Cuentos para aprender español A1
Cuentos para aprender español A1
01 ME GUSTA EL CAMPO
02 EL ÁRBOL GENEALÓGICO
03 CORRIDA DE TOROS
05 LA CASA
06 EL ESCAPARATE
07 NACIMIENTO
09 PAELLA
10 IR EN MOTO
13 TEMPESTAD
14 FIESTA DE CUMPLEAÑOS
15 ECO
17 EL SUEÑO
18 LA MUJER MISTERIOSA
En estas lecturas graduadas hay una serie de quince cuentos que están
entrelazados entre ellos. En los primeros capítulos parece ser independientes pero
como vayas avanzando te darás cuenta que están conectados uno con el otro.
Narrando la vida cotidiana de dos parejas y las aventuras de la hija de uno de ellos,
Susana. El misterio envuelve en la construcción de nubes dónde Susana tendrá una
misión y sólo al final sabremos del porqué de esta saga.
- ¿Cómo te llamas?
- ¿Dónde vives?
- No entiendo. ¿Cómo qué vives en la ciudad? ¿Cómo es que estás aquí? En medio
del campo. Mi casa está un poco lejos de aquí
- Ah, estoy aquí porque me gustan las flores, me gusta el campo. No me gusta la
ciudad. Todo el mundo solo piensa en trabajar. Trabaja y trabaja. Hay mucho tráfico
y violencia. No me gusta. Por eso estoy aquí. Y tú ¿cuál es tu nombre?
- Mi nombre es Sebastián.
- Tengo dos, una niña tiene seis años. Mi otro hijo tiene ocho años.
- En una nube. Me gusta mucho viajar, me gusta volar, me gusta correr por el campo.
No me gusta la ciudad. Los adultos no tienen otra cosa en la cabeza más que
trabajar, trabajar y trabajar. Ellos no son como nosotros los niños. Creativos,
espontáneos. Se toman las cosas muy en serio. Y a veces, ni creen en las cosas.
-Porque no me gusta la ciudad. Pero allá vivó con mis padre. Tengo que irme ya es
tarde. Adiós.
- Espera.
Y él en su pensamiento responde:
-A mí tampoco.
-Buenos días.
-Buenos días – responde Juan – tengo modelos de algunos árboles genealógicos que pueden
gustarle.
-Mira, en el centro quiero que estén mis padres. Mi madre Lucía, mi padre Francisco. Abajo
mis hermanos. Tengo a mi hermana la mayor. Se llama Azucena. Mi hermano Álvaro, es el
del medio y yo que soy la más chica. Quiero que mi hermana esté a la derecha junto a su
esposo Mario, mi cuñado. Ellos tienen dos hijos, Carlos y Santiago, uno de lado del otro.
Son gemelos. Que estén abajo de sus padres. Arriba de todos, mi abuela Carolina y mi
abuelo Alfonso que son de parte de mi madre. De parte de mi padre, mi abuelo Manuel y
mi abuela Alejandra. Quiero que sea algo sencillo. Ni voy a poner a mis tíos ni a mis
primos.
- Te pido un poco de paciencia. Necesito hacer todos los cálculos y te lo envío por correo
electrónico.
Teresa se levanta y coge el lápiz para guardárselo en su bolsa pero Juan le dice:
-Disculpe, el lápiz es mío. Tendré dentro de un rato otro cliente y voy a necesitarlo.
Ve como ella sale de la cafetería. Mira el esbozo del árbol genealógico y se dice:
-Teresa es soltera.
-JUAN
Los ojos le brillan intensamente. Sé que está cansado. Viene hacia mí corriendo. El
sudor recorre por mi frente. Oigo a los aficionados como un enjambre.
Viene corriendo. Escucho el golpe de sus pezuñas al toca la arena. Levanta mucho
polvo. Tengo que ser rápido con la muleta, este pañuelo de color rojo de un lado y
amarillo del otro.
Todo es tan deprisa. Con un solo movimiento doy pase al toro. Pasa por debajo de
mi brazo, rozando en la muleta. Giro el cuerpo con parsimonia y él sale de manera natural.
