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Pedofilia y Responsabilidad Penal: Análisis

El documento analiza cómo el diagnóstico de pedofilia puede influir en la responsabilidad penal de individuos que cometen delitos sexuales contra menores, basándose en 29 sentencias españolas. Se discuten las diferencias entre pedofilia y pederastia, así como la confusión común entre ambos términos, y se evalúa el impacto del diagnóstico en la imputabilidad y las atenuantes en el contexto judicial. Se proponen enfoques para abordar la pedofilia en el ámbito legal que eviten el estigma y promuevan la prevención.

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Pedofilia y Responsabilidad Penal: Análisis

El documento analiza cómo el diagnóstico de pedofilia puede influir en la responsabilidad penal de individuos que cometen delitos sexuales contra menores, basándose en 29 sentencias españolas. Se discuten las diferencias entre pedofilia y pederastia, así como la confusión común entre ambos términos, y se evalúa el impacto del diagnóstico en la imputabilidad y las atenuantes en el contexto judicial. Se proponen enfoques para abordar la pedofilia en el ámbito legal que eviten el estigma y promuevan la prevención.

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¿Atenuación por pedofilia de la

2.2025 responsabilidad penal derivada de la comisión


de delitos sexuales contra menores?
Análisis psicológico de su fundamentación en las
Nereida Bueno-Guerra
resoluciones de la Sala 2ª del Tribunal Supremo
Universidad Pontificia Comillas

Laura Serranos-Minguela
Universidad Pontificia Comillas Sumario
-
Javier Gómez Lanz La pedofilia es la atracción sexual hacia niños prepúberes; si bien no es un
Universidad Pontificia Comillas sinónimo de pederastia ni entraña la comisión de delitos sexuales, es usual que
- ambos fenómenos se confundan en referencias informales. Su caracterización
clínica es debatida (puede interpretarse como trastorno parafílico, cronofilia o
interés sexual atípico), pero su diagnóstico adquiere relevancia en la valoración
de la imputabilidad de quien ha cometido un delito contra la libertad sexual de un
menor de edad, pues se invoca para alegar una alteración de su capacidad. En
este trabajo se analizan 29 sentencias españolas en las que tal diagnóstico
conduce a estimar una atenuante o una eximente incompleta y se examinan los
argumentos aducidos tanto cuando la pedofilia se diagnostica con otro trastorno
como cuando concurre en exclusiva. En el primer grupo de casos, cuando la
perturbación afecta también a la capacidad intelectiva, determina en ocasiones la
apreciación de una eximente incompleta. En el segundo grupo de casos, algunas
sentencias, pese a estimar que la capacidad cognitiva se conserva, identifican una
perturbación de la capacidad volitiva y aprecian una atenuante analógica. En el
trabajo se discute el acierto de estas resoluciones a la luz de la psicología clínica
y se exponen propuestas para abordar la pedofilia en el ámbito jurisprudencial y
pericial de modo congruente con un enfoque preventivo y no promotor del estigma.

Abstract
-
Pedophilia is the sexual attraction to prepubescent children; although it is not a
term synonymous with pederasty nor does it involve the commission of sexual
offenses, it is common for both phenomena to be confused in informal references.
While its characterization is debated—it may be interpreted as a paraphilic
disorder, chronophilia, or atypical sexual interest—its diagnosis gains importance
in the assessment of criminal responsibility for someone who has committed a
sexual offense against a minor, as it is invoked as an argument to allege an
alteration of capacity. This study analyzes 29 Spanish court rulings in which such
a diagnosis leads to the estimation of a mitigating circumstance or an incomplete
defense and examines the arguments presented both when pedophilia is diagnosed
with another disorder and when it occurs exclusively. In the first group of cases,
when the disturbance also affects intellectual capacity, it sometimes determines
the recognition of an incomplete defense. In the second group of cases, despite
estimating that cognitive capacity is preserved, some rulings find a disturbance of
volitional capacity and accept a mitigating circumstance. The paper discusses the
soundness of these decisions in light of clinical psychology and presents proposals
for addressing pedophilia in the expert and jurisprudential field in a way that is
consistent with a preventive approach and does not promote stigma.

Zusammenfassung
-
Pädophilie bezeichnet die sexuelle Anziehung zu vorpubertären Kindern. Auch
wenn sie weder mit Päderastie gleichzusetzen ist noch notwendigerweise die
Begehung von Sexualdelikten impliziert, werden beide Begriffe im allgemeinen
Sprachgebrauch häufig miteinander verwechselt. Ihre klinische Einordnung ist
umstritten – sie kann als paraphile Störung, Chronophilie oder atypisches

127
sexuelles Interesse interpretiert werden –, doch gewinnt ihre Diagnose besondere
Bedeutung bei der strafrechtlichen Beurteilung der Schuldfähigkeit von Personen,
die Sexualdelikte an Minderjährigen begangen haben. In solchen Fällen wird sie
oftmals als Argument für eine eingeschränkte Einsichts- oder Steuerungsfähigkeit
herangezogen. Die vorliegende Studie analysiert 29 spanische Urteile, in denen
eine entsprechende Diagnose zur Anwendung eines Strafmilderungsgrundes oder
einer verminderten Schuldfähigkeit geführt hat. Es werden sowohl Fälle
untersucht, in denen Pädophilie zusammen mit einer weiteren Störung
diagnostiziert wurde, als auch solche, in denen sie isoliert auftritt. Im ersten Fall
kann eine kombinierte Störung, insbesondere wenn auch die intellektuelle
Fähigkeit betroffen ist, zur Annahme einer erheblich verminderten Schuldfähigkeit
führen. Im zweiten Fall erkennen einige Gerichte, obwohl sie eine erhaltene
kognitive Fähigkeit bejahen, eine Störung der Steuerungsfähigkeit an und
gewähren eine analoge Strafmilderung. Der Beitrag prüft die Tragfähigkeit dieser
Entscheidungen im Lichte der klinischen Psychologie und unterbreitet Vorschläge
für einen sachgerechten Umgang mit pädophilen Diagnosen im strafrechtlichen
und gutachterlichen Kontext – unter Berücksichtigung eines präventiven
Ansatzes, der zugleich eine Stigmatisierung vermeidet.

Title: Mitigation of Criminal Responsibility for Pedophilia in the Commission of


Sexual Offenses Against Minors? Clinical Analysis of Its Foundation in the
Resolutions of the 2nd Chamber of the Supreme Court
Titel: Milderung der strafrechtlichen Verantwortlichkeit wegen Pädophilie bei der
Begehung von Sexualdelikten an Minderjährigen? Klinische Analyse der
Begründung in den Urteilen des 2. Strafsenats des spanischen Obersten
Gerichtshofs.
-
Palabras clave: Pedofilia, agresión sexual de menores, imputabilidad.
Keywords: Pedophilia, child sexual abuse, criminal responsibility.
Stichwörter: Pädophilie, sexueller Kindesmissbrauch, Schuldfähigkeit
-

DOI: 10.31009/InDret.2025.i2.04
-

128
Índice
-
2.2025

Recepción 1. Introducción
30/09/2024 1.1. El concepto de anomalía o alteración psíquica en el CP español
- 1.2. Formas clínicas de entender la pedofilia
Aceptación a. La pedofilia como trastorno parafílico
14/02/2025
b. La pedofilia como cronofilia
-
c. La pedofilia como interés sexual atípico
1.3. Pedofilia y atenuación de la responsabilidad penal
2. Método
3. Resultados
4. Discusión
4.1. Relevancia de la perspectiva mixta biológico-psicológica del Código
Penal en la determinación de la pedofilia como posible causa de
inimputabilidad o imputabilidad parcial
4.2. La afectación a la imputabilidad de los sujetos que padecen pedofilia
adicional a otros trastornos y que han agredido sexualmente a
menores
4.3. La afectación a la imputabilidad de los sujetos exclusivamente con
pedofilia y que han agredido sexualmente a menores
4.4. Otros posibles trastornos que pueden afectar a la imputabilidad de
los sujetos que agreden sexualmente a menores
4.5. Afectación a la imputabilidad cuando los intereses pedófilos se
hallan circunscritos a una causa orgánica
4.6. La relevancia de la prueba pericial en la resolución sobre la
imputabilidad de sujetos con pedofilia que agreden sexualmente a
menores
a. Dificultades periciales en la evaluación del diagnóstico de la
pedofilia
b. Dificultades periciales en la valoración de la imputabilidad en
sujetos con pedofilia
4.7. Limitaciones del presente estudio
5. Conclusiones
6. Bibliografía
7. Anexos
7.1. Afectación a la imputabilidad cuando los intereses pedófilos se
hallan circunscritos a una causa orgánica
7.2. Variables empleadas en la codificación de las sentencias
7.3. Características penales relevantes respecto de la imputabilidad a la
luz de tres perspectivas clínicas de consideración de la pedofilia

Este trabajo se publica con una licencia Creative Commons Reconocimiento-No


Comercial 4.0 Internacional

129
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

1. Introducción*

La violencia sexual contra la infancia es una de las formas más graves de violencia hacia los
menores por las consecuencias que causa a la víctima, tanto a corto como a largo plazo1. El
estudio elaborado en 2021 por LORENTE ACOSTA para el Observatorio contra la Violencia
Doméstica y de Género concluye a este respecto que ocho de cada diez menores presentan
consecuencias psicológicas, en su mayoría graves, como resultado de la violencia sexual sufrida2.

La detección y prevención de este delito –ya de por sí complejas, dada su frecuente comisión en
el entorno familiar y su bajo índice de revelación por las dificultades emocionales y traumáticas
que entraña para el superviviente3– se ven, además, dificultadas por la existencia de varios mitos.
Uno de los más comunes es el de que los agresores padecen algún tipo de trastorno mental,
afirmación que la mayoría de las investigaciones desmiente4. Existe la falsa creencia de que los
agresores sexuales de menores son «perturbados mentales» o «enfermos psiquiátricos», cuando
lo cierto es que no hay un perfil común, sino que se trata de un grupo de personas muy
heterogéneo que no siempre han recibido un diagnóstico de trastorno psicológico5.

Aunque las investigaciones muestran que entre un tercio6 y la mitad7 de los agresores sexuales
de menores no son pedófilos, la asociación –o incluso la confusión– entre la pedofilia y la
pederastia constituye otro de esos mitos y uno particularmente difícil de combatir. Es cierto que
la existencia de un diagnóstico de pedofilia certero en un individuo que ha agredido sexualmente
se considera un factor de riesgo para una reincidencia futura8, pero esto no implica que todas las
personas con pedofilia hayan agredido sexualmente a un menor o que quienes hayan perpetrado
este delito tengan pedofilia. Ahora bien, la existencia en los últimos veinticinco años de varias
sentencias en las que los tribunales españoles han basado en la pedofilia del agresor sexual de
un menor una atenuación de su responsabilidad penal puede dar lugar a un cambio en la
interpretación de la coexistencia entre pedofilia y pederastia: en vez de ocultarse con el fin de

* Autor de contacto: Javier Gómez Lanz (jglanz@[Link]). Agradecemos las sugerencias y comentarios de
nuestro compañero, el Dr. Oscar Herrero Mejías, quien revisó versiones preliminares de este trabajo.
1
CABRERA MARTÍN, La victimización sexual de menores en el código penal español y en la política criminal internacional,
2019, pp. 23 ss.; SAVE THE CHILDREN, Los abusos sexuales hacia la infancia en España, 2021, pp. 2 ss.
2
LORENTE ACOSTA, Estudio médico-legal de las sentencias por delitos contra la libertad y la indemnidad sexual, 2021,
pp. 16 ss.
3
CABRERA MARTÍN, «Fenomenología de la victimización sexual infantil», en MEANA PEÓN/MARTÍNEZ GARCÍA (dirs.),
Dignididad y equidad amenazadas en la sociedad contemporánea, 2022, pp. 346 ss.
4
ECHEBURÚA/GUERRICAECHEVARRÍA, Abuso sexual en la infancia. Nuevas perspectivas clínicas y forenses, 2021, pp. 33
ss.; LÓPEZ SÁNCHEZ, Abusos sexuales a menores: lo que recuerdan de mayores, 1994, pp. 16 ss.; y SAVE THE CHILDREN,
Ojos que no quieren ver, 2017, pp. 11 ss.
5
CROMER/GOLDSMITH, «Socio-cultural issues and child sexual abuse: Child sexual abuse myths: Attitudes, beliefs,
and individual differences», Journal of Child Sexual Abuse, (19-6), 2010, pp. 618 ss.; LÓPEZ SÁNCHEZ, Abusos sexuales
a menores: lo que recuerdan de mayores, 1994, pp. 19 ss.; MARCO FRANCIA, El agresor sexual de menores: aspectos
penales y criminológicos, 2024, pp. 29 ss. y SAVE THE CHILDREN, Ojos que no quieren ver, 2017, pp. 11 ss.
6
EHER/RETTENBERGER/TURNER, «The prevalence of mental disorders in incarcerated contact sexual offenders», Acta
psychiatrica Scandinavica, (139-6), 2019, pp. 572 ss.
7
GERWINN et al., «Clinical characteristics associated with paedophilia and child sex offending - Differentiating
sexual preference from offence status», European Psychiatry, (51), 2018, pp. 74 ss.; SETO, «Pedophilia», Annual
Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.
8
HANSON/MORTON-BOURGON, «The characteristics of persistent sexual offenders: A meta-analysis of recidivism
studies», Journal of Consulting and Clinical Psychology, (73-6), 2005, pp. 1154 ss.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

evitar un cuestionamiento sobre la peligrosidad del individuo, puede perseguirse su diagnóstico


para buscar una disminución de la condena. Esta situación permite, por una parte, cuestionarse
si los mitos que entreveran la pedofilia, el trastorno mental y la agresión sexual infantil se han
extendido también al ámbito judicial y justifica, por otra, examinar en qué medida un diagnóstico
de pedofilia puede repercutir en la modulación de la responsabilidad criminal. Este es,
precisamente, el objetivo del presente trabajo.

La pedofilia puede entenderse como la atracción sexual e intensa hacia niños prepúberes9 que
aparece como un trastorno descrito en los manuales de diagnóstico más empleados en psicología
y psiquiatría: el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, elaborado por
la Asociación Americana de Psiquiatría) y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE,
elaborado por la Organización Mundial de la Salud). La pederastia, en cambio, alude al acto
sexual que se comete contra un menor, conducta que se tipifica como delito en el Capítulo II del
Título VIII del Código Penal español (CP)10.

Es cierto que la pedofilia constituye un factor de riesgo para la pederastia o abuso sexual infantil11
y que existe relación entre la pedofilia, el abuso sexual de menores y el consumo de pornografía
infantil12, pero ello no significa que se trate de nociones equiparables13. La confusión entre estos
conceptos, usual tanto entre profesionales como en la población general, provoca la
estigmatización de las personas con pedofilia que no han cometido ningún delito y que se
comprometen a no llevarlo a cabo porque entienden las graves consecuencias que tendría
hacerlo: los denominados pedófilos virtuosos14.

El estigma puede, de hecho, incrementar el riesgo de que ejecuten finalmente el delito al


disuadirles de buscar ayuda por miedo al rechazo social15. De ahí la importancia de desterrar este

9
SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL MISMO, «Is Pedophilia a Sexual
Orientation?», Archives of Sexual Behavior, (41-1), 2011, pp. 231 ss.; EL MISMO, «The Puzzle of Male Chronophilias»,
Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against children: theory,
assessment and intervention, 2ª ed., 2018, p. 9.
10
El texto del Código Penal español que se toma como referencia en este trabajo es el posterior a la reforma
operada por la Ley Orgánica 4/2023, de 16 de abril, al ser el vigente en el momento de la investigación. Esta
modificación no afecta a la eliminación de la diferenciación entre agresión y abuso sexual que fue incorporada
mediante la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, conforme a la cual todo acto de carácter sexual con un
menor de 16 años se caracteriza legalmente como agresión sexual.
11
Dada su supresión del CP, la expresión «abuso sexual» no se empleará a lo largo del trabajo en un sentido
técnico-legal. Para hacer referencia al tipo delictivo se empleará la expresión «agresión sexual».
12
El término «imágenes abusivas de menores» es propuesto por diversos autores como alternativa al concepto
penal de «pornografía infantil», para evitar su equiparación a la pornografía adulta. Se parte de la base de que en
la pornografía adulta los participantes son actores adultos y su distribución es lícita, mientras que en el caso de
menores son registros de una agresión sexual a menores, constitutiva de delito. En el resto del texto se empleará
la denominación «imágenes abusivas de menores» salvo cuando se haga referencia al tipo delictivo, caso en el que
se empleará la expresión «pornografía infantil», tal como aparece en el art. 189 del CP. Cfr. CABRERA MARTÍN, «La
pornografía infantil como especie de la pornografía en general», Cuadernos de política criminal, (121), 2017, pp.
203 ss.
13
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales: teoría, evaluación y tratamiento, 2018, p. 57.
14
WALKER, A Long, Dark Shadow. Minor-Attracted People and Their Pursuit of Dignity, 2021, pp. 3 ss.
15
JAHNKE, «Emotions and Cognitions Associated with the Stigma of Non-Offending Pedophilia: A Vignette
Experiment», Archives of Sexual Behavior, (47-2), 2018, pp. 363 ss.; LA MISMA, «The Stigma of Pedophilia: Clinical
and Forensic Implications», European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.; NIELSEN/AASKOV/LARSEN, «When
virtuous paedophiles meet online: A sociological study of a paedophile community», Sexualities, (25-5/6), 2022,
pp. 598 ss.; STEVENS/WOOD, «“I Despise Myself for Thinking about Them.” A Thematic Analysis of the Mental
Health Implications and Employed Coping Mechanisms of Self-Reported Non-Offending Minor Attracted
Persons», Journal of Child Sexual Abuse, (28-8), 2019, pp. 968 ss.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

mito para su correcta detección y prevención16 y, especialmente, para planificar una


aproximación específica al problema según las características concretas del individuo.

Las personas que abusan de menores o que visualizan imágenes abusivas de menores conforman
un grupo heterogéneo con variedad de rasgos y motivaciones17. Así, puede haber agresores
sexuales de menores con y sin pedofilia, al igual que puede haber personas con pedofilia que
cometan o no pederastia18. El deseo de cometer actos sexuales con menores no implica
necesariamente el paso a la acción19, al igual que puede haber actos pederastas debidos a factores
distintos de la pedofilia20 como la frustración sexual con personas adultas, la hipersexualidad, el
oportunismo, la desinhibición como resultado del consumo de sustancias, la baja autoestima o
los sentimientos de soledad21. Del mismo modo, puede haber personas con pedofilia que usen
imágenes abusivas de menores, pero también personas que no padecen pedofilia y acceden a
estos materiales22.

Los sujetos que realizan conductas sexuales que afectan a menores presentan, pues, una
diversidad que obliga a evitar generalizaciones. En particular, dada la relevancia que un
diagnóstico psicológico puede tener a la hora de dictar sentencia23, esa disparidad determina la
necesidad de examinar cuidadosamente si el autor de un delito contra la libertad sexual de un
menor lo ejecutó conservando intacta su capacidad intelectiva y volitiva. La publicación de las
sentencias a las que antes se ha hecho mención evidencia la posibilidad de que, tal como ocurre
con ciertos trastornos asociados a la conducta sexual24, los diagnósticos de pedofilia estén siendo
objeto de consideración a efectos de modular la responsabilidad penal del agresor en atención a
una supuesta perturbación de sus funciones psíquicas. Esto es, pese a que en el ámbito de la
psicología no existe consenso respecto a la definición de la pedofilia ni a su consideración o no
como trastorno25, se está equiparando la pedofilia con una anomalía psíquica susceptible de
atenuar la responsabilidad penal.

