0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas37 páginas

Extras de Saudade: Reencuentros y Soledad

El documento es una historia de ficción que explora las relaciones entre los personajes Lan Zhan, Wei Wuxian y Lan Xichen en un contexto de reencarnaciones y emociones complejas. A través de la narrativa, se aborda la paciencia y el sufrimiento de Lan Xichen mientras observa las interacciones de su hermano Lan Wangji y Wei Wuxian, quienes enfrentan sus propios desafíos emocionales. La historia se desarrolla en un ambiente de fantasía, con elementos de amor y amistad, y se centra en el deseo de los personajes de encontrar la felicidad a pesar de sus pasados dolorosos.

Cargado por

adalizc12
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas37 páginas

Extras de Saudade: Reencuentros y Soledad

El documento es una historia de ficción que explora las relaciones entre los personajes Lan Zhan, Wei Wuxian y Lan Xichen en un contexto de reencarnaciones y emociones complejas. A través de la narrativa, se aborda la paciencia y el sufrimiento de Lan Xichen mientras observa las interacciones de su hermano Lan Wangji y Wei Wuxian, quienes enfrentan sus propios desafíos emocionales. La historia se desarrolla en un ambiente de fantasía, con elementos de amor y amistad, y se centra en el deseo de los personajes de encontrar la felicidad a pesar de sus pasados dolorosos.

Cargado por

adalizc12
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Saudade (Extras)

Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]

Rating: Teen And Up Audiences


Archive Warning: No Archive Warnings Apply
Category: M/M
Fandom: 魔道祖师 - 墨香铜臭 | Módào Zǔshī - Mòxiāng Tóngxiù
Relationship: Lan Zhan | Lan Wangji/Wei Ying | Wei Wuxian
Characters: Lan Zhan | Lan Wangji, Wei Ying | Wei Wuxian, Jiang Yanli, Wen Ning |
Wen Qionglin, Wen Qing (Modao Zushi), Lan Huan | Lan Xichen, Lan
Yuan | Lan Sizhui
Additional Tags: all tags from original work, extra chapters
Language: Español
Series: Part 2 of Saudade
Stats: Published: 2021-06-12 Completed: 2021-07-24 Words: 11,782 Chapters:
6/6
Saudade (Extras)
by rovi
La paciencia de Lan Xichen

Cuando Lan Xichen vio una figura de negro pasar a toda prisa por el pasillo hacia el salón del
fondo, su corazón dio un salto que lo dejó preocupado por un breve instante. No era que
aquello significara algo serio… de un susto no iba a morir. Pero la impresión fue tan grande
que no le quedó más remedio que seguir a esa persona. Sus ojos lo habían engañado tantas
veces, quizá producto de su insistente esperanza. Por eso no quería sorprenderse antes de
tiempo. Primero confirmaría sus sospechas, luego se daría permiso para celebrar.

Su verdad era simple: estaba cansado. De ver a las personas cometer las mismas estupideces
siglo tras siglo, de esperar por sus seres queridos y sus cuentas por pagar, de creer que esta
sería la última vez unas… tantas veces.

—Lo inmortal no quita lo inocente —se dijo a sí mismo persiguiendo al torbellino negro que
iba directo al salón donde Lan Wangji ya había iniciado la evaluación. No necesitaba una
bola de cristal para ver problemas en el futuro inmediato.

En otras circunstancias dejaría que el hombre en cuestión se quedara fuera del examen
porque él era un Lan, quizás el más flexible de todos, pero un Lan a fin de cuentas. Y las
reglas eran las reglas. Aunque este hombre todavía estaba a tiempo, según lo estipulado. Sí,
se ampararía en ese vacío legal y en el hecho de que llevaba literalmente miles de años
esperando que estos dos seres se reencontraran. Y, para qué mentir, alterando las leyes del
universo para que ese reencuentro se diera. Sin embargo, esa mañana volvía a confirmar que
las cosas pasaban cuando tenían que pasar. Ni antes ni después.

Cuando se acercó a él, sus dudas se aclararon. Wei Wuxian seguía siendo muy… Wei
Wuxian. Y esta reunión tenía que ser igual de tensa y caótica que la primera. Ironías del
universo. Quería reírse hasta que le faltara el aire, hasta que le llamaran loco incluso, mas no
era el momento indicado. Iba a romper su promesa de no intervenir, pero si no lo hacía, quién
sabía cuántos años más tendría que esperar. Además, no iba a alterar el curso de las cosas,
solo… dar un empujoncito al vagón atascado del destino.

—¿Todo bien? —preguntó con su acostumbrado tono de no saber lo que estaba pasando pero
sabiendo muy bien. Ese que sacaba a Lan Wangji de sus casillas, aunque solo él pudiera
interpretarlo a partir de su neutra expresión.

La mirada de Lan Wangji se tornó más fría… sí, era posible. El hombre podía congelar el
infierno si se lo proponía. Más o menos podía adivinar lo que estaba pensando, pero ni en
esta vida ni en ninguna de las anteriores, Lan Wangji se atrevía a contradecirlo aunque sus
puntos de vistas chocaran.

Wei Wuxian entró al salón y el oxígeno regresó a sus pulmones. Aun no podía cantar victoria,
pero era un paso menos. Este Lan Wangji era igual de terco que el primero… eso lo calmaba
un poco. Antes deque lo acusaran de pesimista, tenía derecho a defenderse. Este escenario no
era nuevo. Bueno, el encuentro era nuevo, pero que Lan Wangji apareciera con el mismo
nombre y el mismo físico del original, ya había ocurrido un par de veces… sin resultados.

Lan Xichen podía coleccionar historias sobre las diferentes encarnaciones de su hermano. De
hecho, llevaba esa colección hasta hace un par de siglos, cuando la cantidad de pergaminos
en la cámara prohibida era tan absurda que tuvo que parar. Al principio era un honor para él y
para el resto del clan que él fuera el primer inmortal entre los Lan… luego se convirtió en una
lenta tortura.

Su camino no era seguir entre los mortales. Como buen cultivador lo sabía muy bien, pero la
ida a destiempo de Wangji, más toda la historia con Wei Wuxian, se convirtió en una marca
enorme que no lo dejaba avanzar. Fuera cierto o no, sentía que estaba en deuda con su
hermano. Con Wei Wuxian y con todos los inocentes que sufrieron. No, no fue culpa de ellos,
pero el silencio de los Lan, su forma de mantenerse al margen de los conflictos, fueron
actitudes que le persiguieron hasta el presente. ¿Habría sido distinto? ¿O era parte del
aprendizaje? Sus años de reclusión antes de ascender no le sirvieron para aclarar esas y otras
dudas. Todo lo contrario: mientras más tiempo llevaba entre los mortales, menos les
comprendía.

Los años posteriores a la muerte de Lan Wangji fueron los peores. Él nunca había pensado
seriamente en alcanzar la inmortalidad hasta ese momento. En medio de su dolor, se le
ocurrió que la única manera de ayudar a su hermano, de darle sentido a su pérdida, era
permanecer el tiempo suficiente hasta que volviera a verlo. Y fue bastante largo ese tiempo.

Las primeras veces casi no lo reconoció. Lo que era excitante al principio se convirtió
rápidamente en una frustración. Luego en una herida permanentemente abierta al tener que
experimentar el dolor de perderlo una y otra vez. Sumado a eso, su atención estaba dividida
en dos: no solo le daba seguimiento a Lan Wangji, sino también a Wei Wuxian. Y esas eran
las encarnaciones más impredecibles.

Sumado a eso, el destino insistía en superar su lado cruel. Una vez, después de casi mil años,
Lan Wangji y Wei Wuxian encarnaron con sus nombres y rostros originales. Esa primera vez
la alegría lo embargó tanto que se dio su primera real borrachera. La resaca del otro día,
prefería no recordarla. El único inconveniente era que Wei Wuxian vivía del otro lado del
mundo. Las probabilidades de que se encontraran eran nulas. A partir de esa experiencia,
decidió bajar sus expectativas. Sufriría menos.

De Lan Wangji ya no recuerda todos los rostros. Los nombres los lleva anotados en uno de
sus tantos pergaminos porque esa lista se convirtió en un pasatiempo. También le servía para
calcular cada cuánto tiempo reaparecía con sus características originales. Eran tan variadas
las caras, las circunstancias, las edades, los domicilios… sin embargo, una cosa permanecía
sin cambios: su soledad.

Una vez en una playa, siendo su hermano una chica de rostro angelical, le preguntó:

—¿Alguna vez has sentido que extrañas algo que no sabes qué es?

Lan Xichen quiso abrazarla y explicarle todo. Solo pudo apretar el puño, mirar hacia el mar y
dejar que la brisa y la arena invadieran sus ojos, así tendría una excusa si no podía controlar
las lágrimas.

Con el tiempo, fue volviéndose insensible. Seguía queriendo a Lan Wangji de la misma
manera, pero era más racional respecto a sus emociones y a las distintas experiencias. Cada
cual tenía su ciclo y sus lecciones, las de su hermano eran distintas a las suyas, sus decisiones
de entonces fueron muy distintas a las suyas. Y no lo culpaba. No, no se atrevía. Él hubiera
hecho lo mismo. Porque, después de todo, los Lan amaban para toda la vida y su hermano
pudo experimentarlo antes que él.

Así, el mayor respeto que podía mostrarle era esperar sin quejas. Estar ahí para él, aunque a
veces no pudiera ser más que una sombra.

