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La Eneida: Fundando Roma y su Mito

La Eneida de Virgilio narra la fundación mítica de Roma a través de la figura de Eneas, un héroe troyano que, tras la caída de Troya, busca establecer una nueva patria en Italia. El poema se divide en dos partes: un viaje de siete años y una guerra por el control del Lacio, reflejando la historia y el patriotismo romano bajo Augusto. A través de personajes complejos como Eneas y Dido, Virgilio explora temas de deber, sacrificio y la influencia de los dioses en la vida humana.

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La Eneida: Fundando Roma y su Mito

La Eneida de Virgilio narra la fundación mítica de Roma a través de la figura de Eneas, un héroe troyano que, tras la caída de Troya, busca establecer una nueva patria en Italia. El poema se divide en dos partes: un viaje de siete años y una guerra por el control del Lacio, reflejando la historia y el patriotismo romano bajo Augusto. A través de personajes complejos como Eneas y Dido, Virgilio explora temas de deber, sacrificio y la influencia de los dioses en la vida humana.

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LA ENEIDA

La fundación mítica de Roma


La Eneida, pues, estaba destinada a glorificar a Augusto y proporcionarle a los romanos un gran monumento
literario que alentara su fe y su patriotismo. Virgilio podría haber elegido al propio Augusto como protagonista
de su poema y haber narrado sus recientes victorias, asl como la paz y el esplendor que le había proporcionado a
Roma. Sin embargo, se decantó por una solución más imaginativa: decidió narrar una serie de sucesos
relacionados con el origen de Roma para dar a entender que la prosperidad del presente era el resultado del
esfuerzo de los antepasados y de la voluntad de los dioses, quienes habían decidido que Roma se convirtiera en
un gran imperio.
Para trazar la trama de la Eneida, Virgilio se inspiró en una serie de obras que narraban la historia de Roma,
si bien mezclaban los datos reales con leyendas y mitos. Desde fechas muy remotas, los romanos habían vinculado
la fundación de su patria con el destino de Troya, una célebre ciudad que cabría situar en la costa occidental de la
actual Turquía. Según la leyenda, un joven troyano de sangre real llamado Paris decidió visitar Grecia para conocer
en persona a Helena, de quien se decía que era la mujer más hermosa del mundo. Helena estaba casada con el rey
Menelao de Esparta, pero Paris logró enamorarla y se la llevó a Troya. Menelao pidió ayuda entonces a los diversos
reyes de Grecia, quienes reclutaron soldados y naves para viajar a Troya y rescatar a Helena. Durante diez años,
los griegos asediaron la ciudad de los troyanos, que acabaron por saquear y destruir en el curso de una noche
terrible. Después, volvieron a sus tierras,

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aunque muchos de ellos no tuvieron un regreso fácil. Del rey Ulises, por mató a Remo, y acto seguido empezó a
construir las murallas de su ciudad, ejemplo, se dice que vagó por el Mediterráneo durante diez largos añosa la
que dio el nombre de Roma, Según la tradición, la primera piedra de antes de poner de nuevo el pie en su patria.
la urbe se colocó el 21 de abril del año 753 a.C., si bien la fecha es una Según otra leyenda, los troyanos que
habían sobrevivido a la destruc-simple convención legendaria que carece de valor histórico.

ción de su ciudad se reunieron en torno a un noble llamado Eneas que eraEl caso es que, según el mito, Roma
había sido fundada por los deshijo de Venus, la diosa del amor. A bordo de una veintena de naves, los cendientes
de Eneas, héroe al que los contemporáneos de Virgilio consitroyanos se hicieron a la mar y erraron durante años
por el Mediterráneoderaban una figura histórica. Es más: la familia de Julio César y Octavio en busca de un lugar
donde construir una nueva Troya. Al fin desembarca- Augusto presumía de descender de Eneas, así que no es de
extrañar que ron en el Lacio, una región del centro de Italia, y allí fundaron la ciudadVirgilio eligiera al héroe
troyano como protagonista de su poema. Ade de Lavinio. En los dos siglos que siguieron, los descendientes de
Eneas más, Virgilio convirtió al héroe en un símbolo del emperador y le atribuyó reinaron en la zona y, al cabo
de ese tiempo, una mujer de la familia dio alas mismas virtudes que los romanos de su tiempo le adjudicaban a
Augusluz a los gemelos Rómulo y Remo. Movido por una smiestra ambición po-to: coraje en los días de guerra
y prudencia en los tiempos de paz. Es decir, lítica, el tío de los recién nacidos decidió abandonarlos en una balsa
sobre que la Eneida habla del presente por medio de la evocación del pasado. De las aguas del río Tíber para que
murieran de hambre o de sed. Pero la bal- hecho, en el poema hay continuas alusiones a la Roma de Augusto,
pues sa encalló en una orilla, donde una loba amamantó a los pequeños. Añosciertos personajes con dotes
proféticas se encargan de anunciar el futuro después, Rómulo y Remo decidieron fundar una ciudad a orillas del
Tíber,esplendor del imperio. Poco antes de llegar al Lacio, por ejemplo, Eneas el río en el que habían salvado la
vida. Durante una discusión, Rómulobaja a los infiernos, donde el alma muerta de su padre le revela que los
descendientes de los troyanos fundarán en Italia una segunda Troya que dará origen a la civilización más poderosa
del mundo.

