SISTEMAS POLITICOS EN EL ASIA CENTRAL
DE LA CREACION DE ESTADOS-NACION INDEPENDIENTES
A LAS LIMITADAS POSIBILIDADES DE TRANSICIONES
DEMOCRATICAS
TEMA EN EL CUAL SE ENMARCA LA INVESTIGACION:
SISTEMAS DE GOBIERNO EN ASIA, AFRICA Y AMERICA
LATINA
AUTOR: GUSTAVO ADOLFO SOTO MARIN
PROFESOR DE CATEDRA DE LA FACULTAD DE DERECHO
Y CIENCIAS POLITICAS DE LA UNIVERSIDAD DE
ANTIOQUIA
DIRECCION DE CORREO ELECTRONICO:
gasoto11@[Link]
Por medio de este escrito, pretendo en primer lugar, realizar muy brevemente una
contextualización del espacio geográfico que pretendo analizar (El Asia Central) y
posteriormente continuar con develar como son los sistemas políticos y cuales son las
principales fuerzas políticas de la región para finalmente señalar cuales son los
aspectos que dificultan o limitan la posibilidad de que hasta el momento podamos
pensar en la posibilidad de transiciones realmente democráticas en la zona conocida
como el Asia Central.
De la misma manera, enfatizar en que si bien es cierto se han dado cambios
concretamente en materia económica, donde se han realizado procesos de
liberalización y apertura frente a la inversión extranjera - como sucede en el campo de
los hidrocarburos-; en lo político los cambios han sido cosméticos porque su dirigencia
prácticamente no ha variado.
1. CONTEXTUALIZACION DE LA REGION DEL ASIA CENTRAL.
La región denominada Asia Central es básicamente una región que comprende cinco
naciones (aunque algunos piensan que Afganistán y Pakistán también hacen parte del
Asia Central) que son: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.
También denominados por algunos para mayor facilidad “los cinco istanes”.
Estas cinco naciones hacían parte en la antigüedad de la zona donde se estableció la
llamada “ruta de la seda” e igualmente fue la zona pivote para la gran expansión del
imperio mongol.
El Asia Central es para nosotros los colombianos y en general los latinos, una región
remota y de la cual conocemos relativamente poco ya que las informaciones que nos
llegan principalmente del continente Asiático, nos llegan principalmente de la zona del
Oriente Medio, Irán, Pakistán, la India, China, las Coreas y Japón. Y del Asia central
prácticamente en nuestra región se oye hablar muy poco.
Los países del Asia Central en la actualidad están cobrando una inusitada fuerza
debido a los juegos geopolíticos y de intereses que allí se están moviendo
principalmente de países como Rusia, China y los Estados Unidos.
Si tomáramos el Asia Central como una sola entidad, vemos que la misma limita al este
con la Republica Popular China, al norte con la Federación Rusa, al oeste con el Mar
Caspio y al sur con Irán y Afganistán.
Geográficamente la región se compone por estepas (principalmente el norte en
Kazajistán) zonas desérticas en el oeste (los desiertos en Karakum en Turkmenistán y
de Kizilkum que comprende zonas de Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán) mares
interiores (Mar Caspio, Mar de Aral, lago Balkhash, lago Issyk Kul) y zonas montañosas
(principalmente al Sur oriente en Tayikistán y Kirguistán).
Étnicamente es una región bastante diversa y demográficamente poco poblada (a
excepción de Uzbekistán). Y en lo atinente a la religión se puede decir que existe un
porcentaje bastante elevado de la población que practica el islam y otro porcentaje
también importante pero un poco menos elevado, que practica el cristianismo ortodoxo.
El resto de la población se reparte en otros credos religiosos o simplemente se
declaran no creyentes.
2. ANALISIS DE LAS FUERZAS POLITICAS Y LOS SISTEMAS POLITICOS
DEL ASIA CENTRAL.
