Pedofilia y Responsabilidad Penal: Análisis
Pedofilia y Responsabilidad Penal: Análisis
Laura Serranos-Minguela
Universidad Pontificia Comillas Sumario
-
Javier Gómez Lanz La pedofilia es la atracción sexual hacia niños prepúberes; si bien no es un
Universidad Pontificia Comillas sinónimo de pederastia ni entraña la comisión de delitos sexuales, es usual que
- ambos fenómenos se confundan en referencias informales. Su caracterización
clínica es debatida (puede interpretarse como trastorno parafílico, cronofilia o
interés sexual atípico), pero su diagnóstico adquiere relevancia en la valoración
de la imputabilidad de quien ha cometido un delito contra la libertad sexual de un
menor de edad, pues se invoca para alegar una alteración de su capacidad. En
este trabajo se analizan 29 sentencias españolas en las que tal diagnóstico
conduce a estimar una atenuante o una eximente incompleta y se examinan los
argumentos aducidos tanto cuando la pedofilia se diagnostica con otro trastorno
como cuando concurre en exclusiva. En el primer grupo de casos, cuando la
perturbación afecta también a la capacidad intelectiva, determina en ocasiones la
apreciación de una eximente incompleta. En el segundo grupo de casos, algunas
sentencias, pese a estimar que la capacidad cognitiva se conserva, identifican una
perturbación de la capacidad volitiva y aprecian una atenuante analógica. En el
trabajo se discute el acierto de estas resoluciones a la luz de la psicología clínica
y se exponen propuestas para abordar la pedofilia en el ámbito jurisprudencial y
pericial de modo congruente con un enfoque preventivo y no promotor del estigma.
Abstract
-
Pedophilia is the sexual attraction to prepubescent children; although it is not a
term synonymous with pederasty nor does it involve the commission of sexual
offenses, it is common for both phenomena to be confused in informal references.
While its characterization is debated—it may be interpreted as a paraphilic
disorder, chronophilia, or atypical sexual interest—its diagnosis gains importance
in the assessment of criminal responsibility for someone who has committed a
sexual offense against a minor, as it is invoked as an argument to allege an
alteration of capacity. This study analyzes 29 Spanish court rulings in which such
a diagnosis leads to the estimation of a mitigating circumstance or an incomplete
defense and examines the arguments presented both when pedophilia is diagnosed
with another disorder and when it occurs exclusively. In the first group of cases,
when the disturbance also affects intellectual capacity, it sometimes determines
the recognition of an incomplete defense. In the second group of cases, despite
estimating that cognitive capacity is preserved, some rulings find a disturbance of
volitional capacity and accept a mitigating circumstance. The paper discusses the
soundness of these decisions in light of clinical psychology and presents proposals
for addressing pedophilia in the expert and jurisprudential field in a way that is
consistent with a preventive approach and does not promote stigma.
Zusammenfassung
-
Pädophilie bezeichnet die sexuelle Anziehung zu vorpubertären Kindern. Auch
wenn sie weder mit Päderastie gleichzusetzen ist noch notwendigerweise die
Begehung von Sexualdelikten impliziert, werden beide Begriffe im allgemeinen
Sprachgebrauch häufig miteinander verwechselt. Ihre klinische Einordnung ist
umstritten – sie kann als paraphile Störung, Chronophilie oder atypisches
127
sexuelles Interesse interpretiert werden –, doch gewinnt ihre Diagnose besondere
Bedeutung bei der strafrechtlichen Beurteilung der Schuldfähigkeit von Personen,
die Sexualdelikte an Minderjährigen begangen haben. In solchen Fällen wird sie
oftmals als Argument für eine eingeschränkte Einsichts- oder Steuerungsfähigkeit
herangezogen. Die vorliegende Studie analysiert 29 spanische Urteile, in denen
eine entsprechende Diagnose zur Anwendung eines Strafmilderungsgrundes oder
einer verminderten Schuldfähigkeit geführt hat. Es werden sowohl Fälle
untersucht, in denen Pädophilie zusammen mit einer weiteren Störung
diagnostiziert wurde, als auch solche, in denen sie isoliert auftritt. Im ersten Fall
kann eine kombinierte Störung, insbesondere wenn auch die intellektuelle
Fähigkeit betroffen ist, zur Annahme einer erheblich verminderten Schuldfähigkeit
führen. Im zweiten Fall erkennen einige Gerichte, obwohl sie eine erhaltene
kognitive Fähigkeit bejahen, eine Störung der Steuerungsfähigkeit an und
gewähren eine analoge Strafmilderung. Der Beitrag prüft die Tragfähigkeit dieser
Entscheidungen im Lichte der klinischen Psychologie und unterbreitet Vorschläge
für einen sachgerechten Umgang mit pädophilen Diagnosen im strafrechtlichen
und gutachterlichen Kontext – unter Berücksichtigung eines präventiven
Ansatzes, der zugleich eine Stigmatisierung vermeidet.
DOI: 10.31009/InDret.2025.i2.04
-
128
Índice
-
2.2025
Recepción 1. Introducción
30/09/2024 1.1. El concepto de anomalía o alteración psíquica en el CP español
- 1.2. Formas clínicas de entender la pedofilia
Aceptación a. La pedofilia como trastorno parafílico
14/02/2025
b. La pedofilia como cronofilia
-
c. La pedofilia como interés sexual atípico
1.3. Pedofilia y atenuación de la responsabilidad penal
2. Método
3. Resultados
4. Discusión
4.1. Relevancia de la perspectiva mixta biológico-psicológica del Código
Penal en la determinación de la pedofilia como posible causa de
inimputabilidad o imputabilidad parcial
4.2. La afectación a la imputabilidad de los sujetos que padecen pedofilia
adicional a otros trastornos y que han agredido sexualmente a
menores
4.3. La afectación a la imputabilidad de los sujetos exclusivamente con
pedofilia y que han agredido sexualmente a menores
4.4. Otros posibles trastornos que pueden afectar a la imputabilidad de
los sujetos que agreden sexualmente a menores
4.5. Afectación a la imputabilidad cuando los intereses pedófilos se
hallan circunscritos a una causa orgánica
4.6. La relevancia de la prueba pericial en la resolución sobre la
imputabilidad de sujetos con pedofilia que agreden sexualmente a
menores
a. Dificultades periciales en la evaluación del diagnóstico de la
pedofilia
b. Dificultades periciales en la valoración de la imputabilidad en
sujetos con pedofilia
4.7. Limitaciones del presente estudio
5. Conclusiones
6. Bibliografía
7. Anexos
7.1. Afectación a la imputabilidad cuando los intereses pedófilos se
hallan circunscritos a una causa orgánica
7.2. Variables empleadas en la codificación de las sentencias
7.3. Características penales relevantes respecto de la imputabilidad a la
luz de tres perspectivas clínicas de consideración de la pedofilia
129
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
1. Introducción*
La violencia sexual contra la infancia es una de las formas más graves de violencia hacia los
menores por las consecuencias que causa a la víctima, tanto a corto como a largo plazo1. El
estudio elaborado en 2021 por LORENTE ACOSTA para el Observatorio contra la Violencia
Doméstica y de Género concluye a este respecto que ocho de cada diez menores presentan
consecuencias psicológicas, en su mayoría graves, como resultado de la violencia sexual sufrida2.
La detección y prevención de este delito –ya de por sí complejas, dada su frecuente comisión en
el entorno familiar y su bajo índice de revelación por las dificultades emocionales y traumáticas
que entraña para el superviviente3– se ven, además, dificultadas por la existencia de varios mitos.
Uno de los más comunes es el de que los agresores padecen algún tipo de trastorno mental,
afirmación que la mayoría de las investigaciones desmiente4. Existe la falsa creencia de que los
agresores sexuales de menores son «perturbados mentales» o «enfermos psiquiátricos», cuando
lo cierto es que no hay un perfil común, sino que se trata de un grupo de personas muy
heterogéneo que no siempre han recibido un diagnóstico de trastorno psicológico5.
Aunque las investigaciones muestran que entre un tercio6 y la mitad7 de los agresores sexuales
de menores no son pedófilos, la asociación –o incluso la confusión– entre la pedofilia y la
pederastia constituye otro de esos mitos y uno particularmente difícil de combatir. Es cierto que
la existencia de un diagnóstico de pedofilia certero en un individuo que ha agredido sexualmente
se considera un factor de riesgo para una reincidencia futura8, pero esto no implica que todas las
personas con pedofilia hayan agredido sexualmente a un menor o que quienes hayan perpetrado
este delito tengan pedofilia. Ahora bien, la existencia en los últimos veinticinco años de varias
sentencias en las que los tribunales españoles han basado en la pedofilia del agresor sexual de
un menor una atenuación de su responsabilidad penal puede dar lugar a un cambio en la
interpretación de la coexistencia entre pedofilia y pederastia: en vez de ocultarse con el fin de
* Autor de contacto: Javier Gómez Lanz (jglanz@[Link]). Agradecemos las sugerencias y comentarios de
nuestro compañero, el Dr. Oscar Herrero Mejías, quien revisó versiones preliminares de este trabajo.
1
CABRERA MARTÍN, La victimización sexual de menores en el código penal español y en la política criminal internacional,
2019, pp. 23 ss.; SAVE THE CHILDREN, Los abusos sexuales hacia la infancia en España, 2021, pp. 2 ss.
2
LORENTE ACOSTA, Estudio médico-legal de las sentencias por delitos contra la libertad y la indemnidad sexual, 2021,
pp. 16 ss.
3
CABRERA MARTÍN, «Fenomenología de la victimización sexual infantil», en MEANA PEÓN/MARTÍNEZ GARCÍA (dirs.),
Dignididad y equidad amenazadas en la sociedad contemporánea, 2022, pp. 346 ss.
4
ECHEBURÚA/GUERRICAECHEVARRÍA, Abuso sexual en la infancia. Nuevas perspectivas clínicas y forenses, 2021, pp. 33
ss.; LÓPEZ SÁNCHEZ, Abusos sexuales a menores: lo que recuerdan de mayores, 1994, pp. 16 ss.; y SAVE THE CHILDREN,
Ojos que no quieren ver, 2017, pp. 11 ss.
5
CROMER/GOLDSMITH, «Socio-cultural issues and child sexual abuse: Child sexual abuse myths: Attitudes, beliefs,
and individual differences», Journal of Child Sexual Abuse, (19-6), 2010, pp. 618 ss.; LÓPEZ SÁNCHEZ, Abusos sexuales
a menores: lo que recuerdan de mayores, 1994, pp. 19 ss.; MARCO FRANCIA, El agresor sexual de menores: aspectos
penales y criminológicos, 2024, pp. 29 ss. y SAVE THE CHILDREN, Ojos que no quieren ver, 2017, pp. 11 ss.
6
EHER/RETTENBERGER/TURNER, «The prevalence of mental disorders in incarcerated contact sexual offenders», Acta
psychiatrica Scandinavica, (139-6), 2019, pp. 572 ss.
7
GERWINN et al., «Clinical characteristics associated with paedophilia and child sex offending - Differentiating
sexual preference from offence status», European Psychiatry, (51), 2018, pp. 74 ss.; SETO, «Pedophilia», Annual
Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.
8
HANSON/MORTON-BOURGON, «The characteristics of persistent sexual offenders: A meta-analysis of recidivism
studies», Journal of Consulting and Clinical Psychology, (73-6), 2005, pp. 1154 ss.
130
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
La pedofilia puede entenderse como la atracción sexual e intensa hacia niños prepúberes9 que
aparece como un trastorno descrito en los manuales de diagnóstico más empleados en psicología
y psiquiatría: el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, elaborado por
la Asociación Americana de Psiquiatría) y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE,
elaborado por la Organización Mundial de la Salud). La pederastia, en cambio, alude al acto
sexual que se comete contra un menor, conducta que se tipifica como delito en el Capítulo II del
Título VIII del Código Penal español (CP)10.
Es cierto que la pedofilia constituye un factor de riesgo para la pederastia o abuso sexual infantil11
y que existe relación entre la pedofilia, el abuso sexual de menores y el consumo de pornografía
infantil12, pero ello no significa que se trate de nociones equiparables13. La confusión entre estos
conceptos, usual tanto entre profesionales como en la población general, provoca la
estigmatización de las personas con pedofilia que no han cometido ningún delito y que se
comprometen a no llevarlo a cabo porque entienden las graves consecuencias que tendría
hacerlo: los denominados pedófilos virtuosos14.
9
SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL MISMO, «Is Pedophilia a Sexual
Orientation?», Archives of Sexual Behavior, (41-1), 2011, pp. 231 ss.; EL MISMO, «The Puzzle of Male Chronophilias»,
Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against children: theory,
assessment and intervention, 2ª ed., 2018, p. 9.
10
El texto del Código Penal español que se toma como referencia en este trabajo es el posterior a la reforma
operada por la Ley Orgánica 4/2023, de 16 de abril, al ser el vigente en el momento de la investigación. Esta
modificación no afecta a la eliminación de la diferenciación entre agresión y abuso sexual que fue incorporada
mediante la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, conforme a la cual todo acto de carácter sexual con un
menor de 16 años se caracteriza legalmente como agresión sexual.
11
Dada su supresión del CP, la expresión «abuso sexual» no se empleará a lo largo del trabajo en un sentido
técnico-legal. Para hacer referencia al tipo delictivo se empleará la expresión «agresión sexual».
12
El término «imágenes abusivas de menores» es propuesto por diversos autores como alternativa al concepto
penal de «pornografía infantil», para evitar su equiparación a la pornografía adulta. Se parte de la base de que en
la pornografía adulta los participantes son actores adultos y su distribución es lícita, mientras que en el caso de
menores son registros de una agresión sexual a menores, constitutiva de delito. En el resto del texto se empleará
la denominación «imágenes abusivas de menores» salvo cuando se haga referencia al tipo delictivo, caso en el que
se empleará la expresión «pornografía infantil», tal como aparece en el art. 189 del CP. Cfr. CABRERA MARTÍN, «La
pornografía infantil como especie de la pornografía en general», Cuadernos de política criminal, (121), 2017, pp.
203 ss.
13
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales: teoría, evaluación y tratamiento, 2018, p. 57.
14
WALKER, A Long, Dark Shadow. Minor-Attracted People and Their Pursuit of Dignity, 2021, pp. 3 ss.
15
JAHNKE, «Emotions and Cognitions Associated with the Stigma of Non-Offending Pedophilia: A Vignette
Experiment», Archives of Sexual Behavior, (47-2), 2018, pp. 363 ss.; LA MISMA, «The Stigma of Pedophilia: Clinical
and Forensic Implications», European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.; NIELSEN/AASKOV/LARSEN, «When
virtuous paedophiles meet online: A sociological study of a paedophile community», Sexualities, (25-5/6), 2022,
pp. 598 ss.; STEVENS/WOOD, «“I Despise Myself for Thinking about Them.” A Thematic Analysis of the Mental
Health Implications and Employed Coping Mechanisms of Self-Reported Non-Offending Minor Attracted
Persons», Journal of Child Sexual Abuse, (28-8), 2019, pp. 968 ss.