El viaje
y la
guerra
En la trama de la Eneida pueden distinguirse con claridad dos partes: los seis libros iniciales narran un viaje y
los seis últimos relatan una guerra. La primera parte del poema nos cuenta lo sucedido durante los siete años que
los troyanos tardaron en llegar al Lacio, y tiene por modelo la Odisea, el poema en que el griego Homero recreó
el largo y azaroso regreso de Ulises a su patria Itaca- De hecho, buena parte de los episodios narrados por Virgilio
remedan pasajes de la Odisea: lo mismo que Ulises, Eneas lleva a cabo un viaje marino en dirección hacia el oeste
en el curso del cual debe pasar entre los monstruos marinos Caribdis y Escila, topa con los peligrosos cíclopes en
la isla de Sicilia, desciende a los infiernos y mantiene una in-

«Rómulo y Remo, fundadores legendarios de Roma, amamantados por la loba», de Giuseppe Cesaritensa relación
amorosa con una mujer a la que conoce por el camino; en el (1568—1640). Se cuenta que, tras alimentarse con
la leche de lafiera, los gemelosfueron recogidosporcaso de Ulises es la hechicera Circe, pero en el de Eneas es
Dido, la reina un porquerizo, cuya mujer los crió como sifueran suspropios hijos. de Cartago, una ciudad situada
en el norte de África

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De acuerdo con una leyenda muy anterior a la Eneida, al pasar por Cartago, Eneas había mantenido un idilio con
Dido, episodio que Virgilio incorporó a su poema recreándolo con el dramatismo propio de una gran tragedia. Su
mayor acierto consistió en dibujar a la perfección el carácter de la reina, una mujer impulsiva que ansía retener a
Eneas pero que no Io consigue por más que se esfuerza. Según la tradición, Eneas había traicionado a Dido, lo
que provocó que los cartagineses juraran odio eterno a los descendientes de los troyanos. Esa era, al menos, la
explicación mítica que se le daba en los tiempos de Virgilio a la larga enemistad existente entre Cartago y Roma,
que era un hecho histórico y no una simple leyenda, Y es que los dos imperios se habían enfrentado en las llamadas
guerras púnicas, tres sangrientas contiendas que duraron más de un siglo y que se saldaron con una definitiva
victoria de los romanos. De hecho, las guerras púnicas sirvieron para que Roma se convirtlera en la primera
potencia del Mediterráneo occidental.
La conexión entre la historia de Dido y las guerras púnicas ya existía antes de la Eneida, pero parece claro que Virgilio quiso a

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dio un simbolismo muy vinculado con la historia reciente de Roma. Y es que en la figura de la seductora Dido es
fácil reconocer la imagen de Cleopatra, reina de Egipto que había sido amante de Julio César y de Marco Antonio
y que había puesto sus barcos al servicio de este último en la batalla de Accio. Al sentirse atraído por Dido, Eneas
está a punto de traicionar la responsabilidad histórica que le ha asignado la divina _providencia: fundar una ciudad
que será el origen de la poderosa civilización romana.

