42 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
ARCHIVO ORIGINAL
DEL GENERALISIMO FRANCISCO DE MIRANDA
Ermita de Veracoechea (*)
Esta serie documental tiene un valor de enorme significación para el cono-
cimiento de muchos hechos que marcaron un hito en la historia de la humani-
dad, y en los cuales participó activamente el venezolano Francisco de Miranda,
Precursor de nuestra independencia. Su sensibilidad social, su capacidad de
observación y su sentido de trascendencia le permitieron recoger a través de
sus papeles la forma de actuación de la sociedad europea de aquellos tiempos,
pudiendo dejar constancia para la posteridad de asuntos tan relevantes como la
alta política, la cultura en su más amplio sentido, el comportamiento de los
grupos sociales en los cuales él participó y, en forma muy destacada, la corres-
pondencia que por muchos años mantuvo con los hombres más importantes
de esa época.
El Archivo de Miranda reposa en un arca especial en la sede del Departa-
mento de Biblioteca-Archivo de la Academia Nacional de la Historia, situada
en el Palacio de las Academias (Avenida Universidad), entre las esquinas de
San Francisco a Bolsa, de la ciudad de Caracas (Venezuela).
Dicho Archivo original consta de sesenta y tres (63) volúmenes, divididos
en tres (3) secciones, que son las siguientes:
Viajes: veintiséis (26) volúmenes.
Revolución Francesa: dieciocho (18) volúmenes.
Negociaciones: diecinueve (19) volúmenes.
Estos papeles tienen una significación muy especial y un carácter histórico
trascendental: primero, por la universalidad de la persona de Miranda, quien
(•) Individuo de Número. Sillón Letra "Q".
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fue actor y espectador de muchos de los acontecimientos de su tiempo, y
segundo, porque son documentos que reflejan la cotidianidad de la azarosa
vida del Precursor, desde 1771 hasta 1810, quien como viajero recopiló in-
formación valiosísima para el estudio y comprensión del llamado "Siglo de las
Luces".
En esos casi cuarenta años, Miranda guardó y organizó una variedad de
materiales, tanto públicos como privados, que son de vital importancia para el
conocimiento ecuménico de entonces.
En la Sección_ Viajes nos encontramos con su diario de muchos de los
viajes que hizo por distintos países, en diferentes sitios del globo, como fue-
ron Rusia, Suecia, Austria, Francia, Inglaterra, España y Estados Unidos, en-
tre muchos otros.
En los tomos correspondientes a la Revolución Francesa quedan plasma-
dos los acontecimientos y su propia participación en uno de los momentos
estelares de la humanidad, siendo este rubro una vivencia sin precedentes del
período revolucionario de la Francia del siglo XVIII. La cultura de los pue-
blos europeos de ese tiempo se refleja en estos papeles mirandinos con inusi-
tada precisión, ya que él no fue sólo un actor de primera categoría de varios
de esos relevantes acontecimientos, sino también una persona con un gran
sentido de trascendencia, que con su meticulosidad nos legó una verdadera
joya archivística, para el análisis y conocimiento de la realidad histórica del
tiempo en que le tocó vivir.
Igual importancia tiene el material referido a Negociaciones, donde se
conservan cartas y otros documentos de personajes claves en la política y en
la sociedad de esa época, como las negociaciones con los gobiernos de Ingla-
terra, Francia y Estados Unidos a favor de la independencia ven~zolana.
Miranda fue un hombre de gran significación universal, ya que durante
su vida participó en tres acontecimientos que cambiaron la historia del
mundo: la Independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa y la
Independencia de la América Hispana, dejando constancia de ello en su
Archivo personal, el cual formó y cuidó con un esmero tal que hoy en día
constituye uno de los principales tesoros que posee la nación y actual-
mente se está tramitando ante la UNESCO su inclusión en el registro
Memoria del Mundo.
Durante sus catorce años de permanencia en Londres, Miranda vivió en
diversos sitios, pero en los últimos seis años en esa ciudad su residencia fue
en el Nº 27 de Grafton Street, donde en 1810 tuvo un encuentro muy impor-
tante con Simón Bolívar (el futuro Libertador) y don Andrés Bello.