16
GÓMEZ-DURÁN et al., «Preventing child sexual abuse from the offenders’ side: Prevention Dunkelfeld Project»,
Revista Española de Medicina Legal y Forense, (45-2), 2019, pp. 83 s.; JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018,
pp. 144 ss.; WALKER, A Long, Dark Shadow, 2021, pp. 6 ss.
17
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 56 ss.
GERWINN et al., European Psychiatry, (51), 2018, pp. 74 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009,
18

pp. 391 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against children, 2018, p. 13.
19
JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.
20
GANNON, «A compositional explanatory theory of pedophilia», Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1
ss.; KRUEGER et al., «Proposals for Paraphilic Disorders in the International Classification of Diseases and Related
Health Problems, Eleventh Revision (ICD-11)», Archives of Sexual Behavior, (46-5), 2017, pp. 1529 ss.
21
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 61 ss.; KRUEGER et al., Archives of Sexual Behavior, (46-5), 2017, pp.
1529 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual
offending against children, 2018, pp. 92 ss.
22
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, p. 61.
23
DE BLOCK/ADRIAENS, «Pathologizing Sexual Deviance: A History», Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276
ss.; MOSER, «When Is an Unusual Sexual Interest a Mental Disorder?», Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009,
pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, «El DSM-IV y las Parafilias: Un argumento para su retirada», Archivos
Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.
24
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-
3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS
MISMOS, «Conceptualization, History, and Future of the Paraphilias», Annual Review of Clinical Psychology, (16-1),
2020, pp. 81 ss.
25
GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

Si bien es indudable que las aportaciones de la psicología y de la psiquiatría son imprescindibles


para garantizar una aplicación cabal de la ley penal en este ámbito26, la noción de imputabilidad
es objeto de una caracterización legal implícita en el art. 20 CP a la que es imperativo atender.
Conforme a ella, es imputable el sujeto que goza de capacidad de comprender la ilicitud de su
actuación y capacidad de actuar conforme a esa comprensión27. La imputabilidad presupone,
pues, que el sujeto goza de capacidad intelectiva y volitiva suficiente, situación, no obstante,
compatible con la presencia de niveles distintos de capacidad. Cuando, aun alcanzando el umbral
mínimo de capacidad suficiente, el sujeto sufre un déficit de facultades respecto a lo que cabe
considerar «normal», el CP, en atención a esa imputabilidad disminuida, permite reducir la
entidad de la sanción penal. Solo si la capacidad del sujeto se encuentra tan perturbada que le
impide comprender la significación de sus actos o adaptar su voluntad a esa comprensión, cabe
afirmar su inimputabilidad y la consiguiente exención de responsabilidad penal.

La primera de las causas de inimputabilidad que recoge el CP en el art. 20.1. está ligada a la
presencia, al tiempo de cometer la infracción penal, de cualquier anomalía o alteración psíquica
que impida la comprensión de la ilicitud del hecho o la actuación conforme a dicha comprensión.
Acude así el CP a un criterio mixto biológico-psicológico, pues no solo basta con la existencia de
una patología mental de base biológica, sino que ésta debe haber perturbado plenamente la
capacidad cognitiva y/o volitiva del sujeto en el momento de cometer el hecho28. Cuando esa
perturbación no reúne las características para poder ser calificada como plena, el CP determina
la atenuación de la responsabilidad penal del reo en atención a la intensidad de la perturbación:
la jurisprudencia reserva la eximente incompleta del art. 21.1 CP, en relación con el art. 20.1 CP
para las perturbaciones moderadas y la atenuante analógica del art. 21.7 CP en relación con los
arts. 21.1 CP y 20.1 CP para las perturbaciones leves29.

Estas son las vías a través de la que el diagnóstico de pedofilia puede cobrar relevancia en los
delitos contra la libertad sexual de los menores. Ahora bien, según lo indicado, será preciso poder
afirmar su naturaleza de «anomalía psíquica» o «alteración psíquica» y verificar adicionalmente
que, al momento de ejecutar la acción, perturbaba la capacidad intelectiva y/o volitiva del sujeto.

Por tanto, el núcleo de este trabajo consiste, como se ha anticipado, en el examen de las
sentencias españolas que han erigido una decisión de atenuación de la responsabilidad penal
sobre un diagnóstico de pedofilia, a fin de evaluar los argumentos aducidos a partir de la
investigación psicológica contemporánea sobre esta cuestión. Para ello, resulta pertinente de

26
CASANUEVA SANZ, «Los trastornos mentales y sus efectos en la responsabilidad penal. El juego patológico», en
GIL NOBAJAS/GÓMEZ LANZ (dirs.), El sistema penal y los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, 2023, p.
63; MARTÍNEZ GARAY, La imputabilidad penal, 2005, pp. 301 ss.; SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, p.
193; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp. 193 ss.
27
CASANUEVA SANZ, en GIL NOBAJAS/GÓMEZ LANZ (dirs.), El sistema penal y los objetivos de desarrollo sostenible de la
Agenda 2030, 2023, pp. 64 ss.; MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 581; MUÑOZ CONDE, Derecho
Penal. Parte General, 11ª ed., 2022, p. 336; ORTS BERENGUER/GONZÁLEZ CUSSAC, Compendio de Derecho Penal. Parte
General, 10ª ed., 2023, p. 350; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp. 177
ss. MARTÍNEZ GARAY, La imputabilidad penal, 2005, pp. 55 ss. describe en estos términos el concepto legal de
imputabilidad, si bien postula (op. cit., p. 365) una noción diversa fundada en la noción de exigibilidad de conducta
adecuada a Derecho y no en la de capacidad.
28
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, pp. 587 ss.; MUÑOZ CONDE, Derecho Penal. Parte General,
11ª ed., 2022, p. 341; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, p. 178; ZUGALDÍA
ESPINAR, «La culpabilidad», en MORENO-TORRES HERRERA (dir.), Lecciones de Derecho penal. Parte General, 6ª ed.,
2022, p. 194.
29
OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte General: Elementos básicos de teoría del delito, 3ª ed., 2023,
p. 144.

133
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

modo previo aclarar brevemente cómo regula el CP español la afectación a la imputabilidad


derivada de una anomalía o alteración psíquica y, posteriormente, cuál es el estado de la cuestión
en la discusión clínica sobre la conceptualización de la pedofilia.

1.1. El concepto de anomalía o alteración psíquica en el CP español

Como ya se ha anticipado, el CP español define la anomalía o alteración psíquica en el art. 20.1


a partir de un criterio mixto biológico-psicológico: debe existir una patología mental de base
biológica y un efecto psicológico significativo (usualmente descrito como «perturbación») sobre
la capacidad cognitiva y/o volitiva del sujeto.

Cuando la patología tiene carácter permanente (o, cuando menos, perdurable), estos dos son los
únicos requisitos que deben satisfacerse para su apreciación. El CP, no obstante, reconoce
también –mediante la figura del trastorno mental transitorio (TMT)– efectos a las alteraciones
que afectan de igual forma a la capacidad cognitiva y volitiva, pero son de carácter temporal30.
Lo que caracteriza al TMT es su fugacidad, la alteración de la capacidad por tiempo limitado y sin
dejar secuelas tras su cese. Aunque el requisito relativo a la intensidad de la perturbación no
difiere del demandado para la anomalía permanente, la doctrina y la jurisprudencia han
amortiguado la exigencia de la naturaleza biológica de la causa del TMT y admiten orígenes tanto
en causas externas -estar atravesando una situación personal especialmente difícil31- como
internas –«la exacerbación repentina de una enfermedad mental subyacente»32–. Sin embargo,
tanto esta amplitud de posibles causas que originan el TMT como el carácter transitorio del
trastorno determinan que en esta eximente se aplique una versión de la doctrina de las actiones
liberæ in causa a fin de evitar que se ampare en ella un sujeto que provoca voluntariamente la
situación de TMT en la que comete una acción típica. De este modo, no se atribuyen efectos
jurídicos al TMT cuando el sujeto provoca este último para cometer el delito, tampoco cuando,
sin buscarlo a propósito, prevé anteriormente que en ese estado podría llegar a cometerlo ni
cuando, sin provocar el TMT para cometer el delito ni prever con anterioridad la comisión de
éste, tenía el deber de prever que en tal estado podía llegar a cometerlo33.

A efectos de concretar los supuestos incardinables en el concepto de anomalía o alteración


psíquica duradera, la jurisprudencia y la doctrina penales suelen recurrir a los términos de la
clasificación psiquiátrica tradicional, que no siempre se ajustan a los que emplean actualmente
los profesionales de la psicología y la psiquiatría de acuerdo con las últimas versiones de los
manuales DSM o CIE. Así, los casos más frecuentemente identificados por los tribunales son las
psicosis, las neurosis y las oligofrenias y demencias. No obstante, la expresión «cualquier
anomalía o alteración psíquica» es tan laxa que permite acoger toda clase de patología,
cualesquiera que sean sus características y su origen, siempre y cuando impida comprender la
ilicitud del hecho o dirigir la voluntad de acuerdo con esa comprensión.

Esta apertura ha provocado discusiones doctrinales y jurisprudenciales sobre la legitimidad de


extender el tenor legal a anomalías o alteraciones psíquicas ajenas a la citada clasificación

30
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, pp. 601 ss.; DE VICENTE MARTÍNEZ, Vademécum de Derecho
Penal, 6ª ed., 2021, pp. 360-361; ZUGALDÍA ESPINAR, en MORENO-TORRES HERRERA (dir.), Lecciones de Derecho penal,
6ª ed., 2022, p. 199.
31
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 604.
32
DE VICENTE MARTÍNEZ, Vademécum de Derecho Penal, 6ª ed., 2021, p. 383.
33
OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte General, 3ª ed., 2023, pp. 146 ss.

134
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

tradicional. El caso paradigmático es el de la psicopatía, un trastorno tradicionalmente asociado


a delitos contra la vida34. Durante largo tiempo, el diagnóstico de psicopatía no se consideró
argumento suficiente para atenuar la responsabilidad penal del reo en la convicción de que no
afectaba a su capacidad intelectiva y volitiva; sin embargo, en tiempos relativamente recientes
algunas sentencias han apreciado en estos casos atenuantes analógicas o eximentes incompletas
ligadas por lo general a una supuesta perturbación de la capacidad volitiva35. Estas discrepancias
en su tratamiento judicial son resultado tanto de la disputa respecto a la conceptualización de la
psicopatía en el ámbito de la psicología y la psiquiatría36, como de la frecuente consideración
indistinta de la «psicopatía» y el «trastorno de la personalidad» por la jurisprudencia37.

Parece indudable que la controversia acerca de la posibilidad de considerar la pedofilia como un


factor de disminución o, incluso, de exclusión de la imputabilidad del reo replica algunos de los
rasgos que caracterizan el debate sobre la psicopatía. Uno de ellos –de singular importancia– es
la falta de consenso científico acerca de su definición y de su repercusión en las funciones
psicológicas del sujeto. Ello no sólo justifica, sino que aconseja abordar en un primer momento
las formas clínicas de entender la pedofilia desde el punto de vista de la psicología, para examinar
su posible afectación sobre las capacidades cognitivas y volitivas.

1.2. Formas clínicas de entender la pedofilia

Como se ha explicado previamente, para comenzar la discusión clínica respecto de la pedofilia,


es necesario en primer lugar realizar un apunte terminológico. En el argot clínico castellano los
conceptos pederastia y pedofilia no designan una misma entidad y, por tanto, no deben
emplearse como sinónimos. Por una parte, «pederastia» hace referencia a la ejecución de un acto
de agresión sexual hacia un menor, lo cual no implica necesariamente una inclinación sexual
hacia los menores por parte del sujeto que realiza la acción típica; por otra parte, «pedofilia»
designa la atracción sexual por menores, la cual no implica necesariamente la comisión de la
agresión sexual por parte del sujeto con tal interés sexual. Esta distinción da lugar a un abanico
amplio de opciones, en el que se encontrarán sujetos con pedofilia no pederastas, sujetos
pederastas sin pedofilia y sujetos pederastas con pedofilia, siendo estos últimos respecto de los
que cabe preguntarse por la posibilidad de apreciar una disminución o exclusión de su
imputabilidad, dado que en ellos se presenta de forma simultánea la realización de un acto típico

DUJO LÓPEZ/HORCAJO GIL, «La psicopatía en la actualidad: abordaje clínico-legal y repercusiones forenses en el
34

ámbito penal», Psicopatología Clínica, Legal y Forense, (17-1), 2017, pp. 77 ss.
35
DUJO LÓPEZ/HORCAJO GIL, Psicopatología Clínica, Legal y Forense, (17-1), 2017, pp. 77 ss.; GÓMEZ LANZ/HALTY
BARRUTIETA, «Impacto del avance de las neurociencias en la imputabilidad jurídico-penal del sujeto psicópata»,
Derecho y Salud, (26 extraord.), 2016, p. 88; MELO REGHELIN et al., Psicopatías e imputabilidad. Un análisis sobre la
peligrosidad criminal y los delitos sexuales, 2016, pp. 79 ss.; POZUECO ROMERO et al., «Psicopatía, violencia y
criminalidad: un análisis psicológico-forense, psiquiátrico-legal y criminológico (Parte II)», Cuadernos de
Medicina Forense, (17-4), 2011, pp. 175 ss.; REQUEJO CONDE, «Tratamiento de la psicopatía en la jurisprudencia
penal española. El camino hacia un nuevo enfoque de la imputabilidad penal», Revista General de Derecho Penal,
(27), 2017, pp. 25 ss.; SÁNCHEZ GARRIDO, Delincuencia habitual, psicopatía y responsabilidad penal, 2019, pp. 144 ss.
y SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, pp. 265 ss.
36
GÓMEZ LANZ/HALTY BARRUTIETA, Derecho y Salud, (26 extr.), 2016, p. 86; MELO REGHELIN et al., Psicopatías e
imputabilidad, 2016, pp. 85 ss.; POZUECO ROMERO et al., Cuadernos de Medicina Forense, (17-4), 2011, pp. 175 ss.; y
SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, p. 363.
37
LORENZO GARCÍA/AGUSTINA, «Sobre el confuso concepto de psicopatía en la jurisprudencia del Tribunal Supremo
español: una revisión crítica ante los nuevos retos del Derecho penal de la peligrosidad», Política Criminal, (11-
21), 2016, p. 71; LORENZO GARCÍA et al., «Trastornos de la personalidad en la jurisprudencia española», Revista
Espanola de Medicina Legal, (42-2), 2016, pp. 62 ss; REQUEJO CONDE, Revista General de Derecho Penal, (27), 2017,
p. 3., y SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, pp. 363 ss.

135
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

y la constancia de un diagnóstico clínico. Ahora bien, como se muestra a continuación, en la


disciplina psicológica conviven tres perspectivas diferentes, y no siempre conciliadas, respecto
de la conceptualización de la pedofilia y, por tanto, respecto de las implicaciones a nivel
cognitivo y volitivo del sujeto sobre el que recae el diagnóstico. Si bien podría parecer que, dada
su inclusión en los principales manuales diagnósticos, la primera de estas posiciones cuenta con
un amplio respaldo entre la literatura y ocupa un lugar cuasi-institucional, lo cierto es que su
incorporación a dichos manuales fue objeto de un enconado debate y dentro de la doctrina
existen posturas muy relevantes que desde un primer momento han abogado por su reforma. En
este sentido, las concepciones presentadas en segundo y tercer lugar pueden tener una menor
repercusión «oficial» debido a su oposición al canon establecido en los manuales; sin embargo,
están suficientemente fundadas científicamente y constituyen la base de la actuación de las
principales asociaciones y programas de atención dedicados al tratamiento de las personas que
padecen pedofilia (eg., Help Wanted Prevention Project, Prevention Project Dunkelfeld, B4U-Act).

Es por tanto prioritario conocerlas con carácter previo a cualquier análisis de las sentencias en
las que este diagnóstico se ha esgrimido como factor de alteración de la imputabilidad del sujeto.

a. La pedofilia como trastorno parafílico38

El DSM-5 distingue entre parafilia y trastorno parafílico. En concreto, define las parafilias como
«cualquier interés sexual intenso y persistente distinto del interés sexual por la estimulación
genital o las caricias preliminares dentro de relaciones humanas consentidas y con parejas
físicamente maduras y fenotípicamente normales»39. De esta definición se deduce que la
pedofilia no es una parafilia en tanto que el sujeto menor de edad no puede prestar
consentimiento veraz en la relación con un adulto debido a su inmadurez y que su físico tampoco
ha alcanzado un estadio de desarrollo adulto.

Si bien el DMS-5 admite que las parafilias son frecuentes, especifica que deben considerarse
como trastornos parafílicos cuando causan «malestar al sujeto que las padece» o implican un
«perjuicio personal o riesgo de daño a terceros»40. Por tanto, el DSM-5 admite que las parafilias
en sí mismas no son patológicas, sino simples intereses sexuales alejados de lo común, y que
estas dos condiciones, a saber, el malestar personal y el perjuicio o riesgo a terceros, son
necesarias, aunque no suficientes, como se verá a continuación, para empezar a plantear un
diagnóstico de trastorno parafílico41.

En el caso que nos ocupa, dado que la atracción sexual hacia menores, en caso de materializarse
en actos, dañaría a terceros, se podría hablar de la posibilidad de que la pedofilia se considerara
un trastorno parafílico cuando se asocia a la comisión del acto típico. No obstante, cabe destacar

38
En la medida en que se trata de la concepción recogida en los principales manuales de diagnóstico, su recepción
en el ámbito jurídico-penal es prevalente; a tal efecto, vid., por todos, la reciente contribución de MARCO FRANCIA,
El agresor sexual de menores: aspectos penales y criminológicos, 2024, pp. 91 ss.
39
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
40
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
41
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685; LA MISMA, Paraphilic Disorders, 2013 [Disponible en: [Link]
Library/Psychiatrists/Practice/DSM/APA_DSM-[Link]]; DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex
Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.

136
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

que la mayoría de la literatura considera que, si se restringe la definición de parafilia al contexto


del interés sexual, es decir, evaluando exclusivamente la persistencia e intensidad de tal interés
y no su ejecución ni las consecuencias derivadas de la misma, la pedofilia podría cursar tanto
como parafilia (si el sujeto no experimenta malestar) como trastorno parafílico (si el sujeto
experimenta malestar).

Ahora bien, continuando con el manual oficial más empleado, dentro del apartado de trastornos
parafílicos, el DSM-5 diferencia entre aquellos basados en preferencias de actividad anómalas y
los basados en preferencias de objetivo anómalas. Los primeros se subdividen a su vez en
trastornos del cortejo (esto es, trastorno de voyeurismo, de exhibicionismo y de frotteurismo) y
trastornos algolágnicos (esto es, aquellos que implican dolor y sufrimiento, como el trastorno de
masoquismo sexual y el de sadismo sexual). Por su parte, los trastornos de preferencias de
objetivo anómalas incluirían el trastorno de pedofilia (orientado a otras personas) y el de
fetichismo y travestismo (orientado a otros elementos, generalmente inanimados)42.

En el caso concreto de la pedofilia, al igual que el DSM-5 distingue entre parafilias y trastornos
parafílicos, también distingue entre pedofilia y trastorno de pedofilia (F65.4). Los criterios
diagnósticos de este último han sufrido múltiples variaciones a lo largo del tiempo43, pero la
versión actual entiende que es necesario que «la persona haya sentido, durante al menos seis
meses, una excitación sexual intensa y recurrente hacia menores, manifestada en forma de
fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que han sido puestos en acción o que
causan grave malestar»44. En esta definición, la conjunción disyuntiva final es determinante para
el diagnóstico y su valoración en el ejercicio forense, dado que estaría dando cabida tanto a
sujetos que no han cometido una acción típica contra la libertad sexual de un menor y vivencian
su atracción sexual hacia ellos de manera individual (por ejemplo, a través de fantasías o
masturbación) como a sujetos que se sienten atraídos por menores y además cometen la acción
típica, agrediendo sexualmente a un menor.

Por su parte, el manual de referencia europeo, la CIE-11, incluye el trastorno de pedofilia (6D32)
dentro del apartado de trastornos parafílicos, integrando a su vez a todos ellos en el capítulo
dedicado a los trastornos mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo. La CIE-11
proporciona una definición de este trastorno similar a la del DSM-5: «patrón sostenido,
focalizado e intenso de excitación sexual, que se manifiesta con pensamientos, fantasías, deseos
intensos o conductas sexuales persistentes que involucran a niños o niñas prepúberes»45.
Nuevamente, la conjunción disyuntiva final permite incluir tanto a individuos que han realizado
la acción típica como a individuos que no han exteriorizado su deseo interno. En la Tabla 1 puede
verse una comparativa de los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia según ambos
manuales.

42
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
43
MALÓN, «Pedophilia: A Diagnosis in Search of a Disorder», Archives of Sexual Behavior, (41-5), 2012, pp. 1083 ss.
44
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
45
ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, Clasificación Internacional de Enfermedades, 11ª ed., 2023, p. 615.

