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resumen de todas las sangres
Plan Lector (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
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CAPITULO
I
Don Andrés Aragón de Peralta (el viejo) se dirige cuidadosamente hacia la torre mas
alta de la iglesia, era día de fiesta y había mucha gente, casi todos los habitantes
habían venido a oír misa, tras observar de lo alto, el viejo empezó a llorar, tenía miedo
de caer, bajo la cúpula de la iglesia y al observar salir a su hijo mayor de la iglesia
empezó a maldecirlo y a Don bruno, por pecadores, ladrones avaros y codiciosos. Don
Bruno hijo menor del ‘’viejo’’ era violador y violento. Don Fermín el hijo mayor
era ladrón, avaricioso y codicioso, por culpa de este su madre y padre se volvieron
borrachos. El viejo también anuncio su muerte y con ello su ultima voluntad, dejo sus
cosas materiales de su casa a los indios y caballeros pobres de aquel pueblo. Llegando
a casa se despidió de su criado ‘’Anto’’ y pidió que lo despidieran de su esposa. Vertió
veneno en su aguardiente y murió. Anunciaron su muerte y los pobladores pobres
fueron a su casa a cumplir con su ultima voluntad. Los hermanos se odian, pero
aun así se reunieron para discutir sobre lo que dijo su padre delante de todo el
pueblo y llegaron a un acuerdo de ser mas amables con los pobres para que así
contradigan lo que su padre dijo de ellos.
En el velorio apareció Rendón Willka, hijo del herrero Bellido, había llegado de Lima.
Demetrio Rendón Willka, cuando era joven, su padre quería matricularlo en la escuela.
Cuando ingreso a la escuela los chicos empezaron a fastidiarlo por mandato de sus
padres para que así Demetrio se retirase, Demetrio se defendió junto con amigos que
había hecho, él fue el único castigado con quince azotes bien dados. Con la cabeza
herida y ensangrentada fue a su casa y jamás regresó. Poco después partió hacia Lima.
Ocho años después regresó, sin anunciar su llegada, y en el velorio de don Andrés se
reunió con los varayok´s y se encontró con aquel muchacho que lo fastidiaba en
aquella escuela.
En las moyas (tierras de pasto de la zona fría) de la hacienda Providencia residían
todos los colonos de los Aragón de Peralta. Nemecio Carhuamayo, mandón de la
hacienda Providencia de don Bruno, Avisaba a todos los indios colonos que habrá
reunión en la casa hacienda y no sabía él porque de la reunión. Al siguiente día
ingresaron al inmenso patio de la hacienda los quinientos jefes de familia, criados de
don Bruno. Don Bruno informo que irán a la mina a trabajar para su hermano. Adrian
k’oto segundo cabecilla solicito que se vendiera comida a Paraybamba por que se
estaban muriendo de hambre.
Las minas de San pedro terminaron por ser explotadas y los señores Aragón de Peralta
se engrandecieron. La comunidad de indios estaba ya fortalecida y más cuando el
alcalde anunció, que los indios no trabajarían por menos de dos soles diarios de
jornadas, ya que antes trabajaban y se le pagaba con centavos muchas veces ni les
pagaban. Brañes pidió que se le castigue a los cinco varayok´s colgándolos en barra,
pero Don Fermín asistió al próximo cabildo y no permitiría que se aplicara aquel
castigo de la barra a nadie más. La barra y el cepo fueron desarmados y arrojados al
rio. Los indios siguieron dando a los vecinos arruinados el mismo trato respetuoso.
Pero no trabajaban para nadie que no les pagara el jornal adelantado.
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CAPITULO
II
El ingeniero Hernán Cabrejos Seminario, jefe de las minas de San Pedro, pertenecía a
una familia aristocrática, aunque empobrecida. Matilde, esposa de Don Fermín,
sospechaba sobre la lealtad de este. Hernán Cabrejos era agente secreto del consorcio
Wisther-Bozart. Su objetivo es que todo el mineral y otros metales que se encuentran
en la montaña Apark´ora de San Pedro, deberían pertenecer a su consorcio. Pero le
preocupaba la llegada de Rendón Willka, temía que se interponga en sus planes.
Conversa con Matilde, esposa de Fermín, sembrando la duda con respecto de su
cuñado don Bruno. Matilde le hace saber a Cabrejos de que Bruno su cuñado, vive en
un sitio en que una persona de corazón, puede volverse fanático, lealmente. Hernan
le saca información sobre Don Bruno y lo que se trae con don Fermín. Cabrejos le dice
que tenga cuidado de el cholo Rendon Willka. En esos momentos llega don Fermín, y
los esposos charlan. Matilde le dice que tenga mucho cuidado con Cabrejos y Rendón,
pero él ya sabe lo que se trae Cabrejos de ante mano.
