TODO COMIENZA CON UN SUEÑO
Capítulo 25.
Me dormí enfadada y por la mañana me despertó el sonido del móvil como un
zumbido en la cabeza. ¡Vaya resaca!.
Era mí madre para que le confirmará si iba en Navidad. Me echó la charla de...
Malena vente y no te quedes allí sola, Malena no puedes estar sin trabajar,
Malena busca trabajo y haz algo con tú vida. Y en realidad llevaba razón.
No ví a Berto ese domingo. Seguía enfadado, y yo también estaba enfadada por
verle tan enfadado por esa tontería esa noche. Después de mi último Whatsapp
entramos en un bucle de mensajes sin sentido, de cabezonerías y de ver quien
podía más. Y hasta el Jueves de esa nueva semana no nos vimos. Quedamos en ir
a tomar café y vernos en un sitio que no conllevara una cama o un sofá para no
caer en la tentación de arreglarlo todo con sexo. Así en la calle, en una mesa con
café en mano era mejor.
No le dejé que viniera a recogerme, quedamos en el sitio a las seis y allí estaba ya
él esperando cuando yo llegué. Iba vestido con un vaqueros bastante estrechos,
tobillos al aire, camisa de un verde oscuro, cazadora vaquera y zapatillas Vans.
Entramos a la coctelería, él se acercó a la barra y pidió un Cacique para él y un
Beefeater para mí.
- Dejamé pagar a mí. -le dije.
- No. Y por favor te pido que no empieces...
- Vale, perdona. -le hice ojitos.
Cogimos las copas y nos pusimos en una mesa en el rincón y seguimos hablando.
Charlamos de como nos había ido la semana, del domingo de resaca mutuo, cada
una en su casa. También le dije que estaba buscando trabajo pero que no había
nada. Pero de repente me sorprende con un papel pequeño sacado del bolsillo del
pantalón.
- ¿Qué es esto?.
- Míralo.
Lo cogí con cierta inquietud y lo abrí. Dentro había un número de teléfono. Lo
miré sin entender nada.
- Es de una amiga, busca canguro para sus hijas. Son gemelas.
No sabía que decirle. Y no es que no me gustará la idea, era más que nada. Pero
trabajar para una mujer remilgada, seguro que amiga de su madre o de su
entorno... no sabía si lo iba a hacer bien. Y me ponía nerviosa solo de pensar que
tendría que cuidar de dos niñas iguales, nunca mejor dicho. El me miraba sin
saber que estaba pensando.
- ¿Qué pasa?. ¿No te gusta la idea?.
- Sí claro, mejor que nada. ¿Qué edad tienen?.
- Cuatro meses. Es que se va a incorporar a trabajar de la baja de maternidad. La
necesita para el lunes. El dinero no lo sé. Eso ya lo tendrás que hablar tú con ella.
- Vale. Mañana la llamó. -guardé el número de teléfono dentro del bolso.
- No te veo muy animada.
- Es que no me gustan los niños. -me miró sorprendido. - Haber los niños de tres,
cuatro, cinco años me hacen mucha gracia. Pero no me veo poniendo pañales y
dando biberones a dos bebés.
- Inténtalo por lo menos. Le hablé muy bien de ti.
- Vale. Lo intentaré. -le volví a hacer ojitos.
Se acerco y posó su mano sobre mi pierna y susurró. -Te echado de menos.
- Yo también. -posé mi mano encima de la suya.
- Tengo muchas ganas de tí. Y ese vestido que te has puesto a propósito marcando
tus caderas, me estas poniendo... ¡Dios!.-masculló con los ojos perdidos en mi
cara, y su mano subió por mi muslo, por encima del vestido.
- Berto para. El camarero esta pendiente de nosotros.
- El camarero está pendiente de tí. Yo no le intereso.
- Puede. -contesté coqueta mientras dejaba la copa en la mesa. - Lo mismo es
bisexual.
- Te puedo aseguar que no. Hueles muy bien. ¿Puedo acercarme?.
- Prueba.
Su mano derecha me apartó el pelo suelto. Después la punta de su nariz se posó
sobre mi cuello, poniéndome la piel de gallina, subiendo hasta que sus labios
estaban sobre mi oreja. Pellizcó el lóbulo entre sus dientes y jugueteó con mi
pendiente antes de volver a bajar con besos húmedos hacia los hombros. Juro que
me costó mucho no gemir.
- Estoy como loco por follarte. ¿Nos vamos?.
Yo estaba igual. Me notaba la humedad en mis bragas. Pero no quería que a una
hora de vernos estuvierámos ya volviendo a lo mismo de siempre, follar para
reconciliarnos.