Wei Wuxian salió del salón y su corazonada inicial volvió. Le costaba tanto no acercarse a él
y bombardearlo con preguntas, pero había jurado no meterse -más de la cuenta- en el destino
de los demás. Al verlo cojear, decidió que ya era sentido común ofrecerle ayuda. El pobre
hombre tenía cara de que se le acababa el mundo y su pisada con el pie izquierdo no se veía
muy bien. ¿Habría llegado tarde por eso?

—¿Le fue bien?

No era su intención espantarlo ni era la pregunta que tenía en mente. De cerca Wei Wuxian
lucía incluso peor. Había un sufrimiento gratuito en su rostro que no se borraba con los años.
Como si entendiera que su vida era sinónimo de infelicidad y de intentar por todos los medios
hacer que los otros tuviera la felicidad que no estaba prevista para él. Por eso llevaba esa
sonrisa tatuada, aunque estuviera muriendo de dolor como en ese momento que intentaba
enmascararlo sin mucho éxito.

Después de ayudarlo como pudo -porque ayudar a Wei Wuxian era una tarea más titánica que
hacer que Lan Wangji hablara- lo vio marcharse dejándole ser con sus mentiras, esperando
que por su orgullo estúpido su pie no empeorara porque la semana próxima tendría que
regresar al instituto.

No, no sería producto de su intervención. Wei Wuxian era brillante y entraría por sus propios
méritos. Solo tenía que allanarle el camino haciéndolo entrar a la evaluación, lo demás corría
por su cuenta.

Al final del pasillo, Lan Wangji lucía como quien iba a estrangular a alguien en cualquier
momento. Lan Xichen se quedó esperando el sermón, que nunca llegaría, pero que deseaba
tanto escuchar. Quería ver a Lan Wangji sacudirse, salir de ese letargo, romper las reglas, ser
rebelde por un día. Quería verlo vivir como los demás.

—Paciencia. Ya casi —murmuró viendo a Lan Wangji dar la vuelta para no enfrentarlo en ese
momento.

La semana sería larga. Muy larga. Pero, ¿qué era una semana en comparación con miles de
años? Abriendo la puerta de su oficina, tuvo otro lapsus que duró lo suficiente para que su
secretaria se preocupara.

—Señor Lan… ¿le pasa algo?


—No —respondió con una sonrisa— Todo está bien. Todo está muy bien.

Mucho mejor de lo que podía esperar.


El alumno favorito

El joven entró al laboratorio con pasos lentos. A primera vista, lucía como el típico estudiante
de secundaria que no tenía con quien sentarse a la hora del almuerzo, o que evitaba las
multitudes porque siempre aparecía quien le hiciera la vida imposible. En los primeros días
de clase no era raro encontrar el par de tímidos que no tardaban ni media hora en soltarse,
pero este joven era distinto. A primera vista su perfil no encajaba con el del estudiante
promedio del instituto. La mayoría provenía de colegios caros, de familias de clase media
para arriba, acostumbrados a una vida social activa, a crecer rodeados de personas, a hablar
en público.

Para Wei Wuxian la empatía fue inmediata. Timidez no era una palabra que le describiera,
todo lo contrario, pero siempre fue un forastero incluso en terreno conocido. El joven seguía
de pie en medio del laboratorio. Quizá esperaba que lo invitaran a sentarse como si estuviera
visitando una casa desconocida por primera vez.

—Bienvenido… puedes tomar la estación que quieras.

El joven le respondió con un intento de sonrisa y sin levantar la cabeza se ubicó en la esquina
más apartada y solitaria del laboratorio. Wei Wuxian se preguntó si este sería uno de esos
casos que necesitaba un seguimiento especial.

Siendo el primer día de clases, Wei Wuxian prolongaba un poco el tiempo de espera antes de
iniciar. Su sesión estaba casi completa, sin embargo nunca faltaban los que no encontraban el
laboratorio a tiempo.

—Ni que esto fuera tan grande —decía entre dientes.

Con los nuevos le gustaba jugar al profesor super serio e intimidarlos un poco. La careta se le
caía al poco tiempo, por desgracia. Su fama le precedía y más de uno había escuchado sobre
él, o él mismo se delataba con algún chiste malo que rompía el hielo. Cuando todos los
puestos se ocuparon, tomó la lista. Era el único día que la pasaba.

—¿Alguien a quien no haya mencionado? —preguntó tras decir el último nombre.

El joven de la esquina levantó la mano con cierta reserva.

—¿Inscripción tardía?

—Sí.

Por lo menos habla, pensó Wei Wuxian.

—Al final de la clase pasa por aquí.


Wei Wuxian inició la práctica como de costumbre. Sus cinco minutos de profesor serio
pasaron muy rápido, así que no insistiría más. La primera práctica siempre era aburrida para
él, quizá la mejor para algunos estudiantes porque se hacía muy poco. Cada quien tenía como
tarea familiarizarse con su puesto, la cristalería que le correspondía, revisar sus reactivos,
probar sus mecheros y alguna reacción sencilla para evaluar el nivel de cada quien. Aunque
era una materia introductoria, algunos tenían más experiencia que otros y a Wei Wuxian le
gustaba medir la temperatura de sus alumnos.

Para su sorpresa, el más diestro era el joven de la esquina que según él no encajaba. Su
soltura al manejar los tubos, la confianza al llenar sus reactivos, la rapidez con que encendió
el mechero e hizo su práctica le dio a entender que estaba frente a una de dos: un genio o un
experimentado.

Wei Wuxian se acercó a él y casi le hace soltar un tubo.

—Tranquilo, no rompas la buena racha.

—Lo siento, maestro Wei.

—Qué serio. ¿Doy tanto miedo?

—No, no —respondió el joven alzando las manos enseguida.

El intercambio no duró mucho. De repente alguien llamaba a Wei Wuxian para preguntarle si
iba bien, otro alumno para que lo ayudara con el mechero, una joven en la esquina contraria
tenía dudas sobre el reactivo. En fin, la práctica se le fue tan rápido que lo sorprendió la
alarma que usaba cuando había una sesión después de la suya.

—Tenemos diez minutos para recoger antes de que llegue el otro profesor. Vamos, vamos —
exclamó aplaudiendo dos veces, contagiando a todos con su exceso de energía.

En el pasillo, Wei Wuxian pasaba su lista mental de tareas, cuando se le acercó el joven de la
clase.

—Maestro Wei.

Wei Wuxian volteó y le sonrió, esperando que dijera lo que tenía que decir. Los estudiantes
de primer año casi nunca se acercaban a los profesores fuera del salón de clases a menos que
fueran nerds, o lo suficientemente astutos para querer ganarse la confianza de…

—Olvidó anotar mi nombre en la lista.

Wei Wuxian se sonrojó enseguida por sus pensamientos precipitados.

—Ah… cierto, cierto. ¿Tienes clase ahora? Voy rumbo al comedor, ahí puedo actualizar la
lista.

El joven se quedó de pie en silencio.

—Hola… —Wei Wuxian agitó su mano delante de su cara—, ¿sigues ahí?


—Sí… sí, maestro Wei. Claro.

Wei Wuxian odiaba eso de maestro Wei, lo hacía sentir veinte años más viejo, con hebras
grises invadiendo su cabellera negra y más dolencias de las que ya tenía. Para su mala suerte,
era una formalidad que no podía negociar. El instituto era muy rígido con eso.

—¿Has probado el chocolate de aquí?

El joven lucía como si se arrepintiera de haberse acercado a él.

Ese día Wei Wuxian supo que el joven se llamaba Wen Yuan, que venía de Yiling, que
tampoco recordaba a sus padres porque era muy joven cuando murieron, pero creció con unos
tíos que cuidaron muy bien de él. En su familia había algunos químicos y su pasatiempo
favorito era ayudar a uno de sus tíos en el laboratorio, por eso se manejaba con tanta soltura.
Entró al instituto gracias a un programa de becas. Era su primera vez en Gusu y la ciudad era
tan grande que le daba miedo perderse. Tenía un mapa dibujado en una de sus libretas, con
las indicaciones necesarias para ir de la residencia de estudiantes al instituto y viceversa.

—Ah… Lan Zhan… ¡es un genio!— le comentó Wei Wuxian un día en medio del semestre
después de la evaluación de medio término—. Estoy pensando en convertirlo en monitor. Sé
que es raro para estudiantes de primer año, pero creo que puede hacerlo.

—Mn.

Wei Wuxian estaba tan emocionado con la idea que apenas pellizcaba su comida. Lan Wangji
lo miraba de vez en cuando, señalaba su plato y Wei Wuxian volvía a comer.

—¿Hoy vamos al cine?

—Mn.

—Te veo en la biblioteca cuando termine.

Wei Wuxian miró el reloj y se levantó de golpe, recogió su plato, luego se acercó a Lan
Wangji, le dio un beso en la mejilla, le limpió la mejilla con una servilleta, todo esto mientras
Lan Wangji seguía masticando un bocado con su acostumbrada calma. Así salió Wei Wuxian
del comedor a toda velocidad, dejando a Lan Wangji con las orejas calientes, la mirada fija en
su plato, escuchando el murmullo de la gente. Siempre era igual, pero siempre se sentía como
la primera vez.

A las seis en punto, Wei Wuxian entró a la biblioteca con cara de quien no iba a pensar en
tareas, alumnos y calificaciones durante todo un fin de semana. Casi abriendo sus brazos de
par en par, antes de recordar que todavía quedaban estudiantes en la biblioteca y que era un
profesor y debía comportarse como tal.
Wei Wuxian aligeró sus pasos, tratando de hacer el menor ruido posible, para sorprender a
Lan Wangji con un abrazo por la espalda. Pero al llegar al rincón donde ambos solían
esconderse para leer o seguir trabajando sin temor a ser interrumpidos, el sorprendido fue él.