La región del Asia Central hace parte de lo que algunos analistas denominan “el
espacio post soviético” ya que evidentemente hay que tener en cuenta que el pasado
de estas cinco republicas del Asia Central, estuvo ligado en primer lugar a la Rusia
Zarista y posteriormente y luego del triunfo de la revolución bolchevique, a la Unión de
Republicas Socialistas Soviéticas (URSS).
De hecho, en el siglo XIX la región fue objeto de disputa entre Rusia e Inglaterra por las
ambiciones de expansión imperial de ambas potencias en lo que Rudyard Kipling
denomino “El Gran Juego” o “Torneo de las Sombras” como lo llamaron los rusos.
Luego que la Unión Soviética se anexa la zona del Asia Central, los dirigentes
asentados en Moscú trazaron en la década de los años 30 del siglo XX, los limites
entre las cinco republicas del Asia Central de manera arbitraria ya que en algunos
casos no consultaron el arraigo histórico de algunas regiones a una entidad nacional
determinada. Fue el caso concreto de las ciudades de Samarcanda y Bujara y sus
regiones adyacentes que fueron anexadas a Uzbekistán cuando históricamente han
sido regiones ligadas a Tayikistán.
Posteriormente la zona prácticamente se hizo invisible y se subsumió en una mayor
entidad histórica denominada Unión Soviética. De hecho toda su estructura de
funcionamiento (jurídica, política y económica) no fue más copia del poder central “Los
mismos poseían un diseño partidista con politburós regionales que respondían, con
subordinación directa, al politburó central. De igual modo, las instituciones judiciales y
los órganos legislativos territoriales eran extensión mimética de los existentes en
Moscú. (Akira de la Puente, 2009).
Ello implicó que prácticamente estas republicas del Asia Central confiaran su suerte a
la suerte de la URSS ya que, o bien no se tenia mayor claridad con respecto a cuales
serian las formas en las que sus dirigentes locales debían administrar la región y por
otra parte la no posibilidad de estrechar lazos con los países del sur de sus fronteras
(Irán y Afganistán) debido a que se encontraban bajo el influjo de potencias hostiles.
Ello hizo que la frontera sur del Asia Central se volviese una “frontera dura” durante
todo el periodo soviético. Igualmente la frontera este (Kazajistán y Kirguistán) con
China se endureció, luego de la muerte de Stalin y la hostilidad que degeneró en el
rompimiento de la relaciones y incluso la confrontación entre la URSS y la Republica
Popular China.
El que el Asia Central ligara su suerte a la suerte de la URSS y que sirviera de zona de
expansión militar e influencia ideológica del aparato soviético hacia el Oriente Medio y
el Asia Meridional, hizo que sus dirigentes locales (algunos de ellos criados en
orfanatos soviéticos como el fallecido premier Turkmeno Saparmirat Niyazov y el actual
premier de Uzbekistán Islam Karimov) antepusieran por encima de cualquier
consideración que implicara reclamar mayor autonomía, el fortalecimiento de los lazos
y su apoyo absolutamente incondicional y casi servil a Moscú. De hecho cuando pasan
a ser entidades nacionales independientes luego e la caída de la URSS se da un
proceso bastante particular y diferente del otras ex republicas soviéticas.
En Asia central y el Transcáucaso no había ninguna clase de
«liberalismo» ideológico, sino el despotismo de hecho, al mismo tiempo
que Moscú conocía poco y entendía menos sobre su vida interna. Estos
países fueron de hecho sistemas cerrados que vivían sus propias vidas
separadas. Los dirigentes del PC en Asia central solamente tenían que
aparecer en Moscú llevando regalos y proclamando las consignas
correctas, y con ello se les dejaba en paz. (Furman, Republicas ex
sovieticas: democracias de imitacion, 2009).