Gano terreno preparándome para otro pase. Escucho el oleeeee del público.
Inmediatamente aplauden. Me gustan las corridas de toros. Principalmente si soy el torero.
Está cansado, puedo sentirlo. Este es el momento del sacrificio. Tengo que cambiar
la muleta por la espada. Es aquí donde fluye la simbiosis artística entre el maravilloso animal
y mi ser. Es la danza entre nosotros dos.
Suelto todo lo que está en mi mano. El toro cae. Yo también caigo pero me levanto
rápidamente. Oigo los aplausos. Tengo la sensación de triunfo. Me digo a mí mismo:
Vuelvo a la realidad. Me entregan dos orejas del toro. Ha sido una buena faena.
Para la próxima toreada quiero como trofeo las dos orejas y el rabo. Mis compañeros se
acercan. Me levantan. Siento que vuelo.
Muchas personas están en contra de las corridas, pero es parte de nuestra cultura y
nuestras tradiciones y para mí es una válvula que activa el estremecimiento y la exaltación
en todo mi cuerpo. Es como si me trasportara a otra dimensión. Me siento yo mismo,
realizado, completo.
Continúo estando en vilo. Mi corazón siente que sale. Mi pecho no hay suficiente
espacio. Los latidos son cada vez más rápidos. A lo lejos veo al público que está en la plaza,
en la primera fila, está Teresa. Me mira, la miro, nos miramos.
Doy un grito de felicidad. Levanto el brazo donde tengo las dos orejas y grito:
Teresa y Juan van en el coche. Llueve mucho. Juan aparca el carro enfrente de la
casa y dice:
-La casa es muy grande. Pensé que fuera mucho más pequeña.
-Creo que será un buen lugar para pasar las vacaciones. Espero que no se le ocurra nacer aquí
a nuestro bebé.
Teresa está embarazada con 8 meses. Juan pone la mano en el vientre. Ella
comenta:
-Por fin voy a respirar aire fresco aquí en el rancho. Tenemos que salir del coche y
mojarnos un poco.
-Qué lluvia.
Salen del auto y van corriendo hasta llegar a la puerta de la casa. Teresa saca las
llaves de su bolso. Justo en ese momento la puerta se abre.
Juan pregunta:
-¿Quién es ella?
-Es Ana, la encargada de cuidar la casa - mira a la chica y le dice- no te preocupes. Mira te
presento a mi esposo Juan.
-Encantado.
Hay una puerta, Ana la ha dejado abierta. Ellos entran en ella y está la sala y el
comedor. Lo atraviesan y se encuentran en un pasillo. Al fondo hay un espejo, muy ancho y
largo. Del lado derecho hay dos dormitorios y del izquierdo uno. Las tres tienen puertas de
madera.
-La primera puerta a la derecha dormía mi hermano Álvaro y en la otra puerta mi hermana
Azucena y yo. El cuarto que está a la izquierda dormían mis padres.
Caminan por el pasillo. Es iluminado por grande ventanas que están a la izquierda.
Entran a la habitación.
-Sí. Es la parte de la casa donde hace mucho frío, aun en verano. - Teresa se sienta en la
cama y continua - ¿Qué te parece la casa?
-Me parece que es muy húmeda. Con esta lluvia que no para, todavía más.
-Me parece muy pequeña ahora. Antes la veía enorme. – Teresa mira a su alrededor y
agrega – Tengo sed.
Juan sale de la habitación. Camina por el pasillo. Llega al comedor y abre la puerta de
la cocina. Hay un frigorífico, una mesa con seis sillas, una estufa, un horno de microondas, un
fregadero y un trastero en donde ve platos, copas, tazas y vasos. Coge uno. En la mesa hay
una jarra. Llena el vaso y en la ventana ve algo que se mueve. Deja el vaso en la mesa. Abre
la ventana y se asoma.
Juan pregunta:
-¿Qué haces?
Ana gira la cabeza. El agua le escurre por la cara. Está empapada y dice:
-Construyo nubes.
- ¿Construyes nubes?