—¿Wen Yuan?

—Maestro Wei… —el chico lo saludó con un hilillo de voz.

Lan Wangji se limitó a observarlos en silencio. Algo en sus ojos le decía a Wei Wuxian que
sentía una ligera culpa… no entendía muy bien el por qué.

—Ahhh… Lan Zhan… ¿robándote mi alumno favorito?

—Wei Ying…

—No puedo creerlo, Lan Zhan— Wei Wuxian se sentó junto a ellos, tomando turnos para
estudiar sus expresiones. Los notaba un poco nerviosos—. ¿De qué están hablando? Déjenme
adivinar, viniste a buscarme y Lan Zhan te está hablando de su departamento, ¿verdad?

Wei Yuan desvió la vista hacia el cuadro de la pared del fondo en ese momento. Lan Wangji
tenía cara de estar procesando algún código que no terminaba de lanzar el resultado
esperado.

—Wen Yuan, ¿qué querías decirme?— su pregunta salió casi como una súplica.

—Wei Ying…

—Lan Zhan… ¿en serio te acabas de robar a mi alumno estrella?

—Es tu alumno estrella, Wei Ying— su voz traía consigo una calma que Wei Wuxian sentía
injusta. Quería estar enojado o al menos ofendido, pero no podía—. Pero Wen Yuan es un
estudiante de mi departamento.

—¿Ah?

Wei Wuxian no podía creerlo. En serio Lan Wangji lo había convencido para que se pasara al
departamento de informática. No, tenía que ser un juego. Wei Wuxian se rió de la forma más
contenida posible, recordando donde estaba.

—Wei Ying… ¿has visto su código?

Wei Wuxian dejó de reír, se cubrió la cara con las manos y soltó un gruñido. En realidad
nunca había visto el código de Wen Yuan porque no lo tenía en la lista oficial del primer día y
lo anotó de forma manual y después no se fijó en ese detalle. Mucho menos en un alumno
que le iba tan bien y que disfrutaba tanto la materia.

—Pero… —murmuró Wei Ying sin ocultar su frustración—, la química te gusta tanto y te va
tan bien… ¿cómo?

—Me gusta, pero me gusta más informática.


Wen Yuan lo miraba apenado. Wei Wuxian se sentía tan tonto, haciéndose ilusiones él solo.

—¿Estás seguro? Mira que veo futuro brillante para ti en química.

—Wei Ying… ¿te estás robando mi alumno?

Wei Wuxian volteó hacia Lan Wangji ladeando la cabeza con una sonrisa.

—Para nada, Lan Zhan… para nada.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos. Wen Yuan guardó su libreta en su mochila e hizo
ademán de levantarse.

—Maestro Wei… Maestro Lan… si no hay más nada… voy a…

—Sí, claro— respondió Lan Wangji rescatando al pobre muchacho del tartamudeo. Wen
Yuan se despidió de ambos con una ligera reverencia y salió disparado de la biblioteca. Wei
Wuxian colocó la cabeza contra el escritorio. Soltó un largo suspiro y cerró los ojos.

—Iba a ser su asesor de tesis.

—Wei Ying…

-¿Te estuviste riendo de mí en secreto todo este tiempo?

Lan Wangji se levantó y se colocó detrás de Wei Wuxian. Empezó a masajear sus hombros
con suavidad.

—¿Qué película quieres ver?

—Ninguna.

—¿Tampoco quieres helado?

Wei Wuxian levantó la cabeza y se sentó correctamente, entregándose a las manos de Lan
Wangji que hacían milagros.

—¿De qué sabor?

—Mezcla de chocolate y vainilla con chispas de chile.

-¿Por qué siempre tienes la respuesta correcta?

-Porque observo a Wei Ying.

Wei Wuxian detuvo las manos de Lan Wangji con las suyas. Luego se levantó y lo miró un
buen rato haciendo pucheros.

—En el fondo sabes que Wen Yuan ama la química.

—Mn.
—Te sigues burlando de mí.

—Nunca.

Lan Wangji lo tomó de la mano. Ambos salieron de la biblioteca rumbo a la heladería. De la


heladería pasarían a un parque nuevo que quedaba a un par de cuadras del apartamento. Wei
Wuxian hablaría de todos los planes que tenía con Wen Yuan, y Lan Wangji escucharía en
silencio pensando en que un día tendría que contarle a Wei Wuxian que la conversación que
estaba teniendo con Wen Yuan era precisamente una forma de allanar el camino para
convertirse en su asesor de tesis porque ya había notado que el chico era brillante.
La conversación

Los que decían que Jiang Yanli era dulce tenían razón. Los que decían que Jiang Yanli era
solo dulce, se equivocaban. Ese rasgo tan característico de su personalidad llevaba a muchos
a creer que era una mujer a la que podían convencer o implantarle ideas con facilidad. Pero si
algo sabían todos era que la directora del Orfanato Jiang, aparte de tener temple de acero, no
se iba por la tangente. La sangre de los Yu seguía corriendo por sus venas.

Contrario a su familia materna, Jiang Yanli lideraba su pequeño pero complicado emporio
con una sonrisa que inspiraba ternura y un discurso que se cuidaba de no herir a los demás.
Cuando la situación lo ameritaba, su tono podía elevarse un poco, lo suficiente para dar a
entender que hablaba en serio, nunca tan alto para que se confundieran sus intenciones.
Ninguna persona de Yunmeng podía afirmar que había visto a Jiang Yanli enojada. Si había
ocurrido alguna vez, faltaban testigos.

Su oficina en el orfanato era una extensión de su persona. Decorada por la calidez que
irradiaba, quien entraba en ella solo sabía que se trataba de una oficina por el escritorio y el
computador. El resto del mobiliario parecía pertenecer a una habitación secreta donde se leían
cuentos de hadas hasta bien entrada la noche, en compañía de las fotografías de cada
miembro de la familia enmarcadas en una colección de portarretratos muy ecléctica.

—Siéntate —le indicó a Lan Wangji señalando uno de dos sillones colocados frente a frente,
terciados por una mesita donde solo cabía una lámpara.

Lan Wangji la obedeció sin apartar la mirada de los retratos y los paisajes que daban vida a
esas cuatro paredes. A pesar de su intento por mantener la discreción, Jiang Yanli pudo notar
que su curiosidad era mayor de la que mostraba y que su ansiedad iba en aumento.

Ella era muy buena observadora. Por eso Wei Wuxian no podía engañarla. Este hombre
taciturno era mucho más difícil de leer que el pequeño hermano que la vida le regaló, pero no
dejaba de ser otro ser humano con las mismas emociones y pensamientos que el resto.
Después de que por sus manos pasaran tantos niños de diferentes orígenes y condiciones, no
había misterio que llegara a ella y se quedara sin resolver. Lan Wangji era tan solo un nuevo
caso, ni más ni menos.

Jiang Yanli se sentó en el sillón contrario para no prolongar tanto la tortura. En el fondo lo
estaba disfrutando, aunque no le gustara hacer sufrir a los demás, pero era parte del
repertorio. Le tocaba asumir el papel de futura suegra, aunque a sus hijos les faltara mucho
para ese momento. Una práctica temprana no caía mal.

Pensó bridarle un poco de té. Recordó entonces que apenas terminaban de desayunar, así que
descartó la idea enseguida.

—¿Cómo estuvo el viaje?


La pregunta era una introducción de cortesía y ambos lo sabían. Vio como los hombros de
Lan Wangji se relajaron un poco; su expresión, en cambio, permaneció igual. Con ese rostro,
su pobre hermano debió pensar que no causaba impresión alguna en él.

—Muy tranquilo.

—¿Descansaron bien?

—Mn.

Lan Wangji eran tan bueno en el silencio que resultaba frustrante. Cuando Wei Wuxian
empezó a hablarle de él sentía que exageraba, como era costumbre en su forma de narrar.
Aquella semana que estuvo en Gusu y compartió con él, estaba convencida de que Wei
Wuxian mentía y de que Lan Wangji era una persona como cualquier otra, con la timidez
inicial que algunos portaban ante un desconocido. Incluso lo notó muy conversador durante
el recorrido por el centro de la ciudad y la cena que compartieron después.

Compartiendo con él una vez más, en circunstancias muy distintas, se daba cuenta de que
Wei Wuxian tenía razón. Había que sacarle cada palabra.

“Como un destilador”, le escuchó decir en una de sus tantas videollamadas. “Gota a gota”.

—Entonces… A-Xian.

La forma en que la postura de Lan Wangji se tensó enseguida casi hizo que el rostro de Jiang
Yanli perdiera la seriedad que quería llevar durante la conversación. Por lo menos, durante la
primera mitad. Esa forma de reaccionar ante el nombre de Wei Wuxian era muy interesante.

—¿Desde cuándo te gusta mi hermano?

—Desde que lo vi.

—Eso es… un poco difícil de creer.

—Lo sé. Parecía lo contrario.

Oh. Por fin empezaba a hablar. Y cuando lo hacía era… más intimidante de lo que había
previsto. La conversación prometía mucho. Jiang Yanli se acomodó un poco más contra su
asiento. Le encanta tener adversarios a su altura. Aunque este no era un enfrentamiento per
se, pero debía asumir su rol.

—¿Y qué es lo que más te gusta de él?

Lan Wangji arrugó la frente levemente. Como si la pregunta le resultara absurda.

—Es una pregunta injusta.