131
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Las personas que abusan de menores o que visualizan imágenes abusivas de menores conforman
un grupo heterogéneo con variedad de rasgos y motivaciones17. Así, puede haber agresores
sexuales de menores con y sin pedofilia, al igual que puede haber personas con pedofilia que
cometan o no pederastia18. El deseo de cometer actos sexuales con menores no implica
necesariamente el paso a la acción19, al igual que puede haber actos pederastas debidos a factores
distintos de la pedofilia20 como la frustración sexual con personas adultas, la hipersexualidad, el
oportunismo, la desinhibición como resultado del consumo de sustancias, la baja autoestima o
los sentimientos de soledad21. Del mismo modo, puede haber personas con pedofilia que usen
imágenes abusivas de menores, pero también personas que no padecen pedofilia y acceden a
estos materiales22.
Los sujetos que realizan conductas sexuales que afectan a menores presentan, pues, una
diversidad que obliga a evitar generalizaciones. En particular, dada la relevancia que un
diagnóstico psicológico puede tener a la hora de dictar sentencia23, esa disparidad determina la
necesidad de examinar cuidadosamente si el autor de un delito contra la libertad sexual de un
menor lo ejecutó conservando intacta su capacidad intelectiva y volitiva. La publicación de las
sentencias a las que antes se ha hecho mención evidencia la posibilidad de que, tal como ocurre
con ciertos trastornos asociados a la conducta sexual24, los diagnósticos de pedofilia estén siendo
objeto de consideración a efectos de modular la responsabilidad penal del agresor en atención a
una supuesta perturbación de sus funciones psíquicas. Esto es, pese a que en el ámbito de la
psicología no existe consenso respecto a la definición de la pedofilia ni a su consideración o no
como trastorno25, se está equiparando la pedofilia con una anomalía psíquica susceptible de
atenuar la responsabilidad penal.
16
GÓMEZ-DURÁN et al., «Preventing child sexual abuse from the offenders’ side: Prevention Dunkelfeld Project»,
Revista Española de Medicina Legal y Forense, (45-2), 2019, pp. 83 s.; JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018,
pp. 144 ss.; WALKER, A Long, Dark Shadow, 2021, pp. 6 ss.
17
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 56 ss.
GERWINN et al., European Psychiatry, (51), 2018, pp. 74 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009,
18
pp. 391 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against children, 2018, p. 13.
19
JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.
20
GANNON, «A compositional explanatory theory of pedophilia», Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1
ss.; KRUEGER et al., «Proposals for Paraphilic Disorders in the International Classification of Diseases and Related
Health Problems, Eleventh Revision (ICD-11)», Archives of Sexual Behavior, (46-5), 2017, pp. 1529 ss.
21
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 61 ss.; KRUEGER et al., Archives of Sexual Behavior, (46-5), 2017, pp.
1529 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual
offending against children, 2018, pp. 92 ss.
22
HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, p. 61.
23
DE BLOCK/ADRIAENS, «Pathologizing Sexual Deviance: A History», Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276
ss.; MOSER, «When Is an Unusual Sexual Interest a Mental Disorder?», Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009,
pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, «El DSM-IV y las Parafilias: Un argumento para su retirada», Archivos
Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.
24
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-
3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS
MISMOS, «Conceptualization, History, and Future of the Paraphilias», Annual Review of Clinical Psychology, (16-1),
2020, pp. 81 ss.
25
GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.
132
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La primera de las causas de inimputabilidad que recoge el CP en el art. 20.1. está ligada a la
presencia, al tiempo de cometer la infracción penal, de cualquier anomalía o alteración psíquica
que impida la comprensión de la ilicitud del hecho o la actuación conforme a dicha comprensión.
Acude así el CP a un criterio mixto biológico-psicológico, pues no solo basta con la existencia de
una patología mental de base biológica, sino que ésta debe haber perturbado plenamente la
capacidad cognitiva y/o volitiva del sujeto en el momento de cometer el hecho28. Cuando esa
perturbación no reúne las características para poder ser calificada como plena, el CP determina
la atenuación de la responsabilidad penal del reo en atención a la intensidad de la perturbación:
la jurisprudencia reserva la eximente incompleta del art. 21.1 CP, en relación con el art. 20.1 CP
para las perturbaciones moderadas y la atenuante analógica del art. 21.7 CP en relación con los
arts. 21.1 CP y 20.1 CP para las perturbaciones leves29.
Estas son las vías a través de la que el diagnóstico de pedofilia puede cobrar relevancia en los
delitos contra la libertad sexual de los menores. Ahora bien, según lo indicado, será preciso poder
afirmar su naturaleza de «anomalía psíquica» o «alteración psíquica» y verificar adicionalmente
que, al momento de ejecutar la acción, perturbaba la capacidad intelectiva y/o volitiva del sujeto.
Por tanto, el núcleo de este trabajo consiste, como se ha anticipado, en el examen de las
sentencias españolas que han erigido una decisión de atenuación de la responsabilidad penal
sobre un diagnóstico de pedofilia, a fin de evaluar los argumentos aducidos a partir de la
investigación psicológica contemporánea sobre esta cuestión. Para ello, resulta pertinente de
26
CASANUEVA SANZ, «Los trastornos mentales y sus efectos en la responsabilidad penal. El juego patológico», en
GIL NOBAJAS/GÓMEZ LANZ (dirs.), El sistema penal y los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, 2023, p.
63; MARTÍNEZ GARAY, La imputabilidad penal, 2005, pp. 301 ss.; SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, p.
193; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp. 193 ss.
27
CASANUEVA SANZ, en GIL NOBAJAS/GÓMEZ LANZ (dirs.), El sistema penal y los objetivos de desarrollo sostenible de la
Agenda 2030, 2023, pp. 64 ss.; MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 581; MUÑOZ CONDE, Derecho
Penal. Parte General, 11ª ed., 2022, p. 336; ORTS BERENGUER/GONZÁLEZ CUSSAC, Compendio de Derecho Penal. Parte
General, 10ª ed., 2023, p. 350; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp. 177
ss. MARTÍNEZ GARAY, La imputabilidad penal, 2005, pp. 55 ss. describe en estos términos el concepto legal de
imputabilidad, si bien postula (op. cit., p. 365) una noción diversa fundada en la noción de exigibilidad de conducta
adecuada a Derecho y no en la de capacidad.
28
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, pp. 587 ss.; MUÑOZ CONDE, Derecho Penal. Parte General,
11ª ed., 2022, p. 341; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, p. 178; ZUGALDÍA
ESPINAR, «La culpabilidad», en MORENO-TORRES HERRERA (dir.), Lecciones de Derecho penal. Parte General, 6ª ed.,
2022, p. 194.
29
OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte General: Elementos básicos de teoría del delito, 3ª ed., 2023,
p. 144.
133
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Cuando la patología tiene carácter permanente (o, cuando menos, perdurable), estos dos son los
únicos requisitos que deben satisfacerse para su apreciación. El CP, no obstante, reconoce
también –mediante la figura del trastorno mental transitorio (TMT)– efectos a las alteraciones
que afectan de igual forma a la capacidad cognitiva y volitiva, pero son de carácter temporal30.
Lo que caracteriza al TMT es su fugacidad, la alteración de la capacidad por tiempo limitado y sin
dejar secuelas tras su cese. Aunque el requisito relativo a la intensidad de la perturbación no
difiere del demandado para la anomalía permanente, la doctrina y la jurisprudencia han
amortiguado la exigencia de la naturaleza biológica de la causa del TMT y admiten orígenes tanto
en causas externas -estar atravesando una situación personal especialmente difícil31- como
internas –«la exacerbación repentina de una enfermedad mental subyacente»32–. Sin embargo,
tanto esta amplitud de posibles causas que originan el TMT como el carácter transitorio del
trastorno determinan que en esta eximente se aplique una versión de la doctrina de las actiones
liberæ in causa a fin de evitar que se ampare en ella un sujeto que provoca voluntariamente la
situación de TMT en la que comete una acción típica. De este modo, no se atribuyen efectos
jurídicos al TMT cuando el sujeto provoca este último para cometer el delito, tampoco cuando,
sin buscarlo a propósito, prevé anteriormente que en ese estado podría llegar a cometerlo ni
cuando, sin provocar el TMT para cometer el delito ni prever con anterioridad la comisión de
éste, tenía el deber de prever que en tal estado podía llegar a cometerlo33.
30
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, pp. 601 ss.; DE VICENTE MARTÍNEZ, Vademécum de Derecho
Penal, 6ª ed., 2021, pp. 360-361; ZUGALDÍA ESPINAR, en MORENO-TORRES HERRERA (dir.), Lecciones de Derecho penal,
6ª ed., 2022, p. 199.
31
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 604.
32
DE VICENTE MARTÍNEZ, Vademécum de Derecho Penal, 6ª ed., 2021, p. 383.
33
OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte General, 3ª ed., 2023, pp. 146 ss.
134
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
DUJO LÓPEZ/HORCAJO GIL, «La psicopatía en la actualidad: abordaje clínico-legal y repercusiones forenses en el
34
ámbito penal», Psicopatología Clínica, Legal y Forense, (17-1), 2017, pp. 77 ss.
35
DUJO LÓPEZ/HORCAJO GIL, Psicopatología Clínica, Legal y Forense, (17-1), 2017, pp. 77 ss.; GÓMEZ LANZ/HALTY
BARRUTIETA, «Impacto del avance de las neurociencias en la imputabilidad jurídico-penal del sujeto psicópata»,
Derecho y Salud, (26 extraord.), 2016, p. 88; MELO REGHELIN et al., Psicopatías e imputabilidad. Un análisis sobre la
peligrosidad criminal y los delitos sexuales, 2016, pp. 79 ss.; POZUECO ROMERO et al., «Psicopatía, violencia y
criminalidad: un análisis psicológico-forense, psiquiátrico-legal y criminológico (Parte II)», Cuadernos de
Medicina Forense, (17-4), 2011, pp. 175 ss.; REQUEJO CONDE, «Tratamiento de la psicopatía en la jurisprudencia
penal española. El camino hacia un nuevo enfoque de la imputabilidad penal», Revista General de Derecho Penal,
(27), 2017, pp. 25 ss.; SÁNCHEZ GARRIDO, Delincuencia habitual, psicopatía y responsabilidad penal, 2019, pp. 144 ss.
y SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, pp. 265 ss.
36
GÓMEZ LANZ/HALTY BARRUTIETA, Derecho y Salud, (26 extr.), 2016, p. 86; MELO REGHELIN et al., Psicopatías e
imputabilidad, 2016, pp. 85 ss.; POZUECO ROMERO et al., Cuadernos de Medicina Forense, (17-4), 2011, pp. 175 ss.; y
SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, p. 363.
37
LORENZO GARCÍA/AGUSTINA, «Sobre el confuso concepto de psicopatía en la jurisprudencia del Tribunal Supremo
español: una revisión crítica ante los nuevos retos del Derecho penal de la peligrosidad», Política Criminal, (11-
21), 2016, p. 71; LORENZO GARCÍA et al., «Trastornos de la personalidad en la jurisprudencia española», Revista
Espanola de Medicina Legal, (42-2), 2016, pp. 62 ss; REQUEJO CONDE, Revista General de Derecho Penal, (27), 2017,
p. 3., y SÁNCHEZ VILANOVA, Neuroimputabilidad, 2019, pp. 363 ss.
135
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Es por tanto prioritario conocerlas con carácter previo a cualquier análisis de las sentencias en
las que este diagnóstico se ha esgrimido como factor de alteración de la imputabilidad del sujeto.
El DSM-5 distingue entre parafilia y trastorno parafílico. En concreto, define las parafilias como
«cualquier interés sexual intenso y persistente distinto del interés sexual por la estimulación
genital o las caricias preliminares dentro de relaciones humanas consentidas y con parejas
físicamente maduras y fenotípicamente normales»39. De esta definición se deduce que la
pedofilia no es una parafilia en tanto que el sujeto menor de edad no puede prestar
consentimiento veraz en la relación con un adulto debido a su inmadurez y que su físico tampoco
ha alcanzado un estadio de desarrollo adulto.
Si bien el DMS-5 admite que las parafilias son frecuentes, especifica que deben considerarse
como trastornos parafílicos cuando causan «malestar al sujeto que las padece» o implican un
«perjuicio personal o riesgo de daño a terceros»40. Por tanto, el DSM-5 admite que las parafilias
en sí mismas no son patológicas, sino simples intereses sexuales alejados de lo común, y que
estas dos condiciones, a saber, el malestar personal y el perjuicio o riesgo a terceros, son
necesarias, aunque no suficientes, como se verá a continuación, para empezar a plantear un
diagnóstico de trastorno parafílico41.
En el caso que nos ocupa, dado que la atracción sexual hacia menores, en caso de materializarse
en actos, dañaría a terceros, se podría hablar de la posibilidad de que la pedofilia se considerara
un trastorno parafílico cuando se asocia a la comisión del acto típico. No obstante, cabe destacar
38
En la medida en que se trata de la concepción recogida en los principales manuales de diagnóstico, su recepción
en el ámbito jurídico-penal es prevalente; a tal efecto, vid., por todos, la reciente contribución de MARCO FRANCIA,
El agresor sexual de menores: aspectos penales y criminológicos, 2024, pp. 91 ss.
39
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
40
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
41
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685; LA MISMA, Paraphilic Disorders, 2013 [Disponible en: [Link]
Library/Psychiatrists/Practice/DSM/APA_DSM-[Link]]; DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex
Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.
136
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Ahora bien, continuando con el manual oficial más empleado, dentro del apartado de trastornos
parafílicos, el DSM-5 diferencia entre aquellos basados en preferencias de actividad anómalas y
los basados en preferencias de objetivo anómalas. Los primeros se subdividen a su vez en
trastornos del cortejo (esto es, trastorno de voyeurismo, de exhibicionismo y de frotteurismo) y
trastornos algolágnicos (esto es, aquellos que implican dolor y sufrimiento, como el trastorno de
masoquismo sexual y el de sadismo sexual). Por su parte, los trastornos de preferencias de
objetivo anómalas incluirían el trastorno de pedofilia (orientado a otras personas) y el de
fetichismo y travestismo (orientado a otros elementos, generalmente inanimados)42.
En el caso concreto de la pedofilia, al igual que el DSM-5 distingue entre parafilias y trastornos
parafílicos, también distingue entre pedofilia y trastorno de pedofilia (F65.4). Los criterios
diagnósticos de este último han sufrido múltiples variaciones a lo largo del tiempo43, pero la
versión actual entiende que es necesario que «la persona haya sentido, durante al menos seis
meses, una excitación sexual intensa y recurrente hacia menores, manifestada en forma de
fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que han sido puestos en acción o que
causan grave malestar»44. En esta definición, la conjunción disyuntiva final es determinante para
el diagnóstico y su valoración en el ejercicio forense, dado que estaría dando cabida tanto a
sujetos que no han cometido una acción típica contra la libertad sexual de un menor y vivencian
su atracción sexual hacia ellos de manera individual (por ejemplo, a través de fantasías o
masturbación) como a sujetos que se sienten atraídos por menores y además cometen la acción
típica, agrediendo sexualmente a un menor.