Los vecinos pusieran la mayor resistencia en vender sus tierras a don Fermín. Cabrejos
cita a Rendón y le hace tomar para después interrogarlo. Cabrejos habla secretamente
con Rendon confiándole sus planes y pidiéndole que se sume a él, pero Rendón no
acepta, lo que ocasiona que se amargue y lo amenaza de no contar sobre lo
conversado. Cabrejos borracho ordeno a su chofer Gregorio que lo lleve al pueblo
para que visite a la joven Asunta de La Torre. Y en este recorrido descubre que su
chofer, Gregorio, está enamorado de una dama del pueblo llamada Asunta la
Torre; de regreso, convence a Gregorio y lo hace su aliado para boicotear todo el
trabajo de la mina y vigilar a Rendon, lo soborna a cambio de su ayuda.
Llegaron más hombre de Don bruno a las minas de su hermano. El capitán de la mina
prometió que no iba a ocurrir ningún accidente. Los primeros estampidos de los tiros
oprimieron el corazón de los indios. Esperaron en silencio el estallido en cadena de los
explosivos, cuidándose como se les había explicado que debían hacerlo. Cumpliendo
sus órdenes no han hablado con nadie, este primer día de trabajo no tuvo ningún
incidente que resaltar. Don bruno llega a la casa de su hermano Fermín y pide hablar
con Rendón Willka que es el capataz de la mina, y pide que cuiden a sus indios.
Cabrejos organiza un plan junto con su complice Gregorio para asustar a los indios y
dejen de ir a las minas. Llegado el momento Gregorio se disfraza de indio y se va en la
madrugada a la mina, simulando ser la serpiente Amaru empieza a gritar dentro de la
mina para que los indios se asusten, efectivamente se asustan algunos; pero en ese
momento hay una explosión de dinamita al interior de la mina y Gregorio, es
alcanzado por la explosión y muere despedazado. Sus restos son sepultados, mientras
Demetrio sospecha del ingeniero Cabrejos como responsable de la muerte.
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CAPITULO
III
Los vecinos del pueblo se reúnen en la plaza para una reunión con el alcalde, en esta
reunión; la señora Adelaida que es muy respetada en el pueblo; les pide a los
propietarios que no vendan más tierras a Don Fermín, porque las usará para la mina; y
acusa a los vecinos por recibir dinero del ingeniero Cabrejos, que quiere entregar la
mina a un consorcio de gringos. Asunta la Torre, que está participando de esta
reunión, recibe un papel en el que le indican que Cabrejos ha matado a Gregorio su
pretendiente.
Perico Bellido visita a Asunta de la torre. Después sale de la tienda y se dirige a la casa
de su padre, donde agarra el martillo y empieza a golpear un tronco seco triste
porque cree que todos lo odian. El mozo entró al dormitorio del padre y sacó de allí el
fino poncho de vicuña, luego volvió a la tienda de la Asunta. Durante los días
siguientes recorrió las cantinas, discutía de política, proclamaba ser comunista, ideaba
un plan para derribar a su jefe y ascender él a cajero
Mientras tanto en la casa de la mina, se reúnen Don Fermín, el ingeniero Cabrejos y
Rendón Willka, ahí Rendón Willka acusa al ingeniero de la muerte de Gregorio, indica
que lo vio salir de su casa e ingresar a la mina muy temprano donde murió
despedazado. Don Fermín conversa en privado con Cabrejos, sobre su función como
agente encubierto y Cabrejos le informa que el consorcio comprará el 80% de la mina
y le darán el 20% a Don Fermín, que la suerte ya está echada, solo tiene que aceptar,
porque nadie le dará dinero para explotar la mina. Don Fermín indica que podría
conseguir el dinero necesario además necesitarán todas las tierras de su hermano y
del pueblo, que ya acordaron no venderle.
Rendon Willka le cuenta lo sucedido en la mina al patrón don
Bruno.
Don Bruno recibe la visita de tres hacendados. Estos patrones reclaman a Bruno por
haber permitido que sus comuneros comercialicen con los indios de Paraybamba,
porque de acuerdo a sus costumbres, los indios solo debían comprar o vender a sus
propietarios o dueños. Don Bruno los escucha y les responde que cada señor es libre
de ordenar lo que quiera y que no hará nada para cambiar las cosas. Esta actitud de
Don Bruno hace enojar a los señores hacendados y lo amenazan con una guerra entre
hacendados, entonces don Bruno los expulsa de su hacienda. Dichos hacendados
estaban al tanto de la situación de los hermanos Aragón, saben que Don Bruno
perderá su hacienda y tierras porque en todo este lugar se instalará parte de la mina.
Luego de este incidente aparece la Vicenta, que es una de las amantes de Don Bruno,
y le anuncia que está esperando un hijo de suyo. Su otra mujer una mestiza llamada
Felisa, llena de celos apuñala a Vicenta, don Bruno la mata protegiendo a su amada
Vicenta.
