BLOQUE 1.
- LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LA APARICIÓN DE
LOS PRIMEROS HUMANOS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA
MONARQUÍA VISIGODA (711)
INTRODUCCIÓN
Situada en el suroeste de Europa, en la antigüedad la Península Ibérica recibió
nombres como Iberia o Hispania. El primero fue la denominación dada por los griegos al
conjunto de la Península; el segundo fue utilizado por los romanos.
La Península Ibérica ha sido un territorio de encrucijada, entre el Atlántico y el
Mediterráneo y entre Europa y África. Fruto de esta situación ha sido históricamente un lugar
de atracción para diversos pueblos. En efecto, por el sur, por el estrecho de Gibraltar, brazo
marítimo que nos separa de África por tan sólo 15 km, han llegado culturas prehistóricas; desde
Europa nos llegan los celtas o indoeuropeos y por la fachada mediterránea, sucesivamente,
fenicios, griegos, cartagineses y romanos y serán estos últimos, con su larga presencia, los que
darán un sentido de unidad a los pueblos que habitaban la Península.
Después de Roma, nuestra condición de país europeo se reafirma con la presencia
germánica de suevos, vándalos, alanos y visigodos. Como en otras partes de Europa, en la
Península Ibérica se protagoniza la construcción de un Estado germánico, independiente: la
monarquía visigoda. Sin embargo, cuando la Península había girado hacia Europa, la conquista
musulmana nos alejará de ella y nos aproximará a África y hará de la Península Ibérica un
espacio peculiar en la historia medieval europea.
1.- LA PREHISTORIA: LA EVOLUCIÓN DEL PALEOLÍTICO AL NEOLÍTICO;
LA PINTURA CANTÁBRICA Y LEVANTINA. LA IMPORTANCIA DE LA
METALURGIA.
La Prehistoria comprende el periodo de tiempo transcurrido desde la aparición de los
primeros homínidos (1,2 m.a) y la invención de la escritura (3000 a.C). Se divide, a su vez, en
etapas o edades que toman como base el material utilizado por los seres humanos para
fabricar sus utensilios: la Edad de la Piedra (Paleolítico y Neolítico) y la Edad de los Metales.
Paleolítico (desde hace 1,2 millones de años hasta el 8.000)
Toma su nombre de piedra antigua (la técnica para trabajar la piedra era tallarla). Los
seres humanos eran cazadores-recolectores, nómadas (iban de un lugar a otro buscando
alimento y vivían en cuevas o abrigos de cuevas) y no existía la división del trabajo. El
paleolítico se divide en tres etapas: Inferior, Medio y Superior. Es una fase tremendamente
larga que protagonizó un progreso muy lento. El hombre logró la invención del fuego, fabricó
diversos instrumentos de piedra e hizo uso de otros materiales, inicio el culto funerario y
apareció el Arte rupestre.
En la Península Ibérica habitaron diversas especies del género Homo. Entre los restos
fósiles hallados en los yacimientos de Atapuerca (Burgos) destaca el que ha sido bautizado con
el nombre de Homo antecessor, datado en torno a 800.000 años, y que es considerado el
antepasado común entre sapiens y neandertales. También parece existir una evolución del
Antecessor llamado Homo Heidelbergensis.
En el Paleolítico Superior se desarrolló, en la zona cantábrica, la pintura rupestre
siendo el conjunto más famoso el de la cueva de Altamira (Cantabria), con sus magníficos
bisontes policromos y pinturas naturalistas de carácter mágico.
El Mesolítico (8.000-5.000)
Transcurre entre el Paleolítico y el Neolítico debido a un cambio climático y al fin de las
glaciaciones. En esta etapa el arte de las cuevas cantábricas desaparece y se da ahora un
arte rupestre en la zona levantina. En cuevas y abrigos se representan, de manera
monocroma, conjuntos de hombres y de animales en escenas de cacería, luchas, recolección o
danzas.
El Neolítico (5.000-3.000)
Su nombre significa piedra nueva (la técnica ahora es el pulido). Se inventa la
agricultura y la ganadería, el hombre se hace sedentario, comenzará a construir sus primeras
viviendas, se fabrican nuevos y evolucionados útiles y herramientas, y empieza también la
producción de tejidos y cerámica. Todo esto dará lugar al crecimiento de la población y el
surgimiento de los primeros poblados.