Por su parte, el manual de referencia europeo, la CIE-11, incluye el trastorno de pedofilia (6D32)
dentro del apartado de trastornos parafílicos, integrando a su vez a todos ellos en el capítulo
dedicado a los trastornos mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo. La CIE-11
proporciona una definición de este trastorno similar a la del DSM-5: «patrón sostenido,
focalizado e intenso de excitación sexual, que se manifiesta con pensamientos, fantasías, deseos
intensos o conductas sexuales persistentes que involucran a niños o niñas prepúberes»45.
Nuevamente, la conjunción disyuntiva final permite incluir tanto a individuos que han realizado
la acción típica como a individuos que no han exteriorizado su deseo interno. En la Tabla 1 puede
verse una comparativa de los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia según ambos
manuales.
42
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
43
MALÓN, «Pedophilia: A Diagnosis in Search of a Disorder», Archives of Sexual Behavior, (41-5), 2012, pp. 1083 ss.
44
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
45
ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, Clasificación Internacional de Enfermedades, 11ª ed., 2023, p. 615.
137
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Tabla 1
Comparativa de los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia según el DSM-5 y la CIE-11
DSM-5 CIE-11
Paso a la acción Sí Sí
Malestar Sí Sí
Problemas
Sí No especificado
interpersonales
Como puede verse, la confusión ampliamente extendida entre los términos «pedofilia» y
«pederastia» puede en parte explicarse por la inclusión del «paso a la acción» en las definiciones
oficiales de los manuales como posible criterio diagnóstico del trastorno de pedofilia46. No es el
único elemento controvertido de la definición; el DSM-5 expone que el diagnóstico de trastorno
de pedofilia debe aplicarse tanto a aquellos individuos que se reconocen con pedofilia como a
quienes lo niegan a pesar de haber argumentos evidentes que demuestren que la padecen47. Así,
el trastorno podría diagnosticarse tanto a personas de las que se sabe que se han acercado a niños
con intenciones sexuales, pero arguyen que fueron encuentros no intencionados ni sexuales o
niegan tener deseos o fantasías con menores, como a quienes reconocen haber tenido esos
encuentros, pero rechazan tener un interés sexual hacia ellos48. La inclusión de este
autorreconocimiento como criterio diagnóstico habilitaría la posibilidad de admisiones falaces
46
Cfr., críticamente, BERLIN, «Pedophilia and DSM-5: The Importance of Clearly Defining the Nature of a
Pedophilic Disorder», Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.
47
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
48
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
138
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Los autores que rechazan la importancia atribuida al paso a la acción en la definición del
trastorno de pedofilia consideran que la formulación de un diagnóstico con un fin clínico debe,
ante todo, evaluar la necesidad para el individuo de recibir tratamiento, independientemente de
si ha ejecutado o no la conducta (lo que es, indudablemente, relevante en el contexto procesal
penal).
Tal vez una forma de conciliar ambas posturas y de afrontar el examen de la imputabilidad de
quienes reciben un diagnóstico de trastorno de pedofilia exija atender prioritariamente a la
motivación del acto. Como se ha indicado, no todo acto pederasta está motivado por intereses
pedófilos ni todo deseo de cometer actos sexuales con menores implica pasar a la acción55, por lo
que el estudio de la motivación del acto deviene un factor de análisis fundamental. En el caso de
los sujetos que pasan a la acción, identificar la motivación con la que han actuado es crucial, ya
no sólo en aras del fin clínico, que permitiría diferenciar entre agresores pedófilos y no pedófilos,
teniendo cada uno de ellos necesidades terapéuticas distintas56, sino también del fin penal, pues
tal motivación podría incidir en la modulación de la responsabilidad penal (en particular, en el
contexto de un Derecho penal en el que parece haberse otorgado carta de naturaleza a la
49
BEECH et al., «Paraphilias in the DSM-5», Annual Review of Clinical Psychology, (12), 2016, pp. 383 ss.
50
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.; KRUEGER et
al., Archives of Sexual Behavior, (46-5), 2017, pp. 1529 ss.
51
BEECH et al., Annual Review of Clinical Psychology, (12), 2016, pp. 383 ss.; BERLIN, Journal of the American Academy
of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.; GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp.
1 ss.
52
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.
53
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 698.
54
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.; HERRERO
MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 61 ss. Por ejemplo, podrían existir individuos con hipersexualidad que, en su
búsqueda incesante de nuevo material con el que alcanzar la excitación sexual, como les sucede a quienes han
desarrollado tolerancia hacia una sustancia adictiva, acabasen consumiendo material abusivo infantil sin por ello
sentir una atracción sexual o deseos mantenidos hacia los menores.
55
GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.; GERWINN et al., European Psychiatry, (51), 2018,
pp. 74 ss.; HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales: teoría, evaluación y tratamiento, 2018, p. 56; JAHNKE, European
Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL MISMO,
Pedophilia and sexual offending against children: theory, assessment and intervention, 2ª ed., 2018, p. 13.
56
RIBERAS-GUTIÉRREZ et al., «Necesidades de intervención en prisión con internos con pedofilia», Papeles del
Psicólogo, (45-1), 2024, pp. 11 ss.
139
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Respecto al origen y curso de la atracción sexual hacia menores, el DSM-5 señala que el trastorno
de pedofilia se desarrolla en la pubertad y es de por vida, aunque su curso pueda variar,
aumentando o disminuyendo con la edad. Esta concepción de la atracción llevó al DSM-5 a
considerar que, si no existe malestar subjetivo, limitaciones funcionales y el sujeto nunca ha
pasado a la acción, no se hablaría de un trastorno sino de «una orientación sexual de pedofilia»60.
Considerar la pedofilia como una orientación sexual generó gran controversia social, por lo que
la Asociación Americana de Psiquiatría, a través de una nota de prensa61, aclaró que se trataba de
un error y que el término sería sustituido por el de «interés sexual», al igual que apoyó condenar
penalmente a las personas que agreden sexualmente a menores y desarrollar tratamientos para
el trastorno de pedofilia como forma de prevención. Este último cambio, en realidad, puede haber
contribuido a generar más confusión, pues la orientación y el interés sexual son conceptos
distintos. En el ámbito clínico, el interés sexual se refiere a aquello que la persona quiere hacer,
lo lleve a cabo o no, implicando una activación sexual en el individuo62. Se entiende que es algo
57
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 685.
58
GANNON, Aggression and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.
59
TANNER, Fetus into Man: Physical Growth from Conception to Maturity, 2ª ed., 1990, pp. 58 ss.
60
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 698.
61
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, APA Statement on DSM-5 Text Error Oct. 31, 2013 [Disponible en
[Link] [Link]].
62
MOSER, «Defining Sexual Orientation», Archives of Sexual Behavior, (45-3), 2016, pp. 505 ss.; SCHIPPERS et al.,
«Pedophilia is associated with lower sexual interest in adults: Meta-analyses and a systematic review with men
who had sexually offended against children», Aggression and Violent Behavior, (69-1), 2023, pp. 1 ss.
140
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
aprendido y, por tanto, flexible y susceptible de cambio63, como sucede por ejemplo con
determinadas fantasías sexuales, por lo que considerar la pedofilia como un interés sexual
supondría la presencia de cualquier respuesta sexual absoluta hacia un estímulo relacionado con
menores64 y con posibilidad de ser cambiada o modificada. La orientación sexual, en cambio, es
una atracción erótica más intensa y arraigada hacia cierto tipo de personas (en el caso de la
pedofilia, menores de edad), inmutable y duradera, que se establece antes de la edad adulta y que
no puede ser modificada después. Ello explica que diversos autores hayan retomado
recientemente la idea de conceptuar la pedofilia como una orientación sexual acuñando un
nuevo término: «cronofilia». Esta es la concepción clínica que se expone a continuación.
Para SETO, la orientación sexual es «una tendencia estable a orientarse preferentemente -en
términos de atención, interés, atracción y excitación genital- a clases particulares de estímulos
sexuales»65. Es inmutable y duradera y se establece antes de la edad adulta, durante la pubertad66.
Además, al hablar de «clases particulares de estímulos sexuales», SETO entiende que la
orientación sexual puede dirigirse hacia diferentes dimensiones en las que cada individuo tendrá
una preferencia concreta67. Así, la dimensión más conocida es la de sexo (que atiende a si la
predilección se dirige hacia personas del propio sexo, de otro diferente, de ambos o de ninguno),
pero se incluirían otras en las que cada sujeto albergaría una o varias preferencias, tales como
vivo-no vivo (ej., personas u objetos fetichistas), especie humana o no humana (ej., zoofilia), yo-
otros (ej., intereses sexuales dirigidos hacia dentro con un yo imaginado o hacia fuera con otras
personas) o actividades (ej., exhibicionismo, voyeurismo o frotteurismo). La edad sería otra de
estas dimensiones, dando lugar a diferentes términos según el nivel de desarrollo físico por el
que sintiera atracción la persona (pedofilia, gerontofilia, etc.)68.
Ahora bien, dado que el nivel de desarrollo físico y madurativo depende en gran medida de la
edad de la persona y los desarrollos y edades varían a lo largo de la vida, para hablar de esta
dimensión MONEY acuñó un término general, «cronofilia» (del griego, khrónos, tiempo, y philía,
amor)69, que agruparía a otros términos particulares, cada uno de los cuales haría referencia a la
atracción hacia tramos particulares de edad y desarrollo madurativo de los caracteres sexuales
primarios y secundarios visibles, según la escala de maduración sexual de TANNER (1990):
nepiofilia (sujetos entre 0 y 3 años, Tanner I), pedofilia (sujetos entre 3 y 9 años, Tanner II),
hebefilia (sujetos prepúberes, entre 10 y 14 años, Tanner III), efebofilia (sujetos púberes, entre
14 y 17 años, Tanner IV), teleiofilia (sujetos de entre 18 y 30 años, Tanner V), mesofilia (sujetos
63
IMHOFF et al., «Toward a Theoretical Understanding of Sexual Orientation and Sexual Motivation», Archives of
Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 29 ss.; SCHMIDT/IMHOFF, «Towards a Theory of Chronophilic Sexual Orientation
in Heterosexual Men», en CRAIG (ed.), Sexual Deviance: Understanding and managing deviant sexual interest and
paraphilic disorders, 2021, pp. 41 ss.
64
SCHIPPERS et al., Aggression and Violent Behavior, (69-1), 2023, pp. 1 ss.
65
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, p. 3.
66
IMHOFF et al., Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 29 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (45-3),
2016, pp. 505 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.;
SCHMIDT/IMHOFF, en CRAIG (ed.), Sexual Deviance, 2021, pp. 41 ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (41-1), 2011,
pp. 231 ss.; EL MISMO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
67
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
68
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
69
MONEY, Lovemaps: Clinical concepts of sexual/erotic health and pathology, paraphilia, and gender transposition of
childhood, adolescence, and maturity, 1986, pp. 70 ss.
141
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
entre 30 y 60 años, Tanner V) y gerontofilia (sujetos a partir de 60 años, Tanner V)70. De acuerdo
con esta perspectiva, por tanto, el término «pedofilia» no alude al interés sexual general hacia
cualquier menor de edad independientemente de su desarrollo madurativo o de su edad, sino
sólo a uno de los cuatro tipos de cronofilia que hacen referencia a menores de edad71. El origen
de que las cronofilias hacia los menores de edad reciban varios nombres se debe a que el
desarrollo madurativo durante la infancia y adolescencia sufre varios hitos particulares (ej.,
menarquia, cambios de voz). Además, a nivel subjetivo, los sujetos que se identifican con alguna
de esas cronofilias son capaces de identificar muy bien el estadio concreto por el que se sienten
atraídos, de manera que, si el menor evoluciona de tramo de edad, el sujeto dejaría de sentir la
misma atracción por ellos, ya que el objeto de su atracción son las características asociadas a ese
tramo concreto de edad y desarrollo y ya habrían desaparecido. Y esto, a nivel clínico y
criminológico, es de alto interés detallarlo para poder efectuar los planes preventivos necesarios.
Por otra parte, al igual que sucedía con la conceptualización anterior, también se considera que
estas cronofilias pueden ser exclusivas, si la persona solo siente atracción sexual hacia un estadio
de desarrollo concreto, o no exclusivas, si siente atracción sexual hacia varias y alguno de esos
tramos involucra a adultos72. Por tanto, puede haber personas con pedofilia exclusiva o con
pedofilia no exclusiva73.
Desde esta perspectiva clínica, se entiende que la pedofilia es una atracción sexual estable, que
se desarrolla en la pubertad74 y para la que no cabe plantear una modificación en el estadio de
deseo75: ni siquiera las intervenciones farmacológicas o de castración química han dado
resultados consistentes, pues pese a la anulación de la respuesta fisiológica sexual, el sujeto
puede continuar albergando deseos románticos, no exclusivamente eróticos, hacia los menores
y, en su caso, podría concebir formas de contacto sexual que no implicasen la penetración, tales
como la masturbación al menor o el sexo oral76.
Así, toda vez que la atracción no se considera modificable, pero sí lo es la conducta sexual, los
tratamientos disponibles se centran en enseñar al individuo a convivir y manejar su atracción
sexual comprometiéndose a no llevar a cabo agresiones sexuales contra menores77. Esta forma
70
SETO, Archives of Sexual Behavior, (41-1), 2011, pp. 231 ss.; EL MISMO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017,
pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against children, 2018, pp. 17 ss.
71
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 11.
72
SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 9.
73
BLANCHARD et al., «Pedophilia, hebephilia, and the DSM-V», Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 335
ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 9.
74
GRUNDMANN et al., «Stability of Self-Reported Arousal to Sexual Fantasies Involving Children in a Clinical
Sample of Pedophiles and Hebephiles», Archives of Sexual Behavior, (45-5), 2016, pp. 1153 ss.; KONRAD et al.,
«Therapeutic Options», en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 27
ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.; EL MISMO, Pedophilia and sexual offending against
children, 2018, p. 15.
75
KONRAD et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 27 ss.;
MOSER, «DSM‑5, Paraphilias, and the Paraphilic Disorders: Confusion Reigns», Archives of Sexual Behavior, (48-3),
2019, pp. 681 ss.; SETO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
76
SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.
77
BEIER et al., «The Berlin Prevention Project Dunkelfeld (PPD)», en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual
Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.; SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.; EL
MISMO, Archives of Sexual Behavior, (46-1), 2017, pp. 3 ss.
142
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
de tratamiento se ilustra particularmente bien con el lema del Proyecto alemán Dunkelfeld,
paradigma de la terapia con personas atraídas sexualmente hacia menores: «Nadie es culpable
de lo que siente, pero sí es responsable de lo que hace». Ahora bien, para que el tratamiento de
compromiso conductual hacia la no-agresión funcione, la motivación del sujeto juega un papel
muy importante78. Por esto mismo, se apuesta por el ofrecimiento en el nivel clínico de espacios
que permitan a las personas con cronofilias dirigidas a menores de edad que necesiten hablar de
su atracción y reducir su malestar, dotándolas de herramientas que les permitan no pasar a la
acción y abstenerse de cometer el delito79. De hecho, hay autores que señalan que el malestar que
experimentan muchas personas con pedofilia les hace particularmente proclives a buscar
tratamiento, aunque popularmente se piense lo contrario80 y sea difícil encontrar un tratamiento
especializado y un terapeuta que no juzgue negativamente al sujeto o experimente sensaciones
desagradables hacia él81.