44 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Según datos aportados por el Dr. José Luis Salcedo-Bastardo, la significa-
ción de esa vivienda la expresó el propio Miranda en la siguiente frase: "Mi casa
en esta ciudad es y será siempre el punto fijo para la Independencia y Liberta-
des del Continente Colombiano" (Salcedo-Bastardo, 1980: p. 7).
Muchas de esas experiencias vividas por Miranda en Londres y el contacto
con personajes de la talla de Bolívar y Bello, entre otros, tienen su manifesta-
ción en cartas que guardó en su Archivo personal.
Este valioso acervo documental, organizado y encuadernado por Miranda
en la ciudad de Londres (en 1805) con el título de Colombeia (nombre éste
que según el lingüista Angel Rosemblat debe leerse Colómbeia y significa "Pa-
peles y cosas relativas a Colombia"), vino en las bodegas del barco que lo trajo
a costas venezolanas, en 1801 llamado por él "Leander", que es en inglés, el
nombre de su segundo hijo: Leandro. En su testamento expresó que esa docu-
mentación acopiada durante largos años en sus viajes internacionales, debía ser
guardada en Caracas, su ciudad natal, para exhibirla como testimonio del gran
afecto que siempre lo unió a su patria y de la dura lucha que llevó a cabo por su
libertad.
Sin embargo, este Archivo se había considerado perdido hasta que un insig-
ne diplomático venezolano, el Dr. Caraciolo Parra Pérez, quien era fiel admi-
rador de la figura de Miranda, inició una exhaustiva investigación en los fon-
dos documentales del Public Record Office pudiendo comprobar que los pa-
peles del Precursor se mantenían en Inglaterra.
Después de los lamentables acontecimientos políticos que vivió Miranda en
Venezuela, en 1812, tras la pérdida de la Primera República y la capitulación
con Monteverde, lo que dio por resultado su prisión y apresurada salida de
Venezuela por el Puerto de La Guaira, pero siempre vigilante de sus papeles,
Miranda ordenó a su edecán y secretario Pedro Antonio Leleux hiciera las
gestiones para embarcar su Archivo con destino a Curazao. De La Guaira
trasladaron a Miranda al castillo de San Felipe, en Puerto Cabello y luego a la
Fortaleza de El Morro, en Puerto Rico, de donde es llevado con destino a
España. En 1814 es encerrado en el Fuerte de las Cuatro Torres, en el Arsenal
de La Carraca, cerca de la ciudad de Cádiz (España), donde fallece en 1816.
Muere el gran precursor de la independencia americana, pero su archivo lo
sobrevive.
Quizás fue una intuición de los acontecimientos que se suscitarían luego de
su salida de Caracas, lo que le permitió salvar sus papeles acumulados durante
cuarenta años y donde quedó para la posteridad constancia de su trato perso-
nal y epistolar con hombres y mujeres de la trascendencia de Bolívar, Washing-
ton, Napoleón, Bello, Sucre, Catalina de Rusia, Dantón, etc.
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Por cierto que hay un dato muy interesante, publicado en 1975 (Boletín
A.G.N. Nº 228; 43/45) Se trata de la referencia de un .joven lituano que en
1942 durante la Segunda Guerra Mundial, estaba entre los soldados que defen-
dían Moscú y llegó a sus manos una biografía inglesa sobre Simón Bolívar. La
figura de Bolívar le sirvió de ejemplo para resistir tantos infortunios y el lituano
comentaba con sus compañeros lo que significaba la lucha por la libertad y los
sacrificios que esta lucha ameritaba. Pero lo que más le llamó la atención fue
conocer, a través de ese libro, una figura como la de Francisco de Miranda, su
afán de lograr la independencia americana y el hecho de haber estado en Rusia.
El joven se juró a sí mismo que, si lograba salvarse de la guerra en la cual estaba
inmerso, escribiría una obra sobre el Precursor.
