Revista de Estudios de Género.
La ventana
ISSN: 1405-9436
ISSN: 2448-7724
revista_laventana.cucsh@[Link]
Universidad de Guadalajara
México
López Santibáñez, José Ignacio Gallo
Santa, católica y… ¿homofóbica? La epistemología de la
ignorancia en el discurso católico sobre la homosexualidad
Revista de Estudios de Género. La ventana, vol. VII, núm. 61, 2025, Enero-Junio, pp. 86-123
Universidad de Guadalajara
Guadalajara, México
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86 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
S ANT
ANTAA , CCA
A T ÓLIC
ÓLICAA Y ... ¿HOMOFÓBIC
Y... A?
¿HOMOFÓBICA?
LA EPISTEMOLOGÍA DE LA
IGNORANCIA EN EL DISCURSO
CATÓLICO SOBRE LA
HOMOSEXUALIDAD
José Ignacio Gallo López
Santibáñez 1
HOL
HOLYY, C A THOLIC, AND... HOMOPHOBIC?
EPISTEMOLOGY OF IGNORANCE IN THE
CATHOLIC DISCOURSE ABOUT
HOMOSEXUALITY
1
Universidad Nacional Autónoma de México, México. Correo electrónico: jigallo@[Link]
DOI:: [Link]
REVISTA DE ESTUDIOS DE GÉNERO, LA VENTANA, NÚM. 61, ENERO-JUNIO DE 2025, PP. 86-123, ISSN 1405-9436/E-ISSN 2448-7724
86 LA TEORÍA
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 87
Resumen
La relación de la Iglesia Católica con la homosexualidad ha estado marcada
por esfuerzos de exclusión y discriminación, aunque en tiempos recientes
dicho patrón parece estar cambiando. En este artículo se utilizan las
epistemologías de la ignorancia —como apuesta por estudiar qué es
(des)conocer, y vincular dicho fenómeno con los procesos sociales de discri-
minación y violencia— para abordar el sostenimiento del discurso homofóbico
desde el catolicismo. De esta manera, se abordan dichas epistemologías
como dispositivos de opresión —mantenidos en estructuras y mecanismos
sociales e institucionales— en donde el perpetuador de la ignorancia man-
tiene activamente el orden y jerarquías sociales a partir de prácticas
epistémicas. Dichos mecanismos aparecen, en parte, en la construcción de
la sexualidad como digna de ser confesada, y en la subsecuente naturaliza-
ción de la heterosexualidad que implicó una estigmatización y condena de
la homosexualidad, particularmente en textos bíblicos y su aceptación acrítica
por parte del clero y feligreses. Estas lecturas han sido recuperadas por
movimientos anti-derechos y representantes de la Iglesia para sostener el
discurso homofóbico, los cuales cuentan con contraposiciones teóricas y
teológicas ad intra la Iglesia, lo cual enfatiza que dichas creencias constitu-
yen una ignorancia voluntaria con vicios epistémicos particulares. Lo ante-
rior resalta que dichas prácticas y reproducción acrítica de valores, conceptos
y prejuicios no sólo evidencian la problemática social de discriminación,
sino un problema respecto a la manera en que dichas personas se aproximan
(o activamente eligen no aproximarse) al conocimiento respecto al mundo
social.
88 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
Palabras clave: epistemología, ignorancia, homofobia, catolicismo,
discriminación
Abstract
Catholic Church’s relationship with homosexuality has been historically
punctuated by strives for exclusion and discrimination, although recent
times have shown a change in said pattern. In this article, epistemologies of
ignorance —understood as the studies of (un)knowing, a commitment to
studying what ignorance is, and linking it with social processes relating to
discrimination and violence— are used to examine the sustainment of
homophobic discourse in Catholicism. Thus, these epistemologies are framed
as oppression mechanisms —maintained in structures, and social and
institutional processes— in which the perpetrator of ignorance actively
maintains social order and hierarchies through epistemic practices. Those
mechanisms appear in the catholic tradition, in part, through the construction
of sexuality as something worth confessing, and in the subsequent
naturalization of heterosexuality, which implied the stigmatization and
condemnation of homosexuality, particularly in biblical texts and its acritical
acceptance from the clergy and parishioners. Those postures have been
upheld by anti-rights movements and Church representatives to sustain the
homophobic speech, which have encountered counterresponses from
theoretic and theological perspectives ad intra the Church, which emphasizes
that those beliefs constitute voluntary ignorance with epistemic vices. This
highlights that those practices and acritic reproduction of values, concepts,
and prejudices, not only evince the social problem of discrimination but
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 89
permit a glimpse into the problem of how people approach (or actively
decide not to approach) knowledge about our social world.
Keywords: epistemology, ignorance, homophobia, catholicism, discrimination
RECEPCIÓN: 31 DE OCTUBRE DE 2023/ACEPTACIÓN: 11 DE ABRIL DE 2024
A modo de introducción
Me permito comenzar con una
digresión autobiográfica: cuando tenía alrededor de veinte años,
en medio de mi primera relación amorosa, decidí activamente de-
jar de ir a misa durante la homilía de un padre que condenaba
explícitamente la homosexualidad. La renuncia fue desgarradora,
ya que implicó el abandono de un rito que, aunque durante toda
mi vida, me había colmado de sentido, por momentos parecería
excluirme de dicho sentido. Decidí alejarme como método de pro-
tección de mí mismo, pensando que sin duda no había sido la pri-
mera vez en que algo así sucedía, y probablemente no sería la última.
Varios años más tarde, mi sospecha se confirmó con la publicación
de un artículo de opinión por Guillermo Osorno (2020) quien, par-
tiendo de los esfuerzos del Papa Francisco por cambiar el discurso
religioso en torno a la homosexualidad (y otros temas relativos a la
diversidad sexual), hace ecos de mi experiencia:
Cuando a los 18 años asumí que era gay, me pareció que lo
más honesto sería llevar el tema al confesionario […]. El
90 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
sacerdote me dio dos opciones. O me arrepentía y renuncia-
ba a una vida sexual, o me condenaba al infierno […]. No
había cabida para mí en la Iglesia. (Osorno, 2020, párr. 5)
Dichas vivencias no han sucedido en un vacío fenomenológico,
sino que parecen constitutivas de experiencias compartidas de for-
ma silente que, si bien no ha sido el foco de estas investigaciones,
resalta como destellos en éstas. Por ello, me es relevante recuperar
la Encuesta de Opinión sobre Religión, Política y Sexualidad en México,
realizada por Católicas por el Derecho a Decidir (2022), que arroja
un primer diagnóstico de la opinión de las personas en torno a la
religión y la población LGBTIQ+. En ese sentido, indican que el
84% de lxs católicxs, pero sólo el 45% de las personas evangélicas,
están de acuerdo con que las personas homosexuales pueden ser
“buenas creyentes” (sic). Dicha diversidad en opiniones se tradu-
ce, asimismo, en opiniones respecto al matrimonio homosexual, con
el 62% de lxs católicxs, y sólo el 26% de lxs evangelistas a favor, y
tan sólo el 49% y el 23%, respectivamente, a favor de la adopción
por parte de parejas del mismo sexo. La tendencia a la baja —sobre
todo en las opiniones de las personas católicas—, en estos tres ni-
veles del debate, no es del todo sorprendente, pues parece alinear-
se a la tendencia discursiva, respecto a dichos temas, que podemos
encontrar en la Iglesia: aceptar y acompañar a las personas homo-
sexuales, lesbianas, bisexuales, y trans, como personas creyentes,
en el entendido de que nuestras identidades, nuestras sexualida-
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 91
des, no sean legitimadas al mismo nivel que el de las personas cis-
heterosexuales.