—¿Por qué?
—Porque pone a competir los atributos de una persona y creo que eso no tiene sentido. Se
ama a la persona como un todo, no por partes.

Jiang Yanli agradeció no tener una taza de té en sus manos en ese momento porque hubiera
terminado en el suelo. Si este hombre era así de directo con Wei Wuxian le debía una
felicitación y dos botellas de vino por no desmayarse ante tanta información.

Ya se había mencionado la palabra amor y esto apenas empezaba. Iba muy rápido.

—Buen punto —respondió ella con la esperanza de que su silencio no hubiera sido muy
prolongado. No podía perder el control de este pulso—. Si te gustaba mi hermano desde el
inicio, ¿por qué tuvo él que tomar la iniciativa?

Por primera vez, Lan Wangji rompió el contacto visual.

—No estaba seguro de que sintiera lo mismo por mí.

—¿En serio?

Jiang Yanli quería reírse. Acababa de confirmar que estaba en compañía de otro tonto incapaz
de ver lo que tenía enfrente. ¿Cómo no se daba cuenta? Wei Wuxian podía ser muchas cosas,
pero discreto no era una de ellas. Y, por todo lo que había escuchado durante esos meses de
agonía en que Wei Wuxian creía estar solo en su tortura amorosa, prácticamente le salía a Lan
Wangji por todas partes.

—Wei Wuxian es muy amigable. No quería malinterpretar su comportamiento conmigo.

Sí. Debía darle ese punto a Lan Wangji. Wei Wuxian era un coqueto por naturaleza que
confundía a muchas personas y más de una terminó llorando bajo una palmadita de consuelo
de Jiang Yanli cuando se daban de bruces con la realidad de que Wei Wuxian no estaba
interesado en ellas. Al menos no de esa manera.

—Sí —confirmó Jiang Yanli—, juega a ser amigo de todos, pero en el fondo es muy solitario.

—Me di cuenta.

Ambos se miraron en silencio unos segundos. Jiang Yanli sintió un poco de envidia al
encontrar en esos ojos a una persona que entendía a Wei Wuxian mejor que ella, que podía
acompañarlo mejor que ella, que incluso tenía la suerte de ver a Wei Wuxian sin el muro que
solía rodearle para no compartir sus cargas con ella. Pero era mucho mayor la alegría de saber
que ya no estaba solo, que era muy probable que jamás volviera a estarlo.

—¿Qué tan serio vas con él?

—Wei Wuxian es mi compañero de vida.

Jiang Yanli sentía que no valía la pena seguir con el sermón correspondiente. ¿Qué más podía
pedir para Wei Wuxian? De todas formas, organizó sus pensamientos y se mantuvo firme
antes de saltar a darle un abrazo a Lan Wangji, aunque tuviera la certeza de que se sentiría
muy raro.
—Sé que tu familia es muy importante… no solo en Gusu. E imagino que conoces la historia
de Wei Wuxian…

—Mi familia no tiene nada que ver con esto.

La interrupción los tomó por sorpresa a ambos. Lan Wangji era muy respetuoso y muy
paciente, pero el tema parecía irritarle a tal grado que quería evitarlo. Sabía por Wei Wuxian
que también era huérfano y que el único familiar con quien tenía contacto era un primo. Pero
no conocía su dinámica familiar. Por eso le preocupaba que esto representara un problema
para Wei Wuxian.

—Bien —prosiguió ella—. Creo que no tengo necesidad de decir esto, pero lo voy a decir de
todas formas.

Lan Wangji se sentó más erguido si era posible. A Jiang Yanli le causaba tanta ternura que
sus ganas de abrazarlo crecían más.

—Sé que eres muy importante para Wei Wuxian. Si te trajo hasta aquí, eso dice mucho más
de lo que alguna vez vaya a escuchar de él. También sé que es muy importante para ti
porque… has sido muy claro y también tengo ojos. Si van muy rápido o muy lento, no lo sé,
no me corresponde decirlo, eso es entre ustedes dos.

Jiang Yanli pausó para tomar un poco de aire. La emoción se estaba apoderando de ella.

—Solo quiero que sepas que si le haces algo a mi A-Xian… si le haces derramar una sola
lágrima… vas a saber quien soy. Porque digan lo que digan él sí tiene familia… yo soy su
familia.

Las últimas palabras salieron entrecortadas y antes de darse cuenta de lo que estaba pasando
las manos de Lan Wangji rodeaban las suyas.

—A-Xian merece lo mejor —dijo ella entre sollozos.

—No sé si soy lo mejor, pero…

—¡Claro que lo eres!

Ella liberó sus manos y le dio un ligero golpe en el brazo a Lan Wangji, dejándolo
boquiabierto.

—Ok… ok —Jiang Yanli se secó las lágrimas entre risas y respiró profundo—. Disculpa el
episodio. Ahora… bienvenido a la familia, Lan Wangji.

Quizá era cosa suya o producto del mismo coctel de emociones que la embargaba, pero Jiang
Yanli advirtió que los ojos de Lan Wangji estaban vidriosos. Jiang Yanli se puso de pie y
abrió los brazos de par en par. Vio a Lan Wangji pensar cada paso hasta llegar a un abrazo
que no se sintió tan raro como esperaba. Ambos tenían en común a una persona que les
iluminaba la vida de manera inexplicable, una persona por las que darían hasta lo que no
tenían.
—Gracias —susurró Lan Wangji.

Jiang Yanli fue la primera en separarse. No quería incomodar a Lan Wangji más de lo que ya
lo había hecho. Daba su misión por concluida. Su corazón también podía estar en paz. Si
tenía alguna duda, quedaba despejada.

—Regresa con A-Xian. Debe estar pensando que te estoy torturando o que estamos
planificando algo en su contra… no sé cuál opción es peor.

Lan Wangji asintió, luego vaciló unos segundos, como si fuera a decir algo, pero terminó
inclinando la cabeza y saliendo de la oficina con ese andar que de seguro arrebataba unos
cuantos suspiros.

—A-Xian tiene buen ojo —murmuró antes de sentarse en su escritorio a enfrentar las tareas
pendientes del día. Llegó entonces a su mente la antigua habitación de Wei Wuxian, la que
había mantenido intacta por tantos años aun después de haberse mudado de allí. Tenía que
pensar qué hacer con ese espacio… finalmente le haría caso a los reclamos de Wei Wuxian
cuando volvía y encontraba aquel cuarto igual.

Ya estaba convencida de que él no iba a regresar.


Base y corrector

A Wei Wuxian le gustaban los salones privados de la biblioteca del instituto por varias
razones. Una de ellas era escuchar las conversaciones de algunos estudiantes que se
encerraban a estudiar y de paso intercambiaban información -nunca chisme, siempre
información- pensando que nadie los escuchaba. Lo normal sería que no pasara ningún ruido
a través de las paredes, pero ese rincón en particular tenía un fallo y Wei Wuxian lo había
descubierto. Por eso no compartía su ubicación predilecta con nadie excepto con Lan
Wangji.

Las primera veces que escuchó a dos estudiantes conversar le pareció más molesto que
interesante, hasta que un día antes de colocarse los auriculares sus orejas se pararon al
escuchar su nombre. Oh. Él era tema de conversación. De repente dejaron de parecerles
aburridos esos intercambios.

—¿Puedes creer que el maestro Wei está casado? —preguntó una chica controlando la risa.

¿Qué de increíble tenía eso? Se preguntaba Wei Wuxian casi ofendido. ¿Acaso no era un
buen prospecto?

—Lo que me parece increíble es que el maestro Lan esté casado.

Silencio y unas risitas. A Wei Wuxian le estaba subiendo la presión y esto apenas empezaba.
Que se rieran de él no le importaba, pero con Lan Wangji que no se metieran.

—Los veo comer juntos, llegar juntos e irse juntos, pero mi cerebro no lo computa. Es que
no… El maestro Wei tiene pinta de fogoso pero el Lan…

—¡Shhh! —más risas —. Tienes razón. El maestro Lan se ve… frígido.

—¿Crees que hagan algo?

Wei Wuxian se cubrió la cara con las manos aunque nadie lo estuviera viendo. Ya le parecía
mala idea estar sentado en ese rincón mientras dos estudiantes debatían sobre su vida
sexual… o más bien, sobre su falta de vida sexual. Al parecer no les dejaban suficientes
tareas. Si fueran de química estarían soñando con mecanismos todo el semestre.

—No sé, no me imagino al maestro Lan ni siquiera besando a alguien.

—Yo creía que era asexual.

No, no eran de química. Los estudiantes de su departamento eran buenos observadores. Tan
buenos que tuvo que prohibirle a Lan Wangji que visitara el laboratorio de cuantitativa
porque no dejaban de surgir comentarios fuera de lugar y preguntas inesperadas. Esos
perversos captaron el mensaje antes que ellos dos.
—Se agarran de manos y ya…

En el siguiente intermedio de risas, Wei Wuxian se masajeó el cuello, deseando sentarse junto
a las dos chicas a rendirles un informe completo de las formas de besar de Lan Wangji y de
cómo ellas nunca podrían disfrutar de ese placer porque no tenían tanta suerte como él.

Anotó entonces en su agenda mental darle las gracias a Wen Qing por el regalo con el que
llegó un día al trabajo, regalo que no entendió al principio, pero que muy pronto le salvó de
ser el centro de atención del instituto, a tal grado que hasta creían que su vida sexual era
inexistente.

¡Por favor! ¿No notaban el brillo en su rostro?

—¿No se aburrirá el maestro Wei? Le gusta hablar mucho y el otro no dice nada.