Veinte años más tarde cumplió su promesa: se publicó en Moscú la primera
biografía en ruso de Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez. Su autor, aquel
soldado lituano, se había transformado en un eminente historiador especialista
en América Latina el Dr. Yosif Grigulevich Lavretski. En el libro el autor dice
que Miranda era un "guardalotodo". "No tiraba nada, conservaba todos sus
papeles y recuerdos, los metía en sus valijas y se los llevaba consigo. Su docu-
mentación es, pues, un tesoro de datos ... " Y más adelante continúa: "lo que
ocurrió fue que aquel inmenso archivo de Miranda había desaparecido. Duran-
te cien años nadie supo donde había ido a parar. Un investigador inglés,
Robertson, rebuscando en la casona familiar de los Vansittart, descubrió la
innumerable colección de papeles".
En 1974 salió una versión castellana del libro de Lavretski, editada por la
Contraloría General de la Nación (Venezuela) y prologada por el Dr. Régulo
Burelli Rivas, Embajador de Venezuela en la U.R.S.S. para ese entonces.
En 1991 la Academia Nacional de la Historia, en coedición con la Funda-
ción Juan Alberto Olivares, publica en su colección Estudios, Monografías y
Ensayos (Nº 145) la obra de YG. Lavretski en español, cuya traducción del
ruso fue realizada por el distinguido Numerario de la Academia de Ciencias
Físicas, Matemáticas y Naturales, Dr. Alberto Eladio Olivares.
De esta traducción he tomado el siguiente párrafo:
"Antes de navegar Miranda redactó el testamento. Como albacea
nombró al comerciante J ohn Ternbull y al ministro de finanzas
Vancittart". El quiso que después de la Independencia de Venezue-
la entregaran su archivo personal a la ciudad de Caracas, "el cual
evidenciará a mi patria el ilimitado amor dado a ella por su ciudada-
no y de las incesantes labores en nombre del bienestar social de mis
amados compatriotas. Los clásicos griegos y latinos de su bibliote-
ca, los deja a la biblioteca de Caracas" (Lavretski; 1991: 155, 156).
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Se refería Lavretski al momento (en 1805) en que Miranda, desde Lon-
dres, preparaba su viaje a Estados U nidos, para buscar ayuda norteamericana
en su proyecto de independizar a las colonias españolas.
La historia del Archivo aparentemente perdido se inicia cuando el secreta-
rio Leleux, por orden expresa de Miranda, lo envía en secreto a Curazao, don-
de el General John Hodgson ejercía el cargo de Gobernador Británico en esa
isla, una de las islas caribeñas próximas a las costas venezolanas. Este súbdito
británico, comprendiendo la trascendencia de la misión que se le encomenda-
ba, envió dichos documentos a Londres, dentro de la mayor prudencia y dis-
creción.
El Dr. Caracciolo Parra Pérez, después de innumerables diligencias y pes-
quisas; llegó al convencimiento de que los papeles del Precursor se encontra-
ban en Inglaterra, presumiblemente en Londres. Entró en conversaciones con
Mr. Stamp, para ese momento Director del Public Record Office, quien le
informó que el Profesor William Robertson había visto papeles de Miranda en
la Biblioteca personal de Lord Bathurst, en el Castillo de Cirencester.
El Dr. Parra Pérez encomendó al Dr. Alberto Adriani, quien vivía en Lon-
dres, hacerle una visita a Lord Bathurst (nieto del conde Bathurst), para con-
vencerlo de que era de suma importancia para nuestro país que esos documen-
tos fueran trasladados al Public Record Office, al cuidado de Mr. Stamp, mien-
tras Venezuela hacía la tramitación para su recuperación.
La labor de Adriani fue exitosa, ya que además del traslado logró que Lord
Bathurst aceptara estudiar una propuesta de negociación.
Una vez revisada la documentación, tanto por Parra Pérez como por Mr.