En este sentido, considero relevante saltar brevemente en el
tiempo para recuperar la Carta a los obispos de la Iglesia Católica
sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales, en la cual
Ratzinger (1986) —previo a su papado— ya señalaba que “[…] la
particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no
sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos
fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde un punto
de vista moral” (mi énfasis). Dicha postura está fundamentada en la
noción de que, si bien el mundo actual —léase: de los ochenta—
es muy diferente al antiguo, “[…] existe una evidente coherencia
dentro de las Escrituras sobre el comportamiento homosexual”. Es
decir: es una postura que se defiende desde la exégesis bíblica, la
cual se liga necesariamente a la Tradición de la Iglesia, por lo cual,
“la interpretación de la Escritura, para ser correcta, debe estar en
efectivo acuerdo con esta Tradición.” (Ratzinger, 1986, párr.7.).
Sobra decir que, a más de 30 años de dicho documento, y parti-
cularmente en los últimos 11 años, la postura institucional de la Iglesia
ha cambiado (lo cual, empero, no implica que el pro-
blema haya desaparecido). Esto puede ser atribuido en A pesar de que en este artículo me
2
centro en la doctrina religiosa en torno
buena medida a los pronunciamientos y acercamientos a la homosexualidad, es importante
a la población LGBTIQ+2 por parte del Papa Francis- tener en cuenta a toda la población de
la diversidad sexogenérica al leerlo,
co, expresando en 2013 que “Si una persona es gay y pues las vivencias de las personas gays
busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo y lesbianas no pueden englobar o
subsumir al resto de la población
para juzgarlo?” (BBC News Mundo, 2020), y realizan- LGBTIQ+.
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do esfuerzos por cambiar la consideración moral de lxs homosexua-
les, diciendo a un sobreviviente de abuso sexual que se declaró como
gay: “[…] eso no importa. Dios te hizo así. Dios te ama así. El papa te
ama así” (Gallagher, 2018). Recientemente, en diciembre de 2023,
el pontífice publicó su controversial “Declaración Fiducia Supplicans,
sobre el sentido pastoral de las bendiciones” (Dicasterio para la Doc-
trina de la Fe, 2023), en la que señala
la posibilidad de bendiciones de parejas en situaciones irre-
gulares y de parejas del mismo sexo, cuya forma no debe
encontrar ninguna fijación ritual por parte de las autorida-
des eclesiásticas, para no producir confusión con la bendi-
ción propia del sacramento del matrimonio. En estos casos,
se imparte una bendición […] sobre aquellos que, recono-
ciéndose desamparados y necesitados de su ayuda, no pre-
tenden la legitimidad de su propio status, sino que ruegan
que todo lo que hay de verdadero, bueno y humanamente
válido en sus vidas y relaciones, sea investido, santificado y
elevado por la presencia del Espíritu Santo. (2023, p. 31)
Dicha posibilidad ha sido abiertamente rechazada por líderes cató-
licos alrededor del mundo, en una carta abierta que implica que
dicho mensaje está más alineado con quienes están a favor de cam-
biar la doctrina, que con la doctrina en sí misma (Crisis Magazine,
2024). Aunque ninguna de las firmas de dicho documento perte-
nece a un obispo o sacerdote mexicano, la Conferencia del Episco-
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 93
pado Mexicano emitió una respuesta o clarificación al respecto,
que parece contradecir las palabras del Papa Francisco. En éste,
enfatiza que la Iglesia puede otorgar dichas bendiciones para ayu-
dar a las parejas en situaciones irregulares y parejas del mismo sexo
a “madurar y crecer en la fidelidad al mensaje del Evangelio” (mi
énfasis) (Conferencia del Episcopado Mexicano, 2023a). Además,
en un video publicado en Youtube, indican que
La Iglesia recuerda que Dios mismo no deja de bendecir a
cada uno de sus hijos […]. Pero NO bendice NI puede ben-
decir el pecado: bendice al hombre pecador, para que se re-
conozca como parte de su designio de amor y se deje cambiar
por Él. (Conferencia del Episcopado Mexicano, 2023b)
La alusión al pecado y a la maduración no es circunstancial, y deja
entrever una postura un tanto alejada de los esfuerzos del Papa
Francisco —la cual, empero, continúa estableciendo una clara je-
rarquía entre las relaciones heterosexuales, y otras—, apuntando
hacia una interpretación de la doctrina religiosa que mantiene la
exclusión y aborrecimiento de las personas homosexuales y nues-
tras relaciones.
El mantenimiento de esta postura implica un posicionamiento
epistemológico concreto, que en este artículo abordaré desde la(s)
epistemología(s) de la ignorancia. Pensar en una epistemología de
la ignorancia parecería una propuesta inherentemente tautológica,
siendo que la epistemología se define como el estudio del conoci-
94 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
miento y cómo se conoce, por lo cual parecería no haber espacio
para la ignorancia. Empero, la epistemología de la ignorancia, tam-
bién denominada agnotología, es concebida como “una examinación
del complejo fenómeno de la ignorancia, la cual tiene como objeti-
vo identificar diferentes formas de ignorancia, examinar cómo se
producen y sostienen, y qué rol tienen en prácticas de conocimien-
3
Todas las traducciones aquí provistas, y sus po- to” (Sullivan y Tuana, 2007, p. 1)3; es decir, cons-
sibles errores, son mías, cuando no provengan de
tituye un ejercicio teórico-académico para
textos traducidos, lo cual es explicitado en el apar-
tado relativo a la bibliografía. estudiar qué es (des)conocer, puesto que, en rea-
lidad, nuestra ignorancia es más basta que nuestro conocimiento
(Proctor, 2008, p. 3). Dichos esfuerzos epistemológicos por definir
la ignorancia sostienen su validez y pertinencia en que —si consi-
deramos la ignorancia como un tipo de conocer o de aproximarse
(o no) al conocimiento— este fenómeno se relaciona de manera
esencial con procesos sociales de discriminación y violencia, como
el racismo.