137
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

Tabla 1
Comparativa de los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia según el DSM-5 y la CIE-11

DSM-5 CIE-11

Duración > 6 meses No especificado

Edad del sujeto > 16 años No especificado

Prepúberes (< 13 años)


Edad de los menores Prepúberes
< 11 años si el sujeto tiene 16

Paso a la acción Sí Sí

Malestar Sí Sí

Problemas
Sí No especificado
interpersonales

Individuo al final de la adolescencia


que mantiene relación sexual Niños pre o postpuberales
Excepciones
continua con otro individuo de 12 o cercanos en edad
13 años

• Exclusivo (atracción exclusiva


por niños) o no exclusivo
Especificadores • Atracción sexual por sexo No especificado
masculino, femenino o ambos
• Limitado al incesto

Como puede verse, la confusión ampliamente extendida entre los términos «pedofilia» y
«pederastia» puede en parte explicarse por la inclusión del «paso a la acción» en las definiciones
oficiales de los manuales como posible criterio diagnóstico del trastorno de pedofilia46. No es el
único elemento controvertido de la definición; el DSM-5 expone que el diagnóstico de trastorno
de pedofilia debe aplicarse tanto a aquellos individuos que se reconocen con pedofilia como a
quienes lo niegan a pesar de haber argumentos evidentes que demuestren que la padecen47. Así,
el trastorno podría diagnosticarse tanto a personas de las que se sabe que se han acercado a niños
con intenciones sexuales, pero arguyen que fueron encuentros no intencionados ni sexuales o
niegan tener deseos o fantasías con menores, como a quienes reconocen haber tenido esos
encuentros, pero rechazan tener un interés sexual hacia ellos48. La inclusión de este
autorreconocimiento como criterio diagnóstico habilitaría la posibilidad de admisiones falaces

46
Cfr., críticamente, BERLIN, «Pedophilia and DSM-5: The Importance of Clearly Defining the Nature of a
Pedophilic Disorder», Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.
47
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
48
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.

138
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

de un trastorno pedofílico si se consolidara la tendencia judicial de atribuir a este último efectos


sobre la imputabilidad y, en consecuencia, reducciones de condena.

No obstante, la crítica principal en la que coinciden diversos autores respecto de estas


definiciones oficiales radica en la importancia que conceden al comportamiento del sujeto para
diagnosticar el trastorno49, dejando de lado el resto de los criterios que justificarían tal
diagnóstico –por ejemplo, tener fantasías sexuales o deseo de mantener una relación íntima y
afectiva con un menor– aun en ausencia de la conducta delictiva50. Además, el paso a la acción
puede referirse a múltiples comportamientos distintos del abuso sexual infantil51, como
masturbarse teniendo fantasías con menores o consumir material abusivo de menores52. De
hecho, el DSM-5 también contempla el visionado de material abusivo de menores como un
indicador útil para diagnosticar el trastorno, asumiendo que las personas consumen aquello que
se corresponde con sus intereses sexuales53, pese al cuestionamiento de este argumento que se
ha mencionado previamente54.

Los autores que rechazan la importancia atribuida al paso a la acción en la definición del
trastorno de pedofilia consideran que la formulación de un diagnóstico con un fin clínico debe,
ante todo, evaluar la necesidad para el individuo de recibir tratamiento, independientemente de
si ha ejecutado o no la conducta (lo que es, indudablemente, relevante en el contexto procesal
penal).

Tal vez una forma de conciliar ambas posturas y de afrontar el examen de la imputabilidad de
quienes reciben un diagnóstico de trastorno de pedofilia exija atender prioritariamente a la
motivación del acto. Como se ha indicado, no todo acto pederasta está motivado por intereses
pedófilos ni todo deseo de cometer actos sexuales con menores implica pasar a la acción55, por lo
que el estudio de la motivación del acto deviene un factor de análisis fundamental. En el caso de
los sujetos que pasan a la acción, identificar la motivación con la que han actuado es crucial, ya
no sólo en aras del fin clínico, que permitiría diferenciar entre agresores pedófilos y no pedófilos,
teniendo cada uno de ellos necesidades terapéuticas distintas56, sino también del fin penal, pues
tal motivación podría incidir en la modulación de la responsabilidad penal (en particular, en el
contexto de un Derecho penal en el que parece haberse otorgado carta de naturaleza a la

49
BEECH et al., «Paraphilias in the DSM-5», Annual Review of Clinical Psychology, (12), 2016, pp. 383 ss.
50
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.; KRUEGER et
al., Archives of Sexual Behavior, (46-5), 2017, pp. 1529 ss.
51
BEECH et al., Annual Review of Clinical Psychology, (12), 2016, pp. 383 ss.; BERLIN, Journal of the American Academy
of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.; GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp.
1 ss.
52
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.
53
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 698.
54
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.; HERRERO
MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 61 ss. Por ejemplo, podrían existir individuos con hipersexualidad que, en su
búsqueda incesante de nuevo material con el que alcanzar la excitación sexual, como les sucede a quienes han
desarrollado tolerancia hacia una sustancia adictiva, acabasen consumiendo material abusivo infantil sin por ello
sentir una atracción sexual o deseos mantenidos hacia los menores.
55
GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.; GERWINN et al., European Psychiatry, (51), 2018,
pp. 74 ss.; HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales: teoría, evaluación y tratamiento, 2018, p. 56; JAHNKE, European
Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL MISMO,
Pedophilia and sexual offending against children: theory, assessment and intervention, 2ª ed., 2018, p. 13.
56
RIBERAS-GUTIÉRREZ et al., «Necesidades de intervención en prisión con internos con pedofilia», Papeles del
Psicólogo, (45-1), 2024, pp. 11 ss.

139
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

motivación como factor de agravación de la conducta delictiva). De este modo, el trastorno de


pedofilia real estaría conectado con una determinada motivación del acto: la de aproximarse de
manera erótica, e incluso romántica, al menor de edad, sintiendo por el mismo una atracción
centrada en el hecho de no haber desarrollado los caracteres físicos ni psicológicos adultos.

La conveniencia de adoptar un criterio de esta índole se acentúa si se advierte que el DSM-5


distingue entre trastorno de pedofilia de tipo exclusivo (atracción exclusiva por menores) y no
exclusivo (atracción por menores y por adultos)57. Estos últimos podrían mantener relaciones
afectivas y sexuales lícitas con adultos consentidores de manera satisfactoria, mientras que los
primeros, para no dañar ningún bien jurídico protegido, deberían mantener una vida célibe, dado
que su único sujeto de atracción es la persona menor de edad. Esta distinción resulta
especialmente reveladora para los fines clínicos del diagnóstico58, ya que dirige la intervención
hacia un amortiguamiento de los deseos hacia menores en favor de una focalización en los deseos
hacia personas adultas consentidoras y tal vez un entrenamiento en habilidades sociales, en el
caso de la pedofilia no exclusiva, y hacia una aceptación y compromiso de no actuación, y en
ocasiones un manejo simultáneo de la autoestima o de posibles intentos de suicidio (habituales
en esta población), en el caso de la pedofilia exclusiva. Otros autores, además de la especificación
sobre la exclusividad, recomiendan incluir dentro del diagnóstico el sexo y la edad de los menores
que más atraen al sujeto (aunque más que la edad se recomienda atender al desarrollo o no de
los caracteres sexuales primarios y secundarios, siguiendo para ello las tablas de clasificación de
madurez sexual de TANNER59). A nivel criminológico, además, la distinción puede resultar de
interés en el estudio del modus operandi del sujeto que comete un acto típico, dado que la forma
de aproximación a la víctima y el nivel de violencia empleado podrían variar entre un menor
prepúber y un menor adolescente.

Respecto al origen y curso de la atracción sexual hacia menores, el DSM-5 señala que el trastorno
de pedofilia se desarrolla en la pubertad y es de por vida, aunque su curso pueda variar,
aumentando o disminuyendo con la edad. Esta concepción de la atracción llevó al DSM-5 a
considerar que, si no existe malestar subjetivo, limitaciones funcionales y el sujeto nunca ha
pasado a la acción, no se hablaría de un trastorno sino de «una orientación sexual de pedofilia»60.
Considerar la pedofilia como una orientación sexual generó gran controversia social, por lo que
la Asociación Americana de Psiquiatría, a través de una nota de prensa61, aclaró que se trataba de
un error y que el término sería sustituido por el de «interés sexual», al igual que apoyó condenar
penalmente a las personas que agreden sexualmente a menores y desarrollar tratamientos para
el trastorno de pedofilia como forma de prevención. Este último cambio, en realidad, puede haber
contribuido a generar más confusión, pues la orientación y el interés sexual son conceptos
distintos. En el ámbito clínico, el interés sexual se refiere a aquello que la persona quiere hacer,
lo lleve a cabo o no, implicando una activación sexual en el individuo62. Se entiende que es algo

57
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
58
GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.
59
TANNER, Fetus into Man: Physical Growth from Conception to Maturity, 2ª ed., 1990, pp. 58 ss.
60
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 698.
61
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, APA Statement on DSM-5 Text Error Oct. 31, 2013 [Disponible en
[Link] [Link]].
62
MOSER, «Defining Sexual Orientation», Archives of Sexual Behavior, (45-3), 2016, pp. 505 ss.; SCHIPPERS et al.,
«Pedophilia is associated with lower sexual interest in adults: Meta-analyses and a systematic review with men
who had sexually offended against children», Aggression and Violent Behavior, (69-1), 2023, pp. 1 ss.

140
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

aprendido y, por tanto, flexible y susceptible de cambio63, como sucede por ejemplo con
determinadas fantasías sexuales, por lo que considerar la pedofilia como un interés sexual
supondría la presencia de cualquier respuesta sexual absoluta hacia un estímulo relacionado con
menores64 y con posibilidad de ser cambiada o modificada. La orientación sexual, en cambio, es
una atracción erótica más intensa y arraigada hacia cierto tipo de personas (en el caso de la
pedofilia, menores de edad), inmutable y duradera, que se establece antes de la edad adulta y que
no puede ser modificada después. Ello explica que diversos autores hayan retomado
recientemente la idea de conceptuar la pedofilia como una orientación sexual acuñando un
nuevo término: «cronofilia». Esta es la concepción clínica que se expone a continuación.

b. La pedofilia como cronofilia

Para SETO, la orientación sexual es «una tendencia estable a orientarse preferentemente -en
términos de atención, interés, atracción y excitación genital- a clases particulares de estímulos
sexuales»65. Es inmutable y duradera y se establece antes de la edad adulta, durante la pubertad66.
Además, al hablar de «clases particulares de estímulos sexuales», SETO entiende que la
orientación sexual puede dirigirse hacia diferentes dimensiones en las que cada individuo tendrá
una preferencia concreta67. Así, la dimensión más conocida es la de sexo (que atiende a si la
predilección se dirige hacia personas del propio sexo, de otro diferente, de ambos o de ninguno),
pero se incluirían otras en las que cada sujeto albergaría una o varias preferencias, tales como
vivo-no vivo (ej., personas u objetos fetichistas), especie humana o no humana (ej., zoofilia), yo-
otros (ej., intereses sexuales dirigidos hacia dentro con un yo imaginado o hacia fuera con otras
personas) o actividades (ej., exhibicionismo, voyeurismo o frotteurismo). La edad sería otra de
estas dimensiones, dando lugar a diferentes términos según el nivel de desarrollo físico por el
que sintiera atracción la persona (pedofilia, gerontofilia, etc.)68.

Ahora bien, dado que el nivel de desarrollo físico y madurativo depende en gran medida de la
edad de la persona y los desarrollos y edades varían a lo largo de la vida, para hablar de esta
dimensión MONEY acuñó un término general, «cronofilia» (del griego, khrónos, tiempo, y philía,
amor)69, que agruparía a otros términos particulares, cada uno de los cuales haría referencia a la
atracción hacia tramos particulares de edad y desarrollo madurativo de los caracteres sexuales
primarios y secundarios visibles, según la escala de maduración sexual de TANNER (1990):
nepiofilia (sujetos entre 0 y 3 años, Tanner I), pedofilia (sujetos entre 3 y 9 años, Tanner II),
hebefilia (sujetos prepúberes, entre 10 y 14 años, Tanner III), efebofilia (sujetos púberes, entre
14 y 17 años, Tanner IV), teleiofilia (sujetos de entre 18 y 30 años, Tanner V), mesofilia (sujetos

63
IMHOFF et al., «Toward a Theoretical Understanding of Sexual Orientation and Sexual Motivation», Archives of
Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 29 ss.; SCHMIDT/IMHOFF, «Towards a Theory of Chronophilic Sexual Orientation
in Heterosexual Men», en CRAIG (ed.), Sexual Deviance: Understanding and managing deviant sexual interest and
paraphilic disorders, 2021, pp. 41 ss.
64
SCHIPPERS et al., Aggression and Violent Behavior, (69-1), 2023, pp. 1 ss.
65
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, p. 3.
66
IMHOFF et al., Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 29 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (45-3),
2016, pp. 505 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.;
SCHMIDT/IMHOFF, en CRAIG (ed.), Sexual Deviance, 2021, pp. 41 ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (41-1), 2011,
pp. 231 ss.; EL MISMO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
67
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
68
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
69
MONEY, Lovemaps: Clinical concepts of sexual/erotic health and pathology, paraphilia, and gender transposition of
childhood, adolescence, and maturity, 1986, pp. 70 ss.

141
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

entre 30 y 60 años, Tanner V) y gerontofilia (sujetos a partir de 60 años, Tanner V)70. De acuerdo
con esta perspectiva, por tanto, el término «pedofilia» no alude al interés sexual general hacia
cualquier menor de edad independientemente de su desarrollo madurativo o de su edad, sino
sólo a uno de los cuatro tipos de cronofilia que hacen referencia a menores de edad71. El origen
de que las cronofilias hacia los menores de edad reciban varios nombres se debe a que el
desarrollo madurativo durante la infancia y adolescencia sufre varios hitos particulares (ej.,
menarquia, cambios de voz). Además, a nivel subjetivo, los sujetos que se identifican con alguna
de esas cronofilias son capaces de identificar muy bien el estadio concreto por el que se sienten
atraídos, de manera que, si el menor evoluciona de tramo de edad, el sujeto dejaría de sentir la
misma atracción por ellos, ya que el objeto de su atracción son las características asociadas a ese
tramo concreto de edad y desarrollo y ya habrían desaparecido. Y esto, a nivel clínico y
criminológico, es de alto interés detallarlo para poder efectuar los planes preventivos necesarios.

Por otra parte, al igual que sucedía con la conceptualización anterior, también se considera que
estas cronofilias pueden ser exclusivas, si la persona solo siente atracción sexual hacia un estadio
de desarrollo concreto, o no exclusivas, si siente atracción sexual hacia varias y alguno de esos
tramos involucra a adultos72. Por tanto, puede haber personas con pedofilia exclusiva o con
pedofilia no exclusiva73.

Desde esta perspectiva clínica, se entiende que la pedofilia es una atracción sexual estable, que
se desarrolla en la pubertad74 y para la que no cabe plantear una modificación en el estadio de
deseo75: ni siquiera las intervenciones farmacológicas o de castración química han dado
resultados consistentes, pues pese a la anulación de la respuesta fisiológica sexual, el sujeto
puede continuar albergando deseos románticos, no exclusivamente eróticos, hacia los menores
y, en su caso, podría concebir formas de contacto sexual que no implicasen la penetración, tales
como la masturbación al menor o el sexo oral76.

Así, toda vez que la atracción no se considera modificable, pero sí lo es la conducta sexual, los
tratamientos disponibles se centran en enseñar al individuo a convivir y manejar su atracción
sexual comprometiéndose a no llevar a cabo agresiones sexuales contra menores77. Esta forma

70
SETO, Archives of Sexual Behavior, (41-1), 2011, pp. 231 ss.; EL MISMO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017,
pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against children, 2018, pp. 17 ss.
71
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 11.
72
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 9.
73
BLANCHARD et al., «Pedophilia, hebephilia, and the DSM-V», Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 335
ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 9.
74
GRUNDMANN et al., «Stability of Self-Reported Arousal to Sexual Fantasies Involving Children in a Clinical
Sample of Pedophiles and Hebephiles», Archives of Sexual Behavior, (45-5), 2016, pp. 1153 ss.; KONRAD et al.,
«Therapeutic Options», en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 27
ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 15.
75
KONRAD et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 27 ss.;
MOSER, «DSM‑5, Paraphilias, and the Paraphilic Disorders: Confusion Reigns», Archives of Sexual Behavior, (48-3),
2019, pp. 681 ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
76
SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.
77
BEIER et al., «The Berlin Prevention Project Dunkelfeld (PPD)», en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual
Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL
MISMO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.

142
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

de tratamiento se ilustra particularmente bien con el lema del Proyecto alemán Dunkelfeld,
paradigma de la terapia con personas atraídas sexualmente hacia menores: «Nadie es culpable
de lo que siente, pero sí es responsable de lo que hace». Ahora bien, para que el tratamiento de
compromiso conductual hacia la no-agresión funcione, la motivación del sujeto juega un papel
muy importante78. Por esto mismo, se apuesta por el ofrecimiento en el nivel clínico de espacios
que permitan a las personas con cronofilias dirigidas a menores de edad que necesiten hablar de
su atracción y reducir su malestar, dotándolas de herramientas que les permitan no pasar a la
acción y abstenerse de cometer el delito79. De hecho, hay autores que señalan que el malestar que
experimentan muchas personas con pedofilia les hace particularmente proclives a buscar
tratamiento, aunque popularmente se piense lo contrario80 y sea difícil encontrar un tratamiento
especializado y un terapeuta que no juzgue negativamente al sujeto o experimente sensaciones
desagradables hacia él81.

De esta forma, los autores que postulan esta concepción de la pedofilia entienden que el
tratamiento más eficaz es el preventivo, evitando promover el estigma y señalamiento de los
sujetos con estos intereses82. Proponen, en consecuencia, abrir un espacio al que puedan dirigirse
los sujetos con pedofilia que lo precisen a fin de dotarles de herramientas para comprender y
gestionar su situación, reducir su malestar y, en su caso, evitar la agresión sexual como respuesta:
es el caso de proyectos que se han puesto en marcha en Alemania (el mencionado Prevention
Project Dunkelfeld), Reino Unido (Stop It Now!), República Checa (Projekt Parafilik), Francia
(PedoHelp), Estados Unidos (Help Wanted Prevention Project), Bélgica (I.T.E.R. Center for
Prevention and Treatment) y Canadá (Talking for Change).

Un paso más allá da un conjunto de autores que considera que la pedofilia no es un trastorno,
pero tampoco una cronofilia, sino un simple interés sexual atípico que no debería incluirse en
los manuales diagnósticos. Es la última de las conceptualizaciones alternativas de la pedofilia en
el ámbito clínico y a ella se dedica el siguiente epígrafe.

c. La pedofilia como interés sexual atípico

Por último, hay autores que consideran que la conceptualización de las parafilias es confusa
porque no cumple la definición de trastorno mental que sugiere el DSM83. El DSM-5 define el
trastorno mental, cualquiera que este sea, como «un síndrome caracterizado por una alteración
clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento del
individuo que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que

78
SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.
79
BEIER et al., «Encouraging self-identified pedophiles and hebephiles to seek professional help: First results of
the Prevention Project Dunkelfeld (PPD)», Child Abuse and Neglect, (33-8), 2009, pp. 545 ss.; GANNON, Aggression
and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.; JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.
80
BEIER et al., Child Abuse and Neglect, (33-8), 2009, pp. 545 ss.; BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia
and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.
81
JAHNKE, Archives of Sexual Behavior, (47-2), 2018, pp. 363 ss.; LA MISMA, European Psychologist, (23-2), 2018, pp.
144 ss.; STEVENS/WOOD, Journal of Child Sexual Abuse, (28-8), 2019, pp. 968 ss. Cfr. en detalle, BUENO GUERRA, «La
exclusión social de las personas con pedofilia y de quienes cometen delitos sexuales contra menores», en BENITO
SÁNCHEZ/GÓMEZ LANZ (dirs.), Sistema penal y exclusión social, 2020, pp. 297 ss.
82
LASHER/STINSON, «Adults with Pedophilic Interests in the United States: Current Practices and Suggestions for
Future Policy and Research», Archives of Sexual Behavior, (46-3), 2017, pp. 659 ss.
83
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (48-3), 2019, pp. 681 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Annual Review of Clinical
Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.