—¿Te imaginas en la cama? “Buenas noches, maestro Wei” —la imitación le resultó patética
—. Y el pobre maestro Wei esperando que lo toquen.

Ah. Si no fuera por Lan Wangji, Wei Wuxian ya le hubiera hecho tragar sus palabras. Aunque
tragar otras cosas era más divertido. Mmm… sí, otra de las razones por la que le gustaba ese
rincón era porque en esa misma silla, en más de una ocasión había hecho que Lan Wangji se
mordiera la mano para no dejar salir sonidos que no eran propios de una biblioteca.

Pobres criaturas. Nadie les había dicho que tuvieran cuidado con los callados, que esos eran
los peores. No las culpaba… él también se llevó la sorpresa a su debido tiempo.

Wei Wuxian volvió a abrir el libro para concentrarse. El repentino silencio daba indicios de
que la conversación había llegado a si fin, pues no había nada que discutir. Él y Lan Wangji
no hacían nada.

—¿Pero en serio crees que no hacen nada?

Demonios.

—El maestro Lan no toca a nadie.

—Al maestro Wei sí.

Sonidos de páginas. Por lo menos sabían abrir un libro.

—¿Quién crees que conquistó a quién? Porque juraba que el maestro Lan no lo soportaba.

—Mmm… eso parecía al principio, pero después lo seguía a todas partes.

—Al maestro Wei sí se le nota… se le cae la baba cuando lo mira.

—Bueno, es que el maestro Lan es apuesto. Lo frío no le quita lo rico que está.

Sí, en eso estaban de acuerdo. Lan Wangji era una tentación andante, pero no por eso tenían
derecho a estar hablando así de su esposo. Aunque eso era mejor que el tema anterior…
mucho mejor.

Wei Wuxian no se dio cuenta de la llegada de Lan Wangji hasta que este movió la silla para
sentarse frente a él. Por la forma en que se elevó su ceja derecha, Wei Wuxian confirmó que
este ya sabía en lo que estaba.

—Sería un desperdicio… ¿le has visto el cuerpazo? No sé qué comen los Lan.

Las orejas de Lan Wangji se pusieron rojas al instante y Wei Wuxian tuvo que morderse el
pulgar para no reírse. Lan Wangji ya lo había atrapado en plena sesión de escucha en otras
ocasiones, pero nunca le había tocado ser el protagonista.

—Wei Ying…

Wei Wuxian levantó un dedo enseguida.

—Uff… y cuando se pone esas camisas remangadas.

—El maestro Wei es tan suertudo…

Ambas suspiraron al mismo tiempo.

—Él no se queda atrás. ¿Has visto como le quedan esos jeans?

-Ahh… eso fue lo que motivó al maestro Lan.

Lan Wangji tenía cara de que se iba a levantar de allí e iba a expulsar a las dos estudiantes.
Sin embargo, no se movía. Miraba a Wei Wuxian como si estuviera cometiendo una enorme
falta, pero no se movía. Como tampoco se movía cuando Wei Wuxian se metía debajo de la
mesa y sabía lo que iba a suceder.

—Entonces pasamos de que no hacen nada a que sí.

—Es que sigo sin imaginarme al maestro Lan quitándose la ropa para alguien más.

—¿Y qué cara pondrá cuando se viene?

—¡Oh por Dios!

Wei Wuxian notaba una venita que le latía en la frente a Lan Wangji. La charla había llegado
a un punto tan absurdo que le divertía a pesar de todo, pero temía que su esposo terminara
sufriendo una apoplejía. Mirándolo con más atención, Wei Wuxian se dio cuenta de que había
un no sé qué en sus ojos que solo se notaba cuando… Oh.

Lan Wangji no lo dejó terminar de procesar la información cuando estaba debajo de la mesa,
acercándose a Wei Wuxian como tantas veces lo había hecho este último.

—¿Lan Zhan?
Del otro lado seguían las risitas intermitentes, el sonido de las páginas al pasar, el murmullo
de una conversación que ya no era comprensible para Wei Wuxian porque toda su sangre
viajaba al sur y se llevaba consigo toda capacidad de respuesta racional. Cuando volvió a
mirar hacia su entrepierna, Lan Wangji ya tenía la boca ocupada y si había algo en lo que él
era excelente -en todo realmente- era usando esa lengua que parecía tener vida propia y
recorrerle de arriba a abajo mientras sus labios variaban la presión según la respuesta de su
cuerpo traicionero.

—Imagínate al maestro Lan de rodillas…

—Nooo…

Oh mierda. Iban a seguir. Que dejaran de imaginar cosas, que la realidad superaba por mucho
la ficción. Nadie nunca iba a enterarse de las cosas que Lan Wangji era capaz de hacer,
porque él mismo no esperaba tener su cabeza entre sus piernas en este preciso momento,
porque esas cosas desvergonzadas las hacía él, no el intachable Lan Wangji.

—Lan Zhan… —susurró ahogando otro gemido, mientras su mano se aferraba a la cola que
Lan Wangji siempre llevaba cuando daba clases, una que parecía sacada de la portada de una
revista pues no tenía una sola hebra fuera de lugar.

—Creo que él ni siquiera sabe que eso existe.

Más risas. Sí lo sabía… oh queridas, ¡sí que lo sabía! Así como sabía bajar la velocidad
cuando sentía que Wei Wuxian estaba muy cerca, entonces venía la queja y en su rostro se
pintaba una sonrisa que solo Wei Wuxian conocía, una cargada con tanta picardía que a veces
se preguntaba si realmente era Lan Wangji.

Wei Wuxian podía dar fe y testimonio de que Lan Wangji no solo sabía muy bien qué era el
sexo oral y cómo se practicaba, sino que lo disfrutaba tanto como Wei Wuxian disfrutaba
hacérselo a él… en los lugares menos debidos.

—Lo sabe, pero debe pensar que es algo… desvergonzado.

Las palabras apenas llegaban a oídos de Wei Wuxian. Él estaba muy ocupado tapándose la
boca para no gritar, porque contrario a Lan Wangji él era bastante expresivo. Si estaba
apretando con mucha fuerza el pelo de Lan Wangji ya no le importaba, sus caderas embestían
sin control y de repente…

Wei Wuxian abrió los ojos justo a tiempo para ver a Lan Wangji limpiarse la boca, como
quien termina de comerse un flan de postre, para entonces subir la cremallera del pantalón de
Wei Wuxian, volver a su asiento y arreglarse la cola.

Después de unos minutos, Lan Wangji se acercó a él y le besó los labios.

—Voy a mi última clase.

Wei Wuxian asintió, aun perdido en el tiempo y el espacio. No tenía idea de cómo había
terminado la conversación, solo atinó a escuchar las sillas moverse, unos pasos y las voces de
las chicas.

—Maestro Lan —saludaron en coro.

—Van a llegar tarde.

—No, no… ya vamos.

¿Eran alumnas de Lan Wangji? Wei Wuxian se echó a reír sin importar si escuchaban o no.
Estaba tentado a sentarse como oyente en la clase de Lan Wangji y escucharle dar cátedra con
la misma boca con que le había hecho olvidar su nombre apenas minutos atrás.

Aun preso de la risa, sacó su celular para escribir un mensaje.

Voy a necesitar una base más fuerte.

Después de lo ocurrido, tenía el presentimiento de que Lan Wangji iba a esmerarse en dejar
claro que él y Wei Wuxian sí hacían algo.
Las listas de reproducción de Wei Ying
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Si algo podía afirmar Lan Wangji era que Wei Wuxian tenía muchas listas de reproducción.
Muchas. Una para cada ocasión que un ser humano normal pudiera imaginar. Era una especie
de adicción para la cual no se necesitaba cura porque, por suerte, no tenía efectos nocivos.
Bueno, quizá se agotara la memoria de su aplicación de música, cosa que probablemente no
era posible.

En fin, eran tantas que Lan Wangji empezó a anotarlas en una de sus libretas y luego desistió
de ello. Cuando se ponía al día, Wei Wuxian creaba más listas. Algunas las escuchaba una
sola vez, otras las repetía hasta que Lan Wangji tarareaba las melodías sin darse cuenta.

Unas eran bastante armoniosas, otras la misma representación del caos. En algún momento,
Lan Wangji intentó aplicar la lógica al proceso de selección para cada lista. Incluso intentó
crear un programa partiendo del algoritmo descabellado de Wei Wuxian, pero esa tarea era
imposible. El cerebro de Wei Wuxian era una telaraña multicolor que albergaba todos los
insectos existentes, menos una araña. Era la analogía más aproximada a su actitud frente a la
música.

Canciones para un día caluroso. Canciones para un día seco. Canciones para un día nublado.
Canciones para un día lluvioso. Sí, porque los días nublados y los días lluviosos no eran
iguales. Había una diferencia sutil, pero lo suficientemente poderosa para evocar emociones
distintas, por ende, requerían melodías distintas. Con esa tesis defendió Wei Wuxian la
existencia de ambas listas cuando Lan Wangji alzó una ceja cuestionando este hecho.

Lan Wangji no podía elegir si su parte favorita de cada lista era el nombre o el contenido.
Ambos muy peculiares, por cierto. Una cosa sí le quedaba clara: Wei Wuxian escuchaba
música de todas partes. Géneros de los cuales desconocía su existencia. Y eso que se creía
culto en materia musical.

—No todo es música clásica, Lan Zhan. No puedes desatar tu furia escuchando música
clásica.

Claro que se podía, pero no se lo iba a rebatir. Entrar en una discusión con Wei Wuxian no
era recomendable. Su labia era tan poderosa que terminaba convenciendo al más escéptico de
un absurdo.