Mi objetivo con este artículo es utilizar las propuestas desde
la(s) epistemología(s) de la ignorancia para abordar el sostenimiento
del discurso homofóbico en comunidades religiosas, particularmente
en la tradición católica, por su gran prevalencia en México (Insti-
tuto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2020, p. 80).
Para ello, abordaré las características de dichas epistemologías como
marco teórico a partir del cual analizar posturas discriminatorias
(o, por lo menos, excluyentes) de las personas homosexuales y
lesbianas, así como posicionamientos —dentro de la Iglesia— que
pretenden dar una lectura crítica de la doctrina, las lecturas, y su
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 95
relación con el mundo actual. De esta manera, evidenciaré que
dichas posturas implican esfuerzos hermenéuticos particulares, y
analizaré aquellos en contra de la homosexualidad desde pensado-
res y autoridades de la Iglesia Católica, así como la perspectiva
contraria. Finalmente, como parte de las conclusiones de este
artículo, recuperaré el trabajo de un Pastor Evangelista que —si
bien no es parte de la doctrina católica— permite entrever de
manera precisa una serie de vicios epistémicos constituyentes de
este tipo de posicionamientos.
Aunque Medina (2013, pp. 27-28) señala que las injusticias so-
ciales están involucradas, en todos sentidos, con injusticias
epistémicas, dado que generan dificultades en las relaciones
epistémicas de unas personas con otras (por ejemplo, debilitando la
credibilidad que las personas le atribuyen al otro) y en la relación
con nosotrxs mismxs (por ejemplo, deteriorando nuestra
autoconfianza epistémica, comprometiendo nuestras metas y pro-
yectos epistémicos, o dificultando la motivación por aprender), so-
bre todo enfatiza las diferentes desventajas epistémicas
experimentadas por distintos grupos, oprimidos y opresores. Dicha
perspectiva será replicada en este trabajo, para hacer alusión a la
perspectiva de un grupo dominante —que puede convertirse en
opresor, o en aliado—, la Iglesia Católica (incluyendo al clero y
feligreses), al mismo tiempo que caracterizó las posturas homofóbicas
como prácticas voluntarias de la ignorancia, con el fin de sostener
la jerarquía social.
96 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
(Santa) Inquisición a la ignorancia La ignorancia se re-
como práctica epistémica presenta, en su con-
ceptualización más
generalizada, como la falta de conocimiento; sin embargo, Lee
McIntyre (2015, pp. 2-4) enfatiza que, desde la tradición platónica,
el verdadero enemigo de la ignorancia nunca ha sido realmente la
ausencia de conocimiento, la duda o la incredulidad, sino el conoci-
miento falso o errado. A partir de dicha distinción, el autor (que
parte de un marco positivista no compatible con mis posturas
epistémicas, pero que permitieron el desarrollo de algunas ideas en
su obra que resultan útiles para el presente trabajo) desarrolla la
idea de la ignorancia voluntaria, la cual no se caracteriza por ser
falta de conocimiento, sino una postura encarnada por las personas
que se empeñan en evitar el acceso a la verdad, cerrando “ambos
ojos contra cualquier investigación ulterior, porque uno está tan fir-
memente convencido de una creencia que cualquier otra fuente de
conocimiento no es necesaria. Así, unx no sólo es ignorante sino que
(como Euthypro) prefiere permanecer así” (McIntyre, 2015, p. 4). El
problema, por tanto, con este tipo de ignorancia no es la falta de
conocimiento en sí mismo, sino las acciones voluntarias tomadas para
evitar contraponer, criticar o poner a prueba las creencias propias.
Respecto a las diferentes conceptualizaciones de la ignorancia, Nadja
El Kassar (2018, pp. 300-301) sintetiza tres distintas formas de
caracterizarla en la literatura actual: i) como falta de conocimiento o
creencias verdaderas, ii) como puntos de vista falsos que son manteni-
dos activamente, y iii) como una práctica epistémica sustantiva. Cabe
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 97
resaltar que dicha caracterización no es, por supuesto, monolítica, siendo
que, por ejemplo, Proctor (2008, p. 3) propone tres formas distintas
para pensar las formas de aproximarse a la ignorancia, las cuales empe-
ro no son tan pertinentes para la presente argumentación. Mientras
que la primera conceptualización —al ser también la más ampliamen-
te reproducida en todos los entornos sociales y educativos— es trans-
parente, la segunda y la tercera cuentan con implicaciones
teórico-políticas importantes, aunque su diferenciación no sea tan clara,
incluso en la caracterización realizada por El Kassar, siendo que en
algún momento indica que la ignorancia activa (ii) también es una
práctica epistémica sustantiva (iii) (2018, p. 301).
La ignorancia activa es abordada, principalmente, en el trabajo
de José Medina (2013), quien realiza un análisis de una práctica
epistémica caracterizada por tres vicios epistémicos: arrogancia (en
la cual las personas se vuelven incapaces de reconocer cualquier
error o limitación, autoimponiéndose una especie de omnipotencia
cognitiva), pereza (representada por falta de curiosidad y compro-
miso epistémico con aspectos de la vida con los que uno ha apren-
dido a no involucrarse) y mentalidad-cerrada (una especie de
mecanismo de defensa para preservar el propio privilegio) (El Kassar,
2018, pp. 301-302; Medina, 2013, pp. 31-34). Lo anterior genera lo
que el autor denomina un sujeto activamente ignorante, en quien la
ignorancia activa se presenta como
un tipo de ignorancia que ocurre con la participación activa
del sujeto y con una batería de mecanismos de defensa, una
98 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
ignorancia que no es fácil de deshacer y corregir porque esto
requiere de re-entrenamiento —la reconfiguración de acti-
tudes y hábitos epistémicos— así como de cambio social.