143
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subyacen en su función mental»84, generalmente provocando un estrés significativo para el


individuo. De hecho, el propio DSM 5 explicita que los comportamientos socialmente desviados
(ya sean políticos, sexuales, religiosos o delictivos) no son trastornos mentales a no ser que sean
resultado de una disfunción como las inicialmente mencionadas85. En el caso de las parafilias,
además, esta disfunción debe resultar del malestar personal a causa de sus intereses sexuales y
no derivado por el rechazo social hacia las parafilias86. Para estos autores, por tanto, las parafilias
son gustos privados que no siempre producen en el sujeto una sensación subjetiva de malestar o
alteran sus procesos psíquicos y solo cuando el sujeto siente malestar porque no se siente a gusto
con su atracción, independientemente del juicio de terceros hacia esas atracciones sexuales,
deberían ser clasificadas como trastorno. Por todo ello, los autores que sostienen esta postura
defienden que las parafilias simplemente son atracciones sexuales poco habituales y que la
sección debería ser revisada o directamente eliminada del manual87. Para estos autores, el
propósito en el ámbito clínico debe ser identificar criterios que permitan caracterizar la pedofilia
como un trastorno mental de acuerdo con la definición aceptada de este último; en ausencia de
tales criterios, lo procedente será desistir de la inclusión en los manuales diagnósticos del interés
sexual por menores. Es importante recalcar que estos autores no alientan la comisión de delitos
sexuales contra menores ni pretenden facilitar la elusión de responsabilidad penal de quienes los
cometen. Al contrario; la despatologización de la pedofilia impediría que quienes agreden
sexualmente a un menor y además tienen un interés sexual en menores dispusieran de un
«paraguas» clínico bajo el que guarecerse y fundamentar una posible afectación de su
imputabilidad88.

Los defensores de esta postura sostienen que, si la pedofilia se ha incluido en el DSM es


seguramente porque una de las maneras en las que socialmente se demuestra rechazo hacia una
realidad es a través de su patologización, criticando así la inclusión de las parafilias en el manual
por motivos sociales y no estrictamente clínicos89. De hecho, como el DSM 5 argumenta que la
diferencia entre desviación sexual y trastorno mental radica en que el trastorno causa daño, estos
autores consideran problemático que el DSM no explique cómo y por qué dañar a otros es lo que
hace que las parafilias sean un trastorno más que una conducta inmoral o delictiva90. Así, hacen
hincapié en que a lo largo de los años ha habido muchos cambios en las preferencias sexuales
consideradas patológicas, y esto muestra, en su opinión, la dificultad que afrontaría el manual
para diferenciar un trastorno mental de lo que en cada época se han considerado conductas
inmorales, no éticas o ilegales91.

84
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 20.
85
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 20.
86
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Paraphilic Disorders, 2013; DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research,
(50-3/4), 2013, pp. 276 ss.
87
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de
Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
88
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-
3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS
MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
89
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos
Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1),
2020, pp. 81 ss.
90
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.
91
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; GIAMI, «Between DSM and ICD:
Paraphilias and the Transformation of Sexual Norms», Archives of Sexual Behavior, (44-5), 2015, pp. 1127 ss.;

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Además, critican el énfasis que el DSM pone en las conductas sexuales específicas de cada
parafilia para diagnosticar el trastorno92. MOSER insiste en que el debate actualmente se centra
sobre todo en la edad de las personas que atraen al individuo, dado que, siendo menores de edad,
pasar a la acción supondría automáticamente la calificación de la conducta como delito93. Sin
embargo, el autor señala que ni pasar a la acción ni cometer un delito indican necesariamente
sufrir una patología, como demuestra el hecho de que la mayoría de los condenados por la
comisión de un delito no son diagnosticados de ningún trastorno fundado en los delitos
concretos cometidos. Para MOSER, por tanto, la inclusión de la pedofilia en el manual de forma
asociada al paso a la acción entraña una patologización innecesaria de una conducta por el mero
hecho de su relevancia penal, por lo que debería procederse a su eliminación del mismo.

1.3. Pedofilia y atenuación de la responsabilidad penal

Esta incertidumbre científica sobre la caracterización de la pedofilia origina, como no puede ser
de otra manera, un alto grado de diversidad en la apreciación jurisprudencial de esta condición.
La conceptualización de la pedofilia como un trastorno, como una cronofilia o como un mero
interés sexual atípico entraña una valoración desigual de su repercusión sobre la capacidad
volitiva del sujeto, lo que, como se ha visto, determina una diferente consideración por parte del
Derecho penal.

La afectación a la capacidad volitiva (y, en particular, su plasmación en una deficiente capacidad


de controlar el impulso sexual) y la consideración de que un tratamiento puede hacer desaparecer
el interés sexual en menores se hallan precisamente en el centro de la discusión. La conexión
entre el control de los impulsos y esta capacidad ha sido ampliamente discutida. En el nivel
clínico, el DSM-5 y la CIE-11 recogen trastornos del control de impulsos donde se incluyen
algunos –como la cleptomanía (F63.2 en DSM-5 y 6C71 en CIE-11)– estrechamente vinculados
con los delitos patrimoniales. Ello ha posibilitado examinar su efecto en la imputabilidad de
quienes padecen este tipo de trastornos, que se suele entender menoscabada en su dimensión
volitiva94.

Existen precedentes en otros países en los que la jurisprudencia ha asumido que la pedofilia
comporta también una dificultad en el autocontrol de los impulsos sexuales que perturba la
capacidad volitiva95; es el caso, por ejemplo, del notorio caso Kansas vs. Hendricks –521 U.S. 346
(1997)– en el que el Tribunal Supremo de los [Link]. admitió la posibilidad de someter a un
ciudadano a un internamiento civil involuntario en atención a que su pedofilia acreditaba su
peligrosidad, dado que actuaba movido por impulsos irresistibles que no le permitían controlar
sus conductas delictivas respecto a los menores.

La presencia de sentencias de Tribunales españoles que han valorado la concurrencia de un


diagnóstico de pedofilia para atenuar la responsabilidad penal de reos condenados por delitos

MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de
Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
92
MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.
93
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 323 ss.
94
CORRECHER MIRA, «La aplicación de la atenuante de análoga significación en supuestos de imputabilidad
disminuida: ludopatía, piromanía y cleptomanía», Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, (22-7), 2020,
pp. 1 ss.; SÁNCHEZ VILANOVA, «Nuevas perspectivas en el tratamiento jurisprudencial de la cleptomanía», Revista
de Derecho Penal y Criminología, (22), 2019, pp. 159 ss.
95
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.

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contra la libertad sexual de los menores puede ser el resultado de razonamientos de esta índole.
Ello es lo que justifica examinar de forma sistemática tales pronunciamientos a fin de discutir
posteriormente desde el punto de vista científico los argumentos subyacentes.

2. Método

La búsqueda de sentencias se llevó a cabo mediante las bases de datos de Aranzadi Instituciones
y Tirant on line. Dada la ausencia de repercusión en el objeto de estudio de las diversas reformas
sufridas por el Código Penal español en los últimos tiempos, no se consideró necesario acotar la
exploración a un marco temporal concreto. El objetivo fue recuperar sentencias en las que la
pedofilia fundamentase, por sí sola o juntamente con otros factores, la apreciación de una
circunstancia modificativa de la responsabilidad penal en cualquier delito contra la libertad
sexual de un menor. Este fue, en consecuencia, el único criterio de selección.

En la base de datos de Aranzadi Instituciones se seleccionó la opción de Jurisprudencia,


introduciendo la palabra clave «pedofilia», con la que se obtuvieron 479 resultados. Para filtrar
esas sentencias, se empleó la opción de buscar en resultados, introduciendo la palabra
«atenuante», donde se obtuvieron 78 resultados, y después la palabra «eximente», obteniéndose
57. Con intención de ampliar la muestra, se introdujo en el buscador de Jurisprudencia la
ecuación «(pedofilia NO paidofilia) Y atenuante O eximente», con la que se obtuvieron 4
resultados más. Descartando las sentencias repetidas entre búsquedas, el total de las obtenidas
fue de 89.

En la base de datos de Tirant on line se seleccionó la opción de Jurisprudencia Penal y se introdujo


en el buscador la ecuación «pedofilia Y atenuante», obteniéndose 52 resultados. Se lanzó una
segunda búsqueda escribiendo en el buscador la ecuación «pedofilia Y atenuante O eximente» y
filtrando los resultados con la opción de «Delito contra la libertad e indemnidad sexuales» y
«Delitos de agresión y abuso a menores» y una tercera búsqueda con «paidofilia Y atenuante O
eximente NO pedofilia» y los mismos filtros. El total de sentencias recuperadas fue de 96.

Descartando las sentencias repetidas entre ambas bases de datos y aquellas no relacionadas con
delitos sexuales contra menores, el resultado final fue de 163 (es decir, se identificaron 163
sentencias en las que se aduce pedofilia en el acusado). De estas, 35 aceptaron el diagnóstico de
pedofilia y asociaron al mismo una circunstancia modificativa de la responsabilidad penal. Dado
que 6 de ellas resolvían recursos presentados frente a otras sentencias recuperadas y se referían,
por tanto, al mismo caso, se decidió valorar en el estudio los argumentos de las sentencias
dictadas por el órgano superior. Aun así, las 35 sentencias fueron codificadas.

Por tanto, la muestra final para el análisis de la modificación de la imputabilidad de un


condenado debida a la alegación de pedofilia fue de 29 sentencias dictadas entre los años 1995 y
2021, que se referenciarán en el texto con la letra «S», seguida del número que se muestra en el
listado del Anexo II96.

Para codificar las sentencias se crearon 43 variables cuantitativas y cualitativas, tomando como
referencia la revisión bibliográfica realizada y el contenido de las sentencias (ver Anexo III y el

96
Las seis sentencias que son recursos de otras se han identificado con el número asignado a la sentencia del
órgano jurisdiccional superior seguido del término «bis».

146
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

Excel descargable97). La información de cada variable se localizó en cada sentencia, atendiendo


especialmente a los apartados de Hechos Probados, Fundamentos Jurídicos y Fallo, y se codificó
en un documento Excel. La codificación de los delitos se realizó teniendo en cuenta los indicados
textualmente en el Fallo, a pesar de los cambios de nomenclatura a lo largo de los años y de la
reciente reforma del CP español por la Ley Orgánica 10/2022, de garantía integral de la libertad
sexual. Sin embargo, a fin de unificar las conductas penadas se recurrió a la redacción actual y se
crearon dos variables adicionales (variables 19 y 20 en Anexo III): agresión sexual a menores
(según el capítulo II del CP, de las agresiones sexuales a menores de 16 años, y que incluye de la
variable 7 a la 11) y pornografía infantil (art. 189 CP, de la variable 12 a la 15).

Por último, el análisis descriptivo se realizó con el programa estadístico Jamovi, versión 2.3.26.

3. Resultados

En la mayoría de los procesos donde la defensa del reo aduce la pedofilia como atenuante o
eximente (78,5%, n=128), la pretensión se desestima, entendiendo el Tribunal que aquella no
afecta a las capacidades volitivas y cognitivas del sujeto. Sin embargo, en las sentencias en que
el diagnóstico de pedofilia sí determina una modificación de la responsabilidad penal (21,5%,
n=35), se observan variaciones en la decisión dependiendo de si se presenta o no acompañada de
otro factor. En todos los casos en que solo se diagnostica pedofilia (48,3%, n=14) se aplica una
atenuante por analogía (art. 21.7 CP). En algunos de los casos en los que hay al menos un
trastorno comórbido a la pedofilia (51,7 %, n=15), se aplica la eximente incompleta del art. 21.1
CP (ver Tabla 2). Aun así, estas diferencias no llegan a ser estadísticamente significativas (χ² (1)
= 3,12; p = 0,077). Por otro lado, solo en dos de los casos donde se condena al autor por otros
delitos se especifica que la circunstancia modificativa no se aplica a dichos delitos (a la
pertenencia a grupo criminal en la S26 y al delito contra la salud pública en la S29), pues se
entiende que la pedofilia no influyó sobre ellos, al ser ajenos al ámbito sexual.

Tabla 2
Circunstancia modificativa aplicada según si la pedofilia se acompaña o no de otros trastornos

Otros trastornos

Sí No
% (n) % (n)
Circunstancia modificativa

Atenuante por analogía 80 (12) 100 (14)

Eximente incompleta 20 (3) 0 (0)

En las 29 sentencias analizadas todos los agresores con pedofilia son hombres, con una edad
media de 40,8 años (n=17; mín.=18, máx.=72, SD=17,1). Utilizando el nomen que el CP en vigor
asigna a la infracción penal, la mayoría son condenados por delitos de agresión sexual a menores
(65,5%, n=19), seguidos de delitos de pornografía infantil (48,3%, n=14), provocación sexual a
menores (6,9%, n=2), exhibicionismo (3,4%, n=1) y prostitución de menores (3,4 %, n=1).

97
Enlace para acceder a la codificación de las sentencias: [Link]

147
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Además, en el 21,1% de los casos de agresión sexual (n=4) hay constancia de que el sujeto era
usuario de imágenes abusivas de menores, pues es condenado también por delitos de pornografía
infantil, siendo estas diferencias estadísticamente significativas (χ² (1) = 16,4; p < 0,001).

En un 24,1% (n=7) de las sentencias se condena al autor por otro delito, que, no siendo contra la
libertad sexual, sí se relaciona con este. Así, en las S11 y S29 se condena también por un delito
contra la salud pública, pues en la primera de ellas el reo se ganó la confianza de uno de los
menores a los que agredió ofreciéndole marihuana a cambio de ir a su casa, y en la segunda el reo
contactó con dos mujeres con adicción a la heroína y la cocaína y les prometió cierta cantidad de
las sustancias a cambio de que le llevaran «una niña pequeña para desnudarla, pintarla y
fotografiarla». En esta última sentencia también se condena al sujeto por un delito de rapto del
art. 440 del CP de 1973, al igual que en la S17, donde se condena por cuatro delitos de detención
ilegal (el hombre, mayor de edad, actúa junto a su pareja, de 17 años, yendo en su vehículo a
buscar a niñas que mete en su coche y lleva a su casa para agredirlas).

Asimismo, en dos sentencias se condena por delitos contra la intimidad. En la S7, por conseguir
fotografías de menores desnudas o en ropa interior, al ser el reo segundo entrenador de un equipo
de fútbol femenino y delegado del club deportivo y conseguir las fotografías a través de una
jugadora del equipo, de 17 años, con la que mantenía una relación sentimental secreta, siendo él
17 años mayor. En la S24, por fotografiar y grabar a las menores de las que se encargaba de cuidar.

Por último, en la S19 se condena también por dos delitos de amenazas condicionales (el agresor
usa las redes sociales para contactar con niños menores, haciéndose pasar por una chica y a dos
de ellos les amenaza con difundir las imágenes y vídeos sexuales en caso de que dejen de enviarle
contenido de naturaleza sexual) y en la S26 por pertenencia a grupo criminal (el hombre
pertenecía a una estructura internacional que actuaba de manera virtual seleccionando «a su
gusto a unas determinadas niñas que, por sus características, les parecen idóneas para satisfacer
sus impulsos sexuales, con la finalidad de que las personas próximas a las menores, de acuerdo
con los primeros, de quienes reciben instrucciones, realicen reportajes fotográficos o
videográficos de las niñas en actitudes claramente sexuales»).

Sobre la comorbilidad con otros trastornos, un 51,7% (n=15) de los condenados presenta al
menos un trastorno adicional al de pedofilia. De estos, un 53,3% (n=8) padece solo un trastorno
añadido, mientras que el 46,7% (n=7) restante presenta más de uno. En concreto, los trastornos
más presentes son los de personalidad (en once casos: S6, S7, S8, S11, S14, S17, S19, S20, S25,
S28 y S29), seguidos de discapacidad intelectual (leve (F70) en los tres casos: S4, S6 y S13),
trastornos adaptativos (en tres casos: mixto (F43.23) en S4 y S21 y con estado de ánimo depresivo
(F43.21) en S7), otras parafilias (fetichismo (F65.0) en S7, voyeurismo (F65.3) en S27 y S29, donde
también se mencionan ciertas expresiones sadistas) y trastornos por consumo de sustancias
(consumo de cocaína (F14.10) en S27 y adicción a la cocaína (F14.20) y consumo de alcohol
abusivo (F10.10) en S29). Tan solo en la S8 se dio el caso de un trastorno orgánico junto con un
trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar (F25.0).

La apreciación de la afectación a las capacidades cognitivas y volitivas de los condenados en las


sentencias en que la pedofilia determina una modificación de la responsabilidad penal varía
dependiendo de si la pedofilia aparece o no acompañada de otros factores. Cuando solo está
presente la pedofilia (n=14), se considera que la capacidad cognitiva está conservada, siendo esta
diferencia estadísticamente significativa (χ² (2) = 7,06; p = 0,029). La capacidad volitiva, por su
parte, se considera afectada en todos los casos, mayoritariamente sin especificar el grado (ver

148
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

Tabla 3). Aunque la S3 señala expresamente que el sujeto «no tenía afectadas sus capacidades
cognitivas y volitivas, sino solo mermadas sus barreras de contención o inhibición», en tanto que
decide atenuar su responsabilidad penal, parece asumir implícitamente que la capacidad volitiva
sí se hallaba, al menos, levemente perturbada.

Tabla 3
Efectos del diagnóstico exclusivo de pedofilia sobre la capacidad volitiva

Capacidad volitiva Porcentaje (n)

Afectación grave 14,3 (2)

Afectación moderada 7,1 (1)

Afectación leve 28,6 (4)

Afectada, pero sin especificar grado 42,9 (6)

Conservada 7,1 (1)

Si la pedofilia se presenta comórbida a otros trastornos (n=15), hay casos en que se considera que
la capacidad cognitiva está afectada, ya sea sin especificar el grado o de forma leve. En concreto,
los trastornos que acompañan a la pedofilia en estos casos son discapacidad intelectual (S4 y
S13), trastornos adaptativos (mixto en S4 y depresivo en S7), de personalidad (trastorno de
personalidad en S7, antisocial (F60.2) en S17 y límite (F60.3) en S20) y orgánicos (deterioro
orgánico funcional cerebral que potencia la pedofilia, en S8, y que además va acompañado de un
trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar). La capacidad volitiva se considera afectada en todos
los casos, aunque usualmente sin especificar en qué grado. En la Tabla 4 se recoge el efecto de la
pedofilia comórbida a otros trastornos y su repercusión sobre la capacidad cognitiva y volitiva.

Tabla 4
Efectos del diagnóstico de pedofilia comórbido a otros trastornos sobre las capacidades
cognitivas y volitivas

Capacidad Capacidad
cognitiva volitiva

Conservada 60% (n = 9) 0% (n = 0)

Afectación leve 13,3% (n = 2) 20% (n = 3)

Afectación moderada 0% (n = 0) 13,3% (n = 2)

Afectación grave 0% (n = 0) 13,3% (n = 2)

Afectada, pero sin especificar grado 26,7% (n = 4) 53,3% (n = 8)

149
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

Para justificar la apreciación o no de una circunstancia modificativa de la responsabilidad penal


al diagnosticarse pedofilia y su afectación o no sobre la capacidad cognitiva y volitiva, varias
sentencias hacen referencia a otras fuentes de información. No obstante, lo hacen de manera
errónea. En concreto, en la S16 y la S29 se citan sentencias previas, especialmente la STS
1283/1997, Penal, de 24 de octubre98 y la STS 478/2019, Penal, de 14 de octubre99, para justificar
que se puede apreciar la modificación de la responsabilidad penal del acusado si presenta
diagnóstico de pedofilia. Sin embargo, cuando se acude al texto original de tales sentencias, se
advierte que en ambas se rechaza que el diagnóstico de pedofilia afecte por sí mismo a la
capacidad intelectiva y volitiva del sujeto, circunstancia que la primera de ellas sólo admite -en
su caso- cuando la pedofilia va asociada a otros trastornos psíquicos relevantes. Este error de
referencia repetido tal vez se deba a que una mala interpretación del texto de la sentencia original
ha sido inadvertidamente reproducida por sentencias posteriores que abordan el mismo ámbito,
sin reparar en su errónea naturaleza. Asimismo, hay sentencias en las que se mencionan el DSM
y la CIE para definir el trastorno de pedofilia y otras en las que se hace alusión a los informes
periciales de médicos, psiquiatras y psicólogos que, no estando accesibles para su consulta, no
permiten un análisis más pormenorizado en el presente estudio.

Respecto a las víctimas de delitos por agresor cuyo diagnóstico de pedofilia modifica su
responsabilidad penal, la mayoría son mujeres (65,5%, n=19), seguidas de varones (24,1%, n=7)
y de ambos sexos (10,3%, n=3). Ahora bien, tan solo en cinco de las sentencias se recoge hacia
qué sexo se dirigía la atracción por los menores, siendo en cuatro de ellas por el femenino (S5,
S23, S24 y S25) y en una por el masculino (S21). Del mismo modo, atendiendo a las sentencias en
las que se recoge el especificador de exclusividad100 (N=10) se obtiene que la mayoría (70%, n=7)
padece una pedofilia de tipo no exclusivo.