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En la vida real, tanto César como Marco Antonio habían sentido una evidente atracción por las grandes y lujosas
ciudades de Oriente, depósito de brillantes culturas antiguas. Es más, durante mucho tiempo corrió el rumor de
que César pretendía trasladar la capital del imperio desde Roma a la ciudad egipcia de Alejandría. Tanto Virgilio
como Augusto consideraban que esa atracción por el Oriente era negativa: los gobernantes de Roma tenían que
estimular el patriotismo itálico en lugar de ceder a las tentaclones extranjerizantes. Y esa victoria moral sobre el
Oriente es la que obtuvo Augusto en el plano histórico y la que consigue Eneas en la ficción cuando renuncia a
la vida cómoda que le ofrece Dido en la lujosa Cartago y se obstina en seguir su viaje hasta Italia, donde no le
esperan comodidades y honores, sino guerras y penurias.
La segunda parte de la Eneida abarca los seis últimos libros, que narran la peripecia de los troyanos desde su
desembarco en el Lacio. Eneas llega a una Italia abigarrada de la que forman parte pueblos tan distintos como los
latinos y los rútulos, los árcades y los etruscos. En el Lacio viven los latinos, cuyo rey está a punto de casar a su
hija Lavinia con Turno, joven impetuoso que acaudilla a los rútulos. Sin embargo, al saber de la lle gada de Eneas,
el rey de los latinos decide cambiar de planes _y casar a su hija con el troyano errante. Encendido en cólera, Turno
reúne entonces un gran ejército y les declara la guerra a los troyanos con el propósito de expulsarlos de Italia.
Virgilio comienza así a narrarnos un conjunto de episodios bélicos cuya fuente de inspiración esencial es la Ilíada,
el poema de Homero sobre la guerra de Troya. De hecho, tanto en la Eneida como en su modelo la guerra empieza
con la historia de dos hombres que se disputan una misma mujer: Helena en un caso y Lavinia en el otro. Pero,
además, Virgilio imita a Homero en otros muchos aspectos: retrata con detalle a los capitanes y reproduce sus
fervorosas arengas, muestra con realismo la crudeza de la guerra y nos ofrece ejemplos admirables de heroísmo.
Y, aunque el desarrollo de los acontecimientos es trágico, la violencia de la guerra acaba por desembocar en un
período de concordia, situación que hay que leer de nuevo en clave histórica, pues la paz que Eneas impone en
Italia simboliza el fin de las luchas fratricidas que logró Augusto tras la batalla de Accio.

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Un mundo de héroes y dioses
La Eneida está protagonizada por los personajes característicos de la épica: héroes, reyes, dioses y semidioses.
La figura capital del poema es, por supuesto, el troyano Eneas, quien tiene la ascendencia propia de un héroe,
pues lleva en las venas la sangre de una diosa: la bella Venus. Durante su larga gesta, Eneas obra a impulsos
de dos sentimientos que parecen contradictorios: la nostalgia de Troya y el deseo de fundar una nueva patria.
Para conseguir este último propósito, cuenta con el coraje y la tenacidad propias de los héroes de Homero, de
los que, sin embargo, se distingue por su responsabilidad, su buen juicio y su carácter comedido. A diferencia
de Aquiles, el protagonista de la Ilíada, Eneas sabe reprimir la cólera, vacila y se desanima, pues es consciente
de sus limitaciones. Es más: durante la guerra contra Turno se muestra solidario con el sufrimiento del
adversario, algo impensable en los héroes de la épica arcaica. Mientras que los personajes de Homero eran
hombres desmesurados que no dudaban en rebelarse contra los mismísimos dioses, Eneas es una persona
ecuánime y religiosa que obedece con escrúpulo los designios divinos. Sabe que los dioses le han asignado la
misión de fundar en Italia una segunda Troya, y nada ni nadie consigue alejarlo de ese cometido. Lo dramático
es que, para cumplirlo, tendrá que renunciar a menudo a sus propios deseos. Eneas ansía, por ejemplo, quedarse
junto a la reina Dido porque la ama de todo corazón, pero la abandona con tal de no contrariar a los dioses.
Con decisiones como ésa, el héroe no sólo manifiesta el poder de su fe sino también su enorme capacidad
de resignación, unos rasgos de carácter que se pueden relacionar con el estoicismo, corriente filosófica que
alcanzó una extraordinaria difusión en Roma y que abogaba por la abolición de los deseos y por la aceptación
serena de lo que nos pueda traer el destino. Virgilio convierte así a Eneas en un personaje modélico, si bien la
piadosa obstinación del héroe aparece oscurecida en algunos momentos por ciertas actitudes cuestionables. Y
es que Eneas muestra poco tacto con Dido y parece demasiado intransigente con Turno, cuyas pretensiones son
en verdad legítimas. Pero también es cierto que esas sombras de su carácter dotan a Eneas de un profundo
realismo. Gracias a ellas, el protagonista no se nos aparece como un superhéroe intachable en el que todo son
virtudes, sino