Aquellas personas que son epistémicamente arrogantes,
perezosas, y con mentalidad cerrada son activamente igno-
rantes […] aquéllos que no pueden ser culpados sólo por
desconocer ciertas piezas de conocimiento, sino por tener
actitudes y hábitos epistémicos que contribuyen a crear y
mantener posiciones caracterizadas por la ignorancia (bodies
of ignorance). (Medina, 2013, p. 39)
Por otro lado, la ignorancia es caracterizada como una práctica
epistémica sustantiva en el trabajo de Linda Alcoff (2007), quien
niega que ésta sea solamente una práctica epistémica negligente, y
la especifica como sustantiva por corresponder a prácticas (como la
ignorancia voluntaria) que son estructurales en sí mismas (pp. 39-
40). Al respecto, la autora recupera las elucubraciones concernientes
al conocimiento situado de Sandra Harding, particularmente el
hecho de que “los miembros de grupos oprimidos tienen menos in-
tereses en la ignorancia respecto al orden social y menos razones
para mantener o justificar el estatus quo que los grupos dominan-
tes” (Harding, 1991, p. 126), lo cual puede vincularse con el hecho
de que lxs miembrxs de grupos oprimidos tienen un menor interés
por engañarse a sí mismxs sobre cómo éste es el mejor de todos los
mundos posibles, y pueden estar más motivadxs a realizar ejercicios
evaluativos de su sociedad (Alcoff, 2007, pp. 43-44). A partir de
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 99
dichas reflexiones, la autora recupera la noción de que las socieda-
des opresoras no se consideran a sí mismas como opresoras, siendo
que su mirada dominante sobre el orden social (con sus formas
particulares de desigualdad o explotación) es representada como
justa (Alcoff, 2007, p. 48), lo cual implica que la ignorancia como
una práctica epistémica opresora no sólo está vinculada con los
vicios epistémicos, creencias, y perspectivas limitadas que señala
Medina, sino que se manifiesta y mantiene en estructuras y meca-
nismos sociales e institucionales (El Kassar, 2018, p. 302).
El problema que hace resaltar el trabajo de Alcoff, por tanto, es
que este tipo de ignorancia conlleva, en sí misma, un orden social
jerarquizado en donde el perpetuador de la ignorancia activa man-
tiene dicho orden a partir de prácticas epistémicas. Es decir, lo que
puede ser caracterizado como ignorancia voluntaria, como intento
por adherirse a posturas incorrectas o falsas —postura que puede
ser vinculada con “ideologías” políticas o religiosas (McIntyre, 2015,
pp. 6 y 57)—, en realidad esconde un trasfondo relevante en la
configuración de injusticias y desigualdades sociales y el manteni-
miento de posturas discriminatorias.
Pecadores, abominables y perversos: En las epistemologías
homofobia en la exégesis bíblica reformistas, se consi-
dera que, al momen-
to de la Creación, Dios implantó en todos los seres humanos, un
sensus divinitatis: una propensión innata de sostener creencias
teológicas, pero que, a partir de la Caída, dicho don fue corrompi-
100 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
do. El pecado, como fue conceptualizado por San Agustín, tiene
entonces cuatro características con implicaciones ontológicas y
epistemológicas diferentes: i) los adultos pecan, ii) los humanos
tenemos, desde el nacimiento, una propensión al pecado, iii) el
origen de dicha propensión es el pecado original, y iv) el estado de
los primeros humanos, antes del pecado original, era de perfección
y virtud absoluta (De Cruz y De Smedt, 2013, pp. 52-60). El pecado
original puede ser concebido, así, como la inclinación universal,
radical, total, y efectiva hacia el pecado (Van den Brink, s.f., como
se citó en Mulder, 2021, p. 528).
Respecto al pecado, Michel Foucault (2019) desentierra su re-
lación con la vergüenza, el secreto y la confesión, indicando que
la práctica de la penitencia y los ejercicios de la vida ascética
organizan relaciones entre el “obrar mal” y el “decir la ver-
dad” y ligan en un haz las relaciones con uno mismo, con el
mal y con la verdad. (p. 50)
Desde su conceptualización en el Génesis, la penitencia y la confe-
sión implican dos planos conductuales: el acto del habla (Adán y
Eva reconocen ante Dios que han comido el fruto prohibido) y un
otro, pretérito, no verbal sino de la conciencia y del gesto: “No
bien comen el fruto, Adán y Eva se sienten desnudos, se avergüen-
zan y procuran taparse” (Foucault, 2019, p. 331). Es decir que, dentro
de la tradición judeocristiana, el pecado y la vergüenza están siem-
pre intrínseca y necesariamente relacionados para poder dar pie a
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 101
la confesión y la penitencia, a partir de las cuales el pecador se lava
de su propio pecado y se purifica; “al humillarse, muestra que se
levanta y es digno de ser levantado” (2019, p. 89); al confesarse, el
pecador pone en práctica un examen de sí mismo, de sus pensa-
mientos, acciones, y deseos, en una conjunción discursiva del cuerpo
y el alma (González Pérez, 2013, p. 36).
A pesar del tránsito del discurso de la pastoral cristiana hacia el
de la ciencia moderna —migración que Foucault considera esen-
cial en la el recorrido histórico de la scientia sexualis pero que no
necesariamente permite vislumbrar, a mi manera de verlo, las mi-
nuciosidades a partir de las cuales el discurso católico (y religioso,
en general) continúa permeando nuestra forma de conocer y juzgar
los actos sexuales—, la confesión continúa siendo el mecanismo
principal a partir del cual se gestiona la producción del discurso
verdadero sobre la sexualidad (Foucault, 2014/1976, p. 62). Ade-
más, la caracterización que el autor realiza sobre la configuración
del discurso religioso continúa siendo pertinente para el análisis de
lo sostenido actualmente por la Iglesia Católica: la pastoral cristia-
na hace del sexo, “por excelencia, lo que debe ser confesado […]
lo que se esconde siempre, una presencia insidiosa a la cual puede
uno permanecer sordo pues habla en voz baja y a menudo disfraza-
da” (Foucault, 2014/1976, p. 35). Además, aunque señala la
medicalización (pluralización de discursos psiquiátricos, médicos y
psicológicos) como el factor más relevante en la invención de la
homosexualidad, su caracterización de dicho discurso es, en sí mis-
mo, absolutamente congruente con el de las cabezas (conservado-
102 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
ras) del catolicismo. Así, tanto para el discurso médico del siglo
XIX, como para el cristianismo actual, el homosexual
ha llegado a ser un personaje […]. Nada de lo que él es in toto
escapa a su sexualidad. Está presente en todo su ser: subya-
cente en todas sus conductas […]. Le es consustancial, me-
nos como un pecado en materia de costumbres que como
una naturaleza singular. (Foucault, 2014, p. 43)
El homosexual es pecador por su naturaleza, concebida paradójica-
mente como innatural.