La mayoría de los sujetos (55,2%, n=16) son desconocidos para la víctima la primera vez que se
encuentran, seguido de aquellos que tienen relación de parentesco (13,8%, n=4), los conocidos
del menor (13,8%, n=4), amigos de familiares (10,3%, n=3), entrenadores deportivos (3,4%, n=1)
y vecinos (3,4%, n=1). En cuanto al parentesco, en la S6, la mujer del condenado y la madre de la
menor eran primas; en la S10, era tío de la menor; en la S14, se trataba del tío político (su mujer
era hermana de la madre de la niña); y en la S24, una de las víctimas era su prima. Además, en el
75% de los casos en los que el agresor es familiar de la víctima (n=4) el abuso es continuado en el
tiempo, siendo estas diferencias estadísticamente significativas (χ² (1) = 6,56; p = 0,01).

98
STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre (ECLI:ES:TS:1997:6341).
STS 478/2019, Penal, de 14 de octubre, (ECLI:ES:TS:2019:3397). Estas dos sentencias no se incluyeron en la
99

muestra por no considerar la pedofilia como circunstancia modificativa de la responsabilidad penal.


100
En la S6, S14 y S19 no se explicita que la pedofilia sea no exclusiva, pero puede deducirse. En las S6 y S14 el
sujeto está casado con una mujer adulta y en la S19 se menciona que el abandono sentimental de su pareja hizo
que se agravara su trastorno de personalidad por evitación y que sufriese una neurosis depresiva. Por tanto, se
trata de sujetos capaces de sentirse atraídos por y mantener relaciones con personas adultas.

150
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

En la Tabla 5 se recoge un resumen de los resultados obtenidos.

Tabla 5
Resultados del análisis de sentencias

Uso del
Otros Tipo de Circunstancia Capacidad Capacidad
Sentencia concepto de
trastornos delito modificativa cognitiva volitiva
pedofilia
Pedofilia,
trastorno que se
traduce en una Abuso Atenuante por Afectación
S1 No Conservada
preferencia sexual analogía leve
sexual por los
niños
Afectación
Trastorno de la
Abuso Atenuante por sin
S2 personalidad de No Conservada
sexual analogía especificar
tipo paidofílico
grado
Abuso sexual Atenuante por
S3 Pedofilia No Conservada Conservada
continuado analogía
Capacidad
intelectual en
el límite de la
Peculiaridad de
normalidad, Abuso sexual
preferencia Afectación Afectación
trastorno y
sexual con Atenuante por sin sin
S4 adaptativo provocación
niños o analogía especificar especificar
mixto de sexual de
paidofilia, de grado grado
ansiedad y menores
tipo exclusivo
estado de
ánimo
depresivo
Alteración en su
inclinación
sexual (respecto
de los
parámetros
normalizados) o
parafilia en su
modalidad de Afectación
pedofilia, de Abuso sexual Atenuante por sin
S5 No Conservada
tipo continuado analogía especificar
heterosexual y grado
de carácter no
exclusivo, ya
que también
presenta
inclinaciones
sexuales
normalizadas

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

4. Discusión

Como se indicó al inicio, el objetivo de este trabajo es examinar las sentencias españolas que han
fundado una decisión de atenuación de la responsabilidad penal sobre un diagnóstico de
pedofilia, a fin de evaluar los argumentos aducidos a partir de la investigación psicológica
contemporánea sobre esta cuestión y proponer pautas para el tratamiento jurisprudencial del
diagnóstico.

A nivel general, se muestra que los condenados diagnosticados de pedofilia, ya haya un trastorno
concomitante o no, son hombres adultos, de mediana edad. La condena obedece a la comisión de
delitos de agresión sexual a menores o de pornografía infantil, encontrándose algunos casos
donde ambos concurren. Además, en caso de ser condenados por otros delitos no sexuales, estos
constituyen medios para procurar el atentado contra la libertad sexual de los menores (traficar
con drogas, amenazar, raptar o vulnerar la intimidad del menor). La mayoría de los sujetos
padecen pedofilia de tipo no exclusivo y con atracción por el sexo femenino y son desconocidos
para la víctima, aunque existe un número significativo de casos en los que el agresor pertenece a
su entorno, ya sea por ser un familiar, amigo de sus padres o un conocido.

Ahora bien, respecto de la imputabilidad, resulta relevante mencionar que en la mayoría de las
sentencias consultadas donde se adujo el diagnóstico de pedofilia en el acusado de un delito de
agresión sexual a menores (en 128 de 163 sentencias consultadas), esta entidad clínica por sí sola
no produjo una modificación de la responsabilidad penal. En las sentencias donde el diagnóstico
produjo una modificación de la responsabilidad penal (en 35 de 163 sentencias consultadas),
existen diferencias en función de si el diagnóstico de pedofilia va acompañado o no de otros
factores. En los casos en que solo se diagnostica pedofilia, sin ningún otro trastorno
concomitante, se aprecia la atenuante analógica del art. 21.7 CP (en relación con el art. 21.1 CP
y este, a su vez, con el art. 20.1 CP, que recoge la eximente de anomalía o alteración psíquica),
considerando que tal condición no afecta a la capacidad cognitiva pero sí a la volitiva, aunque no
se concreta en qué grado. En los casos en los que la pedofilia aparece junto a otros trastornos, las
sentencias optan bien por la citada atenuante analógica, bien por la eximente incompleta, pues
consideran que la capacidad cognitiva podría verse alterada, aunque sin especificar el grado,
cuando la pedofilia se acompaña de discapacidad intelectual, trastornos adaptativos, trastorno
de personalidad límite o antisocial y trastornos orgánicos cerebrales. No parece pues que en esos
casos la pedofilia sea considerada la principal causante de esa merma cognitiva, sino más bien el
trastorno adicional que se diagnostica en el sujeto.

4.1. Relevancia de la perspectiva mixta biológico-psicológica del Código Penal en la


determinación de la pedofilia como posible causa de inimputabilidad o
imputabilidad parcial

Parece indudable que las sentencias que modulan la responsabilidad penal del sujeto en atención
a un diagnóstico de pedofilia asumen que esta constituye una anomalía o alteración psíquica y,
por tanto, satisface el presupuesto que exige el art. 20.1 CP (o, en su caso, los arts. 21.1 y 21.7 CP
en relación con éste). Aun cuando no constituyen la mayoría de las sentencias consultadas,
alcanzan un número lo suficiente relevante como para proceder a su identificación y a examinar
si el argumentario que presentan se compadece con la perspectiva mixta biológico-psicológica
que en la actualidad adopta el CP español101.

101
OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte General, 3ª ed., 2023, p. 143.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

En primer lugar, el carácter prolongado en el tiempo de la pedofilia -apreciación en la que


coinciden todas las perspectivas clínicas expuestas- justifica su consideración como una
anomalía o alteración del primer párrafo del art. 20.1 CP y no como un TMT. Todas las
perspectivas clínicas sobre la pedofilia consideran que el sujeto mantiene una inclinación sexual
hacia los menores que persiste en el tiempo.

En segundo lugar, a nivel biológico, esta calificación como anomalía o alteración psíquica puede
afirmarse tanto en los casos de pedofilia del desarrollo (la más frecuente, que aparece a lo largo
de la vida de la persona, sin causa física orgánica concreta, aunque acompañada de cierto perfil
neuropsicológico diferente del de quienes no desarrollan intereses pedófilos) como en los casos
de pedofilia adquirida por daño cerebral (que aparece como consecuencia de un evento cerebral
concreto, como por ejemplo un tumor, que, aunque resulta muy poco frecuente, se suele resolver
si se puede solventar el evento cerebral). Si bien los tribunales no demandan de forma imperativa
la existencia de una anormalidad cerebral para afirmar la concurrencia de una anomalía o
alteración psíquica, lo cierto es que existen investigaciones que apuntan a su presencia en ambas
clases. En la del desarrollo, algunos estudios señalan que las personas con pedofilia parecen tener
menos materia blanca cerebral en los lóbulos temporal y parietal, bilateralmente102 y otras
alteraciones funcionales de las áreas frontal, temporal y límbica del cerebro103. En el caso de la
pedofilia adquirida por daños cerebrales, esta afectación resulta, como es obvio, más evidente104.
BURNS y SWERDLOW exponen, por ejemplo, el caso de un hombre de 40 años que durante dos años
mostró interés en consumir imágenes abusivas de menores, sabiendo que estaba mal, pero sin
que este conocimiento resultara suficiente para controlar sus acciones105. El sujeto acabó
cometiendo un delito contra la hija de su pareja y fue condenado. Tras una valoración
neurológica, se descubrió que padecía un tumor cerebral que fue extirpado, desapareciendo a
continuación sus intereses pedófilos. A los nueve meses de la operación comenzó a mostrar de
nuevo interés en imágenes abusivas de menores, por lo que se le volvió a hacer una resonancia
magnética y se descubrió la reaparición del tumor. La nueva desaparición de los síntomas tras la
operación evidenció la causalidad del trastorno. Asimismo, FUMAGALLI, PRAVETTONI y PRIORI
presentan el caso de un hombre de 71 años que, a los 63, empezó a manifestar una pedofilia no
exclusiva con atracción por el sexo masculino como consecuencia de una lesión cerebral que tuvo
31 años antes106.

No obstante, como se ha indicado, la estimación de la afectación a la imputabilidad del reo exige


atender a otro requisito de carácter psicológico ligado a la existencia o de una perturbación de la
capacidad cognitiva y/o volitiva del reo en el momento de comisión de los hechos como

CANTOR et al., «Cerebral white matter deficiencies in pedophilic men», Journal of Psychiatric Research, (42-3),
102

2008, pp. 167 ss.; CANTOR et al., «Diffusion Tensor Imaging of Pedophilia», Archives of Sexual Behavior, (44-8),
2015, pp. 2161 ss.
103
TENBERGEN et al., «The neurobiology and psychology of pedophilia: Recent advances and challenges», Frontiers
in Human Neuroscience, (9), 2015, pp. 1 ss.
104
CAMPERIO CIANI et al., «Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic
cases of pedophilia», International Journal of Law and Psychiatry, (67), 2019; GILBERT/FOCQUAERT, «Rethinking
responsibility in offenders with acquired paedophilia: Punishment or treatment?», International Journal of Law
and Psychiatry, (38), 2015, pp. 51 ss.; SCARPAZZA et al., «Idiopathic and acquired pedophilia as two distinct
disorders: an insight from neuroimaging», Brain Imaging and Behavior, (15-5), 2021, pp. 2681 ss.
105
BURNS/SWERDLOW, «Right orbitofrontal tumor with pedophilia symptom and constructional apraxia sign»,
Archives of Neurology, (60-3), 2003, pp. 437 ss.
FUMAGALLI et al., «Pedophilia 30 years after a traumatic brain injury», Neurological Sciences, (36-3), 2015, pp.
106

481 ss.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

consecuencia de la anomalía o alteración. Esta exigencia es, como ya se ha anticipado, el factor


que genera principalmente la disputa.

Así, en tercer lugar, a nivel psicológico, el hecho de que ninguna de las sentencias que conforman
la muestra aprecie una eximente completa del primer párrafo del art. 20.1 CP como resultado de
la pedofilia del reo apunta a la existencia de un consenso respecto a la ausencia de una
perturbación plena de la capacidad del sujeto. Esta es, por otro lado, la opinión de la literatura107,
así como la posición habitual de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo en la mayoría de las
sentencias que excluyen la modificación de la responsabilidad penal del acusado ante un
diagnóstico de pedofilia. De este modo, la citada Sala ha señalado que los sujetos diagnosticados
de pedofilia y otros trastornos sexuales «son libres de actuar al tener una capacidad de querer, de
entender y obrar plenas» (STS 4221/1991, Penal, de 16 de julio108; STS 1283/1997, Penal, de 24 de
octubre; STS 558/2020, Penal, de 2 de julio109), y que la pedofilia sólo podría afectar a la
imputabilidad cuando fuera de carácter grave, siendo «sintomática de una psicosis o en las
situaciones de pasión desbordada» (STS 4221/1991, Penal, de 16 de julio) o por ir asociada a otros
trastornos relevantes (STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre; STS 478/2019, Penal, de 14 de
octubre).

4.2. La afectación a la imputabilidad de los sujetos que padecen pedofilia adicional a


otros trastornos y que han agredido sexualmente a menores

En los supuestos en que la pedofilia es comórbida a otros trastornos se observa cierto consenso
en apreciar una eximente incompleta del art. 21.1 CP en relación con el primer párrafo del art.
20.1 CP. Aunque en la mayoría de las sentencias no se concreta el grado en el que la pedofilia
afecta las capacidades cognitivas y volitivas, sí cabe observar que en ellas se considera que la
capacidad volitiva está gravemente alterada (S18 y S29) o que tanto la capacidad cognitiva como
la volitiva están significativamente alteradas (S8). Ahora bien, es perfectamente posible que en
tales casos la perturbación de la capacidad del reo sea atribuible principalmente al trastorno
comórbido y no a la propia pedofilia, por lo que parece oportuno verificar en qué medida ello
puede ser así.

Los trastornos comórbidos más habituales en la muestra son los de personalidad, los adaptativos
y la discapacidad intelectual. Respecto a los trastornos de personalidad, existen estudios que
afirman que la mayoría de los agresores sexuales de menores presentan al menos un trastorno
de personalidad y encuentran comorbilidad entre ciertos trastornos de personalidad y
parafilias110. HÖRBURGER y HABERMEYER identifican también más trastornos parafílicos y de
personalidad entre los agresores sexuales y exponen que es mayor la probabilidad de que quienes
agreden sexualmente a menores sean diagnosticados de trastornos de personalidad del grupo C
(por evitación (F60.6), dependiente (F60.7) y obsesivo-compulsivo (F60.5)) y pedofilia111. Por su
parte, la jurisprudencia española considera que la presencia de un trastorno de personalidad

107
URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp. 322 ss.
108
STS 4221/1991, Penal, de 16 de julio (ECLI:ES:TS:1991:4221).
109
STS 558/2020, Penal, de 2 de julio (ECLI:ES:TS:2020:6046A).
BOGAERTS et al., «Personality disorders in a sample of paraphilic and nonparaphilic child molesters: A
110

comparative study», International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, (52-1), 2008, pp. 21 ss.
111
HÖRBURGER/HABERMEYER, «Zu den Zusammenhängen zwischen paraphilen Störungen,
Persönlichkeitsstörungen und Sexualdelinquenz», Forensische Psychiatrie, Psychologie, Kriminologie, (14-2), 2020,
pp. 149 ss.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

puede alterar las capacidades cognitivas y volitivas del sujeto, especialmente si va acompañado
de otro trastorno de entidad relevante, por lo que contempla su aplicación como atenuante
analógica o eximente incompleta112.

Respecto a la discapacidad intelectual, diversos estudios encuentran comorbilidad con las


parafilias y, en concreto, con la pedofilia113. La doctrina penal suele referirse a esta condición con
el término «oligofrenia» y coincide en afirmar que, en distintos grados según su intensidad,
afecta a las capacidades cognitivas del sujeto por constituir una alteración cuantitativa de su
inteligencia. De este modo, puede actuar como eximente completa, incompleta o atenuante por
analogía según el grado de perturbación114.

Los trastornos adaptativos, por su parte, pueden encuadrarse en la categoría que el Derecho
penal suele calificar como neurosis, considerando la literatura que, pese a su comparativa
levedad, pueden llegar a actuar también como eximentes incompletas o atenuantes por
analogía115.

Es llamativo que alguna de estas sentencias que cimentan en la concurrencia de varios trastornos
adicionales a la pedofilia la disminución de la imputabilidad del reo invoquen la citada STS
1283/1997, Penal, de 24 de octubre, para ilustrar los casos de posible aplicación de la eximente
incompleta. Como ya se indicó con anterioridad, esta resolución afirma la plena capacidad
intelectiva y volitiva de las personas con pedofilia, señalando, en concreto, que la pedofilia del
acusado era «una orientación sexual congruente con el acto realizado, que no impedía ni limitaba
su capacidad de actuar conforme a su conocimiento de la ilicitud de su acción». Este error de
referenciado, al que ya se ha aludido en un momento anterior de este trabajo, propicia que
sentencias posteriores (como la S5 y la S8 de la muestra) aleguen también de forma inexacta la
referida STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre, como ejemplo de apreciación de la eximente
incompleta. Es importante advertir de este error a fin de evitar que se perpetúe su reproducción
en cascada y que se asiente una determinada opinión jurisprudencial en un antecedente
incorrectamente interpretado.

En todo caso, puede observarse cómo las características y la consideración jurídico-penal de los
trastornos comórbidos a la pedofilia que se hallan en la muestra permiten atribuir a aquéllos la
afectación a la capacidad intelectiva detectada y apreciada en las sentencias. Así las cosas, cobra
especial importancia examinar los supuestos en los que la pedofilia se diagnostica sola, que no
en vano son los que generan más discrepancias.

LORENZO GARCÍA/AGUSTINA, Política Criminal, (11-21), 2016, p. 81; LORENZO GARCÍA et al., Revista Espanola de
112

Medicina Legal, (42-2), 2016, pp. 62 ss.


113
CANTOR et al., «Quantitative reanalysis of aggregate data on IQ in sexual offenders», Psychological Bulletin, (131-
4), 2005, pp. 555 ss.; CANTOR et al., «Intelligence, Memory, and Handedness in Pedophilia», Neuropsychology, (18-
1), 2004, pp. 3 ss; RICE et al., «Sexual Preferences and Recidivism of Sex Offenders With Mental Retardation»,
Sexual Abuse: Journal of Research and Treatment, (20-4), 2008, pp. 409 ss.
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 589; OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte
114

General, p. 145; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, pp. 332 ss.
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 591; OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte
115

General, 3ª ed., 2023, pp. 145 ss.; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp.
279 ss.

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4.3. La afectación a la imputabilidad de los sujetos exclusivamente con pedofilia y que


han agredido sexualmente a menores

Pese a la opinión general de la Sala de lo Penal del TS contraria a la atribución a la pedofilia, por
sí misma, de efectos sobre la capacidad intelectiva y volitiva de los sujetos (STS 4221/1991, Penal,
de 16 de julio; STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre, y STS 558/2020, Penal de 2 de julio), el
análisis de las sentencias de la muestra evidencia cómo un diagnóstico único de pedofilia se ha
estimado suficiente para apreciar una atenuante por analogía a la anomalía psíquica, con el
argumento de que ésta afecta a la capacidad volitiva del sujeto en el momento de cometer los
hechos. A tal efecto, las resoluciones aducen que la pedofilia influye en la capacidad del sujeto
para controlar sus actos sexuales dirigidos hacia menores (S2, S15) «mediante los apropiados
frenos o estímulos inhibitorios» (S1), como consecuencia de impulsos sexuales difíciles de
controlar (S9, S12, S16). En la S6, de hecho, se menciona que la pedofilia «se caracteriza por un
bajo control de su impulso sexual», al igual que en la S28 («falta de dominio de su voluntad, su
pérdida de capacidad volitiva, lo que por cierto es una de las características de las conductas
parafílicas»). Además, en los delitos de pornografía infantil se menciona habitualmente la
incapacidad del sujeto para frenar el acceso y descarga de imágenes abusivas de menores,
llegando a calificarse de «compulsivo» (S22, S23, S24). Tan solo en un caso se considera que las
capacidades cognitivas y volitivas no se encontraban afectadas, sino «solo mermadas sus barreras
de contención e inhibición», aplicándose por esto último la atenuante por vía analógica, pero no
especificándose que ello equivalga a una merma en la capacidad volitiva (S3).

Como puede verse, en estas sentencias la atribución a la pedofilia de efectos atenuatorios de la


responsabilidad penal aparece ligada a su supuesta conexión con una capacidad volitiva anormal
a resultas de una incapacidad para controlar los impulsos o del carácter compulsivo de su
comportamiento. Ambas afirmaciones, como se indicará a continuación, resultan controvertibles
desde el punto de vista psicológico.