Stamp y convencidos ambos de que se trataba del Archivo original del
Generalísimo, el mismo Parra Pérez logró con el Presidente venezolano para
aquella época (1926), el General]uan Vicente Gómez, que la nación adquiriera
[Link] [Link], [Link]éndole a Lord Bathurst la suma de tres mil libras es-
terlinas, lo cual fue aceptado por el mencionado Lord.
Para ese momento el Ministro de Relaciones Interiores de Venezuela era
el Dr. Pedro Manuel Arcaya y nuestro Ministro en Inglaterra era el Dr.
Diógenes Escalante: ambos también intervinieron en la importante negocia-
ción.
U na vez adquirido el Archivo, éste fue embarcado hacia Venezuela y los
sesenta y tres (63) tomos organizados por Miranda, donde está contenida gran
parte de su existencia vital, fueron entregados por el Dr. Rubén González,
para ese entonces Ministro de Instrucción Pública, a la Academia Nacional de
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la Historia, para su custodia. La Junta Directiva de esta Institución estaba
integrada de la siguiente forma: don Laureano Vallenilla Lanz (Director), Dr.
Lisandro Alvarado (Primer Vice-Director), Dr. Santiago Key Ayala (Segundo
Vice-Director), Dr. Eloy G. González (Secretario), Dr. José Santiago Rodríguez
(Tesorero), Dr. Alfredo Jahn (Archivero-Anticuario), y Dr. Vicente Dávila
(Bibliotecario). La Comisión de Biblioteca y Archivo la integraban los Nume-
rarios Dr. Francisco González Guinán, don Manuel Segundo Sánchez y don
Carlos F. Grisanti. Los Académicos encargados de examinar el Archivo dona-
do por el Ejecutivo Nacional fueron los doctores José Eustaquio Machado,
Luis Correa y Vicente Dávila, quienes elaboraron un informe y un índice de
dichos fondos documentales. Para la elaboración del índice se basaron en las
primeras páginas de todo y cada uno de los tomos que conforman dicho Ar-
chivo. El 26 de enero de 1927 fue aprobado en Junta el citado Informe, el cual
transcribimos junto con el índice de la documentación por la importancia de
su contenido y a manera de divulgación para todos los interesados en el tema
miran dino:
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Caracas, 18 de Noviembre de 1926
117° y 68° - Nº 387
Señores Dr. Vicente Dávila, José E. Machado y Luis Correa
El Señor Ministro de Instrucción Pública se sirve avisar a esta Corpora-
ción, con fecha 16 del presente mes, que en el Ministerio de Relaciones I nterio-
res se halla a disposición de ella el archivo y papeles del Generalísimo, adquiri-
dos por el Gobierno nacional y mandados pasar a esta Academia, por Decreto
del Señor Presidente de la República, del 24 de julio ppdo.
Considerada la importancia de esta adquisición, la Academia acordó comi-
sionar a Uds. para que se sirvan recibir en su nombre, del mencionado Despa-
cho de Relaciones Interiores, la valiosa documentación y cúmpleme comuni-
carlo a Uds. para que se sirvan proceder en consecuencia.
Soy de Uds. muy atento servidor,
El Director,
L. VALLENILLA LANZ
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Caracas, 25 de Enero de 1927
Señor Director de la Academia Nacional de la Historia
Presente.-
Nos es satisfactorio significar a U d., que hemos cumplido la misión que nos
confiara la Academia Nacional de la Historia, al designamos para recibir del
Ministerio de Relaciones Interiores el Archivo del General Miranda, adquiri-
do en Londres por el Gobierno nacional. Con emoción y júbilo hemos exami-
nado cuidadosamente esa colección de documentos, la más importante, sin duda,
que haya obtenido la Nación después de la del General O'Leary. La vida del
personaje ilustre que la formó aparece allí bañada en nueva luz y pide
imperativamente la comprensión y el estudio de las nuevas generaciones.
Todo en aquel hombre fue extraordinario; pero lo es más la constancia con
que se consagró a promover la Independencia de la América española, que él
bautizó con el nombre de Colombia en sus sueños de patria y libertad. Cua-
renta y cinco años de su existencia consagró a tan noble ideal, y elfuego sagrado
que ardía en su pecho le llevó a luchar al lado de Washington por la emancipa-
ción de las Colonias inglesas y en la Francia republicana por los principios
inmutables del derecho y la justicia.