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como un individuo complejo que tiene cualidades pero también defectos, igual que la mayoría de las personas
de la vida real.
Tras la figura imponente de Eneas, Virgilio dibuja un sinfín de personajes que conforman un impresionante
fresco humano. De todos ellos, tal vez el más conmovedor sea la reina Dido, mujer fuerte e impulsiva que
contrasta con Eneas por su incapacidad para controlar sus propios sentimientos, Otros personajes destacados
son el padre y el hijo de Eneas, que se llaman Anquises y Yulo Ascanio respectivamente y que vienen a
representar el pasado y el futuro del héroe. Mientras que Anquises encarna la moderación y la sabiduría propias
de la vejez y es el ancla que afirma a Eneas en su patria troyana, Ascanio encarna el futuro de Roma y
mamfiesta algunas veces la temeridad propia de la juventud, si bien a lo largo de la Eneida alcanza un
aprendizaje que le permite madurar.
En el bando de los antagonistas del héroe, la figura que más sobresale es la de Turno, un hombre digno y
voluntarioso pero que adolece de un carácter violento y arrogante que es el propio de los héroes de Homero.
Desde el principio sabemos que Turno está condenado a un destino trági co, pues los hados han dispuesto que
Eneas se establezca en el Lacio, lo que sólo es posible si Turno cae vencido. Sin embargo, Virgilio no utiliza
la estrategia fácil de exaltar al héroe de su poema pintando a sus antagonistas como hombres sin escrúpulos,
pues la mayoría de los adversarios de Eneas son nobles, valientes y piadosos, si bien cometen el error de
dejarse arrastrar por un ardor guerrero algo insensato. Contra lo que podría esperarse, Virgilio no denigra a
los itálicos, y es del todo lógico, pues también ellos, como nativos de Italia, eran antepasados de los romanos
de los tiempos de Augusto. A fin de cuentas, según la leyenda, Roma era el resultado de la unión del vigor, la
frugalidad y la aspereza de los pueblos originarios de Italia con la cultura, el espíritu civilizado y la devoción
religiosa que Eneas y los troyanos trajeron desde Oriente Próximo.
En paralelo al mundo fisico en que habita el héroe, la Eneida describe un rico universo metafísico formado
por dioses y semidioses que vigilan a los seres humanos, se identifican con ellos y determinan sus vidas, bien
ayudándoles o bien poniéndoles trabas. A decir verdad, los dioses no se diferencian mucho en sus actitudes
de los propios hombres, pues, lejos de
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comportarse con sensatez y afán de justicia, se dejan arrastrar por los excesos de la cólera y el rencor. De hecho,
las discordias que se generan en el mundo humano son consecuencia de las desavenencias que existen entre los
dioses, y que quedan de manifiesto en sus bulliciosas asambleas, de las que Virgilio nos ofrece un relato
detallado. En concreto, la peripecia de Eneas viene determinada por la actividad de dos diosas antagónicas: la
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cunda Juno y la benévola Venus, Juno hace todo lo posible por impedir que Eneas llegue al Lacio y se asiente
en la región, mientras que Venus vela por que el héroe triunfe en su cometido. En medio de las dos, Júpiter,
el dios supremo del Olimpo, intenta conciliar a los dioses, y ayuda alguna vez a Eneas, aunque sólo cuando
es del todo indispensable. Lo que Júpiter pretende es que se realicen las disposiciones de los hados, una fuerza
fatal e incontrolable que es más poderosa aún que los propios dioses, y que ha dispuesto que Eneas funde una
ciudad en el Lacio para que se haga realidad la Roma esplendorosa de los tiempos de Augusto.