Con carácter general, ni el DSM ni las investigaciones científicas han encontrado dificultades
unívocamente asociadas en la cognición, la regulación emocional o la conducta de las personas
con trastornos parafílicos116. La literatura científica no concibe la pedofilia como un trastorno del
control de impulsos117 ni considera la dificultad en el control de impulsos como un criterio
diagnóstico de la misma. Tampoco parece que la concurrencia de agresión sexual a menores y un
trastorno de control de los impulsos sea típico en esta población. En un estudio reciente sobre
prevalencia de trastornos mentales en agresores sexuales encarcelados en Austria118, llevado a
cabo con casi 1250 individuos a los que se evaluó empleando una entrevista diagnóstica que mide
la presencia de múltiples trastornos del DSM-V, solo se encontró un trastorno del control de los
impulsos en el 5.4% y 4.8% de los agresores sexuales de adultos y menores, respectivamente. De
hecho, existen estudios que sostienen que los rasgos impulsivos no son predominantes en las
personas con pedofilia en comparación con un grupo control y que el motivo por el que algunas

116 MOSER/KLEINPLATZ, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss. Vid. la reciente investigación

desarrollada por ARA-GARCÍA et al., «Neuroanatomical and Neurocognitive Differences Between the Executive
Functions in Child Sexual Offenders: A Systematic Review», Brain Sci, (15-38), 2025, p. 18, que concluye que los
pedófilos ofensores no difieren de los no pedófilos ofensores en la mayoría de las funciones ejecutivas, lo que lleva
a la conclusión de que las alteraciones neurocognitivas presentes están asociadas con el acto delictivo y no con la
parafilia.
117
COHEN et al., «Impulsive personality traits in male pedophiles versus healthy controls: Is pedophilia an
impulsive-aggressive disorder?», Comprehensive Psychiatry, (43-2), 2002, pp. 127 ss.
118
EHER et al., Acta psychiatrica Scandinavica, (139-6), 2019, pp. 572 ss.

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personas con pedofilia acaban cometiendo actos sexuales relacionados con menores tiene más
que ver con la presencia de distorsiones cognitivas y mecanismos motivacionales que con
dificultades en el control de los impulsos119.

A este respecto y con vistas a perfilar el tratamiento terapéutico adecuado, es cierto que BALTIERI
y BOER identificaron dos grupos diferenciados de sujetos con pedofilia en los que advirtieron
distintos niveles de impulsividad120. Ahora bien, un mayor grado de impulsividad no es por sí
mismo un criterio determinante para razonar sobre la incapacidad de control de los impulsos de
estos sujetos ya que existen distintos tipos de impulsividad: atencional, motora y
planificadora121. Según estos autores, que elaboraron el instrumento de medida de autoinforme
más empleado para medición de la impulsividad en psicología, denominado BIS-11, la
impulsividad atencional se caracteriza por una dificultad en la incapacidad de centrar la atención
o concentrarse; la impulsividad motora se traduce en actuar sin pensar previamente y la
impulsividad planificadora, en la falta de previsión del futuro. De estos tres tipos de
impulsividad, quizá las que más interesan al Derecho penal en cuanto a la valoración de la
imputabilidad se refiere, son las dos últimas: la motora, que justificaría una merma de la
capacidad volitiva, dado que el sujeto encuentra dificultades para refrenar su conducta, y la
impulsividad planificadora, que justificaría una merma en la capacidad cognitiva, dado que el
sujeto encuentra dificultades para prever las consecuencias de sus actos.

En concreto, los agresores sexuales de menores diagnosticados de pedofilia presentan mayor


impulsividad atencional que un grupo control122. En su estudio, los autores midieron la
impulsividad a través del test BIS-11, cuestionario de autoinforme, y el CPT-II, un test con tareas
objetivas llevado a cabo con ordenador, en tres poblaciones: sujetos autorrevelados como
pedófilos, una población clínica con un diagnóstico de compulsividad sexual (más abajo se
detallan características de este trastorno) y un grupo de población ordinaria. Encontraron que
los índices totales de impulsividad eran casi idénticos en los tres grupos. Las únicas diferencias
se encontraban en el control de la atención, donde los sujetos con pedofilia presentaban más
dificultades que el resto, o perseveraban más en los errores123. En consonancia con estos
resultados, otro estudio reciente presentaba estímulos sexuales al mismo tiempo que una tarea
cognitiva para medir la capacidad del sujeto para controlar su atención y dirigirla hacia la tarea
en vez de hacia el estímulo sexual (un tipo de metodología experimental denominado «tarea de
la distracción sexual»). A través de un aparato de seguimiento de la mirada denominado «eye
tracker», los autores encontraron que el tiempo que tardaban las personas con pedofilia en posar
su vista sobre las imágenes sexuales de menores era muy bajo124. Es decir, presentaban una
impulsividad atencional nuevamente mayor que el resto de los sujetos. Cuando se han llevado a
cabo estudios para intentar medir de forma no autoinformada la impulsividad motora, como por
ejemplo proponiendo tareas de detección de estímulos en los que hay que pulsar un botón (un
tipo de metodología experimental denominado «tarea de go/no go»), no se han visto diferencias

119
COHEN et al., Comprehensive Psychiatry, (43-2), 2002, pp. 127 ss.
120
BALTIERI/BOER, «Two clusters of child molesters based on impulsiveness», Revista Brasileira de Psiquiatria, (37-
2), 2015, pp. 139 ss.
121
STANFORD et al., «Fifty years of the Barratt Impulsiveness Scale: An update and review», Personality and
Individual Differences, (47-5), 2009, pp. 385 ss.
122
SAVARD et al., «Impulsivity in Compulsive Sexual Behavior Disorder and Pedophilic Disorder», Journal of
Behavioral Addictions, (10-3), 2021, pp. 839 ss.
123
SAVARD et al., Journal of Behavioral Addictions, (10-3), 2021, pp. 839 ss.
124
JORDAN et al., «Sexual interest and sexual self-control in men with self-reported sexual interest in children - A
first eye tracking study», Journal of Psychiatric Research, (96), 2018, pp. 138 ss.

157
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

entre población con pedofilia, ya hubieran agredido sexualmente a un menor o no125. Por tanto,
si existe una impulsividad vinculada al diagnóstico de pedofilia, no aparece relacionada con las
acciones que lleva a cabo el individuo o con su capacidad para controlarlas, sino en todo caso con
la atención que presta a los estímulos. En el orden penal –y, en particular, a la hora de valorar la
imputabilidad del individuo–, la cuestión en los casos de agresión sexual a menores estriba en
determinar si este tipo de impulsividad atencional afecta a la voluntad del sujeto para no agredir.
Las investigaciones mencionadas apuntan claramente que este tipo de impulsividad no
determina una merma en las capacidades cognitivas y volitivas, sino que describe, en todo caso,
una intensidad evidente en la preferencia por estímulos sexuales acordes con sus gustos.
Seguramente, este tipo de impulsividad atencional podría resultar más relevante en los
supuestos de sujetos consumidores de material abusivo de menores, ya que la presentación de
manera audiovisual requiere por parte del sujeto la atención en el visionado, que podría ser
intensa y con dificultad para cambiar de foco hacia otros estímulos no sexuales.

Es cierto que el DSM-5 identifica como criterio diagnóstico A del trastorno de pedofilia la
presencia de «durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente
derivada de fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que implican la actividad
sexual con uno o más niños prepúberes (generalmente menores de 13 años) ». Cabría formular
como hipótesis que el empleo en la descripción de este criterio de la locución «deseos sexuales
irrefrenables» podría sugerir que el pedófilo sufre una dificultad en el control del impulso sexual
y, por tanto, una disminución de la capacidad volitiva. No obstante, debe tenerse en cuenta, en
primer lugar, que el término «irrefrenables» (precisamente el que incorpora semánticamente la
imposibilidad de control) no aparece en la versión original en inglés del manual, que alude a la
concurrencia de «sexual urges», expresión que, si bien tiene como referencia un deseo de cierta
intensidad («a strong desire to do something»), en ningún momento denota la imposibilidad de
refrenar tal deseo.

Si a ello se añade la consideración cumulativa del criterio diagnóstico B recogido en el DSM-5, la


inferencia que asocia a la pedofilia la falta de control de impulsos resulta seriamente
cuestionable. El citado criterio B consiste en que el individuo haya «cumplido estos deseos
sexuales irrefrenables» o que tales «deseos irrefrenables o fantasías sexuales» causen «malestar
importante o problemas interpersonales» y, como señala la literatura, tener determinadas
fantasías o intereses sexuales no implica su puesta en práctica126. Existen condicionantes
sociales, de compromiso y morales que pueden servir de barrera para que el individuo no actúe
conforme a su deseo. Ejemplo de esta posibilidad son las personas célibes, que deciden
voluntariamente no mantener relaciones sexuales por motivos personales o vocación religiosa,
o los llamados pedófilos virtuosos, que reconocen su propia pedofilia, pero se comprometen a no
llevar a cabo sus deseos al ser conscientes de las graves consecuencias que ello podría tener para
un menor127. A este respecto, pueden ser ilustrativos los resultados alcanzados por el varias veces
citado Proyecto Dunkelfeld, que, como se expuso con anterioridad en la Introducción, defiende
que no se puede evitar sentir atracción sexual hacia los menores, pero sí controlar el propio
comportamiento sexual.

125
GIBBELS et al., «Two Sides of One Coin: A Comparison of Clinical and Neurobiological Characteristics of
Convicted and Non-Convicted Pedophilic Child Sexual Offenders», Journal of Clinical Medicine, (8-7).
BEIER, Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp. 1065 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (45-3), 2016, pp.
126

505 ss.; SCHIPPERS et al., Aggression and Violent Behavior, (69-1), 2023, pp. 1 ss.
NIELSEN et al., Sexualities, (25–5/6), 2022, pp. 598 ss.; STEVENS/WOOD, Journal of Child Sexual Abuse, (28-8), 2019,
127

pp. 968 ss.; WALKER, A Long, Dark Shadow, 2021, pp. 3 ss.

158
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El término dunkelfeld significa «campo oscuro» en alemán y se adoptó como designación del
proyecto para hacer referencia a todos los delitos de agresiones sexuales a menores y pornografía
infantil que quedan en la sombra, sin conocimiento de las autoridades128. El proyecto, al que se
hizo antes alusión al presentar la opinión clínica que concibe la pedofilia como una orientación
sexual, tiene como objetivo prevenir este tipo de delitos ofreciendo terapia a personas que
reconocen su pedofilia, sienten malestar y buscan tratamiento por miedo a pasar a la acción o a
volver a hacerlo en caso de que ya haya sucedido129. El tratamiento se lleva a cabo mediante el
programa Berlin Dissexuality Therapy Program (BEDIT), de formato grupal y sesiones semanales
de unos 45-50 minutos durante doce meses130. El proyecto lleva desde entonces en activo y parece
estar obteniendo buenos resultados. En concreto, BEIER expone que, a lo largo de un año de
tratamiento, los participantes aprendieron a manejar mejor su sexualidad mediante el uso de
técnicas cognitivo-conductuales, la aceptación de sus preferencias sexuales como parte de su
identidad y tratamiento farmacológico, los tres pilares del programa BEDIT131. Del mismo modo,
BEIER y su equipo encontraron en 2015 que, tras el tratamiento, los participantes mostraron una
disminución en el aislamiento, las estrategias de afrontamiento orientadas por la emoción, los
déficits en la empatía emocional con las víctimas, las actitudes de apoyo al abuso, los déficits en
autoeficacia y la preocupación por el sexo, siendo estos cambios estables en el tiempo y
demostrando que es posible modificar los factores de riesgo dinámicos a través de tratamiento132.

Seguramente los resultados del proyecto Dunkelfeld demuestran que las personas con pedofilia
que se someten a terapia pueden aprender, entre otras cosas, a controlar sus impulsos sexuales,
pero ello no permite concluir que, en ausencia de terapia, esa capacidad de control esté ausente
en todas las personas con pedofilia.

4.4. Otros posibles trastornos que pueden afectar a la imputabilidad de los sujetos que
agreden sexualmente a menores

Existe un trastorno definido que sí perturba los impulsos sexuales, sean estos dirigidos a menores
o a adultos, si bien en la actualidad solo aparece recogido por la CIE-11 en la sección de trastornos
del control de impulsos y no por el DSM-5: se trata del Trastorno de Conducta Sexual
Compulsiva, denominación que se reserva para quienes presentan un patrón persistente de
incapacidad para controlar impulsos o pulsiones en el ámbito sexual. Para este trastorno sí se ha
registrado una relación con la impulsividad133 similar a la presente en trastornos adictivos134. Esta
categoría diagnóstica, en ocasiones confundida con la hipersexualidad135, sería similar a la

BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.; BEIER,
128

«Preventing Child Sexual Abuse-The Prevention Project Dunkelfeld», Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp.
1065 ss.; BEIER et al., Child Abuse and Neglect, (33-8), 2009, pp. 545 ss.; BEIER et al., «The German Dunkelfeld
Project: A Pilot Study to Prevent Child Sexual Abuse and the Use of Child Abusive Images», Journal of Sexual
Medicine, (12-2), 2015, pp. 529 ss.
129
BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.; BEIER,
Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp. 1065 ss.; HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 182 ss.
130
BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.
131
BEIER, Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp. 1065 ss.
132
BEIER et al., Journal of Sexual Medicine, (12-2), 2015, pp. 529 ss.
133
BÖTHE et al., «Revisiting the role of impulsivity and compulsivity in problematic sexual behaviors», The Journal
of Sex Research, (56-2), pp. 166 ss.
GRUBBS et al., «Sexual addiction 25 years on: A systematic and methodological review of empirical literature
134

and an agenda for future research», Clinical Psychology Review, (82), 2020.
135
El Trastorno de Conducta Sexual Compulsiva de la CIE-11 no es equivalente al Trastorno de Hipersexualidad,
si bien ambos comparten características comunes, como el uso compulsivo de la conducta sexual. La literatura

159
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

adicción al sexo, pero en tanto que podría aparecer dirigida tanto a menores como a adultos, se
trataría de un trastorno diferente a y disociable de la pedofilia136. Además, y de forma notable,
entre los criterios para padecer un Trastorno de Conducta Sexual, se encuentra que el deseo o la
conducta sexual se conviertan en el eje central de la vida de la persona hasta el punto de que
desatiende su salud, intereses o responsabilidades137; quien lo padece ha llevado a cabo esfuerzos
en vano por reducir la conducta y, además, realiza respuestas sexuales repetitivas incluso cuando
se deriva de ellas poca o nula satisfacción. Como puede verse, todos estos criterios representan
un desbordamiento en la persona, característico de la falta del control de impulsos. Así pues, la
voluntad queda mermada y el sujeto persiste en las acciones pese a las consecuencias negativas
que de ellas se derivan. Por tanto, la afectación de la capacidad volitiva es evidente.

Aunque el Trastorno de Conducta Sexual Compulsiva presenta algunos rasgos similares a los de
las personas con pedofilia, las diferencias clínicas son notables. En ocasiones, la centralidad vital
del deseo o la conducta sexual es observable en la persona con pedofilia. No obstante, ello suele
estar más relacionado con la ubicuidad de estímulos sociales de carácter infantil que el sujeto no
puede evitar (ej., escuelas, menores en la calle, noticias), ubicuidad que, unida a la naturaleza
prohibida de la conducta, al carácter permanente e inmodificable de este interés sexual y al
rechazo social que genera, puede provocar que la persona afectada vivencie su deseo de manera
persistente. Ahora bien, no todas las personas con pedofilia intentan detener sus deseos ni la
insatisfacción está siempre presente tras la agresión sexual; antes al contrario, podrían dedicar
esfuerzos para buscar material abusivo, escribir material excitante, encontrar maneras legales de
estar en contacto con menores u otras personas con su mismo interés sexual para compartir
material, así como podrían sentir satisfacción tras cometer y al recordar la agresión sexual. En
estos casos, no sólo no resulta evidente la afectación de la capacidad volitiva, sino que no habría
ningún obstáculo para que esta se hallara inalterada.

En este sentido, abundan los casos en los que las sentencias de la muestra acuden al concepto de
«compulsión» para definir la pedofilia («pedofilia voyerista de carácter compulsivo» en S22;
«pedofilia junto con un componente compulsivo» en S23; «actividad compulsiva y poco
controlada en lo que se refiere al acceso, descarga y almacenamiento de ficheros con contenido
sexual en el que participan menores de edad» en S24), en los que tal vez habría resultado
pertinente explorar la presencia de un Trastorno Compulsivo de la Conducta Sexual. En otros
casos, el trastorno comórbido es relacionado con rasgos de personalidad compulsivos (S28) u
obsesivo-compulsivos (S25), siendo todos de delitos de pornografía infantil. En estas sentencias,

científica, no obstante, ha detallado sus disparidades, destacando las siguientes diferencias significativas entre
los criterios de la hipersexualidad (HI) y los del trastorno de conducta sexual (TCS) «(1) el papel de la conducta
sexual como estrategia desadaptativa de afrontamiento y regulación de las emociones, que aparece en los criterios
para la HI pero no en los del TCS; (2) los diferentes criterios de exclusión que incluyen los trastornos bipolares y
por uso de sustancias en la HI pero no en el TCS, y (3) la inclusión de nuevas consideraciones en el TCS, como la
incongruencia moral (como criterio de exclusión), y la disminución del placer de la actividad sexual» (GOLA et al.,
«What should be included in the criteria for compulsive sexual behavior disorder?», Journal of Behavioral
Addictions, (11-2), 2022, pp. 160 ss.).
136
Aun cuando la muy reciente investigación de BERGNER-KOETHER et al., «The Relevance of Hypersexuality and
Impulsivity in Different Groups of Treatment-Seekers With and Without (Exclusive) Pedophilia», Sexual Abuse,
(0-0), 2024, pp. 1 ss., sugiere una mayor prevalencia general de la hipersexualidad entre los pacientes con
pedofilia, establece con claridad cómo la pedofilia y la hipersexualidad son, en su caso, dos factores motivadores
diferentes de la conducta del sujeto.
137
Un ejemplo de este criterio es el de quien colecciona de manera compulsiva material abusivo sexual infantil y
dedica para ello una notable parte de horas del día a conectarse a Internet, buscar el material, almacenarlo,
visualizarlo y excitarse con su contemplación, de manera que acaba resultando incompatible con el
mantenimiento de un trabajo, un ocio o relaciones saludables con otras personas.

160
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

se argumenta que el sujeto «carece de recursos para frenar su impulso al visionado de imágenes
de carácter sexual de menores» (S22) y que los marcados rasgos obsesivo-compulsivos no llegan
a calificarse como trastorno, pero «le conducen a mirar y mirar fotos del tipo indicado como único
medio de calmar sus pensamientos» (S25).

En efecto, algunos estudios citados encuentran rasgos compulsivos en personas con pedofilia138,
pero esos rasgos tampoco se han consolidado como criterio diagnóstico del trastorno de
pedofilia. Sí existe constancia de la existencia de un trastorno obsesivo-compulsivo (F42) con
temática de pedofilia (TOC-P), en el que las personas tienen pensamientos intrusivos sobre
sentirse atraídas por menores y cometer actos sexuales con ellos (componente obsesivo) que les
generan gran malestar, por lo que llevan a cabo (componente compulsivo) conductas repetitivas
e ilógicas para reducir su malestar139. La confusión entre TOC-P y trastorno de pedofilia es
habitual en la práctica clínica, por lo que no es descartable que en algunos casos este error de
diagnóstico se manifieste en la valoración de la imputabilidad penal140. Existe, no obstante, una
diferencia fundamental: quien tiene TOC-P suele tener un pensamiento intrusivo, esto es, uno
que no puede evitar tener, en este caso relacionado con la pedofilia (ej., al sujeto se le aparece e
impone la idea de que podría tocar a un niño con fines sexuales), mientras que la persona con
pedofilia busca activamente rememorar o crear esas imágenes. En la persona con TOC-P, la
irrupción de este pensamiento causa una cadena de metacogniciones, esto es, de reflexiones
sobre su pensamiento, en los que la persona se cuestiona a sí misma y se dirige pensamientos
negativos (ej., «soy un agresor», «debo de tener pedofilia»), que son los que le causan malestar
intenso y le llevan a conductas, esto es, compulsiones, con el fin de intentar evitar aquellos
estímulos relacionados con los pensamientos intrusivos que ha tenido (ej., evitar lugares con
menores) o de calmarse mediante la realización de una serie de ritos supersticiosos a los que se
atribuye la capacidad de apaciguar tales pensamientos (ej., subir escaleras, dañarse físicamente).