De esta forma, los autores que postulan esta concepción de la pedofilia entienden que el
tratamiento más eficaz es el preventivo, evitando promover el estigma y señalamiento de los
sujetos con estos intereses82. Proponen, en consecuencia, abrir un espacio al que puedan dirigirse
los sujetos con pedofilia que lo precisen a fin de dotarles de herramientas para comprender y
gestionar su situación, reducir su malestar y, en su caso, evitar la agresión sexual como respuesta:
es el caso de proyectos que se han puesto en marcha en Alemania (el mencionado Prevention
Project Dunkelfeld), Reino Unido (Stop It Now!), República Checa (Projekt Parafilik), Francia
(PedoHelp), Estados Unidos (Help Wanted Prevention Project), Bélgica (I.T.E.R. Center for
Prevention and Treatment) y Canadá (Talking for Change).
Un paso más allá da un conjunto de autores que considera que la pedofilia no es un trastorno,
pero tampoco una cronofilia, sino un simple interés sexual atípico que no debería incluirse en
los manuales diagnósticos. Es la última de las conceptualizaciones alternativas de la pedofilia en
el ámbito clínico y a ella se dedica el siguiente epígrafe.
Por último, hay autores que consideran que la conceptualización de las parafilias es confusa
porque no cumple la definición de trastorno mental que sugiere el DSM83. El DSM-5 define el
trastorno mental, cualquiera que este sea, como «un síndrome caracterizado por una alteración
clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento del
individuo que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que
78
SETO, Annual Review of Clinical Psychology, (5-1), 2009, pp. 391 ss.
79
BEIER et al., «Encouraging self-identified pedophiles and hebephiles to seek professional help: First results of
the Prevention Project Dunkelfeld (PPD)», Child Abuse and Neglect, (33-8), 2009, pp. 545 ss.; GANNON, Aggression
and Violent Behavior, (61), 2021, pp. 1 ss.; JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.
80
BEIER et al., Child Abuse and Neglect, (33-8), 2009, pp. 545 ss.; BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia
and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.
81
JAHNKE, Archives of Sexual Behavior, (47-2), 2018, pp. 363 ss.; LA MISMA, European Psychologist, (23-2), 2018, pp.
144 ss.; STEVENS/WOOD, Journal of Child Sexual Abuse, (28-8), 2019, pp. 968 ss. Cfr. en detalle, BUENO GUERRA, «La
exclusión social de las personas con pedofilia y de quienes cometen delitos sexuales contra menores», en BENITO
SÁNCHEZ/GÓMEZ LANZ (dirs.), Sistema penal y exclusión social, 2020, pp. 297 ss.
82
LASHER/STINSON, «Adults with Pedophilic Interests in the United States: Current Practices and Suggestions for
Future Policy and Research», Archives of Sexual Behavior, (46-3), 2017, pp. 659 ss.
83
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (48-3), 2019, pp. 681 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Annual Review of Clinical
Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
143
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
84
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 20.
85
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, 5ª
ed., 2014, p. 20.
86
ASOCIACIÓN AMERICANA DE PSIQUIATRÍA, Paraphilic Disorders, 2013; DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research,
(50-3/4), 2013, pp. 276 ss.
87
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de
Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
88
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-
3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS
MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
89
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos
Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1),
2020, pp. 81 ss.
90
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.
91
DE BLOCK/ADRIAENS, Journal of Sex Research, (50-3/4), 2013, pp. 276 ss.; GIAMI, «Between DSM and ICD:
Paraphilias and the Transformation of Sexual Norms», Archives of Sexual Behavior, (44-5), 2015, pp. 1127 ss.;
144
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Además, critican el énfasis que el DSM pone en las conductas sexuales específicas de cada
parafilia para diagnosticar el trastorno92. MOSER insiste en que el debate actualmente se centra
sobre todo en la edad de las personas que atraen al individuo, dado que, siendo menores de edad,
pasar a la acción supondría automáticamente la calificación de la conducta como delito93. Sin
embargo, el autor señala que ni pasar a la acción ni cometer un delito indican necesariamente
sufrir una patología, como demuestra el hecho de que la mayoría de los condenados por la
comisión de un delito no son diagnosticados de ningún trastorno fundado en los delitos
concretos cometidos. Para MOSER, por tanto, la inclusión de la pedofilia en el manual de forma
asociada al paso a la acción entraña una patologización innecesaria de una conducta por el mero
hecho de su relevancia penal, por lo que debería procederse a su eliminación del mismo.
Esta incertidumbre científica sobre la caracterización de la pedofilia origina, como no puede ser
de otra manera, un alto grado de diversidad en la apreciación jurisprudencial de esta condición.
La conceptualización de la pedofilia como un trastorno, como una cronofilia o como un mero
interés sexual atípico entraña una valoración desigual de su repercusión sobre la capacidad
volitiva del sujeto, lo que, como se ha visto, determina una diferente consideración por parte del
Derecho penal.
Existen precedentes en otros países en los que la jurisprudencia ha asumido que la pedofilia
comporta también una dificultad en el autocontrol de los impulsos sexuales que perturba la
capacidad volitiva95; es el caso, por ejemplo, del notorio caso Kansas vs. Hendricks –521 U.S. 346
(1997)– en el que el Tribunal Supremo de los [Link]. admitió la posibilidad de someter a un
ciudadano a un internamiento civil involuntario en atención a que su pedofilia acreditaba su
peligrosidad, dado que actuaba movido por impulsos irresistibles que no le permitían controlar
sus conductas delictivas respecto a los menores.
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 323 ss.; MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de
Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.; LOS MISMOS, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss.
92
MOSER/KLEINPLATZ, Archivos Hispanoamericanos de Sexología, (12-2), 2006, pp. 217 ss.
93
MOSER, Archives of Sexual Behavior, (38-3), 2009, pp. 323 ss.
94
CORRECHER MIRA, «La aplicación de la atenuante de análoga significación en supuestos de imputabilidad
disminuida: ludopatía, piromanía y cleptomanía», Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, (22-7), 2020,
pp. 1 ss.; SÁNCHEZ VILANOVA, «Nuevas perspectivas en el tratamiento jurisprudencial de la cleptomanía», Revista
de Derecho Penal y Criminología, (22), 2019, pp. 159 ss.
95
BERLIN, Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law Online, (42-4), 2014, pp. 404 ss.
145
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
contra la libertad sexual de los menores puede ser el resultado de razonamientos de esta índole.
Ello es lo que justifica examinar de forma sistemática tales pronunciamientos a fin de discutir
posteriormente desde el punto de vista científico los argumentos subyacentes.
2. Método
La búsqueda de sentencias se llevó a cabo mediante las bases de datos de Aranzadi Instituciones
y Tirant on line. Dada la ausencia de repercusión en el objeto de estudio de las diversas reformas
sufridas por el Código Penal español en los últimos tiempos, no se consideró necesario acotar la
exploración a un marco temporal concreto. El objetivo fue recuperar sentencias en las que la
pedofilia fundamentase, por sí sola o juntamente con otros factores, la apreciación de una
circunstancia modificativa de la responsabilidad penal en cualquier delito contra la libertad
sexual de un menor. Este fue, en consecuencia, el único criterio de selección.
Descartando las sentencias repetidas entre ambas bases de datos y aquellas no relacionadas con
delitos sexuales contra menores, el resultado final fue de 163 (es decir, se identificaron 163
sentencias en las que se aduce pedofilia en el acusado). De estas, 35 aceptaron el diagnóstico de
pedofilia y asociaron al mismo una circunstancia modificativa de la responsabilidad penal. Dado
que 6 de ellas resolvían recursos presentados frente a otras sentencias recuperadas y se referían,
por tanto, al mismo caso, se decidió valorar en el estudio los argumentos de las sentencias
dictadas por el órgano superior. Aun así, las 35 sentencias fueron codificadas.
Para codificar las sentencias se crearon 43 variables cuantitativas y cualitativas, tomando como
referencia la revisión bibliográfica realizada y el contenido de las sentencias (ver Anexo III y el
96
Las seis sentencias que son recursos de otras se han identificado con el número asignado a la sentencia del
órgano jurisdiccional superior seguido del término «bis».
146
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Por último, el análisis descriptivo se realizó con el programa estadístico Jamovi, versión 2.3.26.
3. Resultados
En la mayoría de los procesos donde la defensa del reo aduce la pedofilia como atenuante o
eximente (78,5%, n=128), la pretensión se desestima, entendiendo el Tribunal que aquella no
afecta a las capacidades volitivas y cognitivas del sujeto. Sin embargo, en las sentencias en que
el diagnóstico de pedofilia sí determina una modificación de la responsabilidad penal (21,5%,
n=35), se observan variaciones en la decisión dependiendo de si se presenta o no acompañada de
otro factor. En todos los casos en que solo se diagnostica pedofilia (48,3%, n=14) se aplica una
atenuante por analogía (art. 21.7 CP). En algunos de los casos en los que hay al menos un
trastorno comórbido a la pedofilia (51,7 %, n=15), se aplica la eximente incompleta del art. 21.1
CP (ver Tabla 2). Aun así, estas diferencias no llegan a ser estadísticamente significativas (χ² (1)
= 3,12; p = 0,077). Por otro lado, solo en dos de los casos donde se condena al autor por otros
delitos se especifica que la circunstancia modificativa no se aplica a dichos delitos (a la
pertenencia a grupo criminal en la S26 y al delito contra la salud pública en la S29), pues se
entiende que la pedofilia no influyó sobre ellos, al ser ajenos al ámbito sexual.
Tabla 2
Circunstancia modificativa aplicada según si la pedofilia se acompaña o no de otros trastornos
Otros trastornos
Sí No
% (n) % (n)
Circunstancia modificativa
En las 29 sentencias analizadas todos los agresores con pedofilia son hombres, con una edad
media de 40,8 años (n=17; mín.=18, máx.=72, SD=17,1). Utilizando el nomen que el CP en vigor
asigna a la infracción penal, la mayoría son condenados por delitos de agresión sexual a menores
(65,5%, n=19), seguidos de delitos de pornografía infantil (48,3%, n=14), provocación sexual a
menores (6,9%, n=2), exhibicionismo (3,4%, n=1) y prostitución de menores (3,4 %, n=1).
97
Enlace para acceder a la codificación de las sentencias: [Link]
147
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Además, en el 21,1% de los casos de agresión sexual (n=4) hay constancia de que el sujeto era
usuario de imágenes abusivas de menores, pues es condenado también por delitos de pornografía
infantil, siendo estas diferencias estadísticamente significativas (χ² (1) = 16,4; p < 0,001).
En un 24,1% (n=7) de las sentencias se condena al autor por otro delito, que, no siendo contra la
libertad sexual, sí se relaciona con este. Así, en las S11 y S29 se condena también por un delito
contra la salud pública, pues en la primera de ellas el reo se ganó la confianza de uno de los
menores a los que agredió ofreciéndole marihuana a cambio de ir a su casa, y en la segunda el reo
contactó con dos mujeres con adicción a la heroína y la cocaína y les prometió cierta cantidad de
las sustancias a cambio de que le llevaran «una niña pequeña para desnudarla, pintarla y
fotografiarla». En esta última sentencia también se condena al sujeto por un delito de rapto del
art. 440 del CP de 1973, al igual que en la S17, donde se condena por cuatro delitos de detención
ilegal (el hombre, mayor de edad, actúa junto a su pareja, de 17 años, yendo en su vehículo a
buscar a niñas que mete en su coche y lleva a su casa para agredirlas).
Asimismo, en dos sentencias se condena por delitos contra la intimidad. En la S7, por conseguir
fotografías de menores desnudas o en ropa interior, al ser el reo segundo entrenador de un equipo
de fútbol femenino y delegado del club deportivo y conseguir las fotografías a través de una
jugadora del equipo, de 17 años, con la que mantenía una relación sentimental secreta, siendo él
17 años mayor. En la S24, por fotografiar y grabar a las menores de las que se encargaba de cuidar.
Por último, en la S19 se condena también por dos delitos de amenazas condicionales (el agresor
usa las redes sociales para contactar con niños menores, haciéndose pasar por una chica y a dos
de ellos les amenaza con difundir las imágenes y vídeos sexuales en caso de que dejen de enviarle
contenido de naturaleza sexual) y en la S26 por pertenencia a grupo criminal (el hombre
pertenecía a una estructura internacional que actuaba de manera virtual seleccionando «a su
gusto a unas determinadas niñas que, por sus características, les parecen idóneas para satisfacer
sus impulsos sexuales, con la finalidad de que las personas próximas a las menores, de acuerdo
con los primeros, de quienes reciben instrucciones, realicen reportajes fotográficos o
videográficos de las niñas en actitudes claramente sexuales»).
Sobre la comorbilidad con otros trastornos, un 51,7% (n=15) de los condenados presenta al
menos un trastorno adicional al de pedofilia. De estos, un 53,3% (n=8) padece solo un trastorno
añadido, mientras que el 46,7% (n=7) restante presenta más de uno. En concreto, los trastornos
más presentes son los de personalidad (en once casos: S6, S7, S8, S11, S14, S17, S19, S20, S25,
S28 y S29), seguidos de discapacidad intelectual (leve (F70) en los tres casos: S4, S6 y S13),
trastornos adaptativos (en tres casos: mixto (F43.23) en S4 y S21 y con estado de ánimo depresivo
(F43.21) en S7), otras parafilias (fetichismo (F65.0) en S7, voyeurismo (F65.3) en S27 y S29, donde
también se mencionan ciertas expresiones sadistas) y trastornos por consumo de sustancias
(consumo de cocaína (F14.10) en S27 y adicción a la cocaína (F14.20) y consumo de alcohol
abusivo (F10.10) en S29). Tan solo en la S8 se dio el caso de un trastorno orgánico junto con un
trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar (F25.0).
148
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Tabla 3). Aunque la S3 señala expresamente que el sujeto «no tenía afectadas sus capacidades
cognitivas y volitivas, sino solo mermadas sus barreras de contención o inhibición», en tanto que
decide atenuar su responsabilidad penal, parece asumir implícitamente que la capacidad volitiva
sí se hallaba, al menos, levemente perturbada.
Tabla 3
Efectos del diagnóstico exclusivo de pedofilia sobre la capacidad volitiva
Si la pedofilia se presenta comórbida a otros trastornos (n=15), hay casos en que se considera que
la capacidad cognitiva está afectada, ya sea sin especificar el grado o de forma leve. En concreto,
los trastornos que acompañan a la pedofilia en estos casos son discapacidad intelectual (S4 y
S13), trastornos adaptativos (mixto en S4 y depresivo en S7), de personalidad (trastorno de
personalidad en S7, antisocial (F60.2) en S17 y límite (F60.3) en S20) y orgánicos (deterioro
orgánico funcional cerebral que potencia la pedofilia, en S8, y que además va acompañado de un
trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar). La capacidad volitiva se considera afectada en todos
los casos, aunque usualmente sin especificar en qué grado. En la Tabla 4 se recoge el efecto de la
pedofilia comórbida a otros trastornos y su repercusión sobre la capacidad cognitiva y volitiva.
