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Reflexiones sobre la moralidad y el trabajo

Moritz y Dula discuten sobre la moralidad del señor Popóvich, quien es considerado un ladrón, pero también tiene aspectos positivos como su amor por su familia. Mientras esperan el autobús, Moritz comparte su experiencia en la Empresa Wuma, donde se siente incómodo con el ambiente de trabajo en cadena y la falta de consideración hacia los trabajadores. Dula se preocupa por Moritz y su olfato especial, que le causa frustración y descontento con su vida actual.

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Reflexiones sobre la moralidad y el trabajo

Moritz y Dula discuten sobre la moralidad del señor Popóvich, quien es considerado un ladrón, pero también tiene aspectos positivos como su amor por su familia. Mientras esperan el autobús, Moritz comparte su experiencia en la Empresa Wuma, donde se siente incómodo con el ambiente de trabajo en cadena y la falta de consideración hacia los trabajadores. Dula se preocupa por Moritz y su olfato especial, que le causa frustración y descontento con su vida actual.

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DIME DE UNA VEZ qué quería el señor Popóvich de ti-preguntó Dula-.

No lo he entendido.
Moritz se lo explicó.
-iAsí que es un ladrón! Pobre Emmi!Y yo que encontré todo tan
maravilloso...
-Pero, Dula, su arte sigue siendo tan maravilloso como antes.-No-dijo
ella [Link] ladrón no es maravilloso.
Miró el huevo de pascua que llevaba en la,mano para Axelotto y se
preguntó si debía conservar aquel regalo de Popóvich.
Luego preguntó:-Pero,cno oliste lo mala persona que es?
-Nadie es totalmente malo, Dula. El se-ñor Popóvich podrá ser un
bribón, pero tiene sus aspectos buenos: quiere a su hija Emmi y se
preocupa por su familia. La vida de los feriantes no es nada fácil.
Por fin vieron la parada del autobús. El vehículo estaba esperando, pero,
aunque
apretaron el paso, partió antes de que lo alcanzaran.
-Lástima-dijo [Link] próximo tar-dará en llegar media hora.
Dula no se disgustó por eso. Aquella me-dia hora prolongaba la tarde con
Moritz. Lo que es por ella, ya podía llegar el autobús mañana por la
mañana...
-Qué hacemos ahora?
Fueron al parque, donde el autobús tenía la primera parada del recorrido
de [Link] un miniparque con algunos aparatos de gimnasia, bancos
bajo los viejos árboles, y un pequeño estanque donde nadaban algu-nos
patos. Dula fue primero al columpio y después se colgó de las argollas.
Moritz se sentó en un banco. Eran los únicos visitantes del parque.
Dula dijo:
-Si nadie es malo del todo, entonces nadie es tampoco bueno del
todo,no?
-Claro que no-Dula,acercá[Link] sentó en sus rodillas-. No existe una
persO-na del todo buena-siguió [Link] nos portamos mal alguna
vez.
-Menos tú,señor Nape.Tú eres bueno.
-No digas tonterías, Dula Ayer por la tarde estuve a punto de pegarle a un
señor.
-De veras? Cuéntame.
-Estuve en Empresa Wuma, que es una sociedad muy poderosa, en la que
trabajan cientos de personas. Primero quisieron saber-
lo todo sobre mi nariz, como de costumbre,y luego me llevaron a la
presencia del direc-tor general.
-zÉse es el mandamás?-preguntó Dula.
-El que está por encima de todos,sí. No te puedes imaginar aquel
ambiente. Su des-pacho es más grande que un salón. En el suelo. una
gruesa alfombra; no oyes tus propios pasos. Todo es silencio; hasta el
teléfono suena muy bajo. Los dos perros grandes que guardan al director