4.5. Afectación a la imputabilidad cuando los intereses pedófilos se hallan circunscritos


a una causa orgánica

La posibilidad de apreciar el efecto psicológico necesario para apreciar la atenuante analógica o


la eximente incompleta se incrementa, sin duda, cuando la pedofilia es el resultado de un
problema orgánico subyacente. Tal es el caso de la S8, donde se indica que el sujeto padece «un
deterioro orgánico y funcional cerebral que potencia un trastorno de la inclinación sexual
(parafilia tipo pedofilia)», disminuyendo sus capacidades volitivas y cognitivas. El trastorno en
este caso es una «cerviartrosis evolucionada con mielopatía cervical» y se encuentra acompañada
de un trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar. En este caso, a la perturbación que puede
derivarse de la afectación orgánica se une que el citado «trastorno esquizoafectivo de tipo
bipolar» se corresponde con una psicosis dentro de la clasificación tradicional y, como ya se ha
indicado, éstas se consideran como las anomalías psíquicas más graves y, generalmente, actúan
como eximentes completas o incompletas141. En realidad, la S8 puede considerarse un supuesto

138
COHEN et al., Comprehensive Psychiatry, (43-2), 2002, pp. 127 ss.; HÖRBURGER/HABERMEYER, Forensische
Psychiatrie, Psychologie, Kriminologie, (14-2), 2020, pp. 149 ss.
139
BONAGURA et al., «Diagnostic Differential Between Pedophilic-OCD and Pedophilic Disorder: An Illustration
with Two Vignettes», Archives of Sexual Behavior, (51-4), 2022, pp. 2359 ss.; BRUCE et al., «Pedophilia-Themed
Obsessive-Compulsive Disorder: Assessment, Differential Diagnosis, and Treatment with Exposure and Response
Prevention», Archives of Sexual Behavior, (47-2), 2018, pp. 389 ss.
140
BONAGURA et al., Archives of Sexual Behavior, (51-4), 2022, pp. 2359 ss.
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 588; OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte
141

General, 3ª ed., 2023, p. 144.

161
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

de pedofilia acompañado de otro trastorno que es realmente el determinante de la imputabilidad


parcial del reo.

En todo caso, en los supuestos de pedofilia adquirida a los que antes se hizo referencia, las
lesiones cerebrales suelen tener lugar especialmente en las regiones relacionadas con el control
de los impulsos y la cognición social, haciendo que estas habilidades se encuentren
deterioradas142. Por tanto, ante una pedofilia adquirida, con causa orgánica y sobrevenida, la
identificación de una alteración de las capacidades cognitivas o volitivas y la consiguiente
aplicación de una eximente o atenuante resulta mucho más viable. La posibilidad de aplicar en
estos casos una medida de seguridad si se advierte que el sujeto es criminalmente peligroso
constituye un argumento adicional, en la medida en que es una de las propuestas que, en
supuestos de estas características, propugna la literatura científica143.

4.6. La relevancia de la prueba pericial en la resolución sobre la imputabilidad de sujetos


con pedofilia que agreden sexualmente a menores

A la vista de cuanto se ha indicado, resulta difícil no hallar paralelismos entre la controversia


jurisprudencial respecto del tratamiento que debe dispensarse al diagnóstico único de pedofilia
y el debate relativo a la respuesta penal que merecen los casos de psicopatía. Tanto en uno como
en otro caso es posible hallar en la jurisprudencia una tesis general mayoritaria (que afirmar la
falta de afectación a la capacidad cognitiva y volitiva del sujeto) que se exceptúa en algunos casos
incluso en presencia de un diagnóstico único de la condición. Como ha señalado la literatura144,
la falta de resolución de la disputa científica en el campo de la psicología no puede sino provocar
desconcierto en los tribunales, que llega a manifestarse en algunos casos incluso en la forma de
nombrar a la pedofilia (ej., «trastorno de personalidad de tipo paidofílico» en S2 y S16).

Ante la falta de consenso a nivel clínico, adquiere relevancia decisiva la prueba pericial
practicada, toda vez que se trata de una cuestión compleja que excede, como es lógico, el
conocimiento técnico del tribunal (STSJ Extremadura 20/2020, Civil y Penal, de 12 de junio145).
El psicólogo o psiquiatra especialista sirve en este punto de auxiliar del órgano jurisdiccional
correspondiente para facilitar la labor de tomar una decisión respecto a cómo interpretar y
valorar los hechos, sin perjuicio de que la resolución última descanse en el juez (STS 304/2010,
Penal, de 29 de marzo146). Ello convierte en especialmente recomendable que el perito maneje
con cuidado tres aspectos: por una parte, la demostración objetiva de la presencia de pedofilia
en el individuo entrevistado; por otra parte, la asociación entre el diagnóstico de pedofilia y el
trastorno de control de impulsos y, por último, la adquisición de cierta familiaridad con el nivel
de perturbación de la capacidad intelectiva y volitiva del sujeto que puede legitimar una
atenuación –aunque sea la vinculada a la atenuante analógica del art. 21.7 CP– de la
responsabilidad penal.

142
SCARPAZZA et al., Brain Imaging and Behavior, (15-5), 2021, pp. 2681 ss.
143
GILBERT/FOCQUAERT, International Journal of Law and Psychiatry, (38), 2015, pp. 51 ss.
144
GÓMEZ LANZ/HALTY BARRUTIETA, Derecho y Salud, (26 extraord.), 2016, p. 86; POZUECO ROMERO et al., Cuadernos
de Medicina Forense, (17-4), 2011, pp. 175 ss.
145
STSJ Extremadura 20/2020, Civil y Penal, de 12 de junio (ECLI:ES:TSJEXT:2020:559).
146
STS 304/2010, Penal, de 29 de marzo (ECLI:ES:TS:2010:1974).

162
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a. Dificultades periciales en la evaluación del diagnóstico de la pedofilia

La evaluación de la presencia de pedofilia en un sujeto inmerso en un contexto forense adquiere


especial relevancia en la valoración de su imputabilidad toda vez que la precisión y certeza del
diagnóstico pueden condicionar la credibilidad de las conclusiones periciales acerca tanto de la
capacidad atribuida al imputado como de la justificación de adoptar determinadas decisiones
sobre la atenuación de la responsabilidad penal o la aplicación de medidas de seguridad. Ahora
bien, dado que la pedofilia –en tanto que interés sexual– pertenece a un ámbito privado por
excelencia (el de la intimidad y preferencias sexuales del sujeto), resulta difícil demostrar de una
manera objetiva su presencia a través de técnicas de evaluación clínica, especialmente en un
contexto forense en el que el evaluado puede estar motivado para ocultarla o exaltarla, según la
estrategia de defensa que haya adoptado.

En los últimos años, dos autores españoles, HERRERO y NEGREDO, han abordado precisamente esta
cuestión147; tras recoger las principales investigaciones internacionales148, señalan cómo, dentro
de las técnicas disponibles para evaluar el interés sexual, los autoinformes –esto es, las pruebas
en las que se pide al sujeto que responda según su opinión y carácter a una serie de ítems– no
tienen una capacidad discriminativa alta y resultan fácilmente manipulables, ya que el sujeto
puede aprender cómo responderlos o hacerlo de una manera acorde a sus intereses o a la imagen
proyectada que desea dar de sí mismo. Si bien este tipo de mediciones puede incluir escalas
estadísticamente probadas que acrediten la fiabilidad, validez o aquiescencia de las respuestas
del sujeto, resultan difíciles de implementar cuando se emplean para evaluar circunstancias del
ámbito sexual. Además, es preciso que los cuestionarios se traduzcan de forma cabal al idioma
en el que se van a emplear y resulten baremados en una muestra de población suficiente, dado
que culturalmente puede haber diferencias en los puntos de corte o en los tipos de respuesta. El
hecho de que no exista actualmente una traducción verificada al castellano de los autoinformes
de medición del interés sexual en menores, junto con los problemas ya descritos de esta técnica,
aconseja evaluar el diagnóstico de pedofilia a través de otras mediciones de carácter indirecto o
dependientes de procesos automáticos, es decir, que activen el sistema autónomo del individuo
o que no requieran de la plena conciencia del sujeto. Dentro de esas otras técnicas se encuentran,
entre otras, la pletismografía peneana y el –menos invasivo– empleo del eye-tracker.

La pletismografía peneana consiste en la colocación de un aparato en los genitales externos del


varón para medir la activación del pene ante la exposición del individuo a imágenes sexuales
relacionadas y no relacionadas con su supuesto interés sexual; la respuesta autónoma del sujeto
ante un estímulo sexual frente al que muestra preferencia hará que la pletismografía sea positiva
en sujetos pedófilos ante estímulos sexuales donde aparezcan menores149. Esta prueba puede ser
falseada por sujetos que sean capaces de evadirse cognitivamente de las imágenes expuestas o
proporcionar falsos negativos ante la manifestación explícita de una respuesta sexual en un
contexto forense donde el sujeto puede sentirse incómodo, invadido u observado, anulando así
su respuesta sexual espontánea. Además, la elección de los estímulos expuestos puede también
condicionar la respuesta fisiológica del individuo150. Otras mediciones menos invasivas requieren

HERRERO/NEGREDO, «Evaluación del interés sexual hacia menores», Anuario de Psicología Jurídica, (26), 2016,
147

pp. 30 ss.
En particular, la de KALMUS/BEECH, «Forensic assessment of sexual interest: A review», Aggression and Violent
148

Behavior, (10-2), 2005, pp. 193 ss.


149
Cfr. sobre el empleo de esta técnica, SETO, Pedophilia and sexual offending against children, 2018, pp. 45 ss.
150
HERRERO/NEGREDO, Anuario de Psicología Jurídica, (26), 2016, p. 35.

163
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del ya mencionado eye-tracker o aparato de seguimiento visual y medición de la dilatación


pupilar, bajo la hipótesis de que la atención del individuo se dirige automáticamente a estímulos
sexuales que son de su preferencia y ante ellos se dilata su pupila, de forma que los individuos
con pedofilia dirigirán su mirada en mayor medida a estímulos sexuales donde aparezcan
menores y dilatarán más la pupila al visionarlos. Como se ha visto más arriba, esta técnica ya se
ha empleado en estudios experimentales151 y, de hecho, gracias al eye-tracker se ha comprobado,
con una sensibilidad del 86,4% y una especificidad del 90%, que las personas con pedofilia dirigen
la mirada antes y durante más tiempo hacia estímulos infantiles que el resto de los grupos152.

Así pues, no existe actualmente un instrumento de medición objetiva único y unívoco para
demostrar la presencia del diagnóstico de pedofilia en un individuo, si bien una batería
multimétodo con presencia de medidas indirectas puede ser la opción más deseable para la
evaluación. Como puede comprobarse, si la valoración de la imputabilidad resulta en sí misma
controvertida, el paso previo –el diagnóstico certero de la pedofilia– presenta también
obstáculos periciales que pueden condicionar el resto del informe sobre la imputabilidad del
sujeto.

b. Dificultades periciales en la valoración de la imputabilidad en sujetos con pedofilia

La dependencia radical de la decisión judicial de los informes periciales se advierte con claridad
en varias de las sentencias examinadas. Aunque en más de la mitad se alude a los informes
periciales, tanto de psicólogos como de médicos y psiquiatras, sólo en algunas se concreta cómo
afecta el diagnóstico pericial a la capacidad cognitiva y volitiva del sujeto (por ejemplo, en la S13
se concluye diciendo que están abolidas «las bases biológicas de la imputabilidad [conocimiento
y voluntad]»). En otras, sin embargo, el tribunal manifiesta su dificultad para adoptar una
decisión a partir del informe pericial. Así, en la S22 el tribunal considera que el informe pericial
«no proporciona un criterio adecuado para valorar la intensidad de la merma de la capacidad de
inhibición, que no puede suponerse total ni muy elevada», por lo que simplemente aplica la
atenuante por analogía. En la S24 se recurre a tres especialistas cuyas opiniones no concuerdan,
apreciando uno que el sujeto presenta una «disminución intensa de su capacidad volitiva,
relevante y determinante, mientras el resto de los especialistas (psicóloga y psiquiatras) no le
atribuyen tal intensidad», aplicando el juez la atenuante analógica. Por último, en la S27 el perito
expone que solo está alterado el control de los impulsos, no pudiendo el sujeto «frenarse al
100%», teniendo un «escaso control», pero cuando se le pregunta por una mayor concreción,
responde «que no hay una vara de medir», por lo que el tribunal considera que no queda probado
que la alteración en la capacidad volitiva sea intensa y se aplica una atenuante analógica.

Así, dado que la relevancia que se le concede al informe forense es notoria, cabe exigir al
especialista que emite un informe pericial un particular escrúpulo: por una parte, si la pedofilia
aparece junto con otros trastornos y se advierte que son estos últimos los que dan lugar a la
alteración de la capacidad del sujeto, la mención de la pedofilia como apoyo de esta última parece
poco acertada. Esta cautela no solo mejoraría la fundamentación de la resolución judicial, sino
que evitaría la difusión de mitos no acreditados. En este estudio se han recogido ejemplos
jurisprudenciales que acreditan este rigor. Así, la SAP Álava 236/2013, Sección Segunda, de 16 de

151
JORDAN et al., Journal of Psychiatric Research, (96), 2018, pp. 138 ss.
152
FROMBERGER et al., «Diagnostic accuracy of eye movements in assessing pedophilia», Journal of Sexual Medicine,
(9-7), 2012, pp. 1885 ss.

164
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

julio153 y la SAP Madrid 228/2012, Sección Trigésima, de 8 de junio154, señalan que el sujeto
acusado presenta pedofilia junto con discapacidad intelectual leve, pero explicitan que la
pedofilia no afecta a sus capacidades y que la aplicación de la atenuante analógica se aplica
exclusivamente por la discapacidad intelectual. Es también el caso de la STS 558/2020, Penal, de
2 de julio, que indica taxativamente que la pedofilia «solo será reprochable cuando se manifieste
con actos que lesionen la libertad sexual de otros» y que «su trascendencia a efectos de
determinar su culpabilidad vendrá determinada por su capacidad de entender la ilicitud de sus
actos y de controlar sus impulsos, ni más ni menos que lo ponderable en la mayoría de las
personas que sienten atracción homosexual o heterosexual con adultos y la manifiestan sin
lesionar su libertad sexual». Por otra parte, si la pedofilia es el único trastorno bajo el cual se
esgrime la merma de la imputabilidad del sujeto, el informe pericial debe determinar de forma
cierta y exhaustiva la medida en que tal diagnóstico afecta a las capacidades volitivas del sujeto,
dado que la imposición de una etiqueta diagnóstica concreta no implica, de acuerdo con el
modelo de imputabilidad subyacente al art. 20.1 CP, una disminución de esta última.

De esta advertencia da buena cuenta el propio manual DSM5 cuando, en la «Declaración cautelar
para el empleo forense», señala que «en la mayoría de los casos, el diagnóstico clínico de un
trastorno mental del DSM-5, como una discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo
intelectual), una esquizofrenia, un trastorno neurocognitivo mayor, una ludopatía o una
pedofilia, no implica que un individuo con dicha afección cumpla los criterios legales de
existencia de un trastorno mental ni los de una norma legal concreta (por ejemplo, competencia,
responsabilidad criminal o discapacidad). Para esto último acostumbra a ser necesaria más
información que la que contiene el diagnóstico del DSM5, como podría ser información sobre el
deterioro funcional del individuo y sobre la forma en la que este afecta a las determinadas
capacidades en cuestión. Precisamente por el hecho de que los impedimentos, capacidades y
discapacidades pueden variar mucho dentro de cada categoría diagnóstica, la atribución de un
diagnóstico concreto no implica un grado específico de desequilibrio o discapacidad».

No se trata de una cuestión menor; las personas con pedofilia, independientemente de que hayan
pasado o no a la acción, sufren un estigma y un rechazo social que aumenta el riesgo de que
acaben actuando: su salud mental empeora, se aíslan socialmente y no piden ayuda, a pesar de
estar en riesgo de cometer un delito y dañar gravemente a un menor, por el miedo a ser
rechazados por los profesionales del ámbito clínico155. Además, es común que sientan vergüenza
de sí mismos, por percibirse como «malas personas»156. A este respecto, JAHNKE ha insistido en la
utilidad de hacer conscientes a los psicoterapeutas e investigadores de la responsabilidad que
tienen cuando divulgan sobre la pedofilia157, y que se hace extensible a los expertos forenses,
especialmente respecto a que la misma, como atracción sexual hacia los menores, no implica
necesariamente el paso a la acción.

153
SAP Álava 236/2013, Sección Segunda, de 16 de julio (ECLI:ES:APVI:2013:806).
154
SAP Madrid 228/2012, Sección Trigésima, de 8 de junio (ECLI:ES:APM:2012:8695).
JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.; LEVENSON et al., «Obstacles to Help-Seeking for Sexual
155

Offenders: Implications for Prevention of Sexual Abuse», Journal of Child Sexual Abuse, (26-2), 2017, pp. 99 ss.;
WALKER, A Long, Dark Shadow, 2021, pp. 130 ss.
156
GRADY et al., «“I can’t talk about that”: Stigma and fear as barriers to preventive services for minor-attracted
persons», Stigma and Health, (4-4), 2019, pp. 400 ss.
157
JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.

165
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4.7. Limitaciones del presente estudio

Para finalizar, en pro de la transparencia científica, conviene señalar que este trabajo no está
exento de limitaciones. En primer lugar, hay que tener en cuenta el tamaño de la muestra, que
podría influir en la generalización de los resultados. En segundo lugar, aunque algunas
sentencias recojan extractos de los informes periciales empleados para basarse en la elección de
la circunstancia modificativa, no se puede acceder a ellos a texto completo, lo que podría también
influir sobre la generalización de resultados. En tercer lugar, la falta de consenso en el ámbito
clínico respecto a la conceptualización de la pedofilia puede haber repercutido en que el mero
hecho de haber cometido un delito de agresión sexual a menores o de pornografía infantil haya
determinado por sí mismo el diagnóstico de pedofilia. Por último, queda pendiente como
investigación complementaria el análisis de los argumentos aducidos por las sentencias que
rechazaron apreciar la pedofilia como circunstancia modificativa de la responsabilidad penal.

5. Conclusiones

A nuestro juicio, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo acierta al optar por valorar cada caso
de forma individual según su gravedad (STS 558/2020, Penal, de 2 de julio; S5), sin fijar criterios
inamovibles en la consideración de la pedofilia. No obstante, a lo largo del presente estudio se
han mostrado una serie de realidades clínicas innegables que es necesario precisar cuando en
este contexto se realizan valoraciones sobre la imputabilidad del reo:

(i) La prevalencia de pedofilia en agresores sexuales de menores oscila entre un tercio y


la mitad de los individuos. Esto implica que no todas las personas que agreden
sexualmente a menores tienen pedofilia, así como que no todas las personas con
pedofilia terminan agrediendo sexualmente.

(ii) Hasta hora, el criterio de valoración judicial mayoritario ha sido negar la alteración de
las capacidades cognitivas y volitivas en sujetos que, habiendo agredido sexualmente
a menores, aducían pedofilia, si bien en los pocos casos en que se ha resuelto atenuar
la responsabilidad penal de estos sujetos, ha sido en forma de atenuación analógica si
se presentaba exclusivamente pedofilia, sin ningún otro trastorno concomitante.

(iii) Existen tres perspectivas clínicas diferentes de consideración de la pedofilia, cada una
de las cuales puede comprometer diferencialmente la evaluación de la imputabilidad
del sujeto y, por consiguiente, de su responsabilidad penal (ver Anexo I).

(iv) La interpretación judicial que se haga del diagnóstico de pedofilia en los sujetos puede
variar de forma considerable la persecución o no de su diagnóstico por parte del
imputado. Si bien la pedofilia en sujetos que han agredido sexualmente a un menor se
asocia empíricamente con riesgo de reincidencia, y por tanto un imputado se
encontraría motivado para disimular o esconder su presencia, si la pedofilia se
interpreta judicialmente como capaz de alterar las capacidades volitivas del sujeto,
puede provocar que se persiga su diagnóstico para buscar un beneficio en forma de
reducción de la condena impuesta.

(v) Los estudios experimentales no han demostrado prevalencia de trastornos de control


de los impulsos sistemáticamente concurrentes a un diagnóstico de pedofilia, que

166
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

podrían emplearse para justificar una merma de las capacidades volitivas del sujeto.
En todo caso, el tipo de impulsividad no patológica que se ha encontrado asociado a la
pedofilia es de carácter atencional. Esto implica que los sujetos con pedofilia tienen
más dificultades en apartar su vista de estímulos de carácter sexual infantil que los
sujetos sin pedofilia, lo que podría ser de interés en la evaluación de sujetos que
consumen material abusivo de menores, pero no tanto en el caso de los sujetos que,
teniendo pedofilia, agreden sexualmente a menores, ya que la impulsividad de carácter
motor (dificultad para controlar la conducta, potencialmente relacionada con las
capacidades volitivas del sujeto) y la planificadora (dificultad para evaluar las
consecuencias de la conducta, potencialmente relacionada con las capacidades
cognitivas del sujeto), no se encuentran sistemáticamente alteradas en ellos.