En aras de esas deidades y en solicitud de prosélitos y apoyo para su obra
redentora, fue de pueblo en pueblo y se puso en contacto con los hombres emi-
nentes del mundo en aquellas turbias épocas de renovación social. Su labor a
ese respecto es formidable, pudiera decirse única; y de ella dan cabal constancia
esos 63 tomos destinados por Miranda a Caracas, su ciudad nativa, y que por
un azar de la fortuna vuelven hoy en perfecto estado de conservación a cumplir
aquel voto generoso.
El Archivo está dividido así:
Viages . .................................................................. 26 Tomos (1764a 1793)
Revolución Francesa . ........................................... 18 Tomos ( 1792 a 1808)
Negociaciones . ..................................................... 19 Tomos (1770a 1810)
Pensaron los suscritos hacer un estudio detenido del Archivo y optaron lue-
go, vistos la extensión y el tiempo que necesitaban para ello, por recomendar a
la Academia la publicación de los Indices que aparecen al frente de cada volu-
men. Dicha publicación dará al lector idea aproximada del valor excepcional y
del enorme interés histórico de esos documentos.
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La perse'lJerancia, como hemos dicho, fue el resorte principal de la vida del
General Miranda, quien hace constantes alusiones a esta esencial cualidad. La
inscripción latina "Ingenti Pa'triae Perculsus Amore", puesta al frente del pri-
mer tomo de Negociaciones, dice de cómo aquella virtud estuvo en él ligada sin
desmayos al amor de la Patria, que si no posee sus venerandas cenizas, tiene
desde hoy un altar donde rendir culto a su memoria en ese glorioso monumento
puesto bajo la guarda de la Academia de la Historia.
Con el doctor C. Parra Pérez, a quien debe Venezuela en gran parte el ma-
ravilloso hallazgo, podemos decir que Miranda es "el gran desconocido". El
estudio completo de su vida proyectará claridades deslumbradoras por toda la
extensión del Continente y en el drama complicado y sangriento de la Re'lJolu-
ción Francesa, del que fue uno de los actores principales. Su figura crece a
medida que se la contempla más de cerca. Desde la Argentina hasta México y
los Estados Unidos, los historiadores, los eruditos, los amantes de nues'tro pa-
sado tendrán desde hoy que volver los ojos a esos documentos que por más de
cien años permanecieron en la biblioteca del conde Balthurst, y que su nieto,
lord Balthurst, vendió a la Nación por la suma de 'tres mil libras esterlinas,
mandadas a erogar por el Presidente de la República General Juan Vicente
Gómez.
Son poco conocidas las vicisitudes porque pasó el Archivo que nos ocupa, el
cual fue arreglado por el propio General Miranda en 1805, antes de partir para
los Estados Unidos y preparar la invasión a Coro y Ocumare. Fracasada esta
última, el Precursor volvió a Inglaterra a continuar sus 'trabajos por la Eman-
cipación. A fines de 181 O, colocada ya en Venezuela en el camino de la absoluta
independencia, obsesión de sus días, Miranda se embarcó para su patria por
empeños del futuro Libertador. Traía consigo su Archivo avalorado con los
documentos correspondientes a cinco años de activas labores hasta la llegada a
Londres de la misión diplomática de Bolívar y López Méndez. Cuando en
1812, después de la desgraciada Capitulación con Montf'Verde, resuelve Mi-
randa embarcarse, el Gobernador de Curazao, entonces bajo el dominio britá-
nico, pone a disposición del Generalísimo la goleta "Saphire", su capitán H eynes.