La Edad de los Metales: el Cobre y el Bronce (3000-1000 a.C)
El uso de los metales se inició en el Próximo Oriente desde el IV milenio. En primer
lugar se utilizó el cobre, abundante en la Península Ibérica.
Entre otras culturas, la metalurgia del cobre dio lugar a la de Los Millares, en Almería,
un poblado amurallado con monumentos megalíticos (dólmenes), que eran enterramientos
colectivos. También aparecen los vasos campaniformes (pieza cerámica con forma de
campana invertida).
En el III milenio se desarrolla la técnica del bronce (aleación de estaño y cobre). Entre
los poblados más importantes de la Edad del Bronce, está el de El Argar (Almería), con una
sociedad más jerarquizada y caracterizada por enterramientos individuales donde al difunto le
acompaña su ajuar.
Otras construcciones megalíticas procedentes de las Islas Baleares son los talayots,
las taulas y las navetas.
La Edad del Hierro (1000 a.C- época romana)
La metalurgia del hierro llega a la Península Ibérica a través de los pueblos celtas e
indoeuropeos, que entraron por los Pirineos, y de los fenicios y griegos, pueblos colonizadores
procedentes del Mediterráneo oriental.
En general, a lo largo de este último milenio, se mezclan los rasgos propios de las
culturas nativas con la influencia cultural del exterior. Todo parece indicar una evolución lenta
pero provocando un nivel de civilización superior de los pueblos del sur y del levante frente a
los pueblos del interior y del norte.
2.- LA CONFIGURACIÓN DE LAS ÁREAS CELTA E ÍBERA: TARTESSOS,
INDOEUROPEOS Y COLONIZADORES ORIENTALES.
En la primera mitad del primer milenio llegan a la Península los fenicios, los griegos y los
cartagineses. Estos pueblos buscaban aprovecharse de la riqueza en metales de la Península,
para ello fundaron factorías, como centros de intercambio de metales y otros productos.
Entre las colonias o factorías más importantes encontramos Gadir (Cádiz). A cambio de
metales ofrecían vidrio, tejidos y cerámicas. Entre sus aportaciones están la introducción del
cultivo de la vid, el uso del hierro, el garum (salazón de pescado), el torno de alfarero y la
escritura.
Los griegos procedían de diversas polis; llegaron a la Península en el siglo VIII a. C. y
establecieron colonias en el litoral catalán y levantino. La colonia más importante fue Emporion
(Ampurias). A los griegos se debe la introducción de la moneda, el cultivo del olivo, animales
domésticos y manifestaciones artísticas en arquitectura, escultura y cerámica.
Los cartagineses procedían de Cartago. En el siglo VII se establecieron en Ibiza. Una de
sus colonias más importantes fue Cartago Nova (Cartagena).
En cuanto a Tartessos, es considerado como la primera organización de un Estado en la
Península Ibérica. Su localización exacta se desconoce, aunque podríamos situarla en las
provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla. Alcanzó su mayor esplendor entre los siglos VII y VI a.
C., y desaparecerá hacia el 500 a. C. debido a los cartagineses. Su economía se sustentaba en
la minería, la ganadería y el bronce. Era un centro del comercio internacional. Su sociedad era
jerarquizada en clases y la monarquía como forma de gobierno.
A partir del 500 a. C., la influencia de los celtas o de las colonizaciones fenicias, griegas y
cartaginesas diferenció dos grupos culturales en la Península: los iberos y los celtas
indoeuropeos.
-Los iberos: Eran un conjunto de pueblos localizados en la franja mediterránea y en el sur
peninsular: ilergetes, layetanos, edetanos, carpetanos, turdetanos…
Vivían en poblados fortificados, en lugares elevados. La religión estaba muy presente y
vinculada a la naturaleza. En los santuarios se acumulaban exvotos, ofrendas que
representaban en general guerreros. Practicaban la incineración de sus muertos, guardando
las cenizas en urnas de cerámica que eran enterradas con piezas de ajuar, como armas y
adornos. Su economía se basaba en la agricultura y la ganadería y el comercio. La sociedad
era tribal y muy jerarquizada. Su organización política se basaba en ciudades-estado. El
modelo político más frecuente era la monarquía.