Los centroasiáticos permanecieron durante la época soviética tan encerrados en su
propia burbuja, que cuando se da el proceso de la implosión de la URSS, fueron las
últimas repúblicas en declarar su independencia. De hecho, podemos decir que el Asia
Central no vivió propiamente un proceso de descolonización al estilo africano, sino que
se encontró la independencia sin haberla buscado y prácticamente sin quererla ya que
precisamente fue la zona de la ex URSS que voto por el mantenimiento de la unión en
el referendo llevado a cabo en el año 1991.
Pero dado ya el hecho irrefrenable de la disolución de la URSS, los países del Asia
Central surgen como naciones independientes y entran en un escenario internacional
totalmente extraño para ellos y cada vez más cambiante. Esto sumado a las demandas
tanto internas (de cambios políticos y sociales) como externas (de apertura
económica), hicieron que los dirigentes políticos de la zona y que ostentaban el título
secretarios generales de los partidos comunistas de sus respectivos países, se vieran
obligados a actuar rápidamente. En este orden de ideas y como tendencia general los
premieres de las repúblicas centroasiáticas se convirtieron en camaleones políticos que
demostraron una habilidad pasmosa para cambiar y adaptarse a las nuevas lógicas de
las nacientes sociedades surgidas del final de la guerra fría. Pero mientras el discurso
económico y político fue rápidamente adaptado a las nuevas realidades cambiantes,
sus viejas estructuras mentales, y esa profunda y casi invariable “esencia
centroasiático-soviética” prácticamente no tuvo mayores modificaciones.
Prueba de ello fue mantener la estructura intacta de los partidos llamados comunistas.
Así, simplemente al partido comunista de Uzbekistán simplemente se le quitó la palabra
“comunista” y se la cambio por “Democrático” o en el caso de Tayikistán “Democrático
Popular” pero ello solamente fue un cambio de nombre como sucedió con todas las
demás repúblicas asiático-centrales ya que en el fondo no estaban las condiciones
dadas para el pluralismo político y posteriormente han sido los mismos dirigentes (tres
de ellos se mantienen aún en el poder desde el momento mismo de la implosión de la
URSS) los que han impedido por todos los medios posibles a su alcance y de variadas
formas, tanto la posibilidad de partidos políticos de oposición fuertes como una real y
efectiva separación de poderes.
Dicha élite en su gran mayoría estaba, y aún está, formada por las
mismas figuras que en la era soviética eran los máximos representantes
de Moscú en esos territorios. Además, a ello se le agregaba el elemento
étnico y cultural, en el cual se evidencia con mayor claridad la división
entre clanes, en la medida en que estos iban logrando una mayor cuota
de representatividad en las estructuras de poder político y económico.
(Akira de la Puente, 2009).
Esta ha sido en parte una de las grandes habilidades que estos dirigentes han tenido y
es precisamente mantener balanceados los pesos y contrapesos que implican el poder
de los clanes al interior de sus países y darles participación en las cuotas de poder. El
ejemplo más claro de ello es el del presidente de Kazajistán Nursultan Nazarbayev a
quien los kazajos en su mayoría buscan mantener en el poder por que lo consideran
“una garantía de estabilidad de la nación”. El caso de Tayikistán implicó tener que
llegar a una acuerdo de paz luego de la sangrienta guerra civil que enfrento a islámicos
y herederos del partido comunista Tayiko, donde a los islámicos se les reconoció el
30% de los puestos de poder, pero el aún presidente Emomali Rahmon mantiene el
poder y la mayoría en los puestos en el gobierno y el parlamento.
De los cinco países del Asia Central solamente podemos ver un solo traspaso del
poder por vía democrática (por el momento) y es el caso de Kirguistán donde luego de
pasar por dos revoluciones (2005 y 2010), mantuvo en interinidad a Rosa Otunbayeva
por un año luego del cual el parlamento eligió a Almazbek Atambayev como presidente
actual de la nación a finales del 2011 El resto de las repúblicas centroasiáticas no ha
tenido esa posibilidad: Nursultan Nazarbayev es el único presidente que ha conocido
Kazajistán desde su independencia de la URSS, igual sucede con Islam Karimov en
Uzbekistán y Emomali Rahmon en Tayikistán. Y en Turkmenistán quizás sucedería lo
mismo, de no ser por que Saparmirat Niyazov (quien era el presidente del país desde
su independencia) falleció en el año 2006 y fue reemplazado por su vice primer ministro
Gurbangulí Berdimujamédov aún en el cargo.
