Según el Código Procesal Penal peruano, los medios probatorios para juicio
oral deben ofrecerse dentro de un plazo de diez días hábiles, contados desde
la notificación al acusado del traslado de la acusación fiscal. Esta obligación se
basa en el artículo 350 inciso 1 f) y en el principio de oficialidad, que exige que
todas las pruebas (incluso las de descargo) estén en la carpeta fiscal.
Existe debate sobre si las partes distintas al Ministerio Público pueden
incorporar pruebas nuevas en la etapa intermedia. Aunque el derecho a probar
es fundamental, la conclusión de la investigación impide a todas las partes
realizar nuevas investigaciones. Por tanto, solo podrían admitirse nuevas
pruebas si son "pruebas nuevas".
La Corte Suprema ha señalado (Casación 80-2010, Piura) que no está
prohibido ofrecer pruebas directamente ante el juez de control, siempre que se
respeten los principios de legalidad y pertinencia. No obstante, esta posición es
incompleta, especialmente respecto a pruebas como testimoniales y pericias,
que requieren un análisis más profundo.
Existen dos plazos clave:
El de conclusión de la investigación, que cierra la posibilidad de seguir
investigando.
El de diez días hábiles para ofrecer pruebas por escrito.
La Corte Suprema (Casación 53-2010 y 60-2009) ha respaldado la
obligatoriedad y perentoriedad de estos plazos.
Finalmente, el texto comenta un caso donde el acusado ofreció pruebas dentro
del plazo, pero no las identificó correctamente como pruebas para juicio. El
problema no fue de oportunidad, sino de forma. Se concluye que las etapas del
proceso están conectadas y deben entenderse en conjunto para garantizar la
defensa adecuada del acusado.
Antes de continuar, un paréntesis necesario. Si bien el artículo 61 del Código
Procesal Penal plasma el deber de objetividad del Ministerio Público, ello no
significa que el fiscal deba disponer actos de investigación en favor del
procesado o para acreditar su tesis de no responsabilidad. Aquí dos
escenarios, uno que se adquiere de la formulación expresa de la norma y otro
que aparece por la aplicación del sentido común y los principios:
El articulo 61 no se refiere a la prueba de no comisión del hecho imputado por
parte del procesado. El texto normativo señala que practicará actos de
investigación que permitan indagar sobre las circunstancias «[…] que sirvan
para eximir o atenuar la responsabilidad del imputado
i) no se está planteando investigación del hecho, si no de sus circunstancias,
las que como sabemos difieren del hecho principal y pueden ser precedentes,
concomitantes y posteriores;
ii) la eximencia y atenuación de responsabilidad penal están reguladas
expresamente en el Código Penal, incluso con ese mismo nombre, en su Libro
Primero, Título II, Capitulo III: «Causas que eximen o atenúan la
responsabilidad penal» y que contiene los artículos 20 al 22, cuyos únicos
supuestos son a los que se refieren la normas consignada en estos tres
artículos.
El fiscal, al actuar conforme al principio de objetividad, no puede ocultar
pruebas obtenidas durante la investigación, incluso si contradicen su hipótesis
incriminatoria. Todos los elementos deben incluirse en la carpeta fiscal para
que las partes los utilicen según sus intereses. Sin embargo, el fiscal no está
obligado a ofrecer pruebas de descargo en su acusación.
La defensa, por su parte, tiene una participación integral en todo el proceso, y
sus actuaciones deben estar orientadas a su estrategia de defensa en juicio. Si
bien el derecho de defensa es fundamental, no es absoluto: está sujeto al
cumplimiento de los plazos procesales. Si se incumplen, incluso con intención
de ejercer activamente la defensa, se pierde la posibilidad de presentar medios
probatorios. Esta regla está basada en la preclusión procesal, que impone
consecuencias ante la inacción.