-Los pueblos de origen o influencia celta: Procedentes de Europa Central los celtas atravesaron
los Pirineos y entraron en la Península en diversas oleadas entre el 1.000 y el 500 a. C. Se
establecieron en el norte y el oeste de la Península, mezclándose con las poblaciones
autóctonas. Estamos ante los galaicos, astures, cántabros, vacceos, lusitanos… También se
incluyen los celtíberos. Practicaban la incineración de los cadáveres. Su principal actividad
económica fue la ganadería. Vivían en pueblos fortificados, denominados castros situados en
zonas elevadas. La sociedad se hallaba dividida en clanes, que a su vez formaban tribus. Sus
creencias religiosas consistían en la adoración de astros, animales y elementos de la
naturaleza.
3.- HISPANIA ROMANA: CONQUISTA Y ROMANIZACIÓN DE LA PENÍNSULA.
EL LEGADO CULTURAL ROMANO.
Los diversos pueblos que habitaban nuestra Península seguían desarrollando sus
formas de vida y de cultura propias, hasta el siglo III a. C., cuando la rivalidad entre Roma y
Cartago por el domino del Mediterráneo, que dio lugar a las guerras púnicas.
En efecto, tras la Primera Guerra Púnica, que expulsó a los cartagineses de Sicilia,
Cartago buscó resarcirse ampliando su presencia colonial en la Península Ibérica, de donde
obtenía riquezas mineras y soldados, como plataforma para un nuevo enfrentamiento con
Roma. Así, en el año 237 a.C.;el cartaginés Amílcar Barca desembarca en Cádiz y somete a
los pueblos del sur y sureste de la Península. A su muerte, sus sucesores, Asdrúbal y Aníbal,
continuaron con la labor de conquista. Asdrúbal fundó Cartago Nova (Cartagena), y al morir le
sucedió Aníbal, quien decidió lanzarse a la lucha definitiva contra Roma. Aníbal conquistó
Sagunto (219), ciudad protegida por Roma, que fue el pretexto para iniciar la Segunda Guerra
Púnica (218-201 a.C.) que se saldó con el derrumbe del dominio cartaginés sobre la Península
mientras Roma iniciaba su presencia en nuestro país.
A) LA CONQUISTA
Aníbal, en efecto, atravesó los Pirineos y los Alpes e invadió Italia, derrotando a los
romanos en varias batallas. Roma envió a la península tropas al frente de Publio Cornelio
Escipión, que desembarcó en Ampurias (210 a.C.), conquistó Cartago Nova (209 a.C.), venció
a los cartagineses y tomó Gades (Cádiz), en el año 206 a.C., expulsando así de la Península a
los ejércitos de Cartago. Esta parte es lo que se conoce como la primera fase de la conquista.
Los romanos dividirán sus territorios en la península en dos provincias: Hispania Ulterior (al sur
de Cartagena) e Hispania Citerior (Al norte de Cartagena).
La segunda fase es la ocupación de la Meseta, iniciada hacia el año 155 a. C., la cual
va a costar a los romanos más trabajo, ante la resistencia de los celtíberos y los lusitanos:
-Los lusitanos, dirigidos por Viriato, derrotaron repetidamente a los romanos con la
táctica de guerrillas, hasta que fueron sometidos tras el asesinato de Viriato por sus
lugartenientes(139 a. C.).
-Los celtíberos resistieron heroicamente el cerco romano en Numancia. En el año 133
a.C, los romanos sitiaron y asediaron la ciudad durante varios meses al frente de Escipión. Al
final muchos de sus habitantes prefirieron suicidarse antes que entregarse.
Finalmente en la tercera fase, durante el mandato de Octavio Augusto, primer emperador
romano, tuvo lugar la definitiva conquista del norte peninsular, habitada por galaicos, astures,
cántabros y vascones. Los romanos necesitaron diez años para dominarlos (29 a 19 a.C.),
periodo conocido como guerras cántabras. Tuvieron que mantener legiones romanas
permanentes ya que eran pueblos muy insumisos. Además tuvieron que dar independencia a
los Vascones a cambio de pasar por Los Pirineos, por tanto, los vascones nunca fueron
romanizados.