-Buenos días perezosos. Vamos levántate que se nos va a ser tarde para la cita con el
doctor.
Mira nuevamente al reloj y son las ocho y media. Ana ve la tele. Sebastián dice:
-Tenemos que irnos. Se nos va hacer tarde. El doctor tiene que revisarte para saber si todo
marcha bien con el bebé. Y también me muero de curiosidad de saber si es niño o niña. La
cita es a las nueve pero antes tenemos que desayunar algo rápido. Tenemos que estar en
el hospital a las cinco menos diez.
-Que bien que encontramos este hotel que está enfrente del hospital. No tengo mucha
hambre.
-Siempre comes muy bien. No será esta vez que no lo hagas. A nuestro niño no le hará bien.
Vamos, no se diga más. Por lo menos tómate un café con leche y un pan. Yo quiero leche y
una tapa de tortilla.
-Casi nunca venimos a la ciudad. No estoy acostumbrada a mucha gente, muchos coches.
No me gusta la comida que venden aquí.
Él le coge la mano a Ana y salen del cuarto y del hotel. Al salir se enfrentan con un
mundo que no están acostumbrados. Muchos edificios de varios tamaños, gigantes,
grandes y pequeños. En la otra cuadra puede verse un gran supermercado y un cine.
Los coches pasan a una velocidad impresionante. Las personas parecen que siempre
tienen prisa. Unos hablando en el móvil. Otros con la mirada perdida.
Los dos caminan hacia la cafetería de la esquina. Antes de llegar a ella pasan por una
tienda de zapatos, luego por un aparcamiento y después por una tienda con un gran
escaparate mostrando dos maniquís con ropa de marca.
-A menudo soñaba en vestirme como las chicas que están en la tele o en las revistas, pero
es un precio muy caro.
-No seas tonto. No me refiero al precio monetario. Me refiero al valor de la vida. Aquí en
la ciudad es muy desgastante. Prefiero la vida que llevamos. La vida del campo donde hay
paz y tranquilidad. No me gusta la ciudad.
-A mí tampoco.
No es más malo ni peor pero si es bueno y mejor. Es más bueno y mejor y también es
más pequeño y menor.
Son dos gritos largos que se escuchan, gritos de mujer. En lugares y en tiempos
diferentes. Una es antes, la otra mucho después. Una es ahora, la otra dos años después. Una
es en la ciudad, la otra en el campo. Dos nuevas vidas que intentan salir a la luz. Luchando
desde el inicio. Una va el otro viene. Una es niña el otro un niño.
Una madre grita, la otra puja. Una está en el hospital, la otra en el campo. Una
tiene a su esposo en la sala de espera, la otra a su lado.
Una es más pequeña, el otro es más grande. Los dos son cargados con amor y
cariño. Los bañan. Les ponen la ropa y se los entregan a sus madres.
Dos lugares diferentes, dos tiempos distintos pero un mismo sentimiento y una
misma acción. El amor es más fuerte que el dolor. Teresa recibe a su hija. Ana recibe a su
hijo. Las dos derraman unas lágrimas de felicidad. Ven a su bebe. Lo acarician. Lo besan y lo
amamanta.
Niña o niño. No importa. Los dos succionan queriendo alimentarse. Madre e hijo es un
solo ser. El milagro de la vida reinicia nuevamente. Una y otra vez. Este prodigio se repite de
generación tras generación.
No es más malo ni peor pero si es más bueno y mejor. Es más bueno y mejor y
también es más pequeño y menor.
El humo sube hacia el cielo. El olor es muy exquisito. El fuego arde con la
leña de naranjo en el patio de la casa de Juan. Encima de la hoguera está una
sartén con dos asas con un diámetro de unos cuarenta centímetros. No muy honda y
en el borde unos diez cm., que es una paella (sartén en la lengua valenciana y en
ella se cocina el plato con el mismo nombre).
Juan y Teresa están al aire libre, disfrutando la comida. Es la primera vez que
la chica visita a su novio en su casa.
-Esta paella está muy rica. Eres un buen cocinero – dice Teresa.