(vi) En el nivel clínico, existen dos situaciones relacionadas con las pulsiones sexuales que
pueden tener un papel relevante a la hora de valorar la afectación a la imputabilidad
de los sujetos acusados de agresión sexual a menores:

(vi.a) Trastorno Compulsivo de la Conducta Sexual: es un tipo de trastorno similar a la


adicción y a la hipersexualidad, que compromete la capacidad de controlar los
impulsos sexuales de la persona y, por ende, afecta a la capacidad volitiva de
forma acusada. Su prevalencia y diagnóstico es relativa, y en todo caso vinculada
con delitos de pornografía infantil pero no tanto de agresión sexual infantil. La
principal característica diferencial respecto de la pedofilia es que el trastorno
Compulsivo de la Conducta Sexual entraña la incapacidad de controlar los
impulsos sexuales y la necesidad imperiosa de llevarlos a cabo incluso cuando
son perjudiciales para el propio sujeto, sin derivarse de ello satisfacción sexual,
con independencia de si el foco central de excitación son menores o adultos158.
En cambio, el sujeto con pedofilia siente satisfacción sexual ante las fantasías o
conductas sexuales que involucran a menores y no necesariamente tiene un
problema en controlar su conducta sexual.

(vi.b) Trastorno obsesivo-compulsivo con temática de pedofilia: es un trastorno que


implica la intromisión involuntaria de pensamientos con temática pedófila a la
que le siguen metacogniciones negativas sobre uno mismo que son las que
causan malestar emocional, y que el sujeto busca aplacar llevando a cabo
acciones idiosincrásicas y alejadas de cualquier tipo de agresión sexual, ya que
es lo que el sujeto precisamente teme poder llevar a cabo. Por ende, afectaría a
la capacidad volitiva, pero de forma menos acusada que el anterior. Sería muy
raro encontrar un diagnóstico de este tipo acompañando a un delito de agresión
sexual a menores o de pornografía infantil, puesto que el sujeto teme realizarlos
y huye de cualquier estímulo relacionado. Algunas características diferenciales
respecto de la pedofilia es que el sujeto no muestra una atracción particular ni
excitación sexual hacia los menores (sino temor a tenerla), que los pensamientos

A este respecto, el manual CIE-11 especifica, en el apartado de diagnóstico diferencial incluido bajo los criterios
158

del trastorno de pedofilia, lo siguiente: «Algunos individuos con Trastorno Obsesivo-Compulsivo experimentan
pensamientos e imágenes intrusivas sobre la posible atracción o abuso sexual de niños. Suelen ser muy
angustiosos para el individuo y no van acompañados de excitación sexual, por lo que no reflejan un patrón de
excitación parafílica subyacente, aunque al individuo le preocupe que así sea. Estos individuos también pueden
experimentar otros pensamientos ego-distónicos o imágenes con contenido sexual que no se experimentan como
sexualmente excitantes.»

167
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

que tiene de temática pedófila acuden de forma involuntaria a su mente en vez


de invocarlos activa y voluntariamente para buscar placer sexual y que las
acciones que lleva a cabo se dirigen a apartarse de todo estímulo relacionado con
la pedofilia o son ritos o supersticiones que reducen la ansiedad que siente la
persona.

(vii) La evaluación forense del diagnóstico de pedofilia resulta complicada. Las medidas de
autoinforme son fácilmente falseables y no se encuentran adaptadas (traducidas y
baremadas) en castellano y con población culturalmente compatible. Las medidas
indirectas, como la pletismografía peneana, aunque miden procesos autónomos, como
es la respuesta fisiológica a un estímulo sexual, son invasivas, manipulables, con
capacidad para dar falsos negativos en contextos forenses y muy dependientes de la
selección de estímulos sexuales que se haga. Tan solo la medición de procesos
automáticos de atención (mirada y dilatación pupilar) a través de eye-tracker ha
demostrado más especificidad y capacidad discriminativa, pero sin ser una prueba
sistemáticamente certera para evaluar la presencia de pedofilia.

(viii) El trabajo presentado evidencia la enorme utilidad que tendría recoger en las
sentencias datos como los especificadores de la pedofilia. Ya se ha expuesto que la no
exclusividad podría ser relevante de cara al pronóstico del tratamiento, pero recoger la
atracción por el sexo resultaría igualmente útil para hacer estudios de peligrosidad
criminal y prevalencia, especialmente en los delitos de pornografía infantil, donde se
obtiene que, si el sujeto que consume material abusivo de menores tiene preferencia
por el sexo masculino, la probabilidad de reincidencia es mayor159. Además, cabe
explorar en todos los casos la relación o no del sujeto con el consumo de material
abusivo de menores, dado que se encuentran diferencias en la caracterización y
tratamiento de los casos de agresión dual (aquellos sujetos que consumen material
abusivo de menores y también cometen delitos de agresión sexual a menores), respecto
a quienes consumen imágenes abusivas de menores, pero no pasan a la acción, y con
quienes cometen la agresión sexual, pero no utilizan ese tipo de material160. En
concreto, MCMANUS, LONG, ALISON y ALMOND encuentran que los agresores duales
tienen mayor acceso a los menores, ya sea por cuestión de parentesco o de profesión;
más antecedentes penales, sobre todo por delitos no sexuales; más comportamientos
de ciberacoso sexual a menores; colecciones de imágenes abusivas de menores menos
variadas que los no duales y tendencia a agredir a menores del mismo sexo y edad
aproximada a los que veían en sus colecciones161. Por su parte, HENSHAW, OGLOFF y
CLOUGH encuentran que los sujetos que solo cometen delitos de pornografía infantil
tienen más parafilias, pero menos puntuaciones en antisocialidad; los que solo
agreden sexualmente son más antisociales y tienen baja puntuación en parafilias; y los

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160
HENSHAW et al., «Demographic, mental health, and offending characteristics of online child exploitation
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(36-2), 2018, pp. 198 ss.; MCMANUS et al., «Factors associated with contact child sexual abuse in a sample of
indecent image offenders», Journal of Sexual Aggression, (21-3), 2015, pp. 368 ss.
161
MCMANUS et al., Journal of Sexual Aggression, (21-3), 2015, pp. 368 ss.

168
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

agresores duales puntúan alto en ambas características162. Esto muestra, por tanto, que
los agresores duales son un grupo especialmente problemático y cuyas características
especiales deberían ser tenidas en cuenta de cara a elaborar los tratamientos o aplicar
medidas de peligrosidad.

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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

7. Anexos

7.1. Afectación a la imputabilidad cuando los intereses pedófilos se hallan circunscritos


a una causa orgánica

1. SAP Almería 235/2001, Sección Segunda, de 5 de julio (ECLI:ES:APAL:2001:917).

2. SAP Barcelona. Sección Tercera, de 9 de marzo (ECLI:ES:APB:1998:2688) 163.

3. STS 1065/2019, Penal, de 28 de noviembre (ECLI:ES:TS:2019:13122A).

3 bis. SAP Barcelona 719/2018. Sección Sexta, de 8 de noviembre (ECLI:ES:APB:2018:13191).

4. STS 1057/1999, Penal, de 26 de junio (ECLI:ES:TS:1999:4648).

4 bis. SAP Cáceres 1/1998, Sección Segunda, de 10 de febrero (ECLI:ES:APCC:1998:156).

5. SAP Cáceres 127/2006, Sección Segunda, de 4 de octubre (ECLI:ES:APCC:2006:727).

6. SAP Islas Baleares 28/2001, Sección Segunda, de 30 de marzo (ECLI:ES:APIB:2001:959).

7. SAP León 536/2019, Sección Tercera, de 29 de noviembre (ECLI:ES:APLE:2019:1428).

8. SAP Madrid 349/1999, Sección Tercera, de 23 de septiembre (ECLI:ES:APM:1999:11993).

9. SAP Madrid 784/2006, Sección Decimoséptima, de 5 de octubre (ECLI:ES:APM:2006:7111).

10. SAP Málaga 289/2004, Sección Segunda, de 7 de mayo (ECLI:ES:APMA:2004:2237).

11. SAP Navarra 136/2016, Sección Primera, de 17 de junio (ECLI:ES:APNA:2016:320).

12. SAP Ourense 11/2003, Sección Segunda, de 29 de diciembre (ECLI:ES:APOU:2003:1083).

13. SAP Santander 5/2005, Sección Tercera, de 29 de junio (ECLI:ES:APS:2005:2138).

14. STS 768/2004, Penal, de 18 de junio (ECLI:ES:TS:2004:4247).

14 bis. SAP Segovia 2/2003, Sección Única, de 10 de febrero (ECLI:ES:APSG:2003:14).

15. SAP Valencia 17/2013, Sección Segunda, de 26 de diciembre (ECLI:ES:APV:2012:5850).

16. STS 119/1997, Penal, de 28 de enero (ECLI:ES:TS:1997:480).

17. STS 971/1999, Penal, de 9 de junio (ECLI:ES:TS:1999:4078).

18. STS 1958/2013, Penal, de 17 de octubre (ECLI:ES:TS:2013:9863A).

18 bis. SAP Almería 397/2012, Sección Primera, de 12 de diciembre (ECLI:ES:APAL:2012:1818).

163
El número de sentencia no se encuentra disponible en ninguna base de datos en el momento de realización de
esta investigación. El contacto con la Oficina de Comunicación del Consejo General del Poder Judicial resultó
infructuoso a tal efecto.

176
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

19. STS 151/2019, Penal, de 21 de marzo (ECLI:ES:TS:2019:1356).

19 bis. SAP Barcelona 949/2017, Sección Novena, de 22 de diciembre (ECLI:ES:APB:2017:14650).

20. STS 648/2021, Penal, de 19 de julio (ECLI:ES:TS:2021:3201).

21. STS 20/2021, Penal, de 18 de enero (ECLI:ES:TS:2021:8).

22. STSJ Comunidad Valenciana 318/2021, Civil y Penal, Sección de Apelaciones Penales, de 22
de noviembre (ECLI:ES:TSJCV:2021:7078).

22 bis. SAP Alicante 307/2021, Sección Décima, de 22 de septiembre (ECLI:ES:APA:2021:3207).

23. SAP Barcelona 712/2013, Sección Séptima, de 15 de julio (ECLI:ES:APB:2013:8122).

24. SAP Madrid 40/2015, Sección Cuarta, de 29 de enero (ECLI:ES:APM:2015:18798).

25. SAP Madrid 615/2016, Sección Trigésima, de 23 de septiembre (ECLI:ES:APM:2016:12110).

26. SAP Madrid 234/2016, Sección Decimoséptima, de 6 de mayo (ECLI:ES:APM:2016:5542).

27. SAP Sevilla 85/2009, Sección Séptima, de 16 de diciembre (ECLI:ES:APSE:2009:3921).

28. STS 1098/2010, Penal, de 13 de diciembre (ECLI:ES:TS:2010:7065).

29. STS 144/1995, Penal, de 8 de febrero.

7.2. Variables empleadas en la codificación de las sentencias

1_Número_de_sentencia Escribir número de la sentencia


2_Número_de_recurso Escribir número del recurso
Escribir el órgano jurisdiccional que emite la
3_Órgano_Jurisdiccional
sentencia
4_Fecha_de_la_sentencia Escribir la fecha de la sentencia
5_Sexo_del_sujeto 1: Hombre; 2: Mujer
6_Edad_del_sujeto Escribir edad del sujeto
7_Abuso_sexual 1: Sí; 0: No
8_Abuso_sexual_continuado 1: Sí; 0: No
9_Abuso_sexual_en_grado_de_tentativa 1: Sí; 0: No
10_Agresión_sexual 1: Sí; 0: No
11_Agresión_sexual_en_grado_de_tentativa 1: Sí; 0: No
12_Captación_de_menores_con_fines_pornográficos 1: Sí; 0: No
13_Utilización_de_menores_con_fines_pornográficos 1: Sí; 0: No
14_Posesión_de_pornografía_infantil 1: Sí; 0: No
15_Difusión_de_pornografía_infantil 1: Sí; 0: No
16_Provocación_sexual_de_menores 1: Sí; 0: No
17_Prostitución_de_menores 1: Sí; 0: No
18_Exhibicionismo 1: Sí; 0: No
19_Agresión_sexual_de_menores_CP 1: Sí; 0: No

177
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

20_Pornografía_infantil_CP 1: Sí; 0: No
21_Otros_delitos 1: Sí; 0: No
Especificar por qué otros delitos ha
22_Escribir_otros_delitos
sido condenado en la sentencia
23_Otros_trastornos 1: Sí; 0: No
24_Otras_parafilias 1: Sí; 0: No
25_Trastornos_de_personalidad 1: Sí; 0: No
26_Trastornos_por_consumo_de_sustancias 1: Sí; 0: No
27_Trastornos_del_estado_de_ánimo 1: Sí; 0: No
28_Trastornos_adaptativos 1: Sí; 0: No
29_Trastornos_orgánicos 1: Sí; 0: No
30_Capacidad_intelectual_límite 1: Sí; 0: No
31_Trastornos_psicóticos 1: Sí; 0: No
Especificar qué otros trastornos han
32_Escribir_otros_trastornos
sido diagnosticados
1: Conservada; 2: Afectación leve; 3:
Afectación moderada; 4: Afectación
33_Capacidad_cognitiva grave; 5: Afectada, pero sin
concretar el grado; 99: Sin
información
1: Conservada; 2: Afectación leve; 3:
Afectación moderada; 4: Afectación
34_Capacidad_volitiva grave; 5: Afectada, pero sin
concretar el grado; 99: Sin
información
Escribir los argumentos judiciales
35_Argumentos_judiciales sobre la afectación a las capacidades
cognitivas y volitivas
1: Atenuante por analogía a la
36_Circunstancia_modificativa anomalía o alteración psíquica; 2:
Eximente; 3: Eximente incompleta
37_Sexo_de_las_víctimas 1: Hombre; 2: Mujer; 3: Ambos
1: Pedofilia exclusiva; 2: Pedofilia no
38_Exclusividad
exclusiva; 99: Sin información
39_Agresor_dual 1: Sí; 0: No; 99: Sin información
40_Intrafamiliar 1: Sí; 0: No; 99: Sin información
1: Desconocido; 2: Conocido; 3:
Amigo de familiar; 4: Familiar; 5:
41_Relación_con_la_víctima
Relación profesional (especificar); 6:
Otro (especificar); 99: no disponible
42_Resumen_del_caso Escribir hechos probados
43_Alusión_a_sentencias_previas_o_a_estudios_concretos

178
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

7.3. Características penales relevantes respecto de la imputabilidad a la luz de tres


perspectivas clínicas de consideración de la pedofilia

Es un trastorno Es una No es un Otras consideraciones


(APA, CIE) cronofilia trastorno
(Seto, 2017) (Moser, 2009)

Existe una Probablemente, Probablemente, No se Cuando los síntomas de


base pero no es pero no es manifiesta a un trastorno se originan
biológica unívoca ni unívoca ni este respecto por una causa orgánica
que generalizable generalizable concreta, generalmente
determina la («pedofilia del los manuales excluyen
presencia de desarrollo») el diagnóstico de la
los síntomas entidad clínica ya que la
sintomatología se
podría explicar mejor
por la presencia de esa
causa concreta (el tenor
literal suele rezar: «Los
síntomas no se pueden
atribuir a los efectos
fisiológicos de una
sustancia (p. ej., una
droga, un
medicamento) o a otra
afección médica»), si
bien este criterio
específico no aparece ni
en el DSM ni en la CIE
en la definición del
trastorno de pedofilia.
De hecho, existen casos
muy concretos y pocos
frecuentes en los que
una causa orgánica (ej.,
tumor) autolimita los
síntomas, de manera
que, retirada la causa,
desaparece el interés
sexual por menores (ej.,
Burns & Swerdlow,
2003). Estos casos se
denominan «pedofilia
adquirida por daños
cerebrales». Por otra
parte, existen estudios
que apoyan la
existencia de algunas
características

179
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

idiosincrásicas, tanto
adquiridas (ej., previos
trastornos
craneoencefálicos)
como innatas (ej.,
volumen de materia
gris, lateralidad) en el
perfil neuropsicológico
de las personas con
intereses sexuales en
menores, pero no es un
hallazgo unánime que
pueda generalizarse a
todos los casos. Similar
a la orientación sexual,
no existe una causa
orgánica unívoca que
explique la atracción
que ostenta la persona.

Es un TMT No. No es fugaz No. No es fugaz No. No es Existen casos muy


ni limitada en ni limitada en fugaz ni concretos y pocos
el tiempo. El el tiempo. El limitada en el frecuentes en los que
sujeto sujeto tiempo. El una causa orgánica
manifiesta este manifiesta este sujeto autolimita los síntomas,
interés durante interés desde la manifiesta de manera que, retirada
al menos 6 adolescencia este interés la causa, desaparece el
meses durante interés sexual por
temporadas o menores. El manual
de forma CIE-11 especifica que
persistente «el Trastorno Pedofílico
es relativamente
estable después de la
edad adulta temprana,
pero los pensamientos,
fantasías, impulsos y
comportamientos
sexuales pueden
cambiar con el tiempo
de tal forma que un
individuo al que se le
asignó el diagnóstico de
Trastorno Pedofílico ya
no cumpla los
requisitos del
diagnóstico». Por tanto,
no considera su
fugacidad sino en todo
caso su declive.

180
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

Es una Sí. Se mantiene Sí. Se mantiene Sí. Puede No existe actualmente


anomalía durante al durante el variar su ningún tratamiento
psicológica menos 6 meses curso vital del intensidad o conocido, ya sea
(persistente) sujeto manifestación, psicológico (ej.,
pero cuando tratamiento cognitivo-
está presente conductual),
persiste al farmacológico (ej.,
menos castración química) o
durante una una combinación de los
temporada anteriores, que consiga
eliminar los deseos o
pensamientos sexuales
en sujetos con
pedofilia. En todo caso,
el sujeto debe convivir
con la aceptación de sus
deseos y el compromiso
de no llevarlos a cabo.
Por otra parte, la
sexualidad se considera
una entidad dinámica
en el ser humano, de
modo que la intensidad
o el foco de atención
sexual puede variar con
el tiempo, pero,
mientras existe,
perdura durante una
temporada. En
cualquier caso, las
terapias denominadas
de conversión, que
intentan variar a
propósito el foco que es
de interés sexual para la
persona, no solo no son
éticas, sino que no
producen resultados.

Capacidad Preservada. Preservada. Preservada. Existen estudios


cognitiva: el No existe No existe No se respecto de la presencia
sujeto alteración de alteración de considera que de distorsiones
puede las capacidades las capacidades el interés cognitivas que apoyan
comprender cognitivas cognitivas sexual en la comisión de
el ilícito menores sea agresiones o intentan
penal patológico ni justificar que el menor
el sujeto sedujo o buscó
tenga, por activamente la
tanto, ninguna interacción. Estas
distorsiones se han

181
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz

función visto tanto en personas


mermada con pedofilia, como en
personas que, sin
pedofilia, agredieron
sexualmente a un
menor o incluso a un
adulto, pero estas
distorsiones no afectan
a su capacidad de
comprender el ilícito y
decidir no hacerlo.

Capacidad En castellano, Sí. Cursa Sí. No se En los manuales, la


volitiva: el el criterio A del similar a una considera que pedofilia aparece en la
sujeto trastorno lo orientación el interés sección de parafilias,
puede define como sexual, de sexual en mientras que en la
decidir no «deseos manera que el menores sea sección de control de
ejecutar el sexuales sujeto es patológico ni impulsos existe otro
ilícito penal irrefrenables», consciente de el sujeto trastorno que involucra
sin embargo, su atracción y tenga, por la conducta sexual
procede de la puede decidir tanto, ninguna donde se hace alusión
traducción en no llevar a cabo función explícita a la
inglés de acciones mermada incapacidad de
«sexual urges», sexuales controlar el impulso
que no relacionadas sexual (ej., Trastorno
necesariamente Compulsivo de la
involucra al Conducta Sexual). En
control de la los programas de
conducta prevención de la
agresión sexual para
personas con intereses
sexuales respecto de
menores existen
módulos dedicados al
control de los impulsos.
El motivo no es porque
se anticipe una
incapacidad de
controlar los impulsos
en estos sujetos, sino
porque el celibato que
debe derivarse de una
pedofilia exclusiva para
evitar provocar daño a
otros es una situación
extraordinaria en el ser
humano para la que
cabe recibir apoyo y
estrategias.

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