Tabla 4
Efectos del diagnóstico de pedofilia comórbido a otros trastornos sobre las capacidades
cognitivas y volitivas
Capacidad Capacidad
cognitiva volitiva
Conservada 60% (n = 9) 0% (n = 0)
149
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Respecto a las víctimas de delitos por agresor cuyo diagnóstico de pedofilia modifica su
responsabilidad penal, la mayoría son mujeres (65,5%, n=19), seguidas de varones (24,1%, n=7)
y de ambos sexos (10,3%, n=3). Ahora bien, tan solo en cinco de las sentencias se recoge hacia
qué sexo se dirigía la atracción por los menores, siendo en cuatro de ellas por el femenino (S5,
S23, S24 y S25) y en una por el masculino (S21). Del mismo modo, atendiendo a las sentencias en
las que se recoge el especificador de exclusividad100 (N=10) se obtiene que la mayoría (70%, n=7)
padece una pedofilia de tipo no exclusivo.
La mayoría de los sujetos (55,2%, n=16) son desconocidos para la víctima la primera vez que se
encuentran, seguido de aquellos que tienen relación de parentesco (13,8%, n=4), los conocidos
del menor (13,8%, n=4), amigos de familiares (10,3%, n=3), entrenadores deportivos (3,4%, n=1)
y vecinos (3,4%, n=1). En cuanto al parentesco, en la S6, la mujer del condenado y la madre de la
menor eran primas; en la S10, era tío de la menor; en la S14, se trataba del tío político (su mujer
era hermana de la madre de la niña); y en la S24, una de las víctimas era su prima. Además, en el
75% de los casos en los que el agresor es familiar de la víctima (n=4) el abuso es continuado en el
tiempo, siendo estas diferencias estadísticamente significativas (χ² (1) = 6,56; p = 0,01).
98
STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre (ECLI:ES:TS:1997:6341).
STS 478/2019, Penal, de 14 de octubre, (ECLI:ES:TS:2019:3397). Estas dos sentencias no se incluyeron en la
99
150
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Tabla 5
Resultados del análisis de sentencias
Uso del
Otros Tipo de Circunstancia Capacidad Capacidad
Sentencia concepto de
trastornos delito modificativa cognitiva volitiva
pedofilia
Pedofilia,
trastorno que se
traduce en una Abuso Atenuante por Afectación
S1 No Conservada
preferencia sexual analogía leve
sexual por los
niños
Afectación
Trastorno de la
Abuso Atenuante por sin
S2 personalidad de No Conservada
sexual analogía especificar
tipo paidofílico
grado
Abuso sexual Atenuante por
S3 Pedofilia No Conservada Conservada
continuado analogía
Capacidad
intelectual en
el límite de la
Peculiaridad de
normalidad, Abuso sexual
preferencia Afectación Afectación
trastorno y
sexual con Atenuante por sin sin
S4 adaptativo provocación
niños o analogía especificar especificar
mixto de sexual de
paidofilia, de grado grado
ansiedad y menores
tipo exclusivo
estado de
ánimo
depresivo
Alteración en su
inclinación
sexual (respecto
de los
parámetros
normalizados) o
parafilia en su
modalidad de Afectación
pedofilia, de Abuso sexual Atenuante por sin
S5 No Conservada
tipo continuado analogía especificar
heterosexual y grado
de carácter no
exclusivo, ya
que también
presenta
inclinaciones
sexuales
normalizadas
151
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
4. Discusión
Como se indicó al inicio, el objetivo de este trabajo es examinar las sentencias españolas que han
fundado una decisión de atenuación de la responsabilidad penal sobre un diagnóstico de
pedofilia, a fin de evaluar los argumentos aducidos a partir de la investigación psicológica
contemporánea sobre esta cuestión y proponer pautas para el tratamiento jurisprudencial del
diagnóstico.
A nivel general, se muestra que los condenados diagnosticados de pedofilia, ya haya un trastorno
concomitante o no, son hombres adultos, de mediana edad. La condena obedece a la comisión de
delitos de agresión sexual a menores o de pornografía infantil, encontrándose algunos casos
donde ambos concurren. Además, en caso de ser condenados por otros delitos no sexuales, estos
constituyen medios para procurar el atentado contra la libertad sexual de los menores (traficar
con drogas, amenazar, raptar o vulnerar la intimidad del menor). La mayoría de los sujetos
padecen pedofilia de tipo no exclusivo y con atracción por el sexo femenino y son desconocidos
para la víctima, aunque existe un número significativo de casos en los que el agresor pertenece a
su entorno, ya sea por ser un familiar, amigo de sus padres o un conocido.
Ahora bien, respecto de la imputabilidad, resulta relevante mencionar que en la mayoría de las
sentencias consultadas donde se adujo el diagnóstico de pedofilia en el acusado de un delito de
agresión sexual a menores (en 128 de 163 sentencias consultadas), esta entidad clínica por sí sola
no produjo una modificación de la responsabilidad penal. En las sentencias donde el diagnóstico
produjo una modificación de la responsabilidad penal (en 35 de 163 sentencias consultadas),
existen diferencias en función de si el diagnóstico de pedofilia va acompañado o no de otros
factores. En los casos en que solo se diagnostica pedofilia, sin ningún otro trastorno
concomitante, se aprecia la atenuante analógica del art. 21.7 CP (en relación con el art. 21.1 CP
y este, a su vez, con el art. 20.1 CP, que recoge la eximente de anomalía o alteración psíquica),
considerando que tal condición no afecta a la capacidad cognitiva pero sí a la volitiva, aunque no
se concreta en qué grado. En los casos en los que la pedofilia aparece junto a otros trastornos, las
sentencias optan bien por la citada atenuante analógica, bien por la eximente incompleta, pues
consideran que la capacidad cognitiva podría verse alterada, aunque sin especificar el grado,
cuando la pedofilia se acompaña de discapacidad intelectual, trastornos adaptativos, trastorno
de personalidad límite o antisocial y trastornos orgánicos cerebrales. No parece pues que en esos
casos la pedofilia sea considerada la principal causante de esa merma cognitiva, sino más bien el
trastorno adicional que se diagnostica en el sujeto.
Parece indudable que las sentencias que modulan la responsabilidad penal del sujeto en atención
a un diagnóstico de pedofilia asumen que esta constituye una anomalía o alteración psíquica y,
por tanto, satisface el presupuesto que exige el art. 20.1 CP (o, en su caso, los arts. 21.1 y 21.7 CP
en relación con éste). Aun cuando no constituyen la mayoría de las sentencias consultadas,
alcanzan un número lo suficiente relevante como para proceder a su identificación y a examinar
si el argumentario que presentan se compadece con la perspectiva mixta biológico-psicológica
que en la actualidad adopta el CP español101.
101
OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte General, 3ª ed., 2023, p. 143.
152
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
En segundo lugar, a nivel biológico, esta calificación como anomalía o alteración psíquica puede
afirmarse tanto en los casos de pedofilia del desarrollo (la más frecuente, que aparece a lo largo
de la vida de la persona, sin causa física orgánica concreta, aunque acompañada de cierto perfil
neuropsicológico diferente del de quienes no desarrollan intereses pedófilos) como en los casos
de pedofilia adquirida por daño cerebral (que aparece como consecuencia de un evento cerebral
concreto, como por ejemplo un tumor, que, aunque resulta muy poco frecuente, se suele resolver
si se puede solventar el evento cerebral). Si bien los tribunales no demandan de forma imperativa
la existencia de una anormalidad cerebral para afirmar la concurrencia de una anomalía o
alteración psíquica, lo cierto es que existen investigaciones que apuntan a su presencia en ambas
clases. En la del desarrollo, algunos estudios señalan que las personas con pedofilia parecen tener
menos materia blanca cerebral en los lóbulos temporal y parietal, bilateralmente102 y otras
alteraciones funcionales de las áreas frontal, temporal y límbica del cerebro103. En el caso de la
pedofilia adquirida por daños cerebrales, esta afectación resulta, como es obvio, más evidente104.
BURNS y SWERDLOW exponen, por ejemplo, el caso de un hombre de 40 años que durante dos años
mostró interés en consumir imágenes abusivas de menores, sabiendo que estaba mal, pero sin
que este conocimiento resultara suficiente para controlar sus acciones105. El sujeto acabó
cometiendo un delito contra la hija de su pareja y fue condenado. Tras una valoración
neurológica, se descubrió que padecía un tumor cerebral que fue extirpado, desapareciendo a
continuación sus intereses pedófilos. A los nueve meses de la operación comenzó a mostrar de
nuevo interés en imágenes abusivas de menores, por lo que se le volvió a hacer una resonancia
magnética y se descubrió la reaparición del tumor. La nueva desaparición de los síntomas tras la
operación evidenció la causalidad del trastorno. Asimismo, FUMAGALLI, PRAVETTONI y PRIORI
presentan el caso de un hombre de 71 años que, a los 63, empezó a manifestar una pedofilia no
exclusiva con atracción por el sexo masculino como consecuencia de una lesión cerebral que tuvo
31 años antes106.
CANTOR et al., «Cerebral white matter deficiencies in pedophilic men», Journal of Psychiatric Research, (42-3),
102
2008, pp. 167 ss.; CANTOR et al., «Diffusion Tensor Imaging of Pedophilia», Archives of Sexual Behavior, (44-8),
2015, pp. 2161 ss.
103
TENBERGEN et al., «The neurobiology and psychology of pedophilia: Recent advances and challenges», Frontiers
in Human Neuroscience, (9), 2015, pp. 1 ss.
104
CAMPERIO CIANI et al., «Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic
cases of pedophilia», International Journal of Law and Psychiatry, (67), 2019; GILBERT/FOCQUAERT, «Rethinking
responsibility in offenders with acquired paedophilia: Punishment or treatment?», International Journal of Law
and Psychiatry, (38), 2015, pp. 51 ss.; SCARPAZZA et al., «Idiopathic and acquired pedophilia as two distinct
disorders: an insight from neuroimaging», Brain Imaging and Behavior, (15-5), 2021, pp. 2681 ss.
105
BURNS/SWERDLOW, «Right orbitofrontal tumor with pedophilia symptom and constructional apraxia sign»,
Archives of Neurology, (60-3), 2003, pp. 437 ss.
FUMAGALLI et al., «Pedophilia 30 years after a traumatic brain injury», Neurological Sciences, (36-3), 2015, pp.
106
481 ss.
153
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Así, en tercer lugar, a nivel psicológico, el hecho de que ninguna de las sentencias que conforman
la muestra aprecie una eximente completa del primer párrafo del art. 20.1 CP como resultado de
la pedofilia del reo apunta a la existencia de un consenso respecto a la ausencia de una
perturbación plena de la capacidad del sujeto. Esta es, por otro lado, la opinión de la literatura107,
así como la posición habitual de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo en la mayoría de las
sentencias que excluyen la modificación de la responsabilidad penal del acusado ante un
diagnóstico de pedofilia. De este modo, la citada Sala ha señalado que los sujetos diagnosticados
de pedofilia y otros trastornos sexuales «son libres de actuar al tener una capacidad de querer, de
entender y obrar plenas» (STS 4221/1991, Penal, de 16 de julio108; STS 1283/1997, Penal, de 24 de
octubre; STS 558/2020, Penal, de 2 de julio109), y que la pedofilia sólo podría afectar a la
imputabilidad cuando fuera de carácter grave, siendo «sintomática de una psicosis o en las
situaciones de pasión desbordada» (STS 4221/1991, Penal, de 16 de julio) o por ir asociada a otros
trastornos relevantes (STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre; STS 478/2019, Penal, de 14 de
octubre).
En los supuestos en que la pedofilia es comórbida a otros trastornos se observa cierto consenso
en apreciar una eximente incompleta del art. 21.1 CP en relación con el primer párrafo del art.
20.1 CP. Aunque en la mayoría de las sentencias no se concreta el grado en el que la pedofilia
afecta las capacidades cognitivas y volitivas, sí cabe observar que en ellas se considera que la
capacidad volitiva está gravemente alterada (S18 y S29) o que tanto la capacidad cognitiva como
la volitiva están significativamente alteradas (S8). Ahora bien, es perfectamente posible que en
tales casos la perturbación de la capacidad del reo sea atribuible principalmente al trastorno
comórbido y no a la propia pedofilia, por lo que parece oportuno verificar en qué medida ello
puede ser así.
Los trastornos comórbidos más habituales en la muestra son los de personalidad, los adaptativos
y la discapacidad intelectual. Respecto a los trastornos de personalidad, existen estudios que
afirman que la mayoría de los agresores sexuales de menores presentan al menos un trastorno
de personalidad y encuentran comorbilidad entre ciertos trastornos de personalidad y
parafilias110. HÖRBURGER y HABERMEYER identifican también más trastornos parafílicos y de
personalidad entre los agresores sexuales y exponen que es mayor la probabilidad de que quienes
agreden sexualmente a menores sean diagnosticados de trastornos de personalidad del grupo C
(por evitación (F60.6), dependiente (F60.7) y obsesivo-compulsivo (F60.5)) y pedofilia111. Por su
parte, la jurisprudencia española considera que la presencia de un trastorno de personalidad
107
URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp. 322 ss.
108
STS 4221/1991, Penal, de 16 de julio (ECLI:ES:TS:1991:4221).
109
STS 558/2020, Penal, de 2 de julio (ECLI:ES:TS:2020:6046A).
BOGAERTS et al., «Personality disorders in a sample of paraphilic and nonparaphilic child molesters: A
110
comparative study», International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, (52-1), 2008, pp. 21 ss.
111
HÖRBURGER/HABERMEYER, «Zu den Zusammenhängen zwischen paraphilen Störungen,
Persönlichkeitsstörungen und Sexualdelinquenz», Forensische Psychiatrie, Psychologie, Kriminologie, (14-2), 2020,
pp. 149 ss.
154
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
puede alterar las capacidades cognitivas y volitivas del sujeto, especialmente si va acompañado
de otro trastorno de entidad relevante, por lo que contempla su aplicación como atenuante
analógica o eximente incompleta112.
Los trastornos adaptativos, por su parte, pueden encuadrarse en la categoría que el Derecho
penal suele calificar como neurosis, considerando la literatura que, pese a su comparativa
levedad, pueden llegar a actuar también como eximentes incompletas o atenuantes por
analogía115.