Juan responde:
-No me importa de dónde viene la palabra, mal y lo recuerdo. Unos dicen que del
francés, otros del latín y otros que de origen árabe, pero lo que sí sé es que le hace
honor a las mujeres
-Payaso.
-Esta es una paella valenciana. Pero también hay de mariscos, de pollo y de otros
inventos…
Teresa lo interrumpe:
-¿Cuál es?
-Hay que preparar la paella valenciana con leña de naranjo. El aroma sube en ella.
Ella come un poco. Cierra los ojos y disfruta en su paladar este manjar.
Juan dice:
-Es un deleite de los dioses. Por eso es una de las más conocidas de la gastronomía
española.
El viento les roza en la cara. Los coches pasan cerca de ellos. El semáforo ha
cambiado para rojo. Se detienen. Teresa abraza por la cintura a Juan. Las personas cruzan la
calle. En el espejo retrovisor él ve que una anciana sube con dificultad en el ómnibus. Un
chico la ayuda.
Hay un atasco terrible pero ellos que van en moto rebasan los coches con gran
velocidad. Se alejan del ruido y del tráfico. Las calles están ahora desiertas. Los faroles
iluminan cada esquina. El aire está cada vez más frío. Cogen la carretera y después se
desvían por un sendero.
Han pasado unos diez minutos desde que dejaron la ciudad. Juan aparca su moto
arriba de un cerro. El paisaje es impresionante. Ante ellos tienen un sin fin de lucecitas. La
pareja se sienta y se cogen las manos. Teresa dice:
Juan responde:
-Lo más impresionante es que hemos podido salir solo nosotros dos. De algo sirven las
suegras.
-Mi madre nos ha visitado este fin de semana. Casi nunca lo hace.
Juan agrega:
-Tienes razón. Desde que nació Susana no hemos ido a ningún lugar.
-No me creo en decir esto pero que bien que mi suegra está con nosotros. Así tenemos
tiempo para nosotros dos.
-En este martes por la tarde, he escuchado atrás de su puerta de su cuarto algo extraño.
-He oído que decía que estaba construyendo nubes. Toqué la puerta y cuando la abrí no vi
a nadie. La ventana estaba abierta.
-Este martes por la tarde ella ha salido con sus amigas. Me ha pedido permiso.
-Pienso que esa frase “estoy construyendo nubes” ya lo he oído alguna vez. No me acuerdo
ahora dónde.
-¿Dónde estoy?
El monje responde:
-¿En dónde?
-Voy a contarte algo muy interesante Susana. Hace muchos años un joven pastor llamado
Millán o Emiliano, se hace ermitaño. Muere en 574 D.C. con la edad de 101 años. Sus
discípulos lo entierran en una cueva y después se construye un monasterio en el mismo
lugar llamado san Millán de Suso (suso significa “arriba” en castellano antiguo).
“Pasan los años y en 1053 el rey navarro García Sanches III de Navarra funda un
monasterio en sus tierras. Él es muy devoto a San Millan y quiere sus restos en Navarra.
Pero algo extraordinario sucede. ¿Quieres saber niña?
Susana mira fijamente al monje. Apenas y distingue los rasgos de su cara. Ella
mueve la cabeza de arriba abajo afirmando sin emitir ningún sonido. Él continúa:
-Bien. El rey pone los restos del santo en una carreta. Los monjes se quedan descontentos.
Cuando llegan al llano, la carreta que es tirada por los bueyes, ellos se detienen y no quieren
más andar. Su majestad piensa que ha sido un milagro. San Millán impone su voluntad de
no salir del lugar y construyen un nuevo monasterio al que se llama Yuso (abajo) en
contraposición con el Suso (arriba). Es en donde estamos ahora Susana, en el monasterio
de San Millan Yuso.
-¿Observas Susana lo que hay en la mesa? Está ante ti los primeros escritos redactados del
habla del pueblo, en romance, escritos hace mil años atrás. Se cree que han sido las
primeras páginas de la literatura española. Parece que los monjes hacían anotaciones para
aclarar los códices escritos en latín. A estas anotaciones las llamamos de glosas. Las glosas
emilianenses.