La conquista de la Península, a la que Roma llamó Hispania, contribuyó a dar unidad a
los pueblos que la habitaban. El uso del latín acabó con los idiomas prerromanos (excepto el
vasco) la religión romana, la red de carreteras o la fundación de ciudades fueron vehículos de
unificación. También la organización administrativa: en el año 197 a.C., se hizo la primera
división de la Península en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior. Octavio
Augusto la reorganizó dividiendo en dos la Hispania Ulterior: Bética y Lusitania mientras la
Citerior pasó a denominarse Tarraconense.
A comienzos del siglo III el emperador Caracalla creó la provincia de Gallaecia, a costa
de la Tarraconense y, a principios del siglo IV, Diocleciano estableció una nueva provincia, la
Cartaginense, separada también de la Tarraconense.
B) LA ROMANIZACIÓN
Los pueblos peninsulares adquirieron los modos de vida y de pensamiento de Roma;
es decir, se romanizaron. Fue un proceso lento que tuvo mejor acogida en el mediterráneo y
sur peninsular que en el interior y norte donde quedó inacabado.
El triunfo de la romanización se vio posibilitado por el establecimiento de colonos
llegados de Italia, el asentamiento de soldados veteranos o por la atracción que ejercían las
riquezas de Hispania. La fundación de ciudades fue otro elemento de romanización. Fundaron
ciudades como Hispalis (Sevilla), Itálica, Barcino (Barcelona), Caesaraugusta (Zaragoza),
Valentia (Valencia), Emérita Augusta (Mérida), Astorga ... A su vez, una densa red de calzadas
comunicaban a las ciudades entre sí y con los lugares más importantes del Imperio. Hispania
quedó integrada progresivamente en la economía del Imperio Romano. También la
romanización afectó a la sociedad hispana y el latín fue otro de los elementos principales de
unificación al lograr eliminar las lenguas indígenas.
Una muestra del grado de romanización alcanzado por Hispania es su aportación al
gobierno del imperio o a la filosofía y la literatura romanas: los emperadores Trajano, Adriano y
Teodosio. Entre los filósofos y literatos están los dos Sénecas (Marco y Lucio Anneo), Lucano,
Marcial, Quintiliano...
Por último, la huella romana está presente entre nosotros por medio de grandes
monumentos (teatros, anfiteatros, puentes, acueductos) y por la enorme cantidad de estatuas,
mosaicos, estelas funerarias, sarcófagos y objetos de distinto uso que han llegado a nuestros
días y podemos encontrar en los museos españoles.
4.- LA MONARQUÍA VISIGODA: RURALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA; EL
PODER DE LA IGLESIA Y LA NOBLEZA.
La Hispania visigoda constituyó el primer intento de unidad política en la Península
Ibérica, fue como una prolongación de la Hispania romana, fusionando elementos romanos y
germanos. Su evolución, a diferencia de lo que ocurrió en el resto de reinos bárbaros instalados
en Europa Occidental, quedó cortada tras la invasión musulmana en el siglo VIII.
A) LAS INVASIONES GERMÁNICAS. EL ESTABLECIMIENTO DE LOS VISIGODOS EN
HISPANIA
En el año 409, después de saquear la Galia durante tres años, los suevos, los vándalos y
los alanos, pueblos germánicos, cruzaron los Pirineos y tras someter a saqueo las tierras que
atravesaban, terminaron por establecerse: los suevos en Gallaecia (Galicia), los alanos en la
Lusitania y los vándalos en la Bética.
Los visigodos, también de origen germánico, presionados por los hunos, penetraron en el
Imperio romano y se establecieron primero en Tracia (Balcanes) y luego, tras pasar por Roma,
firmaron un pacto, por el que, a cambio de ayudar militarmente a Roma, ésta les permitía
asentarse en el sur de la Galia. Con anterioridad, los visigodos se habían convertido al
arrianismo, una de las primeras herejías dentro del cristianismo.