Es llamativo que alguna de estas sentencias que cimentan en la concurrencia de varios trastornos
adicionales a la pedofilia la disminución de la imputabilidad del reo invoquen la citada STS
1283/1997, Penal, de 24 de octubre, para ilustrar los casos de posible aplicación de la eximente
incompleta. Como ya se indicó con anterioridad, esta resolución afirma la plena capacidad
intelectiva y volitiva de las personas con pedofilia, señalando, en concreto, que la pedofilia del
acusado era «una orientación sexual congruente con el acto realizado, que no impedía ni limitaba
su capacidad de actuar conforme a su conocimiento de la ilicitud de su acción». Este error de
referenciado, al que ya se ha aludido en un momento anterior de este trabajo, propicia que
sentencias posteriores (como la S5 y la S8 de la muestra) aleguen también de forma inexacta la
referida STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre, como ejemplo de apreciación de la eximente
incompleta. Es importante advertir de este error a fin de evitar que se perpetúe su reproducción
en cascada y que se asiente una determinada opinión jurisprudencial en un antecedente
incorrectamente interpretado.
En todo caso, puede observarse cómo las características y la consideración jurídico-penal de los
trastornos comórbidos a la pedofilia que se hallan en la muestra permiten atribuir a aquéllos la
afectación a la capacidad intelectiva detectada y apreciada en las sentencias. Así las cosas, cobra
especial importancia examinar los supuestos en los que la pedofilia se diagnostica sola, que no
en vano son los que generan más discrepancias.
LORENZO GARCÍA/AGUSTINA, Política Criminal, (11-21), 2016, p. 81; LORENZO GARCÍA et al., Revista Espanola de
112
General, p. 145; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, pp. 332 ss.
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 591; OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte
115
General, 3ª ed., 2023, pp. 145 ss.; URRUELA MORA, Imputabilidad penal y anomalía o alteración psíquica, 2004, pp.
279 ss.
155
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Pese a la opinión general de la Sala de lo Penal del TS contraria a la atribución a la pedofilia, por
sí misma, de efectos sobre la capacidad intelectiva y volitiva de los sujetos (STS 4221/1991, Penal,
de 16 de julio; STS 1283/1997, Penal, de 24 de octubre, y STS 558/2020, Penal de 2 de julio), el
análisis de las sentencias de la muestra evidencia cómo un diagnóstico único de pedofilia se ha
estimado suficiente para apreciar una atenuante por analogía a la anomalía psíquica, con el
argumento de que ésta afecta a la capacidad volitiva del sujeto en el momento de cometer los
hechos. A tal efecto, las resoluciones aducen que la pedofilia influye en la capacidad del sujeto
para controlar sus actos sexuales dirigidos hacia menores (S2, S15) «mediante los apropiados
frenos o estímulos inhibitorios» (S1), como consecuencia de impulsos sexuales difíciles de
controlar (S9, S12, S16). En la S6, de hecho, se menciona que la pedofilia «se caracteriza por un
bajo control de su impulso sexual», al igual que en la S28 («falta de dominio de su voluntad, su
pérdida de capacidad volitiva, lo que por cierto es una de las características de las conductas
parafílicas»). Además, en los delitos de pornografía infantil se menciona habitualmente la
incapacidad del sujeto para frenar el acceso y descarga de imágenes abusivas de menores,
llegando a calificarse de «compulsivo» (S22, S23, S24). Tan solo en un caso se considera que las
capacidades cognitivas y volitivas no se encontraban afectadas, sino «solo mermadas sus barreras
de contención e inhibición», aplicándose por esto último la atenuante por vía analógica, pero no
especificándose que ello equivalga a una merma en la capacidad volitiva (S3).
Con carácter general, ni el DSM ni las investigaciones científicas han encontrado dificultades
unívocamente asociadas en la cognición, la regulación emocional o la conducta de las personas
con trastornos parafílicos116. La literatura científica no concibe la pedofilia como un trastorno del
control de impulsos117 ni considera la dificultad en el control de impulsos como un criterio
diagnóstico de la misma. Tampoco parece que la concurrencia de agresión sexual a menores y un
trastorno de control de los impulsos sea típico en esta población. En un estudio reciente sobre
prevalencia de trastornos mentales en agresores sexuales encarcelados en Austria118, llevado a
cabo con casi 1250 individuos a los que se evaluó empleando una entrevista diagnóstica que mide
la presencia de múltiples trastornos del DSM-V, solo se encontró un trastorno del control de los
impulsos en el 5.4% y 4.8% de los agresores sexuales de adultos y menores, respectivamente. De
hecho, existen estudios que sostienen que los rasgos impulsivos no son predominantes en las
personas con pedofilia en comparación con un grupo control y que el motivo por el que algunas
116 MOSER/KLEINPLATZ, Annual Review of Clinical Psychology, (16-1), 2020, pp. 81 ss. Vid. la reciente investigación
desarrollada por ARA-GARCÍA et al., «Neuroanatomical and Neurocognitive Differences Between the Executive
Functions in Child Sexual Offenders: A Systematic Review», Brain Sci, (15-38), 2025, p. 18, que concluye que los
pedófilos ofensores no difieren de los no pedófilos ofensores en la mayoría de las funciones ejecutivas, lo que lleva
a la conclusión de que las alteraciones neurocognitivas presentes están asociadas con el acto delictivo y no con la
parafilia.
117
COHEN et al., «Impulsive personality traits in male pedophiles versus healthy controls: Is pedophilia an
impulsive-aggressive disorder?», Comprehensive Psychiatry, (43-2), 2002, pp. 127 ss.
118
EHER et al., Acta psychiatrica Scandinavica, (139-6), 2019, pp. 572 ss.
156
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
personas con pedofilia acaban cometiendo actos sexuales relacionados con menores tiene más
que ver con la presencia de distorsiones cognitivas y mecanismos motivacionales que con
dificultades en el control de los impulsos119.
A este respecto y con vistas a perfilar el tratamiento terapéutico adecuado, es cierto que BALTIERI
y BOER identificaron dos grupos diferenciados de sujetos con pedofilia en los que advirtieron
distintos niveles de impulsividad120. Ahora bien, un mayor grado de impulsividad no es por sí
mismo un criterio determinante para razonar sobre la incapacidad de control de los impulsos de
estos sujetos ya que existen distintos tipos de impulsividad: atencional, motora y
planificadora121. Según estos autores, que elaboraron el instrumento de medida de autoinforme
más empleado para medición de la impulsividad en psicología, denominado BIS-11, la
impulsividad atencional se caracteriza por una dificultad en la incapacidad de centrar la atención
o concentrarse; la impulsividad motora se traduce en actuar sin pensar previamente y la
impulsividad planificadora, en la falta de previsión del futuro. De estos tres tipos de
impulsividad, quizá las que más interesan al Derecho penal en cuanto a la valoración de la
imputabilidad se refiere, son las dos últimas: la motora, que justificaría una merma de la
capacidad volitiva, dado que el sujeto encuentra dificultades para refrenar su conducta, y la
impulsividad planificadora, que justificaría una merma en la capacidad cognitiva, dado que el
sujeto encuentra dificultades para prever las consecuencias de sus actos.
119
COHEN et al., Comprehensive Psychiatry, (43-2), 2002, pp. 127 ss.
120
BALTIERI/BOER, «Two clusters of child molesters based on impulsiveness», Revista Brasileira de Psiquiatria, (37-
2), 2015, pp. 139 ss.
121
STANFORD et al., «Fifty years of the Barratt Impulsiveness Scale: An update and review», Personality and
Individual Differences, (47-5), 2009, pp. 385 ss.
122
SAVARD et al., «Impulsivity in Compulsive Sexual Behavior Disorder and Pedophilic Disorder», Journal of
Behavioral Addictions, (10-3), 2021, pp. 839 ss.
123
SAVARD et al., Journal of Behavioral Addictions, (10-3), 2021, pp. 839 ss.
124
JORDAN et al., «Sexual interest and sexual self-control in men with self-reported sexual interest in children - A
first eye tracking study», Journal of Psychiatric Research, (96), 2018, pp. 138 ss.
157
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
entre población con pedofilia, ya hubieran agredido sexualmente a un menor o no125. Por tanto,
si existe una impulsividad vinculada al diagnóstico de pedofilia, no aparece relacionada con las
acciones que lleva a cabo el individuo o con su capacidad para controlarlas, sino en todo caso con
la atención que presta a los estímulos. En el orden penal –y, en particular, a la hora de valorar la
imputabilidad del individuo–, la cuestión en los casos de agresión sexual a menores estriba en
determinar si este tipo de impulsividad atencional afecta a la voluntad del sujeto para no agredir.
Las investigaciones mencionadas apuntan claramente que este tipo de impulsividad no
determina una merma en las capacidades cognitivas y volitivas, sino que describe, en todo caso,
una intensidad evidente en la preferencia por estímulos sexuales acordes con sus gustos.
Seguramente, este tipo de impulsividad atencional podría resultar más relevante en los
supuestos de sujetos consumidores de material abusivo de menores, ya que la presentación de
manera audiovisual requiere por parte del sujeto la atención en el visionado, que podría ser
intensa y con dificultad para cambiar de foco hacia otros estímulos no sexuales.
Es cierto que el DSM-5 identifica como criterio diagnóstico A del trastorno de pedofilia la
presencia de «durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente
derivada de fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que implican la actividad
sexual con uno o más niños prepúberes (generalmente menores de 13 años) ». Cabría formular
como hipótesis que el empleo en la descripción de este criterio de la locución «deseos sexuales
irrefrenables» podría sugerir que el pedófilo sufre una dificultad en el control del impulso sexual
y, por tanto, una disminución de la capacidad volitiva. No obstante, debe tenerse en cuenta, en
primer lugar, que el término «irrefrenables» (precisamente el que incorpora semánticamente la
imposibilidad de control) no aparece en la versión original en inglés del manual, que alude a la
concurrencia de «sexual urges», expresión que, si bien tiene como referencia un deseo de cierta
intensidad («a strong desire to do something»), en ningún momento denota la imposibilidad de
refrenar tal deseo.
125
GIBBELS et al., «Two Sides of One Coin: A Comparison of Clinical and Neurobiological Characteristics of
Convicted and Non-Convicted Pedophilic Child Sexual Offenders», Journal of Clinical Medicine, (8-7).
BEIER, Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp. 1065 ss.; MOSER, Archives of Sexual Behavior, (45-3), 2016, pp.
126
505 ss.; SCHIPPERS et al., Aggression and Violent Behavior, (69-1), 2023, pp. 1 ss.
NIELSEN et al., Sexualities, (25–5/6), 2022, pp. 598 ss.; STEVENS/WOOD, Journal of Child Sexual Abuse, (28-8), 2019,
127
pp. 968 ss.; WALKER, A Long, Dark Shadow, 2021, pp. 3 ss.
158
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
El término dunkelfeld significa «campo oscuro» en alemán y se adoptó como designación del
proyecto para hacer referencia a todos los delitos de agresiones sexuales a menores y pornografía
infantil que quedan en la sombra, sin conocimiento de las autoridades128. El proyecto, al que se
hizo antes alusión al presentar la opinión clínica que concibe la pedofilia como una orientación
sexual, tiene como objetivo prevenir este tipo de delitos ofreciendo terapia a personas que
reconocen su pedofilia, sienten malestar y buscan tratamiento por miedo a pasar a la acción o a
volver a hacerlo en caso de que ya haya sucedido129. El tratamiento se lleva a cabo mediante el
programa Berlin Dissexuality Therapy Program (BEDIT), de formato grupal y sesiones semanales
de unos 45-50 minutos durante doce meses130. El proyecto lleva desde entonces en activo y parece
estar obteniendo buenos resultados. En concreto, BEIER expone que, a lo largo de un año de
tratamiento, los participantes aprendieron a manejar mejor su sexualidad mediante el uso de
técnicas cognitivo-conductuales, la aceptación de sus preferencias sexuales como parte de su
identidad y tratamiento farmacológico, los tres pilares del programa BEDIT131. Del mismo modo,
BEIER y su equipo encontraron en 2015 que, tras el tratamiento, los participantes mostraron una
disminución en el aislamiento, las estrategias de afrontamiento orientadas por la emoción, los
déficits en la empatía emocional con las víctimas, las actitudes de apoyo al abuso, los déficits en
autoeficacia y la preocupación por el sexo, siendo estos cambios estables en el tiempo y
demostrando que es posible modificar los factores de riesgo dinámicos a través de tratamiento132.
Seguramente los resultados del proyecto Dunkelfeld demuestran que las personas con pedofilia
que se someten a terapia pueden aprender, entre otras cosas, a controlar sus impulsos sexuales,
pero ello no permite concluir que, en ausencia de terapia, esa capacidad de control esté ausente
en todas las personas con pedofilia.
4.4. Otros posibles trastornos que pueden afectar a la imputabilidad de los sujetos que
agreden sexualmente a menores
Existe un trastorno definido que sí perturba los impulsos sexuales, sean estos dirigidos a menores
o a adultos, si bien en la actualidad solo aparece recogido por la CIE-11 en la sección de trastornos
del control de impulsos y no por el DSM-5: se trata del Trastorno de Conducta Sexual
Compulsiva, denominación que se reserva para quienes presentan un patrón persistente de
incapacidad para controlar impulsos o pulsiones en el ámbito sexual. Para este trastorno sí se ha
registrado una relación con la impulsividad133 similar a la presente en trastornos adictivos134. Esta
categoría diagnóstica, en ocasiones confundida con la hipersexualidad135, sería similar a la
BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.; BEIER,
128
«Preventing Child Sexual Abuse-The Prevention Project Dunkelfeld», Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp.
1065 ss.; BEIER et al., Child Abuse and Neglect, (33-8), 2009, pp. 545 ss.; BEIER et al., «The German Dunkelfeld
Project: A Pilot Study to Prevent Child Sexual Abuse and the Use of Child Abusive Images», Journal of Sexual
Medicine, (12-2), 2015, pp. 529 ss.
129
BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.; BEIER,
Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp. 1065 ss.; HERRERO MEJÍAS, Agresores sexuales, 2018, pp. 182 ss.
130
BEIER et al., en BEIER (ed.), Pedophilia, Hebephilia and Sexual Offending against Children, 2021, pp. 43 ss.
131
BEIER, Journal of Sexual Medicine, (15-8), 2018, pp. 1065 ss.
132
BEIER et al., Journal of Sexual Medicine, (12-2), 2015, pp. 529 ss.
133
BÖTHE et al., «Revisiting the role of impulsivity and compulsivity in problematic sexual behaviors», The Journal
of Sex Research, (56-2), pp. 166 ss.
GRUBBS et al., «Sexual addiction 25 years on: A systematic and methodological review of empirical literature
134
and an agenda for future research», Clinical Psychology Review, (82), 2020.
135
El Trastorno de Conducta Sexual Compulsiva de la CIE-11 no es equivalente al Trastorno de Hipersexualidad,
si bien ambos comparten características comunes, como el uso compulsivo de la conducta sexual. La literatura
159
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
adicción al sexo, pero en tanto que podría aparecer dirigida tanto a menores como a adultos, se
trataría de un trastorno diferente a y disociable de la pedofilia136. Además, y de forma notable,
entre los criterios para padecer un Trastorno de Conducta Sexual, se encuentra que el deseo o la
conducta sexual se conviertan en el eje central de la vida de la persona hasta el punto de que
desatiende su salud, intereses o responsabilidades137; quien lo padece ha llevado a cabo esfuerzos
en vano por reducir la conducta y, además, realiza respuestas sexuales repetitivas incluso cuando
se deriva de ellas poca o nula satisfacción. Como puede verse, todos estos criterios representan
un desbordamiento en la persona, característico de la falta del control de impulsos. Así pues, la
voluntad queda mermada y el sujeto persiste en las acciones pese a las consecuencias negativas
que de ellas se derivan. Por tanto, la afectación de la capacidad volitiva es evidente.