- No. Otra copa. -me aparté un poco y lo miré. Él me hizo un mohín.
- Vale, otra copa. Pero podíamos ir a Gravity.
Recordé lo del sábado allí y que Javi vió más de la cuenta, y le dije que no. Se
sorprendío de mí respueta tan exagerada y rápida. Me miró con cara de que se les
escapaba algo y no sabía el que. Intenté disimular y le dije que mejor íbamos a
otro lado, donde no nos conocieran pero no coló.
- ¿Por qué no quieres ir a Gravity?.
- Por nada, era por cambiar. Hay más sitios ¿no?.
No coló. Se cayó porque sé que no quería discutir. Pero no coló. Al final decidimos
ir a una tetería que se llamaba Kaloud. Era muy acogedor, música de moda bajita,
iluminación tenue con lámparas de forja negra colgando del techo, papel pintado
en las paredes, sillones negros, y mesas bajas de cristal. La barra era de madera y
de ella colgaban del techo más de dos metros de forja negra de las que colgaban
muchas copas de cristal. Había una frase que me gustó mucho en una de las
paredes y decía: Todo comienza con un sueño.
Y esa frase me hizo replantearme cual era mi sueño. Mí sueño era casarme o eso
creía... Formar una familía o eso creía... Trabajar en el obrador para toda la vida o
eso creía...
Pues ni me había casado, ni me planteaba ser madre , ni el obrador habia sido de
por vida...
- Estas muy callada. ¿En qué piensas?.
- En que yo ahora mísmo no tengo ningún sueño. He leído esa frase de ahí. -se la
señalé. - Y no, no tengo ninguno.
Cuando me fué a contestar, llegó el camarero.
- ¿Qué van a tomar?.
- Yo un té de frutos rojos. ¿Tú?.
- Un Cacique cola. -Me miró. - Ya no voy a cambiar. No me gusta cambiar cuando
algo me gusta.
- Estoy con usted. -Le contestó el camarero mirándome a mí y después mirando a
Berto.
Cuando el camarero se fué lo pillé mirándome embobado.
- ¿Qué miras tanto?.
- A la mujer que tengo delante. Creo que se llama Malena, es bastante cabezota y
tiene carácter, pero me gusta.
- ¿Te gusta qué tenga carácter?.
- Y que seas así, como eres. Tal cual. Toda tú.
- Exageras. Seguro que hay algo que no te gusta de mí.
- Por ahora no lo veo, quizás con el tiempo...
El camarero volvío con los vasos y no quisé contestar delante de el. Esperé que se
fuera, pero a Berto lo empezaron a llamar por teléfono y quiso contestar fuera.
Salío y me quedé allí esperandoló dándole el primer sorbo al té.
Tardaba demasiado y miré mi móvil para distraerme. Me había llegado un correo
en respuesta a varias ofertas de trabajo a las que había mandado mi curriculum al
mediodía mientras me comía un yatekomo en la cocina de casa.
Nada. No entraba en el perfil de lo que pedían. Cuando me guardaba el móvil de
nuevo en el bolso algo cabreada, entró de nuevo con el móvil en la mano.
- ¿Todo bien?. -me animé a preguntar.
- Sí, era del trabajo.
- Ultimamente ya no me cuentas nada, del trabajo me refiero. -me miró algo
sorprendido.
- ¿Qué quieres que te cuente, Malena?. No hay nada fuera de lo normal. Es una
gasolinera, no es Wall Street.
- ¿Por qué me hablas así?.
- Malena estoy de broma. ¿Te pasa algo a tí?.
- No. - le dí un sorbo a mi té y no dije nada más.
- Ese no suena a que sí. Pero bueno... si no quieres contarme nada no te voy a
suplicar.
- ¿Ves?. Eres tú. No te voy a suplicar... -puse su tono y lo remede.
- A veces me asombra la paciencia que tengo. ¿Qué pasa?. No quiero estar mal
contigo, te echado de menos, estabamos pasando un rato agradable... ¿y ahora
nos ponemos los dos así?. Quería pasar la tarde bien y que después fueramos a
cenar. Quería...
- Perdona. Ha sido mi culpa. - no lo dejé terminar.
- ¿Estas agobiada por lo del lunes?. Si quieres le digo que busque a otra candidata.
No quiero obligarte a hacer nada que no quieras. - me acarició la mejilla. - Quiero
que hagas lo que te haga feliz. Sé que ahora el trabajo está fatal, pero si no te
convencé la llamaré.