De esta manera, la estigmatización de la homosexualidad
—como tabú, y eventualmente como discurso infinitamente
proliferante— tiene algunos de sus orígenes en la tradición
judeocristiana (Berliner, 1987, p. 138). Partiendo de una concep-
tualización del acto sexual como únicamente aceptable en el con-
texto de relaciones heterosexuales enmarcadas por la institución
del matrimonio (siendo parte, además, del sostenimiento de la
heterosexualidad y monogamia obligatoria, según Collignon Goribar,
2011, p. 140), la condena de los homosexuales se ha fundamentado
dentro de la Iglesia, en parte, con base en la condena divina en el
relato de Sodoma (Génesis 19:1-25)(Biblia Católica, s. f.) y otros
apartados del Antiguo Testamento, trasladándose discursivamente
hacia todas las prácticas sexuales entre hombres que Dios castigó
explícitamente. Dicha interpretación se ha mantenido en el dis-
curso de sujetos pertenecientes al clero, ejemplificado en la
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 103
estigmatización del sida como un castigo divino por el pecado co-
metido por los homosexuales (González Pérez, 2013, pp. 35-38). Lo
anterior es fundamentado y sostenido a partir de la recuperación
de diversos apartados de la Biblia, en los que se caracteriza a los
hombres homosexuales (las mujeres lesbianas son invisibilizadas to-
talmente4) de manera despectiva: “[…] igual- Al respecto, González Pérez (2013, pp. 35-36) indica
4
mente los hombres abandonando el uso natural lo siguiente: “La homosexualidad de las mujeres no
queda comprendida dentro de la prohibición del Le-
de la mujer5, se abrasaron en deseos los unos vítico. Esta invisibilización se puede atribuir, por un
lado, a la concepción del cristianismo que considera a
por los otros, cometiendo la infamia de hom- la mujer como un ser impuro y maligno que debe de-
bre con hombre, recibiendo en sí mismos el dicar toda su vida a la rectificación y purificación de su
alma para poder salvarse. Y por el otro, a la identifica-
pago merecido de su extravío” (Carta a los ción simbólica entre masculino-espíritu y femenino-
Romanos 1:27); “Ni los impuros, ni los idóla- cuerpo. La preocupación central de estas leyes era evitar
que en los hombres dominara la parte corpórea, débil
tras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los y pecaminosa que se relaciona con lo femenino”.
Sin duda una traducción altamente problemática.
5
homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros,
ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el
Reino de Dios” (Carta a los Corintios 6:9-10); “No te acostarás con
varón como con mujer; es abominación” (Levítico 18:22) (Biblia
Católica, s. f.). Las citas anteriores no son problemáticas por su
inserción en textos escritos en un contexto radicalmente distinto
al actual, sino por su aceptación acrítica de parte del clero y feli-
greses, generando posturas que, en su versión más radical, apuntan
a que la postura de la Iglesia no debería ser de tolerancia y diálogo,
sino de excomunicación y exclusión, de condena y castigo (ver
Montoya, 2000, para un ejemplo de posturas radicales que funda-
mentan su discriminación en una hermenéutica ahistórica de los
textos bíblicos).
104 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
Desde una perspectiva menos radical, aunque no por eso menos
discriminatoria, el Catecismo de la Iglesia Católica (La Santa Sede,
1992) —texto base para gran parte de las creencias y prácticas ca-
tólicas actuales— abona a la propagación de dicho discurso, soste-
niendo una mirada de la homosexualidad (posiblemente extensible
al resto de las divergencias sexuales, aunque éstas no son mencio-
nadas) como depravación grave, contraria a la ley natural, objeti-
vamente desordenada, inaceptable y constituyendo una
cuasi-patología psíquica que requiere de explicación, razones por
las cuales dicha población es llamada a la castidad y al dominio de
sí mismos (Catecismo de la Iglesia Católica, 1992). A pesar de que
el mismo texto invita a evitar cualquier tipo de discriminación en
contra de personas homosexuales —lo cual se ha confirmado en
ciertas investigaciones que parecen indicar que sostener creencias
respecto a la pecaminosidad de la homosexual no necesariamente
se traduce en discriminación laboral por orientación sexual
(Rodriguez-Seijas, 2014, p. 9), resultados que habrá que compro-
bar si se sostienen en la población mexicana—, continúa estigma-
tizando y manteniendo una postura violenta hacia una población
en donde la única vía de escape es la renuncia a la sexualidad (es
decir: para poder ser homosexual y aceptable para el catolicismo,
uno no ha de practicar su sexualidad), de esta manera, el discurso
de la Iglesia Católica “subyuga al individuo a la condición
autodestructiva de opresor de sí mismo” (Roccia, 2015, p. 450).
Además, dicho discurso es utilizado para legitimar posturas
antiderechos, como ejemplificó involuntariamente el arzobispo
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 105
Norberto Rivera cuando señaló que la aprobación del matrimonio
igualitario era inadmisible porque había
abierto las puertas a una perversa posibilidad para que estas
parejas puedan adoptar a niños inocentes, a quienes no se
les respetará el derecho a tener una familia constituida por
una madre y un padre, con los consecuentes daños psicoló-
gicos y morales que provocará tal injusticia y arbitrariedad
(León Zaragoza, 2009).
Este tipo de posturas también son observables en partidos políticos de
derecha, que pretenden exaltar los “valores de la familia tradicio-
nal” y el “matrimonio natural”, como el Frente Nacional por la Fami-
lia, quienes utilizan retóricas alusivas a los de la Iglesia Católica y
generan discursos en que configuran sus conceptos como únicos e
inamovibles (cf. Frente Nacional por la Familia, 2019; González Pérez,
2013, p. 44). Así, y en relación con la práctica epistémica sustantiva
de Linda Alcoff (lo cual será detallado a continuación),
La Iglesia católica (la jerarquía, más que la comunidad de
fieles) puede ser comprendida como una institución social
que colabora [...] en el sostenimiento de un orden social/
sexual específico […] y en el señalamiento de aquellos ac-
tores que mantienen y promueven un orden moral social/
sexual distinto y contrario a lo que marca el discurso oficial
católico. (Roccia, 2015, p. 143)
106 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
“¿Quién soy yo para juzgarlos?” Posicionamientos A pesar de
religiosos contra la homofobia que suscribo
la asevera-
ción de que la Iglesia católica propicia el mantenimiento de un
orden social que beneficia sólo a un sector de la población a través
de interpretaciones y perspectivas dogmáticas homofóbicas, como
indiqué al inicio del presente artículo, dichos esfuerzos
hermenéuticos y perspectivas excluyentes no son monolíticas, sino
que se establecen en los posicionamientos eclesiales como desem-
bocaduras del mismo río, uno corriendo a un lado, y el otro en el
contrario. En este sentido, me parece relevante recuperar, princi-
palmente, a James Martin, SJ y Daniel A. Helmniak, por sus es-
fuerzos para aportar una perspectiva distinta, más conciliadora, de
la homosexualidad en la doctrina católica. Para ello, Martin (2017)
realiza un llamado específico a la iglesia institucional (el Vaticano,
la jerarquía, los líderes de la iglesia, el clero, y todxs aquellxs que
trabajan de manera oficial en la iglesia), indicando que es ésta la
que ha marginalizado a las personas LGBTIQ+ católicas.