Aunque el Trastorno de Conducta Sexual Compulsiva presenta algunos rasgos similares a los de
las personas con pedofilia, las diferencias clínicas son notables. En ocasiones, la centralidad vital
del deseo o la conducta sexual es observable en la persona con pedofilia. No obstante, ello suele
estar más relacionado con la ubicuidad de estímulos sociales de carácter infantil que el sujeto no
puede evitar (ej., escuelas, menores en la calle, noticias), ubicuidad que, unida a la naturaleza
prohibida de la conducta, al carácter permanente e inmodificable de este interés sexual y al
rechazo social que genera, puede provocar que la persona afectada vivencie su deseo de manera
persistente. Ahora bien, no todas las personas con pedofilia intentan detener sus deseos ni la
insatisfacción está siempre presente tras la agresión sexual; antes al contrario, podrían dedicar
esfuerzos para buscar material abusivo, escribir material excitante, encontrar maneras legales de
estar en contacto con menores u otras personas con su mismo interés sexual para compartir
material, así como podrían sentir satisfacción tras cometer y al recordar la agresión sexual. En
estos casos, no sólo no resulta evidente la afectación de la capacidad volitiva, sino que no habría
ningún obstáculo para que esta se hallara inalterada.
En este sentido, abundan los casos en los que las sentencias de la muestra acuden al concepto de
«compulsión» para definir la pedofilia («pedofilia voyerista de carácter compulsivo» en S22;
«pedofilia junto con un componente compulsivo» en S23; «actividad compulsiva y poco
controlada en lo que se refiere al acceso, descarga y almacenamiento de ficheros con contenido
sexual en el que participan menores de edad» en S24), en los que tal vez habría resultado
pertinente explorar la presencia de un Trastorno Compulsivo de la Conducta Sexual. En otros
casos, el trastorno comórbido es relacionado con rasgos de personalidad compulsivos (S28) u
obsesivo-compulsivos (S25), siendo todos de delitos de pornografía infantil. En estas sentencias,
científica, no obstante, ha detallado sus disparidades, destacando las siguientes diferencias significativas entre
los criterios de la hipersexualidad (HI) y los del trastorno de conducta sexual (TCS) «(1) el papel de la conducta
sexual como estrategia desadaptativa de afrontamiento y regulación de las emociones, que aparece en los criterios
para la HI pero no en los del TCS; (2) los diferentes criterios de exclusión que incluyen los trastornos bipolares y
por uso de sustancias en la HI pero no en el TCS, y (3) la inclusión de nuevas consideraciones en el TCS, como la
incongruencia moral (como criterio de exclusión), y la disminución del placer de la actividad sexual» (GOLA et al.,
«What should be included in the criteria for compulsive sexual behavior disorder?», Journal of Behavioral
Addictions, (11-2), 2022, pp. 160 ss.).
136
Aun cuando la muy reciente investigación de BERGNER-KOETHER et al., «The Relevance of Hypersexuality and
Impulsivity in Different Groups of Treatment-Seekers With and Without (Exclusive) Pedophilia», Sexual Abuse,
(0-0), 2024, pp. 1 ss., sugiere una mayor prevalencia general de la hipersexualidad entre los pacientes con
pedofilia, establece con claridad cómo la pedofilia y la hipersexualidad son, en su caso, dos factores motivadores
diferentes de la conducta del sujeto.
137
Un ejemplo de este criterio es el de quien colecciona de manera compulsiva material abusivo sexual infantil y
dedica para ello una notable parte de horas del día a conectarse a Internet, buscar el material, almacenarlo,
visualizarlo y excitarse con su contemplación, de manera que acaba resultando incompatible con el
mantenimiento de un trabajo, un ocio o relaciones saludables con otras personas.
160
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
se argumenta que el sujeto «carece de recursos para frenar su impulso al visionado de imágenes
de carácter sexual de menores» (S22) y que los marcados rasgos obsesivo-compulsivos no llegan
a calificarse como trastorno, pero «le conducen a mirar y mirar fotos del tipo indicado como único
medio de calmar sus pensamientos» (S25).
En efecto, algunos estudios citados encuentran rasgos compulsivos en personas con pedofilia138,
pero esos rasgos tampoco se han consolidado como criterio diagnóstico del trastorno de
pedofilia. Sí existe constancia de la existencia de un trastorno obsesivo-compulsivo (F42) con
temática de pedofilia (TOC-P), en el que las personas tienen pensamientos intrusivos sobre
sentirse atraídas por menores y cometer actos sexuales con ellos (componente obsesivo) que les
generan gran malestar, por lo que llevan a cabo (componente compulsivo) conductas repetitivas
e ilógicas para reducir su malestar139. La confusión entre TOC-P y trastorno de pedofilia es
habitual en la práctica clínica, por lo que no es descartable que en algunos casos este error de
diagnóstico se manifieste en la valoración de la imputabilidad penal140. Existe, no obstante, una
diferencia fundamental: quien tiene TOC-P suele tener un pensamiento intrusivo, esto es, uno
que no puede evitar tener, en este caso relacionado con la pedofilia (ej., al sujeto se le aparece e
impone la idea de que podría tocar a un niño con fines sexuales), mientras que la persona con
pedofilia busca activamente rememorar o crear esas imágenes. En la persona con TOC-P, la
irrupción de este pensamiento causa una cadena de metacogniciones, esto es, de reflexiones
sobre su pensamiento, en los que la persona se cuestiona a sí misma y se dirige pensamientos
negativos (ej., «soy un agresor», «debo de tener pedofilia»), que son los que le causan malestar
intenso y le llevan a conductas, esto es, compulsiones, con el fin de intentar evitar aquellos
estímulos relacionados con los pensamientos intrusivos que ha tenido (ej., evitar lugares con
menores) o de calmarse mediante la realización de una serie de ritos supersticiosos a los que se
atribuye la capacidad de apaciguar tales pensamientos (ej., subir escaleras, dañarse físicamente).
138
COHEN et al., Comprehensive Psychiatry, (43-2), 2002, pp. 127 ss.; HÖRBURGER/HABERMEYER, Forensische
Psychiatrie, Psychologie, Kriminologie, (14-2), 2020, pp. 149 ss.
139
BONAGURA et al., «Diagnostic Differential Between Pedophilic-OCD and Pedophilic Disorder: An Illustration
with Two Vignettes», Archives of Sexual Behavior, (51-4), 2022, pp. 2359 ss.; BRUCE et al., «Pedophilia-Themed
Obsessive-Compulsive Disorder: Assessment, Differential Diagnosis, and Treatment with Exposure and Response
Prevention», Archives of Sexual Behavior, (47-2), 2018, pp. 389 ss.
140
BONAGURA et al., Archives of Sexual Behavior, (51-4), 2022, pp. 2359 ss.
MIR PUIG, Derecho Penal. Parte General, 10ª ed., 2015, p. 588; OBREGÓN GARCÍA/GÓMEZ LANZ, Derecho Penal. Parte
141
161
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
En todo caso, en los supuestos de pedofilia adquirida a los que antes se hizo referencia, las
lesiones cerebrales suelen tener lugar especialmente en las regiones relacionadas con el control
de los impulsos y la cognición social, haciendo que estas habilidades se encuentren
deterioradas142. Por tanto, ante una pedofilia adquirida, con causa orgánica y sobrevenida, la
identificación de una alteración de las capacidades cognitivas o volitivas y la consiguiente
aplicación de una eximente o atenuante resulta mucho más viable. La posibilidad de aplicar en
estos casos una medida de seguridad si se advierte que el sujeto es criminalmente peligroso
constituye un argumento adicional, en la medida en que es una de las propuestas que, en
supuestos de estas características, propugna la literatura científica143.
Ante la falta de consenso a nivel clínico, adquiere relevancia decisiva la prueba pericial
practicada, toda vez que se trata de una cuestión compleja que excede, como es lógico, el
conocimiento técnico del tribunal (STSJ Extremadura 20/2020, Civil y Penal, de 12 de junio145).
El psicólogo o psiquiatra especialista sirve en este punto de auxiliar del órgano jurisdiccional
correspondiente para facilitar la labor de tomar una decisión respecto a cómo interpretar y
valorar los hechos, sin perjuicio de que la resolución última descanse en el juez (STS 304/2010,
Penal, de 29 de marzo146). Ello convierte en especialmente recomendable que el perito maneje
con cuidado tres aspectos: por una parte, la demostración objetiva de la presencia de pedofilia
en el individuo entrevistado; por otra parte, la asociación entre el diagnóstico de pedofilia y el
trastorno de control de impulsos y, por último, la adquisición de cierta familiaridad con el nivel
de perturbación de la capacidad intelectiva y volitiva del sujeto que puede legitimar una
atenuación –aunque sea la vinculada a la atenuante analógica del art. 21.7 CP– de la
responsabilidad penal.
142
SCARPAZZA et al., Brain Imaging and Behavior, (15-5), 2021, pp. 2681 ss.
143
GILBERT/FOCQUAERT, International Journal of Law and Psychiatry, (38), 2015, pp. 51 ss.
144
GÓMEZ LANZ/HALTY BARRUTIETA, Derecho y Salud, (26 extraord.), 2016, p. 86; POZUECO ROMERO et al., Cuadernos
de Medicina Forense, (17-4), 2011, pp. 175 ss.
145
STSJ Extremadura 20/2020, Civil y Penal, de 12 de junio (ECLI:ES:TSJEXT:2020:559).
146
STS 304/2010, Penal, de 29 de marzo (ECLI:ES:TS:2010:1974).
162
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
En los últimos años, dos autores españoles, HERRERO y NEGREDO, han abordado precisamente esta
cuestión147; tras recoger las principales investigaciones internacionales148, señalan cómo, dentro
de las técnicas disponibles para evaluar el interés sexual, los autoinformes –esto es, las pruebas
en las que se pide al sujeto que responda según su opinión y carácter a una serie de ítems– no
tienen una capacidad discriminativa alta y resultan fácilmente manipulables, ya que el sujeto
puede aprender cómo responderlos o hacerlo de una manera acorde a sus intereses o a la imagen
proyectada que desea dar de sí mismo. Si bien este tipo de mediciones puede incluir escalas
estadísticamente probadas que acrediten la fiabilidad, validez o aquiescencia de las respuestas
del sujeto, resultan difíciles de implementar cuando se emplean para evaluar circunstancias del
ámbito sexual. Además, es preciso que los cuestionarios se traduzcan de forma cabal al idioma
en el que se van a emplear y resulten baremados en una muestra de población suficiente, dado
que culturalmente puede haber diferencias en los puntos de corte o en los tipos de respuesta. El
hecho de que no exista actualmente una traducción verificada al castellano de los autoinformes
de medición del interés sexual en menores, junto con los problemas ya descritos de esta técnica,
aconseja evaluar el diagnóstico de pedofilia a través de otras mediciones de carácter indirecto o
dependientes de procesos automáticos, es decir, que activen el sistema autónomo del individuo
o que no requieran de la plena conciencia del sujeto. Dentro de esas otras técnicas se encuentran,
entre otras, la pletismografía peneana y el –menos invasivo– empleo del eye-tracker.
HERRERO/NEGREDO, «Evaluación del interés sexual hacia menores», Anuario de Psicología Jurídica, (26), 2016,
147
pp. 30 ss.
En particular, la de KALMUS/BEECH, «Forensic assessment of sexual interest: A review», Aggression and Violent
148
163
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Así pues, no existe actualmente un instrumento de medición objetiva único y unívoco para
demostrar la presencia del diagnóstico de pedofilia en un individuo, si bien una batería
multimétodo con presencia de medidas indirectas puede ser la opción más deseable para la
evaluación. Como puede comprobarse, si la valoración de la imputabilidad resulta en sí misma
controvertida, el paso previo –el diagnóstico certero de la pedofilia– presenta también
obstáculos periciales que pueden condicionar el resto del informe sobre la imputabilidad del
sujeto.
La dependencia radical de la decisión judicial de los informes periciales se advierte con claridad
en varias de las sentencias examinadas. Aunque en más de la mitad se alude a los informes
periciales, tanto de psicólogos como de médicos y psiquiatras, sólo en algunas se concreta cómo
afecta el diagnóstico pericial a la capacidad cognitiva y volitiva del sujeto (por ejemplo, en la S13
se concluye diciendo que están abolidas «las bases biológicas de la imputabilidad [conocimiento
y voluntad]»). En otras, sin embargo, el tribunal manifiesta su dificultad para adoptar una
decisión a partir del informe pericial. Así, en la S22 el tribunal considera que el informe pericial
«no proporciona un criterio adecuado para valorar la intensidad de la merma de la capacidad de
inhibición, que no puede suponerse total ni muy elevada», por lo que simplemente aplica la
atenuante por analogía. En la S24 se recurre a tres especialistas cuyas opiniones no concuerdan,
apreciando uno que el sujeto presenta una «disminución intensa de su capacidad volitiva,
relevante y determinante, mientras el resto de los especialistas (psicóloga y psiquiatras) no le
atribuyen tal intensidad», aplicando el juez la atenuante analógica. Por último, en la S27 el perito
expone que solo está alterado el control de los impulsos, no pudiendo el sujeto «frenarse al
100%», teniendo un «escaso control», pero cuando se le pregunta por una mayor concreción,
responde «que no hay una vara de medir», por lo que el tribunal considera que no queda probado
que la alteración en la capacidad volitiva sea intensa y se aplica una atenuante analógica.
Así, dado que la relevancia que se le concede al informe forense es notoria, cabe exigir al
especialista que emite un informe pericial un particular escrúpulo: por una parte, si la pedofilia
aparece junto con otros trastornos y se advierte que son estos últimos los que dan lugar a la
alteración de la capacidad del sujeto, la mención de la pedofilia como apoyo de esta última parece
poco acertada. Esta cautela no solo mejoraría la fundamentación de la resolución judicial, sino
que evitaría la difusión de mitos no acreditados. En este estudio se han recogido ejemplos
jurisprudenciales que acreditan este rigor. Así, la SAP Álava 236/2013, Sección Segunda, de 16 de
151
JORDAN et al., Journal of Psychiatric Research, (96), 2018, pp. 138 ss.
152
FROMBERGER et al., «Diagnostic accuracy of eye movements in assessing pedophilia», Journal of Sexual Medicine,
(9-7), 2012, pp. 1885 ss.