Susana ve los pergaminos. La tinta negra sobre el papel forma letras y las letras
forman palabras y las palabras forman frases y las frases forman oraciones.
El monje continúa:
-Por eso que al monasterio de san Millán de Yuso se le conoce como “la cuna de la lengua”.
Hace mucho viento. Una ráfaga de aire hace que se revoloteé el cabello de
Sebastián. El cielo está nublado y plomizo. Él ha salido desde la mañana a ver sus tierras y
la siembra. Parece que amenaza caer una tempestad. A pesar de no haber sol hace calor. En
este tiempo de verano es común haber rayos.
A cada paso se salpica de lodo. Ya no camina sino corre. Corre tanto como le es
posible. Todo está gris. La lluvia no le permite ver. El agua escurre por el pelo impidiéndole
la visión.
No sabe si continuar o refugiarse debajo de un árbol. Pero sabe que está agua es
buena para la siembra. El firmamento se ilumina por los rayos, una, dos y tres veces, una
detrás de la otra. Se escucha sus pisadas al contacto dela tierra mojada y el sonido de la
lluvia. Segundos después uno, dos y tres grandes ruidos de los truenos.
Corre cada vez más rápido. No mira por donde camina pero sabe adonde ir. Se
tropieza con una piedra. Cae y se golpea la cabeza. Pierde el conocimiento. No escucha
nada. No ve nada. No se acuerda de nada.
Se abre la puerta y entra una chica con una palangana en las manos, unas gasas y
unas vendas en el brazo. Sebastián pregunta:
-Te has caído – le responde la muchacha – te has golpeado la cabeza y has perdido el
conocimiento. Voy a lavarte la herida.
-No la tienes muy grande, la tienes pequeña, Si no tenemos el cuidado suficiente puede
infectarse.
Él la mira mientras ella se acerca y se sienta en la cama
-Tirado, sangrando y desmayado. Por poco y te mueres ahogado en esta lluvia que ha
pasado. Si no llego a tiempo…
-No es exactamente esa la respuesta que quiero, quiero decir, ¿estabas cerca?
-No. Estaba en casa. Pero alguien me contó que estabas caído y desmayado Fui a rescatarte.
-Cada vez entiendo meno, la persona que te ha avisado ¿no podía ayudarme?
La flama se mueve de un lado para otro. Recibe un soplo. Las velas en forma de
número uno y un cero formando un diez se apagan. Todos aplauden.
-Ha sido una buena idea en hacerle la fiesta de cumpleaños a nuestra hija aquí en el
rancho. Pensé que nadie iría a venir.
Teresa responde:
-Susana tiene muchos amigos. Sabía que irían a venir. Además el rancho no está tan lejos
de la ciudad.
Ella se acerca a Susana. Le da un beso. Corta el pastel. Las personas llegan cerca para
recibirlo. Todos los invitados están en la sala y algunos niños salen al patio para jugar. Una
ráfaga de viento entra por la ventana moviendo los globos que están colgados en el techo.
-Susana, ve a la cocina y en el frigorífico hay más refrescos. Trae dos de naranja por favor.
La niña deja de jugar con sus amigos y va a hacia la cocina. Abre la heladera y coge
dos refrescos y cierra la puerta. La ventana de la cocina está abierta. Entra un aire leve pero
lo suficiente para que sienta frío. Se dirige a la ventana y a lo lejos ve a una chica
desconocida llamándola con la mano. Después va con su madre y le entrega los refrescos.
Susana sale de la casa y la chica continua en el mismo lugar. Las dos se acercan y la niña le
pregunta:
-¿Quién eres?
-Mis padres me han hecho una fiesta. Ellos me han dicho para no hablar con desconocidos
pero algo dentro de mí me dice que debo confiar en ti.
-Me llamo Ana y vas a conocer a alguien más. Tenemos un regalo para ti. Te va a gustar.
-¿Un regalo?
-Trabajaba con tus abuelos hace más de diez años. Desde hace mucho tiempo estamos
esperando este momento. Tú eres la elegida.