La región del Asia Central históricamente ha sufrido la influencia de imperios como el
turco y el mongol (y posteriormente también la influencia Rusa) y ello en algunos casos
explica los procedimientos a los que en algunas ocasiones recurren sus dirigentes.
Ejemplo caso concreto de ello son las formas (brutales en algunos casos) de proceder
frente a la oposición política.
Podemos englobar lo escrito hasta el momento diciendo que los sistemas políticos en
Asia Central son sistemas políticos cerrados, en su mayoría refractarios al cambio
(Kirguistán parece ser hasta el momento la única excepción) donde la oposición política
si existe es no solamente minoritaria sino bastante perseguida y limitada y donde hay
graves denuncias de violaciones sistemáticas a las libertades políticas de los exiguos
partidos de oposición. Además de lo anterior, claramente se evidencia que en la
práctica, no existe una verdadera separación ni contrapeso de poderes entre las tres
ramas del poder público ya que el legislativo (parlamento) y los jueces son
prácticamente apéndices del ejecutivo y legitimadores de sus decisiones.
En la mayoría de los países de Asia central predominan como autoridad
central son el parlamentarismo y el autoritarismo “En el caso de
Kazajstán, el Parlamento bicameral –que engloba la Asamblea (Majilis) y
el Senado– tiene un poder limitado: únicamente puede aceptar o rechazar
las leyes propuestas por el presidente. En Turkmenistán, el Parlamento
unicameral, la Asamblea (Mejlis), es puramente simbólico y carece de
autoridad independiente. Cuando se reúne de forma ocasional, se limita a
aceptar las leyes ya promulgadas por el presidente. En Kirguizistán, el
Parlamento, denominado Consejo Supremo (Jogorku Kenesh), que antes
del referéndum de febrero de 2003 comprendía dos cámaras, (la Cámara
Alta y la Asamblea de Representantes del Pueblo), ha visto como la
Presidencia kirguiza recortaba sus funciones desde mediados de los años
noventa. Sólo dispone, según testimonio de los diputados, de un poder
muy restringido. En Tadzhikistán, la Asamblea Nacional (Majlisi Oli) –que
se compone de una cámara baja o Asamblea de Representantes (Majlisi
Namoyandagan) y de una cámara alta o Asamblea Nacional (Majlisi
Milliy)– está totalmente dominada por el partido presidencial. Además, en
la práctica, disfruta de muy poca independencia. Finalmente, en
Uzbekistán, la Asamblea Nacional (Oliy Majlis) no posee iniciativa alguna
en materia legislativa; se conforma con ratificar las leyes iniciadas por el
presidente. (Kellner & Reza Djalili, 2005).
El Asia Central ve así como las tendencias a un ejecutivo fuerte posiblemente se
mantendrán así como negación de espacios a la oposición que aunque se agrupa en
su mayoría en partidos islámicos (religión mayoritaria en la región) ha sido hábilmente
estigmatizada y en algunos casos vinculada a grupos extremistas. Se mantiene así la
tendencia de la era soviética cuando se perseguía a las tendencias políticas islamistas
para evitar el fortalecimiento de separatismos en el Asia central que por “efecto
contagio” venido desde el sur (Afganistán y Pakistán) pudiesen desestabilizar la región
centroasiática.
Las organizaciones políticas islámicas comenzaron a formarse durante la
época soviética. También fueron un fenómeno político bastante influyente
durante los primeros años tras la independencia de las republicas
centroasiáticas. Sin embargo, tras esta primera etapa posterior a la
independencia, las organizaciones desaparecieron por completo del
escenario político de la región como entidades políticas. (Abazov, 2008).
