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Celebrando mi cumpleaños a lo grande

El capítulo narra el cumpleaños de la protagonista, donde recibe sorpresas y regalos de sus amigos, incluyendo una fiesta y una cena en un restaurante. A pesar de la celebración, se siente inquieta por la falta de comunicación con Berto, quien no la ha felicitado. La historia culmina con un encuentro inesperado con un chico atractivo en un bar, mientras la protagonista reflexiona sobre su vida y relaciones.

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Celebrando mi cumpleaños a lo grande

El capítulo narra el cumpleaños de la protagonista, donde recibe sorpresas y regalos de sus amigos, incluyendo una fiesta y una cena en un restaurante. A pesar de la celebración, se siente inquieta por la falta de comunicación con Berto, quien no la ha felicitado. La historia culmina con un encuentro inesperado con un chico atractivo en un bar, mientras la protagonista reflexiona sobre su vida y relaciones.

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CUMPLEAÑOS FELIZ

Capítulo 16.

La semana pasó tranquila, a Berto no lo ví ni martesn ni miércoles, ni jueves.


Hablábamos por videollamada por las noches, pero no nos vimos. Tenía según él,
mucho trabajo.

Ya era viernes cinco de Noviembre, día de mí cumpleaños. Me desperté tarde


porque la noche anterior me había pegado hasta las dos de la madrugada viendo
la serie de La Asistenta. Tenía un enganché máximo a ella y a su historía. Había
veces hasta que me comparaba con ella en como se sentía en algunas secuencias,
y admiraba a esa mujer por enfrentarse a la vida de esa manera, pese a las
adversidades, negaciones y mala suerte.

Las primeras felicitaciones fueron mientras estaba dormida, por Whatsapp.


Aurora fue la primera en felicitarme. Después Jimena y su madre. En Facebook los
clientes y conocidos. Mí madre me llamó mientras me hacía el café, también se
pusó mi padre. Mauro vino a casa poco después de que subiera el café con Nando.
Me trajeron churros porque según Mauro sabía que me había acostado tarde por
la última conexión de Whatsapp, la noche anterior. Él solito supuso que me
acabaría de levantar. Tampoco era tan tarde, eran las once. Para muchos será
temprano incluso, para mí acostumbrada a madrugar hasta los domingos eran
como las dos del mediodía.

Les puse café también a ellos, y el muy cabrito mientras me entretenía en la


cocina, hizo que Nando pusiera un ramo de rosas blancas en el salón. El ramo era
precioso, con ese blanco nude y ese olor a rosas entrelazadas entre hojas de
eucalipto verdes y siemprevivas amarillas. Me encantó e inmediatamente le hice
una foto para mi historía de Instagram. Se lo mandé a mamá para que lo viera y
no tiene otra que preguntarme, que sí es de algún amante...

Desayunamos en el salón y cuando estaba metiendo todo en el lavavajillas,


llegaron Jimena sorprendentemente la imaginaba trabajando y Aurora que me
habló la noche anterior troleándome, la muy cabrona... Me dijo que tenía que
preparar el Black Friday en tienda y que no me vería hasta por la noche. Jimena
me dio un fuerte abrazo y me gritó hasta el timpano, feliz cumpleaños. Venían
muy arregladas. Y yo me estaba perdiendo entre tanto misterio.

- ¿Dónde vais a las once y media de la mañana de un jueves, así?.-pregunté con


los brazos en jarras.

- Al mísmo sitio que tú. Vete a arreglarte. Tes esperamos aquí. Jimena pon música.
Mauro saca unos chupitos.

Yo seguía con los brazos en jarras porque no entendía nada, y cuando no llevó el
control de las cosas me pongo nerviosa. Me gusta tenerlo todo bajo control
siempre. Ellos lo sabían, y disfrutaban viéndome así.

Los dejé abajo empezando la fiesta, con la música y el Vodka caramelo. Me dí una
ducha y otra vez la pregunta que le hacemos al ropero día sí y dia no. ¿Qué me
pongo?.