El autor continúa su llamado a construir un puente, basando su
trabajo en los tres pilares que indica el Catecismo de la Iglesia Cató-
lica —recuperado anteriormente— sobre cómo debería tratarse a
las personas homosexuales con respeto, compasión, y sensitividad,
aclamando que cada uno de estos pilares implicaría, como mínimo:
reconocer la existencia de las personas de la diversidad sexogenérica,
entendiendo que dicho reconocimiento implica merecimiento de
pertenencia a la Iglesia; utilizar nombres y términos específicos, y
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 107
escogidos de manera autónoma por dicha población; actuar con
base en que la población LGBTIQ+ son hijxs de Dios; escuchar
activamente el sufrimiento, o gozo, de la comunidad LGBTIQ+
como base de la compasión; y, como correlato a todo lo anterior,
acercarse a personas lesbianas, homosexuales y trans de manera per-
sonal, íntima, y en un sentido de acompañamiento. De manera
importante, por el posicionamiento epistemológico y ético que esto
implica, que recuperaré en el siguiente apartado, el autor también
extiende el llamado al otro lado del “puente”, indicando que esos
mismos valores y actitudes deberían ser propiciados desde las disi-
dencias sexogenéricas hacia la Iglesia institucional (Martin, 2017).
El puente hacia el cual apunta el autor sin duda hace ecos de
los esfuerzos del Papa Francisco I, brevemente señalados en la in-
troducción de este artículo, particularmente en el cambio de para-
digma para la consideración moral de lxs gays y lesbianas. En ese
sentido, recupero las reiteraciones del pontífice respecto al dere-
cho a la familia de las personas homosexuales, y el apoyo a las unio-
nes civiles, así como el señalamiento de que el cambio en dicha
consideración moral debería ocurrir en el mismo Catecismo, citado
anteriormente (Millán Valencia, 2020; BBC News Mundo, 2020).
Empero, algunxs pensadorxs han apuntado la falta de llevar dichas
consideraciones a sus ultimísimas consecuencias, doctrinalmente
—señalando incluso, como Jorge A. Aquino (2017) que este tipo
de cambios no son sino cosméticos—. Por ejemplo, actualmente el
Papa Francisco continúa sosteniendo que la homosexualidad —o
por lo menos, la sexualidad gay o lesbiana que es vivida y actuada, y
108 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
no sólo constituye una inclinación reprimible—, si bien no puede
ser considerada como criminal, es un pecado (Winfield, 2023).
Además, es importante señalar que dicha perspectiva de apertura
y aceptación, por el hecho de ser personas e independientemente
de la orientación sexual, continúa propiciando una jerarquización
de ciertas identidades y prácticas cis-heterosexuales por encima
de aquellas de las disidencias sexogenéricas, lo cual imposibilita
que el puente que pretende tender James Martin sea igual de ha-
bitable para todxs sus transeúntes.
Contrario a lo anterior, el trabajo de Daniel A. Helminiak (2007/
1994) constituye una exégesis importante de aquellos textos bíbli-
cos que he recuperado en este artículo, y que, como indica el Re-
verendo John S. Spong en el prefacio a su libro, “siguen siendo
utilizados hoy en día para condenar, oprimir y marginalizar a lxs
hijxs de Dios que son gays y lesbianas” (Helminiak, 2007/1994). En
línea con lo anterior, Helminiak inicia su libro —que, si bien no
puede ser considerado como un texto clásico, tiene suficientes años
como para haberse convertido en un referente esencial para el manejo
de estos temas, a pesar de no incluir, por supuesto, a otras personas
LGBTIQ+— problematizando cómo la interpretación (errada, a
su juicio) de que la Biblia condena la homosexualidad ha sido uti-
lizada para justificar el odio y crueldad dirigida hacia dicha pobla-
ción. Esto ha generado, de acuerdo con el autor (y, personalmente,
puedo confirmar su aseveración, en línea con lo expuesto al inicio
del artículo), que las personas homosexuales y lesbianas católicas
que hemos crecido con esta doctrina, nos encontramos en un
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 109
entredicho importante: debemos renunciar a nuestra religión, o re-
nunciar a nuestra sexualidad.
En contra de dicha perspectiva, propone un giro epistemológico
importante: apegarse a la noción de que todas las personas son crea-
das por Dios —que es perfecto, infalible—, pero abandonar la no-
ción de que la homosexualidad y lesbianismo es condenable, o de
alguna manera no creada o condonada por Dios. Por tanto, conclu-
ye que, si no pudo haber sido un error divino, entonces “El error
debe estar en cómo la Biblia es interpretada” (Helminiak, 2007/
1994). En este sentido, introduce dos formas de interpretar los tex-
tos sagrados: el Fundamentalismo Bíblico (que pretende tomar lo
que dice el texto, tal cual como está escrito, sin interpretación) y
los estudios Histórico-críticos de la Biblia, que toman en cuenta el
contexto en el que fue escrito, así como significados etimológicos
que pueden ser recuperados para entender el trasfondo de los tex-
tos, entendiendo que dichos significados pueden ser distintos de
los que tenemos en la actualidad. La idea de una interpretación
crítica de los contenidos bíblicos, por supuesto, se alinea perfecta-
mente con el punto central del presente artículo: si existe una al-
ternativa crítica, entonces el fundamentalismo religioso en que
parece basarse las interpretaciones homofóbicas es —valga la re-
dundancia— fundamentalmente acrítico, constituyendo por tanto
un posicionamiento epistemológico particular.
A pesar de que realizar una exposición detallada del contenido del
texto de Helmniak, no es objetivo del presente artículo, remito a lxs
lectorxs a la interpretación que realiza de la parábola de Sodoma, en
110 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
la que resalta la falta de alusiones a la homogenitalidad, indicando
que parecería condenar el abuso sexual hacia los hombres y la falta de
hospitalidad, no las relaciones homosexuales en sí mismas. Especial-
mente interesante resulta, asimismo, el posicionamiento del autor en
cuanto a la abominación sentenciada en el Levíticvo (20:13; Biblia
Católica, s. f.), y cómo dicha palabra no necesariamente aludía—en
esos tiempos—a actos moralmente condenables, sino a impurezas en la
identidad judía (siendo que dicha aseveración parece basarse en una
serie de leyes y castigos para que Israel se mantuviera “puro” ante los
ojos de Dios); la pureza e impureza de dichas relaciones aparecería,
por tanto, como un contenido absolutamente contingente al contexto
histórico, no aplicable al nuestro. Asimismo, señala que, a pesar de
que en algunas traducciones se utiliza específicamente el término “ho-
mosexuales” (como en la citada anteriormente), dicha palabra no existía
en ese entonces, constituyendo su uso un error interpretativo impor-
tante. Finalmente, respecto a lo “antinatural” de la homosexualidad
en la Carta a los Ramos (1:27; Biblia Católica, s. f.), el autor concluye
que el uso de la palabra antinatural (para physin) parece remitir más a
lo normal, regular, esperado, que a una relación con la naturaleza a
nivel ontológico, y por tanto las prácticas homoeróticas a las que hace
referencia aparecen como fuera de la norma, no necesariamente malas,
o contrarias al mandato divino (Helminiak, 2007/1994).