Las listas relacionadas con el clima fueron las primeras que Lan Wangji descubrió en esos
días en que pretendía vivir en la misma ruta de Wei Wuxian para llevarlo hasta su casa. En
esos días supo que la mayoría de la música que Wei Wuxian escuchaba era en inglés para
practicar el idioma y para que su shijie no entendiera lo que estaba cantando, porque ella se
preocupaba por las cosas más ínfimas. También le gustaba hacerse amigo de los estudiantes
internacionales porque así conseguía más referencias y títulos raros para sus listas. A veces,
prefería la música en otros idiomas aunque no entendiera la letra porque así experimentaba el
poder de una canción para transmitir emociones más allá del significado de sus letras.

Después de las listas del clima, Lan Wangji conoció las listas del instituto. Había una en
particular que de solo escuchar el nombre, tenía que apretar los labios para no reírse:
canciones para destilar.

—Lan Zhan… es horrible.

La lista era horrible, pero Lan Wangji no le diría eso. Contrario a Wei Wuxian, a él le
encantaba el proceso de destilación. Era casi una sesión de meditación cuyo resultado se veía
expresado en el momento en que aparecía la primera gota. La lista era una mezcla de heavy
metal y electrónica que alteraba los nervios de cualquiera. En tiempos remotos, Lan Wangji
hubiera sufrido una desviación de qi.

—¿Cuál es tu favorita, Lan Zhan?

Wei Wuxian lanzaba la pregunta de vez en cuando, siempre agarrándolo fuera de base. Él
tenía varias favoritas… unas que ya existían cuando se conocieron, otras que vinieron
después.

La lista de limpieza era sin dudas una de sus favoritas. Aunque conocerla fue un poco
accidentado…

Era domingo y ambos habían quedado en ver una película a las cinco en el apartamento de
Wei Wuxian, pero Lan Wangji estaba cerca y llegó a las cuatro y diez. Al tocar la puerta
encontró a Wei Wuxian con una escoba en la mano, un pañuelo en la cabeza y unas gotas de
sudor que rodaban por su frente.

—¡Lan Zhan! Aun no termino de limpiar, pero pasa.

Wei Wuxian desapareció en su habitación y así quedó Lan Wangji sentado en la sala,
sumergido en su arrepentimiento por fallar en su puntualidad, porque llegar mucho antes de
tiempo también era ser impuntual. Cuando estaba a punto de calmar sus pensamientos, un
grito lo sacó de órbita.

—¡Mamaaaaaaaaaaaa!

Lan Wangji pegó un salto y corrió hacia la habitación con el peor escenario en su cabeza.
Encontró a Wei Wuxian de espaldas sosteniendo la escoba como un micrófono, con las
piernas abiertas de par en par… dando su mejor imitación de Freddy Mercury -el cual Lan
Wangji conoció porque Wei Wuxian no paraba de hablar de él-.

Cuando Wei Wuxian se volteó, Lan Wangji seguía estampado en el umbral como una postal.
Las mejillas de Wei Wuxian se tornaron rojas y con una sonrisa enmascaró la vergüenza que
a lo mejor sentía en ese momento.

—Ah Lan Zhan… se barre mejor con una buena canción.


Desde ese día, Lan Wangji por pura casualidad se aparecía en casa de Wei Wuxian en horas
de limpieza. Luego ya no tenía que desplazarse para presenciar el espectáculo. Lo tenía en su
propia casa. Fue entonces cuando supo que la lista de limpieza tenía otra versión: canciones
para limpieza profunda.

Wei Wuxian se preparó como siempre: su pañuelo, sus shorts, la camiseta más desgastada y
su celular conectado al sistema de audio. Le había advertido a Lan Wangji que ese día tocaba
limpiar a fondo la cocina, que no necesitaba ayuda y que le tomaría un par de horas. Cuando
sonó la primera canción, Wei Wuxian soltó un suspiro que llegó hasta la sala, donde Lan
Wangji se refugiaba en la parte del sofá que le daba una vista directa hacia la cocina.

Wei Wuxian empezó a limpiar las cerámicas de la cocina en la forma habitual, pero la
velocidad con que pasaba el paño iba aumentando al compás de la canción.

—Every now and then I fall apart!

Lan Wangji no podía quitarle los ojos de encima. No porque el show de Wei Wuxian fuera
uno de los mejores, sino porque ya le estaba preocupando. La selección estaba compuesta
mayormente por baladas de los ochenta y los noventa con letras cortavenas y Wei Wuxian
cantaba como que de verdad le estaba doliendo… ¿le pasaba algo?

—Aaaalll byyyy myseeeeelf… don’t wanna live…

Si en cualquier momento abría una botella de vino y se pegaba de esta, Lan Wangji ni se
inmutaría. Lo que no podía negar era que la cocina empezaba a brillar de lo limpia que iba
quedando. Wei Wuxian traía cara de que le habían roto el corazón y la vida no tenía sentido.

—Wei Ying…

Wei Wuxian agarró el paño como micrófono -cualquier cosa era un buen micrófono- y siguió
cantando con la mirada fija en Lan Wangji, como si le dedicara la canción a él, como si fuera
el causante de sus desgracias.

Lan Wangji no soportó más y fue hasta Wei Wuxian y lo apretó en un abrazo que casi lo dejó
sin aire.

—Lan Zhaaan, ¿qué pasa, mi vida? —preguntó Wei Wuxian sorprendido, su voz apenas
audible al tener la cara contra el pecho de Lan Wangji.

—¿Estás bien?

—Claro que estoy bien.

—Te veías triste —Lan Wangji examinaba su rostro con detenimiento, recolectando
evidencias de su supuesto sufrimiento.

—Solo estaba cantando —dijo Wei Wuxian entre risas.

—Mn.
Lan Wangji no lucía convencido. Pero Wei Wuxian se dio cuenta de que no quedó conforme
cuando se hizo cargo de las limpiezas profundas y sustituyó las baladas ochenteras
deprimentes por baladas ochenteras cursis.

Aun con toda la experiencia, Lan Wangji no aprendía. La otra lista que conoció cuando
alternaban entre ambos apartamentos fue la de canciones para lavarse el pelo -que no era
igual a la de canciones para la ducha-. Esta lista era una de las más eclécticas.

—Esta cabellera es de alto mantenimiento. A veces quiero agarrar la tijera cuando la estoy
desenredando.

Está de más decir que Lan Wangji escondió las tijeras ese día.

La lista para lavarse el pelo era una de las que Lan Wangji conocía al dedillo, porque después
del primer susto, tomó la drástica decisión de quedarse en el baño cuando Wei Wuxian se
dedicara a su larga cabellera. Ese día estaban en el apartamento de Lan Wangji. Wei Wuxian
se sentía un poco más cómodo, así que por fin accedió a la sugerencia no tan sutil de que
probara los productos de Lan Wangji.

Cuando Wei Wuxian se metió a la ducha, Lan Wangji se ubicó en su sillón de lectura.
Volteaba una página cuando…

—Whoooooaaaa…. We’re halfway there!!!

A oídos de Lan Wangji solo llegó el grito. Corrió esperando que la caída no fuera grave, su
ducha era espaciosa y estaba especialmente diseñada para evitar accidentes, pero Wei Wuxian
era tan descuidado…

—¡Wei Ying!

—¿Pasa algo, Lan Zhan? —Wei Wuxian asomó la cabeza llena de espuma, con los ojos
entrecerrados.

Lan Wangji solo levantó una mano. El corazón se le iba a salir por la boca y Wei Wuxian sin
tener idea.

—Me voy… a sentar aquí —atinó a decir señalando una esquina del baño.

—Ah.. Lan Zhan… te gusta mi voz. Lo hubieras dicho antes y te dedico un par de conciertos.

Wei Wuxian volvió a meter la cabeza debajo del agua, cantando a todo pulmón. Terminada
esa canción aprovechó para una pequeña dedicatoria.

—La próxima canción… que no se cuál es… va dedicada a mi nuevo espectador. El más
especial de todos. ¡Un aplauso para Lan Zhan!

Lan Wangji no sabía si reír o llorar. La próxima canción resultó no ser tan buena como
dedicatoria, pero al final lo que contaba era la intención.
Haciendo un repaso mental, todas las listas de Wei Wuxian eran una montaña rusa de
emociones, tal como su dueño. Incluso las más calmadas albergaban otras sensaciones que
cambiaban la frecuencia cardiaca de Lan Wangji. Y no precisamente por un susto.

Una lista muy especial surgió la primera vez que compartieron la tina de su nuevo
apartamento: canciones para hacer cositas. Lan Wangji le perdonó el nombre porque la
selección era más que perfecta. Cuando la escuchó quiso dar gracias a quien fuera que
introdujera a Wei Wuxian a la bossa nova. Aunque no necesitaba alicientes para perderse en
el cuerpo de Wei Wuxian, la atmósfera era tan sensual que sobrecargaba sus sentidos, pero no
de mala manera. Simplemente hacía la experiencia mucho más memorable.

Contrario a las otras listas, esta casi siempre la iniciaba Lan Wangji.

—Hmm… Lan Zhan… ¿es un metamensaje?

Nunca lo era. Para esos momentos no se necesitaba enviar señales de humo. Ambos tenían
muy buena conexión.

Entre tantas listas, Lan Wangji no había creado una, pero eso iba a cambiar. Después de
terminar de acomodar todo el equipaje, él y Wei Wuxian subieron al auto. Tras colocarse el
cinturón de seguridad, Wei Wuxian encendió la radio.