Viendo que Jimena iba con un abrigo verde agua, pantalones y jersey negro, botas
de tacón también negras. Los chulazos en camisas, empitillados y con blazer.
Aurora con falda de cuadros de vichy, medias negras, camisa blanca metida por
dentro de la falda, rebeca larga negra y botas de piel de ante rojas a juego de sus
labios.

Me decidí por un vestido vaquero de manga larga abotonado por delante por
encima de la rodilla. Medias burdeos, botas planas negras de tachuelas, rebeca de
punto gordo negra y bufanda de cuadros con tonos rosas, burdeos y grises. Me
hice una cola alta y tirante, y me maquillé muy natural con mis labios burdeos.
Tono Double Fudge Matte de Mac.

Bajé y me tenían una tarta con los números tres y uno. Treinta y uno, ya... madre
mía. Hice uno que otro puchero porque no quería llorar, por el rimel. Y nos
hicimos unas cuantas de fotos todos juntos. Por supuesto también publiqué la
foto de la tarta con ellos en historia de Instagram.

Sacaron los regalos, Aurora y Jimena. Me regalaron unas gafas de sol de pasta
negra, con el acabado un poco rectagular de Bimba Y Lola, que estrené en ese
mísmo instante. También un bolso negro de Bimba, al que le metí todo lo de mí
bolso negro de siempre y también estrené en ese mísmo momento. Después más
de media tarta que estaba buenísima, fué a la nevera.

Nos pusimos de acuerdo para ir en los coches y nos fuímos para Sevilla Capital. Yo
me fuí con aurora en su coche. Y de camino nos pusimos al día un poco. Porque
llevaba razón ella, en que estabamos demasiado perdidas la una de la otra en
contarnos cosas, con tanto jaleo que teníamos últimamente.

Yo no tenía ni idea de donde me llevaban, pero cuando ví que íbamos camino a


Plaza Nueva, andando, porque los coches los dejamos en el parking de la Plaza de
la Magdalena, Nando me dijo que íbamos a Seis Tapas.

Era un sitio en el que en verano ya les dije que quería ir a Mauro, porque me lo
había recomendado Carlota. También se lo dijé a Óscar pero siempre tenía algo
que hacer, claro.

- Chicos muchas gracias. Me ha gustado mucho la sorpresa. ¡Esperad!. Vamos a


hacernos una foto aquí en la puerta.

Salíamos con ojo cerrado, boca abierta, mirándo para otro lado, pero salía el logo
del restaurante, que era lo que me importaba para mandárseló a Carlota por
Whatsapp.

Me contestó rápida, felicitándome y diciéndome que llevaba dos días de náuseas


que se quería morir. Pobre... y sólo acababa de empezar.

El restaurante por dentro me pareció una selva porque en la decoración


predominaba la naturaleza. Serían unos doscientos metros cuadrados, con dos
plantas, que conseguian ser un lugar agradable y acogedor, con varios ambientes.
Había bar, restaurante, tapas, cócteles y música.

Todo eran hojas verdes, con jardines verticales que acompañaban a las cristaleras
de los ventanales. La lámparas y decoración eran de de bambú.
Nos pusieron en uno de los ventanales, y al no ponernos de acuerdo con la carta
el camarero que llevaba haciéndole ojitos a Aurora desde que la vió entrar, nos
propuso que pidiéramos tapas para probar todo lo que fuera posible. Lo que más
me gustó fue la ensaladilla de carpaccio de gambón y el fideuá negro de bacalao y
choco. Pero vamos que repetiría todas las tapas una por una porque estaba todo
exquisito.

- Ahora vengo.

- ¿Dónde va esta ahora?.

Todos me miraron, porque ellos si sabian donde iba Aurora. Todos menos yo.
Pensé que iba a pedirle el número al camarero, pero no había bebido tanto como
para eso. Aunque tampoco me sería de extrañar. Ella tenía un don con los
hombres. Hacía y deshacía a su antojo con ellos. Aunque también se enamoraba y
le daban larga. Pero era más de hacer y deshacer ella con ellos.