Es claramente evidente la estrategia de tener un doble discurso por que mientras de un
lado se juega con el esquema internacional de un poder en teoría tripartito y aupar
partidos de “supuesta oposición” en la práctica, no se evidencia la posibilidad de que
los partidos de gobierno puedan perder en las elecciones que siembre son
denunciadas por los veedores internacionales como fraudulentas y donde los
presidentes-candidatos suelen obtener más del 90% de los votos. Un caso palmario de
jugar a esa estrategia es Uzbekistán.
Pese al mantenimiento de una fachada democrática, los procesos
electorales han estado controlados por el poder, y el propio Karimov ha
decidido en estos quince años postsoviéticos los partidos que podían
presentarse y quiénes podían participar… formando incluso
organizaciones progubernamentales para dar apariencia de pluralidad al
régimen. Karimov no tuvo empacho en prolongar su mandato como
presidente en un referéndum, y, en 2000, más del noventa por ciento de
los votantes lo reelegían por cinco años más, aunque un nuevo
referéndum ampliaría otra vez su mandato (Polo, 2006)
A pesar de lo ya mencionado, los sistemas políticos asiático-centrales van de la mano
también con situaciones propias de cada una de estas naciones y aún me medio de la
neblina autoritaria, se pueden ver algunos rasgos diferenciadores entre ellos a la hora
sus mandatarios ejercer el poder y gobernar a sus sociedades con rasgos sociales y
culturales que las diferencian.
El caso de Kazajstán es particular teniendo en cuenta que tiende a ser un régimen
fuerte y bastante hábil que recurre a una especie de “represión moderada” en
comparación con la represión brutal que se ejerce en Uzbekistán. El caso kazajo es
diferente por que el presidente se ha solidificado en el poder con base en una mezcla
de soborno, censura, detenciones con juicios sumarios, desprestigio, control de los
medios y de las otras ramas del poder público, cooptación de partidos políticos y
vender su permanencia en el cargo como garantía de estabilidad y preservación de la
unidad de la nación.
En el caso de Turkmenistán, se evidencia el mantenimiento del poder monolítico que
mantenía el anterior premier Nyyazov sumado al marcado culto a la personalidad de su
figura (estatuas suyas a lo largo y ancho del país, billetes con su rostro, el Runhama
escrito por Nyyazov de obligatoria lectura en el sistema educativo etc.) lo cual lo llevó a
malversar los fondos de la nación derivados de las ventas de gas natural (uno de los
principales productores mundiales) en obras absolutamente faraónicas y que
prácticamente a nadie beneficiaron, mientras gobernaba uno de los países más pobres
de Asia.
“En 1996, en Ashjabad, la capital de Turkmenistán, se completó la
construcción de un aeropuerto internacional de grandes dimensiones. El
enorme y lujoso edificio de la terminal fue diseñado para acomodar al
esperado flujo de líneas aéreas occidentales en aquella republica
desértica rica en petróleo y gas natural, pero lo cierto es que en ella
resuena el silencio. Al cabo de unos meses fue parcialmente clausurado,
por que el mantenimiento era demasiado caro, y el resto, con solo unas
pocas llegadas de vuelos a la semana, apenas se usaba…las
comunicaciones con el mundo exterior eran de la máxima prioridad para
todas las republicas de Asia Central, una vez obtenida su independencia
en diciembre de 1991, pero casi una década después da la impresión de
que hubo más caravanas de camellos en la legendaria ruta de la seda
que en la actualidad” (Rashid, 2001).
Su sucesor Gurbangulí Berdimujamédov aunque no mantiene ese culto a la
personalidad tal grotesco, si mantiene un poder incuestionable y su partido (Partido
Democrático de Turkmenistán) es el único legal en el país.