—¿Hoy qué escuchamos?

La misma pregunta de siempre. Aunque el noventa y nueve por ciento de las veces decidiera
la respuesta.

—Tengo una propuesta —respondió Lan Wangji dejando a Wei Wuxian con cara de no creer
lo que escuchaba.

Lan Wangji conectó su teléfono y Wei Wuxian miró hacia la pantalla enseguida.

—Canciones para Wei Ying —leyó Wei Wuxian—. ¡Lan Zhan! ¿Hiciste una lista?

—Mn.

—¿Para mí?

—Mn.

—¡Lan Zhan!

Lan Wangji encendió el motor y se tomó unos minutos para dejar que Wei Wuxian lo
abrazara, lo apretara, le llenara la cara de besos, le dijera que era lo mejor que le había
pasado, entre tantas otras cosas que no podía descifrar porque hablaba muy rápido cuando
estaba emocionado. Les esperaba un largo viaje, pero ya tenía la certeza de que las horas se
volverían minutos con la euforia de Wei Wuxian al descubrir cada canción. Probablemente
tendría que estacionarse en plena carretera, porque Wei Wuxian quería atacarlo a besos otra
vez. Lo escucharía cantar a todo volumen porque las canciones eran para cantarlas, aunque
tuviera que inventarse las letras que no conocía.
Si esta era la reacción, definitivamente haría más listas.

Chapter End Notes

Para los que no son tan añejos como Wei Ying y una servidora, estas son las canciones
que canta Wei Ying:

1. Bohemian Rhapsody - Queen


2. Total Eclipse Of The Heart - Bonnie Tyler
3. All By Myself - Celine Dion
4. Living On A Prayer - Bon Jovi
Luna de miel
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Se casaron así de repente. Era lunes y llovía. En la mañana, Wei Wuxian se detuvo en la
entrada del instituto, justo antes de que cada cual tomará su camino hacia sus respectivas
clases, y extendió su mano para dejar que las gotas cayeran sobre ella.

-Ese día… —su mirada seguía perdida en la lluvia—, cuando supe que eras tú frente a mi
edificio pensé: me caso con él.

—Mn.

Wei Wuxian se quedó sin enterarse de lo que significaba ese “mn” y se fue a clases
recordando ese día en que Lan Wangji pasó por él en medio de un gran aguacero. Lan Wangji
se fue a su clase pensando en las palabras de Wei Wuxian.

Antes del almuerzo, Lan Wangji se apareció en el laboratorio y dijo que comerían fuera. No
era algo planificado y ambos tenían otra clase en poco tiempo. Wei Wuxian salió tan rápido
que se llevó la bata puesta.

Y así lo hicieron. Registraron su matrimonio ese lunes, ambos llevaban sus carnés de
profesores colgando del cuello, Wei Wuxian su bata, Lan Wangji su acostumbrada camisa
azul clara. De ahí volvieron a sus clases, de sus clases a su casa.

Al otro día, Lan Wangji fue a la oficina. Wei Wuxian a la planta. Uno con un anillo en el
dedo anular de la mano izquierda. El otro con un anillo colgado sobre el pecho. Atrajeron
unas cuantas miradas durante unos segundos, luego todo siguió igual. Esos dos siempre
hacían las cosas a su manera.

Entre clases y trabajo pasaron los días, las semanas, los meses. Programar vacaciones era más
complicado que lograr que Wei Wuxian permaneciera en silencio durante más de cinco
minutos. Pero ese día llegó. Y el viaje pendiente por fin pudo ser.

Wei Wuxian estaba a punto de cambiar de parecer. La idea de la playa, el sol, la arena, el
vaivén de las olas, la vida debajo de una sombrilla tomando piña colada… todo eso era
perfecto. Pero -siempre había un pero- Lan Wangji con el torso desnudo y unos shorts que
dejaban poco a la imaginación era un verdadero problema.

No le quitaban los ojos de encima. Entonces Wei Wuxian descubrió el sabor del vinagre.

—¿Acaso no ven que molestan? —refunfuñaba Wei Wuxian desde debajo de su sombrilla sin
quitar los ojos de su esposo que recién salía del agua.
Lan Wangji decidió nadar un poco, mientras Wei Wuxian terminaba de disfrutar de su bebida.
Aunque Lan Wangji lo invitó con él, Wei Wuxian rechazó la oferta argumentando que sus
ojos se deleitarían mirándolo caminar hacia el agua, mientras su cerebro maquinaba todas las
cosas que le haría esa noche a semejante cuerpo.

No calculó que sus ojos no serían los únicos en deleitarse. A unas chicas “se les fue” la pelota
muy cerca de Lan Wangji; unas señoras voltearon y casi caen de bruces; un salvavidas se le
acercó para advertirle sobre la parte de la playa que debía evitar.

—¿Acaso no lo vio en el agua antes? ¿Es idiota o se hace?

Ahh… el mundo estaba lleno de descarados. Llevaban todo el día en la playa, los habían
visto juntos y aun así le coqueteaban. ¿Pensaban que eran primos o qué?

Wei Wuxian trató de relajarse. Lan Wangji se acercaba y no quería que lo encontrara con una
expresión extraña. Su piña colada también llegaba a su fin.

—Lan Zhaaan… ¿cómo estuvo el agua?

—Mejor que en la mañana.

A Wei Wuxian le tomó por sorpresa que Lan Wangji disfrutara tanto del sol y el calor.
Viniendo de un clima frío, pensó que lo vería sufrir o quejarse, sin embargo, en modo
vacaciones Lan Wangji era una esponja, listo para absorber nuevas experiencias. Y muy
buenas. Ah, sí las paredes de esa suite hablaran.

—¿No vas a nadar más?

Wei Wuxian se tardó un poco para procesar la pregunta. Las gotas sobre el pecho de Lan
Wangji y los rayos de sol formaban una combinación muy tentadora. Nadie lo había
preparado para la versión bronceada de su Lan Zhan. Su propósito de no lucir como un
adolescente calenturiento se derrumbaba como el castillo de arena de unos niños a su
izquierda.

—Mmm no… todavía hay mucho sol.

Lan Wangji se sentó a su lado y tomó su toalla para secarse un poco el pelo. Hasta eso era un
desborde de sensualidad. Este hombre no debía tener permiso para andar solo en la playa.
Wei Wuxian tomó el protector solar y se acercó a él.

—No deberías exponerte tanto… no estás acostumbrado.

Wei Wuxian le secó la espalda para ponerle más protector. Siendo honesto consigo mismo,
sabía que exageraba porque hacía poco tiempo que se lo había puesto, pero quería hacer un
recordatorio público de que ese hombre estaba ocupado. No iba a decir que tenía dueño
porque no creía que ninguna persona fuera propiedad de otra. Ganas no le faltaban
considerando la desfachatez de algunos.

—Y tú no deberías huirle tanto.


—Creo que de niño tomé todo el sol que me correspondía, Lan Zhan. Además, mi hora
favorita para nadar es el atardecer.

—Mn. ¿No quieres otra? —Lan Wangji señaló la copa vacía.

—Nah… si consumo más azúcar no duermo.

—No vas a dormir como quiera.

Wei Wuxian lo miró de reojo. Las cosas que escuchaba de labios de Lan Wangji y que nunca
nadie creería. Debería grabarlo.

—Voy a buscar caracoles. ¿Vienes?

Lan Wangji giró la cabeza de un lado a otro. Era la respuesta esperada por Wei Wuxian, de
todas formas, nunca dejaba de invitarle.

A Lan Wangji le gustaba tener a Wei Wuxian a su lado. También le gustaba observarlo de
lejos, verlo ser, fluir, deambular entre la gente con esa energía característica que en un primer
encuentro lo abrumó, para luego convertirse en el principal ingrediente de su vida.

Wei Wuxian pateaba la arena a su paso, como un niño maravillado en sus vacaciones. No era
la primera vez que visitaba la playa, le había dicho a Lan Wangji mientras planificaban su
escapada, pero tenía tanto tiempo sin verla que se sentiría como la primera vez.

Para él tampoco era la primera vez, pero como todos sus viajes de infancia y adolescencia,
hasta nadar en el mar era metódico y parte de un aprendizaje. Esta vez, de la mano de Wei
Wuxian, la arena tenía otro color, la sal del mar era bienvenida en su paladar y el azul del
cielo parecía ser cómplice de su aventura. No se cambiaba por nadie.

Asegurando tener las manos bien secas, sacó su cámara del bulto y capturó varios momentos
de Wei Wuxian. Era otro de sus placeres redescubiertos: la fotografía. Aunque seguía
creyendo que Wei Wuxian tenía mejor ojo que él, a pesar de sus argumentos.

Este hotel era apenas la primera parada de un largo viaje. Ambos decidieron tomar por fin las
vacaciones acumuladas y cuadraron todos los detalles para poder estar fuera de Gusu dos
meses completos sin imprevistos. Tenían mucho que agradecer a Wen Qing y a Lan Xichen,
quienes prácticamente los obligaron a irse de una vez por todas antes de que la luna de miel
se convirtiera en un viaje de aniversario.

Dos fotos más y guardó la cámara otra vez. La arena y los lentes no eran buena combinación.
Wei Wuxian seguía recogiendo caracoles para su colección, ahora cerca del grupo de chicas
que jugaba voleibol. O que lanzaba la pelota a propósito cerca de Wei Wuxian.

Lan Wangji arqueó una ceja. Le había pasado lo mismo a pesar de no prestarles atención. No
le interesaban las chicas, tampoco el voleibol. Sin embargo, Wei Wuxian era… otra historia.
—Ahhh… si me golpean me pagan como nuevo— le escuchó decir, arrebatando risas del
grupo de jugadoras.