164
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
julio153 y la SAP Madrid 228/2012, Sección Trigésima, de 8 de junio154, señalan que el sujeto
acusado presenta pedofilia junto con discapacidad intelectual leve, pero explicitan que la
pedofilia no afecta a sus capacidades y que la aplicación de la atenuante analógica se aplica
exclusivamente por la discapacidad intelectual. Es también el caso de la STS 558/2020, Penal, de
2 de julio, que indica taxativamente que la pedofilia «solo será reprochable cuando se manifieste
con actos que lesionen la libertad sexual de otros» y que «su trascendencia a efectos de
determinar su culpabilidad vendrá determinada por su capacidad de entender la ilicitud de sus
actos y de controlar sus impulsos, ni más ni menos que lo ponderable en la mayoría de las
personas que sienten atracción homosexual o heterosexual con adultos y la manifiestan sin
lesionar su libertad sexual». Por otra parte, si la pedofilia es el único trastorno bajo el cual se
esgrime la merma de la imputabilidad del sujeto, el informe pericial debe determinar de forma
cierta y exhaustiva la medida en que tal diagnóstico afecta a las capacidades volitivas del sujeto,
dado que la imposición de una etiqueta diagnóstica concreta no implica, de acuerdo con el
modelo de imputabilidad subyacente al art. 20.1 CP, una disminución de esta última.
De esta advertencia da buena cuenta el propio manual DSM5 cuando, en la «Declaración cautelar
para el empleo forense», señala que «en la mayoría de los casos, el diagnóstico clínico de un
trastorno mental del DSM-5, como una discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo
intelectual), una esquizofrenia, un trastorno neurocognitivo mayor, una ludopatía o una
pedofilia, no implica que un individuo con dicha afección cumpla los criterios legales de
existencia de un trastorno mental ni los de una norma legal concreta (por ejemplo, competencia,
responsabilidad criminal o discapacidad). Para esto último acostumbra a ser necesaria más
información que la que contiene el diagnóstico del DSM5, como podría ser información sobre el
deterioro funcional del individuo y sobre la forma en la que este afecta a las determinadas
capacidades en cuestión. Precisamente por el hecho de que los impedimentos, capacidades y
discapacidades pueden variar mucho dentro de cada categoría diagnóstica, la atribución de un
diagnóstico concreto no implica un grado específico de desequilibrio o discapacidad».
No se trata de una cuestión menor; las personas con pedofilia, independientemente de que hayan
pasado o no a la acción, sufren un estigma y un rechazo social que aumenta el riesgo de que
acaben actuando: su salud mental empeora, se aíslan socialmente y no piden ayuda, a pesar de
estar en riesgo de cometer un delito y dañar gravemente a un menor, por el miedo a ser
rechazados por los profesionales del ámbito clínico155. Además, es común que sientan vergüenza
de sí mismos, por percibirse como «malas personas»156. A este respecto, JAHNKE ha insistido en la
utilidad de hacer conscientes a los psicoterapeutas e investigadores de la responsabilidad que
tienen cuando divulgan sobre la pedofilia157, y que se hace extensible a los expertos forenses,
especialmente respecto a que la misma, como atracción sexual hacia los menores, no implica
necesariamente el paso a la acción.
153
SAP Álava 236/2013, Sección Segunda, de 16 de julio (ECLI:ES:APVI:2013:806).
154
SAP Madrid 228/2012, Sección Trigésima, de 8 de junio (ECLI:ES:APM:2012:8695).
JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.; LEVENSON et al., «Obstacles to Help-Seeking for Sexual
155
Offenders: Implications for Prevention of Sexual Abuse», Journal of Child Sexual Abuse, (26-2), 2017, pp. 99 ss.;
WALKER, A Long, Dark Shadow, 2021, pp. 130 ss.
156
GRADY et al., «“I can’t talk about that”: Stigma and fear as barriers to preventive services for minor-attracted
persons», Stigma and Health, (4-4), 2019, pp. 400 ss.
157
JAHNKE, European Psychologist, (23-2), 2018, pp. 144 ss.
165
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
Para finalizar, en pro de la transparencia científica, conviene señalar que este trabajo no está
exento de limitaciones. En primer lugar, hay que tener en cuenta el tamaño de la muestra, que
podría influir en la generalización de los resultados. En segundo lugar, aunque algunas
sentencias recojan extractos de los informes periciales empleados para basarse en la elección de
la circunstancia modificativa, no se puede acceder a ellos a texto completo, lo que podría también
influir sobre la generalización de resultados. En tercer lugar, la falta de consenso en el ámbito
clínico respecto a la conceptualización de la pedofilia puede haber repercutido en que el mero
hecho de haber cometido un delito de agresión sexual a menores o de pornografía infantil haya
determinado por sí mismo el diagnóstico de pedofilia. Por último, queda pendiente como
investigación complementaria el análisis de los argumentos aducidos por las sentencias que
rechazaron apreciar la pedofilia como circunstancia modificativa de la responsabilidad penal.
5. Conclusiones
A nuestro juicio, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo acierta al optar por valorar cada caso
de forma individual según su gravedad (STS 558/2020, Penal, de 2 de julio; S5), sin fijar criterios
inamovibles en la consideración de la pedofilia. No obstante, a lo largo del presente estudio se
han mostrado una serie de realidades clínicas innegables que es necesario precisar cuando en
este contexto se realizan valoraciones sobre la imputabilidad del reo:
(ii) Hasta hora, el criterio de valoración judicial mayoritario ha sido negar la alteración de
las capacidades cognitivas y volitivas en sujetos que, habiendo agredido sexualmente
a menores, aducían pedofilia, si bien en los pocos casos en que se ha resuelto atenuar
la responsabilidad penal de estos sujetos, ha sido en forma de atenuación analógica si
se presentaba exclusivamente pedofilia, sin ningún otro trastorno concomitante.
(iii) Existen tres perspectivas clínicas diferentes de consideración de la pedofilia, cada una
de las cuales puede comprometer diferencialmente la evaluación de la imputabilidad
del sujeto y, por consiguiente, de su responsabilidad penal (ver Anexo I).
(iv) La interpretación judicial que se haga del diagnóstico de pedofilia en los sujetos puede
variar de forma considerable la persecución o no de su diagnóstico por parte del
imputado. Si bien la pedofilia en sujetos que han agredido sexualmente a un menor se
asocia empíricamente con riesgo de reincidencia, y por tanto un imputado se
encontraría motivado para disimular o esconder su presencia, si la pedofilia se
interpreta judicialmente como capaz de alterar las capacidades volitivas del sujeto,
puede provocar que se persiga su diagnóstico para buscar un beneficio en forma de
reducción de la condena impuesta.
166
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
podrían emplearse para justificar una merma de las capacidades volitivas del sujeto.
En todo caso, el tipo de impulsividad no patológica que se ha encontrado asociado a la
pedofilia es de carácter atencional. Esto implica que los sujetos con pedofilia tienen
más dificultades en apartar su vista de estímulos de carácter sexual infantil que los
sujetos sin pedofilia, lo que podría ser de interés en la evaluación de sujetos que
consumen material abusivo de menores, pero no tanto en el caso de los sujetos que,
teniendo pedofilia, agreden sexualmente a menores, ya que la impulsividad de carácter
motor (dificultad para controlar la conducta, potencialmente relacionada con las
capacidades volitivas del sujeto) y la planificadora (dificultad para evaluar las
consecuencias de la conducta, potencialmente relacionada con las capacidades
cognitivas del sujeto), no se encuentran sistemáticamente alteradas en ellos.
(vi) En el nivel clínico, existen dos situaciones relacionadas con las pulsiones sexuales que
pueden tener un papel relevante a la hora de valorar la afectación a la imputabilidad
de los sujetos acusados de agresión sexual a menores:
A este respecto, el manual CIE-11 especifica, en el apartado de diagnóstico diferencial incluido bajo los criterios
158
del trastorno de pedofilia, lo siguiente: «Algunos individuos con Trastorno Obsesivo-Compulsivo experimentan
pensamientos e imágenes intrusivas sobre la posible atracción o abuso sexual de niños. Suelen ser muy
angustiosos para el individuo y no van acompañados de excitación sexual, por lo que no reflejan un patrón de
excitación parafílica subyacente, aunque al individuo le preocupe que así sea. Estos individuos también pueden
experimentar otros pensamientos ego-distónicos o imágenes con contenido sexual que no se experimentan como
sexualmente excitantes.»
167
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
(vii) La evaluación forense del diagnóstico de pedofilia resulta complicada. Las medidas de
autoinforme son fácilmente falseables y no se encuentran adaptadas (traducidas y
baremadas) en castellano y con población culturalmente compatible. Las medidas
indirectas, como la pletismografía peneana, aunque miden procesos autónomos, como
es la respuesta fisiológica a un estímulo sexual, son invasivas, manipulables, con
capacidad para dar falsos negativos en contextos forenses y muy dependientes de la
selección de estímulos sexuales que se haga. Tan solo la medición de procesos
automáticos de atención (mirada y dilatación pupilar) a través de eye-tracker ha
demostrado más especificidad y capacidad discriminativa, pero sin ser una prueba
sistemáticamente certera para evaluar la presencia de pedofilia.
(viii) El trabajo presentado evidencia la enorme utilidad que tendría recoger en las
sentencias datos como los especificadores de la pedofilia. Ya se ha expuesto que la no
exclusividad podría ser relevante de cara al pronóstico del tratamiento, pero recoger la
atracción por el sexo resultaría igualmente útil para hacer estudios de peligrosidad
criminal y prevalencia, especialmente en los delitos de pornografía infantil, donde se
obtiene que, si el sujeto que consume material abusivo de menores tiene preferencia
por el sexo masculino, la probabilidad de reincidencia es mayor159. Además, cabe
explorar en todos los casos la relación o no del sujeto con el consumo de material
abusivo de menores, dado que se encuentran diferencias en la caracterización y
tratamiento de los casos de agresión dual (aquellos sujetos que consumen material
abusivo de menores y también cometen delitos de agresión sexual a menores), respecto
a quienes consumen imágenes abusivas de menores, pero no pasan a la acción, y con
quienes cometen la agresión sexual, pero no utilizan ese tipo de material160. En
concreto, MCMANUS, LONG, ALISON y ALMOND encuentran que los agresores duales
tienen mayor acceso a los menores, ya sea por cuestión de parentesco o de profesión;
más antecedentes penales, sobre todo por delitos no sexuales; más comportamientos
de ciberacoso sexual a menores; colecciones de imágenes abusivas de menores menos
variadas que los no duales y tendencia a agredir a menores del mismo sexo y edad
aproximada a los que veían en sus colecciones161. Por su parte, HENSHAW, OGLOFF y
CLOUGH encuentran que los sujetos que solo cometen delitos de pornografía infantil
tienen más parafilias, pero menos puntuaciones en antisocialidad; los que solo
agreden sexualmente son más antisociales y tienen baja puntuación en parafilias; y los
SETO/EKE, «Predicting Recidivism among Adult Male Child Pornography Offenders: Development of the Child
159
Pornography Offender Risk Tool (CPORT)», Law and Human Behavior, (39-4), 2015, pp. 416 ss.; SETO et al., «The
Revised Screening Scale for Pedophilic Interests (SSPI–2): Development and Criterion-Related Validation», Sexual
Abuse: Journal of Research and Treatment, (29-7), 2017, pp. 619 ss.
160
HENSHAW et al., «Demographic, mental health, and offending characteristics of online child exploitation
material offenders: A comparison with contact-only and dual sexual offenders», Behavioral Sciences and the Law,
(36-2), 2018, pp. 198 ss.; MCMANUS et al., «Factors associated with contact child sexual abuse in a sample of
indecent image offenders», Journal of Sexual Aggression, (21-3), 2015, pp. 368 ss.
161
MCMANUS et al., Journal of Sexual Aggression, (21-3), 2015, pp. 368 ss.
168
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
agresores duales puntúan alto en ambas características162. Esto muestra, por tanto, que
los agresores duales son un grupo especialmente problemático y cuyas características
especiales deberían ser tenidas en cuenta de cara a elaborar los tratamientos o aplicar
medidas de peligrosidad.
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InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
7. Anexos
163
El número de sentencia no se encuentra disponible en ninguna base de datos en el momento de realización de
esta investigación. El contacto con la Oficina de Comunicación del Consejo General del Poder Judicial resultó
infructuoso a tal efecto.
176
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22. STSJ Comunidad Valenciana 318/2021, Civil y Penal, Sección de Apelaciones Penales, de 22
de noviembre (ECLI:ES:TSJCV:2021:7078).
177
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20_Pornografía_infantil_CP 1: Sí; 0: No
21_Otros_delitos 1: Sí; 0: No
Especificar por qué otros delitos ha
22_Escribir_otros_delitos
sido condenado en la sentencia
23_Otros_trastornos 1: Sí; 0: No
24_Otras_parafilias 1: Sí; 0: No
25_Trastornos_de_personalidad 1: Sí; 0: No
26_Trastornos_por_consumo_de_sustancias 1: Sí; 0: No
27_Trastornos_del_estado_de_ánimo 1: Sí; 0: No
28_Trastornos_adaptativos 1: Sí; 0: No
29_Trastornos_orgánicos 1: Sí; 0: No
30_Capacidad_intelectual_límite 1: Sí; 0: No
31_Trastornos_psicóticos 1: Sí; 0: No
Especificar qué otros trastornos han
32_Escribir_otros_trastornos
sido diagnosticados
1: Conservada; 2: Afectación leve; 3:
Afectación moderada; 4: Afectación
33_Capacidad_cognitiva grave; 5: Afectada, pero sin
concretar el grado; 99: Sin
información
1: Conservada; 2: Afectación leve; 3:
Afectación moderada; 4: Afectación
34_Capacidad_volitiva grave; 5: Afectada, pero sin
concretar el grado; 99: Sin
información
Escribir los argumentos judiciales
35_Argumentos_judiciales sobre la afectación a las capacidades
cognitivas y volitivas
1: Atenuante por analogía a la
36_Circunstancia_modificativa anomalía o alteración psíquica; 2:
Eximente; 3: Eximente incompleta
37_Sexo_de_las_víctimas 1: Hombre; 2: Mujer; 3: Ambos
1: Pedofilia exclusiva; 2: Pedofilia no
38_Exclusividad
exclusiva; 99: Sin información
39_Agresor_dual 1: Sí; 0: No; 99: Sin información
40_Intrafamiliar 1: Sí; 0: No; 99: Sin información
1: Desconocido; 2: Conocido; 3:
Amigo de familiar; 4: Familiar; 5:
41_Relación_con_la_víctima
Relación profesional (especificar); 6:
Otro (especificar); 99: no disponible
42_Resumen_del_caso Escribir hechos probados
43_Alusión_a_sentencias_previas_o_a_estudios_concretos
178
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179
InDret 2.2025 Nereida Bueno-Guerra/Laura Serranos-Minguela/Javier Gómez Lanz
idiosincrásicas, tanto
adquiridas (ej., previos
trastornos
craneoencefálicos)
como innatas (ej.,
volumen de materia
gris, lateralidad) en el
perfil neuropsicológico
de las personas con
intereses sexuales en
menores, pero no es un
hallazgo unánime que
pueda generalizarse a
todos los casos. Similar
a la orientación sexual,
no existe una causa
orgánica unívoca que
explique la atracción
que ostenta la persona.
180
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181
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