Dicho posicionamiento, así como la explicación que otorga el
autor sobre las diferentes formas de exégesis bíblicas, evidencia
que los ritos y creencias religiosas no son puntos neutrales
epistemológicamente, sino que constituyen actos de conocer
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 111
particulares, que implican prácticas que mantienen, o cambian,
significados, dependiendo de la intención de lxs conocedorxs. En
este sentido, dan pie a la articulación de la teoría de las
epistemologías de la ignorancia con el mantenimiento de posicio-
nes discriminatorias de parte de creyentes o autoridades religiosas.
Dad al César lo que es del César: la La ignoran-
homofobia como ignorancia voluntaria cia constitu-
ye un acto
epistémico, y las razones para permanecer ignorante (y por tanto,
indeleble, imperturbable) no son inocuas al acto de (des)conocer.
Además, las razones por las cuales se mantiene una posición desde la
ignorancia, independientemente de si parten de una doctrina reli-
giosa o fundamentación teórica, tampoco pueden ser consideradas
epistémicamente neutras. En este sentido, resulta importante reto-
mar las tres caracterizaciones de la ignorancia sintetizadas por El
Kassar (2018) —falta de conocimiento; puntos de vista falsos man-
tenidos activamente; o una práctica epistémica sustantiva—, parti-
cularmente porque intentaré mostrar, a partir del análisis de
contenidos particulares (mencionados previamente, o no), cómo di-
chas concepciones se encuentran en una especie de espectro de cre-
ciente implicación tanto epistemológica como moral. La primera de
ellas, y más globalmente aceptada, puede no ser suficiente para abar-
car el mantenimiento de posturas discriminatorias (en general) y
homofóbicas (en particular) dentro del discurso religioso católico.
Dichos discursos no sólo denotan una falta de conocimiento, en sí
112 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
mismos, sino que arrojan suficientes datos para pensar que no cuen-
tan con herramientas epistemológicas completas que permitan abor-
dar la fenomenología de las divergencias sexo-genéricas de manera
más compleja. Así, el Catecismo de la Iglesia Católica otorga la si-
guiente definición respecto a la homosexualidad: “La homosexuali-
dad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan
una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del
mismo sexo” (La Santa Sede, 1992, párr: 2357); la cual, por lo menos,
confunde términos relativos a la diversidad sexual y a enunciaciones
particulares respecto a mujeres lesbianas, y personas bisexuales o
pansexuales (entre otrxs), quienes también pueden experimentar
atracción sexual hacia personas de su mismo sexo, y que también son
sancionadxs dentro de la retórica religiosa (Collignon Goribar, 2011,
p. 138). Además, dicha definición resalta el impulso sexual subya-
cente, invisibilizando los tipos de relaciones, sentimientos, experien-
cias y creencias compartidas, o no, entre dichas personas.
A partir de la segunda acepción de la ignorancia, como práctica
voluntaria y constituyente de un sujeto activamente ignorante, se
pueden encontrar varias aseveraciones que ejemplifican a la per-
fección los vicios epistémicos que enumera Medina (2013). Para
ello, recuperaré algunos extractos del texto de Alex D. Montoya
(2000), pastor de la First Fundamental Bible Church, previamente
citado, para evidenciar las posturas acríticas y viciosas
(epistemológicamente hablando) en que se tiende a caer al soste-
ner dichas perspectivas, las cuales, para ser absolutamente claro,
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 113
considero violentas, discriminatorias y voluntariamente ignoran-
tes. A pesar de que Montoya no sea un obispo, sacerdote, o repre-
sentante de la Iglesia Católica, como el resto de los referentes hasta
este punto, su discurso me es pertinente para evidenciar —a modo
de dato extremo— las particularidades epistemológicas de dichos
posicionamientos.
El primero de estos vicios epistémicos apuntado por Medina
(2013), denominado como el vicio de la arrogancia o de la omnipo-
tencia cognitiva delirante, queda claro a lo largo del escrito de
Montoya, aunque puede ejemplificarse cuando el autor indica ta-
jantemente:
La homosexualidad es una perversión del orden divino.
Punto. No hay forma bíblica o natural de llegar a una con-
clusión diferente […] condenar la homosexualidad en to-
das sus formas […] no es un síntoma de homofobia, prejuicio
descorazonado, o fanatismo de mentalidad cerrada. Es
posicionarse del lado de la justicia y la verdad. (2000, p. 166)
Al contrario de lo que indica, en dicha cita el autor toma una
postura que podría caracterizarse como discriminatoria, poniendo
al centro el acriticismo y negación de la diversidad de interpreta-
ciones posibles a los textos bíblico (lo cual implica incluso una ce-
guera al trabajo de otrxs pensadorxs religiosxs). Su arrogancia queda
evidenciada en dicha pronunciación incontestable o indebatible,
pues su justificación siempre circulará de regreso hacia el texto
114 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
bíblico, que es tomado como verdad absoluta, ahistórica. Como
señalaría Helminiak (2007/1994), en estos casos la única interpre-
tación válida es lo que sea que la persona leyéndolo decida inter-
pretar. El verbo —encarnado, o no— es importante: el vicio
epistémico de Montoya, y quienquiera que comparta dicha pers-
pectiva, constituye un acto voluntario, una afirmación deliberada
por mantenerse acrítico.
El segundo vicio, relativo a la pereza epistémica, puede ser vis-
lumbrado tanto en la invisibilización que realiza Montoya (2000)
de la violencia epistémica, y en general las situaciones de violencia
que las personas LGBTIQ+ experimentan día a día, como en su
absoluta pereza por tomar en cuenta evidencia empírica y
fenomenológica respecto a lo que él llama “la naturaleza invertida
de los homosexuales y su incapacidad de cambiar su modo de vida
[…]. La incapacidad de cambiar el comportamiento nunca es una
razón para condonarlo” (Montoya, 2000, p. 167). Su inatención a
posturas diferentes a la suya resulta en una postura que invisibiliza
las aportaciones teóricas y personales de lxs sujetxs a quienes se
empeña en condenar, incurriendo asimismo en lo que Fricker (2007,
p. 1) denomina una injusticia testimonial, donde el prejuicio de
Montoya (y pensadores semejantes) causa que le otorgue menos
credibilidad al grupo de personas a quienes (involuntariamente,
quizá) está interpelando.