El día 30 de junio a las siete de la noche llega Miranda a La Guaira. El coman-
dante del barco inglés baja a tierra y le insta para que se embarque inmediata-
mente. Miranda manda a bordo su equipaje, y con éste su Archivo, con la
resolución de embarcarse al día siguiente. Esta vacilación resultó funesta, pues
en la madrugada del 31 fue reducido a prisión. Advertido el Comandante
H eynes de esta circunstancia y de que iba a ser cerrado el puerto por las auto-
ridades españolas, ya en posesión de la plaza, lf'Vó anclas y se dirigió a Curazao
a cuyo Gobernador entregó los papeles puestos bajo su custodia. Este último los
remitió al conde Bathurst, entonces todopoderoso Minis'tro de las Colonias, en
50 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
cuya biblioteca fueron encontrados al cabo de ciento trece años por la acucia
patriótica del doctor C. Parra Pérez, Encargado de Negocios de Venezuela en
Suiza, autor de la notable obra "'Miranda et la Revolution Francaise" y uno de
los más felices escudriñadores de cuanto se relaciona con la vida de quien,
vistos los alcances mundiales de su obra, dijo Juan Vicente González que había
inspirado a Byron su "Don Juan".
Copiosa labor de revaluaciones históricas se inicia con la aparición de ese
Archivo, comenzando por la fecha misma del nacimiento del General Miranda,
acerca de la cual no se habían puesto de acuerdo los historiadores y que corres-
ponde exactamente al 28 de marzo de 1750, poco más de un año después del
matrimonio de sus padres, don Sebastián de Miranda y doña Francisca Antonia
Rodrí[Link] de Espinosa. Los escritos de Miranda, sus observaciones de viajero,
sus ideas políticas y constitucionales, sus gustos artísticos, sus lucubraciones filo-
sóficas, se hallan en los 63 tomos del Archivo para dar perenne testimonio de sus
ideales y de los que abrieron las rutas de la acción a casi todos los futuros grandes
hombres de la América española con quienes estuvo en relaciones. Para los bi-
bliógrafos ofrece también el Archivo interés excepcional por la enorme cantidad
de impresos (libros raros, folletos, periódicos y carteles) que contiene. Hay asi-
mismo dibujos, mapas, planos y miniaturas antiguas, difíciles hoy de [Link]
aún en los centros dedicados al comercio y cultivo de esas especialidades.
De todo ello dará una idea cabal esta publicación, que exornan el retrato del
General Miranda, obra del célebre grabador y dibujante francés Charles-Etienne
Gaucher; el facsímil de la carta del Comité Ejecutivo Provisional por la que se
acepta a Miranda con el grado de Mariscal de Campo al servicio de la Repúbli-
ca Francesa, y que firman Roland, Danton, Le Brun, Monge, Servan y
Grouvelle, y la fotografía del Archivo en la caja especial donde con el mayor
cuidado se tiene en la Biblioteca de la Academia.
Al dejar así cumplida nuestra misión, abrigamos la esperanza de que el
Gobierno Nacional, por el digno órgano del Ministro de Instrucción Pública,
completará su patriótica obra ordenando a la brevedad posible la publicación
del Archivo, en forma digna de su interés universal y con la circunspección y
seriedad que caracterizan los actos de la presente Administración.
Con sentimientos de la más distinguida consideración, somos del señor Di-
rector
Attos. Seguros Servidores,
Vicente Davila ]ose E. Machado Luis Correa
ESTUDIOS 51
Al señor D. Laureano Vallenilla Lanz, Director de la Academia Nacional de
la Historia. Presente.
JUNTA ORDINARIA DEL 26DE ENERO DE 1927
González Guinán
González ( Eloy)
Dávila
Machado
Jahn
Villanueva Mata
Se abrió la sesión con asistencia de los señores Académicos anotados al mar-
gen y bajo la presidencia accidental del Dr. González Guinán, por ausencia
justificada del señor Director.
Fue leída la minuta de acta de la sesión anterior y aprobada.
El secretario dio cuenta:
l. De una comunicación del señor F. Contreras B., de Guatemala,fecha 1°
del presente mes, en la cual envía a la Academia sus felicitaciones de Año Nue-
vo. El señor Presidente dispuso que se avisase el recibo, retribuyendo las felici-
taciones.