general tampoco ladran. Son unos perrazos como terneros...
-Perros de San Bernardo?-preguntóDula.
-Dogos daneses. Estaban echados a los pies del director general, y
cuando entréalzaron la cabeza, se levantaron, se acerca-ron a mí
silenciosos y me husmearon;luego se echaron otra vez. El director
general dijo:«Usted les cae simpático a mis [Link] no aguanto a una
persona que no cae simpático a mis perros».
-iVaya director general más extravagan-te!-observó [Link]
contando.
-Me invitó a sentarme, indicándome una butaca. Me hundí en la butaca
de la izquer-da y creí que no iba a poder salir de ella. El director paseaba
detrás de mí, junto a los perros. Puso su mano en un brazo de mi butaca.
Una mano blanca y blanda.
-Con anillos?-preguntó Dula.
-Sin anillos. Pero no olvidas aquella ma-no y la recuerdas cuando más
tarde recorres los pabellones de la empresa y observas a la gente.Y
cuando oyes el ruido ensordecedor,después de haber estado en el
despacho silencioso. Sabes lo que es el «trabajo en cadena»?
Dula sacudió la cabeza. «;Trabajo en cade-na!». Otra bonita palabra para
[Link] otra era «delicado».
Moritz intentó describir a Dula el ambiente de aquella nave de «trabajo
en cadena»:el ruido era insoportable; las máquinas atrona-ban el aire y
machacaban el material; el suelo temblaba. Olía a trabajo, a aceite, a
polvo, a metal caliente, a sudor y agotamien-to. Las personas vestían
monos de [Link] junto a la cinta continua, que mar-chaba sin
cesar y les iba echando las piezas de hierro una tras otra. En cada pieza
debían ajustar rápidamente ocho tornillos,y al po-ner el último ya estaba
allí la siguiente [Link] gente trabajaba sin levantar la cabeza, y cuando
no lograban ajustar los ocho torni-llos, cogían una nueva pieza y
trabajaban con doble rapidez, para compensar la pieza [Link]
preguntó:
-Qué pasa si dejan escapar una pieza sin ponerle los ocho tornillos?
-No lo sé; seguramente se lo descontarán del salario.
El caso es que había un hombre controlan-do con un cronómetro. Sabes
lo que es un cronómetro?
-Claro-dijo Dula. ofendida-. Nuestra profesora de gimnasia tiene uno
para medir el tiempo y la rapidez con que corremos.
-Aquel hombre tenía un cronómetro pa-ra medir la velocidad con que
trabajaban las personas. Ahora imagina esto, Dula: cada minuto y medio
llega rodando una pieza,en la que deben ajustarse los ocho [Link]
una hora cada obrero recibe, pues, cuarenta piezas. Total, trescientos
veinte tornillos que fijar a la hora. Multiplica por las ocho horas de
jornada laboral y hallarás el producto, si quieres.
-No quiero. Además, tampoco lo sé. En la escuela aún no nos han puesto
problemas tan dificiles.
Se movía a un lado y a otro en las rodillas de Moritz. Por qué le hablaba
de piezas de hierro y de tornillos en lugar de explicarle aquello de que
estuvo a punto de pegarle a un hombre?
-Qué quería de ti el director general?
Moritz guardó silencio.
Aunque describiera a Dula decenas de veces cómo funcionaba el trabajo
en cadena,era imposible describirle lo que él, Moritz Nape,había sentido
al ver las manos callosas y los rostros cansados de la gente. Pensó que
era mucho mejor trabajar de cartero que en
cadena.«No, eso no es para mí-se [Link] realidad,eso no es para
nadie».
-No dices nada, señor Nape -Dula se bajó de sus rodillas-. Si es un
secreto.y no me lo puedes confiar, y te molesto...
Corrió hacia los aparatos de gimnasia,se enroscó por la escalera e hizo
ejercicios de mujer-serpiente.