La Corte Suprema ha establecido que no se puede admitir lo presentado fuera
de plazo. Sin embargo, se diferencia entre una presentación extemporánea y
un error formal, como ocurrió en el caso analizado, donde la defensa presentó
medios probatorios dentro del plazo, pero bajo un encabezado incorrecto. Aquí,
no hubo negligencia procesal, sino un error material, que no puede ser
sancionado con la pérdida del derecho a probar.
El texto también critica la excesiva formalización del proceso, como cuando se
aceptan acusaciones sin justificación adecuada, lo que termina vaciando de
contenido el principio de igualdad procesal. Permitir que una parte actúe fuera
de plazo afecta a la parte que sí cumplió con las reglas, y eso vulnera también
el derecho de defensa.
Por tanto, el sistema procesal debe garantizar equidad y seguridad jurídica, no
premiar la desidia procesal. Las etapas previas al juicio (preliminares,
investigación, etapa intermedia) son fases de preparación para el juicio oral, y
sus actos deben entenderse como parte de ese proceso global. Si el acusado
ya había manifestado su intención de contradecir la acusación y ofreció prueba
dentro del plazo, resultaría arbitrario negarle su derecho a probar por un simple
error formal.
la Corte Suprema analiza la defensa eficaz, señalando que el abogado del
acusado no habría ejercido una defensa adecuada, lo cual debió ser advertido
por el juez para salvaguardar la igualdad procesal. Sin embargo, el
ordenamiento jurídico peruano no contempla la subrogación del defensor por
ineficacia, a diferencia del caso del fiscal (art. 62 CPP).
destaca que la defensa meramente formal no es suficiente según estándares
internacionales, como lo establece la Corte Interamericana en el caso Petruzzi
vs. Perú, donde se evidenció una defensa sin conocimiento del caso ni acceso
al expediente.
En el caso analizado, el problema no fue la presencia o ausencia del abogado,
sino una posible falta de conocimiento procesal o error en la técnica de
litigación. El abogado no ofreció adecuadamente los medios probatorios para
juicio al confundir los apartados procesales. No obstante, esto no constituye
necesariamente una defensa ineficaz, sino un error de interpretación formal, lo
cual no siempre justifica la nulidad procesal.
Se enfatiza que el juez no puede asumir el rol de defensor, ni distinguir en cada
caso entre una estrategia fallida y un error por desconocimiento. El análisis
debe centrarse en si hay desconocimiento flagrante de la norma, no
simplemente en si la defensa fue buena o mala.
La Corte concluyó que el abogado cometió un error ligero e interpretativo, no
una negligencia grave, y que el exceso de formalismo en los escritos no puede
generar indefensión si no hay clara falta de conocimiento. Además, se
cuestiona la posición del Ministerio Público, que por formalismo se opuso a
admitir pruebas de descargo útiles, contradiciendo su función de búsqueda
objetiva de la verdad.
se identificó como causal de nulidad no solo la violación al derecho de defensa
y la falta de motivación judicial, sino también la falta de imputación suficiente
por parte del Ministerio Público.
En el caso analizado, la acusación fiscal describe supuestos tocamientos
indebidos a dos menores durante clases de reforzamiento, siendo el último el
17 de abril de 2015. Aunque se indicaron circunstancias de modo, tiempo y
lugar para esa fecha, no se precisó qué conducta específica se atribuye
respecto a cada víctima, ni qué tipo de “castigo” (beso, nalgada sobre o bajo la
ropa) correspondía a cada una. Tampoco se detallaron los hechos ocurridos en
los años 2014 y 2015.
Esto representa una acusación imprecisa, lo que impide ejercer
adecuadamente la defensa y por tanto invalida el desarrollo de un juicio justo.
Por ello, la Corte Suprema ordenó retrotraer el proceso a la etapa intermedia
para realizar un correcto control de acusación, en línea con lo establecido en la
Casación 392-2016, Arequipa.
Finalmente, se aclara que la nulidad solo puede ser invocada por la parte
afectada, no por quien provocó el vicio (como el fiscal en caso de imputación
deficiente). Aunque este criterio aún no ha sido desarrollado plenamente por la
jurisprudencia peruana, la doctrina ya lo respalda.