preocupes mi querida Ana, Ana, Ana. Te esperaremos todos los días aquí para
enseñarte lo que tienes que aprender. Tú decides si vienes o no, no, no.

-¿A quién sirves, sirves, sirves?

Nadie respondió ante la pregunta de Ana. Ella consigue mover los pies.

-¿Hola, hola, hola? ¿Estás ahí, ahí, ahí?

Solo escucha su eco llamando a Eco pero no obtiene ninguna respuesta. El cordero
bala. Ana, la pastora, da la vuelta y la luz del sol nuevamente invade su cuerpo.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 17 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

-La crisis económica puede llegar al país en cualquier momento. Tenemos que continuar
ahorrando – dice Juan sentado desde su escritorio mientras abre un cajón del lado derecho
y saca un sobre con billetes dentro y lo pone sobre la mesa.

Teresa comenta:

-Ya vamos hacer dos años de casados. Quiero tener un hijo.

Juan abre más los ojos asombrado y da un suspiro

-Tener un hijo ahora es demasiado caro. Yo también estaba pensando en esto. Tenemos
que planearlo mejor.

-Podemos invertir nuestros ahorros. Gastar menos. En fin, ahora los dos estamos
trabajando. Creo que estamos listos para tener un miembro en la familia además estamos
estables financieramente. Tenemos que comprar todo al contado para el bebé. Si lo hacemos
en abonos los intereses serán muy altos.

Juan se le queda mirando a Teresa que está sentada en su frente en el sillón y dice:

-Me acuerdo cuando te conocí. Estuve varios meses de paro porque me lo pediste.

-¿Es un reproche?

-No, claro que no. Solo que estar de paro, a cualquiera le baja la autoestima.

-No quería tener a mi esposo muerto antes de tiempo.

-Sé que me lo pediste por mi bien y acepté en ya no ser más torero

-Pero ahora tienes un buen trabajo. No te puedes quejar, hasta te han promocionado a
gerente. Además continuas haciendo en tus ratos libres lo que te gusta: árboles
genealógicos que fue por ello por el cual nos conocimos.

Teresa dibuja una sonrisa:

-Pero para casarnos tuve que subastar mi traje de torero

- Y yo mis joyas.

Juan se levanta y va a hacia su esposa. Ella se levanta y se abrazan. Teresa dice:


-En esta última semana he tenido sueños muy extraños.

-¿Qué has soñado?

-Con nuestro hijo, mejor dicho con nuestra hija.

-Ah, entonces vamos a tener una hija, eres adivina. ¿Qué más has soñado?

-Que estaba envuelta por nubes.

-Entonces será un ángel o ¿ángela? ¿Existe femenino de ángel? O ¿es verdad que los ángeles
no tienen sexo?

Los dos se ríen. Ella die:

-Nunca pierdes tu sentido del humor y de tus chistes sin gracia. – Teresa se queda
pensando y continua – En mis sueños escucho una voz que me dice que ya es el momento.
Lo repite uno detrás de otro, Seguido, sin parar.

-Entonces alguien te está apresurando.

Teresa no hace caso del comentario de Juan y continúa hablando:

-Cuando me despierto, tengo un deseo de ser madre. De tener a nuestro hijo en mi regazo,
de abrazarlo, de darle cariño y protegerlo.

Juan se queda mirando fijamente en sus ojos de su esposa y dice:

-En esta última semana yo también he soñado lo mismo y cuando me despierto he


sentido lo mismo.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 18 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

Los copos de nieve bajan despacio como pequeñas plumas blancas y cristalinas. El
único color existente es la variedad de blancos que puede haber tanto los imaginables como
los inimaginables.

No se llega a visualizar nada en el horizonte. Al pisar, se escucha el crujido de la


nieve a cada paso que se da al contacto del calzado con el suelo. Lo más raro es que a
pesar del frío, este no se siente. De no ver el calor este se siente en cada parte del
cuerpo, empezando por la planta de los pies y en una corriente sube por los tobillos, las
rodillas, las piernas, en el pecho y en la espalda, recorriendo como hormigas por los brazos,
los codos, las muñecas y los dedos de las manos. Continua subiendo por el cuello hasta
llegar a las mejillas, orejas y en la frente dando una punzada en el cerebro y un pequeño
dolor en toda la cabeza.

-Cada vez que camino me duele la cabeza – dice Susana saliendo de su boca un vaho
blancuzco y continua – tengo miedo – su voz se hace más débil y quebradiza. Al pronunciar la
última palabra tal parece que va a echarse a llorar.

Ana responde:

-No hay porque temer. Te duele la cabeza porque algo en ti está cambiando.

Susana le aprieta la mano a Ana y pregunta:

-¿Adónde me llevas?

-Ya lo veras.

El camino se ha hecho largo e intenso. El paisaje es el mismo: nieve y todo blanco,


sin ninguna mancha de color.

-Hemos llegado – dice Ana.

Pero la niña no le hace sentido. Todo es tan igual. La tierra empieza temblar
haciendo una grieta enfrente de las dos. A Susana se le pone los pelos de punta. Abre más
los ojos y su boca se abre intentando gritar pero se le hace un nudo en la garganta y no
sale ningún sonido.