MORITZ podía haberle explicado a Dula lo que la Empresa Wuma


esperaba de su olfato:el director general quería que la cadena funcionase
a mayor velocidad, y deseaba saber la opinión de Moritz.
-Fatal-le había dicho Moritz.
Una respuesta simple a una pregunta sim-ple.
-Por qué?-había preguntado el [Link] trata sólo de acelerar unos
pocos segundos. Al personal le basta con querer y la empresa saldría
beneficiada.
-Perdone-había respondido [Link] no sé nada de la Empresa Wuma,
pero no puedo concebir que una empresa pretenda beneficiarse haciendo
funcionar con mayor rapidez la cinta continua y destrozando aún más al
personal.
-Destrozando al personal?-exclamó fu-rioso el director [Link] sí
que estoy
destrozado! Se quejan de vicio. Nuestros tra-bajadores son jóvenes y
robustos y no les debería importar esforzarse un poco más en favor de
una empresa que lo hace todo por el bien de los [Link] el bien
de los trabajadores? Era una mentira tan grande que Moritz sintió ganas
de pegarle un puñetazo. Pero se contuvo y le preguntó:
-Señor director general, za usted le gus-taría trabajar en cadena?-No-el
director se dejó caer en la butaca.
Los dos dogos se le acercaron como si olieran lo desconcertado que se
sentía. Tam-bién Moritz había olido. Y pensó: «Aquí estáél en su
despacho...: es un señor [Link] le envidian creyendo que está
conten-to..., pero no lo está. Creen que es rico,pero en realidad es pobre
y da pena».Éstos eran unos pensamientos confusos...,demasiado
confusos para explicárselos a Dula.
No, él no podía ayudar a semejante hom-bre. Se levantó, y antes de
despedirse ie hizc esta pregunta:-Usted tiene que ser necesariamente di
rector general? Más feliz viviría siendo jardi-nero, o pastor, o cartero.
El director sonrió.-Usted es una persona muy [Link] amigo. Yo
no puedo ser tan sensible conmigo mismo.
DULA dejó los aparatos de gimnasia y volvióa sentarse en el banco.
-Lo has notado?
-Qué?
-Que soy delicada. Que no he querido molestarte.
-He notado queprefieres hacer gimnasia en lugar de escucharme-Moritz
miró el [Link] llegará el autobús. Vámonos ya a la parada.
Un pájaro de cresta negra, alas verdes y pechuga amarillenta pasó
volando cerca de ellos, hasta posarse en una rama.
-Un herrerillo-dijo Moritz. Intentó imi-tar su canto.
-Dónde 1o aprendiste?
-Me lo enseñó un amigo. Conocía todos los pájaros cantores y las aves
palmí[Link] a remar y nos ocultábamos entre los juncos. Allí
veíamos patos silvestres, cercetas y ánades silvestres. Nuestra gran
ilusión era encontrar una garceta. Pero no la vimos nunca
-Tu amigo, era Erich?-preguntó Du-la-. Le vi en el álbum de fotos.
-Sí, Erich. Sentí mucho cuando se fue.
Éramos como hermanos. Me regaló,como despedida, su viejo bote de
remos.
-Lo tienes aun?
-En el sótano.
-Oye,señor Nape,entonces podríamos...
Moritz levantó la nariz, tomó a Dula de la mano y anduvo más
rá[Link]ó algo peligroso a su espalda y necesito sólo un instante para
localizar el olor: olia como los «topos» en la noche en que coinci-dió con
ellos en el Almacén.
-No mires atrás, Dula, nos sigue un 《topo》.Dula no quería mirar, pero su
cabeza se volvió por sí sola.
-No es ningún «topo». Es una persona normal, con sombrero y todo -
susurró-.Parece muy elegante.
Llegó el autobús. dio la vuelta a la plaza y se detuvo en la parada.
Subieron los dos y fueron a sentarse en el último asiento. Mo-ritz miró
disimuladamente por la ventanilla trasera.
-Nos sigue todavia?-preguntó [Link] que subirá para viajar con
nosotros?
-No. Tiene ahí su coche. Pronto nos adelantará.
Un Opel gris adelantó al autobús y se dirigió a la ciudad. Dula dijo, más
tranquila:
-Yo había creído que se sentaría detrás de nosotros para fijarse en dónde
nos apeá-bamos y luego enterarse de dónde vivimos.
-Eso lo sabe hace tiempo-dijo [Link] nos ha venido
siguiendo.A lo mejor estaba en la sesión del mago, muy atrás, y por eso
no pude olerle entre tanta [Link],Dios mío!-y suspiró hondo.
-Qué te pasa, señor Nape?
-Que estoy harto. Dula. jHasta las nari-ces! Si crees que lo de mi olfato
me hace [Link]ás equivocada. Todo lo contrario. Me da [Link] mago,
el director de Wuma, el del Almacén, los «topos».... ftodos! Desearía
ver-me libre de esto de mi nariz.
Dula le miró asustada. Le metió el puño en la mano.
El autobús se puso en marcha.
Dula estuvo pensativa. Al cabo de un rato preguntó:
-No podrias hacerles creer que tu olfato ha vuelto a la normalidad?
-Eso sería mentir, y ya sabes lo mal que le sienta eso a mi nariz. No
aguantaria mi propio olor.
Se echó a reir, pero Dula se dio cuenta de que no era una risa alegre.

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