Jimena estaba a mí lado, y me preguntó por Berto. Ostias, verdad. Berto.

- No sé Jimena. Sólo hablamos por las noches. Imagino, que luego me hablará.

- Pues me parece raro, conociendoló y sabiendo como estaís que no te haya


hablado aún. - Miré el reloj. Eran las cuatro y diez.

- Estará trabajando. Tenía mucho trabajo está semana.

Después me quedé pensativa. Porque no os voy a engañar, pensaba que me


levantaría con su felicitación o que a la hora que era... ya me hubiera felicitado, o
por lo menos haberme dado señales de vida. También pensé en hablarle yo. Pero
no. ¿Hablábamos por las noches no?. Pues se esepraba una a la noche.

Todos los pensamientos se me fueron de la mente en el momento que ví al


camarero junto con Aurora acercarse con una tarta red velvet llena de macarons
rosas por arriba, con unas velas doradas con los números.

Me quedé sorprendida, no me lo esperaba para nada. Y yo pensando que Aurora


se habría metido ya hasta en la cocina a hablar con él.
- ¡Qué preciosidad de tarta, por favor!.- grité.

- ¡Deseo, deseo!.-decían todos a voces mientras cantaban el cumpleaños feliz.

Al canto se unieron los de la mesa de al lado, la de atrás y la gente de la barra.

Y pedí ser feliz. No pedí nada más. Solo ser feliz.

Comimos tarta hasta no poder más. Me miré los botones del vestido, los que
daban justamente en el michelín de la barriga y me los tuve que desabrochar.

- ¡Ahora chupitos! para bajar esto. Los cuadros de vichy se van a combetir en
parchís. ¡Dios no comía así desde las navidades en casa de mi abuela!.

- ¡Exagerada!.-le dije.

- ¿Dónde vamos ahora?. -preguntó Jimena.

- No sé. Que elija Malena. -propuso Mauro.

- Pues no se. ¿Qué quereís hacer?. -todos me miraron con interrogación.-Me


refiero, que si quereís seguir bebiendo habrá que irse al pueblo. Aquí con los
coches no hacemos nada.

- Pues propón tú el plan. - me contestó Aurora.

- Vale. Ya sé, donde vamos a ir.

Se me ocurrió llevarlos a Gravity. No había vuelto a ver a Javi, y me apetecía


pasarme por allí y que conociera a mis amigos. Además el sitio era agradable y me
gustó mucho el día que fuí.

No me dejaron pagar. Pero me enfadé y les amenacé con que las copas las pagaría
yo en el pub.

Llegamos al pueblo. Aparacamos cerca de mí casa. Aquello a esa hora aún estaría
tranquilo y decidímos ir andando. Yo los conocía de más, y sabía que no serían dos
copas. Mejor prevenir que curar, como decía mi madre.

Javi se sorprendió al verme. Salió de la barra a darme dos besos y un abrazo y le


presenté a todos mis amigos. En la barra había una chica que era súper atractiva,
digamos que exuberante. Pelo rizado pero no al nivel de Jimena. Rizos más
abiertos, rubios y cobrizos. Pómulos marcados, labios gruesos, pechos firmes y
bonitos, culazo enfundado en un pantalón de cuero negro y tacones altísimos.

- No sabía que era tú cumpleaños.¡Felicidades!.-me volvió a abrazar.-Dejadme un


segundo y os preparo una mesa guay, en plan reservado allí al fondo. ¿Os parece?.

Todos le dijímos que sí. Mauro empezó cos sus supocisiones de bruja, diciéndo
que yo a ese chaval le gustaba. No le dí importancia. Haber Javi era atractivo,
bajito, pero muy atractivo. Tenía rollo. Vestía muy moderno, pero bien. Y los
tatuajes siempre me parecieron bien, pero para estar yo con un tío de ese rollo,
no. No por nada. No tengo nada en contra de eso ni mucho menos. Pero a mí me
gustaban los tíos más clasicos, en cuanto a ropa se refiere.

Nos preparó una mesa al fondo con taburetes bajos, nos trajo la primera ronda
que invitaba la casa, y claro... se nos calentó el pico.