-No sé de lo que me estás hablando pero dentro de mí me dice que debo confiar en ti.
La niña se acerca y le da la mano. Ante ellas aparece una lucecita que cada vez se
hace más grande. Entran en la luz y desaparecen. Nadie ha visto nada.
Mira por todas partes sin saber adónde dirigirse. Es primavera y hace mucho calor. El
llano está alfombrado de flores y pasto. La pastora, que tiene unos 14 años, camina sin
alejarse demasiado de su rebaño. Escucha a lo lejos el balido de un cordero. Pone atención
y corre hacia una gran cueva. Se detiene en la entrada. El balido retumba en las paredes
haciendo un gran eco.
Los rayos del sol llega solo hasta una parte haciendo por dentro una boca oscura. La
pastora no la piensa dos veces y entra. Por el sonido del borrego, él no ha ido muy lejos.
La chica llega en un punto donde la luz no alcanza más. Se detiene. No quiere dar un paso
por miedo a caerse con las piedras y por miedo a lo desconocido y grita:
Ella camina despacio. A cada paso la sombra invade sus piernas, después su cuerpo
hasta ser devorada en la oscuridad.
La pastorcita asustada, sin darse cuenta aprieta al cordero y este da un balido. Ella
dice:
-¿Quién está ahí?
-No te asustes querida niña –el eco continúa con la última palabra – niña, niña.
-Sal de donde estás o eres un cobarde para no dar la cara, cara, cara.
-Ana, mi pequeña Ana. Solo soy un humilde mensajero. Tengo un recado para darte, darte,
darte.
-Soy el Eco, Eco, Eco. A quienes sirvo te han elegido, elegido, elegido. Debes encontrar a la
persona correcta y enseñarle los secretos del mundo, mundo, mundo.
Ana cree que está soñando. No puede ser verdad lo que está oyendo pero aún así
continua hablando:
-¿Cómo voy a saber a quién escoger y sobre todo que enseñarle? Apenas sé leer y
escribir
-No te preocupes mi querida Ana, Ana, Ana. Te esperaremos todos los días aquí para
enseñarte lo que tienes que aprender. Tú decides si vienes o no, no, no.
Nadie respondió ante la pregunta de Ana. Ella consigue mover los pies.
Solo escucha su eco llamando a Eco pero no obtiene ninguna respuesta. El cordero
bala. Ana, la pastora, da la vuelta y la luz del sol nuevamente invade su cuerpo.
-La crisis económica puede llegar al país en cualquier momento. Tenemos que continuar
ahorrando – dice Juan sentado desde su escritorio mientras abre un cajón del lado derecho
y saca un sobre con billetes dentro y lo pone sobre la mesa.
Teresa comenta:
-Tener un hijo ahora es demasiado caro. Yo también estaba pensando en esto. Tenemos
que planearlo mejor.
-Podemos invertir nuestros ahorros. Gastar menos. En fin, ahora los dos estamos
trabajando. Creo que estamos listos para tener un miembro en la familia además estamos
estables financieramente. Tenemos que comprar todo al contado para el bebé. Si lo hacemos
en abonos los intereses serán muy altos.
Juan se le queda mirando a Teresa que está sentada en su frente en el sillón y dice:
-Me acuerdo cuando te conocí. Estuve varios meses de paro porque me lo pediste.
-¿Es un reproche?
-No, claro que no. Solo que estar de paro, a cualquiera le baja la autoestima.
-Pero ahora tienes un buen trabajo. No te puedes quejar, hasta te han promocionado a
gerente. Además continuas haciendo en tus ratos libres lo que te gusta: árboles
genealógicos que fue por ello por el cual nos conocimos.
- Y yo mis joyas.
-Ah, entonces vamos a tener una hija, eres adivina. ¿Qué más has soñado?
-Entonces será un ángel o ¿ángela? ¿Existe femenino de ángel? O ¿es verdad que los ángeles
no tienen sexo?
-Nunca pierdes tu sentido del humor y de tus chistes sin gracia. – Teresa se queda
pensando y continua – En mis sueños escucho una voz que me dice que ya es el momento.