El caso de Kirguistán es quizás el único que se sale en alguna medida del “molde
centroasiático” y es precisamente por una clara tendencia de los kirguises a ser más
interesados y menos apáticos en los temas políticos y una clara tendencia a
manifestarse pública y masivamente (recurriendo a la insurrección y la violencia si es
necesario) cuando consideran que el rumbo de la nación esta indefectiblemente
virando hacia un autoritarismo restrictivo. Eso fue lo que le paso al primer presidente de
la nación Askar Akayev (quien llevaba 15 años en el poder) cuando quiso continuar
ejerciendo el poder en el año 2005 por un tiempo más y la revolución de los Tulipanes
no se lo permitió y fue derrocado, buscando refugio en Rusia como asilado político. Y
fue igualmente (y paradójicamente) lo que le paso a Kurmanbek Bakiyev su sucesor en
el año 2010.
Ello quizás se puede explicar en la diversidad de la nación Kirguisa en la cual coexisten
varias religiones y etnias sin mayores problemas y salvo algunas excepciones (el 11%
de la población carece de filiación religiosa).
“Desde su independencia, Kirguistán se ha autoproclamado ‘la suiza del
Asia Central’: un país multiétnico que ha ido mucho más lejos que
ninguno de sus vecinos en la instauración de una sociedad
abierta…Ednan Karabaev, de la universidad Kirguisa Rusa-Eslava dice
‘nosotros comenzamos por reformar el estado, y Uzbekistán por
trasformar su economía. Nuestra estructura estatal habría impedido el
éxito de las reformas, mientras que en Uzbekistán se habría producido
una explosión social si hubiera comenzado por modificar su estructura
política’. Aunque reconocen su escasa experiencia de autogobierno, los
Kirguises reivindican los principios democráticos arraigados en su pasado
nómada”. (Guttman, 1999).
Tayikistán después de su independencia, tuvo que vivir un proceso diferente al resto de
las repúblicas del Asia Central ya que padeció una guerra civil por espacio de 5 años
que desangró a la nación y finalizó con una negociación dándole a los partidos
islámicos participación en el poder. El acuerdo se firmó en el año de 1997 el mismo año
que los talibanes tomaban el poder en Afganistán. Quizás ello evitó el involucramiento
de los Talibanes en el conflicto Tayiko y un escenario aún peor de haberse mantenido
la guerra civil en la nación.
La frágil estabilidad política en Tayikistán basada en los acuerdos de paz de 1997
puede en cualquier momento romperse debido a la limitación de espacios democráticos
y además a la fragilidad económica del país más pobre del Asia Central. Lo que hace
que puedan estarse dando todas las condiciones y caldo de cultivo para que el acuerdo
de paz salte por los aires pudiéndose dar la posibilidad de que la oposición se
radicalice y cree alianzas con movimientos islamistas armados presentes en la región y
el escenario sea aún peor. Ello sumado claramente a una situación económica que no
ayuda para nada en la estabilidad del país por que sobre todo los jóvenes son lo que
están sufriendo las consecuencias de la situación económica Tayika y ven en el trafico
ilegal de droga (por Tayikistán sale gran parte del opio de Afganistán) o en la violencia,
la única salida a su situación
“Pero los puestos de trabajo escasean e inevitablemente algunos de los
parados pasan a engrosar las filas de la militancia islámica. Tal como
explica un funcionario estadounidense: ‘se trasladan a Pakistán para
estudiar religión [fue allí donde se instruyeron muchos líderes talibanes] y
pasan del aprendizaje del Corán al de los fusiles kalashnikov’”. (Edwards,
2002).
Uzbekistán es considerado el estado más represivo del Asia Central, sin oposición
política fuerte, y del cual se han presentado denuncias ente organizaciones
internacionales por violaciones flagrantes de los derechos humanos que se traducen en
torturas físicas desapariciones forzadas y masacres como la de Andijan en el año 2005
donde los testigos que sobrevivieron, mencionaron como el ejercito abrió fuego contra
civiles desarmados. A esto se suma lo que ha venido denunciando el activista político y
ex embajador británico en Uzbekistán Craig Murray en diversos foros de discusión
sobre el tema sobre lo que sucede en esta nación centroasiática. El testimonio de
Murray junto con imágenes impactantes y otros testimonios varios, se muestran en el
documental en inglés titulado: “Torture Farm: Life and Death Under Karimov”.