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CAPITULO
IV
Doña Rosario, madre de los hermanos Aragón de Peralta, fallece. Fue un entierro con
indios, asistieron todos los colonos y comuneros, pero ningún vecino de aquel. Don
Fermín le indica al indio Anto que el terreno que su padre le dejó se lo cambiará por
otro terreno, Anto se opone a cambiar sus tierras lo que provoca que Don Fermín lo
amenace con una pistola, Anto no le demuestra miedo a Don Fermín y es felicitado
por tal valentía regalándole dos vacas, para así ganárselo como aliado. Con el mismo
fin visita a Asunta la Torre y le regala un brillante, todo lo hace para ganarse aliados
en su lucha contra el consorcio.
El ingeniero Cabrejos fue despedido de la mina y se va con la esperanza de volver más
adelante con el consorcio. Esa misma mañana Don Fermín se entero que el ‘’cholo’’
Cisneros compro la hacienda de Aquiles Monteagudo. Don Fermín propone hacerlo
socio de la mina con un aporte de diez millones de soles y le ofrece el 40% de acciones
de la mina. El cholo Cisneros le dice que él no invierte en minas, que ya no tiene
dinero y que no necesita más de lo que tiene. Don Fermín se levanta y se va
menospreciando al cholo por su falta de visión para los negocios. Mientras tanto Don
bruno va a visitar el pueblo de Paraybamba y convoca una reunión en donde elije
nuevos regidores y alcalde, ya que este pueblo empobrecido no tenía autoridades.
Este pueblo era tan pobre que las madres mataban a sus hijos al nacer. Toda esta
pobreza de debía a la avaricia de Don Adalberto Cisneros el cual les había quitado
todas sus tierras y no tenían donde sembrar. Don Bruno se ganó el cariño de los
pobladores de Paraybamba ya que en esta oportunidad les regalo sacos de semillas
para que siembren en sus tierras a cambio que le regalen un saco de cosecha. En ese
momento Don Adalberto Cisneros ‘’el cholo” se acerca al pueblo y al llegar se
encuentra que ya hay autoridades que no había hace veinte años, junto a ellos estaba
Don Bruno. Cisneros no saluda a nadie del pueblo, lo que provoca al nuevo alcalde
ordenar a sus comuneros, azotar a Cisneros, lo agarran, desnudan, lo pasean por las
calles y así desnudo lo botan del pueblo, a su mula la vuelan con dinamita
despedazándola, Cisneros se retira amenazando con volver en busca de venganza.
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CAPITULO V
En la mina llegó el momento esperado, encontraron la veta del metal que buscaban.
Don Fermín ira a Lima a negociar con capitales peruanos para explotar la mina, pero
sin quien lo asesore sale mal todo y termina dando las minas al consorcio gringo la
cual tiene mucho poder e influencias y se ha comprado a todas las autoridades. Don
Fermín ya no tiene más capital, está casi quebrado, el consorcio internacional le dio la
mínima parte de acciones. Don Fermín decide invertir ese dinero en la industria
pesquera, adquiriendo fábricas de harina y conservas de pescado.
Mientras tanto, Don Bruno visita al subprefecto de la provincia para hablar sobre lo
acontecido en Paraybamba, y es detenido, pero al final lo deja libre. En Paraybamba,
el alcalde y sus regidores son detenidos por siete policías que fueron a buscarlos por
orden del subprefecto, por el maltrato dado a Don Adalberto Cisneros. Don Bruno
nombra como su custodio a Rendón Willka, para que en su ausencia proteja a su
mujer, a su hijo y administre su hacienda, hasta que su hijo crezca porque tenía el
presentimiento que sería encarcelado. Se reúne y en esta reunión discuten, Cisneros
acusa a Don Bruno de meterse a sus tierras y alborotar a sus indios. Pero al final
Cisneros no logra nada y se va amenazando a Don Bruno. En la plaza principal hubo un
incidente entre los policías y los arrestados lo que provoca la muerte de una india.