El suelo se ha abierto un metro de largo sale una exhalación azulada en el hueco e


inmediatamente una mujer delgada flotando, con sus cabellos tan negros como la noche con
salpicaduras blancas iluminadas pareciendo estrellas en el universo. Su tez es tan blanca
como la leche y su cutis tan terso como un pétalo de rosas. Sus ojos son de un azul
intenso que da la idea de tener agua del mar en ellos.

La mujer está cubierta con todo tipo de hojas y flores. No se distingue si es parte
de su piel o es un atuendo que lleva puesto dejando solamente desnudo las muñecas y las
manos, los tobillos y los pies y debajo de ella una gran nube que la sostiene.

Ana dice:

-Te la he traído. He cumplido mi misión.

La mujer avanza junto con la nube hacia Susana y con un movimiento suave le toca
la mejilla con sus dedos deslizándoselos por la boca. Sube por la nariz y luego la frente. La
niña siente su tacto tan cálido y sedoso. La mujer abre las manos y se la pone en la cabeza.

Susana con una voz débil dice:

-Estoy muy cansada. Me siento mal. Me duele la cabeza, la garganta, todo mi cuerpo. Me
estoy mareando.

Son las últimas palabras de la niña y se cae consiguiendo cogerla Ana.

De la boca roja como el vino de la mujer pronuncia estas palabras con un sonido tan
dulce y musical:

-Tu misión apenas está empezando.

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(Lectura graduada complementaria para el encuentro 19 – Curso de Español A1, Nivel
Inicial).

Susana abrió los ojos. Ana la miraba y la mujer color de nieve también, esta última
dijo:

-Has despertado mi querida niña. Ya estás lista para tu aprendizaje.

Susana preguntó:

-¿Qué estoy haciendo aquí?

La mujer enigmática dijo:

-Te hemos estado esperando por mucho tiempo.

-¿Quiénes?

-Nosotras – tres mujeres idénticas se desprendieron de la mujer que le estaba hablando. Lo


único que cambiaba era el color de la piel y el cabello hablando todas al unísono.

La niña murmuro:

-¿Estoy soñando?

Ana que la tenía en el suelo apoyando su cabeza de la chica en sus piernas.

-No te asustes Susana. Es verdad lo que estás viendo.

La mujer de cabellos azules y tez verde dijo:

-Déjanos presentarnos. La humanidad me llama de primavera.

-Yo – dijo la de cabellos amarillos y la tez del mismo color – a mí me llaman de verano.

La del pelo castaño y piel morena dijo:

-Mi nombre es otoño

-Y yo – la mujer de cabellos negros con estrellas luminosas dijo – soy invierno.

-A cada cien años nace en el mundo alguien capaz de establecer el orden


ecológico. Necesitamos la ayuda de personas que estén en contacto con nosotros y el
mundo humano.
Susana las miró y preguntó:

-¿Y yo qué puedo hacer?

Primavera comentó:

-Establecer el equilibrio.

Verano continuó:

-Cada vez es más difícil cumplir esta misión. Antiguamente había una simbiosis entre el ser
humano y la naturaleza.

Ella se calló y siguió Otoño:

-Las personas en esta época cada vez están más disociadas de nosotras, de nuestro
mundo.

Invierno extendiendo los brazos de lado a lado y las cuatro se cogieron las manos
y dijo:

-La humanidad cada vez se va a haciendo más egoísta, más destructiva, más incrédula.

Todas juntas dijeron:

-Ya nadie cree en nosotras. Las historias, los mitos ya no son importantes. El sentido de los
símbolos y la profundidad de interpretar el mundo no existe más. Teníamos muchos nombres,
éramos llamadas de Madre Tierra, después de Madre Naturaleza pero ahora estamos sin
nombre. Solo llaman de primavera, verano, otoño e invierno para clasificar las épocas del
año, pero no hay ningún significado para ellos. Están destruyendo nuestro mundo y
también a nosotras. Las consecuencias será la destrucción de todos.

Susana no supo que decir. Todas continuaron diciendo:

-Tú eres nuestra esperanza.

-Pero soy apenas una niña. ¿Qué puedo hacer yo?

Ellas dijeron:

-Construir nubes. Tu tutora será Ana hasta que cumplas la edad adecuada para actuar sola.

-¿Qué? – se quedó admirada la niña. Ella se levantó y Ana también y le dijo:

-Tú establecerás el orden y la comunicación entre ellas y nosotros. Hasta que alcances la
edad suficiente, yo te ayudaré. Vivimos en tiempos difíciles. Cuando estabas en el vientre
de tus madre y tus padres fueron al rancho, yo trabaja aún allá. Tu padre me vio desde la
cocina haciendo nubes y fue allí que el conocimiento me fue revelado. Que tú eras la
elegida.

Las mujeres dijeron:


-Sabemos que vives en la ciudad, pero Ana te enseñara a construir nubes para transportarte
al campo para recibir la sabiduría de la esencia.

Susana preguntó:

-Aún no me queda claro cómo voy a hacer la misión que me están encomendando.

-No te preocupes, con el tiempo lo sabrás. Todas nosotras te enseñaremos.

Ana cogió la mano a Susana y dijo:

-Tenemos que irnos. Vamos.

Primavera, Verano, Otoño e Invierno dijeron:

-Hasta la próxima, querida niña, continuaremos viéndonos.

Susana levanto la mano para despedirse, ella y Ana dieron la vuelta y empezaron a
caminar desapareciendo entre la blancura del lugar.

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