Tormenta en el alma, crisálida inquieta,
donde el capullo de la infancia se agrieta.
Un día, sol radiante, risa que florece;
al otro, sombra densa que el alma oscurece.
Como olas chocando contra el malecón,
la furia emerge sin clara razón.
Un comentario ajeno, chispa encendida,
y el volcán interno ruge sin medida.
Luego, la calma repentina, la mirada perdida,
un anhelo profundo, la emoción escondida.
La música, refugio, lenguaje secreto,
donde el sentir complejo encuentra su respeto.
El amor incipiente, torpe y tembloroso,
un rubor en las mejillas, un verso dudoso.
La amistad, baluarte contra la marea,
abrazo sincero que el miedo doblega.
La duda punzante, "¿quién soy en verdad?",
reflejo fragmentado de la identidad.
La búsqueda constante, la experimentación,
dibujando los bordes de la propia nación.
Así navegan, entre risas y llantos,
deshojando las dudas, sembrando los cantos.
Adolescencia, río de aguas cambiantes,
forjando el carácter con sus altibajos constantes.