Ejemplificar el último vicio, relativo a la mentalidad cerrada,
parece absurdo después de lo enunciado hasta este momento, por
lo que me limitaré a citar por última vez a Montoya (2000) cuando,
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 115
sin duda consciente de los cambios socioculturales, indica que “la
Iglesia debe ser cuidadosa en no adoptar las costumbres del mun-
do” (p. 169). En esa pequeña oración, dicho autor pone en eviden-
cia lo que, desde mi perspectiva, liga la conceptualización de Medina
de la ignorancia, con la sostenida por Linda Alcoff:
aquellos en una posición de privilegio son en muchos mo-
mentos animados a esconder sus cabezas en la arena como
avestruces con respecto a ciertos aspectos, presuposiciones,
o consecuencias de la opresión que sostiene su privilegio.
Necesitan ignorar ciertas realidades sociales. Necesitan vi-
vir sin ciertas verdades presentes en sus mentes. (Medina,
2013, p. 35)
Lxs sujetxs activamente ignorantes, en este caso, específicamente
sujetxs conocedorxs pertenecientes a la tradición evangélica o ca-
tólica, reproducen la característica principal de varios grupos opre-
sores que Alcoff (2007, p. 48) señala: no se reconocen, a sí mismxs,
como opresorxs, y activamente sostienen un patrón de prácticas
reforzadoras de creencias que generan un efecto de ignorancia
sistémica. Es decir, sus prácticas y su reproducción acrítica de va-
lores, conceptos y prejuicios sostenidos en el dogma religioso, cons-
tituye, en este caso, una práctica epistémica sustantiva que, además,
responde a una estructura social que sus perspectivas —ancladas
en el privilegio— buscan mantener. Si dicho posicionamiento fuera
monolítico y no existiesen divergencias de opinión ad intra la Igle-
116 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
sia, quizá sería más complicado señalar sus faltas epistémicas como
aberraciones morales, que parecerían ir, incluso, contra a sus mis-
mos valores religiosos, como los señalados por Martin (2017). Em-
pero, la existencia de trabajos y esfuerzos hermenéuticos y
epistémicos que buscan contrarrestar a dichas posturas pone en
evidencia que el sostenimiento de posturas discriminatorias consti-
tuye un acto voluntario, una práctica epistémica sustantiva que
implica el sostenimiento del desconocimiento, por encima de cual-
quier otra posibilidad.
Dichas posturas no permiten el tránsito de las personas hacia
procesos de educación y de acercamiento a las experiencias de per-
sonas con perspectivas distintas a las suyas, sino que subrayan la
diferencia y los juicios religoso-morales respecto a las disidencias
sexuales para sostener la jerarquía social de la que gozan. En pala-
bras de Sarah Lucia Hoagland (2007), la práctica de la ignorancia
sustantiva le permite a estos grupos negar la relacionalidad —en-
tendida como nuestro formarnos y ser formados, tanto individual
como culturalmente, en relación con otras personas y grupos—,
siendo que su ignorancia es “una práctica estratégica cotidiana de
mantener relaciones de poder al negar credibilidad epistémica [so-
bre quiénes son, cómo son sus experiencias, qué violencias sufren,
etc.] a los objetos/sujetos del conocimiento que están marginalizados,
escritos como subalternos, borrados o criminalizados” (p. 101). Es
decir, la epistemología de la ignorancia, que mantiene la verdad
del otro como incompatible con creencias religiosas, niega la agen-
cia de dicho otro para autodefinirse, explicarse, nombrarse y vivirse,
JOSÉ IGNACIO GALLO LÓPEZ SANTIBÁÑEZ 117
dentro, fuera, o en relación con el pensamiento religioso. Esto se
encarna en la explicación que otorgan Siobhan Guerrero Mc Manus
y Leah Muñoz Contreras (2018) respecto a la injusticia testimo-
nial, en la que sin duda estas perspectivas incurren: “la voz de una
persona es sistemáticamente menospreciada y su propio testimonio
sobre su vida es ignorado en favor de recuentos de terceros” (2018,
p. 6). El problema con las creencias religiosas (de esta índole) no es
su capacidad de proveer a las personas de guía y acompañamiento,
sino el hecho de que constituye una práctica epistémica que nie-
ga, violenta y marginaliza a grupos sociales, impidiendo que se les
reconozca como agentes epistémicxs cuyas perspectivas y experien-
cias son necesarias para dar cuenta de la complejidad de las rea-
lidades sociales en las que nos vemos inmersxs.
El contraste con perspectivas de líderes religiosos pro-LGBTIQ+
evidencia, de manera incluso más contundente, cómo el manteni-
miento de dichas creencias constituye una práctica epistémica sus-
tancial que pretende sostener un orden social que beneficia a unxs,
al tiempo que niega a otrxs la posibilidad de vivirse y pensarse ple-
namente en dichas doctrinas. Los esfuerzos del pontífice, con auge
especial en los últimos cuatro años, señalan una importante ofensi-
va hacia la transformación, si bien ha sido acompañada con reveses
de un sostenimiento acrítico de posicionamientos homofóbicos, como
la jerarquización de nuestras identidades y la irreverencia de de-
nominar ciertas prácticas como pecaminosas. Esto implica, siguien-
do a Foucault (2014/1976), el mantenimiento de la lógica
confesionaria que impone la necesidad de purificarse a través de la
118 LA VENTANA, NÚM. 61 / 2025
asunción de males codificados religiosamente. Asimismo, la pre-
sencia de resistencias y obstaculizaciones ante los empujes del Papa
Francisco señalan la relevancia de darle poder —como en el Gé-
nesis— al acto denominativo, y de esta forma nombrar las prácticas
homofóbicas de la ignorancia por lo que son.
Así, las prácticas de ignorancia que ejercen ciertos grupos y
creyentes religiosos respecto a las disidencias sexuales no sólo re-
presentan una clara problemática social, subyaciendo a prácticas
de discriminación (ya sea lesbofobia, transfobia, bifobia u homofobia),
sino también un problema respecto a la manera en la que —en
afán de mantener sus creencias religiosas intactas— lxs sujetxs
pertenecientes al catolicismo se aproximan (o dejan de aproximar-
se) al conocimiento respecto al mundo social y la diversidad de
posicionamientos en un mundo que cada día se nos revela, cuasi-
divinamente, como intrínsecamente plural.
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