En este orden de ideas, no se vislumbran cambios significativos en Uzbekistán por que
dada la represión del régimen y la radicalidad de sus opositores armados, es posible
que a la muerte de Karimov, se pueda generar un conflicto interno en la nación con el
ejército más grande de Asia central entre partidarios de Karimov y la oposición
islámica.
En todas partes de Asia Central los servicios especiales, comparables con la antigua
KGB, siguen funcionando de la misma manera y cuadran la sociedad de manera más o
menos eficaz según el país. (Kellner & Reza Djalili, 2005).
3. ASPECTOS QUE DIFICULTAN O LIMITAN TRANSICIONES POLITICAS EN
EL ASIA CENTRAL.
El Asia central se encuentra ubicada estrategicamente como zona de paso entre paises
como Rusia, China, Iran, Afganistan, Pakistan y si se quiere la India y el Oriente medio
y la region conocida como el caucaso. Dada esa privilegiada ubicación estrategica y
sumado a que tres de estos paises (Turkmenistan, Uzbekistan y Kazajistan) tienen
reservas importantes de Gas Natural, Petroleo y Uranio entre otros, no veo que existan
imtereses de que la situacion politica en la region cambie significativamente por que de
una u otra manera, las grandes potencias ya han negociado con los lideres
centroasiaticos contratos en los cuales se les garantiza el acceso a los recursos ya
mencionados. El caso de china con estos tres paises centroasiaticos por la contruccion
de un gasoducto que va desde Turkmenistan hasta la costa oriental China y las
inversiones que ha realizado en toda el asia central de miles de millones de dolares. Y
por otro lado esta el tema de aliarse con los paises de asia central para neutralizar la
lucha de los separatistas Uigures
“A partir de que Washington inició sus operaciones en la región –aún
antes de que invadiera Afganistán–, los gobiernos de Rusia y de China
manifestaron su preocupación por el separatismo islámico que en la
actualidad ha convulsionado el área norte del Cáucaso y la provincia
china de Xinjiang, limítrofe con Kazajstán, cuya población uigur es de
origen turcomano y profesa el islamismo. En esa provincia el gobierno de
Beijing debe enfrentar a los rebeldes uigures del ETIM”. (de los Reyes,
Marcelo Javier, 2000).
De esta forma China logra un doble propósito: obtener los recursos que necesita para
su economía y minar las adhesiones a la lucha uigur en el Asia Central, así como la
posibilidad de acceder a contratos asociación para el desarrollo del agro o alquiler de
tierras (intenta ultimas detalles con Kazajistán) para alimentar a una cada día mayor
población. En el mismo sentido va Rusia ya que este país también tiene que lidiar con
los radicales islámicos chechenos en la región del Cáucaso Ruso rica en petróleo y
además busca seguir siendo quien redistribuya el gas que compra en Asia Central a
precios favorables en el mercado Europeo vía Ucrania y Bielorrusia. Pero además
existe un interés adicional y es estratégico ya que la región del Asia Central se
encuentra en lo que se denomina “el bajo vientre Ruso” y por lo tanto tener fuerzas
hostiles a sus intereses (sean tropas norteamericanas, de la OTAN o componentes de
grupos armados islamistas) asentados territorios del Asia Central, no es algo del mayor
agrado de Rusia.
“Es claro que tanto el Cáucaso como el Asia Central son dos regiones en
donde Rusia no aceptará otra intervención aparte de la suya.
Históricamente ha sido así, en tiempos de imperio Ruso y durante la
Unión Soviética; lo que llevaría a pensar que lo único que puede limitar la
intervención de la federación en la región son las consideraciones
económicas. El futuro de estas regiones no podrá ser entendido de
manera independiente al del futuro de Rusia.” (Loboguerrero Sanz, 2001).