- ¿Te haría feliz a tí cuidar de dos bebes que ni siquiera conoces?.
- La verdad es que no lo sé. Siempre he querido tener hijos...
- Pero esos bebés no serían tuyos...
- Pero cogería experiencia para los míos. - Se echo a reir. - Estoy de coña, solo
quería que cambiaras la cara de mala ostia que se te ha puesto.
- ¿Te acuerdas de lo que te dije antes referente a esa frase?. -se la volví a señalar:
Todo comienza con un sueño. - Él asiente. - Pues lo que te decia, que no tengo
ninguno.
- Es normal Malena. Tu castillo de naipes se calló por completo. Pero nunca es
tarde para comenzar de nuevo y volver a tenerlos.
- Yo no sé si quiero ser madre. Ni siquiera me planteó casarme después de todo
eso.
- El tiempo te dará todas las respuestas. Eso no se sabe de un día para otro.
Me quedé mirándolo sin decir nada. No le contesté. Creo que hay momentos en
los que una mirada vale más que mil palabras, nunca mejor dicho.
Terminamos de tomarnos lo que habíamos pedido, y decidimos pasear un rato. Le
volvió a sonar el teléfono cuando más relajados estabamos. Cogidos de la mano.
Sí, cogidos de la mano como una pareja real y de verdad. No sé como surjió, pero
acabamos entrelazando nuestras manos pasando por un parque lleno de madres
que iban de vuelta a casa con los niños abrigados hasta las orejas y de juventud
haciendo manitas con la edad del pavo.
No quiso que viéra quien lo llamaba. Tapó disimuladamente la pantalla con la
mano y contesto tenso, serio.
Todo eran monosílabos. Me recordó a Óscar cuando hablaba así. Y se me activó la
antena, la alarma, el instinto, la duda o como queraís llamarlo.
Colgó, e intento ponerme buena cara y volver a cogerme la mano. Pero yo
disimulé y me las metí en los bolsillos del abrigo para no dársela.
- ¿Quieres pedir una pizza y vamos a tú casa?.
- No se si me apetece cenar contigo. -me miró arrugando la frente con cara de no
entender nada. -Sí, no me mires así.
Cuando se disponía a contestar lo volvieron a llamar. Se quedó quieto sin
intención de cogerlo.
- ¿No lo piensas coger?.
- No. Ya le dejado bien claro lo que hay. No hace falta repetirselo más veces.
- ¿Es Bea, verdad?. - le cambió la cara, en décimas de segundo.
- Era ella, sí. Pero no es lo que parece.
- ¡Qué frase más fea, joder!.
- Malena. Tengo que contarte algo, pero hubiera preferido estar en tú casa para
hacerlo.
- ¿Por qué?. - Paré en seco y me puse frente a él.
- Porque sé como vas a reaccionar y no quiero hablarlo en la calle.
- Te has acostado con ella. ¿Es eso?.
- No exactamente.
- ¿Pero van los tiros por ahí, a qué sí?.
- ¿Podemos movernos de aquí?. Nos está mirando toda la chavalería...
- Vamos a mí casa, pero ya te digo yo que hoy tú y yo no cenamos juntos.
- Joder...
Joder, fue lo único que respondió y yo no volví a hablar hasta abrir la puerta de mi
casa.
Entramos, me quité el abrigo y el hizo lo mismo con su cazadora. Le ofrecí
sinceridad y una copa de vino.
Entramos juntos a la cocina y mientras él abría la botella y yo cogía las copas, la
tensión iba en aumento. No estaba preparada para otra decepción, ahora no.
Ahora ya no quería más dramas en mí vida. Ahí el ejemplo perfecto de que me
podía haber tirado al chico de los ojos bonitos el sábado y por Berto y más bien
por la bomba que me soltó; seamos sinceros. No me lo tiré. Hubieramos follado,
estoy segura, pero era meterme en camisas de once baras, refran popular de
pueblo.
- ¿Pongo música?. -me preguntó sacandomen de mis pensamientos.
- Vale, elige tú.
Mientras elegía, me fuí al patio a fumarme un cigarro. Vino a buscarme y de
primeras no me vió. Ya era de noche y estaba en la penumbra, arrecostada a la
pared sin encender la luz. Lo único que me identificaba era el humo y el color
naranja del cigarrillo encendido.
- ¿Me fumo uno o te espero dentro?.
- Lo que quieras.
- Vale, te espero dentro.
Miré mí móvil. Tenía una llamada de Carlota y otra de Mauro. No contesté. No era
momento.
Apagué el cigarrillo y entré.