Lo repite uno detrás de otro, Seguido, sin parar.
-Cuando me despierto, tengo un deseo de ser madre. De tener a nuestro hijo en mi regazo,
de abrazarlo, de darle cariño y protegerlo.
Los copos de nieve bajan despacio como pequeñas plumas blancas y cristalinas. El
único color existente es la variedad de blancos que puede haber tanto los imaginables como
los inimaginables.
-Cada vez que camino me duele la cabeza – dice Susana saliendo de su boca un vaho
blancuzco y continua – tengo miedo – su voz se hace más débil y quebradiza. Al pronunciar la
última palabra tal parece que va a echarse a llorar.
Ana responde:
-No hay porque temer. Te duele la cabeza porque algo en ti está cambiando.
-¿Adónde me llevas?
-Ya lo veras.
Pero la niña no le hace sentido. Todo es tan igual. La tierra empieza temblar
haciendo una grieta enfrente de las dos. A Susana se le pone los pelos de punta. Abre más
los ojos y su boca se abre intentando gritar pero se le hace un nudo en la garganta y no
sale ningún sonido.
La mujer está cubierta con todo tipo de hojas y flores. No se distingue si es parte
de su piel o es un atuendo que lleva puesto dejando solamente desnudo las muñecas y las
manos, los tobillos y los pies y debajo de ella una gran nube que la sostiene.
Ana dice:
La mujer avanza junto con la nube hacia Susana y con un movimiento suave le toca
la mejilla con sus dedos deslizándoselos por la boca. Sube por la nariz y luego la frente. La
niña siente su tacto tan cálido y sedoso. La mujer abre las manos y se la pone en la cabeza.
-Estoy muy cansada. Me siento mal. Me duele la cabeza, la garganta, todo mi cuerpo. Me
estoy mareando.
De la boca roja como el vino de la mujer pronuncia estas palabras con un sonido tan
dulce y musical:
Susana abrió los ojos. Ana la miraba y la mujer color de nieve también, esta última
dijo:
Susana preguntó:
-¿Quiénes?
La niña murmuro:
-¿Estoy soñando?
-Yo – dijo la de cabellos amarillos y la tez del mismo color – a mí me llaman de verano.
Primavera comentó:
-Establecer el equilibrio.
Verano continuó:
-Cada vez es más difícil cumplir esta misión. Antiguamente había una simbiosis entre el ser
humano y la naturaleza.
-Las personas en esta época cada vez están más disociadas de nosotras, de nuestro
mundo.
Invierno extendiendo los brazos de lado a lado y las cuatro se cogieron las manos
y dijo:
-La humanidad cada vez se va a haciendo más egoísta, más destructiva, más incrédula.
-Ya nadie cree en nosotras. Las historias, los mitos ya no son importantes. El sentido de los
símbolos y la profundidad de interpretar el mundo no existe más. Teníamos muchos nombres,
éramos llamadas de Madre Tierra, después de Madre Naturaleza pero ahora estamos sin
nombre. Solo llaman de primavera, verano, otoño e invierno para clasificar las épocas del
año, pero no hay ningún significado para ellos. Están destruyendo nuestro mundo y
también a nosotras. Las consecuencias será la destrucción de todos.
Ellas dijeron:
-Construir nubes. Tu tutora será Ana hasta que cumplas la edad adecuada para actuar sola.
-Tú establecerás el orden y la comunicación entre ellas y nosotros. Hasta que alcances la
edad suficiente, yo te ayudaré. Vivimos en tiempos difíciles. Cuando estabas en el vientre
de tus madre y tus padres fueron al rancho, yo trabaja aún allá. Tu padre me vio desde la
cocina haciendo nubes y fue allí que el conocimiento me fue revelado. Que tú eras la
elegida.
Susana preguntó:
-Aún no me queda claro cómo voy a hacer la misión que me están encomendando.
Susana levanto la mano para despedirse, ella y Ana dieron la vuelta y empezaron a
caminar desapareciendo entre la blancura del lugar.