La obra de un virtuoso

Virgilio se preocupó de darle a la Eneida una estructura precisa en la que no quedara un solo cabo suelto.
Entre las estrategias que favorecen la unidad interna del poema, destaca la creación de escenas simétricas, Al
final del libro segundo, por ejemplo, Eneas se echa a los hombros a su padre para salvarlo del incendio que
está asolando Troya, situación que encuentra un paralelismo claro en el desenlace del libro octavo, cuando el
héroe carga sobre sus hombros un escudo que representa toda la historia futura de Roma. La conexión entre
las dos escenas no sólo posee un evidente valor estético, sino que invita a una lectura simbólica que nos ayuda
a entender la Eneida: lo que viene a decirnos Virgilio es que Eneas lleva consigo de forma simultánea todo
el pasado de Troya y todo el porvenir de Roma.
Por otro lado, Virgilio se muestra en su poema como un auténtico virtuoso de la métrica. La Eneida está compuesta en hex
era el verso característico de la poesía épica. Virgilio no sólo demuestra una enorme habilidad para construir hexámetros equi
seductora musicalidad, sino que acomoda a la perfección el ritmo de cada verso a la idea que se expresa en él. El hexámetro es l
el poeta quiere transmitir las nociones de majestuosidad o pesadez, en tanto que se vuelve veloz cuando se nos quiere sugerir I
lo irreversible. Pero lo más sorprendente es que Virgilio logra un alto grado de expresividad echando mano de un vocabulario m
pues las palabras que se utilizan en la Eneida eran las propias del latín que se utilizaba todos los días en la

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En la antigüedad clásica, todo buen poeta sg sentía obligado a imitar las grandes obras que le habían precedido, Virgilio, en concreto, se inspiró en la

«Odisea» a la hora de recrear las aventuras marítimas de Eneas. Estefragmento de un óleo de Waterhouse representa el episodio de Ulises y las sirenas.

época de Augusto. De hecho, cada vez que Virgilio tuvo que decidirse entre varias voces sinónimas, se decantó por el término
en la lengua de su tiempo, Pero, aun así, el estilo de la Eneida sorprende y cautiva, gracias a que Virgilio combina las palab
insólita y recurre a una sintaxis llena de giros sorprendentes.
Buena parte de esos giros revelan la influencia de la lengua griega en general y del estilo de la Ilíada y la Odisea en particu
Homero está presente en todo momento en la Eneida, pues Virgilio se impuso el difícil reto de emular a aquel viejo poeta griego
estilístico, la deuda con la Ilíada y la Odisea se percibe con claridad en el uso de fórmulas y co
extraídas de dichos poemas. A imitación de Homero, Virgilio utiliza numerosos símiles que vinculan lo humano con lo animal
de los troyanos, por ejemplo, nos dice que mostraban ante los griegos el afán carnicero propio de los lobos hambrientos, mien
afanosos cartagineses que trabajan en la construcción de su ciudad son

equiparados con laboriosas abejas que nunca descansan. Pero Virgilio tam bién recurre al procedimiento contrario:
a veces identifica las realidades naturales con artefactos creados por el hombre, como cuando afirma que las islas
Cícladas parecen cuentas de un collar separadas por espumosas olas.
A pesar de sus evidentes deudas con la tradición, Virgilio contribuyó a renovar el género épico, Su mayor
aportación consistió en sustituir al héroe brutal al modo de Aquiles por un protagonista sereno y piadoso que
busca una solución pacífica a los conflictos y que sólo guerrea cuando es del todo indispensable, De esa manera,
Virgilio nos propone una épica menos áspera y más humana que Homero, pues amortigua la dureza de las escenas
bélicas con la atención a los aspectos emotivos de la guerra. En Iugar de exaltar de continuo las proezas de los
héroes, Virgilio repara en la profundidad de su dolor, con lo que la épica se tiñe de una sutil melancolía. Además,
el poeta alterna la narración de los hechos con emotivas descripciones de paisajes y sentimientos dotadas de un
hondo aliento lírico.

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Es decir que Virgilio nos propone una épica distinta, y es evidente que acertó en su apuesta, pues consiguió
sintonizar a la perfección con los gustos estéticos de los romanos.
De hecho, la Eneida fue reconocida como una obra maestra ya en los tiempos de Augusto y entró enseguida
en las escuelas para convertirse en objeto de estudio y en modelo de buen decir. De la fama del libro son buen
testimonio, por ejemplo, los numerosos versos de la Eneida que se encontraron grabados en las paredes de las
casas de Pompeya. Pero aún es más llamativo que el poema se haya leído de forma ininterrumpida desde la
antigüedad, un privilegio del que no han disfrutado la mayor parte de los textos grecolatinos, que fueron
desconocidos o relegados durante la época medieval. Virgilio no sólo fue el escritor clásico mejor valorado en la
Edad Media, sino que su misma figura se convirtió en objeto de veneración, entre otras cosas porque al poeta se
le atribuyeron dotes proféticas, ya que una de sus Bucólicas se leyó como un anuncio del nacimiento de

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