Cuando nos dimos cuenta, entre risas, fotos, charlas de mearte de la risa y copas,
eran las diez de la noche. Miré mí móvil, pero nada. No había señales de Berto. Yo
me notaba algo achispada ya a esas horas y me salí a fumar a la puerta. Recordé la
primera vez allí con él, tan nerviosa, con tanta hostilidad y miedo... Y decidí
llamarlo, pero no me lo cogió. Pensé que aún estaría trabajando, y volví a dentro.

Me acerqué a la barra y le pregunté a Javi por él. Pero el tampoco sabía nada de
Berto desde hacia días. En ese momento ví entrar a un grupo de chicos y uno de
ellos se me quedó mirando. No sabía porque me miraba. No había mucha luz y yo
estaba como ya os he dicho con varias copas de más. Pensé que sería del obrador,
que me habría reconocido del trabajo. Pero no. Cuando se acercó a la barra a
pedir y se puso a mi lado, fué mirarle a los ojos y saber de quien se trataba. El
chico del pañuelo. El chico con los ojos más bonitos que había visto jamás. ¡Qué
bonitos ojos, qué bonita voz!. Y digo voz, porque me habló en ese mismo
momento, y recordé la voz de cuando me habló en el baño.

- Perdona. ¿Qué decías?.


- Digo que me suena tú cara. ¿Nos hemos visto alguna vez?.

- No. -mentí.

- ¿Seguro?.

- Seguro.

Miré a Javi, que estaba pendiente de nosotros. ¡Puto Javi, no se le escapaba ni


una! de la de cosas que se enteraría y vería allí.

- Creo que voy a salir a fumar. Javi danos la cuenta, creo que nos vamos a ir ya.

- ¿Seguro?. No los veo con ganas de irse. - se rio y me señaló que mirará para
ellos.

Aurora estaba perreando una canción de Ozuna con Mauro, Jimena con una
tajada como un piano en el sofa amarillo de atrás sentada y con las patas abiertas,
descalza y cantando con el vaso en la mano. Nando bailando de solo y haciéndole
fotos a los bailarines del perreo. A todo esto el chico de los ojos bonitos seguía en
la barra mirándome, mientras se terminaba de echar en la copa de balón la Coca
Cola, que no le cabía porque Javi se había pasado con el ron.

- Javi salgo a fumar de nuevo. Diseló a estos si preguntan.

- Si no te preocupes, voy a ir ahora a despejar un poco la mesa. Sara, quédate


pendiente de la barra hasta que llegue el jefe. Esto hasta arriba.

La chica exuberante volvió a la barra y yo me salí a encenderme un Nobel. No


sabía en que momento, aquello se había llenado tanto. Pero estaba llenísimo y los
dos solos no daban a basto.

Miré el móvil de nuevo y seguía sin respuesta de Berto. Eran ya las diez y media.
Vale, siempre hablábamos sobre esa. Seguro que en un rato me hablaría.

Cuando levanté la mirada, estaba el chico de los ojos bonitos en el otro extremo
de la puerta, apoyado, fumando con otro chaval moreno de ojos verdes también
muy guapo. Y no es que me pareciéra guapo todo el mundo ese día porque
estuviera algo chisposa, no. Eran guapos, sin más.
Me quede cruzada de brazos terminándome el cigarro. Hacía frío de cojones esa
noche y yo tenía la bufanda y la rebeca dentro en el pechero. Con el vestido
pelado estaba quedándome helada.

Decidí meterme dentro de nuevo y pedir una copa. Nos habíamos cruzado la
mirada un par de veces fuera y la verdad es que me intimidaba un huevo, ese
chico. Miraba muy serio, como si me estudiará. Y no me hacía gracia ese tipo de
tensión de miradas sin conocerme de nada.

Pidiendo la copa a la chica. Sara. Los ví entrar de nuevo a los dos, al amigo y a él.
Quite la mirada para que no me pillará mirándoló. Lo ví acercarse de nuevo a la
barra a decirle algo a la chica y me fuí de allí con la copa en mano a buscar a estos.