El pueblo de San Pedro discute con sus alcaldes sobre la hacienda La Esmeralda, que
está a posesión del consorcio internacional, acuerdan morir defendiendo su tierra. La
compañía minera, que adopta el nombre de Aparcora, ante la necesidad de agua para
el trabajo de la mina consigue una orden judicial que obliga a los propietarios de San
Pedro a vender sus tierras de la hacienda ‘’La Esmeralda’’ a precio irrisorio. Los
vecinos
se niegan a hacerlo, y en cabildo acuerdan defender su propiedad. El alcalde
emprende viaje para entrevistarse con el subprefecto, a fin de saber la verdad, pero
en el camino se encuentra con el mismo subprefecto, que se dirigía a cumplir la orden
de desalojo a los comuneros y pobladores de san Pedro. Entretanto, la señorita
Asunta visita al ingeniero Cabrejos y le dispara tres tiros con un revólver, matándolo,
como venganza por vender su pueblo a la mina y por causar la muerte a Gregorio, un
ser inocente. Asunta es apresada y trasladada a Lima. Un nuevo cabildo de vecinos de
San Pedro decide abandonar el pueblo, pero no sin antes quemar todo, comenzando
por la
iglesia. Mientras tanto llegan las maquinarias pesadas de la compañía y unos 1500
indios como jornaleros. Don Fermín es visitado en su residencia en Lima, por un
grupo de sanpedrinos, quienes temen por su pueblo, presumen que la presencia de
la mina va a crear problemas; Don Fermín les regala diez mil soles para que
defiendan al pueblo. Los representantes indígenas que reclaman un aumento de
sueldo son
enviados presos a la capital de provincia, acusados de comunistas. Los bares y las
casas de prostitución aumentaron.
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CAPÍTULO
VI
Don Bruno regresa a la plaza de San Pedro y encuentra la iglesia quemada, llora de
pena, Rendón Willka toca las campanas, aparece el alcalde La Torre, Doña Adelaida,
los alcaldes indígenas y los regidores, realizan una reunión y acuerdan reconstruir la
iglesia con la ayuda de Don Bruno, los indios vendrán a vivir en las casas abandonadas
y el pueblo volverá a nacer. El cholo Cisneros, acompañado de cuatro personas,
buscan a Don Bruno para matarlo, pero primero va a la mina, allí conoce al
subprefecto y le cuenta que desea matar a Don Bruno. El subprefecto se ofrece para
matarlo a cambio de dinero, se emborrachan sin llegar a ningún acuerdo, en ese
momento llega una orden de Lima para detener y destituir al subprefecto por sus
antecedentes penales, inmediatamente es detenido por un teniente y dos policías por
orden del Gobierno. Don Bruno entre tanto, recibe la visita del ingeniero Jorge
Hidalgo que renunció a la mina, por no estar de acuerdo con la explotación de los
indios y el maltrato que dan al pueblo de San Pedro. Le pide trabajo, pero éste le
indica, que busque a su hermano Fermín, que está contratando ingenieros jóvenes
para trabajar en su hacienda. Don Fermín lo tomó inmediatamente y se quedó a
trabajar en esta hacienda. En la mina, cumpliendo con la orden de expropiación de la
hacienda La Esmeralda, las máquinas grandes comienzan aplanar la pampa, pero en
esa pampa vivía Anto, el criado de Don Andrés a quien le regalaron esas tierras para
que viva y siembre con su familia. El ingeniero Velasco negocia con Anto por sus
tierras, porque tienen que demolerla. Anto no acepta el trato, los mineros avanzan a
la vez para demoler la casa, Anto reacciona y de un balazo mata a uno de los
capataces y cuando las maquinas tumbaban su casa, se tira contra ellos con veinte
cartuchos de dinamita en la mano y vuelan en pedazos los maquinistas y las
maquinas. Don Bruno y todos se enteran de lo que ha pasado con Anto, él se echa la
culpa de todo, cree que, por haberle dado los indios a su hermano, es causante de
que la mina haya crecido y trajo con sigo las desgracias de su pueblo, está decidido a
luchar. Encomienda a su hijo y a su mujer Vicenta a Rendón Willka, coge sus armas y
se despide de su mujer. Don Bruno se dirige a la hacienda de Don Lucas, en ese
instante llego Don Bruno y delante de sus indios, le da un balazo a Don Lucas y lo
mata, todos los indios lo quieren, le agradecen y se quedan de dueños de la hacienda.
Don Bruno se despide y se encamina a la hacienda La Esperanza de su hermano
Fermín, llega y encuentra a su hermano Fermín en compañía del ingeniero Hidalgo. Le
incrimina a Fermín que él es culpable de todo, lo acusa de vender la mina, el pueblo,
de todas las muertes, saca su revólver, y comienza a disparar. Las tres balas le
quebraron las piernas, Don Bruno, llora y se entrega confesando que mato a Don
Lucas.
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CAPITULO
VII
El médico de la mina opera a Don Fermín, luego es llevado en avión a Lima en donde
se recuperará y sanará. Don Bruno es encarcelado. Mientras Rendon Willka se informa
de lo sucedido toma a cargo de la hacienda. En adelante los colonos indios trabajarían
para ellos mismos, sin patrones, lo que significaba ya una revolución. El gobierno envía
entonces a los guardias civiles a sofocar la revuelta. Vicenta y su hijo se esconden en la
comunidad de Lahuaymarca. Rendon Willka es fusilado en el patio de su casa por
policías y las demás tropas son enviadas a San Pedro para liquidar a los pobladores
comunistas.
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