Pero aparte de las potencias vecinas del Asia Central (China Y Rusia) también existe
un interés cada día mayor por parte de las potencias occidentales (Estados Unidos y la
Unión Europea) por tener mayor presencia en la región, tanto económico como militar.
Y la prueba de ello son las dos bases militares que tiene los Estados Unidos en
Uzbekistán y Kirguistán con la excusa de la lucha contra el terrorismo y desde las
cuales prepararon la invasión al Afganistán de los Talibanes y el financiamiento de la
Unión Europea del proyecto Nabucco así como el mantenimiento de tropas de la OTAN
en Afganistán, país que limita al noreste con Tayikistán donde los rusos mantienen
desde 1992 una base militar con siete mil efectivos. Igualmente Estados Unidos
mantiene su presencia en una región que considera estratégicamente fundamental
para sus aspiraciones de mantenerse como potencia hegemónica mundial a futuro.
“Que sentido tenía, entonces, atacar Afganistán y derrocar el régimen
talibán? Desde el punto de vista de lucha contra el terrorismo ninguno. Lo
que si es claro, es que el control del territorio de este país, le permite a los
Estados Unidos contrarrestar las posibilidades de Rusia de ejercer
influencia sobre los antiguos estados del Asia Central, ex miembros de la
URSS, y tener acceso a sus fuentes de recursos de hidrocarburos. Por
otra parte, le permite limitar o tener una carta central con respecto a la
republica popular de China y a la India, las cuales tienen una necesidad
creciente de aprovisionamiento en petróleo” (Herrera Chaves, 2005).
En conclusión, existen muchos intereses creados que difícilmente ayudarán a que los
sistemas políticos del Asia Central (encarnados en las figuras de sus jefes de estado)
sufran modificaciones sustanciales a futuro. Mucho menos pensar en una “Unidad
Centroasiática” como bloque común a diferencia de lo que piensan algunos analistas
políticos que consideran que la única salida que le queda a los países del Asia Central
es la cooperación entre ellos ya que pensar en un actuar por separado, no es más que
la posibilidad de verse avocados en un futuro no muy lejano a tener que presenciar una
fragmentación mayor del territorio buscada principalmente por extremistas empujando
desde el sur “Los estados nación que se desarrollaran frente a nuestros ojos en el Asia
Central, bajo el fondo de la desaparecida URSS, están condenados a encontrar formas
de cooperación. Y esto, no obstante los conflictos étnicos y fronterizos que no faltaran
para oponerse” (Roy, 1992).
Contrario a esta apreciación, considero que infortunadamente con respecto a los
países del Asia Central, existen intereses geoestratégicos y presiones e influencias de
otros países o bien limítrofes o allende sus fronteras, que hacen que los gobernantes
centroasiáticos difícilmente puedan ponerse de acuerdo (o tal vez no les interese) en
crear una comunidad que actúe en pos del bienestar de la región y su desarrollo, ni en
buscar reformas políticas, económicas o sociales que en últimas se traduzcan en su
propio “suicidio político”.
Ejemplos claros de ello, son la fuerte influencia de Irán en Turkmenistán o la que ejerce
Rusia en Kazajistán y Tayikistán principalmente o los coqueteos y cada vez mayores
acercamientos de los Estados Unidos y la Unión Europea (específicamente España)
con Uzbekistán y los históricos y permanentes lazos que cada día se fortalecen más de
la Republica Popular China con Kirguistán y Kazajistán, hacen que pensar en cambios
profundos y sustanciales y buscar estándares de gobiernos “medianamente
aceptables” en lo concerniente con respeto a las libertades y los derechos humanos y
al goce pleno de sus ciudadanos de garantías sociales básicas, y eso sea reconocido y
aceptado en el seno de la comunidad internacional, no pase de ser
desafortunadamente una simple quimera.
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