2. De los impresos recibidos por esta Academia desde el día 19'del presente
mes hasta hoy, y los cuales fueron pasados a la Biblioteca, con lista correspon-
diente.
3. Del informe presentado por la Comisión nombrada para recibir del Se-
ñor Ministro de Relaciones Interiores el Archivo del Generalísimo. Leído y
aprobado el informe, el señor Presidente dispuso que se publique como intro-
ducción del Indice General del Archivo.
No habiendo otro asunto de qué tratar, se levantó la sesión.
EL SECRETARIO
Eloy G. González
52 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Según datos aportados por el Dr. Mario Briceño Perozo en su obra
Mirandonianas quien fue Bibliotecario-Archivero de la Academia Nacional
de la Historia por más de veinte años y el más experto conocedor del Archivo
del Generalísimo, una vez concluida la revisión de los papeles y elaborado el
Informe y el Indice correspondientes, el Poder Ejecutivo ordenó la publica-
ción del Archivo en tomos de cuatrocientas páginas, en 8° mayor, con un tiraje
de cinco mil ejemplares de cada uno.
El decreto tiene fecha 24 de julio de 1927 y aparece en la Gaceta Oficial del
lunes 25 de julio de 1927, bajo el Nº 16.257, página 68.318.
Aunque se nombró una Comisión para dirigir la publicación, fue el Dr.
Vicente Dávila quien realizó la mayor parte del trabajo.
En dicha edición se acorta el número de tomos originales, pero se respeta la
organización y catalogación que le dio el propio Miranda y se mantienen los
idiomas en que fueron escritos: español, inglés, francés, holandés, alemán, y
portugués, con citas en griego y latín.
Miranda agrupó sus papeles en tres (3) secciones: Viajes, tomos del 1 al 26
(1764-1793); Revolución Francesa, del 1 al 18 (1792-1808); y Negociaciones
del 1 al 19 (1770-1810), que hacen un total de 63 volúmenes y son los que
reposan en el Archivo de la Academia Nacional de la Historia, en un arcón de
granito negro, con laterales de vidrios anti-fuego, que remata en la parte supe-
rior con un busto en bronce del Generalísimo, situado en una base que dice
"Miranda" ejecutado por el escultor italiano Montaguti.
Este cúmulo de información es lo que se ha llamado el Diario de Miranda,
por reflejar en sus distintas secciones el diario acontecer de una vida llena de
interesantes momentos, que reflejan la personalidad avasallante del Precursor
y su trascendencia universal.
Para concluir y tomando palabras textuales del Dr. Mario Briceño-Perozo,
diré lo siguiente:
"Los papeles de este Archivo compendian la historia de las dos
más grandes revoluciones del siglo XVIII, la Americana del Norte
y la Francesa; ellos son la memoria viva del movimiento emanci-
pador de Suramérica; el contenido magistral de las alforjas de un
sabio y diligente archivero; la experiencia riquísima de un viajero
universal; el testamento de un patriota; la angustia, la pasión, el
triunfo y la tragedia de todo un cruzado de la libertad".
Caracas, 17 de marzo de 2000
ESTUDIOS 53
BIBLIOGRAFIA
Colombeia. t. l. Caracas, 1978.
Collado, Celso. "El año de Miranda en Rusia". En: Boletín Archivo General
de la Nación- Nº 228. Caracas 1975.
Indice del Archivo del General Miranda. Caracas, Tipografía Americana,
MCMXXVII.
Lavretski, YG. Miranda. (Traducción de Alberto E. Olivares) A.N.H. Colec-
ción: Estudios, Monografías y Ensayos, Nº 145. Caracas, 1991.
Salcedo-Bastardo, J .L., Francisco de Miranda. En: Diccionario de Historia de
Venezuela. Fundación Polar, p.p. 939-944. Letras E-0. Caracas, 1988.
Salcedo-Bastardo,J.L.,Crisol del Americanismo, la casa de Miranda en Lon-
dres. Cuadernos Lagoven.- (Caracas, Octubre 1980).