Como tropas federadas para expulsar a los bárbaros, los visigodos penetran en Hispania en
el año 415. Consiguen arrinconar a los suevos en Gallaecia, acabaron con los alanos y
obligaron a los vándalos a trasladarse al norte de África.
Posteriormente, tras la desaparición del Imperio romano de Occidente, en el año 476, los
visigodos fundaron un reino con capital en Tolosa (actual Toulouse). Todo parecía ir bien
cuando la expansión del pueblo franco por la Galia provocó el enfrentamiento con los visigodos,
siendo derrotados por los francos en la batalla de Vouillè (507). Expulsados de la Galia, se
establecieron en Hispania. La capital del nuevo reino se situó en Toledo.
B) EL REINO VISIGODO DE TOLEDO: LA UNIFICACIÓN
Trasladados de la Galia a Hispania, los visigodos, no mucho más de unos cien mil, eran una
minoría al lado de los seis millones de hispanorromanos. Se formaron así dos comunidades.
Cada comunidad vivía bajo sus propias leyes; la religión era diferente: los visigodos eran
arrianos; los hispanorromanos eran católicos.
A la larga el proceso de unificación se impuso. Los monarcas visigodos se propusieron
extender su soberanía sobre el territorio de la antigua Hispania romana. El monarca Leovigildo
(568-586) dio un gran paso hacia la unificación territorial cuando en 585 puso fin al reino suevo
de Gallaecia.
Con anterioridad, se había dado un gran avance hacia la unificación religiosa al convertirse
el rey Recaredo, hijo y sucesor de Leovigildo, al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589).
Como cada pueblo mantenía sus leyes, al proceso de unidad faltaba la legislativa que se
obtendrá por Recesvinto cuando, en 654, promulga el Liber Iudiciorum, texto único legal para
visigodos e hispanorromanos.
La fortaleza del reino visigodo, que parecía adivinarse por este proceso de unidad, escondía
una gran debilidad interna. La lucha por el poder entre las grandes familias de la nobleza,
convertidas en facciones rivales que pugnaban por instalar a su respectivo candidato a la
muerte de cada rey, estaba socavando los cimientos de la monarquía visigoda. Los últimos
reyes, Witiza y don Rodrigo, terminaron poniendo fin al reino. Muerto Witiza (710) éste quiso
transmitir el reino a su hijo Ágila, pero la facción rival se impuso y colocó al frente del reino a
don Rodrigo (710-711). Los witizanos, entonces, llamaron en su ayuda a los musulmanes que
acababan de finalizar la conquista de todo el norte de África. En el año 711 desembarca Tarik
junto a Gibraltar al frente de un ejército bereber; don Rodrigo acudió a frenarlos, pero en la
batalla de Guadalete (711) era derrotado y perdió la vida. Era el fin de la dominación visigoda
de la Península.
C) EL PREFEUDALISMO DE LA SOCIEDAD VISIGODA Y EL PODER DE LA IGLESIA
La estructura de la sociedad visigoda es una prolongación de la hispanorromana
del Bajo Imperio. Sigue predominando la economía rural (agricultura y ganadería) y se
mantiene la decadencia de la vida urbana y del comercio.
El grado más bajo en la escala social lo ocupaban los esclavos y libertos (poco a poco
iran desapareciendo los esclavos y se convertirán en campesinos dependientes, lo que se
conoce como siervos). La nobleza englobaba a los herederos de la aristocracia senatorial
hispanorromana y a los nobles visigodos, que al asentarse en Hispania se adueñan de grandes
dominios. Paralelamente, al desarrollarse en la Hispania visigoda los lazos de dependencia
personal, con ellos se estaban dando los pasos hacia una sociedad feudal. Así, los “gardingos”,
que eran la clientela armada del rey, los guardianes de su persona, recibían de él latifundios
(beneficios).
Paralelamente, la iglesia católica comienza a adquirir gran influencia política. Limitaba junto con
la nobleza el poder de la monarquía, los reyes dependía de su apoyo para acceder al trono y
mantenerse. Para gobernar, el rey se ayudaba de un consejo y en las provincias de duques y
condes.