- ¿Dónde andas?. - me preguntaron.

- Estaba fumando.

- Malena ¿Javi tiene novia?.

- Que yo sepa no. Tampoco sé mucho más que vosotras. ¿Por qué te gusta
Aurora?.

- ¿Por qué siempre me tienen que gustar a mí?. Le gusta a Jimena.

Miré a Jimena.

- ¿Te gusta Javi?. No lo veo mucho tu tipo.

- Pero sí esta no tiene tipo. No sabe ni lo que le gusta. ¿No ves que no prueba?.

- Aurora. ¡Basta ya! Siempre estas igual.

- ¡Ya! ya dejaros las dos.

Me recorrió como una electricidad por el cuerpo, y me dió un repelus... miré hacia
el lado y allí estaba. En la mesa de al lado. Cruzamos de nuevo las miradas y
agaché la cabeza. Me dió corte. ¿Cuántas veces nos íbamos a pillar mirándonos, el
uno al otro?.
Pasó hora y media, o quizás algo más. Seguía sin saber nada de Berto. Ahí sí me
empecé a preocupar. ¿Le habría pasado algo?. No podía mirarle la conexión última
en Whatsapp porque él la tenía quitada.

- No sé nada de Berto y estoy preocupada. Me da la sensación de que pasa algo.

- Malena estará trabajando aún.

- No lo sé Aurora. Me da la sensación de que algo se me escapa. Es muy raro,


conociéndolo lo poco que lo conozco, que no coja ni el móvil. Ni un Whatsapp. -
todos me miraron.

- ¿Quieres irte ya?. -me preguntó Mauro.

- Sí. Por favor. No me apetece seguir aquí, aunque me lo he pasado muy bien. Pero
se me ha cortado ya todo el rollo.

- Vale. Tú mandas. ¿Pagamos en la barra entonces?.-asentí.

Cogímos los abrigos del perchero y nos dirigimos a la barra. Lo llamé de nuevo,
saliéndome hacía la puerta. Nada. No lo cogía. Al entrar de nuevo para pagar el de
las miradas estaba en la barra de nuevo, hablando con Javi. Escuché entre la
música algo del cambio de pastillas. Y es que al igual que la tarde que lo ví por
primera vez que estaban todos fumando cachimbas en el fondo, donde el sofá
amarillo, hoy estaban igual pero sin chicas. Hoy sólo machos.

Javi al verme acercarme a la barra se acercó. Me dió la cuenta y pagué con la


tarjeta. Cuando ya nos Íbamos y me despedí de Javi, pasé por detrás de él,
bastante cerca y me volvió a dar el olor a perfume del día del baño. Ese que se
quedó en el pañuelo después. Ví por el rabillo del ojo que se volvío un poco para
mirarrme de nuevo, pero yo no lo quisé mirar más. Y allí se quedó apoyado en la
barra hablando con Javi de nuevo.

En la calle hacía bastante frío ya. Marcaba el termómetro del semáforo, seis
grados. Cuando llegamos a la esquina de la avenida, vimos a Aurora muy contenta,
lo achacamos a las copas de más. Hasta que vimos llegar a un coche blanco a
recogerla, un Peugot 308. Desde fuera no veíamos quien era.
Todos nos quedamos mirandolá, porque no sabíamos quien era.

- ¿Qué?.

- ¿Cómo que, qué. ¿Quién es?. - le preguntó Mauro.

- Es el camarero, que viene a por su postre.

- ¡Hija de puta!. -dijimos todos.

- ¿Pensabaís que me iba a venir sin el número?.

- No. La verdad es que nos hubiéra extrañado más lo contrario. - le contesté.

- Lo hice muy sútil. Además no quería que lo supieraís porque me lo chafaís. Me


voy. Yo hoy no pasó frí[Link] a dormir calentita. Que os sea leve hasta casa. Adiós.

- Ya hablaremos mañana eso de chafar. -le dije, mientras se montaba en el coche y


ella se reía.

- Eso ¡asquerosa!.-Jimena.

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