—¿Quieres jugar? Eres perfecto para mi equipo. La torre que necesito.

Lan Wangji casi se atraganta con el agua carbonatada que estaba tomando.

—Nah… soy muy malo.

—No creo. Se nota que jugabas— comentó otra chica.

No, no jugaba, quería aclararles Lan Wangji. En ese instante deseó tener una especie de
cordón invisible para halar a Wei Wuxian y hacer que volviera a recoger caracoles.

Sí, Lan Wangji entendía que los celos no eran saludables, que Wei Wuxian solo tenía ojos
para él y que era un coqueto por naturaleza. Pero de vez en cuando no podía evitarlo y no se
preocupaba por sentirse culpable porque era humano y estaba aprendiendo. Y en este
momento no tenía ganas de poner en práctica lo aprendido porque era su luna de miel y unas
chicas estaban desnudando a su esposo con la mirada.

Antes de darse cuenta de lo que hacía, Lan Wangji caminó rumbo al grupo de voleibol, al
cual ni siquiera le dirigió la mirada, sujetó a Wei Wuxian, lo cargó sobre su hombro y se
metió al agua.

—¡Lan Zhan!

Lan Wangji podía sentir las miradas de las chicas perforando su espalda. En vez de darle
vergüenza le causaba un raro placer.

—¡Mis caracoles!

—Están a salvo en la arena.

Lan Wangji finalmente soltó a Wei Wuxian, cuando el agua estaba casi por encima de sus
hombros.

Wei Wuxian lo miró confundido, luego fijó los ojos en el grupo de chicas y estalló en risas.

—¿En serio, Lan Zhan?

Lo bueno de estar bajo el sol era que su piel ya estaba roja, así que el rubor ocasionado por
darse cuenta de lo infantil de su actuación pasaba desapercibido.

—¿Qué? Quería nadar contigo.

—¿De repente?

—Mn.

—¿Desde cuándo eres impulsivo, Lan Zhan?


—Aprendí del mejor.

Wei Wuxian rodeó a Lan Wangji con sus brazos sin dejar de reírse, muy consciente de que
ambos bebían vinagre con tanta facilidad que resultaba absurdo, aunque ninguno lo
admitiera.

—Me dijeron que aquel islote está desierto —le susurró Wei Wuxian al oído—. ¿Nadamos
hasta allá?

Lan Wangji asintió y Wei Wuxian le dio un beso en la mejilla antes de tirarse a nadar sin
previo aviso. Lan Wangji lo dejó tomar ventaja. De regreso del islote, los papeles se
invertirían y no precisamente por tomar la delantera.

Después de la cena, Wei Wuxian y Lan Wangi se retiraron a un muelle de madera al que Wei
Wuxian le había echado el ojo desde la tarde. Para asegurar que nadie interrumpiera sus
planes, convenció a uno de los empleados del hotel para se lo reservara por esa noche.

Wei Wuxian llevaba una botella y dos copas. Era un vino artesanal que sirvieron en la cena.
Le gustó tanto que convenció a Lan Wangji de que lo probara también. Casi no tenía alcohol,
pero ese casi para los Lan era el causante de muchas cosas.

Ambos se sentaron al final del muelle, balanceando las piernas, sintiendo el mar debajo de
sus pies y con un cielo bañado de estrellas cubriéndoles. La luna en cuarto creciente era el
tercio ideal… ni muy claro ni muy oscuro.

—Las pocas veces que pensé en romance, imaginaba un muelle como este.

Wei Wuxian colocó las copas entre ellos y sirvió el vino. Le pasó una a Lan Wangji y luego
tomó la suya. Se miraron en silencio elevando sus copas.

—Supongo que no es algo que hagas muy a menudo, pero… ¿quieres brindar por algo?

—Mn. Por ti.

Wei Wuxian parpadeó rápidamente al sentir su vista nublarse. Qué haría con este hombre de
pocas palabras y demasiada intensidad. Pasaba el tiempo y seguía sin acostumbrarse a recibir
tanto.

—Por ti —respondió él sin atreverse a decir más para no delatar su emoción.

Chocaron las copas sin desviar la mirada, como quizá hubiera sido de haber celebrado una
boda como el resto de los mortales.

Lan Wangji probó el vino, mientras Wei Wuxian se daba un trago largo. A la cuenta de diez,
Lan Wangji empezaba a recostarse hacia atrás, soportando el peso de su cuerpo sobre sus
codos… a la cuenta de veinte, ya tenía la espalda completa sobre la madera. En la próxima
respiración ya estaba dormido.
Wei Wuxian se inclinó hacia él, con los ojos llenos de ternura, y quitó un mechón de cabello
de su frente, apreciando cómo la tímida luz de la luna contrastaba con su piel de porcelana
que en ese momento llevaba muchos tonos menos el original. Cómo su pecho subía y bajaba
con un ritmo lento. Y la copa en su mano se volteaba dejando escapar el vino que quedaba.

Era una faceta de Lan Wangji que Wei Wuxian ya conocía. Por eso las pocas veces que
tomaba alcohol eran producto de alguna apuesta trucada.

Lan Wangji despertó a los diez minutos. Después de mirar hacia la luna ensimismado, se
quitó la camiseta balbuceando que quería nadar. Antes de que Wei Wuxian reaccionara, se
tiró al agua dejando a Wei Wuxian sin más remedio que saltar tras él. Realmente no temía
que le pasara algo. Por contradictorio que fuera, Lan Wangji tenía mejores reflejos cuando
estaba ebrio.

Lan Wangji sacó la cabeza del agua y sonrió al ver a Wei Wuxian frente a él. Entonces alzó
una mano sosteniendo su bañador como una bandera.

—¡Lan Zhan!

Ya quería ver la cara de Lan Wangji cuando se le pasara el efecto del alcohol, lo cual
sucedería muy pronto si seguía nadando.

A pesar de la pequeña culpa que sentía por las acciones que Lan Wangji lamentaría más
adelante, Wei Wuxian lo imitó y se quitó el bañador. Luego arrebató el de Lan Wangji de su
mano y lo lanzó hacia el muelle junto al suyo.

—Nos vamos a quedar aquí hasta que se te pase.

Lan Wangji se sumergió, luego salió detrás de Wei Wuxian y lo abrazó, colocando la cabeza
sobre su hombro derecho.

—No estoy ebrio —le susurró en un tono que erizó los vellos de la piel de Wei Wuxian.

—Eso dicen todos los borrachos, Lan Zhan.

La respuesta de Lan Wangji fue morderle el lóbulo de la oreja.

—Lan Zhaaan…

—¿Mn?

-No te creo.

—¿Qué hago para que me creas?

—Sube a buscar los bañadores.

Wei Wuxian sintió un resoplido y la vibración del cuerpo de Lan Wangji. Se estaba burlando
de él y lo disfrutaba bastante. Sin darle tiempo a reaccionar, Wei Wuxian se volteó.
—En serio estás sobrio… ¿cómo?

—El mago no dice los trucos.

—Si no me dices, nos quedaremos aquí hasta la mañana. Una pareja de abuelos saldrá a
caminar, llegará hasta aquí y verá nuestra ropa ahí arriba. Entonces saldrán los rumores y
todos se enterarán de que el maestro Lan estaba nadando desnudo… imagina el escándalo,
Lan Zhan.

—Y el maestro Wei… no lo olvides.

Wei Wuxian no tenía forma de vencer a este Lan Wangji, así que optó por la mejor forma de
batalla y asaltó sus labios, sin darle tiempo a prepararse. Su lengua se encargaría de investigar
si realmente saboreó el licor… eso, por supuesto, si recordaba la misión después de perderse
en ese beso y en los siguientes.

Ninguno de los dos sabía quién subiría por la ropa. La noche era joven, se preocuparían por
ese pequeño detalle después. En alguna otra apuesta pensaría Wei Wuxian, si le daba tiempo
a pensar antes de que las manos de Lan Wangji desactivaran por completo su capacidad
racional.

Bajo la luna lucían como dos adolescentes. Quizá era el reflejo de otros tiempos, quizá no
eran tan viejos como creían.

—Lan Zhan… ¿qué harás cuando te retires?

Lan Wangji frunció el ceño. No era la pregunta que esperaba del semblante tan serio de Wei
Wuxian. Imitando esa seriedad, colocó una mano sobre su rostro.

—Hacerle creer a Wei Ying que estoy ebrio.

Wei Wuxian se rió con todo el cuerpo, echando la cabeza hacia atrás, salpicando con su pelo
gotas que bajo la luz de la luna parecían de plata.

Cuando cedió la risa, dejó su cuerpo flotar con la vista hacia el cielo. Lan Wangji lo imitó a
su lado, extendiendo una mano hasta sostener la de Wei Wuxian.

Wei Wuxian memorizaría la escena para inmortalizarla en un cuadro. Lan Wangji


memorizaría la escena para traducirla en su guqin.

En silencio se prometieron repetir ese momento año tras año, fuera un aniversario o fuera una
excusa. Y así lo hicieron, hasta que les tocó convertirse en las estrellas que como cómplices
les miraban desde el cielo.

~FIN~

Chapter End Notes


¿Estaba Lan Zhan realmente ebrio? Nunca lo supe; Wei Wuxian tampoco.

Gracias por llegar hasta aquí. Nos vemos en una próxima historia ;)
Please drop by the Archive and comment to let the creator know if you enjoyed their work!

También podría gustarte